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Aquí está el enlace del video por youtube.

http://www.youtube.com/watch?v=AzdC6qWSc5c
TJ-Alternativas a las transfusiones de sangre 1
Son 5 partes.

La revista la deje con la hermana Flor Oyola.

Los siguiente son articolos adicionales que tienen q ver sobre el verdadero
valor de la sangre.










¿Tiene futuro la medicina transfusional?
“La medicina transfusional es un campo que siempre será como
una selva tropical con sendas muy trilladas, pero en la que el
viajero aún debe ir con cuidado para no perderse. Una selva repleta
de nuevas y desconocidas amenazas que pudieran poner en
peligro a los desprevenidos.”—Ian M. Franklin, profesor de
medicina transfusional.
DESDE que en la década de 1980 la epidemia mundial de sida centró la
atención pública en la sangre, se ha hecho lo imposible por eliminar sus
“desconocidas amenazas”. Pero todavía hay inmensos obstáculos. En junio
de 2005, la Organización Mundial de la Salud reconoció: “Las posibilidades de
recibir una transfusión segura [...] varían enormemente de un país a otro”. ¿Por
qué?
En gran parte del mundo no existen programas nacionales que establezcan
medidas de seguridad para la recolección, los análisis y el transporte de la
sangre y los hemoderivados. A veces hasta la forma de almacenar la sangre
pudiera ser peligrosa: ¡incluso se utilizan refrigeradores domésticos en malas
condiciones y neveritas portátiles! Sin medidas de seguridad, la sangre extraída
de alguien que vive a centenares o hasta miles de kilómetros de distancia puede
perjudicar al paciente.
El sueño de la sangre no contaminada
Algunos países aseguran que la sangre de sus bancos nunca ha sido más
segura. Pero no hay que bajar la guardia. Una circular redactada conjuntamente
por tres organizaciones estadounidenses relacionadas con la sangre decía en la
primera página: “ADVERTENCIA: Debido a que la sangre completa y sus
componentes son productos biológicos, conllevan cierto riesgo de transmitir
agentes infecciosos, como por ejemplo, virus. [...] La esmerada selección de
donantes y los análisis disponibles no eliminan el peligro”.
Peter Carolan, oficial principal de la Federación Internacional de las
Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, dice con conocimiento de
causa: “No se pueden dar plenas garantías con relación a los abastecimientos
de sangre”. Y añade: “Siempre surgirán nuevas infecciones para las que en ese
momento no exista análisis alguno”.
¿Y si apareciera otro agente infeccioso que permaneciera por mucho tiempo
en un estado asintomático y se transmitiera fácilmente mediante la sangre como
sucede con el VIH? En abril de 2005 se celebró en Praga (República Checa) un
congreso médico en el que el doctor Harvey G. Klein, de los Institutos
Nacionales de la Salud, de Estados Unidos, calificó esta posibilidad de
preocupante, y afirmó: “Quienes extraen componentes de la sangre no estarían
más preparados para impedir una epidemia de transmisión sanguínea de lo que
lo estaban durante los primeros años del sida”.
Errores y reacciones transfusionales
¿Cuáles son los mayores peligros de las transfusiones en los países
desarrollados? Los errores y las reacciones inmunológicas. Tocante a un estudio
canadiense efectuado en 2001, el periódico The Globe and Mail informó que en
miles de casos se cometieron errores que por poco condujeron a transfusiones
sanguíneas letales, errores como “extraer muestras de sangre del paciente
indebido, etiquetar equivocadamente las muestras y solicitar sangre para el
paciente equivocado”. En Estados Unidos, ese tipo de errores causó la muerte
de por lo menos 441 personas entre 1995 y 2001.
Las transfusiones de sangre conllevan riesgos muy parecidos a los de los
trasplantes de órganos, puesto que el sistema inmunológico tiende a rechazar
los tejidos extraños. En algunos casos, las transfusiones hasta pueden
ocasionar inmunosupresión, es decir, reprimir la respuesta inmunitaria natural
del organismo, lo que deja al paciente vulnerable a infecciones postoperatorias y
a virus que habían estado inactivos. No es de extrañar que el profesor Franklin,
citado al principio de este artículo, instara a los facultativos: “Piénsenlo, no una
ni dos, sino tres veces antes de transfundir a los pacientes”.
