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El Anti prólogo
Este trabajo no presenta un escrito que preceda, fomente, o
justifque lo realizado.
Consta de tres capítulos:
I. Anecdotario.- Cuentos sobre hechos reales en los
que el autor participó o narrados directamente por
los actores
II. El viejo Chiapas habla.- Entrevistas realizadas
con gente de nuestro pueblo
III. Pincelazos Chiapanecos.- A Chiapas lo quiero sin
entenderlo
Notas del autor:
1. No todas las anécdotas son puras y castas, a algunas (si
no es que a todas) le dimos un “retoque” para que tuvieran
más sabor.
2. A los familiares conocidos o amigos de los actores mencio-
nados, les pedimos que no se lo tomen tan a pecho, la idea
es lograr una lectura amena sin ser irreverente.
D.D.O. Dono, Dedico y Otorgo
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SAUDAGE
Es un vocablo de difícil defnición, de origen portugués, que ex-
presa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía,
estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que
implica el deseo de resolver esa distancia.
A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello
que se extraña quizá nunca volverá.
Colaboraciones:
Dolores Serrano de Pariente
Romeo Burelo de Coss
Fernando Pariente Minero
Portada:
Reproducción de pintura de Dolores Serrano de Pariente
Asistente Principal:
Ana Figueroa Pariente
Capítulo I
Anecdotario
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Don Nachito
Don Nachito Cal y Mayor, era un propietario de varias fncas en el
Valle de Cintalapa, allá por los fnales de los años 20’ s del siglo
pasado ..
Cuando tenía algún trámite o compras que realizar se aparecía en
Cintalapa montado en su macho y paraba en un solar propiedad
de Don Leopoldo Rabasa, en el centro de la Ciudad. Ese solar
tenía unas puertas grandes de madera y don Leopoldo permitía
amablemente que los viajeros llevarán ahí a sus animales y perte-
nencias mientras realizaban sus asuntos.
Don Nachito empezaba a juntar hojas o ramas y hacia fuego para
calentar una pequeña olla y hacerse un te de Pericon , que es
una mata que se da silvestre y que el cortaba seguramente en el
camino..
Desde lo alto de su casa mi abuela Panchita lo veía o la averigua-
da de mi Tia Ana María le avisaba que había llegado Don Nachito.
Arreglaba un portavianda que había comprado ex profeso para es-
tos menesteres y le preparaba algunos alimentos que mi mama le
llevaba, al verlos Don Nachito exclamaba: “ Dios mío, pero que
derroche” y procedía a hacerle los honores a aquellos sagrados
alimentos. Me cuenta mi mama que no dejaba ni una sola migaja.
Pues bien, todos los años llegaba el recaudador de rentas a cobrar
lo concerniente al impuesto sobre las fncas y Don Nachito concu-
rría a la invitación.
El funcionario, mencionaba:
“ Finca La Concepción $ 19.00 “
Inmediatamente protestaba Don Nachito, que era una tasa muy
alta, que la cosecha había sido mala y toda una serie de argumen-
tos tratando de bajar aquella cuota.
Proseguía el Funcionario:
“ Finca Porfrio Díaz. ¿ quién es el inconsciente que le puso el
nombre del Dictador a su rancho?.
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Contestaba Don Nachito: “ yo y a mucha honra”
“ cincuenta pesos de cuota” espetaba el recaudador “ los pago
con mucho gusto” respondía Don Nachito.
Mamá Pancha
He conocido a gente singular a través de mi vida y quizá la primera
anécdota digna de contarse, surge de la voz de mi bisabuela, “Mama
Pancha” como le decíamos. Ella era muy diferente en carácter a mi
bisabuelo Abraham y alguien le preguntó cómo era posible que se hu-
biera casado con él y ella contestó una verdad de veinticuatro quilates:
- “Todas las mujeres tenemos diez minutos de pendejada y des-
pués… ya no hay pa’tras”
Los Burelo
Nuestros vecinos y muy queridos, no sólo por nosotros, sino por
todo el pueblo, eran los Burelo, personas de una simpatía e inte-
ligencia pocas veces vista en una familia completa. Uno de sus
negocios familiares fue una tienda que vendía artículos para el
campo. Estando Juan Antonio en el mostrador, llegó un agricultor
y le preguntó:
-Quiero algo bueno para las arrieras- le dijo
-¿Qué le pasa a sus arrieras, están pálidas, ojerosas, han perdido
peso?- le contestó nuestro buen amigo
-¡No sea payaso!- le revira molesto el agricultor –quiero erradicar-
las de mi siembra-
-¡Ahhh, entonces quiere usted algo malo!
Se introdujo en el almacén y trajo un veneno para todo tipo de
insectos.
-¿Es bueno este veneno?- dijo el agricultor
-Ya le dije que es malo, sirve para matar- le contesta Juan Antonio
-Está bien- dijo pacientemente el agricultor –lo voy a probar-
-Se va usted a morir
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-Váyase mucho a…
Algo de historia
Don Efraín Aranda
Aquellos eran los años 50’s en donde se apoyaba en Chiapas la
candidatura a gobernador del licenciado Efraín Aranda Osorio. En
su campaña lo respaldaba Pepe Martínez, un alto ejecutivo de RCA
Víctor en la ciudad de México, quien le grabó la siguiente canción:
“Los de Arriaga y Pichucalco
Y los de Simojovel,
Por ser hombre tan honesto
Todos votaron por él
Efraín Aranda Osorio,
Chiapaneco de verdad.”
Y es que don Efraín era de Motozintla y había nacido unos pocos
años después de que esta ciudad fuera mexicana. Antiguamente
pertenecía a Guatemala y con los acuerdos limítrofes entre ambos
países a fnales del siglo XIX se integró a México. Sus detractores
políticos afrmaban que su origen era guatemalteco. Posteriormen-
te a su mandato, fue embajador de México en aquel país.
Escuela Primaria Federal Número 1
En la escuela de pueblo de aquella época, el fundamento era el
maestro, y después ya se vería en que recinto podía dar la clase.
Todavía queda en el recuerdo aquella lección:
“Es puerta de la luz el libro abierto,
entra por ella niño y de seguro
que para ti serán en lo futuro,
Dios más visible, su poder más cierto.
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El ignorante vive en el desierto,
donde el agua es poca, el aire impuro,
un grano lo detiene un pie inseguro,
camina tropezando, vive muerto.
En esa de tu edad abrir forido
recibe el corazón las impresiones
como la cera el toque de las manos.
Estudia y no serás cuando crecido
ni el juguete vulgar de las pasiones
ni el esclavo servil de los tiranos.”
Así era Arriaga
Arriaga era un pueblo pequeño, muy bien trazado por un ingeniero
norteamericano que vino con el ferrocarril. No sé de cierto cuantos
vivíamos ahí en ese entonces, pero para un niño de cinco años de
edad era un lugar de ensueño.
El pollo de pollera de las Juchis, el mercado, la estación del tren, el
cine Buenos Aires (mi Cinema Paradiso), la paletería Roxy , la Es-
cuela Primaria Federal número 1, el Parque Central, los zanates,
son recuerdos que siempre estarán en mi memoria, a pesar de que
nunca pude regresar a vivir ahí.
Como no había bancos en Arriaga, mi padre tenía una caja fuerte
en su negocio.
Cuando algún amigo o conocido iba a tomar el tren para hacer
algún viaje, pasaba a su ofcina, que estaba a una cuadra de la vía
del tren y le decía a mi padre:
- “Buenos días don Pepe, voy a tomar el tren y quiero que me haga
el favor de guardarme esto.”
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- “Como no, con todo gusto.” –contestaba mi padre, guardando
aquel bulto sin ver lo que contenía, en su caja fuerte.
Pasaban los días y regresaba aquella persona
- “Don Pepe, ya vengo a recoger lo que le encargué.”
Mi padre abría su caja fuerte y le entregaba el paquete tal cual lo
recibió. El sujeto ni lo abría ni verifcaba, simplemente sabía que
estaba como lo entregó.
Así eran las cosas en aquellos tiempos.
Mi Papá tenía un letrero colgando en la ofcina que rezaba;
“Hoy no fío, mañana si”.
En aquellos tiempos la publicidad era muy distinta a la actual, que
es estridente.
Mi Madre me recuerda un slogan de la Cervecería Moctezuma:
“Sería delicia suma,
ser pato y nadar,
si estuviera hecho el mar,
de Cerveza Moctezuma”
Una de las anécdotas que recuerdo de Arriaga fue cursando el
primer año de primaria en la Escuela Federal número uno, y como
maestra la profesora Dina Pardo. Era el mes de mayo, y teníamos
que desflar desde la escuela hasta la Presidencia Municipal, con
un calor tremendo y bajo un sol calcinante.
Esperando a los diversos grupos de integrantes del desfle y al pie
de la Presidencia Municipal estaba don Isidro Gutiérrez Candelaria
(don Chilo), compadre de mi papá y amigo de toda la familia, a la
sazón era Presidente Municipal. Mi casa, que era hogar, tienda y
bodega, estaba enfrente de la Presidencia Municipal.
Recuerdo que nos tuvieron parados bajo el sol como una hora,
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mientras se completaba el contingente escolar. En un impulso, me
salí de la fla y me fui directo a hablar con don Chilo:
- “¿Me puedo ir a mi casa? Hace mucho calor.” –le dije.
Se me quedó mirando y me contestó:
- “Andá, vete.”
Y sin voltear a ver a mi maestra y a mis compañeros, entré por la
tienda de mi papá. Él estaba sentado en su escritorio, y al verme
entrar me dice:
- “¿Qué haces aquí?” (Él era muy estricto)
- “Don Chilo me dio permiso.” –le contesté.
Y sin esperar contestación, de inmediato me fui a echar un clavado
al estanque que había al fondo de la casa.

Cuenta Jubal Peña, que cuando empezaron a llegar por tren los
primeros vehículos para su venta, no había caminos adecuados
para que transitaran y aquellos carros de los años 30’s ya llegaban
a desarrollar velocidades respetables.
Un ganadero Tonalteco adquirió un Ford y después de recibir algu-
nas instrucciones, quiso ir a su rancho y le fue imprimiendo veloci-
dad hasta que se volcó. Le preguntaron que había pasado y dice:
-“no sé, si nada mas íbamos como a catorce”.
La iglesia de La Punta
Me cuenta mi Mama que en aquel barrio de Arriaga había una
vieja y pequeña construcción que había servido de Templo y que
la gente se propuso arreglarla. Entusiasmaron a mi Mama y a otra
a gentes de Arriaga y se hizo una colecta para tal fn. Se iniciaron
los trabajos, pero era imposible demoler los viejos muros, los picos
sacaban chispas cuando se intentaba clavarlos en aquellas vetus-
tas paredes . Al fn tuvieron que dinamitar la construcción. Vivía en
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aquel barrio un viejecillo , quien les contó que cuando la edifcaron,
el Padre les pidió huevos de pájaros, principalmente de Zopilotes
y los mezclaban con el adobe y eso hacía que tuvieran tal dureza.
La Carrera Panamericana
También fue la época en que los niños chiapanecos, en aquel lu-
gar tan apartado del mundo en dónde apenas unos años antes se
había abierto la carretera que conectaba a Chiapas con el resto
del país, eran testigos de un acontecimiento automovilístico de re-
sonancia mundial: la carrera Panamericana, que tenía puntuación
para el campeonato mundial de pilotos.
Los chiapanecos, y en especial los Tuxtlecos tenían el privilegio
de convivir con esos míticos corredores de fama mundial: Ascari,
Taruff, Fangio, Karl Kling, Bonetto, Maglioli, Quienes llegaban con
días de antelación para hacer sus prácticas, poner sus carros a
punto y estudiar la ruta.
Aquí veíamos la llegada de los legendarios Ferrari en un camión
de aluminio que parecía una nave espacial.
Hay una leyenda que se grabó en mi mente de niño: Resulta que el
campeón mundial era Alberto Ascari, un joven italiano muy apues-
to y osado; todos íbamos a la orilla de la carretera en la madrugada
para ver pasar los autos desde sitios estratégicos.
Ascari se salió de la carretera en su coche a la altura de Cinta-
lapa y entre varias personas lo ayudaron a regresar al camino,
entonces él en agradecimiento les obsequió un llavero de Ferrari.
Pasado el tiempo fallece en Europa en otra carrera, y cuenta la
persona que tenía el llavero, que sin el tener noticia de su muerte,
el día que aconteció el accidente, el llavero estaba estrellado. Esta
anécdota nos conmovió a todos.
La Familia Pariente
Don Pepe Pariente
La familia Pariente llega a Chiapas en los años 30’s, mi padre,
natural de Sevilla, España, fue persuadido por un Coronel que si
deseaba continuar sus estudios, debía de enrolarse en el ejército.
Eso sucedía en el año 1919. Ya había terminado una carrera corta
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de aparejador, que es una rama de la construcción (“un maestro de
obras con título” solía decir mi padre).
Tuvo la mala fortuna de ir a combatir la rebelión del líder marroquí
Abdel-Krim y padeció la “Tragedia de Annual”, en donde sorpren-
dieron a las tropas que salieron de Melilla, la columna fue total-
mente devastada, pereciendo el general Fernández Silvestre y la
mayoría de sus soldados. Esto aconteció el 22 de Julio 1921, y
a raíz de este evento cundió el desánimo nacional que provocó
la dictadura de Primo de Rivera. Annual era una antigua posición
española, ubicada en el Rif. Un tío de él, el tío Manuel, hermano
menor de mi abuelo, se vino a “hacer la Ámérica” y radicaba en el
Istmo de Tehuantepec, por razones que todavía a la fecha nadie ha
podido aclarar. Se había casado con doña Rosario Algarín (“Mamá
Chacha”) y mi padre le escribió una carta contándole que en Espa-
ña las cosas estaban muy difíciles y que quería ir a México. El tío
Manuel le contestó que no lo hiciera, que México estaba en medio
de una revolución y que en esa región había mucho pillaje.
Con la terquedad propia de la juventud, mi padre trabajó sin des-
canso en Sevilla haciendo obras y dibujando proyectos de cons-
trucción, para costearse el boleto de barco de ida. En el parque
María Cristina de Sevilla, existe aún una estatua de la Inmaculada
Concepción, edifcada por él.
Un buen día, en el año 1924, se presenta en Zanatepec, Oaxaca
-¿Qué haces aquí? Te aconsejé que no vinieras- le dice su tío Ma-
nuel. –No tengo trabajo para ti-
-Si no quiero que me des trabajo, sólo recomiéndame con alguien
que me dé la oportunidad.-
Don Antonio Álvarez era conocido del tío Manuel, caballeroso co-
merciante español, casado con doña Concha, no tenía hijos. Era
un hombre muy delgado y pálido, al grado de que una vez que nos
fue a visitar a Arriaga, en la casa había una muchacha Juchiteca
llamada Taurina, quien trabajaba en el servicio. Cuando esta vio
llegar a don Antonio, exclamó:
-¡Ay Nana, gueto!
(gueto signifca muerto)
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Mi padre inicio laborando con don Antonio como agente viajero,
cubriendo la ruta a caballo de Ixtepec a Comitán.
Como anécdota podemos contar que tenía un compañero agen-
te viajero llamado Clebe Roche. Casi todos los agentes viajeros
eran extranjeros y viajaban en grupo, iban de plaza en plaza con
su recua de mulas entregando la mercancía solicitada en el viaje
anterior y cobrando. El dinero se depositaba en giros telegráfcos
para evitar asaltos. Es de entenderse que en aquellas épocas, las
muchachas de las poblaciones del estado “se alborotaban” con el
anuncio de la próxima llegada de los agentes viajeros, que en su
mayoría eran jóvenes solteros y algunos de ellos bien parecidos.
Organizaban festas y paseos con motivo de la visita que duraba
algunos días, mientras atendían a sus clientes.
En una de esas festas, celebradas en Comitán, Clebe Roche vio
a una muchacha de apellido Carrascosa, y fue como si un rayo lo
hubiera fulminado. Le dijo a mi padre:
- “Pepe, con esa me caso”
El padre de la muchacha vivía en una villa en las afueras de la
ciudad y por ningún motivo deseaba que a su hija la pretendiera un
agente viajero de reputación muy dudosa.
No había manera de poder ver a la bella mujer, entonces, mi padre,
se disfrazó de sacerdote y solicitó ver al señor Carrascosa. Obvio
es mencionar que en aquella época y en aquella zona, los sacer-
dotes eran muy respetados. Logró entrar a la casa y le explicó que
en realidad no era cura, pero que se había atrevido a esa acción
porque su amigo estaba desesperado por tratar a su hija y que él
se lo recomendaba como persona seria y de buenas intenciones.
- ¿Y a usted quién lo recomienda?- le espetó el señor Carrascosa
- Don Antonio Álvarez de Ixtepec, persona que me dice que lo co-
noce-
Y así surgió el romance del francés enamorado de la bella comite-
ca, que culminó en boda.
Pasaron los años, y cuando me hice novio de mi esposa Elenita,
ella iba todas las semanas a un rancho de la familia en las afueras
de Tulancingo, Hidalgo: el Rancho “El Volcán”.
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Las tías de mi novia, conocían a la señora Carrascosa, que junto
con su esposo, tenían una hermosa tienda de cobertores en Tu-
lancingo, muy famosas por su calidad y duración. Se llamaba “El
Bazar”.
Un día, le comentaron a la señora Carrascosa que su sobrina te-
nía un novio de Chiapas de apellido Pariente, y ella les dijo que le
preguntaran al novio si era familia de Pepe Pariente. Cuando le
dijeron que era mi padre, solicitó que fuera a visitarlos.
El día que llegué a la tienda, estaba don Clebe, ya anciano en una
silla, y cuando me vio, comenzó a llorar y me dijo:
-“Eres igual a tu padre cuando lo conocí”-
Él me contó la anécdota.
Mi padre me contaba que las muchachas mas alegres de toda la
ruta eran las de Coita y las mas guapas las de Comitán. Un día que
llegaron a Coita, las muchachas les habían preparado una gran
festa en una casa que estaba enfrente del Hotel en que ellos se
alojaban, con el parque central de por medio. Se desató una fuerte
tormenta y era imposible cruzar la calle, pues se había converti-
do en un río de agua y lodo. Ya estaban desanimados de asistir,
cuando vieron a mi padre, que se había quitado los zapatos y arre-
mangado unos pantalones viejos de trabajo, quien los transportó
“de caballito” a uno por uno hasta el lugar del festejo. Aquél detalle
fue muy recordado.
Pues bien, estado mi padre en Ixtepec, su tío Manuel tomó la de-
cisión de trasladarse a Arriaga, pues observó el potencial de dicha
ciudad y su rápido crecimiento debido a su posición estratégica.
Su negocio se llamaba Manuel Pariente y estaba ubicado enfrente
de las vías del ferrocarril. Era de esas tiendas de la época que
vendían de todo, conservo una fotografía vieja que anuncia cer-
veza Carta Blanca y gasolina Sinclair. Mi tío Antonio, su hijo, me
contaba que tenían una bomba de gasolina manual y que casi no
habían vehículos en Arriaga.
Como dato para la historia, el primer chiapaneco de apellido Pa-
riente, es mi Tía Mary Lola.
El tio Manuel enfermó y la tia Chacha le pidió a mi padre que la
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ayudara en la tienda mientras se trataba don Manuel, para lo cual
solicitaron un permiso a don Antonio Álvarez, quien gustosamente
aceptó.
Desafortunadamente don Manuel no se pudo recuperar y , a su
fallecimiento, mi padre quedó al frente del negocio, situación que
prevalecería hasta el año de 1954, fecha en la cual él, a su vez
enfermo, cedió el control del negocio a mi tío Antonio.
Cuando la Cervecería Cuauhtémoc adquirió a la Moctezuma, mi
Tío Antonio me solicitó una copia de esa foto de la tienda de su
padre , en donde se anunciaba Cerveza Carta Blanca, para co-
mentarles a los regios que ellos ya vendían su cerveza desde
hacía mucho tiempo.
Me contaba Tío Toño que cuando sucedió el evento de la venta de
la Cervecería, muchos distribuidores se sintieron agraviados y se
negaban a aceptar los hechos. El tuvo que ir a las distintas plazas
a hablar con sus asociados ó encargados para convencerlos de
que había que adaptarse a los nuevos tiempos .El primero en ser
visitado fue su compadre y amigo de toda la vida, Don Julio Fon-
seca que estaba a cargo de Arriaga y una parte del Istmo, que fue
la cuna del negocio.
Fueron a una cantina en Reforma, Oaxaca, y pidieron una cerveza
Bohemia , para irse acostumbrando y le dice su compadre:
-Oye Toño, no me pasa por la garganta esta “cosa”.
-bueno, le dice mi Tío Toño, pidamos un tequila y así no quedamos
mal.
Tío Toño
Mi tío Antonio Pariente fue, sin duda, la fgura más conocida de la
familia en la región. Siempre fue muy amable y cordial conmigo y
nuestra convivencia se acrecentó en los últimos años de su vida.
Solíamos ir a visitarlo por las tardes en la casa que habitaba en la
colonia El Mirador.
Me comentaba que en alguna ocasión, habiendo ya dejado don
Juan Sabines el gobierno de Chiapas, fueron de viaje a Miami y
estaban tomando una copa, cuando don Juan observó a un cuba-
no de ese tipo clásico, ya de edad avanzada y que se moría por
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tomar una copa. Don Juan alertó a mi tío Toño acerca de ese su-
jeto, y ambos se hicieron desentendidos. Ya no soportó más aquel
cubano y se acercó a ellos diciéndoles:
- “¿Ustedes son mexicanos verdad?”- con ese típico y pintoresco
acento de los cubanos.
-“Sí”- le contestó don Juan – “¿Qué se te ofrece?”
- “Hombre, chico, yo quiero mucho a México, la tierra de Jorge
Negrete, de Pedro Infante”
- “Pero ellos ya murieron hace mucho tiempo” – le dice don Juan.
- “¿Cómo?”- dice el cubano – “Dame un trago para la pena”.
Todos rieron y don Juan invitó al cubano a tomar una copa con
ellos.
Mi tío Antonio estudió la carrera de Contador Público originalmente
en la escuela Bancaria y Comercial, y termino la misma en la Uni-
versidad Nacional Autónoma de México. Tuvo como compañeros
a Rogelio Casas Alatriste y a Nicolás Urquiza Fernández de Jaú-
regui, dos afamados contadores. Cuando estudiaba el fnal de su
carrera, ya trabajaba en el despacho de auditoría de Casas Ala-
triste y me contaba que fue asignado, junto con un gran amigo y
compañero el despacho, a revisar la contabilidad de una empresa
minera que era manejada por estadounidenses. Creo que la mis-
ma empresa era gringa.
El día que llegaron, fueron muy bien recibidos y recibieron la invita-
ción a cenar con los funcionarios de la compañía. Previamente los
empleados de la ofcina, los invitaron a una cantina que había el
pueblo y les ofrecieron una bebida llamada changos con osos que
era ni más ni menos que una explosiva combinación de ginebra
Oso Negro con Anís del Mono. Excuso decirles cómo se pusieron;
ya tarde se fueron a bañar y cambiar para ir a la cena, llegaron en
estado bastante inconveniente, y como había música, bailaron con
las señoras y armaron un buen ambiente, pero se impuso la bebi-
da y bañaron a la esposa del gerente.
Al día siguiente pensaron que los gringos los iban a reportar al
despacho y estaban muy temerosos. Sucedió todo lo contrario,
los gringos estaban felices y los invitaban frecuentemente a sus
reuniones.
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No cabe duda, decía tío Toño, que estos amigos son muy raros y
distintos a nosotros.
En una ocasión que llegó mi tío Toño a la ciudad de México, nos in-
vitó a varios miembros de la familia que estudiábamos en esa ciu-
dad a comer. Con la alegría de vernos y reunirnos, establecimos
un gran ambiente en torno a la mesa, en eso estábamos, cuando
se acercó un joven y le preguntó a tío Toño si nos apellidábamos
Pariente, pues escuchó al mesero dirigirse a tío Toño como señor
Pariente. Resultó una persona con el mismo apellido originaria de
Monterrey y de nombre Ramiro. No encontramos relación de pa-
rentesco con esa familia.
Mi primo Teddy
Mi querido primo, Teodoro Hoppenstedt es un personaje singular
en Tuxtla.
Persona muy servicial, buen hijo, generoso, excelente hermano,
líder de su familia, es un tipo además, muy simpático.
