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SEGUNDA SEMANA

SÍNODO EXTRAORDINARIO SOBRE LA FAMILIA

Al principio de la
mañana se le dio a cada
uno un documento que
resumía las interven-
ciones y el debate de la
primera semana del
Sínodo. Este documento
fue la base de los
intercambios de los
miembros del Sínodo
reunidos en grupos
pequeños.
El documento se leyó en
voz alta en el Aula del
Sínodo durante la primera mitad de la
mañana. Al final de la lectura, la
asamblea recibió (saludó) el documento
con un fuerte aplauso.
Después de la pausa se invitó a los
delegados a comentar el documento,
para tener una primera respuesta global y
facilitar el trabajo de los grupos
pequeños. En general reconocieron que
el comité de redacción había retenido los
puntos principales que se habían tratado
durante la primera semana.
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Suore Sacra Famiglia di
Bordeaux
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Número 41 Oct ubre 2014
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A su juicio el documento final ha de ser
un mensaje de esperanza, y tener el
espíritu del Vaticano II. Se deben incluir
más referencias bíblicas.
También dijeron como es un acierto que
el documento no exprese decisiones,
estamos en una etapa de diálogo e
intercambio, el proceso de discernimiento
tendrá lugar en el próximo Sínodo.
TRABAJO EN GRUPOS
El trabajo continuó en los grupos desde
el lunes por la tarde hasta el miércoles
por la tarde. Obviamente yo solo tengo
experiencia de un grupo. Después de
estudiar el método a seguir y elegir un
moderador el secretario comenzó su
obra.
Los oyentes eran libres de contribuir
cuando fuese oportuno. El documento se
elaboró párrafo por párrafo, se pro-
pusieron enmiendas que más tarde
discutieron y votaron los padres
sinodales.
En el grupo se respiraba un ambiente
relajado, y había una gran libertad para
aceptar o rechazar una idea. El que
presentaba una enmienda la retiraba
libremente su idea si el grupo no la
apoyaba, se aceptaban otras sugerencias
para la redacción y se modificaba con
buen humor. Hubo diferentes opiniones,
experiencias y realidades que contri-
buyeron a que el trabajo fuera
enriquecedor e interesante. El esfuerzo
de ser sensible a las diferentes
realidades y a los intercambios que esto
exigía contribuyeron, en algunos
momentos, a desacelerar el proceso y a
convertirlo en algo tedioso.
Los contextos de donde procedían los
delegados y los problemas pastorales
que enfrentaban eran muy diversos. Creo
que algunos eran mucho más flexibles
que otros en su práctica pastoral, pero
dudo mucho que lo expresaran en
público. Sin embargo contribuyeron a
mantener un equilibrio entre una
interpretación estricta de la ley, la
compasión y la acogida partiendo de la
realidad de cada uno. Al final cada
artículo se había
enmendado o
reformulado.
Para celebrar el
final del trabajo
hicimos una foto
de grupo.
Durante el Sínodo
era evidente la
lucha entre los que
se resisten al
cambio y aquellos
que quieren
encontrar nuevos
caminos para la
sociedad actual.
Número 40 Oct ubre 2014
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Conversaciones informales
Durante la pausa de la mañana teníamos
la oportunidad de entablar conver-
saciones informales, a veces, muy
interesantes y la oportunidad de conocer
a personas de las diferentes partes del
mundo con experiencias muy diversas:
grupos de ortodoxos; miembros de las
iglesias cristianas, delegados, laicos de
países con los cuales, normalmente, no
tenemos contacto. Encontré que estos
intercambios transmitían energía y
esperanza.
VOLVIMOS A LA SALA…
El jueves por la mañana hubo una
asamblea en el aula del Sínodo. Daba
alegría ver al Papa otra vez entre
nosotros. La finalidad de esta reunión
era escuchar los informes de los
diferentes grupos. Previamente se habían
entregado las enmiendas a la secretaría.
Los informes daban una idea del trabajo
del grupo: preocupaciones, inquietudes,
afirmaciones…Cada portavoz tenía 10
minutos y como de costumbre se respetó
el tiempo estrictamente. Todos estos
informes se publicaron.
Algunos puntos que emergieron del
traba-jo de los
grupos
Se apreció el método
utilizado en el trabajo
de los grupos: Escu-
char, reflexionar, inter-
cambiar (Ver, juzgar,
actuar).
Muchos hablaron de la
