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REMEDIO CONTRA EL DASANIMO

Cuando enferma con síntomas negativos claros la confianza en las posibilidades de que
alguna vez este lado del planeta se incorpore al primer mundo, debería ser mandatorio ir o
prestar mayor atención a Chile para reponerse. Revisar allí los diarios, detenerse en los
programas noticiosos y seguirle la pista al debate público proporcionan alivio de inmediato.
Se afianza la sospecha de que será el primer país latinoamericano en vencer la rémora del
subdesarrollo y agenciar a sus ciudadanos un nivel de vida aceptable, a salvo de
precariedades extremas, instituciones desfallecientes, injusticias extendidas y todo el
catálogo de males con que vívidamente se describe el purgatorio y el infierno de la
pobreza.
Obligado es preguntarse cómo un país en donde apenas los veinte años del tango aquel
atrás no había democracia y que en las últimas décadas del siglo pasado sufrió una de las
dictaduras más represivas y crueles que registre la historia latinoamericana, amén del
trauma de un presidente en ejercicio muerto en el asalto subversivo a la sede de gobierno,
hoy exhiba tantas ganancias democráticas, estabilidad política, un régimen de partido
afianzado y creíble, indicadores económicos envidiables y se distancie cada vez más, no
físicamente claro está, de sus vecinos argentinos. Ni hablar de los bolivianos, a quienes
pese a toda la retórica enfebrecida les presta los puertos e infraestructura del norte para
que comercien con el mundo y les mantiene los oídos abiertos en actitud permanente de
diálogo sin cortapisas. Por inflexibilidad de la geografía y la historia, paradójicamente, los
chilenos se avecindaron en el sur americano donde confluyen la república más rica y la
más pobre. ¿Quién ha dicho que los extremos nunca se juntan?
A falta de índice que la confirme y de autoridades en la materia que la suscriban, advierto
de antemano que se trata de una idea peregrina esta que aquí aventuro. Los países en
vías de industrialización, aquellos que están a punto de salir del hoyo o ya transitan los
senderos del desarrollo, se caracterizan por la elevada inversión publicitaria que las
instituciones educativas realizan en los medios de comunicación. Es avasallante lo que he
visto, por ejemplo, en Malasia, Hong Kong y Chile. No hay un diario malayo de importancia
que no esté cargado de anuncios sobre becas, los cursos de entrenamientos más
variados, concursos para puestos académicos, fotos pagadas de graduaciones y
conferencias o eventos con figuras de fama mundial. En la antigua colonia británica, las
estaciones del eficiente sistema de transporte subterráneo sirven para promocionar una
miríada de carreras cortas y largas, publicidad que se reproduce con igual intensidad en
otros vehículos informativos. Las visitas de los reclutadores de las universidades
extranjeras tienen categoría de noticia importante, al igual que todo lo referente a los
centros de enseñanza de elite repartidos por el mundo, pero sobre todo en los Estados
Unidos y Gran Bretaña.
Chile, esa cinta alargada, minera, de montañas avasallantes, valles generosos, lagos
mansos, vientos ululantes, mares embravecidos, terremotos devastadores, desiertos
ardientes e hielos eternos, sorprende por la competencia abierta entre las universidades
para captar los mejores talentos y motivar a la juventud a seguir una carrera profesional.
Página tras página de publicidad no solo de las universidades sino también de los
institutos de formación media, colegios secundarios y, al igual que en Hong Kong y
Malasia, conferencias y jornadas especiales de multiplicidad de cursos. Algunos anuncios
contienen las fotos y hojas de vida de los principales docentes: doctorados de Harvard,
maestrías de Yale, años de enseñanza en Europa…un verdadero derroche de talento,
experiencia, dedicación y trayectoria profesional de éxito.
El pasado viernes, la noticia principal del periódico más importante de Chile, El Mercurio,
versaba sobre la modificación de la prueba de selección universitaria (psu), requisito
indispensable para acceder a un centro de enseñanza superior, acordada por el Consejo
de Rectores y el Ministerio de Educación (Mineduc). ¿Cuál sería uno de esos cambios?
Pues incorporar la posición que ocupan los alumnos en las escuelas donde estudian como
uno de los factores a tomar en cuenta. Por supuesto, los ocupantes de los últimos lugares
del ranking no tendrán las mismas posibilidades de acceder a la universidad que aquellos
a la cabeza, lo que se convierte en un incentivo personal más para mejorar el desempeño
estudiantil.
La conversación pública de la sociedad chilena gira en torno a las primarias de los partidos
para elegir candidatos a las próximas elecciones y a las posibilidades de que la
Concertación se sobreponga a las fuerzas centrífugas. Pero también, y con notable
insistencia, sobre el nuevo proyecto del Mineduc para que las instituciones educativas se
acrediten con una agencia internacional de prestigio en vez de hacerlo con una nacional.
La idea se condice, como señalaba (¡atención al cargo, mucha atención! el Ph.D Moisés
Silva Triviño, vicerrector de Aseguramiento de la Calidad de la Universidad Andrés Bello,
con un mundo global en el cual Chile incursiona desde hace tiempo. "Es consistente
además con lo propuesto hace tres años por la OCDE, en el sentido de que no obstante el
avance de Chile en acreditación de la educación superior, es preciso que los estándares
que se apliquen sean reconocibles internacionalmente".
"Todos descorcharon. La calificación de deuda de largo plazo en moneda extranjera de
Chile pasó de AA- desde A+, con una perspectiva de positiva a estable, y la nota para la
deuda de largo plazo en moneda local fue de AA hasta AA+". Ese era el primer párrafo del
Inversor Global, un medio financiero especializado, al dar cuenta de una gran noticia para
los chilenos poco antes de que acabara el año. No se ganó a Zamora en una hora, pero
Chile queda al nivel de potencias económicas como Japón y China como destino seguro
para la inversión extranjera, capacidad de endeudamiento a tasas bajas y de repago.