Es propietario de una gasolinera en la Ciudad y está ubicada en
un cruce de dos calles, una de las cuales, cuando se amplió fue
afectada por el Ayuntamiento Tuxtleco y a esa Avenida se le puso
el nombre del Gobernador en turno. Se le hizo un letrero en con-
creto y a raíz de algún accidente se destruyó el letrero. Mi primo
estuvo insistiendo para que se arreglara, pero obviamente nadie
la hizo caso en el ayuntamiento.
Como se daba cuenta que no sólo no iban a reparar el letrero,
sino que no le pagaron la afectación de su terreno con la am-
pliación de la calle, tomó la decisión de hacer un letrero igual
en concreto, sólo que le puso BOULEVARD HOPPENSTEDT .
Pensó que las autoridades inmediatamente vendrían a corregir
esto, puesto que existe otro letrero aéreo que tiene el nombre del
gobernador que mencionamos. Pues no, no han hecho nada, han
pasado los años y ahora los taxistas reconocen la calle con el
doble nombre.
¡Qué chulada de Ciudad tenemos!
Despedida de Soltero
Cuando me iba yo a casar, la noche previa a la boda, todo el con-
tingente de familia que venía de Chiapas, me hizo una despedida
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de soltero en el afamado centro nocturno Terraza Casino, que te-
nía de variedad ni más ni menos que a Toña la Negra, la famosa
intérprete de Agustín Lara.
Asistió pura “caballería pesada” y yo con los nervios de la boda,
mis 68 kilos y los brindis con todos, estaba feliz de la vida. Le gri-
taron a Toña la Negra que me iba a casar y subí al foro con ella;
creo que canté algo, ya no recuerdo, y acabé en el baño del lugar
tirando el hígado. Manolo, mi hermano, me encontró y junto con
mi cuñado, Toño López, me llevaron a la Central Quirúrgica, que
era el hospital que atendía a empleados de Bancomer, en donde
trabajaba Toño. Entré con su credencial y mi hermano le dijo al
doctor:
- “Se siente mal”
Y contesta el Galeno – “Este hombre está perfectamente borra-
cho”.
Me puso una inyección y me llevaron a la casa. El que perdió fue
Toño, que quedo con ese reporte en su expediente médico.
Al día siguiente, con unas pocas horas de sueño y crudísimo, gra-
cias a mis veintidós años, fuimos con Elenita al panteón a visitar
la tumba de mi queridísima suegra, Doña Elenita Burton. De ahí
todavía fui a la ofcina, ¡Juventud, divino tesoro!
Tío Luis
Mi tío Luis Pariente, andaluz de cepa, formó parte de un heterogé-
neo grupo que se formó entre amigos de Chiapas y Monterrey para
asistir a un Súper Bowl en Nuevo Orleans. Don Luis no tenía idea
alguna del juego, pero iba encantado a pasarse unos días con no-
sotros. También, como buen andaluz, no se le daba con facilidad
el idioma inglés.
Cuando llegamos a Nuevo Orleans y sólo con habernos reunido
en México para el vuelo a esa ciudad, el grupo estaba integrado y
algunos ya tenían hasta apodo.
Mi tío Roberto Serrano también nos acompañó en ese viaje con
su hijo Esteban. El tío Roberto tenía fama de ser buen tomador y
entre un norteño de nombre Héctor Treviño, mi amigo Arturo Rodrí-
guez Velarde y un buen amigo de Tuxtla, se pusieron de acuerdo
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para tratar de emborracharlo en la primera noche. Los planes del
trío fracasaron, pues don Roberto ayudó a dos de ellos a volver a
sus habitaciones en muy mal estado y al día siguiente amanece
Treviño muy golpeado y ve a mi tío Roberto desayunando unos
huevos estrellados; no aguantó más y se fue a devolver el estó-
mago al baño.
Más tarde, dimos un paseo por la ciudad y mi tío Luis ve un semá-
foro peatonal y le pregunta a Treviño:
- “¿Qué quiere decir don’t walk?”
- “Que pase usted don Luisito” – le dice Treviño.
¡Si no lo detenemos, lo atropellan!
En dicha ciudad habían shows de Streap Tease a todas horas, y en
uno de esos lugares, una señora ya entrada en años se atrevió a
descubrirse el torso ante el público. Se levanta mi tío Luis y le pone
en su pantaloncillo un billete de cinco dólares y le dice:
- “Tome, por valiente”
En el legendario restaurante Antonie’s, Paco Cerda y yo comimos
doble, lo que yo seleccioné en cuatro tiempos y lo que el escogió,
una orden para cada uno. Mi tío Luis y yo pudimos conocer la
cava y ahí escogió una botella de vino para cada comensal, algo
inolvidable.
Ya en el juego, tío Luis nos preguntó para qué servían las rayas
de 10 yardas; un sorprendido afcionado mexicano, sentado junto
a nosotros le preguntó que si no sabía en realidad nada del juego
y tío Luis le explicó que el venía a pasar un buen rato con sus
amigos. El buen tío Luis me pide que lo acompañe a comprar una
cerveza y con su inglés con acento alemán, pide:
- “Beer, please,… big”
El despachador le inquiere: -“Big?”
- “Yes, big” –le contesta tío Luis.
El gringo le sirve un vaso enorme con dos litros de cerveza; cuan-
do regresa a su asiento, lo ve nuestro amigo afcionado, y sin decir
nada, se levanta y le trae un hot dog que medía medio metro, y le
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dice:
- “Tome don Luis, para su cerveza”
Todos nos reímos mucho, y tío Luis, necio como una mula, se tomó
toda la cerveza y se engulló el hot dog.
Cuando el juego agonizaba, tío Luis hizo un comentario:
- “Pobres águilas (de Filadelfa) no les queda más que patear el
balón”
Se levanta nuestro amigo afcionado, y dirigiéndose a la porra
mexicana, exclama:
- “Ya le entendió don Luis” hubo aplausos y vítores.
El buen don Luis, desconocedor de las costumbres sociales grin-
gas se baja del coche en una gasolinera y ve a una señora de ele-
gante conjunto blanco, ella de raza negra, poniéndole combustible
a su bello Cadillac, y pensando que es empleada de la gasolinera,
le dice:
- “Service please”
Ella sólo sonrió.
Ya de regreso, teníamos que salir del hotel en Baton Rouge muy
temprano, irnos por carretera a Nuevo Orleans, abordar un avión a
Houston y conectar con un avión que venía de Londres.
Adrián Marenco, con su clásico humor negro, llama en la madruga-
da a todos los cuartos y nos avisa que el vuelo se adelantó. Todos
nos arreglamos rápido y salimos al lobby con las maletas, un poco
“golpeados”, pues la noche anterior festejamos la despedida con
unas cuantas botellas de vino blanco “Blue Nun”. Adrián se apare-
ce, unas horas más tarde tan campante… ¡Negra broma!
En el vuelo de regreso, nos damos cuenta que las azafatas se veían
un poco “raras”. Resulta que toda la tripulación era de Oakland
y los Raiders que ganaron el Súper Bowl eran de esa ciudad, y
en el viaje Londres-Houston como no venían muchos pasajeros,
empezaron a brindar por el triunfo de su equipo y literalmente se
pusieron “hasta atrás”.
21
Cuando quisieron servir las bebidas y viandas, todas se les caían,
hicieron un show increíble. Tiraban las bebidas, estrellaban las ga-
lletas contra las puertas. Un pasajero se levantó, calmando a una
de ellas, la levantó y la sentó en su sillón, quedando la azafata bien
dormida. Él se dedicó a atendernos a todos los demás pasajeros,
entre aplausos y bromas.
Mi tío Luis Pariente nació en 1919 y se enlistó en el ejército siendo
muy joven y peleó en la guerra civil del lado franquista.
En una ocasión, siendo ya de noche y estando descansando con
sus compañeros después de comer algo, le prendió el cigarro a
dos compañeros y al llevar el cerillo al suyo, sintió un fuerte golpe
en el cuello y cayó al suelo. Un francotirador apunto a la luz del
cerillo y le atinó a tío Luis. La bala pasó limpia y no afectó arterias
ni huesos ni músculos. En tres días ya estaba dado de alta, fue
una situación milagrosa, pues al agacharse a encender su cigarro
quedo un orifcio del tamaño de la bala que paso sin hacer daño
por en medio de sus vértebras.
Posteriormente, terco como buen Pariente, se enlistó en la divi-
sión azul, que fue un “cuerpo voluntario” de apoyo del gobierno de
Francisco Franco al ejército Alemán, en pago por su colaboración
en la guerra civil española.
Fueron enviados al frente ruso, llegaron a estar a -53° C, durmien-
do a la intemperie. En una ocasión, encontraron un soldado Ruso
sentado, congelado, y no le pudieron arrancar el rife de las manos.
Este soldado se quedó en su puesto hasta morir. Decía tío Luis
que eran unos soldados feroces los rusos.
En otro pasaje de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a un pue-
blo destruido que sólo tenía un pequeño edifco en pie. Encontra-
ron un gato y unas botellas de aguardiente ruso y cenaron gato
asado y se pusieron tan borrachos con el aguardiente que se que-
daron dormidos en el último piso de éste edifcio. Esa noche hubo
un bombardeo aéreo de los rusos sobre el pueblo, y ellos no se
despertaron de la “talanquera” que traían.
Tío Luis era muy alegre y en las noches cantaban, hacían tertulias
y así se hizo muy amigo del jefe de camilleros y algunos médicos.
22
En una batalla, recibió en balazo de alto calibre que le dejó la ar-
teria femoral al aire; se acuerda que había una hilera enorme de
camillas con heridos, y que milagrosamente lo reconoció su amigo.
- “Pariente, ¿Cómo estás?” –le dijo el jefe de camilleros.
Tío Luis sólo atinó a señalarle la herida.
- “Pásenlo hasta adelante, se está desangrando.” – ordenó el jefe
de camilleros.
Se lo llevó al doctor que parecía un carnicero lleno de sangre y le
dijo:
- “Le traigo este herido doctor”
El doctor lo revisó y dijo:
- “Traigan otro, este ya no tiene caso.”
Insistió el camillero:
- “¡Opérelo por favor, es mi amigo!”
Lo operaron, resistió en forma consciente, pues no había anes-
tesia total, y cuando lo depositaron en la cama se dijo a si mismo
mirando a la ventana:
- “Si logro ver la luz del día, me salvo.”
Y se aguantó hasta que vio la luz por la ventana. Se quedó dormido
y por la tarde se da cuenta que están evacuando precipitadamente
a los enfermos, medio escucha que los rusos están atacando el
lugar, pero que a él y a otros no los pueden movilizar por su esta-
do delicado de salud. Me contaba que se decía que los soldados
rusos entraban a los hospitales y les clavaban la bayoneta a todos
los heridos para no hacerse cargo de ellos. Esa única vez, sintió
miedo e impotencia. Finalmente los alemanes lograron detener el
avance ruso a doscientos metros de esa guarnición.
Cuando pudieron moverlo, un avión alemán lo llevó a Koenisberg
en dónde se recuperó y al decirle que ya se regresaba a España,
se negó terminantemente y pidió regresar con su regimiento. Tenía
el grado de teniente.
A raíz de este suceso, en un alcance de un periódico de España se
editó la siguiente publicación:
23
La gloriosa División Azul
Citaciones
“Se pasarán por la inspección provincial de la División Azul sita en
calle Albareda número 22, algún familiar del voluntario Luis Parien-
te, teniente de caballería para un asunto de gran interés todos los
días hábiles de 10 a 1 por la mañana y 4 a 7 por la tarde.”
Esto quería decir que había muerto en combate y se lo partici-
paban a sus familiares; tan grave fue la herida de tío Luis que lo
dieron por muerto.
Un relator militar menciona en su parte ofcial que:
“En medio de un intenso bombardeo, el teniente Pariente cantaba
dándole ánimos a la tropa para no desmayar en la lucha”
Por todo esto, le otorgan la Cruz de Hierro alemana, la máxima
presea de reconocimiento militar y normalmente otorgada a sol-
dados alemanes.
Siendo jefe de la zona militar en Tuxtla el general Padilla, mi pri-
mo José Carlos, hijo de tío Luis, se hizo novio de la hija de dicho
general, una muchachita muy bonita y en las pláticas acerca de la
familia, le contó que tío Luis tenía la Cruz de Hierro alemana. Esta
niña se lo comenta a su padre y este hombre le dice que lo duda
porque es una presea que sólo se le otorga a alemanes.
No hay nada peor para mi primo José Carlos, y más para el buen
tío Luis, que lo tildaran de mentiroso. Se enoja mucho José Carlos,
pero tío Luis le dice que mejor invite al general a cenar a su casa
y al término de la cena, tío Luis le enseña la medalla sin decirle
nada. El general quedó muy apenado y ofreció disculpas por su
ignorancia, haciéndole el comentario a tío Luis que él jamás había
participado en una batalla militar.
Don Amadeo Erauzkin, personaje singular, llegó a Tuxtla a prin-
cipios de los años 60´s con la distribución del Brandy Club 45 y
los vinos Hidalgo. Manejada un Jeep todo destartalado y lleno de
anuncios de estos productos.
24
Fue al parque central y le preguntó a un bolero si podía decirle
quien sabía algo de vinos en Tuxtla, a lo que el bolero le contesto
que el Doctor Fernando Pariente.
Se presentó don Amadeo en la casa de mi tío Fernando, y después
de la presentación de rigor, le ofreció tres cajas de vinos Hidalgo,
una de blanco, una de tinto y una de rosado, con la fnalidad de que
lo probara, y si era de su gusto, lo recomendara en la población.
Mi tío Fernando, agradeció el obsequio e inmediatamente citó a
sus hermanos Carlos y Luis a comer una paella que tía Clotilde,
su esposa, guisaba en forma exquisita,, para el sábado siguiente.
Con la sagrada tarea de degustar esos vinos, lo primero que discu-
tieron era como iban a probarlos y tío Carlos sugirió tomar una de
cada una, iniciando por el blanco de sabor más amable, después
el rosado y dejar al fnal del tinto por ser de sabor más fuerte. Así
lo hicieron, ¡Pero seis veces! Para terminar con las tres cajas y con
toda la generosa ración de paella.
Tío Carlos, como vivía en Comitán, se quedó a dormir en casa de
tío Fernando, y tío Luis, al salir para su casa puso en reversa su
vehículo hasta que sintió un “leve golpe”; enderezó la dirección y
puso rumbo a su hogar.
Al día siguiente, por la mañana, tocaron el timbre de casa de tío
Luis y este se levantó algo maltrecho a ver quién tocaba su puerta
a esa hora en domingo.
- “Don Luisito, soy vecino de su hermano el doctor y lo vengo a
molestar porque anoche me tiró usted la barda de mi casa.”
- “¿Yo? ¡Imposible! –dijo tío Luis – “me hubiera dado cuenta.”
- “Mire don Luisito” –dijo el vecino – “todavía trae usted dos tabi-
ques en la cajuela de su coche.”
Los Periodistas de Aquellos Tiempos
En aquellos tiempos en Chiapas, particularmente en Tuxtla, se edi-
taban varios periódicos, la mayoría de los cuales constaba de muy
pocas páginas, algunos de ellos solo las cuatro de rigor. No se
puede menos.
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Corrían los fnales de la década de los años 50’s y hubo una re-
unión de directores y a la vez dueños de dichas publicaciones,
en donde, preocupados, comentaban que había tomado posesión
como gobernador del estado, el doctor Samuel León Brindis, per-
sonaje muy popular, sencillo, afcionado a la poesía y al dominó,
y que no se había establecido “el arreglo sexenal” que permitía la
supervivencia de sus diarios.
Fueron comisionados Gervasio Grajales, del periódico ES, y don
Pancho Núñez de El Sol de Chiapas (que nunca cedió su nombre
a la cadena nacional de los Vázquez Raña) para esta delicada
tarea.
Se pasaron la noche en vela, ensayando todos los argumentos
que pudiera esgrimir el gobernador, y las contestaciones que ellos
darían para convencerlo; practicaron todas las posibilidades.
Por fn, llegó la hora de la cita, y el gobernador los recibió en su
casa. Iniciaron su argumentación, sin recibir respuesta alguna del
gobernador. Finalmente concluyeron y se quedaron a expectativa
de la respuesta del gobernante, quien sin levantar la vista, solo les
dijo una palabra: SEBO. Se quedaron paralizados, no tenían pre-
visto esa respuesta, y sin poder articular otra palabra, se retiraron
con las manos vacías.
Gervasio Grajales era un tipo singular, con grandes dotes para el
periodismo y un conversador muy divertido . Fundador del diario
“ES” y uno de los bastiones del periodismo en Chiapas. Fue un
crítico fno de la sociedad y el gobierno. Quien no recuerda los
artículos de “FAR” en donde en forma amena informaba de los
últimos acontecimientos de la ciudad y del estado. Editó una pu-
blicación Semanal llamado “La Estaca” que fue sensacional, con
críticas mas severas al Gobierno en turno.
Fue una de las piezas fundamentales de un inesperado movimien-
to ciudadano que sucedió en 1948, postulando como candidato in-
dependiente a la gubernatura del Estado a Álvaro López Vázquez,
marimbista de altos vuelos integrante del cuarteto de los Hermanos
Gómez, maestro de música de la escuela Prevocacional, bohemio
y muy popular. Esto fue como respuesta al “Ensayo Democrático”
que intentó el PRI para designar, por voluntad de los miembros del
partido, al candidato a gobernador.
26
Los candidatos registrados fueron originalmente cuatro: Francisco
J. Grajales, Bernardo Palomeque, Efraín Aranda Osorio y Julio Se-
rrano Castro, pero de pronto se les apareció “un quinto candidato”,
en la fgura del mencionado Álvaro López, quien con una aparente
forma chusca llegó a reunir a miles de partidarios al entrar en burro
a Tuxtla, haciendo parodia a la entrada a caballo que días antes
había realizado el General Grajales. De alguna manera llegó a in-
quietar a las autoridades y ante la amenaza de que le iban a quitar
su puesto de maestro en la Prevo, decidió declinar, manifestando
que no volvería a contender hasta que bajara el tipo de cambio
del peso en relación al Dólar. Otra de sus geniales propuestas,
fue, que como no había agua potable sufciente en las tuberías de
Tuxtla, de Lunes a Viernes le metería pozol blanco para todas las
casas y los fnes de semana con cacao. En su discurso político
declaró a su Barrio Colón como Ciudad Libre e integró un grupo de
choque femenil, llamado “El Grupo de las Cien Amigas”.
Sin duda, este pasaje de la vida en Chiapas, lo han de haber dis-
frutado, Gervasio, Noquis y muchos mas.
Gervasio tenía muchas frases que fueron famosas y lo siguen
siendo, en relación a su gusto por el alcohol:
“ Cuando no me lo pide el cuerpo, me lo exige el alma”
“Al que no toma, se la amampa el Alma”
En los años maduros de su vida, empezó a padecer algunas en-
fermedades, propias de los años y de la buena vida que se había
dado. Por aquél entonces estaba en las noticias , que había una
doctora Rumana, la Dra. Ana Aslan, que era una gerentóloga muy
famosa, que había dado tratamiento a gobernantes y artistas de la
época de la talla de De Gaulle, Mariscal Tito, Sukarno, Omar Sha-
rif, y que tenía procedimientos y un medicamento llamado Gerovi-
tal que rejuvenecía en forma asombrosa. Gervasio fue convencido
de ir a un tratamiento y todos los días enviaba una nota con los
avances logrados. Nadie se perdía el artículo publicado en el Dia-
rio “ES”, hasta que envió el siguiente texto: ”Mañana me pone a
prueba la Dra.Aslan con una rumanita para ver como reacciono”.
Obviamente hubo revuelo en el pueblo. Al día siguiente envió esta
nota escueta:”pasé…….de panzaso!”.
Noquis Cancino
Una de las amistades que guardo siempre en mi corazón es la que
tuve con Enoch Cancino Casahonda, un hijo destacado de Chia-
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pas que le cantó con el poema más popular sobre nuestra tierra y
que se recita en las escuelas primarias del estado.
Noquis, como le decíamos, era un personaje que le daba impor-
tancia a lo esencial de la vida, y se mantenía indiferente ante lo su-
perfcial. Con grandes dotes para las letras, médico de profesión, a
temprana edad fue nombrado miembro de la academia mexicana
de la lengua. Se interesó por la política y fue un caso extraño,
casi en extinción: nunca lucró con esa actividad. Ocupó diversos
cargos relevantes en la política chiapaneca y en agrupaciones so-
ciales y civiles.
Decía Noquis Cancino en relación a la forma de hablar de los chia-
panecos que en lugar de decir poeta decimos pueta y continuaba
exclamando:
“En Chiapas el que no es pueta es hijo de pueta”
Siendo Presidente Municipal de Tuxtla, fue invitado a una reu-
nión en casa de gobierno en donde el expositor era un destacado
miembro de una organización del gobierno de los Estados Unidos
dedicada a la conservación de la naturaleza. Era un evento de
pocas personas, quizá veinte, al cual asistí también invitado. En
un pasaje de su charla, el funcionario norteamericano menciona
que debido a los efectos de la polución ya no había zopilotes en
el área de la ciudad de Washington, y que el río Potomac estaba
muy contaminado.
Levanto la mano nuestro presidente municipal, y el expositor le
dice:
- “A sus órdenes señor presidente”
Expone Noquis: - “Yo le hago a usted un ofrecimiento humilde de
un pueblo pobre, pero lo hago con todo afecto.”
- “Dígame usted” – contesta el funcionario
- “Le ofrezco cien zopilotes, jóvenes, sanos, fuertes, que comen lo
que les den, aunque sea con plomo. Eso sí, puestos acá, porque
no tengo para el fete.”
El sorprendido amigo gringo no atinaba a decir algo, solo mascu-
llaba –“Gracias, gracias”- y movía la cabeza afrmativamente de
forma nerviosa.
28
Y remata nuestro munícipe: - “Y con una garantía: zopilote que se
le muera, zopilote que le repongo”
Ya no aguantó más el grupo y todos explotamos en una sonora
carcajada.
En otra ocasión, Noquis Cancino asistió a una reunión de fn de
cursos de su hijo Pablo, que fue un brillante estudiante en el Tec
de Monterrey, Campus Chiapas. Estaba presente el Rector del Sis-
tema, el ingeniero Rafael Rangel Sostman, y Pablo le presentó a
su padre, quién le obsequió un poemario autografado. Se inicia la
plática entre estos disímbolos personajes y en un momento dado,
Noquis le hace una genial comparación entre la cultura italiana y
la mexicana:
- “Ambos pueblos crían cerdos, los dos en forma efciente, es bien
logrado un animal de raza porcina igual allá que acá, sólo con esta
diferencia: los italianos son maestros en el arte de la tenería, sus
chamarras, cinturones y artículos de piel son apreciados en todo
el mundo y se pagan a precios muy altos, y los mexicanos ¿Qué
hacemos con la piel del puerco? ¡Chicharrón y nos lo comemos!,
Rafael Rangel siempre recordó este genial comentario.
Me llama por teléfono mi hermano Artemio Gallegos y me solicita
un agradable favor, que convenza a Noquis Cancino de asistir a
la presentación de un libro de su autoría que le está editando la
presidencia municipal y que además forme parte del presídium.
Con esa gentileza que tenía, me dice Noquis:
- “Mira hermano, ya estoy cansado, pero si tú me lo pides, con
gusto voy con la salvedad de que de ninguna manera subo al pre-
sídium.”
- “Bueno” –le digo – “Como quieras, pero Artemio se merece la
distinción de tu presencia”.
Gloria, la fel compañera de Noquis, y buena amiga de la familia
me encarga que no vaya a tomar nada de alcohol, pues estaba
delicado de salud.
Llegamos al Auditorio del Centro Cultural Jaime Sabines, siendo
recibido efusivamente por Artemio Gallegos. Lo sentaron en los
primeros lugares, al lado del Secretario de Educación y el Presi-
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dente Municipal, me voltea a ver y yo con señas le indico que me
voy a sentar atrás; con esa vocación política que tenía, ya estaba
encantado y en ambiente y ya no opuso ninguna resistencia en
subir al presídium. No llevaba nada preparado y fue una de las me-
jores disertaciones que le escuché. Al terminar el acto, me le acer-
qué para felicitarlo por aquella excelente pieza oratoria, y me dice:
- “¡Ay hermano, tantos años de duquesa y no saber mover el aba-
nico!”
