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Nombre: Saúl de Jesús Pernía Tremaria

Ciudad: Caracas, Venezuela
Teléfono: 0058-424-2354015
Email: saulpernia@hotmail.com
Fecha: 19 de Octubre de 2014


TEXTO A RESUMIR:
FLORISTÁN, Casiano. “Acción pastoral y reflexión teológica” en Teología práctica.
Teoría y praxis de la acción pastoral, Salamanca: Sígueme, 1993, pp. 139-150.

Resumen: La naturaleza y dinámica de la vida cristiana, hace necesario que se lleven a
cabo dos funciones distintas pero complementarias, a saber: la función pastoral y la
función teológica. La primera es la acción eclesial en el mundo, y la segunda es la reflexión
acerca de la acción de Dios en la historia a través de Jesucristo por medio de la Iglesia. En
adelante, se va a realizar el estudio de los caracteres específicos tanto de la acción pastoral
como de la reflexión teológica, y las relaciones entre ambas funciones.
1. Caracteres específicos de la acción pastoral
a) La acción pastoral es acción: esto en contraposición al término “práctica” que denota la
repetición de un trabajo o ejercicio, de manera rutinaria. Es decir, la acción pastoral no es
mera práctica, ya que entraña una teoría o teología. Se ha usado, en un intento por definir
mejor la dinámica de la acción pastoral, el vocablo “praxis”, que es una acción
revolucionaria que exige compromiso y conciencia crítica.
b) La acción pastoral es acción de los cristianos: la acción pastoral es por una parte ad
intra, para la edificación de la comunidad cristiana, y por otra, ad extra, para llevar a cabo
la praxis de liberación de la sociedad. No se trata de interpretar a la sociedad, sino de
transformarla de la injusticia, al Reino de la justicia de Dios. Se hace evidente a través del
NT, que la vida cristiana es acción, tanto individual como comunitaria.
c) La acción pastoral es actualización “teándrica” de la praxis de Jesús: dicha praxis se
puede resumir en, la evangelización del pueblo, la catequesis con sus discípulos, el servicio
de cara a la liberación y libertad de los pobres, la comunión con los discípulos en afecto
fraternal, y la liturgia como comida y anticipo del banquete del reino. Es necesario, por lo
tanto, recalcar el aspecto teándrico, divino-humano o cristológico, que posee toda acción
pastoral.
d) La acción pastoral es llevada a cabo por la Iglesia: el sujeto de la acción pastoral es la
Iglesia como comunidad local y universal de aquellos que siguen a Jesús de modo efectivo,
en la que todos son hermanos aunque acaten el liderazgo de otros servidores. Se ha
propuesto que se sustituya el sustantivo “pastoral” por eclesial, para definir la praxis como
algo que atañe a todos los creyentes.
e) La acción pastoral intenta constituir el pueblo de Dios en estado de comunidad: en este
sentido, pueblo puede definirse como: “la base social humana oprimida en la medida que
rechaza la perpetuación del sistema vigente y construye un sistema nuevo. El nuevo
hombre, la nueva sociedad.
f) La acción pastoral está al servicio del reino de Dios: Claramente para Jesús, lo central
era el Reino, y por lo tanto este debe ser central para la Iglesia. La forma que esta acción
tome, va a depender de la manera en que entendamos el proyecto de Jesús, y cómo
interpretemos el mundo y la sociedad actual. Es imprescindible, por lo tanto, hacer dos
lecturas; la teológica y la de los signos de los tiempos.
2. Caracteres específicos de la reflexión teológica
a) La teología es reflexión crítica: la teología es el conocimiento de la fe , más no la fe en
si misma; es el acto de reflexión que ayuda a que la fe se adentre en el conocimiento de las
cosas creídas, de manera metódica y crítica.
b) La teología es reflexión sobre el Dios revelado en Jesucristo a través de una historia
que explicita la Escritura: el teólogo ha de partir de la palabra y obra de Dios, de lo
contrario, se convierte en un filósofo. Es necesario considerar la Biblia como la palabra
revelada, la liturgia, culminación y fuente de la vida eclesial, y el diálogo con la realidad
social, de manera que, sea una teología que vaya más allá de la abstracción.
c) La teología es una reflexión dentro de la tradición que ayuda a realizar la misión de la
Iglesia en el mundo: respetando el hecho de que la revelación escritural se cerró con la
muerte del último apóstol, la teología se basará no únicamente en dicha revelación, sino
que también procurará actualizar la salvación a través de los signos culturales y caritativos
cristianos ejercidos por la Iglesia en su misión de cara al mundo.
d) La teología entera debe tener dinamismo pastoral: la teología no es mera
contemplación, su fin es la realización de la esperanza y el amor y, por lo tanto, es ciencia
práctica, una ciencia pastoral, que es la forma en que actúa la Iglesia en su tarea de
impactar en la sociedad.
3. Relaciones entre la acción pastoral y la reflexión teológica
a) Acción y reflexión pastoral: en el ser humano, la acción precede a la reflexión; por lo
tanto, primero es la experiencia religiosa, la caridad, etc. y la teología es acto segundo. Sin
embargo, no hay que llegar al extremo de rechazar la reflexión, a fin de cuentas, el
cristianismo es ciertamente una vida, pero es también un mensaje.
b) La acción pastoral necesita reflexión teológica: es necesario entender que, sin acción
pastoral, lógicamente, no hay Iglesia, pero sin reflexión teológica, no hay verdadera acción
pastoral.
c) La reflexión teológica precisa sentido pastoral: formular el mensaje no sólo como
doctrina abstracta, sino como praxis.
d) Son dos funciones distintas pero compenetradas: en efecto, mediante la pastoral la
Iglesia es edificada, y mediante la teología, se crea un sistema de pensamiento que puede
transmitirse a otros, para regular la actividad apostólica. Ambas funciones se llevan a cabo
en distintos momentos, pero sin duda son complementarias; inclinarse hacia una sola de
ellas, solo traerá grandes desequilibrios.


