You are on page 1of 6

(SENTIDO OCULTO DE LA MITOLOGÍA GRIEGA

)



Extracto del libro «el Puente de las Luces» de Antonio Carranza

ORFEO.- No menos sorprendente y revelador se nos presentará el
famoso mito de Orfeo que dio origen en la antigüedad a los Misterios
Órficos. Puesto en boca del poeta Píndaro a mediados del siglo VI a. de
J.C., Orfeo se nos muestra como el héroe poeta y adivino lleno de
sensibilidad que es capaz con su lira de fascinar a los hombres, animales y
plantas, incluso a las rocas y a las bestias salvajes.
Será pues elegido como argonauta para la célebre expedición que
llevara a los héroes griegos a la Cólquida, en la misión fabulosa de
conquistar el vellocino de oro. Este ropaje de carnero que vencía la
enfermedad, la vejez y la muerte de toda persona cuando con él se cubriera,
nos anunciará la vestimenta del hombre solar, el ropaje dorado que viste el
aura del maestro espiritual. Orfeo es seleccionado porque cumple el gran
requisito de la sensibilidad, un aspecto que debe desarrollar la personalidad
humana y confiere una fuerza más sutil que la física.
El poeta ayuda a los argonautas a surcar un mar tranquilo cada vez
que toca su lira, haciendo que la nave Argo se deslice plácidamente entre
las rocas e, incluso, aplacando la fiereza del dragón que custodiaba con sus
fauces llenas de fuego el codiciado vellocino. De esta manera se nos
revelará el poder de la imaginación y de la inspiración en el arte, cuando el
iniciado aprende a servirse de estas cualidades para alcanzar una
percepción aguda de la realidad.
Hijo de Eagros, rey de Tracia y de la musa Caliope, Orfeo se
convierte en el primer cantor inspirado favorito de las musas, no sólo
gracias a su ascendencia, sino también debido al encanto particular que de
sí mismo desprende. Abre su entendimiento a la revelación, a la capacidad
de usar fórmulas mágicas y purificadoras y, como facultad más notable, el
hacer sonar su lira de siete cuerdas con tal habilidad que cualquier
influencia sombría quedaba al instante aniquilada.
El mito comienza en el momento en que la esposa de Orfeo, la bella
Eurídice, huye de los requerimientos amorosos del pastor Aristeo, cayendo
en el infortunio de ser picada por una serpiente cuando se desvanecían los
últimos destellos del crepúsculo. Orfeo sucumbe a una profunda tristeza, al
igual que todos los seres que habitan el bosque al sentir apagado el sonido
de su lira y decide, mediante un gesto de arrojo y voluntad, bajar al
Inframundo para rescatar a su esposa.
El primer obstáculo con el que se debe enfrentar es Cerbero, perro
de tres cabezas cuya misión es la de custodiar las puestas del Mundo
Infernal. «Dejadme pasar por mis lágrimas», exclamará el poeta en un
himno órfico. El héroe consigue pasar una vez que hace tocar su lira y
adormecer a la bestia. De esta manera llega a encarar la figura terrorífica de
Hades y reclamar a Eurídice. El corazón de Hades no puede resistirse a los
sonidos melodiosos de la lira de Orfeo y accede, mas obliga al poeta a una
condición: la de no volver la vista atrás para ver a su esposa hasta que no
hubieran salido de la cueva del Inframundo.
La mujer suplica que vuelva hacia ella su mirada pues de lo contrario
no le seguirá. Orfeo no puede resistirse por más tiempo a contemplar el
bello rostro de su esposa y, justo antes de franquear las puertas del
Inframundo, vuelve la vista para ver con horror como Hades tira de ella y
se la lleva de nuevo, esta vez para siempre.
Unas versiones dicen que el poeta muere de melancolía, mientras
otras señalan su triste final en manos de mujeres tracias (las Ménades),
excitadas por Baco que ve en Orfeo un rival. La lira, tras ser arrastrada por
el río Hebro, vuela hacia el cielo, convirtiéndose en una constelación; y se
cuenta que su cabeza fue enterrada por los habitantes de Lesbos en la costa,
como agradecimiento a las muchas profecías que en aquella isla el poeta
había hecho, mientras que su cuerpo yace por siempre al pie del Olimpo,
donde moran los ruiseñores.

