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J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”

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[agroalimentación para POLÍTICAS DE LA TIERRA]

Encuentro POLÍTICAS DE LA TIERRA
Tercera mesa de debate: HAMBRE Y ALIMENTOS
Ponentes: Christoph Golay, J oseph Schmidhuber, Francisco Gª Olmedo, J orge Riechmann, Pedro Arrojo
Salamanca, viernes 24 de junio de 2005



AGRICULTURA
DE VERDAD SOSTENIBLE
PARA EL SIGLO XXI (DIEZ TESIS)

J orge Riechmann

1. La sostenibilidad tiene que ver con el logro de formas de equilibrio entre las
distintas dimensiones de la actividad humana –ecológicas, sociales, económicas--,
sus consecuencias y sus objetivos. Hoy, por desgracia, agricultura, ganadería y
alimentación casi podrían servir como ejemplo paradigmático de desequilibrio.

Los desequilibrios en este ámbito son múltiples –desde la ruptura de ciclos naturales
básicos, como el del nitrógeno, hasta la acelerada pérdida de biodiversidad, tanto
natural como agropecuaria, pasando por la perturbadora desvalorización del trabajo
agropecuario y por la existencia de terribles bolsas de trabajo esclavo y trabajo
infantil en los sectores agrarios de algunos países--, pero uno de estos desequilibrios
resulta muy ilustrativo. Aunque hoy por hoy en el mundo existen recursos más que
suficientes para alimentar a todos los seres humanos de manera adecuada, sin
embargo casi la mitad de la población mundial está malnutrida, por defecto o por
exceso. Unos 1.200 millones de personas padecen desnutrición o carencias
alimentarias (entre los cuales 850 millones sufren hambre y desnutrición), mientras
que otros 1.200 millones, que ingieren un exceso de calorías, proteínas y grasas
animales, se enfrentan al sobrepeso y los problemas de salud que la mala dieta
origina
1
.

LA CARENCIA Y EL EXCESO (datos de 1996)
PAÍ S Por cent aj e de ni ños
menor es de ci nco
años con peso
i nsuf i ci ent e
PAÍ S Por cent aj e de adul t os
obesos
Bangl adesh 56 EE. UU. 55
I ndi a 53 Rusi a 54

1
Gary Gardner y Brian Halweil, “Nutrir adecuadamente a los desnutridos y a los sobrealimentados”, en Lester R.
Brown y otros: La situación del mundo 2000, Icaria, Barcelona 2000, p. 112.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


2
Et i opí a 48 Gr an
Br et aña
51
Vi et nam 45 Al emani a 50
Ni ger i a 35 Col ombi a 43
Fuente: Brian Halweil: “Sigue la desnutrición”, en Lester R.
Brown y otros, Signos vitales 2000, GAIA-Proyecto 2050/
Bakeaz, Madrid 2000, p. 121, a partir de múltiples fuentes.

Así como –en mi opinión-- el “maldesarrollo” puede deberse tanto a subdesarrollo
como a sobredesarrollo, las dietas pueden ser incorrectas tanto por desnutrición
como por sobrenutrición. En muchos países del Norte –y también, crecientemente,
en los estratos sociales más favorecidos de los países del Sur-- las dietas son tan
elevadas en calorías y saturadas en grasas animales, sal, azúcares y alimentos
procesados, y tan bajas en frutas y verduras, que los consumidores corre el riesgo de
contraer diabetes, enfermedades del corazón y otras amenazas para la salud.
Para más de mil millones de personas, las enfermedades del hambre; para
otros más de mil millones, las del sobrepeso. Así, emplear la expresión
“sobredesarrollo” para referirnos a las zonas más industrializadas del planeta está
lejos de ser un exceso retórico. Estos centenares de millones de personas malnutridas
por exceso revelan con claridad que más no siempre es mejor. Por debajo de un
umbral mínimo (que la FAO establece en las consabidas 2.200 Kcal.) se padece
desnutrición, pero existe también un umbral máximo a partir del cual consumir más
mina la propia salud del individuo.
En España, por ejemplo, hemos asistido en los últimos cuatro decenios a un
deterioro de la calidad de la dieta promedio, debido al exceso de consumo de carne y
grasas y al déficit de fibra vegetal e hidratos de carbono.
2
Los españoles y españolas
comíamos mejor en 1965 que en 2005, como muestran las comparaciones entre los
consumos efectivos de ambos años y la dieta mediterránea patrón, nuestro ideal de
nutrición
3
. De hecho, a comienzos del siglo XXI el avance de la obesidad y el
sobrepeso es "una epidemia", según la Ministra de Sanidad Elena Salgado (rueda de
prensa del 10 de febrero de 2005), que ha hecho saltar todas las alarmas. Afecta ya a
más de la mitad de la población (el 13,6% de los adultos españoles que es obeso, y el
36,8% que padece sobrepeso, según los datos de la Encuesta Nacional de Salud de
2003, hechos públicos en abril de 2005). Sólo quince años antes, en 1987, la
proporción de obesos era de apenas la mitad (un 7’4%).
4



2
El consumo de grasas, ya a comienzos de los noventa, superaba un 82% las recomendaciones de FAO/ OMS, el de
proteínas un 71%, y en cambio el déficit de carbohidratos asciende al 12% y el de fibra vegetal al 14% en promedio.
Los efectos patológicos de este desequilibrio son evidentes, y de hecho la mortalidad asociada a la dieta aumentó
rápidamente desde los años setenta del siglo XX. Las cifras proceden del Informe de la OMS para la Conferencia
Internacional de Nutrición de la FAO en diciembre de 1992, preparado con datos proporcionados por los Ministerios
españoles de Sanidad y Agricultura.
3
Traté el asunto con cierto detenimiento en Jorge Riechmann, Cuidar la T(t)ierra, Icaria, Barcelona 2003, p. 419-422.
4
El 10 de febrero de 2005 se lanzó en España la Estrategia Nacional para la Nutrición y la Prevención de la Obesidad.
Este proyecto se basa en la reducción voluntaria de las grasas, azúcares y sal de los alimentos, y pone especial énfasis
en la prevención infantil: la tasa de niños obesos se ha multiplicado por cuatro en veinte años. Véase Emilio de Benito,
“Un plan de lucha contra la obesidad”, El País, 11 de febrero de 2005; del mismo autor, “La población adulta que
padece obesidad casi se ha duplicado en 15 años”, El País, 27 de abril de 2005.
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3

2. Necesitamos una agricultura de altos rendimientos, y por ello en buena
medida intensiva: pero no al modo de la agricultura industrial convencional,
sino a través de una intensificación alternativa basada en la agroecología
(agricultura intensiva en conocimiento y en diversidad).