atmósfera de apertura
que prevaleció en el
Sínodo. El diálogo se
llevó a cabo en un
ambiente de libertad y de escucha mutua,
esta apertura nos permitió acoger los
conocimientos y experiencias de las
numerosas personas de diferentes
culturas procedentes de los cinco
continentes, reunidas en el Sínodo. Era
extraordinario escuchar las diversas
voces en la confianza mutua, la
transparencia y la sencillez expresando la
realidad de la Iglesia Universal en la
armonía y la diversidad.
Se dijo que éste era el primer sínodo en
el que verdaderamente había habido
libertad para decir lo que se quería decir.
Un delegado señaló: “Lo que vi esta
mañana es una de las cosas más
importantes que experimenté en un
sínodo. Es un Sínodo donde la gente
habla abiertamente y éste es un paso
muy importante para la renovación del
proceso sinodal. “Se experimentaba con
claridad la pluralidad y diversidad de las
situaciones eclesiales. Cada Iglesia local
no se ocupaba ni se preocupaba de la
misma manera de los problemas que se
plantearon. Había un deseo de que se
prestara mayor atención a la
subsidiariedad dando cierta autonomía a
las iglesias locales para buscar res-
puestas pastorales a sus perocupa-
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ciones.
Documento de trabajo (Informe
después de la discusión)
Debe de ser éste un documento pastoral
que hable a la gente de los numerosos
problemas que afronta hoy el matrimonio
y la familia.
Consideran que el informe ha puesto
demasiado énfasis en los problemas que
encuentran las familias y no expresa
suficiente ánimo y esperanza a las
familias que viven con fidelidad su misión
y su vocación en la Iglesia. Se reiteró el
deseo de que se dirijan palabras de
aliento, gratitud y apoyo a los que están
viviendo fielmente sus compromisos
matrimoniales y educan a sus hijos según
las enseñanzas de la Iglesia.
Se expresó la necesidad de dar más
importancia al sacramento del matrimonio
como don de Dios. Los hijos son un
regalo de Dios y queda aún mucho por
decir sobre el cuidado de los niños. La
Iglesia debe promover siempre el
matrimonio entre un hombre y una mujer,
unidos durante toda la vida; matrimonio
dador de vida y fiel comunión. Sigue
siendo esencial el anuncio del Evangelio,
de la verdad de la vida humana y de la
sexualidad como revelada por Cristo.
La Iglesia y el mundo necesitan el
testimonio de familias comprometidas,
verdaderamente misioneras. Es nece-
sario fortalecer la realidad de la familia
como Iglesia doméstica. Es importante
que se precise claramente y se desarrolle
más en el documento el fundamento
bíblico y teológico del matrimonio así
como lo que enseña la Tradición. La
Palabra de Dios y la belleza del
matrimonio deben ocupar el centro del
documento.
Sin embargo se reconoció el hecho de
que la tarea del Sínodo es dar un
panorama amplio de la familia y de los
desafíos que afronta la actividad pastoral
de la Iglesia en el complejo mundo de
hoy.
El documento debe ser expresión positiva
del amor de la Iglesia por todos y
subrayar la acogida, la aceptación y el
amor por los que atraviesan situaciones
difíciles y dolorosas.
Se debe acoger, sin juzgar ni condenar, a
aquellos que por alguna razón no son
capaces de comprometerse en el
matrimonio para toda vida.
Se habló a menudo y con fuerza de la
preocupación y la compasión por los que
están en situaciones pastorales difíciles,
así como de la necesidad de cuidar las
formas de expresión, para evitar la
confusión que podría venir de creer que
la enseñanza de la Iglesia ha cambiado y
que actualmente se aprueban dichas
situaciones.
Algunos temas se han de profundizar aún
más en las comisiones interdisciplinarias.
Varios delegados mencionaron la
necesidad de que haya una continuidad
con la enseñanza de la Iglesia e
insistieron en que se incluyan elementos
doctrinales fundamentales y referencias a
los últimos documentos de la Iglesia. La
verdad y el amor no están en oposición y
deben de expresarse. La Iglesia ha de
ser fiel a su función profética.
Se hizo referencia a la ausencia de
mención del pecado y se pidió que la
Iglesia no tema reconocer y hablar de
tendencias o acciones pecaminosas y
que busque las formas de invitar a la
conversión del corazón. Esta escucha
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siempre debe ser a través de la lente del
