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DEMOCRACIA, PARTIDOS POLÍTICOS Y SOCIEDAD CIVIL

Gabriel Murillo Castaño
Rafael Toribio
I. Sobre la De!o"ra"ia
Con relación a la democracia, los partidos políticos y la sociedad civil, en América Latina
han ocurrido en los últimos tiempos muchos y trascendentales cambios. Se han cosechado
significativas eperiencias, y amplios sectores sociales, económicos y políticos tienen
sobre estas esenciales instituciones del sistema político, importantes epectativas, no
siempre en sentido positivo.
!or una parte, la democracia se ha establecido en la región como el régimen político de
mayor aceptación, padeciendo, al mismo tiempo, un fuerte cuestionamiento respecto a la
efectividad, eficacia y eficiencia de sus instituciones, así como una no disimulada
resistencia a la participación de la ciudadanía m"s all" del e#ercicio del sufragio, cada
cierto tiempo, para la elección de las autoridades. !or otro lado, se asiste a una
redefinición de las funciones del $stado %ue ha provocado la reducción de sus "mbitos de
competencias, asumidos éstos en gran parte por el mercado. A consecuencia del
achicamiento del $stado a favor del mercado, en cada uno de nuestros países amplios
sectores sociales se sienten abandonados, debiendo entonces de procurarse, en forma
individual o colectiva, lo %ue antes era responsabilidad del $stado, aun%ue lo supliera de
forma precaria y limitada. $n relación a los partidos políticos, adem"s de un fuerte
cuestionamiento a sus actuaciones en sentido general, es cada ve& m"s amplio el sector de
ciudadanos %ue no encuentran en los partidos, como antes, los canales mas adecuados
para canali&ar sus intereses y aspiraciones. A esto habría %ue agregar los efectos de la
globali&ación, en términos de nuevas metas y desafíos para el $stado en sus relaciones
con el eterior, y las consecuencias a lo interior en relación al incremento de la pobre&a,
'
de un crecimiento económico, cuando puede lograrse, sin rostro humano, por%ue la
ri%ue&a socialmente producida es in#ustamente distribuida, y de graves tensiones contra
la gobernabilidad.
$stos significativos cambios, adem"s de representar en sí mismos grandes retos para los
distintos actores sociales, económicos y políticos, y para la propia democracia, han
proporcionado también ricas eperiencias %ue pudieran servir de base a decisiones
estratégicas de esos mismo actores para un desempe(o m"s adecuado de sus funciones y
para el fortalecimiento necesario de la democracia. )na primera eperiencia es el
conocimiento, por evidencia reiterada en numerosos países, de %ue el mercado, por si
solo, no produce ni e%uidad, ni solidaridad. *uy eficiente en la asignación de los
recursos en los sectores económicos m"s rentables y en la determinación de los precios,
no lo es igual cuando se trata de la distribución de los bienes y servicios socialmente
producidos. +tra valiosa eperiencia, pero dolorosa y de graves consecuencias, es la
disminución dr"stica de la valoración de la ciudadanía con relación a gobiernos %ue pocos
meses antes habían llegado al poder con m"s del ,-. de los votos v"lidamente emitidos.
Lo %ue antes era normal al término del período de gobierno, hoy se est" produciendo
antes de %ue concluya el primer a(o en el e#ercicio del poder. $n esto tienen mucho %ue
ver los medios de comunicación. Adem"s de reali&ar una cada ve& mayor mediación entre
el poder publico y la ciudadanía, reali&a en parte también la formulación de demandas y
propuestas, así como la evaluación diaria de las e#ecutorias de las autoridades, no
respondiendo en todos los casos al interés general, sino a los intereses particulares de
%uienes tienen la propiedad de esos medios. !or estas actividades, en la actualidad, los
medios de comunicación tienen una gran incidencia en la gobernabilidad. / una tercera
eperiencia, también muy preocupante, es %ue cuando el sistema de partidos ha
colapsado, la democracia ha salido fuertemente debilitada. A menos partidos políticos no
ha habido, en ningún caso, m"s democracia. $sto, adem"s de evidenciar la importancia
de los partidos para la gobernabilidad e institucionalidad democr"ticas, nos hacer ver la
necesidad de moderni&ar y fortalecer a los partidos políticos para %ue cumplan a
0
cabalidad las esenciales funciones %ue tienen asignadas en el sistema político y en la
consolidación de la democracia.
$stos cambios y estas eperiencias han producido en la ciudadanía una serie de
epectativas en lo social, en lo económico y en lo político %ue se pueden resumir en el
reclamo, convertido en esperan&a, de una democracia política %ue trascienda su
dimensión formal, haciéndose m"s eficiente y m"s participativa, y %ue esté acompa(ada
de una democracia social y económica %ue proporcione el bienestar material y espiritual
de las personas. $stas epectativas, reclamadas de diferentes maneras por la ciudadanía,
eigen la responsabilidad de los distintos actores para %ue se transformen en una palpable
realidad.
Co#te#i$o % $esaf&os $e la $e!o"ra"ia
La democracia es, al mismo tiempo, una forma de gobierno y una forma de organi&ación
de la sociedad y de la convivencia ciudadana, establecida como paradigma en América
Latina después de un largo proceso, pero necesitada hoy de una urgente #ustificación1 %ue
est" tratando de recuperar una dimensión perdida y ser mucho m"s eficiente, así como
asegurar la gobernabilidad1 %ue cuenta con nuevos actores y %ue necesita con urgencia
%ue se traba#e por su fortalecimiento y profundi&ación.
Como forma de gobierno, la democracia representa una forma particular de la
organi&ación del $stado, de acceder al poder político y de distribuirlo entre las distintas
instituciones, órganos y actores del sistema. $n ese sentido, determina el ordenamiento
#urídico 2 institucional del $stado, la elección de las autoridades, las normas para el
desempe(o de sus cargos, cómo debe producirse su sustitución, teniendo como fuente de
toda autoridad la soberanía popular. $s, adem"s, una forma de dirimir y resolver los
conflictos. Como forma de organi&ación de la sociedad y de la vida ciudadana promueve
y regula la constitución y actuación de los su#etos sociales y transforma a los habitantes
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de un país en ciudadanos al reconocerles en el ordenamiento #urídico y constitucional
derechos y deberes %ue le facultan a reclamar y defender los primeros, oblig"ndole los
segundos a participar, colaborar e involucrarse en los asuntos de interés público.
Como forma de gobierno y como forma de organi&ación de la sociedad y de la
ciudadanía, la democracia establece maneras concretas y particulares para el proceder de
las instituciones y de los ciudadanos, %ue llamamos institucionalidad democr"tica, en lo
%ue tiene %ue ver con el $stado, el e#ercicio de la autoridad y el comportamiento de los
ciudadanos. 4e una manera m"s completa la Carta 4emocr"tica 5nteramericana, aprobada
en la sesión plenaria de la organi&ación de los $stados Americanos, celebrada el '' de
Septiembre del 0--', epresa lo anteriormente indicado de esta manera6 7Son elementos
esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos
y las libertades fundamentales, el acceso al poder y su e#ercicio con su#eción al estado de
derecho1 la celebración de elecciones periódicas libres, #ustas y basadas en el sufragio
universal y secreto como epresión de la soberanía del pueblo, el régimen plural de
partidos y organi&aciones políticas, y la separación e independencia de los poderes
públicos8 9artículo 3: / agrega 7Son componentes fundamentales del e#ercicio de la
democracia la transparencia de las actividades gubernamentales, la probidad, la
responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública, el respeto por los derechos
sociales y la libertad de epresión y de prensa. La subordinación constitucional de todas
las instituciones del $stado a la autoridad legalmente constituida y el respeto al estado
de derecho de todas las entidades y sectores de la sociedad son igualmente fundamentales
para la democracia8 9artículo ;: !or otra parte, en el artículo < declara6 7la participación
de la ciudadanía en las decisiones relativas a su propio desarrollo en un derecho y una
responsabilidad. $s también una condición necesaria para el pleno y efectivo e#ercicio de
la democracia. !romover y fomentar diversas formas de participación fortalece la
democracia8. 9+$A,0--'63:
;
$sta declaración oficial de la +rgani&ación de los $stados Americanos, aprobada por su
Asamblea =eneral, adem"s de resumir el contenido esencial de la democracia como
forma de gobierno y de organi&ación de la sociedad, epone con sobrada claridad la
importancia de la participación de la ciudadanía, declar"ndola como un derecho y una
responsabilidad, al mismo tiempo.
$sa democracia así definida y concebida se ha establecido en los últimos a(os como el
paradigma en relación a las formas de gobierno. >o por ser considerada y aceptada como
la me#or, pero si por ser estimada como la menos mala y la única %ue cuenta con valores
y mecanismos internos %ue posibilitan su perfeccionamiento. Adem"s, es la m"s
etendida y positivamente valorada, hasta el punto de %ue el principio 7del buen
gobierno8, en el sentido de la observancia de la institucionalidad democr"tica, es
eigencia en las relaciones internacionales y en la cooperación técnica y financiera de los
organismos multinacionales. Así las cosas, en la actualidad todo gobierno debe ser
democr"tico, o aparentarlo serlo, para participar plenamente hoy en el concierto de las
naciones. ?a colaborado a este establecimiento de la democracia también, de manera
muy positiva, la desaparición del socialismo marista como alternativa de forma de
gobierno y régimen político. Con la caída del muro de @erlín en 'ABA, concluye un
proceso %ue ha terminado de consolidar a la democracia como paradigma de forma de
gobierno. Sin embargo, esta democracia, definitivamente establecida y reconocida,
necesita #ustificarse. 4ebe demostrar %ue tiene vigencia no sólo por%ue su contrincante
no pudo continuar, sino por%ue tiene méritos propios suficientes para la regulación y
organi&ación del poder y la vida ciudadana de forma óptima para la estabilidad política y
el bienestar de los ciudadanos. !ara lograrlo debe #ustificarse en lo político, en lo social y
en lo económico. $n lo político debe procurar una mayor eficiencia y eficacia en sus
instituciones fundamentales, propiciar una mayor participación de las organi&aciones de
la sociedad civil y fortalecer la gobernabilidad. La #ustificación en lo social demanda una
mayor integración nacional, reduciendo la marginalidad y la eclusión. 4esde el punto
de vista económico, la democracia debe propiciar la e%uidad y la solidaridad %ue no
,
produce el mercado. La democracia tiene %ue democrati&arse y proporcionar a la
mayoría de los ciudadanos el bienestar a %ue tienen derecho como personas.
$n América Latina el establecimiento de la democracia como la forma de gobierno
preferida, ha sido el resultado de un largo proceso, no eento de graves dificultades y no
desarrollado de manera lineal, sino &ig&agueante, con avances y retrocesos notables. $n
un primer momento la forma democr"tica de nuestros $stados, después de la
independencia de la *etrópoli espa(ola, fue 7adoptada8 de la %ue se consolidaba en la
nación >orteamericana. Sin tener las mismas condiciones %ue allí la viabili&aron, a%uí la
copiamos, ra&ón por la cual fue m"s formal %ue real. Curídicamente nuestros $stados
eran formalmente una democracia, pero en la realidad, salvo contadísimas ecepciones, y
solo durante algunos períodos de gobierno, la ascensión al poder, la separación entre los
poderes, el respeto de los derechos humanos, por solo citar algunos asuntos, no se
mane#aban conforme a los valores y principios de la democracia, ni tampoco según estaba
consagrado en la constitución. La disparidad era aún m"s notoria si la comparación se
hacía entre la democracia política, asumida en la constitución y las leyes, y la democracia
económica y social en %ue debían vivir los ciudadanos. La democracia política
convivía, y todavía convive, con amplios sectores de poblaciones en la marginalidad, en
situación de pobre&a, y de indigencia una buena parte de éstos últimos.
$ste panorama de la democracia todavía continúa en sentido general, pero hay %ue
reconocer %ue se han producido avances substanciales en pocos a(os, en la mayoría de
los países de la región. !or el momento, la mayor parte de los países, no solamente son
formalmente democr"ticos, sino %ue hay fuertes demandas y voluntades políticas
significativas para 7democrati&ar la democracia8 y hacerla m"s eficiente con relación al
bienestar de la ciudadanía, lamentablemente provienen m"s desde la Sociedad Civil %ue
desde la sociedad política. Duedó atr"s en nuestra América Latina la fase de la transición
desde regímenes autoritarios, de car"cter militar la mayoría de ellos, a la democracia.
Ahora la gran tarea es la consolidación de ésta. Sin embargo, en muchos de nuestros
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países solo se ha producido, en parte, el primer momento de la transmisión, %uedando aún
el segundo, %ue es condición esencial para llegar a la fase de consolidación. Se ha sido
eitoso en salir de los regímenes autoritarios, civiles o militares y reali&ar elecciones, m"s
o menos libres, %ue dan lugar a gobiernos surgidos de las urnas, no de la voluntad de una
persona, o de un grupo de ellos, sino de la mayoría de la población. 5nmediatamente se
logra el establecimiento de un gobierno electo, la democracia formal comien&a a tomar
vigencia, restableciéndose la constitución, la supremacía de las leyes y la
institucionalidad democr"tica. !ero el camino se torna mucho m"s dificultoso cuando se
trata de %ue las autoridades, las instituciones y la ciudadanía actúen según lo establecido
en la constitución, las leyes y lo eigido por la institucionalidad democr"tica. La
consolidación de la democracia, ampli"ndola y profundi&"ndola, es aún un tema
pendiente. Se ha asegurado su establecimiento, pero no su consolidación, si por ésta
entendemos su eficiencia y eficacia, así como su 7democrati&ación8 %ue posibilite una
mayor participación de la ciudadanía en todos los procesos, no solamente al momento de
emitir su voto. 7$s posible hacer una distinción entre una consolidación hacia atr"s8 o
respecto al pasado, es decir, haber asegurado la inviabilidad de una regresión autoritaria,
y una consolidación 7hacia delante8 o respecto el futuro, %ue consiste en asegurar las
condiciones de calidad democr"tica, %ue eviten nuevas causas de crisis o derrumbes
democr"ticos8 9=arretón *. 'AAA6<0: ?asta ahora, en la mayoría de los países, la
transición ha consistido solo en haber superado el punto de partida. La consolidación es
el punto de llegada, %ue est" en construcción.
Como parte de su consolidación, y de su #ustificación, hemos dicho %ue la democracia
tiene %ue 7democrati&arse8, %ueriendo indicar con esto %ue necesita hacerse m"s
participativa, sin de#ar de ser representativa. ?acerse m"s participativa no representaría
otra cosa %ue la recuperación de uno de sus atributos originales, %ue fue perdiendo en la
medida de %ue se ampliaba, integrando sectores poblacionales antes ecluidos. $l
sufragio universal, incluyendo el voto femenino, terminó por consolidar la perspectiva de
la representación, %ue ya se había impuesto por necesidad operativa y política. Como la
E
participación directa de los ciudadanos sólo era posible en espacios geogr"ficos y
políticos reducidos, con la ampliación de la democracia la participación ciudadana tenía
%ue hacerse de forma indirecta a través de personas %ue recibieran un mandato epreso,
por un tiempo determinado, para %ue decidieran y actuaran en nombre de los
representados. A través de las elecciones, el pueblo, a %uien se consideraba poseedor del
derecho originario para tomar las decisiones políticas m"s importantes, determinaba
%uienes debían asumir el poder político del $stado, para gobernar y decidir en su nombre.
Con el tiempo, y con escasas instituciones mediante las cuales los ciudadanos pudieran
participar, por lo menos en la elaboración de las decisiones políticas %ue los afectaban y
%ue tomaban sus representantes, así como mecanismos %ue les permitieran solicitar
rendición de cuentas a éstos, las elecciones terminaron por representar el mecanismo
tradicional de la participación de la ciudadanía en los eventos de interés público y
político.
Como bien se ha afirmado, 7La idea de representación mediante elecciones periódicas
solo puede convertirse en algo tangible en la medida en %ue la libertad de acción de los
representantes esté #urídicamente limitado a los deseos de los representados F el
electorado 2 y siempre %ue los representantes dispongan de recursos para eigir %ue se
respeten sus deseos 8 9=on&alo y Ge%ue#o,'AAB63-:
Según la teoría de la representación política, ésta se sustenta en tres premisas
fundamentales6 %ue los legisladores, en cuanto representantes de los ciudadanos, deben
ser receptivos a las opiniones de %uienes los eligieron1 %ue mediante la rendición de
cuentas responden por sus actos, y %ue llegado el momento los representantes pueden ser
destituidos por los representados. Los partidos políticos, %ue tienen asignados de manera
pr"cticamente eclusiva la función de la representación política de los ciudadanos, han
reducido considerablemente la receptividad de los pareceres de la ciudadanía y la
rendición de cuentas, por lo cual la teoría de la representación es cuestionada, dando
B
lugar a una mayor demanda por el establecimiento de vías complementarias para la
participación ciudadana.
La distorsión de la idea original de la representación en la democracia es lo %ue ha
provocado el surgimiento de un movimiento de toma de conciencia de %ue hay %ue
recuperar la dimensión participativa de la democracia estableciendo instituciones %ue
permitan al ciudadano participar en la elaboración y e#ecución de las decisiones %ue los
afectan, tanto en el "mbito nacional como en el local, así como mecanismos %ue permitan
evaluar el desempe(o de las autoridades, antes de %ue llegue el período de las elecciones.
)na democracia %ue %uiera recuperar su dimensión disminuida de participación,
adicion"ndola a la dimensión representativa consolidada, debe establecer mecanismos
%ue promuevan y viabilicen la participación de la ciudadanía organi&ada, eistiendo ya en
algunas constituciones y sistemas políticos instituciones y mecanismos en ese sentido.
Cuando en la democracia la participación no se limita tan solo a tomar parte en la
elaboración de las decisiones, correspondiéndoles tomarlas solo a las autoridades
facultades para ello en la constitución y las leyes, sino %ue se le reconoce al pueblo en su
totalidad, en el "mbito nacional, o a determinados organismos sociales y políticos en el
"mbito local, el derecho a debatir y a decidir mediante una consulta reali&ada con esta
finalidad, estamos en presencia de una democracia %ue est" recuperando y privilegiando
su perspectiva participativa y deliberativa. Las elecciones periódicas siguen siendo uno
de los mecanismos de participación masiva de la ciudadanía %ue debe mantenerse y
perfeccionarse, de manera %ue las autoridades %ue asumen los distintos cargos en el
sector público reciban un mandato eplícito del pueblo a través de las urnas.
