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Introducción al Evangelio de San Juan

1. Juan, hijo de Zebedeo

Juan era de Betsaida, un pueblo a las orillas del lago de Galilea. Sus padres fueron Zebedeo
y Salomé, y su hermano Santiago. Eran pescadores. Le parece que la familia vivía en un
buen nivel económico, puesto que tenían a su servicio jornaleros y una barca propia.
También su mamá Salomé fue identificada como una de las piadosas mujeres que ayudaban
con las necesidades materiales de Jesús. Salomé estaba presente por la crucifixión, y ayudó
con las preparaciones del cuerpo de Jesús por su sepultura.

Mt 27, 55-56: Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas
que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María
Magdalena, María –la madre de Santiago y de José– y la madre de los hijos de
Zebedeo.

Mc 15, 40-41: Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre
ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y
Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y
muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

Mc 16, 1: Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y
Salomécompraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús.

Le parece que la familia tenía relaciones de algún tipo con el Sumo Sacerdote.
Probablemente fue Juan quien introdujo Pedro en el palacio del Sumo Sacerdote durante la
pasión. El evangelio de Juan nos ofrece más información sobre los sacerdotes de Jerusalén
que los otros evangelios. Menciona Jesús frecuentemente subiendo a Jerusalén para
participar en las fiestas.

Una explicación sea la posibilidad que su padre, Zebedeo, era un sacerdote. Le parece que
los sacerdotes no tenían que estar todo el tiempo en Jerusalén. Servían una semana dos
veces al año por turnos. Era fácil que en los otros momentos del año podrían ejercitar otra
profesión para ganarse la vida. Otra explicación es más sencillo todavía: fue conocido por
venderle pescado.

Juan y su hermano Santiago fueron llamados a ser apóstoles, quizás cuando Juan tenía 20
años de edad o menos. Consideramos el más joven de los apóstoles.

Mt 4, 18-22: Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos
hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes
al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré
pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a
su hermano J uan, que estaban en la barca de Zebedeo, su padre, arreglando las
redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo
siguieron.
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La reacción de Juan es prototípica de los apóstoles. Inmediatamente dejó todo para seguir a
Jesús.

Juan formó parte de un círculo de apóstoles más cercanos, que Jesús llevaba consigo en
diferentes ocasiones (Pedro, Santiago y Juan). Entraron con Jesús en la casa de Pedro y
curó a su suegra (cf. Mc 1, 29). Siguieron a Jesús para entrar en la casa de Jairo, y así
fueron testigos a la resurrección de la hija (cf. Mc 5, 37). Subieron con Jesús a monte Tabor
por la transfiguración (cf. Mc 9, 2). Poco antes de Pascua, Jesús escoge a Juan y Pedro para
preparar la sala para la Pascua (cf. Lc 22, 8). Jesús tomó consigo los tres para consolarle en
el Huerto de Getsemaní (cf. Mc 14, 33).

Es fácil ver Juan como uno de los apóstoles más cercanos a Jesús. Pero, tampoco era
perfecto y ejemplar en todo. Junto con su hermano Santiago, Jesús les dio el sobrenombre
"hijos del trueno".

Mc 3, 17: Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el
nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno

Juan era celoso de Jesús y su poder. Pero, quizás también de su propia autoridad como
seguidor de Jesús.

Lc 9, 49-50: Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que
expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los
nuestros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra
ustedes, está con ustedes».

Después, San Lucas narra como los hijos del trueno quisieron pedir fuego del cielo para
destruir unos cuantos Samaritanos que no quisieron recibirles en su camino a Jerusalén.

Lc 9, 51-56: Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús
se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos
partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero
no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Cuando sus discípulos Santiago y
Juan vieron esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo
para consumirlos?». Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro
pueblo.

San Mateo narra una ocasión cuando los hijos del trueno fueron con su madre a ver Jesús y
pedirle los puestos más importantes en su Reino (cf. Mt 20, 20-28).

Mt 20, 20-23: Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto
con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. «¿Qué quieres?», le preguntó
Jesús. Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu
derecha y el otro a tu izquierda» «No saben lo que piden», respondió Jesús.
«¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?». «Podemos», le respondieron. «Está bien,
les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi
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izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se
los ha destinado mi Padre».

