You are on page 1of 8

En 1554 alguien decidió sacar a la luz las peripecias de un muchacho narradas

desde el nacimiento hasta sus nupcias con la criada de un arcipreste. La historia
comenzaba asumiendo el protagonista la función de relator —«Pues sepa Vuestra
erced! ante todas cosas! "ue a m# llaman L$zaro de %ormes! hi&o de %om' (onz$lez )
de *ntona P'rez! naturales de %e&ares! aldea de +alamanca. i nascimiento fue dentro
del r#o %ormes! por la cual causa tom' el sobrenombre,— ) conclu#a con la ubicación
temporal de los -ltimos acontecimientos relatados.
Esto fue el mesmo a/o "ue nuestro 0ictorioso Emperador en esta insigne ciudad de
%oledo entró ) tu0o en ella cortes! ) se hicieron grandes regoci&os! como Vuestra
erced habr$ o#do. Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad ) en la cumbre de
toda buena fortuna
La historia! por tanto! aparec#a narrada de principio a fin por su protagonista!
L$zaro de %ormes. La no0ela picaresca se iba as# abriendo camino en nuestra literatura a
partir de la asunción por parte de un pregonero de 0inos del discurso sobre su propia
0ida. (. +obe&ano planteaba! a propósito de esto! dos denominadores comunes en el
nue0o ar"uetipo te1tual en el "ue la cr#tica ir#a inclu)endo! entre otros! a (uzm$n o
2ustina! por citar alg-n e&emplo. Esos dos rasgos ser#an la cr#tica social ) «la ingeniosa
relación de la 0ida de un su&eto humilde normalmente referida por 'l mismo,. Este
-ltimo aspecto! el concerniente al mecanismo elocuti0o por el "ue las andanzas de
alguien nos eran re0eladas! marcadamente significati0o )a en la primera obrita anónima!
ha ido ad"uiriendo m$s ) m$s protagonismo entre los cr#ticos a medida "ue el tiempo
a0anza. 3. 4abo *seguinolaza! consciente de ello! considera "ue es en concreto la
estructura enunciati0a del relato picaresco la "ue propicia el hacer de todo ello un
espect$culo! ) en concreto un espect$culo de enunciación.
Lo cierto! a la luz de los comentarios ) refle1iones "ue han ido suscitando las
llamadas novelas picarescas en el pasado siglo! ) en lo "ue lle0amos de este! es "ue! de
forma m$s o menos consciente! ha sido este aspecto! el de la enunciación! el "ue ha
generado un cambio en el paradigma de an$lisis desde hace 0arias d'cadas. 5asta hace
unos treinta a/os! las no0elas picarescas eran contempladas! en función del uni0erso
representado! como aut'nticos documentos históricos "ue refle&aban! con un alt#simo
grado de mimetismo respecto a la sociedad del autor! un mundo de hambruna!
pandemias ) conflictos b'licos! cuando no se limitaban a plasmar cuadros costumbristas
de ambientes fundamentalmente urbanos. Por el contrario! ) ci/'ndonos )a a la labor
cr#tica lle0ada a cabo con el Lazarillo! los traba&os de 3. 6ico! 3. L$zaro 4arreter ) V.
(arc#a de la 4oncha han sentado las bases para el cambio en la paradigma cr#tico.
El Lazarillo! contemplado como si de una pintura se tratase! est$ ofreciendo cada
0ez m$s matices ) ri"uezas m$s all$ de lo "ue el lienzo nos ofrece. *hora interesa el
marco! el encuadre )! sobre todo! el pintor. Las obras literarias refle&an un uni0erso de
enunciaciones "ue nos permiten acceder a e1'gesis casi ilimitadas fruto en gran medida
de la superación del dictum! del enunciado. *. 6edondo (oicoechea ha apuntado en
0arias ocasiones las posibilidades "ue se nos abren con esta forma de entender la
literatura. Para ella! esta
comple&a pluralidad! de lectores7lecturas! te1to polifónico! autor con 0arias 0oces
narradoras ) conte1tos sociales es la ra#z de la problem$tica de la literatura! ) de casi
cual"uier manifestación art#stica 8...9 Pienso! con :. ;en&amin o . ;a&tine! "ue la
ideolog#a de un te1to literario est$! m$s "ue en el contenido narrado! en la forma de
contar! en la inscripción del su&eto en su discurso! es decir! en las formas de los
narradores! sobre todo! "ue son los "ue e1presan la finalidad 'tico7pol#tica profunda ) la
epistemolog#a del te1to )! en definiti0a! del autor.