La separación de las elecciones !residenciales de las Congresionales y *unicipales
pueden ser un mecanismo motivador de la participación, sobre todo si se une a la
eistencia de Circunscripciones o 4istritos $lectorales, en las segundas de estas dos
consultas electorales. La separación entre estas elecciones, adem"s de evitar el 7arrastre8
A
%ue supone la figura del candidato presidencial sobre todos los otros candidatos cuando
est"n unidas, propicia una nueva relación entre candidatos y partido, y entre electores y
autoridades elegidas, en especial si éstas optan luego por la repostulación. $l monopolio
de los partidos en la presentación de los candidatos al electorado tiene %ue tomar en
cuenta, entonces, los candidatos con mayores posibilidades de triunfo en cada
demarcación electoral. >o es cuestión de poner como candidato a %uien tenga m"s
méritos a lo interno del partido, sino a %uien pueda ganar en competencia con los dem"s
candidatos. Si a la separación entre las elecciones !residenciales y las Congresionales y
*unicipales, con las Circunscripciones o 4istritos $lectorales, se agrega el voto
preferencial, en un sentido amplio o restringido, con listas de candidatos abiertas o
cerradas, tendríamos un mecanismo %ue puede ser altamente motivador y facilitador de
una participación m"s determinante de los ciudadanos en la elección de sus autoridades.
+tras formas de incentivar y posibilitar una mayor participación y deliberación de la
ciudadanía en los asuntos %ue les afectan y conciernen, son las instituciones del
referéndum y del plebiscito. $l primero entendido como una consulta directa al pueblo
sobre asuntos estrictamente #urídicos, como sería la aprobación o no de una reforma
constitucional por el Congreso convertido en asamblea revisora1 y el segundo como
consulta directa a los electores respecto a asuntos de naturale&a política, como, por
e#emplo, decidir en relación a la forma de gobierno %ue debe adoptar el $stado. Ambos
representan reconocerle el poder de decisión al pueblo, en asuntos trascendentales, en el
referéndum sobre asuntos de naturale&a #urídica y en el plebiscito de naturale&a política
9@or#a,'AAE6E,-: La revocación del mandato a las autoridades, así como la
complementariedad a la representación de los partidos políticos por representantes de
otros sectores en una Asamblea Constituyente son formas de participación deliberativa,
como lo son también los presupuestos participativos establecidos en =obiernos Locales
de algunos países.
'-
Al fortalecimiento de la democracia le favorece, tanto la institucionali&ación de
mecanismos para %ue los diversos sectores de la sociedad hagan conocer sus pareceres a
las autoridades facultadas para tomar sus decisiones, como a%uellas instancias de
consulta para %ue sea el pueblo el %ue directamente decida.
La dr"stica pérdida de popularidad de gobiernos recién electos y los períodos de
inestabilidad social y política %ue cada ve& con m"s frecuencia est"n ocurriendo en
distintos países, evidencian %ue la democracia tiene en la gobernabilidad uno de sus
grandes desafíos.
La gobernabilidad tendr" tantos significados como las perspectivas o variables sobre las
cuales fi#emos nuestra atención. !uede referirse a la funcionalidad de la democracia y de
sus instituciones1 a la capacidad de gobernar del !oder $#ecutivo 9del gobierno:1 a la
eistencia o no de acuerdos b"sicos entre las fuer&as políticas %ue permitan la resolución
de conflictos, o una cultura política compartida %ue la facilite1 puede referirse también a
la capacidad del sistema político de satisfacer, de manera oportuna, las epectativas y
demandas de los ciudadanos y de sus organi&aciones. 4e lo anteriormente se(alado, la
gobernabilidad hace referencia al funcionamiento de un con#unto de variables y factores
significativos del sistema político y de la democracia. $staremos en condiciones de
entender la gobernabilidad, y fortalecerla, sólo en la medida %ue la veamos como el
resultado del funcionamiento adecuado de esos factores y variables, dentro de los cuales
hay %ue destacar como fundamentales los se(alados a continuación.
Hariables de orden político2institucional, referidas a la funcionalidad de la democracia y
sus instituciones, a la relación entre los !oderes del $stado y a la capacidad institucional
para la resolución de conflictos.

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Hariables de orden económico, centradas en procurar el desarrollo en ve& del simple
crecimiento, así como la capacidad económica del $stado y el nivel de pobre&a y
desempleo.
Hariables de orden social, %ue hacen alusión a las epectativas de los ciudadanos y de las
organi&aciones sociales, y a la deuda social acumulada.
Conforme a esta visión multifactorial de la gobernabilidad en la democracia, debemos
entenderla como la capacidad general del sistema político para articular las demandas de
la ciudadanía y resolverlas con oportunidad, por el funcionamiento eficiente y efica& de
sus instituciones fundamentales. 4e forma particular y concreta, se manifiesta en la
capacidad del =obierno de canali&ar y satisfacer los interese y demandas de la sociedad,
para lograr el desarrollo económico2social y la consolidación de la democracia
9Ioribio,0---6B:
?asta época reciente el establecimiento y desarrollo de la democracia dependían de
forma preponderante, y casi eclusiva, de los actores tradicionales en el sistema político
y, de manera especial, de los partidos políticos. Sin embargo, en la fase de transición
hacia la democracia de los regímenes militares en América Latina, y del socialismo real
en $uropa, pudo apreciarse, desarrollando un rol de gran importancia, a organi&aciones
no partidarias, pero de gran compromiso y responsabilidad políticas, %ue #unto a los
partidos políticos luchaban a favor de un régimen político de corte democr"tico, donde
imperara el estado de derecho, y se preservaran las libertades y los derechos de los
ciudadanos, adem"s de la reali&ación de elecciones libres para la determinación de las
personas %ue asumirían el e#ercicio del poder. Sobrepasada la fase de transición, llega la
democracia a la fase de su consolidación debiendo ser m"s integradora e inclusiva, así
como mucho m"s eficiente en proporcionar mayor bienestar material y espiritual a los
ciudadanos, y en esta fase cualitativamente superior de la democracia la Sociedad Civil
se ha venido consolidando como un actor esencial. Con funciones y propósitos diferentes
'0
a los partidos políticos contribuyen, de manera complementaria, a asegurar la
gobernabilidad, la democrati&ación de la democracia, así como una mayor eficiencia y
eficacia de sus instituciones fundamentales. !or otro lado, colabora de forma solidaria
con el $stado al asumir la solución de problemas %ue afectan a determinados grupos de
poblaciones o participando en la provisión de algunos servicios sociales. $l reclamo por
la preservación de la institucionalidad democr"tica, la formulación de demandas y de
propuestas, y la articulación de intereses de los ciudadanos %ue no se sienten plenamente
identificados con los partidos políticos, son algunas de las formas a través de las cuales la
sociedad civil colabora en la consolidación de la democracia.
II. Sobre los 'arti$os 'ol&ti"os
Como ha %uedado claro, eiste una aceptación común en torno a la democracia como
forma de gobierno, pero es innegable su debilidad actual en la mayoría de los países de la
región latinoamericana. Situaciones como el incremento de la pobre&a, la mala
distribución del ingreso, la concentración de la ri%ue&a, el aumento de la corrupción
política y administrativa, las tensiones entres civiles y militares en buena parte de los
países, la precariedad en la administración de #usticia, en la defensa de los derechos
humanos y la marginación, entre otros, le restan legitimidad, y hacen imperante
encontrar salidas %ue contribuyan a profundi&arla a nivel hemisférico. $n este conteto,
el fortalecimiento de los partidos políticos latinoamericanos debe ocupar un lugar
prioritario en el arraigo y consolidación de las instituciones democr"ticas, pues sus
funciones son inherentes e indispensables para el buen desempe(o de las instituciones
políticas.
La ese#"iali$a$ $e los 'arti$os 'ol&ti"os
$sta breve refleión parte de la base de %ue la democracia en su dimensión tanto
representativa como participativa es inconcebible sin partidos políticos. Aún m"s, las
'3
epresiones de progresión democr"tica, tanto ideales como reales, tampoco pueden
prescindir de estas organi&aciones políticas. Los partidos son esenciales en el
reclutamiento y en la selección de candidatos para los cargos de elección popular, en la
organi&ación del proceso electoral, en la consecución del apoyo político necesario para
determinados programas de políticas públicas, en la agregación de los intereses y de las
preferencias ciudadanas, en la conformación de los gobiernos, y en los acuerdos
producto del tr"mite legislativo. 9!ayne, et al. 0--06 '0E: Adicionalmente, resultan
indispensables para el e#ercicio de la oposición a las estructuras formales de gobierno.
$ste planteamiento articulador del sentido y la lógica de los partidos políticos puede verse
como el resultado de la refleión acumulada de incontables estudiosos de esta modalidad
organi&ativa de la epresión de los intereses públicos.
=iovanny Sartori definió genéricamente los partidos políticos como las organi&aciones
capaces de conseguir, a través de las elecciones, los cargos públicos. )na de sus tareas
m"s importantes es organi&ar la competencia electoral para definir los gobernantes, y
determinar la tendencia política %ue ha de tener un nuevo gobierno. $n ese sentido, los
partidos se constituyen en organi&aciones electorales, estructuradas alrededor de un
programa político %ue presenta a los individuos encargados de competir por el acceso a
los cargos públicos, a la ve& %ue aglutina a los ciudadanos para %ue respalden sus
propuestas de gobierno. !ara cumplir con su función electoral, los partidos deben contar
con una estructura interna, con estatutos %ue regulen sus procedimientos y definan la
forma como toman las decisiones, con la selección de candidatos, con una estrategia a
seguir durante el proceso proselitista, así como con una base program"tica %ue oriente su
actividad y alrededor de la cual se adhieran sus simpati&antes.
Según *ainJaring y Scully 9'AA,6 3: en las democracias de masas, los ciudadanos se
basan en símbolos y organi&aciones para orientar su hori&onte conceptual2 ideológico.
$n este sentido, sería imposible arrancar una elección de cero, sin rótulos partidistas, en
la medida en %ue éstos deben operar como el elemento de identificación y cohesión de
';
los seguidores frente a los candidatos, si importar %ue tipo de neos tienen con otro tipo
de organi&aciones o movimientos sociales.
La función electoral de los partidos políticos es complementada por su papel como
principales agentes de la representación. $sto implica %ue estas organi&aciones deben
lograr la agregación de intereses de los diversos adherentes a su posición, conformando
consensos lo m"s amplios posibles con el fin de ganar una elección. 9Gial 'AA,6 B;:
$ntre sus funciones est"n sumar y articular los intereses plurales y las epectativas
ciudadanas diversas para convertirlas en políticas públicas 9Leiras 0--06 '-: Así, los
partidos est"n encargados de canali&ar y recoger las distintas epresiones políticas
eistentes en una sociedad comple#a para llevar los intereses ciudadanos a las instancias
decisorias.
Cunto con su función electoral y de representación, los partidos est"n estrechamente
ligados a la gobernabilidad democr"tica entendida como la capacidad para tomar e
implementar decisiones a través de un proceso abierto y democr"tico %ue responda
adecuadamente a los problemas sociales y económicos %ue enfrenta un país 9!ayne, et al
0--06 'A-: $n ese sentido, en los sistemas presidenciales, la capacidad de los gobiernos
para desarrollar e implementar las políticas públicas, va de la mano con sus relaciones
con el Congreso. La presencia, de bancadas de partidos m"s o menos disciplinadas
dentro del órgano legislativo contribuye en forma significativa al desarrollo de los
programas de gobierno. 4e igual manera facilitan el e#ercicio de una oposición crítica y
coherente frente a las iniciativas gubernamentales, fortaleciendo así el funcionamiento del
sistema político democr"tico. !or el contrario, la eistencia de partidos fragmentados e
indisciplinados hace difíciles la relaciones entre el Congreso y el e#ecutivo, en la medida
en %ue el legislativo en su con#unto es incapa& de emprender acciones colectivas %ue
e%uilibren los poderes del presidente. 4e ahí %ue se llegue a situaciones de par"lisis
institucional e inmovilismo político o a %ue el presidente tenga %ue recurrir a
negociaciones individuales y poco transparentes para sacar adelante sus programas de
gobierno.
',
$n términos generales, los partidos latinoamericanos distan mucho de cumplir a
cabalidad con las funciones, %ue de acuerdo con la teoría política les corresponden en los
sistemas democr"ticos. Sin embargo, la forma como operan y las particularidades del
sistema de partidos siguen teniendo un gran impacto sobre el funcionamiento general de
la política. Según, *ainJaring y Scully %uienes han inspirado buena parte de la reciente
refleión sobre sistemas de partidos y gobernabilidad democr"tica, en el traba#o
promovido por el @anco 5nteramericano de 4esarrollo, @54, y el 5nstituto 5nternacional
para la 4emocracia y Asistencia $lectoral, 54$A, tres características principales
moldean el impacto de los partidos sobre la gobernabilidad democr"tica6 ': su nivel de
institucionali&ación1 0: su grado de fragmentación1 y 3: su grado de polari&ación
'
. 9!ayne
et al 0--06 '0<:
$n cuanto a la primera dimensión, los sistemas de partidos pueden considerarse
institucionali&ados cuando eisten patrones de competencia interpartidista m"s o menos
estables. Los partidos tienen bases sólidas y arraigadas de apoyo social, y en teoría, #unto
con las elecciones, son vistos como los únicos instrumentos legítimos para determinar
%uien gobierna. Adem"s, en la perspectiva ideal, se caracteri&an por tener estructuras,
reglas y normas con niveles ra&onables de estabilidad.
La institucionali&ación se puede ver en dos dimensiones. 4e una parte, a nivel intra
partidista, al tener en cuenta la eistencia de reglas de #uego %ue estable&can la solide& de
la organi&ación. 4e otra parte, a nivel interpartidista, en la eistencia de una ley de
partidos %ue sea acogida por los diversos componentes de la competencia por el poder
formal. Lo importante es disponer de leyes efectivas provistas de la capacidad de
enfrentar circunstancias de indisciplina y anar%uía partidaria a pesar y respecto del
número de partidos eistente en cada país. $sto supone la eistencia de una cultura
'
$l grado de polari&ación esta relacionado con la distancia ideológica %ue hay de un partido a otro. 4e
acuerdo con *ainJaring y Scully 9'AA,:, la polari&ación genera problemas en la gobernabilidad
democr"tica.
'<
política en la cual la estructura estatal posea el reconocimiento y la aceptación por parte
de la población, en consecuencia con sus niveles de autoridad, basados en la aplicación
indiscriminada de las normas partidistas.
$l proceso político es m"s predecible en a%uellos casos en donde los partidos est"n
institucionali&ados. Adicionalmente, debe eistir un control sobre las personas %ue
pueden aspirar a los cargos públicos, atenuando los riesgos de opciones personalistas %ue
atentan contra la cohesión de los partidos. Iambién la eistencia de sistemas de partidos
institucionali&ados facilita la canali&ación de las demandas políticas y contribuye a
moldear y a mane#ar los conflictos sociales. Adem"s, propician el e#ercicio de la
rendición de cuentas en la medida en %ue es m"s f"cil hacer visible y reali&ar un
seguimiento de unos cuantos partidos, %ue de múltiples de candidatos individuales.
9*ainJaring y Scully 'AA,6 0'20,:.
Siguiendo a estos autores 9'AA,:, la institucionali&ación de un sistema de partidos es m"s
viable cuando hay menor fragmentación y cuando la distancia ideológica entre ellos no es
tan alta. 4e acuerdo con estos epertos, la fragmentación es m"s problem"tica en los
sistemas presidenciales %ue en los parlamentarios, pues en los primeros no eisten los
mecanismos institucionales para crear coaliciones %ue tienen los segundos. Así mismo,
una mayor distancia ideológica dificulta la generación de apoyos dentro de los congresos.
La segunda dimensión se(alada por el reciente estudio del @54 y el 54$A, corresponde al
grado de fragmentación en los partidos políticos y se refiere al número de organi&aciones
%ue componen el sistema de la competencia interpartidista
0
. !ara %ue un sistema de esta
naturale&a sea competitivo a cabalidad, debe contar con al menos dos partidos
significativos. $n los sistemas bipartidistas el grado de fragmentación es ba#o mientras
%ue en los multipartidistas es alto. $sta m"ima, resultante del pensamiento ya cl"sico de
=iovanni Sartori, para los autores de este traba#o, tiene una gran incidencia sobre la
0
Sobre la fragmentación ver6 =iovanni Sartori 9'AB-:.
'E
capacidad de los gobiernos para for#ar coaliciones y sobre el desarrollo de las relaciones
entre las ramas legislativas y e#ecutivas de los países.
