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UNIVERSIDAD YACAMBÚ

VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN GERENCIA
SEMINARIO AVANZADO DE INVESTIGACION I



Ensayo 1

EL POSITIVISMO Y EL RACIONALISMO





Autora: María de Lourdes Vargas
C.I.: 12.101.167
Facilitador: Marioxy Morales.





VALENCIA, OCTUBRE 2014


UNIVERSIDAD YACAMBÚ
VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN GERENCIA
SEMINARIO AVANZADO DE INVESTIGACION I





EL POSITIVISMO Y EL RACIONALISMO
Ensayo para dar cumplimiento a la actividad 1 del Seminario Avanzado Diseños de Investigación en
Gerencia I. Trimestre 2014-4





Autora: María de Lourdes Vargas .
Facilitador: Marioxy Morales.
.



VALENCIA, OCTUBRE 2014

INTRODUCCION
Las corrientes filosóficas son las distintas disciplinas que se aplican según la
cultura en la que se vive, a lo largo de la historia de la Filosofía se han ido conformando
diversas corrientes y escuelas, en todas las ramas de la Filosofía. Dichas corrientes se
fueron formando en los distintos periodos de nuestra historia, teniendo hoy en día
disciplinas complejas y otras no tanto como el idealismo, el realismo y el dogmatismo,
los cuales se encuentran entre innumerables corrientes conocidas y otras desconocidas,
formando estas las culturas actuales y con estas los modelos religiosos, sociales y
económicos que nos rigen en la actualidad. En este ensayo vamos a centrar nuestras
ideas en las corrientes filosóficas de él positivismo y el racionalismo.
El positivismo tuvo una poderosa influencia como movimiento filosófico en el
continente europeo, en donde se originó a principios del siglo XIX, así como en otras
partes del mundo occidental, incluyendo a todo el continente americano. De hecho, tal
influencia duró no sólo en el siglo XIX sino que se extendió hasta la primera mitad de
nuestro siglo, cuando adoptó la forma del positivismo lógico. Existen distintas
variedades de positivismo, el social, el evolutivo, el político, el religioso y otros. Las
características que comparten los diferentes tipos de positivismo son principalmente
tres: la fenomenología, el nominalismo y el reduccionismo. A ellas pueden agregarse el
rechazo de los juicios de valor y de los postulados normativos del campo de la ciencia,
así como de todas las entidades que no son susceptibles de examen empírico objetivo.
El positivismo restringe las actividades de la ciencia exclusivamente a los hechos
observables y a la determinación de las leyes de la naturaleza, que son las únicas
portadoras de conocimiento genuino.
El racionalismo inaugura la filosofía moderna de la mano de uno de los más
insignes matemáticos y filósofos, Renato Descartes, y se desarrolla a lo largo del siglo
XVII en el continente europeo especialmente en Francia, Holanda y Alemania, por obra
de Malebranche, Spinoza y Leibniz La característica más importante de esta corriente
filosófica consiste en devolver a la filosofía el espíritu crítico, anterior a la fe cristiana.
Con el racionalismo hay una separación radical entre la verdad revelada y la verdad
exclusivamente racional, propia de la filosofía.

El Positivismo
Según Bar, A (2010) en épocas recientes, la concepción positivista del
conocimiento científico ejerció un claro dominio de la manera de entender medición y
la naturaleza de los datos empíricos, concepción que se enmarca en los siguientes
supuestos básicos:
1) La ciencia es la “ciencia natural”, o sea aquella sustentada en principios
experimentales que implican la manipulación de variables independientes y la medición
de variables dependientes.
2) La ciencia se basa en leyes universales que establecen regularidades entre variables,
las que se fundan sobre bases probabilísticas y estadísticas.
3) La ciencia se edifica sobre esquemas observacionales que posibilitan tanto la
identificación de las regularidades descritas en las leyes, como su puesta a prueba. Esto
conlleva aceptar que la ciencia se corporiza en dos momentos diferentes, el contexto de
descubrimiento y el contexto de justificación.
El positivismo es una corriente filosófica iniciada por Auguste Comte en la
primera mitad del siglo XIX que identifica el verdadero conocimiento con el
conocimiento científico o conocimiento positivo.

Según Comte, la humanidad pasa por tres fases o etapas de conocimiento, cada una
de ellas superior a la anterior, que son: el conocimiento religioso, el filosófico y el
científico. Las formas de conocimiento religioso y filosófico (a las que se refiere como
teológico y metafísico, respectivamente) se ven superadas por el conocimiento positivo
o científico, por lo que, una vez alcanzado éste, no tiene sentido ni justificación
mantener las anteriores formas de conocimiento. Dado que el conocimiento científico es
llamado por Comte conocimiento positivo, (utilizando una expresión procedente del
socialista francés Saint-Simon, del que había sido discípulo), esta corriente se conoce
como positivismo (que vendría a ser sinónimo, pues, de cientificismo).