*. 6edondo (oicoechea asume! efecti0amente! "ue hasta hace unas d'cadas lo
"ue interesaba a los in0estigadores era la historia "ue contaban las no0elas! pero desde
los a/os ochenta se empezó a considerar el te1to literario! sobre todo! como un hecho de
comunicación. «cada ni0el narrati0o es! pues! una historia diferente! dentro del mismo
te1to! ) debe analizarse primero! de forma autónoma! para despu's poder relacionarlos
en la s#ntesis final,. Estas afirmaciones de la in0estigadora tienen una fundamentación
ling<#stica profunda. *s#! =. >ucrot! ampar$ndose en la polisemia del t'rmino
enunciación! con el cual podemos designar! entre otros! el producto de la acti0idad del
su&eto hablante! la acti0idad psicofisiológica implicada por la producción del enunciado
o el acontecimiento constituido por la aparición de un enunciado! critica la unicidad de
lo "ue se 0iene dando en llamar sujeto hablante! lo "ue le lle0a a distinguir entre
locutor! o autor de la enunciación! esto es! el "ue habla! ) enunciador! o responsable
original de esta! es decir! el 0erdadero autor del discurso! tal ) como ha constatado! de
forma e1pl#cita o impl#cita! la enunciación del locutor. Es la diferencia "ue ha) en una
no0ela! por e&emplo! entre la mención de una enunciación por parte del narrador! ) la
0erdadera enunciación del persona&e! respecti0amente.
Estos desdoblamientos! por as# denominarlos! generan din$micas narrati0as
caracterizadas por recursi0idades enunciati0as de mu) di0ersa #ndole. Las no0elas
muchas 0eces no son m$s "ue alguien contando "ue alguien contó "ue alguien di&o... ?o
obstante! unos de los aspectos m$s significati0os de la cuestión es "ue estas m-ltiples
enunciaciones generan di0ersas relaciones comunicati0as! a partir de sus
correspondientes destinatarios! ) esto permite estudiar las implicaciones sem$nticas "ue
esas situaciones generan.
4onsideraciones cercanas a estas! al menos en lo tocante a su ob&eto de estudio!
han ido surgiendo dentro de la cr#tica literaria en las -ltimas d'cadas! ) fruto en gran
medida de ese progresi0o inter's por la enunciación "ue ha lle0ado a los analistas a la
obser0ación! con ma)or grado de detenimiento! de los marcos comunicati0os en los "ue
se insertan las historias "ue se nos narran en las no0elas. @no de los primeros en
intentar sistematizar esto dentro del $mbito de la no0ela picaresca ha sido >. Villanue0a
"uien! a pesar de conceder ma)or primac#a a los destinatarios de las enunciaciones! ha
intentado estructurar las relaciones "ue con sus respecti0os emisores estos
establecen!diferenciando entre los autores ) lectores reales! esto es! los emisores )
recptores de carne ) hueso! por una parteA a"uellos "ue asumen! dentro )a de la obra! su
elaboración f#sica ) su recepción 8autor ) lector impl#cito representado!
respecti0amente9 ) a"uellos "ue! en un 0#nculo m$s estrecho! se comunican sin
mediaciones te1tuales! sin artefactos literarios! simplemente cuentan ) escuchan! esto
es! los narradores ) los narratarios.
