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Año 1 - Número 2

Julio 2014
ISSN 2346-8696 // ISSN 2347-0933
Editorial
Cecilia Fasano
Reorta!e"
Eric Laurent# $"i%oa&ali"ta' A"o%ia%i(& )u&dial de $"i%oa&*li"i" +A)$,
Eugenio Zaff aroni# )i&i"tro de la -orte Surema de Ju"ti%ia de la Na%i(&
Sebastián Basalo# .ire%tor /0- +%o&ta%to1re2i"tat3%4%om,
Edith Benedetti# I&ter2e&tora 5e&eral del -e&tro Na%io&al de Reedu%a%i(& So%ial +-ENARES6,4
.o%ume&to 0i"t(ri%o
Cecilia Fasano# /o7i%oma&8a" e& la d9%ada del :204 $e;ueño" "u%e"o" ar<e&ti&o"
.o""ier# Consumos Inquietantes
Félix Chiarimonti# .e la %omu&idad adi%ta a la hystoria de %ada u&o
Gustavo González# $ara8"o" arti=i%iale"' moder&idad > "i%oa&*li"i"
lfredo Carballeda# Al<u&o" a"e%to" 3i"t(ri%o" > <eool8ti%o" ;ue 3a%e& a la %o&"tru%%i(&
di"%ur"i2a del %o&"umo ro?lem*ti%o de dro<a"
Fátima lemán# Adi%%io&e"# la %omul"i(& > el la%er &e<ati2o4
lma !eréz bella# @er<Ae&Ba4 Adi%%i(& al "e7o4
Silvia Zamorano# Ce> Na%io&al de Salud )e&tal# de"a=8o ara la %l8&i%a de la" adi%%io&e"4
!aola Boccalari# Adi%%io&e" o %o&"umidore"4
E&tramado"
"nés Grac#a $rcola# Nue2a" %ate<or8a"# u&a ra<m*ti%a4
Carolina lcuaz# -o&"umo" ro?lem*ti%o"# u&a %l8&i%a de la tri"teBa4
Luis %olta# I&%ide&%ia" del %o&"umo 2ital de o?!eto" te%&o-%ie&t8=i%o"# (r<a&o"' %uero >
"u?!eti2idad4
Graciela &nofrio# $"i;uiatr8a > "i%oa&*li"i"4 E"tado a%tual > er"e%ti2a" =utura"4
Laura 'omero# Citeratura' to7i%oma&8a" > "i%oa&*li"i"4
$er"e%ti2a"
Gabriela 'odr#guez# D& "u!eto "ometido a u& o?!eto4 $re"e&ta%i(& de la I&ter2e&%i(&
de )ar%o Eo%%3i4
(arco Focchi# D&a er"e%ti2a "i%oa&al8ti%a "o?re el ro?lema de la adi%%i(& a la" dro<a"4
Citeraria"
Laura )lein4 -atura"4 $re"e&ta%i(& del te7to de )ar8a )ore&o4
1
(ar#a (oreno# Ca a"arela del al%o3ol +Era<me&to",
Ilu"tra%i(&
Laura rro*o# @a&<uardia" late&"e"# Eduardo A&to&io @i<o +1928-1997,
No2edade"
FFIF Jor&ada" -ie&t8=i%a" 0I5A .r4 R4 Ro""i4
Lic. Edith Benedetti
14 E& Ar<e&ti&a =ue re%ie&teme&te romul<ada +2/12/2010, la Ce> Na%io&al de Salud
)e&tal 2646G7' e& "u art8%ulo 4H di%e# Ila" adi%%io&e" de?e& "er a?ordada" %omo arte
i&te<ra&te de la" ol8ti%a" de "alud me&tal4 Ca" er"o&a" %o& u"o ro?lem*ti%o de dro<a"'
le<ale" e ile<ale"' tie&e& todo" lo" dere%3o" > <ara&t8a" ;ue "e e"ta?le%e& e& la re"e&te le>
e& "u rela%i(& %o& lo" "er2i%io" de "alud4J KLu9 oi&a u"ted a%er%a del de"laBamie&to del
%amo de la" adi%%io&e" del *m?ito ma>oritariame&te e&al 3a%ia el *m?ito de la "aludM
1- No hay dudas de que el desplazamiento de la problemática de las adicciones
del ámbito penal al de la salud era algo necesario desde una perspectiva clínica.
En primer lugar, el abordaje meramente penal de la problemática no hace centro
en la dimensión subjetiva. Entonces no es posible pensar en clave de sujeto de
derecho y de la salud como derecho. Por otro lado, cuando leemos esta
problemática desde una perspectiva penal, el criterio de legalidad sustancias
lícitas y sustancias ilícitas! gobierna nuestra lectura. Para una perspectiva
asistencial y clínica, esto es un problema en varias direcciones. Por ejemplo, las
adicciones no se reducen a consumos problemáticos de sustancias prohibidas.
