ESTRATEGIAS Y OPERACIONES TÁCTICAS DE

LOS EJÉRCITOS EN LA GUERRA DEL CHACO

Camión Ford similar a los que usaron Bolivia y Paraguay.
Estrategia boliviana
La estrategia boliviana se apoyó en la indudable superioridad de recursos económicos y
de población (3 a 1) que tenía sobre el Paraguay. Para el Estado Mayor boliviano la
ocupación del Chaco y el acceso al río Paraguay era más un problema diplomático que
militar.
El teniente coronel Ángel Rodríguez consideraba que solo había agua suficiente para
enviar a cinco mil hombres, y que solo las unidades no más grandes que una compañía
podrían maniobrar entre los arbustos, mientras que Kundt seguía firmemente
convencido de que tres mil hombres bastarían para tomar Asunción.(Dunkerley, 1987,
p. 207)
No se tuvo en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y a la importancia
que le daba a la posesión del Chaco Boreal. En 1928, el doctor Salamanca, para quien el
Paraguay era «la más miserable de las republiquetas de Sudamérica», decía:
Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con
una guerra victoriosa […]. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a
la prueba del fuego para salvar sus almas […] los países como el nuestro, que han
cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la
prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay […] único país
al que podemos atacar con seguridades de victoria.
Daniel Salamanca (Antezana Villagrán, 1982, p. 12/13 vol. 2).
Comenzada la guerra, Bolivia no realizó una movilización total, consideró que era
suficiente llevar adelante una guerra económica y que no alterara la vida cotidiana de la
población.
Por estas razones no se intentó mejorar el abastecimiento hasta el lejano frente
chaqueño construyendo una línea férrea hasta Muñoz y el imprescindible puente sobre
el río Pilcomayo Las tropas fueron transportadas en camión y ferrocarril hasta Villazón,
desde allí en camión hasta Tarija y desde ese punto a pie hasta Villamontes, la base
principal en el Chaco. Desde allí los soldados tuvieron que marchar hasta
400 kilómetros a través del polvo, barro y el calor sofocante del Chaco Boreal. El medio
básico de transporte fue el camión, y estos siempre escasearon.
Dígame señor general, ¿qué piensan hacer con los 600 camiones y qué han hecho con
los últimos 20 que he comprado hace dos meses?
Presidente Salamanca al Jefe de Estado Mayor (Dunkerley, 1987, p. 214)
Para cubrir las seis etapas del tramo Villazón-Muñoz se necesitaban 480 camiones.
Como solo había unidades para los pertrechos y sobre todo el agua, los soldados
tuvieron que movilizarse a pie durante toda la guerra. Los vehículos estuvieron
limitados a su vez por los malos caminos, todos de tierra y que las lluvias hacían
intransitables
Bolivia priorizó la ocupación territorial para justificar «de facto» sus derechos
(Vid. Incidente de laguna Pitiantuta). La pérdida de un fortín fueron vividas
dramáticamente por el pueblo, el gobierno y el ejército bolivianos hasta el punto de
ocultarse la información entre sí. Los partidos políticos, el regionalismo y la prensa de
la oposición no perdieron ninguna oportunidad para criticar al presidente Salamanca y al
alto mando con el único objetivo de lograr una mayor cuota de poder.
La preparación de los oficiales y la del mismo Kundt no estaban actualizadas. El
Colegio Militar era refugio de estudiantes réprobos y bachilleres fracasados. Muy pocos
recibieron capacitación superior una vez egresados de ese Colegio, dentro o fuera del
país. Los ascensos se digitaron políticamente en negociaciones abiertas. La misión
militar española que llegó en febrero de 1931 observó que se enseñaba materias
elementales como álgebra a coroneles y topografía a egresados de la Escuela Superior
de Guerra. Primaban las doctrinas de la Primera Guerra Mundial con sus ataques
frontales con enorme costo en vidas y que ya estaban siendo superadas por
concepciones más modernas. Antes que comenzara la guerra, pese a los años a cargo del
ejército boliviano, el general Hans Kundt nunca estuvo en el Chaco.
Para los soldados que venían del altiplano fue difícil adaptarse física y psíquicamente al
hábitat chaqueño. La unidad del pueblo frente a la guerra fue débil debido al anacrónico
feudalismo agrario boliviano. En 1927, al norte de Potosí, los llamados «campesinos» se
levantaron contra la oligarquía terrateniente boliviana en tres oportunidades; Eduardo
Nina Quispe (1930-1933) luchó por una República de Naciones y Pueblos Originarios y
en 1935 se masacró a campesinos en Pucarani para obligarlos a ir a la guerra.
El soldado Aymará, que no conocía el castellano, fue ciegamente a la guerra (y a la
muerte) sin saber el por qué. Uno de ellos preguntó a su sargento: «¿Y quién, pues, jefe,
es nuestro enemigo? ¿Son los cochabambinos?».
El indio iba a la guerra, pero no le gustaba naturalmente porque no tenía conciencia
patriótica ¿cómo era posible tenerlo como soldado al indígena sin forzarlo?
