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INSTITUTO DEL ROSARIO

PROFESORADO “GABRIELA MISTRAL”
ESCUELA DE TRABAJO SOCIAL
“CARDENAL ERNESTO RUFFINI”


II PARCIAL DE HISTORIA

ALUMNA: BOSCO, Nilce

PROFESORA: PITTUELLI, Stella Maris

LUGAR: Villa María, Córdoba

FECHA: 18 de Junio del 2014





NILCE BOSCO – TRABAJO PRÁCTICO III, HISTORIA
2014
HISTORIA DE LAS CLASES
POPULARES EN
ARGENTINA
INSTITUTO DEL ROSARIO
PROFESORADO “GABRIELA MISTRAL”
ESCUELA DE TRABAJO SOCIAL
“CARDENAL ERNESTO RUFFINI”
P R OF E S OR A : P I T T T UE L L I , S T E L L A MA R I S


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1) De la lectura del capítulo 7 del texto “Historia de las clases populares
en argentina”, elabora una fundamentación de las políticas de control social
en las áreas ruarles, teniendo en cuenta los fragmentos del poema de
Hernández “Martín Fierro”
Estado generó una para combatir la presencia de agregados y vagos en tierras
públicas.
La expansión de una economía capitalista en Argentina no trajo sólo ventajas
para el espectro popular, por el contrario, produjo una nueva ofensiva estatal,
estimulada por los grandes propietarios, con el fin de aumentar la oferta de mano
de obra para las estancias. El objetivo era: convertir a los paisanos en asalariados;
para ello se acentuaron una serie de controles sociales, entre los que podemos
destacar: la papeleta de conchabo, la circulación de personas y la regulación en
el trasporte, el uso de cuchillos, la venta de alcohol, el juego y la presencia de
pulperías volantes en torno de las que se nucleaban los paisanos. De este modo
la presión sobre ellos se fue incrementando cada vez más.
En 1865 se legislo el Código Rural, el cual fue un paso en el afianzamiento de
los derechos de propiedad ajena y en el intento de controlar las prácticas
culturales de los pequeños productores y de los trabajadores de las estancias.
Sumado a estas se implementa una política de represión a la vagancia, la cual
les permitía a las autoridades rurales endurecerse con los peones y los pequeños
productores; apartándolos de la economía en crecimiento e impulsándolos a ser
mano de obra barata.
En Entre Ríos se sanciono también una ley de arrendamiento de tierras
públicas que exigía a los propietarios presentar títulos, cuando muchos paisanos
que ocupaban tierras no los tenían. Se pusieron en venta tierras baldías que hasta
entonces se usaban como espacios comunes para pastoreo. Todo esto significo
un quiebre con la tradición de intercambios que habían sostenido el Estado y los
pobladores. Por su parte en Córdoba se homologo además un reglamento de
justicia y policía y una ley contra el abigeato, además de algunas nombras
anteriormente.
Todas estas disposiciones tenían antecedentes, pero ahora el Estado contaba
con más fuerza para hacerlas cumplir. Los Jueces de Paz recibieron el encargo de
perseguir y castigar a los desprotegidos de siempre, y su accionar represivo creció
como nunca.