Evangelio, insistiendo en el amor de Dios
y la atención pastoral de la Iglesia.
Se habló de la necesidad de sacerdotes
bien formados, y se hizo una llamada a
manifestar el agradecimiento y el
estímulo a las organizaciones y
asociaciones comprometidas en apoyar y
fortalecer el matrimonio y a aquellos
movimientos, que como parte constitutiva
de su carisma, dan testimonio del
matrimonio y de la familia.
Se dijo que el informe tiene que ayudar a
los jóvenes a comprender la visión
cristiana del matrimonio y de la familia y
ser atraídos por ella, en un mundo donde
se enfrentan a muchas maneras de ver
contradictorias.
En relación con la pertenencia a la
Iglesia, se debe insistir en que todos los
bautizados, independientemente de su
situación, forman parte de la Iglesia y
siempre deben encontrar en ella su
mirada acogedora y el abrazo de Jesús.
Situaciones como la cohabitación y el
sexo, fuera del matrimonio, se reconocen
como realidades generalizadas. Se
necesita expresar la convicción de que
esos estilos de vida no conducen a la
realización humana. Pero hay que
reconocer que en las personas
concernidas se encuentran las semillas
de verdad y bondad que deben ser
valoradas y desarrollarse.
Siempre hay que respetar y acoger la
dignidad de las personas con orientación
homosexual y denunciar toda forma de
discriminación en su contra, pero la
Iglesia no puede reconocer las prácticas
homosexuales ni el matrimonio entre
personas de orientación homosexual. El
acompañamiento pastoral no significa la
aprobación de su modo de vida. Todas
estas personas necesitan saber que son
amadas por Dios y que ni Dios ni la
Iglesia las rechazan.
En el ministerio pastoral de la Iglesia es
importante utilizar un lenguaje que anime
a las personas y las apoye en su camino
hacia Dios.
Respecto a la admisión a los
sacramentos de divorciados que se han
vuelto a casar, hubo diferentes modos de
ver. Algunos se declararon en contra de
todo cambio. Otros quieren que se
estudie esta cuestión. Las mismas
posiciones había en relación con la
simplificación del proceso de anulación
del matrimonio.
La Iglesia necesita una renovación
radical del estilo de la pastoral familiar.
Se desea hacer nuevos esfuerzos,
utilizando nuevos métodos y renovadas
energías para evangelizar y dialogar con
el mundo.
Al Comité de Redacción, formado por
delegados de los cinco continentes, se le
asignó la tarea de volver a escribir el
documento teniendo en cuenta las
observaciones y las enmiendas. Tuvieron
la tarde del jueves y la mañana del
viernes para realizar su trabajo, mientras
la asamblea tuvo un merecido descanso.
El viernes por la tarde nos reunimos, otra
vez, en el aula del Sínodo, esperando
recibir el documento revisado. Sin
embargo nos dieron el borrador de un
mensaje dirigido a todas las familias.
Estaba redactado en dos partes: la
primera era de consolación o afirmación y
la segunda de exhortación. Después de
leer el documento en voz alta se invitó a
los delegados a compartir su respuesta.
Hubo muchas intervenciones que fueron
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desde la aprobación total, hasta decir que
era demasiado idealista y no reflejaba
suficientemente el diálogo que había
tenido lugar. Un delegado preguntó: ¿Por
qué hemos venido aquí, para repetir la
enseñanza del Magisterio o para dar una
nueva respuesta evangélica al mundo de
hoy? Y agregó que es necesario dar un
nuevo mensaje. Sonó en la sala un
aplauso cerrado muy significativo por su
intervención. Una vez más se entregó el
documento al equipo de redacción y así
terminamos el día.
A la mañana siguiente, último día del
Sínodo, volvimos a la sala. Después de la
oración de la mañana, se repartió, solo a
los delegados el Documento de trabajo
revisado. Era la primera vez que no se
entregaron los textos a todos. Se dijo
que este documento era estrictamente
confidencial y que la votación se
realizaría párrafo por párrafo durante la
sesión de la tarde, una vez aprobado se
le entregaría al Papa Francisco, que
decidiría si publicarlo o no. No habría
más debate. A continuación se leyó el
documento, lectura que duró más de una
hora, al final tuvimos la pausa habitual.
La reacción inmediata de muchos de los
oyentes, expresada de manera informal
durante el descanso fue de decepción. El
texto parecía carecer de la apertura y la
