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11 de octubre del 2014 NARCOTRÁFICO EN LA FRONTERA
E
l martes 30 de
setiembre Iqui-
tos reforzó todo
su sistema de
seguridad y los
patrulleros se mezclaban con
las mototaxis en las principa-
les calles y avenidas. Ese día,
el presidente peruano Ollanta
Humala se reunió con su cole-
ga colombiano, Juan Manuel
Santos, en la base naval de
esta ciudad para celebrar el I
Gabinete Binacional, durante
el cual se firmaron diversos
acuerdos de cooperación en-
tre Perú y Colombia. Entre las
promesas anunciadas destacó
la de luchar contra el narco-
tráfico en la zona de frontera.
“Limpiar”, fue el verbo que los
dos presidentes pronunciaron.
El mismo martes, en algún
punto del río Amazonas, entre
San Pablo –para más referen-
cias, la remota comunidad
donde se ubica el leprosario en
el que trabajó el ‘Che’ Guevara
durante su paso por Perú– y la
localidad de Santa Rosa, cer-
ca de la frontera peruana con
Colombia y Brasil, en el llama-
do Trapecio Amazónico, una
embarcación –aquí les llaman
‘rápidos’– fue asaltada por pi-
ratas fluviales. Aunque no hay
una información oficial al res-
pecto sí hay varias versiones:
que un grupo de delincuentes
colombianos robó dinero a
narcotraficantes peruanos, que
un grupo de peruanos asaltó la
nave buscando droga para re-
venderla, que hubo disparos,
que murió una pasajera. No se
sabe bien qué ocurrió, pero en
los días siguientes efectivos de
la Marina de Guerra peruana
intervinieron todos los ‘rá-
pidos’ que navegaban por el
Amazonas buscando cualquier
elemento extraño: armas, de-
lincuentes, drogas. Algo.
Esta región fronteriza, te-
rritorio ya consolidado del
narcotráfico, es el nuevo gran
problema del Gobierno. Hace
un mes, el 11 de setiembre, el
Ejecutivo decretó el estado de
emergencia en los distritos de
VÉRTIGO EN
EL TRAPECIO
EN EMERGENCIA.
Los pobladores
de Cushillococha
aseguran que sus
cultivos de coca son
pequeños y que los
tienen por necesidad.
El tráfico en la zona es
constante.
ESCRIBE: RICARDO LEÓN / JLEON@COMERCIO.COM.PE / @ERRELEON / FOTOS: ERNESTO BENAVIDES
Hace un mes el Gobierno decretó el estado de
emergencia en la zona fronteriza de Loreto, un territorio
casi dominado por el narcotráfico. SOMOS viajó hasta
Caballococha, uno de los lugares donde se concentra el
negocio ilegal entre peruanos, colombianos y brasileños.
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Ramón Castilla y Yavarí; de
las zonas incluidas en este ré-
gimen, quizá el más álgido es
Caballococha.
Para llegar hasta aquí se
puede navegar durante ocho
horas por el Amazonas en uno
de estos ‘rápidos’ –con el ries-
go de ser asaltado– o abordar
alguno de los vuelos cívicos de
la Fuerza Aérea, con el riesgo
de que a última hora se sus-
penda el vuelo. También es
común simplemente no en-
contrar pasajes: aquí el movi-
miento es constante, impara-
ble, continuo y uno diría que
hasta extraño.
ESCALATÉCNICA
Lo primero que llama la aten-
ción en Caballococha es que
una gran parte de los poblado-
res –más de 10 mil– pertenece
a la Misión Israelita del Nuevo
Pacto Universal: feligreses de
todo el país que en los años
90, por encargo de su pastor
Ezequiel Ataucusi (fallecido
en el año 2000), dejaron sus
tierras para poblar la fronte-
ra y extender el culto incluso
a otros países. En los últimos
años, en esta región ha habido
cinco alcaldes israelitas; entre
el 2003 y el 2006, en Caballo-
cocha ocupó ese cargo Marino
Chávez, uno de los actuales
líderes del grupo. “Es difícil
para nosotros esta situación.
Sabemos que aquí hay sem-
bríos de coca ilegal en el pue-
blo, pero tenemos que mante-
ner una cierta neutralidad. No
podemos preguntar mucho ni
a los policías ni a los cocale-
ros”, reconoce Chávez.
Coincidentemente, por
aquellos años comenzaron a
llegar noticias a Iquitos, des-
pués a Lima, sobre la presencia
afianzada de narcotraficantes
brasileños, colombianos y pe-
ruanos, y sobre la siembra de
coca a gran escala en Caba-
llococha y sus alrededores. La
tendencia alcanzó su pico ya
en esta década; según la Ofici-
na de Naciones Unidas contra
la Droga y el Delito para Perú y
Ecuador (Unodc), en esta zona
el área de cultivo de hoja de
coca creció casi en 100% entre
2011 y 2012. Según la Policía
Antidrogas, en cambio, si en
el 2006 había 375 hectáreas
cultivadas en todo el Trapecio
Amazónico, en el 2013 eran
más de 3 mil.