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Un claro ejemplo de todo lo sucedido es “El gaucho Martín Fierro”. Él vivía en
su ranchito con su mujer e hijos y trabajaba de peón domador. A pesar de conocer
la situación, las autoridades lo apresaron, le pegaron y lo enviaron a cubrir
servicios en la frontera con los indígenas. Estuvo allí durante tres años al volver a
su hogar se encontró con que había perdido sus tierras, su mujer y sus hijos. Una
noche abrumado por sus desgracias, Fierro se emborrachó y terminó matando en
un duelo a un moreno, tras lo cual empezó a huir de la justicia. El problema central
fue que, no era querido por el Juez de Paz; no pertenecía a su red, que podría
haberlo protegido.
2) Situación política y económica de Argentina y su integración a los
mercados mundiales, teniendo en cuenta el marco internacional
Entre la década de 1840 y el año 1880 la atención política y económica de
Argentina se concentra en dos procesos fundamentales: la formación del Estado
Nacional y la expansión de una economía capitalista.
El primero fue la lenta construcción de un poder por encima de las provincias,
que terminó por convertirse en una institución respetada por ellas y por el conjunto
de sus habitantes, en un territorio con fronteras definidas, en el cual contaba con
el monopolio de la fuerza y la capacidad de acuñar moneda. El otro, desarrollado
al compás del libre comercio y la plena integración a un mercado atlántico en
franco crecimiento durante el siglo XIX, implicó una modernización de las finanzas
y el trasporte, una mayor integración del territorio argentino, la concentración de la
riqueza, la proletarización de buena parte de la población y el comienzo de una
migración masiva desde Europa, que se completo con la desaparición de la
tenencia corporativa de la tierra y la ocupación criolla de los espacios controlados
por indígenas.
Situación económica
A fines de la década de 1840 los productores rurales bonaerenses empezaron a
orientarse hacia la lana para exportación. Así, durante cuatro décadas la cría de
ovejas se convirtió en la principal actividad económica de la provincia, relegando al
ganado vacuno. Fue la caída continua de los precios internacionales de cuero y el
sebo desde la década de 1820 lo que llevó a muchos productores de Buenos Aires
a volcarse al ovino, dado que el precio de la lana subió sostenidamente; la gran
mayoría de los productos se exportaba a mercados europeos que estaban en
franco desarrollo.
Al compás de este nuevo crecimiento, Buenos Aires triplicó su territorio y llegó a
su tamaño actual. En las zonas del antiguo poblamiento aumentó la división de la

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propiedad, mientras que en las tierras quitadas a los indígenas se formaban
latifundios de inédita magnitud.
A fines de la década de 1850 la cría de ovejas era la actividad fundamental
de la provincia de Buenos Aires y también se expandió a otras, aunque el grueso
de la producción siempre estuvo en aquélla. En relación a la cría del ganado
vacuno y el equino, la cría de ganado ovino requería más mano de obra: a las
ovejas había que limpiarlas, marcarlas, curarlas y cuidarlas del clima. La era del
lanar implicó un aumento en la demanda de brazos, intensificando el problema
de los grandes productores porque los salarios se hicieron cada vez más altos,
sumado a que debían competir por los trabajadores, lo cual daba ventajas en las
negociaciones a quienes se empleaban.
Por un lado contrataban a puesteros, que se instalaban en una parte de las
estancias por períodos largos, a veces con sus familias, que los auxiliaban en sus
tareas de cuidar los rebaños. Luego estaban los peones que eran contratados por
mes, y los jornaleros que recibían una paga por día y eran abundantes
especialmente en la época de parición, castración y esquila, cuando las tareas se
hacían muy intensas.
Parte de la mano de obra estacional era proporcionada por el Interior. Había
cordobeses y santiagueños que migraban sólo por la primavera, época de la
esquila, y retornaban, mientras que otros se quedaban a probar suerte en Buenos
Aires, donde los salarios eran significativamente altos y en ascenso. Esto empezó
a atraer, al mismo tiempo inmigrantes europeos y permitió la conversión de
muchas mujeres en trabajadoras asalariadas, fundamentalmente como
esquiladoras.
El peso del salario para los estancieros hizo que la expansión del lanar no fuera
llevada adelante solamente con trabajo asalariado sino que se montó también el
antiguo sistema de aparcería: muchas familias se instalaron en las estancias y a
cambio de su trabajo obtenían un porcentaje de la venta del producto. Ante esta
autonomía, dada por el sistema a los aparceros, los estancieros elaboraron una
forma de control:
 Obligaban a los aparceros a darle la producción a la administración central, que
la vendía y luego les pagaba su parte. Esto era para que ellos no participaran
en la comercialización y para que los estancieros se quedaran con los
beneficios de ese rubro.
Entre 1850 y 1860, fue considerada la “edad de oro” de estos aparceros, cuando
con la actividad en franco crecimiento varios pudieron prosperar, volviéndose

