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La balada del café triste: Cubierta La balada del café triste: Cubierta Carson McCullers

Carson McCullers
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La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
LA BALADA DEL
LA BALADA DEL
CAFÉ TRISTE
CAFÉ TRISTE
(Te Ballad of te Sad Café! "#$"%
(Te Ballad of te Sad Café! "#$"%
Carson McCullers
Carson McCullers
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El pueblo de por sí ya es melancólico. No tiene gran cosa, aparte de la fábrica de hilaturas de
algodón, las casas de dos habitaciones donde viven los obreros, varios melocotoneros, una iglesia
con dos vidrieras de colores, y una miserable calle Mayor ue no medirá más de cien metros. !os
sábados llegan los gran"eros de los alrededores para hacer sus compras y charlar un rato. #uera de
eso, el pueblo es solitario, triste$ está como perdido y olvidado del resto del mundo. !a estación de
ferrocarril más pró%ima es &ociety 'ity, y las líneas de autobuses (reyhound y )hite *us pasan por
la carretera de #or+s #alls, a tres millas de distancia. !os inviernos son cortos y crudos y los
veranos blancos de lu, y de un calor rabioso.
&i se pasa por la calle Mayor en una tarde de agosto, no encuentra uno nada ue hacer. El
edificio más grande, en el centro mismo del pueblo, está cerrado con tablones clavados y se inclina
tanto a la derecha ue parece ue va a derrumbarse de un momento a otro. Es una casa muy vie"a-
tiene un aspecto e%tra.o, ruinoso, ue en el primer momento no se sabe en u/ consiste$ de pronto
cae uno en la cuenta de ue alguna ve,, hace mucho tiempo, se pintó el porche delantero y parte de
la fachada$ pero lo de"aron a medio pintar y un lado de la casa está más oscuro y más sucio ue el
otro. !a casa parece abandonada. &in embargo, en el segundo piso hay una ventana ue no está
atrancada$ a veces, a 0ltima hora de la tarde, cuando el calor es más sofocante, aparece una mano
ue va abriendo despacio los postigos, y asoma una cara ue mira a la calle. Es una de esas caras
borrosas ue se ven en sue.os- ase%uada, pálida, con unos o"os grises ue bi,uean hacia dentro tan
violentamente ue parece ue están lan,ándose el uno al otro una larga mirada de congo"a. !a cara
permanece en la ventana durante una hora, apro%imadamente$ luego se vuelven a cerrar los
postigos, y ya no se ve alma viviente en toda la calle.
Esas tardes de agosto... 1espu/s de subir y ba"ar por la calle, ya no sabe uno u/ hacer$ en todo
caso, puede uno llegarse hasta la carretera de #or+s #alls para ver a la cuerda de presos.
2 lo cierto es ue en este pueblo hubo una ve, un caf/. 2 esta casa cerrada era distinta de todas
las demás, en muchas leguas a la redonda. 3abía mesas con manteles y servilletas de papel,
ventiladores el/ctricos con cintas de colores, y se celebraban grandes reuniones los sábados por la
noche. !a due.a del caf/ era miss 4melia Evans. 5ero la persona ue más contribuía al /%ito y a la
animación del local era un "orobado, a uien llamaban 6el primo !ymon7. 8tra persona ligada a la
historia del caf/ era el e% marido de miss 4melia, un hombre terrible ue regresó al pueblo despu/s
de cumplir una larga condena en la cárcel, causó desastres y volvió a seguir su camino. 3a pasado
mucho tiempo$ el caf/ está cerrado desde entonces, pero todavía se le recuerda.
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!a casa no había sido siempre un caf/. Miss 4melia la heredó de su padre, y al principio era un
almac/n de piensos, guano, comestibles y tabaco. Miss 4melia era muy rica- además del almac/n,
poseía una destilería a tres millas del pueblo, detrás de los pantanos, y vendía el me"or :his+y de la
región. Era una mu"er morena, alta, con una musculatura y una osamenta de hombre. !levaba el
pelo muy corto y cepillado hacia atrás, y su cara uemada por el sol tenía un aire duro y a"ado.
5odría haber resultado guapa si ya entonces no hubiera sido ligeramente bi,ca. No le habían faltado
pretendientes, pero a miss 4melia no le importaba nada el amor de los hombres$ era un ser solitario.
&u matrimonio fue algo totalmente distinto de todas las demás bodas de la región- fue una unión
e%tra.a y peligrosa, ue duró sólo die, días y de"ó a todo el pueblo asombrado y escandali,ado.
1e"ando a un lado auel casamiento, miss 4melia había vivido siempre sola. 'on frecuencia pasaba
noches enteras en su caba.a del pantano, vestida con mono y botas de goma, vigilando en silencio
el fuego lento de la destilería.
Miss 4melia prosperaba con todo lo ue se podía hacer con las manos- vendía menudillos y
salchichas en la ciudad vecina$ en los días buenos de oto.o plantaba ca.a de a,0car y la mela,a de
sus barriles tenía un hermoso color dorado oscuro y un aroma delicado. 3abía levantado en dos
semanas el retrete de ladrillo detrás del almac/n, y sabía mucho de carpintería. 5ara lo 0nico ue no
tenía buena mano era para la gente. 4 la gente, cuando no es completamente tonta o está muy
enferma, no se la puede coger y convertir de la noche a la ma.ana en algo más provechoso. 4sí ue
la 0nica utilidad ue miss 4melia veía en la gente era poder sacarle el dinero. 2 desde luego lo
conseguía- casas y fincas hipotecarias, una serrería, dinero en el banco... Era la mu"er más rica de
auellos contornos. 3ubiera podido hacerse más rica ue un diputado a no ser por su 0nica
debilidad- a saber, su pasión por los pleitos y los tribunales. &e en,ar,aba en un pleito interminable
por cualuier minucia. En el pueblo se decía ue si miss 4melia trope,aba con una piedra en la
carretera, miraba inmediatamente a su alrededor para ver a ui/n podría demandar. 4parte de sus
pleitos, llevaba una vida rutinaria, y todas sus "ornadas eran iguales. E%ceptuando sus die, días de
matrimonio, nada había alterado el ritmo de su e%istencia hasta la primavera en ue cumplió treinta
a.os.
#ue en medio de una tranuila noche de abril. El cielo tenía el color de los lirios a,ules del
pantano, y la luna estaba clara y brillante. !a cosecha se presentaba buena auella primavera, y las
0ltimas semanas la fábrica había traba"ado día y noche. 4ba"o en el arroyo, la fábrica cuadrada de
ladrillo estaba iluminada, y se oía el rumor monótono de los telares. Era una de esas noches en ue
se oye con gusto, en el silencio del campo, el canto lento de un negro enamorado$ esas noches en
ue uno tomaría su guitarra para sentarse a tocar con calma, o en ue simplemente se uedaría uno
descansando a solas, sin pensar en nada. !a calle estaba ya desierta, pero el almac/n de miss 4melia
permanecía encendido, y fuera en el porche había cinco personas. ;na de ellas era &tumpy
Mac5hail, un capata, de rostro colorado y manos peue.as y enro"ecidas$ en el escalón más alto
estaban dos muchachos con mono, los melli,os <ainey- los dos eran largos y lentos, albinos y de
o"os verdes. El otro hombre era 3enry Macy, un persona"e tímido y asustadi,o, de modales
comedidos y gestos nerviosos, ue estaba sentado en un e%tremo del escalón más ba"o. Miss 4melia
estaba de pie, apoyada en la puerta, con los pies embutidos en las bota,as de goma, y deshacía
pacientemente los nudos de una cuerda ue se había encontrado. !levaban mucho tiempo callados.
;no de los melli,os, ue estaba mirando al camino vacío, fue el primero en romper el silencio.
1i"o-
=>eo algo ue se acerca.
=;n carnero escapado =di"o su hermano.
!a figura ue se acercaba estaba todavía demasiado le"os para ser percibida con claridad. !a luna
formaba unas sombras delicadas ba"o los melocotoneros en flor, a lo largo del camino. &e
me,claban en el aire el aroma dulce de las flores y de las hierbas de primavera y el olor caliente,
acre, de las ci/nagas.
=No. Es alg0n chiuillo =di"o &tumpy Mac5hail.
Miss 4melia miró hacia el camino, en silencio. 3abía de"ado caer la cuerda y estaba "ugueteando
con el cierre de su mono con su mano morena y huesuda$ frunció las ce"as, y le cayó sobre la frente
?
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un mechón de pelo negro. Mientras estaban allí esperando, un perro de las casas del camino empe,ó
a ladrar furiosamente$ luego se oyó una vo, ue le hi,o callar. No vieron con claridad lo ue llegaba
por el camino hasta ue la forma estuvo a su lado, en la fran"a de lu, amarilla del porche.
Era un forastero, y no es frecuente ue los forasteros entren en el pueblo a pie y a tales horas.
4demás, auel hombre era "orobado. No mediría más allá de cuatro pies de altura, y llevaba un
abrigo andra"oso lleno de polvo, ue apenas le llegaba a las rodillas. &us piernecillas torcidas
parecían demasiado d/biles para soportar el peso de su gran torso deforme y de la "oroba posada
sobre su espalda. @enía una cabe,a enorme, con unos o"os a,ules y hundidos y una bouita muy
dibu"ada. En auel momento su piel pálida estaba amarilla de polvo y tenía sombras a,ules ba"o los
o"os. !levaba una maleta desvenci"ada, atada con una cuerda.
=...*uenas =di"o el "orobado, "adeando.
Miss 4melia y los hombres del porche no contestaron a su saludo, ni di"eron una palabra. &e
uedaron mirándole, sin más.
=>oy buscando a miss 4melia Evans.
Miss 4melia se echó hacia atrás el mechón de la frente y levantó la barbilla.
=A5or u/B
=5ues porue soy pariente suyo =contestó el "orobado.
!os melli,os y &tumpy Mac5hail miraron a miss 4melia.
=&oy yo =di"o ella=. E%plíueme eso del parentesco.
=5ues verá... =empe,ó a decir el "orobado. 5arecía estar violento, casi a punto de llorar. 4poyó la
maleta en el 0ltimo escalón, sin uitar la mano del asa=. Mi madre se llamaba #anny Cesup, y venía
de 'heeha:. &alió de 'heeha: hace unos treinta a.os, para casarse con su primer marido.
<ecuerdo ue contaba ue tenía una medio hermana llamada Martha. 2 hoy me han dicho en
'heeha: ue Martha era la madre de usted.
Miss 4melia le escuchaba con la cabe,a ladeada. Era una mu"er solitaria$ no era de esas personas
ue comen los domingos rodeadas de parientes, ni ella sentía la menor necesidad de buscárselos.
3abía tenido una tía abuela, due.a de unas cuadras de caballos de aluiler en 'heeha:, pero auella
tía ya había muerto. 4parte de ella, sólo tenía un primo ue vivía en una población a veinte millas
de allí$ pero auel primo y miss 4melia no se llevaban muy bien, y cuando por casualidad se
encontraban, escupían a un lado de la calle. 1e tiempo en tiempo, algunas personas hacían lo
imposible por sacar a relucir alguna clase de parentesco con miss 4melia, pero siempre fracasaban.
El "orobado se lan,ó a una larga disertación mencionando nombres y lugares desconocidos para
sus oyentes del porche, y ue, aparentemente, nada tenían ue ver con el asunto.
=...de modo ue #anny y Martha Cesup eran medio hermanas. 2 como yo soy hi"o del tercer
marido de #anny, usted y yo somos... =se inclinó y empe,ó a desatar la maleta. &us manos parecían
patitas sucias de gorrión, y temblaban. !a maleta estaba llena de harapos y de toda clase de e%tra.as
chatarras, ue parecían tro,os de una máuina de coser. El "orobado hurgó entre sus pertenencias y
sacó una fotografía vie"a.
=4uí tiene un retrato de mi madre y su medio hermana.
Miss 4melia no di"o nada. Movía lentamente la mandíbula, de un lado a otro, y se veía
claramente lo ue estaba pensando. &tumpy Mac5hail cogió la fotografía y la acercó a la lu,. Era un
retrato de ni.as pálidas de dos o tres a.os$ sus caras eran dos manchitas blancas, y podía ser un
retrato antiguo de cualuier álbum de familia.
&tumpy lo devolvió sin hacer comentarios.
=A1e dónde viene ustedB =preguntó.
=3e estado via"ando =contestó el "orobado con vo, insegura.
Miss 4melia seguía callada. 5ermanecía apoyada al uicio de la puerta, mirando al "orobado.
3enry Macy parpadeó nerviosamente y se frotó las manos. !uego se levantó en silencio y
desapareció. Era un hombre e%celente, y la situación del "orobado le había conmovido$ por eso
prefería no estar presente cuando miss 4melia echara al intruso de su casa y del pueblo. El "orobado
seguía en el 0ltimo escalón con la maleta abierta$ sorbió con la nari,, y le tembló la boca. Dui,á
empe,aba a darse cuenta de su posición$ tal ve, comprendía lo desconsolador ue era encontrarse
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en una población desconocida, con una maleta llena de harapos, intentando convencer a miss
4melia de ue eran parientes. &ea como fuere, se sentó desmayadamente en la escalera y se echó a
llorar.
No era corriente ue un "orobado desconocido llegara al almac/n caminando a medianoche y se
sentara allí a llorar. Miss 4melia echó hacia atrás el mechón de la frente y los hombres se miraron,
violentos. El pueblo estaba silencioso.
Entonces di"o uno de los melli,os-
=Me parece ue /ste es un Morris #inestein de primera.
@odos asintieron, ya ue au/lla era una frase ue encerraba un significado preciso. 5ero el
"orobado lloró más fuerte, porue no podía saber de u/ estaba hablando. Morris #inestein era un
hombre ue había vivido en el pueblo a.os atrás$ no era más ue un peue.o "udío vivo y saltarín
ue lloraba cuando le llamaban Matacristos, y comía todos los días pan sin levadura y salmón en
conserva. !e había ocurrido un percance y se había trasladado a &ociety 'ity. 5ero desde entonces,
en el pueblo decían ue un hombre era un Morris #inestein si le encontraban afeminado o cominero,
o si lloraba.
=*ueno, está apenado =di"o &tumpy Mac5hail=. 4lg0n motivo tendrá.
Miss 4melia cru,ó el porche con dos ,ancadas lentas, balanceándose. *a"ó los escalones y se
uedó mirando pensativamente al forastero. 4largó con precaución uno de sus dedos morenos y
tocó ligeramente la "oroba. El hombrecillo seguía llorando, pero parecía ya más tranuilo. !a noche
estaba silenciosa y la luna brillaba todavía con una lu, clara y suave$ se iba notando frío. Entonces
miss 4melia hi,o algo sorprendente- sacó una botellita del bolsillo de atrás de su pantalón y,
despu/s de frotar un poco el tapón de metal contra la palma de su mano, se la ofreció al "orobado.
Miss 4melia no se decidía nunca a vender su :his+y a cr/dito, y nadie recordaba haberla visto
regalar ni una gota.
=*eba un trago =di"o=. Esto le calentará las tripas.
El "orobado de"ó de llorar, se lamió las lágrimas ue le caían por la boca y bebió de la botella.
'uando terminó, miss 4melia tomó a su ve, un buche, se calentó y en"uagó la boca con /l y
escupió. !uego bebió unos tragos. !os melli,os y el capata, tenían sus botellas, pagadas con su
dinero.
=*uen licor =di"o &tumpy Mac5hail=. Miss 4melia, usted siempre hace bien las cosas.
No se pueden pasar por alto las dos botellas grandes de :his+y ue bebieron auella noche$ sólo
así puede uno e%plicarse lo ue ocurrió despu/s. &in auel :his+y, ui,á no hubiera llegado a
abrirse el caf/. 5orue el licor de miss 4melia tiene una cualidad peculiar- sabe limpio y seco en la
lengua, pero una ve, dentro empie,a a arder y ese fuego dura mucho tiempo. 2 eso no es todo. 2a
es cosa sabida ue si se escribe un mensa"e con ,umo de limón en una ho"a de papel, no ueda
rastro de la escritura$ pero si se e%pone el papel al fuego, las letras se vuelven de un color casta.o y
se puede leer lo escrito. Fmaginad ue el :his+y es el fuego y ue el mensa"e está oculto en el alma
de un hombre$ entonces se comprenderá el valor del licor de miss 4melia. Muchas cosas ue han
pasado sin ue se supiera, pensamientos relegados a las profundidades del alma, salen de pronto a la
lu, y se hacen patentes. ;n hilandero ue no ha estado pensando toda la semana más ue en los
telares, la comida, la cama, y otra ve, los telares, al llegar el domingo bebe de auel :his+y y
tropie,a con un lirio silvestre. 2 toma el lirio en su mano, se ueda contemplando la delicada corola
de oro, y de pronto se siente invadido por una ternura tan viva como un dolor. 2 un te"edor levanta
de pronto la mirada y por primera ve, descubre el cielo radiante de una noche de enero, y se siente
sobrecogido de temor al pensar en su propia peue.e,. Gsas son las cosas ue ocurren cuando un
hombre ha bebido el licor de miss 4melia. 5odrá sufrir, podrá consumirse de go,o$ pero la verdad
ha salido a la lu,- ha calentado su alma y ha podido ver el mensa"e ue estaba oculto en ella.
*ebieron hasta la madrugada, y las nubes cubrieron la luna y la noche se puso oscura y fría. El
"orobado seguía sentado en el 0ltimo escalón, lastimosa figura con la frente apoyada sobre las
rodillas. Miss 4melia estaba de pie, con las manos en los bolsillos, un pie sobre el segundo escalón.
!levaba mucho tiempo callada. &u cara tenía esa e%presión ue se ve a veces en los bi,cos ue
piensan concentradamente en algo- una e%presión me,cla de inteligencia y desvarío. 4l fin di"o-
H
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=No s/ su nombre.
=Me llamo !ymon )illis =di"o el "orobado.
=*ueno$ pase adentro =di"o miss 4melia=. 3ay algo de cena en la cocina.
Miss 4melia nunca invitaba a nadie a comer, a no ser ue estuviera planeando enga.ar a alguna
persona, o intentando sacar dinero a alguien. 4sí ue los hombres del porche pensaron ue algo no
marchaba bien. Más tarde comentaron ue miss 4melia debía de haber estado bebiendo toda la
tarde, en el pantano. &ea como fuere, miss 4melia abandonó el porche y &tumpy Mac5hail y los
melli,os se fueron a sus casas. Miss 4melia abrió la puerta del almac/n y echó una o"eada para ver
si todo estaba en orden. !uego entró en la cocina, ue uedaba al fondo del almac/n. El "orobado la
siguió, arrastrando su maleta, sorbiendo y limpiándose la nari, con la manga mugrienta de su
abrigo.
=&i/ntese =di"o miss 4melia=. >oy a calentar esto.
'enaron muy bien$ miss 4melia era rica, y no se privaba de buenas comidas. @omaron pollo frito
Iel "orobado se sirvió la pechugaJ, pur/ de rutabaga, coles y batatas asadas, color de oro pálido.