En respuesta, Jesús les preguntó si eran dispuestos a beber el cáliz que él mismo estaba a
punto de beber (cf. Mt 20, 22). Con estas palabras Jesús quiso abrir sus ojos a la manera
que va a establecer su reino. No se trataba de poder política como los reyes del mundo. Se
trata de sacrificio y servicio.

En los días después de a la resurrección, Juan narra la ocasión cuando los “hijos de
Zebedeo” fueron pescando con Pedro y unos otros discípulos. No lograron de pescar nada.
En la mañana, vieron a Jesús en la orilla aunque no lo reconocieron. Tras la pesca
milagrosa, Juan fue el primero en reconocer al Señor (cf. Jn 21, 1-13).

Dentro de la Iglesia de Jerusalén, Juan ocupó un puesto importante. Pablo lo incluye entre
las “columnas” de la comunidad (cf. Ga 2, 9). San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles,
lo presenta junto a Pedro en el templo (cf. Hch 3, 1-4. 11) y ante el Sanedrín, dando
testimonio a su fe en el Resucitado (cf. Hch 4, 13. 19). Juan fue enviado con Pedro para
confirmar a los conversos en Samaria en el don del Espíritu Santo (cf. Hch 8, 14-15).


2. El discípulo amado

Una de las curiosidades con el evangelio es que Juan nunca menciona a sí mismo por su
nombre. Más bien, lo que descubrimos es un discípulo anónimo quien Jesús amaba.

Durante la última cena leemos: “Uno de ellos – el discípulo al que Jesús amaba – estaba
reclinado muy cerca de Jesús” (Jn 13, 23). Está mencionado así también en otros textos:
Juan 19:26 (al pie de la cruz); 20:2 (después de la resurrección); 21:7 (y en la última escena
con Pedro).

Encontramos un discípulo anónimo en el inicio del evangelio que era un discípulo de Juan
el Bautista (Jn 1:35-40). Este comenzó de seguir a Jesús, después de escuchar el testimonio
de Juan. Fueron dos discípulos por la tarde, que quedaron con Jesús. Uno, es nombrado el
día siguiente como Andrés el hermano de Simón Pedro. Pero, el segundo discípulo queda
anónimo.

Hay un discípulo llamado el “otro discípulo” en Juan 18:15 y Juan 20:2; en este último
texto está identificado con el discípulo amado. El evangelio afirma que este discípulo sirve
como la fuente histórica de los hechos narrados en el evangelio.

Jn 19, 35: El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que
dice la verdad, para que también ustedes crean.

Quien narra puede ser alguien distinto que el discípulo amado. No es claro en sí mismo. O
existe esta ambigüedad. A veces las personas se refieren a sí mismo en la tercera persona.
En lugar de Yo sé que digo la verdad. Tenemos él sabe que dice la verdad.

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Encontramos lo mismo repetido en otras palabras un poco más adelante.

Jn 21, 24: Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las
ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.

El discípulo amado es un testigo ocular de Jesús y su ministerio. Sirve como la fuente de
los hechos. Pero, vemos aquí en este texto una comunidad detrás de él, atestiguando a la
veracidad de su testimonio (sabemos que su testimonio es verdadero).

Leyendo el evangelio, es evidente que el discípulo amado es un judío, un discípulo de Jesús
desde el inicio. Está presente en los momentos claves. Conoce los 12 y de su historia. Tiene
un buen conocimiento de Palestina, de Jerusalén, y de la aristocracia sacerdotal en
Jerusalén. Nos ofrece detalles que no están en los otros evangelios. Por un proceso de
eliminación, realmente lo mejor opción sería el apóstol Juan como el discípulo amado y el
autor de su evangelio.

La tradición en la Iglesia siempre ha identificado el apóstol Juan como el discípulo amado.
Y la tradición también indica que Juan había escrito su evangelio en Éfeso después de
regresar de la isla de Patmos.

¿Por qué Juan quiso identificarse como el discípulo amado?

