You are on page 1of 12

Introducción

:
La moral es un fenómeno histórico que surge en la fase temprana de la
formación de la sociedad humana y se ha ido desarrollando en el transcurso de
los cambios producidos en las relaciones económicas y en otras relaciones
sociales, a medida que ha ido progresando la cultura material y espiritual de la
humanidad. Sin embargo, entre todos estos cambios aún no se afirma que
factor entre los mencionados influye de manera contundente y en mayor
proporción al desarrollo mismo de la moral. Si bien la moral se basa en las
normas, principios y valores que, sin necesidad de coacción exterior, rigen la
conducta del hombre en todos los sectores de la vida social sin excepción, es
decir la moral se expresa de forma libre en el hombre, ¿Será correcta esta idea
relativista que se tiene de la moral?, y si es relativa ¿Cómo podremos saber de
nuestros actos si son buenos o malos?, ¿Cómo sabremos qué es lo correcto y
que no lo es?. Decimos que moral es un conjunto de normas, aceptadas libre y
conscientemente, que regulan la conducta individual y social de los hombres,
¿Será que la moral se acomoda a las necesidades del contexto social?, y qué
hay de su relativismo, ¿Será necesario para que mediante este carácter pueda
el hombre sobrellevarse en su contexto?. Y, ¿Si no lo es?
Este trabajo está basado en dos tendencias: “La moral absoluta” y “La moral
relativa”, se considerará en primera instancia los diversos conceptos respecto
al origen de la moral o conciencia moral, pasando luego a centrar las bases de
“La moral relativa” y así mismo de “La moral absoluta”. Planteadas ya las
preguntas se procederá a desarrollarlas y presentarlas, esperando que el lector
juzgue y analice cada postura.







Definición de términos
Ética de la situación: La ética de la situación aborda el tema de la aplicación
de la ley moral universal al caso individual o a la situación particular. La
decisión y la elección moral no se verifican atendiendo de manera puramente
abstracta a las normas generales, sino teniendo en cuenta las circunstancias
especiales que tal vez son absolutamente únicas e irrepetibles
Deontología:
Relativismo:
Absolutismo:
El Fundamento de la Moral: ¿Relativo o Absoluto?
La moral tiene su origen en la etapa de formación temprana del desarrollo de la
sociedad humana, en el mismo instante en el que el hombre relacionó acto y
conciencia, dejando atrás su naturaleza puramente instintiva pasando a formar
parte de una colectividad.
La noción del origen de la moral puede ayudarnos a comprender su naturaleza
y su funcionamiento, en consecuencia se han desarrollado opiniones a lo largo
de la historia.
En primer lugar, desde la creencia en lo sobrenatural, se ha considerado a la
moral como una expresión de la ley divina. En el ámbito cristiano medieval, por
ejemplo, se consideraba que Dios le dio al ser humano la “conciencia moral”
para que este pueda reconocer la ley de lo natural que es consecuencia del
desarrollo de la ley de Dios en el mundo. Este tipo de opinión depende de la
creencia previa en alguna realidad sobrenatural, lo cual queda por ahora fuera
de discusión.
Desde otro punto, partiendo de posturas naturalistas se ha defendido que la
conciencia moral es una capacidad innata de tipo racional que nos permite
decidir sobre lo bueno y lo malo. Desde este tipo de posturas también se ha
defendido que es innata, pero no racional, sino una especie de sensibilidad o
capacidad perceptiva para el bien y el mal.
Desde distintos enfoques, se ha considerado que la conciencia moral se
adquiere, según estas posturas, del entorno en el cual nos vamos
desarrollando, siendo los valores que predominan en los distintos grupos
sociales los que afectan o influyen en nuestro modo de accionar y valorar las
cosas.
La idea del origen de la moral es muy importante, ya que la respuesta que
tengamos de antemano afectará su forma o naturaleza y llevándonos tal vez a
seguir los criterios inadecuados para esta. Por eso se debe profundizar más en
nuestras ideas, prestándole mucha atención a lo que no consideramos un
origen válido de la conciencia moral y de la misma manera a los factores que
influyen en su estructuración y sus contenidos.