Por ejemplo, el alcohol. "e esta manera, queda por #uera de la de#inición misma
un conjunto de situaciones que no podemos despreciar y sobre las que es
necesario intervenir. En un nivel de análisis menos descriptivo, y tal vez más
conceptual, la perspectiva penal e inclusive algunas miradas asistenciales y
clínicas! no distinguen entre consumo problemático y consumo no problemático. $i
lo miramos desde el estereotipo penal, el esquema es conocido% el consumidores
un consumidor de drogas ilícitas que viola la ley y por eso es un trasgresor. Para
una lectura clínica, el desplazamiento de las adicciones del campo penal al
sanitario implica un movimiento que podríamos resumir de la siguiente manera% si
el eje no es la sustancia lícita o ilícita inclusive podría no ser una sustancia, como
en el caso del juego! sino el sujeto, es necesario pensar el vínculo problemático
que el sujeto tiene con el objeto. No se trata de una empresa sencilla, claro está.
$in embargo, no hay que perder de vista que somos contemporáneos de un gran
avance en esta materia. &a &ey Nacional de $alud 'ental No. ().)*+,digámoslo
una vez más, establece en su artículo N, - que si un ciudadano tiene un vínculo
problemático con el consumo .cualquiera #uera ese consumo. está padeciendo y
es competencia del área de salud darle tratamiento a esa problemática. $i la ley lo
establece, no quiere decir que el desplazamiento sobre el que preguntan est/
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consolidado, pero es un avance importantísimo. 0l respecto, ya no hay vuelta
atrás.
24 0i"t(ri%ame&te el %o&"umo de dro<a" 3a "ido i&terretado %omo u&a =orma de
3edo&i"mo' u& %ami&o 3a%ia el autode"%u?rimie&to' "imle re%rea%i(&' > e& i&&umera?le"
o%a"io&e" u&a a<o&8a i&%o&trola?le4 K-u*l %o&"idera u"ted ;ue odr8a "er e& la a%tualidad el
ra"<o de 9o%a ;ue de=i&e a la" adi%%io&e" o el %o&"umo e& t9rmi&o" <e&erale"M
2- Esta pregunta invita a un análisis histórico comparativo amplio. "icho esto,
ensayo una respuesta breve en #unción de lo que nos interese considerar% el
consumo problemático hoy. $i pensamos desde el sujeto, no hay que perder de
vista que muchas de las sustancias vinculadas hoy con las adicciones circulaban
de otro modo en las sociedades antigua se inclusive modernas. En la 1recia y la
2oma antiguas, tambi/n en las sociedades andinas precolombinas, esas
sustancias eran parte constitutiva de los rituales. Es decir, su circulación estaba
encuadrada en varios sentidos% cuándo y dónde, por qu/, qui/nes, para qu/, etc.
&o mismo aplica, cambiando lo que hay que cambiar, para las e3periencias anti.
disciplinarias de los a4os )5 y +5, sobre todo entre los jóvenes. En estos casos,
eran un instrumento de autoconocimiento respecto de las vías establecidas. En un
caso y en el otro, a pesar de ser situaciones incomparables, la sustancia #ormaba
parte de un proceso comunitario y6o individual poblado de sentido el ritual
sagrado, el dispositivo de autoconocimiento creativo, etc.!.
0hora bien, la circulación de sustancias en nuestra sociedad inevitablemente es
distinta porque la sociedad es otra. $i bien no es sencillo caracterizaren unas
pocas líneas el o los rasgos relevantes demuestra /poca, cuando pensamos las
adicciones no podemos perder de vista las alteraciones a nivel de la subjetividad
que se han producido en las 7ltimas d/cadas. 0 riesgo de simpli#icar, podríamos
decir que la sustitución de la #i gura del ciudadano por la del consumidor introduce
consecuencias que el sociólogo 8. 9auman llamó liquidez. Esta metá#ora que
antes :. 'ar3 sintetizó como ;todo lo sólido se desvanece en el aire< para
describir el pasaje de las sociedades antiguas a las modernas y la disolución de
los vínculos #eudales! destaca la #ragmentación, la precarización y la #ragilizarían
de los vínculos sólidos pero tambi/n revela un tipo de relación del sujeto con los
objetos. $e trata de puro consumo% alteración del material simbólico sin alteración
subjetiva. Es decir, el mercado introduce objetos de goce de todo tipo, que se
o#recen listos para consumir. En este sentido, las sustancias o el objeto que sea%
cirugías, bingo, compras, internet, etc.! se inscriben en esta lógica de mercado
como cualquier otra mercancía.