Creo que por Juan este hecho era la cosa más decisiva en su vida. Gozaba pensar en el
inmenso amor con que Jesús le amaba. Le llenaba de alegría y confianza. Era su identidad.
¿Quién soy yo? Soy el discípulo quien Jesús ama. No hay amor más que un amigo da su
vida por su amado. Y así, se fue con Juan. Jesús le amó hasta el extremo, hasta la cruz,
como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

También, la presencia de un discípulo amado en el evangelio es para nosotros. Juan quiere
que todos nosotros lleguemos a ser discípulos amados. Por la presencia de un discípulo
anónimo, podemos ponernos dentro de la escena. Podemos leer el texto como discípulos
amados. Podemos contemplar Jesús a través de sus ojos. Podemos escuchar sus palabras a
través de su amor, y así crecer en nuestra propia relación con Jesús. El Señor desea que
cada uno entre en una amistad personal con él.

Para realizarlo, no basta verlo y escucharlo exteriormente. Hay que convivir con Jesús.
Tenemos que quedar con Jesús por la tarde, como los primeros.

3. La tradición sobre Juan en Éfeso

Como hemos dicho, la tradición nombra el apóstol Juan el discípulo amado. Escribió su
evangelio en Éfeso cerca el año 98 d. C. Entonces es el último evangelio escrito, y
probablemente baste tiempo después de los otros. Considero los otros tres haber sido
escrito antes el año 70. Hay día típicamente toman el evangelio de San Marco como el
primero evangelio escrito. Después San Mateo y San Lucas.

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Encontramos fragmentos del evangelio de San Juan en papiros datados desde del año 125
(los papiros Bodmer). Fueron descubiertos en Egipto. Esto cuadra con la fecha que hemos
propuso por la composición. Tenemos que anticipar que pasa algún tiempo para multiplicar
y difundir copias del evangelio.

Aquí vemos un poco del testimonio de la tradición.

San Ireneo (130-202 d. C.), era obispo de Lyon y discípulo de San Policarpo. Dijo que San
Mateo escribió su evangelio en la lengua de los hebreos cuando San Pedro y San Pablo
evangelizaban en Roma, quiere decir en un momento de los 60's. Después la muerte de
Pedro, San Marcos transmitió por escrito la predicación de San Pedro. San Lucas, un
discípulo de San Pablo, escribió su evangelio a los gentiles. Por último, San Ireneo dijo que
San Juan escribió su evangelio en Éfeso, donde le permaneció hasta el tiempo de Trajano
(98-117 d.C.).

… Por fin Juan, el discípulo del Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn
21:20; 13:23), redactó el Evangelio cuando residía en Efeso…. (Ireneo de Lyon,
Adversus haereses Libro III,1,1).

… todos los presbíteros de Asia que, viviendo en torno a Juan, de él lo escucharon,
puesto que éste vivió con ellos hasta el tiempo de Trajano. Algunos de ellos vieron
no sólo a Juan, sino también a otros Apóstoles, a quienes han escuchado decir lo
mismo. (Ireneo de Lyon, Adversus haereses Libro II, 22,5).

Finalmente la Iglesia de Éfeso, fundada por Pablo, y en la cual Juan permaneció
hasta los tiempos de Trajano, es también testigo de la Tradición apostólica
verdadera. (Ireneo de Lyon, Adversus haereses Libro III,3,4).

La permanencia de Juan el Apóstol en Éfeso es conocida igualmente por Clemente de
Alejandría (hacia el año 200), quien refiere que “Juan, después de la muerte del tirano
(Domiciano), regresó de la isla de Patmos a Éfeso”. Citado por Eusebio de Cesarea.
Historia Ecclesiae, III, 23, 6.