Miss 4melia comía despacio, con el apetito de un cavador. Estaba sentada con los codos sobre la
mesa, inclinada sobre su plato, con las rodillas muy separadas y los pies apoyados en el barrote de
la silla. 5or su parte el "orobado engulló la cena como si no hubiera probado bocado en varios
meses. Mientras comía, una lágrima le resbaló por la cara polvorienta$ pero no era más ue una
lágrima re,agada, no uería decir nada. 'uando miss 4melia terminó, limpió cuidadosamente su
plato con una rebanada de pan y luego vertió en el pan la me,cla dulce y clara hecha por ella. El
"orobado tambi/n se sirvió mela,a, pero era más delicado y pidió un plato limpio. 'uando dieron fin
a la cena, miss 4melia echó hacia atrás su silla, apretó el pu.o y se tentó la musculatura del bra,o
derecho por deba"o de la tela a,ul y limpia de la manga de su mono$ era au/l un hábito
inconsciente ue tenía al terminar las comidas. 'ogió entonces la lámpara ue había sobre la mesa y
se.aló la escalera con la cabe,a, como invitando al "orobado a seguirla.
Encima del almac/n estaban las tres habitaciones donde miss 4melia había pasado toda su vida-
dos dormitorios con una sala grande en medio. 5ocas personas habían visto estas habitaciones, pero
todo el pueblo sabía ue estaban bien amuebladas y muy limpias. 2 he auí ue miss 4melia
introducía en auella parte de la casa a un hombrecillo desconocido, sucio y "orobado, salido 1ios
sabe de dónde. Miss 4melia subió despacio los escalones, de dos en dos, llevando la lámpara en
alto. El "orobado la seguía saltando, tan pegado a ella ue la lu, vacilante formaba sobre la pared de
la escalera una sola sombra, grande y e%tra.a, de sus dos cuerpos. 4l poco tiempo uedó el piso de
encima del almac/n tan oscuro como el resto del pueblo.
K
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!a ma.ana siguiente amaneció serena, con tonos pálidos, ro"os y rosados. !as tierras ue
rodeaban el pueblo estaban reci/n aradas, y los gran"eros se pusieron muy temprano a plantar los
tallos tiernos del tabaco, de un verde oscuro. >olaban cuervos a ras de los campos y sus sombras
a,ules se desli,aban sobre la tierra. En el pueblo, los obreros salían temprano de sus casas llevando
las fiambreras de la comida, y las ventanas del molino despedían refle"os cegadores con el sol. El
aire era fresco, y los melocotoneros tenían una levedad de nubes de mar,o con sus copas florecidas.
Miss 4melia ba"ó al amanecer, como siempre. &e lavó la cara en el agua de la bomba y en
seguida empe,ó a traba"ar. 2a entrada la ma.ana ensilló su muía y salió a recorrer su plantación de
algodón, ue caía cerca de la carretera de #or+s #alls. 'omo es de suponer, al mediodía todo el
pueblo sabía lo del "orobado ue había llegado al almac/n a medianoche. 5ero nadie le había visto
todavía. 5ronto empe,ó a apretar el calor, y el cielo tenía ya un tono a,ul profundo. 5ero los vecinos
seguían sin ver al forastero. 4lgunos recordaron ue la madre de miss 4melia había tenido una
hermanastra, pero, mientras unos aseguraban ue ya había muerto hacía mucho tiempo, otros
opinaban ue se había fugado con un plantador de tabaco. En cuanto a la pretensión del "orobado de
ser pariente de miss 4melia, todos coincidían en afirmar ue era un enga.o. 2 los vecinos, ue
conocían bien a miss 4melia, decidieron ue lo más seguro era ue le hubiera puesto en la calle
despu/s de d irle de comer.
5ero al caer de la tarde, cuando el cielo ya palidecía, una mu"er empe,ó a decir ue había visto
una cara arrugada en la ventana de una de las habitaciones de encima del almac/n. Miss 4melia no
decía nada. Estuvo un rato despachando en el almac/n, discutió una hora con un labrador a
propósito de una mancera, arregló unas alambradas del gallinero, cerró al ponerse el sol y se metió
en sus habitaciones. El pueblo se uedó intrigado y haciendo comentarios.
L
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4l día siguiente, miss 4melia no abrió el almac/n$ se encerró dentro, y no se de"ó ver de nadie.
4uel día empe,ó a circular el rumor$ un rumor tan horrible ue conmovió a todo el pueblo y sus
contornos. !o propagó un te"edor llamado Merlie <yan. El te"edor es muy pouita cosa- un
hombrecillo cetrino, co"itranco y desdentado. 5adece tercianas, es decir, ue un día de cada tres le
sube la fiebre, de forma ue se pasa dos días tristón y enfurru.ado, y al tercer día se e%cita y a veces
se le ocurren un par de ideas, casi siempre disparatadas. Era uno de sus días de fiebre cuando Merlie
<yan se volvió de pronto y di"o-
=2o s/ lo ue ha hecho miss 4melia- ha matado a ese hombre por algo ue llevaba en la maleta.
!o di"o con toda calma, dándolo por hecho. 4ntes de una hora, la noticia había recorrido el
pueblo.
4uel día, el pueblo pudo dar rienda suelta a su imaginación, inventando una historia bien fero,
y macabra, con todos los detalles espelu,nantes- un "orobado, un entierro a medianoche en el
pantano, miss 4melia arrastrada por las calles camino de la cárcel... 2 se hicieron cabalas sobre el
posible destino de sus bienes. 3ablaban de todo ello a media vo,, agregando a cada versión alg0n
detalle nuevo y emocionante.
Empe,ó a llover, y las mu"eres se olvidaron de recoger la ropa tendida. 2 hasta hubo una o dos
personas, ue debían dinero a miss 4melia, ue se pusieron los tra"es del domingo, como si auel
día fuera un día de fiesta. !os vecinos se api.aron en la calle Mayor, murmurando y vigilando el
almac/n.
3ay ue decir ue no todo el pueblo se sumó a auel maligno festival- uedaban algunos
hombres sensatos ue argMían ue, siendo miss 4melia tan rica, no iba a asesinar a un vagabundo
por cuatro poruerías. 3abía en el pueblo hasta tres buenas almas ue no deseaban auel crimen, ni
siuiera por inter/s ni por la emoción ue pudiera suscitar$ no les causaba ning0n placer imaginarse
a miss 4melia agarrada a los barrotes de la cárcel o conducida a la silla el/ctrica en 4tlanta.
4uellas buenas almas "u,gaban a miss 4melia de otro modo ue sus convecinos. 'uando una
persona es tan distinta de las demás como ella lo era, y cuando los pecados de una persona son tan
numerosos ue no se pueden recordar de buenas a primeras, dicha persona reuiere un "uicio
especial. !as buenas almas recordaban ue miss 4melia había nacido morocha y algo rara de rostro$
ue se había criado sin madre, con su padre, un hombre solitario$ ue, ya en su "uventud, la pobre
llegó a medir seis pies y dos pulgadas de estatura, lo cual no es cosa corriente en una mu"er, y ue
sus costumbres eran demasiado e%tra.as como para poder ra,onar sobre ellas. 2, sobre todo, las
buenas almas recordaban auella boda tan asombrosa, ue fue el escándalo más ine%plicable ue
había ocurrido nunca en el pueblo.
4sí pues, auellas almas de 1ios sentían por miss 4melia algo parecido a la piedad. 'uando
miss 4melia decidía hacer alguna barbaridad, como por e"emplo irrumpir en una casa para
apoderarse de una máuina de coser en pago de una deuda, o se lan,aba con sa.a a uno de sus
pleitos, los tres "ustos del pueblo se sentían invadidos por una me,cla de e%asperación, de vaga
inuietud y de honda e incomprensible triste,a. 5ero de"emos ya a los "ustos, ue no eran más ue
tres$ el resto del pueblo estuvo feste"ando el supuesto crimen toda la tarde.
Miss 4melia, por alguna oculta ra,ón, parecía a"ena a todo auello. 5asó la mayor parte del día
en el piso alto. 'uando ba"ó al almac/n, fue de un lado para otro con la mayor calma, las manos
hundidas en los bolsillos del mono y la cabe,a tan ba"a ue la barbilla le uedaba dentro del escote
de la camisa. No se le veían por ning0n lado manchas de sangre. 1e ve, en cuando se uedaba
parada, mirando sombríamente las grietas del suelo, "ugueteando con un mechón de su pelo corto y
murmurando algo para sí misma. 5ero la mayor parte del día la pasó en el piso alto.
'ayó la noche. !a lluvia de auella tarde había refrescado el aire, y el crep0sculo era h0medo y
frío como en invierno$ no había estrellas, y caía una llovi,na fría y helada. 1esde la calle se veían
las lámparas de las casas, oscilantes y f0nebres. &e levantó el viento, no de la parte del pantano, sino
de los fríos y oscuros pinares del norte.
!os relo"es del pueblo dieron las ocho. @odavía no había ocurrido nada. El viento nocturno y los
macabros rumores del día tenían a mucha gente asustada y encerrada en sus hogares "unto al fuego.
8tros estaban reunidos en grupos. ;nos ocho o die, hombres se habían concentrado en el porche
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del almac/n de miss 4melia. Estaban silenciosos, esperando. No hubieran podido e%plicar u/
esperaban$ pero siempre ue hay tensión en el ambiente, cuando se sabe ue va a ocurrir algo
importante, los hombres se re0nen y esperan de este modo. 2 despu/s de la espera, llega un
momento en ue todos act0an al unísono, no impelidos por el pensamiento o por la voluntad de un
hombre, sino como si sus instintos se hubieran fundido, de forma ue la iniciativa no parte de uno
de ellos, sino del grupo entero. En esos momentos, ninguno titubea$ y sólo depende del destino el
ue las cosas se resuelvan pacíficamente, o ue la acción con"unta derive en tumulto, violencias y
crímenes.
4sí pues, los hombres esperaban silenciosos en el porche del almac/n de miss 4melia, y ninguno
de ellos sabía por u/ estaban allí o lo ue harían, pero sabían ue tenían ue esperar, y ue la hora
se acercaba.
!a puerta del almac/n estaba abierta. 1entro había lu,, y todo estaba como siempre- a la
i,uierda, el mostrador, con la carne, los botes de caramelos y el tabaco. 1etrás del mostrador, los
estantes con los comestibles. En la parte derecha del almac/n se amontonaban los aperos de
labran,a$ al fondo, a la i,uierda, estaba la puerta ue conducía a la escalera. !a puerta estaba
abierta. 2 más a la derecha, tambi/n al fondo del almac/n, había otra puerta ue daba a un cuartito
ue miss 4melia llamaba su oficina. @ambi/n esa puerta estaba abierta. Eran las ocho de la noche y
se veía a miss 4melia allí dentro, sentada ante su mesa de traba"o con una pluma en la mano y unas
ho"as de papel ante sí.
!a oficina tenía buena lu,, y miss 4melia no parecía ver a auella delegación, allí en el porche.
@odo estaba muy ordenado en torno suyo, como de costumbre. 4uella oficina era bien conocida y
hasta temida en toda la región$ miss 4melia despachaba allí sus asuntos. &obre la mesa había una
máuina de escribir ue miss 4melia sabía mane"ar, pero sólo utili,aba para los documentos más
importantes. En los ca"ones se apilaban miles de papeles, por orden alfab/tico. Miss 4melia recibía
tambi/n en auella oficina a las personas enfermas, pues le encantaba dárselas de m/dico y no le
faltaban ocasiones de entregarse a esta pasión. 1os estantes enteros estaban llenos de frascos y
medicinas. Cunto a la pared había un banco para los enfermos. Miss 4melia sabía coser una herida
con una agu"a uemada sin ue se llegara a infectar$ tenía un ungMento fresco para las uemaduras$
para las dolencias no locali,adas disponía de variadas medicinas ue había sacado de misteriosas
recetas$ soltaban muy bien el vientre, pero no se podían dar a los ni.os porue producían unas
convulsiones muy dolorosas. 5ara los ni.os tenía remedios aparte, más suaves y de sabor dulce. &í,
miss 4melia era un gran m/dico, todos lo decían. @enía manos delicadas, aunue fueran tan grandes
y huesudas, y una gran imaginación y cientos de remedios distintos. Nunca titubeaba si se veía
frente a un caso peligroso y desconocido$ se atrevía con cualuier clase de enfermedades, con una
sola e%cepción- las dolencias propias de las mu"eres. &e rubori,aba con sólo oír hablar de auellas
cosas, y se uedaba cortada, pasándose un dedo entre el cuello y la blusa, o frotando una contra otra
sus bota,as de goma, y parecía una ni.a grandota muda de vergMen,a. 5ero la gente confiaba en ella
para todo lo demás. No pasaba facturas y tenía siempre una invasión de pacientes.
4uella noche estaba miss 4melia escribiendo sin parar con su estilográfica$ sin embargo, no
podía sentarse allí toda la vida fingiendo no ver a los hombres ue esperaban en el porche oscuro y
la observaban. 1e ve, en cuando, levantaba la vista y les miraba en silencio, pero sin gritarles u/
se les había perdido en su almac/n para andar rondando por allí como almas en pena. @enía una
e%presión digna y seria, como siempre ue estaba en su oficina. 4l cabo de un rato, auel modo de
mirar de los hombres parecía molestarla$ se pasó un pa.uelo ro"o por la cara, se levantó y cerró la
puerta de la oficina.
4uel gesto fue como una se.al para el grupo del porche. 3abía llegado la hora. !levaban
mucho tiempo de pie, con la calle h0meda y oscura a sus espaldas$ habían esperado mucho, y en
auel preciso instante se les despertó el instinto de actuar. Entraron en el almac/n todos a una, como
movidos por una sola voluntad. En auel momento los ocho hombres parecían iguales, todos
vestidos con mono a,ul, casi todos con el pelo rubio, pálidos y con la mirada fi"a y como alucinada.
Nunca se sabrá lo ue hubieran podido hacer entonces- en auel instante se oyó un ruido en lo alto
de la escalera. !os hombres levantaron la vista y se uedaron mudos de asombro- allí estaba el
1O
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
"orobado, a uien ya daban por muerto. 2 no era en absoluto como se lo habían descrito$ nada de un
pobre enanito harapiento, solo y perdido en el mundo. 5ero ninguno de ellos había visto nunca hasta
entonces una cosa igual. 5or el almac/n cundió un silencio de muerte.
El "orobado ba"aba las escaleras muy despacio, con la arrogancia de uien es due.o de cada tabla
del suelo ue pisa. 3abía cambiado mucho en auellos dos días. En primer lugar, estaba limpio
como los chorros del oro. !levaba todavía su abriguito, pero ahora lo tenía bien cepillado y
remendado$ deba"o llevaba una camisa de miss 4melia, a cuadros ro"os y negros. No usaba
pantalones como los de los hombres corrientes, sino unos peue.os cal,ones muy a"ustados ue le
llegaban sólo a las rodillas. !as piernecillas las llevaba embutidas en unas medias negras y sus
,apatos eran de una forma e%tra.a, anudados alrededor de los tobillos, y estaban muy brillantes. &e
había ce.ido al cuello un chal de lana verde limón$ casi le cubría las grandes ore"as pálidas, y las
dos bandas le caían hasta el suelo.
El "orobado ba"ó al almac/n con pasitos tiesos y presuntuosos, y se plantó en medio del grupo de
hombres. !os hombres le abrieron paso y se le uedaron mirando bouiabiertos. @ambi/n el
"orobado se comportó de un modo e%tra.o- fue mirando a los hombres, en silencio, hasta la altura
de sus propios o"os, es decir, hasta los cinturones. 1espu/s, con maliciosa curiosidad, fue
e%aminando ordenadamente las regiones inferiores de cada uno de auellos hombres, desde la
cintura hasta los ,apatos. 'uando terminó su inspección cerró los o"os un momento y movió la
cabe,a, como si, en su opinión, lo ue acababa de ver no valiera gran cosa. Entonces, con mucho
descaro, y sólo para confirmar su veredicto, echó atrás la cabe,a y abarcó en una mirada el círculo
de rostros ue le rodeaba. 3abía un saco de guano a medio llenar a la i,uierda del almac/n$
despu/s de su e%amen, el "orobado se fue a sentar sobre el saco. &e instaló cómodamente, con las
piernecillas cru,adas, y hundiendo la mano en el bolsillo de su abrigo sacó algo de /l.
!os hombres tardaron un rato en recobrar su aplomo. Merlie <yan, el de las tercianas, ue había
propagado el rumor auel día, fue el primero en hablar. Miró el ob"eto ue sostenía el "orobado y
murmuró-
=ADu/ es eso ue tiene usted ahíB
@odos los hombres sabían u/ tenía el "orobado en la mano- era la ca"ita de rap/ ue había
pertenecido al padre de miss 4melia, una ca"ita de esmalte a,ul con un adorno de oro en la tapa. !os
hombres conocían muy bien auella ca"a y se maravillaron. Miraron inuietos la puerta cerrada de
la oficina, y oyeron a miss 4melia silbar suavemente.
=&í, Au/ tienes ahíB A'acahuetesB
El "orobado levantó vivamente los o"os y respondió, cortante-
=;n cepo para ca,ar entrometidos.
Metió los deditos huesudos en la ca"a y se llevó algo a la boca, pero no ofreció a nadie. Ni
siuiera era rap/ lo ue estaba tomando, sino una me,cla de a,0car y cacao$ pero la tomaba como si
fuera rap/, meti/ndose un poco de la me,cla ba"o el labio inferior, y buscándola luego con la punta
de la lengua, haciendo muecas.
=!os dientes me han sabido siempre amargos =di"o, como una e%plicación=. 5or eso tomo este
polvo dulce.
!os hombres seguían rodeándole, y se sentían desma.ados, y como alelados. Esta sensación no
desapareció nunca del todo, pero pronto uedó paliada por una nueva impresión, como si en el
almac/n hubiera un ambiente de intimidad y de fiesta. !os hombres ue habían ido al almac/n
auella noche eran los siguientes- 3asty Malone, <obert 'alvert 3ale, Merlie <yan, el reverendo @.
M. )illin, <osser 'line, <ip )ellborn, 3enry #ord 'rimp y 3orace )ells. E%ceptuando al
reverendo )illin, todos se parecen mucho, como ya hemos dicho$ todos han pasado alg0n buen rato
en su vida$ todos han sufrido o han llorado por algo$ casi todos son personas tratables si no están
e%asperados. Eran todos obreros de la hilatura y vivían en casas de dos o tres habitaciones por las
ue pagaban die, o doce dólares al mes. 2 todos, auella noche, habían cobrado, porue era un
sábado. 4sí ue, de momento, pod/is considerarlos como un todo.
El "orobado, por su parte, estaba ya individuali,ándolos mentalmente. ;na ve, instalado sobre el
saco empe,ó a charlar con unos y con otros, haci/ndoles preguntas, como por e"emplo si uno estaba
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casado, cuántos a.os tenía, cuánto ganaba a la semana, etc/tera, y así fue llegando a preguntas más
intimas. 5ronto se unieron al grupo otros vecinos$ como 3enry Macy, desocupados ue habían
husmeado algo e%traordinario, mu"eres ue venían a buscar a sus maridos, y hasta un ni.o con el
pelo color de estopa ue se desli,ó en el almac/n, robó una ca"a de galletas y se escabulló sin ue le
vieran. !os dominios de miss 4melia estuvieron pronto muy concurridos, pero ella seguía sin abrir
a0n la puerta de la oficina.
