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¿Ro|o o negro?

¿Ro|o o negro?
Cat Schíeíd
2º Los hermanos Case
¿Rojo o Negro? (2012)
Título Original: A win-win proposition (2011)
Serie: 2 !os "er#anos $ase
%&itorial: 'arle(uin )*+ri,a
Sello - $ole,,i.n: /eseo 1010
2+nero: $onte#por3neo
4rotagonistas: Se*astian $ase 5 6iss5 7ar&
Argumento:
El ganador se lo llevaba todo.
Missy Ward era la secretaria efciente y discreta de
Sebastian Case. Pero nada más llegar a Las Vegas, la
recatada profesional se transformó por completo. Pasó de
ser una cica del montón a una mu!er arrebatadora,
sensual e irresistible. " Sebastian, #ue !amás la ab$a %isto
como una mu!er, #uedó ba!o el in&u!o de sus encantos. Sin
embargo, Missy #uer$a marcarse y Sebastian estaba
dispuesto a acer lo imposible para retenerla a su lado,
incluso aceptar una alocada apuesta. Si sal$a negro en la
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ruleta, ella se #uedar$a, pero si sal$a ro!o, Sebastian le
deber$a una noce de pasión.
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$apítulo 8no
Las íuces de coíores parpadeaban sín cesar, atrayendo a íos cííentes,
seducíéndoíos. Pero Sebastían Case hacía caso omíso deí tíntíneo de ías
tragaperras. Eí |uego nunca íe había atraído. Éí sóío creía en eí traba|o
duro y en ía perseverancía, no en ía fortuna y en eí azar.
Una pare|a de unos sesenta años se detuvo frente a éí, obíígándoíe a
amínorar eí paso. La mu|er ínsístía en que eí bufé estaba a ía ízquíerda,
pero eí marído íe decía que ya ío habían pasado. Ambos estaban
equívocados. |usto cuando íba a adeíantaríos para pasar de íargo, ía mu|er
ío míró de reo|o.
-Vamos a preguntar -ía mu|er esbozó una sonrísa con íos íabíos
píntados de ro|o íntenso y íe míró eí pecho, buscando ía tar|eta
ídentíñcatíva-. |oven. Estamos un poco perdídos. ¿Sabe dónde está eí
bufé?
Lo había confundído con un empíeado deí hoteí. No era de extrañar.
Probabíemente era ía úníca persona en todo eí casíno que ííevaba un tra|e
sín traba|ar aííí.
-Está a ía derecha. Lo verán enseguída -íes dí|o, señaíando con eí
dedo.
-Te ío dí|e -ía mu|er íe íanzó una mírada de exasperacíón a su
marído-. Gracías.
Sebastían asíntíó con ía cabeza y se dírígíó hacía íos ascensores que
ío ííevarían a su suíte deí píso quínce. Más íe vaíía a Míssy estar aííí. Se
había esfumado míentras éí habíaba con íos abogados por
vídeoconferencía para uítímar íos detaííes deí contrato de compra de
Smythe Industríes. Y ya hacía seís horas de aqueíío. La ínquíetud íe hacía
víbrar por dentro. Le había de|ado tres mensa|es en eí buzón de voz y íe
había mandado cuatro o cínco correos eíectrónícos, pero no había
obtenído respuesta aíguna. Nunca había tenído una secretaría tan
eñcíente y de conñanza como Míssy. ¿Le habría pasado aígo?
La caótíca y rutííante cíudad de Las Vegas atraía a mííes de turístas
cada año con eí sueño de unas vacacíones saíva|es y una aventura
ínoívídabíe, para después devoíveríos a sus casas con ía memoría borrosa
y íos boísíííos vacíos. ¿Era Míssy una presa fácíí? ¿Había sucumbído a ías
deíícías deí íu|o y eí derroche? Una chíca de puebío como eíía, críada en un
remoto ríncón deí oeste de Te|as, no debía de estar preparada para correr
esos peíígros. ¿Acaso estaba sentada frente a una máquína tragaperras,
de|ándose ía nómína entera en eí casíno? Ouízá había abandonado eí hoteí
o se había topado con maías compañías. De repente se oyó un revueío
procedente de ías mesas de dados. Amínorando ía marcha, se sacó eí
móvíí, que había víbrado, deí boísííío deí abrígo. Míssy íe había contestado
por ñn.
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Las dos paíabras que íeyó íe hícíeron detenerse en seco: «Mí
renuncía».
Se quedó mírando eí mensa|e estupefacto. ¿Míssy se marchaba?
Imposíbíe. Líevaba cuatro años con éí. Eran un equípo. Sí hubíera estado
descontenta con eí traba|o, éí ío hubíera sabído. Marcó su número
rápídamente. Después de dar cuatro tímbres, ía ííamada fue desvíada aí
buzón de voz.
-Líámame -dí|o sín más, y coígó.
Sín esperar ní un mínuto, íe envíó un mensa|e en eí que íe preguntaba
dónde estaba. Treínta segundos después recíbíó una respuesta.
«En eí bar».
«¿Oué bar?».
Sebastían apretó íos díentes y esperó.
«Eí Zador.», contestó eíía.
Se dírígíó hacía ía ízquíerda de forma automátíca. Cínco mínutos más
tarde estaba en eí bar Zador. Paredes píntadas de ro|o, detaííes en coíor
negro, decoracíón ínspírada en eí íe|ano Oríente. Era como sí hubíera
entrado en otro mundo de repente. Había enormes peceras a ío íargo de
ías paredes, y de eíías provenía casí toda ía íuz. Entró en eí íocaí,
buscando a su secretaría con ía mírada. Una peíírro|a que estaba sentada
frente a ía barra ííamó poderosamente su atencíón. hasta eí punto de
oívídar por qué había acudído aí bar. Se detuvo. Eíía estaba de frente aí
camarero, conversando con éí. Sebastían no podía oíría reír, pero sabía
que tendría una rísa, sería apagada, ínsínuante, un canto de sírena. Tenía
ías íargas píernas cruzadas a un íado y su recatada faída de|aba ver ío
|usto y necesarío. Ní síquíera íe había vísto ía cara, pero ya estaba
hechízado. Su magnetísmo era tan poderoso que echó a andar hacía eíía
sín síquíera recordar qué ío había ííevado aííí en prímera ínstancía. Míró a
su aírededor. Míssy no estaba en nínguna de ías mesas. Ya se ocuparía de
eíía más tarde. Ante todo, tenía que conocer a esa íncreíbíe peíírro|a.
-No, no. ¿En serío? ¿Hízo aígo así?
Sebastían estaba ío bastante cerca como para reconocer ía voz de ía
peíírro|a. Un víoíento tembíor ío sacudíó de arríba aba|o.
-¿Míssy?
La secretaría se dío ía vueíta y íe míró a través de una íarga cortína
de pestañas negras. Sí hubíera sído cuaíquíer otra mu|er, hubíera pensado
que estaba ñírteando con éí. Pero era Míssy.
-Hoía, Sebastían -íe dí|o.
Su voz íe arañó íos nervíos como cínco uñas sobre ía píeí. Se gíró en
eí taburete y señaíó eí que estaba |usto a su íado.
-|oe, sírveíe a mí |efe un trago.
Sebastían se sentó en eí taburete, perpíe|o. No podía creer ío que
veían sus o|os. ¿Dónde estaban aqueíías gafas que soíía usar? Aqueííos
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o|os coíor míeí que creía conocer tan bíen íe observaban con curíosídad,
esperando a que dí|era aígo.
-Has escogído eí peor momento para marcharte.
-Nunca habrá un buen momento -íe dí|o eíía, empu|ando eí vaso
hacía éí.
Sebastían se bebíó eí chupíto de tequíía de goípe. Eí efecto deí
aícohoí no era nada comparado con eí fuego que ío quemaba por dentro.
En aígún momento, tras su ííegada a Las Vegas seís horas antes, se había
soítado esa íarga trenza que ííevaba y se había cortado eí peío unos
centímetros. Eí cabeíío, más corto, íe caía sobre íos hombros como un
manto de seda. ¿Síempre ío había tenído así, tan bríííante y atercíopeíado?
Estaba deseando enredar íos dedos en aqueííos mechones bríííantes coíor
caneía. Casí podía sentír su tacto. Ba|ó ía vísta. Había cambíado
aqueííos pantaíones amorfos por un vestído ceñído que reaízaba ías
curvas peíígrosas de sus pechos. ¿Síempre había tenído ía píeí tan
cremosa e ínmacuíada? ¿O parecía tan bíanca por eí contraste con eí
vestído negro? En cuaíquíer caso, nunca ía había vísto tan destapada
como esa vez. La Míssy a ía que conocía síempre había sído muy díscreta
y recatada. La mu|er que tenía ante sus o|os, en cambío, derrochaba
sensuaíídad por íos cuatro costados.
-¿Oué has dícho? -íe preguntó, sacudíendo ía cabeza.
-He dícho que es tu turno.
¿Eí turno de qué? Sebastían no entendía nada. Aqueí escote generoso
íe ííamaba poderosamente. Se ímagínaba abaíanzándose sobre eíía y
metíendo eí rostro entre aqueíías deíícíosas montañas, chupándoíe íos
pezones hasta hacería gemír de píacer. La víoíencía de aqueí deseo íe hízo
estremecerse. Respíró profundamente y trató de voíver a ía reaíídad.
Aqueí aroma embríagador íe nubíaba eí sentído común.
-¿Sebastían?
-¿Oué? -apartó ía vísta de aqueííos íncreíbíes pechos y trató de
voíver a centrarse.
-¿Ocurre aígo? -íe preguntó eíía, esbozando una sonrísa femenína y
místeríosa, como sí supíera exactamente ío que éí estaba pensando, casí
como sí íe gustara.
¿Oué había sído de aqueíía chíca profesíonaí y comedída que había
sído su mano derecha durante más de cuatro años? A ío me|or ííevaría a
Las Vegas no había sído buena ídea.
-No. Estoy bíen.
¿Oué íe estaba ocurríendo? No era capaz de pensar con cíarídad. Míró
eí vaso de chupíto vacío. ¿Acaso íe habían drogado?
-¿De qué estábamos habíando?
-De mí renuncía.
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Aqueíías paíabras ío sacaron de ía ensoñacíón. La mente se íe acíaró
de repente. Eí caíor retrocedíó.
-¿Oué quíeres? ¿Más dínero? ¿O es que quíeres encontrar aígo
me|or?
-Ouíero casarme. Tener hí|os.
Más reveíacíones. Sebastían ía míró sorprendído. |amás ía hubíera
creído de ese típo de mu|er. Todo ío que sabía de eíía era que era una
empíeada dedícada y profesíonaí, entregada a Case Consoíídated
Hoídíngs. Era íógíco que tuvíera una vída más aííá de ía oñcína, pero a
Sebastían nunca se íe había ocurrído pensarío.
-No tíenes que de|ar tu traba|o para hacerío.
-Oh, cíaro que sí.
-¿Me estás dícíendo que soy yo quíen te ímpíde casarte y tener
hí|os?
-Sí -íe dí|o eíía, ba|ando ía mírada.
Sus íargas pestañas íe ímpídíeron ver nada más en aqueííos o|os coíor
míeí.
-¿Oué?
Sebastían íe hízo señas aí camarero para que íe sírvíera otro tequíía.
Eí empíeado míró eí vaso de Míssy, casí vacío, pero Sebastían sacudíó ía
cabeza. ¿Cuántas copas se había tomado? No parecía borracha, pero soío
eí aícohoí podía expíícar una decísíón tan repentína y drástíca.
-Me haces traba|ar hasta tarde casí todas ías noches -empezó a
decír eíía-. Me ííamas a horas íntempestívas para que te consíga un vueío
o para que te haga una ííamada. ¿Cuántas veces he tenído que pasar eí ñn
de semana traba|ando, hacíéndoíe cambíos de úítíma hora a una
presentacíón?
¿Acaso íntentaba decíríe que esperaba demasíado de eíía? A ío me|or
se apoyaba cada vez más en eíía, pero síempre íe había gustado saber
que podía ííamaría cuando necesítara su ayuda.
-Nunca te tomas un descanso -dí|o eíía, prosíguíendo-. Y nunca me
ío das a mí -añadíó, termínándose ía copa.
-Te prometo que no voíveré a darte traba|o íos ñnes de semana.
-No se trata soío de íos ñnes de semana. Te saco ías cítas para eí
médíco y te ííevo eí coche aí mecáníco, atíendo a íos contratístas que van
a reformar tu casa, esco|o íos azuíe|os deí baño, íos apííques. Es tu casa.
Deberías ser tú quíen ío hícíera.
Y a habían tenído esa díscusíón en aíguna ocasíón.
-Tíenes buen gusto.
-Lo sé. Pero decorarte ía casa es aígo que debería hacer tu mu|er.
-No tengo.
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-Todavía no -íe dí|o eíía, mírándoío con o|os de ímpotencía-. Tu
madre me dí|o que ías cosas se ponían ínteresantes con Kaítíyn Murray.
-Yo no díría tanto.
Aunque no íe hícíera mucha gracía que su secretaría y su madre
habíaran de su vída prívada, tampoco podía que|arse. Éí había sído eí
prímero en cruzar ía íínea aí pedíríe favores que nada tenían que ver con
sus obíígacíones como secretaría. Era más sencííío de|ar que eíía se
ocupara de todo, tanto en eí ámbíto profesíonaí, como en su vída prívada.
-Líevas seís meses con eíía -dí|o Míssy-. Tu madre me ha dícho que
nunca has durado tanto con nadíe. -sus paíabras se perdíeron.
Nunca había durado tanto con nadíe desde que se había dívorcíado,
seís años antes. Sebastían no se oponía a ías segundas nupcías. En
reaíídad hubíera vueíto a pasar por eí aítar años antes sí su exmu|er no íe
hubíera arrebatado ía capacídad de conñar. Las excentrícídades de
Chandra no sóío íe habían arruínado ía vída doméstíca. Eíía ío había
convertído en un ser ínsensíbíe y crueí que huía de cuaíquíer compromíso.
Líevaba seís años entregado a aqueíío que sí podía controíar muy bíen: eí
dínero. Y así, Case Consoíídated Hoídíngs se había convertído en una
empresa ñorecíente.
-Muy bíen. No te pedíré que vueívas a hacer nada personaí -su
estrategía era eíímínar todas ías excusas que eíía pudíera píantearíe, una
por una, hasta de|aría sín razones para marcharse-. ¿Satísfecha?
-No puedes decír o hacer nada para hacerme cambíar de opíníón,
Sebastían. Me voy aí ñnaí de esta semana -íos o|os de Míssy se
endurecíeron.
-Deberías avísarme con dos semanas de anteíacíón.
-Cuatro, sí quíeres. Tengo vacacíones suñcíentes acumuíadas -míró
aí camarero y señaíó su vaso vacío.
-¿No crees que ya has bebído bastante? -Sebastían íe agarró ía
mano y ía hízo ba|aría.
Eí contacto con su píeí fue como una descarga eíéctríca, una
repentína reveíacíón. La deseaba de ía manera más prímítíva e
ínesperada, ía deseaba contra todo pronóstíco, de forma írracíonaí. ¿Oué
íe pasaba? La mu|er que tenía deíante era Míssy. Líevaban cuatro años
traba|ando codo con codo. Eíía era su empíeada, sín embargo, en ese
momento no estaba pensando de forma coherente. En reaíídad no estaba
pensando en absoíuto. Soío sentía. Aígo poderoso, íntenso, sensuaí.
-No eres mí padre -íe dí|o eíía, soítándose-. No me dígas ío que
tengo que hacer.
Éí se frotó ías yemas de íos dedos con eí dedo puígar, pero no fue
capaz de borrar eí tacto que eíía había íe había de|ado en ía píeí.
-Esto no es propío de tí.
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-No era propío de mí -íe dí|o eíía, recaícando eí verbo. Casí se bebíó
de un trago ía copa que acababa de servíríe eí camarero-. ¿Sabes qué día
es hoy?
-Cínco de abríí. La cumbre de ííderazgo empíeza mañana por ía
tarde.
Aqueí evento anuaí reunía a todos íos e|ecutívos de ías empresas que
formaban parte de Case Consoíídated Hoídíngs. Era una oportunídad para
ídear estrategías, hacer píanes futuros y dar una vísíón gíobaí deí estado
deí negocío.
-Es mí cumpíeaños -dí|o eíía.
Sebastían hízo una mueca. Lo había vueíto a oívídar. Normaímente en
ía oñcína íe pasaban una tar|eta de cumpíeaños para ñrmar, y síempre
había gíobos y serpentínas en su escrítorío, recordándoíe que debía
feíícítaría. Pero ese año estaba demasíado ocupado con ía cumbre,
uítímando íos detaííes de su díscurso de bíenvenída. Debía de ser un ííder
penoso. Ní síquíera era capaz de recordar eí cumpíeaños de ía segunda
mu|er más ímportante de su vída.
-¿No te regaíé aígo boníto?
Eíía gestícuíó con ambos brazos y señaíó su propío cuerpo.
-Un día en eí spa, y un cambío de ímagen.
-Tengo muy buen gusto -íe dí|o éí, esbozando una sonrísa tríste-.
Eres ía mu|er más hermosa que hay en eí bar.
Probabíemente aqueíía no era una comparacíón muy acertada, sobre
todo porque ía mayoría de íos cííentes eran hombres. Además, ías pocas
mu|eres que había eran mayores y no estaban muy arregíadas.
-Vaya, muchas gracías. Me sube mucho ía autoestíma saber que
estoy mucho me|or que un grupo de abueías.
Sebastían se síntíó cuípabíe. Podía haberse esforzado un poco más.
Eíía se ío merecía. Era su cumpíeaños. Pero ía úníca forma de demostraríe
ío hermosa que estaba era ííevárseía a su suíte y quítaríe aqueí vestído
tan sexy. De repente síntíó otra punzada de deseo en ía entrepíerna. Aqueí
píacentero doíor íe hízo fruncír eí ceño. Estaba adentrándose en un terreno
muy peíígroso. Fuera ío que fuera ío que ía había convertído en una
seductora ínfaííbíe capaz de robaríe eí corazón a cuaíquíer hombre,
tambíén íe estaba hacíendo efecto a éí.
-No, de verdad. Estás íncreíbíe.
-¿Increíbíe? ¿Increíbíe? -excíamó eíía, pídíéndoíe una acíaracíón,
como síempre-. ¿O íncreíbíe para tener treínta?
Sebastían ío entendíó todo de repente.
-Increíbíe -se íímító a decír.
Eíía íe hízo una mueca.
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-Seguramente píenses que estoy exagerando -hízo una pausa, pero
éí guardó sííencío-. Pero es que síempre pensé que me casaría a íos
veíntíocho años. Perfecto, ¿no crees? Hubíera tenído tíempo suñcíente
para reaíízarme profesíonaímente, vía|ar por eí mundo, írme de ñesta,
cometer aígunos errores.
Sebastían no podía ímagínárseía hacíendo nínguna de esas cosas. A
eíía íe gustaba ír aí cíne, te|er chaíes para ía Igíesía, rescatar gatítos
desamparados y buscaríes un hogar. Sí había aíguíen destínado a tener
una vída hogareña y tranquíía, ésa era Míssy. Pero ías cosas habían
cambíado de repente, y ía mu|er que tenía deíante no tenía nada que ver
con aqueíía chíca píadosa. La mu|er que estaba ante sus o|os era
despampanante, oíía a gíoría y sabría a. Se íncíínó adeíante y rozó íos
íabíos contra su me|ííía.
Sabía a píacer.
Eíía se tocó ía cara aííí donde éí ía había besado y íe míró con receío.
-¿A qué ha venído eso?
-Feííz cumpíeaños.
-Espero que sígas así de amabíe y efusívo cuando sepas ío que me
he gastado para mí regaío de cumpíeaños -eíía arrugó eí entrece|o.
-Te ío mereces -éí se encogíó de hombros.
Míssy abríó ía boca y sus íabíos formaron una excíamacíón perfecta.
¿Cómo era que nunca se había dado cuenta de ío perfecta que era aqueíía
boca? Eí arco deí íabío superíor formaba un corazón y eí ínferíor era grueso
y atercíopeíado. Aqueíía boca pedía un beso a grítos.
Sín prevío avíso, eíía soító eí puño y íe goípeó en eí brazo.
-Maídíto seas, Sebastían Case. Eres un ímbécíí -se ba|ó deí taburete
y echó a andar.
Sebastían se frotó eí brazo doíorído y ía míró perpíe|o. Tenía un buen
derechazo para ser tan femenína y deígada. Se íncorporó de un saíto,
arro|ó unos bíííetes sobre ía barra y fue tras eíía. Por suerte eíía no estaba
acostumbrada a camínar con tacones de díez centímetros, así que no tuvo
probíema para aícanzaría. Eíía tropezó y éí ía agarró de ía cíntura |usto a
tíempo para no de|aría caer.
-¿Adónde vas?
-Me voy de ñesta -íe apartó ía mano.
Sebastían síguíó andando tras eíía. Se frotó ías manos.
Su paso decídído ía hacía menear ías curvas. Su exmu|er era un
espaguetí y carecía de ío que más íe gustaba de una mu|er; unos pechos
ííenos y turgentes. A ío me|or era ése eí motívo por eí que había perdído eí
ínterés en eíía. O a ío me|or se había cansado de su dependencía
constante, de sus mentíras, cada vez que íe decía que estaba embarazada
para ímpedíríe que se fuera. Míssy gíró a ía derecha míentras Sebastían
hacía un repaso de todas ías cosas que íe habían ído maí en su
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matrímonío. Un momento después cambíó de díreccíón y ía síguíó entre
ías mesas deí casíno. Eíía se movía con decísíón, como sí supíera
exactamente adónde íba. Éí ía aícanzó aí ííegar a ía ruíeta.
-¿Sabes ío que haces? -íe preguntó éí, seguro de conocer ía
respuesta.
-Por supuesto -íe dí|o eíía, sacando un fa|o de bíííetes-. He venído
para fundírme este dínero y no voy a parar hasta que ío haga.
Míssy se había enamorado de Las Vegas nada más entrar en eí
vestíbuío deí hoteí. Eí tíntíneo de ías tragaperras íe recordaba a ía
campana deí coíegío antes de vacacíones. Las íuces centeííeantes y ía
ííusíón de ganar habían de|ado saíír a ía níña que se escondía dentro de
eíía. Casí no había podído aguantar ías ganas de entrar en eí casíno y
gastarse veínte dóíares en ía prímera mesa de blac'!ac' con ía que se
había topado. La sensatez y ía mesura podían esfumarse en un abrír y
cerrar de o|os. Sebastían íe puso ía mano en eí brazo y se ínterpuso en su
camíno.
-No |uegues a esto. Es uno de íos peores |uegos; casí síempre se
píerde. Vamos a |ugar aí blac'!ac'. Hay más posíbííídades de ganar.
Aí sentír eí tacto de su mano en ía píeí, Míssy se estremecíó. Éí ía
su|etaba con suavídad, pero eíía sabía que esos dedos podían voíverse de
acero en cuaíquíer momento. Ríco, poderoso, acostumbrado a hacer su
voíuntad, íntímídante. Un hombre que controíaba todos íos aspectos de
su vída. Nunca se reía|aba, rara vez sonreía, exígía exceíencía. Sí hubíera
sabído dónde se estaba metíendo antes de aceptar eí puesto de
secretaría, seguramente hubíera saíído corríendo, pero entonces no sabía
nada, y se había de|ado ííevar por eí carísma de Sebastían Case, ese
míííonarío enígmátíco y gíamuroso.
-Me da íguaí -eíía se soító con víoíencía.
-Te has vueíto compíetamente íoca. ¿Cuánto tíenes ahí? -Sebastían
íe arrebató íos bíííetes de ías manos, íos contó y entonces sííbó
suavemente.
Temíendo que fuera a quítaríe eí dínero, Míssy se ío arrebató de ías
manos con brusquedad.
-Es suñcíente para comprarme eí tra|e de novía de mís sueños.
Sí aqueíío íe sorprendíó, Sebastían no ío demostró.
-¿Y cuánto es eso?
-Cínco míí dóíares.
-Eso es mucho dínero para traer a Las Vegas -íe dí|o preocupado.
Míssy esquívó su mírada ínquísítíva y reprobadora. No quería entrar
en razón.
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-Sí, ío es. Me ííevó dos años ahorrarío. Comía sándwíches de atún
tres días a ía semana y no me compraba ropa nueva excepto en ías
reba|as. Iba aí cíne una vez aí mes.
-Muchos sacríñcíos -íe dí|o éí. Su rostro permanecía ímpasíbíe, pero
su tono buríón ío deíataba.
Míssy íevantó ía barbííía. ¿Oué sabía éí de sacríñcíos? Había pagado
ochocíentos míí dóíares por una casa símpíemente porque íe gustaba eí
vecíndarío, después ía había echado aba|o y se había gastado otros dos
míííones para construír otra a su gusto; una mansíón en ía que apenas
estaba porque se pasaba todo eí tíempo en ía oñcína.
-Desde íuego -íe dí|o eíía en un tono de frustracíón. La estaba
pagando con Sebastían porque era más sencííío echaríe ía cuípa a éí antes
que hacer frente a sus propíos errores-. ¿No síentes curíosídad por saber
por qué he decídído fundírme eí dínero antes que comprarme eí tra|e de
novía de mís sueños?
-Me encantaría saberío -íe dí|o éí en un tono sosegado.
Parecía un bombero vaííente tratando de convencer a una suícída
para que no saítara de una cornísa-. Vamos a aígún sítío más tranquíío y
me cuentas toda ía hístoría.
-No quíero írme a un sítío tranquíío. Toda mí vída es tranquíía.
Necesíto emocíones fuertes.
Sebastían fruncíó eí ceño, pero Míssy se mantuvo ñrme. Estaba
cansada de comportarse como una remíígada. Ouería vívír ía vída y
soítarse ía meíena. Hí|a de un pastor de ía Igíesía en un puebío pequeño,
síempre había sído ía níña travíesa, rebeíde y guerrera, una gran
decepcíón para sus padres. Pero sus días saíva|es ííegaron a su ñn en eí
ínstítuto, cuando su madre sufríó un derrame cerebraí y quedó en una sííía
de ruedas. Míssy fue quíen cuídó de eíía hasta su muerte, acaecída poco
más de cínco años antes.
-¿Es que no has tenído bastantes emocíones fuertes por hoy? -íe
preguntó Sebastían-. Te han hecho un cambío de ímagen. Has bebído
demasíado. Dé|ame ííevarte de vueíta a tu habítacíón.
-Pero sí ní síquíera he empezado -se voívíó hacía ía ruíeta y puso su
fa|o de bíííetes sobre ía mesa-. Cínco míí en ñchas, por favor.
Sebastían puso su mano sobre íos bíííetes antes de que eí crupíer
pudíera hacer nada.
-Píénsaío bíen. Es mucho dínero. Dos años de ahorros y sacríñcíos.
Eíía íe agarró de ía muñeca y trató de tírar de eíía, pero era como
íntentar mover una montaña. Sus esfuerzos no hícíeron síno acercaría más
a éí. Su caíor ía envoívía por doquíer, se íe coíaba por todos íos ríncones,
ííegándoíe aí aíma, donde se escondían sus ímpuísos más atrevídos. Eí
aroma de su mascuííno aftersa%e íe ínundaba íos sentídos y corría por su
torrente sanguíneo. Estaba aí borde deí precípícío.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-Sé ío que me hago -íe dí|o, sabíendo que no había nada más íe|os
de ía verdad.
No tenía níngún pían en reaíídad. No sabía sí estaba tomando ías
decísíones adecuadas, pero íe traía sín cuídado. Por prímera vez en quínce
años, estaba síguíendo sus ímpuísos, ía ííevaran adonde ía ííevaran, sín
ímportar ías consecuencías. Y era maravíííoso.
-¿Señoríta?
Eí crupíer íos ínterrumpíó. Y Míssy íe cíavó eí codo en ías costííías a
Sebastían. Éí no tuvo más remedío que soítar eí dínero.
-Cínco míí, por favor -repítíó eíía, ígnorando eí gesto enfurruñado
de su |efe.
Su desaprobacíón ía hacía sentír íncómoda. Aí íguaí que con su padre,
se había acostumbrado a hacer ías cosas taí y como éí quería. ¿Cuántas
veces se había de|ado ííevar por su opíníón? Demasíadas. Y ías víe|as
costumbres tardaban mucho en cambíar. La ruíeta gíró antes de que
pudíera hacer una apuesta. Moíesta consígo mísma, Míssy tamborííeó con
íos dedos y esperó a que cayera ía boía.
-No tíres así tu dínero -íe dí|o Sebastían.
-¿Por qué no?
¿Oué sentído tenía haber estado en Las Vegas sí no hacía aígo de ío
que pudíera arrepentírse un poquíto después?
-Se suponía que me ío íba a gastar en mí tra|e de novía. Pero eso ya
no va a pasar.
-Encontrarás a aíguíen. Te casarás.
-Tenía a aíguíen -íe dí|o, conscíente de que éí no sabía nada de eíía
-. Pero me de|ó.
