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La combinación de todas las formas de lucha

:
¿Táctica y estrategia de quién?



Eduard Moreno T.

“No se puede tener interés […] por lo que aconteció en el pasado y
no interesarse por los acontecimientos presentes […]”

Edmund Wilson

Ayer, en medio de la gritería de los “uribistas” por defender lo indefendible, tanto el ex
presidente y ahora senador Álvaro Uribe, como su ideólogo y también senador de
bancada José Obdulio Gaviria, utilizaron un argumento histórico para atacar al sector de
la izquierda que dirigió el debate de control a un tipo de acción política que de a poco se
fue institucionalizando en el país. El argumento de los desconsolados “uribistas”
consistió en que la izquierda del senado que los denunciaba proviene de la vertiente
comunista que en el pasado promulgó la combinación de las formas de lucha como
accionar táctico y estratégico. En otras palabras –y esa era la intención de su defensa
estéril, no obstante, esto no se pude inferir tan mecánicamente de su argumentación, a
menos que se cierren muy bien los ojos-, lo que pretendía sostener es que la izquierda
del senado representa a las FARC. Este argumento lo único que demuestra es la miopía
histórica con la que nuestros “padres de la patria” miran para el pasado. Aclaremos,
entonces, que fue eso de la combinación de las formas de lucha y preguntémonos, al
final, cual fue el sector ideológico que mejor expresó esta táctica y estrategia.
La combinación de las formas de lucha fue una propuesta gestada en el seno del Partido
Comunista de Colombia entre la realización de su X y XI congreso a mediados de la
década de los sesenta y los setenta. Esta propuesta tenía como objetivo articular la lucha
campesina, con la creciente necesidad de formación política de la clase obrera en las
ciudades. Este posicionamiento también privilegiaba –y esto no se puede negar- la
utilización de la autodefensa armada en el contexto rural, escenario de conformación de
la lucha guerrillera, y la posibilidad de articulación política en una democracia cerrada a
las terceras fuerzas. Además -es importante ubicar este debate en sus condiciones
históricas-, la estrategia de La combinación de todas las formas de lucha de masas
intentó posicionar al partido en el “centro” de la discusión comunista mundial que
debatía los caminos para la toma del poder, lo que en el período opuso la propuesta
China a la perspectiva Soviética.
No obstante, entre 1966, año de la primera formulación de la estrategia, y 1985, año en
que la derecha del país atribuye su “implementación” con la aparición de la UP, las
fuerzas dispuestas en el escenario habían cambiado radicalmente. Para 1985, la
correlación de fuerzas entre el PCC y las FARC se habían trastocado, las FARC
llegaron a los diálogos de paz de la época como una fuerza autónoma, y en su interior el
peso del partido era escaso. De esta manera la premisa de Lenin en la que el partido
debería ser la cabeza de la lucha armada ya no tenía sentido. En la década de los
ochenta, y debido a las particularidades agrarias de Colombia, la guerrilla encarnaba la
cabeza de la lucha ideológica, dejando al partido en un segundo plano. De esta forma,
cuando se planteó la aparición de la U.P como un partido en el cual convergían distintas
vertientes de la izquierda, y su arraigo popular estremeció los cimientos de una sociedad
adormecida por las bombas del narcotráfico y el aumento de la violencia, empezó la
verdadera implementación de la combinación de las formas de lucha.
Pero contrario a lo que sostienen nuestros ilustres senadores de mentiritas, la estrategia
fue delicadamente utilizada, y resaltemos, muy bien utilizada, por la derecha del país.
Accionar ante el cual la izquierda –sin desconocer sus errores- se perdió bajo el
estruendoso olor a plomo y angustia. En un lapso de seis años la derecha logró acabar
con la U.P, asesinando a 7 congresistas, 13 diputados, 11 alcaldes, 69 concejales y
alrededor de 3.000 dirigentes y militantes de base. Y mientras esto pasaba, la derecha se
consolidaba como una hidra de tres cabezas representadas por el Paramilitarismo, el
Narcotráfico y la bendición del Estado. La izquierda se desarticuló después de la
masacre. Los pocos dirigentes que quedaron vivos salieron del país, los intelectuales se
refugiaron silenciosos en la precaria academia y los guerrilleros reafirmaron que la
dejación de las armas era un imposible.
Hoy no se puede negar que la izquierda ha cometido errores políticos y estratégicos por
los cuales está pagando con su fragilidad. Pero tampoco se puede negar que los últimos
quince años de la historia política del país han demostrado que la combinación de las
formas de lucha ha sido una estrategia victoriosa de la derecha. La constante
transposición de la violencia, la captación de dineros del narcotráfico y el
empoderamiento de las instituciones políticas del país es una realidad evidente. La
derecha radical logró, a partir de la utilización de esta estrategia, eliminar a la izquierda
por vía armada, debilitar la movilización social por medio de los medios de
comunicación, e imponer medidas regresivas por medio de un “caudillo chabacano” que
en su paso por el gobierno polarizó abiertamente al país. Y si de esto se quieren más
pruebas, solo basta decir que de los 102 Senadores electos en 2006, el 33%, están
siendo investigados por vínculos con el narcoparamilitarismo, así como 25 de 168
Representantes a la Cámara. Estamos hablando de vínculos institucionales con la
derecha armada, no con la izquierda.
Dicho esto, ¿para qué hablar entonces de la combinación de las formas de lucha como
argumento para atacar a la izquierda del país, si la historia ha demostrado que el
espectro ideológico que mejor utiliza esta estrategia es la derecha?