La fragmentación de los partidos políticos también debe tenerse en cuenta en el nivel
intra partidista. Allí se epresan tres factores determinantes principales. $n primer lugar,
la fragilidad en el lidera&go político de la organi&ación, por causa de la cual no se da una
capacidad organi&ativa a través de pautas disciplinarias y de es%uemas de
comportamiento claros para la membresía. $n segundo lugar, la ausencia de líneas,
pautas y elementos ideológicos de car"cter general para la totalidad de los miembros de la
organi&ación. !or último, en tercer lugar, la imposibilidad y la dificultad de %ue esas
ideas se refle#en en estructuras program"ticas %ue satisfagan a todos los adherentes a la
organi&ación partidaria. )n e#emplo dram"tico de la fragmentación intra partidista es el
caso del !artido Liberal colombiano en donde eiste una sumatoria de pe%ue(as #efaturas
a nivel de provincias o feudos electorales, m"s conocida como las microempresas
electorales. 9!i&arro y !achano, 0--0:
La tercera dimensión se(alada por el estudio del @54 y el 54$A es el grado de
polari&ación eistente en el sistema de la competencia interpartidista. $sta dimensión
alude a las diferencias eistentes entre partidos respecto a su ideología política y a sus
bases sociales de apoyo político. Los sistemas de partidos polari&ados tienden a generar
grandes dificultades en la gobernabilidad democr"tica, pues la formación de coaliciones
interpartidistas y de acuerdos %ue faciliten el traba#o legislativo tiende a minarse. !or lo
general en contetos de alta polari&ación, las posturas etremas entorpecen el desarrollo
de los gobiernos de centro pues su ubicación en el medio del continuum ideológico se
presta para la creación de alian&as y coaliciones %ue no alcan&an a ser representativas de
una forma de gobierno soportada en sólidas estructuras partidarias. Alternativamente se
crean amalgamas coyunturales y transitorias %ue no son entendidas ni acogidas
claramente por las epectativas de la militancia, ni de la opinión pública potencialmente
movili&able para sustentar esos proyectos políticos. $n la realidad latinoamericana
'B
reciente, han sido diversas las circunstancias %ue han impedido %ue programas de corte
social2demócrata se puedan llevar a cabo, de acuerdo con los pronunciamientos de
campa(a %ue #ustamente llevaron a la victoria electoral. $n $cuador, est" el e#emplo del
gobierno del presidente Godrigo @or#a %uien, por causa del multipartidismo eistente
mientras gobernaba, fue víctima de estrategias desarrolladas por sus adversarios políticos,
%uienes a través de alian&as y coaliciones impidieron la implementación de las políticas
de gobierno %ue #u&gaban peligrosas y contrarias a sus principios filosóficos. Así, un
gobierno %ue en campa(a propuso un proyecto social2demócrata, acabó gobernando en
forma muy distante de los postulados %ue le dieron la victoria electoral. +tro caso
significativo lo refle#a la eperiencia del epresidente colombiano $rnesto Samper, %uien
no pudo implementar su programa de gobierno de corte neo2estructural frente a la brusca
interferencia de la necesidad de defenderse de los se(alamientos %ue cuestionaban la
legitimidad de su victoria electoral, por haber sido financiada su campa(a con dineros del
narcotr"fico. $l resultado de estas fallidas eperiencias, se epresa en la agudi&ación de la
crisis de gobernabilidad.
?asta el momento se han se(alado algunos elementos atinentes al papel ideal %ue deben
#ugar los partidos políticos como articuladores y canali&adores de las demandas frente al
$stado. Así mismo se han considerado varios criterios útiles para se(alar el nivel de
afectación de los partidos políticos en la gobernabilidad democr"tica. A continuación se
considerar" el impacto de la comple#i&ación de la sociedad en la agudi&ación de la crisis
de los partidos políticos latinoamericanos.
Erosi(# $e los 'arti$os 'ol&ti"os % sur)i!ie#to $e #ue*as for!as $e re'rese#ta"i(#
Si bien eiste un consenso generali&ado entre los académicos en torno a la esencialidad
de los partidos políticos para el buen funcionamiento de los sistemas democr"ticos en la
epresión de la política real de la mayoría de los países de la región, cada ve& es menor su
relevancia en el desarrollo del proceso político. Su importancia marginal en la política, a
'A
partir de la segunda mitad del siglo KK, es #ustamente uno de los principales problemas
%ue enfrentan la mayoría de los sistemas políticos de América Latina.
La crisis de los partidos esta asociada con su creciente incapacidad para articular y
representar a los distintos sectores de la sociedad y la consiguiente pérdida de
credibilidad y legitimidad frente a la ciudadanía. La crisis de representatividad se
evidencia en la fragmentación de los sistemas de partidos, en la inestabilidad de los
patrones de resultados electorales, en la erosión de los lidera&gos partidistas y, sobre todo,
en la incapacidad de articular y canali&ar las demandas y las preferencias ciudadanas. $n
esa medida, en términos generales, en Latinoamérica, los partidos políticos hacen ya
décadas de#aron de ser el canal de intermediación de los intereses ciudadanos frente al
$stado.
$n buena medida, la crisis de los partidos se atribuye a su incapacidad de adaptarse a los
cambios en las estructuras sociales, así como a la paulatina erosión del $stado como
principal agente regulador de la sociedad. Las privati&aciones y la reducción del tama(o
del $stado en términos de nómina y de gasto público, le restó relevancia a los partidos
políticos como intermediaros entre el individuo y la sociedad en la medida en %ue el
control y la distribución de los recursos y los beneficios estatales eran dos de las
principales vías de incorporación de la sociedad a la esfera de los partidos políticos.
La comple#i&ación %ue acarrean los grandes procesos de transformación de las estructuras
sociales, tales como la seculari&ación, la urbani&ación, y la globali&ación se han
constituido en el caldo de cultivo para la proliferación de todo tipo de es%uemas
organi&ativos y de acción colectiva ba#o una lógica corporativa %ue buscan la solución de
problemas compartidos por los afiliados a cada una de estas nuevas formas de acción. La
eficiencia y funcionalidad %ue hasta hace unas pocas décadas representaban las
asociaciones de interés o grupos de presión, en el marco del corporativismo se vio
comple#i&ada por la aparición y epansión desmedida de incontables formas organi&ativas
0-
de acción y epresión colectiva, las cuales han venido dificultando el potencial
organi&ativo y movili&ador de los partidos políticos. Los individuos encuentran en esta
heterogeneidad venta#as y posibilidades m"s inmediatas y tangibles %ue las %ue les ofrece
su adhesión a los partidos políticos. $sta atomi&ación y fragmentación de la esfera de la
sociedad civil, #unto con las posibilidades de pertenencia simult"nea a diversas
organi&aciones facilita el acceso a soluciones r"pidas y puntuales %ue los partidos no
pueden ofrecer. Se ha llegado inclusive a la creencia errónea de %ue esta nueva
posibilidad ser" el factor determinante del debilitamiento de los partidos políticos. Las
encuestas de opinión pública de los últimos a(os, tanto a nivel nacional como
internacional, corroboran reiteradamente la pérdida de credibilidad de los partidos y por
ende se constituyen en los portavoces de su incapacidad. !ero no se entiende %ue sea
precisamente esta atomi&ación 2 en un "mbito de antipolítica y desafección con las
entidades políticas tradicionales entre las cuales sobresalen los partidos2 la %ue atenta
contra la progresión democr"tica y contra la posibilidad de %ue sea esta modalidad ideal
de régimen político la %ue #alone el futuro de América Latina. Iampoco se entiende %ue
es esta fragmentación el principal impedimento para la construcción de los consensos
re%ueridos en el marco de una sociedad plural e igualitaria.
A%uí los medios masivos de comunicación ad%uieren una alta cuota de responsabilidad
en lo atinente a posibilitar un clima favorable a la posibilidad, por un lado, de %ue los
partidos políticos puedan competir en igualdad de condiciones y, por el otro, de %ue
puedan entrar a recuperar la credibilidad perdida. *ientras los medios continúen
incidiendo significativamente en la definición de las candidaturas electorales y en la
fi#ación de los programas y agendas de gobierno, los partidos políticos seguir"n
condenados al descrédito y a la desconfian&a.
Los medios también tienen mucha responsabilidad en el surgimiento de opciones
políticas ale#adas y a veces enemigas de los partidos políticos %ue basadas en
personalidades totalmente inepertas en el mane#o de los asuntos públicos y provistas de
0'
recursos ligados al mane#o de la imagen y el carisma personal se constituyen en
alternativas muy costosas para el e#ercicio de la gobernabilidad y de alta incidencia en la
negación de esta vo&, es decir, el aumento de la ingobernabilidad. Surge así el 7outsider8
%ue se presenta como una persona a#ena al establishment político tradicional 9Gial 'AA,6
B3: $ste acaba benefici"ndose del papel, cada ve& m"s importante, %ue #uegan los medios
masivos de comunicación en la política, pues le abren un canal epedito para llegar, de
manera superficial, ligera y enga(osa, a casi todos los rincones de la opinión pública sin
la necesidad de contar con una organi&ación partidista fundamentada ideológica y
program"ticamente.
$ntonces con el concurso de los medios, la precariedad de la cultura política
latinoamericana se intensifica aún m"s en dos dimensiones6 !rimero se desconoce el
cúmulo de re%uisitos %ue debe tener un gobernante en las actuales circunstancias %ue vive
la región. La noción de statesmanship, #unto con los tres elementos %ue encierra esta vo&
sa#ona F$stado, hombre y acción de2 se tergiversa y %ueda relegada. Sin saberlo, seducido
por las características nuevas y atractivas del outsider Fcual%uiera %ue ellas sean2 el
elector ingenuamente abre las puertas para %ue el gobierno sea e#ercido por individuos
inepertos e ignorantes de las comple#idades inherentes a la cosa política. Segundo, esta
banali&ación de la política incide significativamente en la fuer&a de la desafección y la
antipolítica ya mencionadas. La población acaba ale#"ndose de la posibilidad de
revindicar su derecho de actuar políticamente. Cree torpemente %ue su desprecio por la
política es encomiable y acaba de#ando el mane#o del $stado en manos de los políticos
tradicionales reprobables, %ue de otra manera hubieran podido ser relegados por causa de
una sanción cívica y ciudadana. 4e acuerdo con Gial 9'AA,6 B;:, los efectos de estas
nuevas formas de hacer política se relacionan con la crisis de los partidos. Se acentúan las
formas de democracia semidirecta %ue ponen en cuestión la acción de estas
organi&aciones intermediadoras de la sociedad civil. $n esa medida resulta cada ve& m"s
cercano el riesgo de %ue el ciudadano se enfrente con consultas dirigidas en la forma de
plebiscitos o referendos, para avalar proyectos y estrategias políticas incomprensibles
00
para su eiguo nivel de conocimiento y ale#"ndose de la posibilidad de ser participe de la
construcción de los consensos re%ueridos en un régimen democr"tico.
Los distintos argumentos en torno a la crisis de los partidos políticos convergen en tres
aspectos6 la desideologi&ación, la desmovili&ación y la erosión de su identidad colectiva.
9Gamos 'AAA6 B': $n primer lugar se habla de la desideologi&ación de los partidos
políticos no solo en relación al desgaste de la base doctrinaria %ue les permitía establecer
un proyecto político diferenciable y reclutar afiliados. A pesar de ser este un hecho %ue ha
contribuido a creer %ue ahora 7todos los partidos son iguales8, el debilitamiento de
muchos de los discursos cargados de beligerancia y de una mística reaccionaria Fen sus
manifestaciones m"s etremas2 antes %ue ser per#udicial, contribuye al fortalecimiento de
los valores democr"ticos. Al hablar de desideologi&ación se alude m"s directamente a la
pérdida de sustancia ideológica y teórica de los partidos políticos 9Sartorious, 'AA<6 ',:
Siguiendo la lógica ya casi paradigm"tica de la burocrati&ación 9Leber: o de la
oligar%ui&ación 9*itchels: de los partidos políticos es posible encontrar %ue, al
presentarse el giro hacía la supervivencia en la estrategia organi&acional, el pragmatismo
con el %ue debieron asumir su actividad condu#o a un debilitamiento de sus proyectos
políticos y posteriormente, a una homogeni&ación pr"ctica de los mismos. Iodo ello
como parte de un esfuer&o por apelar al grueso de los votantes moderados. $sta
tendencia, %ue por si sola resulta cuestionable, se tradu#o en la desaparición del proyecto
político como elemento central de la actividad partidista y consecuentemente, en la
pérdida de la credibilidad de la ciudadanía en estas instituciones.
$n segundo lugar, la crisis de los partidos políticos se ha caracteri&ado por el fenómeno
de la desmovilización. Como se se(aló arriba, en los sistemas políticos latinoamericanos
ha predominado, con pocas variaciones, el modelo bipartidista %ue oscila entre la derecha
conservadora, terrateniente y asociada a la institucionalidad religiosa y la i&%uierda
liberal, moderada y vinculada ideológicamente a los sectores populares y a una visión
secular del $stado. $sta din"mica mantuvo cierta constancia durante la mayor parte de la
03
vida republicana de los países de la región y, consecuentemente, dictó los par"metros de
actividad política de la mayoría de la población. Así, durante la parte m"s importante del
siglo KK, la filiación a un partido político era un aspecto fundamental en la vida de los
individuos1 un elemento %ue determinaba donde se vivía, con %uien sé interactuaba y el
tipo de epectativas %ue se podía tener frente al aparato estatal. Sin embargo, la
relevancia %ue tenía la filiación política en la cotidianidad no se correspondía con el
"mbito de in#erencia %ue tenían los afiliados sobre las iniciativas y las estrategias
emprendidas por los partidos. Los partidos políticos latinoamericanos Fde derecha o de
i&%uierda2 han sido tradicionalmente partidos de elite y sus bases, m"s %ue ser
copartícipes de un determinado proyecto político, eran mecanismos de validación
electoral y en algunos casos, pie de fuer&a. $n consecuencia, con el debilitamiento y la
perdida de los elementos ideológicos %ue antes permitían la diferenciación entre las
organi&aciones partidistas, la cohesión interna de estos entes se fracturó y los grupos de
base se desbandaron aceleradamente. $n la actualidad, la mayoría de los países de
América Latina tienen partidos políticos, pero cada ve& menos partidarios.
)n tercer y último factor %ue ha sido identificado como componente de la crisis de los
partidos políticos es la erosión de su identidad colectiva. 4e manera coherente con los
otros dos elementos se(alados en p"rrafos anteriores, este tercer tratado por Gamos,
componente se vincula directamente con el papel %ue cumplen los partidos políticos
como entes agregadores de la voluntad colectiva. $n este caso, la ya mencionada
multiplicación de las formas asociativas %ue componen el te#ido de la Sociedad Civil ha
tomado como punto de partida formas o identidades colectivas de clase, religión, etnia y
familia %ue resultan mucho m"s atractivas para la ciudadanía la cual, de acuerdo a las
últimas mediciones de opinión publica, se encuentran en los m"s ba#os pelda(os de la
#erar%uía de confian&a y legitimidad.
3
$n sí, la erosión de la identidad colectiva se
evidencia, como ya se di#o, en la proliferación de nuevas formas de identidad
3
Según las dos m"s recientes mediciones de Latinobarometro 90--' y 0--0: reali&adas en diecisiete países
de América Latina, respectivamente el <0. y el ,0. de la muestra agregada no confían en los partidos
políticos ni en su representación en las corporaciones públicas de nivel nacional.
0;
transectorial %ue pueden resultar menos obligantes y m"s compatibles con la
individualidad del ciudadano.
La evidencia resulta contundente e inevitable, la crisis de los partidos políticos
latinoamericanos es inocultable. >o obstante, el se(alamiento de esta realidad est" le#os
de significar %ue los partidos políticos no son indispensables para la democracia.
4os consecuencias de gran importancia para el con#unto del sistema político se derivan
de la crisis a la cual asisten la mayoría de sistemas de partidos de la región. $n primer
lugar, producto de la fragmentación partidista y del desprestigio de los partidos
tradicionales, los personalismos cada ve& #uegan un papel m"s importante y nocivo en el
proceso electoral. Los partidos eistentes han ido perdiendo la capacidad para e#ercer un
control sobre los candidatos %ue compiten por los cargos de elección popular, de suerte
%ue utili&an únicamente el rótulo partidista para presentarse ante la ciudadanía, pero con
escasa coincidencia program"tica con el partido, y con los dem"s candidatos afiliados a
la colectividad. Los resultados son la fragmentación y la anar%uía en la movili&ación y el
reclutamiento %ue, a su ve&, acrecientan. el debilitamiento de la organi&ación y en general
del sistema de competencia interpartidista. $n segundo lugar, y sin importar si se trata de
buenas opciones gubernativas, los partidos actuales est"n siendo reempla&ados por entes
suprapartisistas %ue se ufanan de haber captado el apoyo determinante de masas de
seguidores independientes %ue, precisamente por tener este vago car"cter en su
identificación política, no les permiten mane#ar una membresía clara, medible ni estable.
!ero peor aun, tampoco les permiten actuar en consecuencia con el sentido y la lógica
del 7binomio gobierno2oposición8. Si est"n en el gobierno, se tendr"n %ue enfrentar a una
oposición carente de contrincante ubicable, y si est"n en la oposición, carecer"n de los
elementos re%ueridos para significarle algo a sus seguidores y miembros potenciales.
III. Sobre la So"ie$a$ Ci*il
0,
Se parte de la consideración de la Sociedad Civil como un hecho %ue tiene, adem"s, una
gran importancia en la fase de consolidación de la democracia. Como hecho y como un
dato de la realidad es susceptible de interpretación, pero no de negación. Su eistencia y
actuación est"n ahí, lo %ue cabe entonces es la discusión y el an"lisis sobre causas,
motivaciones, #ustificación de, su naturale&a, las funciones y roles %ue le corresponde
#unto a los dem"s actores %ue interactúan en el sistema político.
*ientras %ue para algunos autores la Sociedad Civil no eiste por%ue %uien e#erce la
ciudadanía, es el ciudadano de manera individual, otros llegan a considerarla como 7la
última ideología del siglo 8. Iantas alaban&as ha recibido compar"ndola con los
partidos políticos y present"ndola como depositaria de la virtud política y poseedora de
la m"s elevada conciencia ética, %ue le ha hecho epresar a la investigadora meicana
Soledad Loae&a %ue 7la Sociedad Civil le da miedo8. !ara otros, sin embargo, la
Sociedad Civil, como es el caso de >éstor =arcía Canclini, representa, 7una nueva fuente
de certe&as en este tiempo de incertidumbre8 9?engstenberg, Mobut y *aihold,'AAA6'0:.
Iampoco faltan %uiénes la han visto como un instrumento de vigencia política de la
i&%uierda, después de haber perdido sus opciones políticas tradicionales, así como un
recurso de los grupos económicos para mantener vigencia y participación en la política.
?ay también %uiénes la ven como una forma de ascenso a los cargos públicos sin utili&ar
a los partidos políticos.
?ay %uienes la aceptan y defienden por%ue puede representar el contrapeso entre el
$stado y el mercado, demandando y colaborando por lograr la solidaridad y la seguridad
no proporcionadas por el funcionamiento del mercado. $n este sentido, es una esperan&a.
Sus defensores m"s radicales, ante la disminución del nivel de credibilidad en los partidos
políticos, la han llevado a presentar como una posible alternativa. Sin embargo, la
mayoría de sus defensores la vislumbran como un actor complementario en el sistema
político, no sustituto de ningún otro.