El primer aspecto que deberíamos
considerar al analizar el mito es la
importancia que la sensibilidad artística
tiene para el mundo espiritual. En efecto,
ya que si las Escuelas Pitagóricas de la
época se van a convertir en el soporte
afirmativo del conocimiento lógico y
analítico, las Escuelas Órficas aportan en la
Grecia antigua el balance de la intuición, la
imaginación e inspiración como las
facultades más receptivas del saber. De
esta manera encontramos dos escuelas perfectamente establecidas que se
hacen complementarias para el desarrollo espiritual de la época,
manteniendo entre sus maestros y partidarios un apropiado respeto y
consideración.
La lira de siete cuerdas que tañe magistralmente Orfeo no sólo habrá
de representar el poder de la inspiración, sino que a su vez guardará
relación con la posibilidad de hacer vibrar consonantemente la anatomía
oculta de todo adepto que se acercara a los ritos. Por consiguiente, aquél
que consigue trascender con su sensibilidad la condición grosera que
proponen las sensaciones, abre para el alma los siete chakras de poder,
vórtices de energía que se establecen en el campo etérico y facilitan una
profunda percepción.
Es importante considerar que las capacidades proféticas y curativas
que alcanza Orfeo vienen dadas no sólo por su talento artístico, sino
también por su desarrollo espiritual. Los Misterios Órficos ofrecen por
tanto la oportunidad de descubrir al poeta interior que cada uno de nosotros
llevamos dentro, como la esperanza de una inmortalidad dichosa,
conquistada a la sombra mediante esfuerzos notables. De esta manera el
poeta a su vez alcanza la posibilidad de ser mago, en la medida en que es
capaz de sustraerse de las limitaciones mundanas y servir de puente
energético con el mundo sensible.
Eurídice, como representación una vez más del Alma Divina, se ve
amenazada por lo sombrío, en principio personificado por la lujuria del
pastor Aristeo, y con posterioridad por la misma serpiente, cuyo veneno
precipitará a la bella al abismo. Es significativa la comparación que
podremos establecer entre este pasaje del mito y el que atañe a Aurora,
diosa encargada de abrir las puertas de la mañana. Cuenta la leyenda que
cuando se desvanecen los últimos destellos del crepúsculo Aurora (luz de
oro) es picada por una serpiente y conducida a las tinieblas. Por la mañana
aparece por Oriente la luz solar que murió por Occidente, estableciéndose
la esperanza de un nuevo día.
Orfeo confía recuperar la luz de su alma, encarnada en su propia
esposa. Será por tanto Eurídice la que le proporcione la luz del oro
espiritual, la que le restablezca la inspiración poética y la posibilidad de
hacer sonar su lira de forma armoniosa y festiva. Dionisos se convierte en
el dios capital de los Misterios Órficos porque su imagen representará la
ponderación y ecuanimidad sensual, la capacidad de poder trascender la
impulsividad grosera que somete el instinto humano. En consecuencia
Dionisos estará muy lejos del envidioso Baco, dios orgiástico que al final
consigue convencer a las Ménades para que den fin a la vida del poeta.
En el instante en que el héroe atraviesa los infiernos para rescatar a
su amada la fábula nos revela los trabajos arduos que todo adepto tiene que
realizar para liberar su inconsciente. Bajar al mundo sumergido y
enfrentarse con Hades se convertirá en la clave de una transformación
anímica que enfrenta al ser humano con su «Lucifer particular» o, lo que es
lo mismo: con aquel fuego derivado hacia la sombra que hay que saber
templar. Así bajará Dante Alighieri en su «Divina Comedia» a los infiernos
para liberar a su Beatriz soñada, acompañado por el poeta Virgilio, y así
implorarán los místicos órficos y los gnósticos cristianos la «muerte
psicológica», como un estado de redención para el alma.
Los Misterios Órficos revelan, por tanto, la manera más adecuada de
trabajar la sensibilidad, desarrollando a través de ella una percepción aguda
de la realidad y favoreciendo una inteligencia que puede sustraerse del
pensamiento lógico. Los seguidores órficos comprenden que la actitud
contemplativa ayuda a mirar con más ecuanimidad los acontecimientos.
Ellos nos enseñan la gran verdad de que desarrollando una visión clara y
sosegada aprendemos a desnudar la vida de tanta apariencia con la que
usualmente la revestimos.
Debemos de encontrar en los iniciados órficos el origen de rapsodas
y trovadores, el principio de una filosofía bucólica que, más que apartarse
de la realidad y el bullicio mundano, persigue sin dilación una armonía
natural con todas las manifestaciones de la naturaleza. El poeta se hace
peregrino para comprender mejor los misterios de la vida, cantando cada
acontecimiento singular que le sale al paso y, como más elevado privilegio,
celebrando la belleza femenina como un ideal espiritual que puede
trascender los visos de una pasión torturada y molesta.
Señalaremos, por consiguiente, los fundamentales principios órficos:

1.- El alma es de origen divino mientras el cuerpo es una cadena, una
prisión que nos sume en multitud de trastornos. El afán de los sentidos se
convierte para el alma en una tumba. Al sentido, pues, hay que refinarlo,
aprendiendo a trascender la pobre condición que atrapa al hombre a la
materia. Si somos precipitados desde los esplendores a la miseria de la vida
mundana y terrestre, necesitamos una purificación que nos permita
conquistar la patria primera del espíritu.

2.- La psiquis del ser humano se debate en el contraste. De esta
manera debe de sufrir durante un adecuado proceso de expiación y purga el
ineludible conflicto entre el sufrimiento terrestre y la felicidad divina. La
expiación prolongada en la experiencia permite un ajuste, un entrenamiento
que sirva de puente a la síntesis sensual. La disparidad entre el gozo y el
dolor se convierte en el mecanismo más útil mediante el cual podamos
alcanzar aquel equilibrio emocional que requiere el alma para una efectiva
liberación.

