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EL SIGNO

Las fuentes teóricas de la semiología: Saussure, Peirce, Morris


Juan Magariños de Morentin

(Buenos Aires: Edicial, 1983)

PRIMERA PARTE

FERDINAND DE SAUSSURE:
DESARROLLO Y ACTUALIZACIÓN
DE SUS CONCEPTOS

I. La Oposición: Lengua / Lenguaje

La primera preocupación de Ferdinand de Saussure es diferenciar los conceptos de


"lengua " y "lenguaje". A la lengua le atribuye "el primer lugar "entre los hechos del
lenguaje" (p. 25)1, al tiempo que afirma que "la lengua produce la unidad del
lenguaje" (p.27). Ambos conceptos venían siendo utilizados corrientemente por la
lingüística clásica; no obstante su uso era equívoco. La intervención científica de
Saussure tuvo por objeto determinar ciertas características estructurales que lograsen
delimitar, con el correspondiente rigor, los respectivos conceptos de "lengua" y
"lenguaje".

En un primer momento considera al lenguaje como totalidad, una de cuyas partes


(esencial) es la lengua. Pero cuando desarrolla en qué consiste esta diferenciación
entre totalidad y parte propone nuevos criterios delimitadores con calidad
epistemológica. "El lenguaje -transcriben sus alumnos- es multiforme y heteróclito"; la
lengua "es, a la vez, un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de
convenciones necesarias, adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de
esta facultad entre los individuos" (p. 25). La inicial oposición diferenciadora todo vs.
parte ha sido reconducida a la de facultad natural vs. producto social, en la medida en
que lo social es una intervención en lo natural, ámbito del cual el hombre selecciona
determinadas posibilidades comunicativas, fijándolas y jerarquizándolas mediante la
atribución de valores y significaciones convencionalmente aceptados.

Al ir estableciendo la diferencia entre lengua y lenguaje, Saussure va construyendo un


paradigma científico mediante el cual asigna a la lingüística un lugar epistemológico
autónomo respecto a otros enfoques posibles de los fenómenos que analiza y de
notable coherencia y exhaustividad. Lo que de tal paradigma puede derivarse no se
agota en modo alguno en los desarrollos saussureanos, como lo demuestran los
posteriores enfoques de la lingüística; del mismo modo continúa sugiriendo nuevas
posibilidades para la identificación del cuerpo teórico de esa ciencia, la semiología.
cuya importancia y extensión él percibió con singular claridad.

Ferdinand de Saussure se preocupa por la posible objeción de que, por el hecho de ser
el ejercicio del lenguaje una consecuencia de la "facultad que recibimos de la
naturaleza, mientras que la lengua es cosa adquirida y convencional", en la respectiva
jerarquización de los elementos en estudio, es la lengua la que parecería que "debería
subordinarse al instinto natural, en lugar de sobreponérsele". Es un problema, por
consiguiente, de jerarquía de conceptos. En el enfoque tradicional, de raigambre
romántica, el concepto de "naturaleza " se encontraba nítidamente privilegiado frente
al de "sociedad". Pero Saussure, al asentar las pautas fundamentales de la lingüística
como ciencia, advierte que tal orden de prioridades necesita ser invertido.

Para defender su tesis de que la lengua produce la unidad del lenguaje, se preocupa por
demostrar que "no está probado que la función del lenguaje, tal como se manifiesta
cuando hablamos, sea enteramente natural". Para ello rebate ciertas consideraciones
positivistas, como la pretensión de que "nuestro aparato vocal esté hecho para hablar
como nuestras piernas para caminar", o reduce la trascendencia universal que se
atribuye al descubrimiento de las localizaciones cerebrales, teoría que, en su tiempo,
sustituye a la desacreditada frenología, mostrando en qué forma lo convencional y por
tanto lo social relega a un lugar secundario la cuestión del aparato vocal; y cómo, lo
que se nucléa en la tercera circunvolución frontal izquierda, "es menos la facultad de
proferir tales o cuales sonidos... que la de evocar por un instrumento, cualquiera que
sea, los signos de un lenguaje regular", por lo que concluye con una afirmación que, al
independizar una concreta facultad de un determinado órgano, constituye el
presupuesto de la existencia de una facultad de nivel superior o más general, cuyas
manifestaciones habrán de conducirle a proponer la nueva ciencia de la semiología:
"Todo esto nos 1Ieva a creer que, por encima del funcionamiento de los diversos
órganos, existe una facultad más general, aquella que gobierna a los signos, y que
sería la facultad lingüística por excelencia " (p. 27). Con ello, Saussure está poniendo el
acento, no sobre determinados signos (los del lenguaje verbal) sino sobre cualquier
instrumento (o sea, signos de otros lenguajes [hoy, yo, escribiría: de otras semiosis])
capaces, mediante la correspondiente convención, de manifestar la capacidad del
pensamiento humano para sustituir. Y esa sustitución que Ch. S. Peirce demarcará
como de "algo por algo"2, en una plena generalización lógica y, en cuanto tal, carente
de contenido pero capaz de todo contenido posible, constituye el punto de arranque
de la evolución hacia una ciencia de la semiología.
Otro párrafo, también fundamental, desde nuestra actualidad, para establecer por qué
la lengua produce la unidad del lenguaje y que nos ofrece un concreto aporte para una
antropología semiológica, es aquél en que Saussure dice: "No es el lenguaje hablado el
que es natural al hombre, sino la facultad de constituir una lengua, es decir, un
sistema de signos distintos, correspondientes a ideas distintas" (p. 26). En este punto,
además de plantear la idea de la función sustitutiva de los signos ("un systéme de
signes distincts correspondants á des idées distinctes"), inaugura la hipótesis
estructural de que dicha sustitución se produce entre sistemas diferentes. Junto con
ello, se hace presente el concepto metodológico de la diferenciación (la cualidad de
distincts, que atribuye respectivamente tanto a signos como a ideas ), la cual acontece,
a su vez, en el interior de cada uno de los correspondientes sistemas.

Pero, además, el problema se inscribe en una oposición con la que recupera el nivel
antropológico a que hiciéramos referencia. Al plantear tal facultad superior como lo
natural al hombre, está estableciendo su cualidad diferencial respecto al restante
ámbito de lo biológico. Dada la extensión y actualidad que tienen los estudios sobre
lenguajes comparados y la popularidad que han adquirido ciertos simios como
Washoe, Koko y Flo3, de quienes disponemos de excelentes informes respecto a
comportamientos que se interpretan como lenguaje desde enfoques behavioristas o
empiristas, resulta particularmente oportuno detener nuestra atención en la oposición
propuesta por Saussure y desarrollarla para evidenciar el espectro de
comportamientos que cubre la función semiótica general y conocer sus límites lógicos.
He aquí la primera formulación de este modelo de oposición:

HUMANIDAD

NATURAL ARTIFICIAL

Tratemos de ir atribuyendo un contenido a este par de términos.

El hombre, tomado en un determinado momento de su propia historia encuentra a su


mundo circundante constituido como un universo de signos. En virtud de la función
derivada de su facultad semiótica, resulta natural para el hombre significar cuanto le
rodea, o sea, transformar a su universo externo e interno en signos. Mediante esta
modificación de su entorno (al cual el animal, utilizando otra vía, se adaptaría), lo
transforma en objeto de conocimiento y, así, su intervención consiste en la elaboración
de una específica artificialidad. La práctica de su humanidad en el mundo consiste en
elaborar esas veladuras de lo real, mediante las que se aliena definitivamente de lo
natural y genera un ámbito específico a su naturaleza: el ámbito de la significación. El
hombre, mediante esta actividad de transformar a lo natural en signos, resulta ser
naturalmente artificial.
El modelo de oposición inicial se amplía, por tanto, del siguiente modo:

HUMANIDAD

NATURAL
ARTIFICIAL

↓ ↓

Elaboración de su propia artificialidad ?

Si lo específicamente natural al hombre consiste en elaborar su propio nivel de


artificialidad, como consecuencia lógica se plantea la pregunta acerca de su
artificialidad específica.

Existe una posibilidad de respuesta que, por la lógica de la oposiciones propuestas,


situaría como tal artificialidad a lo biológico. No obstante, se trataría de una
equivocada lógica ya que la asignación de contenidos a natural y artificial responde al
establecimiento de las respectivas funciones derivadas de la facultad semiótica, y no a
deslindar los contenidos natural y artificial de la naturaleza humana. Decir que lo
natural al hombre es lo social y que lo artificial es lo biológico es tan sin sentido como
el supuesto inverso. En el modelo [esquema] que desarrollamos, lo biológico ocupa un
lugar muy diferente:

BIOLÓGICO

HUMANO ANIMAL

NATURAL ARTIFICIAL

↓ ↓

Elaboración de su propia artificialidad ?

El interrogante acerca de la artificialidad del hombre permanece, pues, sin respuesta,


ya que lo biológico se sitúa como metalenguaje de humano y animal y lo que estamos
buscando es la significación de lo artificial como concepto incluido en lo humano. El
camino correcto será oponer, mediante la negación del contenido, la significación de
artificial a la significación de natural. Por consiguiente, tendremos:
HUMANIDAD

NATURAL ARTIFICIAL

↓ ↓
Elaboración de su propia artificialidad NO-Elaboración de su propia artificialidad

Ahora será necesario desarrollar en qué consiste esta NO-Elaboración de su propia


artificialidad. Tal expresión se vincula con uno de los conceptos más utilizados,
debatidos y tergiversados de nuestra cultura: el de alienación. Este término establece
una distancia o ajenidad frente a algo; resulta fundamental establecer la calidad de ese
algo frente al que se toma distancia. Partiendo de la perspectiva de la función
semiótica como natural al hombre, se enriquece el concepto de alienación en tres
posibles aspectos.

Decir que es natural al hombre elaborar su propia artificialidad, implica decir que el
hombre se constituye en humano en la medida en que crea su propia alienación, o sea,
su propia distancia de "lo real", expresión que utilizamos, meramente, en el sentido de
lo no significativo. Habría, por tanto, un aspecto de la actividad humana, fundamental
para establecer su especificidad diferencial en el ámbito de lo biológico, a la que
puede denominarse "alienación humanizante". Este sería uno de los aspectos que
ningún experimento conductista ni aséptica observación empírica habría podido
comprobar en lo que se refiere a los pretendidos lenguajes animales. La capacidad de
reproducción de determinados signos, por efecto del aprendizaje a que han sido
sometidos, no probaría que Washoe ni Koko han cumplido efectivamente esta
alienación (fracaso experimental confirmador de que esa facultad semiótica y la
correlativa función constituyen lo específicamente natural al hombre, como es la
propuesta saussureana). Por otra parte, la observación de la capacidad comunicativa
de Flo y su manejo de determinadas situaciones en el grupo de chimpancés en
libertad, observados por Goodall, tampoco implicarían el empleo de dicha facultad
semiótica ya que no es constatable que mediante tales comportamientos se instituya
un universo social, o sea, un universo, por acotado que fuera, diferente y alienado de lo
real.

Este tipo de alienación humanizante carece, por consiguiente, de la habitual carga


peyorativa que se le atribuye a la expresión. Pero el esquema que estamos deduciendo
no ha quedado todavía completo. Es preciso esbozar, al menos, cuales sean las
posibilidades o formas de esa NO-Elaboración de la propia artificialidad que se ha
señalado como contenido de lo artificial pertinente al hombre. Es evidente que han de
tratarse de restricciones a la mencionada alienación; serán situaciones o
comportamientos en que hay una limitación, pérdida o deterioro del ejercicio de
aquella "facultad de constituir... un sistema de signos distintos correspondientes a
ideas distintas" caracterizado por Saussure. Si tal facultad es natural, su posible
limitación provendrá, ya bien de una decisión en mayor o menor grado voluntaria o
ya bien como efecto de perturbaciones psicosomáticas que pueda sufrir. Al primer
caso podemos caracterizarlo como "alienación funcional"; al segundo, como "alienación
real".

Con la expresión "alienación funcional" se está haciendo referencia a esa porción de la


tarea de propia humanización a la que se renuncia en función de la comunicación
social. O sea, se alude a los límites de la medida en que se acepta una impersonal
alienación estandarizada, que constituye 'la base común e imprescindible para la
organización social de la coexistencia. Cada coyuntura histórico-social supone una
herencia de alienación preestablecida, en cuya interioridad se trata de encauzar el
acontecer social. Todo ser humano accede a la vida comunitaria optando entre un
número determinado de pautas que le proponen modelos de alienación, mediante los
cuales encontrará resuelto el problema de organizar en forma significativa el caos
circundante. En los estudios sobre la evolución de los primates hacia el homo sapiens,
hay una etapa denominada horno erectus en que, con un cerebro todavía inferior a los
1.000 cm3, logra adquirir una cualidad que multiplica su potencia intelectual y, por
tanto, su capacidad para intervenir en el mundo; es lo que Robert Ardrey confiesa que
le sugirió Kenneth Oakley mediante la expresión "la mente social". En su fácil y
entretenido estilo manifiesta: "Mientras escribo estos párrafos, ejercito la mente social.
Aunque yo puedo insertar una o dos conclusiones originales, dependo de un conjunto
de experiencias reunidas por miles de investigadores científicos. Sin estas
contribuciones, yo soy sencillamente un hombre con un cerebro normal, un cociente
de inteligencia bastante alto, una disposición a la curiosidad, un moderado valor para
oponerse a corrientes de moda, y esto es todo. De mayor importancia es para mí la
mente social. Es la centralita que retrasmite a medida que reúne las señales de otros
cerebros"4. Esta mente social genera una alienación que configura los parámetros de
seguridad y de desarrollo de toda comunidad. El individuo renuncia en parte a su
autónomo desarrollo para aprovechar el desarrollo social; y toda renuncia implica un
sacrificio. Todos aceptamos tal sacrificio, como ineludible exigencia para integrarnos
en una sociedad, además de que, para cuando adquirimos conciencia de tal sacrificio,
el mismo ya está consumado. Por consiguiente, el hombre, definido diferencialmente,
como generador de sus propios signos, se debate entre dos polos: generar su propio
sistema de signos, con prescindencia de las dificultades que, para la comunicación,
ello pueda acarrearle o aceptar los estereotipos de grandes parcelas de significación
mediatizados por los sistemas de signos que se le proponen, en su aprendizaje
cultural, como instrumento de la comunicación intersubjetiva y comunitaria. La
sociedad sanciona tan sólo una de estas dos actitudes polares: la del autista que se
niega a integrarse en el grupo comunitario. Ningún reproche social se formula, por el
contrario, a quienes renuncian a elaborar su cualidad de humanos, aceptando y
adecuándose incondicionalmente a la imagen y código que le propone la alienación
funcional.

La tercera forma de alienación, la alienación real ("real" en cuanto produce una


distancia existencial entre el hombre y su capacidad de humanización), supone una
pérdida o deterioro en la facultad de constituir sistemas de signos. Ya bien porque el
sistema, en tales individuos, carece de la relativa estabilidad de los conectores que
relacionan a los signos que lo constituyen, impidiendo la producción de discursos
unívocos; ya bien porque el sujeto en cuestión no logra distanciarse y duplicar en lo
simbólico el ámbito existencial en el cual transcurre su acontecer; casos, ambos, en que
lo que se manifiesta lesionado es la fundamental capacidad de generar y estructurar
los correspondientes signos. No logra la sustitución de lo imaginario por lo simbólico
tanto por carecer o por haber perdido la posibilidad de producir diferenciaciones en
su horizonte semiológico, como por haber perdido o por carecer de la posibilidad de
adscribir tales diferenciaciones a los homólogos lugares de su universo de
significaciones. Cuando estudiemos la semiótica de Ch. Peirce diremos, más
técnicamente: por deterioro en la percepción de los representámenes o en la producción
de interpretantes o en la transformación del fundamento, operaciones todas implicadas
en la función semiótica natural al hombre. Tal sería el auténtico demente (y, en cuanto
tal, alienado) en el que se manifestarían los distintos aspectos en que puede producirse
la pérdida de la capacidad de elaborar su propia alienación humanizante.

En resumen, el desarrollo completo del modelo derivado de la propuesta saussureana


sería el siguiente:

HUMANIDAD

NATURAL ARTIFICIAL

↓ ↓
Elaboración de su propia artificialidad NO-Elaboración de su
propia artificialidad

↓ ↓
ALIENACIÓN HUMANIZANTE ALIENACIÓN
DESHUMANIZANTE

______________________________↓_______________

ALIENACIÓN ALIENACIÓN

FUNCIONAL REAL

Tras este esbozo de la distancia teórica que media entre el universo semiótico y el
universo real, regresemos a la diferenciación lengua vs. lenguaje.
Desde el punto de vista de la lingüística estructural, los conceptos que desarrolla
Saussure en este primer punto de su Capítulo III, son fundamentales para la restante
comprensión de sus planteos científicos. El signo lingüístico adquiere la calidad de
instancia definida en el interior del sistema de la lengua. El signo lingüístico no puede
pensarse aislado. Constituye el embate definitivo frente a la lingüística que pretende
adscribir a cada signo su propio referente. La sustitución, en cuanto función
constitutiva del signo, no se produce cosa-a-cosa, sino sistema-a-sistema. Así como,
lingüística- mente, el signo no es, sino que resulta ser por la interrelación con los
demás signos del sistema de la lengua, lo mismo ocurre en el ámbito de la semiología.
Para el conocimiento, ninguna propuesta perceptual es , sino que resulta ser, después
de la transformación semiótica en que la forma implica la doble sustitución de sí
misma y de lo representado por el correspondiente concepto; de aquí que conocer no
consiste en llegar a esencia metafísica alguna, sino en producir, como efecto del
pensamiento, la descripción topológica de los lugares de un sistema, los cuales recién
quedan delimitados cuando se determinen las leyes de relación que vinculan al signo
en estudio con el sistema o subsistema correspondiente; y ello debe cumplirse tanto
respecto al sistema de las formas ( que han de ser utilizadas como unidades de un
determinado lenguaje) como respecto al sistema del universo a cuyos elementos tales
formas sustituyen.

Esto es lo que Saussure realiza: no parte de una previa definición de lengua o lenguaje
(en forma que hubiera sido apriorística y en algún modo metafísica), sino que los
opone para, mediante la tarea de ir evidenciando sus relaciones comunes y sus
relaciones diferenciales, llegar a poder producirlos en cuanto instancias internas
(explícitamente definibles) del sistema de la ciencia de la lingüística.

Pero, hasta el momento, la labor ha llegado solamente hasta poder mostrar la


interdependencia existente entre esos dos signos: lenguaje y lengua. El lenguaje queda
incluido en el ámbito de lo antropológico como la facultad semiótica diferencial. La
lengua concreta un sistema de signos (cuya materialidad perceptual es de naturaleza
acústica) provenientes de la facultad, terminantemente delimitada, del lenguaje. Se
comprende, también, la otra relación saussureana, citada al comienzo de este trabajo,
que expresa que "es la lengua la que produce la unidad del lenguaje". O sea, si bien la
lengua concreta los signos provenientes de la facultad del lenguaje, esta tarea es,
simultáneamente, constitutiva del lenguaje. Es la misma actitud de la que participa la
psicología de la forma. Gestálticamente, la totalidad precede a las partes. En el
enfoque antropológico, el lenguaje es la totalidad (facultad) y la lengua es tan sólo una
de las delimitaciones posibles (función) en la interioridad del lenguaje. Desde el punto
de vista de la lingüística como ciencia, la lengua es una totalidad específica (fonética)
y son sus leyes las que confieren o no calidad de lenguaje a los conjuntos fonéticos que
se propongan a su estudio; no todo lo incluido en la actividad verbalizadora es
lenguaje, sino sólo aquello que queda organizado en lengua. Para la semiología, el
lenguaje impone sus condiciones fundamentales a todos los conjuntos significantes
(formas perceptibles sensorialmente) con pretensión significativa.5

Pero, todavía, es necesario enriquecer las relaciones existentes entre estos signos, para
lo cual será necesario introducir una tercera instancia: el habla . Por eso, en un segundo
momento epistemológico, Saussure estudia las relaciones existentes entre lengua y
habla.