Ya juntos, pasamos al lobby, y le dice al mesero:
- “Tráeme un vaso de agua mineral por favor”
Contesta el interfecto: “Sólo hay vino”
Me voltea a ver Noquis y me dice: “Que conste que pedí agua y no
hay. Tráete el vino, pues.”
Me invita Noquis a un presentación de un libro que presentaba un
estudiante de la ciudad de México en el auditorio viejo de la UNI-
CACH, el tema era de sus favoritos: “Vida y obra de Fray Matías
de Córdoba”. Este muchacho hizo el trabajo como tesis para su
examen profesional.
El primero en hablar hace una presentación de Noquis como quizá
el máximo conocedor de la vida de ese extraordinario Fraile tapa-
chulteco. Ya en materia, nuestro querido amigo Noquis, nos narra
la vida del Fraile y todas las vicisitudes que padeció y llega un
momento en que nos dice:
- “Sólo, perseguido por sus ideas, refundido en Chiapa de Corzo,
con aquel calor y el chaquistero, vigilado por el gobierno y por el
propio clero, ¿Qué le quedaba por hacer?” –nos inquiere . Da una
pausa a su disertación y nos reitera la pregunta.
Y ante aquel silencio del público, exclama: “¡Pues, echar trago! No
tenía otro camino.”
El autor del libro, en su exposición, no atinó a darle sentido a su
plática, pues seguramente no conocía aquellos íntimos paisajes
de la vida de Fray Matías de Córdoba.
El Chiclero
Un día de esos en que andaba de buenas, me tocó el semáforo en
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alto en una esquina de la ciudad y se acercó un niño a ofrecerme
chicles
- “No puedo” – le dije – “Mi religión me lo prohíbe”
- “¿Y que es usted pue’?”- Me pregunta el niño.
- “Soy mahometano” –le contesto
- “¡Ah puta!” – fue la expresión del azorado niño.
Rancho el Horizonte
En una ocasión, fuimos al rancho “El Horizonte” que fue de mis
bisabuelos, y que continúa en poder de la familia Ornelas, actual-
mente administrado por Jose Luis, hijo de mi tío Amadeo. Íbamos
mi tío Jorge Serrano, Gerardo, su hijo, Mauricio, mi hijo, y yo. En
aquel entonces, Mauricio tomaba clases en una escuela de futbol
infantil y era muy afcionado. En el rancho estaba un niño como
de su edad y Mauricio que llevaba tenis y un balón, le pregunto
que si quería jugar. El niño iba descalzo y se veía faquito.
Resultó que el chamaquito de rancho le dio una bailada, que Mau-
ricio ni cuenta se daba por donde pasaba con la pelota aquel niño.
Muy disgustado, Mauricio suspendió el juego. Platicando, me de-
cía el niño, que diario se iba a la escuela de su casa y corría siete
leguas. Con razón Mauricio no pudo con él.
Era digno de verse, aquel contraste, entre la vestimenta de Mau-
ricio con tenis y equipo adecuado, y el humilde niño de rancho sin
zapatos… ¡Era un triqui! Y resulto igual de bueno que ellos.
Ya que hablamos del Horizonte, cuando falleció mi tío Amadeo,
fuimos todos a su velorio al rancho y recuerdo que mi tío Manuel
Bedwell le dijo a su hermano Jorge:
- “Vente de regreso conmigo, Jorge, te llevo a Arriaga.”
Mi tío Jorge había llegado directamente de México y observó el
bellísimo vehículo nuevo y lujoso de su hermano Manuel, y en un
desplante clásico de él, le contestó:
- “No hermano, muchas gracias, si me voy en ese coche, se
me ampollan las nalgas.”
31
Mi tío Jorge, fue mi tutor durante mis estudios en México cuan-
do vivíamos solos con mi hermano Manolo, y una persona a la
que quise entrañablemente. Brillante Contador Público y mejor ser
humano.
Tío Tebita
Un personaje que guió y marco mi vida, mi conducta y mis af-
ciones, fue mi padrino Esteban Serrano Ornelas. El me enseñó
a amar la naturaleza, a conocer el vuelo de las aves, a cantar
canciones románticas y a apreciar las bellezas de Chiapas. Fue
un Ingeniero de excepción en Chiapas, realizando las obras mas
notables de aquella época.
En una ocasión, estando en Puerto Arista, en donde se construía
la casa del Zapotal, propiedad del entonces gobernador del es-
tado, el licenciado Efraín Aranda Osorio, vimos que una persona
se estaba ahogando atrás del tumbo y ya se aprestaban varias
personas a lazarse al agua para salvarlo, cuando observamos cla-
ramente que un grupo de toninas lo empujaron al otro lado de la
ola. Fue algo bello y milagroso, no supimos si fue por instinto, pero
aquellos inteligentes animales le salvaron la vida.
Madre Previsora
La Noi, nana de mi mamá, parte de la familia hasta su fallecimiento,
aunque ya no viviera con nosotros y radicara en su pueblo natal.
Un día que la fuimos a visitar, mi madre la encontró contrariada y
llorando, trató de calmarla y de conocer la causa de aquel estado
de ánimo.
- “Los hijos son unos ingratos, comadrita.” –le dijo la Noi a mi ma-
dre. – “Me han salido muy malos, no cuidan de sus mujeres e hijos,
y mucho menos de mí, y eso que yo… ¡Le di un padre distinto a
cada uno de ellos!”
Artemio Gallegos
Mi entrañable amigo Artemio Gallegos, me cuenta que él no era
una persona que se caracterizara por estar cerca de Dios. En una
ocasión, fue invitado a un curso y esto le cambió su enfoque de la
vida.
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Textualmente dice:
- “Cuando entre aquí traje una maleta llena de problemas, ahora
mis problemas se han acrecentado, pero he aprendido una cosa
extraordinaria: sé analizarlos, salgo fortalecido y voy con armas
impalpables.”
El día que entró al curso por la noche se quiso retirar, sin decirle
a nadie, pero al bajar las escaleras, vio a un Cristo que recibió la
luz y le iluminó el alma. Le brotó este pensamiento de forma casi
espontánea:
“Señor, si ayer te tuve en el olvido
hoy escuché de nuevo tus pisadas
y al sentirlas, cual bálsamo tranquilo
lloré por lo que soy y por lo que he sido contigo,
que nos das sin pedir nada.
En este largo trecho recorrido
en que no hubo antorcha ni hubo fama
ha sonado otra vez en mis oídos,
taladrando mi ser de árbol caído
tu voz mansa y serena que nos llama.
Me demuestras así que el bien perdido,
de nuevo me lo das multiplicado
y si mi ayer lo tuve merecido,
mañana gritaré que he vivido
pues soy feliz de haberte conocido.”
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Artemio es un chiapaneco singular, quizá quien más conoce, por
vivencias, a nuestras dos principales culturas.
Nacido y criado en tierra indígena, hijo de ladinos, del pueblo más
humilde a casa del gobernador; invitado a México por el general
Lázaro Cárdenas cuando aún niño lo sorprende en su pueblo indí-
gena con su inteligencia y su dicción.
Artista, poeta, arquitecto, hombre de palabra, honesto, buen ami-
go, leal, bohemio, es sin duda, un gran valor de ese Chiapas de
canto y de poesía.
Andres Henestrosa
Andrés Henestrosa, uno de los grandes hombres de Oaxaca, que
entre paréntesis es una de las regiones de México más prolífcas
en engendrar hijos extraordinarios en todas las disciplinas, era
buen amigo de mi tío Antonio Pariente. En una ocasión, nos con-
taba que visitó en unión de su esposa, la antigua URSS, en su
calidad de diputado federal y en el avión le decía a su esposa:
- “Mira, estos rusos son muy curiosos, todo quieren saber. Desde
que nos envían un chofer al aeropuerto, ya nos están espiando,
hablan castellano y en el hotel te aseguro que hay micrófonos para
obtener cualquier información; no vamos a hablar ni en zapoteco,
capaz y ya lo aprendieron. Si descifraron los glifos mayas, bien
pueden hablar zapoteco. Vamos a hablar en huave.”
Desde que se bajaron del avión, iban hablando en huave, y en
efecto el chofer que los fue a recoger al aeropuerto, volteaba la
mirada por el espejo todo desconcertado, y en hotel también los
veían extrañados.
Imaginémonos los secretos que podían tener, pero en fn, los deja-
ron con la curiosidad.
El huave sólo se habla en el Istmo de Tehuantepec y signifca gen-
te de mar. También se le conoce como mareño y no lo hablan más
de veinte mil personas. No se parece a ninguna otra lengua, y se
le considera lengua aislada.
El Meño
La cantina más famosa de los viejos tiempos de mi pueblo Arriaga,
era la cantina de “El Meño”. Personaje español de nombre Eude-
34
mio Soberón, se asentó en Arriaga y era hermano de una persona
muy querida de la familia y gran amigo de mi padre: don Elías
Soberón; Le deciamos tío Elías y su esposa se llamaba Eglantina,
nuestra querida tía Egla que vivió ciento tres años.
El Meño y tío Elías no se parecían ni en lo físico ni en la forma de
ser.
Cuando llegaba a la cantina su hermano Elías, el Meño que era
muy malhablado le decía:
- “’¿Qué tal, hijo de tu… madre?”
Y algún parroquiano lo interpelaba:
- “Oye Meño, es tu hermano”
“Bueno, de la parte que le toca.” –respondía.
Un día cualquiera, un parroquiano entró a su cantina y al verlo le
dice:
“Meño, tu eres un exabrupto de la madre patria”
Cuenta Romeo Burelo, que tenía el Meño un perro salchicha que
se llamaba “Como tú”, y una cocinera muy famosa que le decían
“caldo de pigua”, llamada Teodora. El Meño jamás tomaba agua
pura (que no era pura), tomaba Sidral Mundet.
Cuando alguien le preguntaba cuando iba a ir a España, respon-
día:
- “Cuando construyan la carretera.”
Un día, pasaban mi padre y su hermano Fernando enfrente de la
cantina del Meño, y vieron un letrero que anunciaba: Cerveza de
barril y a un precio muy accesible. Extrañados, pues mi padre era
el distribuidor de la cerveza, entraron a la cantina.
- “Oye Meño, sírvenos dos cervezas de barril” –dijo mi padre.
- “Discúlpeme don Pepe, pero a usted no le puedo servir” –con-
testó.
- “Oye Meño y ¿Por qué?” –preguntó.
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- “Porque está compuesta de todas las sobras que dejan los parro-
quianos y los vierto en un tambo vacío.” –le respondió.
En ocasiones cuando regresaba yo de la escuela, el Meño me veía
pasar enfrente de su cantina y me decía:
- “¿Quieres piguas? Están muy buenas.”
Recuerdo que me ponía una mesita afuera de la cantina y me sen-
taba a comer piguas… ¡Deliciosas!
Lo que yo no sabía era que cada semana le pasaba la cuenta a
mi papá.
El PIM
Mi cuñado Alejandro Goitia, es de origen Vasco, pueblo orgulloso
de su historia, nacionalista.
Hace muchos años, a fnales de los años 70’s, viajamos juntos a
España (de la que un sector de la población vasca piensa que no
forman parte) y recuerdo que casi todo el país estaba en ebullición,
pues al fallecimiento del generalísimo Franco, acaecido en 1975,
se había iniciado una gran actividad política, y el gobierno de Adol-
fo Suárez, con gran inteligencia, estaba dando paso a decretos de
autonomía de las diversas comunidades que conforman ese bello
país.
Por supuesto que Vascos y Catalanes fueron de los primeros en
trabajar en ese sentido, y establecer las bases sobre las cuales se
regirían sus relaciones con el estado español. Cuando visitamos el
país Vasco (así le llaman a sus tres provincias: Álava, Guipúzcoa y
Vizcaya) ya estaban por acordar su estatuto de autonomía, el cual
se ofcializó el 25 de Octubre de 1979.
Recuerdo que Goitia me llevó a un recinto muy bonito, todo re-
cubierto de madera, en la que una ciudadana vascuence estaba
hablando en euskera en forma vehemente. Mi cuñado me traducía
lo que aquella mujer declaraba, y era ni más ni menos que un
mensaje del orgullo vasco, de lo cruel que había sido con ellos
el gobierno de Franco y que era la oportunidad de recuperar su
independencia y regirse ellos su propio destino. Me impresionó
aquella mujer.
36
Después viajamos a la tierra de mi padre, en donde por cierto, al
llegar el avión que nos llevaba de Bilbao a Sevilla, el piloto nos
anunció que la temperatura ambiente en esos momentos, era de
42°C. Un vasco que iba delante de nuestro asiento exclamó:
- “Me cago en Sevilla”, típica expresión española que se cagan en
todo lo que pueden. Actualmente han cambiado, ahora para todo
dicen “Vale”.
Al día siguiente, un taxi nos llevó a comprar unos boletos para
una corrida de toros en la plaza de la Maestranza, una de las más
famosas de España. El taxista, obviamente andaluz, tenía la radio
puesta y escuchamos a un comentarista entrevistar a un diputado
andaluz:
- “¿Qué me puede usted informar del avance sobre el estatuto de
autonomía de las comunidades de Andalucía?”
- “Pues, mire usté” –le contesta el diputado- “ahora estamo de va-
cacione y ya veremos al regreso cuando acordemo ver ese punto.
No hay urgencia al respecto.”
Mi cuñado no aguantó aquella actitud y gritó:
- “¡Pinches Andaluces!”
Obviamente fue una imprudencia de su parte, pues íbamos en un
taxi conducido por un andaluz.
El hombre levantó la vista por el espejo retrovisor y preguntó a mi
cuñado:
- “¿Y usted de dónde es?”
- “Soy vasco” –le contestó Goitia.
- “¡Ah! Ahora caigo” –comenta el taxista.
- “Sí” –le dice mi cuñado –“y soy militante activo del Partido Nacio-
nalista Vasco.”
- “Esta bien” –le dice el taxista, y deteniendo el vehículo, se voltea
y le dice con ese simpático acento andaluz:
- “Pues mire usted, yo soy del PIM, Partido Individualista Mío, tiene
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un miembro, que soy yo y ya tengo problemas”
Se me hizo un detalle genial, propio de un andaluz con el que ló-
gicamente me siento identifcado. Yo que siempre pensé que nun-
ca iba a pertenecer a partido político alguno, desde ese día, soy
miembro del PIM.
La familia del Novio
Esto sucedió en Guadalajara.
Se casaba mi sobrino Alejandro Goitia con una bella muchacha
avencindada en Guadalajara, Carmen Ibarra. Lamentablemente
había fallecido recientemente su hermano en un accidente por lo
que no hubo festejo, solo una cena.
Mi cuñado Alejandro iba vestido elegantemente de Frac y como la
cena terminó temprano, algunos de nosotros no queríamos irnos a
dormir todavía. Al llegar al Hotel Camino Real de aquella Ciudad,
quedamos de fnalistas, Goitia con su hija Lucy y yo con mi hija
Verónica; nuestras esposas se fueron a descansar. Tratamos de
ver si había un bar ó algún lugar para tomar una copa y ya todo
estaba cerrado. Nos disponíamos a retirarnos cuando observé que
un conjunto de mariachis entraba en un salón y le dije:
-“Mira Goitia, ahí hay festa” y nos atrevimos a entrar. Empezamos
a bailar con la música que tocaba una orquesta, cuando se acerca
una persona y nos dice:
-Disculpen , es una festa privada.
-Le contesto:”Somos familia del Novio”
-está bien, me dice, solo que esto es una Posada de una compañía
aseguradora”
-Para ese entonces, Verónica, mi hija, estaba muerta de pena.
Ya nos íbamos saliendo, cuando una persona se dirige a Goitia y
lo llama.
Pensamos que nos iban a decir que nos quedáramos, ya estába-
mos contentos.
Cuando se acerca Goitia, el señor le dice:
“Oiga, traígame un Whiskey”, confundiéndolo con un mesero ó el
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Maitre.
La contestación de Goitia fue rotunda:
“vaya usted a ….a su madre!.
El hombre quedó azorado.
Nos salimos a reir al jardín hasta que nos dolió el estómago.
Los Reyes Magos
Muy pocos niños pueden preciarse de haber visto a los Reyes Ma-
gos.
Corría el mes de Enero del año 1977, habíamos ido con mis dos
hijas a recoger a mi mamá a Cintalapa, eran alrededor de las seis
de la tarde y antes de llegar al Puente Rogelio Anza, Elenita seña-
lando hacia la montaña le dijo a su hermanita Verónica:
_”Mira, ahí van los Reyes Magos”
-“si, contestó animadamente Verónica, allá van”
No podía voltear por ir manejando, pero ante las ruidosas manifes-
taciones de mis hijas, me detuve mas adelante y justo al detener el
auto, dejaron de verlos.
¿Qué verían esas creaturas?
El abuelo Roberto
Mi suegro, Don Roberto Monter, Arquitecto de altos vuelos y es-
pléndido bohemio, era una persona de grandes ocurrencias. En
una ocasión pegó en la acera de su casa una moneda de plata
con un pegamento muy potente y se dedicaba a observar las reac-
ciones de la gente queriendo arrancarla hasta que un día llego un
cansado peatón con un cincel y martillo y se la llevo. Arrojaba los
tubos de dentífrico vacíos (que en aquellos tiempos eran de me-
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tal) al asfalto y con el calor y el paso de los vehículos se adherían
al piso y aquel era un espectáculo multicolor en la esquina de su
casa. Cuando vivió en otra casa, que tenía un bello jardín, tenía un
bebedero con miel para atraer a los colibríes y se le ocurrió agre-
garle un poco de Anís y para su sorpresa aumentó el número de vi-
sitantes. Fue aumentando la dosis de anís hasta que un día contó
21 chupetazos de un atrevido pajarillo y lo vio tambalearse cuando
se posó en una rama. Tomó la decisión de bajarle a la dosis. Ponía
cacahuates para atraer a las ardillas y empezó a llegar una urraca
que se los llevaba y las escondía. Lo bautizo como Raulito, pues,
en ese entonces, estaban en la boca del pueblo las hazañas de
Raúl Salinas. Tuvo un perro pequeño, al que bautizo como Tico,
pues así le decían a él de niño y teniendo como cómplice a su
nieto Mauricio lo afcionaron a las cubas libres, que le servían en
un cenicero. Agarraba unos “ cuetes” de época y al día siguiente
amanecía crudo y no soportaba ningún ruido.
Laco Zepeda
Nos plática nuestro cuentero mayor que en la escuela tuvo un
maestro de literatura que era pésimo, era un abogado que no te-
nía la capacidad para dar esa materia. Un buen día les informa a
sus alumnos que tienen forzosamente que leer dos capítulos del
Quijote de la Mancha que escribió un tal Cervantes, que es un
libro aburridísimo pero que es obligatorio. Llega Laco a su casa y
le comenta a su papá el asunto y don Laco le cuenta que Miguel
de Cervantes Saavedra, uno de los mas grandes escritores de la
lengua castellana, en una ocasión le envió una carta al Rey Feli-
pe II solicitándole que lo envíe como administrador del Soconus-
co pues se había enterado que en esa región se daba el cacao
que servía para hacer el riquísimo chocolate y el pensaba que se
podía hacer fortuna. Por supuesto que el Rey ni siquiera ha de
haber leído esa petición y don Laco le dice a su hijo:-” imagínate
que le hubiera hecho casó el Rey, quizá el Quijote hubiese sido
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Chiapaneco” y procede a leerle dos pasajes de esa inmortal obra,
que al niño le parecieron extraordinarias.
Platillo Volador
Estando una noche en el corredor de la casa en Tuxtla, observé
un aparato luminoso encima del Cañón del Sumidero, tenía forma
de puro y despedía luces multicolores. Corrí a contarlo al interior
de la casa y nuestra querida Noi que fue nana de mi Mama, me
dice- algo va a pasar, nos están previniendo” .Al día siguiente, se
cayó el puente de Chiapa. Recuerdo que llego corriendo mi Tío
Teodoro Hoppenstedt a avisarnos y fuimos a ver ese trágico ac-
cidente, inolvidable para todos los que lo vivimos. Al regresar a la
casa, me dice la Noi:-” ya viste? Me impacto aquella coincidencia.
Don Luis H. Álvarez
Corría el año de 1958 y bajo un calor intenso, iba pasando por
el parque central , cuando observé estacionado, precisamente
enfrente, a un Pick-Up pintado en forma exhaustiva con las siglas
del PAN. En aquél entonces no entendía el signifcado de aquello,
ni qué fn perseguía, pues el único partido conocido y el que go-
bernaba las tres instancias era el PRI.
De pié en la góndola del vehículo estaba un individuo delgado di-
ciendo algún discurso con la ayuda de un magnavoz. No presté
mucha atención a sus palabras, estando rodeado por un pequeño
grupo de personas, quizá una veintena.
El vehículo era del bastión panista de aquella época,: Don Pau-
lino Aguilar y la persona que hablaba era Don Luis H. Álvarez,
candidato del PAN a la presidencia de la república.
Recuerdo que Don Paulino pasaba una pequeña charola y la
gente aportaba 20 centavos ó cuando mucho un peso en apoyo a
la campaña.
Días después, mi Tío Roberto Serrano, que a la sazón era Presi-
dente de la Junta de Conciliación y Arbitraje del Estado, me invitó
a la ceremonia de recepción del Lic. Adolfo López Mateos, candi-
dato del PRI a la presidencia de la república.
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Para empezar, llegó en avión , siendo esperado por el Goberna-
dor y todo su gabinete. La gente formaba valla del aeropuerto
hasta Palacio de Gobierno. Iba en un vehículo descubierto acom-
pañado de bellas muchachas vestidas de Chiapaneca y acompa-
ñado de un gran contingente político.
El contraste era tremendo.
En el año 2000, cuando ganó la presidencia Vicente Fox, observé
por televisión a Don Luis que pasaba atrás de él , en forma casi
inadvertida . Fox festejaba ruidosamente el triunfo.
Tuve ocasión de ver a Don Luis, cuando vino como Presidente
del PAN en la campaña del Ing. Manuel Clouthier y me agradó su
sencillez y ponderación que contrastaba con el estilo bronco del
agricultor norteño.
Ya siendo Comisionado para la Paz en Chiapas, tuve la oportu-
nidad de platicar con Don Luis en varias ocasiones y un día le
pregunté que, después de haberlo visto en el Parque de Tuxtla 50
años atrás, que sintió cuando el PAN ganó la Presidencia de la
República.
Me miró y sonrió.
Doña Victoria Carrillo
Doña Victoria Carrillo, originaria de Colima se vino a Chiapas si-
guiendo los pasos de su único nieto que era soldado. Ella era una
curandera milagrosa. Curaba de espanto, de azar, de chelonera,
de empacho, de pringapie o cagazón, de cucuyuchi, de fato, de
comezón del sisifrís, de tiricia, en fn curaba de todo.
Su sistema era chupar las coyunturas de los brazos y muñecas y
con un bochazo de aguardiente le rociaba la cara, los brazos y las
piernas al pobre paciente. Curaba con hojas diferentes para cada
caso, de albahaca, de ruda, de yerba santa, de abrojo ,limonero
,laurel ,valeriana y muchas mas.
Parte de la curación eran las invocaciones:
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- “San Sebastián, Patrón de Chiapa, San Caralampio, Patrón de
Comitán , Crucecita de La Bondad ,Santísima Cruz de Tlacotepec
, oigan estos ruegos y sanen a este pobre pecador. Enfermedad
mala, salte de este cuerpo, Por la memoria del Santo Niño de Ato-
cha, vete de una vez.”
Fue muy amiga de la famosa curandera y adivinadora Doña Flo-
rinda Lazos Aguilar a quien le apodaban “ la viborita”..Decía Doña
Victoria que la enfermedad “ se aburría” de tantas imploraciones y
ramazos y por fn se iba a otro cuerpo .En su pequeña habitación,
un destartalado tocadiscos tocaba aquella vieja melodía colombia-
na, siempre la misma:
“Dices que no me quieres,
Porque soy humilde,
Porque nada valgo,
Porque nada tengo
Porque mis pasiones
Son menos que el polvo
Que inconscientemente cada rato vuela
Humilde fue el dulce Jesús Nazareno,
Cubierto de llagas, de fe y de tristeza,
Humilde se esconde por entre las zarzas,
La débil violeta,
Humilde es el agua que baja
Cantando de las altas peñas.