34 Se "a?e ;ue la ro3i?i%i(& <e&era de"eo' u& %laro e!emlo' a=8& al tema ;ue &o" %o&2o%a'
=ue Ca Ce> @ol"tead romul<ada e& 1919 e& lo" E"tado" D&ido" de Am9ri%a +%o&o%ida
%omo Ca le> "e%a, tam?i9& llamada $ro3i?i%i(&4 El re"ultado o?te&ido =ue oue"to al
?u"%ado' e" de%ir' "e %o&"tato u& i&%reme&to &o "(lo del mer%ado &e<ro "i&o tam?i9& de la
dema&da4 Si<uie&do e"te ar<ume&to K;u9 %o&"e%ue&%ia" "uo&e u"ted uede imli%ar la
de"e&aliBa%i(& del %o&"umo de dro<a"M
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3- &a pregunta es muy compleja. = entre otras cuestiones, es muy di#ícil trazar
continuidad entre >?>? y (5>-. 2especto de la &ey @olstead, las consecuencias
mencionadas nos obligan a pensar con detenimiento la cuestión. $in embargo, es
imprescindible distinguir dos aspectos que suelen con#undirse o que com7nmente
se mezclan, sobre todo en la opinión p7blica y tal vez en esta pregunta% A! la
legalización6prohibición de las drogas y AA! la despenalización del consumo.
Buando hablamos de la &ey seca, está en juego el eje legalización6prohibición y
por eso entran en juego discusiones vinculadas con% el mercado negro, el negocio
del narcotrá#ico, la creación de ma#ias, el lavado de dinero, etc. Este asunto es un
asunto muy complejo y delicado que requiere una intervención penal. Pero el
consumo de sustancias, por otro lado, es terreno sanitario y e3ige una intervención
de esta naturaleza.
0sí distinguido, cuando hablamos de despenalización hablamos del sujeto que
padece. En síntesis, no estamos ante un delincuente. Ese hombreo esa mujer
tienen un problema de salud. CDu/ tenemos que pensar entoncesE El tratamiento
y el modelo de intervención. Bomo no se trata de un asunto penal, el problema no
es la pena.
Por otra parte, si pensamos especí#icamente los consumos problemáticos en la
0rgentina, el gran problema epidemiológico hoy es el alcohol, los psico#ármacos
de venta legal y los bingos no las sustancias ilegales!. $in embargo, los medios
masivos de comunicación hacen eje en las sustancias ilegales como el problema,
y la opinión p7blica, la representación social, es construida bajo esta asociación.
44 Narl )ar7' %re8a ;ue el %aitali"mo imli%a?a &o "(lo u&a i&2a"i(& e%o&(mi%a "i&o ;ue
a=e%ta?a di=ere&te" a"e%to" de la 2ida de lo" 3om?re"' de al<ú& modo a&ti%i( %ierta
=a"%i&a%i(&/ %omul"i(& or lo" o?!eto" del mer%ado4 K$odr8a %o&"iderar"e ;ue la dro<a
=orma arte de e"a "erie de o?!eto"M
4- Bomo se4alamos a propósito de la pregunta N,(, el capitalismo post.industrial
instala como subjetividad dominante al consumidor. = el consumidor construye un
tipo de relación o no relación! con todos objetos, inclusive las sustancias.
Feniendo en cuenta esta lógica social macro, es necesario volver a pensar el
consumo problemático actual como parte de esa lógica de consumo capitalista.
G4 KLu9 oi&i(& tie&e u"ted "o?re la" di2er"a" > &umero"a" o=erta" de tratamie&to" ara la"
adi%%io&e" ;ue i&u&da& a%tualme&te el mer%ado de la "aludM
5- No es posible hacer un balance de los tratamientos e3istentes en relación con
las adicciones en unos párra#os. $in embargo, podríamos considerar qu/ implica
pensar un tratamiento a la luz de nuestra /poca. Para empezar, la e3istencia de
nuevas subjetividades nos obliga a pensar en nuevos tratamientos y sus
correspondientes dispositivos clínicos. Por eso mismo, el dise4o y la revisión de
las intervenciones clínicas hoy, más que nunca, nos e3ige una lectura histórica y
social de los sujetos. Es necesario pensar la singularidad del sujeto pero en clave
de /poca y de situación.
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Por otro parte, si consideramos los tratamientos de consumos problemáticos,
vuelvo a subrayarlo destacado en la pregunta inicial% desde nuestra perspectiva,
analizar esta problemática e3ige indagar #undamentalmente el vínculo que el
sujeto establece con la sustancia. Nuestro /n#asis está en el sujeto. = poner el
/n#asis en la sustancia es una #orma de volver a borrar al sujeto cuando pensamos
un tratamiento. $i lo que gobierna la construcción de un tratamiento es la
sustancia, hay justi#icación para los tratamientos ;enlatados<. Bomo nosotros
pensamos desde el sujeto, tenemos que volver a pensar cada vez atender la
singularidad.