II. La Oposición: Lengua / Habla.

No ofrece una nítida coherencia la reflexión a partir de la cual Saussure elabora esta
distinción. En una lectura inicial, parecería que la oposición lengua vs. habla podría ser
reconducida a la más amplia (y que, semiológica mente, ha de ser fundamental)
existente entre sistema vs. discurso. Pero el conocido comentario al ámbito semántico de
la palabra alemana "Rede" elimina ese intento de correlación: "Rede corresponde,
aproximadamente, a 'parole' (habla) pero le añade el sentido especial de 'discours'
(discurso)" (p. 31 ). Luego, en el pensamiento saussuriano, habla y discurso no son
homologables.

La primera caracterización con que comienza a deslindar el ámbito de la lengua es la


de consistir ésta en un "vínculo social" cuya naturaleza específica estaría constituida
por el discutido concepto de "suma de imágenes verbales almacenadas en todos los
individuos" (p. 30).

Frente a esto el habla queda caracterizada como una "práctica" capaz de depositar ese
"tesoro (la lengua) [...] en los sujetos pertenecientes a una misma comunidad".

Así, alcanza uno de sus fundamentales criterios delimitadores: "separando la lengua


del habla, se separa al mismo tiempo: 1º) lo que es social de lo que es individual; 2º) lo
que es esencial de lo que es accesorio y más o menos accidental" (ibidem). La doble
observación aquí formulada merece consideraciones independientes.

La oposición entre lo individual y lo social, si bien proporciona un principio


conceptual de diferenciación entre habla y lengua, requiere advertir, no obstante: a)
que lo individual queda debilitado (y no podía ser de otro modo tratándose de una
consecuencia de la facultad destinada a la comunicación) por la inclusión del habla
entre los fenómenos sociales (es una "práctica" social); b) que lo social de la lengua no
es una "suma" de las imágenes verbales, sino una articulación (o integración en un
sistema virtual) del conjunto de los signos lingüístico poseídos comunitariamente.

No debe interpretarse esta relación entre habla y lengua, cuando Saussure denomina a
la segunda como "producto social", en el sentido de una relación causalista. Ello no
tendría sentido en un pensador que tuvo una de las más lúcidas aproximaciones
epistemológicas a los planos en que transcurre la tarea de elaboración de los objetos,
formal y material, de una ciencia (anticipando en unos 15 años lo que el Círculo de
Viena, que comenzó sus reuniones en 1923, había de tardar en precisar) cuando
manifestó: "Lejos de preceder el objeto al punto de vista, se diría que es el punto de
vista el que crea al objeto y, por otra parte, nada nos anticipa que una de tales maneras
de considerar el hecho en cuestión sea anterior o superior a las otras" (p. 23).
En cuanto a la segunda observación, debe reconocerse que utiliza un débil criterio de
diferenciación cuando acude a los conceptos de "esencial" por oposición a "accesorio"
y "accidental". Con ello incurre en el criterio de considerar al conocimiento como una
esencia a la que sería necesario distinguir de los aparentes accidentes que lo envuelven
y ocultan. Es evidente, no obstante, que la intención de Saussure ha sido atribuir a la
lengua el valor de estructura teórica que es preciso construir ya que no se ofrece
inmediatamente a la observación directa, mientras que señala al habla, justamente,
como el nivel observacional y empírico con cuya mera acumulación de datos nunca
llegaría a formalizarse la lingüística en cuanto ciencia. Pero esta terminología no se
encontraba disponible en el tiempo en que Saussure dictaba sus cursos, siendo
posterior elaboración de la Filosofía de la Ciencia.

Como desarrollo de esta primera oposición entre la lengua como vínculo social y el
habla como práctica, Saussure va enunciando nuevas características diferenciales:

LENGUA HABLA

-No es función del sujeto hablante -Es un acto individual de voluntad

-Es producto que el individuo -Es un acto individual [...] de inteligencia


registra pasivamente

-Nunca supone premeditación. -En el acto del habla son distinguibles: a) las
combinaciones mediante las cuales
el sujeto hablante utiliza el código de la lengua;
b) el mecanismo psicofísico que le permite
exteriorizar tales combinaciones

-La reflexión no interviene más que


para la actividad de clasificar

De tales características, destaca esa específica pasividad del individuo respecto a la


lengua; las restantes no hacen más que desarrollar las formas de tal pasividad.
Situándose al nivel del sistema de la lengua. en cuanto "sistema gramatical virtualmente
existente en cada cerebro", Saussure atribuye a cada individuo el papel de ser soporte
necesario de dicho sistema.
Una, no obstante, de las características diferenciales atribuidas a la lengua produce
cierta inquietud: es la relativa a la reflexión, la cual no intervendría más que para la
actividad de clasificar. Por remisión del mismo Saussure sabemos que tal actividad
clasificatoria consiste en las que denomina "relaciones asociativas" (p. 170). Esto
suscita la siguiente pregunta: ¿Pertenecen, dichas relaciones asociativas, a la lengua o,
más bien, a la lingüística, formando parte de su objeto formal? Que el punto de vista
constituye el objeto de la lingüística es tan cierto que el hecho de haber percibido
Saussure relaciones como las mencionadas. implica haber adoptado un determinado
punto de vista, constituyendo éste y las relaciones desde él percibidas, el elemento
fundacional de la lingüística estructural. Por ello, dicha actividad de clasificar no es un
objeto de conocimiento de los individuos, sino la construcción de una actividad
teóricamente supuesta que permite conferir coherencia tanto a un momento
sincrónico de una lengua, como a sus cambios, o sea, a su transformación diacrónica;
se trata, pues, de una identificación en el ámbito teórico de la lingüística y no de una
experiencia de cuyo acontecer pueda ser consciente el protagonista.

"En lo que se refiere a las características del habla, Saussure se limita a mostrar el
grado de participación de la individualidad en el acto o comportamiento, ahora sí,
plenamente observacional y constatable. En tal sentido, se limita a identificar la doble
operación cumplida por dicho individuo: la de combinatoria respecto a las entidades
del código y la relativa a la exteriorización de las combinaciones disponibles mediante
el correspondiente mecanismo psicofísico.

Ferdinand de Saussure desarrolla extensamente los caracteres de la lengua y sólo


incidentalmente se preocupa de fijar determinadas características del habla. Esto es
coherente con la totalidad de su pensamiento, ya que ciñe su tarea al desarrollo de
una lingüística de la lengua, con total prescindencia de una lingüística del habla. Como
toda proposición fundamental de una teoría científica ello contiene una estructura un
tanto circular o tautológica; mal podría haber una lingüística del habla si la lingüística,
en cuanto ciencia, consiste en la adopción de un particular punto de vista que crea su
objeto. Esta creación acontece a partir de los datos del habla, pero no consiste en el
habla; o a partir de determinados presupuestos teóricos con los que quedarán
ordenados los fenómenos del habla; pero en uno y otro caso lo que se constituye es la
lengua como sistema teórico capaz de dar cuenta de las observaciones empíricas
correspondientes. Consciente de esta dualidad, cuida de dejar bien establecida la
respectiva demarcación: "Se puede, en rigor, conservar el nombre de lingüística para
cada una de ambas disciplinas y hablar de una lingüística del habla. Pero será preciso
no confundirla con la lingüística propiamente dicha, aquélla cuyo único objeto es la
lengua. Nos abocaremos únicamente a esta última y si, en el transcurso de nuestras
demostraciones, nos proporciona luz el estudio del habla, cuidaremos de no borrar
nunca los límites que separan ambos dominios" (ps. 38-39). Los estudios relativos al
habla tomaron consistencia en escuelas que optaron por las tesis empiristas y
behavioristas, entre las que destaca la General Semantics que llega, en sus más
conspicuos desarrollos, como son los de Alfred Korzybski6 o S. I. Hayakawa7, a
formular audaces conexiones entre el comportamiento verbal y la salud fisiológica, en
el caso del primero de estos autores, o a afirmar arbitrarios postulados sobre la ética
de la semántica en que se comprobaría la preferibilidad de la cooperación sobre el
conflicto, como es el caso del segundo autor. La escasa aceptabilidad de semejante
propuesta ratifica la oportunidad de la advertencia de Saussure. En cierta forma
podría decirse que los intentos de constituir una lingüística del habla, con rigurosa
pretensión científica, ha conducido al campo de la semántica. ya bien tratada en la
perspectiva de la lógica, como la llamada "Escuela de Varsovia" (Lesniewski,
Kotarbinski y Tarski)8 fijando el segundo de estos autores, Kotarbinski, el término
"Pra- xiología " para referirse a "la ciencia de la acción eficiente"9; ya bien desde la
perspectiva generativa, como lo hacen, entre otros (aparte, e incluso al margen, de
Chomsky), Jerrold J. Katz y Jerry A. Fodor10; ya bien, retomando el concepto de
praxiología y encuadrando al habla en los problemas de la comunicación, en los
estudios de V. Sánchez de Zavala11. [En esta línea, sus actuales desarrollos han
proporcionado uno de los aspectos más fructíferos de la lingüística contemporánea:
los de la pragmática.]

La actitud adoptada por Saussure hace que, al continuar el desarrollo de las


diferencias entre lengua y habla tienda más a completar las relativas a la lengua que
las que configurarían el habla, quedando estas últimas como interrogantes cuya
formulación puede resultar, no obstante, fructífera para la reflexión epistemológica.
En el siguiente cuadro contrastador de caracteres trataremos de enfrentar enunciados
correspondientes a la lengua y al habla, aun en aquellos casos en que Saussure no los
ha enunciado expresamente; tales casos podrán identificarse porque están en su forma
interrogativa.

LENGUA HABLA
-Objeto bien definido en el conjunto heteróclito de -¿Objeto indefinido en el conjunto heteróclito
los hechos del lenguaje (p.31 ). de los hechos del lenguaje?
-Aquella porción determinada del circuito donde -¿Pertenece a ese mismo circuito? ¿En qué parte
una imagen auditiva se asocia con un concepto (p. 31). del circuito se instala?
-¿Parte individual del lenguaje, exterior al individuo?
-Parte social del lenguaje, exterior al individuo (p. 31 ). -¿Parte individual del lenguaje, interior al individuo?
-¿Parte social del lenguaje, interior al individuo?
-El individuo, por sí solo, no puede crearla ni
-¿Puede el individuo crearla o modificarla?
modificarla (p.31).
-Sólo existe en virtud de una especie de contrato
-¿Existe con independencia del contrato?
establecido entre los miembros de una comunidad (p. 31 ).
-El individuo necesita un aprendizaje para conocer su
-Su práctica, ¿requiere un aprendizaje?
funcionamiento (p. 31 ).
-Se conserva, aun perdido el uso del habla (p. 31). -Puede perderse, conservándose la lengua (Ibidem).
-Puede estudiarse con independencia del habla (p. 31). -¿Puede estudiarse con independencia de la lengua?
-La ciencia de la lengua sólo es posible si no se -¿Requiere la ciencia del habla (si es posible tal
inmiscuyen otros elementos (p. 31 ). ciencia) la misma depuración?
-¿El habla es heterogénea como, según Saussure, lo
-La lengua es de naturaleza homogénea (p. 32).
es el lenguaje?
-Es un sistema de signos donde lo único esencial es la unión -El habla ¿es un sistema? En tal caso, ¿qué le resulta
del sentido y de la imagen acústica, siendo las dos partes esencial? ¿Cuál es la naturaleza de los signos que
del signo igualmente psíquicas (p. 32). la constituyen?
-Es un objeto de naturaleza concreta (E.: 32). -Es un objeto de naturaleza concreta (Ibidem)
-Los signos lingüísticos son asociaciones ratificadas -¿Cuáles son los signos del habla? ¿Requieren la
por el consentimiento colectivo (p. 32). ratificación colectiva?
-¿Cuál es la realidad de los signos del habla? ¿Cuál
-Son realidades que tienen su asiento en el cerebro (p. 32).
es su lugar pertinente?
-Son, por así decir, tangibles; la escritura puede fijarlos -Sería imposible fotografiar, en todos sus detalles,
mediante imágenes convencionales (p. 32). los actos del habla (Ibidem).

Podemos prescindir de esta última observación, de mero carácter técnico, que ha


quedado contradicha por la evolución de la propia técnica fotográfica; si Saussure deja
de lado el estudio del habla, lo hace en procura de una pureza metodológica que, en
su momento, se imponía como una exigencia imprescindible para conferir rigor
científico a su disciplina. El progreso que permitió registrar ópticamente la
descomposición de los sonidos vocales, simplemente, superó la inaprensible dificultad
con que él se enfrentaba: "la fonación de una palabra, por pequeña que sea, supone
una infinidad de movimientos musculares extremadamente difíciles de conocer y
representar" (p.32).

Las preguntas, no formuladas por Saussure, a las que hemos dado forma a partir de
las afirmaciones saussureanas acerca de la lengua, poseen, en algunos casos,
respuestas muy obvias; pero, en general, sirven de guía para constatar la posibilidad
de una ciencia acerca del habla, así como para detectar una serie de problemas y
evaluar si la semántica, conductista, lógica, generativa o praxeológica, da
debidamente cuenta de ellos.

¿ Cuál es el objeto al que tiende Saussure al enumerar estos caracteres de la lengua? El


objeto de la lingüística no preexiste a la propia lingüística, como, según hemos visto,
se encarga de dejar debidamente establecido; por el contrario, la tarea de la lingüística,
en cuanto ciencia, consiste en constituirlo. Por eso Saussure no parte de un concepto
de lengua dado, sino que sale, justamente, en su búsqueda. En la mediad en que lo
consiga habrá podido, simultáneamente, establecer la existencia de una ciencia de la
lingüística. Lo que es la lengua (y, en consecuencia, lo que lleguen a ser los signos
lingüísticos) deberá ser producido como efecto de significación de su propio discurso
científico. Lo contrario implicaría que, al comienzo de la investigación, ya se sabía
aquello que se pretendía llegar a saber.

No hay que malinterpretar el sentido de esta observación. El texto que utilizamos para
seguir el desarrollo del pensamiento de Saussure es el de su famoso Curso, tal como
nos ha llegado en la versión de sus alumnos Charles Bally y Albert Sechehaye. Con
independencia de las interpolaciones que pueden proceder de quienes le dieron forma,
la exposición de Saussure es didáctica y no pretende conservar el orden lógico del
desarrollo de un trabajo de investigación. O sea, que es preciso distinguir entre el
orden de exposición de un discurso científico y su propio orden de producción o
progreso lógico, coherente y deductivo. Aquí nos encontramos ante un texto que
conserva un determinado orden de exposición. Cuando Saussure se refiere a la
distinción entre lengua y habla lo que hace es mostrarnos conclusiones importantes a
las que ha llegado, en tiempos y por procesos que pueden ser totalmente distintos, y
que en nada afectan a la ubicación, al comienzo de su texto (o en sus clases
introductorias) de tales conclusiones. Pero, también, lo que hace es valorar la calidad
teórica de la estructura científica que va a proponer y en eso consiste buena parte de la
calidad y actualidad que posee su pensamiento; lo desarrolla con clara conciencia de
los problemas epistemológicos que implica la tarea a la que enfrenta y, así,
simultáneamente, nos enseña lingüística y teoría de la ciencia.

Es curioso que padezca un cierto desenfoque respecto a la labor científica en


disciplinas ajenas a su especialidad. "Otras ciencias operan sobre objetos dados por
anticipado y que pueden considerar, de inmediato, desde diferentes puntos de vista
(p. 23). Es evidente que, frente a los cuerpos celestes que estaban en el firmamento
antes de que la astronomía (o su etapa arqueológica: la astrología) los tomase en
consideración, los astrónomos, al menos en la resentida mirada que Saussure lanza en
torno, disponían de ellos a su antojo. No considera Saussure que antes de que él
consolidase la lingüística también existía el lenguaje y los hechos del habla lo
anteceden desde siglos que comienzan con los interrogantes que hoy se plantean
acerca de su posibilidad en el hombre de Neanderthal12. O más bien, trata de
demostrar que tal existencia no le sirve, al menos con los medios de observación y
análisis de que dispone, para conferirle el estatuto de objeto formal de su ciencia; por
eso rechaza de su campo de estudio a una lingüística del habla, como a la posibilidad
de un registro de los matices de la fonación. Sin embargo, entre el habla como
existencia y los cuerpos celestes como existencias no puede formularse diferencia
alguna en cuanto a que ambos no existen para la ciencia hasta que se adopta el
específico punto de vista; el cual, en uno y otro caso habrá de transformarlos en los
correspondientes objetos formales. La ciencia, en cuanto producción de su propio
discurso, tiene una vida que no es otra que la de los signos mediante los cuales dice a
un universo de objetos determinado, sin que tales objetos o tal realidad participe de la
vida de dicha ciencia. Pese a las resonancias organicistas que pueda despertar lo que
acaba de manifestarse, se trata de uno de los criterios fundamentales de la actual
teoría de la ciencia; criterio anticipado por Peirce, aproximadamente en la misma
época que lo hizo Saussure: "La trama y la urdimbre de todo pensamiento y de toda
investigación son los símbolos y... la vida del pensamiento y de la ciencia es la vida
inherente a estos símbolos", en el párrafo 2.220 de Collected Papers, uno de los más
citados de la ingente obra del filósofo norteamericano.

A Saussure no le interesa desarrollar las relaciones conceptuales del signo-habla.


justamente, porque no va a construir una lingüística del habla. El hecho de oponerlo al
signo-lengua es a los meros efectos de evidenciar con mayor eficacia la estructura
pertinente a este último.

Obsérvese que hemos empezado a hablar de "signo-lengua " y de "signo-habla".


Precisamente, porque lo que ha logrado hacer Saussure ha sido transformar a la
lengua y al habla en el par de signos correspondientes y, así, constituirlos en el objeto
de conocimiento de su disciplina. Vamos a continuar nuestro análisis de su texto
tratando de reconstruir el desarrollo lógico mediante el que se cumple esta
transformación. De más está decir que Saussure no usa tales expresiones ("signo-
habla" y "signo-lengua"), pero llega a conferirles un valor teórico, especialmente a la
lengua, que implícitamente los transforma en tales. Nosotros los utilizamos en las
páginas siguientes para diferenciar claramente el nivel existencial y el nivel teórico en
que la lengua (y el habla) pueden situarse.

Para proceder al conocimiento de un signo (o sea, de una estructura que posee un


lugar en un determinado sistema y que se define por las relaciones que, en cuanto tal
lugar, guarda con los restantes lugares constitutivos del sistema; valga esta primera
aproximación al concepto de signo, ya que los posteriores estudios sobre Peirce y sobre
Morris ayudarán a conceptualizarlo específicamente) es necesario optar entre dos
procedimientos: o se estudia al signo hacia su propia interioridad, o se lo estudia
vinculándolo con otros signos del mismo sistema. Optaremos inicialmente por este
segundo procedimiento por ser el que se ajusta al desarrollo que realiza Saussure en
esta parte de su exposición. Más adelante nos adentraremos en el desarrollo de la
estructura del signo. Todavía debe advertirse que todo signo se vincula con otros
signos, ya bien en la contigüidad integradora de un discurso (relaciones sintagmáticas),
o ya bien en la simultaneidad articuladora de un sistema (relaciones paradigmáticas). En
el cuadro siguiente se ha optado por esta última variante, ya que también es tal la
intención de Saussure en cuanto lo que tiene en vista es la descripción estructural del
sistema de la lengua.

Algirdas Julien Greimas ofrece un concepto elemental de estructura: "La estructura


-dice- es el modo de la existencia de la significación, caracterizado por la presencia de
la relación articulada entre dos semas"13 y lo simboliza mediante:

A / r (S) / B

Nosotros, en vez de hacerlo entre semas (ya que no tratamos la problemática particular
de la significación), lo haremos entre el signo-lengua, por una parte y las terminales de
sus posibles relaciones, tal como hemos visto que las propone Saussure.
El papel que cumplen los elementos terminales de las distintas relaciones en que
Saussure sitúa a la lengua ("hechos del lenguaje", "individuo", "circuito de asociación
de imagen y concepto", "habla", "lenguaje exterior" y "contrato comunitario") es el de
signos delimitadores. es decir, aquellos que no tienen otra función que permitir la
transformación de la lengua en el signo-lengua pertinente a la ciencia de la lingüística.
Ocupan los lugares del " A "y el "B" en el modelo de Greimas.