Reacciones: desde el momento en el cual, hace ya unos 7 años, comencé a sentir la
inquietud por el estudio de la teología de un modo más profundo, fue un tanto sorpresivo e
inquietante ver que, a pesar del apoyo que en general recibí, la reacción de algunos
hermanos era en el mejor de los casos displicente, y en otros, incluso adversa. Llegué a
escuchar comentarios, tales como: –¿Para qué perder el tiempo si en la Biblia está muy
claro lo que debemos hacer?– y –Hermano, mucho cuidado con lo que lee, no sea que se
desvíe de la fe–, otros más bibliocéntricos, aunque un tanto descontextualizados, me
advirtieron –Recuerde que la letra mata, más el espíritu vivifica–. A pesar de las
advertencias, empecé a tomar algunos cursos, esporádicamente por motivos laborales y
familiares, en el Seminario Evangélico de Caracas, y en ese lugar fui bendecido por
excelentes profesores que, además de gran conocimiento, mostraban una fe viva, dinámica,
y en perfecta comunión entre lo académico y lo ministerial. Así como ellos, también me
topé, sobre todo entre los alumnos, con lo que Mackay llamó “teólogos del balcón” y, debo
confesar que yo mismo, en ocasiones me he encontrado luchando con la tensión entre la
teología y vida práctica.
Existe esta tensión, evidentemente, por lo cual el texto de Casiano Floristán, me parece
muy útil en el intento por definir los caracteres de cada una de estas funciones de la vida
cristiana, para luego demostrar su complementariedad, e incluso, su necesaria
interdependencia. En cuanto a la acción pastoral, destaco dos aspectos, el primero, que la
acción pastoral es un asunto que concierne a toda la Iglesia y no únicamente al liderazgo.
Creo que no se puede insistir suficientemente en esto, más en estos tiempos en que para una
mayoría, la iglesia es un lugar físico al cual se asiste para presenciar una función de buena
música y discursos motivadores, dejando de lado la importante misión de ser sal y luz del
mundo, de ser Iglesia fuera del templo. Segundo, que la acción pastoral es la actualización
teándrica de la praxis de Jesús, que debe haber una perfecta simbiosis entre lo humano y lo
divino en el accionar de la Iglesia; que el mensaje celestial va de la mano con la acción
liberadora aquí y ahora. Proclamar y materializar el Reino, y a la vez esperarlo.
En cuanto a la reflexión teológica, destaco lo dicho por el autor, refiriéndose a la necesidad
de que esta tenga dinamismo pastoral. Que no se trata de contemplación sin acción, sino
que, siguiendo la clara enseñanza neotestamentaria, creer la verdad es practicar la verdad.
Por lo tanto, dicho todo lo anterior, se evidencia que la tensión existente entre acción
pastoral y reflexión teológica, tal como Floristán lo subraya, es más superficial que
profunda.
Por último debo decir que hay un asunto particular expuesto por el autor, y que no termina
de calar por completo en mi entendimiento del proceso que involucra las funciones de la
vida cristiana. Y es que, se afirma que la reflexión teológica es posterior a la acción, sin
embargo, a riesgo de equivocarme, me parece que la acción, al menos en lo que se refiere al
primer paso que se toma para asumir el compromiso cristiano, está antecedida de una
reflexión teológica que, seguramente no se puede catalogar de metódica o científica, pero
reflexión teológica al fin. Tomamos partido, es decir, accionamos, basados en convicciones
adquiridas luego de escuchar, reflexionar, concluir y asimilar. Dicho bíblicamente: “La fe
viene por el oír” y por supuesto, luego de oír se piensa al respecto y se llega a una
conclusión y se actúa en concordancia.
Nombre: Saúl de Jesús Pernía Tremaria
Ciudad: Caracas, Venezuela
Teléfono: 0058-424-2354015
Email: saulpernia@hotmail.com
Fecha: 19 de Octubre de 2014