actitud de escucha y búsqueda que
caracterizó la actuación del Sínodo hasta
ese momento. Había poca novedad y
demasiada confianza en las citas de los
documentos anteriores de la Iglesia, a
pesar de todo se habían incluido muchos
de los puntos planteados durante el
Sínodo.
Después del descanso recibimos el
Mensaje revisado para las familias. Se
leyó en voz alta y se votó. El trabajo
concluyó por la mañana. Este mensaje
está disponible en Internet.
Por la tarde comenzamos con la votación
del Documento de Trabajo. La votación
duró poco más de una hora. Al final de la
votación nos dijeron que el Papa quería
que el documento se publicara
incluyendo los tres párrafos que no
alcanzaron la mayoría absoluta.
El Papa Francisco tuvo palabras de
agradecimiento para todos los invo-
lucrados en el trabajo. Comparó el
Sínodo con un viaje donde caminamos
juntos y como en todo viaje hay prisas,
cansancio, tensión, confort, lucha,
tentaciones, y nombró algunas:
 La primera es la tentación del
“rigorista hostil”. El deseo de
cerrarse en lo que ya sabemos y
no de abrirse a lo que todavía
tenemos que aprender y de
dejarse sorprender por Dios.
 Otra es la tentación del “des-
tructivo”: “hacer el bien” en nombre
de la falsa misericordia que trata
los síntomas y no las causas.
También nombró otras:
 La de transformar la piedra en pan
para romper un ayuno largo,
pesado y doloroso, y también la de
transformar el pan en piedra y
lanzarla contra los pecadores, los
débiles y los enfermos, convirtién-
dola en cargas insoportables.
 La de bajar de la cruz para com-
placer a la gente, inclinarse ante el
espíritu del mundo en vez de
purificarlo y orientarlo hacia el
espíritu de Dios.
 Ver todo a través de gafas de color
rosa.
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 Descuidar el “depósito de la fe”
considerándonos no como custo-
dios sino como propietarios, maes-
tros o, por otra parte, la tentación
de ignorar la realidad utilizando un
lenguaje suave, pulido que dice
muchas cosas y no dice nada.
Añadió que, en un proceso de
discernimiento él estaría mucho más
preocupado si no hubiera habido estas
tentaciones.
Refiriéndose al Sínodo de 2015 dijo que
hay un año para madurar, con un
verdadero discernimiento espiritual, las
ideas propuestas, y encontrar soluciones
prácticas a las muchas dificultades y a
los innumerables desafíos que enfrentan
las familias.
El camino del Sínodo continúa. El
próximo Sínodo ordinario tendrá lugar en
octubre de 2015, se centrará en la
vocación y la misión de la familia en la
Iglesia y en el mundo contemporáneo.
Este año anterior, será un año de
reflexión y diálogo en las diferentes
iglesias locales del mundo entero, es una
oportunidad para colaborar y participar en
las reflexiones y diálogos que tendrán
lugar a nivel local. Podemos, también,
tomar la iniciativa para fomentar
conversaciones, -con el mismo espíritu
del Sínodo- así como escuchar a mentes
y corazones abiertos, dispuestos a
permanecer con los interrogantes que se
despierten y examinarlas con espíritu de
discernimiento, en lugar de quedarse con
ideas fijas o con conclusiones hechas.
Las siguientes referencias nos ayudarán
en esta etapa del camino. La primera
está tomada del libro: “Revolución
silenciosa” de Peter Hannon S.J
“A medida que nos acostumbramos a
vivir con tantos problemas tenemos la
tentación de hacer caso omiso de ellos y
de adoptar un enfoque fatalista. Sin
embargo es mucho más sano pensar que
la crisis actual es una invitación a
sondear sus posibilidades constructivas
así como las destructivas. Tenemos que
hacer frente a la extensión y profundidad
del problema al que nos enfrentamos;
nuestras soluciones no deben ser
superficiales ni debemos buscar
soluciones antes de tiempo, antes de que
hayamos entendido completamente el
problema.” . (Peter Hannon S.J.)
Esto bien puede ser la obstrucción
principal que nos impide cambiar el
mundo de hoy: tenemos una
comprensión superficial del problema; no
nos damos cuenta de que las semillas de
solución se encuentran en el mismo
problema. Esto es verdad para el
crecimiento personal y para la cultura.
Sin un conocimiento profundo del
problema, la solución que ofrecemos
puede ser inapropiada para nuestra era
evolutiva.” (El problema del cambio en el
mundo moderno, O’Murchu)
Margaret Muldoon
Roma 19 octubre 2014