3.- Para que el alma consiga un lugar en la morada de los dioses
desde donde descendió, debe de pasar una oportuna purificación por el
ciclo de los nacimientos. Los órficos heredan del Antiguo Egipto la
comprensión de cómo el alma debe trasmigrar en cuerpos y personalidades
distintas, hasta que la vida provoque un acuerdo consciente con el que
poder salir de la «rueda de la necesidad».
Reza una antigua tableta de oro órfica: «Yo he huido del círculo de
penas y tristezas» «He sufrido la pena completa e imploro, por tanto, el
socorro de los dioses». Los dioses le exclaman al alma: «Tu serás diosa y
no mortal».

4.- La vida manifiesta de continuo un balance de efectos —unos
positivos y otros negativos— con el que poder compensar nuestra
infortunada inconsciencia. De esta manera entienden, al igual que los
filósofos hindúes, que el infortunio o Karma no es más que una medicina
circunstancial que se nos aplica para que podamos comprender el misterio
sagrado que encierra la angustia y el dolor.
La justicia y compensación para el mundo es cosa de los dioses. Los
órficos crean por tanto una revolución abierta contra la religión dominante,
cuyos dirigentes entendían la vida licenciosa como la más aventajada para
el espíritu, comprando a los dioses con sacrificios inconscientes que en
nada contribuían —tal y como decía Platón— a hacer el bien en la tierra.
Platón apunta una mordaz ironía en su República: «hagamos, pues, todo el
mal que permitan las leyes humanas, mientras tengamos el dinero
suficiente para pagar nuestra purificación».

5.- El primer cauce que todo hombre debe encontrar para su
desarrollo interior es la iniciación. La relación continua con otros seres
humanos se convierte en nuestro mejor entrenamiento, lo que nos revelará
la necesidad de que el alumno encuentre en sus relaciones humanas el
mejor entrenamiento psíquico y emocional para crecer, como guías y
maestros que le acerquen a un apropiado conocimiento.

6.- Es imprescindible la observancia de los ritos, ya que ellos nos
revelan el trance por el que ha de pasar el alma, nos permiten comprender
cómo estamos conectados a principios cósmicos más elevados, y nos
reconcilian con nuestros padres espirituales, favoreciendo la piedad y la
devoción.
El alma sabe de las fórmulas consagradas que desarman a las
divinidades infernales, aniquilando con la rotundidad de la invocación el
funesto poder del «Ego». En consecuencia, el iniciado hace efectiva su fe
para salir del círculo de las generaciones y convertirse en héroe divino. Era
común incorporar en las representaciones sagradas un coro melancólico de
mujeres que lloraran la pérdida de Eurídice; como la necesidad de aplacar
con cantos y rotundas admoniciones a las divinidades de la Estigia y al
perro de tres cabezas, Cerbero.

7.- Los órficos entienden la meditación como el alimento básico del
sabio, ya que el acercamiento a momentos extáticos nos permitirá alcanzar
la experiencia clara del Ser interior que alumbra de continuo nuestra
existencia. La meditación, entendida como la contemplación serena de la
mente, nos ayuda a trascender el hábito letal del pensamiento. De esta
manera el ser humano puede pasar conscientemente del talante reflexivo al
espiritual.

8.- Ningún mal debe de ser correspondido con el mal. Observaban,
por tanto, el importante principio cristiano de concordia y amor entre los
hombres. Desestimaban las discusiones, por muy filosóficas que fueran, y
lo militar era repudiado y entendido como horror.

9.- El alimento que llevas a tu boca y la ropa que viste tu cuerpo te
dignifica. Los órficos eran vegetarianos y vestían habitualmente de blanco,
manteniendo por temporadas estrictos ayunos con los que aplacar la sed de
los sentidos.

10.- El respeto es el bien más preciado que debe alcanzar el
entendimiento humano. Decían que el alma que ha conocido los Misterios
Órficos gozara de muchos e importantes privilegios, mas ellos estaban
abiertos a otras consideraciones filosóficas y espirituales. Es relevante
observar cómo en un himno órfico figura una invocación a la Deméter de
Eleusis y, asimismo, el hecho de que evitaran cualquier diatriba
comparativa y prejuiciosa frente a otras tendencias espirituales.
Encontramos pues en esta singular época el establecimiento de
comunidades que se habían consagrado gracias a los principios filosóficos
de mitos y leyendas heroicas, perfectamente integradas y respetadas
socialmente y, nos atreveríamos a decir, amantes de la Verdad y fieles
guardianes del camino espiritual. No es por tanto casual que eruditos como
artistas y poetas, que gobernadores y políticos de refinadas miras, pasaran
por la imprescindible influencia de alguno de estos Misterios; como el que
sus maestros y castas sacerdotales alcanzaran entre la población los más
destacados respetos.

(Si os interesa la obra completa donde se revela cada uno de los
mitos griegos, podéis pedirla a nuestra Asociación, a través del email:
cepa@cepaluz.com O bien al teléfono 958580702)

P.V.P.- 12 euros + gastos de envío.