La opinión de los expertos
Basándose en estos hechos, cada vez más profesionales de la salud miran la
medicina transfusional con ojos críticos. Un libro sobre la sangre titulado Dailey’s
Notes on Blood reconoce lo siguiente: “Algunos médicos sostienen que la sangre
alogénica [sangre de otra persona] es un fármaco peligroso, y que si se le
aplicaran los mismos criterios que a otros fármacos, se prohibiría su uso”.
A finales de 2004, el profesor Bruce Spiess hizo el siguiente comentario
sobre transfundir un componente principal de la sangre al realizar operaciones
cardíacas: “Son pocos los artículos [médicos], si acaso alguno, que apoyan la
idea de que las transfusiones de veras contribuyen a la mejoría del paciente”.
Es más, especificó que “en casi todos los casos, a excepción de los
traumatismos, pueden hacer más daño que bien”, pues “aumentan el riesgo de
neumonía y otras infecciones, así como de infartos y apoplejías”.
A muchos les sorprende descubrir que los criterios para administrar sangre
no sean tan uniformes como se esperaría. El doctor Gabriel Pedraza recordó
hace poco a sus colegas de Chile que la transfusión “es una práctica no bien
definida”, una que hace “difícil aplicar [...] normas universalmente aceptadas”.
Con razón Brian McClelland, director del Servicio de Transfusión Sanguínea de
Edimburgo y Sudeste de Escocia, ruega a los médicos que “recuerden que una
transfusión es un trasplante y, por lo tanto, administrarla o no es una decisión
que no se debe tomar a la ligera”. Además, les recomienda que se pregunten:
“Si se tratara de mi hijo o de mí, ¿aceptaría la transfusión?”.
Lo cierto es que no son pocos los profesionales de la salud que se identifican
con lo que confesó a ¡Despertad! cierto hematólogo: “A los especialistas en
medicina transfusional no nos gusta recibir sangre, ni darla”. Si ese es el parecer
de algunos médicos capacitados, ¿cuál debería ser la postura de los pacientes?
¿Cambiará la medicina?
Si las transfusiones encierran tantos peligros, uno pudiera preguntarse por
qué son de uso tan extendido, especialmente en vista de que existen
alternativas. En parte se debe a que muchos médicos son reacios a cambiar sus
métodos terapéuticos o no conocen los tratamientos que se están utilizando
como alternativas a las transfusiones. Un artículo de la revista Transfusion dice
que “los médicos toman la decisión de transfundir basándose en lo que han
aprendido, su enculturación y su ‘juicio clínico’”.
También influye mucho la habilidad del cirujano. La doctora Beverley Hunt,
de Londres (Inglaterra), escribe que “la pérdida de sangre en una operación
varía considerablemente de un cirujano a otro, y cada vez se da más
importancia a que los cirujanos aprendan los métodos adecuados para lograr la
hemostasia [detención de la hemorragia] en las operaciones”. Otros afirman que
el costo de las alternativas a las transfusiones es demasiado elevado, aunque
hay informes que demuestran lo contrario. Por otra parte, bastantes facultativos
concordarían con Michael Rose, director médico, que dice: “En esencia, todo
paciente quirúrgico tratado con medicina sin sangre está recibiendo una atención
médica de máxima calidad”.
Una atención médica de máxima calidad... ¿no es eso lo que usted quisiera?
Entonces coincide con las personas que le entregaron esta revista. Si continúa
leyéndola, verá cuál es su singular postura tocante a las transfusiones de
sangre.




El verdadero valor de la sangre
“La sangre es fuente de vida para la comunidad mundial. Es la
fuerza vital que comparten todos los seres humanos, sin importar
raza, etnia o religión.” Presidente de la Asamblea General de las
Naciones Unidas.
ES OBVIO que hay algo de verdad en las palabras que aparecen a la
izquierda. La sangre es esencial para el ser humano, es un líquido vital. Ahora
bien, ¿tiene usted la certeza de que es seguro y sensato compartirla con otros
por razones médicas?
Como hemos visto, las medidas de seguridad varían notablemente de un
país a otro y los tratamientos con sangre son más peligrosos de lo que muchos
piensan. Además, el uso que dan a la sangre los profesionales de la salud difiere
bastante según la educación que han recibido, sus habilidades y sus puntos de
vista. Y muchos de ellos se lo piensan cada vez más antes de transfundir
sangre. Una cantidad considerable de facultativos, la cual sigue en aumento,
está inclinándose por los tratamientos médicos sin sangre.