E%iste un tipo de personas ue tienen algo ue las distingue de los mortales corrientes$ son
personas ue poseen ese instinto ue solamente suele darse en los ni.os muy peue.os, el instinto
de establecer un contacto inmediato y vital entre ellos y el resto del mundo. El "orobado era, sin
duda alguna, de este tipo de seres. No llevaba en el almac/n más de media hora, y ya se había
establecido un contacto entre /l y cada uno de los hombres. Era como si hubiera vivido a.os enteros
en el pueblo, como si fuera uno de los vecinos más populares y su sitio habitual, durante incontables
veladas, hubiera sido auel saco de guano en el ue se sentaba. @odo esto, "unto con el hecho de ser
un sábado por la noche, contribuyó seguramente al ambiente de libertad y de alegría ilícita ue
reinaba en el almac/n. @ambi/n se notaba cierta tensión, debida en parte a la situación anormal, y en
parte a ue miss 4melia siguiera encerrada en su oficina, sin hacer acto de presencia.
4pareció a las die, de la noche. 2 los ue esperaban ue se produ"era alg0n drama a su entrada,
uedaron decepcionados. 4brió la puerta y entró en el almac/n con sus ,ancadas lentas y dignas.
@enía una mancha de tinta en la nari, y se había anudado al cuello el pa.uelo ro"o. No parecía notar
nada anormal. 1irigió sus o"os bi,cos al lugar donde estaba sentado el "orobado y se le uedó
mirando un momento. 4l resto de los hombres les concedió tan sólo una o"eada de pacífica sorpresa.
=A1esean alguna cosaB
3abía muchos parrouianos, porue era sábado por la noche y todos uerían beber. Miss 4melia
había abierto tres días antes un barril de los antiguos, y había llenado botellas aba"o en la destilería.
'ogió el dinero de los parrouianos y lo contó a la lu, de la lámpara, como de costumbre. 5ero lo
ue sucedió a continuación ya no era corriente- antes, había ue pasar siempre al oscuro patio
posterior, y allí le daban a uno su botella por la puerta de la cocina. 4uella transacción no producía
ninguna alegría especial. El parrouiano tomaba su botella y se marchaba, o, si su esposa no uería
ver botellas por casa, podía uno volver al porche delantero del almac/n para echar unos tragos allí o
en la calle. El porche y el tro,o de calle delante de la casa eran propiedad de miss 4melia, no había
ue olvidarlo$ pero ella no los consideraba como sus dominios. !os dominios empe,aban en la
puerta y comprendían todo el interior del edificio. 4llí no había permitido "amás ue nadie sino ella
descorchase una botella o bebiera. 2 ahora, por primera ve,, rompía esa tradición. Entró en la
cocina, con el "orobado pegado a sus talones, y volvió con las botellas al almac/n caldeado e
iluminado. 2, lo ue es más, sacó algunos vasos y abrió dos ca"as de galletas, ue uedaron
hospitalariamente a disposición de la concurrencia, en una bande"a, y todo el ue uería podía
tomar una sin pagar.
Miss 4melia no dirigió la palabra a nadie más ue al "orobado, para preguntarle con una vo, algo
ronca y brusca-
=5rimo !ymon, Alo uieres así, o te lo caliento en un ca,oB
–&í, ha,me el favor, 4melia =di"o el "orobado. IA2 desde cuándo había osado nadie llamar a miss
4melia por su nombre a secas, sin anteponerle un respetuoso 6miss7B Ni siuiera su novio y esposo
de die, días$ nadie se había atrevido a tratarla con tanta familiaridad desde la muerte de su padre,
ue por alguna ra,ón la llamaba siempre 'hiuitaJ=. &i haces el favor, cali/ntamelo.
4sí empe,ó el caf/$ de auel modo tan sencillo. <ecordar/is ue era una noche fría, como de
invierno$ hubiera resultado desagradable sentarse a beber en la calle. 5ero dentro del almac/n había
buena compa.ía y un calorcillo delicioso. 4lguien había encendido la estufa del fondo, y los ue
compraban botellas convidaban a beber a los amigos. 3abía algunas mu"eres por allí y tomaron
unas cepitas de ponche y algunas hasta un traguito de :his+y. El "orobado seguía siendo una
novedad, y su presencia divertía a los vecinos. &acaron el banco de la oficina, y algunas sillas más.
;nos se apoyaban en el mostrador, otros se instalaron sobre los barriles y los sacos. El :his+y
pasaba de mano en mano, pero no se oían palabrotas ni risotadas soeces, ni nadie se comportó mal.
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4l contrario, la velada estaba transcurriendo con una finura rayana en la timide,. 2 es ue los
vecinos de este pueblo no estaban acostumbrados a reunirse por puro placer- iban en grupos a
traba"ar a la fábrica$ algunos domingos el pastor organi,aba comidas campestres, y, aunue ello
pueda considerarse como un placer, la finalidad de auellas e%cursiones era hablarle a uno de las
penas del infierno y llenarle de temor ante el @odopoderoso. 5ero el espíritu de un caf/ es algo muy
diferente. @odos, hasta los más ricos y los más tragones, saben ue en un caf/ como es debido hay
ue comportarse con educación y no se puede ofender a nadie$ y ue los pobres miran a su
alrededor con agradecimiento, y pinchan los arenues con delicade,a y modestia, ya ue el
ambiente de un verdadero caf/ tiene ue reunir estas cualidades- compa.erismo, satisfacciones del
estómago, y cierta alegría y gracia de modales. Nadie había e%plicado esas cosas a los reunidos
auella noche en el almac/n de miss 4melia$ pero todos parecían saberlas, aunue nunca habían
tenido un caf/ en el pueblo.
5ero miss 4melia, la causante de todo, se pasó la mayor parte de la noche de pie en la puerta de
la cocina. E%teriormente, no parecía haber cambiado. 5ero más de un vecino la miraba con
curiosidad. Miss 4melia lo observaba todo, pero sus o"os volvían siempre a posarse en el "orobado.
El hombrecillo se paseaba por el almac/n, tomando pelli,cos de auel polvo de su ca"a de rap/, y se
mostraba alternativamente sarcástico y amable. 4llí donde estaba de pie miss 4melia las llamas de
la estufa proyectaban un resplandor ue iluminaba su cara alargada y morena. 5arecía pensativa,
ensimismada, y en su e%presión había una me,cla de pena, asombro y vaga satisfacción. &us labios
no estaban tan apretados como de costumbre, parecía algo más pálida y le sudaban las manos
grandes y vacías. No cabía duda- auella noche tenía el aire lánguido de una enamorada.
!a inauguración del caf/ cesó a medianoche. @odos se di"eron adiós amistosamente. Miss 4melia
cerró la puerta principal pero olvidó echar el cerro"o. 5ronto se uedó el pueblo a oscuras- la calle
Mayor con sus tres tiendas, el molino, las casas, todo se sumió en la noche y en el silencio. 2 así
terminaron auellos tres días y noches, en los ue habían tenido lugar la llegada de un forastero, una
celebración e%traordinaria y la apertura del caf/.
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La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
5asaron cuatro a.os. No nos detendremos en ellos, porue fueron iguales unos a otros. 3ubo
grandes cambios, pero se produ"eron poco a poco y por sus pasos- cada paso tiene poca importancia.
El "orobado siguió viviendo con miss 4melia. El caf/ fue prosperando$ miss 4melia empe,ó a
despachar :his+y por vasos sueltos, y se colocaron algunas mesas en el almac/n. @odas las noches
llegaban parrouianos, y los sábados se reunía mucha gente. Miss 4melia empe,ó a servir cenas de
pescado frito a uince centavos la ración. El "orobado la convenció para ue comprara una hermosa
pianola. 4 los dos a.os, auello no era ya un almac/n, sino un verdadero caf/, ue se abría todas las
tardes de seis a doce.
El "orobado ba"aba la escalera por las noches con un gran aire de suficiencia. &iempre olía un
poco a nabi,as, porue miss 4melia le atiborraba ma.ana y tarde de caldo de verduras para ue
cogiera fuer,as. !e mimaba de una manera increíble, pero /l no medraba con nada$ la comida le
engordaba la cara y la chepa, mientras ue el resto de su cuerpo seguía encani"ado y deforme. Miss
4melia tenía el mismo aspecto de siempre$ entre semana seguía llevando botas de goma y mono,
pero los domingos se ponía un vestido ro"o oscuro ue colgaba de su cuerpo del modo más
pintoresco. &in embargo, sus modales y sus costumbres habían cambiado mucho. @odavía le
encantaba en,ar,arse en un pleito bien borrascoso, pero ya se iba volviendo menos fero, con el
pró"imo cuando se trataba de embargarle. 'omo el "orobado era tan e%ageradamente sociable, miss
4melia empe,ó a salir un poco, a funerales y cosas así. &us actividades m/dicas seguían teniendo
mucho /%ito y su :his+y era me"or ue nunca. El caf/ mismo resultaba un buen negocio, y se había
convertido en el 0nico lugar de reunión en muchas millas a la redonda.
4sí ue, de momento, no concedáis a auellos a.os más ue unas miradas casuales y
fragmentarias. >ed al "orobado- marcha pegado a los talones de miss 4melia, en una ma.ana de
invierno, camino de los pinares$ van a ca,ar. 3elos auí, durante las faenas del campo, en las fincas
de miss 4melia- el primo !ymon no mueve un dedo, pero está siempre o"o avi,or para denunciar el
menor síntoma de pere,a entre los traba"adores. En las tardes de oto.o se sientan en la escalera de
atrás y trocean ca.as de a,0car. !os días sofocantes del verano ba"an al pantano, donde el cipr/s de
las marismas tiene un color verdinegro y hay una lu, so.olienta sobre los matorrales. &i el sendero
pasa por un hoyo enfangado o está cortado por un charco de agua negru,ca, ved cómo miss 4melia
se agacha para ue el primo !ymon pueda subirse a su espalda$ miradlos cómo vadean, con el
"orobado cabalgando sobre los hombros de ella, agarrado a sus ore"as o su"etándose a su frente.
4lgunos días, miss 4melia saca el #ord ue ha comprado y lleva al primo !ymon al cine de
'heeha:, a alguna feria distante o a ver una ri.a de gallos$ al "orobado le vuelven loco los
espectáculos. Naturalmente, todas las ma.anas están en su caf/, y durante muchas horas charlan
sentados "unto a la chimenea de la sala del piso alto. El "orobado pasa malas noches$ le asusta
uedarse solo en la oscuridad. @iene miedo de morirse. 2 miss 4melia no uiere de"arle a solas con
sus temores. Es posible ue la instalación del caf/ tenga tambi/n esta causa- sirve para ue el
"orobado est/ acompa.ado y entretenido y pase luego me"or la noche. 2a hab/is echado un vista,o a
lo ue fueron auellos cuatro a.os. 1e momento los de"aremos estar.
1?
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
5ero creemos ue el comportamiento de miss 4melia reuiere una e%plicación$ ha llegado el
momento de hablar de amor. 5orue miss 4melia estaba enamorada del primo !ymon. Esto lo podía
ver cualuiera. >ivían en la misma casa y nunca se les veía separados. 5or lo tanto, seg0n la se.ora
Mac5hail, mu"er chata y atareada ue se pasa la vida cambiando de sitio los muebles de su sala,
seg0n ella y sus amigas, auellos dos vivían en pecado. &i de verdad eran parientes, sólo lo eran en
segundo o tercer grado, y ni siuiera eso se podía probar. 'laro ue miss 4melia era una mu"erona
inmensa, de más de seis pies de altura, y el primo !ymon un enanillo ue no le llegaba a la cintura.
5ero eso era una ra,ón de más para la se.ora Mac5hail y sus comadres, ue eran de esa clase de
personas ue se regodean hablando de uniones monstruosas y otras aberraciones. 1e"/moslas
hablar. !as buenas almas del pueblo pensaban ue, si auellos dos habían encontrado alguna
satisfacción de la carne, era un asunto ue sólo les importaba a ellos y a 1ios. 5ero todas las
personas sensatas estaban de acuerdo en negar auellas relaciones. ADu/ clase de amor era, pues,
au/lB
En primer lugar, el amor es una e%periencia com0n a dos personas. 5ero el hecho de ser una
e%periencia com0n no uiere decir ue sea una e%periencia similar para las dos partes afectadas.
3ay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. 'on mucha
frecuencia, el amado no es más ue un estímulo para el amor acumulado durante a.os en el cora,ón
del amante. No hay amante ue no se d/ cuenta de esto, con mayor o menor claridad$ en el fondo,
sabe ue su amor es un amor solitario. 'onoce entonces una soledad nueva y e%tra.a, y este
conocimiento le hace sufrir. No le ueda más ue una salida, alo"ar su amor en su cora,ón del me"or
modo posible$ tiene ue crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, e%tra.o y suficiente.
5ermítasenos a.adir ue este amante no ha de ser necesariamente un "oven ue ahorra para un anillo
de boda$ puede ser un hombre, una mu"er, un ni.o, cualuier criatura humana sobre la tierra.
2 el amado puede presentarse ba"o cualuier forma. !as personas más inesperadas pueden ser un
estímulo para el amor. &e da por e"emplo el caso de un hombre ue es ya abuelo ue chochea, pero
sigue enamorado de una muchacha desconocida ue vio una tarde en las calles de 'heeha:, hace
veinte a.os. ;n predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor,
un imb/cil o un degenerado$ y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se
altera lo más mínimo por eso. !a persona más mediocre puede ser ob"eto de un amor arrebatado,
e%travagante y bello como los lirios venenosos de las ci/nagas. ;n hombre bueno puede despertar
una pasión violenta y ba"a, y en alg0n cora,ón puede nacer un cari.o tierno y sencillo hacia un loco
furioso. Es sólo el amante uien determina la valía y la cualidad de todo amor.
5or esta ra,ón, la mayoría preferimos amar a ser amados. 'asi todas las personas uieren ser
amantes. 2 la verdad es ue, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para
muchos. El amado teme y odia al amante, y con ra,ón- pues el amante está siempre ueriendo
desnudar a su amado. El amante fuer,a la relación con el amado, aunue esta e%periencia no le
cause más ue dolor.
1E
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
2a di"imos antes ue miss 4melia había estado casada. 4hora podemos traer a colación auel
curioso episodio. <ecordad ue todo ocurrió hace mucho tiempo, y ue fue el 0nico contacto
personal ue había tenido miss 4melia, antes de la llegada del "orobado, con este fenómeno, el
amor.
El pueblo era entonces el mismo de ahora$ la 0nica diferencia es ue había dos tiendas en lugar
de tres, y ue los melocotoneros ue bordeaban la calle eran entonces más torcidos y más peue.os.
Miss 4melia tenía diecinueve a.os, y su padre había muerto meses atrás. En auel tiempo vivía en
el pueblo un mecánico reparador de telares ue se llamaba Marvin Macy. Era el hermano de 3enry
Macy, pero no se parecían en absoluto$ ya ue Marvin Macy era el hombre más guapo de la región$
muy alto, fuerte, con unos o"os grises de mirar lento, y el pelo ri,ado. &e desenvolvía muy bien,
ganaba buenos "ornales y tenía un relo" de oro ue se abría por detrás y se veía un cromo con unas
cataratas. 1esde un punto de vista e%terno y social, Marvin Macy pasaba por ser un su"eto
afortunado- no estaba a las órdenes de nadie y conseguía todo cuanto se le anto"aba. 5ero desde un
punto de vista más serio y profundo, Marvin Macy no era un hombre envidiable, porue tenía un
carácter endiablado. &u fama era tan mala como la del muchacho más perverso de la comarca, o a0n
peor. 'uando era todavía un ni.o, llevaba siempre en el bolsillo la ore"a seca y en sala,ón de un
hombre al ue había matado con una nava"a de afeitar en una pelea. !es cortaba las colas a las
ardillas del pinar sólo por divertirse, y llevaba en el bolsillo i,uierdo del pantalón matas de
marihuana IprohibidaJ para tentar a los ue andaban deprimidos y propensos al suicidio. 5ero, a
pesar de su fama, era el ídolo de numerosas chicas de la región, entre las cuales había siempre
varias muchachitas de pelo limpio y dulces o"os, de tiernas formas y modales encantadores. Marvin
Macy echaba a perder a auellas dulces muchachitas. 5or fin, a los veintidós a.os, Marvin Macy
escogió a miss 4melia. 4u/lla era la mu"er ue deseaba, auella "oven solitaria, desgarbada, de
e%tra.o mirar. 2 no la uería por su dinero$ se había enamorado de ella.
El amor cambió a Marvin Macy. 4ntes de enamorarse de miss 4melia, todos dudaban ue auel
bruto pudiera tener alma y cora,ón. 5ero había una e%plicación para su maldad$ Marvin Macy había
tenido una infancia muy dura. 3abía sido uno de los siete hi"os de una pare"a de desalmados. &us
progenitores, indignos del nombre de padres, eran unos "óvenes montaraces ue se pasaban la vida
pescando y remando en el pantano. 'ada hi"o ue les nacía Iy tenían uno todos los a.osJ era un
estorbo para ellos. 5or las noches, cuando volvían a su casa, se uedaban mirando a los ni.os como
preguntándose de dónde habían podido salir. &i los ni.os lloraban, les pegaban, y lo primero ue
aprendieron auellas criaturas en este mundo fue a buscar el rincón más oscuro de la casa para
esconderse bien. Estaban tan delgados ue parecían duendecillos blancos, y no hablaban nunca, ni
siuiera entre ellos. !os padres acabaron por abandonarlos definitivamente, de"ándolos a merced de
los vecinos. #ue un invierno muy duro$ la fábrica estuvo cerrada casi tres meses y hubo mucha
hambre en el pueblo. 5ero no vayáis a creer ue en este pueblo de"an ue los ni.os blancos se
mueran de hambre por las calles. 5asó lo siguiente- el mayor de los hermanos, ue tenía ocho a.os,
se marchó a 'heeha: y desapareció$ tal ve, se metió en un tren de mercancías y se fue a correr
mundo, no se sabe. !os vecinos se hicieron cargo de otros cuatro hermanitos, ue fueron pasando
de casa en casa, y, como estaban delicados, se murieron antes de 5ascua. Duedaban Marvin Macy y
3enry Macy, y los llevaron a casa de una buena mu"er del pueblo llamada Mary 3ale, ue los
adoptó y los cuidó como si fueran sus hi"os. !os dos crecieron en auella casa y recibieron buenos
tratos.
5ero los cora,ones de los ni.os son unos órganos delicados. ;na entrada dura en la vida puede
de"arles deformados de mil e%tra.as maneras. El cora,ón herido de un ni.o se encoge a veces de tal
forma ue se ueda para siempre duro y áspero como el hueso de un melocotón. 8, al contrario, es
un cora,ón ue se ulcera y se hincha hasta volverse una carga penosa dentro del cuerpo, y cualuier
roce lo oprime y lo hiere. Esto 0ltimo es lo ue ocurrió a 3enry Macy, ue es tan distinto de su
hermano, pues 3enry es el hombre más amable y más sensible del pueblo- les da su "ornal a los
necesitados, y en la /poca del caf/ se uedaba los sábados por la noche cuidando a los ni.os cuyos
padres se habían ido de tertulia. 3enry Macy es un hombre tímido, y se ve ue es de los ue tienen
el cora,ón hinchado y sufren. En cambio, Marvin Macy se volvió descarado, auda, y cruel. &u
1H
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cora,ón era tan duro como los cuernos del diablo, y hasta ue se enamoró de miss 4melia no hi,o
más ue dar disgustos y cubrir de vergMen,a a su hermano y a la buena mu"er ue le crió.