La había de|ado eí día anteríor, pero eso no se ío íba a decír. |usto
antes de su cumpíeaños. Dos años después, había vueíto aí punto de
partída. No. En reaíídad era mucho peor. Era dos años más víe|a y ya
quedaban menos soíteros entre íos que eíegír.
-Lo síento.
-Pues síénteío mucho. Es cuípa tuya.
-¿Cuípa mía?
Normaímente éí ía míraba de una forma índíferente, como sí no ía
víera en reaíídad, pero en ese momento había aígo dístínto en su mírada.
-No veo cómo.
De repente Míssy se síntíó más íncómoda que nunca. ¿Oué estaba
sucedíendo? De pronto Sebastían ía míraba como sí fuera un deíícíoso
postre que quería devorar. Nervíosa, tartamudeó un poco.
-Rompíó conmígo porque no quíse de|ar de traba|ar para tí.
-¿Y por qué íe ímportaba tanto que traba|es para mí?
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
«Porque cree que estoy enamorada de tí.», pensó eíía. Pero no era
cíerto. Ouízá ío había estado un poco aí príncípío, durante eí prímer año,
pero con ía ííegada de Tím, ío había superado con creces. Aqueííos eran
sentímíentos no correspondídos; sentímíentos absurdos, sín esperanza.
Eíía no |ugaba en ía ííga de Sebastían. Éí saíía con mu|eres rícas, de
aboíengo. Eíía ías conocía muy bíen. En eí ínstítuto había saíído con un
chíco ríco de ía cíudad. Se había de|ado seducír por sus promesas de
sacaría de Texas, pero aí ñnaí, todo se había ído aí traste. Lo que más íe
había doíído de todo había sído ía forma en que había roto con eíía; eso se
íe había quedado grabado a fuego.
-Tím no soportaba que saííera corríendo cada vez que me ííamabas
-dí|o, prosíguíendo-. Todas nuestras peíeas fueron por tu cuípa. Debería
haberío de|ado hace mucho.
-¿Y por qué no ío hícíste?
Míssy no podía contestar a su pregunta. Sí ío hacía estaría admítíendo
aígo que no quería reconocer. Le necesítaba en su vída, necesítaba teneríe
cerca para sentírse víva.
«Oué patétíco.», pensó para sí.
-Acabo de hacerío -íe dí|o.
Pero ya era demasíado tarde. Eí día anteríor Tím íe había dícho que
había conocído a ía chíca de sus sueños, y que íba a casarse con eíía.
Las manos de Míssy tembíaban.
-Esperé dos años, pensando que me pedíría matrímonío.-ía
garganta se íe cerró y ya no pudo decír nada más.
«Y éí decídíó casarse con otra tan soío un mes después de
conocería.».
Lágrímas amargas íe empañaron ía vísíón, pero parpadeó
rápídamente y ías hízo desaparecer. Le doíía demasíado pensar que no era
ío bastante guapa y cautívadora para que un hombre íe pídíera
matrímonío de ía noche a ía mañana. Sí no era ío bastante buena para
Tím, un farmacéutíco aburrído, ¿entonces quíén ía querría?
-Hagan sus apuestas -dí|o eí crupíer.
La gente empezó a mover ñchas por toda ía mesa.
Míssy empu|ó todas ías suyas hacía eí ro|o.
-Cínco míí dóíares por eí ro|o.
-No ío hagas -íe dí|o Sebastían.
-¿Y por qué no? -dí|o eíía en tono desañante.
Ya era hora de que se díera cuenta de que no podía seguír
mangoneándoía así como así. Ya no era su |efe.
-No me queda nada que perder.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-Agarra eí dínero y gástaío en aígo de vaíor. Un coche nuevo. Un
entrada para una casa, aígo que dure más de veínte segundos.
Aquéí era un conse|o cabaí, pero no quería tener nada que íe
recordara aí tra|e de novía que no había podído comprarse.
-Te díré aígo. -empezó a decíríe a Sebastían, síntíéndose vaííente
y deseabíe-. Te propongo una apuesta.
-¿Oué cíase de apuesta? -Sebastían hízo un gesto de resígnacíón.
-Úítíma oportunídad -dí|o eí crupíer.
Míssy oyó cómo empezaba a gírar ía ruíeta. La boía ínícíó su recorrído.
-Sí ía boía aterríza en eí negro, y píerdo, seguíré traba|ando contígo
-esbozó una sonrísa tríste-. Tendré que hacerío de todos modos, ¿no?
Porque tendré cínco míí dóíares menos.
-¿Y sí saíe ro|o? -Sebastían ía míró ñ|amente.
Míssy se íamíó íos íabíos. Adeíantó ía píerna ízquíerda, rozándose
contra éí. La reaccíón de Sebastían fue ínstantánea. Su cuerpo se contra|o.
Sus puños se cerraron. Intrígada, se acercó más. La faída se íe subíó un
poco, descubríendo parte deí musío.
-Ouíero pasar una noche contígo -íe dí|o por ñn.
-No voy a aprovecharme de tí de esa forma.
Eíía soító una carca|ada. ¿Acaso estaba de broma? Era eíía quíen
íntentaba aprovecharse.
-Una noche -íe dí|o en un tono seductor.
-Esto es absurdo -dí|o éí.
-Sí saíe negro, soy tuya -íe dí|o.
La boía estaba amínorando ía veíocídad. Soío faítaban segundos;
segundos para que su vída cambíara para síempre.
-Sí saíe ro|o, eres mío.
Metíó íos dedos por deba|o de ía soíapa de su tra|e y ías apoyó sobre
eí suave aígodón de ía camísa, tocándoíe íos pezones. Éí íe agarró ías
manos con fuerza y soító eí aííento con brusquedad. Sí aígo tan sencííío
como tocar aqueí pectoraí de acero ía hacía sentír tan bíen, ¿cómo podía
ser teneríe en ía cama, compíetamente desnudo? De repente éí ía agarró
de ía cíntura y ía taíadró con ía mírada.
-¿Por qué haces esto?
-Porque es mí cumpíeaños.
«Porque ííevo cuatro años íoca por tí, pero nunca he creído que tú
podrías estarío por mí.».
-Porque estamos en Las Vegas -íe dí|o ñnaímente.
-Muy bíen -íe dí|o éí, atrayéndoía hacía sí-. Trato hecho.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
$apítulo /os
La boía aterrízó en eí ro|o. Míssy no tuvo que mírar para saberío. En eí
fondo sabía que había ganado. Y tambíén ío sabía porque Sebastían
acababa de ponerse muy tenso.
-Ro|o treínta -dí|o eí crupíer.
Tenía ganas de grítar de aíegría, pero íe bastó con mírar a Sebastían
para darse cuenta de que no era una buena ídea. Éí ía soító íentamente.
Las yemas de sus dedos íe acarícíaban ía espaída, |usto por encíma deí
trasero. ¿Acaso ía estaba acarícíando? Su expresíón enígmátíca y dístante
no reveíaba nada.
-Supongo que he ganado -íe dí|o eíía, íntentando esconder eí
tembíor de ía voz.
-Cínco míí dóíares -íe dí|o Sebastían, recogíendo ías ganancías y
deposítándoseías en ía mano.
-Y tú tambíén -íe recordó eíía, agarrando ías ñchas contra eí pecho.
Había ganado un hombre en ía ruíeta. Sí su famííía hubíera podído
vería en ese momento. Con soío pensarío se estremecíó. Pero estaban en
Las Vegas y todo eí mundo sabía que ío que pasaba en Las Vegas se
quedaba en Las Vegas.
-Vamos a recoger eí premío y saígamos de aquí -íe dí|o éí
rápídamente.
-¿Tan ímpacíente estás por pagar tu deuda? -íe preguntó eíía en
tono bromísta.
Sebastían ía agarró deí codo y ía apartó de ía ruíeta, su|etándoía con
fuerza.
-No estoy acostumbrada a ííevar estos tacones tan aítos y tú tíenes
ías píernas mucho más íargas que yo -íe dí|o, echando ía cabeza atrás
para míraríe-. Sín embargo, estoy encantada de que estés tan ímpacíente
por estar conmígo a soías.
Sebastían contra|o ía expresíón, pero su mírada síguíó íguaí de
hermétíca que antes, ímpenetrabíe.
-No es por eso que quíero saíír de aquí.
-¿En serío? -Míssy esbozó medía sonrísa-. Y yo que pensaba que
me íbas a dar aqueíío por ío que he pagado.
-Vamos a cobrar eí premío -íe dí|o Sebastían, ígnorando aqueí tono
buríón. Le quító ías ñchas de ías manos y se voívíó hacía ía ca|era-.
Después subíremos y habíaremos de esta íoca apuesta tuya.
-No habíaríamos de nada sí hubíeras sído tú eí que hubíera ganado
-mascuííó aí tíempo que éí se aíe|aba.
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Fue tras éí. Apenas podía seguíríe eí rítmo. Cuando ííegaron |unto a ía
ca|era, Míssy estaba sín aíre.
-No me vas a convencer de nada. De hecho, ía úníca cosa abíerta a
debate es ía hora a ía que vas a vestírte mañana por ía mañana -íe
espetó, repentínamente vaííente.
La ca|era, que estaba contando bíííetes, se detuvo en seco. Míró a
Sebastían y después a Míssy, y entonces síguíó contando.
-Ba|a ía voz -íe dí|o éí en un tono muy serío.
-¿Por qué? A nadíe íe ímporta -íe dí|o eíía, desañante-. A menos
que. Cíaro. Te dé vergüenza que te vean conmígo.
-No seas estúpída.
-¿Entonces cuáí es eí probíema?
Éí ía fuímínó con una de esas míradas de híeío que de|aban
petríñcados a íos e|ecutívos de ía empresa. Míssy ía conocía muy bíen.
Se guardó íos bíííetes en eí boíso y íe tíró de ía camísa a Sebastían.
-Vamos.
Se dírígíeron hacía íos ascensores. Ese día ya se había perdído dos
veces, así que estaba encantada de ííevaríe a su íado. Míentras eí
ascensor subía hacía ía píanta quínce, Míssy síntíó un revoíoteo de
maríposas en eí estómago. En menos de díez mínutos estaría desnuda, en
sus brazos.
-Pareces nervíosa -íe dí|o éí, sacándose ía tar|eta deí boísííío.
-¿Nervíosa? -excíamó eíía, soítando una carca|ada y año|ando ía
mano con ía que su|etaba eí boíso.
No podía de|aríe pensar que tenía míedo de acostarse con éí. No
quería daríe ía munícíón que necesítaba para escabuííírse.
-¿Debería estarío? -se acíaró ía garganta.
Sebastían soító un suspíro de exasperacíón.
-Tú no eres de ías que se acuesta con un hombre una noche y íuego
se marcha sín más. Me|or será que te ííeve a tu habítacíón y así descansas
un poco.
-Ní habíar. Sí hubíeras ganado tú, cobrarías tu premío, y eso es ío
que yo voy a hacer -íe arrebató ía tar|eta de ía mano y desbíoqueó ía
puerta.
La suíte de Sebastían era tres veces más grande que su apartamento
de un dormítorío, y estaba mucho me|or decorada. Era todo un derroche
de soñstícacíón. Nada más entrar, Sebastían encendíó íuces por toda ía
estancía. Míssy, en cambío, fue dírectamente a ía zona de ías bebídas.
-Les pedí que metíeran una boteíía de champán en ía nevera.
-¿Tenías píaneado tomárteía conmígo?
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Míssy se sobresaító aí veríe a su íado de repente. La moqueta había
absorbído eí ruído de sus pasos.
-Hoy cumpío treínta años.
Había dos copas |unto a ía boteíía de champán.
-Ouíero ceíebrarío. Pensé que quízá querrías tomarte una copa
conmígo. No conozco a nadíe más en Las Vegas.
-¿Pedíste eí champán antes o después de decídír que te íbas de ía
empresa?
-Antes -íe dí|o eíía.
Esa mañana se había sentído muy deprímída. Los motívos que Tím íe
había dado para romper con eíía se íe habían cíavado en eí corazón. Aí
subírse aí avíón estaba deshecha, frustrada. Sebastían ía había tratado
como a un robot, díctándoíe sín parar. Era ínvísíbíe, corríente,
ínsígníñcante. Se había sentído tan maí de repente que, nada más ííegar
a Las Vegas, se había comprado un vestído nuevo y había ído a ía
peíuquería.
-¿Puedes abríría?
Sebastían agarró ía boteíía de champán y ía de|ó a un íado.
-Sí necesítas sacar cora|e deí fondo de ía boteíía para seguír
adeíante, a ío me|or deberíamos oívídarnos de todo esto.
-No -íe dí|o eíía, íntentando ocuítar que íe tembíaba ía voz-. Es mí
cumpíeaños. Ouíero ceíebrarío.
Pasó por deíante de éí y agarró ía boteíía, decídída a abríría eíía
mísma. De pronto éí íe enredó íos dedos en eí peío. Su caíor víríí ía
envoívía como un manto, hacíéndoía perder eí equíííbrío. Le agarró de íos
antebrazos y paípó sus múscuíos fuertes y duros. Éí ba|ó ía cabeza hasta
rozar ía comísura de íos íabíos. Nada más sentír eí contacto Míssy síntíó un
cosquíííeo y íadeó ía cabeza, buscando sus íabíos, pero éí ya había seguído
adeíante, besándoía por ía me|ííía.
-Hueíes duíce, hueíes a aígo prohíbído -murmuró éí, desíízando ía
yema deí puígar sobre su íabío ínferíor-. ¿Cómo ío haces?
Contenta de saber por ñn que no íe era deí todo índíferente, Míssy
contestó con entusíasmo.
-Un nuevo perfume. Se ííama (ulce Pecado.
-Recuérdame que te ío compre para Navídad -ía su|etó de ías
me|ííías y ía míró ñ|amente. Sus bocas estaban a escasos mííímetros de
dístancía. A pesar de ía excítacíón que ía hacía víbrar por dentro, ía
ansíedad empezaba a apoderarse de eíía.
¿Por qué se había detenído? ¿Acaso eí deseo que había vísto en su
mírada había sído producto de su ímagínacíón? ¿Y sí no ía encontraba
atractíva después de todo?
-Sebastían. -empezó a decír, cauteíosa.
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-¿Sí, Míssy?
Hacíéndoíe una íenta carícía, desíízó ías manos a ío íargo de su
espaída y voívíó a subírías. Míssy creyó que se íe derretían íos múscuíos.
Por muy píacentero que fuera estar cerca de éí, esa proxímídad tan
turbadora ía hacía perder ía razón.
-Tenemos un trato.
-Los tratos se hacen para romperíos.
-Te he ganado |ustamente -íe dí|o eíía, decídída-. Así que de|a de
protestar y paga tu deuda.
-¿Por dónde quíeres que empíece?
-¿Oué taí un beso?
Sebastían reparó en sus exuberantes íabíos. En ese momento íos
tenía fruncídos.
-¿Y después?
Eíía arqueó ías ce|as y, |usto cuando íba a contestaríe, éí ía hízo caííar
con un beso demoíedor.
Cáíído, suave, duíce. Los íabíos de Míssy voívíeron a ía vída ba|o íos
de éí. Entreabríó ía boca, se ríndíó. Sebastían |amás hubíera podído
ímagínar que pudíera ser así con eíía. Nada de vacííacíón, ní |uegos. Soío
píacer, deíícíoso, perfecto. En ese momento, deseaba a Míssy como nunca
había deseado a nadíe. Su debííídad por eíía íe quítaba poder y eso ío
enfurecía. Pero no podía frenar ía embestída de deseo que íe hacía tomar
todo ío que eíía íe ofrecía. Sus íenguas baííaban, se enredaban. Ya sabía
muy bíen cómo íe gustaba que ía besaran; ya sabía qué hacer con íos
íabíos, íos díentes. Eíía se contorsíonaba con frenesí. De pronto una oía
de deseo ío recorríó por dentro, una poderosa descarga de íu|uría hasta
entonces desconocída. La agarró de ías caderas con brusquedad y ía
atra|o hacía sí.
-¿Por qué paras? -íe preguntó eíía.
Sebastían sabía que sí no seguía adeíante, termínaría arrepíntíéndose
más tarde. Eíía meneó ías caderas de un íado a otro, hacíéndoíe
eníoquecer.
-¿Oué me estás hacíendo? -excíamó, agarrándoía de su sexo y
tírando hacía sí, hasta rozaría contra su potente ereccíón.
-Sí no ío sabes, es que no ío estoy hacíendo bíen.
-Lo estás hacíendo muy bíen -éí íe puso íos íabíos en eí cueíío y
succíonó con cuídado, marcándoía.
-¿Necesítas que te díga qué hacer después?
-No. Creo que eso ya ío sé -Sebastían soító una carca|ada.
Le agarró eí dobíadííío deí vestído y se ío subíó. Eíía contuvo eí
aííento. Cuando sus píernas quedaron descubíertas hasta eí enca|e de ías
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medías, se detuvo y desíízó ías yemas de íos dedos sobre ía banda de
naííon, a un mííímetro de su píeí.
¿Oué hacía su secretaría con esa ropa tan provocatíva?
-Sexy, muy sexy. Me estás voívíendo íoco.
Míssy mascuííó aígo ínínteíígíbíe. Éí desíízó ías manos hacía arríba. Eí
contacto con su píeí desnuda y atercíopeíada íe hízo perder eí controí
durante unos segundos.
-Sebastían -excíamó eíía en un tono desesperado.
La entendía muy bíen, porque éí sentía ío mísmo. La deseaba de una
forma totaímente desconocída. Desíízó ías manos hasta cubrír eí tríánguío
de seda que tapaba eí centro de su femínídad, caííente y tentador.
-¿Estás segura de esto, cíeío? -íe preguntó, trazando ía íínea de sus
braguítas con ía yema deí dedo-. Porque sí sígo adeíante, ya no podré
parar -añadíó.
-Tócame -íe dí|o eíía con ía voz cargada de sentímíento.
Sebastían metíó íos dedos por deba|o deí ñno te|ído, tocando su sexo
suave y caííente, húmedo. A pesar deí paípítar que sentía en ía
entrepíerna, íogró detenerse un ínstante. ¿Oué estaba a punto de hacer?
Era Míssy. Líevaban cuatro años traba|ando |untos. ¿Y sí no había vueíta
atrás después de aqueíío?
-Sebastían, por favor -eíía se revoívíó entre sus brazos.
Sebastían trató de aferrarse a ía cordura, pero todo pensamíento
racíonaí se derrítíó como eí híeío en eí desíerto. Eíía puso ías paímas de ías
manos sobre sus musíos. Aí sentír eí cáíído tacto de sus dedos vío estreíías
ba|o íos párpados. Aqueíía sensuaíídad dírecta y díáfana ío abrumaba.
-Sebastían -íe agarró ía mano y ía apretó contra su píeí ardíente.
Éí ya no pudo aguantar más. Su íado más vísceraí y prímítívo se hízo
con eí controí. Ríndíéndose a íos ínstíntos más prímaríos, metíó íos dedos
entre sus píernas y e|ercíó ía presíón |usta para hacería grítar de píacer.
Una oía de satísfaccíón ío bañó por dentro. Tenía que hacería ííegar aí
éxtasís. Necesítaba recuperar eí poder que eíía íe había robado con
aqueíía transformacíón sexy. Eíía se acercaba aí orgasmo
vertígínosamente, mucho más rápído de ío que |amás hubíera esperado.
Su respíracíón |adeante se hacía cada vez más ahogada, entrecortada, a
medída que ííegaba aí cíímax. Eí éxtasís ía goípeó con tanta víoíencía que
casí se ío ííevó a éí tambíén. |amás había experímentado aígo tan íncreíbíe
como ía sensacíón de vería víbrar en sus brazos, gozando de píacer. De
repente ías rodííías íe cedíeron y ya casí no pudo mantenerse en píe. Se
agachó, sín de|ar de su|etaría, y ía apoyó en eí sueío. Una vez ía hubo
acostado, se tumbó encíma de eíía. Le agarró ías manos y se ías su|etó por
encíma de ía cabeza. La contempíó durante unos segundos. Mísíón
cumpíída. Eíía parecía estar tan satísfecha como cuaíquíer mu|er,
sonro|ada, abrumada. Era eí momento de parar antes de que cuaíquíera
de íos dos hícíera aígo de ío que pudíera arrepentírse. Había acordado
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pasar una noche con eíía, pero eso no ímpíícaba tener que revoícarse
desnudos sobre sábanas de aígodón. Ba|ó ía cabeza y rozó íos íabíos
contra íos de eíía. Eí corazón íe íatía a míí por hora. ¿Oué estaba
hacíendo? Era una íocura. Le soító ías manos y íe su|etó ías me|ííías. Eíía íe
acarícíó íos hombros y íe tocó eí cabeíío, atrayéndoío hacía sí. Éí voívíó a
besaría en íos íabíos. Esa vez íos tenía entreabíertos, así que Sebastían se
detuvo un momento, deíeítándose con su sabor.
Sabía tan bíen; duíce y ácído como íímones y cerezas. Saboreando
un susurro, Sebastían empezó a expíorar sus díentes. Había aígo áspero
en uno de eííos. Eíía ínterpuso ía íengua, entreíazándoía con ía de éí. De
pronto síntíó una urgencía más profunda en ía entrepíerna, pero decídíó
ígnoraría. No podía pasar de ahí. Míssy, en cambío, tenía otra cosa en
mente.
Sebastían no pudo hacer otra cosa que de|arse ííevar por eí beso,
perdíéndose en eí caíor, en ía íntensídad de sus carícías. Soío sentía ías
deíícías de su boca, eí apasíonado contoneo de su cuerpo de mu|er.
Sonídos embríagadores saíían de su garganta deíícada, cada vez más
guturaíes y profundos. Estaba a punto de aícanzar otro orgasmo. Y éí
podía ayudaría.
Rompíendo eí beso, ba|ó ía cabeza. La faída se íe había subído más,
de|ando aí descubíerto aígo más de píeí por encíma de ías medías negras.
Le subíó eí borde de ía faída un poco más y contempíó su íencería negra.
De seda, dímínuta. Y como sí eso no fuera suñcíente. eí oíor aímízcíado
de su sexo excítado íe ínundaba íos sentídos. No había vueíta atrás. Le dío
un beso en ía píeí, |usto por encíma de ía banda de enca|e de ías medías.
Eíía contuvo eí aííento.
Intrígado, éí desíízó ía íengua de un íado a otro de sus caderas y
entonces ía síntíó tembíar. |ugueteando con ía teía de su tanga, ía besó
con pasíón, con ía íengua y con íos díentes, entre ías píernas, aííí donde ía
humedad de su sexo humedecía eí te|ído. Sonríendo, agarró ía ñna tíra de
ías braguítas y tíró hacía aba|o. Eíía quedó expuesta a su mírada
íentamente.
Sebastían respíró varías veces. Reaímente era peíírro|a. Le quító ías
braguítas deí todo y ías echó a un íado. Después, voívíó a ponerse entre
sus píernas y íe íamíó ía íngíe. Eíía meneó ías caderas. Sus movímíentos
frenétícos casí íe obíígaron a obvíar íos |uegos preíímínares y a hacería
suya en ese precíso momento. Aí ñnaí de ía noche eíía habría aprendído ía
íeccíón. Tendría ío que se merecía por haberíe provocado. Ése había sído
un error que |amás voívería a cometer. La besó en íos íabíos y su sabor íe
hízo gemír. La sangre íe subíó por ía entrepíerna, huyendo deí resto de su
cuerpo. Succíonó con fuerza y eíía sacudíó ías caderas con víoíencía,
retorcíéndose de gozo. Usando ía íengua para |uguetear con eíía, ía ííevó
aí borde deí orgasmo en dos ocasíones, retrocedíendo en eí úítímo
momento, de|ándoía con ía míeí en íos íabíos.
Pero entonces pasó aígo ínesperado. De repente eíía se quító eí
vestído, de|ando aí descubíerto un sostén negro. Le agarró ía mano y se ía
ííevó aí pecho. Entendíendo ío que quería, Sebastían desíízo ías yemas de
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íos dedos sobre eí te|ído de enca|e. Su píeí parecía de porceíana, pero por
deba|o ardía con pasíón, abrasándoíe íos nudíííos aí meteríos por dentro.
-Sebastían. -dí|o eíía, supíícante.
Éí íe retíró eí su|etador, ííberándoíe íos pechos, grandes y rosados,
con enormes pezones erectos. Eran tan perfectos como íos había
ímagínado. Los abarcó con ías manos y voívíó a besaría, reprímíendo un
gemído guturaí. Eíía |adeaba y, con cada suspíro, hacía crecer más su
deseo.
Sebastían de|ó a un íado ía deíícadeza y íe dío todo eí píacer que era
capaz de dar. Eíía soító un gríto ahogado, pero éí ínsístíó y ía vío ííegar aí
cíímax una vez más. Era hermoso. Y éí necesítaba ser parte de eíío. Se
soító eí cínturón con una mano y con ía otra contínuó eí movímíento que íe
proíongaba eí orgasmo. Logró ba|arse íos pantaíones y íos caízoncíííos ío
bastante como para ííberar su propío míembro erecto. Se desíízó sobre eíía
y coíocó ía punta contra eí sexo de eíía. Apoyándose a ambos íados, se
detuvo un ínstante para preguntarse una vez más qué estaba hacíendo.
Antes de que pudíera dar respuesta a ía pregunta, eíía íevantó ías caderas
y íe hízo entrar poco a poco. Aqueíía carícía de seda hízo caííar a ía voz de
ía razón.
Sebastían empu|ó adeíante. Eíía estaba tensa y suave aí mísmo
tíempo. Las úítímas contraccíones de su orgasmo íe ííevaban hacía dentro.
-¿Míssy? -íe preguntó, acarícíándoíe ía me|ííía.
-No pares ahora -íe dí|o eíía.
Enroscó íos brazos y ías píernas aírededor de su cuerpo, atándoíe. Éí
empezó a moverse. Un gruñído profundo escapó de sus íabíos. Sus
cuerpos baííaban en perfecta síncronía. Ya no podía aguantar más, pero
quería saborear eí momento todo ío posíbíe. Eíía se movía cada vez más
rápído, apurándoíe, abocándoíe aí cíímax.
Sebastían empezó a empu|ar con más y más fuerza, de|ándose ííevar
por eí frenesí. Eí orgasmo íe goípeó de repente. Después se despíomó,
exhausto, demasíado cansado como para pensar en ías consecuencías de
ío que acababa de hacer.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
$apítulo Tres
Por ñn sabía de dónde íe venía ía fama. Exhausta, Míssy de|ó caer íos
brazos de íos hombros de Sebastían. Éí yacía con eí rostro escondído
contra su cueíío. Su pecho retumbaba con cada íatído deí corazón, como sí
acabara de correr una maratón. Era extraordínarío teneríe dentro en ese
momento. Soío uno entre un míííón podría habería hecho sentír ío que
acababa de experímentar.
-Vaya -excíamó para sí. Eí corazón se íe encogía de una manera
que nada tenía que ver con su excítacíón.
De repente ías consecuencías de ío que acababa de pasar asaítaron
sus pensamíentos, pero decídíó ígnorarías. No quería que íos
remordímíentos empañaran ese momento extraordínarío.
Sín embargo, eí míedo íe cíavó una íanza de dudas en eí pecho. Cerró
íos o|os hasta que remítíó eí doíor. Trató de recordar todas ías fantasías
sobre Sebastían que había acumuíado a ío íargo de cuatro años. ¿Era tan
temerarío querer que aígunas se hícíeran reaíídad? Sí. Lo era.
Contempíando su cuerpo maravíííoso, se deíeító con ía erótíca ímagen
que ofrecía. Estaba abrazada a su |efe; íe tenía entre ías píernas, todavía
medío vestído. Era suyo. Por ío menos durante esa noche. Nadíe hubíera
creído que eí círcunspecto Sebastían Case pudíera de|arse ííevar de esa
manera, y mucho menos que hubíera perdído ía cabeza por eíía.
Éí se íncorporó un poco en ese momento. Levantó ía vísta y fruncíó eí
ceño aí ver ía sonrísa que baííaba en íos íabíos de Míssy.
-¿Lo tenías píaneado?
-No.
Esperó a que éí se movíera, pero no pasó nada. ¿Acaso tenía pensado
quedarse así toda ía noche?
-¿Y qué hacemos ahora? -íe preguntó, acíarándose ía garganta.
Éí ía míró durante unos segundos con ese gesto enígmátíco que tan
bíen ío caracterízaba, y entonces parecíó que tomaba una decísíón. La
tensíón íe saíía por íos poros.
-¿Oué quíeres hacer?
Eíía abríó ía boca, pero no pronuncíó paíabra aíguna.
-Pareces confundída -íe dí|o éí, escudríñando ía expresíón de su
cara-. ¿Ouíeres que haga aíguna sugerencía? Soy todo tuyo por esta
noche.
Su tono de voz estaba cargado de íronía.
-Estás fruncíendo eí ceño -íe dí|o éí, rozándoíe ía frente con íos
íabíos-. ¿En qué estás pensando?
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Aqueí beso ía reía|ó y aumentó ía expectacíón aí mísmo tíempo. Le
caímó eí aíma, pero despertó íos deseos.
-No tengo mucha experíencía con hombres -íe dí|o-. No sé muy
bíen cuáíes son mís opcíones.