Estamos acostumbrados a entender que la agricultura intensiva, de altos
rendimientos, es intensiva en insumos químicos de síntesis y en energía (de origen
fósil). Esto corresponde a un modelo de monocultivos y control de plagas concebido
como una guerra química
5
que no podemos considerar sostenible.
Pero otra agricultura, sostenible de verdad y no por ello de bajos rendimientos,
sería intensiva en trabajo y en conocimiento, y su apuesta consistiría en trabajar a
fondo con la diversidad (tanto biológica como cultural): es claro que la agricultura
ecológica actual constituye un paso sustancial en esta dirección.
Se trata de modelos productivos que hacen hincapié en la intensificación
mediante la diversificación, tanto de los cultivos como del ganado y de sus formas de
integración; buscan no tanto sistemas fijos como agroecosistemas flexibles y
diversificados, adecuados a las particularidades de las condiciones edafológicas y
ecológicas locales donde se desarrollan, así como a los recursos humanos presentes
(conocimiento, mano de obra, formas organizativas, etc.)
6

Veamos un ejemplo sencillo de este tipo de intensificación alternativa basada
en la agroecología. En lugar de cultivar arroz en los arrozales clásicos, la técnica
denominada ISA (Intensificación Sostenible del Arroz) trasplanta semilleros mucho
más jóvenes; las plantas individuales están más espaciadas; el campo se riega a
intervalos periódicos (en lugar de quedar sometido a inundación permanente); y el
suelo es aireado durante toda la temporada. Con estos cambios relativamente simples,
la planta desarrolla un sistema radicular mucho más extenso que le proporciona
fuerza adicional para resistir sequías y enfermedades. Con la ISA, la producción
crece a 6-10 toneladas por hectárea, varias veces el promedio de dos toneladas de
arroz que se obtiene en gran parte del mundo.
7

Los agrosistemas diversificados, que dependan más de los procesos ecológicos
dentro del predio (enfoque agroecológico) y menos de los aditivos agroquímicos,
empezarán a funcionar por sí solos como algo parecido a los humedales, bosques y
praderas a los que reemplazaron (con el beneficio añadido de producir alimentos y
fibras, claro). Ésta es a mi entender la cuestión central. En una perspectiva de
sustentabilidad, no necesitamos agrosistemas supersimplificados e hiperintensivos

5
Así, por ejemplo, más del 80% del terreno cultivable en el “granero de EE.UU.” que constituyen estados como Iowa,
Illinois o Indiana está plantado sólo con dos cultivos: maíz y soja. Esto requiere un uso intensivo de plaguicidas y
fertilizantes químicos, ya que el monocultivo es una invitación al banquete para las plagas, y succiona gran cantidad de
nutrientes del suelo.
6
J uana Labrador y Miguel Ángel Altieri: Manejo y diseño de sistemas agrícolas sustentables, MAPA, Madrid 1995, p.
5.
7
Norman Uphoff: “Opportunities for raising yields by changing management practices: the system of rice
intensification in Madagascar”, en Norman Uphoff (ed.), Agroecological Innovations: Increasing Food Production with
Particpatory Development, Earthscan, Londres 2002.
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donde se produzcan grandes cantidades de productos de mediocre calidad, sino
agrosistemas más diversificados y equilibrados, más semejantes a los ecosistemas
naturales (principio de biomímesis
8
), que produzcan lo suficiente.


3. Se puede y se debería cultivar básicamente sin agrotóxicos; pero los
defensores de la agricultura ecológica no deberíamos ser dogmáticos en lo
referente a la fertilización con abonos inorgánicos de síntesis. Creo que, más allá
del discurso de la agricultura ecológica “en negativo” (no a la química de
síntesis), es bueno dar prioridad al discurso de la agroecología “en positivo”
(buena gestión agronómica y social de la diversidad).

Aunque sin duda hay que racionalizar el uso de los fertilizantes inorgánicos de
síntesis –que hoy empleamos mal en muchos casos, con los graves impactos
ecológicos subsiguientes--, no cabe concebir, para el siglo XXI, una agricultura de
alto rendimiento que pueda prescindir por completo de tales aportaciones. Algunos
autores estiman que el abono inorgánico es hoy responsable de un 40% de la
producción de cereales en el mundo.
9

“La producción actual de unos 80 millones de toneladas [de nitrógeno de síntesis] al año es
mayor que la cuantía total de nitrógeno que reciben las tierras de cultivo por sedimentación
atmosférica, biofijación y reciclaje de desechos orgánicos. En un mundo sin abonos
nitrogenados sintéticos el número de habitantes del planeta tendría que ser de 2.000 a 3.000
millones menos que el actual, según la calidad de la dieta que estuviésemos dispuestos a
aceptar. Esta dependencia no hará sino aumentar en el futuro: cuatro al menos de cada cinco
niños nacidos durante la próxima mitad de siglo en Asia, América Latina y Oriente Próximo
sintetizarán sus proteínas corporales a partir de nitrógeno fijado por la síntesis del amoniaco
de Haber-Bosch.”
10

Incluso en agricultura ecológica la fertilización es orgánico-mineral: junto a
estiércoles, compost, abonos verdes, etc., también se emplean abonos minerales
naturales. Por eso, en este asunto, creo que los defensores de una agricultura
sostenible no deben obcecarse demasiado. Es verdad que la fabricación de abonos
químicos nitrogenados y fosfatados es un proceso de alto impacto ambiental; pero si
hiciésemos un análisis de ciclo de vida completo de un abono mineral natural
importado del otro extremo del mundo, donde se extrajo del suelo en minería a cielo
abierto, no es posible saber de antemano qué resultado obtendríamos.
11


8
J orge Riechmann: “Biomímesis: el camino hacia la sustentabilidad”. En J orge Riechmann y otros, Industria como
naturaleza: hacia la producción limpia, Los Libros de la Catarata, Madrid 2003.
9
Lester R. Brown: “Alimentar a 9.000 millones de personas”, en La situación del mundo 1999, Icaria, Barcelona 1999,
p. 221.
10
Vaclav Smil, Alimentar al mundo –Un reto del siglo XXI, Siglo XXI, Madrid 2003, p. 56. En 1910 los químicos
alemanes Fritz Haber y Carl Bosch idearon un procedimiento barato –aunque altamente intensivo en energía-- para
sintetizar amoníaco a partir de hidrógeno, vapor de agua y nitrógeno atmosférico. Su aplicación industrial para la
fabricación de explosivos durante la primera guerra mundial abrió el camino para la oferta de fertilizantes sintéticos a
bajo precio, cuya aplicación en los países industrializados se generalizó en los años anteriores a la segunda guerra
mundial y, sobre todo, después de esta guerra. El consumo de fertilizantes de síntesis en el mundo pasó de 14 millones
de toneladas en 1950 a más de 140 millones en 1990. Posteriormente se estancó e incluso retrocedió en los países
industralizados, pero ha seguido creciendo en los demás países.
11
La postura más prudente sobre los agroquímicos es seguramente la que ha expresado en repetidas ocasiones Antonio
Bello: es posible y deseable hacer agricultura sin ellos. Pero para problemas raros y circunstanciales donde las
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5
La situación varía regionalmente: mientras que, por ejemplo, en la España actual
cabe constatar un déficit global de materia orgánica, en países como Uruguay o
Guatemala cabría proponerse el 100% de fertilización orgánica
12
. Pero en todas
partes tiene que cambiar el uso inadecuado que hoy hacemos de los abonos
químicos, y que causa graves problemas ambientales y sanitarios.
Aunque no podamos prescindir de los fertilizantes de síntesis, es menester
reponer en el suelo cuanta materia orgánica sea posible, cerrando el ciclo de los
nutrientes (lo cual supone, hemos de ser conscientes de ello, “desespecializar” en
parte las explotaciones agropecuarias, reconstruyendo modelos de gestión integrada
agrosilvopastoril).
13



4. Una agricultura de verdad sostenible, practicada con criterios agroecológicos,
permitirá alimentar sin problemas a diez mil millones de seres humanos.