0<
Iodas estas opiniones, a favor o en contra, representan la me#or evidencia de %ue la
Sociedad Civil es un hecho %ue puede ser interpretado, pero no negarlo. $sta Sociedad
Civil, hoy dada como un hecho, pero sometida a las m"s variadas interpretaciones, ha
recorrido un largo camino. Con sobrada ra&ón se puede decir %ue es 7un concepto
cargado de historia8 9Cortina,'AAB63,3: $l término se conoce por primera ve& en =recia
sin la distinción con %ue aparece hoy en relación a la sociedad política, en ra&ón de %ue la
!olis era una comunidad política y social a la ve&, donde la esfera de lo privado no era
diferente a la de lo público. Geaparece como tema importante en la discusión política en
los siglos KH y KH5 con la teoría del !acto Social. Según ésta, el hombre aparece en
sociedad por un acto voluntario para superar el estado de naturale&a donde se encontraba
en el %ue, según algunos, imperaba la lucha de todos contra todos y, según otros, se vivía
en pa& pero sin una seguridad institucional %ue la preservara. !or eso acuerdan crear la
sociedad6 para estar me#or de lo %ue estaban y para asegurarlo de forma institucional.
Algunos teóricos de esta corriente de pensamiento llegan a afirmar %ue el propio $stado
tiene su origen en un segundo pacto6 una ve& en sociedad, y para asegurar definitivamente
una me#or calidad de vida, se decide crear una entidad a la %ue se le confiere la
regulación de la sociedad y el comportamiento de los habitantes y de las organi&aciones,
confiriéndole el uso legítimo de la fuer&a para cuando fuere necesario. $n esta
argumentación la sociedad antecede al $stado y éste es creado para beneficio de a%uella.
4urante los siglos KH55 y KH555 lo %ue se entendía entonces como Sociedad Civil asumió
como contenido la defensa del individuo frente a la amena&a %ue representa la capacidad
interventora del $stado, ba#o una concepción autoritaria del poder. !ero como la lucha
contra el autoritarismo es desarrollada por la burguesía, %ue como clase busca su
predominio sobre la aristocracia, en esta época estamos frente a una sociedad civil de
naturale&a burguesa. Cuando la evolución política continúa y la defensa de los derechos
y las dem"s prerrogativas del individuo se ven desde una perspectiva m"s colectiva,
entonces se reclama la necesidad de reconocer y preservar los derechos sociales de los
ciudadanos. Así se consolida el $stado Social de 4erecho donde se promueve una
0E
legislación para la defensa de esta dimensión de los derechos de las personas y se reclama
al $stado la intervención necesaria para %ue se logre. $ntonces se le reconoce a la
Sociedad Civil la participación en este esfuer&o desde un "mbito de actuación diferente,
pero no opuesta del de la sociedad política.
*"s próimo a nuestro tiempo el concepto de Sociedad Civil pasó a tener un contenido
m"s ideológico %ue filosófico, como fue el caso del marismo %ue, con distintas
motivaciones, la podía considerar un instrumento en la lucha de clases por el poder o una
forma de vida ciudadana diferente y opuesta a la lógica del $stado y del mercado. $n la
actualidad, la Sociedad Civil se ha establecido como un actor importante en la
democracia, tanto en su fase de transición como en la de su consolidación, primero
anteponiéndose al $stado y a los partidos, y ahora tratando de asumirse, y de ser asumida,
como un actor complementario.
La So"ie$a$ Ci*il+ u# #ue*o a"tor
*as %ue un nuevo actor, la Sociedad Civil es un actor de hace mucho tiempo %ue reclama
ser aceptado como tal por los dem"s actores del sistema político. ?a estado presente,
concebida de manera diferente, desde =recia hasta nuestros días, habiendo incrementado
de forma significativa su vigencia y presencia en los asuntos de interés público y político
a raí& de la transición de regímenes autoritarios y democr"ticos en $uropa y en América
Latina, y de la definición en contenido y alcances de las funciones del $stado. Ahora, en
la fase de la consolidación de la democracia, reclama su reconocimiento como un actor
necesario y complementario. $ste reconocimiento le es cuestionado por los partidos
políticos, por el gobierno y otros órganos del $stado, mientras organismos tan
importantes en nuestra América Latina como la +rgani&ación de los $stados Americanos
9+$A: y el @anco 5nteramericano de 4esarrollo 9@54:, así como el @anco *undial y la
)nión $uropea, no solo la consideran como un actor importante en la democracia, si no
%ue la hacen su#eto de asistencia técnica y financiera por considerarla aliada estratégica
0B
en el fortalecimiento de la institucionalidad democr"tica y en la procura de un desarrollo
económico con rostro humano.
$n la Carta 4emocr"tica 5nteramericana hay referencias directas e indirectas a la
Sociedad Civil y a las organi&aciones ciudadanas %ue la conforman, así como el
se(alamiento de su importancia para la institucionalidad democr"tica, llegando
finalmente a considerarla como uno de los su#etos de sus programas y actividades. $n
uno de los apartados anteriores al articulado se epresa 7%ue el car"cter participativo de la
democracia en nuestros países en los diferentes "mbitos de la actividad pública
contribuye a la consolidación de los valores democr"ticos...8 ?ay una referencia m"s
directa en el artículo 0, al epresar 7... la democracia representativa se refuer&a y
profundi&a con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía...81 en el
, se(ala %ue 7el fortalecimiento de los partidos y de otras organi&aciones políticas es
prioritario para la democracia...8. $n el artículo 0E la considera un su#eto de sus
programas al consignar %ue 7los programas y actividades 9de la organi&ación: se dirigir"n
a promover la gobernabilidad, la buena gestión, los valores democr"ticos y el
fortalecimiento de la institucionalidad política y de las organi&aciones de la sociedad
civil...8 9+$A,0--'63,E:
!or su parte, el @anco 5nteramericano de 4esarrollo le asigna a la Sociedad Civil de
manera particular un rol de complementariedad en la moderni&ación del $stado y en la
consecución de un desarrollo sostenido y e%uitativo. $n su documento *oderni&ación
del $stado y Nortalecimiento de la Sociedad Civil, se epresa de la siguiente manera6 7La
*oderni&ación del $stado... implica a su ve&, un proceso complementario y recíproco de
fortalecimiento de la sociedad civil. >o hay $stado eficiente con una sociedad civil
débil. La fortale&a de la sociedad civil es condición efectiva para la vigencia de la
democracia y para alcan&ar un desarrollo sustentable y e%uitativo8 9@54,SON60,,:
0A
La consolidación de la Sociedad Civil como actor en el sistema político, adem"s de
importante, ha tenido, y puede tener aun m"s, una influencia renovadora. $n cierta
medida se había producido un cierto agotamiento en el %uehacer político, evidenciado en
haberse reducido la participación de la ciudadanía al momento de las elecciones, una
abstención creciente de los electores frente a las ofertas de los partidos y en la opinión
poco favorable de la ciudadanía respecto a los políticos, los partidos y la política,
eteriori&ada de forma reiterada en las encuestas políticas, tanto en el "mbito
latinoamericano en general, como por países individualmente considerados. Con la
presencia de la sociedad civil y la participación de las organi&aciones %ue la componen en
los asuntos públicos y políticos, %ue va desde el reclamo general al gobierno por el
respecto a la institucionalidad democr"tica, hasta la auditoría social a las autoridades en
sus e#ecutorias, la observación de las elecciones y la solución de problemas %ue a%ue#an a
una comunidad determinada. Se est" produciendo la 7ciudadani&ación de la política8,
concreti&ada en un incremento de la participación de los ciudadanos a través de las
organi&aciones en las %ue se agrupan. $sta participación ciudadana esta evitando 7la
privati&ación de la política8 en el sentido de no de#arla como tarea eclusiva de los
partidos políticos y de los políticos encuadrados en los partidos. La Sociedad Civil ha
permitido %ue ciudadanos %ue no ven en los partidos los instrumentos a través de los
cuales puedan participar en los asuntos de interés público y político, lo puedan hacer
desde las organi&aciones %ue la componen. 4e esta manera, la participación se amplía en
ve& de reducirse, pues no solo tiene %ue reali&arse a través de los partidos políticos.
Adem"s de lo anteriormente indicado, el incremento de la participación ciudadana, vía las
organi&aciones de la Sociedad Civil ha propiciado también una etensión de lo 7público8,
antes reducido a lo 7estatal8. Lo público ha de#ado de ser competencia eclusiva de las
autoridades gubernamentales como administradoras del $stado facultadas por la
ciudadanía, para ser un lugar de convergencia y colaboración entre las organi&aciones de
la Sociedad Civil y las autoridades públicas. $sta perspectiva de un mayor
involucramiento de los ciudadanos en los asuntos públicos cobra mayor fuer&a y
3-
potencialidad en el conteto del poder local, por representar el "mbito geogr"fico y
político m"s cercano donde los problemas y las decisiones le afectan m"s directamente,
ra&ón por la cual pueden estar mas motivados a participar en la solución de los primeros y
en la elaboración de las segundas, para posteriormente involucrarse en su e#ecución.
Se ha partido de %ue la Sociedad Civil es un hecho, y %ue como tal no puede ser negado,
pero si interpretado. Convendría, sin embargo, buscar las causas o ra&ones por las cuales
ha podido consolidarse como un actor importante dentro del sistema político en cada país.
?ay %ue empe&ar se(alando %ue una condición necesaria para la presencia y actuación de
la Sociedad Civil es %ue haya, de hecho o por derecho, una aceptación mínima de la
disidencia. $n los regímenes fuertemente autoritarios, cuando las organi&aciones %ue la
conforman son toleradas, deben dedicarse a actividades culturales, preferentemente,
nunca al cuestionamiento de las autoridades y de sus e#ecutorias. Aun en la fase de
transición, donde ha #ugado un rol de primer orden, su presencia y posibilidades de
actuación a favor de la democracia han sido posibles por el deterioro del régimen
autoritario para evitarlo. Aun%ue necesita la democracia para poder eistir y desarrollarse,
también ha funcionado en algunas ocasiones como su partera al colaborar en su
nacimiento o restablecimiento.
Si la Sociedad Civil ha logrado consolidarse como otro actor dentro del sistema político
ha sido, fundamentalmente, por%ue ha habido necesidad de ello, por%ue eistía ese vacío,
por%ue se había producido alguna deficiencia en el sistema %ue debía ser solucionada. Si
se produ#o esta necesidad tendríamos %ue remitirnos a los actores principales y
tradicionales en el sistema político, y anali&ar los cambios en el desarrollo de sus
funciones, para encontrar las causas fundamentales por las cuales se produ#o la necesidad
y oportunidad de %ue la Sociedad Civil se consolidara como otro actor importante.
Con relación a los partidos políticos hay %ue se(alar la pérdida de la legitimidad %ue han
eperimentado en los últimos a(os, evidenciado en la opinión de los ciudadanos en
3'
numerosas encuestas y en las eperiencias de muchos países en los cuales el descrédito
de los partidos ha sido tan pronunciado %ue 7outsiders8, candidatos de agrupaciones
políticas o partidos nuevos o emergentes, han merecido el favor mayoritario de los
ciudadanos frente a las candidaturas presentadas por los partidos tradicionales, antes
mayoritarios. La opinión generali&ada es %ue esto ha sucedido por%ue los partidos, los
tradicionales en estos casos, han perdido la legitimidad y la credibilidad %ue tenían. A
esta situación hay %ue agregar %ue en la actualidad los partidos políticos carecen hoy de
la diferenciación ideológica %ue hacía de cada uno de ellos un proyecto de nación %ue
cautivaba a importantes segmentos de la población. $sto ha permitido afirmar %ue 7los
partidos políticos siguen figurando como agentes principales de sociali&ación e
intermediación política, pero es evidente %ue no forman ya identidades colectivas, y han
de#ado de ser agencias representativas de una parte de la sociedad civil8 9Hargas2
*achuca,'AAB63--:. Sin diferenciación ideológica han terminado pareciéndose
demasiado en todo, desde como concebir y actuar en política, hasta en la forma de e#ercer
el poder del $stado cuando lo han alcan&ado. >o teniendo una ideología %ue los
distingan, y solo en algunos casos diferencias program"ticas en cuanto a lo %ue ofertan,
no en lo %ue reali&an, dan la impresión de ser solo ma%uinarias para lograr el poder, %ue
es concebido como un fin en sí mismo, para beneficio de sus dirigentes y de sus
militantes.
Algo muy parecido ha ocurrido respecto a la administración pública %ue ha contribuido
también al descrédito de los partidos. >ecesitando cada ve& mas el $stado de un cuerpo
de funcionarios estable y profesional, los partidos, partiendo de una concepción
patrimonial de la administración pública, han entendido %ue los cargos públicos no deben
ser desempe(ados por las personas m"s capaces, sino por los militantes del partido
vencedor en las elecciones, aun%ue care&can de las competencias eigidas por el cargo,
asegurando con ello la retribución clientelar a los militantes del partido, a costa de la
eficiencia y eficacia en la gestión pública.
30
!or otro lado, las funciones de intermediación y de articulación de intereses particulares
en voluntades colectivas, son desempe(adas por los partidos cada ve& con mayor
precariedad y limitaciones, hasta el punto de %ue amplios sectores de la sociedad ya no
los consideran los instrumentos m"s adecuados para hacer sentir sus pareceres, así como
formular demandas o propuestas de soluciones a las autoridades o instituciones del sector
público. Con esta afirmación estamos tocando el tema de la representación pública, %ue
el sistema y las leyes electorales otorgan de manera eclusiva a los partidos políticos, al
punto de %ue 7los partidos políticos han ido perdiendo su capacidad de ser la
representación política de los grupos sociales...8 9Hargas2*achuca, 'AAB60A<: $ste
desempe(o altamente deficiente de tan importante función ha posibilitado %ue la tenga
%ue compartir con otros agentes, entre los cuales se encuentran las organi&aciones de la
Sociedad Civil.
Algo seme#ante ha acontecido en relación a los cambios ocurridos %ue re%uieren de los
partidos y de los dirigentes nuevas competencias, el mane#o de nuevos temas, y el
aborda#e de problemas %ue preocupan a significativos grupos de ciudadanos. Iemas tan
importantes como lo ecológico y la perspectiva de género no estuvieron como contenido
de la agenda de los partidos políticos tradicionales. Nueron las organi&aciones de la
Sociedad Civil %uiénes los colocaron como partes de las agendas nacionales, hasta el
punto de %ue en algunos casos esos temas, no acogidos por las organi&aciones partidarias,
dieron lugar el nacimiento de partidos políticos %ue tenían como ob#etivo fundamental la
lucha por algunos de ellos1 es el caso de los partidos verdes en algunos países de $uropa.
!ero, adem"s, los dr"sticos cambios por efectos de la globali&ación, en lo económico, en
lo político y en lo cultural, con graves repercusiones en el "mbito nacional, demandan un
eperticio en los dirigentes de los partidos políticos %ue no siempre est" presente. $iste
esta necesidad por%ue 7los grandes riesgos ecológicos e intergeneracionales o el aumento
general de la comple#idad de los problemas, así como la consecuente necesidad de un
conocimiento competente de todo ello, representa una constante de las sociedades de
nuestro tiempo. Sin embargo, los partidos suelen enfrentarse a estos desafíos con
33
respuestas obsoletas, triviales o ineistentes, haciendo cada ve& m"s evidente %ue el
mundo de lo político se va vaciando de componentes de conocimientos...8 9Hargas2
*achuca,'AAB60AB:
$l tema cada ve& m"s importante de la transparencia y la lucha contra la corrupción se ha
sumado a los anteriores para contribuir a la perdida de credibilidad y legitimidad de los
partidos. )na de las #ustificaciones necesarias de la democracia es el mane#o transparente
de los recursos públicos en manos de las autoridades, reclamado con mayor insistencia
por parte de la ciudadanía a medida de %ue la profundi&ación de la democracia permite
una fiscali&ación de las e#ecutorias de las autoridades, así como la persecución de %uiénes
se apropian de recursos %ue deben traducirse en me#orar el alcance y la calidad de los
bienes y servicios necesitados y esperados por los ciudadanos. !ero viene a acontecer %ue
eiste una percepción ampliamente generali&ada de %ue los partidos políticos, en ve& de
erigirse en paladines en contra de la corrupción, solo la censuran en los discursos, pero en
la realidad la protegen y #ustifican por ser ellos unos de sus principales beneficiados.
=ran parte de los recursos económicos para sostener las estructuras partidarias y la
profesionali&ación de los cuadros directivos, así como parte de los %ue se gastan en las
campa(as electorales, salen menos de los aportes del $stado, de los empresarios o de las
cuotas de los militantes, %ue de los fondos públicos. Siendo una de sus principales
fuentes de ingresos no pueden tratar de suprimirla, o perseguir a %uiénes la reali&an, salvo
%ue sean del partido derrotado en las elecciones, entonces la persecución a la corrupción
se utili&a para la vengan&a política, no para el adecentamiento de la vida pública.
$l $stado, por su parte, ha tenido %ue redefinir sus funciones, tanto respecto a sus
contenidos como a sus alcances. 7$l $stado se ha transformado en su dimensionamiento,
en el car"cter de sus intervenciones y en sus relaciones con el mercado y los agentes
económicos y sociales....el ambiente institucional y normativo manifiesta deficiencias %ue
limitan la eficiencia de las instituciones estatales, restringen la participación de los
ciudadanos y afectan la credibilidad de las instituciones democr"ticas. Se reconoce %ue
3;
el apremio fiscal derivado de la crisis de los ochenta y de los programas de a#uste impuso
un mayor énfasis en el redimensionamiento del $stado, afect"ndose en algunos casos la
capacidad institucional para ofrecer de manera eficiente a%uellos bienes y servicios %ue
son responsabilidad esencial del sector público8 9@54,SON6'y0: $sto ha producido una
conciencia de desamparo en significativos núcleos de poblaciones lo %ue ha motivado
%ue decidan enfrentar ellos mismos gran parte de los problemas %ue los afectan, en busca
de algún tipo de solución.