Esta clasificación nos permite comprobar cómo las di0ersas relaciones
comunicati0as "ue una no0ela puede generar! en función de su caracter#stica
recursi0idad enunciati0a! albergan m-ltiples ) di0ersos mundos enunciados! con
m-ltiples ) di0ersos su&etos "ue enuncian! ) m-ltiples ) di0ersos destinatarios de estos!
todo lo cual da lugar a situaciones ) $mbitos "ue se superponen ) se entrecruzan.
Vol0amos al Lazarillo para constatar todo esto. ?os hab#amos "uedado
mencionando el papel cada 0ez m$s destacado "ue estaba cobrando para la cr#tica
L$zaro en cuanto su&eto hablante! transmisor de su propia historia. L$zaro cuenta su
0ida! ) como narrador tiene un destinatario! un narratario! concreto. ese misterioso
«Vuestra erced,! al cual se dirige desde el inicio de la historia —«Pues sepa Vuestra
erced! ante todas cosas! "ue a m# llaman L$zaro de %ormes! hi&o de %om' (onz$lez )
de *ntona P'rez! naturales de %e&ares! aldea de +alamanca,— hasta su conclusión! a
&uzgar por la adición final de la edición de *lcal$. «>e lo "ue de a"u# adelante me
suscediere! a0isar' a Vuestra erced,. Pero el papel de L$zaro! ) de ah# la gran ri"ueza
sem$ntica "ue los lectores ) la cr#tica han ido disfrutando en esta no0ela! 0a m$s all$ de
ser tan solo alguien que habla. 3. 4abo *seguinolaza insiste! en este sentido! en "ue
todo narrador se 0e definido por lo "ue cuenta! pero tambi'n por el hecho de contarlo!
especialmente en el caso de las no0elas picarescas. Pero la figura nominal de L$zaro 0a
m$s all$ de ser tan solo el relator de sus desgracias ) a0enturas! ) esta caracter#stica
tambi'n le perfila. L$zaro aparece caracterizado! as#! como el elaborador f#sico de la
carta a «Vuestra erced,! en &usta reciprocidad a la misi0a "ue este le ha remitido
pre0iamente! intrigado por el caso m$s famoso de nuestras letras.
+uplico a Vuestra erced reciba el pobre ser0icio de mano de "uien lo hiciera m$s rico
si su poder ) deseo se conformaran. B pues Vuestra erced escribe se le escriba ) relate
el caso mu) por e1tenso! parescióme no tomalle por el medio! sino del principio! por
"ue se tenga entera noticia de mi persona 8p$gs. 1CD711C9
%res son )a los roles! por tanto! "ue hemos 0isto asumir a L$zaro. el m$s
estudiado! tradicionalmente! esto es! el correspondiente a su papel como protagonista de
una serie de a0enturas de final m$s bien agridulce! el de narrador de sus propias
desdichas ) el de prologuista! por as# decirlo! de su relato! &ustificando su e1istencia )
elaboración f#sica! a&ust$ndose este -ltimo a lo "ue >. Villanue0a denominaba autor
impl#cito representado. Este sincretismo "ue encontramos en la figura de L$zaro guarda
cierta relación an$logica con el de la figura misteriosa de «Vuestra erced,. ?o en
0ano! este encarna tanto al destinatario del relato! esto es! el narratario! a "uien el
narrador se dirige! a "uien L$zaro habla! como el receptor o destinatario de la carta7
respuesta a otra pre0ia por 'l elaborada! es decir! representa igualmente al lector
impl#cito representado! a "uien L$zaro escribe?o obstante! otra 0uelta de tuerca ha sido
planteada a propósito de la figura polifac'tica de L$zaro! ) en función de la recepción
"ue la obrita pod#a haber tenido en el momento de su aparición. 3. 6ico )a apuntó lo
"ue de intencional pod#a haber tras la aparentemente casual anonimia de la obra. «el
autor del Lazarillo se propuso precisamente ese ob&eti0o. presentar la no0ela como si se
tratara de la obra aut'ntica de un aut'ntico L$zaro de %ormes. ?o simplemente un relato
0eros#mil! insisto! sino 0erdadero. ?o realista. real 8...9 el Lazarillo! pues! no es una obra
anónima! sino apócrifa! falsamente atribuida,. 3. 4abo *seguinolaza! a propósito de
esta cuestión! se/ala "ue cual"uier narración de forma autobiogr$fica tiende a ser
tomada! sal0o indicio o e0idencia en contrario! como real e! incluso si aparece firmada
por su 0erdadero autor! algo conduce a identificar! si no ha) contradicción! a 'ste con el
narrador. >$ndole la 0uelta a la tortilla! podr#amos decir "ue! en ausencia de firma en la
portada de una obra formalmente autobiogr$fica! se tiende a identificar al narrador con
el autor real. >e este modo! nos enfrentamos a un cuarto Lázaro en el estadio m$s
amplio de an$lisis de las instancias enunciati0as "ue el propio te1to suscita. el del
hipot'tico autor real.
