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GÓTICA

Un Viaje al corazón de las Tinieblas (Gavin Baddeley)

¿Qué es Gótico?
El término gótico tiene varias acepciones, mas, la que nos ocupa en este libro, es la de lo
gótico como celebración cultural de la medianoche. No obstante, a partir de esta breve
definición, podemos encontrar relación con esas otras acepciones, por ejemplo: con
ciertos elementos del arte y la arquitectura gótica de la Edad Media en Europa occidental
(las “danzas de la muerte”, tétricos grabados del siglo XV, representando a cadáveres
retozando o bailando); de hecho, para el siglo XVIII las construcciones “neogóticas” se
pusieron a la orden del día. O en la propia literatura de finales del siglo XVIII y principios
del XIX: narraciones de ingleses excéntricos como Horace Walpole o William Beckford,
creadores de las abadías de atmósferas fantasmagóricas.
Tal reinvención y subversión es típico de lo “gótico”, y no sorprende que la moderna
subcultura llamada “goth” -enmarcada en la amplia corriente cultural de lo gótico- ofrezca
un sentido algo confuso y ambiguo; de ahí que, lo que es o no es auténticamente goth
constituya una discusión frecuente entre los miembros de la subcultura. De cualquier
modo, lo gótico implica una atmósfera extraña, y los goths, han de contribuir luciendo una
imagen “adecuadamente” extraña, con ropas, accesorios y maquillaje extravagantes.
Adpero, lo gótico es mucho más que una imagen: es una estética, un punto de vista e
incluso, un estilo de vida.
Históricamente, los godos -o góticos-, fueron un pueblo germánico proveniente de
Escandinavia que conquistó la mayor parte de Europa occidental en el siglo IV, tras lo cual
formó varios reinos a partir de los deteriorados restos del Imperio Romano de Occidente;
como resultado, la palabra “gótico” se convirtió en sinónimo de “bárbaro”. Sin embargo,
la cultura y los conocimientos del Imperio Romano Clásico y de la Antigua Grecia, fueron
redescubriéndose gradualmente en Europa, a partir del siglo XIV, en los albores del
Renacimiento, período que supondrá el arranque del mundo moderno. Las virtudes
clásicas, tales como el orden, la belleza y la lógica fueron idealizadas; pero, este interés
por lo antiguo también saco a la luz aspectos profanos de la cultura greco-romana, como:
la mitología y arte erótico y grotesco.
Obras de arte y esculturas que imitaban escenas procaces, junto con otros elementos del
oscuro pasado medieval (demonios, gárgolas, cadáveres de gestos lascivos), pasaron a
formar parte de dicha tradición grotesca, fascinante y repulsiva a la vez. Lo grotesco a la
sazón, se relacionaría con todo aquello que estaba en contra de las normas, de los
cánones religiosos y las leyes del Estado, en contra del arte académico y la sexualidad
autorizada, de la virtud y lo sagrado, en contra de las instituciones establecidas, las
ceremonias y la historia celebradas oficialmente.
En el siglo XVIII, en oposición al imperante estilo neoclásico, la recuperación del estilo
gótico (neogótico), surge como una rebelión consciente en contra del buen gusto y el
sentido común de la época. De una manera análoga, los actuales goth que se visten con
ropas poco prácticas y de llamativo aire victoriano, no están aprobando por ello los
opresivos valores de dicha época, sino manifestando su rechazo a la estética actual y de
moda; a la vez que, evidencian su afición por los aspectos grotescos de ese período,
particularmente por los ritos fúnebres. Pero tal actitud debe ser entendida, sólo como un
tributo manierista, camp y formal y no por su contenido ideológico.
La esencia del manierismo y lo camp, es su amor por lo que no es natural, esto es, por lo
artificial y lo exagerado. Encarna la victoria de la “forma y el estilo” cobre el “contenido”,
de la “estética” sobre la “moral”, de lo “irónico” sobre lo “trágico”; en última instancia,
supone una burla hacia la sabiduría convencional, una sátira sofisticada de la virtud y del
deber. En la subcultura goth actual, actitudes consideradas “sospechosas” por la sociedad
tradicional, como: interés por lo prohibido y lo arcano, tendencia a la introspección,
hábitos nocturnos, etc., pueden convertirse en algo aceptable si se las exagera hasta
extremos teatrales, al asumir, por ejemplo, el personaje de vampiro o bruja.
En lo que respecta a la literatura, la novela gótica rechazó también los moldes vigentes,
entre ellos, el ideal estético de lo bello, y en cambio, justificó su obra en lo sublime. Lo
sublime trasciende la belleza tradicional (cuyo orden está asociado a la cultura clásica)
para centrarse en lo sobrecogedor y lo fantástico (asociado con la cultura gótica).
“El castillo de Otranto” de Horace Walpole, suele ser considerada la primera novela gótica,
escrita en 1764. Obra que pese a la sensación que causó entre un cierto grupo de lectores,
no es en absoluto espectacular. Según el mismo Walpole, una noche se sentó a escribir
“sin saber lo más mínimo que pretendía decir o contar”; y es que, el desarrollo de la obra
se verá obstaculizado por una serie de estrepitosos sucesos sobrenaturales.
Narrativamente, su principal novedad radicaba en el uso de emociones contradictorias
como el terror y la pena; contraste radical característico del arte gótico clásico: luz y
sombra, bueno y malo, sexo y muerte.
Así, en la literatura gótica, el realismo y la construcción verosímil de los personajes no
tenían mucha importancia en comparación con el efectismo. Su narrativa estuvo marcada
por un decidido énfasis en el estilo en detrimento del contenido; razón posible, para que
