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TODO POR LA DEUDA
POR ESTHER MARTÍN
La cultura de la deuda
se extiende. Se percibe en
la vida cotidiana cuando
hay estudiantes que piden
préstamos para costearse
sus estudios universitarios1
o familias que tienen que
hacer frente a una hipoteca
y a unos gastos que cada vez
son más difíciles de pagar y
que incluso pueden desem-
bocar en un desahucio. Pero
además, desde hace unos po-
cos años, la llamada deuda
pública; es decir, la cantidad
de dinero que un estado debe
a empresas, bancos e institu-
ciones fuera y dentro de sus
fronteras, se ha convertido
en la principal preocupación
de dirigentes políticos y de
mercados. En nombre de
la deuda se han justifcado
recortes, privatizaciones y
hasta el Partido Popular y el
PSOE se han puesto de acu-
erdo para cambiar la “sagra-
da” Constitución sin ningún
tipo de consulta ciudadana.
En concreto, el artículo
135.3 que reza “Los créditos
para satisfacer los intereses y
el capital de la deuda públi-
ca de las Administraciones se
entenderán siempre incluidos
en el estado de gastos de sus
presupuestos y su pago gozará
de prioridad absoluta”. Es
decir, antes que la sanidad,
la educación, los servicios
sociales, las pensiones y las
necesidades de la población,
hay que pagar la deuda. Tan
tajante como real.
La modifcación de la
Constitución se adelantó a
la frma del Tratado de Es-
tabilidad, Coordinación y
Gobernanza (TSCG)2 que
establecía que los países fr-
mantes se comprometían
a que su défcit público no
superase el 60% de su PIB y
que esta regla debía incor-
porarse al derecho interno
de cada país, preferible-
mente en la Constitución.
Este acuerdo se apuntaló con
la promulgación de la Ley
Orgánica 2/2012 donde se
establece la intervención de
Comunidades Autónomas o
la disolución de administra-
ciones que no cumplan los
plazos. La retahíla de leyes
que aseguran el pago de la
deuda frente a la preser-
vación y mejora de los dere-
chos sociales hace difíciles
de creer algunas promesas
electorales.
Este no es problema
nuevo, sino que, de manera
más reciente ya que a histo-
ria de la deuda tiene miles
de años, la deuda de los años
80 y 90 ya ahogó a los países
del Sur. En los 70 con la lla-
mada crisis del petróleo, los
estados que controlaban el
mercado mundial de crudo
provocaron una subida de
precios que tuvo como resul-
tado un gran crecimiento de
sus ingresos. Ese excedente
de dinero fue invertido en
el sistema bancario que
salió en búsqueda de nuevos
mercados donde de manera
irónica “se invirtió en su de-
sarrollo” a través de créditos.
En la década siguiente tras la
explosión de una nueva cri-
sis del petróleo, hubo menos
dinero en circulación y con
Estados Unidos demandán-
dolo para hacer frente a su
gasto militar y espacial, es-
talló la situación en América
Latina. Después del estallido,
desde el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el
Banco Mundial se diseñaron
los Programas de Ajuste Es-
tructural cuyos principios
rectores eran la austeridad,
la desregularización labo-
ral y la privatización de los
servicios públicos. Era neo-
liberalismo en estado puro
y las consecuencias sociales
fueron nefastas.
Poco se aprendió de aquel-
la experiencia y hoy en día
el discurso imperante sigue
la misma línea. El FMI o la
Troika en su conjunto siguen
presionando a los Estados
Pegatina “La troika no manda aquí” en Lisboa. Foto: Daphne B.S.
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para que apliquen medidas
muy duras e inasumibles.
Por ejemplo, en mayo los
hombres de negro exigían al
Gobierno español que diese
facilidades a las empresas
para bajar aún más los suel-
dos o que aumentase el IVA
en productos con impuesto
reducido. Por otro lado, el
ministro de Hacienda dis-
cutía en agosto con las au-
tonomías 255 propuestas
de ahorro para cumplir con
sus objetivos de défcit -ya
que se preveía que no iban
a poder-. Parece difícil que
esta lluvia de ideas, que rec-
oge más recortes y privatiza-
ciones, se vaya a aprobar en
el corto plazo, con las elec-
ciones locales, autonómicas
y generales tan cerca. Entre
las sugerencias de las co-
munidades autónomas -que
pueden considerarse una
hoja de ruta para los próxi-
mos años- se encontraban
copagos sanitarios, reduc-
ciones en ayudas a come-
dores escolares, el aumento
del ratio alumnos/profesor,
la introducción de contratos
por objetivos en lo público o
la reducción de jornada y de
sueldo a funcionarios.