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arrendatarios o propietarios a cargo de su propia producción, sin habiendo tenido
nada en el comienzo de la relación contractual.
Para 1880 Argentina afianzaba su plena conversión en una economía
capitalista, todo el espacio nacional estaba cada vez más mercantilizado. Se
consolidó la propiedad privada y se da inicio a un nuevo modelo Agro-exportador.
Fue la región Pampeana clave de la integración económica con el mercado
mundial.
Situación política
En esta época se produce en la Argentina dos acontecimientos que la marco: la
creación de la Constitución Nacional; y su consolidación como un Estado
Nacional.
Entre 1860 y 1880 conviven en nuestro país dos gobiernos diferentes, junto a
tres presidencias fundamentales: Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Durante ese
momento se generó una gran disputa, que tenía como eje de discusión “un ideal
de país”. Dentro de este ideal se hallan dos modelos totalmente diferentes.
Por un lado se encontraba el modelo de Sarmiento. Este se sustentaba en
ideas traídas de Norteamérica y plantea que la educación primaria era
fundamental, un elemento aglutinador que iba a permitir dar identidad al país y
eliminar la barbarie. La misma debía ser obligatoria para todas las niñas.
Sarmiento sostenía que saber leer y escribir era necesario para poder así
incorporarse al mundo del consumo, y por este consumo llevaría a un movimiento
en las industrias.
Por el otro lado se hallaba el modelo de Alberdi, el cual acentuaba sus bases
con ideas traídas de Europa. Consideraba a diferencia que el modelo de
Sarmiento que lo importante no era la educación primaria sino la superior, es
decir, la instrucción en las artes prácticas para que la persona pueda incorporarse
al nuevo mundo del trabajo y poner así en funcionamiento la industria.
3) Relaciones productivas en el interior del país y su manifestación en
los diferentes sectores sociales
Santa Fe
La nueva época genero oportunidades de crecimiento para la provincia. Los
gobiernos empezaron a presionar sobre territorio indígena para ampliar la
superficie productiva, que empezó a ser privatizada con rapidez.

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En el sur de Santa Fe se expandieron las ovejas de un modo parecido al de
Buenos Aires; en el norte lo hizo la ganadería vacuna y en el centro se fue
desenvolviendo una agricultura llevada adelante por colonos extranjeros. Estos
últimos se desarrollaron en parte por impulso del Estado, que les vendía tierras a
precio muy bajo, o a través de empresarios que adquirían tierras fiscales y las
subdividían creando colonias cuyas características eran indicadas por el Estado.
Más tarde, empresarios privados sin intervención estatal siguieron adelante con la
creación de colonias.
No se sabe exactamente qué ocurrió con los paisanos criollos que habitaban
antes la provincia; tal vez algunos se marcharon al polo de crecimiento que se
formo en la ciudad de Rosario, al sur de la provincia, que también atraía muchos
inmigrantes. Allí a partir de 1852 las actividades portuarias, de carga y de trasporte
empezaron a tener gran importancia, empleando a muchos miembros de las
clases populares.
Otra gran demanda de empleo provenía de la construcción, clave en una ciudad
en permanente incremento demográfico. Los talleres artesanales brindaban
también mucho trabajo a las clases populares, encontrándose peones y jornaleros
que recibían una paga. Muchos de los que se empelaban en talleres eran dueños
de sus propias herramientas, lo cual los ubicaba en una posición intermedia entre
asalariados y cuentapropista.
Fuera de la ciudad no había casi actividad industrial, con excepción de los
saladeros, astilleros del río Paraná y los molinos harineros (todos ellos utilizaban
trabajo asalariado).
Mendoza
Hacia fines de 1840 el descubrimiento de oro en California había generado una
fiebre que causó una gran demanda de trigo y volcó a Chile a esa producción
abandonando en parte la ganadería. Mendoza empezó entonces abastecerlo de
vacas y también a cultivar cereales para vender en el Litoral.
Para ambas actividades faltaba mano de obra, ya que el costo de transporte
hacía que fuera complicada la afluencia de inmigrantes europeos. Si bien una
parte de la escasez fue apaleada por el arribo de chilenos, el estado procuro
solucionar el problema a través de la presión sobre las clases populares, sobre
todo controlando la papeleta de conchado.
La década de 1870 trajo grandes cambios: Chile perdió sus mercados de trigo y
volvió a la ganadería, al tiempo que Santa Fe le quito el merado de cereales del