Los elementos conectores ("delimitación" e "interioridad", "aprendizaje",


"delimitación" y "parcialidad", "conservación" e "independencia", "parcialidad",
"existencia)" atribuyen un valor a las relaciones que median entre la lengua y sus
propios signos de delimitadores. A través de tales valores o leyes de relación intra-sis-
témica, Saussure elabora la forma conceptual del signo-lengua.

Se llega, así, a una definición explícita del concepto de lengua tal como ha sido
producido por su pensamiento científico: Es una delimitación en la interioridad de los
hechos del lenguaje que solo toma en cuenta parte de los elementos integrantes del circuito de
asociación de imagen y concepto y parte de los hechos constitutivos del lenguaje exterior, cuya
existencia requiere del acuerdo comunitario y a la cual el individuo accede mediante un
aprendizaje, siendo su conservación independiente del fenómeno del habla.

Saussure ha ido haciendo explícitos. o sea, sacando de la nebulosa de lo indiferenciado


y enunciando expresamente uno por uno, cada uno de los elementos con los que, sin
ser lengua, se relaciona la lengua. Hay, todavía, no obstante, una vaciedad en cuanto a
las calidades de las relaciones establecidas. Si bien, con ellas, el fenómeno de la lengua
pasa a ocupar el nivel teórico en cuanto signo-lengua, es tal signo-lengua el que
deberá ser definido explícitamente a continuación. Y este segundo paso en la tarea
estructuradora de la lingüística, Saussure lo da sin advertirnos que la exposición ha
cambiado de plano; aparece entre las características que va mencionando como
recapitulación de los caracteres de la lengua.
Las relaciones ya no se establecen entre la lengua y otros signos, sino entre el signo-
lengua (elaborado en las anteriores delimitaciones) y el sistema de signos-lengua en el
cual queda incluido. Las relaciones que a este efecto enuncia Saussure se refieren a las
cualidades de tal signo-lengua: "homogeneidad", "sentido" e "imagen acústica",
"asociaciones colectivamente ratificadas" y "realidades mentales y concretas". El
paradigma así organizado tiene dos expansiones: una hacia el sistema de signos-habla y
otra hacia el sistema de signos-gráficos (escritura). En ambos casos, ya no es el signo-
lengua el que está siendo desarrollado, sino el sistema de signos-lengua que, mediante
estas nuevas relaciones se transforma en entidad teórica propia de la lingüística y, en
cuanto tal, en signo-sistema de signos-lengua. Para este último nivel, respecto al sistema
de signos-habla la relación es de "conocimiento" e "independencia"; respecto al
sistema de la escritura lo es de "transferibilidad."

Disponemos, así, de una nueva definición explícita, esta vez correspondiente al signo-
sistema de signos-lengua: es un conjunto homogéneo de signos-lengua, en cuanto realidades
mentales y concretas, de los que importa su sentido y su imagen acústica y destinados a fijar
asociaciones colectivamente ratificadas. El signo-sistema de signos-lengua es transferible a
otros sistemas: de signo-habla y/ o de signos-gráficos, siendo cognoscible con independencia de
tales otros sistemas.

A partir de aquí, Saussure puede pasar a referirse a la semiología en cuanto sistema


general de los signos del lenguaje. Para ello es suficiente con ampliar las oposiciones en
estudio, hasta abarcar las relaciones (y fijar la naturaleza de tales relaciones) que
vinculan al signo-sistema de los signos-lengua con los restantes sistemas capaces de
servir de soporte a las distintas formas de organización de "sistemas de signos
diferentes" que el hombre es capaz de generar. Alcanza, de este modo, en una nítida
derivación epistemológica, su propio concepto de semiología: Se puede, pues, concebir
"una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social", la cual "nos
enseñará en qué consisten los signos y qué leyes los rigen" (p. 33).

Nosotros relegamos su estudio para más adelante, ya que todavía queda mucho por
decir acerca de los signos-lengua. En efecto, tan sólo se ha analizado su relación con
otros signos, o sea, su estructura exterior; en lo que continúa, analizaremos las
consecuencias a que conduce la propuesta saussureana acerca de su estructura
interna.

III. Los signos-lengua en su estructura interna

"Es preciso situarse, desde el comienzo, en el terreno de la lengua y tomarla por


norma de todas las restantes manifestaciones del lenguaje" (p. 25). En base a lo
estudiado anteriormente, la afirmación de Saussure exige partir de un conjunto con la
calidad de sistema, dentro del cual y sólo en virtud del cual quedarán ordenados
todos los fenómenos que derivan de la facultad del lenguaje.

Este sistema está constituido por elementos de naturaleza específica, los signos-lengua,
que sólo pueden ser definidos en interacción con el sistema al que, simultáneamente,
estructuran y por el cual resultan estructurados. No hay signos, si no es en función de
un sistema; tampoco existe sistema más que en función de los signos que contiene. El
estudio de un tipo específico de signos (en este momento particular de nuestro
trabajo, el estudio de los signos de la lengua) requiere que cuanto de ellos se diga, sea
coherente (y constitutivo) respecto a cualquier afirmación que pueda plantearse acerca
de la totalidad del sistema.

De aquí las particularidades que atribuye Ferdinand de Saussure al signo-lengua.


Debe contener todas las características y sólo aquéllas mediante cuya expansión
pueda producirse el sistema de la lengua. y así, la lengua, en la lingüística estructural,
no será considerada como cosa, o sea, como fenómeno existente, sino como
conocimiento acerca de determinados fenómenos.

Por eso, los signos de la lingüística (los signos-lengua) no son las palabras, sino un
tipo particular de entidades cuya estructura es preciso elaborar. Puede decirse que la
palabra es la cosa, mientras que el signo-lengua es el resultado de pensar científicamente
tal palabra-cosa. Esta reflexión es fundamental para que podamos situarnos en la
perspectiva adoptada por Saussure cuando afirma la estructura dual del signo-lengua,
constituida por un significante y un significado.

Del par significante-significado se habían ocupado ya Aristóteles, San Agustín, la


escolástica, los gramáticos de Port-Royal, etc. Pero sólo captando el particular sentido
que recibe esta bipolaridad en el pensamiento saussuriano podremos enfrentar la
problemática de la lingüística estructural y de la semiología a que da lugar. No es un
problema complejo, pero tampoco es fácil verlo. Sugiere una de esas ilusiones ópticas
en que la perspectiva de un cubo, tan pronto se nos aparece en su aspecto cóncavo
como en el convexo. Lo peligroso es afirmar aspectos relativos a su convexidad
cuando lo que se esta percibiendo e su concavidad y viceversa. La causa principal de
ambigüedad en los signos-lengua está constituida por su aspecto significante, ya que
el mismo nunca lo es de modo totalmente originario, sino que siempre puede ser
considerado como transportando el significado de otro significante que pertenece a un
nivel "más" originario. Someramente enunciado, la palabra "cielo" , en su forma escrita
o verbal, es un significante. Su significado no es el cielo cuya inmensidad
contemplamos en el campo o entrevemos sobre los edificios de la ciudad; su
significado es un lugar conceptual que, en el orden de nuestros conocimientos,
vulgares o científicos, ocupa el cielo visible. Pero también el cielo con su falsa
coloración azul es un significante, ya que lo percibimos como forma a la que atribuimos un
valor, o sea, como forma de la cual podemos afirmar que sabemos lo que es; y tal es, como
veremos, el sentido fundamental del concepto de significante, Ahora bien, el
significado del significante "cielo", en cuanto signo-lengua, es algo que acontece,
conceptualmente, en el ámbito de la lengua, sin transgredir sus límites; mostrar qué es
lo que acontece en el sistema de la lengua y cómo acontece, es el tipo de
transformación a que tenemos que someter la palabra "cielo" para pensarla
lingüísticamente.

Se acaba de decir que todo significante es siempre ya significado de otro significante


"más" originario. Pero la transformación de un significado (que lo es de algún
significante tomado como inicial) en significante destinado a la producción de un
nuevo significado, no es una operación interna a un único signo, sino un proceso que
involucra, no sólo dos signos, sino dos sistemas, ya que cada uno de tales signos
pertenece a un sistema distinto. Por esto, la operación que en tal caso se cumple bien
puede ser considerada como traducción; su estudio no puede agotarse, por ello mismo,
en el puro ámbito de la lingüística, sino que debe tomar en consideración las leyes
correspondientes a la lingüística y a aquel otro sistema al que pertenece el precedente
par significante-significado. Siguiendo nuestro elemental ejemplo, el significado del
significante verbal "cielo " no nos conduce al cielo sino que es el camino de entrada al
infierno de la lingüística. O sea, "cielo", en cuanto uno de los signos-lengua, encuentra
su significado en el interior de un paradigma perteneciente a la lengua castellana, en
el que se articula con "celeste", "celestial"; o en el interior de otro paradigma de la
misma lengua que nos permite construir "cielo-s"; o de otro que nos impide decir "ciel-
a", etcétera.

Es evidente entonces que el problema de la semántica se plantea, no como problema


puramente lingüístico, sino como problema de interrelación entre lugares
determinados de sistemas-lengua distintos. Cuando hablamos comúnmente del
significado de un término, no solicitamos una respuesta que nos lo ubique en el
interior del correspondiente sistema de la lengua (salvo que el significado solicitado
sea metalingüístico, pero ello suele ser la excepción) sino que la respuesta solicitada
habrá de encontrarse en otro sistema diferente al lingüístico (sin que deba
desorientarnos el hecho de que se nos enunciará mediante signos-lengua).

Nos enfrentamos, por lo tanto, a la equivocidad del concepto de significado. No debe


extrañarnos, ante la muy abundante literatura al respecto que, no obstante, no ha
logrado clarificar el tema adecuadamente. Posiblemente el desarrollo que
procederemos a hacer de la famosa propuesta saussureana siga el mismo camino;
pero, al menos, habrá demostrado algunos aspectos del análisis que no podrán dejar
de ser tomados en cuenta.

Los diccionarios y la forma arcaica y convencional de aprender un idioma extranjero


(memorizando lo que significan interminables listas de palabras) han influido en este
desenfoque. Los diccionarios, especialmente, cuidan de dar definiciones precisas. Entre
quienes han trabajado el tema, desde un enfoque empírico pero con intención de
lograr algunas generalizaciones inductivamente válidas, destacan Alain Rey y Marie-
José Rey-Debove14. El problema fue asumido por los organismos internacionales:
"Antes de la segunda guerra mundial, la lnternational Federation of National Standard
Association (I.S.A.), partiendo de la experiencia lingüística tradicional, coleccionaba o
fijaba en primer lugar los términos -o sea, los significantes- que remitían ulteriormente
a sus definiciones, las cuales delimitaban las nociones. Pero una experiencia de 25
años ha llevado a la International Organisation for Standardisation (I.S.O.), sucesora del
I.S.A., a adoptar, desde 1953, el procedimiento inverso: ir desde las nociones a las
definiciones, y desde las definiciones a los términos"15 (el añadido, entre guiones, es
nuestro). Pero tales definiciones continúan siendo consideradas en su aspecto
lingüístico. "La definición -escribe Alain Rey- es una frase corta destinada a cubrir
exactamente y a sugerir lo que se llama el sentido, es decir, el conjunto de valores de
empleo de un conjunto de sonidos, de letras, trátese de un 'nombre' o de una
expresión. Esta frase está constituida por una palabra central, que designa una noción
que engloba la de lo definido (tal el 'género próximo' de la lógica) y que está calificada
por otras palabras, cuyo papel consiste en distinguir el sentido a definir de todos los
otros del mismo género (los alumnos de filosofía habrán reconocido la 'diferencia
específica ')"16.

Las definiciones, aparte de sus características lógicas y que hacen a su calidad en cuanto
tales, deben ser consideradas como enunciados lingüísticos acerca de características de
entidades no lingüísticas; o sea, generalmente, a través de una definición, se relaciona un
significante lingüístico con otro significante de naturaleza no lingüística, lo cual cumple
dicha definición mediante la descripción de ciertas calidades de tal significante no
lingüístico. El concepto de "sentido" suele complicar más el problema por cierta
superposición con el "significado". Greimas no logra diferenciarlos adecuadamente,
pero adopta una perspectiva totalmente coherente con lo que venimos enfocando: "La
significación no es, por tanto, más que esta transposición de un nivel de lenguaje en
otro, de un lenguaje en un lenguaje diferente, y el sentido no es más que esta
posibilidad de transcodificación".17

¿Cuál es, entonces, el valor de la expresión de Saussure: "El signo lingüístico une, no
una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica" (98)? Estudiando los
dos pares que contrapone, podemos ubicar del lado del significante , ya bien al nombre
(lo que niega ), ya bien a la imagen acústica (que es lo que afirma); y del lado del
significado estarían, ya bien la cosa (con la que niega la relación), ya bien el concepto
(término aceptado de la relación que plantea).

De los cuatro elementos enunciados, tres pueden calificarse como "materiales": la cosa,
el nombre y la imagen acústica. Sólo el cuarto, el concepto, surge a primera vista como
abstracto y como tal lo califica el mismo Saussure. Pero, respecto a la imagen acústica
también nos dice que la considera como "la huella psíquica de ese sonido, la
representación que nos proporciona el testimonio de nuestros sentidos", eliminando,
así, la calidad material de tal sonido.

Dejemos de lado el psicologicismo del que se le ha acusado; es un rastro, en su texto,


del paradigma científico (en el sentido en que habla Thomas S. Kuhn)18 que le es
contemporáneo. Lo importante es que Saussure está afirmando la inmaterialidad de
las perspectivas componentes que integran las dos caras del signo, tal como él lo
define: "El signo lingüístico es, pues, una entidad psíquica de dos caras... Proponemos
conservar la palabra signo para designar a la totalidad y reemplazar concepto e imagen
acústica respectivamente por significado y significante" (p. 99). Dentro de aquella
inmaterialidad, se limita a afirmar que el hecho de "llamarlo 'material' (al sonido) es
sólo. ..por oposición al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más
abstracto" (p. 98). Es importante comprender las dos afirmaciones que este texto
implica: 1) El signo, en cuanto tal, es una estructura cuyas componentes son ambas
inmateriales; 2) el concepto posee "generalmente" una mayor abstracción.
Así, si de un objeto podemos afirmar su calidad de signo es porque posee en sí la
capacidad de establecer (mostrándola) una distancia (ese plus de abstracción) entre
dos entidades inmateriales.

(I)

S SIGNIFICANTE SIGNIFICADO S
s Eficacia "psíquica" de la imagen acústica Concepto "abstracto" de una cosa s
S s

En este esquema (I) encontramos el par significante-significado como legible en dos


direcciones: la horizontal y la vertical. En la horizontal, se puede leer el paralelismo
directamente pretendido por Saussure: la relación entre significante y significado se
reproduce homologándose en la relación entre la "eficacia psíquica de la imagen
acústica " y el "concepto abstracto de una cosa". Sin embargo, tal homologación no es
significativa, en función de la estructura científica de la lingüística, más que en el nivel
de las respectivas definiciones; el superior no hace más que mostrarnos los dos
términos que, como dijimos, ya habían sido frecuentemente diferenciados: el inferior
los reduce a una abreviación, a los efectos de su presentación simbólica. Lo que aquí
interesa es la diferencia específica que entre ambos plantea Saussure.

Hagamos ahora una breve reflexión: si ponemos una al lado de la otra, a las dos
palabras, "SIGNIFICANTE - SIGNIFICADO", el resultado no es significativo,
limitándose a mostrárnoslas. Lo único válido significativamente es la oposición de las
respectivas definiciones. Y ya estamos, casi sin habernos dado cuenta, realizando la
segunda de las lecturas posibles del esquema, la lectura vertical. Las palabras
"SIGNIFICANTE" y "SIGNIFICADO" son ambas meros significantes. En cuanto
significantes (S) cada uno de ellos tiene un significado (s): la construcción conceptual y
discursiva que los explicita. Leyendo los opuestos en ese segundo nivel captamos
inmediatamente su diferencia: uno se refiere a la "imagen acústica " y el otro al
"concepto", elementos que ya sabemos diferenciar, máxime con la explicación que les
agrega Saussure. Pero "SIGNIFICANTE-SIGNIFICADO" es un enigma si lo privamos
del nivel definitorio. Entonces, ¿por qué hemos podido decir que son dos?, ¿por qué no
la reiteración de uno solo?

(II)

SIGNIFICA -NTE
S
-DO
Presencia de formas gráficas o fonéticas comunes y de una variante alternativa
s
(gráfica o fonética) diferencial

Lo que aparece ahora en el nivel inferior (s) es lo que nos permite conocer que estamos
en presencia de dos significantes. Así pues, al margen y previa a toda otra
diferenciación que pueda proponerse, existe una significación que nos permite
diferenciarlos como dos entidades lingüísticas.

Sustituyamos ahora en el esquema (I) el nivel del significante (S) (donde figuraba el
par: "SIGNIFICANTE-SIGNIFICADO") por el nivel del significado (s) tal como ha sido
producido en el modelo (II):

(III)

Presencia de formas gráficas o fonéticas comunes y de


S
una variante alternativa (gráfica o fonética) diferencial
s Eficacia psíquica de la imagen (acústica o gráfica) Concepto abstracto de una cosa
S s

En el esquema o modelo así configurado nos encontramos con dos posibles


significados: "Eficacia psíquica..." o "Concepto abstracto..." del significante "Presencia
de formas...". El segundo significado ("Concepto abstracto...") no se encuentra
lógicamente conectado con el significante aquí propuesto ("Presencia de formas...")
sino que llegará a ser el significado que corresponda al otro código del cual es
traducción o transcodificación el significante que estamos trabajando.

Reordenando el modelo obtenido, tenemos:

Presencia de formas gráficas o fonéticas comunes y de una variante alternativa (gráfica o


S
fonética) diferencial
s' Eficacia psíquica de la imagen (acústica o gráfica)
s Concepto abstracto de una cosa

La relación entre "S" y " s' " constituye al signo-lengua, por su estructura interna, en
objeto de conocimiento para la ciencia de la lingüística; y especialmente al aspecto
puramente sintáctico de la ciencia de la lingüística. Al sustituir, en el nivel del
significante, las anteriores formas (en nuestro caso) gráficas: "SIGNIFICANTE-
SIGNIFICADO" por la calidad perceptual que poseen para poder ser percibidas y para
que la percepción sepa identificarlas, nos permite comprender por qué Saussure se
muestra un tanto aprensivo con el carácter material del significante. Sólo en la medida
en que la percepción juega un papel preponderante, habla de una cierta materialidad.
En definitiva la materialidad de un significante radica en la necesidad fundamental de
ser percibido; pero también se reduce a ello. Su evaluación lingüística comienza
después del "hecho ontológico o fenomenológico", como manifiesta Hjelmslevl9,
momento en el cual la expresión (o significante) se transforma en "signo de una
sustancia de la expresión". En definitiva, la materialidad del significante no hace
referencia al hecho perceptual sino a ciertas calidades diferenciales que sólo pueden
advertirse en tal significante porque ya el sujeto conoce otros significantes respecto a
los cuales puede diferenciar el que tiene en presencia. El significante de una lengua lo
es por sus diferencias y no por la materialidad de su presencia. Podemos hablar de
una variante diferencial a partir de la cual una mera sensación óptica (o acústica) se
transforma en la expresión de un signo. También por eso, no puede existir un lenguaje
con un signo único; si existiese un único significante, la única calidad que podría poseer
sería la de su materialidad, con cuyo exclusivo aporte el pensamiento no podría
conocerlo, ya que el conocimiento es diferenciación respecto de otros, pero ese único
supuesto significante no proveería de relaciones de diferenciación y el pensamiento
no podría atribuirle ese plus inmaterial que no está contenido en lo percibido sino que
resulta añadido por el pensamiento al confrontar diversas percepciones. Aquello en que
puede percibirse una variante diferencial es la expresión que da cuenta de la capacidad
significativa de un significante y bien puede considerarse como su definición. [Lo que
sigue ha sido objeto de diversas reelaboraciones y, en especial, su utilización
pedagógica me llevó a formular ciertas modificaciones que, al día de la fecha (12-05-
2002), considero adecuadamente expresadas en mi trabajo Los 4 Signos. Diseño de las
operaciones elementales, en metodología semiótica, que puede encontrarse en:
http://go.to/centro-investigaciones-semioticas ]

Se hace evidente que, en el anterior esquema (IV), ha quedado aislado el "concepto


abstracto de una cosa " el cual, en principio, parece corresponder con la entidad
lingüística que Saussure denomina "significado".