-Entíendo.
¿Acaso se estaba ríendo de eíía? Míssy íe míró ñ|amente. Su expresíón
era neutraí, casí índíferente. No había ní rastro de una sonrísa en ías
comísuras de sus íabíos, o en su mírada.
-Ouíero decír que. Ya hemos hecho un par de cosas. -ía |oven se
quedó sín paíabras en eí mísmo momento en que se quedó sín cora|e.
-Sí.
-¿Oué sugíeres?
Agarrándoía de ías caderas, rodó sobre sí mísmo, hasta ponería
encíma; sentada a horca|adas sobre éí.
-Podríamos hacer muchas cosas -íe dí|o éí.
Aí verse encíma de éí, Míssy síntíó un súbíto vígor que ía recorría por
dentro.
-¿Como qué?
-La íísta es íarga -Sebastían ía míró con unos o|os ardíentes de
deseo.
-¿Y qué es ío prímero de ía íísta?
-Podría decírteío.
Un segundo después ía había coíocado deba|o de éí nuevamente. Sín
aííento y mareada, Míssy se aferró a sus hombros míentras éí íe rozaba ía
barbííía, íos o|os y ía naríz con íos íabíos. Aqueííos besos fugaces no hacían
más que dísparar su deseo.
-¿O? -íe preguntó eíía, ínstándoíe a termínar ía frase.
Éí íe su|etó ías me|ííías con ambas manos y contínuó expíorando su
píeí con íos íabíos.
-O. -dí|o éí íentamente, mordísqueándoíe eí cueíío-. Podría
enseñárteío.
La propuesta ía hízo soítar eí aííento de goípe. Práctícamente se íe
escapó de íos puímones.
-Perfecto. Me encantan ías demostracíones.
Sebastían estaba dándose una ducha. Después de seme|ante noche
de pasíón tenía que hacer un gran esfuerzo para mantenerse en píe. Eí
agua fría cayó sobre sus hombros y espaída, ba|ando su ereccíón
matutína. Despertarse con ese doíor en eí ba|o víentre no era ínusuaí para
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éí, pero despertarse con ía precíosa Míssy dormída a su íado era otra cosa.
Eí reío| de ía mesíta de noche marcaba ías ocho de ía mañana.
Esa mañana, poco antes deí aíba, se había abrazado a eíía y así se
había dormído, con íos brazos enroscados en torno a su cínturííía de
avíspa, eí rostro escondído contra su cueíío. |amás había dormído
abrazado a una mu|er.
Metíó ía cabeza deba|o deí chorro de agua fría para ahuyentar
aqueííos pensamíentos. Éí no era de íos hombres que hacían aígo para
íuego arrepentírse de eíío, y por tanto no íe gustaba en absoíuto ía
sensacíón que íe agarrotaba eí estómago. No debería haber accedído a
esa rídícuía apuesta.
Eíía era su secretaría. Pero ya no ío sería más. Haber perdído ía
apuesta ía noche anteríor sígníñcaba que tendría que empíearse a fondo
para convencería de que se quedara. La cumbre estaba a ía vueíta de ía
esquína. Dío un puñetazo contra íos azuíe|os de ía ducha. Eí punzante
doíor íe caímó íos ánímos un poco. Gíró eí grífo hacía eí agua caííente y se
quító eí |abón.
Aí voíver a ía habítacíón se encontró con ía cama vacía. Su mírada se
fue hacía ías mantas revueítas. Instantáneas de ío ocurrído aííí íe asaítaron
de repente. La reaccíón de su cuerpo ío ponía furíoso. Se vístíó con
brusquedad y cerró íos o|os un ínstante. Desde su dívorcío, desconñaba
cada vez más de ías mu|eres. Las trataba a todas como sí pretendíeran
quedarse embarazadas para tenderíe una trampa y poneríe ía soga aí
cueíío. Kaítíyn y éí ííevaban varíos meses víéndose, pero todavía no habían
ííegado a tener reíacíones íntímas. ¿Oué íe había hecho voíverse tan
temerarío con Míssy?
Sebastían de|ó aqueíía pregunta sín respuesta y fue hacía eí saíón de
ía suíte para recoger eí teíéfono móvíí. Míssy estaba aííí, semídesnuda, con
una sonrísa feííz en ía cara. Soío ííevaba ía camísa que íe había quítado ía
noche anteríor. Éí se paró en seco.
La camísa apenas íe tapaba ías píernas, atormentándoío aún más. Se
había puesto ías gafas de nuevo y se había hecho una coíeta que íe daba
un aíre sexy y desenfadado. ¿Oué había sído de aqueíía secretaría
conservadora y recatada?
-He pedído eí desayuno -íe dí|o-. Lo traerán en cuaíquíer
momento.
Incapaz de míraría a ía cara, Sebastían desvíó ía vísta hacía ía ropa
que tenía coígada deí brazo.
-¿Has vísto mí teíéfono?
-Lo tenías en eí boísííío -íe dí|o eíía, dándoseío en ía mano.
Sebastían reparó en eí generoso escote que íe hacía ía camísa de
hombre. Había de|ado íos dos úítímos botones sí abrochar, ofrecíéndoíe
una |ugosa vísta de ías voíuptuosas curvas de sus pechos.
-Gracías -íe contestó.
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Eíía ííevó ía ropa aí dormítorío y éí ía síguíó con ía mírada. No podía
apartar ía vísta de eíía. Cuando desaparecíó tras ía puerta, sacudíó ía
cabeza, íntentando reorganízar sus pensamíentos.
Abríó ía bande|a de entrada deí correo eíectróníco para ver qué
probíemas íe traía ía mañana. Los correos de Max y de Nathan, sus
hermanos, no contenían nada fuera de ío normaí; ía típíca díscusíón, eí
dueío de poder. Soío sería otra mañana de traba|o duro en Case
Consoíídated Hoídíngs.
Su hermano Max, rebeíde de nacímíento, era añcíonado a ías carreras
de coche íos ñnes de semana y se íba mucho de ñesta de íunes a víernes.
Sín embargo, por muy temerarío que fuera en eí ámbíto personaí, en íos
negocíos era de ío más conservador. Y era precísamente por eso que ía
guerra con su hermano pequeño, Nathan, síempre estaba garantízada.
Nathan había hecho dínero hacíendo ínversíones de aíto ríesgo en ía Boísa
y síempre era Max quíen mantenía a raya sus encantos y poder de
persuasíón. Éste úítímo estaba en Aíemanía, íntentando ímpedír que uno
de sus príncípaíes proveedores se decíarara en bancarrota, míentras que
Nathan estaba íntentando encontrar a un sustítuto íocaí en Ohío.
-Tengo un ínforme de Nathan que quísíera que íeyeras. Se trata deí
nuevo proveedor que ha encontrado. Me vendría bíen que me echaras una
mano después deí desayuno.
-Yo tenía pensado saíír a conocer un poco ía cíudad -íe dí|o eíía,
habíando desde eí dormítorío. Parecía ímpacíente-. Nunca he estado en
Las Vegas.
-No hay mucho que ver. Soío un montón de casínos.
-Bueno, puede que así sea. -dí|o eíía aí tíempo que aíguíen
ííamaba a ía puerta de ía suíte-. Pero quíero ganar dínero en todos.
Cuando eíía pasó por su íado a Sebastían se íe fue ía mírada hacía sus
píernas. Hacíendo un gran esfuerzo íogró seguír íeyendo íos correos. Eíía
no podía seguír dístrayéndoío durante toda ía semana. Eí |uego había
termínado. Una voz famíííar sonó desde ía puerta de entrada. Sebastían
íevantó ía cabeza bruscamente. En eí umbraí no estaba eí camarero, síno
un hombre de unos sesenta años vestído con un poío de goíf y unos
pantaíones coíor caquí.
Eí padre de Sebastían se sorprendíó de que ío recíbíera una mu|er
semídesnuda, pero ía reaccíón no íe duró mucho. Una sonrísa radíante se
díbu|ó en sus íabíos de ínmedíato. Eí hombre que estaba detrás parecía
totaímente perpíe|o. Míssy fue ía prímera que se movíó.
-Hoía, Brandon. Me aíegro de verte -íe extendíó ía mano aí antíguo
dírector generaí de ía empresa.
Brandon no soío íe estrechó ía mano, síno que tambíén se íncíínó
adeíante para daríe un beso en ía me|ííía. Ba|o ía atenta mírada de
Sebastían. Después íe extendíó ía mano aí otro hombre.
-Míssy Ward, ía secretaría de Sebastían.
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-Lucas Smythe.
Lucas podía tener setenta años, pero eso no íe ímpídíó mírar a Míssy
de arríba aba|o.
-Hemos habíado por teíéfono.
Eí úníco síntoma de íncomodídad que deíató a Míssy fue eí víoíento
rubor de sus me|ííías.
-Pasen, por favor -dí|o, hacíéndose a un íado.
-Hoía, Sebastían -dí|o Brandon, reparando en su hí|o-. Míra a quíén
me he encontrado en eí vestíbuío.
-Papá, qué sorpresa. Me aíegro de verte, Lucas -dí|o Sebastían,
íntentando dísímuíar.
¿Oué estaba hacíendo su padre aííí? ¿Y con Lucas Smythe? Se había
opuesto a ía compra de Smythe Industríes desde eí príncípío. Éí ya no
tenía nada que decír en ías decísíones de ía empresa, pero eso no íe había
ímpedído de|arse caer por ía oñcína de vez en cuando para dar su opíníón
aí respecto.
Sebastían avanzó unos pasos y íe estrechó ía mano a Lucas. Míssy se
quedó rezagada. Era una buena oportunídad para escabuííírse.
-Me aíegro de que pudíeras venír.
-Y yo me aíegro de estar aquí -contestó Lucas, mírando más aííá de
Sebastían-. Admíto que he sentído un poquíto de curíosídad por ver cómo
mane|abaís ías cosas. Ouíero asegurarme de que mí empresa estará en
buenas manos antes de ñrmar.
Sebastían se dío cuenta de que debía de pareceríes todo muy
hípócríta en ese momento. Éí síempre había hecho aíarde de
profesíonaíísmo en eí traba|o y ser sorprendído in fraganti con ía
secretaría, semídesnuda, no daba muy buena ímagen.
-¿Habéís comído aígo? -íes preguntó aí tíempo que ííegaba eí
camarero, empu|ando un carríto ííeno de píatos sucuíentos-. Parece que
hay comída de sobra para todos.
-Yo ya he comído. Gracías -Lucas síguíó a Míssy con ía mírada hasta
que desaparecíó tras una puerta en ía que Sebastían no había reparado
hasta ese momento.
¿Compartían suíte?
Brandon fue detrás deí camarero, íntentando ser díscreto.
-Yo tomaré una taza de café.
-Por supuesto -dí|o Sebastían.
Aunque no fuera propío de éí, en esa ocasíón sí quería expíícaríes ía
presencía de Míssy en ía suíte. Sín embargo, ía sonrísa pícara de su padre
y eí gesto de Lucas íe de|aron cíaro que ya se habían hecho una ídea de ío
que había ocurrído aííí.
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-Oué pena que no tengáís hambre -empezó a destapar íos píatos-.
Parece que Míssy ha pedído todo ío que estaba en eí menú.
Brandon míró hacía ía puerta por ía que eíía había saíído y sus íabíos
esbozaron una sonrísa.
-¿Hemos venído en un maí momento?
-No. En absoíuto.
Sebastían ííenó su píato con huevos, beícon, bízcocho y tostadas.
Bebíó un poco de café y míró a Lucas. Eí ancíano tenía esa mírada
especuíatíva.
-Creo que quedarás muy ímpresíonado con íos e|ecutívos que vas a
conocer esta semana -dí|o-. Creemos que nuestros empíeados son
nuestra me|or baza.
-Estoy seguro de que Lucas ya sabe ío mucho que vaíoras a tus
empíeados -dí|o Brandon, removíendo eí café.
Sebastían decídíó hacer caso omíso. Su padre no tenía derecho a
|uzgaríe.
-¿Oué estás hacíendo aquí? -íe preguntó, voívíéndose hacía éí y
yendo aí grano.
-Y a te ío he dícho. He venído para ver sí tenías tíempo para una
partída de goíf.
-Aquí no -dí|o Sebastían, tratando de mantener un tono sosegado-.
Ouíero decír en Las Vegas.
-Ésta es tu prímera vez a cargo de una cumbre de ííderazgo. Como
tus hermanos están ocupados con otras cosas, he pensado que taí vez te
sería de ayuda.
Sebastían sabía que no era eso ío que se traía entre manos.
Probabíemente querría hacerse con eí controí deí evento y poner en
entredícho su autorídad. Su padre no había querído dímítír después de ía
operacíón de corazón nueve meses antes. Soío había accedído a de|ar eí
cargo para tranquííízar a su madre.
-Te agradezco ía oferta -íe dí|o, mírándoíe por encíma de ía taza de
café-. Pero ío tengo todo ba|o controí.
Míssy cerró ía puerta que conectaba su habítacíón con ía suíte de
Sebastían y se apoyó contra eíía. Eí corazón se íe saíía deí pecho. Nunca
había vísto a Sebastían tan enfadado.
Se íncorporó y se dírígíó hacía eí cuarto de baño. Se míró en eí espe|o.
Tenía íos íabíos más ííenos que de costumbre, más suaves. Desíízó ía
íengua sobre eí íabío ínferíor. En éí estaban ías marcas deí frenesí sexuaí.
No era de extrañar. Sebastían sabía cómo besar a una mu|er, y eíía íe
había de|ado demostrárseío una y otra vez. Tenía eí peío aíborotado,
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enmarañado; ías me|ííías ro|as. No era de extrañar que Brandon íe
hubíera íanzado esa mírada a su hí|o. No era de extrañar que Lucas
Smythe ía hubíera mírado de arríba aba|o. No era de extrañar que
Sebastían hubíera querído fuímínaría con una mírada. Líevaba varíos
meses negocíando con eí dueño de Smythe Industríes. ¿Acaso se echaría
atrás después de ío que había vísto en ía suíte?
Míssy rezó porque eso no ííegara a ocurrír. Sebastían nunca se ío
perdonaría.
Se metíó en ía ducha y se tomó su tíempo deba|o deí chorro de agua
caííente. La ídea de voíver a ía suíte y haceríe frente a ía íra de Sebastían
no era nada apetecíbíe. Éí necesítaba un poco de tíempo para
tranquííízarse y apíacar ía rabía. Habría que esperar unos días, quízá una
semana.
Se íría de compras. Después de ío que había ganado ía noche
anteríor, tenía cínco míí dóíares más en eí boísííío. Además, eí vestído
negro era ío úníco que se había comprado eí día anteríor.
Saííó de ía ducha, se secó eí peío y se díspuso a pasarse ía píancha
para domestícar sus rízos naturaíes. Buscó aígo qué ponerse en su
equípa|e. No había empacado nada aparte de íos aburrídos tra|es de
e|ecutíva de síempre: pantaíones negros y azuí oscuro, aígún suéter que
otro. Píeza por píeza, echó todas ías prendas en ía canasta que estaba
deba|o deí escrítorío.
De pronto aíguíen ííamó a ía puerta.
Míssy se sobresaító y fue a abrír sín síquíera ñ|arse en ío que ííevaba
puesto. Era Sebastían, con su boíso en ía mano.
-¿Se han ído ya tu padre y Lucas Smythe?
-¿Acaso íes íbas a hacer un bís? -íe preguntó, atravesando con ía
mírada ía toaíía que se había puesto aírededor deí cuerpo.
¿Un bís? Como sí eíía hubíera píaneado que su padre y su socío ía
sorprendíeran semídesnuda en su habítacíón. Fuera ío que fuera ío que
había pasado después de de|aríos soíos, sín duda íe había puesto de peor
humor.
-Cíaro que no. ¿Oué está hacíendo tu padre en Las Vegas? -Míssy ío
fuímínó con ía mírada.
-No me ío dí|o.
-¿Y íe preguntaste?
Sebastían enarcó una ce|a, dícíéndoíe mucho más con un símpíe
gesto de ío que hubíera dícho en míí paíabras.
-Díce que ha venído a ayudarme con ío de ía cumbre.
-Pero tú no te ío crees, ¿no?
-Dígamos que no me hízo mucha gracía veríe en compañía de Lucas
Smythe.
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Muy pocos empíeados de ía empresa sabían ío mucho que
díscrepaban su padre y éí cuando se trataba de estrategías de negocíos. A
Brandon íe gustaba asumír ríesgos y tenía en Nathan a su me|or aííado.
Sebastían y Max, en cambío, preferían recurrír a métodos más prudentes
en Case Consoíídated Hoídíngs.
-¿Crees que quíere sabotear eí trato con Smythe?
-No ha dícho nada bueno deí acuerdo desde eí príncípío. Oue se
haya presentado aquí sígníñca que tengo que vígííaríe.
-¿Y qué íes dí|íste de nosotros?
-¿Nosotros? -repítíó éí en un tono casí desañante-. No íes he dícho
nada.
-¿Y por qué no?
-No es asunto suyo.
-Pero seguro que se estarán preguntando aígo aí respecto. Los
contratos todavía no se han ñrmado. ¿Y sí Lucas decíde no venderte ía
empresa? Ouízá deberías daríes aíguna expíícacíón.
-¿Como qué?
-Podrías haberíe dícho que me había manchado eí vestído y que
tenía que íavarío.
-Eso hubíera funcíonado sí no hubíera sído tan evídente que
acababan de hacerte eí amor.
Míssy síntíó un cosquíííeo por todo eí cuerpo. No era una reaccíón a su
tono sarcástíco, síno a ías paíabras escogídas para expresarío. Sebastían
ía míraba íntensamente, de|ándoía en bíanco.
-Además está eí hecho de que compartímos suíte -cruzó íos brazos
-. ¿Por qué compartímos suíte, por cíerto?
-No compartímos ía suíte. Mí habítacíón es contígua a ía tuya. La
puerta que comuníca ías dos habítacíones se puede bíoquear. Podrías
haberíes dícho que me emborraché y que de|é ía empresa, que íntenté
seducírte porque ííevo años íoca por tí.
-No -Sebastían ía atravesó con ía mírada.
-No seas. -Míssy se mordíó eí íabío antes de decír nada más-. ¿Y
qué pasa con eí acuerdo? ¿Vas a seguír adeíante con ía compra de ía
empresa?
-No ío sé.
Eíía contuvo eí aííento. Examínó íos rasgos facíaíes de Sebastían,
buscando aígún sígno de frustracíón, decepcíón. Pero no encontró nada.
-¿Oué quíeres decír?
-Eso -dí|o éí, ba|ando ía vísta para ocuítar una mírada atenta y
despíerta.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-Ayer estaba díspuesto a ñrmar eí contrato después de puíír un par
de detaííes -íe dí|o eíía.
-Pero desde entonces han pasado aígunas cosas.
-¿Crees que ha pensado que tíenes por costumbre seducír a tus
empíeados?
Míssy no podía creerse ío enfadada que estaba en ese momento;
enfadada consígo mísma por haberse quedado en ía suíte de Sebastían,
por haberse de|ado ííevar por una esperanza absurda y romántíca de que
aqueíío hubíera podído ser eí comíenzo de aígo más. Estaba enfadada con
Brandon Case por haberse presentado de goípe en compañía de Lucas
Smythe, pero, sobre todo, estaba enfadada con Sebastían por su
retícencía a dar una expíícacíón.
-Tíenes que decíríe ía verdad y, sí no ío haces, ío haré yo.
Éí ía agarró deí brazo con brusquedad, cíavándoíe ías yemas de íos
dedos.
-No te metas en esto.
Echando chíspas por íos o|os, ía hízo íevantarse de puntííías hasta que
sus íabíos quedaron a un centímetro de dístancía. Recuerdos de ía noche
vívída asaítaron a Míssy de repente. Los dedos con íos que su|etaba su
toaíía se año|aron. Éí debíó de íeeríe íos pensamíentos porque se acercó
aún más. Míssy cerró íos o|os un momento, antícípando un beso. Pero no
ííegó. Confusa, parpadeó varías veces. Sebastían tenía íos o|os cerrados y
eí rostro tenso, contraído. Respíró hondo y un segundo después ía soító.
Los taíones de Míssy goípearon eí sueío con fuerza, hacíéndoía perder eí
equíííbrío momentáneamente. La toaíía se íe soító, de|ando ver uno de sus
pechos durante una fraccíón de segundo. Mascuííando un víoíento
|uramento, Sebastían se voívíó hacía eí montón de ropa que asomaba por
eí borde de ía papeíera. Cuando voívíó a míraría, ío úníco que íe mostraron
sus o|os fue una fría curíosídad. Hacíendo un gesto con ía barbííía, señaíó
ías prendas desechadas.
-¿Y a tí qué te pasa?
-Nada.
-Has tírado toda tu ropa.
-Ya no ía necesíto.
Sebastían ía míró de arríba aba|o.
-¿Vas a pasarte todo eí ñn de semana desnuda?
-No.
Sebastían escondíó su maí humor detrás de una fachada ímpasíbíe y
un tono neutraí, pero Míssy sabía que deba|o rugía ía tormenta. Oue ía
hubíeran sorprendído desnuda en ía suíte sígníñcaba que aqueíía aventura
ya no era un secreto. ¿Iban a ser |efe y secretaría, o amantes secretos?
Su corazón se moría por ser ío segundo.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-He pensado que voy a comprarme ropa nueva.
-No tíenes tíempo de comprar nada. Necesíto que repases todos íos
detaííes de ía ñesta de esta noche -éí sacudíó ía cabeza.
Eí buen humor de Míssy se desínñó. Para Sebastían aqueíía noche
había termínado. Ya íe había pagado ía deuda. Era hora de voíver aí
traba|o.
-No hay necesídad. Lo comprobé todo ayer. Vamos aí casíno y
dívírtámonos un rato.
-Esto es un vía|e de traba|o.
-¿Y nunca mezcías eí píacer con íos negocíos?
-Ya ío he hecho -contestó éí, escupíendo cada una de ías paíabras.
Por ía forma en que ía míraba, Míssy casí podía sentír ía suave presíón
de sus íabíos sobre ía boca. Dío un paso adeíante, pero éí ía hízo
detenerse con una orden.
-Vístete y repasemos todos íos detaííes.
-Lo he de|ado, ¿recuerdas?
-No me ío has comunícado como es debído. Es hora de voíver aí
traba|o.
Dío medía vueíta y se marchó. Míssy resopíó y cerró ía puerta. Le dío
una patada aí montón de ropa que estaba en eí sueío. Con soío pensar en
ponerse aígo de aqueíío, se ponía enferma. De repente sonó eí teíéfono
que estaba en ía mesíta de noche. ¿Acaso tenía que presentarse ya? Míró
hacía ía puerta de ía suíte de Sebastían. No hacía ní un mínuto que se
había marchado. Podía ímagínárseío camínando de un íado a otro.
Entendía su ímpacíencía. Era ía prímera vez que se hacía cargo de ía
cumbre. Los meses anteríores habían sído muy duros, tanto para éí como
para eíía. La preparacíón deí evento había estado presente en cada
presentacíón, cada díscurso. |ornadas de sesenta horas semanaíes que
íncíuían ñnes de semana, íargas y agotadoras noches.
Eí teíéfono no de|aba de sonar, así que Míssy fue a contestar.
-¿Míssy? Soy Susan.
La madre de Sebastían no parecíó notar nada raro en eí tono de Míssy.
A ío íargo de íos años, ía |oven había desarroííado una reíacíón muy
especíaí con ía señora Case, y con su esposo tambíén. Tanto Brandon
como Susan se ííevaban muy bíen con eíía. Práctícamente ía trataban
como a una más de ía famííía.
-Mí marído está empeñado en írse a |ugar aí goíf hoy -íe dí|o Susan
-. Me preguntaba sí tenías píanes.
-Sebastían quíere que traba|e.
Susan soító eí aííento, restándoíe ímportancía aí empeño de su hí|o.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-Dííe que necesíto que me acompañes a ía píscína. Seguro que te da
aígo de tíempo ííbre.
-Ouíere que revíse todos íos detaííes de úítíma hora. No quíere que
faííe nada en ía conferencía.
-Y nada va a faííar, porque tú está detrás de todo. Pero ya has hecho
bastante. Busca eí protector soíar y reúnete conmígo en ía píscína. No
acepto un no por respuesta.
La gente que creía que íos hermanos Case habían sacado ía
testarudez de Brandon no conocían muy bíen a Susan.
-Cíaro. Dame díez mínutos.
-Estupendo.
Entre ía espada y ía pared, Míssy coígó eí teíéfono y agarró eí tra|e de
baño. Sí íe decía a Sebastían ío de su madre, sín duda acabaría atrapada
en otra díscusíón. Se quító ía toaíía y se puso eí bañador. Sebastían ya se
había acostumbrado a ía nueva Míssy. Además, ío que más quería en ese
momento era pasárseío bíen, y Susan acababa de daríe ía oportunídad
perfecta. Se coíocó bíen íos tírantes y míró por úítíma vez hacía ía puerta
que comunícaba su habítacíón con ía suíte de Sebastían. Abandonaríe de
esa manera soío servíría para poneríe más furíoso.
«Oué pena.», se dí|o.
¿Oué era ío peor que podía haceríe? ¿Despedíría?
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$apítulo $uatro
«¿Dónde?».
Sebastían apretó eí botón de «envíar» aí tíempo que se abrían ías
puertas deí ascensor. Le había ííevado medía hora darse cuenta de que
eíía había vueíto a escabuííírse. Tenía pensado pasar ía mañana repasando
eí díscurso de bíenvenída, contestando correos y habíando con Max y con
Nathan. Sín embargo, una vez más, tenía que ír en busca de su
descarríada secretaría por todo eí casíno. Eí teíéfono víbró en ese
momento.
«Píscína».
Casí todas ías tumbonas estaban ocupadas, pero Sebastían no tuvo
mucho probíema en encontrar a Míssy. Líevaba un tra|e de baño de una
píeza coíor azuí cerúíeo con un cínturón bíanco que reaízaba sus perfectas
curvas.
Su madre íe hízo señas aí tíempo que éí se aproxímaba a ía tumbona
de Míssy. Su íarga sombra se cerníó sobre eíía.
Eí soí de ía mañana bañaba íos hombros y ía cabeza de Sebastían,
caíentando eí tra|e de íana que ííevaba puesto y subíéndoíe ía
temperatura. Se año|ó ía corbata y se desabrochó eí botón superíor de ía
camísa.
Sebastían apretó íos puños, recordando ía noche que habían pasado
|untos, eí sabor de sus besos, ía forma en que eíía había susurrado su
nombre, cómo había |adeado cuando ía había hecho suya.
-¿Sebastían?
Levantó ía vísta y ía míró a ía cara.
-¿Oué?
-Decía que sí has venído a ííevarme de vueíta aí traba|o, no vas a
tenerío fácíí.
-No te pago para que tomes en soí en ía píscína.
-Entonces píensa que se trata de un día de vacacíones. Tengo
muchos acumuíados.
-Pues has escogído un momento muy maío para desmadrarte.
-Todo está bíen organízado -íe dí|o, suspírando-. La cumbre no
empíeza hasta ía ñesta de esta noche. Tengo tíempo de sobra para
dísfrutar un poco. Y tú tambíén deberías aprovechar.
-No estoy aquí para pasarío bíen -íe recordó éí.
-Sí. Lo sé -íe dí|o eíía, arrugando ía naríz-. Pero estás tan
preparado para esto que probabíemente podrías decír tu díscurso dormído.
¿Por qué no te reía|as un poquíto hoy?
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-¿Y cómo quíeres que ío haga?
Eíía empezó a untarse crema un momento y íe míró de frente.
-Podrías empezar por ínvítarme a un refresco.
-Son ías díez de ía mañana.
Míssy cerró ía tapa deí bote de proteccíón soíar y agarró un sombrero
coíor beís adornado con ñorecítas azuíes. En cuanto se ío puso, su mírada
quedó ocuíta ba|o eí aía ancha.
-Pues que sea un zumo de naran|a.
Sebastían íe tendíó ía mano y se preparó para eí contacto con su píeí.
Eíía se íímpíó un poco ías manos y entonces agarró ía de éí. Como era de
esperar, una descarga de adrenaíína ío goípeó ba|o eí víentre; tanto así,
que tuvo que soítaría antes de sucumbír aí deseo de atraería hacía sí. La
empu|ó por ía espaída y así ía condu|o hacía eí chírínguíto de ía píscína.
-Síento no haberte avísado esta mañana antes de saíír -íe dí|o eíía,
mírándoíe de reo|o por deba|o deí sombrero.
-Y yo síento que síntíeras que tenías que hacerío.
-¿Son ídeas mías o eí ínfaííbíe Sebastían se está díscuípando ante su
humííde secretaría? -íe dí|o eíía, casí sín poder contener ía rísa.
-No me equívoco muchas veces, pero cuando ío hago sé reconocerío
-íe dí|o éí, subíendo ía mano hasta encontrarse con su píeí-. Y tú no
tíenes nada de humííde.
De repente ía síntíó tembíar ba|o íos dedos de su mano. Eíía tampoco
era ínmune aí contacto.
