EL JARDINERO

Salvador Pliego



























Copyright © 2014
COPYRIGHT by Salvador Pliego. All rights reserved.
México

Todos los derechos reservados. Este libro no puede ser parcial o totalmente copiado
o reproducido de cualquier forma sin autorización del autor.
ii
A Sabina…
llena de vida e ilusiones.
iii
Quizá suene inverosímil, pero hay ilusiones pequeñas y grandes, como las flores, y un
jardinero que las riega, para que el sentimiento descubra la emoción de sus colores.















Las flores

-J ardinero, ¿cuántas flores hay en tu jardín?
-¡Muchas!
-¿Nunca las has contado?
-Todos los días, por la mañana.
-Entonces, debes saber la cantidad que tienes.
-No, solamente las clasifico: las que están dedicadas para alguien y las que no tienen
color.
-¿Las que están dedicadas para alguien?
-Es que las flores no me pertenecen. Verás, no tendría ningún caso que las flores me las
regalara a mí mismo. Se las dedico a alguien. Así se tornan más atractivas.
-…mmmm… ¡Yo las miro iguales!...
-No, las flores se miran según la intensión. Por ejemplo: quien las recibe con profunda
ilusión es porque piensa que un sentimiento le han regalado. Y más que sus pétalos, más
que todo el tallo junto, lo que pone en su jarro es un afecto. Eso es lo que mira una
persona en su flor, a diario.
-Creo entenderte… Bueno, ¿y las que no tienen color?
-¡Ah, esas son las especiales! Mira, a esta flor le voy a pintar un color.
-¿Puede ser el rojo?
-¡El color que tú quieras!
-¡Que sea el rojo, entonces!
-¿Y al rojo, qué color le quieres pintar?
-¿Al rojo?
-Si, al rojo.
-Pues… un amarillo, en su centro.
-Me parece bien. Le pinto el amarillo… ¿Le sigo?
-¡Por supuesto!
-En ese caso, a ti te la dedico.
-¿En verdad es para mí?
2
-¡Claro!... ¿Por qué querría yo pintar esta flor si no fuera para ti? ¿Habría alguna otra
razón de existir para las flores?

























3
Profesión jardinero

-¿Qué se requiere para ser jardinero?
-Las flores...
-Bueno, me refiero a que si se necesita de un conocimiento especial para practicar la
jardinería. Por ejemplo, el abogado necesita conocer las leyes y estudiarlas
profundamente para poder ejercer su profesión. El ingeniero requiere del conocimiento
de la construcción, de los materiales: saber de su fortaleza o flexibilidad para hacer
edificios, caminos, puentes…
Entonces, ¿qué se necesita para ser jardinero?
-Las flores… ¡Es todo lo que se requiere! Por encima de ellas está el cielo; por debajo, el
corazón. Por eso es todo lo que se necesita.
















4
El jardín

-¿Qué es lo que te llevó a ser jardinero?, ¿por qué escogiste esa profesión?
-La eventualidad de ser feliz.
-No te entiendo. ¿Me lo explicas?
-Fue el sorprenderme del momento e irlo pintando de colores. Entonces elegí la alegría, y
ahí fue donde fueron brotando las flores. Empecé con una, una sola. Después fui
cultivando más y más, hasta llegar a lo que tengo ahora.
Me convertí en el anfitrión de los deseos, y este colectivo de surcos y veredas fue el
desprendimiento de emociones. Cuando me di cuenta, el jardín estaba hecho, solamente
había que potencializarlo: convertí las flores en sueños, los sueños en colores y luego en
crecientes maravillas.
De día cultivo sentimientos, de noche disfruto su belleza.