Al haberlo desconectado, en la provisionalidad de nuestro análisis, de la estructura


significativa que dio cuenta del significante lingüístico en cuanto tal (S/s') se hace
imprescindible una investigación destinada a mostrar su propia cualidad significativa.
Sabemos los títulos que acreditan a un significante como parte de la estructura del
signo; entonces, ¿cuál es la cualidad del significado que lo acredita como para
completar dicha estructura?

De nuevo la trágica equivocidad del concepto de significado. El "cielo" lingüístico y el


cielo que está sobre nuestras cabezas, siendo originariamente heterogéneos, ¿cómo
integrarlos?

El significado " s' " constituye la significación lingüística del significante lingüístico " S
". Luego, el significante correspondiente al significado " s " deberá ser buscado en el
ámbito de lo extralingüístico. Precisar este aspecto es, también, particular
preocupación de Hjelmslev: "Parece justo que un signo sea signo de algo y que este
algo resida, de algún modo, fuera del signo mismo: así, la palabra bosque es el signo
de un objeto determinado en el paisaje y... este objeto no forma parte del propio
signo"20.

En la saussureana expresión "concepto abstracto de una cosa " no que dan rastros de
materia lingüística (salvo la necesaria para pensarlo o comunicarlo ), pero en nuestro
concepto del cielo quedan efectivos rastros de nuestra actividad perceptual de elevar
los ojos y contemplar la inmensidad del espacio y sabemos lo que buscamos cuando
tenemos la voluntad de buscar el cielo: lo diferenciamos, por sus características
perceptuales, de un elefante, de una pared, de una brizna de hierba, del número 4, del
concepto de metamorfosis, etc. Si podemos hacerlo es porque, en todos estos casos,
nos encontramos ante formas con elementos comunes y con variantes diferenciales. Quiere
decir que los percibimos ya como significantes, conforme a la definición anteriormente
propuesta. En el ámbito de sus respectivas calidades diferenciales, tales significantes
van dejando la huella psíquica de sus imágenes respectivas. O sea, vamos
constituyendo sistemas de variaciones y de correspondencias que establecen un
principio de orden en el universo que nos rodea; sistemas en que se interrelacionan
conceptos que se corresponden con aquellos significantes.

Este estudio del significado (" s ") en el enfoque de Saussure evidencia la necesidad de
encontrar el significan te perdido; aquel del que procede tal significado y que, desde
luego, no es el significante lingüístico. Tal el objeto de estudio específico de la
semiología, en cuanto ciencia general que abarque la totalidad de los signos utilizados o
reconocidos como tales por la sociedad y que, en su parte no lingüística, abarca todos
aquellos conocimientos que son traducidos por el signo lingüístico.

Llegamos pues al siguiente esquema:

Presencia. de formas gráficas o fonéticas comunes y SIGNIFICANTE


S
de una variante alternativa (gráfica o fonética) diferencial LINGÜÍSTICO
SIGNIFICADO
s' Eficacia psíquica de la imagen (acústica o gráfica)
LINGÜÍSTICO
SIGNIFICADO NO-
s Concepto abstracto de una cosa
LINGÜÍSTICO
Presencia de formas (cual quiera sea su cualidad) SIGNIFICANTE NO-
S'
con elementos comunes y con variantes diferenciales LINGÜÍSTICO

Con esto han quedado deslindados los contenidos de cada uno de los elementos del
algoritmo saussuriano S/s así como los lugares que ocupan en la respectiva relación.
Asimismo se puede comprender claramente que existen dos problemas que deben ser
deslindados: uno es el relativo al signo-lengua en cuanto perteneciente al Sistema de
signos-lengua (problemática que constituye a la lingüística) y otro es el relativo al
signo-lengua en cuanto mediador con otros Sistemas de signos-no lingüísticos
(problemática que, por una parte, define el ámbito de la semántica y, por otra,
constituye a la semiología; según que, respectivamente, se atienda a la relación entre
los signos-lengua y los signos-no lingüísticos, o a la estructura interna de tales signos-
no lingüísticos [actualmente (12-05-2002), prefiero adoptar un enfoque más
comprensivo de la semiótica o semiología: todo es semiótica; lo que da cuenta de algo
diferente a sí mismo, constituye la Semiosis Sustituyente, a lo que antes (la fecha de El
Signo: 1983) limitaba a lo lingüístico; aquello de lo que otro da cuenta, constituye la
Semiosis Sustituida, en lo que antes incluía a la semiología, en cuanto lo no-lingüístico.
Creo interesante dejar establecido que la Semiosis Sustituyente puede o no ser
lingüística, pero siempre será semiótica y específicamente la Semiosis que sustituye o
que construye el significado de algo diferente; y la Semiosis Sustituida no tiene que
ser necesariamente no-lingüística, ya que también se puede dar cuenta o establecer el
significado de un texto lingüístico, por ejemplo: un comentario periodístico a un
discurso político; un texto de crítica a un poema o, incluso, la película cinematográfica
que reelabora un relato literario]). Se establece, por consiguiente, un principio de
organización en el problema de la significación, al contestar qué es lo que en definitiva
une el signo lingüístico.

El esquema (V) puede formalizarse, conforme a los símbolos saussureanos, como:

(VI)

s' S
S' s
que, además, permite producir, concretando las posibles interrelaciones entre sus
cuatro términos, un conjunto ordenado de respuestas a fundamentales problemas
relativos a la facultad semiótica general y, así, sistematizar la problemática de la
semiología. Por ello, el anterior algoritmo, desenvuelto a partir del de Saussure, bien
puede considerarse como la representación del signo en semiología y lo denominamos
"algoritmo fundamental de la semiología".

En el modelo (VI) están contenidos cuatro signos distintos:

S S S' S'
s s' s s'
además de poder constatar la necesidad de dar respuesta a los problemas resultantes
de la posible vinculación inmediata entre:

S <----------> S' s <----------> s'


Conviene dejar indicadas, al menos nocionalmente, las variantes que, para el
problema de la significación, sugiere el modelo alcanzado.

1ª variante: Significante lingüístico


sobre
significado lingüístico

S
s'
Como dijimos, constituye el ámbito propio de la ciencia de la lingüística estructural.
Con él se afirma la existencia de un significado (" s' ") que encuentra exhaustiva
respuesta en el interior de lo puramente lingüístico. No hay en él alusión a otro
universo que no sea el de la lengua. Excluye por lo tanto a la semántica, la que se
deberá considerar imposible de responder dentro del exclusivo campo de esta ciencia;
no obstante, tampoco debe limitarse a presentar la problemática de la sintaxis
exclusivamente; más bien abarca e incluye los temas puramente formales de la teoría
del lenguaje. La pretensión de la lingüística, mediante el estudio comparativo de los
diversos sistemas de signos-lengua (o sea, las lenguas actuales o históricas), consiste
en elaborar un sistema de significados de estricta naturaleza lingüística
(" s' ") capaz de dar cuenta de todas las relaciones diferenciales percibibles en los
distintos sistemas de significantes lingüísticos ( " S " ) en los que se materializan
(tomando en consideración las adecuadas reservas saussureanas) la totalidad de los
signos-sistema de signos-lengua cognoscibles. A esta lª variante del algoritmo, que
consideramos fundamental, de la semiología, lo podemos denominar "signo
metalingüístico" [en la nueva terminología: "signo metasemiótico sustituyente"].

Un ejemplo de su utilización en semiología aplicada conduce al esclarecimiento de los


valores estrictamente lingüísticos mediante los cuales, un sujeto parlante organiza las
relaciones diferenciales de su propia materia fónica. Es pauta, por tanto, para
descubrir las claves de un "idiolecto" en cuanto remodelación individual de la lengua
utilizada en la comunidad a que un sujeto determinado pertenece; no, en cuanto a las
significaciones extra-lingüísticas que utiliza de modo diferente a como lo determina
tal código, sino en cuanto a la gramaticalidad que reelabora subjetivamente.

2ª variante: Significante no-lingüístico


sobre
significado no-lingüístico

S'
s

Con este algoritmo se señala la existencia, para el conocimiento, del restante y plural
conjunto de signos de naturaleza no lingüística. Son signos cuyo significante (" S' ") y
cuyo significado (" s ") acontecen ambos en sistemas que ordenan universos de calidad
no lingüística [hoy, prefiero decir: universos con calidad de Semiosis Sustituida].
Abarca lo que Saussure señala como "semiología ", es decir, "la escritura, el alfabeto de
los sordomudos, los ritos simbólicos, las formas de cortesía, las señales militares, etc.,
etc." (p.33); pero, además, prescindiendo de que se trate de formas artificiales
destinadas a la comunicación, abarca todo el resto de cuanto el hombre puede conocer
por percepción sensorial o mental. El conocimiento del universo, vulgar, científico o
poético, es tal en virtud de su pertenencia (son formas codificadas) a sistemas en
mayor o menor grado formalizados que nos permiten diferenciar al objeto de la
percepción (" S' ") y conferirles un valor y una significación (" s "). Es evidente que esta
diferencia radica en una separación convencional de lo lingüístico, por la calidad
específica del objeto significan te y por la función indeslindable del pensamiento que
posee la lengua. Pero, cuanto pueda decirse acerca de estos signos considerados
semiológicos podrá también decirse de los signos lingüísticos (no siendo válida la
proposición inversa por la especificidad de los signos de la lengua); ello fundamenta
que la lingüística solo pueda ser acertadamente estudiada en el interior de la
semiología o, en las palabras de Saussure: "si por primera vez hemos podido asignar a
la lingüística un lugar en las ciencias, ello se debe a que la hemos incluido en la
semiología" (p. 33-34); y agrega: "Para nosotros. ..el problema lingüístico es, ante todo,
semiológico y todos nuestros desarrollos encuentran significación en este importante
hecho. Si se quiere descubrir la verdadera naturaleza del lenguaje, hay que empezar
por considerarla en aquello que posee en común con todos los otros sistemas del
mismo orden... Con eso, no sola mente se aclarará el problema lingüístico sino que
pensamos que al considerar a los ritos, costumbres, etc., como signos, estos hechos
aparecerán bajo otra luz y se sentirá la necesidad de agruparlos en la semiología y de
explicarlos por las leyes de esta ciencia" (p. 34-35).

Atendiendo al estado actual de desarrollo de los conocimientos de la lingüística, de la


semiología e incluso de las restantes ciencias sociales, hay tres razones por las que,
metodológicamente, resulta conveniente identificar a los signos semiológicos en
cuanto no lingüísticos y mantener esta artificial diferencia, al menos provisoriamente:
1) por el escaso desarrollo de la semiología, lo que la pone en plena dependencia de la
lingüística. Los buenos deseos de Saussure apenas si han comenzado a concretarse y,
pese a todos los desarrollos literarios de la semiología en las décadas del 60 y 70, es
poco lo que se ha avanzado para dotarla de una estructura respetablemente científica.
De aquí que todavía es más lo que la lingüística aporta a la semiología que lo que ésta
proporciona a la otra. La condición fundamental consiste en mantener cada una de las
respectivas calidades debidamente diferenciadas y propugnar una rápida rigorización
de la semiología. 2) Todo conocimiento no lingüístico está destinado a ser traducido al
sistema de signos-lengua que bien pueden calificarse como instrumentos ancestrales
del conocimiento. O sea, de una parte tenemos a los signos-lengua como destino final,
para el conocimiento, de los signos-no lingüísticos; y por otra a lo signos-no
lingüísticos en cuanto entidades del conocimiento plenamen te significativas con
independencia del lenguaje verbal, pero destinadas a ser comunicadas, lo cual, en
principio, necesita cumplirse mediante los signos-lengua (u otro lenguaje formal
cuyos símbolos han debido ser explicitados, en la etapa de propuesta o aprendizaje,
mediante signos-lengua). Es comprensible que el hecho de estar constreñidos a tal
traducción no excluye la necesidad de ser conocidos por su estructura interna, antes y
al margen de la transformación que debería surgir al ser insumidos en la lengua. 3)
Los signos-no lingüísticos constituyen el objeto material del conocimiento de
numerosas disciplinas sociales. La historia, la sociología, la psicología, la antropología,
la arqueología, etc., tratan acerca de acontecimientos, situaciones, estructuras, que
aunque dotadas de calidad cultural, no son originariamente lingüísticas (lo que no
quiere decir que no sean originariamente semióticas); para cuando accedemos a su
estudio o análisis ya las encontramos transformadas en lenguaje o bien la primera
tarea que debe cumplir el investigador es transformarlas en tal. Por ello, no es inusual
que se contaminen con legalidades que son propias de lo lingüístico, perdiéndose, en
ocasiones, su propia legalidad extra-lingüística. [De cada uno de estos tres
argumentos he ido prestando cada vez más atención a la elaboración de las propias y
rigurosas relaciones que constituyen a cada una de las clases de signos no-lingüísticos;
a desarrollar la posibilidad de que los otros signos no necesiten necesariamente de los
signos lingüísticos para su conocimiento y comunicación; y a la necesidad de evitar la
contaminación de los restantes signos por las relaciones que son específicas y
particulares de la lingüística. Por todo ello, hoy no concuerdo con los argumentos que
acabo de exponer.].

El manejo de esta segunda variante (" S'/s ") permite, justamente considerarlos en
cuanto estructura con legalidad y sistematización propia. Por ello, a esta 2ª variante
del algoritmo fundamental de la semiología podemos denominarlo "signo
metasemiótico" [en la nueva terminología "signo metasemiótico sustituido"].

El establecimiento de esta división, se la considere provisoria o necesaria, replantea,


también, desde otro enfoque, la relación entre pensamiento y lenguaje. En el
pensamiento encontrarían cabida la totalidad de los sistemas de signos tanto
lingüísticos como no lingüísticos. Ahora, el pensamiento, ¿se constituye en el acto de
traducir los signos-no lingüísticos en signos-lengua? O bien, ¿está ya plenamente
constituido cuando cumple el acto de articular signos sean lengua o sean no
lingüísticos (es decir, por la tarea de relacionar un significante diferencial con su
específico significado también diferencial) sin que deba esperarse su traducción a lo
verbal? Cuando suele preguntarse sobre la prioridad lógica entre pensamiento y
lenguaje se supone una posibilidad de pensamiento no verbal, pero se lo considera,
por esta carencia de lengua que lo diga, como una indiferenciación un tanto amorfa.
Ello da fácil ventaja a quienes rechazan la posibilidad de tal pensamiento sin lenguaje;
porque fuera del lenguaje todo sería una nebulosa sin contornos. Incluso hay que
advertir que ésta es la posición de Saussure, para quien "psicológicamente, hecha
abstracción de su expresión mediante las palabras, nuestro pensamiento no es más
que una masa amorfa e indistinta. Filósofos y lingüistas han coincidido siempre en
reconocer que, sin el auxilio de los signos, seríamos incapaces de distinguir las ideas
de manera clara y constante. Tomado en sí mismo, el pensamiento es como una
nebulosa donde nada existe necesariamente delimitado. No existen ideas
preestablecidas y nada está diferenciado antes de la aparición de la lengua" (p. 155).

Aquí Saussure se olvida de la semiología que propuso inicialmente. O mejor, como la


restringe a sistemas de comunicación mediante otro tipo de signos, pero de signos ya
codificados y declarados aptos para la comunicación, la semiología no le sirve. Es
totalmente cierto que el pensamiento amorfo no es tal, pero también es cierto que no
es necesario recurrir al lenguaje para disponer de un pensamiento con ideas claras,
definidas y constantes. Saussure le teme al platonismo de las "ideas preestablecidas";
pero no es necesario recurrir a tal platonismo para que el pensamiento diferencie y
jerarquice el universo. Incluso, es posible especular, desde una perspectiva lógica, que
la palabra necesitó la preexistencia [óntica, pero también ontológica, o sea, en cuanto
ya son signos] de lo nombrado y, en el más rudimentario de los universos culturales
(posiblemente aquel al que aludimos del hombre de Neanderthal) existía un sistema
de objetos (" S' ") diferenciado y cuya utilidad empírica u orden mítico
(" s ") estaba ya establecido en la relación que el comportamiento guardaba con esos
objetos, aunque no se hubiesen diferenciado y sistematizado en lengua las expresiones
vocales que habían de yuxtaponérseles. Otro problema es la sobredeterminación de
esos signos-no lingüísticos cuando quedan cubiertos por la palabra; es más fácil
perder la definición de signos-no lingüísticos que de palabras, y uno de los riesgos de
las culturas ha sido siempre quedarse en la comodidad de las palabras y perder la
creatividad de la tarea que transforma a las cosas en signos-no lingüísticos. No
tratamos de plantear la posibilidad de una cultura sin lenguaje; constituye el medio
más apto para la comunicación que el hombre tiene a su disposición y no hay cultura
sin comunicación. Pero pensar y, especialmente, pensar científicamente requiere
transformar lo real en un orden de percepciones o significantes diferencia les y
someter a crítica constante los enunciados, es decir, las fórmulas del lenguaje,
mediante las cuales se establecen tales diferencias y los correlativos valores de
sistematización que representan. El conocimiento del signo que estamos considerando
ofrece, pues, una directa relación con el principio epistemológico que rige al concepto
mismo de la ciencia; no se trata sólo de razonar sino de establecer la razonabilidad del
propio razonamiento. Esta necesidad de crítica del lenguaje se manifiesta en la teoría
de la ciencia enunciando asertos tan categóricos como que "el significado de un
término estriba en su método de verificación"21 y en la perspectiva metafísica como la
necesidad de la filosofía en cuanto "autorreflexión universal..., la razón hundida,
replegada sobre sí misma, accede al rango de razón, de razón que se comprende y se
regula a si misma "22.

3ª variante: Significante lingüístico


sobre
significado no-lingüístico

S
s
Esta es la propuesta original saussureana. En ella el significante lingüístico está visto
como un mediador. En efecto, su cualidad significativa intra lingüística está utilizada
para otra función diferente a sí misma (y en la cual consiste la función semiótica por
excelencia) consistente en la elaboración significativa extralingüística. A esta 3ª
variante del algoritmo fundamental de la semiología, lo denominamos "signo
mediador".

En ella se basa su función de traducción. Es lo que se denomina, atendiendo al nivel


en que acontece el lenguaje, "lenguaje-objeto", frente al "metalenguaje" que consistiría
en la reconducción del signo-lengua a su específico sistema lingüístico. Esta distinción
entre las dos direcciones posibles de un significante hizo factible la solución de las
famosas paradojas de Russell; en efecto, necesitó producir una teoría de los tipos según
la cual "toda clase es de un tipo más alto del que lo son sus miembros y todo
enunciado acerca de otro enunciado es de un tipo más alto que aquel sobre el que se
construye"23. El metalenguaje, por tanto, saca al significante de su originaria función
de mediador o traductor del significado perteneciente a otro sistema semiótico, para
reconducirlo al significado que posee en su exclusivo sistema lingüístico; el tipo más
alto o de mayor nivel de abstracción es, lógicamente, aquel que se refiere a sus puras
cualidades formales, mientras que, respecto a éste, se considerará un tipo inferior o
más bajo, aquel en que el significante da cuenta de una entidad observacional o más
concreta. Este último es el papel del lenguaje cuando dice al mundo (lenguaje-objeto );
aquel tipo más alto se cumple cuando el lenguaje se dice a sí mismo (metalenguaje).

El concepto abstracto que Saussure atribuye al significado, en su bifacial estructura


del signo, (" s ") no se vincula naturalmente con el significante lingüístico (" S "), sino
que tal conexión es arbitraria y convencional mente establecida (p. 100); dicho
concepto abstracto procede de un significante (" S' ") al que, a su vez, atribuye un
significado. En esta tercera variante que estamos analizando, es un significante
implícito o no manifiesto. Pero al nombrar, tanto en una tarea denotativa u ostensiva,
como al integrarlo en un discurso (y tal es la función posible del signo que estamos
analizando ), el significante extralingüístico subyace; así, el significante lingüístico
sustituye, cumpliendo la función semiótica fundamental de naturaleza metafórica, al
significante extralingüístico, sustitución que no lo elimina ya que, mediante la fuerza
de la convención lingüística, lo vincula al significado extralingüístico.