¿Puede concebirse una agricultura de verdad sostenible, a nivel mundial, lo
suficientemente productiva como para alimentar adecuadamente a la población? La
respuesta es que sí, sin duda, en términos globales
14
. Podemos mostrarlo de la mano
del sociólogo Robin J enkins y el ingeniero agrónomo J osé Luis Porcuna
15
, para
recurrir finalmente a un importante estudio de la FAO.

consecuencias de no obrar sean demasiado graves, cabría contar con ellos como último recurso, igual que tomamos
medicamentos (incluso con serios efectos secundarios) en ciertas crisis graves de salud...
12
Entrevista con el catedrático de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Almería J avier Tello: “El modelo agrícola
dominante está agotado”. SIREL 5 (boletín electrónico de Rel-UITA), del 7 de agosto de 2000.
13
Los residuos agrícolas suponen aproximadamente el 45% del total de residuos generados en España: una ingente
cantidad de materia orgánica que –junto con la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos-- tiene que dejar de
ser considerada un problema, para pasar a ser vista como un recurso. Se estima que los estiércoles disponibles en
España superan los 60 millones de Tm.; los residuos vegetales en las industrias de procesamiento –aceite, vino, azúcar,
madera—otros 50 millones de Tm; y los residuos orgánicos de las ciudades, en su mayor parte todavía no reciclados,
podrían suponer otro tanto. Tenemos, por tanto, aproximadamente 160 millones de toneladas de residuos orgánicos cada
año, que hoy constituyen un foco importante de contaminación (lixiviados que contaminan suelos y acuíferos, gases
explosivos, olores...), mientras que podrían compostarse para devolver a nuestros suelos una parte apreciable de la
fertilidad que les robamos. (Para estos datos, J oaquín Araujo, La muerte silenciosa. España hacia el desastre ecológico,
Temas de Hoy, Madrid 1990, p. 107-109; Antonio Lucena, Los residuos sólidos, Acento, Madrid 1998, p. 72-76; y
Alfonso del Val, “Aprovechamiento de residuos orgánicos fermentables”, Gaia 16, primavera 1999, p. 28-32.)
No resulta exagerado pensar que podríamos disponer de unos 120 millones de Tm. en todo el Estado, que
proporcionarían unos 40 millones de toneladas de compost. Dado que con 10 toneladas de compost por hectárea y año
(con aproximadamente el 40% de humedad y el 60% de materia orgánica) se consiguen ya buenos resultados, hoy por
hoy tenemos la posibilidad real de fertilizar orgánicamente unos cuatro millones de ha., más de la quinta parte de la
superficie cultivada del país. Otros cálculos indican que para elevar el contenido en materia orgánica de los suelos hasta
un mínimo del 2% (el promedio ideal sería del 3%), haría falta un aporte anual de 232 millones de toneladas de materia
orgánica durante 10 años. (TYS-CEOTMA: Estudio sobre aprovechamiento de basuras, producción y utilización de
compost. MOPU, Madrid 1980.) Hoy apenas se obtienen 500.000 toneladas al año de compost, la mayoría de calidad
mediocre.
14
Traté sistemáticamente este asunto en Jorge Riechmann, “La controversia sobre los rendimientos”, capítulo 9 de
Cuidar la T(t)ierra. Políticas agrarias y alimentarias sostenibles para entrar en el siglo XXI, Icaria, Barcelona 2003.
15
Cálculos basados en “La alternativa agroecológica”, ponencia de José Luis Porcuna en el curso de verano de la
Universidad Complutense de Madrid ”Riesgo tóxico”, El Escorial, 30 de julio al 3 de agosto de 2001. En cuanto a
J enkins, véase “Alimentos sin agroquímicos para 10.000 millones de seres humanos en el año 2020”, Boletín Vida
Sana, octubre de 1997.
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6
La población del planeta, según las previsiones de los demógrafos, se
estabilizará en algún momento del siglo XXI en menos de 10.000 millones de
habitantes. Sabemos por otra parte, según los estudios de nutricionistas y
bromatólogos, que las necesidades anuales de alimento para un adulto promedio
varían entre medio millón y un millon de kilocalorías (Kcal). Si tenemos en cuenta
que las necesidades de ancianos y niños son menores, se puede convenir en una
necesidad de 750.000 Kcal x 10.000.000.000 habitantes. Esto es, 7.500 billones de
Kcal por año.
16

Bien, supongamos que en promedio un kilogramo de alimento proporciona
3.000 Kcal
17
. La oportuna división arroja entonces la cifra de 2.300 millones de
toneladas anuales de alimentos, para nutrir a nuestra humanidad de 10.000 millones
de seres humanos. Dado que contamos con unos 1.300 millones de hectáreas de
cultivos, será necesario producir en promedio 1’7 toneladas de alimento por hectárea.
¿Resulta posible? Sabemos que la agricultura ecológica más autorrestrictiva, incluso
en las condiciones actuales de relativa desatención y subdesarrollo, puede producir
esas 1’7 tn/ha prácticamente para todos los tipos de productos incluyendo los
cereales, que constituyen la alimentación básica de la humanidad
18
. (Y hemos
ignorado en nuestros cálculos que existen también unos 3.000 millones de hectáreas
de pastos que pueden emplearse en la alimentación animal para el aprovechamiento
de la carne y otros productos animales...) Porcuna concluye:
“También podemos hacer los cálculos de otra manera, para asegurarnos de que hemos
utilizado parámetros y valores medios aproximadamente reales. Así, podemos dividir la
superficie total de cultivo de la Tierra entre los 10.000 millones de habitantes y obtenemos
que a cada habitante le corresponde una superficie agrícola de 0’13 has. y 0’3 has. de pastos,
es decir 1.300 m2 de tierra de cultivo y 3.000 m2 de superficie de pastos. Cualquier agricultor
sabe que esta superficie es más que suficiente para alimentar a una persona y en muchos
casos, con agricultura más intensiva, basta incluso para una familia.”
El informe de la FAO Agricultura mundial: hacia los años 2015/ 2030. Informe
resumido (FAO 2002; puede consultarse la versión electrónica en
www.fao.org/docrep) presenta la última evaluación de la FAO acerca del desarrollo a
largo plazo de la alimentación, la nutrición y la agricultura, en la línea de las que se
realizaron en 1995, 1988, 1981 y 1970. Las previsiones abarcan 140 países y 32
productos básicos tanto ganaderos como procedentes de la agricultura. Hay allí un
paso que resultan de especial interés para la cuestión que nos ocupa, donde se observa
que los rendimientos de la agricultura ecológica pueden ser inferiores entre un 10 y
un 30% comparados con la agricultura convencional de los países altamente
industrializados; pero
“en los países en desarrollo, sistemas orgánicos bien diseñados pueden proporcionar mejores
rendimientos, beneficios y rentabilidad por la mano de obra que los sistemas tradicionales. En
Madagascar, centenares de agricultores han descubierto que pueden multiplicar por cuatro sus
rendimientos del arroz, llegando hasta 8 ton./ha., utilizando procedimientos mejorados de

16
Para que la nutrición fuese equilibrada la dieta individual debería contener en promedio un 11% de proteínas, un 25%
de grasas y un 64% de hidratos de carbono, además de las cantidades adecuadas de fibra, vitaminas, oligoelementos,
etc.; pero podemos de momento ignorar esta cuestión cualitativa.
17
Los cereales proporcionan 3.300 Kcal. por kilogramo.
18
Hoy, los rendimientos medios mundiales –con grandes posibilidades de mejora-- son de 2’3 ton/ ha., en el caso de los
cereales.
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gestión orgánica. Experiencias de producción orgánica en zonas de bajo potencial como el
norte de Potosí (Bolivia), Wardha (India) y Kitale (Kenya) han mostrado que loss
rendimientos se pueden duplicar o triplicar respecto a los obtenidos utilizando procedimientos
tradicionales”
19
.
Esta observación diferenciada respecto al Norte y al Sur tiene una importancia
extraordinaria. Porque Europa, pongamos por caso, no necesita aumentar
rendimientos, sino precisamente desintensificar (aun a costa de una pequeña caída de
los rendimientos); mientras que en los países del Sur los necesarios aumentos de
rendimientos pueden conseguirse con agricultura ecológica. El mismo informe de la
FAO señala textualmente que “la agricultura orgánica se puede convertir en una
alternativa realista a la agricultura tradicional a lo largo de los próximos treinta años”.
Todo lo cual nos lleva a la conclusión de que es perfectamente viable alimentar
a la población humana presente y futura mediante una agricultura que cuide la tierra
y cuide la Tierra, practicada con criterios agroecológicos.