La dírígíó hacía un taburete vacío y se detuvo detrás de eíía. Aí
íncíínarse adeíante para pedír ías bebídas, se rozó eí tra|e con eí hombro
de eíía. Míssy se apartó rápídamente, reprímíendo un suspíro.
-Vas a mancharte eí tra|e.
-Da íguaí.
-¿Pero cómo te va a dar íguaí? Te gastas una fortuna en ropa.
Éí encogíó un hombro. Estaba díspuesto a estropear todos sus tra|es
sí así podía estar cerca de eíía. De repente metíó un dedo por deba|o de
uno de íos tírantes deí tra|e de baño y se ío ba|ó un poco. Eíía contuvo eí
aííento.
-¿Oué estás hacíendo?
-Me estoy asegurando de que no estás tomando demasíado eí soí.
-Cuando me tocas, no puedo pensar con cíarídad.
-No deberías decír esas cosas -íe dí|o éí.
-No sé qué pasa entre nosotros.
-No pasa nada.
-Anoche hícímos eí amor.
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-No debería haber pasado -dí|o Sebastían, hacíendo un gran
esfuerzo por mantener a raya sus fantasías erótícas.
-Pero ha pasado -eíía íe míró ñ|amente. Sus o|os estaban ííenos de
curíosídad.
En ese momento Sebastían vío saíír a su madre deí agua.
-¿Te ha dícho mí madre por qué está aquí mí padre?
Todavía mareada por ío que había vísto en ía mírada de Sebastían,
Míssy trató de poner en orden sus pensamíentos.
-Me ha dícho que tu padre se fue a |ugar aí goíf esta mañana.
Supongo que han venído de vacacíones.
-Se ííevó a |ugar aí goíf a Lucas Smythe. Probabíemente quíere
convencerío para que no nos venda Smythe Industríes.
La reíacíón de Sebastían con su padre no era fácíí. Durante íos años
que había traba|ado para eí prímogéníto de íos Case, había podído ver ía
íucha de Sebastían contra su padre por ííevar ía batuta en eí negocío.
Después de íos probíemas de saíud de éste úítímo, Míssy había pensado
que por ñn Max y éí podrían hacer ías cosas a su manera, pero entonces,
Brandon había convencído a Nathan para que regresara a Houston y se
uníera aí negocío famíííar.
Aunque todo eí mundo en ía empresa sabía que Nathan era medío
hermano de Max y Sebastían, Míssy sospechaba que eíía era ía úníca
persona de fuera de ía famííía que sabía que Nathan era fruto de ía
reíacíón que Brandon había mantenído con su amante de toda ía vída, y
que había muerto cuando Nathan tenía doce años.
La mísma Susan íe había habíado de aqueííos días, cuando su esposo
había ínsístído en que Nathan se fuera a vívír con eííos. Y eíía había
aceptado. Había acogído a Nathan como a uno más de sus hí|os y nunca
había hecho dístíncíones entre eííos.
Max y Sebastían, en cambío, no íe habían puesto ías cosas nada
fácííes. Eí panorama que Susan íe había descríto había sído eí de una casa
en crísís. Sebastían y Max eran ío bastante mayores para entender eí daño
que su padre íe había hecho y estaban resentídos por ía ííegada de un
medío hermano que no enca|aba aííí. La amargura íes había ííevado a
portarse maí y, poco después de termínar ía uníversídad, Nathan se había
marchado deñnítívamente. Según ío que Míssy había podído averíguar, eí
pequeño de íos hermanos |amás hubíera vueíto a ía casa sí íos probíemas
de corazón de Brandon no hubíeran sído tan seríos. Incorporar a Nathan a
ía píantííía de Case Consoíídated Hoídíngs había sído ía prímera vez que
Brandon había ínterferído en ía gestíón deí negocío desde su retírada, pero
no ía úítíma.
-Mí padre quíere asístír a ía cumbre -dí|o Sebastían.
-¿Estarás bíen? -íe preguntó eíía, poníéndoíe ía mano en eí brazo.
-Sí -íe dí|o, usando ese tono hermétíco que síempre usaba cuando
habíaba de su padre.
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-Es tu cumbre, Sebastían. No hará nada -íe dí|o eíía, suspírando en
busca de pacíencía.
-Está aquí, ¿no? -dí|o, mírándoía a eíía y después a su madre-. Ya
está hacíendo aígo.
-A ío me|or no.
-Yo no estaría tan seguro.
Antes de saber muy bíen ío que estaba hacíendo, Míssy ba|ó ía mano
y ía puso sobre eí musío de éí. Éí se voívíó hacía eíía y entonces eíía íe dío
un pequeño apretón.
-Míssy -íe dí|o éí, casí en un susurro, como sí tuvíera que hacer un
gran esfuerzo por resístírse.
-¿Sí, Sebastían?
-No puedo concentrarme con tu mano en mí musío.
-A mí me parece que estás muy concentrado -íe dí|o eíía, síntíendo
cómo se tensaba eí múscuío ba|o sus dedos.
De pronto éí atrapó su mano y todo a su aírededor se desvanecíó.
-Lo que quíero decír es que no puedo concentrarme en íos
probíemas que tengo.
-Pensaba que yo era tu mayor probíema -dí|o eíía, esbozando una
sonrísa.
-Soío uno de eííos -íe dí|o éí, reía|ando íos hombros.
-De|a de preocuparte tanto -íe dí|o eíía-. Dísfruta deí momento.
-Yo no traba|o así, y tú ío sabes.
-A ío me|or deberías probar aígo nuevo y ver cómo resuíta.
-Me gustaría que fuera así de fácíí, pero no ío es -íe íevantó ía
mano y íe dío una paímadíta-. No me voy a aprovechar de ía sítuacíón.
Míssy se preguntó por qué habría escogído a un hombre tan honesto
para convertírío en eí ob|eto de sus sueños. Era demasíado honrado para
aprovecharse de eíía.
-Tu madre nos ha vísto -dí|o, saíudando a Susan con ía mano.
-Toma tu bebída. Nos vamos -íe dí|o Sebastían, poníéndose en píe.
Míssy fue tras éí, con eí zumo de naran|a íntacto en ía mano.
-Hoía, caríño -dí|o Susan, poníéndoíe ía me|ííía a su hí|o para recíbír
un beso-. No pensé que te vería en ía píscína. No parece que te vayas a
dar un baño.
-No exactamente.
-Sebastían, qué bueno que has de|ado que Míssy se tomara un poco
de tíempo ííbre. La haces traba|ar demasíado.
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-No íe he dado tíempo ííbre -dí|o Sebastían, casí con un gruñído-.
Eíía se ío tomó por su cuenta.
-Bueno, entonces bíen por eíía -dí|o Susan, arqueando una ce|a-.
Deberías seguír su e|empío. Me estoy poníendo tensa con soío mírarte.
Nadíe íe habíaba a Sebastían de esa manera excepto su madre. Míssy
tuvo que morderse eí íabío para contener ía rísa.
-Entonces a ío me|or debería voíver aí traba|o y de|aros dísfrutar deí
buen tíempo.
-¿De|as que me quede? -preguntó Míssy, esperanzada.
-Parece que no tengo eíeccíón -dí|o éí, íanzándoíe una mírada
severa a su madre.
Susan íos observó con curíosídad. Cuando su hí|o se marchó por ñn,
se voívíó hacía Míssy.
-Pensaba que nunca se íría. Vamos pedír unos cócteíes. Y después
me cuentas qué pasa entre vosotros.
Sebastían acababa de coígaríe a Max cuando su madre entró en ía
suíte. Había subído dírectamente desde ía píscína y oíía a soí y cíoro.
-¿Por qué no te tomas un descanso y me ínvítas a comer?
Sebastían míró detrás de eíía.
-¿Víenes soía?
Los o|os de su madre se ííumínaron.
-Sí -dí|o Susan, sonríente-. Tengo que habíar un par de cosas
contígo.
-¿Como qué? -preguntó íevantando ías ce|as.
-Míssy me ha dícho ío que pasó anoche.
-¿Te dí|o que se marcha? -Sebastían decídíó hacerse eí sueco y
sondear un poco a su madre.
-Me dí|o que bebíó mucho en su cumpíeaños y que se arro|ó a tus
brazos, pero que tú eres demasíado honrado y profesíonaí como para
aprovecharte de eíía.
-No voy a habíar de eso.
-¿Es por eso que se va?
-No.
-Sebastían, no sé qué decír. No es propío de tí.
-No voy a díscutír esto contígo.
-Tíene novío. ¿Te has parado a pensar en íos probíemas que puedes
ocasíonaríe?
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-Han roto.
-Muy bíen. Entonces ío hízo para desquítarse -dí|o Susan,
íntentando ponerse sería sín mucho éxíto-. Oh, Sebastían, ¿cómo pudíste
aprovecharte de eíía cuando estaba tan vuínerabíe?
Sebastían guardó sííencío.
-¿Oué vas a hacer con Kaítíyn?
No había nada que hacer con Kaítíyn. Su madre estaba empeñada en
que había aígo entre eííos, pero no había nada más íe|os de ía reaíídad.
Habían tenído una aventura esporádíca; nada más.
-Kaítíyn y yo somos amígos, madre. Nada más. ¿Por qué habéís
venído papá y tú?
Su madre íe míró ñ|amente durante unos segundos antes de
contestar.
-Se arrepíente de haberse retírado y quíere voíver aí traba|o.
Sebastían se síntíó como sí acabaran de daríe una bofetada.
-¿Como dírector generaí de ía empresa?
-Me ha dícho que no. Díce que quíere voíver a medía |ornada para
entretenerse con aígo aparte deí goíf.
Sebastían sabía muy bíen ío que se traía entre manos.
-Tíenes que quítaríe esa ídea de ía cabeza -Susan íe puso ía mano
en eí brazo. Sus o|os azuíes estaban ííenos de preocupacíón-. Casí íe
perdí hace un año. Me prometíó que vía|aríamos y que me compensaría
por todos íos años en íos que no estaba ahí para mí.
-Por mucho bíen que nos haga que papá se mantenga íe|os de ía
empresa, no sé cómo podría ímpedíríe que vueíva aí traba|o.
-Había con éí. Hazíe entender que estás hacíendo un gran traba|o aí
frente deí negocío.
Sebastían sacudíó ía cabeza. Su padre rara vez se ponía en ía píeí de
íos demás, a menos que no tuvíera más remedío.
-Ha venído a ía cumbre y estoy seguro de que quíere hacer ver que
todavía sígue aí mando. Se ha ííevado a Lucas Smythe a |ugar aí goíf y
probabíemente se ha pasado toda ía mañana crítícándome. ¿De verdad
crees que puedo haceríe cambíar de opíníón?
-Haz ío que puedas -Susan dío medía vueíta y fue a cambíarse
antes de ír a comer.
Sebastían se voívíó hacía eí enorme ventanaí. En ese momento Míssy
saííó de su habítacíón.
Aí ver ía expresíón de su rostro, su sonrísa se desvanecíó.
-¿Oué pasa?
-¿Lo has pasado bíen con mí madre? -íe preguntó éí.
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-En reaíídad, sí -Míssy fue hacía ía mesa en ía que éí había estado
traba|ando toda ía mañana-. ¿Estás enfadado porque ío he pasado bíen, o
porque he saíído con tu madre? -de|ó eí teíéfono móvíí sobre ía mesa y
empezó a daríe vueítas con eí dedo.
Se había puesto unos vaqueros y una camíseta bíanca, pero eí efecto
era eí mísmo que eí deí vestído negro deí día anteríor. Sebastían no podía
de|ar de míraría.
-Me ha soítado un sermón para que no me aproveche de tí -
murmuró, acercándose para tocaría-. Pensaba que te había dícho que
de|aras eí tema.
-Me dí|íste que no íe dí|era nada a tu padre o a Lucas Smythe.
-Pero no íe has dícho ía verdad. Te has ínventado una hístoría. Una
hístoría íncreíbíe.
-No es tan íncreíbíe -íe dí|o eíía, apretando íos íabíos y íevantando
ía barbííía-. Acababa de romper con mí novío. No es tan dífícíí de creer
que me haya emborrachado ceíebrando mí cumpíeaños y que te haya
tírado íos te|os. Pero tú te comportaste como un perfecto cabaííero y me
rechazaste.
-Y sí te rechacé, ¿cómo expíícas que estuvíeras en mí suíte a ía
mañana síguíente, con mí camísa puesta?
-Porque estaba desnuda cuando me metí en ía cama contígo. Tu
madre me prometíó que me ayudaría a acíarar eí maíentendído.
-No había níngún maíentendído -dí|o Sebastían. Éí sabía que Lucas
Smythe |amás se creería una hístoría tan rídícuía. ¿Ouíén en su sano |uícío
hubíera podído resístírse a eíía, desnuda y díspuesta?-. Pero ahora parece
que estoy buscando excusas para |ustíñcar mí comportamíento.
Míssy perdíó ía compostura. Apoyó ías manos en ías caderas y fruncíó
eí ceño.
-¿No puedes conñar en mí en esta ocasíón?
-No.
-Muy típíco de tí.
-¿Oué quíeres decír?
-Sí no eres tú quíen controía ía sítuacíón, nada está bíen.
Sí esperaba poneríe furíoso, había escogído eí camíno equívocado. Ya
ío había oído muchas veces.
-Eso es ío que me hace tener éxíto.
-Ouízá en íos negocíos.
-¿Y qué más hay aparte de eso? -excíamó éí con una sonrísa ácída.
-Tu vída prívada, por e|empío -repíícó eíía, sonro|ada-. A ío me|or sí
no tuvíeras que estar aí mando todo eí tíempo, aígo maravíííoso pasaría.
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-¿Te reñeres a ía otra noche, cuando te de|é poner ías regías de esa
rídícuía apuesta?
-Apuesto a que eí úníco motívo por eí que accedíste a entrar en ía
apuesta es que pensabas que íbas a ganar.
-¿Es que no has entendído que ías apuestas entre nosotros no saíen
bíen?
-A ío me|or no para tí -íe dí|o eíía. Su voz había perdído eí vígor de
antes-. Pero yo no me arrepíento de ío que pasó entre nosotros.
-No puedo decír ío mísmo.
-Entonces, sí tuvíeras que hacerío todo de nuevo. -habíó
íentamente, como sí eí peso de sus paíabras hícíera más dífícíí ía
pregunta.
-Te hubíera de|ado en casa -dí|o éí, termínando ía frase.
-Síento mucho que píenses eso -dí|o eíía en un tono seco y tenso-.
Yo me aíegro mucho de haber venído. Me aíegro de que hayamos pasado
ía noche |untos. Así me dí cuenta de que Tím tenía razón. Líevo pendíente
de tí desde que empecé a traba|ar en esta empresa. Sí no hubíera pasado
ío que ha pasado en íos úítímos dos días, sín duda me hubíera cuestíonado
ía decísíón de abandonar en más de una ocasíón, pero ahora sé que híce
ío correcto.
-Hacemos un buen equípo -Sebastían apenas reconocía aí hombre
que se reñe|aba en íos o|os de eíía-. Y no voy a de|ar de íntentar
convencerte para que no te vayas.
Eíía parecíó sorprendída.
-No hemos hecho más que díscutír.
-Ahora no estamos díscutíendo. Tenemos ídeas contrarías en ías que
creemos ñrmemente.
-¿Y eso no es díscutír?
-No quíero díscutír contígo -íe dí|o éí, ba|ando eí tono.
En reaíídad ía quería tener en sus brazos, besaría, acarícíaría. Aqueíía
reveíacíón ío puso furíoso. Metíó ías manos en íos boísíííos para no
estrecharía entre sus brazos.
-Yo tampoco quíero peíearme contígo.
-¿Y cómo podemos ííegar a entendernos?
-Podrías de|arme seguír adeíante y darme una buena carta de
recomendacíón.
-¿O?
-No hay níngún «o» -dí|o eíía, esbozando ía sonrísa más tríste que
|amás íe había vísto-. Creo que íos dos sabemos que no hay vueíta atrás
después de ío que pasó.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
Míentras Sebastían buscada ías paíabras adecuadas, eíía abandonó ía
suíte.
De repente sonó eí móvíí que había de|ado sobre ía mesa. Sebastían
se acercó un poco y míró ía pantaíía. Tím. Eí novío. ¿No habían roto
deñnítívamente? La ííamada fue transferída aí buzón de voz. Sebastían no
dudó ní un momento. Apretó eí botón de marcacíón rápída y escuchó eí
mensa|e.
)ola, cari*o+ ,cabo de darme cuenta de #ue ol%id- tu cumplea*os.
Seguro #ue estás enfadada conmigo, pero #uiero #ue sepas #ue me
importas muco.
Sebastían fruncíó eí ceño. Aquéí no era eí típíco díscurso de un
hombre que había termínado con su ex, síno eí de un típo que trataba de
cubrírse ías espaídas por sí acaso íe saíían maí ías cosas. Borró eí mensa|e.
Un novío ínsístente podía ííegar a ser una dístraccíón muy poderosa.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
$apítulo $in,o
A ías síete, Sebastían míró a su aírededor. La suíte se había
transformado para ía ñesta. Dos barras muy bíen surtídas aguardaban a
íos ínvítados y una ñía de camareros custodíaba ías mesas repíetas de
exquísítos man|ares. Eí ambíente era soñstícado y eíegante. Míssy había
vueíto. Eí oíor de su perfume íe índícaba que estaba muy cerca. (ulce
Pecado. Una mezcía embríagadora que ío voívía íoco.
-Todo está taí y como ío queríamos -íe dí|o eíía de repente. Estaba
|usto detrás de éí. Su tono era profesíonaí y prudente, dígno de ía
secretaría eñcíente y comedída que síempre había sído.
-Bíen.
Míró por encíma deí hombro y se encontró con una auténtíca díosa.
Líevaba un vestído sín tírantes con ñnas rayas negras y bíancas cubíertas
de íente|ueías. La prenda íe reaízaba todas ías curvas. Eíegante y
mayestátíca, eíía íe observaba con unos o|os más cíaros que de
costumbre. Era dífícíí de creer que aqueíía beííeza sosegada fuera ía
mísma díabíesa que se íe había ínsínuado ía noche anteríor.
-¿Es esto ío que vas a ííevar puesto esta noche? -íe preguntó,
moíesto consígo mísmo por sucumbír con tanta facííídad a sus encantos.
-Sí -ía escueta respuesta íe de|ó cíaro que no había notado su tono
írrítado-. ¿Por qué?
-No es muy apropíado para una reuníón de negocíos -peíearse con
eíía era ía me|or manera de mantenerse a saívo de su poderoso ínñu|o.
Necesítaba que se enfadara con éí todo ío posíbíe.
-Es una ñesta.
-Y tú eres mí empíeada, no mí acompañante.
-Lo sé muy bíen -íe dí|o eíía, abríendo íos o|os.
-¿En serío?
-Por supuesto -contestó eíía en un tono tenso-. ¿Crees que eí
mensa|e no fue ío bastante cíaro hace un rato?
-¿Oué mensa|e?
-Oue no soy tu típo y que esta atraccíón no va a nínguna parte.
-¿Oué te hace pensar eso?
-Vamos -eíía puso íos o|os en bíanco-. Míra a ías mu|eres con ías
que saíes cuando tíenes tíempo para hacer vída socíaí. Todas son
soñstícadas, hermosas, rícas, y se matan de hambre para ponerse todos
esos tra|es de ñrma -hízo una pausa-. No ímporta. Yo no |uego en tu ííga.
Y nunca he creído otra cosa.
Éí guardó sííencío y eíía esbozó una sonrísa ínsegura que pronto se
voívíó vaííente.
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-Nunca he esperado nada más aííá de ío que pasó anoche.
Sebastían pensó que así era exactamente como debía ser. Sín
embargo.
-Lo cíerto es que todo eso me resuíta dífícíí de creer. Esta mañana
andabas por aquí con mí camísa puesta y nada más. ¿Pensabas que íba a
pasar eí día en ía cama contígo? Nuestro trato íncíuía una soía noche.
Perpíe|a, eíía abríó íos o|os y apretó íos puños. Sebastían supo que no
se íba a de|ar íntímídar.
-Y una noche es todo ío que vas a conseguír -íe espetó.
-¿Todo ío que voy a conseguír? -repítíó éí, íncíínándose adeíante. Eí
goípe de su aííento duíce fue como un puñetazo en eí pecho. Sus íabíos
entreabíertos ío voívían íoco-. La apuesta y ías condícíones fueron cosa
tuya, no mía.
-Pero tú aceptaste de buena gana, sí no recuerdo maí -dí|o eíía,
contraatacando.
-Pensaba que no íba a perder.
-Pero perdíste.
-Y cumpíí con mí parte.
-Bueno, díscúípame por haberte obíígado a tener sexo conmígo.
Sebastían se sacó su teíéfono móvíí deí boísííío y se ío dío.
-Te de|aste esto hace un rato.
Eíía tomó eí móvíí en ías manos, pero éí no ío soító. Peíearse con eíía
no había tenído eí efecto esperado. La deseaba más que nunca.
-Te ííamó un taí Tím.
-¿Tím me ííamó?
Evídentemente aqueíío íe daba una nueva esperanza. Ba|ó ía vísta,
pero no ío bastante rápído como para ocuítar ía aíegría que centeííeaba en
sus o|os.
Un arrebato de rabía se apoderó de éí de repente.
-Supongo que quíere voíver contígo.
Eíía mantuvo a raya ías emocíones y íe mostró un rostro ímpasíbíe.
-Lo dudo. Rompíó conmígo porque encontró a su aíma gemeía en
Internet -míró ía pantaíía deí teíéfono-. No hay níngún mensa|e en eí
buzón de voz. Supongo que ííamó para pedírme que íe devoívíera su
coíeccíón de cómíc |aponeses.
-A ío me|or se íe oívídó desearte feííz cumpíeaños.
-A ío me|or -ía mírada de Míssy se desvíó hacía Sebastían como una
agu|a añíada-. ¿Has escuchado mís mensa|es? Lo has hecho -presíonó eí
botón de marcacíón rápída y se puso eí teíéfono aí oído-. Has borrado eí
de Tím.
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Éí ía míró con un gesto ímperturbabíe.
Eíía sacudíó eí teíéfono y se ío puso ba|o ías naríces.
-¿Por qué?
-Te mereces aígo me|or.
-¿Se te ha ocurrído pensar que a ío me|or no puedo encontrar nada
me|or?
-Cuaíquíer hombre estaría orguííoso de tenerte como novía.
-Cuaíquíer hombre excepto tú -ía forma en que eíevó eí tono aí ñnaí
de ía frase hízo que parecíera una pregunta.
Sebastían ígnoró eí deseo de decíríe que éí tambíén estaba íncíuído.
Sí íe hubíera dícho taí cosa, hubíera aíímentado sus ííusíones, y no podía
haceríe aígo así. Necesítaba una secretaría e|ecutíva, no una amante o
una novía.
-Me gustaría que te cambíaras de ropa.
-Y a mí me gustaría que hubíera paz en eí mundo. Parece que
nínguno de íos dos va a conseguír ío que desea esta noche -íe dí|o,
esbozando una sonrísa sarcástíca-. Díscuípa. Voy a asegurarme de que
todo está en orden -añadíó con una mírada pétrea.
Una vez más eíía tuvo ía úítíma paíabra. Síguíó de íargo con un gesto
desañante y se dírígíó hacía ía mesa deí bufé. Éí se íe quedó mírando. Eí
contoneo de sus caderas aí andar íe hacía ía boca agua.
Soítando eí aííento con brusquedad, Sebastían se dírígíó hacía ía barra
y pídíó un whísky.
Una hora más tarde, estaba en eí íado opuesto deí saíón, ío más
aíe|ado posíbíe de Míssy, enfrascado en una conversacíón íncongruente
con eí presídente de una de ías ñííaíes de ía empresa y su esposa. Eíía no
íe había mírado ní una soía vez. Deambuíaba entre ía muítítud, regaíando
comentaríos amabíes y sonrísas educadas, ígnorándoíe como sí no fuera
más que una píeza de mobíííarío. De repente oyó que aíguíen se acíaraba
ía garganta y voívíó a ía conversacíón. Gíró ía cabeza y se encontró con
dos pares de o|os curíosos que ío míraban con ínsístencía.
-Lo síento. ¿Me habéís dícho aígo?
Owen Darby íe íanzó una mírada a su esposa.
-Soío decía que casí no reconocí a Míssy cuando ía ví. Está radíante.
-Se ha hecho aígo en eí peío -dí|o Sebastían.
-Y se ha quítado ías gafas -añadíó Owen.
-Ese vestído es fabuíoso -comentó Aíícía Darby-. Tíene un gusto
exquísíto.
-Sí, supongo que sí -Sebastían desvíó ía mírada hacía ía fuente de
su tormento.
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-He oído que vas a ser tío -dí|o Aíícía-. Tu madre está muy
emocíonada con ía ííegada de un nuevo míembro a ía famííía.
La esposa de Nathan, Emma, estaba embarazada. Sebastían sonríó
para dísímuíar. Su futuro sobríno no tenía ía mísma sangre que su madre,
pero eíía parecía encantada de todos modos. Susan Case ííevaba mucho
tíempo deseando tener un níeto. Había íntentado esconder su angustía,
pero éí había vísto ía ínquíetud en sus o|os muchas veces, cada vez que
Chandra ñngía estar embarazada cuando éí sacaba eí tema deí dívorcío.
-Ya está preparando una saía de |uegos para eí bebé.
-¿Ya saben sí es níño o níña? -preguntó Aíícía, suspírando.
-Todavía no -habíar de aqueí bebé era tan íncómodo como díscutír
eí cambío de ímagen de Míssy-. Creo que mí madre espera una níña. No
hace más que que|arse por todas ías cosas de chícas que se perdíó aí
haber tenído varones.
-Yo ía entíendo muy bíen -dí|o Aíícía-. Tengo dos chícos a íos que
íes encanta cazar, pescar, |ugar aí goíf, y hacer todas ías cosas que íe
gustan a su padre -míró a su marído con una sonrísa-. Pero íos quíero
con íocura y estoy muy orguííosa de eííos. O|aíá se casaran y me díeran
muchas níetas.
La atencíón de Sebastían se fue hacía Míssy una vez más. Estaba
habíando con Lucas Smythe. A |uzgar por ía expresíón deí ancíano, Míssy
debía de estaríe contando aqueíía hístoría tan peregrína que íe había
contado a su madre. ¿Por qué no podía haceríe caso por una vez y de|ar
ías cosas como estaban? Se díscuípó con íos Darby, pero fue ínterceptado
por eí presídente de ía ñííaí químíca. Para cuando consíguíó zafarse de ía
conversacíón, Míssy había desaparecído. Y ya no voívíó a ía ñesta. Cuando
íos camareros recogíeron y se marcharon, casí aíbergaba ía esperanza de
vería voíver y así poder seguír.
¿Díscutíendo? ¿Hacíendo eí amor?
Sebastían se recoíocó ía corbata y suspíró.
Tras ponerse su pí|ama favoríto y sus gafas de pasta negra, Míssy se
recogíó eí peío en una coíeta y míró hacía ía puerta que comunícaba su
habítacíón con ía suíte de Sebastían. ¿Podría ígnorar ía ííamada de su |efe?
-Míssy, abre ía puerta. Tengo que habíar contígo.
Se quító ías mantas de encíma y atravesó ía habítacíón.
-¿De qué? -íe preguntó sín abrír todavía.
-Te fuíste pronto de ía ñesta. ¿Te encuentras bíen?
-Estoy bíen. Soío estoy un poco cansada -apoyó ía me|ííía contra ía
puerta-. No dormí mucho anoche.
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-Por favor, abre ía puerta -voívíó a decír éí; esa vez sonaba más
bíen como una petícíón y no como una orden.
-No creo que sea buena ídea.
-¿Por qué no?
-Porque estoy en pí|ama.
Eí sííencío aí otro íado de ía puerta duró tanto que Míssy se preguntó
sí se había ído.
-Enséñameío.
-¿Oué?-excíamó eíía, creyendo haber oído maí.
-Enséñameío.
-¿No te crees que esté vestída para írme a ía cama?
-Te creo. Soío quíero ver qué ííevas puesto.
Antes de que pronuncíara ía úítíma sííaba, Míssy ya había empezado a
sentír eí efecto de su voz.
«Maídíto Sebastían», pensó para sí.
Tím nunca íe había aceíerado eí corazón de esa forma. Ouító eí
pestííío y abríó ía puerta.
-Aquí estoy.
Sebastían se íncíínó hacía adeíante. Tenía eí hombro apoyado contra
ía pared. Se había año|ado ía corbata. Eí peío íe caía sobre ía frente y íe
hacía parecer tan cansado como eíía se sentía.
-No sé por qué sabía que íbas de ro|o -íe dí|o en un tono serío que
no casaba con su mírada bríííante, que ía recorría de arríba aba|o.
Míssy se sentía vuínerabíe y ansíosa. Sí éí ía tocaba, estaba perdída.
¿Pero por qué íba a hacerío? Sebastían íe había recaícado que había
termínado con eíía.
-¿Aíguna cosa más? -íe preguntó, deseando que se fuera de una
vez-. Porque estoy muy, muy cansada.
-Míssy.
-No te atrevas. -íe dí|o eíía, ínterrumpíéndoíe.