En esta operación radica el papel trascendental del lenguaje: nos permite intercambiar
palabras sin necesitar, en cada caso disponer de la cosa nombrada. Una cosa contiene
su propio significante y su propio significado; en virtud de ello la reconocemos. Una
palabra se utiliza, normalmente, con olvido de su significado lingüístico, en
sustitución de un significante diferente a ella misma y como portadora del significado
que, siéndole ajeno, se le adosa por convención.

Jugando con el absurdo de suprimir el lenguaje, puede comprenderse perfectamente


el párrafo que Jonathan Swift dedica al proyecto de uno de los "arbitristas de estudios
especulativos" con quien Gulliver conversa en la Gran Academia de Lagado24. "Era
un plan para abolir por completo todas las palabras, cualesquiera que fuesen... en
consecuencia, se ideó que, siendo las palabras simplemente el nombre de las cosas,
sería más conveniente que cada persona llevase consigo todas aquellas cosas de que
fuere necesario hablar en el asunto especial sobre el que había de discurrir... Muchos
de los más sabios y eruditos se adhirieron al nuevo método de expresarse por medio
de las cosas: lo que presenta el único inconveniente de que cuando el hombre se ocupa
de grandes y diversos asuntos se ve obligado, en proporción, a llevar a espaldas un
gran talego de cosas, a menos que pueda pagar uno o dos robustos criados que le
asistan. Yo he visto muchas veces a dos de estos sabios, casi abrumados por el peso de
sus fardos, como van nuestros buhoneros, encontrarse en la calle, echar la carga a
tierra, abrir los talegos y conversar durante una hora; meter los utensilios, ayudarse
mutuamente a reasumir la carga y despedirse." Tal la consecuencia, descrita con
cáustico humor por Swift, de pensar que los nombres y las cosas son intercambiables y
que es posible renunciar a los significantes lingüísticos (" S ") recurriendo a los
auténticos (en cuanto no sustituidos, ni traducidos) significantes no lingüísticos (" S' ").
La paradoja del hombre, anticipada en el análisis de su natural artificialidad, es que su
realidad son los lenguajes, los cuales son una traducción de lo real; cuando reclama
una mayor experiencia de realidad, pide nuevas palabras porque ya no le satisface la
sustitución que las viejas palabras le proporcionaban acerca de lo real,

Mostrando visualmente la relación saussureana, lo que ella conecta es:

Con lo que se evidencia, tanto la función mediadora de la lengua, como lo que el


lenguaje deja implícito cuando se lo utiliza como lenguaje-objeto,

4ª variante: Significante no-lingüístico


sobre
significado lingüístico

S'
s'
Este tipo de estructura es tan curiosa como importante. Señala lo que queda en lo
extralingüístico después de haber sido nombrado. O sea, el rastro de transformación
operada por la verbalización. El amor que ha sido ya nombrado como "amor" no es el
mismo que cuando era todavía un sentimiento inefable (indecible}. Ubica, también, en
su lugar preciso, el hecho de comportarse ante los acontecimientos o frente a los
sentimientos según su definición verbal o según la condensación de esa definición que
es su nombre; a la visión del mundo según las leyes de los nombres con que lo
nombra; a la anteposición de lo simbólico a lo existencial, etc. En definitiva, se está
atribuyendo a los significantes extralingüísticos (" S' "} los valores o significados
lingüísticos (" s' "} que tienen las palabras que los nombran. A esta 4a. variante del
algoritmo fundamental de la semiología, lo denominamos "signo ideológico".

Esta variante marca el ámbito del pensamiento ideológico en cuanto por el mismo se
entiende un sistema de significados lingüísticos (" s' "} en cuya interioridad,
preestablecida, se agota la capacidad significativa de todo significante existencial (" S'
"}; el único tipo de conocimiento que así puede alcanzarse es un reconocimiento, una
especularidad sobre significados que no pertenecen al universo en el que adquiere
significación el significante extralingüístico, sino que pertenecen a un sistema de
significaciones que les es totalmente ajeno.

También es la estructura que debe tenerse en cuenta cuando se pretende, por ejemplo,
transformar una obra literaria en cinematográfica. Tal proceso consiste en encontrar
los significantes extralingüísticos
(" S' "} (sin que esto ponga en cuestión la existencia de un lenguaje cinematográfico}, o
sea, las imágenes fílmicas, capaces de dar cuenta de las significaciones procedentes de
un texto de naturaleza lingüística
(" s' "}. El fracaso de semejantes empre sas ocurre cuando la pretensión del director es
encontrar significantes cinematográficos (" S' "} que sustituyan a los significantes
lingüísticos (" S "} del texto literario; ello implica olvidar que cada lenguaje tiene sus
propias características para la creatividad y que éstas pertenecen a las leyes inheren tes a
sus significados; es decir, que para encontrar las imágenes adecuadas (" S' "} que den
cuenta de la tensión creativa inherente a un texto literario lo que hay que filmar no
son los adjetivos y los sustantivos (" S "} sino la legalidad del lenguaje literario
mediante la cual, lo narrado o referido se transforma en estético, lo cual depende
exclusivamente del uso de la signifi cación lingüística con que ha sido utilizado el
lenguaje verbal (" s' "}. Si el relato carece de esta cualidad sobreañadida a lo narrado, o
sea, si ha usado las significaciones lingüísticas tal como están en el código comunitario
sin producir ninguna propuesta creadora, entonces da lo mismo que el cine asta se
limite a filmar los meros significantes tal como han sido escritos, ya que ni una ni otra
serán, posiblemente, una obra de arte.

Es justamente la causa por la que nos parecen aberraciones pictóricas las propuestas
gráficas con que, durante la alta edad media, se pretendía visualizar los símbolos, por
ejemplo, del Apocalipsis. La fealdad de los resultados obtenidos muestra que las
expresiones de San Juan, pese a ser poéticamente muy gráficas, no valían como pautas
de representación icónica, sino que encontraban su plena potencia y belleza en su
calidad lingüística. Esto, sin demérito de nuestra valoración de tales códices
medievales iluminados con esos dibujos; poseen, no solo valor histórico sino estético,
pero este último carácter procede de la aproximación a una mentalidad que seguía
diferentes caminos en su construcción de lo imaginario y no en el objeto
concretamente producido.

Cuando, en la página 45 se definieron las cuatro variantes que surgían del algoritmo
desarrollado a partir de la propuesta de Saussure, se señaló también la presencia de
otros dos problemas relativos, ya no a la sustitución entre significantes y significados,
sino a la posibilidad de yuxtaposición entre dos clases de significantes o dos clases de
significados pertenecientes a lenguajes diferentes. Debe observarse que, mientras
entre un significante y un significado siempre se produce una relación de sustitución,
ésta ya no puede plantearse cuando los elementos a relacionar son sólo significantes o
sólo significados. Con ellos no podemos hacer más que yuxtaponerlos, es decir ,
situarlos uno al lado del otro para tratar de producir estructuras de discurso. Si los
significantes o los significados pertenecen a una misma lengua, el resultado es ya bien
un texto, como éste que estamos leyendo o como la percepción de un paisaje, en el
primer caso; ya bien la estructura teórica de una ciencia con su pluralidad de
conceptos virtualmente activos o las componentes del sentido común respecto a los
conceptos implícitos en la explicación de un fenómeno cotidiano. Existe un famoso
debate entre Carl Gustav Hempel y M. Scriven sobre si existen o no leyes de cobertura
científica para dar explicación adecuada de un suceso como el siguiente: "Queriendo
agarrar el diccionario, usted golpea con la rodilla el borde de la mesa y esto vuelca el
tintero; su contenido se escurre sobre la mesa y ensucia la alfombra". Para Scriven es
suficiente con aplicar los supuestos que constituyen el sentido común; para Hempel
allí están implícitas todas las leyes de las teorías científicas, biológicas, psicológicas,
físicas y químicas que, aplicadas al evento, lo explican25. Se trata, desde la perspectiva
semiológica que permite el desarrollo que venimos realizando del esquema de
Saussure, de la opción entre dos discursos de significados pertenecientes a sistemas teóricos
diferentes. Esto nos permite considerar el problema desde una tercera perspectiva, en
vez de tratar de justificar que sólo el sentido común o sólo las leyes de cobertura son
adecuadas para explicarlo: el sen tido común contiene los mismos significados de la
estructura teórica (o sea, no se trata en rigor, de dos sistemas teóricos diferentes), sólo
que vulgarizados o desprendidos de las condiciones taxativamente establecidas en la
ciencia. El sentido común reordena los significados científicos para las finalidades
prácticas de la vida cotidiana; con frecuencia no está suficiente mente actualizado
como para descubrir explicaciones, ya constatadas en la investigación científica y que
considera preciosistas, innecesarias o ridícu las. Valga esto como ejemplo,
elementalmente desarrollado, del contacto con la epistemología que proporciona la
reflexión sobre estos modelos semiológi cos. Pasemos al estudio de las
yuxtaposiciones entre significantes o significa dos cuando, en vez de pertenecer a un
mismo sistema (como en lo que acabamos de ver) pertenecen a sistemas totalmente
diferentes.

5ª variante: Yuxtaposición,
en discurso,
de los significados extralingüísticos y
lingüísticos

s <----> s'
En este momento de nuestro estudio no tiene importancia cuál de los significados
precede al otro, ni cuántos significados de cada tipo se hagan presentes en la totalidad
de un discurso. Interesa, en cambio, comprender el problema que se plantea
admitiendo la posibilidad de integrar, en un mismo discurso, significados
provenientes de sistemas diferentes.

Veamos un ejemplo en el cual la falta de identificación de los distintos sistemas a que


pertenecen significaciones tratadas como homogéneas conduce a conclusiones
erróneas. En un artículo escrito conjuntamente con la Dra. Martha Blache26, al
analizar las opiniones de los autores hispanoa mericanos acerca del papel de la
escritura en la transmisión del folklore, ob servamos que daban un tratamiento sin
diferenciación a las distintas mani festaciones que tomaban en cuenta. El debate acerca
de la tradición escrita del folklore se perdía en una maraña de contradicciones que
llevaban a su a ceptación o rechazo sin adecuado fundamento, por mezclar y
considerar al mismo nivel los fenómenos estudiados. O sea, se estaba en presencia de
un discurso o conjunto de interpretaciones que se podía presentar, con los ins
trumentos semiológicos que estamos analizando como:

s <----> s' <----> s'' <----> s''' <----> ... <---->


s(n)
y donde el único nivel tomado en consideración era la calidad de escritura ( el sistema
cuyos componentes serían todos " s ", con particularidades indivi dualizadoras de
carácter puramente formal, pero que pertenecerían en todos los casos al sistema de la
escritura). Y decíamos: "La escritura es un tema complejo porque se presta a diversos
niveles de utilización y de interpretación. Si bien los dos autores citados mencionan
casos en que se usa la escritura en la transmisión del comportamiento folklórico, sin
embargo en la ejemplificación que ellos presentan nos encontramos que ésta cumple
tres funciones distintas: 1) En las Cartas de Dios y en las Cédulas de San Juan, la
epístola o el papel manuscrito son en sí mismos objetos folklóricos... no es su
propósito ser un medio de aprendizaje. 2) En la oración a San La Muerte y las
fórmulas de ensalmo, la escritura tiene que confluir con otros elementos tales, por
ejemplo, el altar, la imagen o el ritual, para constituir el acto folklórico... Aquí, la
función de la escritura es completar el comportamien to folklórico. Simultáneamente...
puede servir como vehículo de transmisión. 3) En los Autos de los Reyes Magos o los
cuadernos de cantores, la escritura es una acción previa ya que es anterior la lectura al
cumplimiento del acto... La escritura cumple, en esta ocasión, la función de
instrumento de transmisión y enseñanza. Complementariamente puede poseer valor
histórico. .." La distribución de los significados de la escritura en estos tres grupos
implicaba modificar la anterior propuesta de interpretación en otra dotada de la
siguiente estructura semiológica:

s = s' <----> s1 = s'1 <----> s2 = s'2 <----> y otras


posibilidades
En el discurso teórico del folklore la diferenciación entre los significados atribuibles a
las manifestaciones escritas es fundamental a efectos de siste matizar la función que
tales manifestaciones cumplen respecto a la transmi sión de la tradición folklórica.

6ª variante: Yuxtaposición,
en discurso,
de los significantes extra lingüísticos y
lingüísticos

S <----> S'
Este esquema señala la posibilidad de yuxtaponer significantes de diversa naturaleza
y, por tanto, pertenecientes a distintos lenguajes, para, por su intermedio, producir
específicos significados. También indica la necesidad, desde el punto de vista de la
metodología del análisis, de tomar en considera ción la pluralidad de elementos que
confluyen en la realización de un discurso, ya que ningún fenómeno agota su
capacidad significativa a un solo nivel de significantes de naturaleza homóloga, sino
que, por el contrario, la pertenencia de tales significantes a niveles diversos exige
analizar las particularidades que se han impuesto para integrarlos en una totalidad
que resulta, no obstante, significativa.

Uno de los casos en que se evidencia la conciencia de tal posibilidad y su utilización


con finalidades estéticas viene dado por el arte conceptual. Tal el caso de algunos
paneles de la "Collection: Count Panza, Milán, 1965"27. El titulado "One and Three
Chairs" muestra una silla flanqueada, de un lado, por una fotografía, de tamaño poco
menor que el natural, de esta misma silla y, al otro lado, por la ampliación de una
página de diccionario conteniendo, justamente, la definición de la palabra "silla". Con
esto se propone un efecto estético como resultado de un discurso perceptual en que se
yuxtaponen tres significantes pertenecientes, cada uno de ellos, a un sistema peculiar
y diferente al de los demás: la silla, como significan te existencial (o indicial, en la
terminología de Peirce); la fotografía, como significante formal (o icónico); y la
definición del diccionario, como significante verbal (o simbólico). Estos tres
significantes confluyen a proporcionarnos la totali dad del concepto de silla con una
apetencia de plenitud que no podría pretender ninguno de ellos por sí solo. La
formalización semiológica del panel sería la siguiente:

S <----> S' <----> S''


Este tipo de esquemas sirve también para identificar nuevos significantes en aquellos
casos en que se dispone, tan sólo, de un determinado segmento de discurso que no
basta para eliminar su propia ambigüedad. Supongamos, por ejemplo, la siguiente
situación:
"Una madre le dice a su hijo de seis años: -¡Muy bien!".

La expresión "¡Muy bien!" tiene la posibilidad, en su utilización habitual, de poseer


una significación aprobatoria, irónica, de reprobación o de simple mu letilla verbal.
"¡Muy bien!" se presenta, por tanto, como un significante ver bal (" S "} incapaz, por sí
mismo, de determinar cuál de sus posibilidades es la actualizada en un momento
dado. Pero, si a la situación anterior le añadi mos alguna otra circunstancia, o sea si
tomamos en consideración la presencia de algún otro significante de naturaleza
normalmente extralingüística, es posible determinar la univocidad de dicha expresión.

"Una madre le dice a su hijo de seis años, el cual acaba de regresar de la escuela con el
guardapolvo desgarrado: -¡Muy bien!".

Aquí, la significación resultante se ha hecho unívocamente reprobatoria. O


supongamos que sustituimos el anterior significante existencial por este otro:

"Una madre le dice a su hijo de seis años, el cual acaba de regresar de la escuela con
una medalla de premio prendida al guardapolvo:

-"¡Muy bien!"

Y la significación resultante se constituye unívocamente como aprobatoria.


Supongamos otra variante:

"Una madre le dice a su hijo de seis años, el cual acaba de regresar de la escuela con
una medalla de premio prendida al guardapolvo desgarrado: -"¡Muy bien!"

En este caso, el chico se quedará en suspenso sin saber a qué parte de su aspecto
deberá yuxtaponer lo que su madre le dice: a la medalla o al desgarrón. Necesitará un
nuevo significante producido por la madre para obtener univocidad del discurso del
que es destinatario: o lo abrazan 0 10 retan.

Formalicemos. elementalmente, las secuencias de significantes de cada caso:

S = ambigüedad
S <---> S1= reprobación
S <---> S2 = aprobación
S <--->S1 <---> S2 = ambigüedad
S <--->S1 <---> S2 <---> S3 = aprobación
S <--->S1 <---> S2 <---> S4 = reprobación

Resumiendo cuanto venimos desarrollando, podemos constatar la pre sencia de:

A) Dos signos puros:

S'
s

S'
s
pero de utilización meramente metalingüística.

B) Dos signos impropios:

S
s

S'
s'
pero de función mediadora (o sustitutiva).

C) Dos estructuras peculiares:

s <----> s'
S <----> S'
son estructura de discurso.

Hasta aquí hemos seguido la expansión semiológica que se hace posible a partir de la
estructura del signo propuesta por Saussure. Quizás, ahora, estemos en mejores
condiciones para evaluar la riqueza conceptual que deriva de la citada afirmación de
que la lengua es "un sistema de signos distintos correspondientes a ideas distintas".
También podrá comprenderse mejor el carácter de "arbitrario" que atribuye al signo
lingüístico. Básica mente la convención social legaliza la unión del significante
lingüístico (" S "} con un significado no lingüístico (" s ") al que nada lo vincula
naturalmente. Sólo los que acabamos de denominar "signos puros" fijan una
necesariedad en la relación entre significante y significado; pero no son aptos para
cumplir una función autónoma de sustitución respecto a un universo dife rente a ellos
mismos. También, los esquemas o modelos desarrollados permiten comprender el
otro carácter que postula Saussure respecto al significante: su "linealidad" (p. 103).
Esta es una característica peculiar de la lengua y Saussure le atribuye la misma
importancia que a la arbitrariedad (p. 100). La hemos representado mediante la
formalización de dos tipos peculiares de discurso:
" s <----> s' " y " S <----> S' " ; desde luego que, en la forma habitual de la
lengua, adoptarán secuencias como:

S <--->S1 <---> S2 <---> S3 , etc.


La diferencia, para hacerlos aptos para la representación de los discursos semiológicos
con significantes de otras características, ha requerido dos modificaciones. La primera,
tomar en consideración los discursos sólo de significados; esto, en el sistema de la lengua
carece de sentido, pero la semiología debe dar cuenta también de discursos virtuales. o
sea, que no están actualizados pero que se concretan de muy diversas maneras, como
es el caso mencionado de la estructura teórica de las ciencias o la del sentido común
en que se requiere una sucesividad (y, en cuanto tal, participan de la calidad de
discursos} en los correspondientes estadios deductivos o inducti vos del
razonamiento. La segunda modificación consiste en la necesidad de admitir
secuencias más complejas que las de la mera linealidad. Esto, en cuanto a la
semiología, ya fue advertido por el mismo Saussure con respecto a "los significantes
visuales (señales marítimas, etc.}, que pueden presentar complicaciones simultáneas
en varias dimensiones" (ibidem}; podemos añadir, por ejemplo, la pintura, ya que la
lectura de un cuadro se propone como simultaneidad en las dos dimensiones del
plano, si bien esto ha sido estudia do por nosotros en otro trabajo 28 respecto a la
corrección de analizarlo como lenguaje.

IV. Valor y Significación. Sincronía y Diacronía.

A. Valor y Significación

Tras haber expandido la estructura del signo propuesta por Saussure para dar cabida
a la problemática que deberá resolver la semiología, es preciso regresar al concepto de
sistema. La calidad estructural de su pensa miento se plasma definitivamente en el
análisis de la organización interna del sistema de la lengua, que expandiremos,
también, hacia el ámbito de la semiología. Saussure realiza tal análisis en base a los
conceptos de "valor" y de "significación", sus relaciones y el contenido que les
atribuye.

Sinteticemos, inicialmente, los diversos enunciados que formula respecto a ambos


términos.