* estas alturas! ) sabiendo como sabemos de la imposibilidad de "ue el
Lazarillo sea una autobiograf#a real! cabe plantearse hasta "u' punto es 0eros#mil la
intersección de estos uni0ersos en una -nica representación escrita! tal ) como plantea
esta obra. * partir de una realidad incontestable! como es la ficcionalidad de la
elaboración autobiogr$fica en los relatos picarescos —de&ando de lado el resbaladizo
caso del Estebanillo—! el p#caro asume! dentro del &uego "ue nos propone! la
elaboración f#sica de un te1to "ue e1ige un destinatario ) una &ustificación. La presencia
del receptor! en la obra de L$zaro! refle&a cierta duplicidad. Por un lado! este espera "ue
con su obra «se huelguen 8...9 todos los "ue en ella alg-n gusto hallaren,! pero al mismo
tiempo &ustifica su e1istencia a partir de la obligación social "ue hacia «Vuestra
erced, tiene! )a "ue «pues Vuestra erced escribe se le escriba ) relate el caso mu)
por e1tenso,.
>esde luego! en cuanto lectores de la obra! no podemos escapar a nuestra
necesidad de atribuir intencionalidades ) de buscar &ustificaciones tras la enunciaciones
localizables en ella! ) el discurso de L$zaro como autor del te1to es una de ellas!
independientemente de lo le&ano "ue nos resulte el destinatario directo de su obrita!
misi0a! o como prefiramos denominarla. ?uestra necesidad de encontrar satisfactorias
las relaciones comunicati0as "ue los distintos uni0ersos enunciados generan 0a m$s all$
del rigor cr#tico "ue mostremos. Por el contrario! somos deudores de determinadas
aptitudes cogniti0as inherentes a nuestra condición de humanos. . >onald lo
denomina Teoría de la mente! ) surgir#a de la capacidad "ue tenemos para comprender e
imaginar intencionalidad en los otros! a partir de nuestra habilidad metarrepresentati0a!
es decir! de nuestra destreza para representar la representación de otro! es decir! para
pensar lo "ue est$ pensando.
La pregunta! por tanto! 0ol0iendo a la obra "ue centra nuestro inter's es. Epor
"u' escribe L$zaroF *"u# ha) una cuestión de crucial inter's "ue es necesario deslindar
desde el principio. ?o nos estamos preguntando acerca de por "u' cuenta L$zaro!
puesto "ue f$cil resulta la respuesta. L$zaro se con0ierte en narrador de su 0ida por"ue
solo 'l! en primera persona! pod#a asumir el relato de tan e1ecrables andanzas. La
distancia con las 0oces ale&adas de los protagonistas "ue testimonian los relatos
caballerescos ) pastoriles! por e&emplo! es palpable! dada la catadura moral del p#caro.