Pasando al siguiente punto, cuando valoramos una acción realizada o por
realizar, la conciencia moral puede actuar de maneras diferentes: podemos
sentir que lo que hemos hecho o vamos a hacer está bien o mal, sin saber
exactamente el porqué; podemos también analizar las consecuencias reales o
posibles de nuestra acción y su conveniencia; podemos recurrir a pensar en
normas previamente aceptadas para enjuiciar toda acción…
A lo largo de la historia, distintas corrientes del pensamiento sobre la moral han
dado mayor importancia al modo en el cual actúa o funciona la conciencia
moral.
Por ejemplo, el intelectualismo moral, considera a la conciencia moral como
el conocimiento de lo que es bueno y lo que es malo, produciéndose en él la
distinción entre el bien y el conocimiento, por una parte, y el mal y la
ignorancia por otra. En consecuencia, según el mismo, solo obramos mal
porque creemos, en nuestra ignorancia, que ese mal que hacemos es un bien
para nosotros. Entonces, la manera de actuar correctamente será, pues,
educando a nuestra razón con los principios de la moral para que no pueda
llevarnos a valoraciones inadecuadas sobre la intencionalidad de las cosas y
las acciones.
Por el contrario, el emotivismo, plantea a la conciencia moral como un
sentimiento. Según los mismos, por medio de la razón solo podemos llegar a
comprender la utilidad y la conveniencia en favor de un fin, pero no si es algo
es buena o mala, “La intencionalidad de los actos o palabras se sienten, no se
conocen racionalmente”.
El intuicionismo tampoco apoya la idea o asevera que la razón sirva para
determinar la intencionalidad de las acciones y las cosas. Según el
intuicionismo la conciencia moral solo percibe directamente lo bueno y lo malo,
esto hace que los intuicionistas vean la conciencia moral como un sentido
moral (instinto moral), que percibe directamente la intencionalidad y accionar
de las cosas dejando de lado al razonamiento y a los sentidos físicos. El
intuicionismo y el emotivismo niegan entonces que la razón sea componente
fundamental de la conciencia moral, aunque desde posturas muy diferentes:
mientras que el intuicionismo considera que el bien y mal están en las cosas y
las acciones, son cualidades reales que percibimos; el emotivismo, por el
contrario, sostiene que son sentimientos que provocan esas acciones y cosas
en nosotros, sentimientos que pueden variar de una persona a otra siendo
también objeto de discusión.
Los prescriptivistas, en cambio, consideran que la moral se basa en el
carácter imperativo de sus juicios. La conciencia moral, según los mismos,
asiente o rechaza los mandatos que presentan los juicios morales. La manera
de demostrar la aceptación a lo que dice una norma es cumplirla, la de
demostrar el rechazo, no cumplirla.
Todas estas teorías destacan aspectos parciales de la realidad total de lo que
es la conciencia moral, componiéndose tanto de razonamientos y juicios como
de sentimientos, intuiciones o mandatos. Muchas de estas se relacionan con un
carácter relativo de la moral teniendo como origen y principio el momento en el
que el hombre busca relacionarse e interactuar con su medio y la naturaleza.
Para entender de una forma más concreta lo recientemente mencionado,
analicemos un poco las diversas teorías del desarrollo moral partiendo desde la
teoría de Jean Piaget, quien se basó en dos aspectos del razonamiento moral
para formular sus teorías: el respeto por las reglas y la idea de justicia de los
niños. Con base en las respuestas que los niños daban a sus preguntas, Piaget
estableció varias etapas de desarrollo moral. Esta forma de entender el
proceso moral se conoce como teoría cognitiva-evolutiva, y de manera simple:
busca entender la moralidad de adentro hacia afuera, como entendimiento del
sujeto que luego se expresa en sus actitudes. Piaget explicó, que para
entender la moralidad del sujeto no solo es necesario ahondar en su discurso,
sino que era esencial definir su estructura cognitiva, es decir, la lógica y los
patrones de pensamiento que rigen el entendimiento moral básico del individuo,
Piaget fue uno de los primeros psicólogos en explicar que el desarrollo moral
de un niño deriva de sus capacidades de toma de decisiones y de su búsqueda
para encontrar soluciones justas y equilibradas a los problemas que enfrenta.