VALOR SIGNIFICACIÓN
-Propiedad de una palabra para
representar una idea (pensamiento -Le sería aplicable este mismo concepto
generalizado) (la admite como uno del valor.
de los aspectos del valor) (p. 158).
-Dificultad en distinguirla del valor,
-Un elemento de la significación (p. 158).
ya que está bajo su dependencia (p. 159).
-El signo mismo, como contrapartida -Identifica significación y significado,
de los otros signos de la lengua (p. 159). en los otros signos de la lengua (p. 159).
-Por la solidaridad de los elementos de -Totalidad que se cumple en los límites
la lengua, el valor de cada uno no de la palabra considerada como un
proviene más que de la presencia dominio cerrado, existente por sí mismo
simultánea de los otros (p. 159). (p. 159).
-Está constituido por una cosa -Aquel aspecto del valor de una palabra
desemejante susceptible de intercambiarse que se limita a constatar que puede
con aquella cuyo valor está por "intercambiarse" por tal o cual concepto
determinar (p. 159). (p. 160).
-Está constituido por cosas semejantes
que se pueden comparar con aquella
cuyo valor está en cuestión (p. 159).
-Un aspecto del contenido de la palabra -Un aspecto del contenido de la palabra
que sólo se determina con certeza que sólo se determina con certeza
mediante el concurso de aquello que mediante el concurso de aquello que existe
existe fuera de ella (p. 160). fuera de ella.
-Aquello de lo cual, principalmente, -Aquello que no es lo único de lo cual una
una palabra está revestida, por el hecho palabra está revestida, por el hecho de
de for mar parte de un sistema (p. 160). formar parte de un sistema.
-El valor de cualquier término está
determinado por aquello que lo rodea
(p. 160).
-Comparando dos lenguas, términos -Comparando dos lenguas, términos con la misma
con la misma significación pueden no significación pueden no tener el
tener el mismo valor (p. 160). mismo valor.
- idem, respecto a las entidades
- idem, respecto a las entidades gramaticales.
gramaticales (p. 161).
-La relación entre significante y significa
-No hay ideas dadas de antemano, sino do (en cuanto esquema del signo)
valores emanantes del sistema (p. 162). simboliza la significación, que no tiene
nada de de inicial (p. 162).
-No es más que un valor determinado por
sus relaciones con otros valores semejantes
y sin los cuales no existiría (p. 162).
-Todos los valores convencionales -Su soporte no es el sonido en si mismo,
sino las diferencias fónicas que permiten distinguir
presentan el carácter de no confundirse
una palabra de todas las demás
con su soporte tangible (p. 164).
(p. 163).

De acuerdo al modelo anteriormente desarrollado, se evidencia que Saussure elabora


conscientemente las dos direcciones cuyo punto de partida es el significante
lingüístico:

(s1) <----- S -----> (s)


donde la relación S/s1 pone de manifiesto la operatividad del concepto de valor,
mientras que la relación S/s describe la operatividad del concepto de significación.

No obstante, correlacionando esta interpretación ordenadora con la doble columna


comparativa en que se registran los enunciados saussureanos, se advierten diversos
equívocos y contradicciones. Así por ejemplo, cuando somete al valor a un "principio
paradojal": estar constituido por una cosa desemejante susceptible de intercambiarse con
aquélla cuyo valor está por determinar; y estar constituido por cosas semejantes que se
pueden comparar con aquélla cuyo valor está en cuestión. El rigor lógico establece que
tal paradoja se refiere a la totalidad del signo, como lo evidencia el modelo de las
relaciones del significante recién trascripto; y que los dos aspectos de tal paradoja no
confluyen en el valor, sino que, por el contrario, este término sirve para indicar la
presencia en el signo del segundo aspecto (la comparación de cosas semejantes),
mientras que la primera parte (la intercambiabilidad de cosas desemejantes)
constituye la definición del concepto de significado. Así lo establece en la página
siguiente y, al hacerlo, aparece la significación como una parte del valor; pero,
entonces, no podría llegar a establecer, como lo hace, al comparar dos lenguas, que
"términos con la misma significación pueden no tener el mismo valor", lo cual, en
cambio, se comprende claramente cuando se diferencia sin ambigüedad la función
que habrá de atribuirse respectivamente a valor y significación. Podríamos decir que
hay dos maneras de enfrentar este problema: una atribuye a valor un sentido amplio
que abarca a la significación ( en cuanto intercambiabilidad) y al propio valor (en
cuanto determinación por su propio entorno; intrasistémico, por consiguiente),
interpretación según la cual valor queda ambiguo y realmente contradictorio; otra se
basa en el sentido estricto del término valor y lo utiliza para designar a la relación
intrasistémica que un signo guarda con los restantes signos de su propio sistema; y
también confiere al término significación un sentido estricto consistente en la capacidad
que posee todo signo de relacionarse con entidades pertenecientes a otro sistema de
signos diferentes al primero, en una relación, por tanto, de naturaleza extrasistémica o
intersistémica.

El plan del desarrollo de Saussure sigue esta relativa indefinición. Preocupa do


fundamentalmente por mostrar al signo lingüístico como totalidad, resiente la claridad
analítica que se propone estudiar: "es necesario partir de la totalidad solidaria
(constituida por un determinado sonido y un determina do concepto) para obtener,
mediante el análisis, los elementos que encierra " (p. 157). Los tres parágrafos
siguientes abarcan respectivamente al signo "desde el punto de vista del significado o
concepto (§ 2}, del significante (§ 3} y del signo total (§4}". Al analizar el significado o
concepto, desarrolla la mayoría de los contenidos diferenciales que hemos ordenado
en forma contrastante, relativos al valor y al significado; o sea, ambos aspectos los
trata incluidos en el problema del "significado". Tales equívocos se eliminan
considerando las relaciones estructurales que confluyen en el signo total, como
establecidas entre tres niveles identificables: el significante, el valor y el significado.

En este núcleo de proposiciones saussureanas subyace una mecánica epistemológica


que no llega a hacerse racionalmente consciente y, en ocasiones, provoca
contradicciones como las que se han señalado. Efectivamente, Saussure está utilizando
relaciones lógicas inherentes a los conceptos de sistema, historia y traducción. Partiendo
de tales relaciones se comprende que "valor" es un concepto operativo cuando se lo
piensa en función de la integración del signo que lo posee en la interioridad de
determinado sistema; "significación " opera, conceptualmente, en función de la relación
de traducción entre signos determinados de sistemas diferentes; finalmente, la trans
formación de un signo se produce por la incidencia de relaciones históricas asimétricas
entre los tres aspectos que lo constituyen: transformación fonética de los significantes,
que puede ir o no acompañada de la transformación de los otros dos; transformación
de los valores de tales significantes en la interioridad de un sistema, que puede ir o no
acompañado de la transformación de los otros dos; y transformación de las
significaciones, en cuanto estado de la traducción entre dos sistemas diferentes, que
puede ir o no acompañada de la transformación de los otros dos aspectos
constitutivos del signo total. Vamos a tratar de desarrollar y ejemplificar estas
propuestas fundamentales tanto a la lingüística como a la semiología.

En un momento dado, un sistema lingüístico está constituido por un conjunto de


significantes dotado, cada uno de ellos, de un valor que los interrelaciona de modo
que constituyen un sistema y de una significación específica en virtud de la cual se
vinculan con significantes y valores de otro sistema no-lingüístico (dejando en suspenso
el problema del metalenguaje, desde cuya perspectiva el sistema lingüístico se utiliza
para traducir lo que el propio sistema lingüístico es, lo que garantiza la existencia de
una artificial pero igualmente doble existencia de sistemas, uno de los cuales dice al
otro ). El esquema inicialmente enunciado queda pues interpretado del siguiente
modo:

(s1) Valor intrasistémico <----- (S) Sistema de significantes -----> (s) Significación
intersistémica

O sea, dado un sistema X de significantes, para que pueda predicarse de ellos la


calidad de lenguaje deberán, entre otros, cumplir con los siguientes requisitos: a)
Todos sus términos constitutivos guardarán una relación tal "que las unas dependan
de las otras. Estas unidades no son nada aislada mente, sino sólo en el conjunto de que
forman parte; no son entidades positivas sino negativas, al ser lo que son por su
diferencia respecto a las demás. Cada una de estas entidades tiene un valor relativo,
ya que depende del valor de las demás entidades; no pueden ser definidas
absolutamente"29; b ) Los valores así establecidos, que tales términos poseen en el
sistema al que pertenecen, deberán corresponderse mediante relaciones asimétricas y
reflexivas con los valores que posean, en su respectivo sistema, significantes de otra y
diferente naturaleza. Otras condiciones para que un sistema de entidades perceptuales
pueda ser considerado lenguaje, en el amplio (que no debe ser confundido con
ambiguo) sentido semiológico del término, habrán de establecerse respecto a las
características sintácticas, siendo fundamental entre tales, la de recursividad. en cuanto
capacidad para generar estructuras de discurso teóricamente ilimitadas. Por el
momento nos concretaremos a sus características sistémicas y, a los efectos de su
mejor comprensión, comenzaremos su ejemplificación por el análisis de entidades
pertenecientes al lenguaje verbal.

En el Diccionario Manual de la Real Academia Española (Madrid, Espasa Calpe,


1950}, leemos: "CONGREGAR. tr. Juntar, reunir. U. t. c. r."

El valor, o sea, el conjunto de relaciones intrasistémicas de la voz CONGREGAR está


manifestado por esas abreviaturas: "tr.", "U. t. c. r.". Con independencia de que las
características enumeradas en el Diccionario no agotan los contenidos de su valor
lingüístico (falta, por ejemplo, el paradigma de sus variaciones verbales y la regla de
transformación que permite su aspecto sustantivo), lo que se manifiesta mediante esas
abreviaturas corresponde al "s1" que estamos estudiando. Establecen que se trata de
un "verbo transitivo" y que puede "utilizarse también como reflexivo". Nada nos dicen
acerca de ese otro universo en el que acontece un fenómeno cuya designación, en
castellano, corresponde a la palabra "congregar". Pero, en cambio, dan cuenta de las
principales legalidades mediante las cuales esa palabra se relaciona con otras del
sistema de la lengua castellana. Los conceptos abreviados son puro metalenguaje.

La significación o relación intersistémica de la voz "CONGREGAR" se manifiesta


mediante otros dos significantes: " Juntar, reunir". No obstante, el problema no es tan
simple. En cuanto ".juntar ,reunir" son signos lingüísticos del mismo sistema que
"congregar" y están utilizados para delimitarlo conceptualmente, también aquí puede
hablarse de metalenguaje; pero sólo en cuanto se están utilizando palabras para dar
cuenta de palabras. Por así decirlo, es metalingüístico el procedimiento utilizado; pero
no el efecto de significación producido. Las palabras "juntar, reunir" no están
destinadas a valer en cuanto palabras, sino más bien a ser portadoras de sus
respectivos conceptos; en la medida en que mediante ellas nos enteramos de lo que
quiere decir "congregar" ya no estamos haciendo metalenguaje, sino que estamos
traduciendo. Quiere decir que, por la función intersistémica, se ponen en relación dos
universos de signos de naturaleza diferente. Un signo lingüístico nos remite, en este
caso, a otro signo existencial o social. Parece resurgir, con ello, el viejo problema del
referente. Pero el signo no-lingüístico no es el referente del signo lingüístico; la
correspondencia se produce entre el valor (o lugar relacional intrasistémico} del signo
lingüístico y el valor (o lugar relacional intrasistémico} del signo no-lingüístico.

Cuanto venimos diciendo supone lo que Saussure denomina "sincrónico", en cuanto


análisis que no toma en cuenta el transcurso del tiempo en la vida del sistema en
estudio. Pero el análisis admite también la consideración "diacrónica", para la cual, los
distintos aspectos que componen al signo no se transforman con la misma velocidad,
lo que plantea determinados y, en ocasiones, complejos problemas no siempre
debidamente diferenciados.

Por consiguiente, conforme al esquema que nos acompaña en nuestro trabajo

(s1) <----- S -----> (s)

podemos diferenciar variaciones diacrónicas en uno, dos o los tres aspectos que lo
integran. No es nuestra pretensión realizar una investigación diacrónica acerca de la
lengua castellana, sino limitarnos a ejemplificar los niveles teóricos que venimos
desarrollando. Con esta salvedad, podemos observar la transformación diacrónica
sufrida en castellano por la palabra: "Calmar".

Leemos en el Diccionario Manual de la Real Academia Española: "CAL MAR. tr.


Sosegar, adormecer, templar, U. t. c. r. int. Estar en calma o tender a ella".

Por su parte, en el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, impreso


en el año 1726, podemos leer: "Calmar. v. n. Parar el viento y no sentirse alguno. En el
mar se entiende por cessar totalmente el aire y parar el baxel, de suerte que si no le
ayudan no se mueve. Es formado del nombre Calma (y siguen varias citas y usos)...
CALMAR. Traslaticiamente vale suspenderse, pararse, detenerse, cesar y dexar
pendiente lo que se había de mover, tratar o perficionar y concluir. (Siguen citas como:
El deseo de venganza y reputación suele calmar en semejantes aprietos)" (Sic).

Es inmediatamente observable la transformación intrasistémica del lexema en estudio.


En el castellano actual, puede ser "transitivo", "reflexivo" e, incluso "intransitivo".
Serían ejemplos: Sus palabras calmaron al pueblo; me calmé al oír su voz; saldremos
cuando calme la tormenta.

Pero toda esta riqueza, en lo que hace al valor lingüístico de "Calmar" se reducía, en el
castellano de 1726 a la forma "intransitiva " ( o, como se la nombraba en ese momento,
"neutra"). Para evidenciarlo se ha trascripto la aplicación traslativa en que, si bien la
explicación del acontecer correspondiente aparece en forma "reflexiva", la cita con la
que se muestra su uso lo hace en forma "intransitiva". O sea, en esa situación de la
lengua, "Calmar" sólo tenía como valor (s1) la mecánica relacional del intransitivo.

El posterior enriquecimiento del valor lingüístico en nada influyó respecto al


significante (S), el cual permaneció invariable; incluso también podríamos decir que la
significación (s) es la misma en uno y otro momento. Valga, no obstante, la
observación de la dependencia ineludible de la configuración del objeto en virtud de
las particularidades intrasistémicas de la palabra que lo designa, lo que, en la
expansión del algoritmo saussuriano habíamos esquematizado como
S1
s1
ya que, en efecto, la posibilidad del uso transitivo y reflexivo en el castellano actual
evidentemente acota fenómenos que no estaban en las posibilidades del de 1726.

Veamos ahora un cambio de significación con permanencia del valor lingüístico. Dice
el Diccionario Manual de la Real Academia Española: "MECÁNICO, CA. adj.
Perteneciente a la mecánica/ / Que se ejecuta por un mecanismo o máquina./ /
Perteneciente a los oficios u obras de los menestrales... (etc)". Y dice el Diccionario de
Autoridades: "MECHÁNICO, CA. adj. Lo que se executa con las manos. Pronúnciase
la ch como K..." (Sic).

Dejando de lado la transformación del significante (meCánico/meCHánico) que


responde a la mera forma gráfica sin afectar la forma de pronunciación, su valor es el
mismo: en ambos momentos está determinada la doble posibilidad masculino-
femenino y su característica relacional en el decurso de la frase es la de adjetivo. Pero
es evidente que algo cambió y no en la lengua castellana, sino en el mundo de los
fenómenos traducidos mediante la lengua castellana. "Mecánico" capta, en uno
respecto al otro momento, significaciones provenientes de dos núcleos de
comportamiento diferentes: a) lo que se ejecuta con las manos (sin mención de
herramienta o maquinaria); b) lo que se ejecuta con máquinas (sin mención de las
manos, siendo, precisamente, esta exclusión la que determina la especificidad del
ámbito que se quiere significar). Porque, para aquello en cuya ejecución intervienen
las manos, está la palabra "Manufactura" ("f. Obra. hecha a mano o con auxilio de
máquina ", dice el actual Diccionario ). Y una sorpresa que se produce cuando
buscamos, en el de 1726, esta última palabra: no existe, lo cual es lógico ya que todavía
no había acontecido la Revolución Industrial que es donde aparece un fenómeno
laboral que requeriría poder ser diferenciado mediante la palabra correspondiente.
Quede con esto ejemplifica do el caso de la aparición de un significante lingüístico como
respuesta a la exigencia de un significante extralingüístico que le precede [con
independencia de que éste, a su vez, haya resultado de la exigencia de otro orden de
signos, en este caso, indiciales]. La consideración diacrónica de un sistema de signos
supone, por consiguiente, tomar en consideración estas transformaciones en función
de las modificaciones correspondientes producidas en las relaciones intra o inter
sistémicas. Lo dicho a partir del lenguaje verbal tiene plena aplicación cuando se
estudia la existencia o transformación de cualquier otro sistema de signos.

Debe tenerse en cuenta todavía que, mientras que el valor intrasistémico (s1) consiste, en
todos los casos, en un conjunto homogéneo de relaciones legalmente establecidas
(puede utilizarse para caracterizarlo el concepto de "law-cluster concepts" acuñado
por H. Putnam), la significación intersistémica (s) es múltiple e incluso, en principio,
inagotable. Tomemos el ejemplo de un automóvil; en cuanto al valor intrasistémico
consiste en sus características diferenciales relativas al diseño, potencia, velocidad,
combustible, etc.; es decir todo aquello que nos permite establecer las relaciones
identificado ras y diferenciado ras respecto a los restantes automóviles, pero sin salir
del sistema del automóvil. Frente a esto, su precio, su calidad estética, su utilización,
el nivel social que confiere, sus posibilidades de comercialización, etc. , suponen la
relación del significante existencial automóvil con los correspondientes sistemas
económico, estético, utilitario, social, comercial, etc. Las significaciones que, en estos
diferentes sentidos pueden atribuirse al automóvil no dependen del sistema de los
automóviles, sino que se producen al vincularlo a sistemas ajenos al mismo, pero que
son los que le confieren una determinada significación.

En definitiva, cuando preguntamos por el valor de un signo, la respuesta se producirá


sin trascender los límites del sistema al que el signo pertenece. Cuando preguntamos
por la significación, la respuesta habrá de producirse en un sistema diferente a aquel al
que pertenece dicho signo. Una es tarea relativamente metalingüística y la otra es tarea
de traducción. Si hacemos metalenguaje estamos enriqueciendo el sistema al que
pertenece el signo; si traducimos estamos afirmando relaciones entre sistemas de
signos diferentes. ¿Qué es lo que nos interesa conocer de una determinada situación,
fenómeno social, objeto de arte, teoría científica, etc. ? ¿Su coherencia interna?
Estudiaremos el conjunto de relaciones que lo vinculan a los restantes fenómenos de
su misma especie. ¿Su eficacia? Tendremos que estudiar sus posibilidades de traducir
o de ser traducido al nivel en el cual nos interesa su operatividad. La calidad de un
aviso publicitario depende de su capacidad de traducir, lo más exactamente posible,
las apetencias del sector de población al que va dirigido. Pero el significante publicitario
y la apetencia no pertenecen al mismo sistema; por esta causa, el significante
publicitario tendrá que vencer una determinada resistencia para que su destinatario
establezca el pretendido contacto o realice la esperada traducción entre la propia
textualidad del aviso y su individual apetencia, de modo que se provoque una
determinada respuesta: la aceptación de lo publicitado. El tema lo desarrollo extensa
mente en "El mensaje publicitario", actualmente en prensa (Hachette) [la 2ª Edición se
publicó en Edicial, 1991].

Por el contrario, si lo que nos interesa es conocer, por ejemplo, el valor del concepto de
masa en el sistema de Newton, tendremos que reintroducirlo en el propio sistema de
Newton y relacionándolo con los restantes conceptos: velocidad, espacio, etc.,
estableceremos su valor, pero no su significación. La significación de la "masa "
newtoniana se producirá cuando se la ponga en relación, por ejemplo, con la máquina
de escribir eléctrica en la que estoy trabajando; y es evidente que nada tiene que ver
"masa " en cuanto al concepto científico con los concretos objetos a los que puede
aplicarse, o sea, a los que retraduce con un determinado significado científicamente
establecido. Como ese concepto puede también considerarse incluido en otro sistema,
el de Einstein, por ejemplo, variando con ello su valor, resulta también modificado su
ámbito de significación, ya que, mientras en el sistema de Newton la máquina
mantendrá constante su masa, en el de Einstein dependerá de que se encuentre
conectada o no a la red eléctrica y por tanto en movimiento.
B. Sincronía y diacronía

Si bien ya venimos refiriéndonos a la sincronía y a la diacronía como modificación, en


el tiempo, del valor y/o del significado y/o del significante de un signo, el
tratamiento del problema se despliega, también, en otra importante vertiente teórica.