TEXTO A RESUMIR:
PADILLA, C. René y T. Yamamori, editores. La iglesia local como agente de
transformación, Buenos Aires: Kairós, 2003. Capítulo 6, Hugo N. Santos: Las estructuras
eclesiásticas: una mirada a la iglesia desde la psicología institucional.

Resumen: El autor pretende a través de este texto, realizar algunos aportes desde la
psicología institucional en diálogo con la teología y otras ciencias humanas, para entender y
actuar el papel de la Iglesia en el día de hoy. Para ello hace las siguientes consideraciones:
1. La iglesia como organización: las organizaciones nacen con el deseo de cumplir
objetivos bien explícitos, sin embargo, con el paso del tiempo suele suceder que, estos
pasan a un segundo plano y, lo importante empieza a ser perpetuar la organización como
tal. Es así como podemos encontrar organizaciones cuyas funciones reales poco o nada
tienen que ver con las que proclaman. Si bien la iglesia no es una organización cualquiera,
no es menos cierto que, dentro de ella se dan una serie de fenómenos que son comunes a
todas las organizaciones. Las iglesias cuentan con una serie de experiencias históricas
registradas en los planos local, regional y denominacional, y de ellas aprende modos de
actuación y soluciones, aunque a veces en el tiempo, esas soluciones se apliquen sin tomar
en cuenta sus orígenes. Cabe recalcar que, las soluciones se justificaran en la medida que
sean eficaces en la práctica, por lo tanto, la iglesia debe revisarse constantemente y luchar
con la tendencia a la burocracia y la resistencia a una auténtica renovación cuando esta sea
necesaria. Debe evitar que los medios se transformen en fin, de manera que pueda ser una
organización saludable.
2. Iglesia y cultura: la cultura organizacional son los modos de pensar, creer y hacer las
cosas en un sistema. Esta se compone de una serie de elementos que son forjados y
promovidos dentro de la misma organización, otros que aporta cada individuo como parte
de su propio bagaje cultural, y otros heredados de la sociedad misma en la cual la
organización se encuentra asentada. La cultura es un componente activo y movilizador de la
organización y, cualquier análisis de la iglesia debe tener presente este dato de la realidad.
No elegimos insertarnos en la cultura, ya estamos en ella, pero según la Biblia, el deseo de
Dios es la transformación de la creación entera, comenzando por manifestar esta nueva
realidad en la iglesia, convirtiéndola en una sociedad de contraste que desafía los sistemas
corrompidos que caracterizan a nuestras sociedades. La iglesia está para marcar diferencia,
y para que en la medida que crezca numéricamente cause un impacto mayor en la cultura,
de manera que, cuando los individuos enfrenten las crisis que esta les pudiera ocasionar,
hallen en la iglesia una verdadera alternativa, un cálido y sanador refugio.
3. La salud de las organizaciones: las organizaciones, como las personas, pueden
enfermarse y también sanar, y en esto la iglesia no es la excepción. La salud mental debe
ser un tema central en la misión integral de la iglesia, pues se relaciona íntimamente con la
salud espiritual. La congregación local, debe suministrar un espacio propicio para prevenir
y operar terapéuticamente en diversas áreas de la vida de las personas. Por lo tanto, la salud
de las personas y de las institución, es una tarea constante que la iglesia ha de llevar a cabo.
A continuación, la psicología institucional nos proporciona una guía, contentiva de algunas
características que definen a las organizaciones sanas:
a) Los objetivos son adecuados, definidos y progresivos: para lograrlo es necesario tener
claro para qué existe la iglesia. 1) existe para adorar y exaltar a Dios, 2) existe para ser
comunidad, ayudando al crecimiento integral de los individuos en el vinculo del amor, y
3)existe para ser y hacer misión. En base a lo anterior, los objetivos concretos serán
evaluados periódicamente.
b) La organización responde a las necesidades del medio: esto significa que es una
organización necesaria. Si la iglesia no es el fin, estará atenta a las necesidades de todo tipo,
de los que están adentro y afuera. Esto es importante pues, cualquier necesidad puede
conspirar contra la salud espiritual y la plenitud de la persona.
c) La distribución de funciones y roles está orientada hacia el logro de los objetivos.
d) Se presta atención a la calidad y naturaleza del liderazgo: el liderazgo está vinculado a la
tarea de inspirar, reunir, dirigir, animar, etc. El líder cristiano debería ser alguien que
estimula su propio crecimiento y a la vez, el surgimiento de nuevos líderes; sin ser
autoritario y paternalista.
e) Las metas son conocidas y, en buena medida, compartidas por todos los integrantes: para
esto hay que fomentar la participación de todos los miembros.
f) La eficacia de la organización es satisfactoria: va ligado al logro de sus objetivos.
g) La organización posee flexibilidad suficiente para adaptar su funcionamiento a los
cambios: la iglesia debe ser flexible para provocar los cambios cada vez que sean
necesarios, contando con la sabiduría indispensable para llevarlos a cabo.
h) Se solucionan los conflictos creativamente: según como se sorteen las dificultades, se
producirá una maduración que capacitará para enfrentar nuevos conflictos o se acentuarán
las diferencias.
i) La calidad de las relaciones personales en la organización es un asunto fundamental de su
vida y acción: la iglesia está llamada a producir relaciones significativas en ella.
j) Finalmente, la organización tiene una clara visión de su futuro: hablamos de visión; ¿qué
esperamos de la iglesia en los años por venir? La visión de futuro tiene consecuencias
motivacionales y operativas.
Por último, añadir que, una iglesia que desee ser fiel y obediente cuerpo de Cristo, debe
evaluar la cuestión de la organización, la relación con la cultura en que vive y la salud que
promociona.