J. Espada Antezana, ministro de guerra boliviano (Arce Aguirre, 1987, p. 258).
¿Los indios son cobardes? No saben a conciencia qué es la Patria, pero se empeñan en
fiera lucha contra quienes intuyen que son sus adversarios o, más propiamente, contra
los oficiales que los comandan.
Subteniente boliviano Alberto Taborga (Dunkerley, 1987, p. 244).
La relación entre Salamanca y el alto mando y la de estos entre sí fue difícil durante
toda la guerra ya que muchos tenían ambiciones políticas y corporativas que afectaban
la conducción de las operaciones.
La clase militar había llegado a formar una especie de casta privilegiada,
cuidadosamente cerrada a los profanos, de acceso exclusivamente oficial y cuyos
componentes progresaban masónicamente en grados y emolumentos por acción del
tiempo […] Unidos en estrecha solidaridad de intereses, frente al Gobierno y a la nación
toda, […], acabaron por mostrar, al contacto con la guerra, toda la soberbia de que
estaban penetrados. […] Desgraciadamente tanta soberbia militar iba acompañada de la
incapacidad y de la derrota, con todas sus funestas consecuencias. […] Se crearon en el
Chaco un campo propio y cerrado en que ellos pudiesen moverse con entera libertad.
Eso sí, pedían soldados, camiones, provisiones, armas y municiones en cantidades
crecientes sin atender a las posibilidades financieras que limitaban los esfuerzos del
Gobierno (a pesar de su buena voluntad).
Presidente D. Salamanca (Guachalla, 1978, p. 90 y 91).
Algunos historiadores, Querejazu Calvo entre ellos, caracterizaron al ejército boliviano
de entonces como un «ejército colonial» porque era una fuerza fundamentalmente
dirigida a la represión interna, que carecía de apoyo popular, que estaba dividido
racialmente y que era utilizado para defender un sistema político que ya estaba en
proceso de desintegración
La compra de armamentos, a fines de la década del 20, fue desproporcionada frente al
probable enemigo, el ejército paraguayo. Esto despertó la inquietud de otros países
limítrofes: Chile y Perú. Esa compra, unificada mayormente en la firma inglesa Vickers,
produjo una serie de problemas en cuanto a la calidad y al cumplimiento de las entregas.
Se compraron tanques pese a la oposición de los técnicos bolivianos que afirmaban que
no servirían en el Chaco. Al comienzo de la guerra, un volumen importante de armas
todavía estaba sin fabricar ni embarcar en Inglaterra.
En 1932, Bolivia sufrió serias dificultades económicas por la caída del precio y el
volumen de las exportaciones del estaño que en 1929 habían sido de 46,9 millones de
dólares, reduciéndose a 10 millones de dólares en 1932. Además, careció de crédito
internacional por haber entrado en mora en los pagos de su deuda externa. La
producción minera concentraba, en 1930, el 95% de las exportaciones bolivianas
absorbiendo mano de obra campesina que impedía el desarrollo de la agricultura y
favorecía la dependencia de la importación de alimentos provenientes de los países
vecinos, especialmente de la Argentina. En 1931, el general Osorio, en un informe al
Ministerio de Guerra, advertía sobre esta debilidad estratégica:
[...] en una emergencia bélica con el Paraguay […] existe el peligro que nuestro
abastecimiento y aprovisionamiento […] casi total y obligadamente efectuados en los
mercados argentinos, quede obstruido con gravísimo perjuicio para nuestros intereses
militares.
Informe del general Osorio al Ministerio de Guerra boliviano (Seiferheld, 1983, p. 283.)
Si bien existieron problemas, las importaciones de alimentos y otros insumos desde la
Argentina y otros países vecinos se mantuvieron durante toda la guerra. Hasta productos
del Paraguay ingresaron a Bolivia con el visto bueno del gobierno paraguayo.
La producción de petróleo de la empresa estadounidense Standard Oil en Bolivia no
pudo satisfacer las necesidades del ejército y durante la guerra fue permanente el
reclamo por la falta de gasolina. Bolivia tuvo que importar combustible y lubricantes, a
un mayor costo, de una destilería que la Standard Oil tenía en el Perú, o de la que
ingresaba ilegalmente desde la Argentina cruzando el río Pilcomayo por Puerto Cabo
Iriyoyen (Argentina) hacia Linares, según Kundt, «a un precio exorbitante». Después de
terminada la guerra se confirmaron las denuncias de que la Standard Oil de Bolivia,
desde 1926, venía sacando de contrabando parte de su producción hacia la Argentina, a
través de un oleoducto clandestino, con el visto bueno de altos funcionarios del
gobierno argentino y boliviano vinculados a esa empresa norteamericana.
Estrategia paraguaya

Tren transportando soldados paraguayos desde Puerto Casado al frente.
El estado mayor paraguayo planeó la defensa del Chaco utilizando las comunicaciones
existentes en la zona. Se trasladaron hombres y recursos desde Asunción por el
río Paraguay hasta Puerto Casado y desde allí por un ferrocarril de trocha angosta,
usado en la explotación de tanino, hasta muy cerca de Isla Poí, la principal base militar
en el Chaco. Durante la primera parte de la guerra, esta ventaja compensó, en cierta
medida, la superioridad boliviana en recursos.