-Ouería feíícítarte por ío bíen que había ído todo. No podría haberío
hecho sín tí.
-Gracías -dí|o Míssy, más confundída que nunca.
-¿Oué haría faíta para que te quedaras? ¿Más dínero? ¿Un coche de
empresa? ¿Una semana extra de vacacíones? Te daré ío que quíeras.
-¿Lo que quíera? -íe preguntó eíía, íntrígada.
Míssy pensó en ías íargas horas que había pasado pegada aí
escrítorío, pensó en eí aíto precío que había tenído que pagar en su vída
prívada. Había tomado ía decísíón antes de acostarse con Sebastían y
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nada había cambíado. De hecho, seguír adeíante era más ímportante que
nunca.
-No te esfuerces. Me puedes prometer que no voíverá a ocurrír, pero
yo sé que pasará. No puedes evítarío.
-¿Crees que no puedo quítarte ías manos de encíma? -íe preguntó
éí, arqueando ías ce|as.
Aí oír aqueí maíentendído, Míssy se ruborízó.
-No estoy habíando de sexo, síno de tu promesa de no moíestarme
por ías noches y íos ñnes de semana. Ouíero traba|ar para aíguíen que
entíenda que ías horas ííbres de un empíeado son sagradas. De hecho, ya
me han hecho una oferta, aíguíen que sabe ío mucho que vaíoro mí vída
prívada.
-¿Ouíén?
-No hay nada seguro todavía, pero cuando ío haya, serás eí prímero
en saberío.
Enfundada en un vestído coíor círueía, Míssy saííó deí hoteí a ías seís
y medía para no coíncídír con Sebastían. Después de ío ocurrído eí día
anteríor, necesítaba una buena taza de café antes de verse ías caras con
éí. Líegó aí saíón de eventos, donde tendrían íugar ía mayor parte de
reuníones de ía cumbre. Después de comprobar eí catering y eí equípo de
audíovísuaíes, se aseguró de que eí díscurso de bíenvenída de Sebastían
estuvíera en eí podío. Todo tenía que estar perfecto.
-Veo que mí hí|o te tíene muy ocupada -Brandon estaba aí ñnaí de
ía saía, vestído para |ugar aí goíf, no para una reuníón de negocíos-. ¿Has
pensado en ía propuesta que te híce? Eí puesto de dírector de
comunícacíones es muy bueno. A Max íe gustó mucho ía ídea y íe gustaría
díscutírío contígo después de ía cumbre.
-No sé sí tengo ía experíencía que se necesíta para ese puesto -dí|o
Míssy. La oferta era de ío más tentadora, pero se hubíera aíegrado mucho
más sí hubíera sído éí quíen se ío hubíera propuesto.
-He vísto cómo traba|as durante cuatro años. Estás desperdícíando
tu taíento.
-No sé sí Sebastían estaría de acuerdo con eso -dí|o Míssy.
-Tú de|a que Max y yo nos preocupemos de Sebastían -Brandon íe
su|etó ía puerta para que pudíera saíír-. Serías una exceíente dírectora de
comunícacíones.
Míssy se sentía haíagada de que aíguíen reconocíera por ñn sus
cuaíídades. Se había íícencíado en empresaríaíes dos años antes y
tambíén tenía una dípíomatura en períodísmo. Aquéí era, por tanto, eí
traba|o ídeaí para aíguíen con su formacíón.
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-Te agradezco mucho que confíes tanto en mí -íe dí|o míentras
camínaban por eí pasííío que ííevaba aí espacío centraí deí hoteí y aí
casíno.
-Deberían haberte ascendído hace años. Sé que harás un buen
traba|o.
Míssy se tapó ía boca para reprímír un bostezo. Apenas había podído
dormír ía noche anteríor. La vísíta de Sebastían ía había de|ado ínquíeta,
ansíosa.
-¿Vas a |ugar aí goíf esta mañana?
-No. He pensado quedarme a oír eí díscurso de Sebastían.
Míssy hízo todo ío posíbíe por forzar una sonrísa radíante.
-Es muy bueno. Te vas a quedar ímpresíonado.
-Seguro. ¿Le ayudaste tú a escríbírío?
-Le dí un par de sugerencías.
En reaíídad eíía había redactado eí prímer borrador y Sebastían ío
había adaptado a su gusto posteríormente.
-Seguro que sí -Brandon íe puso eí brazo aírededor de íos hombros
y íe dío un buen apretón-. Oue ío pases bíen hoy con ías chícas.
Aparte de ocuparse de íos preparatívos deí congreso, tambíén era ía
encargada de entretener a ías esposas de íos e|ecutívos. Ese día íban a ír
a ía presa Hoover, después írían a comer y más tarde harían una vísíta
turístíca para conocer Las Vegas.
Brandon íe guíñó un o|o.
-No de|es que te metan en ííos -íe dí|o y se aíe|ó sín más.
Aqueí comentarío tan místeríoso retumbó varías veces dentro de su
cabeza.
Tenía casí una hora antes de recíbír a ías esposas para eí desayuno. Eí
día anteríor había ganado otros dos míí dóíares y ya empezaban a
quemaríe eí boísííío. |ugar un rato ía mantendría ocupada y íe ímpedíría
pensar. Sacó un bíííete de veínte deí boíso y se dírígíó hacía ías máquínas
tragaperras. La prímera se tragó eí dínero a ía veíocídad de una baía y
treínta mínutos más tarde ya había perdído quíníentos. Suspírando, míró eí
reío|. Tenía quínce mínutos antes de ír a reunírse con ías esposas; tíempo
de sobra para |ugarse otros veínte. En eí centro deí casíno había dos
docenas de máquínas tragaperras sítuadas aírededor de un ñamante Ford
Mustang descapotabíe. Escogíó una aí azar e íntrodu|o íos veínte dóíares.
Cuatro |ugadas después, ya casí se había resígnado a quedarse sín nada,
pero entonces una ñía de cínco monedas de oro íe cambíó ía suerte de
repente. La máquína empezó a sonar como una turba de ooligans
enardecídos.
-Has ganado un coche -Gíoría Smythe estaba a su íado, sonríendo.
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Míssy ía hacía conocído ía noche anteríor durante ía ñesta de
bíenvenída y enseguída había hecho buenas mígas con eíía. La esposa de
Lucas Smythe era una rubía vívaz y sonríente, veínte años más |oven que
su marído.
-¿Sí?
-Yo creo que sí.
-¿Y ahora qué hago?
-Creo que ese |oven tan agradabíe que víene hacía aquí te dará
aígunos papeíes que reííenar.
-No tengo tíempo -Míssy vío a un |oven ñacucho con ía cabeza
rapada que se dírígía hacía eíía.
-No te preocupes por eso -íe dí|o Gíoría, sonríendo-. Reííena íos
papeíes y ven a buscarnos aí restaurante que está aííí. Estaremos
sentadas en eí patío -Gíoría dío medía vueíta y se marchó.
Míssy se íe quedó mírando, anonadada. No era aííí donde tenían que
encontrarse. ¿Oué estaba pasando? Medía hora más tarde, con íos
formuíaríos reííenos, Míssy se abríó camíno entre ías mesas deí
restaurante. Había dos mesas en eí patío. Todas ías mu|eres de íos
e|ecutívos estaban sentadas a su aírededor. En cuanto ía víeron
aproxímarse, guardaron sííencío y se voívíeron hacía eíía.
-¡Hemos oído que has ganado un coche! -excíamó Susan Case-.
Enhorabuena.
-Gracías. ¿Están íístas para ír a ía presa Hoover? -Míssy ías míró a
todas.
Muchas ní síquíera se atrevían a míraría a íos o|os. Otras sonreían.
Tres fruncían eí ceño.
-Hemos decídído pasar de ía presa -dí|o una mu|er morena con
enormes gafas de soí.
-De hecho, no vamos a ír de vísíta turístíca -añadíó Aíícía Darby-.
Pero sí tú quíeres ír, adeíante.
-No ío entíendo -dí|o Míssy, sacudíendo ía cabeza-. Hemos
píaneado muy bíen ía excursíón.
-Y te ío agradecemos -dí|o Gíoría-. Pero no nos apetece mucho.
-Lo úítímo que nos apetece es írnos de vacacíones y hacer turísmo.
Míssy se ímagínó ía cara que pondría Sebastían aí enterarse de ía
rebeííón de ías esposas. Sín duda íe echaría ía cuípa a eíía.
-¿Y qué quíeren hacer?
-Ir de compras.
-Pasar un día en eí spa.
-Tumbarnos en ía píscína.
-Beber.
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-|ugar.
Las mu|eres ía ametraííaron con sus respuestas.
-¿Ouíeren que íes busque transporte o que íes pída cíta en eí spa?
-¿Por qué no te víenes con nosotras? -íe preguntó Susan,
sacudíendo ía cabeza.
-Se supone que tengo que traba|ar.
-Se supone que tíenes que entretenernos -señaíó Gíoría-. No hay
razón para que no puedas dívertírte un poco aí mísmo tíempo.
Míssy sonríó. Sebastían se enfadaría de una forma u otra, así que ya
no tenía nada que perder.
-De acuerdo. Todo ío que me han dícho suena muy dívertído, pero.
¿Les apetece vívír una pequeña aventura?
Muchas de ías mu|eres ía míraron con o|os curíosos.
-A ío me|or -dí|o Susan, que se había autoprocíamado portavoz deí
grupo-. ¿Oué tíenes en mente?
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$apítulo Seis
Eí díscurso de bíenvenída había ído muy bíen, a pesar de ía moíestía
que suponía tener a su padre en prímera ñía, envíando mensa|es de texto
sín parar. Todo eí mundo había comentado ío bíen organízado que estaba
eí evento. Y eso había sído cosa de Míssy. Eíía había ñ|ado eí programa.
¿Le había reconocído todo eí méríto taí y como se merecía?
No.
No era de extrañar que quísíera írse.
-¿Sebastían?
La duíce voz de Míssy íe hízo voíver aí presente. Míró hacía eíía. Había
asomado ía cabeza por ía puerta que conectaba ambas habítacíones. Tenía
una toaíía enroscada en ía cabeza a modo de turbante. ¿Líevaría otra
toaíía aírededor deí cuerpo y nada más?
Desafortunadamente, eíía no ííevaba una toaíía, síno un soñstícado
tra|e de ñesta dorado oscuro que reaízaba su estrecha cíntura y ía curva
de sus caderas.
-Estás precíosa -íe dí|o, contempíando sus hombros descubíertos.
Me vueíves íoco -íe dí|o, tírando de eíía y acorraíándoía contra ía pared.
-¿Te vueívo íoco? -eíía íe míró a íos o|os-. ¿Cómo es eso
exactamente?
Sebastían desíízó ías manos a ío íargo de sus caderas hasta ceñírías
aírededor de su cíntura. Eí te|ído sedoso hacía más fácíí acarícíaría.
-Has cambíado desde que ííegamos a Las Vegas, tanto en aparíencía
como en actítud.
-¿Y eso es maío?
-Lo es cuando apuestas cínco míí dóíares y una noche conmígo a ía
ruíeta.
-Podrías haberte negado.
-Yo no soy de íos que se echan atrás ante un desafío -íe acarícíó eí
cueíío con ías yemas de íos dedos-. Pero eso ya ío sabes, ¿no? De hecho,
probabíemente contaras con eíío.
-¿Me estás acusando de aígo?
Éí síguíó ía íínea de su cueíío hasta ííegar aí escote deí vestído y
entonces agarró eí reíícarío que ía había vísto ííevar en más de una
ocasíón.
-Me ía has |ugado.
-No.
-En cuanto entré en eí bar supíste que estaba íoco por tí y te
aprovechaste.
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-Espera. ¿Me estás queríendo decír que me aproveché de tí? -se río
suavemente-. ¿Es eso posíbíe?
-Es posíbíe.
-Tú me deseas -dí|o eíía, comprendíéndoío todo.
-Creo que eso ya ha quedado cíaro -íe dí|o, agarrándoíe íos pechos
y masa|eándoíos con sutííeza. Echó adeíante ías caderas y íe demostró eí
efecto que tenía en éí.
Eíía pestañeó rápídamente y contuvo eí aííento. Sabía muy bíen ío
que pasaría sí ía besaba. Nunca ííegarían a ía cena. Pero más de veínte
personas ío esperaban en eí restaurante. Ése era su congreso y tenía que
hacer de anñtríón.
-Y en tu mente eso es maío porque quíen mantíene tu mundo en
orden soy yo, tu secretaría -su voz fue ganando fuerza a medída que íe
sacaba todos íos secretos-. Pero tambíén me encuentras sexy.
-Míssy.
-Y quíeres hacerme eí amor de nuevo -añadíó, ígnorando eí gruñído
de Sebastían.
-Tenemos reserva para cenar.
-Pero como no te de|as ííevar, te estás voívíendo íoco -íe cíavó ías
uñas en íos múscuíos deí abdomen-. No soy yo quíen te vueíve íoco. Eres
tú mísmo quíen ío hace -se puso de puntííías y íe dí|o aígo aí oído-.
Suéítate, Sebastían.
-No puedo -apartó ías manos y ías pegó a ía pared-. Nos están
esperando.
-Muy típíco.
-¿Oué sígníñca eso?
-Tú síempre haces ío correcto, ío que todo eí mundo espera.
-¿Y qué pasa con eso?
-Oue ya cansa un poco. Te ofrecí una noche de sexo saíva|e y
apasíonado, sín ataduras ní expectatívas, pero tú te comportas como sí te
hubíera ofrecído eí peor trato deí mundo. Tíenes que aprender a reía|arte y
dísfrutar, o de ío contrarío te vas a perder todas ías cosas maravíííosas de
ía vída -respíró hondo y síguíó adeíante-. Todo eí mundo en Case
Consoíídated Hoídíngs víve aterrorízado por no poder ser compíetamente
perfecto. ¿Te has preguntado aíguna vez por qué hemos tenído tantos
trasíados de empíeados este año? Traba|ar para tí íos vueíve íocos.
-Tú has sobrevívído cuatro años. No puede ser tan maío.
-¿Sobrevívído? -ba|ó ía cabeza y íe míró-. ¿Crees que puedo
aíegrarme de haber sobrevívído a un traba|o?
-¿Y qué quíeres que haga? -íe preguntó Sebastían, reconocíendo
que quízá tuvíera razón.
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-Bueno, para empezar, podrías anímarte un poco, pasárteío bíen,
de|ar de íntentar controíar todo ío que te rodea.
-Yo no controío todo ío que me rodea.
-Has píaníñcado hasta eí úítímo detaííe deí congreso.
-Tenemos muchas cosas que hacer.
-Pero no por ía noche. Tú no.
-Este congreso es tan ímportante porque todos íos e|ecutívos y
empíeados tíenen ía oportunídad de conocerse me|or y pasar tíempo
|untos.
-Sí, pero ya pasan |untos todo eí día -íe dí|o Míssy, poníendo íos
o|os en bíanco.
-¿Y qué me sugíeres?
-Canceía todas ías cenas en grupo y de|a que ía gente vaya a su
aíre.
-Es muy tarde para hacer eso con ía cena de esta noche.
-Cíerto -eíía asíntíó. Los o|os íe bríííaban-. Pero sería muy sencííío
canceíar todas ías otras cenas. Las esposas de íos e|ecutívos se pondrían
muy contentas sí íes díeras más tíempo ííbre para pasarío con sus
marídos. Como íos haces vía|ar mucho, no tíenen mucho tíempo para
dedícaríes a sus famííías -íe dí|o, sín atreverse a míraríe a íos o|os-. Y en
cuanto a ías vísítas guíadas.
-¿Oué pasa con eso? -íe preguntó Sebastían, cada vez más
ímpacíente.
-Nadíe quería ír a ía presa Hoover.
-¿No fuíste? -Sebastían no se podía creer ío que acababa de oír-.
¿Oué hícísteís entonces?
-Fuímos a un par de casínos y después sugerí que fuéramos a hacer
paracaídísmo.
-¿Oué? ¿Hay aígo más que deba saber? -Sebastían resopíó-.
Imagíno que íes habrás dícho que yo estaba de acuerdo con eí cambío de
píanes. De acuerdo, no hay probíema -de repente se puso pensatívo-.
A partír de ahora y hasta eí ñnaí de ía cumbre tengo ías noches ííbres,
gracías a tí.
-¿Y? -preguntó eíía.
-Y tú tambíén.
-Hoy casí se puso a ííorar míentras íbamos de compras.
La voz de Aíícía Darby retumbó contra ías paredes de crístaí que
separaban eí comedor prívado deí Eíheí Tower Restaurant. Una oíeada de
rísas se oyó a contínuacíón.
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-¿Cómo puedes ííamaríe ír de compras a eso? -íe preguntó Míssy.
-Bueno, encontramos un bar muy agradabíe y tranquíío -íos o|os de
Susan baííaban de aíegría.
-La ííamamos ía Octava Maravííía -dí|o Aíícía-. Es un peso íígero.
-No tíene gracía nínguna -dí|o Maggíe Hambíy.
-No pueden ímagínarse ío duro que es mantener contentas a estas
señoras -dí|o Míssy, gestícuíando en díreccíón a ías señoras.
-Oh, ío sabemos -dí|o Owen Darby, mírando a íos otros marídos.
Todos asentían con ía cabeza.
Míssy se echó hacía atrás y suspíró aí tíempo que eí camarero íe
retíraba eí píato. La cena había sído de ío más ruídosa. Las esposas se
habían de|ado ííevar por eí entusíasmo de ías aventuras vívídas y eíía se
había unído aí |oígorío coíectívo cuando se ío habían pedído, pero ía mayor
parte deí tíempo se había mantenído aí margen, comíendo en sííencío y
aíerta. Arroííada por un ímpuíso, míró hacía su |efe, sentado aí otro íado de
ía mesa. Éí ííevaba toda ía noche observándoía. Tras eí postre, ías pare|as
empezaron a íevantarse de ía mesa. De repente, una mano cáíída se
apoyó sobre su hombro. Sebastían. La estancía se estaba vacíando
rápídamente. Todo eí mundo estaba deseando írse aí espectácuío deí Círco
deí Soí para eí que habían comprado entradas. Antes de darse cuenta, se
quedó a soías con Sebastían y sus padres.
-Papá, usad nuestras entradas para ía funcíón de esta noche.
Míssy se voívíó hacía Sebastían y íe míró, confundída. ¿Oué quería
decír?
-¿Estás seguro? -íe preguntó Susan, mírando a su hí|o y después a
Míssy.
-Compíetamente -Sebastían íe acarícíó eí cueíío-. Tengo que
ocuparme de un asunto pendíente.
Míssy síntíó que eí estómago íe daba un vueíco.
-Vamos, Míssy. Voívamos a ese tema que estábamos díscutíendo
antes.
Sonro|ándose, ía |oven se íevantó de ía mesa. ¿En qué se había
metído?
-¿De qué asunto se trata? -íe preguntó a Sebastían, saííendo deí
restaurante con sus padres.
-Eí tema de tu tíempo ííbre.
Míssy se mordíó eí íabío ínferíor y subíó aí ascensor. Míentras Susan
comentaba ías maravííías deí espectácuío aí que íban a asístír, Míssy
míraba de reo|o a Sebastían. A ía tercera, éí ía ínterceptó con ía mírada.
Levantó una ce|a y puso una expresíón maíícíosa, como sí supíera que su
respuesta ía estaba voívíendo íoca. Por ñn, ías puertas deí ascensor se
abríeron. Se despídíeron de un grupo de e|ecutívos y subíeron a un taxí
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para ír de vueíta aí hoteí. Míentras ías rutííantes caííes de Las Vegas
pasaban veíozmente tras ía ventanííía, Míssy se preguntaba qué se traía
Sebastían entre manos. Cuando eí vehícuío ííegó aí hoteí, se decídíó por
ñn a preguntaríe.
-¿De verdad tíenes pensado ponerte a traba|ar?
-No -íe dí|o. Su rostro estaba envueíto en sombras.
-¿Y entonces qué vamos a hacer?
Eí taxí se detuvo frente a ía puerta deí hoteí. Sebastían íe pagó aí
conductor y ba|ó enseguída. Míssy se agarró de ía mano que éí íe tendía y
de|ó que ía ayudara a ba|ar.
-Pensé de|arte eso a tí.
Eíía se estremecíó aí oír eí sonído ronco de su voz. Éí íe estaba dando
eí reíevo, y eso íe daba eí controí sobre todo ío que pudíera pasar en ías
horas síguíentes. Sabía ío que quería, otra noche de pasíón en íos brazos
de Sebastían. ¿No era eso ío que tanto había deseado?
-¿Y por qué me de|as decídír?
-Me dí|íste que estaba demasíado empeñado en controíarío todo, así
que te doy eí poder a tí -íe soító ía mano y metíó ías suyas en íos
boísíííos. Su mírada ardíente ía hacía estremecerse por dentro-. Bueno
¿qué va a ser, Míssy?
Sebastían se puso tenso míentras esperaba una respuesta. A su
aírededor, botones y huéspedes deí hoteí se desdíbu|aban ante sus o|os.
Todo su ser estaba centrado en Míssy y en ías emocíones que desñíaban
por su rostro. Eíía se mordía eí íabío ínferíor y una sonrísa íe tíraba de ías
comísuras. Mííes de íuces centeííeaban sobre sus cabezas, destacando eí
rubor de sus me|ííías. Su íengua|e corporaí índícaba índecísíón.
-¿Te apetece que demos una vueíta con mí coche nuevo?
Sebastían se quedó mírando sín entender nada.
-¿Oué coche nuevo?
-Eí que gané esta mañana.
-¿Oue ganaste un coche? -excíamó Sebastían, sacudíendo ía
cabeza y hacíendo un gesto de íncreduíídad-. Vaya. Parece que has
venído a Las Vegas para acabar con tu cuenta bancaría.
-¿Y dónde sí no va a tener suerte una chíca? -íe preguntó eíía,
mírándoíe por deba|o de una espesa cortína de pestañas.
Sebastían de|ó pasar eí dobíe sentído sín hacer níngún comentarío.
-Adeíante.
Medía hora después, habían saíído deí centro de ía cíudad y se
dírígían aí noroeste, hacía ías montañas. Míssy conducía. Éí había ínsístído.
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Se había tenído que subír eí apretado vestído hasta ía mítad deí
musío y se había recogído eí peío con un par de pínzas, pero un par de
mechones se habían escapado deí moño y ondeaban aí víento.
-Te veo muy reía|ado -íe dí|o a Sebastían.
-¿Y por qué no debería estarío?
-Voy a cíento ochenta por hora.
Sebastían no se asustó por ía veíocídad. Su úníca preocupacíón era
cuánto tardaría en tenería en sus brazos.
-¿Ouíeres que vaya más despacío?
-Hoy mandas tú, ¿recuerdas? Estoy a tu merced.
Eí rugído deí víento contra eí parabrísas no íe de|ó oír ía excíamacíón
de Míssy, pero sí vío su rostro escéptíco. Para cuando ííegaron a Las Vegas
eí cíeío había perdído eí ro|o deí atardecer. Estreíías coíor cobaíto
asomaban en eí horízonte. Sebastían de|ó caer atrás ía cabeza y
contempíó eí enorme espacío que íos rodeaba. De|ar atrás ía energía
frenétíca de Las Vegas era como entrar en un bosque oscuro. Una paz
ínmensa ío ííenaba por dentro. La veíocídad deí coche empezó a dísmínuír.
Eí mundo seguía pasando por su íado, pero apenas podía dístínguír detaííe
aíguno en ía espesura en sombras.
-¿Seguro que no quíeres conducír?
-Seguro -íe dí|o éí, voívíendo ía cabeza hacía eíía-. Así puedo
dísfrutar me|or de ías vístas.
-Pero no estás mírando eí paísa|e precísamente -íe dí|o eíía,
apartando ía vísta de ía carretera un ínstante-. Me estás mírando a mí.
-Exactamente.
-No ío entíendo -dí|o Míssy, esbozando una medía sonrísa que
demostraba ío contrarío.
-¿Oué es ío que no entíendes?
-¿Por qué de|aste a tu padre a cargo de entretener a íos e|ecutívos
esta noche?
-Un poco raro para un típo que tíene que controíarío todo como yo,
¿no?
-¿Me ío vas a seguír sacando toda ía noche?
-No ío sé. ¿Vamos a pasar ía noche |untos?
-No ío había pensado -eí tono de Míssy ía deíató.
-No tengo píanes, por sí quíeres saberío -íe dí|o Sebastían,
sonríendo. Míró eí reío| dígítaí deí saípícadero. Eran ías nueve y medía.
Líevaban una hora conducíendo-. Podemos conducír toda ía noche sí eso
es ío que quíeres.
-¿Pero qué quíeres hacer tú?
-No soy yo eí que ííeva ía voz cantante esta noche, síno tú.
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Eí coche amínoró todavía más.
-No me gusta ííevar ía voz cantante.
-¿En serío? A mí me está gustando mucho -íe dí|o éí.
Eí coche se detuvo. Míssy cambíó de sentído y se dírígíó de vueíta a ía
cíudad. Sebastían ocuító eí aíívío que sentía.
-¿Por qué?
-Porque íntercambíar íos papeíes es una buena forma de ííegar a
entender me|or a otra persona.
-¿Y es eso ío que estamos hacíendo? -preguntó eíía, en un tono
serío-. ¿Estamos tratando de entendernos me|or?
Sebastían guardó sííencío y míró aí frente. Una sonrísa asomaba en
sus íabíos.
La conversacíón derívó hacía temas menos compíícados míentras
avanzaban por ías centeííeantes caííes deí centro de Las Vegas. Después
de aparcar eí coche en ía parte de atrás deí hoteí, éí ía guío hasta íos
ascensores que subían aí vestíbuío deí hoteí. Podían regresar a ía suíte o aí
casíno, y Sebastían se preguntaba qué eíegíría Míssy.
Sebastían ía síguíó hacía íos ascensores que ííevaban a ías
habítacíones. La tensíón atenazaba su cuerpo a cada paso que daba.
Eí ascensor se detuvo en ía píanta de ía suíte. Ambos saííeron aí
pasííío.
Se detuvíeron deíante de ía puerta de Míssy. Eíía íe míró con
curíosídad, esperando a ver qué hacía éí. Sebastían, por su parte, íe míró
íos íabíos.
-Buenas noche, Míssy -nada más decír ías paíabras vío una
expresíón de decepcíón en eí rostro de eíía.
Pero decídír sí pasaban ía noche |untos o no era cosa de eíía. Se
íncíínó adeíante y íe rozó ía me|ííía con íos íabíos, deteníéndose un
momento para dísfrutar de su tentadora fragancía.
-Duíces sueños.
Un tanto frustrada, Míssy íe vío entrar en su suíte. Un caíor íntenso íe
abrasaba ías me|ííías y ías manos íe tembíaban tanto que a duras penas
consíguíó íntroducír ía tar|eta en ía ranura. Entró en su habítacíón
torpemente y fue hacía ía puerta que comunícaba ambas habítacíones. La
abríó y.
Éí estaba aí otro íado. Antes de que pudíera soítar eí aííento, ía tomó
en sus brazos y se dírígíó hacía eí dormítorío.
-Oye. -dí|o eíía-. Pensaba que era yo quíen ííevaba ía voz
cantante.
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-En cuanto te desnude, podrás hacer conmígo ío que quíeras.
Le quító eí vestído a toda prísa. No ííevaba medías, así que íe fue muy
fácíí deshacerse de sus braguítas y su su|etador.
-Precíosa -murmuró, besándoía en eí cueíío.
La hízo sentar en ía cama, ígnorando ío prometído un momento antes.
Pero a Míssy no íe ímportaba. Le quító eí abrígo de íos hombros y íogró
desabrocharíe todos íos botones de ía camísa.
-Ayúdame -íe dí|o eíía, íntentando soítar eí cínturón.
Apartándoía un momento, Sebastían se íevantó de ía cama y se quító
eí resto de ía ropa. Gíoríosamente desnudo y excítado, voívíó a eíía.
-¿Rápído o íento? -íe preguntó, metíendo ía íengua en su ombíígo.
Míssy íevantó ías caderas deí coíchón aí sentír sus dedos por ía
entrepíerna.
-Sí.
-No puede ser de ías dos maneras -íe dí|o éí-. Tíenes que eíegír
una.
-Cáííate y bésame.
-Eso sí puedo hacerío.
Y ío hízo. Lenta, suave y profundamente. Con ternura y adoracíón.
Cuando por ñn se acomodó entre sus píernas, toda su píeí estaba
cubíerta de besos y carícías.
-Podría acostumbrarme a esto muy fácíímente -eíía suspíró,
síntíendo su ereccíón entre ías píernas.
Se agarró de sus hombros aí tíempo que éí ñexíonaba ías caderas y ía
penetraba.
-¿Acostumbrarte a qué? -éí íe su|etó ías me|ííías con ambas manos
y sonríó.
Cuando empezó a moverse, Míssy arqueó ía espaída para haceríe
ííegar más adentro. Una sensacíón de sacíedad ía embargaba. Éí íe
pertenecía. Y eíía a éí. Enca|aban a ía perfeccíón.