Reacciones: realmente no es mucho lo que pueda yo agregar a esta lectura en términos de
crítica, más que decir que realmente me ha parecido muy útil y me ha impulsado a hacer
una revisión, un autoexamen de la congregación a la que pertenezco, de mi papel dentro de
ella, y de la Iglesia cristiana en general. Cada uno de los aspectos que el autor va
considerando, contienen puntos que llamaron mucho mi atención, empezando por el asunto
de la iglesia como organización que, aun con sus particularidades que la hacen especial,
puede caer en la tentación de convertir los medios para alcanzar sus objetivos primarios, en
fines. En ese sentido, trajo a mi memoria las consideraciones que en clave teológica, hace
John Mackay de este fenómeno en su libro “Realidad e idolatría en el cristianismo
contemporáneo”, y es que, muchas veces sin darnos cuenta, se puede perder el enfoque de
para qué está la iglesia y por qué hacemos lo que hacemos. Entonces, mantener la
organización es el fin y no el medio para la consecución de los objetivos que le dan su
razón de ser; el instrumento se convierte en ídolo. Es interesante que desde el punto de vista
de la psicología institucional, coincidentemente, se considera también que, este desfase,
termina por enfermar a las organizaciones.
En el punto en que el autor considera la relación entre iglesia y cultura, hay mucho que
decir pero, me gustaría destacar esa tensión existente en el hecho de que la iglesia está, en
efecto, dentro de la cultura, y debe reconocer que buena parte de eso que llaman su “cultura
organizacional” está influenciada por las visiones de la sociedad en que está asentada, y por
los valores adquiridos por cada uno de los individuos que la componen; sin embargo, la
iglesia tiene ciertos valores propios que deben dialogar y equilibrarse con los anteriores, sin
confundirlos, pero ayudando a la transformación de sus elementos negativos. Dice Paul
Tillich brillantemente en su Teología sistemática: “La teología oscila entre dos polos: la
verdad eterna de su fundamento y la situación temporal en que esa verdad eterna debe ser
recibida”, y me parece que este principio es aplicable al papel de la iglesia y su relación con
la cultura; comprender el tiempo histórico que vive para relacionarse e impactar
eficazmente a la sociedad.
Se agradece mucho la lista final con las características de una organización saludable,
adaptadas al plano eclesiológico. Se puede encontrar en ellas algunas soluciones a los
problemas anteriormente planteados. Por ejemplo, en lo que se refiere a el para qué existe
la iglesia, deja claro cuales son las razones de ser de la misma, y la importancia de revisar
constantemente si los objetivos se están cumpliendo y si las prácticas son coherentes con
ellos. Y en cuanto a la iglesia y la cultura, propone algo así como una flexibilidad con
sabiduría. El resto de la lista es tremendamente útil también.
Un último aspecto a destacar es, la importancia de que la iglesia sea una organización
saludable, pero que adicionalmente promocione salud, que sea terapéutica para los
individuos que la conforman, forjando relaciones significativas y proveyendo
adiestramiento para la vida.












