You are on page 1of 5

6.

5 Reconocimiento de Estado y de Gobierno
Entendemos como reconocimiento a la presencia de una formación política o de un gobierno
nuevos, creados por medio de hechos y teniendo como fin el darles entrada en el orden jurídico
internacional.
Es un derecho internacional con consecuencias tanto nacionales como internacionales y no se
debe confundir con el reconocimiento diplomático, pues el hecho de que dos o más Estados no
mantengan relaciones diplomáticas bilaterales no significa que no se reconozcan o se traten
mutuamente como las entidades jurídicas que sean.
El reconocimiento de Estado en particular, es el acto mediante otros declaran que trataran a esa
agrupación como un Estado, otorgándole así la categoría de sujeto del Derecho Internacional,
siendo investido de plena capacidad jurídica.
El acto de reconocimiento ha sido considerado por la doctrina como un acto jurídico o bien, como
un acto político.
Entendiéndose como un acto político se caracteriza por ser individual, discrecional y atributivo o
creador, posibilitándose el reconocimiento al término y el condicional; mientras como acto
jurídico se caracteriza por ser colectivo, obligatorio, puro y declarativo.
Tanto el reconocimiento de Estado como el de gobierno, se pueden realizar de forma expresa o
tácita, que a su vez puede ser de modo individual o colectivo.
El problema con el reconocimiento de Gobierno se presenta ante la posibilidad de aparición de un
gobierno mediante procedimientos extrajurídicos, constituidos por sistemas basados en fuerza,
donde en este caso el reconocimiento tiene efecto puramente declarativo.

Tipos de Reconocimientos
De Iure/Jure
Significa literalmente “de derecho”, con reconocimiento jurídico. Representa toda aquella
situación reconocida por la legalidad vigente o por la autoridad competente, y se diferencia de la
de facto al no estar obligada a corresponder con la situación real.
De Facto
Significa “de hecho” según su raíz latina, sin tener un reconocimiento jurídico sino más bien, por la
fuerza de los hechos. Se utiliza en situaciones donde existiendo algo en realidad, no ha recibido un
reconocimiento formal como tal, ya sea por los mecanismos legales o la autoridad
correspondiente.
Renovar el reconocimiento de un gobierno, no es necesario cuando este se cambia de una manera
normal, constitucional (como por medio de elecciones o por un referéndum o plebiscito) pero es
necesario en el caso de un golpe de Estado o revolución.
Las doctrinas relativas al reconocimiento de gobierno son particularmente americanas, y pudieron
desenvolverse en este continente principalmente por una parte gracias a la situación de los
Estados Unidos de Norteamérica, como cabeza de un conjunto de naciones, y por la otra, a las
características políticas peculiares de los países latinoamericanos, infestados durante una larga
época de cambios súbitos y desordenados de regímenes. Estas doctrinas nacen durante el periodo
en el que comienzan a surgir los nuevos países desgajados de España y tienen una aplicación
constante durante el siglo XIX, llegando a su apogeo en el XX.

Doctrina Jefferson
Es el pronunciamiento hecho el 7 de noviembre de 1792 por el entonces Secretario de Estado de
los Estados Unidos, Thomas Jefferson, como respuesta del gobierno de su país frente a los
acontecimientos en Francia, que determinaron la muerte del monarca y el establecimiento de la
república, y mediante el cual se le daba la instrucción a Morris, su ministro en París de manifestar
que va de acuerdo con sus principios determinar que un gobierno legítimo es aquel creado por la
voluntad de la nación, substancialmente declarada, mientras que en otro comunicado expresó al
mismo agente diplomático la incapacidad de de negarle a ninguna nación el derecho de
gobernarse en la forma que le plazca y cambiar esa forma a su propia voluntad, siendo esta
voluntad de la nación en cuestión el único factor esencial a considerar, solicitando únicamente una
prueba objetiva: la naturaleza substancial de la declaración de voluntad popular. En 1856, el
Departamento de Estado todavía coincidía substancialmente con la naturaleza de la fórmula de
Jefferson al manifestar que su política es la de reconocer a todos los gobiernos sin discutir su
fuente, su organización o los medios por los cuales los gobernantes actuales obtuvieron su poder
con tal de que haya un gobierno de facto aceptado por el pueblo del país y a reserva del
reconocimiento de Estados con los que se tenga una relación de amistad, dejando a un lado la
investigación y valoración sobre la legitimidad del gobierno en cuestión. Sin embargo, Estados
Unidos empezó a alejarse de esa doctrina, condicionando el hecho de entregar su reconocimiento,
iniciando por la requisición de una garantía de efectividad donde se solicitaba al gobierno a
reconocer su aceptación por parte del pueblo y la capacidad de administrar bien los negocios del
Estado y sin resistencia a su autoridad, buscando garantizar su estabilidad y permanencia. Los
Estados Unidos terminaron por desprenderse de la doctrina Jefferson una vez que condicionaron
de nuevo al solicitar que el nuevo régimen debería de asumir un compromiso por cumplir los
acuerdos contraídos por su predecesor, siendo el primero ejemplo de este nuevo requisito el
reconocimiento del gobierno del General Porfirio Díaz en 1877, siendo los requisitos mencionados
el punto de partida de un listado de condiciones que se fueron especificando y adaptando según
los casos hasta llegar a un divorcio por completo entre la práctica norteamericana y la doctrina
Jefferson.