El positivismo se extendió pronto, bajo distintas interpretaciones, por toda Europa
y sobre todo por Inglaterra, pero encontró también una gran oposición, entre otras por
parte de las filosofías irracionalistas de finales del siglo XIX.
Para dar una respuesta a la revolución científica, política e industrial de su tiempo,
Comte ofrecía una reorganización intelectual, moral y política del orden social. Adoptar
una actitud científica era la clave, así lo pensaba, de cualquier reconstrucción.
Afirmaba que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la
progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó
de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó estos estadios en
su voluminosa obra Curso de filosofía positiva (6 vols., 1830-1842). Dada la naturaleza
de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por
"tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio
abstracto; y por último, el científico o positivo". En el estadio teológico los
acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los
dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando
categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o
positivo, se empeña en explicar todos los hechos mediante la aclaración material de las
causas. Toda la atención debe centrarse en averiguar cómo se producen los fenómenos
con la intención de llegar a generalizaciones sujetas a su vez a verificaciones
observacionales y comprobables. La obra de Comte es considerada como la expresión
clásica de la actitud positivista, es decir, la actitud de quien afirma que tan sólo las
ciencias empíricas son la adecuada fuente de conocimiento.
Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en determinadas
actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en esas nociones que hablan del
Derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos tales como
el contrato social, la igualdad de las personas o la soberanía popular. El estadio positivo
se caracteriza por el análisis científico o "sociológico" (término acuñado por Comte) de
la organización política. Bastante crítico con los procedimientos democráticos, Comte
anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de doctos que empleara
métodos de la ciencia para resolver los problemas humanos y para imponer las nuevas
condiciones sociales.
Aunque rechazaba la creencia en un ser transcendente, reconocía Comte el valor de
la religión, pues contribuía a la estabilidad social. En su obra Sistema de Política
Positiva (1851-1854; 1875-1877), propone una religión de la humanidad que estimulara
una benéfica conducta social. La mayor relevancia de Comte, sin embargo, se deriva de
su influencia en el desarrollo del positivismo.
No obstante, es importante subrayar que la primera persona que hace uso del
término positivismo, a principios del siglo XIX, es el francés Henri de Saint-Simon. Un
filósofo este que está considerado como precursor de la filosofía social y que tenía
máxima profesional el lograr la reorganización de la sociedad de aquel momento para
evitar que hubiera clases. En concreto quiso acometer esta tarea haciendo uso de lo que
eran los pilares de la industria y también de la ciencia.
Resulta interesante mencionar también que la epistemología positivista recibió
diversas críticas por parte de quienes creían que sus objetos de estudio (como el hombre
y la cultura) no podían ser evaluados con el mismo método que se emplea en las
ciencias naturales. La creación de significado y la intencionalidad, por ejemplo, son
exclusivas de los seres humanos.
La hermenéutica fue una de las corrientes que se enfrentó al positivismo, buscando
comprender los fenómenos y no explicarlos. Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein
estuvieron entre los pensadores que intentaron separar la ciencia de la metafísica.
Asimismo, y para terminar el análisis del término positivismo, no podemos pasar
por alto la existencia del llamado neopositivismo o positivismo lógico. Este puede
definirse como aquel movimiento filosófico que nació en la época contemporánea y que
sustenta en el hecho de que considera que la filosofía tiene que tener como otros de sus
pilares fundamentales lo que es tanto la metodología científica como el análisis del
lenguaje.

El Racionalismo
Siendo descartes el padre de la filosofía moderna, pero también el antecedente de
la democracia, la lectura de sus obras es necesaria para comprender nuestro presente e
intentar vaticinar el futuro, así lo expresan Rojas, A (2.011) y De Teresa, J. (2.012). En
este orden de ideas González, Z. (1831-1894) expresa que el movimiento filosófico
desarrollado particularmente en la Europa durante los siglos XVII y XVIII, el cual está
caracterizado por la superioridad que dieron a la razón en la fundamentación del
conocimiento, la fascinación por la matemática y la defensa de la existencia de ideas
innatas y de la intuición intelectual se conoce como Racionalismo.

El término “racionalismo” tiene un significado muy amplio: en general, llamamos
racionalista a toda posición filosófica que prima el uso de la razón frente a otras
instancias como la fe, la autoridad, la vida, lo irracional, la experiencia empírica, ... Es
racionalista todo aquél que cree que el fundamento, el principio supremo, es la razón.
Junto con ello, cabe ser racionalista en relación con un género de cuestiones y no serlo
en relación con otro: por ejemplo se puede reivindicar la necesidad del ejercicio de la
razón en política y rechazarlo en religión.

Pero el término “racionalismo” se usa comúnmente en la historia de la filosofía para
designar una cierta forma de fundamentar el conocimiento: cabe pensar que el
conocimiento descansa en la razón, o que descansa en la experiencia sensible; así,
puesto que valoraron más la razón que los sentidos, podemos llamar a
Parménides, Platón y Descartes racionalistas; y podemos decir que Aristóteles, Santo
Tomás y, por supuesto, Hume, tienden al empirismo, dado el valor que dieron a la
experiencia sensible o percepción.