Nombre: Saúl de Jesús Pernía Tremaria
Ciudad: Caracas, Venezuela
Teléfono: 0058-424-2354015
Email: saulpernia@hotmail.com
Fecha: 19 de Octubre de 2014


TEXTO A RESUMIR:
PADILLA, C. René y T. Yamamori, editores. La iglesia local como agente de
transformación, Buenos Aires: Kairós, 2003. Capítulo 4, Alberto Fernando Roldán: El
sacerdocio de todos los creyentes y la misión integral.

Resumen: El objetivo del autor del texto a resumir, es estudiar un principio de la Escritura
que fue enarbolado como uno de las banderas de la Reforma protestante, a saber, el
sacerdocio de todos los creyentes, y su relación con la misión integral de la iglesia. De
antemano se establece una hipótesis inicial: “sólo una práctica sólida y coherente del
sacerdocio universal de todos los creyentes posibilita la concreción de una misión integral
en el mundo de hoy”. Para desarrollar esta hipótesis, a continuación se harán una serie
reflexiones
1. El sacerdocio universal del dicho al hecho: el sacerdocio universal de todos los creyentes
es sin duda una doctrina bíblica, más específicamente neotestamentaria, pero que, con la
institucionalización de la iglesia en los primeros siglos del cristianismo, fue abandonada y
se fue acentuando la diferenciación entre clérigos y laicos. Con la reforma, se recuperó esta
doctrina. Según Lutero, todo el que ha sido bautizado en Cristo, tiene la responsabilidad de
ponerse al servicio del mundo de Dios, por lo tanto, como ha dicho Sidney Rooy: “cada
cristiano es agente de la misión por compartir el sacerdocio universal de los creyentes”. Sin
embargo, aunque estas ideas reformadoras resultaron realmente revolucionarias, la realidad
es que no pudieron materializarse, salvo el caso de los anabautistas, quienes, con su fuerte
énfasis en el bautismo de los creyentes, fueron quienes mejor llevaron a la práctica estas
ideas.
2. Sacerdocio universal y ejercicio de la autoridad: el problema de la aplicación del
sacerdocio universal comienza ya en el ámbito de la autoridad. Sea cual sea el tipo de
gobierno de la iglesia, la verdad es que, tarde o temprano, surgen estamentos que se oponen
al sacerdocio universal de todos los creyentes. A pesar de que en el ambiente protestante se
afirma que la Biblia es la autoridad última, podemos ver, por ejemplo, como en algunas
congregaciones latinoamericanas se han llegado a instaurar sistemas autoritarios
encarnados por líderes que se levantan como únicos referentes y poseedores de la verdad
divina, ubicándose evidentemente en el extremo contrario al sacerdocio universal. El
problema no está en el tipo de gobierno que se ejerza, sino del espíritu de este. La idea es
evitar las jerarquías, las autoridades irrestrictas que no tengan otro marco referencial que
ellas mismas, y en cambio procurar una vida eclesial comunitaria, donde la autoridad se
exprese en términos de amor y servicio y no de caudillismos.
3. Sacerdocio universal y carismas: el sacerdocio universal de todos los creyentes, no solo
debe evidenciarse en el ejercicio de la autoridad, sino también en el ejercicio de los
diferentes carismas del Espíritu Santo. Si hay una metáfora perfecta para ilustrar lo que la
iglesia debe ser, es la del “cuerpo de Cristo” dada por el apóstol Pablo. Esta imagen nos
conduce a pensar en la iglesia como el instrumento a través del cual Cristo se manifiesta en
el mundo. Por lo tanto, hay que tomar muy en serio la esencia comunitaria de la iglesia y a
partir de allí actuar mancomunadamente en servicio de la sociedad y el mundo. Para hacer
esto posible hay dos claves; el amor y la libertad. El amor evita las jerarquías que ponen a
unos por encima de otros, y la libertad crea el espacio propicio para que todos se expresen
de acuerdo a los carismas recibidos, tanto en palabras como en acciones, a pesar de los
riesgos que esta libertad pueda acarrear.
4. Sacerdocio universal y misión integral: hablar de la iglesia es hablar de la misión y
viceversa. La iglesia existe para llevar a cabo la misión, la cual se entiende a la luz del
Reino de Dios, expresado en el mensaje y praxis de Jesús de Nazaret, quien iba anunciando
la justicia de Dios en todos los ordenes de la vida y realidad. El Reino de Dios no es
únicamente un mensaje, sino que se traduce en acciones concretas; aparte de evangelizar,
Jesús y sus discípulos sanaban, liberaban y mostraban compasión hacia los pobres y
marginados, procurando la restauración de las personas y de la sociedad. Significa que, la
iglesia ha de mostrar preocupación por los problemas serios que atraviesan los individuos y
los grupos sociales. La misión de proclamar el Reino de Dios es, por lo tanto, una misión
integral. Es fácil intuir que ante semejante misión que nos ha sido encomendada como
iglesia, es necesaria la participación activa y comprometida de todos, es decir, sólo será
posible si se abre espacio, se rescata y se promueve la doctrina bíblica del sacerdocio
universal de los creyentes.
Para concluir, una iglesia integral, preparada para una misión integral, es aquella que ejerce
autoridad en términos de servicio, vive en amor y libertad ejerciendo la totalidad de los
carismas del Espíritu según corresponda a cada ministerio, proclamando el reino de Dios en
todas las esferas de la vida humana; dando prioridad a la práctica del sacerdocio universal,
y sobre todas las cosas, una iglesia debe ser una comunidad de amor y servicio en
seguimiento fiel y riesgoso de Jesús de Nazaret y su praxis liberadora y restauradora.