5ero el amor transformó a Marvin Macy. 1urante dos a.os estuvo enamorado de miss 4melia,
pero no se declaraba. &e uedaba a la puerta de su casa, con la gorra en la mano, con los o"os
humildes y suplicantes, de un gris brumoso. &e reformó por completo. Empe,ó a portarse bien con
su hermano y con su madre adoptiva, aprendió a no derrochar y ahorraba su salario. 2, lo ue es
más, empe,ó a volverse hacia 1ios. 2a no se uedaba recostado en el suelo del porche, cantando y
tocando la guitarra, todo el domingo$ iba a la iglesia y a las reuniones parrouiales. 4prendió
buenos modales$ se fue acostumbrando a ponerse en pie y a ceder su silla a las damas, y de"ó de
decir palabrotas y de armar camorra y de usar los nombres santos en vano.
5asó por esta transformación durante dos a.os, y me"oró su carácter en todos sentidos. 2 al
t/rmino de los dos a.os fue una tarde a casa de miss 4melia, llevando un ramo de flores del
pantano, un pauete de chucherías y un anillo de plata. 4uella tarde se declaró.
2 miss 4melia se casó con /l. Más tarde, todo el mundo se preguntó por u/. 4lgunos di"eron
ue se había casado porue deseaba ue le hicieran regalos de boda. 8tros pensaron ue la culpa
había sido de la tía abuela de 'heeha:, ue era una mu"er insoportable y rega.ona. &ea cual fuere la
causa, miss 4melia atravesó a grandes ,ancadas la iglesia, vestida con el tra"e de novia de su difunta
madre, ue era de seda amarilla, y le uedaba cortísimo. #ue una tarde de invierno, y el sol, ue
entraba por las vidrieras ro"as de la iglesia, envolvía a la pare"a en una lu, e%tra.a. Mientras les
leían las frases sacramentales, miss 4melia estuvo haciendo un gesto raro- se frotaba la palma de la
mano derecha sobre el costado de su tra"e de seda. Estaba buscando el bolsillo de su mono y, al no
encontrarlo, se impacientaba y su cara tomaba una e%presión aburrida y e%asperada. 'uando el
pastor les hubo casado y hubo re,ado las oraciones, miss 4melia salió precipitadamente de la
iglesia, sin dar el bra,o a su marido, y echó a andar por la calle delante de /l.
!a iglesia no ueda le"os del almac/n, así ue los novios fueron a pie a su casa. 1icen ue por el
camino miss 4melia se puso a hablar de un trato ue había hecho con un gran"ero para la compra de
unas cargas de le.a. !a verdad es ue se comportó con el novio lo mismo ue si hubiera sido un
cliente de los ue iban al almac/n a buscar :his+y. 5ero hasta entonces todo había marchado bien$
el pueblo estaba agradecido, porue veía cómo había cambiado el amor a Marvin Macy, y
esperaban ue tal ve, reformase tambi/n a la novia. 5or lo menos contaban con ue el matrimonio
amansaría un poco a miss 4melia, con ue la engordaría y llegaría a convertirla alg0n día en una
mu"er tratable.
&e euivocaron. !os chiuillos ue estuvieron auella noche curioseando por la ventana
contaron todo lo ue había pasado- primero, los novios cenaron unas cosas riuísimas ue había
preparado Ceff, el vie"o cocinero negro de miss 4melia. !a novia repitió de todos los platos, pero el
novio apenas probó bocado. !uego, la novia se puso a hacer lo ue hacía siempre- leyó el periódico,
terminó un inventario de las mercancías del almac/n, etc. El novio se uedó en la puerta con cara de
tonto, sin ue le hicieran caso. 4 las once, la novia cogió una lámpara y subió al primer piso. El
novio subió detrás 3asta entonces todo parecía bastante correcto$ pero lo ue ocurrió despu/s fue
cosa de impíos.
No había pasado media hora, cuando miss 4melia se precipitó escaleras aba"o, en pantalones y
chaueta caui. &u rostro se había ensombrecido tanto ue parecía una negra. 'erró la puerta de la
cocina de un porta,o y le dio una patada tremenda. !uego se fue controlando$ ati,ó el fuego, se
sentó y colocó los pies sobre el fogón. !eyó el Almanaque Agrícola, se tomó un caf/ y se puso a
fumar en la pipa de su padre. &u cara seria, hura.a, había recobrado nuevamente su color natural.
1e ve, en cuando anotaba en un papel alg0n dato del almanaue. 1e madrugada entró en la oficina
y destapó la máuina de escribir, ue había comprado hacía poco, y empe,ó a teclear en ella
torpemente. 1e esta manera transcurrió su noche de bodas. 'uando amaneció, salió al patio como si
no hubiera pasado nada y se puso a clavar las tablas de una "aula de cone"os ue había empe,ado la
semana anterior para vend/rsela a alguien.
;n reci/n casado hace mal papel si no consigue acostarse con su bienamada y lo sabe todo el
pueblo. Marvin Macy ba"ó auel día con sus galas nupciales y con mala cara. 'ómo había pasado la
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noche, sólo 1ios lo sabe. &e paseó por el patio mirando a miss 4melia, pero manteni/ndose a
distancia. 3acia el mediodía se le ocurrió una idea y salió camino de &ociety 'ity. <egresó cargado
de regalos- una sorti"a con un ópalo, un medallón de esmalte rosa como los ue estaban entonces de
moda, una pulsera de plata con dos cora,ones grabados y una ca"a de bombones ue le había
costado dos dólares y medio. Miss 4melia apenas se fi"ó en auellos hermosos presentes$ abrió la
ca"a de bombones, porue tenía hambre, y despu/s miró los otros regalos como tasándolos... y los
puso a la venta encima del mostrador. !a noche transcurrió igual ue la anterior, con la 0nica
diferencia de ue miss 4melia se ba"ó su colchón de pluma y lo instaló "unto al fogón de la cocina,
y durmió allí como un ángel.
4sí estuvieron tres días. Miss 4melia seguía ocupándose de sus asuntos, y se interesó mucho por
la noticia de un puente ue iban a construir a unas die, millas carretera aba"o. Marvin Macy todavía
iba detrás de ella por la casa, y se le notaba en la cara cuánto sufría. 4l cuarto día hi,o una cosa
enormemente ingenua- fue a 'heeha: y volvió con un notario. Entonces, en la oficina de miss
4melia firmó un documento cedi/ndole todos sus bienes terrenos, ue eran die, acres de bosues
maderables comprados con el dinero ue había ahorrado. Miss 4melia estudió cuidadosamente el
documento para asegurarse de ue no cabía ninguna posibilidad de enga.o y lo guardó sin decir
nada en el ca"ón de su mesa. 4uella tarde, cuando el sol brillaba todavía, Marvin Macy cogió una
botella de :his+y y se fue solo al pantano$ al anochecer volvió borracho, se acercó a miss 4melia
con o"os h0medos y abiertos y le puso una mano en el hombro. Duería decirle algo, pero antes de
ue pudiera abrir la boca miss 4melia le dio un pu.eta,o en la cara con tanta fuer,a ue le derribó
de espaldas contra la pared y le rompió un diente.
El final de auel episodio sólo se puede contar a grandes tra,os- despu/s del primer pu.eta,o,
miss 4melia propinó muchos otros a su marido, siempre ue se le ponía a tiro, y siempre ue le veía
borracho. #inalmente le echó de su casa, y Marvin Macy se vio for,ado a sufrir en p0blico. 1urante
el día se uedaba rondando "usto en el limite de las propiedades de miss 4melia, y, algunas veces,
con o"os de loco, cogía su rifle y se sentaba allí a limpiarlo, mirando fi"amente a miss 4melia. &i
miss 4melia estaba asustada, no lo demostró, pero su cara parecía más sombría ue nunca y escupía
mucho en el suelo. El 0ltimo intento est0pido de Marvin Macy fue trepar una noche a la ventana del
almac/n y uedarse allí sentado en la oscuridad, sin un propósito definido, hasta ue miss 4melia
ba"ó la escalera a la ma.ana siguiente. 4uello hi,o a miss 4melia dirigirse inmediatamente al
"u,gado de 'heeha:, con la idea de ue podría hacerle encerrar en la cárcel por allanamiento o
in"uria. Marvin Macy abandonó el pueblo auel día, y nadie le vio marchar ni supo adonde se fue.
4l marcharse, echó por deba"o de la puerta de miss 4melia una carta larga y e%tra.a, escrita en
parte con lápi, y en parte con tinta. Era una arrebatada carta de amor, pero contenía tambi/n
amena,as- Marvin "uraba ue haría pagar a miss 4melia todo el da.o ue le había hecho. El
matrimonio de Marvin Macy había durado die, días. 2 el pueblo sintió esa satisfacción especial ue
siente la gente cuando le "uegan a alguien una mala pasada con medios escandalosos y terribles.
Miss 4melia se uedó con todo lo ue había pertenecido a Marvin Macy- con su bosue
maderable, con su relo" de oro, con todo. 5ero no parecía conceder mucha importancia a auel
botín, y cuando llegó la primavera hi,o peda,os la cogulla de PuQPu%QPlan de Marvin para cubrir
sus plantas de tabaco. 4sí ue Marvin Macy no hi,o otra cosa ue acrecentar la riue,a de ella y
ofrecerle amor. 5ero, aunue pare,ca raro, ella nunca hablaba de Marvin sin una amargura y un
desprecio terribles. Ni una sola ve, llegó a referirse a /l por su nombre, sino ue le llamaba
desde.osamente 6ese remiendatelares con el ue me cas/7.
2 pasado el tiempo, cuando empe,aron a llegar al pueblo rumores horripilantes sobre Marvin
Macy, miss 4melia se mostró muy complacida, ya ue, liberado de su amor, se había revelado al fin
el verdadero carácter de Marvin Macy. &e convirtió en un criminal cuyo retrato y cuyo nombre
aparecieron en todos los periódicos del estado. <obó en tres surtidores de gasolina y asaltó los
almacenes 4. R 5. de &ociety 'ity con una escopeta serrada. #ue sospechoso del asesinato de &am
8"os de 'hino, un conocido bandolero. @odos estos crímenes estuvieron relacionados con el nombre
de Marvin Macy, hasta el punto de ue su maldad se hi,o famosa en muchos países. 4l fin la
"usticia le capturó, borracho, en el suelo de un refugio de turistas, con su guitarra al lado y cincuenta
1L
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y siete dólares en el ,apato derecho. #ue "u,gado, sentenciado y enviado al penal ue hay cerca de
4tlanta. Miss 4melia sintió una honda satisfacción.
*ueno, todo esto ocurrió hace mucho tiempo, y es la historia del matrimonio de miss 4melia. El
pueblo se burló durante meses enteros de auella historia grotesca. 5ero, aunue los hechos
e%ternos de auel amor sean indudablemente tristes y ridículos, no hay ue olvidar ue la verdadera
historia fue la ue tuvo lugar en el cora,ón del propio amante. ADui/n, sino 1ios, puede ser el
0ltimo "ue, de este amor o de cualuier otroB En la primera noche del caf/ hubo varios ue
pensaron de pronto en auel esposo fallido, encerrado en una cárcel sombría a muchas millas de
allí. 2 durante los a.os siguientes, el pueblo no olvidó del todo a Marvin Macy. Nunca se
pronunciaba su nombre en presencia de miss 4melia o del "orobado$ pero el recuerdo de su pasión y
de sus crímenes, y el pensamiento de auel hombre prisionero en una celda del penal, era como un
ba"o continuo ue acompa.aba, turbador, el alegre amor de miss 4melia y la alga,ara del caf/. 4sí
pues, no olvid/is a este Marvin Macy, porue va a representar un papel terrible al final de nuestra
historia.
1N
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1urante los cuatro a.os en ue el almac/n se iba transformando en caf/, las habitaciones de
arriba no sufrieron ning0n cambio. 4uella parte de la casa se conservó tal como había estado toda
la vida de miss 4melia, tal como había estado en tiempos de su padre y probablemente en tiempos
del padre de su padre. !as tres habitaciones, como ya se ha dicho, estaban escrupulosamente
limpias. 3asta el ob"eto más peue.o tenía su sitio e%acto, y Ceff, el criado de miss 4melia,
limpiaba y frotaba todo cada ma.ana. El cuarto de enfrente era el del primo !ymon$ era el cuarto
donde Marvin Macy había pasado las pocas noches ue le admitieron en la casa, y antes de auello
había sido el dormitorio del padre de miss 4melia. El cuarto estaba amueblado con una cómoda
grande, un escritorio cubierto con un tapete blanco y almidonado, con bordes de ganchillo, y una
mesa con tablero de mármol. !a cama era inmensa, con cuatro columnas talladas de palo de rosa
oscuro. @enía dos colchones de pluma, edredones y toda clase de comodidades hechas a mano. !a
cama era tan alta ue guardaban deba"o de ella dos escalones de madera$ ning0n ocupante había
utili,ado hasta entonces auellos escalones, pero el primo !ymon los sacaba todas las noches y
subía por ellos con solemnidad. 4demás de los escalones, aunue p0dicamente empu"ado fuera de
la vista, había un orinal de porcelana con rosas pintadas. No había alfombras sobre el suelo oscuro y
encerado, y las cortinas eran de una tela blanca, tambi/n con bordes de ganchillo.
4l otro lado de la sala estaba el dormitorio de miss 4melia, ue era más peue.o y muy sencillo.
!a cama era estrecha, de madera de pino. 3abía una cómoda donde miss 4melia guardaba sus
pantalones, sus blusas y su tra"e del domingo, y dos escarpias en la pared del ba.o para colgar sus
botas de goma. No tenía cortinas, alfombras ni adornos de ninguna clase.
!a habitación grande del centro, la sala, estaba muy recargada. 1elante de la chimenea estaba el
sofá de palo de rosa, tapi,ado de seda verde. @odo era de muy buena clase y ostentoso- las mesas de
mármol, dos máuinas de coser &inger, un "arrón grande con ramas de las llamadas 6hierbas de las
5ampas7... El mueble más importante de la sala era una vitrina grande ue guardaba una serie de
tesoros y curiosidades. Miss 4melia había a.adido a auella colección dos ob"etos- uno era una gran
bellota de roble$ el otro, una ca"ita de terciopelo ue contenía un par de piedras peue.as, grisáceas.
4lgunas veces, cuando no tenía mucho ue hacer, miss 4melia sacaba auella ca"ita y se acercaba a
la ventana con las piedrecitas en la palma de la mano, mirándolas con una me,cla de fascinación,
respeto y miedo. Eran los cálculos renales de la propia miss 4melia, y se los había e%traído el
m/dico de 'heeha: hacía algunos a.os. 3abía sido una e%periencia terrible, desde el primer
momento hasta el 0ltimo, y todo cuanto había sacado eran auellas dos piedrecitas$ tenía ue
concederles un valor e%traordinario o, si no, reconocer ue había hecho un p/simo negocio. El
segundo a.o de la estancia del primo !ymon con ella las hi,o montar como di"es en una cadena de
relo" ue le regaló. @enía en gran estima el otro ob"eto ue había a.adido a la colección, la bellota
grande$ pero siempre ue la miraba se uedaba triste y perple"a.
–4melia, Au/ significa esa bellotaB =le preguntó el primo !ymon.
=2a lo ves$ una bellota =contestó miss 4melia=. No es más ue una bellota ue cogía la tarde en
ue murió papá.
=A'ómo dicesB =insistió el primo !ymon.
=1igo ue no es más ue una bellota ue vi en el suelo auel día. !a cogí y me la guard/ en el
bolsillo. No s/ por u/.
=>aya una ra,ón para guardarla =di"o el primo !ymon.
Miss 4melia y el primo !ymon solían conversar mucho en las habitaciones de arriba, casi
siempre en las primeras horas de la madrugada, cuando el "orobado no podía dormir. Miss 4melia
era una mu"er silenciosa por sistema, y no de"aba ue se le fuera la lengua cada ve, ue algo le
pasaba por la cabe,a$ pero había algunos temas de los ue le encantaba hablar. @odos auellos
temas tenían un punto com0n- eran inagotables. !e gustaba contemplar problemas a los ue se
podía dar vueltas durante a.os y a.os y ue permanecían insolubles. 5or su parte, el primo !ymon
disfrutaba hablando de cualuier cosa, porue era un gran charlatán. !os dos enfocaban las
conversaciones de un modo muy diferente- miss 4melia se mantenía siempre en el ancho campo de
las generali,aciones y divagaciones, y hablaba y hablaba interminablemente con su vo, ba"a y
pensativa sin llegar a ning0n lado$ y el primo !ymon, por su parte, la interrumpía de pronto para
2O
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atrapar, como una urraca, alg0n detalle ue, aunue no tuviera importancia, era al menos algo
concreto y ue ofrecía alg0n lado práctico. 4lgunos de los temas favoritos de miss 4melia eran- las
estrellas, el por u/ los negros tienen la piel negra, el me"or tratamiento para el cáncer, etc. &u padre
era tambi/n uno de sus temas más ueridos e inagotables.
=&í, !a: =le decía a !ymon=. En auella /poca sí ue dormía yo bien$ me metía en la cama y en
cuanto se apagaba la lámpara me dormía, vaya si me dormía$ como si me hubiera ahogado en grasa
caliente. !uego, al amanecer, entraba papá y me ponía la mano en el hombro, y me decía- 6>e
movi/ndote, chiuita.7 2 luego, más tarde, subía de la cocina, cuando ya estaba el fogón caliente, y
gritaba- 6S#ritos de maí,T S@ernera en su "ugoT S3uevos con "amónT7 2 yo corría escaleras aba"o y
me vestía al lado del fogón mientras /l se lavaba fuera, en la bomba. 2 luego nos íbamos a la
destilería, o...
=!as tortas de maí, de esta ma.ana no estaban buenas =decía el primo !ymon=. &e habían frito
demasiado aprisa y por dentro estaban crudas.
=2 cuando papá traficaba con el licor, en auella /poca... =y la conversación se prolongaba
indefinidamente, con las largas piernas de miss 4melia estiradas ante la chimenea$ porue
encendían la chimenea invierno y verano, ya ue !ymon era muy friolero. El "orobado se sentaba en
una silla ba"a frente a miss 4melia$ los pies apenas le llegaban al suelo, y generalmente llevaba el
torso bien arropado con una manta o con el chal verde. Miss 4melia no hablaba de su padre a nadie
más ue al primo !ymon.
4u/lla era una de sus pruebas de amor. El "orobado era su confidente en las materias más
delicadas e importantes. &ólo /l sabía dónde guardaba miss 4melia un plano en el ue está se.alado
el lugar donde había enterrados ciertos barriles de :his+y, en una de sus tierras, allí cerca. &ólo /l
tenía acceso a su talonario de cheues, y la llave de la vitrina de los tesoros. El "orobado sacaba
dinero de la ca"a registradora, pu.ados enteros de dinero, y le gustaba el ruido ue hacían las
monedas en su bolsillo. 'asi todas las cosas de la casa le pertenecían, porue, cuando se enfadaba,
miss 4melia se ponía a dar vueltas buscándole alg0n regalo... así ue ahora apenas uedaba nada a
mano para dárselo. !a 0nica parte de su vida ue miss 4melia no uería compartir con el primo
!ymon era el recuerdo de sus die, días de matrimonio. Marvin Macy era el 0nico tema del ue no
hablaba nunca con /l.