Piaget también nos habla de tres etapas en las cuales se va dando el
desarrollo de la moral: la etapa premoral, etapa heterónoma y la etapa
autónoma. La etapa premoral abarca los cinco primeros años de la vida del
niño, cuando aún no tiene mucha conciencia o consideración por las reglas. De
los dos a los seis años los niños son capaces de representar las cosas y las
acciones por medio del lenguaje, esto les permite recordar sus acciones y
relatar sus intenciones para el futuro. Sin embargo, no pueden aún realizar
razonamientos abstractos, por lo que no pueden comprender el significado de
las normas generales. Esto hace que las vean como cosas concretas
imposibles de variar que se han de cumplir en su sentido literal. Estas normas
son, además, exteriores a los niños, impuestas por los adultos, por lo tanto
la moral se caracteriza en esta fase de desarrollo por la heteronomía.
Si habláramos de la etapa heterónoma la cual se da entre los 5 y los 10 años.
En esta etapa los niños de esa edad tienden a considerar que las reglas son
impuestas por figuras de autoridad poderosas, como podrían ser sus padres,
Dios o la policía. Piensan además que las normas son sagradas e inalterables,
abordan cualquier asunto moral desde una perspectiva dicotómica de bien o
mal, y creen en una justicia inminente, es decir, que piensan que cualquier mal
acto, tarde o temprano será castigado. De los siete a los once años, los niños
adquieren la capacidad de realizar operaciones mentales con los objetos que
tienen delante. No pueden aún hacer generalizaciones abstractas pero se dan
cuenta de la reversibilidad de algunos cambios físicos y de las posibilidades del
pensamiento para detectar relaciones entre las cosas. Las normas dejan de ser
vistas como cosas reales que tienen su origen en una autoridad absoluta y
exterior (los adultos) y comienzan a basarse en el respeto mutuo entre los
compañeros de juego, los iguales. De aquí surge la noción de la
convencionalidad de las normas o reglas de los juegos, que son vistas como
productos de acuerdos entre los jugadores. Surgen sentimientos morales como
la honestidad (necesaria para que los juegos funcionen) y la justicia.
Si analizamos hasta esta parte del planteamiento del desarrollo moral de
Piaget, se puede notar que su carácter muestra también una posición relativa
respecto de la moral, ¿Cómo explicaríamos mejor esta afirmación?,
supongamos la existencia de dos hombres en un mismo espacio y tiempo
ambos con pensamientos e ideologías diferentes, tratando de sobrellevar sus
diferencias estos dos hombres establecerán una serie normas y leyes por
acuerdo mutuo, las cuales ambos deberán respetar y acatar según se hayan
señalado. Hasta aquí señalemos lo siguiente, sabemos que el hombre cambia
junto con su cultura y sus principios, ahora bien basándonos en lo dicho: Al
cabo de un período de tiempo, ¿Se sentirá el hombre de acuerdo con las leyes
impuestas por él mismo una vez hayan cambiado sus bases y sus principios?,
bastará con mirar a nuestro alrededor para encontrar la respuesta, o
simplemente recordando unos cuantos hechos del pasado.