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MENSAJE DE LA III ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA
DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

Los Padres Sinodales, reunidos en
Roma junto al Papa Francisco, en
la Asamblea Extraordinaria del
Sínodo de los Obispos, nos diri-
gimos a todas las familias de los
distintos continentes y en particular
a aquellas que siguen a Cristo, que
es camino, verdad y vida.

Manifestamos nuestra admiración
y gratitud por el testimonio cotidia-
no che ofrecen a la Iglesia y al
mundo con su fidelidad, su fe, su
esperanza y su amor.

Nosotros, pastores de la Iglesia,
también nacimos y crecimos en
familias con las más diversas his-
torias y desafíos. Como sacerdotes
y obispos nos encontramos y
vivimos junto a familias que, con
sus palabras y sus acciones, nos
mostraron una larga serie de
esplendores y también de dificul-
tades. La misma preparación de
esta asamblea sinodal, a partir de
las respuestas al cuestionario
enviado a las Iglesias de todo el
mundo, nos permitió escuchar la
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voz de tantas experiencias
familiares.

Después, nuestro diálogo durante
los días del Sínodo nos ha
enriquecido recíprocamente, ayu-
dándonos a contemplar toda la
realidad viva y compleja de las
familias.

Queremos presentarles las pala-
bras de Cristo: “Yo estoy ante la
puerta y llamo, Si alguno escucha
mi voz y me abre la puerta, entraré
y cenaré con él y él conmigo”
(Ap 3, 20). Como lo hacía durante
sus recorridos por los caminos de
la Tierra Santa, entrando en las
casas de los pueblos, Jesús sigue
pasando hoy por las calles de
nuestras ciudades. En sus casas
se viven a menudo luces y
sombras, desafíos emocionantes y
a veces también pruebas dra-
máticas. La oscuridad se vuelve
más densa, hasta convertirse en
tinieblas, cuan-do se insinúan el
mal y el pecado en el corazón
mismo de la familia.