“Caballococha es el lugar
de descanso de los ‘narcos’”,
dijo hace poco el alcalde Julio
Khan a un periodista colom-
biano. Aquí fluye el dinero, el
intercambio. Los cultivos de
hoja de coca, en cambio, se
concentran en Cushillococha,
un centro poblado colindante
ubicado a 20 minutos en moto-
taxi, y donde casi todos los po-
bladores son indígenas ticuna.
Cuando personas extrañas
llegan a Cushillococha –un par
de periodistas, digamos– pue-
den ocurrir escenas como esta:
los pobladores se acercan en
grupo a saludar y a conversar
de cualquier cosa mientras lle-
TRES PAÍSES Y UN MISMO PROBLEMA
LASFIRMAS. Jair y Jesús
Ardela Michué (peruanos),un
sujeto conocido como ‘Ma-
caco’ (brasileño) y Alonso
Mavesoy (colombiano) son al-
gunos de los capos de la droga
en el Trapecio Amazónico.
DUROGOLPE. Más de 550
kilos de cocaína fueron deco-
misados por la policía en mayo
de este año en el Trapecio.
La droga iba a ser enviada a
Brasil en los días previos al
Mundial de Fútbol.
HUIDIZOS. Muchos de los
traficantes de drogas de la
zona cuentan con documen-
tos de identidad de dos y
hasta tres países (Perú, Brasil
y Colombia). Cuando hay ope-
rativos, cruzan la frontera.
BAJOLA
MIRA. La
vigilancia en
las afueras de
Cushillococha
es constante.
Los poblado-
res se oponen
al ingreso de
la policía anti-
drogas al cen-
tro poblado.
SELVAPROMETIDA. Unos 10 mil israelitas viven en Caballococha. Ellos aseguran no tener ningún vínculo
con el narcotráfico, aunque la policía sospecha que algunos de ellos son parte del tráfico al menudeo.
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LAS CIFRAS
6
mil millones de dólares
moviliza el Perú cada año
debido al narcotráfico, según
estimaciones de expertos y
analistas.
12
mil hectáreas de
hoja de coca fueron
erradicadas por el Gobierno en
diversas regiones del país en-
tre enero y agosto del 2014.
ga Joel Coello, el alcalde. Lue-
go los visitantes son dirigidos
a una suerte de asamblea en el
local municipal, que en reali-
dad es un cuadrado de madera
con piso de tierra y acaso un
par de mesas y nada más: aquí
las necesidades son evidentes
y lo serán también cuando los
foráneos sean llevados a cono-
cer la posta médica sin medi-
cinas y una línea irregular de
tierra ahuecada que alguna
vez fue pista.
En esta reunión en el local
de madera, los pobladores –
que piden, o más bien exigen,
no mencionar sus nombres–
comentan que los cultivos se
deben, básicamente, a que es
el único modo de vida. “No
tenemos grandes tierras, no
somos ‘el nuevo Vraem’, como
dicen en Lima. Antes vendía-
mos fariña, sembrábamos plá-
tanos, pero eso no nos daba
ingresos. Si nos trajeran culti-
vos alternativos dejaríamos los
ilegales”, explica uno de ellos.
El resto asiente.
Al final, dos de los poblado-
res acceden a llevar a los visi-
tantes a un sembrío de coca
cercano y pequeño: “Tierras
chiquitas, ¿ven?”.
CONTRA EL TRÁFICO
Pero cuando se trata del Tra-
pecio Amazónico no se habla
de pequeña escala. En los
operativos policiales llevados
a cabo en setiembre se deco-
misaron casi 450 toneladas de
insumos químicos para elabo-
rar drogas y se desbarató una
treintena de laboratorios de
procesamiento.
“En esta zona hay un narco-
tráfico dinámico”, resume una
fuente de la base antidrogas
ubicada entre Caballococha
y Cushillococha. Este sistema
funciona, explica el mando
policial, como un engranaje:
la hoja de coca se siembra y se
fumiga y se recoge en el lado
peruano (en Cushillococha,
por ejemplo). Más tarde serán
traficantes colombianos y pe-
ruanos los que comprarán el
producto procesado en Santa
Rosa del Estrecho, la locali-
dad (en la frontera, también)
que funciona como centro de
acopio. Luego la droga será
llevada a Tabatinga, ya en
lado brasileño. Y de aquí a los
grandes mercados del mundo.
Un kilo de droga cuesta en el
lado peruano unos US$1.500,
pero ya en el interior de Bra-
sil, antes de partir hacia Euro-
pa o Estados Unidos, bordea
los US$10 mil.
En los primeros días de ju-
lio de este año, un mayor de
la policía antidrogas falleció
cuando su equipo fue embos-
cado por un grupo de narco-
traficantes armados. Los agen-
tes ya habían destruido dos
grandes laboratorios de droga
en el sector de Panchococha
y se dirigían hacia el tercero,
cuando comenzaron a raspar
las balas. En ese instante los
policías, y poco después el Go-
bierno, entendieron que esta
será una guerra abierta.
FRONTERABIERTA.
Caballococha es uno
de los territorios más
remotos del país. Junto
al Vraem, es uno de los
escenarios más difíciles
de la lucha antidrogas.
www.elcomercio.pe
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