Y tú , la soberbia,
Luces las violetas
Y bebes el agua
Y a Jesús le pides”
Elenita , mi hija, llego a Tuxtla de 4 meses de edad, habiendo naci-
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do en la Ciudad de México. Era un “bombón”, muy blanca y con el
cabello rojo. Lógicamente llamaba la atención. Mi esposa la lleva-
ba al mercado a donde iba a comprar. Es un lugar que siempre le
ha gustado. Un día se dio cuenta que un hombre miraba fjamente
a la niña y le pidió cargarla, cosa que ella no aceptó ..Al regreso
a la casa ya tenía calentura y estaba muy molesta, no tenía paz.
La vio la muchacha de nombre Anita, le dijo : “ a la niña le hicieron
ojo. Si usted quiere se la curo”. Le explicó que había gente con la
“mirada dura” y que si no tocaba a la niña le “hacía ojo”. Mi mujer,
que en su vida había escuchado del tema, me llamo por teléfono
a la ofcina para preguntarme si la dejaba hacerlo; le conteste que
sí, que no le hacía nada mal y que no le daban a tomar nada. Anita
le pasó un huevo y alguna hierbas y la niña se quedo tranquila, la
temperatura bajó y se quedo dormida. Al abrir el huevo, estaba co-
cido y con un “ojo” adentro. Desde aquel día , la niña se la pasaba
en los brazos de las gentes del mercado, al regreso la bañaban y
asunto resuelto!
Un Hombre Cabal
Don Esteban Figueroa Burguete, bisabuelo de dos de mis nietos,
fue un auténtico personaje de la charrería y tradiciones de Chiapas.
Originario de Cintalapa, tuvo una vida apasionante siendo promo-
tor de lucha libre y boxeo, introductor del cine en Chiapas, viajero
incansable, concesionario de vehículos y una persona comprome-
tida con la sociedad y con el honor.
Tuve la suerte de que me invitara a participar con él, en el pro-
yecto del Club Campestre, en donde aprendí muchas lecciones
que me sirvieron para toda mi vida. En lugar de tener una nueva
carga de trabajo no remunerado, recibí en forma gratuita clases
provechosas para hacerle frente a tantas cuestiones coyunturales
que se nos presentan en nuestra existencia.
He aplicado con éxito muchas de sus recetas, que fueron cultiva-
das en el transcurso de la vida.
Va de cuento
Fuimos con mi compadre y unos amigos a la zona de las ruinas
Toniná que en aquellos tiempos no eran conocidas. Nos llevaba un
guía y se hacía un gran recorrido a pie desde Ocosingo, siguiendo
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veredas. Llegamos a la primera gran pirámide que fue construida
como una especie de caminos hacia la eternidad, de tal manera
que los estratos de hasta abajo correspondían al inframundo y el
de hasta arriba, que nunca se concluyó, era la morada de los Dio-
ses. Recuerdo que nos quedamos a dormir y de repente un Maya
que se me hizo enorme, vestido a la usanza de la época me des-
pertó a medianoche y me hizo señas de que no hiciera ruido para
no despertar a los demás. Me entregó una especie de barreta y
empecé a cavar , llegando a unos escalones. Después de varias
horas y con la ayuda de aquel enorme hombre, descubrimos siete
escalones y al fnal había una puerta como de madera maciza. Me
desperté con grandes dolores en los brazos y en la espalda y me
di cuenta que había sido un sueño, pero con una realidad tal , que
al día siguiente me fui a buscar el lugar y efectivamente todo coin-
cidía. Nadie me hizo caso y jamás se hizo la excavación .Muchos
años después, regrese a las ruinas y ya se había removido todo,
de tal manera que era imposible determinar el lugar que tenía los
siete escalones. ¿Qué habrá ahí?
Capítulo II
El Viejo Chiapas Habla
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Sr. Eduardo Martínez Anzá.
3 Poniente entre 4ª. y 5ª.Norte., Barrio Colón, Tuxtla Gutiérrez.
“Tengo 80 años, nací aquí en Tuxtla en este Barrio de Colón, aquí
tuve mi novia María Díaz que era del Barrio de San Jacinto, pero
se vino a este barrio y hasta la fecha es mi esposa y somos muy
felices, tenemos varios hijos que ya se hicieron grandes, ten-
go tanto nietos que ni me acuerdo cuantos son y también tengo
bisnietos, como esta casa es muy grande viven con nosotros al-
gunos de mis hijos y mis nietos que nos ayudan y nos cuidan, aquí
paso la vida feliz, gracias a Dios, mis hijos nos echan la mano, nos
apoyan, estamos bien con ellos.
Yo trabajé de albañil, luego fui encargado de obras, en la 5 sur y
avenida central, había una tienda que se llamaba El Roble, esa
construcción estuvo bajo mi cargo, el ingeniero de la obra era
el famoso ingeniero D’amico, trabajé mucho con él y me tenía
buena confianza, también en la avenida central y 5 oriente dirigí
otra construcción, luego mucho tiempo trabajé por contrato, yo
no tengo preparación, no estudié, pero la necesidad me hizo
aprender y fui un buen albañil; trabajé en eso muchos años,
pero luego me enfermé de la vista y me operaron de las catara-
tas, pero me dijo el doctor que resurge y ahora con la diabetes
pues casi no veo.
Este es el barrio de Colón de la zona centro, así está registrado
en catastro, y no tiene nada que ver con los trasportes de Cris-
tóbal Colón; cuando era yo muchachito a este barrio le llamaban
Juchitán, según escuche que por que la primera carretera fue
la del Istmo que pasa por la Sepultura y muchos oaxaqueños
se vinieron a Tuxtla, luego ya le pusieron Barrio Colón. Pero
nuestra iglesia que nos corresponde es la de niñito de Atocha, se
hace su festa del 1 al 6 de enero, hay carreras de caballos, coron-
ación de reina, misas, ponen la feria en el parque y todo es muy
bonito, sigue la tradición en el barrio.
Antes Tuxtla era muy diferente, las calles eran puro lodo, bat-
iciones se hacía cuando llovía, los pocos carros que habían y
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las carretas se atascaban en el lodazal; cuando el señor Sabines
tuvo la oportunidad de tener dos años y medio la gubernatu-
ra arregló todas las calles, modernizó el Palacio de Gobierno,
mandó a construir el Teatro, y muchas obras, él levantó a Tuxtla,
ahora su hijo está haciendo muchas cosas buenas, lo oigo en la
radio y en la tele.
La 9 norte era como el libramiento, el cerro estaba limpio, no
habían todas esas colonias que se ven, cuando mi papá compró
este terreno aquí alado era puro monte, los lotes que vendían
eran muy grandes, mi casa abarcaba lo de aquí y al otro lado tam-
bién pero lo vendí por necesidades.
El río Sabinal era un río de agua limpia, era de unos cien metros
de ancho, se veían las piedras porque el agua era transparente,
era muy bonito, su destrucción fue que creció la ciudad y no
hicieron drenajes apropiados entonces ahí descargaban las aguas
negras y eso mató la pobre rió.
Yo no lo ví pero antes decían que salía la mala mujer, un amigo
de mi niñez me platicó, que a su papá se le apareció, este señor
estaba en su terreno por la 7 norte y a medio día llegó una mujer
a ofrecerle una jícara de pozol y el muy inocente agarró la jícara y
hasta las gracias le dio, en lo que tomaba el pozol alzó la vista se
dio la vuelta y la mujer no estaba por ningún lado, en eso volvió a
ver la jícara y no había nada de pozol sino agua con lodo, dicen
que se puso a rezar agarró sus cosas y se fue, llegó a su casa tan
espantado que lo tuvieron que ramear, y esa anécdota le sucedió a
varios señores en su milpa.
Lo que a mi me pasó cuando tenía como 22 años, fue una noche
que venía de pasear, eran como las 11 pm pero en esa época no
había nada de iluminación, el último farolito era el de a 5 norte
y apenas alumbraba, llegando a la esquina, oí que me dijeron: ya
viniste y clap clap! escuche dos palmadas; era una voz de hom-
bre, me paré y vi para los cuatro lados y no había nadie, solo
un burro que estaba amarrado en un árbol pero ni modos que
el burro me hablará me dio recelo, miedo pues y caminé rápido
para mi casa, entré directo a tomarme un trago de mistela para
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que se me bajará el susto, no supe nunca quien me habló y eso
que investigué con mis vecinos y los de mi casa y nadie me había
hablado, pero sí estoy seguro que oí esa voz que me asustó..
También había en aquellos tiempos un señor que le llamaban Tolé,
era un señor gordo que andaba con un saco negro, por el rumbo
de la Cristóbal Colón había una puerta que daba a un callejón
obscuro y ahí se metía, los muchachitos le tenía mucho
miedo, era un loquito, yo ya era adolescente, pero los chiq-
uitillos decían que era un espanto, pero no, estaba mal de su
mente, usaba un sombrero y un saco negro todo sucio.
Esto ya es más reciente, había otro señor que le decían Chen-
cho Cabrera, vivía con su familia en la 1 poniente y 3 norte, tam-
bién estaba mal de su cabeza pero no era agresivo, los niños
le tenían miedo también en esa época el Sabinal ya era de aguas
negras y él pobrecito, como esta ido de su mente se bañaba en el
agua sucia, hay venían su hermano y sus sobrinos para llevarlo a
su casa; con esas personas daban temor a los niños cuando se
portaban mal, les decían: va venir por ti el Tolé o Chencho y con
eso los asustaban.
En esos tiempos también habían burros, caballos y bueyes en los
terrenos y en las noches obscuras se oían sus ronquidos y a lo
mejor eso era lo que la gente creía que eran espantos.
Mi papacito y mi abuelito, en paz descansen, ellos hablaban zo-
que yo aprendí algo pero como no lo practiqué y ya con los años
lo olvidé totalmente. Ya zoque quedan muy pocos, allá por el cer-
rito de la ermita hay algunos que aún conservan el festejo y las
tradiciones, en Copoya también debe haber alguno que otro, ya
esas personas se van acabando, gracias a Dios yo he llegado
a los 80 años, es rara la gente que dura tanto tiempo, claro
que la muerte no escoge, igual agarra muchachito, que viejito,
bonito o feo, pobre o rico.
También recuerdo que en las orillas del río Sabinal habían muchos
palos de sabinos, de sauce y de Guanacastle, había un sabino
muy grande dónde ahora es la esquina de la 5 norte y 3 poni-
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ente, tenía unas ramas muy grandes y en la época de lluvia cuan-
do la corriente era fuerte, agarrábamos esas ramas de trampolín
y jugábamos a los clavados, yo tenía un amigo que vivía en la
esquina y de su casa sacábamos una batea grande, la llevába-
mos al río y con mi amigo nos metíamos adentro y nos íbamos
como barquito hasta donde nos detenía unas ramas o piedras;
como en ese tiempo salió la película de Tarzán, jugábamos a
hacer nuestra película entre el río y los árboles, este mi amigo
se llamaba Joaquín y como tenían posibilidades económicas
en su familia, de muchacho se fue a Campeche a estudiar para
piloto, dejé de verlo como unos cuatro años y un día su papá me
vino a buscar y me dijo: Lalo va venir Joaquín, vamos a recibirlo,
eso me dio mucho gusto y fui con el señor, mi amigo venía todo
cambiado, barbudo, con ropa de ciudad pero le dio un gran gusto
verme y nos dimos un gran abrazo, esos días platicamos mucho,
fuimos a pasear, me conto que hacía vuelos de Campeche a
Sudamérica llevando goma de chicle, también recordamos
nuestra niñez en el Sabinal; pero desgraciadamente cuando
mi amigo regresó a Campeche se hizo de una muchacha rica,
que antes había sido novia del hijo de un político y que lo dejó
por mi amigo, se rumoraba que por parte de este político de-
scompusieron el avión en que iba a viajar mi amigo y tuvo un
accidente donde murió; iay! Hablar de esto me emociona mucho,
tenía como 30 años que no hablaba de mi amigo de mi infancia,
cuando trajeron el cuerpo de mi amigo para sepultarlo, también
vino la muchacha que era su novia, estaba muy desconsolada se
quedó por acá toda la novena de rezos.
Así es la vida, no me puedo quejar porque tuve un amigo con el
que nos divertimos mucho en la infancia, son cosas que quedan
en el corazón y en la mente.
A través del tiempo se olvidan cosas, la mente ya no funciona
como antes, pero las cosas que están en los sentimientos, esas
son difíciles de olvidar, esto de mi amigo es uno de los recuerdos
más felices de mi infancia y también más tristes de mi juventud
porque murió.
Yo digo que la vida es como un libro, en sus hojas hay cosas boni-
tas, cosas feas, así es la vida pero hay que saber aprovecharla el
tiempo que Dios nos la conceda.”
51
Sra. Nelyn del Carmen Domínguez Coutiño.
4 Poniente Norte, Tuxtla Gutiérrez.
“Soy originaria de Chiapa de Corzo, mi niñez la viví en mi pueblo
natal y fue algo triste porque mi papá en un tiempo fue un hom-
bre muy rico porque remataba licores, y por lo mismo tomaba
mucho y era muy mujeriego, engañó mucho a mi mamá, tuvo hijos
con muchas mujeres aparte de que nosotros éramos nueve her-
manos de padre y madre; de tantos cólicos que le ocasiona a mi
mamá, ella se enfermó de la vesícula, no la atendieron a tiempo
y falleció, entonces yo quede huérfana de madre a los 15 años y
a cargo de mis nueve hermanitos pequeños,
Mi papá se volvió más tomador, acabó con su dinero y su ne-
gocio y se volvió como neurótico; recuerdo que los domingos
me iba a sentar al parque de mi pueblo con todos mis herman-
itos alrededor, el más chiquito era un bebé de nueve meses; me
daba mucha tristeza ver a las otras muchacha paseando con sus
amigas sin problemas, y yo sentada como gallina con sus pollitos
alrededor, pero al ver a todos mi chiquitos, que ya eran práctica-
mente mis hijos, yo pensaba que tenía que luchar y superar todo
para sacarlos adelante.
Pasados unos años de la muerte de mi mamá, como que mi papá
hizo conciencia, vendió joyas, muebles antiguos y una parte de
nuestra casa, dejó de tomar, puso un negocio de abarrotes y
volvió a contratar a una señora que había sido mi nana para
que cuidara a mis hermanitos pequeños y a mi y a mis dos
hermanos que seguían nos mandó a San Cristóbal a estudiar, yo
la normal para profesora y ellos la preparatoria, veníamos cada
mes a Chiapa de Corzo porque era muy tardado el viaje en
esa época, en San Cristóbal yo vivía con una señora que me
cuidaba mucho y mis dos hermanos en una casa donde vivían
estudiantes de leyes, yo terminé la normal, pero mis hermanos
se fueron a México disque a seguir estudiando, no terminaron
carrera pero hicieron sus vidas como burócratas.
Al terminar mi carrera volví a Chiapa de Corzo y con suerte me
52
dieron mi plaza en una escuela de ahí mismo, a pesar de que
ya ganaba un sueldo, mi papá era el que cobraba el cheque y
yo no decía nada porque al fnal de cuentas ese dinero era para
que comieran, estudiaran y vistieran mis hermanitos chicos, y con
gusto lo daba.
Yo fui maestra de primaria de mi hermanito más pequeño,
así iban pasando los años más tranquilos, ya tenía ya algunos
años como profesora, mis hermanitos habían crecido, tenía yo 30
años cuando llegó un nuevo director a la escuela llamado Alberto
Álvarez, era un buen hombre y empezó a cortejarme, fue mi novio
y se convirtió en mi esposo. Recuerdo que con tanto temor lo
lleve a presentar a mi papá, lo bueno fue que lo aceptó bien y nos
casamos con la promesa de que yo seguiría aportando mi sueldo
para mis hermanos chicos, era un pendiente que yo tenía que
sacar adelante a mis hermanos, hasta que se valieran por sí mis-
mos y así fue.
Mi esposo y yo rentamos una casa en Chiapa de Corzo, ahí na-
cieron mis dos hijos mayores, todos sus tíos y tías los querían
mucho, pasado un tiempo, ascendieron a mi esposo como su-
pervisor pero en Villa Corzo y nos fuimos para allá.
Recuerdo que cuando llegué a ese pueblo me puse a llorar, era un
pueblo de una sola calle, con mucho polvo, un calor tremendo
y la gente tenía fama de muy conflictiva, parecía pueblo de
película del oeste; vivía encerrada casi todo el tiempo, salía
solo para lo indispensable y me manejaba con las puertas cer-
radas. En una ocasión que mi esposo no estaba, me quede con
mis niños en la casa y justo frente a mi puerta, dos hombres se
agarraron a balazos, me metí bajo la cama con mis hijos; me
desesperé tanto que mi esposo pidió su cambio y nos mandaron
a Villa Flores, no era muy bonito, pero era un poco más civiliza-
do, ahí muchos años di clases al primer grado y mi esposo era
supervisor de la zona Frailesca, ahí nacieron mis otros dos hijos,
también ahí luego de un tiempo, dejé de dar clases y hacía la
función de secretaria pero con mi sueldo de profesora, ahí vivi-
mos hasta que nos jubilaron a mi esposo y a mí.
Durante el tiempo que viví fuera siempre venía a Tuxtla de va-
53
caciones, porque aquí radicaban algunos de mis hermanos y mi
hija mayor estudiaba acá, con el tiempo compramos este ter-
reno que era un cascaron de una casa antigua y fuimos con-
struyendo esta casa poco a poco, ya de jubilados nos venimos a
vivir aquí, mis hijos ya están casados, tengo mis nietos, mi esposo
falleció pero he vivido bien.
Pues de los lugares en que viví mi favorito ah sido Chiapa de Cor-
zo, me gusta mucho la festa de enero, los parachicos, el pozol ,
los dulces .Todo lo de mi pueblo me gusta mucho.
De San Cristóbal recuerdo que cuando vivía allá, era un pueblo
muy triste y me la pasaba solo encerrada, ahora de grande he ido
y está muy bonito pero no me gusta el frio.
A los lugares que no regresaría pero ni de broma es a Villa Corzo
ni a Villa Flores, porque no me gustaron para nada.
Aquí en Tuxtla me gusta mucho el parque de la Marimba, ir a
las tiendas de la plaza, me gusta ir los domingos a comer en al-
gún restaurant con mis hijos y mis nietos.
Así ha sido mi vida.”
Sra. Gloria Neli Rosales Solórzano
Ave. 16 de septiembre, Villa de Acala.
“Nací en este pueblo y no he salido de aquí por más de quince días,
uno se encariña con su pueblo, aquí nacemos y aquí queremos
morir.
De lo que recuerdo de cuando era niña o joven, es que el pueblo
era muy pequeño, esta siempre ha sido la avenida principal, las
calles eran de tierra, las casas de bajareque y teja, prácticamente
todos los del pueblo nos conocíamos, no había gente extraña,
54
habían solo dos tiendas cuando yo era niña, mi mamacita la pro-
fesora Consuelo Solórzano fue la primera maestra del pueblo,
me contaba que iba por los niños a sus casas para llevarlos a
la escuela, ella le enseñó a leer a casi todo el pueblo, incluso a
algunos adultos, esto fue hace unos 70 años atrás; el progreso
del pueblo ha sido poco a poco, empezaron a poner comercios,
bancos, escuelas, hospitales y ya ahora está muy cambiado.
Aquí se celebran dos festas grandes, el 2 de febrero es el día de
la patrona, la Virgen de Candelaria y en junio se celebra a San
Pedro y San Pablo, se festeja con una feria en el parque, ponen
juegos, puestos, se elige una reina, salen a pasear por las calles
los parachicos, las maruchas, y el baile del Calala
;
; ya más reci-
entemente empezaron a traer artistas y el jaripeo que lo iniciaron
hace como 30 años unos hermanos de apellido de Interiano que se
fueron a vivir a Texas y dicen que uno de ellos trabajó con el artista
Tony Aguilar, y como tenían dinero compraron varios caballos y
empezaron a trae sus demostraciones a la feria de su pueblo, hay
cosas del festejo que han cambiado, pero se trata de conservar la
tradición.
Cuando yo era jovencita, en la casa de enfrente se decía que el
papá de mi comadre, tío Hipólito tenía pacto con el diablo y que
en las noches se convertía en un cerdo negro, recuerdo que una
noche como a las nueve, de atrás de la casa salió el cerdo negro
corriendo y en la otra esquina estaban los hombres con machete
esperándolo, pero el animal era más rápido que ellos, el asunto
es que el cerdo se metió justo en la milpa de don Hipólito, pero
al cruzar la tranca se lastimó una pata, el viejito no salió varios
días de su casa, pero cuando salió todos vimos que andaba con
su pie vendado, quien sabe si fue una coincidencia, pero todos
decían que era un nahual, ya esta juzgado por Dios ,pero fue
algo malito y murió de cómo unos 113 años.
En Acala hay pocas cosas que atraigan a la gente, solo las ferias y
los ríos que en semana santa se llenan de visitantes.
De mi vida puedo decir que fui la menor de cuatro hermanos, mis
tres hermanos fueron varones y los tres fueron muy tremendos
de chicos y de grandes, les gustó la copa y las mujeres, ya
55
fallecieron todos.
Mi mamá quería que yo fuera profesora como ella, pero me en-
amoré muy jovencita y me casé, tuve cuatro hijos y dediqué a
ama de casa, mi esposo era muy bueno y no pasé penas con él,
por mi gusto cuando había alguna festa grande iba yo a cocinar,
en diciembre a hacer nacimientos a las casas, en los rezos a hac-
er los altares y me pagaban algo, esto no le he hecho como tra-
bajo, sino por gusto y hasta la fecha lo sigo haciendo, tengo
conocidos en San Cristóbal que en diciembre me viene a traer
para que yo haga el nacimiento del Niño Dios, y como ya no tengo
obligación de esposo ni de hijos pues voy con gusto.
También he apoyado en arreglar a los difuntos, hay veces que
la familia esta con su pena y no puede vestir o alistar a su muer-
tito, entonces me llaman a mí y yo lo hago, yo arreglé a mis papás
cuando murieron, a dos de mis hermanos, a mi esposo a al-
gunos vecinos y hasta mi hija que falleció, por eso dicen que voy
a vivir muy viejita que porque el que arregla muertos vive mucho
tiempo, yo no lo hago por eso, que Dios diga cuanto he de vivir.”
Sr. Concepción Alvarado (Chone)
11 Sur Oriente, Tuxtla Gutiérrez.
“Todo mundo me conoce como Chone, nacía en 1913 en Vera-
cruz, éramos gente humilde, del campo, de chamaco ayudé a mi
padre en la agricultura; ya en la edad de la punzada, por ahí de los
13 años me entró el gusanito de la música y empecé a trabajar
haciendo arpas y jaranas jarochas de madera, de ahí empecé a
rascarle a los instrumentos y a cantar sones jarochos, hay cosas
que ya se traen en la sangre ije je! Y yo pintaba para ser cabrón,
me empecé a meter a las cantinas de aquel entonces con mi ja-
ranita y ahí andaba yo cantando sones típicos de a Veracruz, me
gustaba el ambiente de las cantinas, porque me daban de comer,
me daban propinas y los borrachos que tiene lana son bien gener-
osos, iAh! Pero lo mejor era el taco de ojo que me daba yo viendo
56
a las muchachas de la vida galante, eso sí, desde que tengo uso
de razón y hasta ahora de viejito me han encantado la mujeres:
gordas, facas, güeras, morenas o negras, como sean son lo mejor
de la creación.
Estando en este ambiente, empecé a inventar mis rimas y a sacar
mis sones yo solo, también canté boleros, trova y de todo un
poco. Empecé a tener mujeres y a tomar algunas copas, mi iba
bien porque en el puerto las cantinas se llenan con marineros
del todo planeta: gringos, chinos, alemanes, de donde quiera,
el asunto es que entre tanto andar pa’ arriba y pa’ abajo me metí
en un lío con una mujer de por allá que amenazó con matarme
y como el miedo no anda en burro, vine a Tuxtla, tengo 50 años
o poco más viviendo en esta bendita tierra, ya era yo más crecidito
de edad y pensé que ya no me iba a meter en tanta bronca con
la mujeres, aquí me junté con mi mujer con la que sigo hasta hoy
día, tengo seis hijos, nietos y la verdad mi mujercita me ha sabido
querer y manejar, yo le fui claro, le dije: ve, soy trovador y no voy
a cambiar de ofcio, mi vida es en las cantinas, mis amigos son
los borrachos y me encantan las chamacas; ella aceptó vivir así
conmigo y hasta hoy no me arma escándalo por nada.