Esto nos lleva a replantearnos la pregunta que aparece al comienzo del
primer artículo de esta serie: ¿en qué radica exactamente el inmenso valor de la
sangre? Si el uso médico que se le da es cada vez más cuestionable, ¿será que
tiene algún otro propósito?
La sangre a los ojos del Creador
En los días de Noé, antepasado de toda la humanidad, Dios dictó una ley que
llama la atención. Cuando concedió a los seres humanos el derecho de comer la
carne de los animales, les prohibió que consumieran la sangre, y también les dio
la razón: para Él, la sangre equivale al alma —o vida— de la criatura (Génesis
9:4). Posteriormente añadió que el alma, la vida, “está en la sangre”. A los ojos
del Creador, la sangre es sagrada. Representa el inestimable regalo de la vida
que ha recibido toda alma viviente. En su Palabra, Dios repite este principio una
y otra vez (Levítico 3:17; 17:10, 11, 14; Deuteronomio 12:16, 23).
Hace unos dos mil años, poco después de la fundación del cristianismo, los
fieles recibieron este mandato divino: “Que se abstengan de [...] la sangre”.
La prohibición no se dio por razones de salud, sino debido al carácter sagrado
de la sangre (Hechos 15:19, 20, 29). Hay quienes opinan que esta restricción
solo es aplicable al acto de comer sangre, pero el verbo abstenerse habla por sí
mismo. Si un médico nos dijera que nos abstuviéramos del alcohol, no se nos
ocurriría inyectárnoslo por las venas.
La Biblia explica más a fondo por qué es tan sagrada la sangre. La vida
humana que Jesucristo entregó por la humanidad, la sangre que él derramó, es
esencial para la esperanza cristiana. Gracias a esa sangre existe el perdón de
los pecados y la esperanza de vida eterna. Por tanto, al abstenerse de sangre, el
cristiano está demostrando su fe en que solo la sangre derramada de Jesucristo
puede redimirlo y realmente salvarle la vida (Efesios 1:7).
Es de conocimiento general que los testigos de Jehová toman muy en serio
estos mandatos bíblicos. Ellos rechazan toda transfusión de sangre completa o
de cualquiera de sus cuatro componentes principales: glóbulos rojos, glóbulos
blancos, plasma y plaquetas. Pero en lo que tiene que ver con las diversas
fracciones obtenidas de tales componentes —y con los productos que las
contienen—, cada Testigo toma su propia decisión, pues la Biblia no dice nada
al respecto. ¿Significa el hecho de que adopten esta postura basada en la Biblia
que los Testigos rechazan todo tratamiento médico o que no valoran su salud
ni su vida? ¡Por supuesto que no! (Véase el recuadro “Los testigos de Jehová y
la salud”.)
En los últimos años, un buen número de médicos han reconocido que los
Testigos han salido ganando —en lo que tiene que ver con su salud— al
aferrarse a su postura bíblica sobre la sangre. Por ejemplo, un neurocirujano se
pronunció hace poco a favor de las alternativas a las transfusiones diciendo: “Es,
sin lugar a dudas, el proceder más seguro, no solo para los testigos de Jehová,
sino para todo el mundo”.
Las decisiones importantes relacionadas con la salud pueden causar mucha
tensión y suelen ser difíciles de tomar. Tocante a la práctica habitual de
transfundir sangre, veamos lo que dijo el doctor Dave Williams, neumólogo y
director médico: “Debemos respetar los deseos del paciente, y hemos de tener
mucho cuidado con lo que introducimos en nuestro organismo”. Y, desde luego,
estas palabras tienen hoy más sentido que nunca.
[Ilustraciones y recuadro de la página 11]
¿Qué son los transportadores de oxígeno a base de hemoglobina?
En cada glóbulo rojo hay unos 300 millones de moléculas de hemoglobina, la
cual representa alrededor de una tercera parte del volumen del glóbulo rojo
maduro. Cada molécula de hemoglobina contiene hemo (un pigmento que posee
un átomo de hierro) y globina (una proteína). Cuando los glóbulos rojos pasan
por los pulmones, las moléculas de oxígeno penetran en ellos y se unen a las
moléculas de hemoglobina. Segundos después, el oxígeno es soltado en las
células de los tejidos del organismo, lo que las mantiene con vida.