5. Parece aconsejable tomar nota de que en una sociedad sustentable habría que
emplear menos tierras de cultivo para producir carne, y más para producir
materias primas industriales.

Las demandas que la sociedad dirigirá a la agricultura no dejarán de crecer durante el
siglo XXI, también en ámbitos “no convencionales”. El final del insostenible modelo
de desarrollo basado en los combustibles fósiles y los materiales no renovables dará
paso, necesariamente, a sistemas que dependerán más de los recursos renovables que
cosecha la agricultura. No podemos concebir una sociedad sustentable que no se
base sobre la energía solar, la fotosíntesis y el “cierre de ciclos” de los materiales
20
.
Por eso, además de su tradicional papel como suministradora de alimentos, la
actividad agrícola tendrá que proporcionar un número creciente de materias primas
industriales: biomasa para diversos usos, biocombustibles líquidos, fibras,
biopolímeros, materiales estructurales, revestimientos, lubricantes, resinas, aceites
esenciales, hormonas vegetales, detergentes, diversas materias primas para una
“química verde”
21
, productos farmacéuticos, papel y cartón...
22



6. Para que los números cuadren, un componente básico de la ecuación es el tipo
de dieta. Una dieta demasiado carnívora hará tambalearse la seguridad

19
FAO: Agricultura mundial: hacia los años 2015/ 2030, op. cit.
20
J orge Riechmann: “Biomímesis: el camino hacia la sustentabilidad”. En J orge Riechmann y otros, Industria como
naturaleza: hacia la producción limpia, Los Libros de la Catarata, Madrid 2003.
21
En 1999 la Royal Society of Chemistry (Burlington House, Piccadilly, Londres) comenzó a publicar la revista
especializada Green Chemistry. La química verde, o química blanda, se basaría en materiales orgánicos cosechados de
forma sustentable, y trabajaría a partir de productos naturales como celulosa, almidón, lignina... Hay bastante
investigación austriaca y alemana al respecto.
22
Del cáñamo están identificados más de 2.500 usos industriales; del maíz, más de 3.500. Véase sobre esta cuestión
Yorick Benjamin y Hans van Weenen, Crops for Sustainable Enterprise, European Foundation for the Improvement of
Living and Working Conditions 2000.
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8
alimentaria del mundo (o exportará un exceso de daño ambiental hacia los
ecosistemas donde se integran los agrosistemas).

Las dietas típicas de los países “desarrollados” son muy ricas en carne; y a medida
que un país “subdesarrollado” ingresa en el estadio del “desarrollo”, sus habitantes
ascienden típicamente por la cadena trófica y consumen cada vez más carne. Pero
cuando comemos carne de animales criados con productos agrícolas --como soja o
maíz-- que podríamos consumir directamente perdemos entre el 70 y el 95% de la
energía bioquímica de las plantas (éste no es el caso de los rumiantes criados
extensivamente en pastizales, que no compiten por el alimento con los seres
humanos: nuestros estómagos no pueden digerir hierba o paja). Se trata de una
especie de “ley de hierro” de la alimentación: cada vez que se sube un escalón en la
cadena trófica, se pierden aproximadamente las nueve décimas partes de la biomasa.
Por ello, un aprovechamiento eficiente de los recursos alimentarios exige permanecer
en la parte baja de la cadena trófica
23
. Hoy, más del 40% de los cereales del mundo y
más de la tercera parte de las capturas pesqueras se emplea para alimentar la
excesiva cabaña ganadera de los países del Norte.
“La necesidad total de tierra en un mundo de nueve o diez mil millones de seres humanos
dependerá mucho de la composición media de las dietas y de la intensidad de cultivo. Una
dieta predominantemente vegetariana producida con cultivo muy intensivo no requeriría más
de 700/ 800 m2 por persona. Una dieta china razonablemente equilibrada de finales de los
noventa –que suministre unas 2.800 kcal/ día con aproximadamente un 15% de ese total
procedente de alimentos de origen animal— precisa en promedio de 1.100 m2 por persona,
utilizando métodos que incluyen desde un cultivo muy intensivo al cultivo único extensivo
(...). Por el contrario, la dieta occidental, con su alta proporción de carne y productos lácteos,
exige hasta 4.000 m2 por persona.”
24

A nivel global, casi la mitad de la producción mundial de grano se destina a
alimentar ganado, en un mundo donde la quinta parte de la población humana no
tiene alimento suficiente
25
. El Consejo para la Alimentación Mundial de las NN.UU.
ha calculado que dedicar a alimentación humana entre el 10 y el 15% del grano que
se destina al ganado bastaría para llevar las raciones al nivel calórico adecuado,
erradicando el hambre
26
. La masa total de cereales y leguminosas de grano que
consumían cada año, en la segunda mitad de los noventa, los animales criados para
comer su carne (más de 700 millones de toneladas) permitiría alimentar a más de
3.000 millones de personas con dieta principalmente vegetariana.
27




23
Otra manera de decir lo mismo es señalar que los animales criados en ganadería intensiva son convertidores de
energía bioquímica poco eficientes: para obtener un kilo de proteína de origen animal, en las sociedades industriales,
empleamos entre tres y veinte kilos de proteína de origen vegetal (según las especies y los métodos de cría intensiva
utilizados) que podrían consumir directamente los seres humanos.
24
Smil, Alimentar al mundo, op. cit., p. 42.
25
Son cifras de la FAO en 1995. Si se incluyen en el concepto de “malnutrición” carencias vitamínicas y de
oligoelementos como el hierro, entonces el número de malnutridos supera los 2.000 millones de personas según la FAO
(Goodland, “Environmental sustainability in agriculture: diet matters”, op. cit., p. 191).
26
Robert Goodland y otros: Environmental Management in Tropical Agriculture, Westview Press, Boulder (Colorado)
1984, p. 237.
27
Smil, op. cit., p. 179.
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9
7. En un “mundo lleno”, hemos de diseñar estrategias de gestión de la demanda
en ámbitos como el consumo de carne o pescado.

Hoy vivimos en un “mundo lleno” o saturado en términos ecológicos
28
.
Sustentabilidad implica respetar los límites, y eso supone cuestionar la idea de una
demanda humana perpetuamente expansiva, alimentada con cantidades siempre
crecientes de recursos (materiales y energía). La época en que las sociedades
humanas y sus economías eran relativamente pequeñas con respecto a la biosfera, y
tenían sobre ésta relativamente poco impacto, pertenece irrevocablemente al pasado.
Esto tiene múltiples consecuencias, alguna de las cuales puede chocar contra ideas
hondamente arraigadas.
Por ejemplo: en un “mundo lleno”, la idea de soberanía del consumidor es
anacrónica. En lugar de ello, los poderes públicos democráticos deberían diseñar
estrategias de gestión de la demanda para no superar los límites de sustentabilidad,
preservando al mismo tiempo en todo lo posible la libertad de opción. Y no sólo en
sectores donde la idea ya es de uso corriente, como el uso de energía o de agua, sino
también en otros donde aún no ha penetrado esta nueva perspectiva, en realidad en
todos los ámbitos donde surgen problemas de recursos, contaminación y escala
excesiva de la actividad humana: el consumo de carne y pescado, los transportes, el
uso de recursos minerales, la ordenación territorial, etc. Puesto que, en definitiva, la
economía es gestión de la demanda, no gestión de la oferta:
“Sostenibilidad [en lo que a gestión del agua se refiere] no es pasar de unas estrategias de
oferta basadas en el hormigón a otras, también de oferta, basadas en la desalinización. Lo
que se tiene que hacer es pasar a estrategias de gestión de la demanda y de conservación. Es
decir, debemos entender que el agua dulce es limitada, del mismo modo que lo es el petróleo,
la madera o el acero. No tiene sentido hablar de un déficit estructural de petróleo como no lo
tiene hablar de un déficit estructural de agua. Hace falta articular precios adecuados y
mecanismos de gestión de la escasez. Recordemos que la economía es gestión de la
demanda, no gestión de la oferta”
29
.
Ahora que –en la primavera de 2005-- el dramático problema de la sobrepesca ha
emergido a la conciencia de los españoles con el colapso del caladero cantábrico de
anchoa (o boquerón), deberíamos ser más receptivos a ideas semejantes. En los
sesenta se llegaron a pescar hasta 80.000 toneladas al año; luego las capturas han ido
reduciéndose casi hasta nada, 160 toneladas este año. Pese a que los científicos han
venido alertando desde 2001 del peligro que corría este recurso –y propusieron
reducir a la mitad la cuota pesquera--, el Ministerio de Agricultura, Pesca y
Alimentación descalificó estos informes, aliado con los pescadores. Y siguieron