?i si"uiera nos estamos preguntando por el moti0o "ue le lle0a a responder a «Vuestra
erced, con este relato7misi0a! asumiendo el rol de autor impl#cito representado! de
acuerdo con la mencionada clasificación de >. Villanue0a! puesto "ue la obligada
reciprocidad epistolar le est$ obligando a ello! para lo cual urde una carta de
autodefensa! o si se prefiere! de auto&ustificación! "ue le e1onere de la humillación
social "ue supone el "ue su mu&er sea la barragana de un cl'rigo. La duda! "ue es
necesario disipar igualmente! es por "u' se finge autor real de la obra o! dicho en otros
t'rminos! por "u' el autor real consiente en cederle gustoso este rol! el de elaborador
aparentemente real del te1to! fa0orecido por el gui/o de camarader#a "ue supone la
anonimia.
L$zaro! en cuanto ficticio autor real de la obra! ten#a "ue ser perfectamente
consciente de "ue nos estaba ofreciendo un retrato de s# mismo de tipo es"uizoide. Por
un lado! confiaba con absoluta confidencialidad la historia de su 0erg<enza a «Vuestra
erced,! a tra0's de una carta personal. Pero! por otra parte! destinaba su obra a «todos
los "ue en ella alg-n gusto hallaren,! dando muestras e0identes de pretender airear con
un desenfado incomprensible los episodios de su 0ida "ue m$s celosamente deber#a
disimular. >os hipótesis contemplamos ente esto. o bien se debe a un descuido del autor
real! cosa "ue dudamos! o bien ha) una intencionalidad oculta por parte del desconocido
art#fice.
Lo cierto es "ue estos aparentemente contradictorios comportamientos de
L$zaro! desde las di0ersas instancias "ue encarna! parecen asumibles a la luz de la
noción de enunciado ecoico! igualmente mane&ada desde la perspecti0a de la %eor#a de
la 6ele0ancia! ) complementable a partir de la pluri0ocidad del su&eto hablante "ue
mencionaba =. >ucrot 81DGH9! como hemos 0isto. >. +perber ) >. :ilson aluden a ello
en los siguientes t'rminos.
*l representar el enunciado de otra persona! o la opinión de un determinado tipo de
personas! o la sabidur#a popular! de una forma manifiestamente esc'ptica! di0ertida!
sorprendida! triunfante! mostrando aprobación o reprobación! el hablante puede
e1presar su propia actitud hacia el pensamiento del "ue se hace eco! ) la rele0ancia de
su enunciado puede depender! en gran parte! de la e1presión de esa actitud.
Vol0amos al Lazarillo! formulando de nue0o la pregunta. Epor "u'
supuestamente escribe L$zaro esta autobiograf#a dentro de la cual encontramos una
carta7respuesta donde nos narra su 0ida pormenorizadamenteF La coherencia de este
desdoblamiento entre el L$zaro confidente de IVuestra ercedJ ) el L$zaro como
pretendido autor de esta no0ela solo ser#a comprensible! creemos! a partir de la asunción
por parte de este de la 0oz de a"uel! haci'ndose eco de ella! pero tambi'n
distanci$ndose. Esta distancia podr#a ser formulada en los mismos t'rminos "ue la "ue
ha) entre el L$zaro7persona&e ) el L$zaro7narrador! es decir! notando "ue la perspecti0a
"ue impone la le&an#a temporal puede suponer ciertas modificaciones psicológicas
cualitati0amente significati0as. *s#! mu) dif#cilmente podemos creer "ue el pregonero
de 0inos "ue nos relata la historia pudiera de nue0o acercarse a un toro de piedra con el
ob&eto de escuchar ruido dentro de 'l! tal ) como leemos en el tratado K. >e igual forma!
parece "ue nos resultar#a mu) poco digerible "ue el hipot'tico autor real de la obra
pretendiera "ue tom$semos en serio el empecinamiento con el "ue el narrador defiende
a su mu&er —«Lue )o &urar' sobre la hostia consagrada "ue es tan buena mu&er como
0i0e dentro de las puertas de %oledo. Luien otra cosa me di&ere! )o me matar' con 'l,—
tras las constantes indicios de adulterio "ue nos ofrece a lo largo del -ltimo de los
tratados. Por el contrario! solo desde el prisma del distanciamiento del L$zaro en cuanto
ficticio autor real podemos empezar a entender el &uego.