Aquí en Tuxtla trabajé en casi todas las cantinas: La Ofcina, El
Popeye, El Andariego, El Abajeño y muchas que ya ni me acu-
erdo de los nombres, pero me gustaba mucho estar en El Che
Garufas, ahí hice muy buenos amigos que los quiero como a
mis hermanos, y a últimas fechas otros que son como mis hijos
porque son más jóvenes, y ellos me quieren mucho también,
hasta la fecha que ya tiene como 10 años que no trabajo en eso,
me vienen a buscar y me llevan a convivir con ellos o me visitan
aquí en la casa.
Yo he visto de todo, nada me espanta, ni la misma muerte; ¡ja! Mi
mujer me regaña cuando hablo de sexo, cuando digo mentadas
de madre, cuando viene mis amigos y los dejó que fumen su
mariguana aquí en el corredor y están mis nietos, yo le digo, pa’
que te enojas, mejor que vean de una vez las cosas de la vida, de
todos modos lo tienen que saber cuando sean más grandes, pues
sí, ¡qué carajo! de esconderle cosas a los muchachitos, maldad lo
que les enseña la tele y la cosa esa de la computadora.
57
Mis amigos son los borrachos, las prostitutas, los poetas, los pe-
riodistas, la gente de la bohemia, los políticos que se guardan su
disfraz y desahogan sus penas en la cantina, he conocido a mucha
gente.
He oído y visto: pleitos, reconciliaciones, líos amorosos de parejas,
tríos, cuartetos, de mampos, lesbianas, he visto muerte, como se
han fraguado cuestiones políticas; no puedo platicar algo de tal
o cual persona, porque sería una traición, si otro lo cuenta, es su
bronca, pero yo digo, que lo que sucede en una cantina, ahí debe
quedar, pa’ que lo van a saber los de afuera, si no llegan es porque
no les gusta ese ambiente.
Así ha sido la vida del Chone:
“Muerte no te tengo miedo,
Aquí te espero,
Si he vivido lo quiero
Contigo me voy contento”.
Sra. Julieta Moreno García.
Los Laguitos, Tuxtla Gutiérrez
Pues soy originaria de Villa Flores, allá nací y viví mi niñez, en
aquel entonces era un pueblo muy rústico, carecía de todo,
pero era bonito porque era la vida del campo, natural pues.
Ya de jovencita por circunstancias de la vida vine a radicar a Tux-
58
tla, estoy hablando de hace unos 42 años, por ahí de 1966, viví
en la 1a. norte entre 99 y 10a. poniente, atrás de lo que hoy es
el Parque de la Marimba, en aquella época ahí estaba la Deleg-
ación de Transito y junto a mi casa estaba Agua Potable, era otra
vida, más tranquila pues.
La 9a. sur y la 9
a.
norte eran las últimas calles, así como libramien-
tos, muchas calles estaban sin pavimento, el Hotel Bonampak
era como de las afueras de la ciudad, las colonial El Retiro y Las
Palmas igual se consideraban lejísimos; sólo existían los merca-
dos del centro, el penal o cárcel era donde ahora está la cabeza
maya, luego lo pasaron a donde fue Cerro Hueco, incluso por
esa época el río Sabinal era caudaloso, ya no era limpio, ya era de
aguas negras pero con bastante corriente, yo me acuerdo porque
mis hijos estudiaron en la Primaria Díaz Ordaz y se veía el río.
Recuerdo que el zoológico era donde hoy es Convivencia Infan-
til, atrás de la Catedral estaba el famoso Colegio de Niñas con
su internado y había una juguería y tortería, parece que se llam-
aba La Forteza y era la única de aquel entonces, para comprar los
supermercados eran. El Cochinito, Esmesa o Sumesa no recuerdo
bien, mucho después surgió Aras Bazar donde ahora es Bodega
Aurrera del centro, la famosa escuela Belisario Domínguez estaba
en pleno centro.
De transportes habían unos camiones llamados urbanos y los
taxis, no habían combis, Terán era un pueblo aparte y ahora ya
es una colonia más.
Es asombroso como ha creci do esta ci udad y l o que tra-
j o mucha gente, pri mero fue l a construcción de Chicoasén,
luego con el terremoto del 85 en México mucha gente que
tenía familia o conocidos por acá se vinieron por el miedo, y ya
ahora los jóvenes de los municipios que vienen a estudiar a las
universidades y ya se quedan por acá, eso ha hecho que crezca
tanto Tuxtla.
Yo siempre me dediqué a la cocina, desde chamaca en mi natal
Villa Flores con mi mamá teníamos una cocina económica en el
59
mercado de allá, luego cuando me vine a Tuxtla trabajé también
como guisandera en una cocina del mercado, yo sé hacer mu-
chas comidas típicas: mole, cochito, bolitas de chipilín, chiles rel-
lenos, sopas, tamales, chanfaina, de todo.
Cuando me dieron esta casa, aquí fue el primer INFONAVIT de la
ciudad, me parecía muy lejos, después de haber vivido en pleno
centro, pero me fui acostumbrando y ahora es nada la distancia.
El cambio de Tuxtla se lo dio Don Juan Sabines, él modernizó
la ciudad, fue buen gobernante y pues todo pueblo tiene que pro-
gresar, lo malo es que se pierden algunas costumbres y sobre todo
que ya no hay la tranquilidad de antes, eso sería lo malo, pero para
los que ya vamos de salida, no nos preocupa tanto.”
Sr. Francisco Heredia Morales.
8
a.
sur Poniente, Tuxtla Gutierrez.
“Tengo 93 años, soy sastre y pastor de una iglesia evangélica,
pues yo nací en Coahuila pero me considerado chiapaneco
porque 75 años de mi vida los he vivido en Chiapas, a mí me
trajo un accidente de la vida, yo en mi tierra era un chamaco
muy tremendo me metí en varios líos y mis papás me corrieron
de la casa y empecé a rodar mundo, como se dice, y cuando
llegue a este Estado yo andaba muy desilusionado de la vida,
pero no me daba cuenta que la culpable no era la vida, si no yo,
en eso estaba cuando conocí algo maravilloso que es la palabra
de Dios, La Sagrada Biblia y me dediqué a estudiarla y a tratar de
obedecer lo que Dios manda, por ese tiempo apenas estaba lle-
gando el evangelio a esta tierra, yo fundé las primeras misiones
evangélicas en Tonalá, Villa Flores, Tapachula, viajé mucho con
los pastores norteamericanos que venían a enseñar La Biblia,
era muy difícil porque la gente amenazaba hasta con matarnos
en muchos lugares, porque la gente siempre quiere vivir en su ley
y no obedecer a Dios.
Cuando yo tenía 22 años conocí a mi esposa Cuca, nos casamos
y tuvimos 9 hijos, algunos medio rebeldes al evangelio , pero así
60
es esto, tenemos muchos nietos, algunos son pastores también; el
asunto es que ya estando casado empecé a trabajar como sastre
y también en mis funciones de pastor donde también me apoyan
económicamente; con el evangelio he conocido muchos lugares
y personas, he visto muchas situaciones de todo tipo: gen-
te alcohólica, prostitutas, matones incluso que al conocer ver-
daderamente han transformado sus vidas para ser gente de bien,
he presenciado exorcismos, también tristemente he visto como
gente que practicaba el evangelio lo ha dejado para irse a los
caminos del mal por el dinero, el trago, drogas, en fn, esto de
seguir a Dios no es fácil, es una decisión muy personal.
Ahora, cuando yo vine a vivir a Tuxtla era una ciudad chica, abar-
caba de la fuente que tiraron a la Diana, de 9a. a 9
g
., había muchos
lotes baldíos, sus construcciones era distintas ya con el tiempo
es que los gobiernos la han modernizado, incluso mi iglesia
inició en la 11 pte en una casa de bajareque que ya no existe,
ahora tenemos una iglesia formal, bonita acá en al 7a. sur.
La gente de antes era más buena, los vecinos se conocían, no
había tanta maldad, pero si eran celosos defendiendo sus creen-
cias y tradiciones, a los evangelistas no nos querían, ahora hay
más tolerancia religiosa, sólo a los jóvenes es que no les gusta
nada que tenga que ver con Dios; esto es lo que puedo contar de
mi vida, que Dios los bendiga”.
Sr. Isaías Yuca.
Villa de Acala
“Tengo 74 años, toda mi vida fui campesino aquí en el pueblo,
tengo un terreno del que he vivido casi toda la vida; sé cultivar el
maíz, frijol, camote, yuca, calabaza, plátano, jocote, mango; sé
injertar árboles, cuidarlos, desde muchachito me críe en la milpa
con mi difunto papá, yo no tengo escuela, aprendí a hacer cuentas
por el trabajo, sé escribir muy poco y aprendí ya cuando tenía yo
como 16 años, siempre me dediqué al terreno y a la cosecha.
Económicamente siempre hemos sido gente humilde, vivimos de
61
nuestra tierra, y a veces me pagaban por cuidar terrenos de gente
más adinerada, con eso saqué adelante a mi familia y algunos de
mis hijos hicieron carrera.
Toda mi vida ha pasado aquí, he viajado hasta México, pero no me
gusta la vida de la ciudad grande, no me hallo en otro lugar como
quien dice.
Cuando yo era chico, el pueblo era una sola avenida, el parque
y como 6 cuadras, ahora, hasta colonias hay, lo bonito es que al-
gunas tradiciones se conservan, por ejemplo en diciembre, los-
muchachos van a la topada de la for, que consiste en ir por San
Cristóbal a pie a cortar fores para hacer la casita del niño Dios,
cuando ya está hecha la casita el 24 en la noche nace el niño,
piden la posada, la gente va a la misa, dan repartido, hay música
de viento, todo muy bonito.
La otra festa grande es la de Candelaria, también es muy bonita.
Aquí cuando muere una persona se hace la velada en las casas,
ya hay funerarias pero sólo los ricos lo usan, la costumbre es velar
al difunto en su casa, ponen sillas en la calle, dan café, tamales,
rezan, llegan sus amistades y si hay un poco de dinero se le pone
la música que le gustaba como marimba, para que se vaya con-
tento.
Se acostumbraba que en las tardes sacábamos los taburetes o
butacas y nos sentábamos en la banqueta a tomar el fresco, a
platicar con los vecinos y hasta una siesta se echaba uno, casi ya
no se hace porque pasa mucho carro y no se oye la plática; pues
aquí seguimos en nuestro pueblo, mientras Dios nos preste vida.”
Sra. Natividad Megchún López.
11 Poniente Sur, Tuxtla Gutierrez.
“Yo vengo de una familia nativa zoque, hay muchas cosas que ya
no me acuerdo, con los años se olvidan las cosas; aquí cerca en la
ermita zoque se sigue tratando de conservar la tradición, pero hay
62
cosas que han cambiado mucho.
Están los mequés que son las festas grandes, donde se da comi-
da, la música es de tambor y pito de carrizo, los mequés más con-
ocidos eran los de San Marcos, San Roque, el de Corpus y el de
Navidad que es el que se celebra aquí en el cerrito; todos los de
la junta de mayordomía cooperan tanto en dinero como en tra-
bajo, antes los varones mataban la res o el puerco y las mujeres
cocinaban.
Antiguamente en las festas los varones comían por un lado y
las mujeres por otro, aparte pues; daban repartido para llevar a
la casa, de la misma comida que se había hecho; como en los
mequés se ponen ofrendas, estas son los somés, 8 días pasada
la festa se reparte lo del somé entre todos los de la junta de la
mayordomía del mequé.
Esto del somé es una ofrenda, en un poste o palo se adorna con
hojas y fores, y se pone o se le ponía antes los ponsoquís que
eran muñequitos de pan, frutas como plátanos, piña, coco, panes
en forma de rosquilla y ahora poco le agregaron cubetas o trastes
de plástico, pero el original somé sólo lleva pan, fruta y fores.
Otra costumbre zoque era la ensarta de for de mayo, antes por fa-
milias se hacían cargo de arreglar la iglesia de su barrio, Se hacía
como una cadena o cortina de hilo con fores ensartadas, del altar
a la puerta de la iglesia, se empezaba como a las 10 de la mañana,
daban pozol a mediodía y ya como a las 3 ó 4 de la tarde esta-
ba listo, los varones lo colocaban, era bonito porque mientras se
hacía, se convivía.
Ahora estas cosas las hacen en la iglesita zoque, pero dicen que
ya no como antes, en Copoya es que conservan más las costum-
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bres, yo hace mucho que no voy a los festejos porque casi no veo,
pero de lo que me acuerdo era bonito.
Siempre he vivido en esta casa, aquí me crié, era el terreno de mis
papás, yo me dediqué a hacer y vender pozol en el mercado, como
unos 37 años anduve en eso y no lo voy a negar, hice mi dinerito,
con eso y el trabajo de mi esposo que era albañil le dimos estudio
a los hijos y hasta un mi nieto que es mi crianza porque el papá
salió desobligado; cuando ya no iba yo a vender el mercado, vendí
aquí en la puerta de la casa, a veces hacía tamalitos para vender y
en diciembre hojuelas, pero más mi trabajo fue el pozol; ahora mis
hijos me mantienen.
Ya no salgo por mi vista que casi lo perdí, mi casa lo conozco bien
con puro tocar, sólo me ayudan para bañarme, así que yo no sé
cómo esta Tuxtla, me cuentan que está muy grande y moderno,
pero yo prefero recordarlo como cuando era yo joven; así es aquí
estamos hasta que Dios disponga.”
Sr. Sinar Cundapí.
11 Poniente sur, Tuxtla Gutiérrez.
“Tengo 81 años, nací en Tuxtla, mi apellido es zoque, mis padres
conocían las costumbres zoqües y hablaban la lengua, a decir
verdad, yo ya no lo practiqué tanto ni el hablar ni las costumbres,
me hice más moderno, como quien dice, pero si sé y recuerdo un
poco de lo que vi cuando era muchachito.
De las palabras, me acuerdo que gato es chitú, de ahí luego la
gente sacó lo de mishitú; cashná es gallina; mahuagequé es adiós;
tiscotá es gracias, por eso se dice coitán que es el pilón que pone
los vendedores agradeciendo la compra que se les hace; también
hay varios apellidos zoques como Pechá, Tondopó, Jonapá, Cun-
jamá y otros varios.
64
De costumbres recuerdo que las festas más bonitas y a donde iba
mucha gente zoque, eran las delCalvario, San Roque y aquí en
el cerrito la navidad zoque; en el Calvario por ejemplo iniciaba la
festa en la madrugada con las mañanitas al Sr. Del Calvario, luego
daban tamales de cuchunú, pozol al medio día, hacían carreras
de caballos, el palo ensebado, carros alegóricos, muchas cosas
bonitas que ya se han perdido.
Como antes no había mucho doctores o eran para la gente rica,
habían varios curanderos y recintos, a los zoques legítimos les
daba más confanza esas curaciones que ir al doctor; se oía mucho
de las rameadas para curar espanto, la curación del mal de ojo y
empacho a las pichitas o criaturas tiernas; cuando salía fuego en la
boca decían que era el mal de antojo y también tenía su curación;
estaban los sobanderos o hueseros que eran muy ponderados, un
mi tío Manuel Cundapí era muy famoso.
Ahora creo que esas costumbres persisten en Copoya y Suchiapa,
y ya no iguales, pero lo conservan más.
Cuando yo era chamaco, Tuxtla era chiquito, ni pavimentado esta-
ba, el parque central era muy distinto, eran como 5 calles por cada
costado de la ciudad, de hecho, la 5a. norte era como la última
calle, lo demás era monte y uno que otro jacal, el Sabinal era un
río donde se bañaba la gente, lavaban ropa; Tuxtla era como un
pueblo, ni soñar la gran ciudad que es ahora.
Me acuerdo que de chamaco, los domingos iba yo al parque cen-
tral con 50 centavos y podía yo comprar harta chuchería, en la
Avenida central pasaba casi pura bicicleta, caballos y algunos car-
ros, de modelo antiguo, que eran de los ricos y para nosotros los
pobres esa era una diversión, pararnos a mirar los carros de los
ricos.
Hablando personalmente, aprendí el ofcio de joyero y relojero,
ejercí hasta hace unos 23 años atrás, luego lo dejé porque con los
65
años la vista no alcanza para tanto, y como mis hijos son profe-
sores, ellos me apoyan.
En años anteriores, se podía vivir de esos trabajos, yo de eso com-
pré mi casa y les di carrera a mis hijos, ahora todo ha cambiado
mucho y todo es distinto.”
Sr. Alberto Popomeyá.
2ª. Norte Poniente. Tuxtla Gutiérrez.
“Nací en Tuxtla, en el barrio de el Calvario, siempre he vivido
por este rumbo, tengo 77 años, en mi vida hice varios ofcios, de
chamaco, con mi papá nos dedicábamos al comercio, vendíamos
morrales, lazos, huarache y esas cosas, no teníamos tienda, íba-
mos de puerta en puerta y a veces salíamos a otros municipios;
luego de muchacho trabajé como ayudante en algunas casas ri-
cas, en Las Palmas, en El Retiro, luego retomé el comercio y vendí
abarrotes; ya cuando mis hijas estaban grandes me dieron la idea
de ir a México a Tepito por ropa y fayuca, lo hicimos y nos funcionó
y hasta hoy día mis hijas se dedican a vender ropa y chácharas,
una de ellas tiene hasta su tiendita de regalos y ahora ya que soy
viejito ellas me sostienen.
Dicen que mi apellido es autentico zoque, yo sólo sé que soy auten-
tico tuxtleco, recuerdo algunas costumbres de antes, por ejemplo
la festa del Calvario la hacían muy bonita, ahora ya todo es mod-
erno; antes en la festa hacían comidas zoques que no recuerdo
sus nombres, pero una era como el cocido de res con garbanzos
y otra como la chanfaina; hacían concursos, la música zoque era
de tambor y fauta; la gente se vestía distinto, los hombres de traje
de manta y las mujeres con nagua larga de cuadritos y camisa
de vuelo, a veces tratan de revivir algunas costumbres pero no lo
hacen bien, por ejemplo el somé original lleva frutas, elote, fores
y pan, ahora le guindan juguetes y trastes de plástico y eso no lo
lleva.
Tuxtla era distinto, era un pueblo lleno de polvo, creo que fue el
66
Gobernador Pascacio Gamboa el que pavimentó la Avenida cen-
tral, era muy pequeña la ciudad, ir al 5 de mayo era ir a lo último de
la ciudad, fue el gobernador Sabines difunto que modernizo Tuxtla
y todo cambió, creció, vino gente de fueras y también con eso se
perdieron las tradiciones.”
Sr. Margarito Damián Pérez
Barrio San Ramón, San Cristóbal de las Casas
“San Ramón es el barrio de los carnereros, alfareros y panader-
os, yo soy nativo de aquí, ahora la gente ya no se dedica a esos
ofcios, porque son difíciles, ahora todos quieren estudiar y ya se
perdió eso.
Por ejemplo mi padre era comerciante, por aquel entonces yo
acompañaba a mí papá, era recorrer caminos con bestias de car-
ga, de aquí salíamos a San Andrés, a las rancherías cercanas lu-
ego a Ixtapa, Soyalo, Bochil, Pueblo Nuevo y luego regresábamos
al crucero de Bochil y de ahí a San Juan Chamula, Cancuc y ese
rumbo, luego de una temporada regresábamos a San Cristóbal.
Los viajes eran cada 3 meses, vendíamos peines, espejos, tijeras,
gargantillas, invisibles, aretes, todo lo que llamamos charana.
También vendíamos en las ferias de algunos barrios pero era más
el comercio en los pueblos.
Este barrio era de las afueras de la ciudad, la calle de enfrente, la
que se llama Ramón Larrainzar era la carretera que salía a Zina-
cantán las calles eran de tierra, ya luego se modernizó todo, de
hace unos 16 años todo esto cambió , esta humilde casa era de
bajaré y barro, les llamábamos casas de embarro.
En este barrio habían inundaciones, la primera que recuerdo yo
tenía como 8 años, luego otra cuando tenía como 14 años y la
última que fue la peor, tendrá unos 30 años, esta es la zona baja
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de la ciudad y por eso junto con San Diego y San Antonio eran las
más afectadas por las aguas, el aguajal llegaba a mitad de la casa
y todos nos salíamos, ya luego hicieron canales y el túnel y ya no
hay inundaciones.
Cuando mi padre dejó el comercio se dedicó a la curación con
plantas medicinales, él tenía ese “don”, venía gente de todos la-
dos, de aquí, de las comunidades, del Estado, del país y hasta del
extranjero.
Yo recuerdo que un ocasión vino un hombre que se le abrió la
cabeza donde se echó un clavado en el río, y no quería ir al Doc-
tor, vino con mí papá y con puros emplastes de hierbas le cerró la
herida como en un mes. Venía gente de Italia, Francia, muchos
japoneses; mí papá no cobraba, mejor les aceptaba un obsequio
de la voluntad de la gente y ya.
Curaba la tifoidea, el empacho, daba tecitos que detenían el
avance del cáncer, curaba la picadura de carga palito, el mal de
ojo y todo eso.
Hay gente que lo trabaja como brujería, pero mí papá sólo con las
plantas y oraciones del Padre Nuestro y el Ave María; yo también
conozco algunas hierbas, pero no se me dio eso de la tradición de
curar con plantas, yo me dediqué a la albañilería, al comercio y por
último fui zapatero, pero lo dejé porque una compostura sale en
$30 y con tanto calzado chino de $50 que venden ahora, la gen-
te prefere comprar nuevo que reparar el zapato usado; gracias a
Dios vivo de la renta de ésta propiedad que es grande y la dividí
en varias piezas.
Antes de los años 70’s no había mucho turismo en San Cristóbal,
aquí era una zona muy barata, la economía giraba entre el indíge-
na y el claxan, que es el hombre adinerado, para que negarlo el
indígena ha movido la economía de ésta ciudad con la venta de
verduras; con la primera carretera internacional empezó a venir
turismo porque era el paso para Palenque y la selva Lacandona,
aunque antes el extranjero le temía al indio por sus creencias y su
recelo, pero ya todo ha cambiado; ahora no se diga, hasta viven
68
muchos extranjeros acá, está bien si esta bendita tierra les gustó
y les dio la oportunidad, ipues qué bueno!, todos somos hijos de
Dios.
Muchos extranjeros venían por estudiar las costumbres indígenas
y la cultura y se quedaron, para muchos coletos resultó alarmante,
pero ya ha cambiado, mi papá y yo no les temimos, incluso por
años una muchacha extranjera vivió en la casa rentando un cuarto
y nos llevamos muy bien con ella. Así como el mexicano se va a lo
Estados Unidos, que no lo quieren, pero es la mejor mano de obra
y una fuente económica, así pasa con los extranjeros que vienen.
Cuando los zapatistas fue un diciembre, habían rumores, pero a
nosotros no nos dio miedo porque no teníamos nada que nos qui-
tarán, si venía y querían pues les dábamos un taco y agua, no
teníamos nada más.
Sí hubo desastre, hubieron muchos muertos, más de lo que decían
las noticias, tanto de la guerrilla como del ejército mexicano, pero
luego pasó; a mí no me afectó en nada, unos dicen que eso trajo
más extranjeros, pero como digo , si aquí quieren vivir, que vivan,
mientras no dañen a los demás.
Así ha pasado la vida en San Cristóbal, antes por barrio era un
ofcio, por ejemplo: Mexicanos era el barrio de los textileros, Gua-
dalupe de los jugueteros de feria, Cuxtitali de los confteros y así,
pero todo eso ya pasó, ahora pocos conservan esos ofcios.
Sra. Victoria Salazar Alcázar
Barrio el Cerrillo, San Cristóbal de las Casas.
“El barrio el Cerrillo se caracterizaba por ser el barrio de los herre-
ros, hacían llaves grandes, herraduras para caballos, cruces for-
jadas, veletas y esas cosas, ahora hay pocas herrerías que sólo
hacen puertas y ventanas; antiguamente se usaban las carretas
jaladas por caballos y la mulada para cargar cosas, en mí casa en
la época de mí abuelita guardaban mulada que traían café, tabaco,
frijol y maíz del rancho, hasta en la calle dejaban las mulas y nadie
robaba, enfrente hasta había un potrero para que ahí quedaran los
animalitos.