Standard and Poor's, la agencia calificadora de riesgo, no es la única en ver "una creciente
resistencia de la economía chilena, lo que mejora la capacidad del Gobierno para aplicar
políticas contracíclicas de cara a un empeoramiento del panorama externo". La estabilidad
política y económica está asegurada por decisiones gubernamentales sensatas y una gran
transparencia y eficiencia en el gasto público. Se lucha contra la desigualdad social y el
Coeficiente de Gini, así lo registra con su declive suave pero continuo. Y si hiciese falta
algún empuje más para el buen ánimo, el chileno Alexis Sánchez hace diabluras con su
fútbol aguerrido y certero como ariete en las filas del Barcelona invencible, al otro lado del
Atlántico que apenas roza los confines más australes del admirable país latinoamericano.
La tasa de paro, por debajo del 7 %, es la más reducida en la región y todo apunta a que
Chile se encamina al pleno empleo en momentos en que, por ejemplo, uno de cada cuatro
españoles carece de ocupación remunerada. Para completar una jornada de asombros por
la proeza de los chilenos, me apercibo con envidia sana de una declaración de mi colega
en Washington, Felipe Bulner, de que su país ha cumplido con todos los requisitos para
ingresar al programa de "visa waiver". En términos muy simples, los chilenos se
encaminan a ingresar a los Estados Unidos sin necesidad de visado, tal como hacen los
europeos y canadienses y, en una oportunidad rescindida, los argentinos.
Mi otro índice muy particular de medir el acortamiento de la distancia a un estadio
desarrollado es el número de escuelas de idiomas y la importancia acordada al
bilingüismo. Sobra indicar el número creciente de malayos, de todas las etnias, y chinos de
Hong Kong que dominan el inglés. En ambos casos podría hablarse de países bilingües,
por lo menos la nueva generación. Chile recorre la misma ruta y las academias de
enseñanza de idiomas se esparcen por doquier al tiempo que se torna en requisito
indispensable la inclusión de lenguas extranjeras en los programas escolares a todos los
niveles.
Uno de los secretos detrás del renacer de la democracia chilena con todas las ventajas del
crecimiento económico y del éxito indiscutible de varios países asiáticos han sido la
educación y su incorporación al diálogo nacional como tema de precedencia. Trascendida
la fórmula falsa de que el problema se resuelve solo con más recursos, han entendido que
junto a la inversión más elevada se requieren reformas valientes, a contrapelo de la
tradición y los intereses gremiales o corporativos. La importación masiva de profesores
para las áreas de ciencias, matemáticas y lenguas, tiene ahora en nuestro pedazo
caribeño más sentido que cuando la propuesta se repetía una y otra vez desde el
programa Triálogo el siglo pasado. Cuba tiene excedente de maestros y la vacuna contra
la ceguera ideológica ha dado muy buenos resultados. Dado el paro en España, la
República Dominicana sería un destino atractivo para, cumplidas algunas salvedades de
salario y condiciones, ese montón de graduados que no saben qué hacer con sus títulos
de maestros. La tecnología, por otro lado, nos ha regalado el aula virtual, un instrumento
precioso para la educación masiva a costos reducidos y tan eficaz, si bien llevado, como la
formación presencial.
Chile se ha abierto al mundo y, como dice el doctor Silva Treviño, necesita una educación
cónsona con los estándares internacionales. Cuestión de recursos parcialmente, pero
sobre todo de voluntad política, de un convencimiento ciudadano que se propaga desde
los hogares hasta la sociedad toda y es convertido en acción por la clase gobernante. Una
universidad pública devoradora de recursos y sin preocupación alguna por la excelencia es
una calamidad. La política de puertas abiertas a todo bachiller, un atentado contra el
erario.
Tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de ser una sociedad bilingüe. Nada impide,
por ejemplo, una disposición que a la vuelta de unos años sea requisito indispensable
superar una prueba acreditada de dominio del inglés para acceder a cualquier título
universitario. Tampoco hay barrera alguna para crear escuelas públicas bilingües o centros
de excelencia a nivel de primaria y secundaria con exigencia de pruebas de idoneidad para
el ingreso y el mantenimiento de un alto índice académico. A la vuelta de unos años
tendríamos miles de estudiantes bien formados, el núcleo de una elite que empuje hacia
arriba la calidad de las universidades o encuentre acogida en centros del exterior bajo el
paraguas de un programa ampliado de becas masivo, cuyo beneficio esté condicionado
exclusivamente al desempeño académico de los postulantes.
Continúa vigente el presupuesto de que el subdesarrollo es, tanto o más que material,
mental. Ambas aristas se reducen con la educación, sin dudas. Pero también con ideas
reñidas con los moldes estrechos de la sabiduría convencional, de la preconcepción, de
los prejuicios. Parecería redundante y propio del círculo vicioso: para entenderlo, todos
tenemos que reeducarnos. No otra cosa es el llamado cambio de mentalidad, muy
diferente a la locura de cruzarse de brazos frente a una nueva realidad que no perdona a
los rezagados.
Chile se ha abierto al mundo y, como dice el doctor Silva Treviño, necesita una educación
cónsona con los estándares internacionales.
Cuestión de recursos parcialmente, pero sobre todo de voluntad política, de un
convencimiento ciudadano que se propaga desde los hogares hasta la sociedad toda y es
convertido en acción por la clase gobernante.