A esta situación se agrega %ue a pesar del costo político %ue conlleva la reforma fiscal, los
recursos obtenidos no son siempre suficientes para atender la deuda acumulada por el
$stado con sus ciudadanos, como tampoco para satisfacer las epectativas de la
población. Nrente a la agudi&ación de problemas sociales ya tradicionales, se agregan
otros nuevos, sin %ue el $stado disponga de los recursos económicos necesarios para
enfrentarlos con éito, agrav"ndose el descrédito de las autoridades. A esto se suma la
eficacia y la eficiencia en el mane#o de estos recursos. Sucede con frecuencia %ue
deficiencias institucionales, muchas veces de simple coordinación, así como la capacidad
gerencial de %uiénes desempe(an los cargos en la administración pública, tanto en el
"mbito nacional como local, determinan un uso inadecuado de los recursos limitados
disponibles. !ocos recursos, mal mane#ados, adem"s, repercuten negativamente en la
calidad de los bienes y servicios %ue deben recibir los ciudadanos.
Iodo lo anterior, adem"s de las dificultades ya se(aladas, representan factores %ue
debilitan la capacidad de gobernabilidad de los gobiernos haciéndose cada ve& m"s difícil
mantener la estabilidad social y política, indispensable para %ue los agentes económicos
puedan generar un crecimiento económico %ue se pueda transformar en desarrollo.

!or otro lado, el mercado en el marco del achicamiento del $stado y las consecuencias
internas de la globali&ación, al no procurar por si mismo la solidaridad, ni la distribución
de la ri%ue&a %ue produ&ca la e%uidad, ha dado lugar a %ue muchos ciudadanos hayan
3,
visto en las organi&aciones de la Sociedad Civil las posibilidades, no solo de demandar la
superación de estas deficiencias, si no de organi&arse para la asistencia a los menos
favorecidos y para e#ercer la presión por una distribución mucho m"s #usta de la ri%ue&a
socialmente generada.
Aun%ue posicionado de hecho como un actor de importancia en los sistemas políticos
contempor"neos, la Sociedad Civil ha encontrado, y todavía encuentra, graves
dificultades para ser reconocida como actor legítimo por los dem"s actores. ?abíamos
visto %ue la disminución de la credibilidad y de la legitimidad en los partidos políticos y
la redefinición de las funciones del $stado, en cuanto contenido y alcance, habían
facilitado, de alguna manera, la presencia y participación creciente de la Sociedad Civil.
!ues bien, por las limitaciones de éstos dos actores fundamentales y tradicionales del
sistema político, la Sociedad Civil ha venido asumiendo algunas funciones y tareas %ue
habían estado asignadas de manera eclusivas al $stado o a los partidos políticos. La
presencia de ese nuevo actor produce, primero, un cierto recelo, como es natural. !ero si
ese nuevo actor viene a %uerer desempe(ar, aun%ue sea parcialmente, funciones y tareas
%ue otros actores tenían asignadas con car"cter de eclusividad, el recelo se transforma en
recha&o. / si en ocasiones el nuevo actor se presenta como competidor y alternativa para
algunos de estos actores, entonces el recha&o toma la forma de oposición, concreti&ada en
la descalificación y el no reconocimiento. Algo de todo esto ha sucedido, y sucede, en la
relación $stado, !artidos !olíticos y Sociedad Civil.
?oy, adem"s, la antigua y tradicional 7división del traba#o8 en relación al e#ercicio del
poder político en %ue los ciudadanos elegían, y a las autoridades electas le correspondía
gobernar, sin dar cuentas a %uiénes las eligieron, est" siendo superada por una relación
m"s responsable entre representantes y representados, basada en %ue los ciudadanos,
preferentemente a través de sus organi&aciones, les asiste el derecho, %ue es e#ercido con
mayor frecuencia a medida de %ue la democracia se consolida, de reclamar m"s
participación en las decisiones %ue les afectan y en la e#ecución de las mismas,
3<
acompa(ado del reclamo también de una mayor transparencia y rendición de cuentas en
el e#ercicio del poder %ue le ha sido delegado.
Sin embargo, estas dificultades tienen %ue ser superadas. Los partidos políticos tienen
%ue ser renovados y fortalecidos para %ue puedan cumplir m"s adecuadamente sus
funciones. $l $stado tiene %ue hacerse m"s fuerte, no m"s grande, para %ue pueda
desempe(ar m"s eficientemente sus funciones normativas y compensatorias. !ero hay
%ue reconocer también a la Sociedad Civil las contribuciones %ue hace al fortalecimiento
de la democracia y aceptarla como un actor complementario dentro del sistema político.
>o es alternativa para ninguno de los otros actores. >o est" para sustituirlos. $st" para
complementarlos, y con ello fortalecer la democracia y al sistema político.
Co#"e'tuali,a"i(# $e la So"ie$a$ Ci*il % "lasifi"a"i(# $e las Or)a#i,a"io#es $e la
So"ie$a$ Ci*il -OSC.
Aun%ue eiste una gran polémica sobre lo %ue es la Sociedad Civil y sobre %uiénes la
componen, la eperiencia histórica, antigua y reciente, demuestra la eistencia de algo
%ue ha sido reconocido como Sociedad Civil y %ue ha desempe(ado roles de alta
significación en el establecimiento y consolidación de la democracia. >adie ignora,
por%ue los hechos hablan por sí mismos, el papel #ugado por distintos tipos de
organi&aciones no pertenecientes al $stado, ni a la sociedad política partidaria, en la
transición de los regímenes autoritarios, militares o civiles, a la democracia en América
Latina y en la $uropa del $ste. Aun%ue como lo han epresado destacados autores, en
esta fase de transición el protagonismo fundamental fue de los partidos políticos1 la
participación de las organi&aciones de la Sociedad Civil fue, aun%ue muy meritoria, de
menor trascendencia %ue la de los partidos. Conviene destacar, sin embargo, %ue en ésta
fase de transición pareció darse, por compartir un ob#etivo común, en este caso la
sustitución del gobierno o el régimen, un mutuo reconocimiento entre Sociedad Civil y
!artidos !olíticos, produciéndose entonces una alian&a estratégica entre ambos actores.
3E
Las diferencias empe&aron cuando consumada la transición viene la fase de la
consolidación de la democracia. ?ay entonces maneras distintas de concebir el contenido
de la democracia, así como el e#ercicio del poder político y el rol de la ciudadanía y de las
organi&aciones sociales.
Cu"ndo hablamos de Sociedad Civil Pde %ué estamos hablandoQ >ormalmente cuando se
reclama una definición de la Sociedad Civil la respuesta se inicia tratando de definirla por
lo %ue no es. !ero siempre ser" una aproimación limitada por la vía de la negación, no
de la afirmación. !ara no seguir el camino tradicional, empe&aré por afirmar lo %ue es.
La Sociedad Civil es, en pocas palabras, la ciudadanía organi&ada. $sta afirmación nos
remite primeramente a la discusión de sí la sociedad civil est" conformada por las
organi&aciones de ciudadanos 9su#etos sociales: o por los ciudadanos particulares 9su#etos
individuales: >uestra opinión al respecto es la siguiente, ya eteriori&ada en una
publicación anterior6 7Ioda persona es formalmente un ciudadano o ciudadana, con
derechos y deberes establecidos en el ordenamiento constitucional y #urídico ad#etivo de
todo país. Sin embargo, ser portadora de esta condición #urídica no hace a esta persona
un ente activo en la defensa y reali&ación de esos derechos1 necesita para ello e#ercer y
desarrollar su 7ciudadanía8, y la forma m"s efica& de hacerlo es mediante la participación
en organi&aciones sociales %ue se forman en torno a distintos asuntos %ue interesan o
afectan a los ciudadanos. $stamos en presencia de la ciudadanía cuando el ciudadano
asume plenamente sus derechos y los e#erce, fundamentalmente, a través de
organi&aciones sociales. Los ciudadanos, asumiendo plenamente la ciudadanía, se
organi&an en torno a determinados intereses, dando lugar al surgimiento de los su#etos
sociales. $l con#unto de estos su#etos sociales constituye la Sociedad Civil8
9Ioribio,0--'6'0:
Así pues, aun%ue el ciudadano individual tiene %ue ser considerado parte de la Sociedad
Civil, lo cierto es %ue en la medida %ue se organi&a tiene mayores posibilidades de
e#ercer plenamente su ciudadanía. Adem"s, individualmente considerados, y en el marco
3B
de la diferenciación social y económica eistente, hay unos ciudadanos %ue tienen
mayores posibilidades de e#ercer su ciudadanía %ue otros. Los su#etos sociales, las
organi&aciones de la Sociedad Civil, ofrecen una mayor igualdad de oportunidades en el
e#ercicio de la ciudadanía.
$sos su#etos sociales se constituyen, como ya se indicó, atendiendo a distintos y
diferentes intereses, dando lugar a una multiplicidad y variedad de organi&aciones
sociales en constante aumento. La pluralidad y la diversidad son notas características de
la Sociedad Civil, lo %ue dificulta una f"cil aprehensión conceptual, %ue es mucho mayor
si adicionamos a las características anteriores la eistencia de un cierto nivel de
estratificación, %ue determina y eplica la falta de articulación y coherencia entre todas
las organi&aciones %ue la componen, no así entre las %ue se desenvuelven en un "mbito
determinado, territorial, sectorial o tem"tico, haciéndose entonces posibles alian&as
estratégicas, coyunturales o permanentes, para la defensa o consecución de ob#etivos
comunes. !erfilada la Sociedad Civil como un espacio formado por organi&aciones, pero
plural, diverso, poco articulado y con un cierto nivel de estratificación interna,
intentaremos seguir el camino hacia la aproimación conceptual, esta ve&, a través de
conocer los tipos de las organi&aciones %ue la componen y a lo %ue se dedican, para
terminar con una propuesta de clasificación y su diferencia específica con los partidos
políticos.
!or la recuperación del término de la Sociedad Civil asociado a la participación de las
organi&aciones sociales en la fase de transición y consolidación de la democracia, con
mucha frecuencia se llega a reducir las organi&aciones %ue la componen sólo a las %ue
est"n relacionadas con la sociedad política, representada por el $stado, gobierno y
partidos políticos, y %ue se identifican con la demanda de la profundi&ación de la
democracia política. !ero el término Sociedad Civil dice relación también con el
mercado, es decir, con la sociedad económica, eistiendo también organi&aciones sociales
%ue tienen por ob#etivo demandar y ayudar a construir una democracia social. Conforme
3A
a esta necesidad, dentro de la Sociedad Civil no sólo eisten organi&aciones %ue caen en
la esfera de lo político, sino %ue también las hay %ue tienen una preocupación
fundamental por lo económico y por lo social. 4e una eperiencia en la Gepública
4ominicana, obtenemos este universo de organi&aciones %ue la conforman y %ue puede
hacerse etensivo a otras realidades6 7+rgani&aciones no gubernamentales 9+>=s:,
sindicatos, organi&aciones comunitarias, asociaciones de profesionales, organi&aciones
campesinas, organi&aciones religiosas, organi&aciones empresariales, organi&aciones de
mu#eres, iglesias, grupos culturales, movimientos sociales, cooperativas, organi&aciones
barriales, universidades, fundaciones, organi&aciones populares, instituciones
académicas, organi&aciones de base, medios de comunicación, movimientos cívicos,
organi&aciones ecológicas, organi&aciones vecinales, organi&aciones estudiantiles, grupos
de presión, clubes, patronatos, organi&aciones de derechos humanos, organi&aciones
fraternas, organi&aciones filantrópicas, organi&aciones recreativas, organi&aciones de
acción social, organi&aciones de consumidores, organi&aciones rurales, organi&aciones
educativas, organi&aciones de salud...8 9Cela y !edra&uela,0--06B: Aun%ue la
identificación de la sociedad civil es m"s frecuente con organi&aciones %ue se
desempe(an en el "mbito de lo político, la mayoría de ellas pertenecen al "mbito de lo
social, aun%ue es #usto reconocer %ue, %ui&" por la estratificación a lo interno, las de
mayor visibilidad e incidencia en la opinión pública, son las de car"cter político.
)na ve& conocidas las organi&aciones %ue componen la Sociedad Civil, la tarea
conveniente entonces sería la de intentar clasificarlas. Como toda clasificación responde
a determinados criterios particulares y diferenciadores, habr" tantas posibles
clasificaciones como criterios escogidos. $ntre los criterios m"s frecuentemente
utili&ados para la clasificación de las organi&aciones de la Sociedad Civil, tenemos los
siguientes6 car"cter no lucrativo, "mbito en el %ue desempe(an sus actividades, naturale&a
privada, los fines perseguidos, el origen de sus recursos, los beneficiarios de sus acciones,
entre otros.
;-
!ara el @anco 5nteramericano de 4esarrollo 9@54:, las +rgani&aciones de la Sociedad
Civil 9+SC: pueden clasificarse en estas cuatro categorías.
7+SC de participación crítica y promoción de intereses sociales8 %ue centran sus
actividades 7en el mane#o de los asuntos públicos y en el control de su desempe(o8
utili&ando la movili&ación de sectores sociales y la opinión pública con esos propósitos.
7+SC de prestación de servicios sociales8 %ue participan en la prestación de servicios, de
forma complementaria, en diferentes "reas, dirigidas de manera preferente a los sectores
m"s vulnerables.
7+SC de promoción socio2económica8, con actividades de promoción y asistencia
dirigidas a 7unidades de producción %ue han sido establecidas ba#o un criterio social de
integración y solidaridad, y no sólo de rentabilidad financiera. !ueden comprender
también 7servicios financieros y técnicos a sectores ecluidos de los circuitos formales
del mercado...8
7+SC para la promoción de la filantropía de desarrollo8, orientadas a captar recursos
financieros del sector privado, así como su participación, 7para alcan&ar ob#etivos de
promoción socio económica y cultural8 9@54,SON6'B:
)tili&ando algunos de los criterios antes se(alados, en una publicación del !>)42@54,
se distinguen estos cuatro tipos de organi&aciones.
7Asociaciones de afinidad8 %ue hacen de los intereses de sus asociados la orientación de
sus acciones, proviniendo sus recursos, principalmente, de las cuotas de sus miembros,
comprendiendo entre ellas los sindicatos, asociaciones patronales y colegios
profesionales
7+rgani&aciones de base territorial y comunitaria8 %ue tienen como propósito
fundamental enfrentar y resolver los problemas de los habitantes 7en un "mbito territorial
determinado8. $#emplos emblem"ticos de este tipo de +SC son las Cuntas de Hecinos,
comprendiendo también sociedades de fomento y los clubes culturales
;'
7Nundaciones empresariales8, %ue son organi&aciones creadas y sustentadas
económicamente por el empresariado para otorgar donaciones dirigidas a distintas
iniciativas, separadas de las empresas
7+rgani&aciones de apoyo8. $n esta clasificación las entidades %ue la componen son
7creadas por un grupo de personas para ayudar a otras8. !ertenecen a este tipo de
organi&aciones los centros académicos, las %ue prestan servicios sociales, así como las de
defensa de derechos, entre otras 9Cela y !edra&uela,0--06'0:
Aun%ue con algunas limitaciones, las clasificaciones se(aladas de las organi&aciones de
la Sociedad Civil aportan una idea mas aproimada de los su#etos sociales %ue la
componen, de las actividades %ue reali&an y de dónde provienen sus recursos
económicos. Sin embargo nos gustaría presentar la propuesta de clasificación de las
organi&aciones de la Sociedad civil, elaborada por el !rograma de Nortalecimiento de las
+rgani&aciones de la Sociedad Civil en la Gepública 4ominicana. Aun%ue referida a un
país particular, la clasificación propuesta responde al criterio, en primer lugar, de %uiénes
son los beneficiarios de sus acciones y, en segundo lugar, a una variedad de su#etos
sociales %ue puede ser representativa de la realidad en otros países.

Conforme a lo indicado, el !rograma se(alado distingue estos tipos de organi&aciones.
7+rgani&aciones de servicios a terceros8... 7%ue no tienen como beneficiarios de sus
actividades a los miembros %ue la componen8. Norman parte de esta tipología 7las
fundaciones, patronatos, universidades, centros académicos y organi&aciones no
gubernamentales8. Nundamentalmente 7son e%uipos técnicos8 %ue obtienen sus recursos
habitualmente de fuentes eternas. 5nternamente, éstas organi&aciones se pueden
subdividir en6 7organi&aciones de acción social y asistencia humanitaria1 de desarrollo
comunitario1 de fomento económico1 de asistencia técnica1 de educación ciudadana1 de
apoyo a grupos vulnerables1 de investigación y difusión8.
7+rgani&aciones de participación cívica y defensa de derechos humanos8. $l propósito
fundamental de estas organi&aciones es la lucha por el e#ercicio pleno de la ciudadanía1
;0
normalmente sus recursos provienen de las cuotas de sus miembros y de aportes eternos.
7)sualmente cuentan con personal técnico de apoyo8.
7+rgani&aciones comunitarias8. Las características principales de este tipo de +SC son
%ue sus acciones se orientan a beneficiar a su membresía, pero no de forma eclusiva,
por%ue comprenden también al resto de la comunidad. Sus recursos provienen de las
cuotas de sus miembros, de actividades %ue reali&an con esa finalidad y, de manera
ecepcional, de fuentes eternas. A lo interno pueden clasificarse en 7territoriales,
funcionales y campesinas8.
7+rgani&aciones corporativas8. $stas organi&aciones 7tienen como beneficiaria a su
propia membresía8 y sus actuaciones tienen como propósito la defensa de los intereses de
sus miembros. Sus ingresos provienen de las cuotas de sus miembros. Norman parte de
este tipo de +SC las asociaciones de profesionales, sindicatos y las entidades
empresariales 9Cela y !edra&uela,0--06;-O;'O;0:
Como hemos visto, la Sociedad Civil est" conformada por organi&aciones de diferentes
tipos, %ue abarcan desde las %ue se dedican al desarrollo local y comunitario hasta las %ue
orientan sus actividades a la defensa de los derechos humanos y el e#ercicio pleno de la
ciudadanía, pasando por las %ue tienen por finalidad la defensa de los intereses de sus
miembros.