Sin embargo, la falta de camiones fue crónica y permitió muchas veces que el enemigo,
totalmente desarticulado, pudiera escapar. El abastecimiento de agua, por igual motivo,
fue otro problema difícil de resolver. A principios de octubre de 1934, en su visita al
frente, el presidente Ayala le manifestó al comandante Estigarribia que no podía
proveerle de los 500 camiones que el ejército necesitaba con prioridad absoluta debido
al alargamiento de su línea de abastecimiento. Estigarribia justificó entonces su plan de
atacar a los bolivianos en Cañada El Carmen diciendo:
En este caso [...] no se debería perder tiempo esperando mejores perspectivas sino por el
contrario actuar pronto y decididamente porque nosotros no podemos movernos [por
falta de camiones] pero tampoco podemos quedar donde estamos.
Entrevista Estigarribia-Ayala, en Camacho, 6 de octubre de 1934 (Vittone, 1986,
p. 198).
Las ofensivas paraguayas se realizaron en las estaciones de poca lluvia, cuando el calor
era preponderante. Se utilizó la táctica del «cerco y aniquilamiento», el popularmente
llamado «corralito»: ruptura o envolvimiento del frente, penetración hacia la retaguardia
enemiga, corte del abastecimiento y mando enemigos. Se priorizó el movimiento,
rebalsando por los laterales las defensas fijas bolivianas, evitando los ataques frontales
de gran intensidad. El objetivo fue el aniquilamiento del ejército enemigo y no la
ocupación territorial. En febrero de 1934, un informe boliviano sobre el modus operandi
del ejército paraguayo decía:
La forma sistemática que el enemigo viene empleando en sus ataques consiste en el
amarramiento frontal, con grupos de combate y activas exploraciones de fuego para
buscar el envolvimiento, con su masa, de una o ambas alas, y la salida de fracciones
sucesivas sobre los caminos de retaguardia. Estas maniobras piden serias precauciones
para su ejecución; sin embargo, son llevadas [a cabo] por el enemigo con una confianza
imprudente, apoyado simplemente en el resultado moral de sus éxitos anteriores.
Informe del Comando Superior boliviano (Guachalla, 1978, p. 114).
Los oficiales más capaces fueron enviados al extranjero: Argentina, Chile, Francia,
Bélgica, Italia, para realizar estudios superiores. El pueblo paraguayo, con la convicción
de estar siendo nuevamente agredido, como había ocurrido 60 años antes por la
Argentina, el Brasil y el Uruguay, se unió nuevamente detrás del gobierno y su ejército
en lo que se conoce como Guerra total. Nadie dudaba de que el Chaco debía ser
«defendido». El pueblo colaboró con todo tipo de actividades, tanto en el país como en
el extranjero, para aumentar la producción de bienes exportables, recaudar fondos y
todo tipo de recursos para la guerra. En abril de 1934, los ciudadanos entregaron
800 mesas de madera de sus casas para construir 1200 cajas para 18 000 granadas de
mano construidas en los arsenales y que debían enviarse al frente con urgencia. Había
homogeneidad entre oficiales y soldados donde todos tenían las mismas tradiciones,
costumbres y hablaban el mismo idioma: el guaraní. En este aspecto el ejército
paraguayo tuvo una decisiva ventaja sobre su oponente boliviano donde habían distintos
grupos étnicos/lingüísticos, pronunciadas diferencias de clase, origen y cultura entre
soldados y oficiales, y hasta mercenarios extranjeros en los mandos superiores. Al poeta
y excombatiente boliviano Ángel Lara, que observaba a un grupo de prisioneros
paraguayos, le sorprendió que los soldados conversaran con sus oficiales «con toda
naturalidad»
La perfecta complementación entre dos hombres con características disímiles, el
comandante Estigarribia, como máximo responsable militar, y el presidente Eusebio
Ayala, en su función política y económica, permitió que el Paraguay tuviera una
conducción unificada y casi sin fisuras, imprescindibles para lograr los mejores
resultados en la campaña militar.
La adquisición de armas tuvo que superar tres problemas fundamentales:
 Tener abiertas las líneas de comunicación que pasaban por la Argentina: vías
férreas y de navegación.
 La escasez de recursos y de créditos.
 La necesidad del secreto para no provocar una reacción boliviana que acelerara
la guerra antes de que las mismas llegaran al Paraguay.
El envío del general Manlio Schenoni, en septiembre de 1926, a recorrer las fábricas de
armamento europeas tuvo como objetivo desviar la atención de los espías bolivianos,
pues la compra fue realizada por el doctor Eusebio Ayala utilizando secretamente los
estudios técnicos que el ejército argentino había realizado para su propio equipamiento
y los informes que enviaban los oficiales paraguayos que estudiaban en Europa.
mientras se observaba a un jefe [Schenoni], las adquisiciones se hacían en otra parte
subrepticiamente; se disipaba la alarma de Bolivia mientras realizábamos nuestros
planes. Por este motivo decía el Presidente de la República en uno de sus mensajes al
Congreso: «Preferimos hacer lo que no parece, a hacer parecer lo que no
hacemos».Ayala Queirolo (1985, p. 65)
Las compras se hicieron con gran meticulosidad y secreto, eligiendo las mejores armas,
a diversos proveedores. El Paraguay empezó y terminó la guerra con los mismos
oficiales y soldados. Solo tuvo que reponer los muertos, heridos y enfermos. Esto
significó contar, a los pocos meses de continuos combates, con un ejército
experimentado para la difícil guerra chaqueña.