El escritor Orígenes (185-254), principal teólogo del cristianismo hasta Agustín de Hipona,
dijo que:

Juan, el hijo de Zebedeo, dice en su Apocalipsis[...] [...]Una vez más, en su
descripción del Logos de Dios en el Apocalipsis, el Apóstol y Evangelista (y el
Apocalipsis le da también el título de profeta) dijo que vio la Palabra de Dios en el
cielo abierto[...] [...] ¿Qué vamos a decir de él, que se apoyó en el pecho de Jesús,
a saber, Juan, que dejó un Evangelio, a pesar de confesar que él podría hacer
tantos que el mundo no los contendría? Pero también escribió el Apocalipsis [...].
Orígenes, «Comentario sobre el Evangelio de Juan»

Canon de Muratori. Es un fragmento de un libro que ofrece una lista de los libros
sagrados del Nuevo Testamento. Le parece que fue producido cerca al año 170 d. C. No
tenemos todo el libro, pero habla del evangelio de Juan así.
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El cuarto evangelio es de Juan, uno de los discípulos. Cuando sus condiscípulos y
obispos le animaron, dijo Juan, “Ayunad junto conmigo durante tres días a partir
de hoy, y, lo que nos fuera revelado, contémoslo el uno al otro”. Esta misma noche
le fue revelado a Andrés, uno de los apóstoles, que Juan debería escribir todo en
nombre propio, y que ellos deberían revisárselo.

Vemos aquí en la tradición lo que hemos visto en el evangelio mismo. El apóstol Juan es el
testigo de los hechos narrados, pero no escribió su evangelio aisladamente. Ya, detrás de él
está la comunidad de Éfeso. No tenemos que aceptar todo como verdad. Por ejemplo,
cuestionamos que Andrés, uno de los apóstoles está en Éfeso en este momento. Más, es que
ver la tradición sobre el evangelio de Juan en relación con la comunidad de Éfeso. Esto es
mi punto.

Durante las persecuciones de Domiciano, San Juan fue desterrado a la isla de Patmos.
Después de la muerte de Domiciano, en el año 96, San Juan pudo regresar a Éfeso.
Permanecía allí hasta el tiempo del Trajano (98-117). Allí es cuando escribió su Evangelio.
Ya, es anciano. Había meditado mucho sobre los hechos. Tiene a mano si quiere los otros
tres evangelios. No tiene que decir lo mismo que contienen los otros, y puede
complementar los otros evangelios tanto en extensión como en profundidad. Puede narrar
hechos que no fueron incluidos en los otros.

En este momento, no existía el Templo en Jerusalén. La ciudad y su templo fueron
destruidos por los romanos. Quedaban solamente los recuerdos de los sobrevivientes de la
vida allí en tiempos de Jesús. Juan nos da datos importantes sobre el ministerio de Jesús.
Particularmente, Juan toca el ministerio de Jesús antes del martirio de Juan el bautista, y del
ministerio de Jesús en Jerusalén.

Los evangelios sinópticos comienzan su narración del ministerio de Jesús después del
martirio de Juan Bautista. Su ministerio desarrolla principalmente en Galilea. Cerca al final,
Jesús sube a Jerusalén por la Pascua donde fue crucificado. Todo pudo haber sido ocurrido
en un solo año.

Es de Juan que aprendimos que Jesús subía a Jerusalén por las grandes fiestas. Juan narra
tres pascuas. Y Juan narra de la actividad de Jesús en Jerusalén durante estas fiestas. Juan
narra las fiestas, y vemos en los discursos de Jesús detalles sobre como celebraban las
fiestas en aquel entonces.

Seguramente la Iglesia de Éfeso consiste en su mayoría cristianos convertidos del
paganismo. La iglesia en general es algo más de los gentiles que los judíos. Como sabemos,
Pablo quedaba mucho tiempo en Éfeso. Éfeso se convirtió en el centro de su actividad
misionera durante tres años, 54-57 d. C. (Hch 20,31).

Pablo no menciona Juan en sus cartas. Pero, tampoco es necesario que lo mencione. La
carta que conocemos como la Carta a los Efesios, era probablemente más una carta
encíclica a la región que una carta específicamente dirigida a los efesios. La otra opción es
que Juan se estableció en Éfeso después de la tercera misión de San Pablo.
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Éfeso era la ciudad más importante de Asia. Era una puerta al mediterráneo. El comercio
del oriente va a pasar por sus carreteras llegando al puerto. Era el pórtico de Asia. Era una
ciudad rica e importante.