Sin embargo, a pesar de que pueda recibir distintas acepciones y aplicarse en esferas
distintas, el término “Racionalismo” se utiliza primordialmente para referirse a la
corriente filosófica de la Edad Moderna que se inicia con Descartes, desarrolla en la
Europa continental con Spinoza, Malebranche y Leibniz, y se opone al empirismo que
en esta misma época tiene éxito en las Islas Británicas.

En su tratado de Historia de la Filosofía González, Z. (1831-1894), manifiesta que
se llama racionalista a toda posición filosófica que prima el uso de la razón frente a
otras instancias como la fe, la autoridad, la vida, lo irracional, la experiencia empírica,
etc. Es racionalista todo aquél que cree que el fundamento, el principio supremo, es la
razón. Sin embargo, el término racionalismo se usa comúnmente en la historia de la
filosofía para designar una cierta forma de fundamentar el conocimiento: cabe pensar
que el conocimiento descansa en la razón, o que descansa en la experiencia sensible,
Veitch, J (2.003).
Hay que destacar que a pesar de que pueda recibir distintas acepciones y aplicarse
en esferas distintas, el término “Racionalismo” se utiliza primordialmente para referirse
a la corriente filosófica de la Edad Moderna que se inicia con Descartes, González, Z.
(1831-1894), quien después de echar por tierra toda la Filosofía tradicional y cristiana,
Descartes levanta el pedestal de su Filosofía sobre la doble base de la duda universal y
del libre pensamiento, además manifiesta que el Racionalismo se opuso al empirismo
que en la misma época tuvo éxito en las Islas Británicas.
González, Z. (1831-1894), expresa que el Racionalismo de Descartes se
complementa con el criticismo de Immanuel Kant, y que es el sistema de pensamiento
que acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento, en contraste con el
empirismo, que resalta el papel de la experiencia sobre todo el sentido de la percepción.
El racionalismo se identifica ante todo con la tradición que proviene del filósofo y
científico francés del siglo XVII René Descartes, quien decía que la geometría
representaba el ideal de todas las ciencias y también de la filosofía.





Postura Crítica

Después que planteamos los argumentos históricos y filosóficos de ambas
corrientes el análisis interpretativo de nuestras convergencias y divergencias de ambos
conceptos.

Cada enfoque tiene ventajas y desventajas, lo importantes es apoyarse en lo positivo de cada
uno para obtener, por un lado, resultados observables, medibles y replicables y por el
otro, ajustar la investigación a la intervención futura que implique poner en práctica lo
investigado, darle utilidad, con sentido ético, y siempre a favor del bienestar social.

El conocimiento de la filosofía de la ciencia, y en especial del método científico,
resulta benéfico para los investigadores, en vista de que se encuentran más capacitados
para hacer "nuevos descubrimientos y lograr aplicaciones benéficas”. Por lo tanto
podemos decir que el conocimiento científico parte de una teoría inicial que pudiese ser
nuestro problema central a la hora de realizar una investigación. Los problemas surgidos
de la idea central son las dificultades encontradas a la hora de disputar esas teorías.
En conclusión podemos decir que a la hora de adquirir conocimiento podemos hacer
una unión de ambas corrientes filosóficas ya que según mi opinión personal al adquirir
conocimiento se puede realizar de varias maneras una de ellas es según observaciones
hechas d las propias experiencias vividas (positivismo y racionalismo), rechazando
todas aquellas corrientes en el cual la base fundamental es el empirismo.

Por otra parte, ante la polémica de cual enfoque es el que se debe seguir a la hora
de investigar, se concuerda con Páramo y Otálvaro, (2006) cuando señalan que la
postura epistemológica que se adopte es la que debe determinar la técnica e
interpretación que se haga de la información recogida, y éstas las que determinen el
enfoque epistemológico; no es la técnica de recolección de la información la que define
el carácter de la práctica investigativa, sino la postura desde la cual se problematiza el
objeto de investigación, la manera como se recoja la información y la subsiguiente
interpretación que se haga de los datos





BIBLIOGRAFIA
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AMERICA LATINA . Cinta Moebio 37:1-14 disponible en:
www.moebio.uchile.cl/73/bar.html
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osfilosoficos%2Finclude%2Fgetdoc.php%3Fid%3D677&ei=WIjCU8M2sMyxBIS
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www.redalyc.org/articulo.oa?id=10102501
PEREZ Tamayo, RUY. 1998 ¿EXISTE EL MÉTODO CIENTÍFICO? HISTORIA
Y REALIDAD. Primera Edicion: disponible en
file:///C:/Users/MARIAD~1/AppData/Local/Temp/Existe%20el%20metodo%20c
ientifico.pdf