Un aspecto importante de la estrategia paraguaya fue contar con el apoyo de la
Argentina como fuente de suministro de insumos vitales. A tal efecto se utilizaron las
históricas relaciones comerciales y las vinculaciones culturales, sociales y migratorias
existentes entre ambos países. Desde el punto de vista geopolítico, la Argentina
consideraba al Paraguay como la primera línea de defensa o la punta de lanza ante una
posible expansión brasileña hacia el oeste. Comenzada la guerra, el pueblo argentino
apoyó la causa paraguaya con donaciones y voluntarios de todo tipo.
El doctor Luque, redactor jefe de La Prensa, me dijo: «Yo no hablo en mi casa de lo
que en el diario se hace, y así jamás hablo de la cuestión paraguayo-boliviana; pero es lo
cierto que mi mujer, mis hijos y todo el servicio no pierden ninguna oportunidad para
expresar sus simpatías por el Paraguay. Ese es el espíritu de toda la gente».
(Rivarola, 1982, p. 134).
Estos hechos no fueron un secreto para el gobierno y el estado mayor boliviano, que
recibían extensos informes no solo de sus funcionarios radicados en Buenos Aires sino
del propio Luis Fernando Guachalla, embajador boliviano en Asunción hasta julio de
1931

Historial de Combate con Blindados
El ejército boliviano tuvo instructores extranjeros que formaron parte de las misiones
alemanas que prestaron servicios en Bolivia desde fechas tan tempranas como 1904.
Algunos de estos volvieron entre 1931 y 1934, como el mayor Wilhelm 'Wim' Brandt y
el mayor Achim R. von Kries, que llegaron a comandar tanques en la guerra del Chaco.
Se tienen datos de otros dos extranjeros: el ingeniero estadounidense John Kenneth
Lockhart y el Capitán austriaco Walter Kohn. Ambos fallecieron en la contienda, el
primero en la batalla de "Kilómetro 7", y el segundo en "Nanawa". Al menos dos
mecánicos de las unidades blindadas habrían sido de origen chileno. El resto de las
tripulaciones estuvieron integradas por voluntarios bolivianos que recibieron una breve
instrucción que duraba 8 semanas. Se prepararon al menos 2 tripulaciones por cada
vehículo.
El historial de combate de los blindados es limitado y poco documentado. Participaron
principalmente como parte de unidades de artillería o como reserva móvil de estas. Una
unidad entró en combate por primera vez en el cerco de Boquerón, los días 15 y 16 de
septiembre de 1932. Lo que los paraguayos describieron como un "pequeño tanque
boliviano con forma de cajón" era una tanqueta Carden-Loyd al mando del capitán
Lockhart perteneciente al "Destacamento Peñaranda" que habían sido enviados para
ayudar al "Destacamento Marzana" sitiado en Boquerón. En esa ocasión, Lockhart fue
herido por disparos de fusil al operar con las escotillas abiertas debido al calor
imperante, por lo que la unidad debió retirarse y no se la volvió a ver en esa batalla. El
general Luis Fernando Sánchez Guzmán, en su obra sobre Boquerón, habla del empleo
de 2 blindados en esta batalla, pero no se han encontrado informes que confirmen esa
afirmación.
Los blindados entraron en acción nuevamente en la batalla de "Kilómetro 7". Dos de
ellos, al mando en esa oportunidad de Kohn y Lockhart, actuaron juntos con el
"Destacamento Z" en apoyo del teniente coronel Bilbao Rioja encargado de frenar el
avance paraguayo hacia a Saavedra. Debido a averías mecánicas y al calor, ambos
tanques dejaron de operar y sus tripulaciones terminaron combatiendo como soldados
de infantería. Así perdió la vida Lockhart, acribillado en el pecho por una ráfaga de
ametralladora mientras lideraba una escuadra en un ataque frontal. Kohn quedó herido
por impactos de fusilería. No existen detalles del tipo de vehículos que actuaron en esta
batalla, debido a que los partes bolivianos y paraguayos hacen referencia a los blindados
genéricamente como "tanques Vickers" o simplemente "tanques". Por un tema de
logística se asume que se habría tratado de las tanquetas Carden-Loyd, porque a
mediados de octubre de 1932 todavía se estaba discutiendo la compra de los Mk.E más
pesados. Para el 19 de noviembre, una unidad, al mando del Tte. José Quiroga, se sumó
a la Batería de Artillería "Rivera" en la defensa del flanco izquierdo de la línea
boliviana.