28
Lo justifica convincentemente por ejemplo Robert Goodland, “La tesis de que el mundo está en sus límites”, en
Robert Goodland Herman Daly, Salah El Serafy y Bernd von Droste: Medio ambiente y desarrollo sostenible; más allá
del Informe Brundtland, Trotta, Madrid 1997, p. 19-36. He desarrollado esta idea en J orge Riechmann, “Sobre
biomímesis, autocontención y necesidad de reinventar lo colectivo”, epílogo de Un mundo vulnerable (segunda
edición), Los Libros de la Catarata, Madrid 2005.
29
Pedro Arrojo, “Un río es mucho más que agua” (entrevista), Debats Tecnològics 23 (Revista del Colegio de
Ingenieros Técnicos Industriales de Barcelona), Barcelona, enero de 2005, p. 91.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


10
negociando en Bruselas las cuotas de pesca más altas posibles
30
, y llevaron la
biomasa de boquerón por debajo del nivel de supervivencia (estimado en 21.000
toneladas).
El resultado hoy son varios miles de pescadores sin un recurso que explotar y
la incertidumbre sobre la capacidad de recuperación de este caladero. Los biólogos
señalan que puede ser ya tarde para que la anchoa se reponga. En peligro análogo se
encuentran especies tan populares como la merluza, la cigala, el rape y el gallo
31
.
Greenpeace sigue alertando:
“Ya no hay dudas sobre las enormes dimensiones que ha alcanzado la crisis de los océanos
debido al cambio climático, la contaminación química y, sobre todo, la actividad pesquera.
Pese a que ya había señales evidentes de agotamiento de los recursos, la industria pesquera
continuó su expansión en los noventa, argumentando que las capturas seguían aumentando.
Pero el aumento no era real sino producto de las mejoras tecnológicas que permiten localizar
y capturar un gran volumen de recursos, pese a su disminución, o llegar a zonas antes no
explotadas.
La cantidad actual de peces predadores en los océanos es aproximadamente el 10%
de la cantidad que existía en la época pre-industrial, una pérdida sin precedentes; muchas
poblaciones de cetáceos podrían desaparecer en las próximas décadas; la producción
pesquera ha estado descendiendo desde principios de los noventa; el 25% de los arrecifes de
coral ha desaparecido; el 25% de los bosques de manglar ha sido destruido en los últimos 20
años en buena medida para producir langostinos de cultivo para mercados de lujo. En todo el
mundo, especies de algunos grupos particularmente sensibles por su crecimiento lento, como
tiburones, rayas, ballenas y delfines, están atravesando situaciones críticas. En el
Mediterráneo la foca monje está al borde de la extinción, en el Mar Báltico, la marsopa
común están a punto de desaparecer. En el Canal de la Mancha las poblaciones de delfines
comunes están seriamente amenazadas.
El coste humano de esta crisis es también elevadísimo. El pescado es una fuente
fundamental e insustituible de proteínas animales para las poblaciones costeras de algunos de
los países más pobres del planeta. Sin embargo, el comercio internacional beneficia
fundamentalmente a los países ricos, que son responsables del 80% del valor de las
importaciones de productos de pesca.”
32

Hace apenas unos meses, la investigadora de la National Geographic Society Sylvia
Earle advertía de que la situación del fondo marino será crítica dentro de 10 ó 15
años, y amenazará la supervivencia del planeta, si no se emprenden medidas para
limitar la pesca y proteger al menos la mitad del ecosistema marino.
33

En definitiva, lejos de hallarnos ante los problemas “ingenieriles” de conseguir
siempre más alimentos, agua, energía, sistemas de eliminación de residuos, etc., en

30
El pasado mes de diciembre de 2004, la Comisión propuso una reducción de las cuotas admisibles para la anchoa,
pasando de 33.000 a 5.000 toneladas. España se opuso radicalmente y finalmente la Comisión mantuvo las 33.000
toneladas... con el lamentable desenlace que ahora se hace patente.
31
Rafael Méndez: “El caladero cantábrico de anchoa se colapsa por décadas de sobrepesca”, El País, 6 de junio de
2005.
32
Greenpeace, comunicado de prensa del 7 de junio de 2005. Se incluye también el siguiente “DECÁLOGO PARA
SALIR DE LA CRISIS DE LOS OCÉANOS. Reducir de forma significativa el tamaño de las flotas industriales;
reducir drásticamente el impacto de la actividad pesquera en los ecosistemas marinos y en las especies no objetivo de la
pesca, aplicando esta reducción a las prácticas más agresivas; proteger los derechos y medios de vida de los pescadores
artesanales; declarar una red global de áreas marinas protegidas; poner en marcha el Plan de Acción Internacional de la
FAO contra la pesca ilegal; luchar contra los efectos del cambio climático y las prácticas acuícolas destructivas
especialmente en ecosistemas de gran valor como arrecifes de coral o manglares; acabar con la contaminación marina;
establecer una moratoria sobre la pesca en zonas de alta biodiversidad de aguas profundas; garantizar la responsabilidad
ilimitada para las actividades industriales que causen daños al el medio marino; proteger los ecosistemas costeros.”
33
Agencia EFE, 19 de octubre de 2004.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


11
realidad tenemos sobre todo que resolver problemas filosóficos, políticos y
económicos que se refieren a la autogestión colectiva de las necesidades y los medios
para su satisfacción. En un “mundo lleno”, no se trata ya de un (imposible) aumento
indefinido de la oferta, sino de gestión global de la demanda.


8. La desestabilización de las economías agrarias locales, junto con la aplicación
despiadada de los dogmas liberales, produjo en el pasado verdaderos genocidios:
ésta es una de las razones que hoy tornan necesaria la perspectiva de soberanía
alimentaria. Razón especialmente relevante en una nueva fase de globalización
neoliberal y de privatización de los commons (bienes comunes que ahora
incluyen genes, tejidos, organismos vivos, etc.).