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Litoral. Entonces Mendoza se volcó a la vitivinicultura. Esta nueva estructura
productiva hizo que la mano de obra se fuese centrando allí.
Tucumán
Allí la economia continuaba siendo diversificada, con una gran cantidad de
pequeños productores que se dedicaban a la ganadería, al cultivo de tabaco, a la
elaboración de carretas y a otras tareas. Muchos de estos eran propietarios pero
a la vez, muy pobres; de hecho la desigualdad en la provincia era la más alta del
país.
En la década de 1860 se produjo una novedad: varios propietarios de trapiches
comenzaron a investir en maquinaria para elaborar azúcar y aguardiente que
vendían en el mercado original. El giro productivo se afianzó cuando en 1876 el
ferrocarril unió a la provincia con los mercados del Litoral. Un rasgo de esta
transformación fue que la provincia mantuvo una característica: la producción
conservó un lugar importante en el cultivo de la caña.
Mientras la zona central se especializó en el azúcar, los otros departamentos se
dedicaron a producir alimentos para esa zona central, también sobre la base de
los pequeños propietarios y arrendatarios.
En el área dedicada al azúcar aumento la demanda de mano de obra, porque la
actividad la requería en alto grado. Pero a pesar de ser Tucumán la provincia con
mayor densidad de población de la época, buena parte de ella mantenía su
estructura campesina por lo que la disponibilidad de trabajadores para las grandes
explotaciones era baja. Por lo tanto fueron migrantes de otras provincias los que
pasaron a cubrir la mano de obra necesaria, en particular los santiagueños.
La expansión azucarera marcó el final de las tierras comunales de los
Tolimbones; la presión de algunos propietarios poderosos y la adaptación de los
indígenas a la nueva situación hicieron que las tierras se vendieran, para
conformar una gran propiedad. Así lo que quedaba de los últimos pueblos indios
fue desapareciendo.
4) Consecuencias inmediatas, en el político y social de la derrota del
Gobierno de Rosas en la Batalla de Caseros
La victoria de Urquiza frente a Rosas en la batalla de Caseros dio inicio a una
nueva etapa en el país. Se abrieron las puertas a la acción popular en la ciudad
porteña, que parecía haberla olvidado. Al día siguiente de la batalla los restos del
ejército vencido, unidos a hombres y mujeres de la plebe, se lanzaron sobre

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distintos barrios para realizar un saqueo generalizado. Así la etapa pos-rosista
comenzaba con una masacre de miembros de las clases populares.
La ciudad vio renacer la agitación política, en medio de la efervescencia por el
cambio: se organizó y fortaleció la milicia, que pasó a llamarse Guardia Nacional;
se celebraron actos públicos masivos y se desarrollo una intensa vida asociativa,
con la creación de clubes políticos, asociaciones mutuales y sociedades
filantrópicas, que incluyeron muchos miembros, entre ellos varios del mundo
popular.
El eje de los debates se centraba en una sola cosa: el futuro de la
Confederación. Urquiza, apoyado por los gobernadores, impulso la reunión de
un congreso para dictar una constitución. Todas las provincias estaban
dispuestas a resignar una porción de su soberanía para construir una autoridad
por encima de ellas, en forma de un Estado Federal. Solo Buenos Aires se opuso,
celosa de sus privilegios y temerosa porque la convocatoria no respetaba la
cantidad de población para diputados, sino que otorgaba el mismo número de
representantes a todas las provincias.
Es así que el 11 de septiembre de 1852 la elite porteña se levantó en armas,
con cierto apoyo popular, y el Estado de Buenos Aires se separó del resto de la
Confederación. Enseguida organizó un ejército para lanzarse sobre Santa Fe,
donde estaba reunido el nuevo Congreso.
La situación reactivo otra vieja práctica: la tensión entre la Confederación y
Buenos Aires. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en 1820, 1829 y 1833, en
esta ocasión la triunfadora fue la confederación. Así, mientras en 1853 el
Congreso sancionaba finalmente una Constitución Nacional y daba el primer paso
en la construcción efectiva de un Estado Federal, entre otras cosas por el
nombramiento de un presidente (Urquiza), Buenos Aires se separaba del resto e
iniciaba una vida independiente.

5) Consecuencias que trajo consigo la división del país: Confederación
vs Estado de Buenos Aires
Lo cierto es que después de la división entre la Confederación y el Estado de
Buenos Aires varias cosas habían cambiado, Buenos Aires ya no sea la misma.
Por un lado, la euforia rosista de la década de 1830 se había licuado con la
tranquilidad política porteña posterior a 1842; por el otro el gran crecimiento
económico acelerado de la provincia desde fines de la década de 1840 hizo crecer