6.5.1 Doctrina Tobar
Representa la vuelta a la teoría europea de la legitimidad, fue enunciada por el Doctor Carlos
Tobar, entonces ministro de relaciones exteriores de la República de Ecuador, a través de una
carta el 15 de marzo de 1907 al cónsul de Bolivia en Bruselas, donde inspirándose en motivos
humanitarios, pretendía encontrar una fórmula para detener las distensiones intestinas que
perturbaban con repetida frecuencia la vida política de muchos países latinoamericanos de la
época y a su vez, previniendo la intervención europea en las mismas proponiendo una
intervención colectiva de países del mismo continente, afirmando que siendo así no constituiría
una intervención propiamente. Citándolo: “Las Repúblicas Americanas, por su buen nombre y
crédito, aparte de otras consideraciones humanitarias y altruistas, deben intervenir de modo
indirecto en las decisiones internas de las repúblicas del continente. Esta intervención podría
consistir, a lo menos, en el no reconocimiento de gobiernos de hecho surgidos de revoluciones
contra la constitución.”
Se utilizó esta doctrina para prevenir una guerra en Centroamérica tras la revolución en esa zona,
incorporando dicha doctrina para lograr este fin a través de la Convención Adicional al Tratado
General de Paz y Amistad, firmado el 20 de diciembre de 1907 en Washington, y donde Costa Rica,
Honduras, Nicaragua, Panamá y El Salvador acordaban no reconocer ningún gobierno emergente
dentro de esos cinco países por un golpe de Estado o una revolución en contra del gobierno
entonces reconocido, aunque se diferenciaba de la doctrina al dejar abierta la posibilidad de una
legitimación democrática o constitucional subsecuente para obtener el reconocimiento, he aquí el
porqué esta tesis era conocida como legitimación subsecuente. La adaptación de la doctrina a
través de esta convención no tuvo mucho éxito y no representó un progreso en el periodo de 1907
a 1913, por lo que se renovó a sugestión de los Estados Unidos, para que una vez más los países
centroamericanos pactaran otra vez el no reconocimiento, de la mano también del llamado
“constitucionalismo de Wilson”. La tesis resultante, conocida como legitimismo constitucional,
aplicada en el Tratado General de Paz y Amistad, realizado el 7 de febrero de 1923 en Washington,
se citaron las condiciones de no reconocimiento de la convención anterior y se le agregaron otras
disposiciones que establecieron incapacidades absolutas para el reconocimiento, donde se le
negarían si el presidente, vicepresidente o designado estuviera comprendido en alguno de los
siguientes casos:
I.- Si fuera el jefe o uno de los jefes del golpe de Estado o de la revolución, o si fuera por
consanguineidad o afinidad ascendiente, descendiente o hermano de alguno de ellos.
II.- Si hubiese sido Secretario de Estado o hubiese tenido un alto mando militar dentro de los seis
últimos meses o al momento de verificarse el golpe de Estado o la revolución o al practicarse la
elección. Tampoco será reconocido, en ningún caso, el gobierno que surja de elección recaída en
un ciudadano inhabilitado expresa o individualmente por la Constitución de su país para ser electo
presidente, vicepresidente o designado.
Mientras varios autores afirman que no hay manera de cuantificar la gran cantidad de
revoluciones evitadas tras la aplicación de dicha doctrina, al desanimar a aquellos líderes
revolucionarios que no recibirían reconocimiento aún venciendo, hay quienes dicen que la
aplicación de sus tesis derivadas fomentaba gobiernos despóticos, arropándose entre ellos a
través de una alianza. Sus argumentos también perdían fuerza ante la incapacidad del derecho de
emitir juicios sobre cuestiones de derecho constitucional, pues no se contaban con expertos en la
materia y era prácticamente imposible contar con la presencia de quienes pudieran aportar
opiniones objetivas y fundamentadas sobre la actualidad del Estado en cuestión, factor vital para
la adecuada intervención del resto de las partes de la alianza, basado en esto, se concluye que ni la
doctrina inicial ni las tesis adaptadas en los tratados de 1907 y 1923, admitidos o no como
representación práctica de la misma, nunca fueron adecuadas al propósito para el que fueron
concebidos.