5
El alma

-Te voy a preguntar algo que yo no acabo de entender: ¿las flores tienen alma?
-Tienen lo que son y con eso viven.
-¿Pero, a eso se le puede llamar espiritualidad?
-Una flor no ataca a otra. Por el contrario, comparten su espacio y se distribuyen sin
necesidad de combatirse. Cada una es un ser necesario: el color del conjunto es lo que
aviva al jardín. Entonces, se cuidan entre ellas, sociabilizan su polen, dejan que las raíces
crezcan y se esparzan. Saben que entre más flores, más bello es el jardín.
-Sin embargo, eso no significa que tengan alma… ¿o sí?
-El alma vive en el cuerpo y no se siente. Es como un paisaje de colores que no destruye,
que no devasta. Mira siempre hacia adelante, donde se erige el quehacer de la belleza,
donde se enaltece y percibe la alegría. No busca disputar a nadie, porque cada quien tiene
su propio cuerpo y sólo quieren compartirlo para avenirse. La lidia no es de flores. Por
eso son parte del jardín y cada una de ellas lo embellece.
-Entonces, ¡si tienen!
-¡No lo sé!... ¡No lo sé!... Me encantaría algún día descubrirlo.














6
Cazador de colores

-¿Qué haces a estas horas de la noche en tu jardín?
-Cazando colores.
-¿Para ponérselos a las flores?
-No, para mi corazón.





















7
Cuántas

-¿Cuántas flores tienes?
-¡Muchas!
-¿No son demasiadas?
-¡No!... Ellas y yo nos necesitamos.
-Pero, podrías prescindir de algunas de ellas.
-¡Nunca! Sentiría que algo me falta. Y a ellas, ¿quién las regaría?
-¡Vamos, aunque sea de unas cuantas!…
-¡Imposible!, cada una es imprescindible.
-¡Está bien!... Pero, dime: ¿cuántas flores tienes?
-¡Muchas!... ¡Muchas!... Y todas ellas y yo nos necesitamos.



















8
La extinción de los colores

-¿Qué pasaría si se extinguieran los colores, te seguirían gustando las flores?
-Te respondo con otra pregunta: ¿por qué dejaría yo que se extinguieran?
Aunque el atardecer se agota en la noche, ¿dejaría de haber ilusión por el siguiente
atardecer? Uno mismo es quien crea esa ilusión por el siguiente ocaso, buscándole
detalles nuevos, colores nuevos, instantes para sorprendernos. Incluso, si fuera parecido
al anterior diríamos que es diferente, con tal de preservar la ilusión.
Las flores son iguales que los atardeceres: cuando cae un color brota otro nuevo y
diferente.
-Llegará un día en que se agotará toda la gama de colores y serán puras repeticiones.
-¡Imposible! La ilusión crecerá de nuevo, más allá, ¡aún más lejos!, y la flor tendrá otra
forma en el color, y el color será tan singular como esa flor.
Es verdad, como decía una gaviota, que no hay límites: lo bonito, lo fantástico, lo
hermoso, va más allá de toda imaginación. Nosotros nos llenamos de ilusiones… y las
flores, de colores.
¿Por qué dejaría yo que se extinguieran?














9
Oficio jardinero

-¡Buen día!... ¡Siempre trabajando!... Te veo todos los días lleno de ocupaciones.
-Buenos días. Así parece. Por ahora no hay tiempo para el reposo. Debo tener limpios los
canales, asear las flores, abrir la válvula para que se rieguen, tirar las hojas marchitas,
cuidar los nuevos brotes… ¡En fin, hay mucho por hacer!
-Eso es demasiado trabajo para un solo día.
-¡No es así! Esa parte es la más sencilla. Hay algo mucho más importante en este diario
quehacer, algo que pocos notan y al que yo pongo la mayor parte de mi empeño y mi
concentración.
-¿Y cuál es ese trabajo?
-Aquel por el que está hecho este oficio: clarear el cielo y llenarlo de ilusiones.
















10
La inmensidad de lo pequeño

-Te veo muy feliz hoy. ¿Qué ha sucedido?
-Nada, que hoy me rozó una flor con sus pétalos… A veces, es todo lo que mis
sentimientos necesitan.






















11
La belleza

-Cuando me asomo a tu jardín, parece que veo un paraíso. Supongo que entre todas esas
hermosuras hay una que eliges como la más bonita.
-Puede ser que sí. Sin embargo, la belleza es algo relativo, es un valor que nosotros le
asignamos a las cosas según las percibamos y apreciemos. Por eso me pregunto: ¿por qué
buscar la belleza en otras cosas, en otras personas, si la tenemos adentro de nosotros
mismos?
El corazón no es solamente una bomba de sangre y músculo. Por encima de eso, es la flor
que muestra su corola para que la luz irradie todo el día. Por eso mismo, para ver belleza
basta con abrir los sentimientos y dejarlos correr libremente por el viento.

