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la población, atrajo inmigrantes, fue cambiando al viejo pueblo bajo que antes
había sido federal.
De todos modos, la afirmación de los liberales en el gobierno de Buenos Aires
no implicó la calma. Con la campaña se vivió una época de gran conflictividad en
la frontera y además vivió dos pequeñas invasiones de federales bonaerenses,
ambas vencidas. La segunda, en 1855, terminó con la rendición de los atacantes,
los cuales fueron declarados bandidos y fusilados en el mismo lugar del combate.
En 1859, la tensión entre la Confederación y Buenos Aires desembocó en un
conflicto militar: la batalla de Cepeda. En la misma Urquiza venció a los porteños y
obligó a la provincia secesionista a volver a la Confederación.
Al poco tiempo, el conflicto se reactivó, y las partes se volvieron a enfrentar
militarmente en la batalla de Pavón. La victoria en esta ocasión fue para los
porteños, quienes aceptan la Constitución Nacional pero con algunas reformas,
pudiendo ponerle fin a la inestabilidad política en la provincia pero intensificándola
en el resto del país.
6) Nuevo orden que impuso el país luego de la Batalla de Pavón y la
reacción de los caudillos del Interior frente a esto
Luego de la Batalla de Pavón, en 1862, Buenos Aires impulso a su gobernador,
Bartolomé Mitre, como presidente de la Nación. Su primera medida fue volcar por
la fuerza las situaciones provinciales a su favor, para dirigir una organización
nacional con hegemonía de Buenos Aires.
Mientras Urquiza se replegaba en su provincia, varios gobernadores federales
enfrentaron movimientos internos que los derrocaron y pusieron en el mando a
grupos ligados a la nueva política porteña.
Aunque existieron pequeñas resistencias en varios lugares, la oposición más
activa a ese regreso porteño al Interior se dio en la provincia de La Rioja. El
caudillo de los llanos, el Chacho Peñaloza, que en ese momento era la principal
figura de la provincia, encabezó una resistencia abierta contra la nueva intromisión
“nacional”, en nombre del federalismo. Se levanto en armas al frente de
montaneras formadas por labradores, artesanos, peones y arrieros. Es decir, eran
una representación de las clases populares, principalmente de los “gauchos”, los
pobladores pobres de la campaña.
Peñaloza se movió por varias provincias, acosado por las tropas porteñas. Fue
derrotado dos veces y se refugió en los Llanos, desde donde partió a San Luis a
auxiliar a rebeldes de esa provincia; fue nuevamente vencido y volvió a su tierra.

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Su capacidad de resistencia llevó al gobierno nacional a negociar y en mayo de
1862 se firmó un acuerdo de pacificación, por el cual el Chacho conservaba su
rango de general, recibía los prisioneros que le habían tomado y aceptaba a las
autoridades nacionales. Pero al poco tiempo, algunos de sus hombres fueron
ejecutados.
La tensión fue aumentando y el mismo Chacho Peñaloza volvió a rebelarse en
marzo de 1863. Solicito el apoyo de Urquiza y no lo logró. Obtuvo sí ayuda de
pequeños caudillos de otras provincias que movilizaron sus propias montoneras,
en particular en el norte de Córdoba, Juan Minuet y Fructuoso Ontiveros. Pero los
mitristas los vencieron y Minuet fue fusilado.
Tiempo después el Chacho debió enfrentar al ejército porteño nuevamente y fue
completamente vencido. Sin embargo retornó a La Rioja y reorganizó sus fuerzas,
movilizando nuevas montoneras, pero fue otra vez derrotado en Caucete, San
Juan, y ya no pudo recuperarse. Refugiado en los Llanos, fue asesinado por el
mayor Irrazábal. Decenas de sus gauchos fueron masacrados y otros dispersaron.
Simultáneamente, otro antiguo líder federal, Francisco Clavero, había
movilizado una montonera en Mendoza. Logró alistar en ella a muchos de los
soldados de la Guardia Nacional que estaban por ser enviados a pelear contra
Peñaloza. La rebelión se expandió pero el gobierno provincial pudo finalmente
vencer y detener a Clavero.
Así, las “montoneras” que resistieron el orden posterior a Pavón fueron
derrotadas. El término adquirió en ese momento un sentido definido, ya no se
refería a una formación irregular de combate como hasta entonces, sino a una
agrupación de rebeldes contra la autoridad nacional.
Las montoneras se basaban generalmente en cuerpos que habían sido
milicianos y que dejaban de serlo porque los gobiernos los declaraban fuera de la
ley. Había una jerarquía que generalmente surgía de la posición social pero
también de la capacidad de liderazgo.