69
Esta calle Diego Duguelay antes le decían calle Real porque por
aquí pasaban los indígenas que venían a vender verduras, leña,
fruta de casa en casa, no había supermercado sólo el mercado
grande y carecía de muchos artículos, habían cosas que de pla-
no sólo en Tuxtla se podían conseguir. Cuando era chamaca el
mercado era en el mero centro, por el parque, luego lo llevaron a
la Merced y luego atrás de Santo Domingo, pero inició con muy
pocos vendedores, era muy chico y con pocas cosas.
Todo ha crecido mucho, allá donde está la Unidad Administrati-
va era el campo de aviación donde bajaban las avionetas, ahora
hasta aeropuerto hay. Todo cambia, mi difunto papá me contaba
que cuando remodelaron la iglesia de Santo Domingo, la mezcla la
hacían con huevos para pegar las piedras, ahora donde se van a
usar los huevos para eso!, están tan caros y ni de rancho son , ya
puros de granjas que parecen laboratorios.
De mi vida recuerdo que cuando era niña ayudaba a mí abuelita
en la cosecha de café en el rancho, luego teníamos una tiendita de
abarrotes, ya de grande estudié la escuela Normal y fui Profeso-
ra, viajé mucho, trabajé en Ocosingo, Tila, Chenalhó y delante de
Tapachula, pero no porque me cambiarán, yo pedía mis cambios
cada año, para conocer un poco mí Estado.
Aparte soy Partera profesional, porque cuando era chamaca vino
el Instituto Nacional Indigenista (INI) y con otra amiga fuimos a
pedir trabajo, y recuerdo que cuando llegamos nos preguntaron en
que área, si en enfermería o en la granja, en aquel tiempo hasta te
daban cursos, no como ahora que ya ni el trabajo lo dan si no vas
bien apalancado o recomendado; el caso es que mi amiga entró a
enfermería y yo a la granja, recogía huevos y los vendía, daba de
comer a los animalitos; después a la semana como vi que mi amiga
ya sabía inyectar, me cambié a enfermería y ahí me quedé, eran
muy buenas personas los médicos y los del laboratorio, aprendí a
inyectar, a canalizar suero y lleve cursos para partera, yo estaba
encantada y feliz, pero mis hermanos me dijeron que tenía que es-
tudiar y fue como ingresé a la Normal, terminando la secundaria y
con lo que ganaba en el INI entre semana pagaba mis estudios de
Normal los fnes de semana, hasta que terminé y me dieron mi pla-
za de Profesora, pero seguí atendiendo partos, hasta la fecha con
70
mi compañera María Pérez vamos a atender a muchas mujeres,
somos certifcadas, aún hay tradición de que los bebés nazcan en
casas de forma natural, estoy acreditada ante el Seguro Social, el
ISSSTE y la Casa de la Partera.
En el 94 cuando los zapatistas, escuchábamos las bombas, porque
el problema fue en los alrededores, no tanto en la ciudad, había
recelo de salir, pero no pasó nada grave, en la casa nos enterába-
mos por la tele y ni creíamos que todo eso pasará tan cerca de
nosotros y tratábamos de no andar en la calle, sólo por lo indis-
pensable.
El Comandante Marcos pienso que es un hombre muy inteligen-
te, los que se le fueron de las manos fueron los indígenas, que
desde esa época andan por todos lados, no digo que no tengan
derecho, pero son muy groseros y abusivos, antes del EZLN eran
respetuosos y honrados, pero los jóvenes que ya se han criado
en la ciudad son muy groseros. Eso de la guerrilla los sublevó
mucho. Por ejemplo antes en el barrio de San Ramón no dejaban
que un muchacho de otro barrio se hiciera novio de una de ahí,
las muchachas se tenían que casar con los de su barrio, ahora,
ya se ven indígenas casados con mestizas, hasta me tocó atender
el parto de una indígena chamula convertida a los musulmanes
porque se casó con un español musulmán, ya ahora no hay barre-
ras sociales, ni de nacionalidad , ni religión. Así ha cambiado todo,
yo de joven salía sola en la madrugada o muy noche para inyectar
o atender algún parto y con toda confanza, ahora si no es de día o
temprano de la tarde mejor no salgo.
Así ha cambiado la ciudad, la vida de la gente y las costumbres.”
Sr. Sergio Emmanuel Rodríguez.
Plaza de Santo Domingo de San Cristóbal de las Casas.
“Soy originario de Tijuana, Baja California Norte, llegué a San Cris-
tóbal de las Casas en 1980, hace 28 años, aún no existía el trans-
porte Cristóbal Colón, se llegaba en el Somex o autotransporte
Tuxtla, no era un lugar turístico, cuando llegué sólo habían 5 taxis
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que se parqueaban donde está la Catedral, para abordar uno se
tenía que ir hasta allá y sólo había un autobús que llegaba hasta
la Quinta San Martín sólo eso había de transporte, ahora hay más
de 5 mil concesiones.
Lo que ahora es el Hotel Casa Mexicana de 5 estrellas, era la Casa
del Indígena, ahí dormían los indígenas que se quedaban en San
Cristóbal por varios días y no podían regresar a sus comunidades,
aquí antes no vivían los indígenas, salvo los que trabajaban como
servidumbre en las casas, todos venían de sus comunidades para
hacer sus mandados y negocios y se volvían a sus comunidades.
Cuando yo llegué muchos hoteles y posadas de ahora, eran casa
tapiadas con olor a humedad que habían permanecido cerradas
por años; el Parque Central estaba todo descuidado con mator-
rales, sólo había un agente de tránsito que se paraba entre las
calles Real de Guadalupe y General Utrilla, hasta se aburría el
pobre porque no había mucho tráfco que cuidar.
Era otra vida, muy tranquila, hasta aburrida se podría decir; la tem-
peratura más cálida era de 18°c al medio día, ahora, hay días que
llegamos hasta los 28 o 30°c por la tala inmoderada de arboles, el
trafco y las pocas áreas verdes que quedan, los indios han talado
mucho por el uso de la leña y la madera para hacer muebles; antes
aquí no se conocía el calor excesivo.
En 1980 la ciudad tendría unos 35 o 40 mil habitantes ahora ha
crecido en cantidades tremendas.
En el mercado habían unos cuantos indígenas con elotes, papa,
chayote y duraznos, ahora ya no caben en ese mercado Castillo
Tielemans y creo que ha 2 o 3 mercados más porque el del centro
se fue saturando.
La Plaza de la Caridad y de Santo Domingo que ahora son puntos
turísticos llenos de artesanías, en aquellos años venir a ésta plaza
a las 5 de la tarde ya era peligroso porque estaba solitaria y llena
de neblina.
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Yo llegué a San Cristóbal por casualidad, yo vivía en el Distrito
Federal y vine a Chiapas a comprar ámbar a Simojovel, cuando re-
gresaba de hacer mis compras, recuerdo que fue un día que llovió
mucho y no había transporte que me llevará a Tuxtla, entonces
pedí aventón a una camioneta de medicamentos que venía de Si-
mojovel a San Cristóbal, llegué de noche como a las 9, me bajaron
por la Facultad de Leyes, estaba todo solitario sólo habían unos
farolitos alumbrando las calles y un montón de frío, no había la
cantidad de hoteles y posadas que hay ahora, sólo existía el Hotel
Español, que ahora es el Holiday Inn , y algunas casa que daban
posada a estudiantes, preguntando logré instalarme en una casa
de esas y me quedé una semana, no había turismo pero como
me gusta conocer gente, conocí al Sr. Prudencio Moscoso, a los
hermanos Emma y Armando Zebadúa y a la Sra. Torruco, gentes
originarias de este lugar, todos muy buenas personas con quienes
hice amistad en esos días y me invitaron a volver, así que lleve al
D.F el ámbar que me encargaron y regresé a San Cristóbal para
quedarme hasta la fecha.
Soy pintor, me dediqué a pintar y vender cuadros entre mis amista-
des, he trabajado como artesano de joyería y creo que fui el primer
guía de turistas, yo organizaba tours a San Juan Chamula con los
pocos turistas que venían en aquellos años, en esa época San
Juan Chamula era peligroso, no había luz, y el indio era totalmente
desconfado, fui el pionero de los tours a comunidades.
El Parque de al lado de la Caridad, se llama Alameda, lo construyó
el Gral. Utrilla, un personaje muy importante que marcó las delim-
itaciones territoriales entre México y Guatemala, el parque tenía
unos robles enormes que se cayeron con una tormenta muy fuerte.
Los primeros artesanos que llegaron a Santo Domingo fueron unos
italianos que se pusieron a hacer pulseritas trenzadas, no tanto
para venderlas más bien enseñándoles a las indígenas, porque el-
las sabían bordar en manta, pero esas pulseras y cinturones tren-
zados que tanto éxito han tenido tipo macramé, se los enseñaron
los italianos, lo cual creo no fue muy bueno porque dejaron de
cultivar y empezaron a hacer pulseras y fajas que eran más fáciles
y les generaban dinero.
73
El progreso de los indígenas llegó luego del movimiento del 94, el
indio sólo venía a dejar mercancía, a hacer mandados, no podían
vivir aquí, había caciquismo, el indio era sólo sirviente, no había
buena relación entre el Cashlan, el rico o clásico coleto y el indí-
gena.
En el 94 el EZLN llegó a dominar San Cristóbal durante 3 días,
hasta que el Gobierno mandó un ejército especial para que desa-
lojarán la ciudad fue cuando se fueron a Rancho Nuevo, Ocosingo
,Margaritas y esos lugares.
En esos tres días se encontraban en las calles del centro balas y
cambió la mentalidad tanto del coleto como del indígena; el Hotel
Diego de Mazariegos se convirtió en el centro del mundo porque
ahí se concentraron los periodistas de los 4 continentes, de ahí
salían los comunicados, instalaron una enorme antena parabólica,
fue algo increíble.
Los zapatistas comunicaron a la sociedad civil que el movimiento
no era contra ellos, era contra el mal gobierno, no violaron ca-
sas, ni propiedad privada sólo el Palacio Municipal, las tiendas del
ISSSTE y del Seguro Social, lo que es el mercado de artesanías
de San Francisco era una tienda de Gobierno y la saquearon to-
dita.
Hasta que llegaron los soldados que quién sabe de dónde los
sacaron porque eran hombres de 1.85 mínimo de altura, fuertes,
obviamente no eran mexicanos, vinieron con armas de alto pod-
er, grandes metralletas y acordonaron todo el centro y principales
calles, ese fue el día más tenso y que nos temíamos fuera el ini-
cio de una guerra, pero éste ejército que no era precisamente el
mexicano logró sacar a los zapatistas de la ciudad pero la guerrilla
continúo en las afueras, aquí sólo se hacían las famosas mesas de
negociaciones y así vinieron periodistas de todo el mundo, ONG’S,
Sociólogos, Politólogos y curiosos de todo el mundo y fue el des-
cubrimiento de que en México había un lugar llamado Chiapas y
en éste una ciudad llamada San Cristóbal de las Casas.”
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Sr. Armando Molina
Calle General Utrilla, San Cristóbal de las Casas.
“Soy originario del barrio el Cerrillo y de mi infancia a la fecha pues
San Cristóbal de las Casas ha evolucionado como todo lugar, han
cambiado muchas cosas como la fsionomía de la ciudad, sus cos-
tumbres y tradiciones, pero en el 94 se dio el cambio más drástico
y rápido que se halla visto por aquí, de esa fecha la ciudad ha
crecido desmesuradamente, se ha poblado toda la periferia y a
como van las cosas en unos 10 años más ya estaremos pegados
a Teopisca como Tuxtla a Chiapa de Corzo.
Pienso que hemos mejorado, aunque algunas nuevas colonias
carecen de servicios, de infraestructura, pero en otros aspectos se
ha evolucionado.
Este negocio que es una ferretería lo tengo desde hace 18 años,
en el 90 lo abrí, yo soy Contador Público y casi toda mi vida trabajé
para el Gobierno, en la Secretaría de Obras Públicas, en la de Ag-
ricultura, en Hacienda y hacía algunos trabajos para particulares,
hasta que llegó el momento en que por la edad ya no me quisieron
emplear y uno tiene que vivir de algo, así fue como puse mí propio
negocio que al inicio me iba bastante bien, pero nuestra economía
a partir del sexenio pasado se vino por los suelos, muchos nego-
cios quebraron, ahora tenemos que medir gastos para subsistir, sin
temor a equivocarme puedo decir que los que mejor están son los
empleados de Gobierno que tienen un salario seguro cada quince-
na, pero los comerciantes, incluso los empresarios que tienen que
mantener a fote sus empresas, creo que vivimos con incertidum-
bre económica. Ahora todos esperamos que la economía mejore
en este año que es par y algunos tenemos la esperanza de que las
cosas van a cambiar para bien, mientras hay vida, hay esperanza.
Creo que el acontecimiento más trascendental y que todos recor-
damos es el movimiento zapatista, al menos mi generación no
había vivido un levantamiento armado, hubo temor, en mi caso
pensé que era el mismo ejército mexicano que estaba resguardan-
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do la ciudad, hasta la madrugada caí en cuenta que era un mov-
imiento guerrillero, saquearon el Palacio Municipal, la tienda del
ISSTE y la única empresa privada que sufrió daños fue la farma-
cia Bios porque los guerrilleros necesitaban vendas, analgésicos y
esas cosas para sus heridos; luego se siguieron a Rancho Nuevo
donde se dio el primer enfrentamiento, luego siguió Ocosingo y
San Cristóbal quedó como el lugar de negociaciones, ruedas de
prensa y eso.
Indiscutiblemente el 94 fue un parte aguas para el crecimiento de San
Cristóbal, empezaron a venir gentes de las comunidades, del Esta-
do, del país y del extranjero, esta ciudad se ha vuelto cosmopolita.
A mayor número de gente, mayor demanda de servicios, el Munic-
ipio no se da abasto, nuestras calles están en mal estado, el barrio
el Cerillo es de los más viejos y turísticos y está muy sucio y sus
calles feas, pero el Gobierno a veces no tiene presupuesto paran
tantas demandas de una ciudad que crece tan rápido como ésta.”
Sr. Enrique Delgadillo Zúñiga
Calle Gral. Utrilla, San Cristóbal de las Casas
“Mi negocio es esta farmacia llamada Santo Domingo, soy far-
macéutico, la abrí en 1972,en ese entonces el negocio era muy
bueno, ahora casi ni para la tortilla alcanza, esta farmacia hay la
voy manteniendo, pero otras que iniciaron en aquella época, ya
se vinieron para abajo; eran la Regina, la Guadalupana y ésta, la
calle era muerta, empezó a tener vida con la llegada del mercado
Castillo Tielemans y se fue llenando de comercios pero ahora hay
tanta competencia y más con las franquicias del Ahorro que ya
nos “ dieron en la torre” ;lo que más se ha vendido es el antibiótico
siempre, las pomadas que yo preparo, los famosos papelitos cura-
tivos, los jarabes que preparaba, no había tanto de patente; igual
eran como 8 o 9 médicos en toda la ciudad.
Aquí viene la gente porque la venta es de menudeo, mí clientela
es la gente humilde, les vendo 1 o 2 pastillitas para dolor, para la
calentura y eso; porque ahora, salubridad ya prohibió vender así,
se tiene que comprar la caja completa de pastillas y eso es injusto
para los pobres, entonces en estas farmacias vendemos así, al
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menudeo, pero en una de esas nos van a querer multar porque el
Gobierno es muy injusto, sólo apoya a los grandes empresarios.
Yo soy originario del barrio de San Antonio, era el barrio de los
carniceros por tradición, ahora sólo hay unas cuantas carnicerías,
la gente busca otros ofcios con el paso del tiempo, antes en mi
barrio en las madrugadas se mataban los carneros, ahora todo ha
cambiado, todo evoluciona y las tradiciones se pierden.
Eso es lo que puedo contar de mi negocio y mi barrio.”
Sr. Raúl Flores Narváez.
Barrio el Cerrillo de San Cristóbal de las Casas.
“Yo soy de aquí del Cerrillo, antes habían muchos herreros, cerra-
jeros, textileros y panaderos, era el pan de horno de leña, ahora
es pan de horno de gas y no es lo mismo, el cerrillo es un barrio
típico, es de los antiguos, antes habían grandes lotes baldíos, pero
de unos 18 años para acá todo está poblado.
Acabaron los arboles de frutas, las hortalizas, antes muchas cosas
ni se compraban porque en el patio de la casa se cosechaban, por
ejemplo: limón, cilantro, durazno.
Yo soy peluquero, tengo 50 años en el ofcio, iniciamos con mí
papá y mis hermanos, con la peluquería San Francisco era la más
grande de la ciudad, estaba en la calle San Francisco que ahora
es la Insurgentes, pero de ahí mi hermano se retiró a otro negocio,
el otro se hizo profesionista y yo me quedé con mí papá y hace 23
años que él falleció y yo seguí con la peluquería en la calle Cu-
auhtémoc cerca del café San Cristóbal, sólo que ahora mi negocio
no tiene nombre, sólo es peluquería, antes los clientes se cortaban
el cabello cada semana, ahora cada 2 o 3 meses, aparte la compe-
tencia con las estéticas, con nosotros los viejos peluqueros llegan
los que nos conocen de años pero ha disminuido la clientela.
Mis clientes son señores y niños, los chavos raramente llegan, el-
los van a las estéticas o andan todos greñudos. Yo corto con tijera
y navaja tradicional.
Hace unos 30 años en la ciudad sólo existía un hotel el Español,
pero no había turismo, los que más venían eran españoles y eso
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porque el dueño era español y él los invitaba, habían 2 0 3 casas
de huéspedes donde vivían los que estudiaban Derecho.
EI hotel Santa Clara fue una posada llamada Mazariegos, con gra-
das de madera, todo antiguo, luego lo compraron otras personas,
lo remodelaron y es el hotel de ahora, de lujo.
Antes a veces venían algunos investigadores pero por poco tiem-
po, eran los extranjeros que se veían, ahora, del zapatismo en
adelante no sé qué les ha dado esta ciudad que hasta se quedan
a vivir acá y muchos que vienen a pasear.
Así ha sido la evolución de San Cristóbal”.
Sra. Dilhery Penagos de Hernández.
Barrio de Guadalupe, San Cristóbal de las casas.
Soy originaria de San Cristóbal y del barrio de Guadalupe que se
distingue por ser un lugar de gente comerciante que de años atrás
viajaban a los pueblos cercanos llevando dulces, curtidos y arte-
sanías de San Cristóbal, gente muy industriosa porque ellos pro-
ducían lo que vendían: cajetas, conftes, juguetes típicos, panela,
cera, etc. Aunque ha bajado el comercio y los jóvenes ya se dedi-
can a otras cosas, el sello del barrio ha sido el comercio.
Este negocio es La Casa Penagos, fue fundada por mis papás
Don Héctor Penagos y Doña Guadalupe Gutiérrez, al ellos fallecer
yo tomé el cargo desde hace 40 años, más desde que lo fundaron
mis padres, el negocio tiene un total de 75 años, es de los más
antiguos de la ciudad; crecimos en el negocio, ésta siempre fue
una casa de mucho movimiento comercial con la zona indígena,
se inició con la compra y venta de manteca, panela, miel, candela,
luego se metieron los textiles, mi madre se especializó en ellos,
y básicamente hasta hace 20 años las negociaciones eran con
puros indígenas, a ellos les comprábamos y a ellos les vendíamos,
mi mamá fue una persona que representó una tradición textil de
generaciones en ésta ciudad.
Mi hermana también se dedica a esto y nuestros clientes son los
hijos de los que negociaban con mis papás y ha sido toda una
tradición, una vida de convivencia armoniosa y comercial con los
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indígenas, siempre hemos manejado la compra y venta de conta-
do y eso le ha dado mucho prestigio a La Casa Penagos, nada de
informalidades, ni problemas, es un sello.
Vendemos textiles de Pantelhó, Magdalena, San Andrés, Cham-
ula, Zinacantán, Tenejapa, Oxchuc y toda la zona altos, también
vendemos indumentaria de autoridades, utensilios, todo lo de cada
lugar. Al turismo le gusta entrar a conocer, tomar fotos, lo que más
compran son mantelitos, tapetes, blusas y camisas.
Que yo recuerde de niña, venían algunos extranjeros, como es la
ciudad colonial del sureste mexicano, siempre han venido inves-
tigadores que hasta se han quedado a radicar acá, como Doña
Gertrudy Duby; pero el turismo en masas, en grandes cantidades
ha sido del 94 sin lugar a dudas, fue el detonador para ser foco
de atención, y que trajo muchos cambios a la ciudad y a la po-
blación indígena sobre todo, hasta han perdido sus tradiciones en
el vestuario; yo lamento mucho los cambios en la vestimenta de
Zinacantán, el traje ancestral era en rojo, rosa fuerte, amarillo, pero
del 94 a la fecha sólo lo hacen en azul y verde, han perdido su col-
orido; San Andrés también ha cambiado, van dejando costumbres
y se van adaptando a la modernidad, por ejemplo los hombres ya
ni usan la vestimenta tradicional, salvo en algunas ceremonias y
eso si no se han vuelto evangélicos.
Mucha gente de Tenejapa, Oxchuc, Huistán se han venido a radi-
car a la ciudad, otros se han ido rumbo a Comitán, se han hecho
nuevas ubicaciones de etnias por los confictos religiosos, gran
cantidad de indígenas se han vuelto evangelistas.
Nosotros siempre hemos sido católicos, la festa de Guadalupe es
la de mi barrio. A partir de 1958 se inició la carrera guadalupana
aquí en San Cristóbal y ahora ya son muchos grupos que corren
con la antorcha, aparte se sigue con la feria, los puestos de coleta,
los antojitos y todo eso.
En cuanto a la tradición familiar de este negocio, pues tengo 5 hi-
jos profesionistas, dos viven en el extranjero, dos en otros Estados
y una aquí, pero ellos conocen de textiles, de artesanía y cuando
vienen se involucran en la tienda, saben negociar con los indíge-
nas porque saben que deben continuar con la tradición de La Casa
Penagos “.
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Sr. Alejandro Moscoso Utrilla.
Barrio La Merced, San Cristóbal de las Casas.
“Soy nativo de aquí, coleto, como quien dice, del barrio de La Mer-
ced que es un barrio de comerciantes, de hecho la virgen de La
Merced es la patrona de los comerciantes y de los mercados, an-
tes en el barrio se hacían velas, veladoras, candelas, pabilos y se
vendían artículos religiosos sobre todo de la virgen de La Merced
y de Justo Juez que son los santos más festejados por este lugar.
Ahora como se ve hay diversos negocios desde consultorios médi-
cos hasta abarrotes; mí negocio siempre ha sido la venta de ropa,
desde hace 37 años tengo esta tiendita, antes podía vivir bien de
ella, pero con los años el negocio ha decaído mucho, lo que me
salva es que soy viudo, el local es mío y como los hijos ya es-
tán mayores y son profesionistas, ellos me pasan mi mensuali-
dad, como quien dice, abro la tienda para distraerme pero no para
sostenerme, rara vez vendo algo.
Yo recuerdo que los tiempos pasados eran mejores, la gente era
buena y honrada, me podía yo meter al fondo de la casa y dejar
abierta la tienda hasta una hora y nadie tocaba nada, ahora hasta
estando uno da pena que lo asalten por 50 pesos.
San Cristóbal era una ciudad tranquila, muy fría, hasta triste porque
a las 6 de la tarde nos encerrábamos porque todo estaba oscuro y
con neblina, ahora con tanta contaminación y los arboles que han
tumbado, hasta calor hace al medio día, ¡antes ni soñarlo!.
Era una ciudad chica, la periferia era la calzada de frente a la
Colón, todo lo demás eran prados, aguajes y sólo habían unas
que otras casas, hoy da hasta los cerros se están poblando; yo he
visto que ese crecimiento se dio desde el levantamiento zapatista,
les abrieron los ojos a los indígenas y entonces ellos se envalen-
tonaron y vinieron a la ciudad para estudiar, trabajar y superarse;
yo digo que en parte es bueno porque tienen derecho como seres
humanos que son, pero hay algunos que aún aquí siguen con sus
necedades, ellos son los que ensucian la ciudad, tiran la basura
donde sea, muchos se hicieron más bolos aquí, otros son como
rencorosos con el mestizo y hacen desastres como asaltar, no to-
dos son malos, pero la llegada de ellos trajo violencia a la ciudad.