Si solo nos centráramos en pensar y preguntarnos: ¿Será correcta esta idea
relativista que se tiene de la moral?, hasta la actualidad solo se ven
planteamientos que afirman y reafirman que la moral es cambiante y depende
del hombre y su contexto, está bien, si afirmamos esto entonces: ¿Cómo
podremos saber de nuestros actos si son buenos o malos?, ¿Cómo sabremos
qué es lo correcto y que no lo es?, si con el paso del tiempo vemos que el
hombre promulga nuevas leyes, crea modos y maneras para facilitar de alguna
forma que los actos inmorales no se muestren como tales, si este hombre solo
castiga la intensidad del acto más no juzga la naturaleza del mismo. Este
hombre no ha hecho más que deformar los principios y normas absolutas, si es
cierto se ha desarrollado pero ha ido deformando la imagen de lo bueno,
contrastándola con todo acto que es mal juzgado que como se ha dicho no
hace más que medir el acto sin darle antes un carácter bueno o malo
llevándonos entonces a decir que todo acto bueno o malo sea justificable lo
cual es el principal causante de la deformación del absolutismo de la moral,
¿Cómo sustentamos lo mencionado respecto al equívoco carácter relativista de
la moral?, pues veamos: el relativismo moral, es siempre auto contradictorio. Si
analizamos la famosa frase: "No existen verdades absolutas", esta se destruye
a sí misma, pues si no existen tales verdades, esa frase tampoco puede serlo,
lo que quiere decir que admite su propia falsedad en algunas circunstancias:
dicho de otro modo, que sí pueden existir verdades absolutas.
Desde tiempo inmemorial, la postura moral dominante aceptó la existencia de
normas morales de validez absoluta. Sólo desde el siglo XIX, el relativismo
moral se ha extendido de forma exagerada, pero como todo relativismo, se
contradice continuamente. Es curioso que sea precisamente durante el siglo
XX, la cumbre del relativismo moral, cuando se ha promulgado la validez
universal de los derechos humanos, en un ejercicio inconsciente de
absolutismo moral.
El relativismo moral se autodestruye en cuanto el relativista moral se siente
tratado injustamente. Defendiendo vociferante sus derechos, apela
implícitamente a la validez universal del axioma moral de la justicia: "que los
demás me den lo que me corresponde". Así, en primera persona, es un
principio moral universalmente aceptado por todos los seres humanos que
existen o han existido, lo que demuestra la falsedad de las teorías relativistas,
que en realidad no se aplican nunca a todas las normas morales, sino sólo a
aquéllas cuya validez quiere negar el supuesto relativista. Pero siempre dejará
otras que las suplantan o que permanecen.
Otra teoría, muy difundida en nuestra época a la vez que el relativismo, a pesar
de que lo contradice, afirma que nuestras normas morales son cada vez más
exigentes, que la ética de la especie humana va mejorando y refinándose con
el tiempo. Se trata de una de las versiones de la doctrina del progreso
indefinido. En defensa de esta teoría, se aducen ejemplos como el horror a la
esclavitud, la pena de muerte, la guerra, la violencia y la tortura, que se
extienden cada vez más y nos hacen juzgar negativamente hechos históricos
que en su día estuvieron bien vistos, como las Cruzadas o la Inquisición.
También se aduce la preocupación creciente por los derechos humanos y la
aversión que despiertan las transgresiones flagrantes de esos derechos.
Con el término de relativismo moral se puede designar ante todo la posición de
los que niegan la existencia de cualquier tipo de normas morales. Es ésta la
forma más radical de relativismo moral, pero a su lado existen algunas otras
formas. En primer lugar, el relativismo ético-descriptivo, que se refiere a la
multiplicidad de las normas morales, a menudo divergentes, que se pueden
encontrar dentro de una misma cultura o comparando entre sí las diversas
culturas y sociedades.
Está luego el relativismo ético-normativo, que niega que puedan universalizarse
las normas morales para el comportamiento. Esta posición debe distinguirse de
la de quienes niegan la posibilidad de fundar normas para la actitud, posición
que puede identificarse en el relativismo meta-ético.
Aunque siempre es posible encontrar a quien sostenga el relativismo, tanto
respecto a la actitud como respecto al comportamiento, hay que tener presente
que la posición relativista que se asume en el plano normativo del
comportamiento no depende de la teoría eventual que se siga en el plano
meta-ético, y que el debate posible con quienes sostienen alguno de estos dos
tipos de relativismo tiene que plantearse de manera muy distinta en relación
con el contexto dentro del cual se coloque su teoría relativista.