Al establecer la diferencia entre una lingüística sincrónica y una lingüística diacrónica,


Saussure formula ciertas consideraciones relativas a la dualidad interna de todas las
ciencias que operan con valores, que resultan de gran utilidad para la comprensión de
ciertos problemas semiológicos. Incluso es importante realizar ciertos ajustes respecto
a la reflexión saussureana, apoyándonos en cuanto hasta el momento hemos
desarr1lado, tanto en lo que hace a la estructura interna del signo como a la diferencia
entre valor y significación.

Para Saussure, según se tome en consideración o no al factor tiempo, la lingüística se


encontrará ante una de "dos rutas absolutamente divergentes" (ps. 114 y ss.). "La
mayoría de las restantes ciencias ignora esta dualidad radical; el tiempo no produce
en e1las efectos particulares". Salvará de este desinterés excepcional a las ciencias
económicas, en las cuales resultará necesario diferenciar entre economía política (que,
por no tomar en consideración al tiempo, se asemejará a la lingüística sincrónica), e
historia económica (que, al tomarlo en consideración, aproximará su estructura
epistemológica a la lingüística diacrónica); y ello será así porque, como en lingüística,
"estamos ante la noción de valor". Con respecto a las restantes ciencias, Saussure
reflexiona del siguiente modo:

a) "La astronomía ha constatado que los astros sufren notables cambios; pero no se ha
visto obligada por ello a escindirse en dos disciplinas."

b) "La geología razona casi constantemente en base a sucesiones; pero cuando se


ocupa de los estados de la tierra, no hace de ello un objeto de estudio radicalmente
distinto."

c) "Existe una ciencia descriptiva del derecho y una historia del derecho; nadie las
opone entre sí."

d) "La historia política de los Estados se mueve totalmente en el tiempo; no obstante,


si un historiador describe una época no se tiene la impresión de salir de la historia.
Inversamente, la ciencia de las instituciones políticas es esencialmente descriptiva,
pero puede perfectamente tratar, en ocasiones, una cuestión histórica sin perturbar
por ello su unidad".

Para Saussure, en estos últimos casos, el dato natural tendría una gran incidencia, por
lo cual el tiempo cambiaría eventualmente sus condiciones físicas pero no
intervendría como factor diferenciador de elementos que requiriesen ser estudiados
en cuanto meros representantes del cambio y, por ello, según leyes y criterios
específicos. Así, incluso entre las ciencias económicas y la lingüística establece una
graduación, ya que en el caso de la economía "su vinculación con las cosas le
proporciona, pese a todo, una base natural y por ello las apreciaciones pertinentes
nunca serán completa mente arbitrarias; su variabilidad está limitada. Pero ya hemos
visto que, en lingüística, los datos naturales no tienen lugar alguno."

Tomando el caso a) de la astronomía y adaptando el algoritmo saussureano ampliado a


sus particularidades, podremos elaborar el siguiente modelo:

con las siguientes equivalencias:

"Sn" = "percepción ingenua o supuestamente inicial de los astros"

"sn" = "conocimiento ingenuo o supuestamente inicial que establece el valor de las


anteriores percepciones y las organiza en sistema"

"Sn+1" = "percepción sensorial interpretada según el conocimiento ingenuo precedente"

"sn+1" = "conocimiento científico al establecer el valor de las percepciones interpretadas


precedentes y organizarlas en sistema"

"Sn+2" = "percepción sensorial interpretada según el conocimiento científico


precedente"

Lo que nos interesa establecer es que ninguna ciencia se constituye en base a los datos
naturales, sino en base a valores que han sido previamente establecidos. Saussure
sigue aquí una concepción científica errónea, como cuando, según ya comentamos,
había dicho que "otras ciencias operan en base a objetos dados por anticipado "
mientras que en la lingüística, "en vez de que el objeto preceda al punto de vista, se
diría que es el punto de vista el que crea el objeto " (p.23). La epistemología
contemporánea ha establecido que esto último es lo que ocurre en todos los casos;
consideración tenida en cuenta en nuestro modelo y que permite su interpretación en
función de las particularidades de las distintas ciencias. Lo que la dirección de las
flechas establece es la génesis de los valores previamente establecidos. A su vez, tales
flechas señalan, igualmente, la transformación de lo percibido, o su dependencia,
respecto al valor elaborado en algún momento precedente; en definitiva, no es posible
el análisis de los valores ni de las formas sin tomar en cuenta su inserción en la
historia.
Hay una supuesta primera percepción o percepción ingenua que sólo posee el valor
de un supuesto lógico, como punto de origen del esquema, ya que se trataría en una
instancia atemporal e irreal. Todas las ciencias, por consiguiente, operan sobre
valores; lo que puede acontecer es que, por tratarse además de objetos producidos por
el hombre, o sea, por tratarse de cultura. los niveles de transformación se incrementan.
Así en el caso del derecho podemos establecer:

con las siguientes equivalencias:

"Sn" = "percepción sensorial de un determinado comportamiento social"

"sn" = "valoración social inicial de dicho comportamiento"

"Sn+ l " = "percepción de un comportamiento social tal como ha quedado socialmente


valorado"

"sn+ 1 " = "fijación de la valoración social de tal comportamiento, mediante la


legislación y la jurisprudencia"

"Sn+2" = "percepción del comportamiento social legalmente valorado"

"sn+2" = "conocimiento científico al establecer la sistematización de los


comportamientos legalmente valorados"

"Sn+3" = "percepción del comportamiento social interpretado según la sistematización


científica precedente"

Esto conduce a interrogarse sobre cuál sería el objeto de la ciencia del derecho: si el
comportamiento valorado antes de su encuadre legal ("Sn/sn"), es decir, "Sn+ 1 "; o los
valores legales que ordenan el anterior comportamiento ("sn+ 1 "); o el comportamiento
social legalmente valorado ("Sn+2"); o los propios criterios de sistematización científica
de tales comportamientos valorados legalmente ("sn+2"). Todo ello puede ser objeto del
conocimiento jurídico; pero resulta fundamental identificar el nivel en el que se
encuentra tal objeto de conocimiento, ya que ello establece su particular calidad y el
tratamiento metodológico y conceptual al que deberá ser sometido.
Lo que induce a Saussure a aproximar las ciencias económicas a la lingüística es que
en ellas el valor no es sólo una sistematización del conocimiento, ya bien relativamente
ingenuo, ya bien establecido por alguna estructura intermediaria, como es la ley en el
caso del derecho, sino que el valor es una relación constitutiva del propio objeto de
estudio, el cual no es económico más que en la medida en que guarda determinada
relación de cambio con otro objeto utilizado como materialización de tal valor. Una
historia de estos fenómenos será, por tanto, una historia de los valores concretados en
las relaciones de cambio y, consiguientemente, de sus trans formaciones. Los modelos
precedentes deberían incrementarse con un par más a efectos de dar cuenta de las
distintas instancias intervinientes antes de proceder a la reflexión científica. La
interpretación, en este caso de la economía, sería diferente:

"Sn" = "percepción sensorial de la presencia de un determinado bien que se encuentra


disponible en el seno de una comunidad"

"sn" = "evaluación de dicho bien como relativamente escaso en el seno de tal


comunidad"

"Sn+1" = "percepción de dicho bien como relativamente escaso"

"sn+1" = "evaluación de la fuerza de trabajo necesaria para hacer efectiva mente


disponible ese bien relativamente escaso en el seno de tal comunidad"

"Sn+2" = "el dinero como objeto sensorialmente perceptible; implica la creación, en el


seno de la mencionada comunidad, de un tipo de objeto destinado a su posible
sustitución por aquellos bienes previamente califica dos como relativamente escasos";

"sn+2 = "evaluación del dinero en cuanto a su capacidad de sustitución por bienes


considerados relativamente escasos en determinada comunidad; con fluencia de otras
múltiples relaciones valorativas (como, por ejemplo, el valor de la fuerza de trabajo
incorporado al bien, para ampliar su disponibilidad en una determinada comunidad)
sobre el dinero como consecuencia de aquella inicial evaluación de su capacidad de
sustitución"

"Sn+3 = "percepción de dos clases de objetos: los bienes relativamente escasos y el


dinero con capacidad de sustituirlos, después de haberse establecido la convención
que regula su mutua sustituibilidad"

"sn+3" = "conocimiento científico al establecer los procesos de sustituibilidad recíproca


entre bienes y dinero y sistematización relativamente rigurosa de tales relaciones de
sustitución"

"Sn+4" = "percepción de los bienes relativamente escasos y de la fuerza de trabajo


necesaria para ponerlos a efectiva disposición de la comunidad, tal como quedan
regulados después de haber sido establecida su sustituibilidad por el dinero, tanto en
la evaluación social de dicha sustitución, como en la ordenación científica de esas
mismas relaciones de sustitución".
Si Saussure aproxima las ciencias económicas a la lingüística es porque atribuye al
dinero el papel de un lenguaje portador de valores lingüísticos y de significaciones
intersistémicas. En efecto, el dinero es una convención, materializada en un tipo de
objetos perceptuales, que guardan relaciones diferenciales entre sus distintas
denominaciones ( o entre la denominación de sus diferentes valores cuantitativos) así
como que poseen posibilidades de sustitución interna entre diferentes conjuntos de
denominaciones distintas; tales y otras consideraciones técnicas permiten considerar
al dinero en la interioridad de un sistema en el cual cada elemento de tal sistema se
identifica y diferencia sin tomar en consideración más que sus relaciones recíprocas, lo
que permite afirmarlo como dotado de relaciones de valor, de modo semejante a las que
afectan a los paradigmas diferenciales de significantes lingüísticos, antes y al margen
de tomar en consideración su capacidad de sustitución de elementos o entidades
diferentes a ellos mismos.

La significación del dinero está constituida por tal capacidad de sustitu ción respecto a
elementos de un universo distinto al puramente monetario; como en el caso del
lenguaje ocurre respecto al universo referencial de los signos propiamente
lingüísticos.

Por ello, al tomar en consideración la intervención del tiempo, Saussure considera


imprescindible diferenciar el análisis del estado del sistema en un momento dado,
frente al análisis de los cambios de tal sistema con el transcurso del tiempo. O sea, la
historicidad de la relación de dos sistemas se constituye en la necesidad de utilizar técnicas
específicas que permitan estudiar la relativamente independiente movilidad de uno y
otro (del sistema de los bienes y del sistema del dinero} ya que no seguirían
velocidades homogéneas. Pero esto no excluye que en las restantes disciplinas a las
que alude, la astronomía, la geología, el derecho, la política, etc., exista también la
dualidad de sistemas en consideración, si bien no llegan a estar representa dos, por lo
general, mediante tales dos sistemas. Ello sería discutible, por ejemplo, en el caso del
derecho en el cual la ley y la jurisprudencia determi nan un sistema evaluador
diferente, tanto al acontecimiento o comporta miento humano como a la elaboración
científica que pueda llegar a estable cerse acerca de los valores de juridicidad que se
les atribuyen. Interesa de modo particular establecer las que son relaciones de valoración
y las que constituyen relaciones de significación en las distintas áreas del acontecer
social, científico o cultural en general.

Es decir, que la importancia de la distribución que se pone en evidencia desarrollando


el algoritmo saussureano, aparte de su directa incidencia en el estudio del sistema de
la lengua, radica en la posibilidad de diferenciar sus diversas instancias en el ámbito
de las ciencias sociales en general, lo que, a su vez, constituye el futuro de la semiología
en cuanto disciplina analítica de la cultura. Respecto a 105 listados de percepciones
("S"} y de contenidos ("s"} desarrollados, con alcance meramente ejemplificativo,
respecto a las disciplinas mencionadas pueden formularse aquí unas breves
indicaciones que aclaren su uso y adviertan respecto a los planos de análisis que
permiten.
El hecho de comenzar, en todos los casos, por un "Sn " se debe a la imposibilidad
lógica de encontrar un puro significante; ya bien se considere a la historia de la
humanidad, que impide una percepción de algo como todavía nunca valorado, o a la
experiencia del individuo (u historia indivi dual} que reconoce una presencia al menos
por diferencia respecto a otras previamente conocidas, la percepción ingenua está
excluida de las posibilida des de la mente humana; en resumen, porque todo hombre
alcanza su humanidad en el interior de una determinada cultura y cultura es,
justamen te, una propuesta vigente en una comunidad para la interpretación del
entorno; propuesta que el ser humano no recibe genéticamente inscripta sino que debe
serle trasmitida en forma simbólica, por lo general (pero no exclusivamente} mediante
símbolos verbales. Tal, pues, el significado de esa "n" que acompaña como sub índice
a las "S" con que se representan los significantes o percepciones sensoriales, y que, en
consecuencia, deberán también acompañar a las "s" de los correspondientes
contenidos o, en la terminología de Saussure, los significados.

Si bien, en la sucesividad de los listados ejemplificados, se alternan las "S" y las "s",
cada una con el sub índice representativo del nivel de elabora ción al que se
encuentran, no todos los momentos de tales sucesiones representan el mismo tipo de
relaciones entre ellos. La diferencia consiste en que entre "S" y "s" de un mismo nivelo
sea, afectados por el mismo sub índice, la relación es de evaluación, lo que supone que
se está consideran do a los respectivos significantes en cuanto a los valores que reciben
en el sistema al que pertenecen. Por el contrario, en los casos de sucesividad de "S" y
"s", o de "s" y "S", ya bien se presenten en una u otra dirección en forma inmediata o
ya bien en forma mediata (con otros niveles distancián dolos) la relación es
intersistémica y representa a las significaciones en cuanto que las formas o valores de
un nivel están sustituyendo o son sustituidas por valores o formas de otro nivel. De
aquí la utilidad de diferenciar de modo riguroso e incluso formalizable los conceptos
de valor y significación. Un estudio sincrónico de una determinada disciplina (o
fenómeno social o sistema de comunicación) podrá tomar en cuenta los siguien tes
aspectos: a) cómo una evaluación preexistente condiciona la posibilidad de que se
perciba actualmente a un determinado significante; o sea, por ejemplo, cómo un "Sn+1"
es posible porque se poseía la clave interpretativa "sn"; esto puede considerarse el
estudio del input en el sistema cuya sincro nía va a ser considerada; b) la organización
paradigmática en el interior del propio sistema, según la cual los significantes "Sn+1" se
articulan conforme a los respectivos valores "sn+1", lo que constituye el estudio del
argumento que proporciona coherencia a la totalidad de tal sistema; c) cómo los
significantes de un determinado nivel "Sn+1" se corresponden con los significantes del
nivel subsiguiente, por ejemplo, "Sn+2" estableciendo una relación que, en los casos de
lenguajes convencionales, responderá a las relaciones intersistémicas entre la
respectivas valoraciones "sn+1" y "sn+2" que los afectan, a cada uno en su sistema
pertinente; tal el proceso propia mente dicho de significación o utilización de un nivel
para dar cuenta de otro; es un estudio del output del sistema en consideración.

El estudio diacrónico consistirá en la determinación de los cambios acontecidos, ya bien


entre significantes de distintos niveles, por ejemplo, "Sn+1" respecto a "Sn+2", ya bien
entre valoraciones diferentes de distintos niveles, "sn+1" y "sn+2" y considerará la
específica influencia de tales cambios en los respectivos sistemas.
V. La Semiología

Tal como hemos venido haciendo en los capítulos anteriores, agrupare mos
inicialmente los conceptos saussureanos relativos a la semiología, junto con algunos
otros que, si bien Saussure no utiliza directamente para caracterizar a esta disciplina,
deben ser tenidos especialmente en cuenta; eludiremos, en cambio, los que han sido
tratados con anterioridad y cuya trascendencia semiológica ha quedado establecida.
No los estudiaremos en forma de oposiciones ya que lo que nos interesa es acompañar
la reflexión saussureana incorporando, tan sólo, aquellos aspectos que la evolución de
la propia disciplina semiológica ha ido poniendo de manifiesto; los numera remos
para facilitar su posterior comentario.

1. "Se sabe que esta localización [se refiere a la que Broca establece en la tercera
circunvolución frontal izquierda y en la que radicaría la facultad de hablar] se ha
confirmado para todo aquello que se relacione con el lenguaje. .., lo que parece indicar:
1º) que las diversas perturbaciones del lenguaje oral se entreveran de múltiples formas
con las del lenguaje escrito; 2º) que en todos los casos de afasia o agrafia, lo lesionado
no es tanto la facultad de proferir tales o cuales sonidos como la de evocar mediante
un instrumento, cualquiera que sea, los signos de un lenguaje regular. Todo nos lleva
a creer que, por encima del funcionamiento de los diversos órganos, existe una
facultad más general, aquella que gobierna a los signos, y que sería la facultad
lingüística por excelencia" (ps. 26-27).

2. "La lengua es un sistema de signos que expresan ideas y, por ello, comparable a la
escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbóli cos, a las formas de
cortesía, a las señales militares, etc, etc. Sólo que es el más importante de tales
sistemas" (p. 33).

3. "Se puede, pues, concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la
vida social... Enseñaría en qué consisten los signos y qué leyes los rigen" (p. 33).

4. "(La semiología) formaría parte de la psicología social y, en consecuencia, de la


psicología general" (p. 33).

5. " ...todavía no existe. .., pero tiene derecho a la existencia y su lugar está ya
preestablecido. La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general; las leyes
que descubra la semiología serían aplicables a la lingüística, la que se encontrará así
vinculada a un dominio bien definido en el conjunto de los hechos humanos" (p. 33).

6. "Deberá tenerse cuidado con no confundir la semiología con la semántica, que estudia
los cambios de significación y de la cual F. de S. no desarrolló una exposición metódica.
.." (nota 1, p. 33).

7. " ...si por primera vez hemos podido asignar a la lingüística un lugar entre las
ciencias es porque hemos podido vincularla a la semiología" (ps. 33-34).
8. "¿Por qué no ha sido reconocida todavía como ciencia autónoma, poseyendo, como
cualquier otra, su objeto propio? Es que se gira en un círculo vicioso: por una parte,
nada es más adecuado que la lengua para que se comprenda la naturaleza del
problema semiológico; pero, para plantearlo convenientemente, haría falta estudiar la
lengua en sí misma; pero, hasta el presente, casi siempre se la ha abordado en función
de alguna otra cosa, desde otros puntos de vista" (p. 34).

9. " ...el gran público: no ve en la lengua más que una nomenclatura. .., el punto de
vista del psicólogo que estudia el mecanismo del signo en el individuo. .., es el método
más fácil pero sólo alcanza a la ejecución individual sin llegar hasta el signo, que es
social por naturaleza" (p. 34).

10. " ...cuando se comprende que el signo debe estudiarse socialmente no se


consideran más que los rasgos de la lengua que la vinculan a otras instituciones más o
menos dependientes de nuestra voluntad; y así se deja de lado el objetivo,
desdeñando los caracteres que son exclusivos de los siste mas semiológicos en general
y de la lengua en particular. Porque el signo escapa siempre, en cierta medida, a la
voluntad individual o social, constitu yendo esto su carácter esencial; pero es el que
menos aparece a primera vista" (p. 34).

11. " ...tal carácter sólo aparece claramente en la lengua pero se mani fiesta en cosas
menos estudiadas y, de rebote, no se acaba de comprender la necesidad o la utilidad
particular de una ciencia semiológica" (p. 34).

12. "Para nosotros, por el contrario, el problema lingüístico es, ante todo, semiológico
y todo nuestro desarrollo encuentra significación a partir de este importante hecho"
(ps. 34-35).

13. "Con ello, no sólo se aclarará el problema lingüístico, sino pensamos que
considerando los ritos, las costumbres, etc, como signos, tales hechos aparecerán bajo
otra luz y se sentirá la necesidad de agruparlos en la semiología y de explicarlos
mediante las leyes de esta ciencia" (p. 35).

14. "Nuestra definición de la lengua supone que descartamos todo aque llo que es
extraño a su organismo, a su sistema; en una palabra, lo que se designa con el término
de 'lingüística externa'; ...etnología. .., historia política. .., instituciones de toda clase. ..,
ámbito geográfico... Creemos que el estudio de los fenómenos lingüísticos externos es
muy fructífero; pero es falso decir que sin ellos no pueda conocerse el organismo
lingüístico interno. .., la separación de los dos puntos de vista se impone y cuanto más
rigurosamente se la observe será mejor. La prueba es que cada uno de ellos crea
métodos distintos. La lingüística externa puede acumular detalles sin sentirse
enclaustrada en el estudio de un sistema" (ps. 40 a 43).