Gna 7ltima cuestión sobre este asunto. El consumo de sustancias es un problema
que presenta m7ltiples aristas. Por eso mismo, requiere ser abordado en #orma
interdisciplinaria desde una mirada integral. &a &ey Nacional de $alud 'ental
establece esto como norte y es un camino sobre el que tenemos que trabajar muy
intensamente.
64 E" "a?ido ;ue la" adi%%io&e" "o& u& ro?lema ;ue atra2ie"a todo" lo" e"trato" "o%iale"'
"i& em?ar<o la" %o&"e%ue&%ia" de la" mi"ma" "uele& 2ariar e& =u&%i(& de la %la"e "o%ial del
%o&"umidor4 K-omo "itúa u"ted la rela%i(& e&tre la" adi%%io&e" > la" %la"e" "o%iale"M
6- No hay dudas de que las di#erencias socioeconómicas pueden ser uno de los
vectores para leer los consumos problemáticos. 2especto de las sustancias y su
calidad, obviamente, esto tiene consecuencias orgánicas. Por otra parte, los
consumidores de sustancias, por pertenecer a determinadas clases y barrios, son
estigmatizados socialmente. = se convierten en el ;drogadicto<, el ;paquero< o el
;delincuente<.
$i entendemos que la subjetividad se inscribe enlosa modos históricos de
producción de sujetos, se hace necesario pensar la realidad signi#icable o
signi#icada capturada por el lenguaje y no sólo como código organizador o e#ecto
de enunciado. Fenemos que pensar los discursos signi#icantes que le dan #orma a
esa realidad y la tras#orman en instituyenteH tenemos que pensar las #ormas en las
que el instituyente produce subjetividad. = esto implica, entre otras cosas, rastrear
la inscripción del otro humano como e#ecto de coagulaciones discursivas y no a
partir del propio sistema deseante, como el modo con el cual la cultura de#ine y
regula las intersecciones entre deseos, pulsión y modos de producción de la
subjetividad.
&a realidad no signi#icada y no capturable produce un e3ceso de malestar,
cristalizando discursos, a modo de signo.
Entonces es posible pensar que el consumo problemático de sustancias en
sujetos sometidos acondiciones de altísima vulnerabilidad social, entendiendo por
tales sujetos a los que socialmente se le han vulnerado sus derechos, nos e3ige
considerar.además del desamparo subjetivo. otro tipo de su#rimiento. Iay
desamparo subjetivo pero ese su#rimiento está superpuesto, vinculado, asociado
con el desamparo social que, en muchos casos, es intergeneracional. En este
sentido, la intervención clínica sobre esos sujetos requiere indagar las
consecuencias subjetivas del desamparo social. $i no pensamos las #ormas en
que esa situación social condicionó la posibilidad de construir un proyecto de vida
5
y los e#ectos subjetivos de ese proceso, estamos perdiendo de vista otras
dimensiones, clave del proceso.
74 $ara =i&aliBar' Kde"ea a<re<ar al<ú& %ome&tario de"de la (ti%a arti%ular de "u
di"%ili&aM
7- 'e gustaría agregar desde la perspectiva de la salud p7blica lo siguiente% en los
7ltimos a4os se han pro#undizado diversas políticas p7blicas orientadas a la
construcción de un país que e3alta la concepción de justicia social. = en esta
dirección, se han legislado distintas leyes que han restituido y ampliado derechos.
Bomo parte de este proceso político.institucional, la sanción de la nueva &ey de
$alud 'entalN, ().)*+! ha permitido la pro#undización de un modelo de acción
que aborda las diversas y complejas problemáticas epocales en el campo de la
salud. 0hora bien, esto implica .además. que los sujetos de derechos son los
protagonistas de estas trans#ormaciones y el Estado resulta garante de esos
derechos con el objetivo de garantizar la equidad y la igualdad de oportunidades.
El consumo problemático no es la e3cepción y debe ser parte de estas políticas
p7blicas. Por eso mismo, las personas con ese padecimiento deben tener todos
los derechos y garantías en relación a los servicios de salud.
En el marco de estas políticas p7blicas sanitarias y la normativa e3istente, nos
en#rentamos con el desa#ío de pensar las nuevas problemáticas e inventar nuevos
dispositivos. Para esto, es necesario construir una perspectiva atenta a las
m7ltiples variables que entran en juego en el consumo problemático. Para avanzar
en esta dirección, es clave construir un abordaje integral, interdisciplinario e
intersectorial que #ije objetivos y acciones destinadas a responder a las
necesidades de la población con un rol activo del Estado. &a respuesta que se
o#rezca ante estos desa#íos, no hay dudas, implica una política y una /tica.
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