Los aportes de las organi&aciones de la Sociedad Civil a todo el sistema son evidentes, y
de una cada ve& mayor importancia. Sin embargo, parece conveniente %ue se desta%uen
sus aportes, sin olvidar algunas de sus limitaciones. Como la Sociedad Civil ha ganado
parte de su espacio por la crítica %ue reali&a frente a los partidos, el $stado, el gobierno y
el mercado, da la impresión de %ue sólo tiene fortale&as y ninguna debilidad.
Comencemos por algunas de sus fortale&as. La Sociedad Civil aporta la formulación de
demandas de sectores sociales %ue no se sienten plenamente representados por los
partidos políticos, contribuyendo con esto a la complementariedad dentro del sistema
político. $n adición a lo anterior, coloca nuevos temas en la agenda nacional %ue luego
;3
pasan a la de los partidos, así como proporcionar una alerta temprana sobre potenciales
problemas, o llamar la atención sobre asuntos no tratados adecuadamente %ue pueden
terminar en situaciones conflictivas. +tro aporte importante %ue hace es %ue no sólo
formula demandas sino %ue presenta también alternativas de soluciones. !roporciona,
adem"s, una visión de largo pla&o sobre cuestiones significativas cuando lo %ue prima es
una visión de gobierno, caracteri&ada por lo coyuntural o, en el me#or de los casos, a
corto pla&o, según sea la duración del período de gobierno. Como ya se ha indicado,
colabora con el gobierno en la provisión de ciertos servicios sociales, e#erce una auditoría
sobre la e#ecutoria de las autoridades y con la promoción de la participación de los
ciudadanos en los asuntos públicos y políticos contribuye a la gobernabilidad y al
fortalecimiento de la democracia.
!ero no todo son fortale&as. Iambién tiene debilidades, y a%uí se(alamos algunas de
ellas. !or su naturale&a plural y heterogénea tiene dificultad para lograr una articulación
interna %ue la pueda presentar como interlocutor v"lido frente a otros sectores. Si se
%uiere dialogar con la Sociedad Civil, Pcon cu"l de las organi&aciones %ue la componen
se debe hablarQ Aun%ue formula demandas, acompa(adas a veces de propuestas de
soluciones, en ocasiones las demandas son sobre asuntos muy particulares %ue interesan a
un grupo reducido y de interese muy particulares, y algunas de las propuestas %ue
formulan son soluciones simples a problemas muy comple#os, por lo %ue tienen %ue ser
recha&adas. )na gran debilidad de la Sociedad Civil est" relacionada con el
financiamiento de las organi&aciones %ue la componen. >ormalmente, el grueso del
financiamiento de sus actividades proviene de fondos eternos, nacionales o
internacionales. $n cual%uier caso, el financiamiento recibido puede influir en los
ob#etivos de la organi&ación %ue lo recibe. $so es sumamente delicado cuando la fuente
de financiamiento es una agencia en es, a su ve&, órgano especiali&ado de cooperación de
otro $stado. La posibilidad de una acusación de in#erencia en lo nacional a través de la
organi&ación %ue recibe el financiamiento es muy probable.
;;
+tra gran debilidad es %ue veces algunas de sus organi&aciones se presentan como
alternativa a los partidos políticos, desconociendo %ue, en el me#or de los casos, tan solo
pueden desempe(ar un rol de complementariedad. Ninalmente la gran debilidad de la
Sociedad Civil es la legitimidad para demandar %ue sea considerada y aceptada como un
actor en el sistema, aun%ue sea en un rol de complementariedad. $n el mundo de la
política, y m"s específicamente en la democracia, la legitimidad de los actores y de su
participación se basa en la representación %ue confiere la voluntad ciudadana epresada a
través del voto de los ciudadanos, y la Sociedad Civil no concurre a las elecciones.
Sin embargo, aun%ue formada por una multiplicidad de organi&aciones, respondiendo a
distintos intereses, la Sociedad Civil es identificada solo con a%uellas %ue desarrollan sus
actividades en el "mbito de lo político, #unto o frente a los actores tradicionales del
sistema. !or eso, aun%ue se la relaciona con el $stado y sus órganos, el gobierno, los
partidos políticos y el mercado, es necesario tratar de diferenciarla del actor con el %ue
tiene m"s ocasión de enfrentamiento %ue de complementariedad. Irataremos entonces
de buscar una diferencia específica entre !artidos !olíticos y Sociedad Civil.
*"s %ue conveniente, esta diferenciación es necesaria por cuando contribuiría a aclarar
confusiones %ue est"n a la base del recelo, oposición y recha&o %ue se da entre estos dos
actores. Adem"s, conociendo los propósitos y ob#etivos esenciales de cada uno, ser" m"s
posible distinguir roles, establecer fronteras, así como "mbitos de competencia eclusiva,
y a%uellos en los %ue debe darse una acción comprometida. 4e esta manera ser" m"s
f"cil entonces aceptar %ue los !artidos !olíticos y la Sociedad Civil son actores
complementarios en la democracia.
!ara encontrar la diferencia específica entre !artidos !olíticos y Sociedad Civil
recurriremos a la sociología política, de donde obtendremos el concepto de grupos de
presión, entendiendo por éstos a organi&aciones %ue tienen por finalidad tratar de influir
en %uiénes detentan el poder, no e#ercerlo directamente. $stimamos %ue la diferenciación
;,
específica entre Sociedad Civil y !artidos !olíticos hay %ue verla derivada de su relación,
muy distinta, respecto al poder político. Los !artidos !olíticos son organi&aciones %ue
tienen como propósito esencial lograr el poder político del $stado, de conformidad con lo
establecido por la constitución y las leyes, y gobernar. !or su parte, la Sociedad Civil
est" conformada por organi&aciones %ue tienen como ob#etivo fundamental desarrollar
una serie de actividades frente a %uiénes detentan el poder político del $stado, para %ue lo
e#er&an de conformidad a lo %ue establece la institucionalidad democr"tica, en bús%ueda
del bien común de todos los ciudadanos. $n otras palabras, mientras los !artidos
!olíticos tienen vocación de gobernar, la Sociedad Civil tiene vocación de %ue la
gobiernen bien.
Así concebida, la Sociedad Civil desempe(a un rol importante en la fase de
consolidación de la democracia, sobre todo con la profundi&ación de su perspectiva
deliberativa y participativa, complementaria a los partidos políticos, colaboradora con el
$stado al participar en la provisión de ciertos servicios, y tratando de superar por la
acción colectiva de sus organi&aciones algunas de las deficiencias evidenciadas por el
mercado
IV. Co!'le!e#tarie$a$ e# *e, $e E/"lusi(#
>o cabe duda de %ue la comple#idad %ue se manifiesta dentro de la esfera de la sociedad
civil, adem"s de refle#ar una din"mica efervescente y esperan&adora para el futuro del
fortalecimiento y la progresión democr"tica latinoamericana, también se presta para
distorsiones en cuanto al ideal de %ue los partidos políticos y la sociedad civil actúen
complementariamente en ve& de ecluirse de manera recíproca. Como se vio en el aparte
55 de este documento, han sido las lógicas relacionales tanto del modelo de la democracia
representativa como del modelo corporativista, las %ue se han prestado para %ue en los
países latinoamericanos siga imperando la sensación e%uívoca de %ue los partidos
políticos son innecesarios, aún en democracia.
;<
!ero para captar el significado de esta sensible e%uivocación, resulta necesario entrar a
elaborar una breve revisión eplicativa de estos modelos. $n primer lugar, para captar las
implicaciones de la separación eistente entre las dos esferas de la política, la Sociedad
Civil y el $stado. $n segundo lugar, para conocer la ubicación de los partidos políticos
en cada uno de estos modelos. Al respecto se puede anticipar %ue en el modelo de la
democracia representativa esta es manifiesta pero débil y %ue en el modelo corporativista
apenas es latente pero también ilustrativa de un tenue desempe(o por parte de las
organi&aciones partidarias. )na ve& se haya elaborado esta revisión, se pasar" a la
presentación de los se(alamientos propositivos no solo para reiterar la indispensabilidad
de los partidos políticos en la democracia, sino también para hacer eplicita la propuesta
de su desempe(o ideal dentro de la comple#a esfera de la sociedad civil.
Mo$elo $e la De!o"ra"ia Re'rese#tati*a
$n este primer modelo, la representatividad es la base operativa de la democracia1 es
decir, ante la imposibilidad de establecer una democracia directa en la cual la ciudadanía
desee hacerlo y esté capacitada para participar en la toma de decisiones sobre las políticas
públicas, la elección de representantes %ue lo hagan en su nombre, se convierte en el
único mecanismo para garanti&ar la viabilidad del sistema político. $sta representación
se encuentra limitada en el e#ercicio democr"tico por un con#unto de características muy
particulares a este modelo y %ue se revisar"n a continuación6
$n estricto sentido, el principal elemento de la democracia representativa es la
representación política en sí misma. A%uella %ue resulta del pacto social. $sta forma de
representación se contrapone al concepto de representación de intereses en la medida en
%ue, ba#o la primera modalidad, el representante, al haber sido llamado a velar por los
intereses de la nación, no puede ser sometido a un mandato obligatorio 9@obbio, 'AB,: y,
ba#o la segunda, el representante termina velando por los intereses específicos de su
electorado o del grupo al cual representa. Lo anterior permite afirmar diferencialmente
;E
%ue la representación política en si misma es el elemento filosófico %ue le da sentido a los
lineamientos procedimentales %ue distinguen a la democracia de otros regímenes
políticos y %ue la representación de intereses es la pr"ctica %ue, como se ver" a
continuación, ha derivado en la crisis del modelo de la representatividad y por ende del
modelo en cuestión de la democracia representativa.
Iomando en consideración este conteto, la interacción entre la Sociedad Civil y el
$stado en este modelo sigue una din"mica específica. $stas dos esferas actúan por
separado, siendo los partidos políticos los agentes %ue actúan como 7correas de
transmisión8, como canales eclusivos para la epresión de la voluntad política colectiva.
>o obstante, a%uí, la Sociedad Civil se concibe como una categoría residual frente a lo
estatal y sus funciones se limitan a legitimar o a castigar la gestión de sus representantes a
través de los procesos electorales. !or el otro lado, el $stado se convierte en el escenario
de la lucha de los proyectos partidistas hegemónicos y en el mecanismo para la
generación de los incentivos selectivos %ue garanti&an la cohesión del partido de gobierno
a través de la repartición del aparato burocr"tico. Iambién en este escenario se definen
las estrategias de coalición o de eclusión de las otras fuer&as políticas.
Así en teoría, se puede se(alar %ue en el modelo de la democracia representativa, los
partidos políticos cumplen dos funciones1 primero, servir de apoyo para percibir el
mundo, interpretar los acontecimientos, seleccionar y filtrar la información y simplificar
las alternativas 9Camou, 'AAE6 ,,:, de manera %ue la ciudadanía tenga alternativas
aprehensibles y diferenciables a la hora de epresarse electoralmente. / segundo, recoger
las demandas de la población y transmitirlas al $stado en forma de proyecto político, bien
sea como partido de gobierno o como partido de oposición. >o obstante, en la pr"ctica,
dada la confluencia de un con#unto de factores %ue se eplican enseguida, la participación
de los partidos políticos latinoamericanos en este modelo ha degenerado en dos
variedades viciadas de la representación6 la democracia delegativa y el clientelismo.
Heamos6
;B
La primera de estas variedades 9+R4onen, 'AB;: hace referencia a las limitaciones de la
participación política en la región. $n términos generales, cuando se habla de democracia
delegativa se alude a la ausencia de deliberación en la epresión política de la población y
a la restricción de la participación política al mero acto de votar. $s decir, el car"cter
delegativo de la democracia representativa latinoamericana implica la eistencia de una
democracia sin ciudadanía, ba#o la cual el pueblo de#a de ser el poseedor del poder
soberano en la medida en %ue irrestrictamente endosa el poder a sus representantes tras el
e#ercicio no deliberativo del voto. @a#o estos par"metros el esfuer&o de los partidos
políticos por agregar los intereses de la población se limita a la construcción de una
urdimbre ideológica aislada de los intereses de la población, y a someterla formalmente a
una validación electoral con la periodicidad del caso.
$n segundo lugar, el modelo de la democracia representativa ha sido muy incidental en el
surgimiento del clientelismo como una forma importante de eclusión. $sta modalidad
se deriva de las pr"cticas patrimonialistas del siglo K5K y de la primera mitad del siglo
KK y, en buena medida, persiste como uno de los principales elementos articuladores de
la política convencional.
La lógica subyacente a la institucionali&ación formal de los preceptos democr"ticos en
América Latina se ha basado en una valoración de estos arreglos como instrumentos para
el mantenimiento del status %uo. A esta lógica se han sumado los partidos políticos
tradicionales como principales beneficiarios F tomando como beneficio la supervivencia
y no la consolidación democr"tica F en la medida en %ue el suministro de incentivos
estatales selectivos y burocr"ticos a sus afiliados ha sido una estrategia eficiente en la
satisfacción de la actividad electoral y en el mantenimiento de la cohesión organi&acional.
$s decir, proporcionalmente a la pérdida de la ideología y del proyecto político como
fuentes de incentivos colectivos para las bases de afiliados, se consolida el suministro de
incentivos individuales a las mismas como salvaguarda frente al creciente desprestigio de
los partidos políticos. Así, la labor pública de agregación de intereses y representación
política se ve despla&ada por la relación privada patrón F cliente.
;A
Algunas de las consecuencias %ue acarrea esta din"mica para la pr"ctica democr"tica
incluyen la institucionali&ación de las relaciones de clientela como el mecanismo m"s
eficiente para la canali&ación de las demandas individuales y sectoriales, la
deslegitimación de la contienda electoral como la base de la representación, el
silenciamiento de los sectores a#enos a esta interacción y, en general, el fraccionamiento
de la voluntad colectiva y de los vínculos de asociación %ue sostienen a la Sociedad Civil
en torno a las estrategias de captación no2cooperativa de beneficios. $n conclusión, ba#o
el marco de la democracia representativa, la relación entre la Sociedad Civil y los
partidos no es una de articulación y traba#o con#unto, sino de intercambio de prebendas
determinadas económicamente.
Mo$elo Cor'orati*ista
$l siguiente modelo es el corporativista. 4e alguna manera refle#a una magnificación de
la din"mica de intercambio económico %ue se recrea en las pr"cticas clientelistas. !ero a
diferencia del modelo anterior, la interacción entre las esferas de la Sociedad Civil y del
$stado de#a de estar mediada por un mecanismo articulador como los partidos políticos y
pasa a ser el resultado de la intervención directa de los intereses organi&ados m"s
poderosos en el proceso de toma de decisiones. Iiene una lógica de mercado.
4el mismo modo %ue en la democracia representativa, el modelo corporativista conlleva
un discurso democr"tico pero también tiene varias desviaciones antidemocr"ticas.
4urante la década de los setenta, los generadores de este modelo, entre %uienes se
encontraba !hilippe Schmitter, describieron a la sociedad corporativa como una forma de
solución de conflictos y demandas sociales basada en el acuerdo entre las grandes
organi&aciones 9@obbio, 'AB,60-: $n teoría, el modelo corporativista debía conducir a
una interlocución inmediata entre la Sociedad Civil y el $stado a través del
fortalecimiento de los vínculos asociativos sectoriales. @a#o esta premisa, en un conteto
,-
caracteri&ado por un sólido te#ido asociativo, el modelo corporativo sería el mecanismo
de articulación de demandas m"s efica&.
>ótese %ue el elemento determinante %ue haría del corporativismo una pr"ctica
democr"tica F al menos para sus defensores F es la fortale&a de la capacidad asociativa de
un con#unto social. $s decir, en la medida en %ue todos los distintos intereses en #uego
tuviesen la capacidad de organi&arse en igualdad de condiciones y de competir por la
satisfacción de sus necesidades, se podría hablar de un corporativismo operante. >o
obstante, el re%uisito de la alta capacidad asociativa difícilmente puede cumplirse en
sociedades en las cuales los niveles de confian&a F y, por ende, de capital social F se
encuentran distribuidos desigualmente a lo largo de la #erar%uía socioeconómica y se
concentran m"s %ue todo en torno a los principales intereses económicos. Lo %ue esto
significa es %ue a pesar de %ue los pactos de tipo corporativo entre el $stado y las
principales asociaciones de interés suponen la promoción de un mane#o macroeconómico
estable, en países con ba#os niveles de desarrollo económico o carentes de una economía
de mercado totalmente operante, se aumenta el peligro de %ue el corporativismo paralice
a la Sociedad Civil aún ba#o un marco formalmente democr"tico, pues hay menos
recursos autónomos e intereses organi&ados en la sociedad 94iamond, 'AA;6 '3:
$n el marco de este modelo, la interacción entre las esferas de la Sociedad Civil y el
$stado, por un lado, y los partidos políticos latinoamericanos, por otro lado siguen una
din"mica viciada y per#udicial. $n la Sociedad Civil, desaparece el pueblo como fuente
del poder soberano en la democracia y es rempla&ado por un con#unto de grupos
contrapuestos, compartimentali&ados sectorialmente y ordenados #er"r%uicamente con
autonomía relativa frente al gobierno central 9Schmitter, 'AB; y @obbio, 'AB,: $sto ha
dado paso, primero, a pr"cticas no2cooperativas de competencia entre intereses privados
al interior de la Sociedad Civil F limitando o eliminando así su car"cter de gestora de
bienes públicos1 y segundo, a un proceso de eclusión y despoliti&ación de los
ciudadanos, en el %ue se institucionali&a un consenso %ue se limita a las élites del poder F
,'
%ue beneficia a unos m"s %ue a otros F y %ue no se plantea otro ob#etivo %ue el de a#ustar
las políticas estatales a las eigencias de la estructuración económica 9Gamos, 'AAA6 0EB:
$n la esfera del $stado se presentan tres fenómenos preocupantes6 $n primer lugar, la
invasión de los intereses privados sectoriales fracciona institucionalmente al aparato
estatal en la medida en %ue la interlocución con estos intereses organi&ados es selectiva y
unas veces compete a unas entidades y otras veces a otras, de acuerdo con el ob#etivo
particular %ue se persiga en cada oportunidad. $sto conlleva fenómenos de amplia
descoordinación institucional, tanto en el sentido del conflicto de intereses y de "mbitos
de acción frente a unos temas, como el de la ausencia de acción y regulación frente a
otros. $n segundo lugar, produce colisión de poderes y alimenta la gravosa duplicación
de funciones. $n tercer lugar, el corporativismo socava las funciones del gobierno como
representante del pueblo y lo convierte en un mediador entre las partes sociales o
intereses organi&ados y, a lo m"s, en "rbitro del respeto de los acuerdos %ue estas realicen
9@obbio, 'AB,60-: $ste factor da lugar a una tercera manifestación del corporativismo
consistente en los fenómenos de corrupción a gran escala.