Reacciones: Uno de los mayores problemas con que debemos lidiar los líderes y pastores
en las congregaciones de hoy, es con la percepción que la mayoría de los creyentes tienen
con respecto a lo que la iglesia debería ser y como debería funcionar. Probablemente los
nuevos paradigmas aprendidos de algunas televisoras cristianas que, promueven el éxito
basándose en estadios y grandes teatros llenos a reventar, con música y juegos de luces
espectaculares, con mensajes motivacionales cortesía de líderes carismáticos y con gran
manejo de la masa, con programas que se adaptan a todas las “necesidades” –las comillas
son porque, esas necesidades son muchas veces de entretención más que necesidades
reales–, aunado a los tiempos que corren, donde la oferta religiosa es amplia, y los
potenciales “clientes” son seducidos con toda clase de atractivos especiales; han ocasionado
una distorsión del mensaje evangélico para captar mayor atención (responsabilidad de los
que ya creen) y una visión consumista de la religión (actitud de los que aun no creen, o de
los nuevos creyentes, pero que puede perpetuarse).
La suma de estos elementos, más algunos otros que se van a considerar, ha ocasionado que
en muchas congregaciones existe una pequeña minoría que asume papeles de liderazgo y
llevan el peso del funcionamiento del culto y la iglesia en general, y una gran mayoría que
asiste a los cultos o actividades como lo harían a una obra de teatro, al cine, a un restaurant,
es decir, en actitud de “cliente”, buscando satisfacer un gusto personal y recibir un servicio
de calidad.
Las reflexiones del autor, me han llevado a darme cuenta de una realidad, y es que, muy en
el fondo, quizás de manera inconsciente, el accionar de los líderes va en la dirección
contraria a la promoción del sacerdocio universal de todos los creyentes. Como dije, tiene
que ver con lo aprendido de la cultura –tanto evangélica como secular– pero destaco dos
elementos adicionales que se desprenden de la lectura y que, llamaron poderosamente mi
atención. El primero es el asunto de la autoridad. Suele suceder que, en ocasiones, la
autoridad reposa en un solo líder o en un grupo de líderes, que se encargan de tomar todas
las decisiones y de ejercer su autoridad con cierto sentido de superioridad respecto al resto,
y sin ningún marco de referencia más que ellos mismos. Hay entonces una ecuación
implícita –o a veces muy explícita– palabra del líder = palabra de Dios.
El segundo elemento es, el temor a dar libertad a todos los miembros de la congregación
para que se expresen tanto en palabras como en acciones, de acuerdo a los carismas
recibidos por el Espíritu Santo. Tal como el autor dice, surgen temores como, “Aquí no
tenemos ese tipo de ministerio”. “El hermano que quiere llevar a cabo ese ministerio no
tiene la suficiente madurez”. “Eso que quiere hacer no es necesario en nuestra iglesia”. Sin
embargo, aunque pueda haber cierto asidero en estos temores, concuerdo en que hay que
tomar riesgos en aras de no cercenar la libertad, y promover la participación de todos.
Todo creyente, y no exclusivamente los líderes, están llamados, bíblicamente, a participar
de manera activa en la proclamación del Reino de Dios, en la misión integral de la iglesia.
Esa misión integral cuyo paradigma perfecto es, la actuación ministerial de Jesús. Y aquí
me gustaría destacar otro aspecto de la lectura, y es la necesidad de comprender a cabalidad
de que se trata la misión de la iglesia. Que va más allá de la sola evangelización, o de la
vida comunitaria, o de la acción social, sino que es todas estas cosas y otras más; involucra
cada aspecto de la vida humana en lo individual y en lo colectivo, sin reduccionismos.
Por lo tanto, he aprendido que, el sacerdocio universal de todos los creyentes, es un
principio e incluso una ordenanza bíblica, además de una condición absolutamente
necesaria para hacer posible la proclamación en palabras y hechos del Reino de Dios, es
decir, la consecución de la misión integral de la iglesia.