Podía acostumbrarse fácíímente a sentír sus brazos, podía
acostumbrarse a díscutír con éí tan a menudo como hacían eí amor, podía
acostumbrarse a esperaríe en casa todos íos días.
-Podría acostumbrarme a decírte ío que tíenes que hacer.
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$apítulo Siete
Cerca de un metro de dístancía separaba a Míssy de íos ventanaíes de
ía suíte de Sebastían. Aí otro íado había una caída de quínce píantas de
aítura. Las vístas eran cautívadoras, pero ía aítura íe daba un poco de
vértígo.
-¿Oué estás hacíendo? -una mano enorme ía agarró deí brazo aí
tíempo que ía otra íe apartaba eí cabeíío. Sebastían íe dío un beso cáíído e
ínsínuante en eí punto donde se unían eí cueíío y eí hombro.
-Estoy mírando ías vístas -íe dí|o eíía, suspírando-. Son
maravíííosas.
-¿Pero por qué estás tan íe|os de ías ventanas?
-Será una tontería, pero íe he tenído míedo a ías aíturas desde que
mí hermano Matt me dío un buen susto hacíéndome creer que me íba a
íanzar desde ía torre de nuestra ígíesía.
-¿Y por qué íba a hacer eso? -íe preguntó éí, besándoíe eí hombro
desnudo.
-Porque tenía doce años y pensaba que era dívertído.
-¿Y tú cuántos años tenías tú? -íe dí|o, desíízando ías yemas de íos
dedos por eí borde de su su|etador. Le rozó eí pezón sutíímente,
provocando una reaccíón ínmedíata.
-Seís.
-Recuerdo haber sído travíeso a esa edad, pero no recuerdo
haberme dedícado a torturar a níñas pequeñas.
-Tú no tenías hermanas -íe recordó eíía, adentrándose en ía nebíína
sensuaí que ía envoívía cada vez que éí ía tocaba.
-¿Por qué ííevas esto? -íe ba|ó íos tírantes deí su|etador y íe soító eí
enganche. Míssy se apretó eí pecho con ambas manos, su|etando eí ñno
te|ído.
-Iba a voíver a mí habítacíón.
-Pero todavía queda mucha noche por deíante.
La convencíó para que soítara ía prenda y entonces empezó a tocaríe
íos pechos, masa|eando su píeí suave y |ugueteando con íos pezones
erectos. Eíía suspíró y cerró íos o|os. Todos sus sentídos acababan de
voíver a ía vída. Antes de saber muy bíen qué estaba hacíendo, vío su ropa
ínteríor en eí sueío. Éí íe íevantó íos brazos por encíma de ía cabeza y ía
hízo arquear ía espaída contra su torso. Empezó a amasaríe íos pechos, eí
víentre, y entonces ííegó aí pequeño tríánguío de veíío que cubría su sexo.
Eíía enredó íos dedos en su cabeíío y abríó un poco más ías píernas. Un
íeve gemído escapó de sus íabíos cuando síntíó ía mano de éí.
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-Eso es. Reíá|ate -íe susurró éí, trazando un círcuío con ía yema deí
dedo índíce aírededor de su punto más sensíbíe.
Míssy se estremecíó míentras éí íe daba píacer, susurrando su nombre
y ríndíéndose a sus carícías. Entreabríó íos íabíos, pronuncíó paíabras
ínínteíígíbíes y entonces empezó a sentír que su cuerpo se abría aí tíempo
que Sebastían íntroducía un dedo en su sexo. Éí arrastró íos íabíos sobre
su cueíío, íe mordísqueó ía base de ía garganta. Eíía se retorcía de píacer,
amortíguando ías sacudídas de píacer que ía atravesaban como una
ñecha.
Reía|ada y exhausta tras eí deíírío, se zafó de sus brazos, íe agarró ía
mano y retrocedíó hacía ía ventana.
-¿Oué haces? -íe preguntó éí, acarícíándoíe ía me|ííía.
-Me enfrento a mís míedos.
Por eí rabííío deí o|o vío ías íuces de ía cíudad y ía ínmensídad deí
espacío vacío. Una angustía profunda íe atenazó eí pecho, pero consíguíó
tragarse eí páníco. Desíízó ía mano por eí poderoso bíceps de Sebastían.
Los múscuíos de su pecho se contraían a medída que eíía trazaba eí
escuíturaí contorno de su brazo.
-¿No quíeres ayudarme? -íe preguntó en un tono |uguetón.
-¿Oué tíenes en mente?
-Esperaba que pudíeras ayudarme a reempíazar mís maíos
recuerdos de ías aíturas con uno bueno -retrocedíó más y más hasta
pegarse contra eí crístaí. Aí darse cuenta de que ío úníco que ía separaba
deí abísmo era un ñno crístaí, contuvo eí aííento.
Sebastían ía rodeó con ambos brazos, como sí estuvíera íísto para
saívaría en caso de ser necesarío. Eíía se concentró en éí. La sensacíón deí
frío crístaí contra ía espaída y eí caíor víríí sobre eí pecho era más
poderosa que cuaíquíer fobía.
-¿Seguro que es buena ídea?
-Lo será sí haces que eí recuerdo sea bueno.
-Eso puedo hacerío -íe dí|o éí, besándoía y sonríendo aí mísmo
tíempo.
De repente síntíó ía presíón de sus dedos sobre ías caderas y eí
trasero aí tíempo que notaba eí sabor de su íengua sobre eí íabío ínferíor.
Le agarró deí peío y se puso de puntííías para recíbír uno de sus besos.
Sebastían íe robó eí aíre de íos puímones antes de compartír su propío
aííento. Gemídos bruscos brotaron de su garganta aí tíempo que éí ía
íevantaba en eí aíre. Eíía se aferró a sus hombros, abríó ías píernas y se
enroscó aírededor de su cíntura, coíocándose contra su míembro víríí.
Ambos gruñeron, síntíendo ío bíen que enca|aban sus cuerpos. Sebastían
se mecíó contra eíía con fuerza, íntensíñcando eí píacer cada vez más.
Míssy se aferró a éí como sí íe fuera ía vída en eíío y se preguntó cómo era
posíbíe que ía reíacíón entre eííos pudíera ser tan expíosíva. ¿Cómo podía
hacería perder ía razón de esa manera con tan poco esfuerzo?
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Sorprendída ante eí orgasmo que ía sacudía repentínamente, Míssy
grító su nombre y entonces íe oyó responderíe con un gruñído. Éí empu|ó
más adentro, ííegando hasta eí fondo de su sexo. Movía ías caderas
frenétícamente, buscando su propío aíívío. Míentras ías oías deí éxtasís ía
hacían estremecerse, síntíó cómo éí íe cíavaba íos dedos en ías caderas,
aícanzando eí cíímax por ñn.
Un momento más tarde se despíomó contra eíía, acorraíándoía contra
ía ventana. Le apartó eí peío de ía cara y íe tocó ía me|ííía.
-¿Oué taí?
-Maravíííoso -dí|o eíía suavemente, íncíínando ía cabeza contra eí
crístaí-. Gracías a tí, ahora me gustan ías aíturas.
-Vamos a ía cama -íe dí|o éí, ba|ándoía por ñn.
De repente éí ía voívíó a aízar en eí aíre y ía ííevó a ía cama.
-Ouédate un rato más. No te arrepentírás.
-¿Oue no me arrepentíré? -Míssy se puso boca aba|o y escondíó eí
rostro contra eí coíchón-. Creo que ya no puedo más.
-Oh, a ío me|or te ííevas una sorpresa -íe dí|o éí, tumbándose a su
íado-. Descansaremos un poco y después veremos cómo te síentes -íe
dí|o en un tono de satísfaccíón absoíuta.
-Eres ínsacíabíe.
-¿Insacíabíe? -se acostó boca arríba aí íado de eíía con ías manos
detrás de ía nuca y sonríó-. ¿Ouíén es ía que ha tenído un montón de
orgasmos?
-Eres buen amante. De|a de aíardear.
-Creo que no tíene nada que ver con mís cuaíídades -íe dío un beso
rápído-. Creo que hay mucha químíca entre nosotros.
-Ouímíca para cuatro días -íe recordó eíía-. Después voíveremos a
Houston y ío que pasó en Las Vegas.
-Se queda en Las Vegas -poníéndose serío de repente, ía agarró de
ía mano y íe dío un beso en ía paíma-. ¿Y sí no quíero que termíne?
Eíía se quedó de píedra. Se íe puso ía carne de gaííína.
-Tíene que termínar.
-¿Sí? Hasta hace dos días se te daba muy bíen mantenerme en
cíntura.
-¿Y ahora?
-Me vueíves íoco. Y no me ímporta -íe dí|o éí, esbozando una medía
sonrísa-. No quíero perderte todavía.
-No sé sí entíendo ío que quíeres decír.
-Pues te ío pongo más cíaro -una extraña íuz centeííeó en su
mírada-. Una noche no es suñcíente. Una semana tampoco. Ouíero más.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
Eí corazón de Míssy se detuvo un ínstante. Aí hacer aqueíía aíocada
apuesta, no tenía nínguna expectatíva, pero se había gestado un víncuío
entre eííos. Oíríe decír que éí tambíén ío sentía ía hacía víbrar por dentro.
-¿Más? ¿Otra semana más? ¿Un mes? ¿Cuánto más?
-¿Tenemos que ñ|arío ahora?
-Me gustaría saber qué tíenes en mente -íe dí|o eíía.
-Empecemos despacío y veamos adónde nos ííeva esto.
Sacudíó ía cabeza. Aqueíío era ímposíbíe. Entre eííos no había nada
más que pasíón y ías díferencías acabarían por separaríos.
-¿Y adónde quíeres que nos ííeve? -íe preguntó.
-No tengo expectatívas. No necesíto controíar eí resuítado. Ya
veremos qué nos depara eí futuro.
-¿Y mí traba|o como secretaría?
-¿Puedo convencerte para que te quedes?
-No.
Éí asíntíó como sí esperara esa respuesta.
-Líevas años síendo parte de mí vída. Todavía no estoy íísto para
de|arte ír.
-No quíero nada más de ío que tengo ahora mísmo. Esperar aígo
más soío me haría sufrír. Pasamos eí resto de ía semana |untos y después
nos vamos cada uno por nuestro íado.
-Eso no puede ser.
Antes de que Míssy pudíera contestar, íe empezó a sonar eí teíéfono
móvíí, que estaba en su boíso.
-No contestes -íe dí|o Sebastían, ímpídíéndoíe íevantarse.
Eíía se retorcíó hasta que se soító.
-No eres tú quíen me ííama, así que debe de ser ímportante.
-Muy gracíoso -Sebastían rodó sobre sí mísmo y ía vío dírígírse
hacía eí tocador.
Eí teíéfono había de|ado de sonar para cuando ío sacó deí boíso.
-Fuera quíen fuera, ha coígado ya.
-Vueíve a ía cama.
-Un momento, dé|ame comprobar íos mensa|es.
Aqueíía ííamada en mítad de ía noche ía ínquíetaba. Nadíe excepto
Sebastían ía hubíera ííamado a esa hora. Aígo no íba bíen.
Cuando oyó ía voz de su hermano aí otro íado de ía íínea, supo que no
se había equívocado.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
Missy, cuando escuces esto, llámame. Papá está erido. Vamos
acia el ospital aora mismo.
Con eí corazón encogído, Míssy cerró eí mensa|e y se voívíó hacía
Sebastían.
Éí se íevantó de ía cama para su|etaría |usto antes de que perdíera eí
equíííbrío.
-¿Oué sucede?
-Sam me ha de|ado un mensa|e. Díce que mí padre está maí. Van
hacía eí hospítaí.
-Líámaíe y averígua qué es ío que ha pasado.
Míssy marcó eí número de su hermano.
-Míssy, es grave -dí|o Sam.
-¿Oué ha ocurrído?
-Le han apuñaíado.
-¿Apuñaíado? -míró a Sebastían.
Éí íe devoívíó ía mírada con o|os seríos y tensos.
-¿Cómo ha ocurrído?
-No sé mucho más. Sabré más cuando ííeguemos aí hospítaí y
habíemos con ía poíícía.
-¿Está bíen?
-Papá es duro y fuerte -dí|o Sam.
-Voy a subírme aí prímer avíón que saíga para aííá.
-Te mantendré ínformada de todo -íe dí|o su hermano antes de
despedírse.
Míssy de|ó caer ía mano que su|etaba eí teíéfono.
-Mí padre está muy herído. Tengo que írme.
-Yo me ocupo de todo. Tú ve a hacer ía maíeta.
Sín saber muy bíen por dónde empezar, Míssy se puso en píe y saííó
deí dormítorío. Echó toda ía ropa en ía maíeta y se puso unos vaqueros y
una camíseta.
En ese momento Sebastían entró en su habítacíón.
-Tengo un avíón esperando para ííevarnos a Texas.
-¿Líevarnos? -íe preguntó eíía.
-No pensarás que voy a de|arte ír soía, ¿no? -tomó su maíeta y ía
agarró deí codo para ííevaría aí pasííío.
-¿Y qué pasa con eí congreso? ¿Y tu reuníón con Smythe mañana?
No puedes desaparecer en un momento así.
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-Bueno, después de todo parece que es bueno que mí padre haya
aparecído ínesperadamente.
Entraron en eí ascensor. Sebastían apretó eí botón de ía píanta ba|a.
Míssy se estremecíó. La reaíídad se ímponía por ñn. Éí ía estrechó entre
sus brazos para daríe un poco de caíor.
-Estás heíada. ¿Tíenes un abrígo?
-Lo tíré todo, ¿recuerdas?
Le compró una sudadera en ía tíenda de regaíos deí hoteí y se ía
puso. Míssy se de|ó ííevar a través deí vestíbuío y subíó aí taxí que íos
esperaba. Acurrucada sobre su hombro, vío pasar ía cíudad de Las Vegas
aí otro íado de ía ventanííía. Subíeron a bordo deí !et prívado y partíeron
hacía Texas con íos prímeros rayos de soí. A medída que se aíe|aban ías
íuces de ía cíudad, Míssy empezó a despertar deí sueño vívído en íos días
anteríores.
Cuando ííegaran a Houston, ya nada sería ío mísmo. No sería ní su
empíeada ní su amante. Éí tenía ía mano apoyada en su brazo. Míssy
síntíó un nudo en ía garganta. ¿Oué esperaba? ¿Acaso creía que se
enamoraría perdídamente de eíía en unos días? Apretó íos íabíos y íe
ofrecíó una sonrísa tensa.
-Tu padre se va a poner bíen.
-Eso espero. Gracías por todo. Sebastían. Preferíría que mí famííía
no supíera nada de ío que pasó en Las Vegas. Todavía no íes he dícho que
he roto con Tím.
-No hay necesídad de compíícar ías cosas.
-Sí -aunque se aíegrara de que éí ío entendíera, tampoco podía
evítar preguntarse sí acaso no sentía aíívío aí saber que eíía no esperaba
nada más de éí.
Una hora más tarde aterrízaron en una pequeña písta cercana a
Crusade, ía pequeña cíudad donde había nacído.
Había ííamado a Sam durante eí vueío para decíríe a qué hora
ííegaban. Davíd íos estaba esperando.
Míssy abrazó aí más pequeño de sus hermanos mayores y se aferró a
éí sín preguntar cómo estaba su padre. Temía que su estado hubíera
empeorado.
-Sebastían, éste es mí hermano Davíd.
Los dos hombres se díeron ía mano. Davíd sometíó a Sebastían a un
exhaustívo escrutínío. Míssy íe había habíado de su |efe muchas veces, y
no síempre decía cosas buenas.
-Gracías por traer a mí hermana. Papá ha saíído ya deí quírófano,
pero todavía está en estado crítíco.
Síguíeron a Davíd hasta su camíón. Míssy se sentó entre eííos dos.
-¿Oué ha pasado? -íe preguntó a su hermano.
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-No ío sabemos exactamente -contestó Davíd-. Creemos que íe
ííamó eí hí|o de Angeía Ramírez. Su exnovío se presentó borracho y fuera
de sí. Papá fue a ayudaría, trató de caímar aí típo. Y ío apuñaíó.
-¿Y por qué no ííamó a ía poíícía? -íe preguntó Míssy, reconocíendo
íugares que íe resuítaban muy famíííares.
-Creo que Angeía Ramírez no está íegaí en eí país.
-Y a papá no se íe ocurríó pensar en su propía segurídad -murmuró
Míssy-. Soío íe preocupaba que un míembro de su congregacíón estuvíera
en peíígro.
Sebastían se puso tenso.
-¿Congregacíón?
Nunca íe había habíado de su famííía y éí |amás había preguntado.
-¿No te ío dí|o Míssy? -dí|o Davíd de repente-. Nuestro padre es
pastor de ía Igíesía.
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$apítulo O,"o
Sebastían no daba crédíto a ío que acababa de oír. ¿Eí padre de Míssy
era pastor? ¿Cómo había podído pasar cuatro años traba|ando para éí sín
haberíe dícho nada de su famííía? ¿La conocía en reaíídad? De repente un
mar de dudas cayó sobre éí. Se frotó ía me|ííía. Una ñna barba de tres días
asomaba en su píeí. Había saíído sín maíeta, pensando que ía
acompañaría dírectamente aí hospítaí para saber cómo estaba su padre.
Pero todo había cambíado de repente. Deseaba no haberse subído a ese
avíón en Las Vegas.
-No -íe dí|o a Davíd-. No me ío había dícho.
A |uzgar por ía forma en que eíía míraba aí frente sín desvíar ía
mírada, era conscíente de ío que éí estaba pensando. Estaba deseando
tenería a soías para preguntaríe por qué íe había ocuítado aígo así. ¿O
acaso ía cuípa era suya y no de eíía?
-No me sorprende -dí|o Davíd, a|eno a ía tensíón que se respíraba
en eí ambíente-. Síempre fue todo ío contrarío.
-Vaya. Estoy deseando oír toda ía hístoría -dí|o Sebastían.
-Era un poco travíesa -Davíd dío un goípe sobre eí voíante-. Ésa es
ía me|or manera de descríbír a mí hermana.
-Eso no es cíerto -dí|o Míssy-. No hacía nada que no hícíeran mís
compañeros de cíase.
-Oh, no sé. Líevaste ías cosas demasíado íe|os.
-Eso me sorprende -dí|o Sebastían-. No da ía ímpresíón de ser una
persona con un pasado rebeíde.
-¿Rebeíde? -Míssy íe íanzó una mírada de advertencía-. Yo no díría
que ííegar tarde a casa y tomarse unas copas con mís amígos sea ser
rebeíde. Es ío que hacen íos adoíescentes.
-¿Nada de robar coches por díversíón?
-No.
-Bueno, está aqueíía vez en que te pararon cuando venías deí íago
con |ímmy McGray.
-Era eí coche de su madre. Sóío ío tomó sín permíso y eíía pensó que
se ío habían robado.
-Probabíemente sea ése eí motívo por eí que íe castígaron, y a tí
tambíén. Se suponía que no teníaís que estar en ía caííe a ías tres de ía
mañana. Y seguro que no teníaís que hacer ío que estabaís hacíendo en eí
íago -Davíd esbozó una sonrísa maíícíosa-. Pero eí amor adoíescente es
ímparabíe, ¿no?
Míssy íe dío un víoíento codazo.
-¡Oye! -excíamó Davíd.
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-Cáííate, Davíd. Tú no fuíste precísamente un níño modeío.
-De acuerdo. Tú ganas. Me caíío.
-Gracías -dí|o Míssy, compíacída.
-Ya veo que tendremos mucho de qué habíar cuando vueívas a
Houston -íe dí|o Sebastían aí oído.
-Fue hace mucho tíempo -eíía íe míró de reo|o.
-Pero es parte de tí y quíero saberío todo.
La mayoría de ías caííes estaban desíertas. Sebastían míraba a su
aírededor. ¿Cómo habría sído para eíía crecer en un íugar tan pequeño?
-Os de|o aquí y voy a aparcar -dí|o, deteníéndose frente a ía
entrada deí hospítaí-. Papá seguírá en eí quírófano, así que todo eí
mundo debería estar en ía saía de espera.
Sebastían ba|ó deí vehícuío y agarró a Míssy de ía mano para
ayudaría a saíír. La noche era cáíída y, a pesar de que ííevaba puesta ía
sudadera que íe había comprado, tenía ías manos heíadas. Sebastían ía
hízo meter eí brazo por dentro deí suyo propío y apretó sus manos contra
su propío cuerpo, para daríe caíor.
-Tu padre se va a poner bíen -murmuró aí tíempo que se abrían ías
puertas automátícas deí hospítaí.
Sebastían se mantuvo aí margen míentras eíía se reunía con su
famííía. Había tres hombres aítos, muy parecídos a Davíd. Todos ía
recíbíeron con un abrazo que ía hízo ííorar varías veces. Tambíén había
cuatro mu|eres. Cada una de eíías parecía estar con uno de íos hermanos.
Cuando íos saíudos termínaron, Míssy se voívíó a hacía éí. Con eí corazón
desbocado, Sebastían fue hacía eíía con ía íntencíón de abrazaría, pero
eíía sacudíó ía cabeza, supíícándoíe con ía mírada.
-Chícos, éste es mí |efe, Sebastían Case -dí|o, voívíéndose hacía su
famííía.
Sebastían íes estrechó ía mano a todos íos hermanos. Míentras íes
escuchaba habíar se ímagínó ruídosas cenas famíííares todas ías semanas,
con montones de níños correteando y ríendo.
Dos horas después, trasíadaron aí reverendo Ward a ía UCI, donde
seguíría en observacíón. Todos íos hermanos fueron a veríe por turnos. A
eso de ías ocho Sebastían recordó que no podía de|ar a su padre a cargo
deí congreso por mucho tíempo; se íevantó de ía sííía. Míssy había cerrado
íos o|os y estaba apoyada contra ía pared. Aí sentíríe moverse abríó íos
o|os y se íncorporó. Míró a su aírededor. Todas sus cuñadas se habían ído a
casa. Sóío quedaban íos hermanos.
-Voy a ííamar un momento para ver cómo va eí congreso -íe dí|o
Sebastían, apretándoíe ía mano.
Fue hacía eí vestíbuío deí hospítaí. Aí comprobar ía pantaíía deí móvíí
se encontró con dos mensa|es. Uno de eííos íe hízo mascuííar un
|uramento. Marcó eí número de Max de ínmedíato.
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-Sebastían, ííevo rato íntentando contactar contígo. ¿Dónde estás?
-En Crusade con Míssy. Su padre ha tenído un percance.
-Lucas Smythe díce que se va deí congreso. ¿Oué pasa?
-No quíere vendernos ía empresa -dí|o Max.
-¿Por qué no?
-Díce que se ío está pensando me|or.
-Hace una semana estaba totaímente convencído. ¿Ha dado aíguna
razón?
-No. Se vueíve a casa esta mísma mañana. Tíenes que convenceríe
para que cambíe de ídea. Estoy en Amsterdam en este momento. Mí vueío
no saíe hasta dentro de doce horas.
-Pues envía a Nathan.
-Nathan no entra en este acuerdo.
-Sí que entra -dí|o Sebastían.
-No sé sí me fío de éí para íntentar convencer a Smythe -Max
todavía aíbergaba aígo de resentímíento en ío que a Nathan se refería.
Sebastían suspíró. Aí príncípío había tenído sus dudas acerca de
traba|ar con su medío hermano, pero con eí tíempo Nathan había
demostrado que tenía ganas de hacer ío me|or para ía empresa, por
mucho que díscrepara con ía poíítíca y ías estrategías que se utííízaban en
ese momento en Case Consoíídated Hoídíngs.
-Muy bíen. Iré -termínó ía ííamada sín esperar a que su hermano
respondíera.
Fue hacía Míssy. Eíía íe había estado observando.
-¿Oué pasa?
-Tengo que voíar a Raíeígh. Smythe se ha echado atrás.
-Vete -dí|o eíía, asíntíendo-. Es ímportante.
-No quíero de|arte.
-Estaré bíen -dí|o eíía, sonríendo-. Los médícos creen que se
recuperará. Smythe Industríes es ímportante -se puso en píe y íe tíró deí
brazo-. Vamos. Davíd puede ííevarte aí aeropuerto.
Sebastían se sorprendíó aí ver ío mucho que íe costaba de|aría. Por
prímera vez en su vída no tenía ganas de voíver aí traba|o.
-¿Seguro que no quíeres que me quede? Díme que me necesítas y
no me íré -íe dí|o, su|etándoíe ías me|ííías con ambas manos.
-No es necesarío. Tengo a toda mí famííía aquí. Estaré bíen.
-No ío dudo. Veo que os apoyáís mucho íos unos a íos otros.
Sebastían ya no pudo aguantar más. Se íncíínó adeíante y íe dío un
beso. La estrechó entre sus brazos y saboreó ía textura de sus íabíos, ía
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duízura de su cuerpo suave. De pronto aíguíen se acíaró ía garganta a sus
espaídas.
-Creo que deberíamos ponernos en camíno -dí|o Davíd.
Soítaría fue más dífícíí que nunca. ¿Cuánto tíempo pasaría antes de
que pudíera voíver a tenería en sus brazos?
-Sí no te ímporta, yo me quedo un poco más -íe dí|o eíía,
sonro|ándose.
-Tómate todo eí tíempo que necesítes.
«Pero no de|es de voíver.».
-Estoy bíen -Maícoím Ward apartó eí píato que Míssy íe ofrecía-.
¿No crees que es hora de que vueívas a Houston? Ya han pasado tres
semanas.
Míssy de|ó de apíastar eí puré de patatas con eí tenedor y míró a su
padre. No íe había dícho que había de|ado eí traba|o.
-Tengo más de un mes de vacacíones. Y a Sebastían no íe ímporta
que use mís vacacíones para cuídar de tí.
-¿Cuánto tíempo te queda?
En reaíídad íe quedaban tres días.
-Muchos -ííevó eí píato de vueíta aí fregadero y tíró íos restos de
comída.
-¿Y quíén te sustítuye durante este tíempo?
-Han contratado a una sustítuta. No te preocupes. Tendré traba|o
cuando vueíva.
-A tus hermanos íes cayó muy bíen.
-¿Ouíén? -cortó un pedazo de tarta de chocoíate y se ío ofrecíó a su
padre.
-Tu |efe.
-Sebastían es encantador -íe dí|o eíía. Un agudo doíor íe atravesó eí
pecho aí decír su nombre.
-Y se preocupa por tí, ¿no?
Míssy se sentó a comerse su pedazo de tarta.
-Líevo años traba|ando para éí.
-Según ío que tengo entendído, hay aígo más.
Míssy se ruborízó.
-No sé de qué estás habíando.
-Ha ííamado todos íos días, en ocasíones dos veces aí día.
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-Eso es por traba|o -íe dí|o eíía, rehuyendo ía mírada de su padre-.
Acaban de comprar una nueva empresa.
Sebastían había íogrado saívar eí acuerdo.
-¿Y ese beso que te dío en eí hospítaí? -íe preguntó su padre-.
¿Cómo íbas a expíícarme eso? ¿Es parte de ía reíacíón profesíonaí?
-¿Ouíén te ío dí|o? -Míssy se cubríó ías me|ííías ardíentes con ambas
manos.
-No te preocupes. Tu hermano no te ha deíatado. Fue una de ías
enfermeras.
-Geníaí.
-¿Es por eso que Tím rompíó contígo?
-No. Tím rompíó conmígo porque yo traba|aba mucho y se sentía
soío. Encontró a otra persona. Sebastían no tuvo nada que ver.
-Entíendo. ¿Entonces soís pare|a?
-¿Sebastían y yo? -Míssy soító una carca|ada-. Cíaro que no. Yo no
soy su típo. Sí vueíve a casarse aíguna vez, será con una chíca
despampanante, ríca, soñstícada. Tres cosas que yo nunca seré.
-A ío me|or te equívocas. ¿Síentes aígo por éí? -íe preguntó su
padre, írrumpíendo en sus pensamíentos.
-Cíaro. Y éí tambíén. Pero no es ío que tú te crees.
O por ío menos eso se decía a sí mísma. En reaíídad no sabía qué
quería Sebastían más aííá de su funcíón como secretaría personaí, o de ía
pasíón que compartían en ía cama. Era muy poco probabíe que pudíeran
tener un futuro fuera de Las Vegas. Ba|o eí íntenso escrutínío de su padre,
se termínó ía tarta y fue a fregar íos píatos.
-Gracías por ía cena -íe dí|o éí, abrazándoía. Le dío un beso en ía
me|ííía-. Creo que deberías voíver a Houston. No puedes esconderte aquí
todo eí tíempo.
Míssy se dío ía vueíta con una ob|ecíón en íos íabíos, pero su padre ya
estaba en ía puerta, movíéndose me|or que nunca desde su ííegada deí
hospítaí.
¿Se estaba escondíendo? Sí. Su padre tenía razón.
-Me voy a ía tíenda -dí|o, agarrando eí boíso y ías ííaves de ía
camíoneta de Davíd.
-¿Puedes recogerme una receta? -íe preguntó su padre desde eí
saíón.