21
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1e"ad, pues, pasar los a.os lentos y llegad a una tarde de sábado, seis a.os despu/s de la
aparición del primo !ymon en el pueblo. Era en agosto, y el firmamento había estado ardiendo todo
el día sobre el pueblo como una sábana de fuego. Fban ya oscureciendo los resplandores verdosos
del crep0sculo y por douier reinaba una sensación de serenidad y calma. !a calle estaba
alfombrada con una capa de polvo seco y dorado, de una pulgada de espesor, y los ni.os peue.os
correteaban medio desnudos, estornudaban mucho, sudaban y estaban inuietos e irritables. !a
fábrica había cerrado al mediodía.
!os vecinos de las casas de la calle Mayor pasaban el rato sentados en sus escalones, y las
mu"eres se daban aire con abanicos de ho"a de palma. En la fachada de la casa de miss 4melia había
un letrero ue decía- 6'af/.7 El porche de atrás estaba más fresco gracias a la sombra de una
celosía de madera, y el primo !ymon estaba allí sentado, dando vueltas a una heladora. 1e ve, en
cuando uitaba la sal y el hielo y sacaba la tapa para chupar un poco y ver cómo iba uedando su
obra. Ceff guisaba en la cocina. 4uella ma.ana temprano miss 4melia había puesto en la pared del
porche delantero un aviso ue decía- 6'ena de pollo. Esta noche veinte centavos.7 El caf/ ya estaba
abierto, y miss 4melia acababa de terminar el traba"o de la oficina. !as ocho mesas estaban
ocupadas y la pianola tocaba una musiuilla estridente.
En un rincón, cerca de la puerta y sentado a una mesa con un ni.o, estaba 3enry Macy. Estaba
bebiendo un vaso de :his+y, cosa rara para /l porue el alcohol se le subía a la cabe,a en seguida y
le hacía llorar o cantar. @enía la cara muy pálida, y su o"o i,uierdo se cerraba constantemente con
un tic nervioso, como le ocurría siempre ue estaba agitado. 3abía entrado en el caf/ arrimándose a
la pared y en silencio, y cuando le saludaron no di"o nada. El ni.o ue tenía al lado era de 3orace
)ells, y lo habían de"ado auella ma.ana en casa de miss 4melia para ue le curase.
Miss 4melia salió de su oficina y entró en el caf/ con una rabadilla de gallina entre los dedos,
pues au/l era su bocado predilecto. Echó una o"eada a la sala, vio ue todo andaba bien y se dirigió
a la mesa del rincón donde estaba 3enry Macy. 1io la vuelta a la silla y se sentó a horca"adas
apoyada en el respaldo$ sólo uería matar el tiempo, porue todavía no estaba su cena. En el bolsillo
de atrás del mono llevaba una botella de Pura Prup, una medicina hecha con :his+y, caramelo y un
ingrediente secreto. Miss 4melia destapó la botella y se la metió en la boca al ni.o. !uego se volvió
a 3enry Macy y, al ver los gui.os nerviosos de su o"o i,uierdo, le preguntó-
=ADu/ te pasaB
3enry Macy parecía a punto de e%plicar algo difícil, pero despu/s de mirar largamente a los o"os
de miss 4melia tragó saliva y no di"o nada. Miss 4melia se volvió a su paciente. &ólo sobresalía la
cabe,a del ni.o por encima de la mesa. @enía la cara muy encarnada, con los párpados medio
cerrados y la boca abierta. !e había salido un grano grande, duro e hinchado en el muslo, y le
habían llevado para ue miss 4melia se lo reventara. 5ero miss 4melia empleaba un m/todo
especial con los ni.os- no le gustaba hacerles da.o y verles asustados y pataleando. 5or eso había
de"ado ue el ni.o correteara por la casa todo el día, y le había ido dando "arabes y dosis frecuentes
de Pura Prup, y al caer la tarde le ató una servilleta al cuello y le dio una buena cena. 4hora estaba
el ni.o cabeceando sobre la mesa, y a veces, al respirar, de"aba escapar un gru.ido de cansancio.
1e pronto se notó un revuelo en el caf/, y miss 4melia miró rápidamente en torno. 3abía entrado
el primo !ymon. El "orobado cru,ó el caf/ con pasitos arrogantes, como todas las noches, y cuando
llegó al centro e%acto del local se paró en seco, y miró inuisitivamente a su alrededor, recontando a
los clientes y calculando el material emocional ue había disponible auella noche. El "orobado era
un ser maligno- disfrutaba con las emociones fuertes, y se las componía para en,ar,ar a la gente sin
decir una palabra, de un modo asombroso. Gl era el culpable de ue los melli,os <ainey hubiesen
disputado por una nava"a hacía dos a.os, y de ue no hubieran vuelto a hablarse desde entonces. Gl
estuvo presente cuando la gran pelea entre <ip )ellborn y <obert 'alvert 3ale, y en todas las otras
peleas ue, de resultas de au/lla, hubo en el pueblo desde su llegada. Metía las narices en todas
partes, se enteraba de las intimidades de todo el mundo y se pasaba la vida entrometi/ndose en todo.
2 a pesar de eso, por raro ue pare,ca, era el alma del caf/. Nunca había tanta alegría como cuando
/l estaba presente. &iempre ue entraba en el salón se notaba una repentina tensión en el ambiente,
porue cuando auel enredador andaba por medio no sabia uno nunca u/ se le podía venir a uno
22
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
encima, o u/ iba a ocurrir allí en cualuier momento. !a gente no se siente nunca tan a sus anchas
ni tan libre de cuidados como cuando entrev/ la posibilidad de alguna conmoción o calamidad. 5or
eso, cuando el "orobado hi,o su entrada en el caf/, todos le miraron y de pronto se oyó un alboroto
de voces y de botellas descorchadas.
!ymon saludó con la mano a &tumpy Mac5hail, ue estaba en una mesa con Merlie <yan y
3enry #ord 'rimp.
=3oy he ido paseando hasta !ago 5odrido, para pescar =di"o=. 2 en el camino tropec/ con una
cosa ue al principio me pareció un árbol grande caído. 5ero, al pasarle por encima, siento algo ue
se mueve, miro otra ve,, y me encuentro encima de un cocodrilo, tan largo como de esa puerta a la
cocina, y más gordo ue un cerdo.
El "orobado siguió parloteando. @odos le miraban de ve, en cuando, y algunos escuchaban su
cháchara y otros no. 3abía días en ue no decía más ue mentiras y fanfarronadas. Nada de lo ue
contaba esta noche era verdad. 3abía estado en la cama todo el día, con la garganta inflamada por el
calor, y no se había levantado hasta 0ltima hora de la tarde, para dar vueltas a la heladora. @odo el
mundo lo sabía, pero /l seguía allí, de pie en medio del caf/, contando auellos embustes y
baladronadas hasta ue le daba a uno dolor de cabe,a.
Miss 4melia le observaba con las manos metidas en los bolsillos y la cabe,a ladeada. 3abía
ternura en sus e%tra.os o"os grises, y sonreía suavemente, ensimismada. 4 veces levantaba los o"os
del "orobado y los dirigía a las otras personas del caf/, y entonces su mirada era orgullosa y un tanto
amena,adora, como si estuviera retándoles a todos a ue se atreviesen a reírse del "orobado por
todas auellas ma"aderías.
Ceff entró entonces con las cenas ya servidas en platos, y los nuevos ventiladores el/ctricos daban
al caf/ un agradable frescor.
=El ni.o se ha dormido =di"o al fin 3enry Macy.
Miss 4melia ba"ó la vista al paciente ue tenía a su lado y compuso su rostro para su pró%ima
actuación. El ni.o tenía la barbilla apoyada en la esuina de la mesa, y por la comisura de la boca le
babeaba un poco de Pura Prup. @enía los o"os cerrados y en el borde de los párpados se le había
hospedado pacíficamente una peue.a familia de mosuitos. Miss 4melia le puso la mano en la
cabe,a y se la sacudió con fuer,a, pero el paciente no se movió. Entonces miss 4melia tomó al ni.o
en bra,os, con cuidado de no tocar la pierna enferma, entró en su oficina seguida por 3enry Macy y
cerraron la puerta. El primo !ymon se aburría auella tarde.
No pasaba nada de particular, y, a pesar del calor, los parrouianos del caf/ estaban de buen
talante. 3enry #ord 'rimp y 3orace )ells estaban en la mesa del centro, abra,ados por los
hombros, contándose un chiste muy largo$ pero cuando el "orobado se acercó a ellos no le sirvió de
nada porue se había perdido el principio de la historia. !a lu, de la luna iluminaba la calle
polvorienta, y los peue.os melocotoneros estaban negros y uietos$ no había brisa alguna. El
so.oliento ,umbido de los mosuitos de la ci/naga era como un eco de la noche silenciosa. El
pueblo estaba oscuro$ solamente allá aba"o, a la derecha del camino, se veía la lu, de una lámpara.
En alg0n lugar de la noche, una mu"er cantaba con vo, aguda, salva"e, una canción ue no tenía
principio ni fin, y estaba formada por tres notas solas, ue se repetían una ve,, y otra, y otra. El
"orobado estaba de pie en el porche, apoyado en la baranda, mirando hacia el camino vacío, como
esperando ue alguien llegase por allí. 4l cabo de un momento oyó unos pasos ue se acercaban, y
luego una vo,.
=5rimo !ymon, ya tienes la cena en la mesa.
=Esta noche no tengo mucho apetito =di"o el "orobado, ue se había pasado todo el día tomando
rap/ dulce=. @engo la boca amarga.
=&ólo un bocadito =di"o miss 4melia=. !a pechuga, el hígado y el cora,ón.
>olvieron "untos al caf/ iluminado y se sentaron con 3enry Macy. &u mesa era la mayor del caf/,
y había sobre ella un ramillete de lirios del pantano en una botella de 'ocaQ'ola. Miss 4melia había
terminado con su paciente y estaba satisfecha de sí misma. &ólo se habían oído unos lloriueos
so.olientos al otro lado de la puerta de la oficina, y, antes de ue el enfermito se despertara, todo
había terminado. El ni.o estaba ahora echado sobre el hombro de su padre y dormía profundamente.
29
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'on los bra,os colgando inertes a lo largo de la espalda del padre y la cara muy encarnada, salía ya
del caf/, camino de su casa.
3enry Macy seguía callado. 'omía cuidadosamente, sin hacer ruido, y no era tan ansioso como
el primo !ymon, ue, despu/s de decir ue no tenía apetito, se estaba sirviendo plato tras plato. 1e
ve, en cuando, 3enry Macy miraba a miss 4melia y luego volvía a ba"ar la vista.
Era una típica noche de sábado. ;na pare"a de vie"os ue habían venido del campo estuvieron
titubeando un momento en la puerta, cogidos de la mano, y al fin se decidieron a entrar. !levaban
tanto tiempo viviendo "untos ue se parecían como hermanos gemelos. Eran morenos, arrugados,
parecían dos cacahuetes caminantes. &e marcharon temprano, y hacia la medianoche se habían ido
casi todos los parrouianos. <osser 'line y Merlie <yan seguían "ugando u las damas, y &tumpy
Mac5hail estaba sentado con una botella de :his+y encima de la mesa Isu mu"er no toleraba el
:his+y en su casaJ y sostenía pacificas conversaciones consigo mismo. 3enry Macy no se había
marchado todavía, y esto era algo raro en /l, ue siempre se iba a la cama al caer la noche. Miss
4melia boste,ó, pero !ymon estaba nervioso y ella no uería insinuar ue ya era la hora del cierre.
4l fin, a eso de la una, 3enry Macy se puso a mirar una esuina del techo y di"o con calma a
miss 4melia-
=3oy he tenido una carta.
Miss 4melia no iba a impresionarse por una cosa así, porue recibía un montón de cartas de
negocios y de catálogos.
=&í$ he recibido carta de mi hermano.
El "orobado, ue había estado dando vueltas por el caf/ a pasitos de ganso, con las manos
cru,adas detrás de la cabe,a, se detuvo de pronto. @enía un instinto agudo para notar el menor
cambio en el ambiente$ echó una o"eada a todas las caras presentes y esperó.
Miss 4melia frunció el entrece"o y apretó el pu.o.
–@e felicito =di"o.
=Está ba"o palabra. 3a salido del penal.
4 miss 4melia se le había puesto la cara muy oscura$ y, a pesar del calor ue hacía auella
noche, se estremeció. &tumpy Mac5hail y Merlie <yan empu"aron las damas a un lado. El caf/
estaba en silencio.
=ADui/nB =preguntó el primo !ymon, y sus ore"as grandes y pálidas parecían crecer y uedarse
enhiestas=. ADu/B
Miss 4melia dio un golpe en la mesa con las palmas de la mano.
=5orue Marvin Macy es un... =pero la vo, se le enronueció y sólo di"o al cabo de unos
momentos=- &u sitio está en ese penal para el resto de su vida.
=ADu/ es lo ue hi,oB =preguntó el primo !ymon.
3ubo una larga pausa porue ninguno sabía e%actamente cómo contestar a auella pregunta.
=4tracó tres estaciones de gasolina =di"o &tumpy Mac5hail. 5ero su e%plicación no parecía muy
convincente y daba la sensación de ue uedaban por mencionar muchos pecados.
El "orobado estaba impaciente. No podía soportar ue le de"aran al margen de nada, ni siuiera
de una gran desgracia. El nombre de Marvin Macy le era desconocido, pero le atormentaba como
cualuier asunto al ue se aludiera en su presencia sin estar /l bien enterado, como cuando se
referían a la serrería vie"a ue habían desmontado antes de su llegada o cuando de"aban escapar
alguna frase casual sobre el pobre Morris #inestein, o recordaban alg0n suceso acaecido cuando no
estaba /l. 4parte de esta curiosidad innata, al "orobado le interesaban muchísimo todas las
variedades de robos y crímenes. Empe,ó a dar vueltas en torno a la mesa, repiti/ndose las palabras
6libertad ba"o palabra7 y 6penal7. 5ero aunue hi,o preguntas insistentes, no pudo sacar nada en
claro, ya ue nadie se atrevía a hablar de Marvin Macy en el caf/, delante de miss 4melia.
=!a carta no decía gran cosa =di"o 3enry Macy=. No me decía dónde pensaba ir.
=4l cuerno =di"o miss 4melia, ue tenía todavía la cara ce.uda y ensombrecida=. En mi casa no
volverá a poner las pe,u.as "amás.
Empu"ó la silla hacia atrás y se dispuso a cerrar el caf/. El pensar en Marvin Macy debió de
llenarla de temores, porue cargó con la ca"a registradora y la metió en un escondri"o de la cocina.
2?
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3enry Macy ba"ó a la calle oscura. 5ero 3enry #ord 'rimp y Merlie <yan se uedaron un rato en el
porche de delante. Merlie <yan presumiría despu/s y "uraría ue auella noche tuvo un
presentimiento de lo ue iba a ocurrir. 5ero el pueblo no le hi,o caso, porue Merlie <yan estaba
siempre dándose importancia con cosas así. Miss 4melia y el primo !ymon estuvieron un rato
hablando en la sala. 2 cuando el "orobado pensó por fin ue ya podría dormir, miss 4melia le
arregló el mosuitero sobre la cama y esperó a ue /l terminara sus oraciones. Entonces se puso su
largo camisón, se fumó dos pipas, pero tardó a0n mucho tiempo en irse a dormir.
2E
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4uel oto.o fue alegre. 3ubo una cosecha muy buena en la comarca, y en el mercado de #or+s
#alls el precio del tabaco se mantuvo firme, auel a.o. 1espu/s de un largo verano, los primeros
días frescos tenían una dul,ura limpia y brillante. 'recían florecitas amarillas a los lados de los
caminos polvorientos, y la ca.a de a,0car estaba madura y ro"i,a. @odos los días llegaba el autob0s
de 'heeha: para llevarse a unos cuantos ni.os peue.os a la escuela comarcal. !os muchachos
mayores iban a ca,ar ,orros en los pinares$ las ropas de invierno se aireaban en las cuerdas de
tender, y las batatas uedaron preparadas en el suelo, cubiertas con pa"a, para los meses fríos. 5or
las tardes se elevaban de las chimeneas delicadas columnas de humo, y la luna estaba redonda y de
color naran"a en el cielo de oto.o. No hay una pa, comparable a la uietud de las primeras noches
frías del a.o. 4lgunas veces, en las noches sin viento, se podía oír en el pueblo el leve y agudo
silbido del tren ue pasa por &ociety 'ity camino del norte le"ano.
5ara miss 4melia Evans au/l fue un período de gran actividad. @raba"aba desde la salida del sol
hasta la noche. 'onstruyó un condensador nuevo y más grande para su destilería, y en una semana
sacó :his+y bastante para empapar toda la región. &u vie"a muía estaba mareada de tanto triturar
ca.ota, y miss 4melia escaldó sus tarros y se puso a hacer conservas de pera. Esperaba con
impaciencia las primeras heladas, porue había comprado tres cerdos tremendos y pensaba hacer
muchos embutidos, salchichas y menudillos.
5or auellos días la gente le notó a miss 4melia algo especial. &e reía mucho, con una risa
profunda y sonora, y sus silbidos tenían un no s/ u/ melodioso y pícaro. &e pasaba el tiempo
probando sus fuer,as, levantando ob"etos pesados o tocándose con un dedo los duros bíceps. ;n día
se sentó frente a la máuina de escribir y redactó un cuento. En el cuento salían hombres forasteros,
puertas secretas y millones de dólares. El primo !ymon iba siempre detrás de ella trotando pegado a
sus pantalones, y miss 4melia le miraba con o"os tiernos y brillantes, y cuando pronunciaba su
nombre había en su vo, un de"e amoroso.
5or fin llegaron los primeros fríos. ;na ma.ana, al despertarse, miss 4melia vio flores de hielo
en los cristales, y la escarcha había plateado las hierbas del patio. Miss 4melia encendió un buen
fuego en la cocina y luego salió para estudiar el tiempo. 3acía un aire frío y cortante, y el cielo
estaba verde pálido y despe"ado. En seguida empe,ó a llegar gente del campo para saber u/
pensaba miss 4melia del tiempo. Miss 4melia decidió matar el cerdo más grande, y la noticia corrió
por las gran"as de los alrededores. El cerdo fue sacrificado, y encendieron un fuego ba"o de carbón
de encina en el hoyo de la barbacoa. En el patio olía a sangre caliente del cerdo y a humo, y había
ruido de pasos y de voces en el aire invernal. Miss 4melia iba de un lado para otro dando órdenes, y
pronto se terminó la mayor parte del traba"o.
@enía ue resolver un asunto auel día en 'heeha:, así ue, despu/s de asegurarse de ue todo
marchaba bien, sacó el coche y se preparó para salir. 1i"o al primo !ymon ue fuera con ella$ en
realidad, se lo pidió siete veces, pero el "orobado no uería perderse el "aleo de la matan,a y no
uiso ir. Esto pareció contrariar a miss 4melia, pues le gustaba tenerle siempre a su lado y le
entraba una nostalgia terrible en cuanto se separaba de /l. 5ero despu/s de pedirle siete veces ue le
acompa.ara ya no insistió más. 4ntes de irse buscó un palo y tra,ó un círculo alrededor del hoyo de
la barbacoa, a unos dos pies de la parrilla, y le di"o ue no pasara de auella raya. &alió despu/s de
comer y pensaba volver antes de ue se hiciera de noche.