Entre el 8 y 15 de diciembre de 1932, una de las tanquetas Carden-Loyd fue empleada
en los reconocimientos en el área que luego se llamaría "Campo Jordán". El 26 de
diciembre, un solitario tanque al mando de Kohn fue empleado por el centro del
dispositivo de ataque de la 4ª División de Peñaranda, en apoyo al RI-3 "Pérez". Al poco
tiempo de partir, el tanque empezó a moverse más lentamente y, aparentemente
averiado, fue abandonado por su tripulación sin haber siquiera entrado en combate
debido al intenso calor de más de 60°C dentro del vehículo. Más tarde, los zapadores
bolivianos recuperaron el vehículo para su reparación.
Es significativo que los bolivianos no usaran tanques en el importante primer ataque
contra las fortificacioness de Nanawa, en enero de 1933 ni en Toledo. Nuevamente se
usaron los tanques en la toma de Alihuatá, realizada entre el 13 y 18 de marzo de 1933,
aunque no se tienen detalles de su participación, cantidad ni conductores.
Experiencia boliviana y tácticas con Blindados
La utilidad de los blindados en el Chaco fue pobre debido a muchos factores: su escaso
número, el desconocimiento de la doctrina de uso de los mismos y las limitaciones
imperantes debidas al clima, geografía y la logística del ejército boliviano. Las
opiniones desfavorables del coronel Merino y el general Lanza respecto de la compra de
esos tanques y tanquetas se confirmó ampliamente en el terreno de los hechos.
El arma blindada hizo su aparición en la fase inicial de la guerra. Los tanques fueron
empleados principalmente como parte de las unidades de artillería, casi como cañones
autopropulsados de apoyo o nidos de ametralladora móviles. Esto hizo que no se
entrenase a la infantería para operar en conjunto con las unidades blindadas.
Sólo en la segunda batalla de Nanawa (julio de 1932) se intentó combinar los blindados
con la infantería para el ataque a posiciones fuertemente atrincheradas. Pese a las
condiciones favorables: suelo duro, baja temperatura, campo abierto, posiciones
enemigas bien determinadas, su éxito fue casi nulo. La falta de coordinación entre
infantería y los blindados llevó al fracaso a la mayoría de los intentos de uso del arma
blindada.
Las tanquetas fueron la mayor decepción debido a su uso en condiciones inadecuadas.
El delgado blindaje proveía de escasa protección a sus dos tripulantes que sufrían
frecuentemente lesiones del tipo rociado, tras ser alcanzadas por el fuego de
ametralladoras. La ametralladora prácticamente fija al frente del vehículo, limitaba
enormemente su campo de tiro. La estrechez de sus orugas restaba velocidad y
maniobrabilidad en las condiciones de terreno chaqueño, lo que impedía el uso de su
principal atributo,la velocidad. Por estas mismas razones se retiraron del uso en casi
todos los países a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, exceptuando al Japón.
El Servicio Secreto Boliviano, espías en la Guerra del
Chaco
La Paz, 1934. El conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay transita su tercer año.
Mientras la mayoría de la población anda ansiosa por saber noticias del Chaco, donde
centenares de soldados mueren por las balas, el hambre y la sed; otros, como un
vendedor de corbatas en inmediaciones de la plaza San Francisco, siguen su rutina. Para
todos, él solamente es eso: un comerciante ... no para los agentes especiales del Servicio
Secreto Boliviano (SSB).
Días de seguimiento han permitido al grupo de Inteligencia llegar a la conclusión de que
tras ese quiosco se esconde un espía paraguayo. El infiltrado pasa información directa a
su país sobre la movilización de tropas bolivianas y la llegada de armamento. La red de
la que él forma parte es descubierta por la Operación Rosita. El “pila” es en realidad el
capitán Freitas, un oficial asentado en La Paz desde 1928.
“En la Guerra del Chaco peleamos además contra el espionaje de Paraguay y sus
aliados, Argentina y Chile”, expone el general de Ejército Luis Fernando Sánchez
Guzmán, autor del libro Soldados de Siempre. En él revela las operaciones de espionaje
boliviano realizadas entre 1933 y 1935. Una aventura, al puro estilo James Bond.
Carnavales. Había transcurrido un año y cinco meses desde el cerco a Boquerón,
ocurrido en septiembre de 1932, y casi 365 días del triunfo boliviano en la batalla de
Kilómetro Siete, entre noviembre de 1932 y febrero de 1933. En medio de esa
emergencia, una fiesta privada de carnavales se organiza ese 1934. La celebración sólo
es una fachada.
Asisten civiles y militares, algunos recién llegados del campo de acción. Entre los 48
invitados se encuentran Rosa Aponte Moreno, una joven cruceña de 20 años; el
excombatiente Gastón Velasco Carrasco, el migrante español Alfredo Fernández Sibauti
y el párroco mexicano Alfonso Ivar. La intención: armar el que sería el Servicio Secreto
Boliviano para trabajos de espionaje y contraespionaje.
Todo el grupo, conformado íntegramente por voluntarios, es entrenado por el alemán
Karl Heming. “Karl había combatido en la Primera Guerra Mundial y formaba parte de
una colonia alemana que se identificó desde el primer momento con la causa boliviana”,
relata el general Sánchez. Otros colaboradores germanos en la misión fueron Wálter
Mass y Otto Berg. En 1934, mientras paraguayos y bolivianos luchan a muerte en las
candentes arenas chaqueñas, el SSB alista un operativo. De Potosí llega la noticia de la
instalación de un Consulado de Paraguay en La Quiaca, Argentina. La posición es
estratégica pues el grueso del Ejército boliviano pasa por Villazón, a metros de la
frontera. Algo se cocina desde Asunción.