Dentro del imperio Romano era una ciudad libre. Tenía un gobierno independiente en
ciertos respectos. Estaba exenta de albergar guarnición de tropas romanas. Era una ciudad
judicial. Los gobernadores romanos pasando por la zona establecieron sus tribunales allí
para juzgar los casos más importantes. En Éfeso se celebraban los juegos atléticos más
famosos de Asia, que atraían a personas de toda la provincia.

Éfeso era el centro del culto de Artemisa, o Diana de los efesios. El Templo de Artemisa
era una de las siete maravillas del mundo antiguo. Éfeso tenía también templos famosos
dedicados a la divinidad de los emperadores romanos Claudio y Nerón. La religión pagana
era muy fuerte en Éfeso.

Ciudad mixta. Muchos habitantes de todos partes. Religiones de todos tipos. Supersticiones
de todos tipos. Filosofía y cultura griega.

Heráclito era su filósofo más famoso, presocrático.

Pablo permanecía allí más tiempo que en cualquiera otra ciudad (54-57). De allí
evangelizaba toda la zona.

4. Juan el presbítero

A veces los estudiosos mencionan otro Juan, llamado el “presbítero Juan” para distinguirlo
del apóstol, en conexión con el evangelio. Encontramos su fundamento en los escritos de
Eusebio de Cesarea (muerto c. 338), el primer historiador de la Iglesia. Según él, le parece
que el presbítero Juan también logró una fama en la Iglesia de Éfeso y un prestigio
semejante el apóstol Juan. Eusebio depende del otro autor, llamado Papías. Eusebio,
interpretando Papías, llegó a la conclusión que hubo dos Juanes en Éfeso. Pero, no vemos
este personaje mencionado en los padres de la Iglesia, como San Ireneo u Origen, los que
hemos mencionado arriba.

Lo que dijo Eusebio sobre los libros de Papías

Libro 3
XXXIX
4.«Y si alguna vez llegaba alguien que había seguido a los ancianos, yo observaba las
palabras de los ancianos, que era lo dicho por Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o
Jacobo, o Juan, o Mateo, o por cualquiera de los otros discípulos del Señor, e incluso lo
que decían Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor, pues creí que no obtendría
el mismo provecho de lo que aprendiera de los libros como lo aprendía por medio de
una voz viva y perdurable».
5. Merece la pena indicar que menciona dos veces el nombre de Juan. El primero lo
adjunta a la lista de Pedro, de Jacobo, de Mateo y de los restantes apóstoles (claramente
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refiriéndose al evangelista); el segundo, una vez concluido el discurso, lo pone junto
con otros, separado de los apóstoles y precedido por Aristión, llamándole más
claramente anciano.
6. De este modo queda demostrada la veracidad del relato de los que afirman que hubo
varones con este mismo nombre en Asia, y en Éfeso dos tumbas que todavía ahora
ambos dicen que son de Juan. Es preciso detenerse en esos detalles porque seguramente
el segundo, si no se quiere primero, fue quien vio la revelación que lleva el nombre de
Juan.

Quizás Eusebio estaba interpretando mal lo que Papías había escrito al respecto. La
existencia de dos personas distintas no está uniformemente aceptada por todos los
estudiosos. Pero, es típica hoy verlo, por eso menciono. Menos de acuerdo va a ser sobre el
papel que la segunda Juan juega.

En cuanto el autor del evangelio, Eusebius opina que es Juan apóstol. Le llama aquí en esta
cita el evangelista. Entonces, Eusebius, identifica el apóstol Juan con el discípulo amado y
el evangelista o autor del evangelio que lleva su nombre.

Una vez que aceptamos la presencia de este segunda Juan, surgen preguntas sobre su
relación con los escritos joánicos. Las cartas no se identifican como habiendo sido escritos
por el apóstol.

2 Jn 1, 1: Yo, el Presbítero –y no sólo yo, sino también todos los que han conocido
la verdad– saludo a la Comunidad elegida y a sus miembros, a los que amo de
verdad

3 Jn 1, 1: Yo, el Presbítero, saludo a mi querido hermano Gayo, a quien amo de
verdad.

Vamos a ver que las cartas están realmente estrechamente relacionadas con el evangelio en
cuanto estilo y temas. Juan apóstol podría referirse como Presbítero. Ya, es anciano. Quizás
no quiso imponer su autoridad como apóstol, y humildemente se refirió a si mismo así.