12
Las tres nubes

-¿Cómo estás hoy, jardinero?
-¡Bien! Simplemente limpiando el jardín.
-¿Ya viste el cielo? Se está empezando a nublar.
-Sí, se están juntando algunas nubes.
-Sabes, una vez me imaginé que atrás de las nubes había un corredor inmenso que llevaba
a un paraíso lleno de dulces y helados…
- ja ja ja ja ja… ¡Me lo imagino! Deja te platico algo: una de tantas, en la madrugada, me
acerqué al jardín y, por casualidad, escuché a unas flores platicando. Comentaban sobre
tres nubes que estaban en el cielo. Una de las flores dijo: -Me encantaría que la nube del
centro lloviera estrellas para que nos salpicaran sus destellos y brilláramos más lindo.
Una segunda flor comento: -A mí me gustaría que llovieran millones de abejas de la nube
de la derecha. Me encanta el cosquilleo que hacen cuando recogen el polen para llevarlo a
otros lados.
Otra más, agregó: -Yo prefiero que la nube de la izquierda llueva aromas. De esa forma,
un día podría elegir un olor, y si no me gusta, al siguiente lo cambiaría por otro… De
hecho, podría elegir el que quisiera…
Las flores siguieron la plática. Entonces me acerqué y les dije: -Todas las mañana voy al
norte del jardín donde hay un enorme tanque de agua. Subo hasta su cima para checar la
cantidad de líquido que contiene y, al menos dos veces por semana, abro una válvula para
que riegue los canales y ustedes beban su líquido para seguir floreando. ¿Se imaginan si
el tanque estuviera lleno de estrellas? Bueno, tal vez este jardín alumbraría al mundo
entero; ¿Y si fueran millares de abejas las que el tanque contuviera? ¡Claro,
alimentaríamos de miel a toda la tierra!; ¿Y qué tal si fuera aroma? Perfumaríamos
canales, herramientas, máquinas y todo lo demás. Pero… ¿y con qué las alimentaría a
ustedes?
Les dije luego a las flores: Lo que me ilusionaría es que hoy lloviera a raudales...
¿Entiendes ahora a lo que me refiero? Las ilusiones deben ser posibles, no vaguedades ni
abstracciones. Pero, una vez que están claras, pueden ser inmensas, infinitas… ¡No
importa qué tan grandes!
13
Convicción

-¿Qué tan grande quieres tu jardín? ¿No es ya muy grande?
-Lo quiero más allá de mis ojos. Que siga creciendo hasta donde mi vista no lo alcance.
-¿No es demasiado?
-¡No!...No le tengo miedo a la ilusiones, sino a no luchar para alcanzarlas.





















14
Ilusiones

-Entonces, jardinero: ¿cuántas flores tienes?
-¡Muchas!... ¡Muchas!... ¡No acabo de contarlas!























15
Un día nublado

-La tarde está muy nublada hoy. Si llueve fuerte no tendrás que regar mañana.
-Es probable que no. Lo que me preocupa es que mañana amanezca nublado nuevamente.
-¿Eso no es bueno para las flores?
-¡No!... Y yo creo que para nadie.
Cuando el cielo está caído, muy gris, tapado por inmensas nubes, y persiste por más de
un día, se pierden los colores de la altura, y eso nos preocupa a las flores y a mí. Lo que
hago, entonces, es regarlo a él. Saco mi manguera y dirijo el chorro de agua hacia arriba.
Tarda un poco, porque es algo extenso. Pero al final, el cielo se descubre y nos deja
nuevamente sus astros y su manta azul, deslumbrándonos los ojos.
Sabes, hay algo de emoción en todo eso. Quizá esa sea la razón por la que las ilusiones
están hechas de emociones.