Ante todo, está el desafío de la
fidelidad en el amor conyugal. La
vida familiar suele estar marcada
por el debilitamiento de la fe y de
los valores, el individualismo, el
empobrecimiento de las relaciones,
el stress de una ansiedad que
descuida la reflexión serena. Se
asiste así a no pocas crisis
matrimoniales, que se afrontan de
un modo superficial y sin la valentía
de la paciencia, del diálogo sincero,
del perdón recíproco, de la
reconciliación y también del sacri-
ficio. Los fracasos dan origen a
nuevas relaciones, nuevas parejas,
nuevas uniones y nuevos matri-
monios, creando situaciones fami-
liares complejas y problemáticas
para la opción cristiana.

Entre tantos desafíos queremos
evocar el cansancio de la propia
existencia. Pensamos en el sufri-
miento de un hijo con capacidades
especiales, en una enfermedad
grave, en el deterioro neurológico
de la vejez, en la muerte de un ser
querido. Es admirable la fidelidad
generosa de tantas familias que
viven estas pruebas con fortaleza,
fe y amor, considerándolas no co-
mo algo que se les impone, sino
como un don que reciben y
entregan, descubriendo a Cristo
sufriente en esos cuerpos frágiles.

Pensamos en las dificultades
económicas causadas por sistemas
perversos, originados “en el feti-
chismo del dinero y en la dictadura
de una economía sin rostro y sin un
objetivo verdaderamente humano”
(Evangelii gaudium, 55), que
humilla la dignidad de las personas.

Pensamos en el padre o en la
madre sin trabajo, impotentes fren-
te a las necesidades aun primarias
de su familia, o en los jóvenes que
transcurren días vacíos, sin espe-
ranza, y así pueden ser presa de la
droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud
de familias pobres, en las que se
aferran a una barca para poder
sobrevivir, en las familias prófugas
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que migran sin esperanza por los
desiertos, en las que son perseguí-
das simplemente por su fe o por
sus valores espirituales y humanos,
en las que son golpeadas por la
brutalidad de las guerras y de
distintas opresiones. Pensamos
también en las mujeres que sufren
violencia, y son sometidas al
aprovechamiento, en la trata de
personas, en los niños y jóvenes
víctimas de abusos también de
parte de aquellos que debían
cuidarlos y hacerlos crecer en la
confianza, y en los miembros de
tantas familias humilladas y en
dificultad. Mientras tanto, “la cultura
del bienestar nos anestesia y […]
todas estas vidas truncadas por la
falta de posibilidades nos parecen
un mero espectáculo que de
ninguna manera nos altera”
(Evangelii gaudium, 54). Reclama-
mos a los gobiernos y a las
organizaciones internacionales que
promuevan los derechos de la
familia para el bien común.

Cristo quiso que su Iglesia sea una
casa con la puerta siempre abierta,
recibiendo a todos sin excluir a
nadie. Agradecemos a los pas-
tores, a los fieles y a las comuni-
dades dispuestos a acompañar y a
hacerse cargo de las heridas
interiores y sociales de los matri-
monios y de las familias.
También está la luz que
resplandece al atardecer detrás de
las ventanas en los hogares de las
ciudades, en las modestas casas
de las periferias o en los pueblos, y
aún en viviendas muy precarias.
Brilla y calienta cuerpos y almas.
Esta luz, en el compromiso nupcial
de los cónyuges, se enciende con
el encuentro: es un don, una gra-
cia que se expresa –como dice el
Génesis (2, 18)– cuando los dos
rostros están frente a frente, en una
“ayuda adecuada”, es decir se-
mejante y recíproca. El amor del
hombre y de la mujer nos enseña
que cada uno necesita al otro para
llegar a ser él mismo, aunque se
mantiene distinto del otro en su
identidad, que se abre y se revela
en el mutuo don. Es lo que expresa
de manera sugerente la mujer del
Cantar de los Cantares: “Mi amado
es mío y yo soy suya… Yo soy de
mi amado y él es mío” (Ct 2, 17; 6,
3).