Mike Davis es autor de un importante libro –Late Victorian Holocausts-- que muestra
las conexiones entre las grandes hambrunas del último cuarto del siglo XIX y la
expansión del sistema capitalista mundial, y que aún está esperando su traducción al
castellano
34
. El sociólogo e historiador californiano propone una “historia secreta del
siglo XIX” o, con mayor precisión, del último cuarto del siglo --que junto con la
primera década del siglo XX ha sido llamado “la era dorada del capitalismo liberal”.
Casi todas las historias de este período, escritas desde el Norte, ignoran el hecho de
que, para millones de personas del Sur, éste fue un período de muerte, destrucción y
sufrimiento indescriptibles. Entre 30 y 50 millones de personas perecieron como
resultado de tres períodos de sequía y hambruna (1876-79, 1889-91 y 1896-1902)
durante esa “era dorada”: uno de los mayores holocaustos de la historia de la
humanidad. Frente a semejantes cifras, palidece incluso el millón de muertos de la
hambruna irlandesa de 1845-47...
¿Una catástrofe natural inevitable, consecuencia del fenómeno de “El Niño”
que entonces ni siquiera se comprendía? La conventional wisdom probablemente
sugeriría eso, pero la mirada del teórico marxista que analiza desde la perspectiva de
la ecología política es más aguda. Davis se pregunta:
“¿Cómo explicar el hecho de que en el curso del mismo medio siglo que vio en tiempo de
paz desaparecer de Europa Occidental el hambre, ésta se haya propagado de manera tan
devastadora a través de todo el mundo colonial? Asimismo, ¿cómo considerar las
declaraciones autosatisfechas a propósito de los efectos benéficos y salvadores de los
ferrocarriles y de los modernos mercados cerealeros, cuando se sabe que millones de
personas, en particular en la India británica, dejaron la vida a lo largo de las vías férreas y a
las puertas de los depósitos de cereales? Y en el caso de China, ¿cómo explicar la
impresionante pérdida de la capacidad de intervención del Estado en favor de las
poblaciones, en particular en materia de prevención del hambre, que parece asociarse
estrechamente a la ‘apertura’ forzada del imperio a la modernidad impuesta por los
británicos y las otras potencias coloniales?”
35

La tesis del pensador californiano es que

34
Mike Davis, Late Victorian Holocausts –El Niño Famines and the Making of the Third World, Verso, Londres y
Nueva York 2001.
35
Mike Davis: “En los orígenes del Tercer Mundo: las hambrunas coloniales, genocidio olvidado”. Le Monde
Diplomatique –edición Cono Sur--, 11 de abril de 2003.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


12
“no se trata de ‘tierras de hambre’ atrapadas en las aguas estancadas de la historia mundial,
sino de la suerte de la humanidad tropical en el preciso momento (1870-1914) en que su
fuerza de trabajo y sus recursos son absorbidos por la dinámica de una economía mundial
con centro en Londres. Estos millones de muertos no eran ajenos al ‘sistema del mundo
moderno’, sino que se encontraban en pleno proceso de incorporación a sus estructuras
económicas y políticas. Su trágico final tuvo lugar en plena edad de oro del capitalismo
liberal; en realidad, hasta puede decirse que muchos de ellos fueron víctimas mortales de la
aplicación literalmente teológica de los sagrados principios de Adam Smith, de J eremy
Bentham y de J ohn Stuart Mill. Y sin embargo, el único historiador económico del siglo XX
que parece haber entendido bien que las grandes hambrunas victorianas (al menos en el caso
de la India) eran capítulos inevitables de la historia de la modernidad capitalista, fue Karl
Polanyi en su obra de 1944, La gran transformación. Escribió: La fuente real del hambre de
los últimos cincuenta años es el mercado libre de cereales, combinado con una falta local de
ingresos”.
36

Davis ahonda en el análisis de Polanyi. Aunque el fenómeno de “El Niño” provocó la
ausencia de monzones, y la consiguiente escasez de agua y ruina de cosechas, por sí
mismo no puede explicar todo el desastre producido. Algunos países del Tercer
Mundo, por ejemplo China, poseían graneros estatales y locales para asistir a los
damnificados en tales contingencias. Un eficiente manejo hidráulico también
aseguraba una movilización eficiente para el alivio del hambre en esos sistemas,
mientras en otros, como en India, se habían diseñado sistemas de irrigación para
conservar agua por si faltaban las lluvias. Davis subraya que casi siempre las reservas
de cereales disponibles en otras regiones de los países en cuestión hubieran permitido
salvar a las víctimas de estas sequías. Nunca se trató de una escasez absoluta, excepto
quizás en Etiopía en 1899.
“En realidad, dos factores decidían la supervivencia o la muerte inevitable de las poblaciones
siniestradas: por una parte, los muy recientes mercados de materias primas y las
especulaciones sobre los precios que fomentaban, y por otra, la voluntad de los Estados, más
o menos influida por la protesta de las masas”
37
.
En el análisis del autor de City of Quartz y Ecology of Fear, los más de treinta
millones de muertos de hambre fueron triturados por tres de los más implacables
engranajes de la historia moderna. El primero era la catástrofe natural: la sequía
inducida por “El Niño”. Pero en su conexión con un segundo factor, a saber: la
economía capitalista mundial de la era victoriana, destructora de los sistemas locales
de producción para la subsistencia y también de los mecanismos tradicionales de
protección contra las hambrunas.
“Hasta los años 1870, a falta de una red internacional de vigilancia meteorológica, por
rudimentaria que fuese, los medios científicos eran apenas concientes de que era posible una
sequía de proporciones planetarias; igualmente, hasta inicios de esta misma década, las
campiñas de Asia aún no estaban suficientemente integradas a la economía mundial como
para poder proyectar o recibir ondas de choque susceptibles de recorrer la mitad del globo.
Pero los años 1870 ofrecieron numerosos ejemplos del nuevo círculo vicioso (...) que
vinculaba el clima y las variaciones de precios a través del mercado mundial de cereales. De
repente, el precio del trigo en Liverpool y los riesgos del monzón en Madrás pasaban a ser
otras tantas variables de una gigantesca ecuación que ponía en juego la supervivencia de
grandes masas de humanidad”
38
.

36
Davis: “En los orígenes del Tercer Mundo: las hambrunas coloniales, genocidio olvidado”, op. cit.
37
Davis: “En los orígenes del Tercer Mundo: las hambrunas coloniales, genocidio olvidado”, op. cit.
38
Davis: “En los orígenes del Tercer Mundo: las hambrunas coloniales, genocidio olvidado”, op. cit.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


13
Con el triunfo del liberalismo económico y la integración de las economías agrarias
locales en el mercado mundial, la seguridad alimentaria --cuestión de vida o muerte
para millones de personas del Sur-- quedaba sujeta a los vaivenes de los mercados
mundiales. Así, por ejemplo, en la India británica controlada por virreyes como
Lytton, el segundo Elgin y Curzon, el dogma librecambista y el frío cálculo egoísta
del Imperio justificaban la exportación a Inglaterra de enormes cantidades de
cereales, en medio de la más horrible hambruna.
El tercer engranaje de este catastrófico mecanismo histórico es el imperialismo
europeo moderno (con sus imitaciones en EE.UU. y J apón, en el período que estamos
considerando).
“Como demostró brillantemente J ill Dias en el caso de la dominación portuguesa en Angola
en el siglo XIX, el ritmo de la expansión colonial respondía con extraña regularidad al de las
catástrofes naturales y las epidemias. Cada gran ola de sequía daba luz verde a un nuevo
avance imperialista. Así, la sequía de 1877 en Africa del Sur permitió a Carnavon minar la
independencia del reino zulú, mientras que el italiano Crispi aprovechó la hambruna etíope
de 1889-1891 para promover su sueño de un nuevo imperio romano en el Cuerno de Africa.
La Alemania de Guillermo II supo también explotar las inundaciones y la sequía que a fines
de los años 1890 devastaron la provincia de Shandong (Shantung) para extender
agresivamente su área de influencia en el norte de China, mientras que Estados Unidos
utilizaba el hambre inducida por la sequía y la enfermedad como otras tantas armas para
aplastar mejor la resistencia de la república filipina de Aguinaldo.”
39