6.5.2 Doctrina Estrada
El 27 de septiembre de 1930, el entonces Secretario de Relaciones Exteriores de México, don
Jenaro Estrada, expresa a través de un comunicado conocido desde entonces como la doctrina
Estrada, la que terminaría por ser la postura del país ante sobre la teoría del reconocimiento de
gobiernos, claramente influenciado en la forma en la que México fue perjudicado por dicha
doctrina durante la formación de varios gobiernos consecuentes de la revolución del país,
manifiesta la instrucción del gobierno mexicano hacia sus ministros o encargados de negocios en
otros países de que México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, pues
considera esto una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a
estas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por
otros gobiernos, quienes automáticamente y de hecho asumen una actitud de crítica al decidir,
favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros. En
consecuencia, el gobierno de México se limita a mantener o retirar, cuando así crea procedente, a
sus agentes diplomáticos, así como a continuar aceptando cuando también lo considere
procedente, a los agentes diplomáticos correspondientes que las naciones tengan acreditados en
México, sin calificar ni precipitadamente ni a posteriori, el derecho que tengan las naciones
extranjeras para aceptar, mantener o substituir a sus gobiernos o autoridades.
Para algunos puede resultar contradictoria pues presume de prescindir del concepto de
reconocimiento, sin embargo, la naturaleza de esta decisión a través de las acciones que se tomen
una vez que el gobierno no se interesa en mantener una relación diplomática con el gobierno en
cuestión lo convierte en la práctica de un desconocimiento del mismo, mientras que continuar con
dicha relación aún sin expresarlo abiertamente, lo hace un reconocimiento tácito pero
reconocimiento al fin. Hay quienes entienden este concepto como un interés por la continuidad de
relaciones con un Estado mas no con su gobierno en determinados casos, dando entrada a
confusiones, sobre todo considerando la flexibilidad mostrada por el mismo gobierno mexicano al
desapegarse de su propia fórmula al rehusarse abiertamente a reconocer el gobierno encabezado
en España por Francisco Franco mientras que de manera expresa seguía manifestando el
reconocimiento por el gobierno de la República en el exilio, en agosto de 1945. Así mismo, el 24 de
diciembre de 1943, se aprobó la resolución XXII por el Comité de Emergencia para la Defensa
Política del Hemisferio, de Montevideo, recomendando no proceder al reconocimiento de un
gobierno nuevo constituido por la fuerza si antes no se examinaban las circunstancias bajo las
cuales llegó al poder, y al coincidir con la recomendación mencionada y manifestarse por
participar en consultas e intercambios de opinión casa vez que hubiese cambios violentos de
gobiernos en cualquier república del continente, México derogó nueva y auténticamente la tesis
de Estrada, quien se mostró en contra de la práctica del reconocimiento expreso, entendiendo su
doctrina como una protesta del gobierno mexicano contra dicha práctica viciosa de ejercitar el
reconocimiento como medio para obtener ciertas ventajas unilaterales o como acto
intervencionista en los asuntos meramente internos de un país.
6.5.3 Doctrina Wilson
Tiene su origen al desprenderse de un discurso del presidente de los Estados Unidos, Woodrow
Wilson, el 11 de marzo de 1913, donde expresaba sus ideas sobre la naturaleza de un gobierno
republicano y justo, y posiblemente sin darse cuenta, abogaba por la doctrina pronunciada
anteriormente por Tobar. Wilson decía que la cooperación sólo es posible cuando está sostenida
en todo momento por el proceso ordenado del gobierno justo que se funda en el Derecho y no
sobre la fuerza arbitraria o irregular, agregando que el desorden, las intrigas personales y el
desafío de los derechos constitucionales debilitan y desacreditan al gobierno. Consideraba que el
General Victoriano Huerta había usurpado el poder en México y consideraba esos casos como
amenazas a la paz y el desarrollo de América, alegaba que no sólo hacían imposible el desarrollo
del gobierno ordenado, sino que tienden a olvidar el derecho, invalidando contratos y concesiones
a su propio beneficio y para lastimar tanto el crédito nacional como todos los cimientos de los
negocios domésticos o extranjeros. Dicha doctrina se aplicó en varias instancias, sin embargo no
tuvo éxito en ninguna de ellas y prácticamente se restringió su aplicación a México y
Centroamérica, donde en el caso de nuestro país, se contradice al verse dispuesto a reconocer el
gobierno de Huerta una vez que se arreglaran determinadas cuestiones, siendo esto uno de los
ejemplos donde la propia administración de Wilson no fue consistente a su doctrina y fracasó en
su intención de constituir un factor de paz en las relaciones internacionales, pues contrario a
provocar respeto al gobierno constitucional, atrajo hostilidad hacia el gobierno estadounidense y
no impidió el surgimiento de revoluciones, probando así que el no reconocimiento sobre la base
de la ilegitimidad de origen no es ni puede ser un postulado de derecho internacional y que el
intento de promover un mundo más moral por el uso de métodos políticos precarios, de
intervención, es más seguro que produzca anarquía que derecho.