Nombre: Saúl de Jesús Pernía Tremaria
Ciudad: Caracas, Venezuela
Teléfono: 0058-424-2354015
Email: saulpernia@hotmail.com
Fecha: 19 de Octubre de 2014


TEXTO A RESUMIR:
PADILLA, C. René y T. Yamamori, editores. La iglesia local como agente de
transformación, Buenos Aires: Kairós, 2003. Capítulo 3, Samuel Escobar: La naturaleza
comunitaria de la iglesia.

Resumen: Para el cumplimiento de la misión integral la iglesia enfrenta dos desafíos, por
una parte las muchas necesidades que deben ser atendidas haciendo uso de los valiosos
recursos que posee, y por otra la dificultad de concretar acciones eficaces, dado el
individualismo y la fragmentación. En adelante se considerarán algunas enseñanzas
apostólicas respecto al crecimiento del pueblo de Dios, individual y colectivamente.
1. Iglesias y misión integral en América Latina: la vida urbana con todo lo que significa ha
ocasionado la desintegración familiar pérdida de valores, la ausencia de certezas y un
sentido de desarraigo, por lo cual, la iglesia ha venido a ofrecer una familia, un hogar para
los desarraigados, certidumbre en medio del relativismo y la confusión. Por otra parte la
pobreza galopante y el aporte cada vez menor de los gobiernos a programas sociales, ha
generado iniciativas para colaborar en este sentido. Otro aspecto interesante es que, a pesar
del abandono de la religiosidad tradicional, la apertura de las iglesias evangélicas a las
expresiones más espontáneas de adoración, les ha permitido ganar adeptos. Todas estas
dimensiones de la vida de la iglesia son formas de respuesta a los desafíos que el mundo
presenta a la misión integral, haciendo uso de todos los recursos disponibles.
2. Vida comunitaria y misión: en la esencia misma de ser cristiano hay una dimensión
comunitaria. Esto se hace evidente en varios pasajes de la Biblia, por ejemplo, en la oración
modelo del “Padrenuestro” donde toda petición es hecha en plural. Sin embargo, desde la
época de la Reforma, y más tarde el pietismo, se ha hecho hincapié en la necesidad de una
relación personal con Cristo sin mediación de la institución, lo cual ha degenerado en una
visión individualista. La verdad es que hay un sano equilibrio pues, aunque se llega a Cristo
de manera personal, quien llega a Cristo llega también a una comunidad. La enseñanza
apostólica al respecto es muy elocuente; se habla de la Iglesia como cuerpo, como patria a
la cual se pertenece, como grupo que vive en amor fraternal y en un proceso continuo de
crecimiento, y cuya plenitud está en estrecha relación con su misión integral. Dentro de esta
comunidad, las relaciones no se dan de manera automática, sino que se cultivan en la
vivencia diaria.
3. La recuperación de la práctica discipular apostólica: la observación sociológica de la vida
de la Iglesia del NT ha demostrado que en el proceso de evangelización y discipulado
practicado por los apóstoles había tres elementos clave: creencia, conducta y pertenencia.
La verdad manifestada en Jesucristo y que nos introduce a la iglesia es la creencia; luego,
esa verdad opera activamente por la fe en nuestra vida transformando la conducta, y quien
pone su fe en el mensaje de Cristo y decide cambiar su vida, es llamado a la pertenencia a
una comunidad, en lugar de vivir como persona aislada.
4. La infraestructura afectiva de la misión: La referencia que hallamos en Fil 2:25,30
respecto a como Epafrodito arriesgó su vida por colaborar en la misión paulina, y como
Pablo lo envía de vuelta a Filipos para su descanso y tranquilidad de la iglesia, nos muestra
que en la misión cristiana hay un capital afectivo importante, pues el mensajero no es un
frío transmisor de conocimientos sino que ama a aquellos a quienes evangeliza y enseña.
5. Una pastoral liberadora envés de manipuladora: dejando de lado los liderazgos
autoritarios y unilaterales, promoviendo que todos desarrollen una espiritualidad madura,
responsable y no dependiente de la figura pastoral, quien debe cuidar del rebaño con un
espíritu de servicio y no explotarlos con autoritarismo.
6. Dinero y construcción de la comunidad: en varias de las epístolas de Pablo se hace
referencia a la colecta que el apóstol organizó entre las iglesias gentiles para ayudar a los
pobres de Jerusalén. Pablo tenía la intención de que esta colecta contribuyese a la
construcción de la comunidad entre las jóvenes iglesias de su tiempo, es decir, más que un
regalo material, era una expresión de amor y unión. Además, Pablo insiste en el carácter
voluntario de la ofrenda, enmarcado en el agradecimiento hacia aquellos que recibieron el
evangelio primero y que ahora compartían con los gentiles las bendiciones espirituales, de
manera que estos les corresponderían ayudándoles en su necesidad material. La práctica
paulina debe inspirarnos a recuperar los fundamentos teológicos para los múltiples
esfuerzos misioneros de asistencia económica en las situaciones contemporáneas, con un
enfoque eucarístico, donde los que ayudan y los que reciben llegan a ser socios y agentes de
su propio desarrollo y liberación.