Rosita Aponte trabajaba en el Parlamento antes de ser entrenada por el SSB y destinada
a Villazón con un grupo de Inteligencia integrado por otras dos damas, por Gastón
Velasco y Carlos Ackerman, un experto en cajas fuertes. La bella cruceña abre una
pensión cerca de la legación diplomática guaraní y, con la complicidad de sus dos
amigas, conquista a los funcionarios consulares, a quienes invita a un baile.
“Todo estaba planificado. Ellas entraron como ciudadanas peruanas”, reseña el escritor.
Esa noche, mientras los paraguayos se divertían, Velasco y Ackerman ingresan al
Consulado y sustraen de una caja fuerte documentos que permiten descubrir la red de
espías que operaba en territorio boliviano.
“Cayeron argentinos, paraguayos, chilenos y hasta bolivianos ligados a ellos”, resume
Sánchez. Uno de los descubiertos fue, precisamente, el capitán Freitas, el vendedor
paraguayo de corbatas en San Francisco que enviaba informes a su país. El delator fue
fusilado en La Paz. Esta misión se llamó Operación Rosita, por Rosa Aponte.
El mismo 1934, el SSB descubre que funcionarios chilenos que vivían en La Paz eran
agentes paraguayos. Había que hallar pruebas que los incriminen. Y Rosa toma la
misión. El SSB abre un prostíbulo por la plaza Riosinho. Dos chilenos llegan al lugar y
pasan la noche con dos damas. Al día siguiente, ya en el domicilio de uno de ellos, por
las calles Colombia y México, ingresa un desfile militar. Los trasandinos asoman sus
cabezas y junto a ellos las dos mujeres. Desde abajo, agentes les toman fotos con las
que luego son chantajeados para dar a conocer los nombres de otros informantes. Rosa
Aponte participa de más acciones antes de casarse con un oficial. Muere en los años 90.
Otra historia es la de Alfredo Fernández Sibauti, cuidadano español que se cría en la
ciudad de Sucre. Una vez estallada la guerra, el Españolito —como después fue
bautizado— pasa a formar parte del SSB. El delgado hombre con grandes dotes para la
actuación es encomendado en 1934 a entrar en el corazón del enemigo. Su maestro es
Gastón Velasco, el mismo que ayudó en La Quiaca a descubrir la red de espías. El
nuevo agente, que no pasa de los 30 años, una vez en Asunción y tras declarar su
pretendido “odio” a los bolivianos, logra ser aceptado en el grupo de espionaje de ese
país.
Fernández Sibauti envía inestimable información a Bolivia desde las mismas oficinas
del Servicio de Inteligencia Paraguayo. Gracias a esos datos, la cañonera Humaytá
quedó fuera de acción tras la explosión de una carga de dinamita en su caldera. Con sus
informes se desbarata más redes de espionaje y se captura agentes enemigos en Arica,
Chile. Sin embargo, a fines de 1934 el Españolito es interceptado por la Inteligencia
paraguayo-argentina, torturado y luego acuchillado en un hospital.
Sacerdote. Sólo por su apellido, Zetaro, se conocía en la ciudad paceña a un argentino
que proviene de una familia adinerada de Tucumán. Recién llegado, en los años 30, el
inmigrante se contacta con los grupos de poder locales y en 1934 se ofrece como
voluntario para ser agente de la Inteligencia boliviana.
En su vertiginosa carrera, llega inclusive a ser el estafeta del que después sería
presidente de la República: el teniente coronel Germán Busch Becerra. El accionar de
Zetaro pasa desapercibido para todos, excepto para el SSB.
Aquí entra en escena el mexicano Alfonso Ivar, sacerdote de día y cazador de desertores
por la noche. Llegado de México a principios de los años 30, Ivar trabaja ya como
agente secreto para el gobierno de Daniel Salamanca. Famoso por “pescar” delatores en
los bares, llega a ser Jefe de Policía durante la Guerra del Chaco. “Dicen que andaba
con sotana y con una pistola en la cintura”, cuenta el general Sánchez.
El cura mexicano, fanático de la causa boliviana ante Paraguay, dirige la investigación
de Zetaro y descubre que el argentino es parte de una red paraguaya de espías. Pese a la
constatación, el protocolo diplomático impide que el Gobierno boliviano tome acciones.
“Era como ganarnos un lío con Argentina”, dice Sánchez. Zetaro, expulsado del país,
parte en tren a la localidad de Guaqui. En el viaje, repentinamente se detiene la
locomotora y aparece en persona el cura Alfonso, quien ejecuta al argentino con dos
disparos. Años después, Ivar sería asesinado en Perú, en su ley.