El itinerario, para que este
encuentro sea auténtico, comienza
en el noviazgo, tiempo de la espera
y de la preparación. Se realiza en
plenitud en el sacramento del
matrimonio, donde Dios pone su
sello, su presencia y su gracia.
Este camino conoce también la
sexualidad, la ternura y la belleza,
que perduran aún más allá del
vigor y de la frescura juvenil. El
amor tiende por su propia natu-
raleza a ser para siempre, hasta
dar la vida por la persona amada

(cf. Jn 15, 13). Bajo esta luz, el
amor conyugal, único e indisoluble,
persiste a pesar de las múltiples
dificultades del límite humano, y es
uno de los milagros más bellos,
aunque también es el más común.

Este amor se difunde naturalmente
a través de la fecundidad y la
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generatividad, que no es sólo la
procreación, sino también el don de
la vida divina en el bautismo, la
educación y la catequesis de los
hijos. Es también capacidad de
ofrecer vida, afecto, valores, una
experiencia posible también para
quienes no pueden tener hijos. Las
familias que viven esta aventura
luminosa se convierten en un
testimonio para todos, en particular
para los jóvenes.

Durante este camino, que a veces
es un sendero de montaña, con
cansancios y caídas, siempre está
la presencia y la compañía de Dios.
La familia lo experimenta en el
afecto y en el diálogo entre marido
y mujer, entre padres e hijos, entre
hermanos y hermanas. Además lo
vive cuando se reúne para es-
cuchar la Palabra de Dios y para
orar juntos, en un pequeño oasis
del espíritu que se puede crear por
un momento cada día. También
está el empeño cotidiano de la
educación en la fe y en la vida
buena y bella del Evangelio, en la
santidad.

Esta misión es frecuentemente
compartida y ejercitada por los
abuelos y las abuelas con gran
afecto y dedicación. Así la familia
se presenta como una auténtica
Iglesia doméstica, que se amplía a
esa familia de familias que es la
comunidad eclesial. Por otra parte,
los cónyuges cristianos son lla-
mados a convertirse en maestros
de la fe y del amor para los ma-
trimonios jóvenes.

Hay otra expresión de la comunión
fraterna, y es la de la caridad, la
entrega, la cercanía a los últimos, a
los marginados, a los pobres, a las
personas solas, enfermas,
extrajeras, a las familias en crisis,
conscientes de las palabras del
Señor: “Hay más alegría en dar que
en recibir” (Hch 20, 35). Es una
entrega de bienes, de compañía,
de amor y de misericordia, y
también un testimonio de verdad,
de luz, de sentido de la vida.

La cima que recoge y unifica todos
los hilos de la comunión con Dios y
con el prójimo es la Eucaristía
dominical, cuando con toda la
Iglesia la familia se sienta a la
mesa con el Señor. Él se entrega a
todos nosotros, peregrinos en la
historia hacia la meta del encuentro
último, cuando Cristo “será todo en
todos” (Col 3, 11). Por eso, en la
primera etapa de nuestro camino
sinodal, hemos reflexionado sobre
el acompañamiento pastoral y
sobre el acceso a los sacramentos
de los divorciados en nueva unión.

Nosotros, los Padres Sinodales,
pedimos que caminen con nosotros
hacia el próximo Sínodo. Entre
ustedes late la presencia de la
familia de Jesús, María y José en
su modesta casa. También noso-
tros, uniéndonos a la familia de
Nazaret, elevamos al Padre de
todos, nuestra invocación por las
familias de la tierra. Padre, regala a
todas las familias la presencia de
esposos fuertes y sabios, que sean
manantial de una familia libre y
unida.
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Padre, da a los padres una casa
para vivir en paz con su familia.
Padre, concede a los hijos que
sean signos de confianza y de
esperanza y a los jóvenes el coraje
del compromiso estable y fiel.
Padre, ayuda a todos a poder
ganar el pan con sus propias
manos, a gustar la serenidad del
espíritu y a mantener viva la llama
de la fe también en tiempos de
oscuridad.

Padre, danos la alegría de ver
florecer una Iglesia cada vez más
fiel y creíble, una ciudad justa y
humana, un mundo que ame la
verdad, la justicia y la misericordia.