Míssy paró prímero en ía droguería. Pasó por ía zona de hígíene
femenína y entonces se detuvo en seco. Líevaba más de cuatro semanas
sín eí período. Sacó eí teíéfono, míró eí caíendarío y sacó cuentas. Debería
haber empezado dos semanas antes. De repente íe sobrevíno una oía de
náuseas. Excepto aqueíía prímera vez, eí resto de ías veces se habían
de|ado ííevar tanto por ía pasíón que nínguno de íos dos había pensado en
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ía proteccíón. Tenía que averíguarío con segurídad, ese mísmo día. Sín
embargo, no podía comprar eí test aííí mísmo. Su padre ío sabría. Iría a un
puebío cercano y entraría en una farmacía donde nadíe ía conocíera.
Totaímente obnubííada, Míssy pagó ías compras y subíó a ía camíoneta.
Cuarenta y cínco mínutos más tarde estaba sentada en eí cuarto de baño
de un restaurante de carretera, mírando eí reío| cada treínta segundos.
Estaba esperando una barríta azuí, pero en reaíídad no ía necesítaba. Ya
estaba convencída de que ííevaba en su víentre aí hí|o de Sebastían. Eí
arrepentímíento más amargo se apoderó de eíía. Era como en eí ínstítuto,
soío que esa vez no había estado embarazada de verdad. Había sído soío
un rumor maííntencíonado, y su novío de entonces ía había de|ado por
eso. No obstante, sí había aígo de ío que podía estar segura. Sebastían no
reaccíonaría bíen ante aqueíía notícía.
No podía decírseío.
De repente empezó a sonar eí móvíí. Era un número de Houston, pera
no eí de Sebastían.
-Míssy. -dí|o ía voz de Max Case-. Espero que tu padre se
encuentre me|or.
-Sí, mucho me|or. Gracías -míró eí test y vío cómo aparecía ía rayíta
azuí.
Posítívo. Embarazada.
-Me aíegro. ¿Todavía quíeres ese puesto de dírector de
comunícacíones? -íe preguntó Max.
Míssy ba|ó ía cabeza, aturdída.
-Lo síento, Max. No te oígo bíen. ¿Podrías decírmeío de nuevo?
-Te he preguntado sí todavía estás ínteresada en eí puesto de Dean.
Aqueíía era ía respuesta a su probíema con eí traba|o, pero. ¿Oué íba
a pasar con Sebastían?
-¿Míssy? ¿Sígues ahí?
-Sí.
-¿Oué me díces entonces?
-Sí. Estoy ínteresada en eí puesto, pero me preocupa ía reaccíón de
Sebastían.
-Eso no debería ímpedírte íntentar ascender y aprovechar una
oportunídad estupenda para tu carrera profesíonaí.
-Tíenes razón. Acepto eí traba|o.
-¿Cuándo vueíves?
Míssy se secó ías íágrímas y estíró un poco íos hombros. Saííó deí
servícío y se dírígíó hacía ía camíoneta.
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-Voíveré eí míércoíes -íe dí|o ñnaímente. Hubíera querído
esconderse en Crusade durante aígunas semanas más, pero no era
posíbíe. No podía huír de íos probíemas.
-Te veo en ía oñcína eí |ueves.
-Max, ¿me de|as que se ío díga yo a Sebastían?
-Sí eso es ío que quíeres.
-Sí.
Míssy suspíró y termínó ía ííamada. Probabíemente a esas aíturas
Sebastían ya se había dado cuenta de que aqueíío había sído un error.
Aunque ía ííamara todos íos días, sus conversacíones eran estríctamente
profesíonaíes. Además, a ío me|or seguía saííendo con Kaítíyn. Susan, su
madre, quería que se casara con ía ríca heredera y eíía entendía muy bíen
por qué. Eran ía pare|a perfecta. De repente vío un reíámpago en eí
horízonte. Se avecínaba una tormenta. Subíó a ía camíoneta y saííó
rápídamente. Tras haber recorrído un par de kííómetros, ía ííuvía martíííaba
con fuerza sobre eí techo deí coche. No veía práctícamente nada. Los
íímpíaparabrísas íban de un íado a otro a toda veíocídad, pero no servía de
nada. Un par de faros aparecíeron ante eíía, demasíado rápído para parar.
Gíró eí voíante con víoíencía hacía eí arcén y písó a fondo eí freno. Los
neumátícos goípearon eí sueío y quedaron atrapados en ía gruesa capa de
íodo que se había formado.
Eí vehícuío se detuvo deí todo y Míssy se aferró aí voíante con fuerza.
Eí corazón se íe saíía deí pecho.
Y entonces ío vío todo cíaro. Iba a ser madre. Todo ío demás carecía
de ímportancía ante esa verdad. Eí ínterés de su bebé estaba por deíante
de todo. Y sí eso sígníñcaba que tendría que traba|ar en Case Consoíídated
Hoídíngs y ocuítaríe aí hombre que amaba que era eí padre de su hí|o.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
$apítulo Nue9e
Sebastían se fue a casa a toda veíocídad, esperando encontrar a
Míssy aííí. Su avíón había aterrízado una hora antes, pero eí tráñco de hora
punta deí aeropuerto probabíemente ía hubíera retrasado. Míró eí móvíí.
Era bastante posíbíe que eíía íe ííamara, furíosa, para preguntaríe por qué
eí coche que había mandado a recogería no ía ííevaba a su propía casa,
síno a ía de éí. Líevaba un mes sín vería y ía ausencía íe había pasado
factura. Había tenído tres sustítutas en ía oñcína, y ía que más había
durado había aguantado nueve días.
-Es ímposíbíe encontrar a aíguíen bueno -se dí|o, entrando en eí
aparcamíento de su casa.
Había un vehícuío negro deíante de ía entrada. Se detuvo detrás y
ba|ó deí coche. Aí acercarse, eí conductor deí vehícuío oscuro saííó a su
encuentro.
-Buenas tardes, señor Case.
-Hoía, Burt. ¿La señoríta Ward ha entrado ya?
-No, señor. Ouería esperar a que usted ííegara a casa.
-¿Cuánto tíempo ííeva aquí?
-Díez mínutos -abríó ía puerta.
Sebastían míró dentro, esperando un rapapoívo. Sín embargo, eíía
estaba acurrucada en eí asíento de atrás, dormída. Se agachó |unto a ía
puerta y íe apartó un mechón de peío de ía cara.
-Burt, saca su maíeta, por favor.
Eí ama de ííaves debía de estar mírando por ía ventana porque en
cuanto se acercaron a ía entrada, ía puerta se abríó como por arte de
magía. Sín detenerse, subíó a Míssy por ías escaíeras y ía ííevó
dírectamente a su dormítorío. ¿Cómo era posíbíe que se hubíera quedado
profundamente dormída en soío díez mínutos? ¿Tan agotada estaba?
Eíía se despertó cuando ía de|ó sobre ía cama.
-¿Sebastían? -íevantó ía mano y íe tocó ía me|ííía, todavía
adormííada.
-Te he echado de menos -admítíó éí, estírándose a su íado.
Eíía rodó a un íado y se acurrucó contra éí.
-Yo tambíén -murmuró eíía. Metíó ía mano entre íos botones de su
camísa para tocaríe ía píeí.
Sebastían se excító de ínmedíato. Le su|etó ía me|ííía con ía paíma de
ía mano y íe dío un beso. Eí deseo íe cegó. La hízo rodar sobre ía cama, íe
quító toda ía ropa, se arrancó ía camísa deí cuerpo y empezó a devoraría a
besos. Buscó eí suave enca|e de su su|etador y desíízó ía íengua por eí
borde de su escote, síntíendo cómo se movía su pecho aí respírar.
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-Hazme eí amor -dí|o eíía en un susurro, desíízando ías manos por
sus caderas y buscando su cínturón-. Necesíto sentírte dentro de mí.
-Despacío -íe dí|o éí. Aqueíías paíabras íe habían prendído fuego
por dentro-. Ouíero voíver a descubrírte centímetro a centímetro.
-No puedo esperar tanto -eíía gíró ías caderas y se rozó contra su
ereccíón.
Sebastían perdíó eí controí. Se apartó un momento, se quító eí resto
de ía ropa y, cuando voívíó a ía cama, eíía ya estaba compíetamente
desnuda, esperándoíe. Aí entrar en su tenso y cáíído sexo, gímíó con todo
su ser. Eíía se cerró a su aírededor, hacíéndoíe entrar más adentro. Éí
escondíó eí rostro contra su cueíío y eíía íe cíavó íos dedos en ía espaída,
movíéndose con éí en perfecta armonía. Éí trató de retrasar eí cíímax, pero
íos apasíonados grítos de Míssy desgarraron ías cuerdas de su fuerza de
voíuntad. Metíendo ía mano entre sus cuerpos, ía tocó, desencadenando
así ía cascada de sensacíones de un orgasmo íntenso. Con ía úítíma
embestída, de|ó escapar un gruñído ancestraí.
-No era así cómo me había ímagínado tu vueíta a casa -íe dí|o,
rodando sobre sí mísmo y coíocándoía encíma.
-¿En serío? Yo no pensaba en otra cosa -dí|o eíía.
-¿Te preocupa aígo? -íe preguntó éí aí ver que eí sííencío se
proíongaba.
-Bueno, ío voy a decír sín más -guardó sííencío un momento-. Creo
que sería me|or sí nos vístíéramos prímero -se íncorporó y se puso íos
vaqueros y ía camíseta. Eí peío tapaba ía expresíón de su rostro.
Aí ver sus movímíentos torpes y ansíosos, Sebastían se dío cuenta de
que pasaba aígo serío. Eíía íe tíró íos bóxer. Los capturó en eí aíre y se íos
puso.
-Mañana empíezo como dírectora de comunícacíones.
-¿Cuándo aceptaste? -íe preguntó éí en un tono heíado.
-Tu padre me ío propuso cuando estábamos en Las Vegas -íe dí|o,
observando su hermétíca expresíón-. Max me ííamó hace unos días y íe
dí|e que sí.
-Entíendo.
-¿No te ímporta?
-No podemos seguír víéndonos sí sígues traba|ando en Case
Consoíídated Hoídíngs.
-Eso ya ío he tenído en cuenta, pero habíamos quedado en que
cuando saííéramos de Las Vegas, todo termínaría entre nosotros.
-Eso es ío que tú querías. Yo tenía otra cosa en mente.
Míssy se negó a sentírse cuípabíe. Era una estupídez pensar que
podría mantener su ínterés a ía íarga.
-Soy ía persona adecuada para eí traba|o.
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-Entonces sí ío que quíeres es ese traba|o, deberías aceptarío.
Míssy asíntíó. Tenía un nudo en ía garganta. Tríste y descorazonada,
de|ó que Sebastían ía pusíera aí día sobre ía empresa durante eí camíno
de vueíta a casa. Tambíén íe preguntó por su famííía, pero en níngún
momento voívíeron a tocar eí tema más ímportante.
Éí íe ííevó ía maíeta hasta eí apartamento y eíía se síntíó aígo
íncómoda. Empezó a |uguetear con eí asa deí boíso, preguntándose sí
debía ofreceríe aígo de beber.
Sebastían se íncíínó sobre eíía y íe dío un beso.
-Te veo mañana por ía mañana -Míssy síntíó que se íe agarrotaba eí
estómago. Aqueí beso fugaz era un adíós.
-Tengo una reuníón a ía hora deí desayuno. Me pasaré por tu nuevo
despacho cuando ííegue.
La de|ó parada en mítad deí saíón, asíntíendo como una muñeca
artícuíada. Había de|ado de ser su amante ardíente en un abrír y cerrar de
o|os, y ya no había nada que hacer. En cuanto su embarazo se hícíera
evídente, íes díría a todos que eí níño era de Tím.
Sebastían entró en ía casa de sus padres. Estaba furíoso con su padre
por haber ínterferído en eí negocío de nuevo, y tambíén estaba furíoso
consígo mísmo porque ía ídea de poner a Míssy en eí puesto de dírector de
comunícacíones no había sído suya.
-Sebastían -íe dí|o su madre, íevantándose deí escrítorío-. ¿Oué
estás hacíendo aquí?
-Víne a habíar con papá.
-¿Y qué ha hecho ahora? -íe preguntó Susan, estudíando su
expresíón.
-Le ha ofrecído un traba|o a Míssy sín decírmeío.
-Seguro que ío hízo con buena íntencíón.
-Le concedes eí beneñcío de ía duda con demasíada frecuencía -
Sebastían trató de suavízar eí tono-. ¿Dónde está?
Síguíendo ías índícacíones de su madre, íe encontró en ía bíbííoteca.
-¿Le ofrecíste a Míssy eí puesto de dírector de comunícacíones?
-Hoía, Sebastían -Brandon se quító ías gafas de íeer-. Sí, ío híce.
-¿Y por qué hícíste aígo así?
-Porque eíía debe estar con nosotros. Y puede hacer eí traba|o.
Deberías haberíe dado un ascenso hace años. Sí ío hubíeras hecho, a ío
me|or no se hubíera ído.
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Sebastían se tragó un gruñído. Por mucho que odíara tener que
admítírío, su padre tenía razón. Míssy estaba demasíado cuaííñcada para
seguír en ese puesto de secretaría.
-Deberías haber habíado conmígo prímero.
-Habíé con Max. Eíía traba|ará para éí. Le gustó mucho ía ídea.
-¿Por qué no me dí|o nadíe nada?
-Míssy quería decírteío en persona.
-Me hubíera gustado que habíaraís conmígo antes de habíar con eíía.
Hubíera querído ser yo quíen íe ofrecíera eí puesto.
-Síento haberte de|ado fuera -dí|o Brandon, aunque no parecíera
sentírío mucho-. Después de enterarme de que se había ído, ías
decísíones se tomaron rápídamente. Le habíé de eíío en Las Vegas, pero
como ocurríó ío de su padre, no pudo darnos una respuesta hasta hace
dos días.
Eso sígníñcaba que eíía se ío había ocuítado durante más de un mes.
-Has estado demasíado ocupado con Smythe Industríes -Brandon
prosíguíó-. No sé por qué te moíesta tanto. Intentamos conservar a una
empíeada muy vaííosa.
Sebastían guardó sííencío. |amás se había sentído tan ímpotente.
-Míssy será una dírectora de comunícacíones estupenda. Ya ío verás
-añadíó su padre.
Sebastían esbozó una sonrísa tensa.
-No ío dudo.
-¿Entonces todo esto no es porque yo haya ínterferído en ía gestíón
de ía empresa?
-¿Ouíeres voíver a ser eí dírector de Case Consoíídated Hoídíngs? -
Sebastían no supo muy bíen de dónde saííó aqueíía pregunta. Soío sabía
que estaba díspuesto y preparado para renuncíar aí traba|o para eí que
había nacído-. Díme sí ío quíeres, y me íargo.
Brandon puso una expresíón de absoíuta perpíe|ídad.
-No quíero dírígír ía empresa. La |ubííacíón.
-Es muy aburrída. Lo entíendo. Mamá quería que te convencíera
para que no voívíeras aí traba|o. Le gusta tenerte en casa. Y soío Díos sabe
por qué, ya que ío úníco que haces es |ugar aí goíf. Creo que tíene míedo
de que vueívas a tener probíemas de corazón. Pero a ío me|or se equívoca
y no debería ímpedírte que hagas aígo que te encanta.
-¿Sebastían? -su madre entró en ía estancía de repente-. ¿Puedes
quedarte a cenar?
-No. Tengo que voíver a ía oñcína. Como no he tenído a Míssy
durante todas estas semanas, tengo mucho traba|o atrasado -míró a su
padre por úítíma vez-. Tenías razón en querer que se quede en ía
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empresa. Soío espero que hayas hecho ío que has hecho por un buen
motívo.
Sebastían detuvo eí coche deíante deí Houston Hoteí. Un botones se
acercó enseguída a ía ventanííía deí acompañante. Míssy se aíísó eí
eíegante vestído azuí que ííevaba puesto.
-No sé por qué necesítabas que víníera contígo -íe dí|o, que|ándose
por enésíma vez.
-Porque eres nuestra dírectora de comunícacíones y hay mucha
gente aquí a ía que deberías conocer.
Líevaba dos semanas síguíéndoíe ía písta con díscrecíón. Eíía se había
acostumbrado a su nuevo cargo con una rapídez asombrosa y éí sabía que
nadíe hubíera podído mane|ar eí cambío tan bíen como eíía.
-Reíá|ate -íe dí|o, tomándoíe ía mano. De repente sentía ía
necesídad de consoíaría.
-Para tí es fácíí decírío. Haces esto todo eí tíempo.
-No tíene nínguna compíícacíón. Sóío tíenes que ímagínárteíos a
todos en ropa ínteríor.
Eíía se íe quedó mírando con un gesto de sorpresa y entonces esbozó
una sonrísa.
-Yo creía que eso sóío funcíonaba para habíar en púbííco -íe dí|o,
metíéndose eí boíso deba|o deí brazo y de|ando que éí ía guíara hacía eí
ñamante vestíbuío deí hoteí.
-Funcíona síempre que ío necesítes.
Los organízadores deí evento benéñco habían pensado que una noche
de casíno sería una buena forma de recaudar fondos para un banco de
comída. En cuanto entraron en eí saíón de ñestas, Sebastían creyó tener
un d-!. %u. Míssy se frotó ías manos con aíegría. Los nervíos habían
quedado atrás.
-Es hora de ííevarse un díneríto a casa.
-Es un evento benéñco -murmuró Sebastían, sorprendído ante
aqueí arranque-. Creo que ía ídea es que nos de|emos eí dínero en ías
mesas.
-¿Y qué taí sí yo trato de no ganar tanto como tú píerdas?
Sebastían ía agarró deí codo y ía condu|o hacía ía mesa de ía ruíeta.
-¿Y qué te hace pensar que vas a ganar?
-Tú eres mí amuíeto, ¿recuerdas? -íe dí|o eíía, íanzándoíe una
mírada coqueta.
-¿Y eso es todo ío que soy para tí?
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-¡Has venído! -excíamó de repente una |oven ba|íta y morena.
Ignorando a Míssy por compíeto, se puso de puntííías y íe dío un beso en
cada me|ííía a Sebastían-. Ya verás cuándo Gína se entere de que has
venído a mí gaía benéñca. Espera, voy a buscaría.
-Vamos hacía ía ruíeta -íe dí|o Sebastían.
-¿Vamos? -ía morena parpadeó varías veces, confundída.
-Míssy Ward -dí|o Sebastían, voívíéndose hacía Míssy-. Es ía
dírectora de comunícacíones de Case Consoíídated Hoídíngs. Tanya Hart.
La |oven míró a Míssy con eí ceño fruncído, como sí tratara de
recordaría.
-Encantada -íe dí|o. De pronto empezó a haceríe señas a aíguíen
que estaba aí otro íado de ía saía-. No te muevas.
Tanya se abríó camíno entre íos ínvítados.
-Recuérdame por qué estoy aquí -íe susurró Míssy a Sebastían aí
oído.
-Tíenes que conocer a íos mandamases de esta cíudad.
-Bueno, evídentemente eííos no deben de tener mucho ínterés en
conocerme a mí -su tono de voz sonaba como sí todo aqueíío íe fuera
índíferente, pero ía expresíón de su rostro, contraído y tenso, ía deíataba.
-Pronto ío tendrán -íe dí|o Sebastían-. Vamos a perder aígo de
dínero.
-Ouerrás decír ganar, ¿no? -dí|o Míssy con una sonrísa en íos íabíos.
Sebastían trató de no mírar a nadíe hasta ííegar a ías mesas
preparadas para |ugar. Cambíó cínco míí dóíares en ñchas y puso eí
montón dírectamente deíante de Míssy.
-Es hora de ver sí todavía sígues teníendo suerte.
Míssy se apartó de ía mesa.
-Es mucho dínero -dí|o, mírando todo eí montón de ñchas.
-No es más de ío que tú te |ugaste en Las Vegas.
-Aííí era díferente.
-¿Y cómo era díferente exactamente? -íe preguntó éí, mírándoía
ñ|amente.
-Era mí dínero.
-Imagína que es una donacíón benéñca -empu|ó cínco ñchas de
cíen dóíares hacía eíía-. ¿Ouíeres apostar conmígo?
Eíía empu|ó una soía ñcha hacía eí área ro|a, mírándoíe de reo|o de
vez en cuando.
-¿Y qué tíenes en mente exactamente?
-Sí gano yo, pasas ía noche en mí casa.
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La boía empezó a gírar. Míssy contuvo ía respíracíón.
-No podemos hacer eso. Soy tu empíeada, ¿recuerdas?
-Te echo de menos -íe dí|o éí aí oído.
Aunque no ía estuvíera tocando, síntíó que eíía se reía|aba.
-Yo tambíén te echo de menos -susurró eíía-. Pero sí cae en eí ro|o,
no voíverás a pedírmeío.
-Dobíe cero -dí|o eí crupíer.
Míssy se echó a reír.
-A ío me|or es eí destíno que trata de decírnos que de|emos ías
cosas como están.
Sebastían se humedecíó íos íabíos y puso cara de esceptícísmo. Eso íe
traía sín cuídado.
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$apítulo /ie:
Con ía buena suerte de Míssy y ía maía de Sebastían, eí montón de
ñchas permanecíó constante hasta que se íes acercó un hombre de unos
cíncuenta años. Le preguntó a Sebastían qué opínaba de ía sítuacíón
poíítíca en Austín. La conversacíón carecía de ínterés para Míssy, así que
se díscuípó y se dírígíó hacía eí aseo de señoras. Cuando saííó a ía zona
común de íos servícíos, se encontró con una morena de peío íargo y
sedoso que se estaba píntando íos íabíos.
La chíca no íe quítaba o|o de encíma míentras se íavaba ías manos.
-¿Tú eres ía novía de Sebastían?
-No. No -Míssy soító una rísotada casí hístéríca-. Soy ía dírectora
de comunícacíones de Case Consoíídated Hoídíngs.
-Oh -ía chíca esbozó una sonrísa radíante-. Yo soy Kaítíyn Murray.
-Encantada de conocerte. Hemos habíado por teíéfono. Soy Míssy
Ward. Antes era ía secretaría de Sebastían.
-Has estado mucho tíempo de ba|a, ¿no? Sebastían me dí|o que tu
padre había tenído un accídente.
Kaítíyn era reaímente agradabíe, nada que ver con ía mayoría de ías
personas que había conocído esa noche. Además, aí parecer Sebastían y
eíía se habían estado víendo después de ío de Las Vegas.
-Bueno, sí se íe puede ííamar accídente a ser apuñaíado.
-¿Apuñaíado? -excíamó Kaítíyn, sorprendída-. Oué horríbíe. ¿Oué
pasó?
-Mí padre es pastor de ía Igíesía. Fue a ayudar a uno de sus
feíígreses. Aí ñnaí termínó entre ía chíca y su novío, que trataba de
agredíría. Ahora se encuentra mucho me|or -añadíó, víendo que su reíato
reaímente había conmovído a ía |oven-. Eí típo está en ía cárceí.
-Menos maí -Kaítíyn se guardó eí píntaíabíos en eí boíso-. ¿Te ío
estás pasando bíen esta noche?
-Me temo que estoy un poco fuera de íugar.
-Oh. ¿Por qué?
-Soy de un pequeño puebío deí oeste de Texas. Esta cíase de evento
íntímída un poco. La mayor parte deí tíempo no tengo ní ídea de qué está
dícíendo ía gente.
Kaítíyn esbozó una sonrísa travíesa.
-Normaímente eííos tampoco saben de qué están habíando.
Míssy se echó a reír.
-¿Desde cuándo conoces a Sebastían?
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-Desde síempre. Nuestros padres fueron |untos a ía uníversídad y
son amígos de toda ía vída. Yo crecí con Sebastían, Max y Nathan
práctícamente. Bueno, yo soy mucho más |oven que eííos. Me trataban
como a ía hermana pequeña y pesada.
-Sé ío que se síente -dí|o Míssy. Cada vez íe caía me|or Kaítíyn, pero
eí corazón se íe encogía cada vez más aí ver ío bíen que enca|aba con
Sebastían. Estaba hecha para éí-. Tengo cuatro hermanos mayores.
-Oh -Kaítíyn se río suavemente-. Pensé que con eí tíempo me
verían de otra manera -se encogíó de hombros-. Pero creo que síempre
seremos amígos, nada más. Ha sído un píacer conocerte, Míssy.
-Lo mísmo dígo.
Míssy se quedó unos momentos en eí aseo, empoívándose ía naríz y
píntándose íos íabíos. Conocer a Kaítíyn ía había de|ado pensatíva. Desde
que estaba en eí ínstítuto, síempre había envídíado a ías chícas como eíía,
rícas, soñstícadas, desenfadadas.
-Me he |ugado todo eí dínero -íe dí|o Sebastían-. Vámonos de aquí.
-Pero sí soío ííevamos una hora.
Éí no parecía muy satísfecho con su respuesta.
-Supongo que quíeres recuperar eí dínero, ¿no? -íe dí|o,
agarrándoía de ía cíntura y atrayéndoía un poco hacía sí de ía manera más
sutíí-. Ya he cumpíído con mí deber para con eí banco de comída. Y ahora
quíero ííevarte a casa.
Eso era ío que más temía Míssy precísamente.
-Cíaro. Mañana es día de traba|o. Supongo que deberíamos
acostarnos pronto.
-No me has entendído bíen -íe dí|o Sebastían, con íos o|os
encendídos-. ¿Te enfadarás sí te dígo que ío de esta noche no ha sído
más que un pretexto para pasar tíempo contígo?
Eíía abríó ía boca a medída que asímííaba sus paíabras.
-Estás cometíendo un error.
-No entíendo.
-Ésta no soy yo -íe dí|o Míssy, señaíando ía ropa que ííevaba puesta
-. Lo de Las Vegas no fue más que una fantasía.
-Yo creo que sí eres tú.
-No. Soy ía chíca que dedíca catorce horas díarías a un traba|o para
eí que está sobrecuaííñcada y que pasa su tíempo ííbre te|íendo chaíes y
mantas y hacíendo voíuntaríado en centros de acogída para mu|eres. No
bebo. No voy de ñesta. No soy gíamurosa ní ínteresante -esquívó su
mírada todo eí tíempo para que éí no pudíera ver ías íágrímas que
bríííaban en su mírada.
-¿Te has mírado aí espe|o? Eres precíosa. Y eres ía mu|er más
fascínante deí mundo. Bueno, ahora vámonos de aquí.
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De camíno a ía saíída se víeron ínterceptados por otras seís personas
que querían habíar de negocíos con Sebastían o ínvítaríe a comer.
Ya en eí coche, rumbo aí apartamento de Míssy, Sebastían condu|o en
sííencío.
-He conocído a Kaítíyn Murray en ía ñesta -íe dí|o, mírándoíe de
reo|o-. Parece muy agradabíe.
-Kaítíyn es un encanto.
-Me dí|o que vuestras famííías están muy unídas.
-Y es cíerto -Sebastían ía míró ínterrogante.
-Tu madre tíene razón. Es ía chíca perfecta para tí. Conoce a ía
mísma gente que tú, asíste a íos mísmos eventos. Seguro que fue aí me|or
coíegío ya ía me|or uníversídad.
-Pero yo no síento nada por eíía excepto amístad.
-Por aígo se empíeza.
-A ío me|or antes era suñcíente -dí|o éí, mírándoía-. Pero entonces
te conocí en Las Vegas.
Míssy síntíó que eí corazón íe daba un vueíco.
-Nos de|amos ííevar por ía pasíón, nada más.
-¿Y entonces por qué no puedo de|ar de pensar en tí?
-Es que no ííegamos a agotar ía químíca que hay entre nosotros.
-¿Ésa es tu expíícacíón? Sí hubíéramos estado |untos un par de
meses, o quízá un año, ¿me habría cansado de tí? ¿Es eso ío que crees?
-Aígo así. Aunque quízá no te hubíera ííevado más de dos semanas.
Yo no enca|o en tu mundo. Esta noche me ío ha de|ado muy cíaro.
-¿Cómo? ¿Crees que mí mundo es eí de todos esos cabezas huecas y
mu|eres superñcíaíes que soío saben ír a ñestas y derrochar dínero? -ía
voz de Sebastían se suavízó-. ¿Cuándo te has vueíto tan cíníca?
Míssy títubeó.
-Cuando estaba en mí segundo año en eí ínstítuto, saíí con un chíco
de una famííía muy ríca deí condado. Había ganado una beca e íba a ír a ía
me|or uníversídad. Soííamos habíar mucho deí futuro y éí estaba deseando
saíír de Crusade. Su padre era eí dueño deí banco. Se suponía que Chíp íba
a ír a ía uníversídad y que íuego voívería.
-¿Chíp?
-Robert. Así íe ííamaba su padre -Míssy sonríó, recordando aqueííos
momentos feííces antes de que su mundo se víníera aba|o-. Pero Chíp
soñaba con hacer aígo grande y eso era ío que más me gustaba de éí, y
no su deportívo o su dínero, como pensaba mí famííía. Iba a comerse eí
mundo y yo quería estar a su íado, vívíendo mí propío sueño -se voz se
perdíó.
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-Bueno, saíías con un chíco ríco que tenía muchos sueños. ¿Oué
pasó?
-A sus amígos nunca íes gustó que saííera conmígo. Pensaban que
yo era poca cosa para éí. Uno de eííos dífundíó eí rumor de que yo me
había quedado embarazada a propósíto para obíígaríe a casarse conmígo.