Las consecuencias históricas de estos procesos son de la mayor importancia, y se
prologan hasta nuestros días:
“Lo que hoy llamamos el ‘tercer mundo’ (un término forjado durante la Guerra Fría) es el
resultado de desigualdades de ingresos y recursos --la famosa ‘brecha del desarrollo’-- que
tomaron forma de manera decisiva durante el último cuarto del siglo XIX, cuando vastas
poblaciones campesinas del mundo no europeo se integraron a la economía mundial. Como
otros historiadores señalaron recientemente, si bien es cierto que en tiempos de la toma de la
Bastilla las principales formaciones sociales del planeta registraban en su seno una fuerte
diferenciación vertical entre las clases, esa diferenciación no se reproducía como una
diferencia abismal de ingresos entre esas distintas sociedades. La diferencia de nivel de vida
entre, por ejemplo, un pobre francés y un campesino del Decán era relativamente
insignificante con relación a la que separaba a cada uno de ellos de su respectiva clase
dirigente. Por el contrario, a fines de la era victoriana, la desigualdad entre las naciones era
tan profunda como la desigualdad entre las clases. La Humanidad estaba irrevocablemente
dividida en dos.”
40

Finalizado el terrible siglo XX, se puede escribir el libro negro del fascismo/
nazismo; se puede escribir el libro negro del comunismo; y se puede escribir el libro
negro de la democracia liberal. Todos tenemos nuestros muertos a la espalda, y no
podemos eludir el deber de autocrítica. Pero la brújula para orientarnos dentro de esa
espesura sangrienta sólo puede ser: del lado de los vencidos. En cada caso, y sin dejar
nunca de reparar en las manchas sobre nuestra propia camisa, del lado de los
vencidos.



39
Davis: “En los orígenes del Tercer Mundo: las hambrunas coloniales, genocidio olvidado”, op. cit.
40
Davis: “En los orígenes del Tercer Mundo: las hambrunas coloniales, genocidio olvidado”, op. cit.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


14
9. Sabemos (al menos desde que leímos La gran transformación de Polanyi) que
los factores de producción (naturaleza, trabajo, capital) no deben tratarse como
mercancías. Hoy, sabemos también que los bienes básicos cono medicamentos,
agua, alimentos o bienes culturales no son tampoco mercancías ordinarias. En
lugar de libre comercio, deberíamos promover el comercio justo.

En la primavera de 2001 llegó a buen puerto una campaña internacional cuya
importancia resulta imposible exagerar. Enfermedades infecciosas que se cobran
millones de vidas en los países pobres del Sur podrían tratarse con medicamentos que
ya existen
41
, pero que están protegidos por patentes que poseen las transnacionales
farmacéuticas del Norte, lo que los encarece hasta hacerlos inasequibles para quienes
más los necesitan. Éste es el caso, en particular, de los tratamientos antirretrovirales
contra el SIDA. Pues bien: han bastado unos meses de presión conjunta de ONG
como Oxfam y Médicos sin Fronteras –que han denunciado esta situación en una
campaña de alcance mundial--, y de países como Suráfrica, la India y Brasil, que se
han saltado conscientemente las normas de propiedad intelectual para producir
medicamentos genéricos a bajo precio –contra enfermedades como el SIDA, la
malaria o la tuberculosis--, para dar un vuelco a la situación. En abril de 2001, la
Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud
(OMS) han llegado a un acuerdo para implantar un sistema de precios diferenciados,
de manera que los fármacos sean más baratos en los países más pobres
42
.
Con esto se ha abierto una brecha de trascendental alcance en los acuerdos de
libre comercio mundial que tutela la OMC (y que están cortados a la medida de los
intereses de las transnacionales). Lo importante es caer en la cuenta de que no hay
ninguna razón por la que esta excepción deba aplicarse sólo a los medicamentos:
exactamente lo mismo debe regir para todos los bienes y servicios destinados a
satisfacer necesidades humanas básicas, empezando por los alimentos (esta es
precisamente la reivindicación esencial de la coordinadora mundial de organizaciones
agrarias Vía Campesina: sacar el comercio de alimentos de la OMC para posibilitar
una estrategia de soberanía alimentaria en cada territorio).
Los medicamentos no son mercancías como las demás. Los alimentos no son
mercancías como las demás. Ninguno de los bienes de consumo que satisfacen
necesidades humanas básicas es una mercancía como las demás. El trabajo humano
no es una mercancía como las demás. Los capitales tampoco son una mercancía como
las demás. En ninguno de estos casos debemos permitir que los principios del libre
comercio prevalezcan sobre los principios de justicia.
Si en todos estos casos la justicia prevalece sobre el lucro, e implantamos
mecanismos de regulación y sistemas de precios diferenciados, llegaremos a un

41
La OMS estima que 17 millones de personas mueren cada año en países pobres por no poder pagar medicinas de uso
corriente en los países ricos.
42
Emilio de Benito: “Los países pobres podrán comprar más baratos los medicamentos contra el SIDA”. El País, 12 de
abril de 2001. Para una panorámica más amplia sobre este asunto, Philippe Demenet, “Estrategias mundiales para una
sanidad popular”; y Mohamed Larbi Bouguerra, “En la jungla farmacéutica”, ambos en Le Monde Diplomatique 65 –
edición española--, marzo de 2001, p. 24-25.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


15
sistema de comercio mundial que poco tendrá que ver con el actual. La OMC saltará
por los aires. En lugar de libre comercio, tendremos acuerdos de comercio justo.
43



10. Matamos para comer, y no es posible eliminar la tragedia de la existencia
humana: pero, sin angelismos de ningún tipo, es posible “hacer las paces con la
naturaleza” en el ámbito de la producción agraria y ganadera. Los inevitables
impactos ambientales de la agricultura, la ganadería (o la actividad industrial, o
cualquier otra actividad humana) pueden ser muy grandes o muy pequeños, y en
esto los números importan (no da igual ocho que ochenta).

Nuestros agrosistemas actuales producen graves y crecientes impactos ecológicos,
entre los cuales cabe contar: desforestación, desertificación de extensos territorios,
destrucción del suelo fértil, difusión de tóxicos biocidas en el ambiente (insecticidas,
herbicidas, fungicidas...), contaminación de los acuíferos, despilfarro de agua
(captada a menudo con gran impacto ambiental), pérdida de biodiversidad... Aunque
raras veces seamos conscientes de ello, en muchos países el impacto ambiental de la
agricultura probablemente sea mayor que el de cualquier otro sector de actividad
humana (incluyendo la industria).
44

Y, sin embargo, sabemos que es posible “hacer las paces con la naturaleza”
en el ámbito de la producción agraria y ganadera. Ojo, no estoy sugiriendo ninguna
ilusoria reconciliación angélica. Nos autoengañaríamos si pretendiésemos eliminar la
tragedia de la existencia humana: matamos para vivir. No podemos alimentarnos sin
causar la muerte de algunos seres vivos (al menos, de plantas); no podemos producir
bienes y servicios sin generar algunos daños en los ecosistemas y a los seres vivos
que dependen de ellos. Pero no da lo mismo ocho que ochenta: la magnitud de ese
daño ecológico depende de nuestras elecciones. Con diferentes opciones de
producción y consumo, podemos causar daño de magnitud uno, daño cinco, daño
veinte o daño cien: y la responsabilidad, en cada caso, será de quienes han o hemos
tomado esas decisiones (incluyendo también decisiones de inacción).
Por decirlo con una imagen: el conocido eslogan ecologista habla de caminar
ligeramente sobre la tierra, que es a lo que hay que aspirar (y no a levitar unos
palmos por encima de la tierra, empeño neurótico –o psicótico— donde los haya).
Vale la pena detenernos un instante en este punto. Según expliqué antes, pasar
de una dieta carnívora a una vegetariana supone reducir fuertemente el impacto
ambiental relacionado con las actividades de alimentación. En EEUU se ha
calculado el terreno fértil que se necesita para la agricultura convencional
mecanizada, con una dieta fuertemente carnívora, y la que se necesita para una forma