Pero, con Eusebio vemos por lo menos cuestiones sobre la identidad del autor de las cartas.
Si aceptamos que fueron escritos, por lo menos la segunda y la tercera por Juan Presbítero,
y que están relacionados tanto con el evangelio, entonces, tiene que preguntarse sobre el
papel que había jugado Juan Presbítero con el evangelio, a pesar de las afirmaciones de
Eusebio al respecto.

SON TEORIAS.

Aquí es lo que Papa Benedicto había dicho al respecto en su libro, Jesús de Nazaret.

Lo que dijo el Papa Benedicto en su libro Jesús de Nazaret.

A este respecto es importante un dato que aporta el historiador de la Iglesia
Eusebio de Cesarea (muerto c. 338). Eusebio nos informa sobre una obra en cinco
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volúmenes del obispo Papías de Hierápolis, fallecido hacia el año 120, en la que
habría mencionado que él no había llegado a ver o a conocer a los santos
apóstoles, pero que había recibido la doctrina de aquellos que habían estado
próximos a ellos. Habla de otros que también habían sido discípulos del Señor y
cita los nombres de Aristión y un “presbítero Juan”. Lo que importa es que
distingue entre el apóstol y evangelista Juan, por un lado, y el “presbítero Juan”,
por otro. Mientras que al primero no llegó a conocerlo personalmente, sí tuvo
algún encuentro con el segundo (Eusebio, Historia de la Iglesia, III, 39).

Esta información es verdaderamente digna de atención; de ella y de otros indicios
afines, se desprende que en Éfeso hubo una especie deescuela joánica, que hacia
remontar su origen al discípulo predilecto de Jesús, y en la cual había, además, un
“presbítero” Juan aparece en la Segunda y en la Tercera Carta de Juan (en ambas,
1, 1: 2 Jn 1, 1, 3 Jn 1, 1) como remitente y autor, y sólo con el título de “el
presbítero” (sin mencionar el nombre de Juan). Es evidente que él mismo no es el
apóstol, de manera que aquí, en este paso del texto canónico, encontramos
explícitamente la enigmática figura del presbítero. Tiene que haber estado
estrechamente relacionado con él, quizá llegó a conocer incluso a Jesús. A la
muerte del apóstol se le consideró el depositario de su legado; y en el recuerdo,
ambas figuras se han entremezclado finalmente cada vez más. En cualquier caso,
podemos atribuir al “presbítero Juan” una función esencial en la redacción
definitiva del texto evangélico, durante la cual él se consideró indudablemente
siempre como administrador de la tradición recibida del hijo de Zebedeo.

En la tradición de la Iglesia Juan apóstol siempre fue considerado el autor del evangelio,
escribiéndolo en Éfeso cercando el fin del primer siglo, cerca 98 d. C. Pero, leyendo el
texto mismo hay anomalías en el texto que sugiere que el proceso era más complicado,
aunque no tenemos los elementos para reconstruir todo.

1. El prólogo. Tiene un estilo diferente. Es obvio. El evangelista (o alguien) puso como
introducción al evangelio. ¿Fue Juan apóstol? ¿Otro? ¿Existía en una forma antes, que el
evangelista tomó y adaptó a su manera? ¿Qué era la forma original? Importante este palabra
Logos. Pero, la palabra no aparece después en el evangelio.

2. Los dos conclusiones al evangelio. Capítulo 21 es como un apéndice. ¿Cómo se formó?
¿Cómo fue puesto al evangelio? ¿Por quién?

3. Las certificaciones sobre su veracidad. Atestiguan a la veracidad de los hechos.

Jn 19, 35: El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que
dice la verdad, para que también ustedes crean.

La verdad sobre el hecho de la crucifixión y que salieron agua y sangre del costado de
Jesús.

Jn 21, 23-25: Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel
discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «El no morirá», sino: «Si
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yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?». Este mismo discípulo es
el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su
testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata
detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que
se escribirían.