'omo sab/is, no es tan raro ue un camión o un auto pasen por el camino y crucen el pueblo
cuando van de 'heeha: a otras partes. @odos los a.os viene el recaudador de contribuciones a
discutir con la gente rica como miss 4melia. 2 si alguien del pueblo, Merlie <yan por e"emplo, se
hace ilusiones de ue va a poder comprarse un auto a cr/dito, y cree ue pagando tres dólares le van
a dar una hermosa nevera como la ue anuncian en los escaparates de 'heeha:, entonces, aparece
un hombre de la ciudad y empie,a a hacer preguntas indiscretas, se entera de todas sus dificultades
y echa por tierra sus proyectos de compras a pla,os. 4lgunas veces, sobre todo desde ue están
traba"ando en la carretera de #or+s #alls, cru,an el pueblo los coches ue llevan a los presos. 2 hay
bastantes automovilistas ue se pierden y se paran a preguntar cómo pueden volver a su camino. 4sí
pues, no fue nada anormal ue a 0ltima hora de auella tarde pasara un camión por delante del
2H
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molino y se detuviera en medio de la calle, cerca del caf/ de miss 4melia. ;n hombre ba"ó de un
salto de la parte de atrás del camión, y el camión siguió su camino.
El hombre se uedó en medio de la calle y miró a su alrededor. Era un hombre alto, de pelo
casta.o y ri,ado, y o"os de un a,ul oscuro, de mirar lento. @enía los labios muy encarnados y se
sonreía con la media sonrisa pere,osa de los fanfarrones. !levaba una camisa ro"a y un cinturón
ancho de cuero repu"ado$ todo su euipa"e consistía en una maleta de ho"alata y una guitarra. !a
primera persona del pueblo ue vio al reci/n llegado fue el primo !ymon, ue oyó el ruido del
camión ue arrancaba y salió a curiosear. El "orobado asomó la cabe,a por la esuina del porche,
sin salir del todo. El hombre y /l se uedaron mirándose, y au/lla no era la mirada de dos
desconocidos ue se encuentran por primera ve, y se estudian el uno al otro rápidamente. Era una
mirada especial, como de dos criminales ue se reconocen. Entonces el hombre de la camisa ro"a
levantó el hombro i,uierdo, dio la vuelta y se fue. El "orobado estaba muy pálido mientras veía
ale"arse al hombre, y al cabo de unos momentos empe,ó a seguirle calle aba"o con cuidado,
manteni/ndose a bastante distancia.
En seguida se supo en todo el pueblo ue Marvin Macy había vuelto. 5rimero fue al molino,
apoyó los codos pere,osamente en el marco de una ventana y se uedó mirando adentro. !e gustaba
ver traba"ar a los demás, como les pasa a todos los vagos de nacimiento. ;na especie de confusión
parali,adora se apoderó de la fábrica- los tintoreros de"aron las tinas humeantes, los hiladores y los
te"edores se olvidaron de sus máuinas y ni siuiera &tumpy Mac5hail, ue era capata,, sabía
e%actamente u/ hacer. Marvin Macy seguía sonriendo con su h0meda media sonrisa, y cuando vio
a su hermano no se alteró su e%presión petulante. 1espu/s de mirar al molino, Marvin Macy ba"ó
por la calle hasta la casa donde se había criado, y de"ó su maleta y su guitarra en el porche.
Entonces dio la vuelta a la alberca y fue a ver la iglesia, las tres tiendas y el resto del pueblo. El
"orobado le seguía a distancia, con las manos en los bolsillos y la carita todavía muy pálida.
&e había hecho tarde. 2a se estaba poniendo el ro"o sol de invierno, y el cielo tenía por el oeste
un color dorado profundo y carmesí. !os vence"os peluchones de las chimeneas volaron a sus nidos$
se encendieron las lámparas. 1e tiempo en tiempo se notaba el olor de humo y el aroma denso y
cálido de la barbacoa ue se asaba despacio en la parrilla detrás del caf/. 1espu/s de dar una vuelta
por el pueblo, Marvin Macy se paró delante de la casa de miss 4melia y leyó el letrero del porche.
!uego entró sin vacilar por el corral lateral. El pito del molino dio un silbido agudo y solitario, y se
terminó la "ornada de traba"o. En seguida se reunieron otros hombres en el patio posterior de miss
4melia, además de Marvin Macy- 3enry #ord 'rimp, Merlie <yan, &tumpy Mac5hail, y muchos
chiuillos y gente ue se uedaron curioseando por allí. &e habló poco. Marvin Macy estaba solo a
un lado del foso, y los demás estaban agrupados al otro lado. El primo !ymon se uedó algo
apartado de todos y no uitaba los o"os del rostro de Marvin.
=ADu/ tal lo has pasado en el penalB =preguntó Merlie <yan, con una risita tonta.
Marvin Macy no contestó. &e sacó del bolsillo posterior del pantalón una gran nava"a, la abrió
despacio y empe,ó a afilarla pasándosela por los fondillos. Merlie <yan se uedó de pronto muy
callado y se colocó detrás de la ancha espalda de &tumpy Mac5hail.
2K
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Miss 4melia no volvió a su casa hasta el anochecer. 8yeron le"os el ruido de su auto, y luego la
puerta ue se abría y unos golpes como si estuviera subiendo alg0n bulto por la escalera. 2a se
había puesto el sol, y caía la neblina a,ul de los atardeceres de invierno. Miss 4melia ba"ó muy
despacio los escalones de la parte de atrás y los hombres ue estaban en su patio se uedaron
silenciosos, esperando. 3abía en el mundo pocas personas capaces de hacerle frente a miss 4melia$
y ella odiaba a Marvin Macy de un modo singular y fero,. @odos pensaron ue se iba a poner de
pronto a vociferar, ue agarraría alg0n ob"eto peligroso y le echaría del pueblo. 4l principio no vio a
Marvin Macy, y su cara tenía auella e%presión so.adora y aliviada, como siempre ue volvía a su
casa despu/s de haber estado algo ale"ada de ella.
Miss 4melia debió ver a Marvin Macy y al primo !ymon al mismo tiempo. Miró al uno, miró al
otro, pero no fue en el e% presidiario donde finalmente se posó su mirada de desmayado asombro-
miss 4melia, como todos, se uedó mirando al primo !ymon$ y era, desde luego, algo digno de
verse.
El "orobado estaba en el e%tremo del foso, con su cara pálida iluminada por el resplandor suave
del fuego de encina. El primo !ymon tenía una habilidad muy peculiar, ue utili,aba= siempre ue
uería congraciarse con alguien- se uedaba muy uieto, un poco concentrado, y empe,aba a mover
sus enormes ore"as pálidas con una rapide, y una facilidad asombrosas. Empleaba auel truco
siempre ue uería sacarle algo especial a miss 4melia, y ella lo encontraba irresistible. 2 ahora las
ore"as del "orobado aleteaban furiosamente en su cabe,a, pero no era a miss 4melia a uien estaba
mirando esta ve,- el "orobado sonreía a Marvin Macy, implorante, casi desesperadamente. 4l
principio Marvin Macy no le prestó atención, y cuando al fin le miró fue sin apreciación de ninguna
clase.
=ADu/ le pasa al "orobeta /steB =preguntó, se.alándole rudamente con el pulgar.
Nadie respondió. 2 el primo !ymon, viendo ue con auella gracia no adelantaba nada, a.adió
nuevos m/todos de persuasión. &e puso a mover rápidamente los párpados, ue parecían pálidas
mariposillas atrapadas en las cuencas de sus o"os$ ,apateó, gesticuló con los bra,os y, finalmente,
inició una especie de bailecillo parecido a un trote. 4llí, en la 0ltima claridad de la tarde invernal,
parecía el hi"o de un duende del pantano.
Entre todos los ue estaban en el patio, Marvin Macy fue el 0nico ue se impresionó.
=AEs ue le ha dado un ataue al enanoB =preguntó$ y, como nadie le contestara, se adelantó y
dio al primo !ymon un manota,o en la cabe,a. El "orobado se tambaleó y cayó al suelo. &e uedó
allí sentado, con los o"os levantados hacia Marvin Macy, y sus ore"as, con gran esfuer,o, todavía
lograron batir en un d/bil y desesperado aleteo.
Entonces se volvieron todos a mirar a miss 4melia para ver u/ iba a hacer. 1urante auellos
a.os, nadie se había atrevido a tocar ni un pelo del primo !ymon, aunue a más de uno le hubiera
gustado hacerlo. *astaba con ue alguien le hablara con dure,a al "orobado para ue miss 4melia
cortase el cr/dito a tan malvado mortal y le hiciera la vida imposible durante mucho tiempo. 5or
eso, a nadie le hubiera sorprendido ver ahora a miss 4melia agarrar el hacha del coberti,o y abrirle
la cabe,a a Marvin Macy. 5ero no hi,o nada de eso.
3abía ocasiones en ue miss 4melia parecía caer en una especie de trance$ la causa de auellos
trances era, por lo general, conocida y comprendida. 5orue miss 4melia era un m/dico
considerado, ue no sacaba las raíces del pantano y otros ingredientes desconocidos para dárselos al
primer paciente ue llegara. &iempre ue inventaba una medicina nueva la probaba ella primero. &e
tragaba una dosis enorme y se pasaba el día siguiente yendo y viniendo, con aire pensativo, del caf/
al retrete de ladrillo. Muchas veces, cuando aparecía una epidemia de gripe aguda, miss 4melia se
uedaba muy uieta, de pie, mirando al suelo y con los pu.os apretados. Estaba tratando de
averiguar u/ órgano resultaba afectado, y cuál sería la dolencia ue la nueva medicina podía aliviar
me"or. 2 ahora, mientras observaba al "orobado y a Marvin Macy, la cara de miss 4melia tenía ese
mismo aire tenso, como si estuviera acechando un dolor interno, aunue esta ve, no había tomado
ninguna medicina nueva.
–4sí aprenderás, "orobeta =di"o Marvin Macy.
2L
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
3enry Macy se echó hacia atrás el mechón de pelo blanuecino ue le caía sobre la frente y tosió
nerviosamente. &tumpy Mac5hail y Merlie <yan restregaron los pies en el suelo, y los ni.os y los
negros ue estaban a la entrada del patio enmudecieron. Marvin Macy cerró la nava"a ue tenía en
la mano y, despu/s de mirar a su alrededor sin temor alguno, salió del patio contoneándose. !as
ascuas del foso se iban convirtiendo en ceni,as como plumas grises$ ya se había hecho de noche.
2N
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
3e auí cómo Marvin Macy volvió del penal. En todo el pueblo no hubo una persona ue se
alegrara de verle. 3asta la se.ora Mary 3ale, ue era tan buena mu"er y le había criado con tanto
cari.o, hasta auella anciana madre adoptiva, en cuanto le vio, de"ó caer la ca,uela ue tenía en las
manos y rompió a llorar. 5ero a auel Marvin Macy nada le desconcertaba. &e sentó en los
escalones de atrás de la casa de 3ale, se puso a tocar la guitarra pere,osamente y cuando estuvo
hecha la cena apartó a los ni.os de la casa y se sirvió un plato colmado, aunue apenas había tortas
y carne para todos. 1espu/s de cenar se instaló en el rincón de dormir me"or y más caliente del
cuarto de delante y ninguna pesadilla turbó su sue.o. Miss 4melia no abrió el caf/ auella noche
4trancó todas las puertas y las ventanas de"ó una lámpara encendida en su cuarto toda la noche y no
se les vio por ning0n lado a ella ni al primo !ymon.
9O
La balada del café triste La balada del café triste Carson McCullers Carson McCullers
'omo era de esperar, Marvin Macy tra"o mala suerte desde el primer momento. 4l día siguiente,
el tiempo cambió de repente y empe,ó a hacer calor. 2a desde la ma.ana se notaba un bochorno
pega"oso$ el viento traía el olor podrido de las ci/nagas y sobre la alberca ,umbaba una nube de
mosuitos. 4uel calor no era propio de la estación, era peor ue en agosto$ hi,o mucho da.o,
porue casi todos los ue tenían un cerdo habían imitado a miss 4melia y lo habían matado el día
anterior. 2 Acómo iba a conservarse el cerdo con un tiempo seme"anteB 4 los pocos días había por
todo el pueblo un olor a carne pasada y un ambiente de mal humor por tanta p/rdida. 2 lo peor fue
ue en una fiesta familiar cerca de la carretera de #or+s #alls comieron asado de cerdo y murieron
todos, desde el primero hasta el 0ltimo. Estaba claro ue su cerdo se había echado a perder. 2
Aui/n iba a saber si el resto de la carne se había estropeado o noB !os vecinos estaban desgarrados
entre el deseo del buen sabor del cerdo y el temor a la muerte. #ueron unos días de ruina y
confusión.
2 el culpable de todo, Marvin Macy, no tenía la menor vergMen,a. &e le veía en todas partes.
1urante las horas de traba"o andaba por los alrededores de la fábrica y se asomaba a mirar por las
ventanas$ y los domingos se ponía camisa ro"a y se e%hibía por la calle Mayor con su guitarra.
@odavía era guapo, con auel pelo casta.o, auellos labios tan ro"os y los hombros tan anchos y tan
fuertes$ pero su maldad era ya demasiado famosa para ue su buen aspecto le sirviera de nada. 2
auella maldad no se medía sólo por los pecados cometidos. Efectivamente, había robado en
auellas estaciones de gasolina. 2 ya antes había echado a perder a las más tiernas muchachitas de
la región y se había reído de su ha,a.a. &e le podían achacar toda clase de iniuidades, pero había
algo en /l ue no tenía nada ue ver con sus crímenes- era una maldad secreta, algo ue se
desprendía de /l como un olor. 2 otra cosa, no sudaba "amás, ni siuiera en agosto$ /sa es
seguramente una se.al ue vale la pena tener en cuenta.
2 en el pueblo pensaban ue ahora era más peligroso ue nunca, porue en el penal de 4tlanta
debía de haber aprendido a embru"ar. A'ómo se e%plicaba, si no, su influencia en el primo !ymonB
5orue desde el momento en ue vio a Marvin Macy, el "orobado estaba poseído por un mal
espíritu. 4 todas horas uería ir detrás de auel presidiario, y no hacía más ue inventar trucos
est0pidos para llamar su atención. 5ero Marvin Macy le trataba brutalmente o no le hacia el menor
caso. 4 veces el "orobado se daba por vencido, se encaramaba a la barandilla del porche igual ue
un pá"aro enfermo a un cable del tel/fono y lan,aba sus ue"as a los cuatro vientos.
=5ero, Apor u/B =preguntaba miss 4melia con los pu.os apretados, clavando en /l su mirada
gris y biso"a.
=S4y, Marvin MacyT =berreaba el "orobado, y el sonido de auel nombre bastaba para alterar el
ritmo de sus sollo,os y le hacía hipar=. S3a estado en 4tlantaT
Miss 4melia movía la cabe,a y su cara se endurecía y oscurecía. En primer lugar, los via"es la
irritaban$ despreciaba a esas gentes inuietas ue habían hecho el via"e a 4tlanta o ue se habían
ale"ado cincuenta millas del pueblo sólo para ver el oc/ano.
=El haber ido a 4tlanta no es ning0n m/rito.
=S3a estado en el penalT =decía el "orobado, muerto de envidia.
A'ómo va uno a discutir con una persona ue tiene tales anhelosB En su desconcierto, la misma
miss 4melia no parecía muy segura de lo ue estaba diciendo-
=ADue ha estado en el penal, primo !ymonB A2 eso, u/B ;n via"e así no es como para darse
importancia.
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1urante auellas semanas, todos observaban atentamente a miss 4melia. 4ndaba de un lado para
otro con aire ausente, como si hubiera caído en uno de sus trances gripales. Dui/n sabe por u/,
desde el día siguiente a la llegada de Marvin Macy de"ó a un lado el mono y llevaba siempre el tra"e
ro"o ue hasta entonces había reservado para los domingos, los funerales y las sesiones del "u,gado.
1espu/s, al cabo de unas semanas, empe,ó a dar algunos pasos para aclarar la situación. 5ero era
difícil entender sus procedimientos. &i le dolía ver al primo !ymon siguiendo a Marvin Macy por el
pueblo, Apor u/ no hablaba claro de una ve, y le decía al "orobado ue si le veía con Marvin Macy
le echaría de su casaB Eso hubiera sido bien sencillo, y el primo !ymon hubiera tenido ue
someterse si no se uería ver en la triste alternativa de encontrarse abandonado en el mundo. 5ero
parecía ue miss 4melia se había uedado sin voluntad$ por primera ve, en su vida no sabía u/
camino tomar. 2 como suele ocurrir cuando se anda titubeando, hi,o lo peor ue podía hacer- tomar
por varios caminos a la ve,, unos en un sentido y otros en el sentido contrario.
El caf/ se abría todas las noches, como de costumbre, y, cosa bastante e%tra.a, cuando Marvin
Macy entraba contoneándose, con el "orobado pegado a sus talones, miss 4melia no le echaba a la
calle. !legó hasta a darle de beber gratis y le sonreía de un modo raro y torvo. 2 al mismo tiempo le
había preparado en el pantano un cepo capa, de matarle si se uedaba atrapado en /l. 1e"ó ue el
primo !ymon le invitara a comer un domingo, y cuando Marvin ba"aba la escalera intentó echarle la
,ancadilla. Fnició una gran campa.a de diversiones en honor del primo !ymon, con giras
e%haustivas a los más variados espectáculos en localidades le"anas$ fueron en el auto a 'hautauua,
a treinta millas del pueblo, y le llevó a ver un desfile en #or+s #alls. @otal ue auella temporada
fue enlouecedora para miss 4melia. !a mayor parte de la gente pensaba ue miss 4melia se ponía
en ridículo, y todo el mundo estaba esperando a ver cómo iba a terminar auello.
>olvió el frío. El invierno se adue.ó del pueblo y se hacía de noche antes de ue terminara el
traba"o en la fábrica. !os ni.os dormían con toda la ropa puesta, y las mu"eres se levantaban las
faldas por detrás para tostarse so.adoramente "unto al fuego. 1espu/s de llover, el barro de la calle
formaba duros surcos helados$ se veía el d/bil resplandor de las lámparas de las casas y los
melocotoneros estaban desho"ados. En auellas, noches de invierno, oscuras y silenciosas, el caf/
era el punto central y cálido del pueblo, y sus luces brillaban tanto ue se veían desde un cuarto de
milla. 4l fondo de la sala, la gran estufa de hierro rugía, cru"ía, se ponía al ro"o vivo. Miss 4melia
había hecho cortinas encarnadas para las ventanas y a un buhonero ue pasó por el pueblo le había
comprado un gran ramo de rosas de papel ue casi parecían de verdad.
5ero no eran sólo el calor, los adornos y la iluminación los ue hacían al caf/ tan preciso para el
pueblo$ había una ra,ón más honda. 2 auella ra,ón estaba relacionada con cierto orgullo ue hasta
entonces no se había conocido por auí. 5ara comprender este nuevo orgullo hay ue tener en
cuenta el poco valor de la vida humana. &iempre había un montón de gente esperando "unto a un
molino$ pero en las casas no tenían casi nunca carne suficiente, ni vestidos, ni tocino. !a vida
llegaba a convertirse en una larga y turbia rebati.a, sólo para conseguir lo necesario para
mantenerse vivos. !o más desconcertante es ue todas las cosas 0tiles tienen un precio y se
compran sólo con dinero, y ue así es como está organi,ado el mundo. &in tener ue pararse a
pensar, ya sabe uno cuál es el precio de una bala de algodón o de un cuartillo de mela,a. 5ero a la
vida de un hombre no se le ha puesto precio- nos la dan de balde y nos la uitan sin pagárnosla.