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Mi pueblo ha crecido, ha cambiado, en algunas cosas ha avanzado
pero insisto, los tiempos pasados eran más tranquilos y seguros”.
Srita. Socorro Fonseca Flores.
Barrio La Merced, San Cristóbal de las Casas.
“Nací en esta ciudad y soy de este barrio, mi familia siempre se
dedico al negocio de la sedería, siempre vendimos: botones, hi-
los, hilazas, cierres, encajitos, etc. Mis padres pusieron la tienda
hace como 32 años y era un éxito, diario vendíamos mucho, pero
de unos años en adelante ya hay mucha competencia y a decir
verdad, es un negocio en decadencia, más desde que esta la au-
topista que en 45 minutos se llega a Tuxtla, muchos hacen sus
compras allá.
Cuando fallecieron mis padres yo quedé a cargo del negocio, no
me casé porque siempre fui muy encerrada y me dedique a cuidar
a mis papás con mucho gusto, pero estoy contenta tengo como 6
sobrinos que me quieren y me apoyan, aparte de mis hermanos.
Como yo no soy de andar en la calle, no me he dado cuenta de la
evolución de la ciudad, pero las pocas veces que salgo con mis so-
brinas he visto que ha crecido mucho, aquí en mi calle Mazariegos
he visto los cambios, y la verdad creo que fue desde el 94, esa
guerrilla zapatista en vez de asustar a la gente y ahuyentarlos, no
sé qué pasó pero trajo turismo y gente que hasta se quedó a vivir,
que bueno que trajo turismo pues eso es bueno para la economía.
Mi barrio tiene dos festejos importantes el de La Merced y el de
Justo Juez, por acá pasan peregrinaciones, en el parquecito la fe-
ria, con música, puestos y todo muy alegre, yo casi no voy porque
me da miedo tanta gente pero es alegre.
Que yo recuerde a San Cristóbal siempre han venido extranjeros,
hace unos 30 años muy pocos, casi siempre era gente que hacía
estudios de Palenque o la selva, y el lugar más propicio para que-
darse era esta ciudad y de aquí viajaban a sus investigaciones, lu-
ego ya se hizo más turístico, como digo, desde los famosos zapa-
tistas.
A mí aún me parece una ciudad tranquila o será porque no salgo
mucho, me gusta mi pueblo y aquí soy feliz”.
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Sra. Marcey Jacobson
Barrio el Cerrillo, San Cristóbal de las Casas.
“Yo estaba haciendo fotografías del mundo mucho antes de ser
fotógrafa.
Hace años, en los 50’s cuando yo viajaba en el metro de Nueva
York, me gustaba ver a la gente frente a mí. ¿Qué más hay qué
hacer en el metro? Empecé a notar que cada boca, cada oreja,
la barbilla era particular, esa mano no podía pertenecer a nadie
más. Cada característica daba una especie de personaje: una na-
riz tacaña, un ojo celoso, cada conjunto de características encaja
en una unidad de sangre que yo llamo lógica...cuando veo gente
o escenas busco eso, la cohesión, todo ha de encajar, y lo hace.
En 1956 trabajaba como dibujante en Nueva York, ofcio que
aprendí durante la ‘Guerra, ganaba bien y los fnes de semana los
dedicaba a mí obra personal, en septiembre de ese año, un amigo
me invito a visitarlo, él vivía en Chiapas, yo vine a visitarlo por 10
días de vacaciones.
La belleza del lugar, el mundo paralelo de los mayas y los ladinos
de habla hispana, los chiapanecos me intrigaron.
En San Cristóbal habían sólo 5 automóviles y un taxi que era una
carcacha y llevaba a cualquier lugar; bueyes y carretas iban por las
lodosas calles; los burros llevaban barriles con agua a las casas;
cobraban 4.80 dólares por la renta de una casa.
Decidí quedarme para hacer unas pinturas, pero la vasta exten-
sión del lienzo me abrumó, era demasiada libertad, entonces con-
seguí una cámara Rolleicord y descubrí que la máquina era como
una extensión de mis ojos y mis manos, empecé a recorrer las
solitarias calles de San Cristóbal, a viajar a las aldeas, a pie, a ca-
ballo, en carreta, empecé a hacer fotos
,
de los mayas y ladinos; de
sus festas y funerales, de ancianos secos y de árboles antiguos
de ceiba.
En las madrugadas, bajo la gruesa niebla veía los prados, iba al
mercado entre los puestos de ventas de hortalizas.
Dejé de tomar fotografías de personas mucho antes de los zapa-
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tistas, la fotografía se convirtió en un imposible en las aldeas,
con los cambios económicos y sociales, no nos tenían porque
tolerar a los extranjeros, antropólogos y a los que querían infor-
mación para capturar y convertir, en esas fechas tomé fotografías
de paisajes, cielos y árboles porque también son un diálogo.
Un día decimoquinto de septiembre, en la mañana vi el sol
golpear un ángulo de la pared y a una muchacha trabajan-
do, el sol daba un refejo distorsionado de la muchacha en tan
bella manera, eran las siete del día, no tenía la cámara con-
migo, mañana haré esa foto, pensé, pero los siguientes días
fueron lluviosos, a los seis meses , al año, busqué esa imagen
para atraparla, pero he pensado que no sólo el sol está de via-
je en el camino, también la tierra, y puede que nunca consiga
esa foto, o tal vez tengo que vivir tres mil años para obtenerla.
He vivido más en San Cristóbal que en Nueva York, mi traba-
jo es registro del tiempo, cosas y gentes que se han marchado.
La gracia salvadora de mi vida –la vida de la mayoría- es la comu-
nión con la gente, con la naturaleza, con algo más allá del tiempo.”
Sr. Gregorio Cruz Jiménez
Barrió el Cerrillo, San Cristóbal de las Casas.
“Aquí en San Cristóbal hay muchas tradiciones, por ejemplo, yo
soy del barrio el Cerrillo, aquí cada de barrio tiene su iglesia, su
santo o su virgen y por lo tanto su feria o su festa, en mi barrio es
el seis de agosto, se celebra el día del Sr. De la Transfguración,
en el parquecito se pone la feria con juegos, puestos, música, se
hacen rezos, misas, veladas, todo lo tradicional; igual en el barrio
la Merced, menciono estos dos barrios porque en uno vivo y en
el otro está mi negocio, entonces entre los dos paso ni vida, en la
Merced se celebra a la virgen del mismo nombre, el 24 de septiem-
bre, se dice que es la patrona de los mercados y es una gran festa
en todos los mercados de la ciudad ese día.
Esta ciudad ha crecido enormemente, unos años atrás el museo
Na-Bolom era de la orillada, por ahí habían potreros y maizales,
ahora hay una gran cantidad de colonias nuevas y así por los 4
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costados de San Cristóbal está invadido de colonias.
Antes muchas calles eran de piedra y tierra, en época de lluvia, era
un lodazal, habían terrenos y vados, anteriormente venían algunas
personas de fueras, pero pocos, la verdad es que el Gobierno ha
fomentado que la ciudad sea turística, muchas casas que ahora
son tiendas, hoteles, museos, eran casonas abandonadas, todas
viejas, pero de unos 20 años para acá las empezaron a remodelar,
las hicieron hoteles sobre todo y empezó esta promoción turística,
que creció más con la guerrilla.
Yo siempre
,
he sido comerciante, en esta tienda, vendo: pañue-
los, toallas, delantales, ropa para niños, siempre ese ha sido mi
negocio, pero la verdad ahorita casi no se vende, aparte de que la
competencia es mucha, hay poco dinero, pero hay que buscarle
la forma de salir adelante. Antes una tienda dejaba para vivir a
una familia completa, ahora no, hay que buscar la forma para irla
pasando, lo bueno es que en mi caso los hijos ya son mayores y
me ayudan.
Lo cierto es que del 94 para acá, cambió todo esto, nos empeza-
ron a invadir los indígenas, antes sólo venían a hacer mandados
y se iban a sus comunidades, o vivían en la ciudad los que tra-
bajaban en algunas casas ricas, pero ahora, si uno se para en
la puerta unos:45 minutos, de cada diez personas, siete son in-
dígenas; esas colonias que se han fundado en lo que antes eran
la orillada, son colonias pobladas en un 80% por indígenas; yo
no sé qué les decían esos guerrilleros a los indios, pero de-
jaron sus comunidades para venir a la ciudad, eso estuvo mal,
porque ya no hay quien trabaje la tierra, no hay cultivos, no qui-
eren criar animalitos, para mí que en vez de hacerles bien, les
hicieron mal porque de tantos que han venido, no encuentran tra-
bajo y andan haciendo maldad o emborrachándose y luego ellos
acostumbran a tener muchos hijos y van sobre poblando más.
No sé porque los zapatistas quitaron tantas fncas y tierras, disque
para los indígenas pero si todos están en la ciudad, y no sólo aquí,
también en Tuxtla, bueno, hace dos años que fui al DF en el metro
me encontré a varios tzotziles vendiendo chicle o discos piratas.
A pesar de este crecimiento, lo bueno es que se conservan algu-
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nas tradiciones y costumbres, como por ejemplo se siguen hacien-
do nuestros dulces típicos, como el acitrón de calabaza, de naran-
ja, los higos, las cajetas en cajita, los conftes, dulces que ya ni les
gustan a los muchachitos de ahora, ellos son puro chamoy y esas
cochinadas, pero a los mayores nos encantan los dulces típicos
porque nos recuerdan nuestro pasado y nuestras costumbres.”
Sra. Rosa Santíz López
Plaza de la Caridad, San Cristóbal de las Casas.
“Nací en Amatenango pero ya tengo 24 años viviendo aquí, yo
se trabajar artesanías: bordados, barro, tejido, se hacer aretes,
pulsera y collar; vine a vivir aquí cuando me casé, mi marido y yo
íbamos a México a la Lagunilla a vender bordados, ámbar y se-
millas y también traíamos cosas de allá para venderlas allá, él se
sigue dedicando a eso, yo vendo artesanías en esta plaza, aquí las
ventas empezaron hace unos 20 años cuando empezaron a venir
muchos turistas, de ese tiempo para ahora ha cambiado mucho,
antes era más poca la gente que venían y eran casi puros gringos,
ahora vienen del todo el mundo hasta chinos, cuando iniciamos
éramos pocos lo que hacíamos artesanía y ahora solo aquí somos
más de 300.
La verdad es que el ladino no nos quieren a los indígenas, pero
ellos no piensan que la ciudad se ha hecho famosa por nosotros,
los turistas vienen porque les gusta ver como bordamos, les gusta
nuestra ropa de colores, les gusta tomarse fotos con los niños y
con nosotros, por ejemplo allá enfrente hay dos muchachas ale-
manas aprendiendo a bordar con una indígena, eso es lo que le
gusta al turista, convivir con los indígenas; los ladinos no piensan
que nosotros hemos hecho el trabajo duro: sembrar y vender lo
que comen, el aseo de sus casas o criar a sus niños, las entradas
de dinero a San Cristóbal.
Muchos otros indígenas han venido a vivir aquí luego de que los
zapatistas les dijeron que son seres humanos y tienen iguales
derechos que el ladino, si Dios da el sol y lluvia para todos, tam-
bién la tierra para vivir y hacer nuestra casa es de todos.
Yo he vivido de lo que mis padres me enseñaron hacer con mis
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manos, se sembrar, hacer tortillas, criar animalitos y hacer arte-
sanía; los indígenas jóvenes ya no les gusta eso, quieren estudiar
y hacer otras cosas, pero ellos no tienen la culpa, son los tiempos
que cambian y más con todo lo que ven en la tele, se les antoja
otro tipo de vida.
A mí me ha gustado mi trabajo y no me da vergüenza ser indígena”
Sr. Antonio Flores Suárez.
Barrio San Ramón, San Cristóbal de las casas.
“San Cristóbal ha cambiado mucho desde que era yo chamaco
hasta ahora que soy anciano, empezando por el clima, hasta hace
unos 18 años la temperatura era muy fría, a las 5 de la tarde has-
ta empezaba a brisar, por qué, porque había mucha vegetación,
muchos pinos y ocotes en los alrededores, ahora ya hay puras
casas y han tumbado muchos árboles, incluso había partes en lo
que era las afueras que habían aguajes, campos donde pastaban
los caballos y borregos, ahora ahí está Chedraui, un mercado nue-
vo y todo es puro cemento; lo que era el campo de aviación donde
ahora hay ofcinas, de chamacos íbamos con resortera a cazar
cenzontles, ahora ya no se ven esos animalitos.
En las casas de los barrios salía el olor a pan horneado, a melco-
cha y panela de los dulces, el olor a curtido de las pieles, los ofcios
de antes ya se perdieron o ya todo lo hacen moderno, en lugar de
horno de leña usan estufa de gas y cosas por el estilo.
Andaban carretas y caballos por las calles, la invasión de carros
inició cuando fue Gobernador el Dr. Velasco Suárez que les dio
carros de carga, redilas, a los indígenas, y ya iban y venían con
sus carros, pero hubieron muchos accidentes, porque los inditos
no sabían manejar, aprendían solitos a la buena de Dios y hubi-
eron muchas volcaduras y choques y atropellados.
Ahora ya ni se diga, hay combis, taxis y tanta facilidad para com-
prar un carro que todo está lleno de autos.
Antes la gente era educada, todos nos saludábamos, dábamos
paso a las señoras, también porque éramos pocos y nos conocía-
86
mos, ahora los hombres van sentados en el camión y las mujeres
paradas, hasta las embarazadas, ya los muchachos no tienen va-
lores ni educación.
Antes venían algunos extranjeros, muchos españoles, pero como
en 1978 empezó el turismo más abundante, en parte es el indíge-
na que los atrae, con su ropa de colores, sus bordados, pero ya
hasta los indígenas están cambiando sus costumbres, sus trajes
no son auténticos, antes los hombres chamulas andaban con sus
caites de taloneras, su calzón y camisa de manta, su jorongo de
lana o jerga, sombrero con listones, ahora ya todos andan de tenis
y pantalón de mezclilla; sólo las mujeres es que medio conservan
su vestimenta pero no tan autentica, le han modernizado mucho.
Aparte el Gobierno ha promovido mucho el turismo y también lo del
94 trajo mucha gente, que chistoso, se supone que una guerrilla
ahuyenta a la gente pero aquí ocurrió lo contrario, vino más gente.
En fn, todo cambia, hasta la naturaleza que de más las ciudades
y la gente.”
Sr. Ramón León Abarca.
Colonia Los Pinitos, San Cristóbal de las Casas.
“Nací y viví parte de mi vida en el barrio Mexicanos pero desde
hace 50 años vivo aquí en Los Pinitos, en este barrio se celebra
a la Sagrada Familia poquito después de la navidad, se hacen
diversos actos en la iglesia católica: rezos, se saca a pasear a las
3 divinas personas (Jesús, María y José), misas y afuera de la ig-
lesia hay música, puestos, comida y esa es la festa.
Ahora en mi barrio de nacimiento, Mexicanos era el barrio de los
textileros, ese era el trabajo de ahí, se hacían telas para naguas
de las indígenas, en eso trabajé muchos años, toda mi juventud;
primero se ponía a teñir el hilo ya sea de negro o azul oscuro,
porque es el color que usan, luego se pasaba el hilo al telar
.
y se
iba tejiendo, esa costumbre se acabó, ahora todos los indígenas
compran su tela en tiendas, perdió demanda la textileria manual,
ahora no hay textileros.
87
Así como esto, la ciudad ha cambiado, antes era muy tranquilo,
ahora con tantos carros y tanta gente ya no es lo mismo, ya no
camina uno en paz se tiene uno que andar cuidando del peligro.
Anteriormente el clima era frío de verdad, hará unos 25 años en
cuanto comenzaba el invierno caían heladas, llovía gran parte del
año, ahora sólo en temporada.
También con el asunto de los zapatistas la gente de las comuni-
dades vino a la ciudad y han hecho muchas colonias nuevas.
Hablando de cambios, cuando ya la textileria no dejaba para vivir,
trabajé de mesero para bodas, bautizos y festas, no de restauran-
te, y en eso puedo decir que hasta los guisos han cambiado; antes
se hacía mucho el mole con pavo, el arroz con hígado y verduras,
la sopa de pan, los macarrones con canela y queso, ahora ya es
raro encontrar esas comidas, ya puro taco es la gente de ahora.
Tendrá unos 20 años que el Gobierno ha promovido el turismo,
antes venía poca gente de fuera.
Aquí los auténticos coletos somos muy católicos, los domingos se
acostumbra ir a misa, cada barrio tiene su santo y su iglesia, en
diciembre se hacen nacidas de niño y los católicos tratamos de
conservar eso. En el barrio Mexicanos se celebra a la virgen de la
Asunción, en el Cerrillo al Sr. De la Transfguración, la Virgen de la
Merced, Guadalupe, San Diego, San Antonio y así es la tradición
aquí.”
Sr. José Suasnavar Hidalgo;
Barrio el Cerrillo, San Cristóbal de las Casas
“Soy del barrio de la Merced, ahí nací y viví mi infancia, ahora vivo
en el Cerrillo.
Antes la gente era muy buena y honrada, podía hasta una dama
88
caminar sola a media noche y ni quién le hiciera algo, ahora no,
hasta de día da miedo que lo asalten a uno o le hagan alguna
maldad, es que ahora hay mucha gente extraña que no es orig-
inaria de aquí, y aparte que los jóvenes ya no respetan nada,
se oye de casos que antes ni se imaginaban, pero es que aho-
ra hay mucho alcoholismo, drogas y cosas feas para la juventud.
Que yo recuerde de mi ciudad, era muy tranquila, en realidad yo
viví mucho tiempo fuera, porque de joven me fui a trabajar, resulta
que mi padre pidió un dinero prestado con los señores Urbina,
pero antes de pagarlo falleció, entonces mi mamacita habló con
estas personas y les dijo que en cuanto yo trabajara les pagaría-
mos todo; es que antes no era como ahora, que los papás les
preguntan a los hijos qué quieren estudiar o hacer, no, antes los
padres decían: vas a hacer esto y lo tenía uno que hacer. Los
pobres cuando los hijos tenían unos 12 años los mandaban con
un carpintero, zapatero, sastre a aprender un ofcio, la clase me-
dia éramos los que nos íbamos de profesores, porque sabía uno
leer, escribir y las operaciones básicas le daban a uno su plaza
de Profesor y los fnes de semana estudiábamos la normal y así
empezábamos a ganar; los ricos eran los que estudiaban leyes o
medicina en México, esas eran las carreras y ofcios de antes; en-
tonces a mí me tocó irme de Profesor a Ocosingo y ahorré todo mi
sueldo de unos 8 meses para pagar la deuda que dejó mi difunto
padre, y pagamos hasta el último centavo, por eso digo que antes
la gente era más buena y honrada.
Ahora soy jubilado, fui Profesor de educación primaria, anduve por
Ocosingo, Altamirano, Huistán y en Chanal, ahí yo les ayudé a fun-
dar ejidos sin cobrarles nada, era el ejido más grande de Chiapas
en aquellos tiempos, 46000 hectáreas con dotación para 1321 eji-
datarios, la única petición que hice fue que me hicieran la casa
del maestro de material y la hicieron muy bonita hasta con mis
iníciales, eso de los ejidos fue un trabajo muy pesado, llevó como
4 meses sólo la medición, me ayudó un Ingeniero y algunos del
lugar, pero el papeleo lo hice yo solito; fraccionamos en ejidos:
Santa Rosa, Oxchúc, Santa Elena, San Carlos, Mendoza, Palma
real y muchos más.
También cuando estuve activo como Profesor ocupé 3 veces la
89
Secretaría General de Confictos Magisteriales, yo solucioné un
problema con los bancos por la vía legal, resulta que cobraban
una comisión de $ 3.75 por las pensiones y yo hice gestiones en
México y ganamos el asunto a los bancos, fue un benefcio para el
magisterio de aquel entonces.
En cuanto a la ciudad esas casas coloniales que ahora es-
tán pintadas de colores vivos y que son hoteles, joyerías, an-
tes eran casonas abandonadas en ruinas que nadie las quería,
pero de pronto las arreglaron y ahora hasta son patrimonio
cultural, antes no había carretera, como en los 60’s hicieron
lo que llamamos carretera vieja o libre y ahora con la famo-
sa autopista, no habían tantas colonias sólo los barrios típicos
del centro, que serán unos 8 o 10, todo ha cambiado mucho.
De las costumbres, antes se celebraba el nacimiento del niño
Jesús muy bonito, con música de viento o marimba, daban repar-
tido para todos los que llegaban, se cantaba la posada y todo pa-
saba muy alegre pero en sano orden, como debe de ser una f-
esta religiosa, ahora, empezando porque todo es muy caro, otra,
que mucha gente ya no es católica o lo son a su modo y cual-
quier festa es con música de baile, de desorden y más si hay
licor de por medio, ya se han perdido los valores, no como antes”.
Sr. Daniel Pineda
Barrio de Guadalupe, San Cristóbal de las Casas.
“Soy originario de Morelia Michoacán, desde hace 22 años radi-
co en esta ciudad; soy Ingeniero en máquinas, en aquellos tiem-
pos cuando terminé mi carrera conseguí trabajo en una empresa
privada en Morelia, trabajé como 2 años y no me agradó que no
habían incentivos, no sólo económicos sino de capacitación, y que
a veces hay que darle la razón a quien no la tiene, sólo porque es
el patrón y el que paga; renuncié y encontré trabajo en Gobierno,
hace 45 años era muy fácil darse el lujo de cambiar de trabajo, y
fue peor en Gobierno, la burocracia no me gusto nadita, me choca
hasta la fecha, así que me dedique a dar clases en el Tecnológico
de Morelia y fue mejor que mis experiencias pasadas; pero como
es sabido en Michoacán fue uno de los primeros focos del nar-
cotráfco, empezaron a sembrar cannabis y amapolas y la situ-
ación se tomó muy riesgosa para quienes teníamos hijos jóvenes
90
en esos años.
Un amigo tenía un proyecto ecológico aquí en Chiapas, en la zona
altos y me invito a venir por una semana, el caso es que dicho
proyecto no se realizó por falta de interés de las instancias a las
que recurrimos, pero yo encontré en San Cristóbal un lugar hermo-
so, sumamente tranquilo, con un clima similar al de mi tierra, pero
sobre todo paz, me arriesgué y vendí mí casa y unos terrenos allá
en mi Estado, renuncié a mi trabajo de Profesor y me vine con la
familia a ésta ciudad, conseguí unas clases en una secundaria y
en una preparatoria, no era mucho, pero mis hijos andaban libres
y seguros, era una ciudad que a las 7 de la noche ya las puertas
estaban cerradas, era una paz excesiva.
Pero ahora ya no, el deterioro ecológico es impresionante, el cre-
cimiento demográfco en desorden y quizás no sea tan peligrosa
como las grandes ciudades; pero ya no es la ciudad de la que me
enamoré.
Lo mismo pasó conmigo, aquí la burocracia magisterial es muy
confictiva, renuncié a las clases y puse una paletería, porque eso
sí a los michoacanos nadie nos enseña a hacer dulces y paletas,
en eso nos pintamos solos; puse una paletería en la calle Insur-
gentes, vieron que me empezó a ir bien y al rato pusieron dos más
en la misma cuadra, luego el dueño del local me triplico la renta en
año y medio, me cambié de lugar y lo mismo, hasta que cambié
de giro y puse esta peletería donde vendo pieles, reparó calzado,
bolsas, chamarras y vendo artículos para zapatero y ahí la voy
llevando.
Pienso que el problema no sólo de San Cristóbal sino del país,
es que el Gobierno le da el pescado a la gente, cuando lo que le
debe de dar es la caña y el anzuelo, con esto quiero decir que el
Gobierno de unos años acá: ahí van 200 pesos para cada niño de
familia humilde, qué hace la gente tener cuatro o seis niños, total el
Gobierno los mantiene; ahí van 500 pesos mensuales para los an-
cianos, con referencia a esto, yo ni inscrito en el INSEN o como se
llame , porque yo no quiero dinero, yo quiero que el Gobierno me
ayude como microempresario; hay muchos ancianos que aunque
sea de cuenta cuentos podrían trabajar y ganar más de 500 pesos,
pero no, desde que surgió la famosa política social, se aplica lo del
Imperio Romano: pan y circo para el pueblo, en lugar de capaci-
tarlos, simplemente por recoger pilas o baterías que tanto dañan,
91
podrían decir a quien mensualmente traiga x cantidad de pilas le
daremos un apoyo de tal cantidad, no, preferen regalar el dinero,
en lugar de ponernos a chambear y mejorar al país; desgraciada-
mente se han equivocado de camino.”
