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Milagros Corcuera

L.U: 37754019

¿Para qué sirve la literatura?, Simone de Beauvoir
“¿Cuál es el poder de la literatura? (…) si nos entregasen los secretos de las ciudades, de los ambientes, de
los distintos sectores del mundo ¿le quedaría todavía a la literatura algún papel que representar?” *68-69]
“el mundo, como lo ha dicho Sarte, es una totalidad destotalizada (…) por una parte existe un mundo
que es el mismo para todos: pero por otra parte nos encontramos todos en una situación con respecto a
él, y que esta situación implica nuestro propio pasado, nuestra clase, nuestra condición, nuestros
proyectos: en una palabra, todo el conjunto de lo que constituye nuestra individualidad. Y cada situación
envuelve, de una u otra manera, al mundo entero.” *69+
“Y aquí es donde la literatura encuentra su justificación y su sentido, (…) cada situación está abierta para
todas las cosas, y está abierta para el mundo, que no es otra cosa que el remolinear de todas esas
situaciones que se abarcan las unas a otras. Por lo tanto podemos comunicarnos; podemos comunicar a
través de ese mundo que es una totalidad, aunque destotalizada; de ese mundo que existe para
nosotros, y que nos permite entendernos respecto de lo que es el verde o el rojo, por ejemplo. (…) existe
una relación verdadera que se crea a través del lenguaje: éste es opacidad, pero es también el vehículo
de significación común a todos y accesible a todos.” *70-71]
“Hay irreductibilidad en el hecho de la singularidad de nuestra situación. (…) Moriré de una muerte que es
absolutamente única para mí, pero otro tanto ocurre en el caso de cada uno de ustedes. Existe un gusto
único de la vida en cada uno, que en cierto sentido ningún otro puede conocer. Pero lo mismo rige para
cada uno de nosotros. Y pienso que la posibilidad de la literatura consiste en que podrá superar los otros
medios de comunicación y permitirnos comunicarnos en lo que nos separa.” *71+
“la literatura comienza (…) en el momento en que escucho una voz singular. (…) es necesario que el autor
me imponga su presencia, y cuando me la impone, de la misma manera me impone su mundo” *72+
“la realidad no es un ser inmóvil, es un devenir. Es, lo repito, un arremolinamiento de las experiencias
singulares que se abarcan las unas a otras, a la vez que se mantienen separadas. (…) Cada uno de
nosotros sólo capta un momento de ella: una verdad parcial.” *72+
“a mí, lectora, lo que me importa es sentirme fascinada por un mundo singular que se entrecruza con el
mío y que sin embargo es distinto a él (…) es preciso que me identifique con alguien: con el autor. Es
preciso que entre en su mundo, y que su mundo se convierta en el mío” *73-74]
“Y ése es el milagro de la literatura, y lo que la distingue de la información: hay otra verdad, que se
convierte en la mía sin dejar de ser otra. Abdico de mi “yo” en favor del que habla. Y sin embargo sigo
siendo yo misma.” [74]
“Cada hombre está hecho de todos los hombres, y sólo se comprende a través de ellos, y sólo los
comprende a través lo que ellos entregan de sí y a través de él mismo esclarecido por ellos. (…) debe
hacernos transparentes los unos a los otros en lo que tenemos más de opacos (…) entregar al mundo en
su dimensión más humana: (…) creo que ésta es la tarea de la literatura, y lo que la vuelve
irremplazable.” *81-82]
Milagros Corcuera
L.U: 37754019

“Wash Jones”, William Faulkner
“Wash Jones” resulta un cuento cuya lectura es compleja, no sólo por su estructura fragmentaria, con
saltos entre dos diferentes épocas en la vida de los personajes, sino también por su lenguaje
particularmente obtuso, propio de Faulkner, donde el registro coloquial sureño choca con la descripción
detallada, seca y desgarradora de las situaciones, lugares y personajes -a veces- salvajemente
animalizados.
El cuento, de manera aparentemente disconexa, comienza con el relato del nacimiento de una niña; y lo
descoloca a uno como lector al centrarse en el personaje de Wash Jones – cuya descripción y personalidad
permanecen algo ambiguas, sabiéndose que es un hombre blanco considerado inferior al ser definido
como white trash en un momento- en vez de retomar la narración del amo, la esclava y su bebé.
Realiza, a la manera de un árbol genealógico, un recorrido a través de la vida y circunstancias del Coronel
Sutpen y Wash Jones; marcándose un antes y un después de la derrota sureña en la Guerra de Secesión
sucedida entre 1861 y 1865 –años mencionados en el cuento-. Esta identificación entre Jones y Sutpen,
quienes tienen la misma edad, es invertida en dos momentos: cuando Jones se da cuenta que Sutpen ha
engendrado una niña, y cuando Wash llega a la conclusión de que el gran señor del caballo negro e
imponente no es valiente como él creía.
A lo largo del relato se explica, entonces, la escena inicial que creaba suspenso; tal como los hechos
ocurridos en “El hombre” de Juan Rulfo se van desentrañando a medida que la narración avanza. El
principio de ambos cuentos plantea preguntas tales como ‘¿por qué Sutpen ofrece irónicamente un
establo a la mujer? ¿Por qué parece importarle tan poco la niña? (Faulkner) o bien, ¿Quién es el
perseguidor? ¿Por qué es perseguido, qué hizo? ¿Quién lo persigue?’ (Rulfo) que serán respondidas luego,
dado que el orden del cuento no es cronológico. Especialmente el comienzo de “El hombre” resulta
confuso, dado el frecuente uso del sujeto tácito y lo fragmentario de los hechos. Ambos cuentos poseen
un giro inesperado: en “Wash Jones”, es cuando se invierte la relación de poder entre Jones y Sutpen, en
“El hombre”, cuando se salta al discurso judicial del cuidador de ovejas.
Los cuentos pueden ser asociados por su estructura fragmentaria, que no respeta un orden cronológico;
así como por el eje temático de la visión subjetiva del individuo y su venganza frente a la injuria que
incurre en asesinato –tanto Jones, como el perseguidor y el perseguido-; un momento de comprensión por
parte del lector al cerrar enigmas –que puede llevar a una re-lectura y reinterpretación de lo leído- y la
elisión de los asesinatos, quienes nunca son explícitamente descriptos, ni el de Sutpen ni el de la familia
Urquidi, ni el del perseguido José Alcancía. Es interesante notar que terminan en una nota abierta que
genera incertidumbre: el inminente encuentro de Wash Jones con los compañeros de Sutpen que buscan
venganza, y la duda sobre el resultado del juicio al cuidador de ovejas que narra el cuento.