La interlocución entre las esferas de la Sociedad Civil y del $stado se reali&a entonces a
través de dos mecanismos %ue, al igual %ue el clientelismo en el es%uema de la
representatividad, conducen a din"micas ecluyentes y antidemocr"ticas1 a saber, el
cabildeo y la incidencia. $l primero es utili&ado en forma m"s eclusiva por las
organi&aciones provistas de recursos económicos y técnicos para activar la representación
de los intereses. La segunda tiende a ser un recurso m"s consecuente con las
posibilidades de los organismos m"s débiles y provistos de menos recursos. Se acopla
m"s a las características inherentes a los movimientos sociales y a otras organi&aciones
puntuales y específicas. Ianto el cabildeo 9lobby:, como la incidencia 9advocacy: son
estrategias dirigidas a presionar a los representantes del gobierno a emprender acciones
políticas mediante la presentación de información relevante a determinada política 9en el
me#or de los casos:, o el ofrecimiento de incentivos para %ue esta resulte favorable a los
,0
intereses de %uien o %uienes e#ercen la presión. La principal diferencia radica en %ue el
cabildeo es una pr"ctica informal y no2pública y la incidencia es un proceso m"s formal
y público.
A pesar de %ue en algunos sistemas políticos se recono&ca %ue pr"cticas como el cabildeo
y la incidencia son mecanismos de participación legítimos, en las democracias
latinoamericanas pueden verse como arreglos ecluyentes por dos motivos6 primero,
por%ue re%uieren de un aparata#e efica& y eplícitamente constituido para e#ercer este tipo
de presión 9*acS, 0--':, y éste solamente va a estar al alcance de los intereses m"s
sólidamente organi&ados %ue, como se mencionó anteriormente, coinciden con las élites
económicas sectoriales. / segundo, por%ue, al ser el cabildeo una pr"ctica %ue se
desenvuelve por fuera de la lu& pública, da cabida al uso de estrategias soterradas %ue
contravienen el principio de la transparencia democr"tica.
Ahora bien, Pcu"les son las implicaciones de este modelo para la actividad de los partidos
políticosQ. $n principio, los ob#etivos y las manifestaciones de la interlocución en el
modelo corporativo definen dos caminos alternativos para estas organi&aciones1 o se
convierten en instrumentos %ue legitimen electoralmente los intereses organi&ados
predominantes en el con#unto social1 o son eliminados del proceso a medida %ue se
generali&a el uso del cabildeo y de la incidencia como mecanismos m"s efectivos para la
traducción de demandas y preferencias en respuestas estatales. Nrente al primero de estos
escenarios, los partidos políticos se ven for&ados a asumir su actividad política y electoral
como una etensión de los intereses organi&ados %ue los respaldan, y a reconocer en estos
intereses un aliado en la perpetuación de sus estrategias de supervivencia. $sto se traduce
en la tergiversación de la legitimidad %ue le confieren las elecciones libres y
competitivas a la formulación de políticas públicas y a la actividad política en general.
Con relación al segundo, estas formas alternativas de mediación sustituyen a las formas
partidistas en el proceso de composición de la voluntad política colectiva 9Gamos, 'AAA6
0EB: 4e ahí %ue se pueda aseverar con conocimiento de causa, %ue el modelo
,3
corporativista es el %ue resulta m"s riesgos para la pr"ctica democr"tica, para la verdadera
competencia interpartidista y el m"s proclive a conducir a los sistemas políticos a la
acumulación de las distintas epresiones de la crisis del régimen político, de credibilidad,
legitimidad y gobernabilidad.
Mo$elo $e la De!o"ra"ia Parti"i'ati*a
Ninalmente, el modelo de la democracia participativa se apoya en una lógica relacional
diferente. !ara comen&ar, las dos esferas de la política no se encuentran separadas como
en los modelos anteriores ni mediados por ningún elemento articulador eterno. $llas se
superponen dando lugar a una intersección cambiante 9%ue se epande o se contrae: sobre
la cual se locali&an las acciones compartidas %ue refle#an el e#ercicio tangible de la
participación y de lo %ue 4avid *atheJs 9'AAA: denomina 7la política para la gente8. $s
importante se(alar en aras de la claridad analítica %ue la epresión de estas acciones
superpuestas converge en y se refle#a sobre una esfera diferente y resultante de esta
interdependencia. $sta es la esfera de lo público en donde se construye el bien común.
Ahora, para %ue esto tenga sentido, es preciso registrar la eistencia de un cambio de
conducta de los actores vinculados a las dos esferas de la política. $n la esfera de la
Sociedad Civil, los actores F individual o colectivamente F reivindican el protagonismo
consciente, cívico y responsable de participar en los procesos de bús%ueda de soluciones
a los problemas de la sociedad. Se trata de la manifestación 7empoderada8 tanto del
derecho como del deber de participar en política y de hacerlo con responsabilidad social,
con civismo y conciencia ciudadana. $n la esfera del $stado, los actores y las
instituciones oficiales reempla&an sus posturas burocr"ticas, pretenciosas y aut"r%uicas y
las cambian por posturas de apertura, realismo y modestia %ue reconocen el imperio de la
escase& y la incapacidad de resolver por si solos todos los problemas sociales,
económicos y políticos %ue confluyen en la agenda gubernativa. Adem"s ellos aceptan
con benepl"cito el concurso de los gobernados dispuestos a aportar recursos variados para
solucionar los graves problemas comunes. Iambién se comprometen a impulsar los
,;
mecanismos alternativos de participación ciudadana para superar la democracia electoral
a secas de la %ue hablaba =iovanni Sartori6 el plebiscito, el referendo, la consulta popular,
la iniciativa popular legislativa, el cabildo abierto, la revocatoria del mandato, el voto
program"tico..., así como los instrumentos disponibles para asegurar el cumplimiento y el
respeto a los derechos tanto civiles y políticos como sociales y económicos, individual y
colectivamente 9acción de tutela y acciones colectivas:. Ninalmente, se muestran
dispuestos a promover e impulsar programas amplios de educación cívica, de educación
para la democracia y, en general, de construcción de una verdadera cultura ciudadana y
de fortalecimiento de la Sociedad Civil.
P!ero dónde se ubican los partidos políticos en este tercer modelo idealQ La respuesta
amerita un tratamiento separado para cada esfera de la política6 $n la Sociedad Civil, los
partidos deben responder al gran reto de replantear su función fallida como agregadores
de intereses. 4ado %ue la comple#idad de esta esfera, en buena medida, se refle#a en la
heterogeneidad de sus componentes, el reto principal estaría en revalorar y demostrar la
capacidad de agregación de los intereses de entes tan diversos como las asociaciones de
interés o grupos de presión, los nuevos movimientos sociales, las cooperativas, la amplia
gama de +rgani&aciones >o =ubernamentales 9+>=: y de la Sociedad Civil 9+SC: P/
cómo hacerloQ !rimero, propugnando por hacer evidente %ue la coincidencia entre su
fundamentación ideológica2partidista, su base program"tica y su accionar cotidiano con
las afinidades estratégicas y convicciones valorativas democr"ticas %ue proclaman y
persiguen todos estos componentes tan diversos y variados de la Sociedad Civil,
obviamente democr"tica. Adicionalmente, formali&ando acuerdos %ue resulten de la
comprobación efectiva de estas afinidades tanto teórico F discursivas como pr"ctico F
aplicadas.
$n la esfera del $stado, la ubicación de los partidos en este modelo de la democracia
participativa eige una diferenciación cualitativa, por un lado, para a%uellos casos en %ue
se esté hablando del partido de 9en el: gobierno y, por el otro, para el partido de 9en la:
,,
oposición. $n cuanto al primero, el e#ercicio de la responsabilidad gubernativa debe estar
permanentemente epuesto a permitir %ue las acciones de la gestión pública sean
controladas políticamente por los gobernados en cuanto a su consecuencia con las
conductas y valoraciones democr"ticas propias de la democracia liberal y del $stado
Social de 4erecho. La constatación de estas consecuencias en el actuar y en la
fundamentación valorativa, no sólo fortalecer" la credibilidad y la legitimidad, hoy tan
disminuidas, sino %ue acrecentar" la gobernabilidad democr"tica y, por ahí, la ética, el
desarrollo social e%uitativo y la #usticia social. $l partido de gobierno en el modelo de la
democracia participativa no solo deber" otorgar todas las garantías para el libre e#ercicio
de la oposición política por parte de sus competidores, sino %ue adem"s deber"
constituirse en el promotor de las libertades para %ue los oponentes se epresen, sin
ecepciones de ningún tipo, haciendo uso de las bases institucionales formales provistas
para esa finalidad esencial en la democracia. Iambién deber" ser un agente propiciador
de facilidades para %ue las mayorías dispongan de oportunidades para involucrarse
libremente en el e#ercicio de la política a través del compromiso firme con el desarrollo
de las diversas formas de activación y promoción de la construcción de ciudadanía. $sto,
no solo afian&ar" el régimen democr"tico en %ue se basa su gestión gubernativa sino %ue
refor&ar" su credibilidad como garante del sentido de la democracia %ue preside.
Ninalmente esto redundar" en el fortalecimiento de la legitimidad y de la gobernabilidad
del régimen.
$n cuanto al segundo, el e#ercicio de la oposición política deber" ubicarse en pos de la
recuperación de la institucionalidad de los espacios legales previstos constitucionalmente
para el desarrollo de esta pr"ctica democr"tica. Iambién deber" actuar en forma
continua, responsable y consecuente con la pr"ctica y la valoración democr"tica
subyacente. Sólo así se ampliar"n las posibilidades para el logro de una competencia
interpartidista m"s clara y transparente y, desde luego, para la obtención de una me#or
competencia por el poder formal y de una rotación en el poder m"s sana y m"s amplia.
!or esto es %ue el 9los: partidos en la oposición debería9n: compartir el compromiso con
,<
la bús%ueda de un amplio involucramiento ciudadano en la bús%ueda de las
consecuencias entre el discurso democr"tico participativo y la apropiación conciente y
cotidiana de los mecanismos %ue en el "mbito de lo ideal, cada día m"s epresan los
tetos constitucionales vigentes en los países de América Latina.
$sta revisión somera de los modelos de interrelación entre las esferas de la Sociedad
Civil y el $stado ha permitido distinguir un con#unto de factores %ue contribuyen,
simult"neamente, a la identificación de los elementos determinantes de la crisis funcional
de los partidos políticos y al se(alamiento de las "reas en las cuales se debe dar el proceso
de reinvención de estas estructuras partidistas.
Como se ha podido observar, las principales diferencias en el papel de los partidos
políticos entre el modelo de la democracia representativa, el del corporativismo y el de la
democracia participativa consisten en %ue, en lo relacionado con la interlocución con el
$stado, ba#o el es%uema de la representación se da una imposición de la sociedad política
9los partidos: a la Sociedad Civil de#ando a esta última severamente disminuida e
incapacitada para el cumplimiento de sus funciones en el "mbito democr"tico1 y ba#o el
corporativista, son los partidos políticos los %ue resultan despla&ados o
instrumentali&ados por los intereses privados con mayor grado de asociación y poder
organi&ativo. !or el contrario, en el marco de la participación, los partidos políticos no
subyugan ni se subyugan ante la Sociedad Civil1 en contraste, se involucran en una
relación simbiótica ba#o la cual ganan sustancia teórica y credibilidad en la medida en
%ue pueden agregar eficientemente sus demandas.
>o obstante, en esta coyuntura histórica de América Latina, el impulso %ue se ha
intentado dar a la democracia participativa ha estado obstaculi&ado por las posiciones
reactivas %ue plantean %ue la crisis %ue se percibe en los partidos políticos de la región es
una crisis de las organi&aciones, o me#or, del concepto subyacente %ue les dio origen,
m"s %ue una crisis de las pr"cticas partidistas propiamente dichas. 4e manera
,E
complementaria, se ha sostenido %ue, ante este supuesto vacío, solo le %ueda a la
Sociedad Civil etenderse y apropiarse de las funciones %ue tradicionalmente cumplieron
los partidos políticos, muchas veces con poca legitimidad y eficiencia.
Así, como se planteaba atr"s, independientemente de la posible causalidad, el auge de la
Sociedad Civil ha sido inversamente proporcional a la credibilidad de los partidos
políticos en América Latina. 4el mismo modo en %ue la población ha pasado de ser la
parte demandante en la esfera pública y se ha convertido en gestora de su propio
desarrollo, ha surgido la posibilidad firme de %ue las formas asociativas %ue componen la
Sociedad Civil se transformen en transmisores directos de los intereses sectoriales hacia
la producción de bienes públicos. $sta tendencia se ha sustentado parcialmente en el
supuesto de %ue un sistema %ue se reconoce como plural y heterogéneo, difícilmente
puede epresarse políticamente a través de dos o tres estructuras partidistas %ue se
mueven en el continuum restringido de la i&%uierda a la derecha y %ue tienen la
consecución del poder m"s como fin %ue como medio para responder a las demandas de
la sociedad. >o obstante, la homogeni&ación no es una función inherente a los partidos
políticos. $s decir, cuando se habla de las organi&aciones partidistas como instancias
agregadoras de intereses y articuladoras de la voluntad colectiva, se est" haciendo
referencia a un con#unto de funciones %ue F cuando son e#ecutadas democr"ticamente F
no sólo no involucran sino %ue limitan la supresión de la pluralidad.
$ntonces, en el marco de la democracia participativa, la incidencia de los partidos
políticos y su interacción con el $stado y la Sociedad Civil deber" girar en torno a las
siguientes funciones6 $n primer lugar, si la principal función de los partidos políticos es
la agregación de intereses sociales a través de asuntos y problemas políticos, esto
significa %ue, como agentes facilitadores y mediadores entre la Sociedad Civil y el
$stado, los partidos políticos deben contribuir a la identificación de "reas para la
construcción de bienes públicos a través del dise(o de proyectos políticos coherentes y
realistas %ue los contemplen. $s decir, teniendo como base la determinación inicial sobre
,B
la eistencia de necesidades concretas y evidentes para la colectividad 9por e#emplo, la
etensión de las redes de acueducto, el me#oramiento de la calidad de la educación o la
descontaminación de un río: o de unas orientaciones generali&adas de la colectividad
hacia lo político 9como la desconfian&a frente a las instituciones políticas tradicionales, el
recha&o a las formas de eclusión del sistema o la desaprobación de la gestión de sus
representantes:, los partidos políticos deben construir proyectos políticos coherentes %ue
bus%uen transformar o mantener la realidad política, económica, social, ambiental y
cultural de modo tal %ue se le dé curso a los intereses y demandas de la población
eficiente y participativamente. 4e esta manera, los partidos políticos deben mantener un
fuerte vínculo entre la refleión sobre la realidad observable de un país y el desarrollo de
una base ideológica proactiva %ue permita sinteti&arla.
La importancia de esta din"mica en la actividad democr"tica radica fundamentalmente en
%ue la transmisión directa de demandas corporativas de la Sociedad Civil hacia el $stado
puede, no sólo no ser la metodología m"s efectiva y cómoda, sino %ue también puede dar
cabida a pr"cticas peligrosas y ecluyentes como las %ue ya se identificaron por medio de
la revisión de los tres modelos de interacción de las esferas de la Sociedad Civil y el
$stado. $n consecuencia, el e#ercicio democr"tico de las labores de mediación y
articulación de los partidos políticos es la garantía necesaria para evitar un proceso de
degradación del sistema como resultado de la ine%uitativa e irresponsable representación
de intereses y así promover la verdadera representación política.
Nrente a esta función principal, los partidos políticos deber"n reali&ar sus actividades de
un modo con#unto y coordinado con la Sociedad Civil. $sto significa %ue la interacción
entre estos dos componentes esenciales de la política no podr" desarrollarse como una
carrera de relevos en la cual las distintas formas asociativas de la sociedad cumplan una
labor de identificación de necesidades y de posibles cursos de acción, para luego pasarle
la responsabilidad de su satisfacción a los partidos. !or el contrario, la comunicación
debe ser constante y fluida de manera %ue los partidos políticos puedan generar y
,A
mantener un proyecto político fleible y adaptable con un asidero sostenido y amplio en
la realidad social y %ue la Sociedad Civil sea un actor protagónico en su e#ecución. Como
corolario indispensable a todo lo anterior, es preciso subrayar %ue para posibilitar el logro
realista de esta función, de manera conciente y deliberada, los partidos políticos
latinoamericanos deber"n asumir con propiedad el lidera&go para la construcción de la
ciudadanía. $sta labor no %ueda restringida entonces al partido en el gobierno como se
se(aló atr"s, sino %ue debe etenderse a todas las organi&aciones partidistas eistentes y
participantes en la competencia por el poder formal en los regímenes democr"ticos
)na segunda función %ue demanda la eistencia y el fortalecimiento de los partidos
políticos es el control a la dispersión electoral. Los partidos políticos deben ser
mediadores de la representación por varias ra&ones6 primero, por%ue son las únicas
organi&aciones con la capacidad de generar alternativas políticas reales y darle así,
sentido democr"tico al sufragio 9Sala&ar y Loldenberg, 'AAE6 03: segundo, por%ue en los
procesos de formulación de políticas públicas, la proliferación incontrolada de opciones e
intereses con respaldos organi&acionales y electorales reducidos, va a conducir a %ue
estas sean el resultado de unos mínimos denominadores comunes demasiado ba#os para
ser efectivos1 y consensuables, y tercero, por%ue en la interacción entre las ramas
e#ecutiva y legislativa Fespecialmente en democracias tradicionalmente presidencialistas
como las latinoamericanas F el accionar disperso de los parlamentarios va a llevar a %ue
la actividad legislativa sea el resultado de transacciones particulares, en lugar de serlo de
la bús%ueda de consensos.