ADu/ valor puede tenerB &i se pone uno a considerar, hay momentos en ue parece ue la vida tiene
muy poco valor, o ue no tiene ninguno. 'uántas veces, despu/s de haber estado uno sudando, y
esfor,ándose, y las cosas no se le arreglan, se le mete a uno en el fondo del alma el sentimiento de
ue no vale gran cosa.
5ero el nuevo orgullo ue tra"o el caf/ a este pueblo se de"ó sentir en casi todos los vecinos, hasta
en los ni.os. 5orue para ir al caf/ no era necesario pagar la cena, o un vaso de :his+y$ había
refrescos embotellados por un níuel$ y si no podía uno gastarse ni eso, miss 4melia tenía una
bebida llamada ,umo de cere,a ue valía un peniue el vaso y era de color rosa y muy dulce. ' así
todo el mundo, e%cepto el reverendo @. M. )illin, iba al caf/ por lo menos una ve, a la semana. 4
los ni.os les encanta dormir en casas a"enas y comer con los vecinos$ en esas ocasiones se portan
como es debido y se ponen orgullosos. 4sí de orgullosos se sentían los vecinos del pueblo cuando
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se sentaban a las mesas del caf/. &e lavaban antes de ir donde miss 4melia y al entrar en el caf/ se
restregaban los pies muy finamente en el salón. 2 allí, por lo menos durante unas horas, podía uno
olvidar auel sentimiento hondo y amargo de no valer para gran cosa en este mundo.
El caf/ era un buen recurso para los solteros, los desgraciados y los tísicos. 2, por cierto, había
cosas ue hacían sospechar ue el primo !ymon estaba tísico- el brillo de sus o"os grises, su
teruedad, su charlatanería y su tos$ todo auello era mala se.al. 4demás, ya se sabe ue siempre
tiene algo ue ver el espina,o torcido con la tisis. 5ero como le hablaran de eso a miss 4melia se
ponía nerviosa. Negaba auellos síntomas con agria vehemencia, pero luego, a escondidas, le ponía
al primo !ymon emplastos calientes en el pecho y le daba Pura Prup y cosas así. 2 auel invierno
la tos del "orobado había empeorado, y algunas veces, incluso en días fríos, rompía a sudar
copiosamente. 5ero auello no le impedía andar constantemente pegado a los talones de Marvin
Macy.
@odas las ma.anas, muy temprano, el "orobado salía, se iba a la puerta trasera de la casa de la
se.ora 3ale y allí se uedaba, aguarda ue aguarda Ipues Marvin Macy era muy dormilónJ. &e
uedaba allí de pie llamándole ba"ito. &u vo, era igual ue las voces de los ni.os cuando se uedan
agachados con mucha paciencia "unto a esos agu"eritos del suelo donde creen ue viven las
mariuitas, y hurgan en el agu"ero con una pa"a, canturreando-
mariquita, mariquita,
vete a tu casa volando,
sal afuera, mariquita,
que tu casa se ha prendido
y tus hijos se están quemando.
El "orobado llamaba todas las ma.anas a Marvin Macy con auella misma vo,, a un tiempo
triste, insinuante y resignada. 2 cuando Marvin Macy salía, el "orobado le iba siguiendo por todo el
pueblo, y algunas veces se marchaban "untos al pantano y se pasaban allí horas enteras.
2 miss 4melia seguía haciendo lo peor ue podía hacer$ es decir, ue tomaba varios caminos a la
ve,. 'uando el primo !ymon salía de casa, no le llamaba para hacerle volver, sino ue se uedaba
allí sola en medio de la calle mirándole hasta ue se perdía de vista. 'asi todas las noches volvía
Marvin Macy con el primo !ymon a la hora de la cena y se sentaba a la mesa con ellos. Miss
4melia abría los tarros de peras en conserva y preparaba una buena cena con "amón o pollos,
grandes fuentes de tortas de maí, y guisantes de invierno. @ambi/n es verdad ue una ve, miss
4melia trató de envenenar a Marvin Macy$ pero hubo una confusión, se euivocaron de plato y le
tocó a ella la ración envenenada. En seguida se dio cuenta, al notar un ligero sabor amargo en la
comida, y auella noche se uedó sin cenar. Estuvo allí apoyada en el respaldo de la silla, tocándose
el bíceps y mirando a Marvin Macy.
Marvin Macy iba todas las noches al caf/ y se instalaba en la mesa me"or y más grande, la ue
estaba en el centro. El primo !ymon le traía el licor sin ue Marvin tuviera ue pagar un c/ntimo.
Marvin Macy apartaba de un manota,o al "orobado, como si fuera un mosuito del pantano, y no
sólo no demostraba el menor agradecimiento por auellos favores, sino ue le daba al "orobado con
el rev/s de la mano cada ve, ue se le ponía delante, o le decía-
=Duítate de mi vista, "orobeta, o te arranco el cuero cabelludo.
'uando esto ocurría, miss 4melia salía de detrás del mostrador y se acercaba a Marvin Macy
muy despacio, con los pu.os cerrados, y el e%tra.o tra"e ro"o le colgaba del modo más estrambótico
en torno a las huesudas rodillas. Entonces Marvin Macy cerraba tambi/n los pu.os y se ponían a dar
vueltas uno alrededor del otro, muy despacio y con aire amena,ador. 5ero aunue todos se
uedaban mirándoles sin atreverse a respirar, nunca pasaba nada. @odavía no había llegado la hora
de la pelea.
4uel invierno ocurrió algo insólito, y por eso todos lo recuerdan y hablan todavía de /l$ fue una
cosa e%traordinaria. 'uando los vecinos se levantaron el 2 de enero encontraron ue el mundo
entero se había transformado a su alrededor. !os ni.itos inocentes miraron por las ventanas y se
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asustaron tanto ue se echaron a llorar. !os vie"os empe,aron a revolver en sus recuerdos y no
pudieron encontrar nada ue en estas tierras se hubiera parecido a auel fenómeno. 2 es ue había
nevado por la noche. 1urante las oscuras horas despu/s de medianoche, habían empe,ado a caer los
leves copos suavemente sobre el pueblo. 4l amanecer, todo el campo estaba cubierto de auella
nieve e%tra.a ue encuadraba las vidrieras ro"as de la iglesia y blanueaba los te"ados. El pueblo
tenía un aspecto como sumergido y aterido. !as casitas de los obreros resultaban sucias, ruinosas,
como si estuvieran a punto de derrumbarse$ y todo parecía más oscuro y miserable. 5ero la nieve,
en cambio, tenía una belle,a ue pocas personas del pueblo habían visto antes. !a nieve no era
blanca, como decían los del norte$ era de suaves tonos a,ules y plateados, y el cielo era de un gris
claro y luminoso. 2 auella calma so.olienta de la nieve al caer... Acuándo había estado el pueblo
tan silenciosoB
!a gente reaccionó ante la nevada de modos muy distintos. Miss 4melia, al mirar por la ventana,
movió pensativamente los dedos gordos de sus pies descal,os y se ci.ó bien el cuello del camisón.
&e uedó así un rato y luego empe,ó a cerrar las persianas de todas las ventanas. 'erró la casa por
completo, encendió las lámparas y se sentó solemnemente a desayunar su ta,ón de avena. !a ra,ón
no era ue miss 4melia tuviese miedo de la nevada$ sencillamente, se sentía incapa, de formarse
una opinión inmediata del nuevo acontecimiento$ y, cuando no sabía de un modo e%acto y definitivo
lo ue pensaba de una cosa Iy esto ocurría con harta frecuenciaJ, prefería no hacer caso de ella.
Nunca había visto caer nieve por estas tierras, y nunca había pensado en la nieve de una forma o de
otra$ pero si admitía esta nevada iba a tener ue llegar a alguna decisión y auella temporada tenía
ya demasiados uebraderos de cabe,a. 4sí ue se paseó por la casa sombría a la lu, de las lámparas,
pretendiendo ue no había pasado nada. En cambio, el primo !ymon se alborotó muchísimo, y,
cuando miss 4melia dio media vuelta para prepararle el desayuno, se escapó de la casa.
Marvin Macy empe,ó a darse importancia a costa de la nevada y di"o ue ya conocía la nieve,
ue la había visto en 4tlanta, y por su manera de pasear auel día por el pueblo parecía ue era el
due.o de todos y cada uno de los copos de nieve. &e burló de los ni.os ue se asomaban
tímidamente a las puertas de las casas y les alargó pu.ados de nieve para ue la probasen. El
reverendo )illin caminaba calle aba"o presurosamente y con una cara fero,, porue estaba
pensando profundamente y tratando de meter la nieve en su sermón del domingo. !a mayor parte de
la gente se sentía humilde y contenta ante auella maravilla$ y todos hablaban en vo, ba"a y decían
6muchas gracias7 y 6por favor7 más de lo necesario. Naturalmente, unas pocas almas flo"as se
desmorali,aron y se emborracharon$ pero no fueron muchas. !a nevada fue como una fiesta para
todos, y algunos vecinos contaron su dinero y decidieron ir auella noche al caf/.
El primo !ymon siguió a Marvin Macy todo el día, secundando sus alardes a propósito de la
nieve$ se maravillaba de ue la nieve no cayera como la lluvia, y se uedó con la cabe,a levantada
mirando caer los copos leves y lentos, hasta ue se tambaleó, mareado. 2 Su/ orgulloso se sentía
dentro de la órbita de la gloria de Marvin MacyT @anto, ue muchas personas no pudieron evitar el
gritarle-
=61i"o la mosca en la rueda del carro- SDu/ polvareda vamos levantandoT7
Miss 4melia no había pensado servir cenas. 5ero cuando a las seis se oyó ruido de pasos en el
porche, abrió la puerta principal con cautela. Era 3enry #ord 'rimp, y aunue no había nada para
comer, le de"ó sentarse a una mesa y le sirvió de beber. !legaron otros hombres. !a tarde estaba
a,ul, cortante, y aunue ya había de"ado de nevar soplaba un viento de los pinares ue levantaba del
suelo ligeros remolinos. El primo !ymon no volvió hasta la noche, y con /l venía Marvin Macy
llevando su maleta de ho"alata y su guitarra.
=A@e vas de via"eB =le di"o miss 4melia muy de prisa.
Marvin Macy se calentó "unto a la estufa. 1espu/s se sentó a su mesa y empe,ó a sacar punta a
un palito con mucha calma. &e limpió los dientes, y a cada momento se sacaba el palito de la boca
para mirarle la punta y luego lo limpiaba en la manga de su abrigo. No se molestó en contestar.
El "orobado miró a miss 4melia, ue estaba detrás del mostrador. No parecía nada preocupado,
sino muy seguro de sí mismo. 'ru,ó las manos a la espalda y levantó confiadamente las ore"as.
@enía las me"illas encarnadas, los o"os brillantes y la ropa completamente mo"ada.
9?
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=Marvin Macy viene a uedarse con nosotros =di"o.
Miss 4melia no contestó. @an sólo salió de detrás del mostrador y se colocó "unto a la estufa,
como si la noticia le hubiera dado frío. No se calentaba la espalda con modestia, levantándose las
faldas una pulgada o así, como hacen todas las mu"eres cuando hay gente delante$ miss 4melia no
tenía ni pi,ca de modestia, y muchas veces se olvidaba por completo de ue había hombres allí.
4hora, mientras se calentaba, tenía el tra"e ro"o tan levantado por detrás ue todo el ue uisiera
molestarse en mirar podía ver un tro,o de su muslo, fuerte y velludo. @enía la cabe,a ladeada, y
había empe,ado a hablar sola, cabeceando y arrugando la frente, y su vo, era acusadora y llena de
reproches, aunue no se entendían las palabras. Mientras tanto, el "orobado y Marvin Macy habían
subido a la sala donde estaban las 6hierbas de la 5ampa7 y las dos máuinas de coser, a las
habitaciones donde miss 4melia había pasado toda su vida. 1esde el caf/ se les podía oír andando
por allí arriba, instalando a Marvin Macy y deshaciendo su euipa"e. 4sí es cómo se introdu"o
Marvin Macy en casa de miss 4melia. 4l principio, el primo !ymon, ue había cedido su cuarto a
Marvin Macy, dormía en el sofá de la sala. 5ero la nevada le había sentado mal$ cogió un catarro
ue terminó en anginas, y miss 4melia le de"ó su cama. El sofá de la sala era demasiado corto para
ella$ se le salían los pies por encima de los bordes, y se caía muchas veces al suelo. &eguramente
fue la falta de sue.o lo ue le nubló la inteligencia$ todo lo ue intentaba hacer contra Marvin Macy
se volvía contra ella. 'aía en sus propias trampas y se encontró en situaciones muy violentas. 5ero
aun así no echaba a Marvin Macy de su casa, porue temía uedarse sola. 'uando se ha vivido
alguna ve, con otra persona, es un tormento tener ue vivir solos. El silencio de una habitación
donde arde el fuego, cuando de pronto se para el tictac del relo"$ las sombras obsesionantes de una
casa vacía... es preferible caer en manos de nuestro peor enemigo ue enfrentarnos con el terror de
vivir a solas.
9E
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!a nieve no duró mucho. &alió el sol, y a los dos días el pueblo estaba igual ue siempre. Miss
4melia no abrió su casa hasta ue se derritió el 0ltimo copo. Entonces se puso a hacer una limpie,a
general y sacó todas las cosas al sol. 5ero antes de meterse a limpiar, lo primero ue hi,o al volver a
salir al patio fue atar una cuerda a la rama más grande del cere,o chino. En el e%tremo de la cuerda
ató un sauillo bien relleno de arena. Gse fue el punching-bag ue hi,o para entrenarse, y, desde
auel día, todas las ma.anas se dedicaba a bo%ear con /l en el patio. 2a era una bo%eadora muy
buena$ ui,á fuera un tanto pesada de piernas, pero en cambio conocía todas las ma.as y los trucos
del bo%eo.
Miss 4melia, como ya se ha dicho, medía seis pies y dos pulgadas de estatura. Marvin Macy era
una pulgada más ba"o. 1e peso estaban casi iguales- los dos pesaban unas ciento sesenta libras.
Marvin Macy tenía la venta"a de su astucia de movimientos y de la dure,a de su pecho. 4 primera
vista se diría ue /l llevaba las de ganar. &in embargo, casi todos los vecinos estaban apostando por
miss 4melia. !os vecinos recordaban la gran pelea entre miss 4melia y un abogado de #or+s #alls
ue había uerido enga.arla. Era un mocetón tremendo, pero cuando miss 4melia terminó con /l
estaba medio muerto. 2 no habían sido solamente sus dotes de bo%eadora lo ue había
impresionado a todo el mundo. Miss 4melia consiguió desmorali,ar a su adversario poniendo unas
caras tan horribles y haciendo unos ruidos tan impresionantes ue hasta los espectadores se habían
espantado. Era valiente, se entrenaba con aplicación con su punching-bag y en el caso presente
tenía toda la ra,ón de su parte. 4sí ue los vecinos confiaban en ella y esperaban. 1esde luego, no
se había fi"ado fecha para la pelea$ sólo estaban auellas se.ales ue eran demasiado claras para
poder pasarlas por alto.
4uella temporada, el "orobado andaba por allí con una carita maligna y satisfecha. Era listo, y
metía ci,a.a entre miss 4melia y Marvin Macy de mil maneras disimuladas y astutas. &iempre
estaba tirando de la pernera del pantalón de Marvin Macy para atraerse su atención. 4lgunas veces
seguía los pasos de miss 4melia, pero ahora sólo lo hacia para imitar sus andares desgarbados- se
ponía bi,co y remedaba los gestos de ella de una forma ue parecía ue miss 4melia era un
monstruo. 3abía algo tan terrible en auellas imitaciones, ue los parrouianos del caf/ no se reían,
ni siuiera los más tontos como Merlie <yan. @an sólo Marvin Macy torcía la boca hacia la
i,uierda y cloueaba. 'uando esto ocurría, miss 4melia se encontraba dividida entre dos
emociones$ dirigía al "orobado una e%traviada mirada de reproche y desesperación, y luego se
volvía hacia Marvin Macy con los dientes apretados.
=S4sí revientesT =decía furiosa.
2 entonces Marvin Macy solía coger su guitarra ue estaba en el suelo "unto a su silla y se ponía
a cantar. &u vo, era h0meda y pega"osa, porue siempre tenía demasiada saliva en la boca. 2 las
melodías ue cantaba se le escurrían de la garganta como anguilas. &us fuertes dedos pelli,caban las
cuerdas con suave destre,a, y cuando cantaba le hacía sentirse a uno fascinado y e%asperado a la
ve,. 4uello era más de lo ue miss 4melia podía soportar.
=S4sí revientesT =repetía, gritando.
5ero Marvin Macy tenía siempre una r/plica a punto para ella. 5onía la mano sobre las cuerdas
para apagar los sonidos ue uedaban vibrando y contestaba con lenta y aplomada insolencia-
=S@odo lo ue me grites te pasará a tiT SCo, "oT
2 miss 4melia se tenía ue uedar allí desamparada, ya ue nadie ha inventado nunca un
remedio contra esta artima.a. No podía gritarle insultos ue fueran a recaer luego sobre ella. !a
tenía cogida, no había nada ue hacer.
4sí iban las cosas. Nadie sabía u/ pasaba entre ellos tres por las noches, en las habitaciones de
arriba. 5ero el caf/ estaba cada tarde más concurrido. 3ubo ue poner otra mesa. 3asta el ermita.o,
el loco llamado <ainer &mith, ue se había ido al pantano hacía muchos a.os, oyó hablar de lo ue
ocurría y fue una noche para mirar por la ventana la reunión del caf/ iluminado. 2 el momento
cumbre todas las noches era cuando miss 4melia y Marvin Macy cerraban los pu.os, se ponían
frente a frente y se uedaban mirándose. 5or lo general, esto no ocurría despu/s de ninguna
discusión, sino ue parecía producirse de una manera misteriosa por alg0n instinto de los dos. En
esos momentos el caf/ se uedaba tan silencioso ue se podía oír cómo cru"ía el ramillete de rosas
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de papel con la corriente de los ventiladores. 2 cada noche duraba auella escena un poco más ue
la anterior.
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!a pelea tuvo lugar el día del @opo, ue es el 2 de febrero. El tiempo fue favorable, sin lluvia ni
sol, con una temperatura mediana. 3ubo varias se.ales de ue au/l era el día fi"ado, y hacia las
die, la noticia había corrido por todos los contornos. 5or la ma.ana temprano, miss 4melia había
salido y había cortado la cuerda de su punching-bag. Marvin Macy se sentó en el escalón de atrás
con una lata de grasa de cerdo entre las rodillas y empe,ó a embadurnarse cuidadosamente los
bra,os y las piernas. ;n halcón con la pechuga ensangrentada voló sobre el pueblo y dio dos vueltas
sobre la casa de miss 4melia. &acaron las mesas del caf/ al porche de atrás, de forma ue todo el
salón uedó despe"ado para la pelea. Estaban todas las se.ales.
@anto miss 4melia como Marvin Macy se sirvieron cuatro raciones de asado medio crudo en la
comida, y el resto de la tarde estuvieron echados para coger fuer,as. Marvin Macy se echó en el
cuarto grande de arriba, y miss 4melia se tumbó sobre el banco de su oficina. &e veía claramente,
por su cara blanca y tensa, u/ tormento era para ella estar tumbada sin hacer nada, pero se uedó
allí uieta y estirada como un cadáver, con los o"os cerrados y las manos cru,adas sobre el pecho.