La propuesta es la siguiente. @n L$zaro presumiblemente entrado en a/os
recordar#a! o conser0ar#a! el registro epistolar dirigido a «Vuestra erced,! el cual hab#a
sido elaborado
por "ue se tenga entera noticia de mi personaA ) tambi'n por "ue consideren los "ue
heredaron nobles estados c-an poco se les debe! pues 3ortuna fue con ellos parcial! )
cu$nto m$s hicieron los "ue! si'ndoles contraria! con fuerza ) ma/a remando! salieron a
buen puerto.
La pomposa soberbia de estas palabras! as# como los denodados esfuerzos por
defender la 0irtud de una mu&er! la su)a! a todas luces infiel! ser#an 0istos! con el paso
de los a/os! con la compasión de "uien ha conocido las miserias de esta 0ida. >esde esa
perspecti0a! la carta se con0ierte en muestra de una actitud engolada e hipócrita con la
"ue el L$zaro autor del Lazarillo no pod#a )a comulgar. +olo as# entendemos sus
palabras iniciales! "ue dar$n paso a la aparición de L$zaro como elaborador epistolar.
Lue! confesando )o no ser m$s sancto "ue mis 0ecinos! de esta nonada "ue en este
grosero estilo escribo! no me pesar$ "ue ha)an parte ) se huelguen con ello todos los
"ue en ella alg-n gusto hallaren! ) 0ean "ue 0i0e un hombre con tantas fortunas!
peligros ) ad0ersidades
L$zaro! por tanto! como ficcional autor real de la obra! se 0er#a a s# mismo como
un bufón! o me&or a-n! como la deforme m$scara de una 0ida "ue le ha lle0ado a una
humillación a-n m$s terrible "ue saber de la infidelidad de su mu&er! ) "ue consistir#a en
saberse art#fice de un te1to hipócrita de principio a fin! como testimonia ese grotesco
esfuerzo del L$zaro7autor de la ep#stola por defenderse pretendiendo con0ertirse en
s#mbolo de la superación personal! ) la e1piación de esa actitud solo ser#a posible a
partir del esfuerzo de L$zaro autor por pretender sacar a la luz la carta! ) a su
responsable! "ue )a no es el mismo! psicológicamente! "ue el del Lazarillo.
L$zaro! por tanto! como supuesto autor real del libro! se distanciar#a de ese
L$zaro pregonero de 0inos "ue cree haber alcanzado «la cumbre de toda buena fortuna,!
por medio de esa enunciación ecoica "ue supone las primeras l#neas del te1to! ) "ue
marca una clara distancia respecto a la seriedad del narrador "ue se empe/a en defender
a su mu&er al final del libro. +olo as# entendemos "ue el cl$sico binomio
docereMdelectare sea sub0ertido por el anciano L$zaro al afirmar respecto a sus
a0enturas "ue «podr#a ser "ue alguno "ue las lea halle algo "ue le agrade! ) a los "ue no
ahondaren tanto los deleite,. L$zaro &uega! por tanto! a la autoparodia! al escribir una
historia! la su)a! con el ob&eti0o de "ue nos riamos! no del persona&e! sino del narrador!
ofreciendo un documento "ue refle&a los diferentes estadios de la 0ida. el persona&e
ingenuo! el narrador hipócrita! el autor de cartas orgulloso ) soberbio )! sobre todo! el
anciano resignado "ue escribe con iron#a! pues no de otra manera podemos entenderlo!
las siguientes palabras al inicio de esta obra fundacional. «Bo por bien tengo "ue cosas
tan se/aladas )! por 0entura! nunca o#das ni 0istas! 0engan a noticia de muchos ) no se
entierren en la sepultura del ol0ido,. El mecanismo de relo&er#a est$! por tanto! ser0ido.
@ni0ersos psicológicamente contrapuestos ) complementarios aparecen representados
en estas di0ersas enunciaciones de un indi0iduo aut'nticamente plural! pero muestra al
fin ) al cabo de las contradicciones definitorias de la naturaleza humana.