Otra leyenda del espionaje boliviano se refiere al “gladiador” Ustáriz. En el Curso de
Cóndores Satinadores en Sanandita, Tarija, el capitán Víctor Ustáriz Arce personifica el
ideal del soldado boliviano. Llamado Charata y Baqueano, el tarateño se convierte,
desde 1923, en una pesadilla de los paraguayos. “Como los límites entre Bolivia y
Paraguay no estaban definidos, instalar guarniciones y fortines era común antes de la
guerra, y en ello Ustáriz fue el mejor”, desliza el teniente José Luis Alarcón, en el libro
Vida y Muerte del Satinador # 1 de Bolivia. Para los militares, el satinador es el
especialista en tácticas de guerra en el frente de acción.
En los años 20, el entonces teniente Ustáriz aprende todos los secretos del Chaco de su
inseparable amigo: un mataco a quien bautiza como Cabo Juan. Con esos
conocimientos, más de una vez se infiltra en las filas “pilas”. Su valor es reconocido en
las páginas de la historia del conflicto bélico. En 1928 desafía a la metralla enemiga y
con una fracción de soldados toma el Fortín de Boquerón de manos paraguayas.
Ustáriz recibía tratamiento médico en Buenos Aires cuando estalla la guerra. El cerco a
Boquerón, en agosto de 1932, le impulsa a volver a Bolivia para viajar al Chaco. El ya
capitán se presenta ante el entonces general José Luis Peñaranda, el 7 de septiembre de
1932, y con una patrulla abre una ruta hasta Toledo. Al día siguiente recibe la orden
para entrar a Boquerón y socorrer a los 600 soldados bolivianos que eran hostigados por
unos 13.000 “pilas”.
Ustáriz, que conoce el terreno como la palma de su mano, entra al cerco a las 21.00 del
11 de septiembre junto a 54 soldados y se reúne con el teniente coronel Manuel
Marzana. Es difícil resistir el embate del enemigo, por lo que el Baqueano decide abrir
una brecha. La jornada siguiente, su destacamento en pleno ve cómo una ráfaga de
metralla frena por el frente y la retaguardia el avance del Charata en la trinchera. El
capitán muere a sus 35 años. “Ustáriz muere combatiendo cara a cara con el enemigo.
Herido de muerte, cae sobre su arma besándola como si fuera una cruz”, refiere el
teniente Alarcón.
Audaz, el aporte de Ustáriz, el primer espía militar de Bolivia, y de los agentes civiles
Aponte, Fernández, Velasco, Ackerman e Ivar, entre otros —como Elvira Llosa, que
luego de casó con el dramaturgo y periodista Raúl Salmón de la Barra— fue
fundamental para Bolivia. Ellos escribieron con gloria la historia de los espías
bolivianos, agentes secretos bolivianos que lograron descubrir la red de espías
paraguayos, argentinos y chilenos que operaba desde la ciudad de La Paz.
Operaciones aéreas navales paraguayas y
operaciones aéreas bolivianas

En vista de que todas las tropas y abastos que Paraguay enviaba al Chaco se embarcaban por el
Río Paraguay, el control aéreo sobre el río cobró una importancia considerable. La Armada
Paraguaya tenía un arma aérea pequeña (Aviación Naval) equipada con dos hidroaviones
Macchi M.18, un hidroavión Savoia S.59 bis y un hidroavión de transporte CANT 10 ter.
La Armada acantonó su pequeña fuerza en Bahía Negra en el sector norte del Chaco para
apoyar a las fuerzas del ejército que bloqueaban cualquier avanzada boliviana río abajo.
Durante la guerra, el arma aérea paraguaya voló 145 misiones, inclusive misiones de
reconocimiento y operaciones de ataque terrestre. La unidad aérea Naval mantuvo a los
bolivianos bajo presión en la parte superior del Río Paraguay e inclusive llevó a cabo los
primeros bombardeos nocturnos que se efectuaron en América. El 22 de diciembre de 1934,
un Macchi M.18 bombardeó las bases bolivianas en Vitriones y San Juan dejando caer 400
libras de bombas.
Los bolivianos también acantonaron una pequeña escuadrilla aérea en el sector norte del
Chaco y atacaron el tráfico por el río Paraguay en varias ocasiones. En vista de la dependencia
en el río como línea de comunicación, la pérdida de una cañonera o un buque de vapor grande
a causa de un ataque aéreo hubiera sido muy grave para Paraguay.
Para contrarrestar la amenaza aérea boliviana, la Armada Paraguaya utilizó sus cañoneras
pesadas, que estaban bien equipadas con cañones automáticos, para escoltar los botes con
tropas o abastos y para servir como baterías de artillería antiaérea flotantes en las bases
principales de Concepción y Puerto Casado. El desempeño de las cañoneras fue admirable y en
varias ocasiones alejaron a los aviones bolivianos. Inclusive la cañonera Tacuary se atribuyó el
derribo de uno de los aviones atacantes sobre Bahía Negra, el 22 de diciembre de 1932. A
causa de los esfuerzos de la Armada, los bolivianos ocasionaron daños mínimos al tráfico
logístico de Paraguay.