El primo !ymon no paró en todo el día, y su carita estaba sombría y tirante de pura e%citación.
&e preparó un bocadillo al mediodía y salió a buscar al topo. >olvió al cabo de una hora$ se había
comido el bocadillo y di"o ue el topo había visto su sombra y ue se preparaba mal tiempo. !uego,
como lo mismo miss 4melia ue Marvin Macy estaban descansando para coger fuer,as y nadie le
hacía caso, se le ocurrió ponerse a pintar el porche delantero. !a casa no había sido pintada desde
hacía muchos a.os$ en realidad, sabe 1ios si la habían pintado alguna ve,. El primo !ymon estuvo
revolviendo por allí y al poco tiempo tenía pintada de un alegre color verde chillón la mitad del
suelo del porche y embadurnada toda su persona. 2, cosa muy propia de /l, antes de terminar el
suelo empe,ó con la pared y fue pintándola hasta donde alcan,aba y luego se subió a un canasto
para llegar una cuarta más arriba. 'uando se le acabó la pintura, la parte derecha del suelo estaba
verde brillante y había un tro,o de pared pintado ue acababa en una línea dentellada. 4llí
abandonó el primo !ymon su obra.
3abía algo infantil en su satisfacción con su pintura. 2 a propósito de esto mencionaremos algo
muy curioso- no había en el pueblo uien tuviera la menor idea de la edad del "orobado, ni siuiera
miss 4melia. 4lgunos decían ue cuando llegó al pueblo era todavía un ni.o de unos doce a.os$
otros estaban seguros de ue pasaba de los cuarenta. El "orobado tenía unos o"os a,ules y serenos
como los de un ni.o, pero deba"o de auellos o"os se veían unas sombras violáceas ue delataban la
edad. Era imposible adivinar su edad por su e%tra.o cuerpo deforme. 2 tampoco por su dentadura se
podía sacar nada en claro$ todavía tenía los dientes completos, pero se los había manchado tanto de
tomar auel polvo dulce ue era imposible saber si eran dientes "óvenes o dientes vie"os. 'uando le
preguntaban directamente su edad, el "orobado confesaba ue no tenía la menor idea, no sabía
cuántos a.os llevaba en este mundo, si eran die, o si eran ciento. 4sí ue su edad seguía siendo un
misterio.
El primo !ymon terminó de pintar a las cinco y media de la tarde. El día se había puesto frío y se
notaba humedad en el aire. El viento venía de los pinares$ golpeaba las ventanas y un periódico
vie"o pasó revoloteando calle aba"o y al fin se uedó prendido en un árbol. Empe,ó a llegar gente
del campo$ automóviles abarrotados con muchos ni.os ue asomaban la cabe,a por las ventanillas$
carromatos tirados por muías vie"as ue parecían sonreír con eno"o y hastío y seguían arrastrando su
carga con los o"os cansados y medio cerrados. 1e &ociety 'ity llegaron tres "óvenes. !os tres iban
con camisa amarilla y con las gorras echadas hacia atrás$ eran tan parecidos como trilli,os, y se les
encontraba siempre en las peleas de gallos y en las fiestas camperas. 4 las seis el silbato de la
fábrica anunció la salida del traba"o y la multitud se completó. Naturalmente, entre los reci/n
llegados había alguna gentu,a, personas desconocidas y demás$ pero, a0n así, la gente estaba
tranuila. 3abía en todo el pueblo un ambiente de e%pectación, y las caras de la gente resultaban
e%tra.as a la lu, del crep0sculo. !a oscuridad fue cayendo poco a poco$ el cielo estuvo un momento
amarillo pálido y claro, y sobre /l se destacaban las líneas netas y oscuras de la iglesia$ despu/s se
apagó lentamente, la oscuridad se fue concentrando y se hi,o de noche.
El siete es n0mero popular, y para miss 4melia en especial, era el n0mero favorito- siete tragos
de agua para el hipo, siete carreras alrededor de la alberca para la tortícolis, siete dosis de 5urgante
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Milagroso 4melia para las lombrices... sus tratamientos giraban casi siempre en torno a ese n0mero.
Es un n0mero con las más variadas posibilidades, un n0mero ue tienen en gran estima todos
auellos ue aman el misterio y la magia. 4sí ue la pelea tenía ue ser a las siete. Esto lo sabía
todo el mundo y no porue se hubiera anunciado o hablado de ello, sino ue se entendía sin
necesidad de preguntarlo, lo mismo ue se entiende la lluvia, o un mal olor ue viene del pantano.
4sí ue, antes de las siete, todo el mundo se encontró con aire grave alrededor de la casa de miss
4melia. !os más listos entraron en el caf/ y se alinearon "unto a las paredes. 8tros se api.aron en el
porche delantero o se buscaron un sitio en el patio.
Miss 4melia y Marvin Macy no se habían de"ado ver todavía. Miss 4melia, despu/s de
descansar toda la tarde en el banco de la oficina, había subido al piso de arriba. 5or su parte, el
primo !ymon estaba por medio todo el tiempo, abri/ndose camino entre la multitud, chasueando
los dedos nerviosamente y parpadeando. 4 las siete menos un minuto se desli,ó en el caf/ y se
subió encima del mostrador. <einaba un silencio absoluto.
@enían ue haberse puesto de acuerdo de alg0n modo$ porue en cuanto dieron las siete apareció
miss 4melia en lo alto de la escalera, y en el mismo instante se vio a Marvin Macy en la entrada del
caf/. !a multitud le abrió paso en silencio. &e dirigieron el uno hacia el otro, sin prisa, con los
pu.os ya apretados y la mirada absorta. Miss 4melia había cambiado el tra"e ro"o por su vie"o
mono, ue llevaba remangado hasta las rodillas. Fba descal,a y llevaba una mu.euera de hierro en
el bra,o derecho. Marvin Macy tambi/n se había arremangado los pantalones$ iba desnudo de
cintura para arriba y muy embadurnado de grasa. !levaba puestas las pesadas botas ue le habían
dado al salir del penal. &tumpy Mac5hail se adelantó y les palpó los bolsillos de las caderas con la
palma de la mano derecha para asegurarse de ue no aparecerían nava"as de improviso. Entonces se
uedaron solos en el centro despe"ado del caf/, inundado de lu,.
No se dio ninguna se.al, pero los dos golpearon a la ve,. !os dos golpes dieron en las barbillas,
y las cabe,as de miss 4melia y de Marvin Macy rebotaron hacia atrás y ambos se uedaron un tanto
atontados. 1urante unos momentos despu/s de los primeros golpes, se contentaron con restregar los
pies por el suelo, probando diferentes posturas y dando pu.eta,os al aire. 2 de pronto se lan,aron el
uno contra el otro como gatos salva"es. &e oían los pu.eta,os, los resoplidos y los golpes de los pies
en el suelo. Eran tan rápidos ue resultaba difícil seguir el curso de la pelea$ pero una ve, miss
4melia fue proyectada hacia atrás con tanta fuer,a ue se tambaleó y estuvo a punto de caer, y otra
ve, Marvin Macy recibió un golpe en el hombro ue le hi,o girar como una peon,a. 2 la pelea
prosiguió de auel modo salva"e y violento, sin ue ninguno de los dos diera muestras de debilidad.
1urante una lucha así, cuando los adversarios son tan rápidos y tan fuertes como auellos dos,
vale la pena de"ar de mirar la confusión de la pelea y observar a los espectadores. !a gente se había
echado hacia atrás todo lo posible y se aplastaba contra las paredes. &tumpy Mac5hail estaba en un
rincón, encogido y con los pu.os apretados como los luchadores, y hacía ruidos e%tra.os. El pobre
Merlie <yan tenía la boca tan abierta ue se le metió una mosca dentro y se la tragó antes de darse
cuenta de nada. El primo !ymon era algo digno de verse- estaba todavía encima del mostrador, de
manera ue uedaba muy por encima de todos los demás. @enía las manos sobre las caderas, la
cabe,ota echada hacia delante y las piernecillas dobladas de forma ue le sobresalían las rodillas.
Estaba muy e%citado y le temblaba la pálida boca.
5asó media hora antes de ue variara el curso de la pelea. &e habían cambiado cientos de golpes
y hubo una corta pausa. 2 de pronto Marvin Macy consiguió agarrar el bra,o i,uierdo de miss
4melia y se lo retorció detrás de la espalda. Miss 4melia se revolvió y atena,ó a Marvin Macy por
la cintura$ ahora empe,aba la verdadera lucha. !a lucha libre es el modo natural de pelear en esta
región$ ya ue el bo%eo es demasiado rápido y hay ue pensar y concentrarse mucho. 2 ahora ue
miss 4melia y Marvin Macy estaban ya agarrados, la multitud salió de su arrobo y se apretó más
cerca. 1urante alg0n tiempo los luchadores se ci.eron m0sculo contra m0sculo, con los huesos de
las caderas estrechamente unidos. 4sí estuvieron movi/ndose hacia delante y hacia atrás, hacia un
lado y hacia otro. Marvin Macy no había sudado todavía, pero el mono de miss 4melia estaba
empapado y se le escurría tanto sudor por las piernas ue iba de"ando las marcas h0medas de los
pies en el suelo. 3abía llegado la hora de la prueba, y en auellos momentos de esfuer,o tremendo
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miss 4melia era la más fuerte. Marvin Macy estaba grasiento y escurridi,o, y era difícil de agarrar,
pero ella era la más fuerte. !e fue doblando poco a poco hacia atrás, y pulgada a pulgada le abatía
contra el suelo. Era algo terrible de ver, y en todo el caf/ no se oían más ue sus respiraciones
"adeantes. 4l fin le derribó y montó encima de /l, y sus manos grandes y fuertes estaban sobre la
garganta del hombre.
5ero en auel momento, "usto cuando la pelea estaba ganada, se oyó en el caf/ un grito ue hi,o
ue un estremecimiento recorriera todas las espaldas. 2 lo ue pasó ha sido un misterio desde
entonces. @odo el pueblo estaba allí para dar testimonio de lo ocurrido, pero hubo uien dudó de sus
propios o"os. 5orue el mostrador donde estaba subido el primo !ymon se hallaba por lo menos a
doce pies de los ue luchaban en el centro del caf/. 5ero en el momento en ue miss 4melia
agarraba la garganta de Marvin Macy, el "orobado saltó hacia adelante y cru,ó por el aire como si le
hubieran nacido alas de halcón. 4terri,ó sobre la ancha y fuerte espalda de miss 4melia y le apretó
el cuello con sus deditos como garras.
El resto es una pura confusión. Miss 4melia fue vencida antes de ue la multitud pudiera
recobrarse. (racias al "orobado, Marvin Macy ganó la pelea$ al final miss 4melia yacía
despatarrada en el suelo, con los bra,os y las piernas e%tendidos, y sin sentido. Marvin Macy se
irguió sobre ella, con la cara un tanto congestionada, pero sonriendo con su media sonrisa de
siempre. 2 en cuanto al "orobado, había desaparecido de repente. Dui,á estaba asustado de lo ue
había hecho, o tal ve, estaba tan encantado ue uería saborear su alegría a solas$ en todo caso, se
escabulló fuera del caf/ y se hi,o un ovillo deba"o de los escalones de atrás. 4lguien echó agua
encima de miss 4melia, ue al cabo de un rato se levantó despacio y se arrastró hacia su oficina. !a
gente la veía a trav/s de la puerta abierta, sentada a su mesa de traba"o, con la cabe,a apoyada en el
bra,o, sollo,ando con su 0ltimo resuello. !uego apretó el pu.o derecho y dio tres golpes con /l
sobre la mesa, y despu/s su mano se abrió d/bilmente y se uedó uieta, con la palma hacia arriba.
&tumpy Mac5hail se adelantó y cerró la puerta.
!os espectadores estaban tranuilos y salieron del caf/ uno por uno. 1espertaron y desataron a
las muías, dieron la vuelta a los automóviles, y los tres "óvenes de &ociety 'ity se fueron a pie,
camino aba"o. 4u/lla no había sido de esas peleas ue se comentan despu/s$ la gente volvió a sus
casas y se metió en la cama. El pueblo se uedó oscuro, menos la casa de miss 4melia, pues allí
hubo lu, en todas las habitaciones durante toda la noche.
Marvin Macy y el "orobado debieron abandonar el pueblo una hora o así antes del amanecer. 2
he auí lo ue hicieron antes de marcharse-
4brieron la vitrina de los tesoros y se llevaron todo lo ue contenía.
<ompieron la pianola.
(rabaron con las nava"as palabrotas horribles en las mesas del caf/.
Encontraron el relo" ue se abría por detrás y se veían unas cataratas y tambi/n se lo llevaron.
1erramaron una garrafa de mela,a por toda la cocina y rompieron los tarros de conservas.
&e fueron al pantano, destruyeron la destilería, estropearon el gran condensador nuevo y el
refrigerador y despu/s prendieron fuego a la caba.a.
5repararon una fuente con el man"ar predilecto de miss 4melia, maí, frito con salchichas, lo
adere,aron con una cantidad de veneno capa, de matar a todo el condado y colocaron la fuente
tentadoramente en el mostrador del caf/.
3icieron todo el da.o ue les pasó por la cabe,a, sin entrar en la oficina donde miss 4melia pasó
la noche. 2 despu/s se marcharon "untos.
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4sí fue cómo miss 4melia se uedó sola en el pueblo. !os vecinos la hubieran ayudado de haber
sabido cómo hacerlo, ya ue la gente de este pueblo suele ser amable cuando se presenta la ocasión.
4lgunas amas de casa aparecieron por allí con escobas y se ofrecieron para limpiar los estropicios.
5ero miss 4melia sólo se las uedó mirando con sus o"os bi,cos y perdidos y meneó la cabe,a.
&tumpy Mac5hail entró en el caf/ al tercer día para comprar un torcido de tabaco queenie, y miss
4melia di"o ue el precio era un dólar. @odo lo del caf/ había subido de repente a un dólar, y Au/
clase de caf/ es /seB @ambi/n como m/dico cambió miss 4melia de un modo muy raro. En todos
los a.os anteriores había sido mucho más popular ue el m/dico de 'heeha:. Nunca se ensa.aba
con el alma de sus pacientes prohibi/ndoles cosas tan necesarias como el alcohol, el tabaco y todo
eso. 4lguna ve,, muy de tarde en tarde, podía advertir cuidadosamente a un paciente ue no
comiera nunca sandía frita o alg0n plato así ue a nadie se le hubiera ocurrido tomar. 5ero ahora se
habían terminado ya auellas inteligentes curas. 4 la mitad de sus pacientes les di"o ue estaban
para morirse de un momento a otro$ y a la otra mitad les recomendó unos tratamientos tan difíciles y
terribles ue nadie en su sano "uicio podía tomarlos en serio ni por un momento.
Miss 4melia de"ó ue el pelo le creciese como una mara.a, y estaba encaneciendo. &u cara se
alargó, los grandes m0sculos de su cuerpo se rela"aron hasta ue se uedó delgada con esa delgade,
de las solteronas ue se vuelven chilladas. 2 auellos o"os grises... poco a poco, día a día, iban
estando más bi,cos, y parecía ue se buscaban el uno al otro para lan,arse una miradita de congo"a
y amistad. No era agradable oírla- su lengua se había afilado de un modo terrible.
&i alguien aludía al "orobado, miss 4melia sólo decía lo siguiente-
=S4h, como pudiera ponerle la mano encima, le arrancaría la "oroba y se la echaría al gatoT
5ero no eran tan terribles sus palabras como la vo, con ue las pronunciaba. &u vo, había
perdido el antiguo vigor$ no uedaba ning0n rastro de auel tono de vengan,a ue solía tener
cuando hablaba de 6ese remiendatelares con el ue me cas/7, o de alg0n otro enemigo. &u vo, era
rota, suave, y tan triste como el resoplido ue"umbroso del armonio de la iglesia.
1urante tres a.os estuvo sentándose todas las noches en los escalones de delante, sola y en
silencio, mirando hacia el camino y esperando. 5ero el "orobado nunca volvió. 'orrían rumores de
ue Marvin Macy le utili,aba para saltar por las ventanas y robar, y tambi/n se decía ue Marvin
Macy le había vendido para una feria. 5ero auellas dos noticias provenían de Marlie <yan, ue
nunca ha dicho una palabra ue sea verdad. 4l cabo de cuatro a.os, miss 4melia se tra"o un
carpintero de 'heeha: y le hi,o atrancar su casa, y desde entonces ha permanecido allí en auellas
habitaciones cerradas.
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&í, el pueblo es l0gubre. En las tardes de agosto la calle está vacía, blanca de polvo, y allá arriba
el cielo es brillante como cristal. Nada se mueve. No se oyen voces de ni.os, sólo el ,umbido del
molino. !os melocotoneros parece ue se tuercen más cada verano, y sus ho"as son de un gris
apagado y de una levedad enfermi,a. !a casa de miss 4melia se inclina tanto hacia la derecha ue
ya es sólo cuestión de tiempo el ue se caiga del todo, y la gente tiene cuidado de no pasar por el
patio. En el pueblo no se puede comprar buen licor$ la destilería más cercana está a ocho millas, y el
licor de allí es tan malo ue a uienes lo beben les salen en el hígado unas verrugas como pu.os y
caen en peligrosos ensue.os interiores.
No hay absolutamente nada ue hacer en el pueblo- dar la vuelta a la alberca, uedarse dando
patadas a un tronco podrido, pensar u/ puede uno hacer con la rueda de carro vie"a ue está a un
lado del camino, "unto a la iglesia. El alma se pone enferma de aburrimiento. @ambi/n puede uno
ba"ar a la carretera de #or+s #alls a ver la cuerda de presos.
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!8& 18'E M8<@4!E&
!a carretera de #or+s #alls se encuentra a tres millas del pueblo, y allí ha estado traba"ando la
cuerda de presos. !a carretera es de asfalto, y el condado ha decidido rellenar los baches y
ensancharla en cierto paso peligroso. !a cuadrilla está compuesta por doce hombres, todos vestidos
con el tra"e de presidiarios, a rayas blancas y negras, y todos encadenados por los tobillos. 3ay un
guardián ue lleva un fusil, y sus o"os no son más ue unas ra"as encarnadas, a causa de la lu,. !a
cuadrilla traba"a todo el día$ los presos llegan amontonados en el coche de la cárcel poco despu/s
del alba, y se los llevan otra ve, en el gris crep0sculo de agosto. @odo el día se oye el sonido de los
picos ue golpean en la tierra cali,a, todo el día hace un sol duro y huele a sudor. 2 todos los días
hay m0sica. ;na vo, oscura inicia una frase, medio cantada, como una pregunta. 2 al cabo de un
momento se le une otra vo,, y luego empie,an a cantar todos los presos. !as voces son sombrías en
la lu, dorada, la m0sica es una intrincada me,cla de triste,a y de go,o. !a m0sica va creciendo
hasta ue al fin parece ue el sonido no proviene de los doce hombres encadenados, sino de la tierra
misma o del ancho firmamento. Es una m0sica ue ensancha el cora,ón, ue estremece de /%tasis y
temor a uien la escucha. 2 despu/s, poco a poco, la m0sica va cayendo hasta ue al final ueda
una sola vo,, luego un respirar bronco, el sol y el golpear de los picos en el silencio.
ADui/nes son estos hombres, capaces de hacer una m0sica asíB &ólo doce mortales, siete
muchachos negros y cinco muchachos blancos de este condado. &ólo doce mortales ue están
"untos.
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