Sr. Roque Jonapá
Novena Norte Poniente, Tuxtla Gutierrez.
“Soy originario de Tuxtla y de apellido auténticamente zoque, mis
71 años de vida han pasado en esta casa y en este barrio del Niño
de Atocha, que yo recuerde en mi infancia, la novena norte era la
última calle de Tuxtla, era como el libramiento puro camión pasaba
y no estaba poblado, había baldíos, terrenos y algunas casa de
tierra y teja o bajareque, a pesar que no estaba poblado, podían
quedar las puertas abiertas o con barandal y nadie se metía, nadie
tocaba lo ajeno, todo los vecinos nos teníamos confanza.
Me tocó ver como se vestían los típicos zoques, mi papá se vestía
con ropa de manta, paliacate y huaraches, y mi mamá usaba ena-
gua y huipil; vivíamos de ofcios sencillos, yo siempre fui carpintero
y viví bien de eso, no que ahora ni los profesionistas viven bien.
Estas calles eran empedradas y por todo este rumbo la población
era zoque, se hacían los festejos como los mequés que son las
festas de los santos, se hacían comidas como el guacasziscaldú
que es cómo el cocido de res de ahora, también se hacían el pux-
axé que sería la chanfaina; los santos más festejados eran San
Marcos, San Roque y la Candelaria, todos cooperaban, todos
comían, hacían la ensarta de for, había música de tambor y pito,
era con unión y amistad, daban pozol a mediodía y era muy bonito,
pero ya se perdió todo eso.
Otra costumbre era lo de la última teja, cuando se terminaba de
construir una casa se hacía una festa con la familia y se enter-
raba una gallina a la mitad de la casa para alejar la mala suerte,
se pegaban unas monedas a la entrada de la casa para que no
faltarán el trabajo y el dinero, esas eran costumbres auténticas
zoques.
Por este rumbo, que era de las últimas calles de Tuxtla, hasta de
espanto se hablaban se decía que salía el sombrerón, la tizigua,
allá arriba por la calera esta la cueva de la Chepa, se decía que
92
una muchacha humilde era novia de un muchacho rico y que se
veían en la cueva que esta por el río Poti, pero una tarde cuando
ella le iba a decir al novio que estaba embarazada, él no llegó a la
cita y ella de pena ya no regresó, mucho tiempo después encon-
traron su cadáver y quedó la leyenda de que por ese rumbo se es-
cuchaba el llanto de una mujer y se veía su sombra en las tardes.
Así era Tuxtla antes, ahora todo es distinto.”
Don Fidencio Popomeyá
Novena Norte. Barrio Niño de Atocha Tuxtla Gutiérrez,
Soy zoque de pura cepa. Mi madre era de la zona de Co-
painalá y mi padre, Don Fidencio era del mero Tuxtla.
En nuestra tierra y nuestros orígenes, se concentra la atención
sobre lo pasado, se revive el ayer, que es la manera de hacerlo fe-
cundo, como se pasa sobre la vieja tierra con el arado, hiriéndola
con el surco, se la hace fértil.
Mi padre nos decía que había leído en una ocasión que “ en Chia-
pas se entretejen la pobreza material de sus gentes, el esplendor
de su espíritu, la agobiada riqueza del entorno y el silencio gritón
de la ignorancia” . Es que era medio poeta, a pesar de no haber
cursado más que el tercer año de la primaria. Aún recuerdo de
memoria, un verso que le hizo a mi hermana con motivo de sus
quince abriles:
“Hermosa niña, que en tu juventud,
Dios te dotó de las gracias de la naturaleza,
Que tu belleza no te avasalle,
De tu ser ,sé señora
¡No te quedes en tu cuerpo!
93
No aprisiones tu alma,
En tan bella cárcel,
despliega tu espíritu,
supera tu belleza material,
¡No te quedes en tu cuerpo!
Asómate al universo,
No te quedes en el mundo,
Que si bella te ven los demás,
Mas te debes ver a ti misma.
Si eres agua, sé de manantial,
Si eres pez, sé de mar,
Si eres arte, sé mujer.
¡No te quedes en tu cuerpo!
Aún conservamos las bellas costumbres Zoques, seguimos vene-
rando a nuestras “Copoyitas”, La Vírgen Copoyita del Rosario, la
de Olaechea y la de la Candelaria, que es su hermana. No solo
nos mandan el agua para las cosechas, sino que nos ayudan y nos
unen con nuestros hermanos. Es por ellas que nos mantenemos
con identidad y tradiciones.
Con mi Tío Rubén , que era Mahoma en Ocozocuautla (el que
manda) ,íbamos al Carnaval Zoque en aquella Ciudad y era una
festa inolvidable , formábamos nuestro Cohuiná, que es un grupo
y había mucha comida y diversión.
En una ocasión muy especial dentro de la familia, el Tío Rubén se
dirigió a nosotros con estas sabias palabras:
94
“Quizá lo peor que pudiera ocurrirnos, sería ver cumplidos todos
nuestros deseos y que se acabaran todas las experiencias peno-
sas. La vida no consiste en tener todo lo que se desea, sino en
luchar por conseguirlo. Cada tarea requiere de un esfuerzo de la
voluntad y con cada acto algo de nosotros crece y se fortifca.
Los mejores y más felices años de nuestra vida, no se-
rán cuando las cuentas estén saldadas y las experien-
cias difíciles y arduas hayan quedado atrás. Cuando lucha-
mos día a día por sobrevivir para proteger y sustentar a los
que amamos, es cuando nos sentimos plenos y vigorosos.
En este asunto de luchar por lograr lo que se desea, lo impor-
tante no son solo los grandes momentos, sino las victorias
parciales, los estancamientos, las esperas e incluso las de-
rrotas. Si alguna vez fuésemos tan desafortunados de tener-
lo todo, seríamos espectadores y no participantes de la vida.
Lo que cuenta es el viaje, no el arribo.
Como reza aquella canción:
“Quisiera mas que llegar, pensar que ya voy llegando”.
Capítulo III
Pincelazos Chiapanecos
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Chiapas
Chiapas es tierra pródiga en personajes únicos, que entendieron
el sentido de la vida.
Quizá estos paisajes de ensueño, su historia, sus cadencias, ha-
cen que los espíritus se aviven y los cuerpos se aletarguen.
Nuestro Río Grijalva
Uno de los versos más bellos y con más sentimiento que se han
escrito sobre nuestro caudaloso Río Grijalva, es el Romance del
Nombre del afamado escritor chiapaneco Jose María Gurría Urgel:
Como no lo bautizaron
cuando nació bajo cedros,
El río se hizo ladrón
y robó nombres de pueblos.
Alcanzaba mansamente
los poblados rivereños
y nomás doblaba el torno
y se llamaba como ellos.
Así se puso Salegua
y Chejel, se dijo luego;
después Chiapa y Mezcalapa
porque pasó por su suelo.
Pero don Juan del Grijalva,
el de yelmo con plumero,
el de espuelas de oro y plata,
el de espada de Toledo.
Quitole todos los nombres
para darlos a sus dueños
y a cambio de ellos le impuso
su apellido aventurero.
Y el nuevo nombre subió
hasta los propios veneros
y todo el río pasó
de ladrón a caballero.
98
Chiapas Mágico
“Chiapas no tiene uno ni dos, es nomás él” cita Javier López More-
no que decía su abuela Rosa de Tenejapa.
Es el único lugar que conozco que celebra una derrota, con el caso
de la batalla de la Chincúa.
Mi gran amigo el celebérrimo tigre Juan Esteban Gutiérrez, nos
dice que a lo único que aspira como chiapaneco es que el juicio de
la historia nos juzgue como estoicos y no como cobardes, aunque
él utiliza otro adjetivo más agresivo. Y no le falta razón, este pueblo
tiene una fortaleza y dominio sobre su propia sensibilidad realmen-
te admirable. Para entenderlo es necesario conocer su historia, ahí
se encuentran muchas contestaciones. Étnicamente somos dife-
rentes al resto del país, tenemos raíces mayenses, zoques, euro-
peas, orientales, negroide y de otras etnias menores en población
y extensión, pero no en trascendencia y costumbres. Han resistido
el embate exterior, y han vencido. Nuestro aislamiento nos dio per-
tenencia e identidad.
Entre muchas anécdotas acerca de nuestro territorio y de la ma-
gia que irradiaba Chiapas al exterior, está la misiva que dirigió
el inmortal Miguel de Cervantes Saavedra al Rey Felipe II, soli-
citándole que le concediera la administración del Soconusco.
Si analizamos las noticias que día a día traen los modernos me-
dios de comunicación, inmersos en este mundo de estadísticas
económicas, observamos que nuestro Chiapas aparece guardado
en el “desván de los recuerdos de la Nación Mexicana”, taciturno
como su creciente población indígena, aletargado, quizá desorien-
tado, sin rumbo ni mañana. Sin embargo cuando el mundo se vuel-
ve canto, cuando se convierte en poesía, cuando se impone al fn
lo esencial, entonces surge este chiapas con todo su esplendor,
con toda su fuerza y nos muestra sus frutos en forma pródiga.
El chiapaneco, como dice Saramago de los lisboneses, es gente
de “poco tener y mucho sentir”. Esto causa una pregunta sin con-
testar entre las gentes de “mucho tener” de porque aguantamos
tantas vicisitudes sin protestar. Quizá es porque las gentes de mu-
cho sentir están por encima de los atrasos en todos los índices
económicos, de los vaivenes políticos, de las luchas por el poder y
99
piensan aquello de: “Pobrecito mi patrón, cree que el pobre soy yo”.
Así es este Chiapas, atribulado con un rezago educativo cre-
ciente, el último lugar en infraestructura, con la peor capital
de estado en materia de servicios, una Ciudad prácticamente
en ruinas, con un sistema de salud de hace cincuenta años en
el sector privado, con índices de pobreza alimentaria lacerante.
Así es este Chiapas, lugar que sigue siendo bello a pesar de los deno-
dados esfuerzos de sus pobladores por destruirlo, generoso y mágico.
El Hijo Distinto de México
Formábamos parte de la capitanía de Guatemala cuando tocaron
los clarines de la independencia de la madre patria; San Cristóbal,
la bella Ciudad Real, era la ciudad más importante y asentamiento
de los poderes.
Cuando fracasa el imperio de Iturbide y quedamos indepen-
dientes, éramos una hoja al viento, libres pero sin rumbo de-
fnido. Comitán, San Cristóbal, Tapachula y Tuxtla eran los
grupos poblacionales más importantes en pos del poder y
buscaban apoyo en Pichucalco, Chilón, Chiapa y Ocosingo.
Los pobladores de Comitán, San Cristóbal y Tapachula vo-
tan por unirse a la Nación Mexicana, pero una vez consuma-
do este acto, Tapachula se declara independiente con toda el
área del rico Soconusco, al no estar de acuerdo con las accio-
nes de sus aliados. El Soconusco permaneció independien-
te por cerca de dos décadas, antes de ser sometido por las ar-
mas para integrarse a la Nación Mexicana. Por eso aún ahora,
por esa rica zona, siguen escuchándose voces hablando de
la segregación de Chiapas, pero curiosamente no de México.
Desde 1824 hasta 1872 hay continuas batallas en Chiapas, y es
hasta la llegada del Porfrismo y la gubernatura de Emilio Raba-
sa, que se dan importantes acontecimientos que cambian la vida
del estado y se pacifca totalmente. Entre ellos podemos mencio-
nar el nombramiento de capital del Estado a Tuxtla Gutiérrez, la
llegada del ferrocarril por el Istmo hasta Tapachula, el puente de
Chiapa de Corzo que une a San Cristóbal y a Comitán con el resto
del estado, la fundación de la Escuela Industrial y las migraciones
de extranjeros europeos, japoneses y norteamericanos que ad-
quirieron tierras para cultivo modifcando la fsonomía del estado.
En los altos se queda el modelo colonial, mientras que el centro y la costa
se modernizan. Hay dos modelos de desarrollo en la misma región.
100
Bachajón, Tenejapa, Chilón y Chamula tienen títulos de propieda-
des de la época de la colonia. En 1862 se publicaron las leyes de
reforma y se sublevaron los indígenas en 1869 por que afecta-
ban su forma de tenencia de tierra y su identidad de tierra libre.
En 1917 Chiapas vuelve a entrar a contrapelo del resto del país, pues
los campesinos se unen con los hacendados para pelear en contra
del reparto de tierras, que aparentemente era para benefcio de ellos.
La única manera de ser revolucionario en Chiapas en aquel enton-
ces era siendo Villista; no podíamos estar con Carranza.
En los altos, la constitución de 1917 deroga la ley de mansedum-
bre, pero fue letra muerta, debido al triunfo de los hacendados, a
la falta de comunicación y al nulo entendimiento de los indígenas
a esta disposición.
Todavía en los años 70’s el slogan de un candidato a gobernador
era:
“Todo en Chiapas es México”, tratando de mexicanizar a Chiapas,
pero pocos lo entendieron.
Dice Laco Zepeda: “En Chiapas todo llega tarde, esto tiene que
ver con la geografía. Imaginen la geografía absolutamente viril
de México que, de pronto, y para fortuna del país, se hace cin-
tura de muchacha en el Istmo de Tehuantepec y levanta la cade-
ra hacía Yucatán, buscando el broche de Cuba. Entre la cintura
de muchacha y la cadera de Yucatán esta la transformación de
esta geografía, antes viril, para ser ahora profundamente feme-
nina, con el bracito de Baja California metido en el mar. Enton-
ces, nosotros los Chiapanecos estamos exactamente entre la
cintura y la cadera, lo cual no es malo en términos de justicia.”
Y continúa diciendo Laco: “Ahora, desde el punto de vista de co-
municación, esto es un problema. Chiapas está atravesado dos
veces por la Sierra Madre, lo cual, en extraordinario castellano,
es un desmadre, porque ha provocado una falta de comunicación
histórica. Tenemos nada más dos grandes canales de comunica-
ción. Todas las carreteras actuales y el único ferrocarril, siguen
las mismas rutas que siguieron los Pochtecas, que imitaron las
migraciones, porque es la geografía la que ha marcado el camino.
Esta falta de comunicación nos privó de muchos contactos con el
mundo. Es también, la explicación de porqué nosotros seguimos
hablando en este castellano casi del siglo XVI. Si algo ha sido vi-
viente en Chiapas, eso ha sido el idioma, porque se quedó deteni-
do en el tiempo y en su evolución. A esto se debe por qué nosotros
estuvimos siempre como una región de castigo, región de trasma-
101
no, región de soslayo, a la cual únicamente llegaban quienes iban
de camino a Centroamérica, que no eran muchos. Estamos y es-
tuvimos tan alejados del país que a nosotros todo nos llegó tarde.”
Históricamente, la iglesia ha tenido prelados en Chiapas que
han incidido fuertemente en la historia no sólo del estado sino
de todo México: Fray Bartolomé de las Casas, Fray Matías de
Córdoba, José Francisco Orozco y Jiménez y Samuel Ruíz
García. Todos ellos fueron sensibles a lo que representa Chia-
pas y sus problemas sociales. Casualmente todos se enfren-
taron a la injusticia y tuvieron problemas con las autoridades.
En el caso específco de Fray Bartolomé de las Casas, nos cuenta
Laco Zepeda que hay un dato histórico que lo sorprendió. Resul-
ta que en sus andanzas revolucionarias, propias de su ideología,
estuvo en Angola y en una Isla que servía en la época colonial
como embarcadero para los esclavos que eran capturados, es-
tán testimonios en varios idiomas maldiciendo a Fray Bartolo-
mé, pues el fraile, en su intento por evitar que trabajaran los ni-
ños indígenas, propició la llegada de esclavos negros a Chiapas.
Dentro de la historia moderna de Chiapas no podemos dejar de
mencionar la revolución cultural que se dio en los años 40’s, du-
rante el gobierno del General Francisco J Grajales, y bajo el impul-
so de Rómulo Calzada.
Este personaje, oriundo de Solosuchiapa fue un político humanis-
ta, emprendedor y con gran capacidad de organización. Apoyó a
los científcos e intelectuales que llegaron a trabajar, amando a
Chiapas quizá más que a su tierra natal. Nos referimos a personas
de la talla del maestro Faustino Miranda, quien no sólo enseño los
principios de la botánica a muchos chiapanecos, sino que creó un
jardín botánico notable en el país; de Miguel Álvarez del Toro, el
padre de la naturaleza en Chiapas, quien con el apoyo del General
Grajales fundó el famoso zoológico que hoy lleva su nombre; del
profesor Andrés Fábregas, el intelectual Luis Alaminos, el histo-
riador Jorge Olvera, don Fernando Castañón, el maestro Agripi-
no Gutiérrez, Eliseo Mellanes, Armando Duvalier, y muchos más
que hicieron de esta apartada región un espacio lleno de arte y
conocimiento llegando a fundar el Ateneo de Ciencias y Artes de
Chiapas, institución que fue muy destacada en su época y en dón-
de se forjaron muchos escritores y poetas del Chiapas moderno.
El Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, fue el centro de estu-
dios por el que pasaron la mayoría de los estudiantes de aquella
época y estaba a la altura de cualquier escuela del país. Los ante-
cedentes del ICACH son la escuela industrial de Chiapas, fundada
en 1893, siendo gobernador Emilio Rabasa, en 1897 se convirtió
en la escuela de artes y ofcios del estado y en el año de 1900 en
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la escuela militar industrial.
El Zapatismo
“Como todo lo que acontece en nuestra tierra, Zapata llegó 80
años después”
Otro de los movimientos que han inquietado a todos los mexicanos
desde hace veinte años es el zapatismo, hay muchas teorías y
actores, versiones las hay por cientos, pero veamos qué entendió
Octavio Paz en su momento.
“Fue una verdadera revuelta, un volver al revés las cosas, un re-
greso al principio.
Su fundamento era histórico porque los campesinos querían volver
a la propiedad comunal de la tierra; al mismo tiempo estaban inspi-
rados por un mito: la edad de oro del comienzo.
La revuelta tenía una intensa coloración utópica: querían crear una
comunidad en la cual las jerarquías no fueran de orden económico,
sino tradicional y espiritual. Una sociedad hecha a imagen y seme-
janza de las aldeas del neolítico: económicamente autosufcientes,
igualitarias, salvo por las jerarquías naturales: padres e hijos, hom-
bres y mujeres, viejos y jóvenes, casados y solteros y en las cuales
se reducía al mínimo la autoridad política y religiosa, es decir, se
eliminaban a las dos burocracias: la estatal y la eclesiástica.
Un hecho signifcativo, los zapatistas llevaban estandartes e insig-
nias de la Virgen de Guadalupe; eran religiosos pero no clericales.
Tampoco eran nacionalistas; la realidad que conocían y defendían
era el pueblo, la pequeña comunidad de agricultores y artesanos,
no las abstracciones crueles que son la Nación y el Estado.
Si hubiese podido, Zapata habría quemado la silla presidencial.
Soto y Gama en su famoso discurso en la convención de Queréta-
ro estrujó la bandera nacional y la llamó “este trapo”.
Este concepto utópico, comunitario, lo encuentro en las misiones
y en el zapatismo.
Por más contradictorias que nos parezcan sus fguras e ideas, hay
una continuidad entre Lorenzo de Zavala, Mora, Gómez Farías,
Juárez, Ocampo, Porfrio Díaz, Justo Sierra, Limantour, Carran-
za, Calles, Bassols, Lombardo Toledano y los actuales dirigentes.
Esta continuidad es el progresismo, la tentativa de modernizar a
México.
Todos estos proyectos tienen en común el querer borrar, por de-
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cirlo así, la mancha, el pecado original de México: el haber nacido
frente y contra el mundo moderno. Zapata es la negación a todo
eso.
Zapata está más allá de la controversia entre los liberales y los
conservadores, los marxistas y los neoliberalitas, Zapata está an-
tes y tal vez, si México no se extingue, estará después.”
Va de cuento
Corrían los años 70’s y después de seis años azarosos, aquella
fábrica sufrió un cambio en su dirección general. La actuación del
señor Álvarez había sido desastrosa y con el remplazo a cargo del
señor López parecía que las cosas irían mejor.
El señor Álvarez había provocado mucha desunión y rencores en-
tre los empleados de la fábrica y sus 32 sucursales. Sus malas
estrategias fnancieras pusieron en serios problemas el futuro de
la organización. Sus ambiciones por tomar la dirección de una em-
presa transnacional le provocaron serios tropiezos con la compe-
tencia.
El señor López, tipo carismático, algo ligero, convenció a accionis-
tas y empleados de olvidar los malos tiempos con el señor Álvarez
e iniciar una nueva etapa. Algunos empleados recelaban de su éxi-
to, debido a que había colaborado con la anterior administración y
precisamente en el área de tesorería.
La sucursal más pequeña y olvidada de la fábrica estaba integra-
da por obreros poco califcados y casi siempre se nombraba a un
gerente desde la dirección general que no tenía idea alguna de la
situación y de los problemas de dicha sucursal.
El señor López nombro a un nuevo gerente en dicha sucursal que
despertó grandes ilusiones, el señor De la Cera. Esta persona con-
densaba todas las cualidades requeridas para hacer una gran ge-
rencia. Convencía a todos y hubo gran entusiasmo dentro de los
empleados.
Lamentablemente el señor De la Cera se fue al año de haber ini-
ciado su gestión, atendiendo a un llamado de la dirección general
y dejándose llevar por la ambición de ser la sucesión del señor
López cuando este se retirara. No le importó dejar a medias todos
los cambios que estaba preparando, ni tampoco respaldar el traba-
jo que iniciaban sus subordinados, y lo que es peor, dejar truncas
las esperanzas de todos los empleados que confaron en él.
En su lugar, llego un viejo empleado jubilado que fue un magnífco
elemento en las ofcinas centrales, pero que ya no tenía la fuerza
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ni la capacidad física para manejar la sucursal. El resultado fue
obvio: se cayeron las ventas y hubo mucho descontento dentro del
personal. El señor López, dándose cuenta de su error, lo sustituyó
por el señor Gutiérrez, personaje carismático, muy querido, y que
su única ilusión había sido ser gerente de esa sucursal. Quería
arreglarla a como diera lugar. Fueron tres años en donde se me-
joraron mucho las instalaciones, desafortunadamente no se tomó
la decisión de capacitar al personal ni de abrir nuevos mercados,
sino que solo se gastó en remodelaciones.
Vino otro cambio de gerente y enviaron al señor Domínguez, quien
era el antiguo jefe de seguridad, no tenía ofcio para la administra-
ción, pero de alguna manera logró mantener a la sucursal. Cuando
se jubiló, llegó en su lugar el señor González, una persona de gran
capacidad, quizá más que la de el señor De la Cera, e inició una
gestión de mucha disciplina y tomando medidas adecuadas que
inmediatamente provocaron grandes mejoras en la sucursal. La
visión empresarial del señor González se hizo patente en todos los
aspectos de la fábrica, era muy enérgico e imponía su autoridad
ante el personal.
Desafortunadamente, cayó en el mismo error que el señor De la
Cera, atendió un llamado de la dirección general y dejó la sucursal
con la misma ambición de llegar a ser un día el Director General.
Tenía capacidad para ello, sólo que no reparó en el hecho de que
para llegar al puesto directivo en la fábrica, desplazó al señor Gu-
tiérrez, personaje que conocía a la perfección todos los problemas
internos de la fábrica y con el que no tenía muy buena relación.
El señor Gutiérrez estaba enterado que en la sucursal había la
posibilidad del estallido de una huelga, situación que mientras él
estuvo a cargo del control general, no permitió, y llevó a cargo
gestiones y acciones para impedirla. Ahora que lo habían despla-
zado y que lo despidieron sin indemnización, se dedicó a dar todas
las facilidades para que aquella huelga estallara. Él sabía cómo y
cuándo podría suceder.
El nuevo encargado de la sucursal, el señor Marel, era un subor-
dinado del señor González y no tuvo la información adecuada so-
bre este peligro. El resultado fue una huelga que cimbró a toda la
organización y que a la fecha sigue siendo un problema para la
dirección general.
Por cierto, ni el señor De la Cera ni el señor González llegaron a
ser directores generales y ya están jubilados.