Los hermanos – la comunidad en Éfeso. ¿Pero quién está hablando?

Una certificación de la comunidad a la veracidad del evangelio. En este momento en la
Iglesia hay la práctica de copiar los escritos de los apóstoles y enviarlo a otras
comunidades. Ya, están en circulación las cartas de San Pablo, los evangelios sinópticos.
Podemos anticipar que la comunidad va a copiar el evangelio y enviarla a Roma, a Corinto,
a otras comunidades, etc. Entonces, viene con la certificación.

Pero, otros partes fueron tocados por otras manos que Juan. No llegamos a certezas. Algo
complicado sí, pero tampoco es necesario exagerarlo.

4. La mujer adúltera (7,53-8,11). El relato no aparece en numerosos códices. Generalmente
aceptan la opinión que no formó parte del evangelio de Juan. Un texto aparte por otro autor.
No sabemos cómo lo llegó. ¿Es de Lucas?

Hoy hablan de la escuela joánica y redactores. Es evidente que hay toques al recuerdo de
San Juan. Hemos leído uno, que no sea de San Juan mismo.

Los redactores son como los editores que habían puesto el libro en su forma final. Pero, la
forma final es la única forma que tenemos. No tenemos copias de textos más primitivos. No
podemos concluir que estos no existían simplemente porque no sobrevivió ningún
ejemplar. Pero, tampoco tenemos otra prueba de su existencia, más que algunas anomalías
en el texto actual, que la teoría del redactor final puede explicar (duplicaciones,
principalmente).

Son teorías. Son teorías. Son teorías. Pueden ser muy complicados.

Un ejemplo.
Etapa 0: el apóstol Juan, hijo de Zebedeo
Etapa 1: la escuela joánica: teólogos y predicadores.
Etapa 2: el evangelista-escritor.
Etapa 3: el redactor-recopilador.

Aceptando San Juan como el discípulo amado, podemos preguntarnos sobre el porqué de
esta identificación.

En el método histórico-critico buscan de identificar los fuentes, y de los fuentes su forma
original. No estoy convencido que realmente ayudan. Al final tenemos que interpretar el
texto que tenemos.

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Ejemplo. ¿El prólogo era un himno preexistente al Logos? ¿Su forma original? Como se
adaptó Juan o el evangelista.

Formas dentro. Es Juan apóstol. Que dijo. Ver cada etapa y su aportación. No veo mucho
fruto. Interesante. Pero, ….

5. ¿El porqué del evangelio?

Cerca el fin del evangelio, Juan puso sus intenciones por escribir el evangelio.

Jn 20, 30-31: Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus
discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos
para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan
Vida en su Nombre.

Si queremos entender el evangelio de Juan, tenemos que leerlo bajo este óptica. Pero,
tampoco puede ser una lectura especulativa. Lo que promueve Juan es la conversión. Su fin
es que logramos a ver a Jesús con la visión de fe del discípulo amado. Creer que Jesús es el
Mesías.

Vamos a ver los diálogos que Jesús tiene con Nicodemo, con la Samaritana, tiene el fin de
llevarlos a la plenitud de la fe. La oración, un retiro, tiene este fin también. Fe. Suscitar la
fe en Jesús. Verlo primero como hombre. Conocemos Dios a través de la humanidad de
Jesús. Pero, no quedamos con solamente lo humano. Fe en Jesús como el Verbo encarnado.
Y a través de la fe, llegamos a la vida eterna. y creyendo, tengamos Vida en su Nombre.

El papel de Juan Bautista. Quizás, hubo algunos exagerando su importancia.

Explicar la situación de los judíos en relación con Jesús y el evangelio. Una explicación
porque han rechazado Jesús como el Mesías, y como se equivocaron en esto.

Combatir herejías sobre la divinidad de Jesús. Algunos como Cerinto negaban la divinidad
de Jesús. Jesús era nada más que un hombre. El Cristo descendió sobre él en el bautismo,
pero se fue antes la crucifixión. Quien murió era Jesús, no Cristo. Dualismo, ver en la
materia el principio del mal. Contra ellos es la fuerza del verbo encarnado. Y el verbo se
hizo carne. Juan va enfatizar la divinidad de Jesús, y que realmente sufrió en la carne.