se haya convertido en una fórmula literaria muy popular.
Relativamente pronto, lo sublime y lo siniestro, junto con otros símbolos del movimiento
gótico, terminaron por convertirse en una creciente moda entre la sociedad británica y
europea en general, y a medida que se popularizaban, también se convertían en algo cada
vez más corriente y vulgar, e incluso, en parte de la norma y el establishment.
A medida que el poder subversivo de la estética original del gótico se esfumaba, surgía
una nueva generación de inconformistas bajo la denominación de “románticos” (siglo XIX).
En más de un sentido los movimientos gótico y romántico originales, representaron dos
corrientes de la misma oscura ola cultural. Los románticos más extravagantes (tales como
el poeta Lord Byron), se valían de los saturninos antihéroes de la ficción gótica como
modelos de conducta, a la vez que recreaban los siniestros escenarios imaginados por
Walpole.
Los relatos góticos pasaron a denominarse como “romance” (narración fabulosa), para
diferenciarlos con la llamada novela, cuya naturaleza era considerada más constructiva. En
cambio, un romance era una obra de desbordada imaginación que estaba más dirigida a
emocionar y entretener, que a recrear cuestiones realistas o instructivas. De ahí, que la
palabra “romántico” haya tenido un sentido despectivo para con los individuos poco
prácticos e idealistas; hasta que fue desafiantemente adoptada por una generación de
artistas, escritores, compositores y poetas que se deleitaban con la rebeldía nostálgica. Lo
romántico entonces, aludía siempre a la pasión, pero no se limitaba a los asuntos del
corazón; la pasión romántica se filtraba en cada aspecto de la vida, alimentando un
radicalismo político, liberación sexual y actitudes que cuestionaban lo establecido. Así, la
creatividad y el individualismo, se convirtieron en su dogma, en oposición a los valores
tradicionales del pensamiento lógico y la responsabilidad social.
Casi dos siglos después, se hablará de una conexión implícita entre el movimiento de los
punks de fines de los setenta y los jóvenes románticos de la década de 1800: primitivos,
decadentes, violentos, extravagantes, grotescos, irracionales…Punks que serán decisivos
en el surgimiento del goth de los ochenta.
En las últimas décadas del siglo XIX, los elementos más oscuros de la tradición romántica,
dieron origen al “decadentismo”. El romanticismo era esencialmente optimista; creía que
el mundo podía ser redimido. El decadentismo, pese a que compartía los ideales
románticos de la imaginación y el individualismo, no creía que estos pudieran salvar a la
humanidad; era pesimista hasta el nihilismo total. Los decadentes creían que sólo los
placeres efímeros y artificiales del lujo y la autoindulgencia eran verdaderos. Se
abandonaron plenamente a la magia negra, al libertinaje y al consumo de drogas y
cultivaron una suerte de fascinación por todo lo que comúnmente se percibía como
antinatural o degenerado, por la perversidad sexual, los trastornos nerviosos, el delito y,
en general, lo enfermizo; pero así también, eran víctimas de diversos males psíquicos,
como el hastío, la impotencia y una furibunda melancolía. El período fue conocido
también como “fin de siglo”, inscribiéndolo en la creencia de que los fines de siglo
acercan, de alguna manera, al mundo en general al apocalipsis, y, ante la sensación de
acabamiento se desatan los más desenfrenados y febriles excesos.
Llegados los años ochenta del siglo XX, el término “gótico” se utilizó para describir una
nueva subcultura musical, nacida de las cenizas del punk y alimentada por el “dandismo”
del glam rock, pero, a diferencia de la mayoría de los cultos juveniles, el goth no estaba
concentrado en un estilo musical en particular, sino en un movimiento underground que
asimilaba los artefactos y las consignas culturales del pasado.
A medida que se acercaba a su propio fin de siglo de 1900, la cultura popular estaba “lista”
para seguir a los góticos hasta su lado oscuro; y es que, hoy, la contracultura goth se
manifiesta en el mismo corazón de la cultura comercial. El look romántico de los góticos,
con su fuerte inclinación hacia el negro, fue algo que la moda tradicional se apropio con
éxito hace ya algunos años, y no es extraño, por tanto, que luego de más de dos décadas
de la subcultura del rock gótico, halla un resurgimiento de la estética gótica.
Ésta situación nos lleva nuevamente a la pregunta inicial: ¿Qué es Gótico?
En un sentido, es el oscuro trasfondo de la existencia cotidiana, una versión tenebrosa del
mundo diurno. En otro, es el receptáculo de las contradicciones que se han desarrollado a
través de siglos de contracultura: grotesca, gótica, romántica, decadente, goth…Es lo
bárbaro sofisticado. Es una pasión por la vida envuelta en el simbolismo de la muerte. Es
el matrimonio de los extremos tales como el sexo y la muerte, se vale de la oscuridad para
iluminar. Niega la ortodoxia de la realidad y deposita su fe en lo imaginario: es una
nostalgia ansiada de los días Oscuros de un pasado que nunca existió. Es lo sacrílego, lo
pagano, lo extraño y sobrenatural. Y es quizá, también, una pose; pero, ¿acaso no todos
posamos un poco en cierta medida? Ser “natural” es simplemente una pose, la más
irritante de las poses.

(Tomado de: Baddeley, Gavin (2007). Gótica: un viaje al corazón de las tinieblas.
Latacunga, Ecuador: Hell Institute. Título original: Goth Chic, Gavin Baddeley and plexus
publishing limited, 2006. Primera edición en español: Cultura gótica: una guía para la cultura
oscura, Robinbook Ediciones 2007)