16
El surco vacío

-Veo que ya abriste un nuevo surco, ¡y bastante largo!
-Sí, trabajé duro para abrirlo. Sin embargo, al surco le falta más trabajo. Te diré que ayer,
al terminarlo, me quedé sentado en uno de sus extremos, simplemente pensando. Yo creo
que fue una de esas tardes en que uno está vacío y termina desapareciéndose en sus
propios sentimientos. Miré el surco una y otra y otra vez, como si hubiera perdido el
interés en sembrar más flores… ¡No sé cuánto tiempo duré! Debe haber sido mucho pues
me fui ya siendo noche. Quizá había perdido el interés en sembrar nuevas flores.
Estando sentado pensé que, cuando nos hundimos en la tristeza o nos deprimimos por
alguna razón, es como si pisáramos un surco inmenso, un surco enorme donde nos
hundimos hasta el cuello y no encontramos una pala o asidero para sostenernos.
Perdemos la esperanza y caemos al lodo, en el vacío; olvidamos las ilusiones por las que
tan duro trabajamos. Y aunque se nos acerquen a ayudarnos, nadie más que uno mismo
sabe lo que late en su corazón. A veces compartimos algo de esa intimidad, pero, sólo
nosotros sabemos lo que callamos y por qué el alma lo murmura en silencio. Por más que
nos jalen hacia afuera, no escuchamos, y sólo miramos lo enfangado del terreno.
Desde el corazón es donde debemos revivirnos: volver a sembrar, insistir, buscar esa
ranura para colocar una semilla. Y aunque nos cueste abonarla y regarla, debemos
animarla diariamente… y dejarla que crezca, ¡que crezca!, hasta que cubra esa zanja.
¿Ves aquel extremo del surco? ¡Ya hay una primera flor! La sembré hoy, de madrugada.
Cuando doy lo vuelta y miro el otro extremo del surco lo veo más pequeño. No era tan
grande como parecía ayer. ¿Será que he puesto una ilusión con mi nueva flor?








17
La raíz

-Hola, señor de las flores. ¡Qué bueno que te veo!... Anoche estuve pensando mucho en
lo que me dijiste sobre la tristeza y se me vinieron a la mente muchas ideas, recuerdos,
cosas que uno vive. Pensé que la tristeza puede generarse por cualquier razón: una
pequeña desilusión, la muerte de un ser querido, pasar un mal momento, una
frustración… En fin, sería una lista interminable de contar. Lo que no pude resolver fue:
¿cómo superarlo?, ¿cómo salir de esos surcos vacíos?... Por más que pensaba y pensaba,
no pude darle solución…
-Mira, las flores son parte de una planta y todas las plantas tienen raíz. Muchas veces las
raíces mueren y eso puede ocurrir por diferentes razones: la raíz fue atacada por un
animal, la falta de agua, no estaba lo suficientemente enterrada... Podría enumerarte
muchas razones por las que sucede eso. ¿Qué hace entonces la planta para evitar morir
cuando una de las raíces no sirven? Es muy sencillo: busca generar nuevas raíces, les da
una nueva ruta y las desarrolla para que la planta siga teniendo vida.
La tristeza es como la raíz, cuando no se cuida, nos puede matar el alma, porque la
tristeza no se mide con las lágrimas sino en la cantidad de latidos que nos da la muerte en
vida.
Entonces, tenemos que generar nuevas raíces, y aunque no desaparezcan las muertas,
debemos buscar nuevos caminos y salir adelante. A esas raíces nuevas hay que darles
vigor, esperanza, alguna ilusión. Es así como la flor brotará de nuevo y nuestro jardín se
esparcirá a lo grande.








18
Cuando la alegría llama

-¿Recuerdas la flor que sembré hace unos días?
-¿La del surco nuevo?
-¡Esa mera!... Es increíble lo que ha crecido en tan pocos días. Todo es cuestión de hacer
vivir una ilusión.
Las ilusiones son como las flores: de un suspiro brotan, de una simple semilla. Luego se
desarrollan y son como los sueños: navegamos en ellos; ahí es donde las pintamos, le
damos el color que más nos gusta. La semilla recibe ese deseo y lo transforma en capullo:
empeñan tallo, hojas, ramificaciones, con tal de que prendan y se abran. Cuando la flor
estalla en mil colores, es cuando sentimos que vamos por el camino correcto, entonces la
alegría nos llama y nos bosqueja las sonrisas.
Es verdad que, a la vez que nuestro interior impulsa una ilusión, son las ilusiones las que
forjan nuestro corazón.
Quien diga que las ilusiones son una farsa y un engaño, es porque ha dejado de creer en
la vida misma y su corazón ha dejado de latir; cuando no se tiene ni una sola, éste se
marchita y muere. ¿Acaso no es con la emoción de una ilusión que el corazón late más
allá de lo exigido?