La deuda como mecanismo
de control
Todos esos recortes se
siguen justifcando en nom-
bre de una deuda todopo-
derosa, pero ¿cómo se ha
generado? Vicenç Navarro
introducía una de las causas
en un artículo de 2012 don-
de hablaba del propio diseño
del euro y del sistema fnan-
ciero europeo. Tal y como
explicaba, el Banco Central
Europeo (BCE) imprime
dinero (como cualquier
banco), pero en lugar de
prestarlo a los estados con
un interés del 1% (lo tiene
prohibido por la propia
UE), lo hace a la banca pri-
vada que a su vez compra la
deuda pública de los estados
europeos a un interés más
alto. De esta manera el en-
deudamiento sigue crecien-
do, mientras que la banca se
sigue enriqueciendo. No hay
que olvidar en este sentido
la transferencia de fondos
públicos para “rescatar” a la
banca que ha supuesto unas
pérdidas millonarias para
el Estado español, especial-
mente sangrantes en casos
como el de Caixa Catalunya
en el que el Estado ha perdi-
do 11.600 millones de euros.
De esta manera se crea un
círculo en el que la misma
banca privada a la que esta-
mos “rescatando” mediante
fondos públicos es la que
exige el pago de una deuda
y unos intereses que actual-
mente han alcanzado casi el
100% del PIB de la economía
española. Lamentablemente
no se puede saber quié-
nes son exactamente los
acreedores del gobierno. En
2012 Sabino Cuadra, diputa-
do de Amaiur, preguntó
en el Congreso cuáles eran
las entidades que poseían
la deuda española, pero no
obtuvo respuesta ya que se
veto la pregunta aludiendo
al “carácter reservado de la
información”.
Con motivo de la presen-
tación de su nuevo libro en
España, Silvia Federici, ac-
tivista feminista y conoce-
dora de los mecanismos de
la deuda debido a su estan-
cia en Nigeria durante los
años 90, defnía la deuda
en una reciente entrevista
como “un instrumento de
gobierno, un instrumento de
disciplina y un instrumento
que instituye relaciones de
clase disgregantes. […] La
deuda es una relación de
clase en la que desaparece el
trabajo, parece desaparecer la
explotación (si bien la deuda
es en sí un tremendo método
de explotación) y desaparece
la propia relación de clase
porque instituye una relación
individual con el capital,
con la banca, en vez de una
relación colectiva. Desaparece
la cara reconocible del patrón,
que ahora es el banco. Es un
mecanismo que crea sentido
de culpa
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en vez de empoderamiento.”
Ese sentimiento de culpa
es el que se ha intentado pro-
mover entre las clases popu-
lares desde el inicio de la cri-
sis con el mantra de “haber
vivido por encima de nues-
tras posibilidades”. Una frase
cada vez menos creíble de-
bido a los escándalos políti-
cos que ponen sobre la mesa
la corrupción estructural
que ha gobernado las in-
stituciones: el despilfarro de
dinero público en obras de-
sproporcionadas y muchas
veces innecesarias, el coste
infado de los presupuestos
iniciales hasta duplicarlos en
algunas ocasiones y la mal-
versación fondos públicos
entre otros.
Alternativas
Para salir de esta deudoc-
racia, parece imposible creer
que pagar la deuda sea una
solución ya que encadenaría
al conjunto de la sociedad al
imperio de la banca. Desde
la izquierda se proponen
dos alternativas, que aunque
aparentemente son pareci-
das, tienen diferencias sus-
tanciales.
Formaciones como Izqui-
erda Unida o Podemos pro-
ponen una auditoría de la
deuda. Se trata de un instru-
mento de control externo
que examina qué parte de
la deuda pertenece a bancos
y a entidades y cuál es real-
mente pública. Esta investi-
gación estaría realizada por
órganos independientes de
las instituciones. Un ejemplo
es Ecuador que creó una co-
misión formada por miem-
bros nacionales e internac-
ionales para determinar qué
parte de su deuda era ilegíti-
ma y odiosa. Después de un
año de estudios, se deter-
minó que más del 80% cor-
respondía a refnanciamien-
to y solo un 20% a proyectos
de desarrollo. Esta opción no
implica una ruptura con las
instituciones que han creado
esta situación.
Por otro lado, las marchas
de la dignidad que confuy-
eron en Madrid el pasado 22
de marzo incluyeron como
uno de sus lemas principales,
MÁS INFORMACIÓN
1. Por qué el pago de la deuda es una trampa mortal. Unidad Popular de
Clase. Febrero, 2014.
2. En deuda. David Graeber. Editorial Ariel, 2014.
3. Tabla: 255 propuestas de las CCAA para recortar el déficit. Fuente: El
País.
4. Plataforma ciudadana de Auditoría de la Deuda (PACD) - auditoriaciu-
dadana.org
a propuesta de Red Roja, “no
al pago de la deuda”. Esta
posición considera que si
el pueblo no ha participado
en las decisiones políticas y
económicas, no se entiende
que tenga que ser el respon-
sable de pagar los desmanes
políticos y fnancieros ajenos
a él. Esto conllevaría romper
con el marco de la Unión Eu-
ropea y salir del euro, cuyos
benefcios se reparten de
manera desigual entre los es-
tados del centro y la periferia
de Europa.
El debate que queda en-
cima de la mesa es si de ver-
dad se puede resolver esta
situación crítica sin romper
con las instituciones que lo
han provocado.
Carteles que anuncian las marchas por la dignidad. Foto: Jesús Diez