Embargo de armas aéreas

Si bien ambas fuerzas aéreas enfrentaban un desgaste de aviones considerable, el problema de
encontrar aviones de reemplazo se dificultaba a causa de un embargo sobre la venta de armas
a ambos combatientes por parte de la Liga de las Naciones y el gobierno norteamericano. Sin
embargo, aunque los embargos eran inconvenientes, tanto Bolivia como Paraguay dieron
muestras de ingeniosidad al evadir los controles internacionales e importar suficientes aviones
para mantener a sus fuerzas aéreas volando.
Bolivia dependía del apoyo de Chile. Ese país había comprado la licencia para ensamblar
algunos aviones Curtis, inclusive el Curtiss Falcon. En vista de que los Osprey bolivianos
estaban desgastados por el combate y los accidentes, los bolivianos querían un avión de
combate biplaza y más rápido y el Falcon era un reemplazo excelente. Los bolivianos pudieron
importar varios Falcon de Chile durante la guerra en vista de que Chile silenciosamente
ignoraba el embargo de la Liga de las Naciones. Los Curtiss Hawk y Sea Hawk, los mejores
aviones de combate en Bolivia, también fueron comprados a través de una conexión chilena.
El intento más emprendedor de Bolivia para evadir los embargos de Estados Unidos y de la
Sociedad de Naciones sucedió en 1934 cuando Bolivia hizo un pedido de cuatro bombarderos
Curtiss Condor. Estos bombarderos biplanos grandes transportaban una carga de bombas de
una tonelada, tenían tres torretas, cada una con una ametralladora calibre .30 y de gran
alcance. Oficialmente, los bolivianos querían esos aviones para el “transporte médico”, pero
en vista de que los “Cóndor” fueron ordenados con equipo militar, inclusive torretas,
ametralladoras y portabombas, eso fue poco probable.
La explicación probable del motivo del pedido fue que en vista de que las cosas iban
sumamente mal en el campo de batalla y el hecho de que los bolivianos querían un
bombardero pesado con el alcance para bombardear a Asunción desde Bolivia, los Condor
llenaban los requisitos. Cuando Estados Unidos rehusó permitir la venta de los aviones, los
bombarderos fueron comprados por subterfugio por una aerolínea recién creada—la Tampa-
New Orleans-Tampico (TNT) Airline. Los cuatro “Cóndor” llegaron hasta Perú, momento en que
el gobierno norteamericano y diplomáticos paraguayos fueron alertados y exhortaron a Perú a
que embargara los aviones.
Bajo el embargo de la Liga de las Naciones, Francia embargó 10 Potez 50 ordenados por
Paraguay y los Países Bajos detuvo el envío de cinco Fokker CVD. Durante la guerra, Uruguay y
Argentina conspiraron para apoyar las compras de armamento de los paraguayos. Uruguay
permitió que aviones provenientes de Europa se transbordaran en sus puertos y Paraguay
compró a través de fuentes argentinas una variedad de aviones entrenadores, de transporte y
de enlace.



Evaluación de la guerra para la aviación

El desgaste de aviones y pilotos durante la guerra fue alto para ambos lados. El principal
aniquilador de aviones y pilotos fueron los accidentes operacionales. De los nuevos Curtiss
Osprey que Bolivia había ordenado, se perdieron dos en combate y cuatro en accidentes
durante la guerra. Paraguay perdió cuatro aviones en accidentes de entrenamiento con cuatro
muertos durante la guerra. Durante la guerra, Bolivia volaba entre 57 y 62 aviones de combate
y 22 aviones entrenadores y de transporte.
Paraguay volaba 32 aviones de combate y 23 aviones entrenadores y de transporte. Según
cifras oficiales paraguayas, durante la guerra Paraguay perdió nueve aviones (dos Wibault,
cuatro Potez 25, un CANT, dos Fiat CR20) y Bolivia perdió diez (6 Osprey, un Junkers, un Hawk y
dos Curtiss Falcon). La principal causa de estas pérdidas en combate fue el fuego terrestre. Los
combates de aire a aire eran relativamente pocos. Sin embargo, cuando las fuerzas aéreas se
enfrentaban ocurrían combates agresivos entre los aviones caza, como por ejemplo un choque
insólito entre un bombardero Potez 25 paraguayo y dos bombarderos Breguet XIX bolivianos.
En varias ocasiones, hubo ataques muy exitosos en contra de bases aéreas y depósitos de
pertrechos del enemigo. El ataque paraguayo de más éxito durante la guerra se llevó a cabo en
contra de la pista de aterrizaje y el depósito boliviano en Ballivián el 8 de julio de 1934. Cuatro
Potez 25, escoltados por dos aviones de combate Fiat, lanzaron 40 bombas sobre la pista de
aterrizaje boliviana y destruyeron, como mínimo, cuatro aviones de combate Curtiss
estacionados y dañaron otros aviones.
Los bombarderos Potez también atacaron y destruyeron el depósito de combustible principal
en Ballivián lo que ocasionó una escasez severa de combustible para un ejército que ya estaba
padeciendo de escasez de combustible y pertrechos. Después de la Batalla del Cármen, en
noviembre de 1934, las unidades aéreas bolivianas cubrieron la retirada del ejército boliviano
atacando constantemente a las unidades de avanzada paraguayas.