19
Cantando

-¡Vaya alegría desbordante!... Nunca te había escuchado cantar como hoy.
-ja ja ja ja ja ja… ¡Es cierto!... Motivos tengo para hacerlo. Mira nada más la belleza de la
flor que sembré en el surco, el que abrí hace unos días: ¡Es realmente maravillosa!...
¡Bonita, en verdad!
Me emociona… ¡Para qué negarlo!... Voy a conseguir una madera de cedro rojo y
platinado. Dicen que la tienen en una cordillera, en el oriente. Cuando la tenga, voy a
labrar la madera con dibujos de caballos, nubes y estrellas. Después la voy a cortar para
hacer una cerca redonda, pero por debajo de la altura de la flor. No quiero que la cubra
toda. Quiero que se observe su belleza desde cualquier punto del jardín… ¡Sí!, me
emociona pensar en todo eso.
Por cierto, ¿ya vista tú la flor? ¡Mírala!...
Yo creo que hay cosas que nada más uno las siente; son tan íntimas y personales, que
nadie más las percibe. Pueden provenir de objetos que están a la vista de todos, pero
solamente nuestros ojos las ven diferentes: las miramos con profundidad, en todo su
color. Y son tan personales, que aunque otros las miren o las toquen, no van a sentirlas
igual que uno. Es el corazón de cada quien el que palpita de esa manera, y él mismo se
desborda al sentirlo. Cuando uno ama o se encariña o tiene una ilusión muy grande, es
porque se nos ha metido adentro algo, algo que nos ha llenado de flores el jardín del
pecho, que nos ha regado cada vena para que las plantas abran sus botones. Ahí es
cuando nosotros nos desbordamos haciendo ramilletes, colectando todo tipo de flores,
mostrándolas hacia los vientos. Y brincamos y bailamos y cantamos…
¡No puedo negarlo, hay algo en mi corazón que hoy está cantando!







20
El papagayo verdirrojo

-¡J ardinero… jardinero… están destruyendo tu jardín!
-¿Lo dices por esa ave verdirroja?
-¡Sí!... ¡Se está comiendo una flor!
-ja ja ja ja ja… Es un papagayo, nada más.
Esos pájaros son maravillosos. Me alegra que esté aquí uno de ellos.
-¿Y la flor, no importa que la destruya?
-Para eso fue creada esa flor. Deja te explico: todas las flores tienen una función. En el
caso de esa, un girasol, fue creada para dar una flor amarilla, grande, y seguir diariamente
los pasos del astro Rey. Cuando el sol se asoma por el oriente, la flor dirige su corola
hacia ese punto, le hace una reverencia y lo sigue todo el día, hasta el ocaso. Toda vez
que la flor ya ha madurado lo bastante, deja ver sus grandes semillas para ofrecérselas a
las aves. Si las aves no quieren sus semillas, quiere decir que la flor no tuvo razón de ser.
Por el contrario, si las aves llegan y la picotean para extraer esos manjares, significa que
la flor cumplió su cometido. ¿Vez ahora la belleza de ese papagayo?
La flor no tiene razón de ser si no tiene un objetivo, si no se convierte en ilusión. Y esa
tarea que le fue asignada ha de marchar al ritmo de la vida, porque, hay que perseguir los
sueños… ¿Me entiendes?... ¡Hay que perseguirlos siempre!