Se llega a asumir el relativismo ético-normativo cuando se piensa que se puede
transferir inmediatamente a nivel de principio el pluralismo ético existente o la
factualidad del relativismo ético-descriptivo.
La existencia de varias normas morales relativas a la misma acción, de
múltiples fundamentos del juicio moral, de diversos sistemas normativos
divergentes entre sí, es algo que se considera como un fenómeno imposible de
eliminar y necesario.
El salto lógico presente en este modo de proceder se llama error o falacia
naturalista. Se incurre en él siempre que uno se traslada del plano factual al
axiológico, del plano ontológico al valorativo, del dato de hecho a la afirmación
de principio.
Este error es ante todo de naturaleza lógica, en cuanto que el discurso se
transfiere de un plano al otro sin tener en cuenta la diversidad total que existe
entre los dos planos: una afirmación que quizás es totalmente válida en el
plano empírico, factual o descriptivo, no por eso es automáticamente válida
también en el plano axiológico.
El relativismo ético-normativo aparece en una versión filosófica y en una
versión teológica. Más allá de las posiciones relativistas extremas, que
rechazan la posibilidad de formular cualquier tipo de juicio moral sobre las
acciones que hay que realizar, la posición normativa relativista más corriente
puede clasificarse como deontología del acto.
La deontología del acto, que no hay que confundir con la deontología de la
regla, no excluye la posibilidad de pronunciar juicios morales, pero sostiene que
esos juicios, precisamente porque pueden ser formulados de vez en cuando y
para cada acción concreta, no pueden someterse al proceso de
universalización. Pues bien, un juicio moral que no puede aplicarse en
cualquier situación parecida a aquella para la que se ha formulado, en
cualquier época cultural o área geográfica, que sea válido solamente para
aquel que lo formula y para aquella única situación para la que se ha
formulado, no posee las características de juicio moral.
El juicio moral o es universalizable o no es moral. Debe formularse sobre cada
acción concreta y sobre las diversas especies de acciones en circunstancias
parecidas. Si las circunstancias son idénticas, tendremos además la misma
acción idéntica; pero cuando las circunstancias son parecidas, las respectivas
acciones pueden recogerse y clasificarse bajo una característica específica
común y ser consideradas, incluso por razones prácticas, como especies de
comportamientos sobre las que se da un juicio moral idéntico. Por tanto,
expresar unos determinados juicios morales sobre el conjunto de las acciones
concretas válidas en circunstancias parecidas significa expresar también juicios
morales, positivos o negativos, sobre las respectivas especies de acciones.
Esto significa que en último análisis se pueden expresar juicios morales
negativos, no sólo sobre ciertas acciones concretas, sino también sobre ciertas
especies de comportamientos.
La posición de los que niegan que los juicios morales sean universalizables, en
filosofía, corresponde al modo de pensar típico del existencialismo sartriano; en
teología puede identificarse con la ética de la situación.
En el libro “Paisaje Moral”, el Dr. Harris en su afirmación audaz de la
objetividad de los valores y deberes morales. El arremete contra lo que
denomina “la sobre-educada moral nihilista atea”, y los relativistas que rehúsan
condenar como objetivamente erróneo atrocidades terribles como la mutilación
genital de niñas pequeñas. El declara con razón “Si sólo una persona en el
mundo agarrara con fuerza a una niñita aterrorizada que intentara resistirse
entre gritos, cortara sus genitales con una cuchilla séptica, y volviera a coserla
de nuevo…lo único que habría que preguntarse es cuan severamente esa
persona habría de ser castigada. Lo que no se cuestiona es que esa persona
ha hecho algo horrible, objetivamente malo.