43
Sobre comercio justo puede consultarse, por ejemplo: Roberto Bermejo, “Realidades y tendencias del comercio
justo”, Cuadernos Bakeaz 33, Bilbao 1999; Inmaculada Buendía Martínez, J orge Coque Martínez y José Vidal García
Alonso, “Comercio justo. La ética en las relaciones comerciales dentro de un entorno globalizado”, Distribución y
consumo, febrero-marzo de 2001.
44
Robert Goodland: “Environmental sustainability in agriculture: diet matters”. Ecological Economics 23, 1997, p.
190.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


16
de vida básicamente vegetariana: son más de 4000 m2 en el primer caso, frente a
menos de 1000m2 en el segundo. Es decir, la quinta parte de superficie agrícola. Si
se trata de miniagricultura intensiva (métodos de J ohn J evons y Ecology Action en
California), bastan entre 180 y 360 m2
45
. Como se ve, el impacto ambiental se
reduce a 1/5 en el primer caso, y nada menos que a 1/40 en el segundo. Optar aquí es
cuestión de ecoeficiencia... y también de ética.
Muchas veces, en las controversias sobre la moderna agricultura industrializada,
sus defensores apuntan que las actividades agroganaderas siempre han alterado el
medio ambiente: “la agricultura ha sido una actividad adversa al medio ambiente
desde que se inventó hace unos diez mil años”
46
. Ello es en cierto sentido indudable
47
:
pero ¿qué consecuencias extraer de esa verdad de Perogrullo? Lo realmente relevante
en este punto es darse cuenta de que los inevitables impactos ambientales de la
agricultura, la ganadería (o la actividad industrial, o cualquier otra actividad
humana) pueden ser muy grandes o muy pequeños, y en esto los números importan
(no da igual ocho que ochenta). Se mueven en un rango de opciones humanas cuyos
resultados para la biosfera son muy diferentes: tan diferentes como cuarenta veces
más impacto si elegimos la opción fuertemente carnívora, en el ejemplo que veíamos
antes.
La producción de un kilo de proteína animal, en las condiciones de la ganadería
industrializada moderna, también requiere cuarenta veces más agua que un kilo de
proteína de cereales
48
. En un mundo finito donde la escasez de agua dulce se ha
convertido en un factor limitante esencial, ¿da igual consumo uno que consumo
cuarenta? La misma cantidad de tierra puede producir hasta 26 veces más proteína
para consumo humano si en ella se plantan espinacas que si se dedica a piensos para
las vacas (véase el cuadro siguiente). Si no hay más tierras disponibles para la
agricultura, ¿da igual alimentar a una persona que alimentar a 26?

ÍNDICE DE CANTIDAD DE PROTEÍNA
PRODUCIDA POR SUPERFICIE DE TIERRA
( car ne bovi na =100)
Car ne bovi na 100
Cer eal es 500
Legumbr es 1000
Ver dur as 1500
Espi nacas 2600
Fuente: J eremy Rifkin, BeyondBbeef. The Rise and Fall
of Cattle Culture, Dutton, New York 1992.


45
Ernst Ulrich von Weizsäcker, L. Hunter Lovins y Amory B. Lovins: Factor 4: duplicar el bienestar con la mitad de
los recursos naturales (informe al Club de Roma). Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona 1997, p. 158-
161.
46
Alonso Rodríguez Navarro, J osé María Sumpsi Viñas y Francisco García Olmedo: “En defensa de Norman Borlaug”,
El País, 25 de noviembre de 1999, p. 36.
47
Aunque una actividad que altera el medio ambiente no tiene por qué ser necesariamente adversa a él. Conocemos
ejemplos de culturas agrarias que, en un sentido importante, mejoraron las tierras y paisajes de los que dependían para
su subsistencia. Pero no quiero abordar ahora este asunto.
48
Bob Sutcliffe (coord.): El incendio frío. Hambre, alimentación y desarrollo, Icaria, Barcelona 1996, p. 269.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


17
Final

¿Puede una agricultura ecológicamente razonable dar de comer a ocho o nueve mil
millones de personas? Sí que puede (pero dos variables clave, que los análisis
“científicos” normalmente dejan de lado, son la propiedad de la tierra y la
composición de la dieta). ¿Y puede hacerlo la agricultura de las transnacionales
agroquímicas, la OMC, los latifundios agroexportadores y los laboratorios de
transgénicos? No: a esa agricultura le sobran, ya hoy, unos mil millones de personas.
Ésa es la cuestión. Al mundo ahormado por el poder del capital financiero y las
transnacionales le van a sobrar miles de millones de personas. Con agricultura
campesina, soberanía alimentaria, agroecología y dietas bajas en carne podremos
alimentarnos todos y todas sin devastar la biosfera. Con monocultivos, patentes sobre
la vida, oligopolios, agrotóxicos y agricultura sin agricultores la debacle está
garantizada. Hay que elegir.
Nos hablan de biotecnologías, nuevos agrotóxicos menos tóxicos y agricultura
de precisión; nosotros, además de referirnos a mejoras agronómicas, hemos de hablar
de acceso a los recursos productivos (particularmente tierra fértil y biodiversidad),
justicia social, ecoeficiencia, gestión de la demanda y trato ético a los animales, si de
verdad queremos agricultura sostenible para el siglo XXI.
El filósofo Emilio Lledó ha llamado la atención sobre un pasaje del canto VII
de la Odisea, de extraordinaria belleza, que expresa un humanísimo sueño de
felicidad concentrado en unas cuantas imágenes vegetales:
“Ahí han crecido grandes y florecientes árboles: perales, granados, manzanos de espléndidas
pomas, dulces higueras y verdes olivos. Los frutos de estos árboles no se pierden ni faltan, ni
en invierno ni en verano: son perennes; y el céfiro, soplando constantemente, a un tiempo
mismo produce unos y madura otros. La pera envejece sobre la pera, la manzana sobre la
manzana, la uva sobre la uva y el higo sobre el higo.”
49

Estas antiguas palabras nos remiten a la utopía realizable de agrosistemas bien
integrados en la biosfera, cuyos frutos se repartan con justicia entre todos los seres
humanos (los 6.600 millones que somos hoy, y los ocho o 9.000 millones que
seremos mañana).

Galapagar (Madrid), junio de 2005.




ALGUNAS LECTURAS BÁSICAS

• Miguel A. Altieri: Agroecología. Bases científicas para una agricultura sustantable, Nordan
Comunidad, Montevideo 1999.
• Mike Davis: Late Victorian Holocausts –El Niño Famines and the Making of the Third
World, Verso, Londres y Nueva York 2001.

49
Citado en Emilio Lledó, El epicureísmo. Una sabiduría del cuerpo, del gozo y de la amistad, Taurus, Madrid 2003, p.
101.
J orge Riechmann “Agricultura de verdad sostenible para el siglo XXI (diez tesis)”


18
• FAO Agricultura mundial: hacia los años 2015/ 2030. Informe resumido (2002; puede
consultarse la versión electrónica en www.fao.org/docrep).
• J uana Labrador y Miguel A. Altieri (coords.): Agroecología y desarrollo. Aproximación a
los fundamentos agroecológicos para la gestión sustentable de agrosistemas mediterráneos.
Mundi-Prensa/ Universidad de Extremadura, Madrid 2001.
• J ules Pretty: Agri-Culture. Reconnecting People, Land and Nature, Earthscan, Londres
2003.
• J orge Riechmann: Cuidar la T(t)ierra. Políticas agrarias y alimentarias sostenibles para
entrar en el siglo XXI, Icaria, Barcelona 2003.
• J orge Riechmann: Transgénicos: el haz y el envés, Los Libros de la Catarata, Madrid 2004.
• J orge Riechmann: Comerse el mundo. Sobre ecología, ética y dieta, Eds. del Genal, Málaga
2005.
• Vaclav Smil: Alimentar al mundo –Un reto del siglo XXI, Siglo XXI, Madrid 2003.