21
El fruto

-Veo que sigue creciendo tu nueva flor: ¡Está llena de colores y de mucha vida!...
¿Cuándo vas a ponerle la cerca?
-Estoy trabajando ya en eso. He ahorrado ya un poco de dinero para ir a comprar la
madera. Espero hacerlo dentro de unos días.
-Habías dicho que la producían por el oriente. ¿No está muy lejos ese lugar?
-Sí está algo retirado, pero no importa. De cualquier forma voy a ir por la madera.
-¿No te cansarás o desanimaras por traerla de tan lejos?
-Te voy a contar un cuento que platicaban mis abuelos:
Era un hombre viejo que estaba a punto de morir y poseía algunos bienes materiales.
Antes de fallecer juntó a sus hijos y les fue entregando a cada quien lo que le
correspondía por herencia. A uno de ellos le dijo: -“A ti te dejo el árbol de durazno que
está en el jardín. Ese árbol ha sido premiado como el mejor de toda la región. Su fruto es
único y muy deseado, y puede ser vendido a un alto precio. Pero, debes cuidarlo, pues
solamente una vez cada 20 años florea y da fruto”.
Pasó el tiempo y el hijo ya se había hecho cargo del árbol, al que ponía poca atención. En
una primavera, de repente las ramas empezaron a florear y se llenaron de frutos. Todos
los hermanos le decían que era tiempo de cosechar, para que pudiera vender y con ello
obtener un buen dinero. Pero el hombre era flojo y siempre respondía: -“Hay que esperar
a que maduren. Ya irán cayendo solos los frutos. No hay prisa”. Lo único que hacía era
sumar números por las ganancias que esperaba.
Cuando los frutos maduraron lo suficiente, un día, de madrugada, llegó una parvada
enorme y los picoteó todos sin dejar ninguno de ellos presentable. El hombre había
perdido todo y no le quedó más que el papel lleno de sumas y de números.
Lo que aprendí de esa enseñanza fue que, cuando en verdad se desea algo, hay que hacer
que suceda, que se realice; poner empeño y dedicación. Nada brota de la nada, ni del
cielo. Lo que se consigue es producto de un tenaz y persistente afán, que implica labor y
entrega. Entonces es cuando los frutos llegan a las manos y su riqueza se disfruta.

Tengo una madera que labrar y tengo que ir por ella. ¡No importa qué tan lejos!
22
Mis flores

-¡J ardinero!... ¡J ardinero!... ¿Dónde se habrá metido que no lo veo?...
¡J ardinerooooooo!...
Mira que dejar el jardín solo no es bueno. ¡J ardinerooooooo!...
Mientras se aparece le daré una vuelta a sus flores… Creo que estos surcos están medio
secos. Será mejor que abra un poco la válvula del agua para que se rieguen…
¡Listo!... Mientras se riegan, voy a levantar las hojas secas…
¡Perfecto! Veamos que falta por acá… Tal vez agrandar ese surco y poner uno nuevo de
este lado… Sí, me parece bien. Manos a la obra. ¡Es tiempo de que cuide yo mis flores!





















23
El nuevo jardinero

-Un nuevo día… ¡y maravilloso día! Hay muchas cosas que hacer en el jardín.
Empecemos por lo básico: sonreír. Después, será barbechar, limpiar, regar, y tantas cosas
que hay que hacer.
¡Qué belleza de jardín, no cabe duda! Ahora que lo miro con detalle, recuerdo lo que me
decía el jardinero:
“Hay quien pone en duda las ilusiones. Yo prefiero ponerlas en mi sonrisa y llevarlas
muy lejos, allá donde el porvenir no es más que el destino de cualquier latido que disfruta
y desafía el presente. Y cuando se ve así el futuro, ¿la vida no es acaso un maravilloso
jardín?”
¡Cuán cierto es lo que me decía!... Sí, es tiempo de clarear el cielo…
















24
El nuevo vecino

-Buenos días. Vengo a presentarme, soy tu nuevo vecino.
-Buenos días. ¡Qué gusto conocerte!
-Me habían dicho que el jardinero era un hombre viejo, pero a ti te veo muy joven.
-Bueno, él tiene su jardín y yo el mío. De cualquier manera, los dos cumplimos una
misma tarea, la de ser jardineros.
-Se ve muy bonito tu jardín y bien cuidado.
-¡Gracias!... ¿Ves esas flores sin colores?... ¿Te gustaría pintar alguna de ellas?
-¡Si, claro!
-¿De qué color la quieres pintar?...

