Reacciones: Hace algunos años, hablando con un buen amigo, pastor, que estaba
comenzando una congregación en una comunidad pobre de la ciudad de San Cristóbal, al
sur de Venezuela, me estaba comentando los posibles nombres para la incipiente iglesia, y
entre los muchos que barajaba noté especial entusiasmo cuando mencionó el nombre
“Comunidad Cristiana Arca de Salvación”. Sin que yo le preguntase por qué, pasó a
explicar enseguida, –¿Qué es la Iglesia si no eso, un refugio, un lugar de salvación, un
espacio seguro en medio de un mundo quebrado?– Creo que al final se decantó por otro
nombre, pero aquella imagen análoga del arca y la iglesia que me compartió, hasta el día de
hoy me sigue pareciendo poderosa.
Concuerdo con el autor en que, nuestras iglesias en América Latina, pese a sus
imperfecciones, están respondiendo a los desafíos que el mundo presenta a la misión
integral, en términos de vida comunitaria, de impacto social a través de acciones altruistas,
y de manifestación y práctica de lo religioso de modo menos rígido y más espontáneo. Esto
no es poca cosa, tomando en cuenta los valores que promociona la publicidad y las
prácticas institucionales que han traído cargas y pesares tremendos a la vida humana. En
algún sentido la iglesia es pues, esa arca, el lugar que brinda el amparo que no es posible
encontrar en otro lugar, o eso debe ser. Para que esto sea posible, la iglesia no puede estar
fragmentada, no puede ser la suma simplemente matemática de individuos aislados, sino la
unión de esos individuos en amor y disposición al compromiso, al cultivo de relaciones
trascendentes reconociendo las dificultades que la convivencia profunda puede traer, pero
valorando por encima de ello, sus grandes beneficios y su necesaria experimentación si se
desea impactar el mundo llevando a cabo la misión integral. En ese sentido, me pareció
muy acertada la observación, en busca de traer el sano equilibrio entre las dimensiones
individual y comunitaria de la iglesia, de que aunque a Cristo se llega a través de una fe y
un convencimiento personal, quien llega a Cristo llega a una comunidad.
Destaco también, lo que acerca de esa vida comunitaria, propia de la naturaleza de la
iglesia, dice el autor respecto a la infraestructura afectiva de la misión; que en la comunidad
cristiana las relaciones no son de simple transmisión de conocimientos, que la iglesia, por
lo tanto, se distingue en esto de una empresa u organización común. La misión se lleva a
cabo con el apoyo comunitario enlazado en el vínculo del amor, del sacrificio. Quien sirve,
quien evangeliza, quien enseña, quien colabora económicamente, ama profundamente a
aquellos a cuya edificación contribuye. De manera que, todo bien que se hace en la iglesia,
en beneficio de uno o más individuos de la comunidad, tiene siempre una intención
unificadora, didáctica más no fingida o forzada, en términos de lo que esa vida comunitaria
significa; el texto leído es de gran utilidad para conocer las bases teológicas de los
principios expuestos.