15. "Lengua y escritura son dos sistemas de signos distintos: la única razón de ser del
segundo es la de representar al primero; el objeto lingüístico no se define por la
combinación de la palabra escrita y de la palabra hablada; este último constituye, por
sí solo, su objeto" (p. 45).
16. " ...cuando la semiología esté organizada deberá preguntarse si los modos de
expresión que reposan sobre signos totalmente naturales -como la pantomima- le
pertenecen por derecho propio. Suponiendo que los acoja, su principal objetivo no
dejará de ser el conjunto de los sistemas fundados sobre lo arbitrario del signo. En
efecto, todo medio de expresión recibido en una sociedad reposa, en principio, sobre
un hábito colectivo o, lo que es lo mismo, sobre la convención. Los signos de cortesía,
por ejemplo, dotados con frecuencia de cierta expresividad natural (piénsese en los
chinos que saludan a su emperador posternándose nueve veces hasta el suelo ) están
también establecidos por una regla; es tal regla la que obliga a emplearlos, no su valor
intrínseco. Puede decirse por tanto que los signos totalmente arbitrarios cumplen
mejor que los restantes con el ideal del proceso semiológico; por eso la lengua, el más
completo y más amplio de los sistemas de expresión es también el más característico
de todos; en ese sentido la lingüística puede constituirse en patrón general de toda
semiología, pese a que la lengua no sea más que un sistema particular" (ps. 100-101).

17. "Por oposición a los significantes visuales (señales marítimas, etc.) que pueden
presentar complicaciones simultáneas en varias dimensiones, los significantes
acústicos no disponen más que de la línea del tiempo; sus elementos se presentan uno
a continuación del otro; forman una cadena " (p. 103).

18. "La lengua. .., concierne, a cada momento, a todo el mundo... En este aspecto no
puede establecerse comparación alguna entre ella y las otras instituciones. Las
prescripciones de un código, los ritos de una religión, las señales marítimas, etc.,
nunca ocupan a la vez más que un cierto número de individuos y durante un tiempo
limitado" (p. 107).

19. "Una lengua es radicalmente incapaz de defenderse contra los facto res que
desplazan, a cada instante, las relaciones entre el significado y el significante... Las
otras instituciones humanas -las costumbres, las leyes, etc.- se fundan, en diversos
grados, en relaciones naturales entre las cosas; hay en ellas una afinidad necesaria
entre los medios empleados y los fines perseguidos. Incluso la moda que fija nuestro
vestuario no es totalmente arbitraria; no puede apartarse más que en cierta medida de
las condiciones dictadas por el cuerpo humano... Tan cierto es esto que se trata de un
principio que debe verificarse incluso a propósito de las lenguas artificiales. Quien
crea una de ellas la controla mientras no está en circulación; pero desde el instante en
que cumple su misión y se convierte en propiedad de todo el mundo, el control se le
escapa... La continuidad del signo en el tiempo, unido a su alteración en el tiempo, es
un principio de la semiología general; su confirmación se encuentra en los sistemas de
escritura, el lengua je de los sordo-mudos, etc." (ps. 110-111).

20. "En ningún momento, y contra lo aparente, ésta (la lengua) existe al margen del
hecho social, porque es un fenómeno semiológico" (p. 112).

21. "...el sistema nunca es más que momentáneo [está ejemplificando con el ajedrez];
varía de una posición a otra. Es cierto que los valores dependen también y
especialmente de una convención inmutable, la regla del juego, que existe antes del
comienzo de la partida y se mantiene después de cada movimiento. Esta regla,
admitida de una vez para siempre, existe también en materia del lenguaje; tales son
los principios constantes de la semiología... No hay más que un punto en que la
comparación falla; el jugador de ajedrez tiene la intención de producir el cambio y
ejercer una acción sobre el sistema; mientras que la lengua no premedita nada..." (ps.
126-127).

22. " Así, puesto que se producen y se producirán siempre cambios fonéticos, puede
considerarse este fenómeno en general como uno de los aspectos constantes del
lenguaje; es pues una de sus leyes... Pero tales constituyen los principios generales que
existen con independencia de los hechos concretos; cuando se habla de hechos
particulares y tangibles, no existe punto de vista pancrónico" (ps. 134-135).

23. "La lengua presenta este carácter extraño y sorprendente de no ofrecer entidades
perceptibles a primera vista, sin que pueda dudarse, no obstante, de que existan ni de
que su juego es lo que la constituye. Es éste, sin duda, un rasgo que la distingue de
todas las otras instituciones semiológi cas" (p. 149).

24. "Se ve, pues, que en los sistemas semiológicos, como la lengua, donde los
elementos se sostienen recíprocamente en equilibrio según reglas deter minadas, la
noción de identidad se confunde con la de valor y recíprocamen te. Por esto, en
definitiva, la noción de valor recubre las de unidad, entidad concreta y realidad" (p.
154).

25. "Filósofos y lingüistas han estado siempre de acuerdo en reconocer que, sin el
auxilio de los signos, seríamos incapaces de distinguir dos ideas de una manera clara
y constante. Tomado en sí mismo, el pensamiento es como una nebulosa donde nada
está necesariamente delimitado. No existen ideas preestablecidas y nada es
diferenciable antes de la aparición de la lengua " (p. 155).

26. "Lo que es cierto acerca del valor lo es también acerca de la unidad. .. Aplicado a la
unidad, el principio de diferenciación puede formularse así: los caracteres de la unidad
se confunden con la unidad misma. En la lengua, como en todo sistema semiológico,
aquello que distingue a un signo coincide con todo aquello que lo constituye. Es la
diferencia lo que le confiere carácter , como es también lo que produce el valor y la
unidad" (p. 168).

Tales los párrafos en los que Saussure alude a la semiología de forma explícita, junto
con algunos que, sin nombrarla, contribuyen a completar sus conceptos constitutivos
fundamentales. Tras lo expresado en los capítu los anteriores, en que se pasó somera
revista a algunos aspectos particulares de la lingüística que son generalizables en el
plano de la semiología, tratare mos ahora de completarlos sistematizando
elementalmente los que se con tienen en los párrafos transcriptos.

En la cita "1" se plantea la existencia de la facultad semiótica general. Saussure la


menciona como "facultad lingüística por excelencia", pero la caracteriza diciendo que,
en caso de afasia, "lo lesionado no es tanto la facultad de proferir tales o cuales
sonidos, como la de evocar mediante un instrumento, cualquiera que sea, los signos
de un lenguaje regular". O sea, da preeminencia, en cuanto facultad fundamental del
hombre a la de utilizar un mediador para que se evoquen o actualicen signos
sistematizados o regulares; el lenguaje verbal sería, tan sólo, aquel en que se
concretaba una de tales posibilidades de actualización. Por eso, cuando, en nuestra
cita "25", establece que "el pensamiento es una nebulosa. .., antes de la aparición de la
lengua ", esta lengua a la que hace referencia debe ampliarse hasta abarcar cualquier
sistema semiótico. Si bien la conclusión procede de las propias expresiones de Saussure,
es dudoso que tal haya sido su intención expresa; no obstante, su coherencia interna lo
exige y así ha podido dar lugar a tesis relativas a la precedencia histórica de la
escritura sobre la palabra en cuanto a lenguaje utilizado en la comunicación social,
como desarrolla y reafirma Derrida 30. Desde una perspectiva lógica lo que interesa es
que el pensamien to requiere de signos, no pudiendo antecederlos, sino teniéndolos
por materia prima; pero cuál sea su calidad material resulta, en principio, irrelevante.

De aquí también que, epistemológicamente, el estudio de los signos, en cuanto


materia prima del pensamiento, requiere un nivel de generalidad mayor que el
estudio de cualquiera de las clases específicas de signos que puedan llegar a ser
utilizadas en la producción y comunicación de tal pensamiento. En consecuencia, la
ciencia de los signos es una "ciencia general" que antecede a la "voluntad individual o
social" de utilizarlos como instrumento de comunicación, cuyas reglas de
funcionamiento prece den a cualquier juego o praxis, siendo "inmutables. ..(y)
admitidas de una vez para siempre"; sólo al pasar de la enunciación de tales principios
generales a la consideración de sus leyes de actuación se manifiesta el cambio como
proceso o "vida de los signos en el seno de la vida social" lo que constituye, junto a la
formulación de aquellas generalidades inmutables, el objeto de la ciencia de la
semiología (citas "5, 10, 21, 22 y 3").

Por la amplitud que, en su momento, se le confería a la psicología, Saussure ubica a la


semiología, en cuanto ciencia, como integrándose en la "psicología general" y,
particularmente, en "la psicología social" (cita "4"). Los desarrollos subsiguientes
mostraron que esto no era totalmente correc to ya que si bien parte de su estudio
podría utilizar como ciencia auxiliar a la psicología social, en particular porque su
aplicación requiere tomar en cuenta a la producción e interpretación de los mensajes
en el seno de una comunidad, no obstante, su nivel mayor de generalidad encontraba
más adecuada ubicación junto a la lógica simbólica y la epistemología. Así se hicieron
fundamentales los estudios de Carnap sobre la semántica de los lenguajes formales y
los de Morris, especialmente, en su "Foundations of the Theory of Signs" de 1938, ya
que cuando, en 1946, publica "Signs, Language and Behavior" muestra un excesivo
vuelco a la psicología conductista.

Tras diferenciar, por consiguiente, una Teoría General de la Semiología. destinada a la


formulación de los principios generales del signo, y una Práctica Semiológica. cuyo
objetivo consiste en establecer las condiciones generales de producción, comunicación
e interpretación de mensajes, se requiere acotar un tercer ámbito destinado al estudio
de las Semiologías Particulares, o sea, a establecer las especificidades que adoptan los
diversos lenguajes en relación a la calidad material de los signos que utilizan ya la
finalidad a que se los destina en el proceso de la comunicación.
Una de estas semiologías particulares es la lengua. sin duda "el más importante de
tales sistemas" (cita "2"). Saussure no vacila en atribuir a su concepción de la
semiología como totalidad la posibilidad de "asignar a la lingüística un lugar entre las
ciencias" (cita "7"). Por tanto afirma la necesidad de pensar el signo como abstracción y
generalidad que abarque diversas posibilidades de materialización antes de poder
introducirse en el estudio particular de una de tales concreciones; y así la lengua
encuentra su estructura propia y la perspectiva científica para encuadrarla
adecuadamen te (citas "8, 11 y 12"). Tras afirmar la calidad "social" de todo signo, de la
cual participa la lengua en cuanto forma parte del fenómeno semiológico (citas "9 y
20"), trata de establecer, al menos, un matiz de diferenciación entre la "arbitrariedad"
especialmente pertinente al signo lingüístico y cierta vinculación natural de aquellos
signos con los cuales se constituyen "otras instituciones humanas (las cuales) se
fundan, en diversos grados, en relaciones naturales entre las cosas" (citas "16 y 19"). Es
un difícil tema al cual, no siendo su objetivo más que anticipar la necesidad de la
existencia de la ciencia de la semiología, no puede hacer más que apuntar. Con ello
abre el problema de las semiologías particulares sobre la base de diferencias en la
estructura profunda de los signos que las componen. Basta con observar , por ejemplo,
el carácter que adoptan los signos de la pintura, cuando se considera al cuadro como
texto; frente a la permanencia de los significantes del lenguaje verbal, los significantes
pictóricos son esencialmente mudables adquiriendo sus diversas posibilidades
semánticas, no por la mera variación del contexto, como es esencial a la lengua, sino
por variación de su forma perceptual, radicando su permanencia y posibilidad de
codificación en ámbitos muy distintos y con diferente dependencia del carácter de
arbitrariedad. Otras características, como la espacialidad de la yuxtaposición de los
significantes pertenecientes a distintos ámbitos semiológicos (o la planari dad de los
del lenguaje pictórico a que acabamos de aludir) tampoco fueron dejadas de lado por
Saussure en su anticipación ( cita " 17") diferenciándolos de la linealidad que
caracteriza a los lingüísticos, así como tampoco obser vaciones relativas al ámbito de
representatividad de que son susceptibles tales otros sistemas o acerca de la extensión
de sus usuarios (cita "18"). La observabilidad perceptual de los restantes significantes,
con exclusión de los de la lengua, es, posiblemente, apresurada por cierta
especialización que la sitúa frente al problema de no identificar lo aparente y lo
científico (cita "23") en su propio campo y suponer a los restantes eximidos de tan
dura tarea.

Otras muchas observaciones pueden extraerse de los párrafos transcrip tos así como
de los que han dado lugar a los precedentes desarrollos de este trabajo. La lectura de
Saussure es una necesidad constante, tanto para el investigador de los principios
generales de una Teoría General de la Semiología, como para los que tratan de
desentrañar las complejidades de alguna de las Semiologías Particulares (aunque no
comprendemos cómo pueda cumplirse esto último sin haberse esclarecido
adecuadamente aquellos principios). En cuanto lectura de fuentes no consiste en la
búsqueda de exactitudes o inexactitudes en las afirmaciones específicas que haya
podido formu lar, sino en la recuperación de sus lineamientos generales que, en el
estado actual de las ciencias sociales, continúan plenamente vigentes, así como de
postulados metodológicos cuya dificultad de aplicación no justifica su relegamiento o
prescindencia. En el presente trabajo hemos tratado, tan sólo, de aprovechar algunos
de tales principios y de desarrollarlos conforme a su orientación metodológica, para
reencontrar base firme tras tantos y tan personalistas avances en esta ciencia. La
semiología "todavía no existe" (cita "5"), dijo Saussure durante sus cursos de principios
de siglo, y hoy puede observarse que todavía se la considera tierra de nadie. donde
cada autor puede incursionar a su libre arbitrio y proponer, negar o afirmar según el
dogmatismo de su inspiración. Pero la ciencia no tiene esa historia; justamente por no
existir ciencia sin historia, sólo el profundo respeto a los textos precedentes puede
avalar el avance del pensamiento que pretende ser reconocido como científico. La
semiología deberá poseer mucha mayor historia en cuanto ciencia antes de que pueda
cerrarse definitivamente el Curso de Saussure.

1 Ferdinand de Saussure. Cours de Linguistique Générale. Paris, Payot, 1972. La Editorial Losada. de
Buenos Aires, ha publicado numerosas ediciones de la versión castellana de Amado Alonso. Las
referencias del texto, indicadas entre paréntesis al final de cada cita, son traducción del autor y remiten
a la edición francesa de 1972.

2 Charles Sanders Peirce, Speculative Grammar, en Collected Papers. Cambridge. Massachusetts. The
Belknap Press of Harvard University Press. 1931, parágrafo 2.228.

3 Juan Ángel Magariños de Morentin, Rugidos. balbuceos y lenguajes; conferencia pronunciada el 19-VII-
1980 en la Biblioteca Joaquín V. González; inédita. Pueden consultarse: Euclid O. Smith (Ed.), Social
Play in Primates (Proceedings of a Symposium, University Park, Pa., 1977), New York, Academic Press,
1978; y Francine Patterson, Conversations with a Gorilla. en National Geographic, October 1978, ps. 438 a
465, entre otros.

4 Robert Ardrey, La evolución del hombre: la hipótesis del cazador. Madrid, Alianza, 1978,p. 134.

5 En la actualidad, no coincido con lo aquí expresado. Dicho brevemente, lo primero sería considerar a
lo que se denomina "lenguaje" como una especie de semiosis; o sea, la facultad natural es la de generar
sistemas de signos y por eso puede decirse que la semiosis es una facultad natural al hombre. Uno de estos
sistemas de signos corresponde a los signos de la lengua y la facultad de la que derivan es la facultad del
lenguaje (con mayor propiedad, podría hablarse de "facultad simbólica", ya que también incluye a otros
signos afines como números, gestos de sordomudos, banderas, etc.); pero otros signos provienen del
ejercicio de la facultad de representar formas, existentes y valores del mundo mediante imágenes, y a
ésta se la denomina "facultad icónica"; y otros signos provienen de la facultad de representar formas,
existentes y valores del mundo mediante objetos y/o comportamientos, a la que se denomina "facultad
indicial". Al conjunto de los productos de estas facultades, incluida la del lenguaje, puede
denominársele "semiosis", ella misma un sistema de sistemas, por lo que ninguno de los que la
componen (elementalmente, palabras, imágenes y objetos/comportamientos) es suficiente, por sí sólo,
para construir el significado de aquello a lo que representan.

6 Alfred Korzybski, Science and Sanity: An introduction to Non-Aristotelian Systems and General Semantics.
Lancaster, Science Press Printing Company, 1933.

7 S. I. Hayakawa. El lenguaje en el pensamiento y en la acción. México, Uteha, 1967.

8 María del Carmen Bobes Naves. La semiótica como teoría lingüística. Madrid, Gredos, 1973.
9 Tadeusz Kotarbinski, Praxiological Sentences and How They Are Proved, en Logic, Methodology and
Philosophy of Science (Proceedings of the 1960 Intemational Congress, Eds. Nagel, Suppes and Tarski),
Stanford, Califomia, Stanford University Press, 1962; ps. 211 y 55.

10 Jerrold J. Katz and Jerry A. Fodor, The Structure of a Semantic Theory. en Readings in the Psychology
of Language, Ed. L. A. Jakobovits and M. S. Miron, Englewood Cliffs, New Jersey, Prentice-Hall. 1967;
ps. 398 y ss. (publicado originariamente en Language, Vol. 39. April-June 1963; ps. 170-210).

11 Víctor Sánchez de Zavala, Indagaciones praxiológicas sobre la actividad lingüística. Madrid, Siglo XXI,
1973.

12 Sobre la hipótesis de Brose-Wolpoff, ver W. W. Howells, Neanderthals: Names, Hypotheses and


Scientific Method, en American Anthropologist, V. 76, 1974.

13 Algirdas Julien Greimas. Semántica estructural. Madrid. Gredos. 1973; p. 32.

14 Alain Rey. A propos de la définition, en Cahiers Lexicographiques,. nº 6, 1965; p. 68 y ss. Ver. también,
Marie-José Rey-Debove. La definition lexicographique. en Cahiers Lexicographiques. nº 8, 1966; ps. 71 y
ss.

15 George Mounin, Los problemas teóricos de la traducción. Madrid. Gredos, 1971; p. 154.

16 Alain Rey, Présentation du Dictionnaire, en Dictionnaire Alphabétique et Analogique de la Langue


Francaise, por Paul Robert (Petit Robert) Paris, S.N.L., 1972; p. XVI.

17 Algirdas Julien Greimas, Du Sens, Paris, du Seuil, 1970; p. 13.

18 Thomas S. Kuhn. La estructura de las revoluciones científicas, México, F.C.E., 1971; ps. 80 y ss.

19 Louis Hjelmslev. Prolégoménes a une Théorie du Langage. Paris: Minuit, 1968; p. 76.

20 Louis Hjelmslev. Ibidem.

21 Frederick Suppe. The Structure of Scientific Theories. Chicago: University of Illinois Press, 1974; p. 13.

22 Edmund Husserl. La filosofía como ciencia estricta. Buenos Aires: Nova, 1973; p. 130.

23 Joergen Joergensen. The Development of Logical Empiricism, en Foundations of the Unity of Science.
Chicago: The University of Chicago Press, V. II, 1970; p. 858.

24 Jonathan Swift. Viajes de Gulliver. Tercera Parte, Cap. V.

25 Carl G. Hempel. Aspects of Scientific Explanation. and Other Essays in the Philosophy of Science. New
York: The Free Press. 1965; p. 360.

26 Martha Blache y Juan Ángel Magariños de Morentin. Síntesis crítica de la Teoría del Folklore en
Hispanoamérica. Buenos Aires: Ed. Tekné. 1980

27 Joseph Kosuth. L'Art conceptuel, en VH 101, nº 3, Automne, 1970: p. 52

28 Juan A. Magariños de Morentin. El cuadro como texto; aportes para una semiología de la pintura. Buenos
Aires: Tres Tiempos, 1981.
29 Emilio Alarcos Llorach. Gramática estructural. Madrid: Gredos, 1971; p.17

30 Jacques Derrida. De la grammatologie. Paris: Les Ed. de Minuit. Versión castellana, De la Gramatología.
Buenos Aires: Siglo XXI, 1971