25
Enjambre de flores

-Hola, jardinero. ¿Cómo estás?
-Muy bien, gracias. Y tú, ¿cómo pasaste la noche?
-¡De maravilla!... Sigo impresionado con tu jardín. ¿Has contado alguna vez la cantidad
de flores que tienes?
-La verdad, no… No tengo idea de cuántas puedan ser.
-¿No te gustaría contarlas alguna vez?
-Yo creo que sí. Sería interesante saber cuántas son… Es más, lo voy a hacer hoy mismo
y la siguiente vez que pases te diré cuántas tengo.
-Eso me parece fantástico. Te dejo ahora trabajando. ¡Que tengas un maravilloso día!
-Gracias. Lo mismo te deseo.



















26
Infinitud de ilusiones

-J ardinero, ¿todavía sigues contando flores?
-¡Sí!... ¡Y son muchas!... ¡Demasiadas!... ¡No acabo de contarlas!

























27
Las grandes pasiones nacen de lo pequeño, de lo improvisado muchas veces. La
perseverancia en esas ilusiones, y la oportuna acción, hacen que se conviertan en
grandes y maravillosos tesoros.





Crearse una ilusión es tanto como pintarse una flor en el rostro.


Octubre 2014
28


SALVADOR PLIEGO:

Nacido en la ciudad de México. Con estudios en Antropología Social y una Maestría en
Sistemas de Computación. Como escritor inicia su carrera a finales de 2005 y desde
entonces ha publicado más de 20 libros.
Fue premiado como segundo lugar en poesía por la ENSL en México y nominado como
finalista por el II Certamen Internacional de Poesía “San J ordi” en España, 2006.
Participó como jurado en el Primer concurso literario “Atina Chile” en 2007. Su poema
“Espadas y papiros” fue entregado como parte de los premios otorgados al ganador del
Segundo concurso de cuentos cortos HdH Medieval. De sus viajes ha recibido múltiples
reconocimientos, entre otros, el de ser “visitante ilustre del Municipio de Urrao”,
Colombia.
Durante 2007 y 2008 participa activamente en el foro MundoPoesia, considerado uno de
las más grandes de la red de Internet en cuanto a escritores, publicaciones y lecturas. En
ese periodo es premiado en 19 ocasiones, entre ellas, otorgándosele el premio de Poeta
del mes.
En 2011 gana los siguientes premios: Ganador del premio de poesía Rubén Darío
Rumbaut con el poema “Dulzura”, y “Primera mención de honor” en el concurso
internacional de poesía “Trofeo Memorioso” organizado en Chiloé, Chile, con los
siguientes poemas: Corcel de alas blancas, ¿Dónde los olivos? y Templanza.
En enero del 2012 se le otorga el premio al primer lugar del Primer Concurso Literario
Andrés D. Puello a su libro Crepitaciones, y en el mes de mayo se incorpora su poema
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“Oda a la risa” a libros de texto para el aprendizaje del español en Puerto Rico. La radio
satelitevisión/Americavisión de Chile le otorga un reconocimiento “por su participación
en la Poesía destacada, mes de septiembre 2012, de los programas radiales ‘Música y
declamación de poesías’”.
En abril de 2013 Radio Satelitevisión/Americavisión le otorga un nuevo reconocimiento
como poesía destacada por su poema: Arde la poesía. En el mes de mayo, otro más por su
poema “Desnudez de tu mirada”. En junio, un nuevo reconocimiento por el poema:
Canción de viento y brisa. Y en julio, uno más por su poema: “Cuando contigo”.
En mayo de 2014 recibe 3 reconocimientos en México: el primero de la Universidad
Tecnológica de Huejotzingo y la Secretaria de Educación Pública (Puebla); el segundo de
la Presidencia Municipal de Querétaro a través de su Instituto de Cultura, y el tercero del
H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz (Estado de México) a través de
la Dirección General de Educación y Cultura y el Instituto Municipal de la Cultura y las
Bellas Artes.
En julio del mismo año, el poema XX del libro Corcel de luz y plata, recibe un
reconocimiento “por ser uno de los poemas más destacados del mes”, de parte del grupo
literario Renacer Poemas del alma. Un mes después, el poema XIX de ese libro logra ser
finalista del 1er concurso de poesía ‘J osé Martí’ organizado por Casa Cuba.
A la fecha, ha realizado lectura de su poética en Estados Unidos, México, Perú, Chile,
Argentina, Colombia y España.


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