Lo anterior no significa %ue los partidos políticos tengan %ue suprimir la eistencia de los
movimientos sociales o %ue deban presentarse como actores monolíticos, unitarios y
homogéneos, para ser operativos. !or el contrario, la Sociedad Civil conlleva pluralismo
y diversidad 94iamond, 'AA;6 <: y si los partidos políticos %uieren reasumir su papel
como encargados de la interlocución con el $stado, deber"n asumir esa diversidad como
la base de su organi&ación. $n consecuencia, lo %ue sí significa el %ue los partidos eviten
<-
la dispersión electoral, es %ue el proceso de formulación de un proyecto político debe ser
el momento para la agregación efica& de los intereses de la Sociedad Civil, de manera %ue
en la pr"ctica electoral y legislativa se tenga la confluencia de mandato y de disciplina
interna %ue re%uiere la representación política.
La tercera función %ue debe resaltarse es la identificación y formación de los
responsables políticos %ue, desde el gobierno o en la oposición, liderar"n a la nación.
Iradicionalmente se ha asumido %ue los partidos políticos son, antes %ue mecanismos de
agregación de intereses, espacios para la provisión de una ma%uinaria %ue acompa(e a
sus miembros en el desarrollo de sus ambiciones políticas, y este supuesto no se ha
ale#ado mucho de la realidad. Sin embargo, independientemente de los vicios de la
pr"ctica, en esencia, los partidos si deben ser entes formadores de líderes políticos. La
diferencia radica en %ue, gracias al empoderamiento ciudadano %ue sé esta dando como
consecuencia de la efervescencia y el fortalecimiento relativo de la esfera de la Sociedad
Civil en la democracia participativa, esta es una función %ue ahora se podría desarrollar
de manera compartida.
Ninalmente, retomando algunos elementos ya mencionados, en la medida en %ue el
ob#etivo propio de los partidos políticos es llegar al poder, estos deben e#ercer ciertas
funciones alternativas6 Como partido de gobierno, deben generar y conservar la
disciplina necesaria para mantener gobiernos estables y deben tomar las decisiones %ue le
competen a esta esfera del poder de una manera coherente con el proyecto político
resultante del proceso de agregación de los intereses de la Sociedad Civil %ue los ha
llevado al poder. Como oposición, deben promover el control público y la crítica a través
de los mecanismos y desde las instituciones democr"ticas. >ótese entonces %ue estas
últimas funciones las puede e#ercer con mayor responsabilidad y eficacia una estructura
partidista, pues las organi&aciones de la Sociedad Civil, en desbandada, difícilmente
podr"n obtener el mandato suficiente para llegar al gobierno sin involucrarse en
transacciones y coaliciones %ue amenacen su legitimidad y estabilidad. Así mismo, en lo
<'
referente al e#ercicio de la oposición, si bien un aspecto importante de la democracia
participativa es %ue la Sociedad Civil se est" asociando en torno al control político y a la
pr"ctica de las veedurías ciudadanas y %ue el comportamiento electoral est" de#ando de
ser el mecanismo eclusivo de control y sanción a la gestión de los gobernantes, un
recurso agregador manifiesto es indispensable para %ue la oposición sea escuchada y para
%ue sus críticas tengan un impacto en la gestión gubernamental.
V. Re"o!e#$a"io#es
Al)u#as re"o!e#$a"io#es e# rela"i(# al fortale"i!ie#to $e la $e!o"ra"ia
Como se ha se(alado, la democracia, para %ue reciba la aceptación, no sólo como la
forma de gobierno %ue se ha establecido, sino por%ue es considerada, adem"s, como la
m"s apropiada para satisfacer las demandas y epectativas de la ciudadanía en términos
políticos, sociales y económicos, tiene %ue, de manera urgente, superar sus debilidades y
contribuir al fortalecimiento de la gobernabilidad. $n ese sentido convendría hacer un
énfasis especial, por lo menos, en estos temas se(alados a continuación, considerados
como fundamentales.
$n su fase de consolidación, la democracia tiene %ue hacerse m"s participativa y
deliberativa, sin de#ar de ser representativa. !ero esta necesaria apertura no puede
%uedarse en una mera declaración, sino traducirse en la institucionali&ación de los
mecanismos %ue lo hagan posible. 4e manera similar, la democracia necesita, con cierta
urgencia, elevar su grado de aceptación en la ciudadanía y reducir el nivel de
cuestionamiento, para lo cual es imprescindible aumentar significativamente su eficacia y
eficiencia en el enfrenamiento y la solución de los problemas económicos y sociales %ue
a%ue#an a la mayoría de la población, manteniéndola en situación de pobre&a, indigencia
y eclusión. La pobre&a conspira contra la democracia. !or ello, en medio del
achicamiento del $stado y la supremacía del mercado, hay %ue procurar una me#or
<0
distribución de la ri%ue&a socialmente generada, en términos de bienes y servicios. La
democracia tiene %ue estar m"s comprometida con la e%uidad, la solidaridad y la #usticia
social.
$iste una opinión poco favorable a los partidos políticos, pero siguen siendo
instituciones esenciales para la funcionalidad adecuada del sistema político en general y
de la democracia en particular. !recisamente por la escasa valoración positiva %ue se
viene epresando en los últimos a(os, de manera reiterada, en las encuestas de opinión,
tanto para toda América Latina, como en los países individualmente considerados, como
también por las funciones esenciales %ue se les asignan en el sistema político y en la
democracia, y por las consecuencias negativas donde ha colapsado el sistema de partidos,
debe procurarse en cada país la moderni&ación y el fortalecimiento de los partidos
políticos para %ue puedan desempe(ar adecuadamente las funciones esenciales %ue tienen
asignadas.
Adem"s de haber #ugado un significativo rol en la transición de los regímenes autoritarios
hacia la democracia, la Sociedad Civil tiene un papel igual o de mayor trascendencia en
la fase de la consolidación de la democracia. Si ésta debe ser mucho m"s participativa,
son las organi&aciones %ue la componen, entendidas como su#etos sociales, las llamadas a
ser los instrumentos a través de los cuales los ciudadanos hacen conocer sus pareceres,
participan en la elaboración de las decisiones y colaboran con el $stado en la provisión de
determinados servicios sociales. Adem"s, comparten con los partidos políticos una parte
en la articulación de las demandas y las preferencias al poder político, así como la
formulación de propuestas. Conviene a la democracia %ue la Sociedad Civil sea asumida,
y %ue ella misma así se asuma, como un actor complementario a los partidos políticos y
colaborador con el estado.
Siendo la estabilidad política condición necesaria para la consolidación de la democracia
y el desarrollo económico %ue procure el bienestar de los ciudadanos, conviene %ue en
<3
cada país se produ&ca un acuerdo entre las fuer&as políticas, sociales y económicas, para
preservar y refor&ar la gobernabilidad, concebida ésta como el resultado del mane#o
adecuado de una multiplicidad de variables y factores. La gobernabilidad no debe ser
entendida como una responsabilidad eclusiva del gobierno sino compartida por todos los
actores políticos, sociales y económicos del país.
Al)u#as re"o!e#$a"io#es sobre el fortale"i!ie#to $e la So"ie$a$ Ci*il
Con la finalidad de lograr el reconocimiento y la aceptación de la Sociedad Civil como
actor en el sistema, habría %ue evitar la privati&ación de la política, en el sentido de
asignarle a los partidos políticos los roles eclusivos de la participación de los ciudadanos
en asuntos públicos y políticos. Los ciudadanos pueden y deben hacerlo también a través
de las organi&aciones de la Sociedad Civil. !ara ello es necesario el establecimiento de
instituciones dentro del sistema político %ue fomenten y hagan posible la participación
ciudadana a través de las organi&aciones en %ue militan, como también a%uellas %ue
permiten la consulta directa al pueblo en asuntos políticos de gran trascendencia. $n
adición a lo anterior, y como forma de contribuir a lograr lo se(alado, hay %ue luchar por
el reconocimiento de la Sociedad Civil como complementaria a los partidos políticos y
colaboradora del $stado. !ara %ue esto pueda reali&arse, tiene %ue asumirse ella misma en
este rol de complementariedad y no presentarse como alternativa de los partidos políticos,
ni %uerer reivindicar prerrogativas %ue en el sistema político est"n asignadas por la
constitución y las leyes a determinados órganos del $stado. Dui&" haya %ue recordar %ue
la Sociedad Civil ha estado presente en todos los sistemas políticos, reali&ando funciones
y tareas, con limitaciones o facilidades, según le época y la apertura del régimen. $s
conveniente también no identificar a la Sociedad Civil con un solo tipo de las
organi&aciones %ue la componen. $st" formada por organi&aciones %ue responden a
distintos intereses y propósitos, actuando en diferentes "mbitos, por lo %ue el todo no
debe ser identificado con una de sus partes, por muy significativa y relevante %ue ésta
sea.
<;
Ninalmente, la consolidación de la democracia se vería positivamente beneficiada si en
cada país se propicia un acercamiento entre los partidos políticos y la Sociedad Civil a
través del establecimiento de un lugar de encuentro y de di"logo entre estas dos
entidades, hoy m"s esenciales %ue nunca, en una democracia %ue %uiere ser mas
participativa.
Al)u#as re"o!e#$a"io#es sobre 'arti$os 'ol&ti"os % "o!'le!e#tarie$a$ "o# la
So"ie$a$ Ci*il
$ntonces este con#unto de funciones, ya revisadas brevemente, permite ratificar el
planteamiento inicial sobre el valor %ue tienen los partidos políticos en el modelo de la
democracia participativa y sobre la importancia de %ue estos promuevan una articulación
efectiva con las esferas de la Sociedad Civil y el $stado. Como consecuencia, se puede
observar %ue, a medida %ue se afian&a la movili&ación cognitiva
;
, los partidos políticos se
enfrentan a un electorado cada ve& m"s educado, m"s eigente y m"s sofisticado, %ue
identifica y eplicita sus demandas y preferencias de un modo m"s directo y %ue, por
ende, su labor resulta tanto m"s estratégica en el momento de la interlocución con el
$stado. $s decir, el %ue eista una verdadera ciudadanía, informada y comprometida, no
es un obst"culo sino un desafío para las organi&aciones partidistas pues, ba#o este entorno
cambiante, una agregación efectiva de intereses podr" resultar en políticas m"s
coherentes y acordes con las necesidades reales de la población de los países de
Latinoamérica.
;
El concepto de movilización cognitiva aparece en el trabajo de Ronald Inglehart,
Modernización y posmodernización (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas y
Siglo I de Espa!a Editores s"a" #$$%&, y hace re'erencia a los cambios invisibles
()e a)mentan las capacidades individ)ales como consec)encia de los procesos de
ind)strialización (promoción de )na econom*a basada en el conocimiento, ampliación
del c)brimiento de la ed)cación y tr+nsito de la mano de obra al sector servicios,
entre otros&
<,
)na ve& se han identificado los factores %ue determinan el valor trascendental de las
organi&aciones partidistas dentro del marco de la democracia participativa y se ha hecho
eplícita su ubicación presencial tanto dentro de la esfera de la Sociedad Civil como
dentro de la del $stado, se pasar" ahora a se(alar brevemente los desafíos %ue demandan
respuestas estratégicas de los partidos políticos a fin de superar las pr"cticas políticas
ecluyentes, imperantes en los modelos de la democracia representativa y del
corporativismo.
Iomando como fin deseable la superación de la crisis eistente en torno a los problemas
de la desideologi&ación, la desmovili&ación y la erosión de la identidad colectiva de los
partidos políticos, entre otros, es posible identificar dos posibles cursos de acción viables
%ue respectivamente pueden representar un freno y una regresión en estas tendencias y
%ue alternativamente pueden contribuir a una optimi&ación en el cumplimiento de sus
funciones como articuladores, agregadores y mediadores en el "mbito de lo público. $n
primer lugar, los partidos políticos deber"n democrati&arse internamente. $sto significa
%ue las pr"cticas de selección de candidatos 7a dedo8, de creación de estatutos y
definición de estrategias políticas en salones cerrados, y de generación coyuntural e
improvisada de proyectos políticos en torno a las contiendas electorales deben
desaparecer y darle paso a la bús%ueda de consensos amplios y a la utili&ación de la
participación y la deliberación como los par"metros operativos de su din"mica interna.
$ste cambio deber" conducir a una relegitimación de estas organi&aciones, a una
interlocución directa con la Sociedad Civil y a la recuperación de la sustancia ideológica
y teórica %ue se ha venido desgastando con el tiempo. $ste último es uno de los
principales retos %ue enfrentan los partidos políticos en la democracia participativa. >o
obstante, como ya se mencionó anteriormente, la heterogeneidad y pluralidad inherentes a
la Sociedad Civil contempor"nea implican una superación de la vie#a din"mica i&%uierda
F derecha y, por ello, esta reideologi&ación debe ser el resultado de un proceso refleivo
en el cual los proyectos políticos articulados por estas organi&aciones sean consecuentes
con esta realidad policromada y multidimensional.
<<
$l segundo curso de acción involucra la reforma a la financiación de los partidos
políticos. $n la medida en %ue se ha hablado de la posibilidad de %ue los partidos
asuman como estrategia de supervivencia la prestación de sus servicios para legitimar
electoralmente intereses económicos organi&ados ba#o un es%uema corporativo, se hace
evidente la necesidad de evitar %ue esta pr"ctica se perpetúe a través de canales formales
y ecluyentes. $s decir, es impostergable cerrar los conductos %ue permiten %ue la
financiación privada de la actividad partidista, en especial la de las campa(as electorales,
sea un mecanismo de representación soterrada de intereses y de corrupción al m"s alto
nivel. Sin entrar a discutir las particularidades del sistema electoral de cada país y cómo
deban reformarse, es importante %ue las premisas principales sean la bús%ueda de la
transparencia en la financiación y la reorientación de las estrategias de los partidos
políticos, de manera %ue la supervivencia esté dada por la legitimación proveniente de las
bases y no por la financiación de las corporaciones.
La anterior refleión lleva entonces a subrayar la importancia de la democracia
deliberativa como el escenario m"s proclive para potenciar la democracia en su m"ima
epresión. Sin embargo, es preciso insistir en %ue la democracia deliberativa no debe ser
vista como un "mbito superior de la progresión democr"tica, es decir, como algo %ue
trasciende el sentido de las posibilidades tanto de la democracia representativa como de la
democracia participativa. $n si misma, la democracia deliberativa ofrece elementos de
apoyo para refor&ar la complementariedad %ue necesariamente debe eistir entre
representación y participación. Iambién es importante diferenciar la democracia
deliberativa como un escenario para la progresión democr"tica, de la deliberación
propiamente dicha, vista como un procedimiento %ue, dentro de una vasta gama de
formas y metodologías, promueve la acción colectiva %ue los ciudadanos responsables,
concientes y empoderados pueden y deben emprender en aras de participar
protagónicamente en la solución a los problemas de interés general. 4entro de toda esta
perspectiva, los partidos políticos est"n llamados a desempe(ar un rol estratégico %ue
<E
rescate el sentido y las posibilidades de la agregación de los intereses diversos y dispersos
en la comple#idad de las sociedades afectadas por la confluencia de los fenómenos
atinentes a la posmodernidad y a la globali&ación.
Antes de pasar a formular unas breves consideraciones propositivas sobre la manera en
%ue los medios de comunicación pueden asumir con responsabilidad el rol protagónico
%ue les corresponde para actuar como facilitadores de una me#or interacción entre la
Sociedad Civil y el $stado, es preciso anotar %ue los par"metros operativos %ue sostienen
el régimen democr"tico no necesariamente aseguran la solución de todos los males y
problemas eistentes en cual%uier país. !ero al menos si ofrecen garantías para %ue la
libre competencia entre los proyectos políticos resultantes de la pluralidad y la
diversidad, permita alcan&ar me#ores resultados. $sto sencillamente por%ue en los
procesos participativos subyacentes a esta incorporación ciudadana se podr" establecer la
coherencia verdadera con las necesidades y epectativas de la población.
Los medios de comunicación tienen una función muy importante en el logro de la
complementariedad necesaria en la relación %ue debe eistir entre la Sociedad Civil y el
$stado. Su formidable crecimiento, desarrollo y alcance a todos los rincones de la
sociedad, los convierte en los principales facilitadores de la interlocución %ue debe eistir
entre las dos esferas principales de la política. Las posibilidades %ue han venido
con%uistando, no solo como entes de gran influencia en los comportamientos de la
opinión publica, sino como instrumentos dotados de los m"s prodigiosos avances de la
tecnología de las comunicaciones se prestan para ofrecer la plataforma ideal para la
epresión de la interlocución entre gobernados y gobernantes. La eplosión demogr"fica
con la %ue se inicia el nuevo milenio, en toda su magnitud y comple#idad, solo puede ser
alcan&ada por la tecnologi&ación %ue ya poseen los últimos productos medi"ticos. Lo
anterior, permite pensar, sin ser muy ilusos, %ue ahora lo %ue los medios deben poner a la
altura de los desarrollos tecnológicos de punta de %ue disponen, es un comportamiento
cívico, concomitante con los retos y fundamentos del ideal democr"tico. Son ellos los %ue
<B
est"n provistos de las posibilidades para cerrar la brecha entre un alto nivel de tecnología
y otro de compromiso cívico bastante escaso. $n particular los medios escritos, pero
también la televisión y la radio, pueden y deben refor&ar sus compromisos con el "mbito
comunitario y con la transmisión de sus ansiedades y epectativas a las instancias y
actores gubernamentales. $st"n a tiempo para acelerar la bús%ueda del e%uilibrio y
empare#ar esas dos grandiosas perspectivas del progreso6 la tecnológica y la cívico2
política. $llos, mas %ue ningún otro ente, pueden promover y desarrollar la educación
cívica y la construcción de ciudadanía. Iambién pueden incidir, como nadie, en el
incremento de los compromisos gubernativos de responder las demandas originadas en la
esfera de la Sociedad Civil y canali&adas por los partidos políticos. ?oy día resulta
incomprensible refleionar acerca de la relación entre la Sociedad Civil y el $stado, sin
incluir a los medios de comunicación como un factor de alta incidencia para su
fortalecimiento y solide&
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