6. Un evangelio diferente

El evangelio de Juan narra sobre todo el ministerio de Jesús en Jerusalén, relacionándolo
con las grandes fiestas de los judíos.

Los evangelios sinópticos comienzan con el martirio de Juan Bautista. Narran el ministerio
de Jesús en Galilea. Terminando allí, Jesús sube a Jerusalén para la crucifixión. Menciona
solamente un solo pascua.

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Juan menciona tres pascuas. Cubre claramente más tiempo. No es un año. Es partes de tres
años.

Los sinópticos presentan muchos milagros. Jesús enseña por medio de parábolas. Su tema
es el Reino de Dios. Estás cosas son ausentes en Juan.

Los discursos. En Juan tenemos grandes diálogos y discursos. No hay parábolas. Hay
grandes discursos, y a veces es difícil diferenciar entre que las palabras de Jesús y quien
narra. Es como un solo voz. Jesús habla como el evangelista y viceversa. A veces es difícil
ver cuando termina un dialogo y comienza un discurso.

Los diálogos y controversias. Los diálogos van a avanzar por malinterpretaciones, que
ofrece Jesús una oportunidad de explicar el sentido profundo de sus palabras. Jesús dice
algo enigmático. La persona típicamente va a tomar lo en sentido más literal y material.
Mientras Jesús tiene una interpretación más espiritual.


Nicodemo.

Jn 3, 3-4: Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede
ver el Reino de Dios.» Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer
cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y
volver a nacer?».

La Samaritana.

Jn 4, 10-11: Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te
dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua
viva». «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo.
¿De dónde sacas esa agua viva?


El fin del dialogo es llevar la persona a la plenitud de la fe en Jesús como el Mesías, el Hijo
de Dios. Y leyendo los diálogos, Juan nos lleve nosotros a la plenitud de la fe en Jesús.

En las controversias, las personas mantienen su oposición o su increencia en Jesús. Ejemplo
del hombre nacido ciego en contraste con los judíos. Los mismos hechos llevan algunos de
la fe en Jesús, pero otros no. Obstinantes.

El griego de Juan es sencillo. Representa la koiné hablada. Tiene la sencillez de un niño
hablando. Pero, a la vez es muy profundo. Es una obra madura, pensada, meditada por
mucho tiempo. Lo que está presentado está bien pensado. Pensamos en los milagros. No
son milagros. Son signos, 7 signos en total.

Es un estilo uniforme (a parte del prólogo). No hay diferentes estilos según los personajes,
ni entre Jesús y el autor. Es difícil ver cuando termina Jesús hablando, y que sea la
reflexión teológico sobre sus palabras por parte del autor.
13


Palabras importantes en Juan que no aparecen tanto en los sinópticos: verdad, conocer,
vida, judíos, mundo, testimonio, ser enviado, luz.

Palabras importantes en los sinópticos que no aparecen en Juan, o de segundo plano:
evangelio, reino, fuerza, llamar, purificar, proclamar, conversión, parábola.

Diferentes palabras reflejan diferentes puntos de vistas, diferentes temas de interés. Juan va
a seguir más o menos la misma trayectoria que los otros, llegando a la crucifixión. La
pasión está en todos. La multiplicación de los panes. No todo es diferente.

No hay curaciones de posesos en Juan. Forman un parte importante de los milagros en los
sinópticos.

El reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en el evangelio. Este tema tan importante en
los sinópticos, no se presenta así en Juan. Juan centra todo en el misterio de Jesús. Todo se
relaciona con él. Ejemplo del templo.

Los sinópticos están compuestos en su mayor parte de pasajes sueltos o perícopas. Jesús
enseña con parábolas, o frases cortas fáciles de memorizar. Un discurso como el Sermón
del Monte, aunque varias capítulos, juntan frases y enseñanzas breves. Sentencias
independientes entre sí. Unidades literarias compactas. El contexto es menos importante. A
veces variaciones donde aparecen en los sinópticos.

Juan más compacto. Pensado. Meditado. Organizado.