Hoy día ya se extrae hemoglobina de glóbulos rojos humanos o bovinos y se
procesa. Primero se filtra para eliminar las impurezas, y luego se polimeriza y
purifica, se mezcla con una solución y se envasa. El producto final —que en la
mayoría de los países todavía no está aprobado— recibe el nombre de
transportadores de oxígeno a base de hemoglobina, también conocidos por sus
siglas en inglés HBOC. Como el hemo de la hemoglobina es lo que proporciona
a la sangre su característico color rojo, una unidad de HBOC tiene el mismo
aspecto que una unidad de glóbulos rojos, el componente sanguíneo del que
proceden.
A diferencia de los glóbulos rojos, que deben refrigerarse y aun así tienen una
vida útil de pocas semanas, los HBOC pueden almacenarse a temperatura
ambiente y utilizarse meses después. Y dado que la membrana celular de los
glóbulos rojos, con sus singulares antígenos, ha desaparecido, ya no existe el
peligro de que se produzcan graves reacciones adversas por incompatibilidad
sanguínea. Ahora bien, para los cristianos que se esmeran por obedecer la ley
de Dios sobre la sangre, los tratamientos con HBOC son más conflictivos que los
tratamientos con otras fracciones sanguíneas. Mientras estos se deriven de la
sangre, hay dos factores que no se pueden pasar por alto. Por una parte, los
HBOC desempeñan la misma función clave que los glóbulos rojos —uno de los
componentes principales de la sangre—, y por otra, la hemoglobina —de la que
se derivan los HBOC— constituye una porción considerable de los glóbulos
rojos. De modo que los cristianos se encaran a una decisión muy importante con
relación a este y otros productos similares. Deben pedir la ayuda divina y
meditar profundamente en los principios bíblicos relacionados con la santidad de
la sangre. Después, motivados por un intenso deseo de mantener una buena
relación con Jehová, cada uno tendrá que obrar en conformidad con su
conciencia educada por la Biblia (Gálatas 6:5).
[Ilustración]
MOLÉCULA DE HEMOGLOBINA
[Ilustración y recuadro de la página 12]
Una opción atractiva
“Hay una alternativa que más y más hospitales están ofreciendo: la ‘cirugía sin
sangre’”, dice The Wall Street Journal, y añade: “Esta opción, concebida
originalmente para los testigos de Jehová [...], ya está bastante extendida, y
muchos hospitales anuncian sus programas de cirugía sin sangre al público en
general”. Hospitales de todo el mundo están descubriendo que las estrategias
que reducen el uso de transfusiones producen numerosos beneficios,
particularmente para los pacientes. En la actualidad hay miles de doctores que
tratan a sus pacientes sin recurrir a las transfusiones.
[Ilustración y recuadro de la página 12]
Los testigos de Jehová y la salud
A los testigos de Jehová, entre los que hay médicos y enfermeras, se les
conoce en todo el mundo por compartir una postura de rechazo a las
transfusiones de sangre completa o de sus componentes principales. ¿Las
rechazan por seguir alguna doctrina de origen humano o por creer que la fe
cura? Nada más lejos de la verdad.
Los Testigos ven la vida como un regalo divino y, como creen que la Biblia es
“inspirada de Dios”, hacen todo lo posible por vivir de acuerdo con lo que esta
dice (2 Timoteo 3:16, 17; Revelación [Apocalipsis] 4:11). En Su Palabra, Dios
insta a sus adoradores a que eviten todas aquellas prácticas y hábitos que
perjudican la salud o ponen en peligro la vida, como pudieran ser comer en
demasía, fumar, mascar tabaco, abusar del alcohol y tomar drogas con fines
recreativos (Proverbios 23:20; 2 Corintios 7:1).
Por otra parte, quienes viven en conformidad con los principios bíblicos también
velan por su salud cuidando su higiene personal, manteniendo limpio su entorno
y haciendo ejercicio (Mateo 7:12; 1 Timoteo 4:8). ¿Y si se presenta una
enfermedad? Los testigos de Jehová solicitan atención médica y aceptan la
inmensa mayoría de las opciones terapéuticas existentes, como toda persona
razonable (Filipenses 4:5). Es verdad que insisten en recibir tratamientos sin
sangre en obediencia al mandato bíblico “sigan absteniéndose de [...] sangre”
(Hechos 15:29). Pero también es cierto que su negativa suele tener resultados
positivos: un tratamiento de mayor calidad.