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Ytzel Morán González

Taller de producción de discurso I
30/08/2014
La percepción del sonido según la contaminación del hombre
Elegí este tema como una de las tantas cuestiones que rodea el hecho de que la voz humana
ha sido casi remplazada por la tecnología, ya que el contenido de los conceptos de
escuchar, percibir y de sonido han cambiado un poco o un mucho con el paso del tiempo.
La técnica utilizada fue establecer una oración y desarrollarla, adaptada finalmente como el
título de este texto.
Se piensa que el hombre en sus inicios contaba con un umbral de audición
más amplio que el que tiene ahora, debido a una evolución desfavorable de los
sentidos donde influye la industrialización, la tecnología, contaminación,
enfermedades, etc. Hay sonidos que no escuchamos pero existen, prueba de ello
podemos mencionar los silbatos para perros o el sistema que usan los
murciélagos para desplazarse sin chocar con los árboles y atrapar su alimento a
pesar de su ceguera.
La tecnología y la industria han influido de gran manera en la disminución
del umbral auditivo humano. En una fábrica por ejemplo, el fluido llega a ser
monótono y fuerte en volumen por lo que el cerebro pierde interés en decodificar
lo que escucha, en otras palabras, no sólo es cuestión de una deficiencia en
nuestro aparato auditivo, sino de deficiencia cerebral también. Por otro lado, los
aparatos eléctricos generan ruido, no sonido; la diferencia es la generación de
armónicos. Un sonido de cualquier altura generará otros tantos en simpatía con la
naturaleza; por el contrario, un ruido no genera armónicos, es decir, no tiene
simpatía con la naturaleza. Por ejemplo, un teclado eléctrico, por muy bueno y
caro que sea, jamás remplazará a un piano y a los armónicos naturales que
genera gracias a la vibración de sus cuerdas en la caja resonadora.
A causa de la falta de valoración a vibrar con la naturaleza a través de un
instrumento mecánico, es por lo que nos maravillamos, e incluso nos
conmovemos, con los aparatos eléctricos con multiplicidad de funciones. Algunos
lo llamarán deficiencia auditiva o sensitiva, otros evolución y progreso.
La idea de “escuchar al mundo” trataba de escuchar a la naturaleza digna
de escucharse: como la lluvia, una cascada, el canto de los pájaros e incluso el
molesto ladrar de los perros. Con el tiempo estas fuentes de inspiración fueron
sustituidas poco a poco por la arquitectura, las carrosas, las mujeres y hasta por la
misma historia, sus guerras y personajes. Hoy la contemplación del sonido
consiste en percibir los taladros, el tránsito de los coches, el bullicio de la gente,
un helicóptero a lo lejos o un organillero pidiendo dinero.
El punto de encuentro de todos los tiempos en la percepción del sonido más
enfocado a lo propiamente musical, es la invocación de la energía. Por ejemplo la
energía que evoca la caída poderosa del agua en una cascada, la energía
contenida en un canto de fe en la iglesia, la energía reunida en un concierto
masivo donde se encuentran miles de personas esperando ver salir al ídolo del
momento, o la energía que implica llamar la atención de la gente a través de
movimientos sexuales al ritmo de un reguetón.
Disminución auditiva, flojera cerebral, evolución o progreso, sea cual sea la
verdad de cada individuo, la percepción del sonido está sujeta a la contaminación,
o mejor dicho, a los medios con los que el hombre hace su vida más “cómoda” y
rentable, independientemente de sus necesidades auditivas.