No podemos dejar que la moral sea fundamentada en las bases de lo relativo,
con lo ya expresado en este presente ensayo, podemos considerar que si los
principios y normas morales no dependieran del hombre esta no estarí
sometida al constante cambio y a la deformación de la imagen del hombre y
sus “actos justificables”, ya que sabemos que no hay acción que de base no
venga todo no habrá acción que sea justificable, venga para bien o para mal la
moral debe guardar siempre un carácter para bien, claro que a esta presente
afirmación se le cuestionaría: ¿Cómo sabemos qué acto es bueno o malo?,
pues todo parte de este ejemplo, si le mostramos a un niño el dibujo de un
pato, pidiéndoles mencione lo que ve en el dibujo, este enseguida responderá
que ve un pato, ¿por qué?, pues gracias a sus conocimientos previos es que él
ha sabido juzgar, primero interiorizando y luego evocando. Es del mismo modo
del que funciona el fundamento de lo bueno o lo malo, pues desde pequeños
se ha visto por ejemplo cuando un padre le dice a su hijo: “No vuelvas a tomar
cosas que no sean tuyas sin antes pedir permiso”, desde aquí es de donde
parte nuestro concepto del bien, del simple hecho de que es la sociedad la que
nos enseña sobre ello, y ¿Por qué ahora la sociedad se muestra hoy tal y cómo
es?, ¿Por qué juzgamos erróneamente a la moral?, con esto nos referimos al
hecho de que muchas veces confundimos el acto moral es este el que nos
lleva a decisiones buenas y malas, por otra parte muchas veces confundimos
también a la ética con la moral, mientras que la moral es únicamente interna y
propia de uno, la ética y los actos morales, no son más que solo sus
caricaturas y la representación de esta.
Supongamos entonces que la moral está cambiando, si lo hace así busquemos
que sea para bien, ya que tal vez solo se desarrolla y así evoluciona para luego
lograr un carácter absolutista, un carácter que englobe y sustente si tomamos
las palabras del cristiano que defiende lo absoluto y sobrenatural de la moral,
para que nos ayude a responder: ¿cuál es el mejor fundamento para la
existencia de valores y normas morales? ¿Qué los fundamenta? ¿Qué
convierte a ciertas acciones en buenas y malas, correctas o incorrectas? este
nos diría que todo parte de Dios, y que la postura cristiana es la correcta para
fundamentar el carácter real de la moral, ya que las normas y leyes moral
establecidas no dependerán del hombre, y por ende dejarán de ser
cambiantes, se juzgará la horrorosidad del mal acto dejando a segundo plano
su intensidad, la moral presentará ya entonces una carácter absolutista ya el
hombre no justificará acto alguno, y los actos y atrocidades provocadas por
ejemplo en el período de los años de 1915 a 1945 dejarán de ser justificables
por una absurda idea de superioridad.
Por tanto en vista de lo planteado solo llamo al lector a centrarse y pensar un
poco en el simple hecho de por qué el hombre ha llegado al extremo de
justificar un asesinato, un robo o a un caso extremo una violación, es cierto
todo concepto de lo bueno y lo malo ha ido cambiando a través del tiempo, la
pregunta es, ¿Habrá sido este cambio para bien? , centrémonos en comparar
los hechos históricos, antes se asesinaba y el asesino era juzgado por la
atrocidad y no por la gravedad del acto, hoy se condena a quien dio muerte a
cientos de personas, a quien le arrebató la inocencia a una niña, y no juzgando
la atrocidad del hecho si no la gravedad con que se hizo, es esta la
consecuencia de lo relativo y de la dependencia de las leyes morales hacia el
hombre que no nos dicen y no fundamentan que está bien y que está mal,
vemos esto en el hecho de que cuando alguien juzga a otro por actuar mal,
este responde ¿Quién lo dice?
Concluyendo entonces la moral ha ido cambiando su carácter seguirá mutando
hasta lo indesconocible, lo único que debemos esperar de este cambio es que
al final no nos lleve hasta donde estamos ahora, el simple hecho que quemar a
bebés, es malo; matar de hambre a los pobres es malvado; vender y comprar
unos a otros, es depravado. Existe en el mundo tal cosa como el mal. Todos
juntos ahora, ¿Quién lo dice?

















S, Privitera, Relativismo, en NDTM, 1594 – 1600
M. Alcalá La ética de situación y Th. Steinbüchel CSIC Barcelona , 1963