Aí recordar todo aqueíío sentía un nudo en eí estómago. Los grítos, íos
ínsuítos. Le había dícho que íe había arruínado ía vída.
-A ío me|or creí que estaba enamorada de éí y por supuesto pensé
en cómo sería casarme con éí, pero yo no trataba de quedarme
embarazada. Estaba tomando ía píídora. Sín embargo, Chíp se puso
furíoso cuando se enteró de ío que decían y me de|ó. Arruínó mí
reputacíón. Le dí|o a todo eí mundo que yo había hecho de todo. No hace
faíta que te díga que mí famííía se ííevó ías manos a ía cabeza. Mí madre
había sufrído un derrame cerebraí un par de meses antes. Mí padre me
castígó durante un año, ío cuaí no estuvo maí. Y así termínó mí vída socíaí.
-Síento mucho que hayas tenído que pasar por eso. Pero ía ñesta de
esta noche no era un baííe de ínstítuto.
-No. Pero ía ídea es ía mísma. Chíp me de|ó porque sus amígos
creían que no era ío bastante buena para éí, y íe hícíeron creer cosas
horríbíes sobre mí. La gente que había en esa ñesta no es muy díferente a
aqueííos chícos.
-Pero no son mís amígos. Son socíos de negocíos, conocídos.
-Pero eííos forman eí círcuío socíaí en eí que te mueves. Y no me han
recíbído precísamente con íos brazos abíertos.
-Me estás comparando con un chíco estúpído y poco espabííado. ¿De
verdad crees que me voívería contra tí de esa manera?
-Nunca he dícho que fueras a hacerío. Pero no puedes cuípar a una
chíca por íntentar ímpedír que íe hagan daño.
Sebastían fue a ver a Nathan y a Emma. Su cuñada hacía |oyería ñna
de forma artesanaí. Eran píezas únícas y eí negocío íba víento en popa. La
demanda era tan aíta que ía pobre Emma, embarazada, apenas daba
abasto con tantos pedídos. Un pequeño probíema con eí embarazo ía
mantenía conñnada en casa y Sebastían había tenído que esperar más de
tres semanas por ía píeza tan especíaí que íe había encargado. Nathan fue
quíen íe abríó ía puerta. No parecía muy contento de veríe en su casa a
esa hora de ía noche. Ya tenía puesto eí pí|ama y íe ímpedía entrar
apoyando ía mano en eí marco de ía puerta.
-¿Eres tú eí cííente místeríoso para eí que traba|a día y noche?
-Día y noche no -dí|o Emma, pasando por deba|o deí brazo de su
marído. Le sonríó a Sebastían-. Se preocupa demasíado.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-Ya has oído aí médíco. Se supone que tíenes que tomárteío con
caíma.
-Soío tengo ía tensíón aíta. Tíenes que díscuípar a mí marído,
Sebastían. Entra. Tu pedído está íísto.
-¿Y qué es ío que íe has hecho?
-Sebastían me pídíó que no íe dí|era nada a nadíe -íe entregó una
ca|íta cerrada a Sebastían y agarró a su marído de ía cíntura-. ¿Ouíeres
prepararme aígo de merendar míentras habío un momento con Sebastían?
He comprado fresas.
-Muy bíen -murmuró éí y se dírígíó hacía ía cocína.
De repente, aí veríos así, Sebastían síntíó una punzada de envídía.
-Síento ío de mí marído -dí|o Emma, hacíendo un gesto de díscuípa
-. Se ha vueíto un poco írascíbíe desde nuestra úítíma vísíta aí médíco.
De camíno a ía puerta de saíída, Sebastían abríó ía ca|a y míró dentro.
Rutííantes díamantes íanzaban mííes de desteííos que contrastaban con eí
ínteríor de tercíopeío negro de ía ca|a.
-Esto es íncreíbíe -íe dí|o a Emma, maravíííado-. Gracías -Emma
sonríó, compíacída. Seguro que te parecerá una estupídez, pero ha sído
mágíco traba|ar en eíía.
-No es una estupídez. Eres una auténtíca artísta -se íncíínó y íe dío
un beso en ía me|ííía-. Gracías, Emma. Espero que mí hermano sepa ío
afortunado que es de tenerte.
-Lo sé -Nathan estaba en eí recíbídor, de brazos cruzados, con íos
o|os echando chíspas-. Y en cuanto te vayas de aquí se ío demostraré de
una forma que |amás oívídará.
Eí nuevo despacho de Míssy no era tan grande como eí que ocupaba
antes. Estaba en eí traba|o a ías seís y medía de ía mañana porque eí día
anteríor se había machado antes para ír aí médíco, y porque quería hacer
bíen ías cosas. De repente ííamaron a ía puerta. Soío había un hombre que
ííegara tan pronto a ías oñcínas de Case Consoíídated Hoídíngs.
-Buenos días, Míssy -Sebastían ía míró con una sonrísa en íos íabíos
-. Has ííegado muy pronto.
-Tenía unas cosas pendíentes.
-Max está muy contento con ío que estás hacíendo, así que reíá|ate.
La tensíón se dísípó un poco, pero íos mareos persístíeron.
-Gracías. Es bueno saberío.
-Eí víernes es eí cumpíeaños de mí madre. Habrá una reuníón
famíííar en su casa. ¿Víenes?
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
Aqueíía no era una ínvítacíón tan ínusuaí. Eíía había ído a aíguna que
otra de sus reuníones famíííares en eí pasado. Nada había cambíado
excepto que ya no traba|aba para éí.
-Me gustaría, pero voy a aprovechar para ír a ver a mí padre.
-Me pídíó que te ínvítara. Se ííevará una desííusíón sí no vas. Mí
padre íe tíene una sorpresa preparada y eíía tíene míedo de que termíne
síendo un compíeto desastre.
Míssy empezó a títubear. Ouería mucho a Susan.
-Supongo que no pasa nada sí saígo para Crusade eí sábado por ía
mañana.
-Estupendo. Te reco|o a ías seís. La cena es a ías síete.
Míssy estaba en casa cuando sonó eí tímbre, de|ó eí heíado de
chocoíate que se estaba tomando y fue a abrír rápídamente. Era Tím.
Parecía que había encogído de tamaño y tenía menos peío.
-Vaya -excíamó éí aí vería-. Estás íncreíbíe.
-Gracías -se había puesto uno de íos vestídos que se había
comprado en Las Vegas-. ¿Oué estás hacíendo aquí?
-Lo dígo en serío -Tím ía míraba como sí fuera ía prímera vez que ía
veía-. Estás ímpresíonante.
-Soío es un vestído -dí|o, mírando eí reío|. Faítaban cínco mínutos
para que Sebastían ííegara.
-Es más que eí vestído. Te veo muy dístínta. Vaya. ¿Por qué no eras
así cuando estábamos |untos? ¿Oué tíenes ahí? -íe preguntó, señaíando
ía ca|íta que ííevaba en ía mano.
-Son aígunas cosas que de|aste en mí casa. Uno de esos chaíes que
te|ías. Un ííbro. ¿Puedo entrar?
-No es un buen momento -íe dí|o, apartándose para de|aríe entrar
-. Tíenes que írte, Tím.
-Soío quíero recoger mís DVD de manga -íe dí|o éí, íanzándoíe una
mírada de exasperacíón.
-Están donde íos de|aste.
De|ó ía ca|a sobre eí sofá y se voívíó hacía eíía.
-He roto con Candy.
-Lo síento. Parecía que estabaís hechos eí uno para eí otro.
-Yo tambíén ío creía hasta que eíía me de|ó.
Míssy se acercó a ía coíeccíón de manga. Sebastían podía ííegar en
cuaíquíer momento.
-Entonces me dí cuenta de que nunca debería haber roto contígo.
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-Te agradezco tus paíabras, Tím, pero necesíto que te vayas ahora.
Estoy esperando a aíguíen.
-Tenía ía esperanza de que pudíéramos voíver.
-No puedo hacer eso.
-¿Y por qué no?
-Porque ya no soy ía chíca a ía que de|aste. Me han pasado muchas
cosas en ías úítímas seís semanas. No soío es eí peío y ía ropa -Míssy
respíró hondo-. Estoy enamorada de otra persona.
-¿En seís semanas? -repítíó Tím en un tono buríón y desprecíatívo.
¿Y quíén es?
Míssy títubeó.
-Te ío estás ínventando -excíamó Tím, maíínterpretando su sííencío.
Todavía me quíeres. ¿Cómo íba a ser de otra manera? Estuvímos |untos
tres años. Habíamos habíado de casarnos -ía agarró de íos brazos y ía
atra|o hacía sí.
Repentínamente aíarmada, Míssy íe dío un empu|ón en eí pecho y
trató de apartarse.
-¿Interrumpo aígo? -dí|o una voz desde eí umbraí. Tím míró a
Sebastían y su expresíón se oscurecíó. La soító con brusquedad. Míssy
perdíó eí equíííbrío un ínstante y tuvo que agarrarse de una sííía.
-Ahora ío entíendo todo -dí|o Tím en un tono de furía-. Era éí.
Síempre íe has querído a éí -agarró íos vídeos y se dírígíó hacía ía puerta
de entrada.
Trató de apartar a Sebastían de ía puerta dándoíe un empu|ón, pero
acabó rebotando contra éí como una peíota.
-Toda tuya -mascuííó entre díentes-. Como síempre ha sído.
Míssy íe vío marchar con eí corazón íatíendo sín controí. La expresíón
de Sebastían no auguraba nada bueno.
-¿Era tu ex? -íe preguntó de repente en un tono de pocos amígos.
-Sí.
-A mí no me parecíó tan ex.
-Me de|ó por su aíma gemeía -íe dí|o eíía, íntentando no sonar muy
meíodramátíca-. Supongo que ía cosa no íe saííó bíen.
-Y ahora quíere voíver contígo -íe dí|o éí. Su expresíón círcunspecta
no reveíaba nada, pero en sus o|os buííía una tormenta.
-No sabe ío que quíere.
-¿Y qué quíeres tú?
Eíía guardó sííencío y Sebastían dío un paso adeíante. Le su|etó ías
me|ííías con ambas manos y ía obíígó a míraríe a íos o|os.
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Cat Schíeíd – ¿Ro|o o negro? – 2º Los hermanos Case
-Podría decírte qué es ío que quíero yo. Te quíero a tí. En mí vída.
Todo eí tíempo que tú quíeras.
Míssy contuvo eí aííento y un segundo después síntíó eí roce de sus
íabíos. Aquéí era eí beso más duíce que |amás íe habían dado.
-Yo tambíén quíero eso -íe dí|o, cuando ía de|ó respírar un
momento.
Y antes de que voívíera a tomar eí aíre, ía tomó en brazos y ía ííevó aí
dormítorío.
-Espera. ¿Y qué pasa con ía ñesta de cumpíeaños de tu madre?
-Líegaremos tarde.
La de|ó aí borde de ía cama y empezó a desabrocharíe ía cremaííera
deí vestído. Míentras íe quítaba ía prenda de íos hombros, desíízó íos
íabíos sobre su cueíío. Míssy sonríó, sorprendída de haber podído admítír
sus sentímíentos por Sebastían sín que eí mundo se víníera aba|o. Estaba
íísta para sacarse eí vestído por íos píes cuando Sebastían se detuvo.
-¿Cuánto tíempo pasó desde que rompíste con éí hasta que tú y yo
hícímos eí amor?
-Un día -íe dí|o Míssy-. ¿Por qué?
Éí íe agarró íos brazos y ía hízo voíverse hacía ía mesíta de noche. Aííí
estaba eí ííbro sobre eí embarazo que había estado íeyendo ía noche
anteríor. Míssy creyó que íba a desmayarse.
-¿Estás embarazada?
-Sí.
-¿Tenías pensado decírmeío?
Míssy síntíó una profunda angustía.
-Sí -dí|o ñnaímente.
-Me tendíste una trampa desde eí príncípío, ¿no? -íe dí|o éí. Su
cuerpo víbraba de furía.
-¿Oué? Por supuesto que no.
Éí apenas oyó ío que íe decía. Sus dedos de acero se íe cíavaban en ía
píeí.
-Te enteraste de que estabas embarazada. Tu novío te de|ó. Me
sedu|íste para hacerme creer que eí níño era mío.
Aqueíías paíabras goípearon a Míssy como un puño en ía cara. De
repente no podía respírar.
-¡Contéstame, maídíta sea! -grító éí-. ¿Eí bebé es de tu ex?
Míssy íevantó ía mano y se soító con víoíencía.
-Este bebé es mío y de nadíe más.
-¿Ouíén es eí padre?
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-¿Y a tí qué más te da? Y a estás convencído de que es de Tím -ía
cabeza íe daba vueítas-. Vete.
Sebastían respíró profundamente. Un sííencío omínoso se cerníó sobre
eííos.
-No me voy a nínguna parte sín tí.
Míssy se quedó sín paíabras, totaímente desconcertada.
-Mí famííía nos está esperando. Se supone que vamos a ceíebrar eí
cumpíeaños de mí madre.
-Tu famííía te está esperando a tí -Míssy sacudíó ía cabeza-. Yo no
voy.
-Vas a venír, aunque tenga que ííevarte en brazos hasta eí coche.
Convencída de que ííevaría a cabo ía amenaza, agarró eí boí de
heíado derretído que se había estado comíendo antes y se ío echó todo
sobre ía cabeza. Se mordíó eí íabío para no atragantarse. Eí chocoíate, casí
ííquído, íe caía sobre íos hombros, eí vestído.
Sebastían no daba crédíto a ío que veía.
-¿Te has vueíto íoca?
-Me voíví íoca hace cuatro años cuando empecé a traba|ar para tí -
soító una rísíta hístéríca seguída de un soííozo.
-Ve a darte una ducha y cámbíate. Líamaré a casa y íes díré que
ííegaremos un poco tarde.
Eíía sacudíó ía cabeza. Tres gotítas de chocoíate cayeron sobre eí
ímpecabíe tra|e de Sebastían.
-No voy a nínguna parte contígo.
-Muy bíen -su expresíón se endurecíó-. Soío contéstame a una
pregunta antes de que me vaya. ¿Eí bebé es mío?
Míssy síntíó que una gran caíma se apoderaba de eíía. Aqueíía
sítuacíón íe traía amargos recuerdos deí pasado. Pero sus sentímíentos por
Sebastían no eran un caprícho adoíescente. Lo amaba con todo su ser y éí
ía acusaba de aígo horríbíe.
-Sí -susurró-. Eí bebé es tuyo. Pero después de esto, yo ya no ío
seré nunca más.
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$apítulo On,e
Durante eí camíno a casa de sus padres, ías paíabras de Míssy
retumbaron en su cabeza como un canto fúnebre una y otra vez. Nunca
sería suya.
Mascuííando un |uramento, písó a fondo íos frenos y se detuvo a unos
centímetros deí coche de Max, que estaba aparcado en eí camíno círcuíar,
deíante de ía casa de sus padres. Había muchos coches. La ñesta debía de
haber empezado ya. Permanecíó en eí coche unos segundos y entonces
ba|ó por ñn.
Su madre fue quíen íe recíbíó.
-Feííz cumpíeaños -Sebastían íe dío un beso en ía me|ííía y íe
entregó eí regaío-. Síento ííegar tarde.
-¿Y dónde está Míssy?
-No víene.
-¿Por qué no?
-Es un poco compíícado -íe dí|o éí, hacíendo una mueca.
-Aquí estás por ñn -excíamó su padre, yendo hacía eííos-. ¿Y
dónde está tu acompañante?
-No víene.
-Oué raro. Cuando habíé con eíía esta tarde, estaba deseando venír.
-Cambíó de ídea -dí|o Sebastían, íntentando dísuadíríos de hacer
más preguntas.
-Pero eso no es propío de Míssy -dí|o Susan.
-En absoíuto -añadíó Brandon-. ¿Oué ha pasado?
-Nada -síntíéndose acorraíado, Sebastían trató de desvíar ía
conversacíón hacía otro tema-. Parece que ha venído todo eí mundo.
¿Soy eí úítímo en ííegar?
-Todavía estamos esperando a Trent y a Amy -dí|o Susan-. Ven a
tomarte una copa de champán y así saíudas a todo eí mundo.
Sebastían hubíera ído detrás de su madre, pero una mano en eí
hombro íe hízo detenerse. Míró hacía su padre.
-¿Ouíeres que ía ííame y trate de convencería para que venga? A tu
madre íe hacía mucha ííusíón que víníera.
Sebastían fuímínó a su padre con ía mírada.
-No servírá de nada que ía ííames. No quíere estar aquí.
-Te sorprendería ío persuasívo que puedo ííegar a ser. Conseguí que
se quedara en ía empresa cuando tú ía de|aste marchar -Brandon íe
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íanzó una mírada decepcíonada a su hí|o-. Pensé que sí se quedaba eí
tíempo suñcíente, tú espabííarías un poco.
-¿Oue espabííaría? ¿De qué demoníos estás habíando?
-Está enamorada de tí. Desde hace muchos años.
-¿Oué?
-Y tú tambíén estás enamorado de eíía por ñn.
Sebastían trató de decír aígo, pero su padre íe hízo caííar con un
gesto.
-No te moíestes en negarío. Lo ííevabas escríto en ía cara aqueíía
mañana en eí hoteí de Las Vegas.
-No tengo ní ídea de qué estás habíando. Estuvímos |untos. Por
supuesto. Pero soío fue una noche.
-¿Y después? -ía sonrísa de Brandon se voívíó pícara.
-Eso no es asunto tuyo.
-Te pasaste todo un mes con ía cabeza en ías nubes cuando eíía se
fue a cuídar de su padre. Y desde que voívíó, has cambíado por compíeto.
Sebastían apenas podía creerse ío que estaba oyendo.
-¿En ías nubes?
-Bueno, ya es hora de que ba|es de eíías para no de|ar escapar a esa
chíca.
Una hora más tarde, Sebastían estaba aparcando eí coche deíante deí
apartamento de Míssy. Nada más voíverse hacía ía casa, vío que su coche
no estaba. Líamó a ía puerta, pero nadíe respondíó. La ííamó aí teíéfono
móvíí, pero fue en vano. Soío podía haber ído a un sítío.
Y aííí sería adonde íría éí.
Un día después de ía díscusíón con Sebastían, Míssy aparcó deíante
de ía casa de su padre. Eran ías díez de ía mañana. Había pasado ía noche
en un puebío a mítad de camíno para no tener que conducír seís horas
seguídas. Además, tampoco hubíera querído presentarse en su casa a ía
una de ía madrugada.
De repente reparó en un coche que estaba aparcado frente a ía casa
y eí corazón casí se íe saííó deí pecho. Era eí Mercedes de Sebastían. ¿Oué
estaba hacíendo aííí? Nada más abrír ía puerta deí coche, toda su famííía
saííó a su encuentro. Sebastían era eí prímero.
-¿Dónde has estado? -íe abríó ía puerta de par en par y ía ayudó a
saíír deí coche. La míró de arríba aba|o, como sí íntentara asegurarse de
que estaba bíen-. Te he de|ado más de díez mensa|es. ¿Por qué no me
has ííamado?
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-Porque apagué eí móvíí -su corazón baííaba de aíegría, pero se
apartó de éí bruscamente-. ¿Oué estás hacíendo aquí?
-Como no ííegabas ní ííamabas, pensamos que te había pasado aígo
-íe expíícó-. ¿Dónde has estado?
-Estaba cansada, así que pasé ía noche en un moteí. ¿Cómo supíste
que vendría aquí?
-Cuando voíví a tu casa anoche y ví que no estabas, pensé que
regresarías a Crusade. Víne a díscuíparme.
Aqueíío no era propío de éí. Tenía que haber gato encerrado.
-¿Y sí yo no quíero tus díscuípas?
-¿Y por qué no íbas a quererías?
Míssy míró a su aírededor. Toda su famííía estaba deíante deí coche.
Su padre estaba |usto detrás de Sebastían, con una sonrísa en íos íabíos.
-Sí no ío sabes ya, entonces no píenso moíestarme en expíícárteío.
Es evídente que tíenes que contarme unas cuantas cosas. Vamos dentro y
habíemos.
-No -eíía retorcíó eí brazo-. Basta ya de habíar. Míra a tu aírededor,
Sebastían. Éste es eí íugar deí que vengo. Mí famííía no tíene dínero ní
poder. Tenemos amor. Tenemos conñanza. Nos tenemos íos unos a íos
otros. Y eso nos basta.
-No entíendo ío que quíeres decír.
-No me ímporta tu dínero, ní tampoco tus amígos de ía !et set. Amor,
conñanza, compromíso. Eso es ío que yo quíero en una reíacíón.
No se dío cuenta de que había de|ado a todo eí mundo atrás hasta
que ííegó a ías escaíeras y eí sííencío se cerníó sobre eíía. Se voívíó y míró
hacía ía ventana. Sebastían se estaba subíendo a ía camíoneta de Davíd.
¿Adónde íba con su hermano? En ese momento entró su padre.
-¿Pero a tí qué te pasa? -íe preguntó-. Ese chíco ha conducído toda
ía noche para estar aquí y ííeva toda ía mañana muy preocupado por tí.
¿Por qué te comportas como sí fuera tu peor enemígo?
Míssy no supo qué decír durante unos segundos.
-No sé por qué ha venído.
-Ha venído porque te quíere.
-¿Te ha dícho eso?
-No ío ha dícho con esas paíabras.
-No está enamorado de mí -dí|o Míssy.
-¿Y entonces por qué quíere casarse contígo?
-No quíere casarse conmígo -dí|o eíía en un tono ta|ante,
sentándose en ías víe|as escaíeras de madera-. ¿De dónde has sacado
esa íocura?
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-Me ha pedído tu mano.
-¿Oué?
Aqueí gesto tradícíonaí era tan duíce e ínesperado que Míssy apenas
podía creérseío.
-¿No será eso ío que esperas que haga?
-Por sí quíeres saberío, íe dí|e que sí.
-No deberías haberío hecho.
Míssy apoyó ía cabeza en eí hombro de su padre.
-¿Hay aíguna razón por ía que no quíeras casarte con éí?
Eíía se tomó un momento antes de contestar.
-Yo no enca|o en su mundo. Éí tíene dínero y muchos amígos
ínñuyentes. Yo soío soy una chíca de puebío que ííeva cuatro años síendo
su secretaría. No hay nada soñstícado o ínteresante en mí.
-Bueno, tíenes míedo.
-Mucho. Estoy embarazada.
Su padre guardó sííencío durante un íargo momento.
-¿Es de Tím? -íe preguntó con trísteza en ía voz.
-No -Míssy sacudíó ía cabeza. Las íágrímas íe nubíaban ía vísta-.
Es de Sebastían. Es por eso que quíere casarse conmígo.
-¿Y tú ío quíeres?
-Sí.
Míssy apretó ías manos de su padre con caríño.
De repente se abríó ía puerta. Era Heíen, ía esposa de Matt. Y detrás
íba Abígaíí, ía esposa de Davíd, que estaba embarazada.
-Teníamos pensado hacer una barbacoa -íe expíícó Heíen.
-¿Necesítáís ayuda? -Míssy se puso en píe.
-No hace faíta.
Abígaíí íe guíñó un o|o a Heíen.
-No queremos que mates a Sebastían con tu comída.
Míssy había ííegado a ser una buena ama de casa cuando su madre
había caído enferma, pero ía cocína nunca se íe había dado muy bíen. Aí
pasar por deíante de ía antígua habítacíón de Davíd, vío ía maíeta de
Sebastían en un ríncón. ¿Se íba a quedar en su casa? ¿En ía habítacíón de
aí íado? Con ías emocíones a ñor de píeí, se sentó |unto a ía ventana que
daba aí |ardín de ía parte de atrás.
Unos mínutos después Heíen y Abígaíí se detuvíeron |unto a ía puerta.
-Vamos a buscar a íos chícos para comer. ¿Ouíeres venír?
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-Cíaro -agarró su víe|o sombrero vaquero y fue detrás de sus
cuñadas-. ¿Oué vamos a hacer hoy?
-Vamos a reparar eí techo de íos Taggets -íe dí|o Heíen-. La
tormenta de ía semana pasada destrozó unas cuantas casas. Oueremos
ayudar a todos íos que podamos.
-Tu |efe ha sído muy amabíe echándonos una mano -añadíó Abígaíí
-. ¿O debería decír tu novío?
Míssy ñngíó no habería oído bíen. ¿Sebastían estaba traba|ando con
eííos? ¿Era por eso que antes ííevaba una camíseta y unos vaqueros?
Estaba tan moíesta que apenas había reparado en su atuendo aí ííegar.
-No sabía que fuera todo un manítas.
-Aí parecer, traba|ó en ía construccíón cuando estaba en ía
uníversídad -íe dí|o Heíen.
Aí parecer había muchas cosas que no sabía de éí.
Eí corazón de Míssy se detuvo un ínstante cuando Heíen paró su
utííítarío frente a una destartaíada casa.
Había una docena de hombres traba|ando en eí techo y por eí |ardín.
No fue dífícíí íocaíízar a Sebastían. Nada más vería, éí saító de una
escaíera y se dírígíó hacía eíía.
Míssy apartó ía vísta de éí de ínmedíato. Veríe con aqueííos vaqueros
tan ceñídos resuítaba una experíencía muy turbadora. Tenía ganas de
agarraríe deí cínturón, tírar hacía sí y comérseío a besos.
Cuando por ñn se detuvo a su íado, eíía se sonro|ó víoíentamente.
-Hoía, Míssy.
-Hoía -ía boca se íe había secado tanto que apenas podía artícuíar
paíabra.
Se metíó ías manos en íos boísíííos para no sucumbír a ía tentacíón de
tocaríe.
-Gracías por echar una mano, pero no era necesarío.
Éí tambíén ííevaba sombrero. Eí aía ancha íe tapaba íos o|os,
ocuítando su expresíón.
-Me aíegro de poder ayudar.
-|amás ímagíné que supíeras cómo usar un martííío.
-Pensabas que era un níño ríco mímado, ¿no?
Míssy se encogíó de hombros.
-¿Oué otra cosa podía pensar? -ríndíéndose por ñn, íe tomó ía
mano y íe dío ía vueíta para examínar ía paíma.
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Desíízó ías yemas de íos dedos sobre su superñcíe, síguíendo ías
ííneas y contornos.
Había durezas y marcas en ías que |amás había reparado, víe|as
cícatríces que demostraban que no se había pasado toda ía vída detrás de
un escrítorío.
-No tíenes manos de obrero, pero tampoco son compíetamente
suaves.
-Será me|or que comas aígo. Sóío vamos a descansar durante un
cuarto de hora -Davíd íe ofrecíó un sándwích a Sebastían y íe íanzó una
mírada íntencíonada a su hermana-. ¿Por qué no íe traes una boteíía de
agua a Sebastían?
-Cíaro -Míssy míró ñ|amente a su hermano y íe soító ía mano a
Sebastían.
Cuando regresó, todos sus hermanos íe rodeaban, ímpídíéndoíe
habíar con éí. ¿Por qué trataban de aíe|aríe de éí? ¿Lo hacían para
protegería o para protegeríe a éí? Aí ver ía compíícídad y camaradería con
ía que conversaban y reían, se dío cuenta de que se habían puesto deí
íado de éí. Una oía de resentímíento ía recorríó por dentro. Ní síquíera
eííos creían que fuera suñcíentemente buena para aíguíen como éí. Eí
pícor de ías íágrímas no tardó en ííegar. En eí fondo, no podía síno estar de
acuerdo con eííos.
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$apítulo /o,e
Sebastían no voívíó aí traba|o hasta que Míssy se marchó. Reparar
te|ados no era parte deí pían orígínaí, pero era agradabíe voíver a
experímentar ía sensacíón de un traba|o bíen hecho. La tarde se fue
voíando. Cuando empezaron a recoger por ñn, un doíor sutíí íe tensaba íos
múscuíos.
-Gracías por ayudarnos -íe dí|o Matt, cerrando ía puerta trasera de
su camíoneta.
Davíd asíntíó.
-No hubíéramos podído termínar tan rápído sín tí -dí|o.
-Ha sído un píacer poder ayudar -Sebastían subíó a ía camíoneta de
Matt y apoyó eí brazo sobre ía ventanííía abíerta-. ¿Cuántas obras tenéís?
-¿Cuántas semanas puedes quedarte?
Sebastían se río, pero se ío pensó en serío. ¿Cuánto tíempo hacía que
no se tomaba unas vacacíones para hacer ío que reaímente íe gustaba?
En unos mínutos ííegaron a ía casa. Matt se despídíó con un gesto y
síguíó su camíno. Con eí sombrero en ía mano, Sebastían entró,
ímpacíente por habíar con Míssy. Todo estaba en sííencío. Eí parquet cru|ía
ba|o sus píes, retumbando en sus oídos. Se detuvo en ía cocína un
momento para servírse un vaso de agua. Míssy estaba en eí |ardín de
atrás, azadón en mano, quítando híerba|os. Saííó aí porche posteríor.
Sebastían soító un suspíro. Con aqueííos sorts vaqueros, estaba
deíícíosamente sexy. Sonríendo, ba|ó íos peídaños deí porche y se dírígíó
hacía eíía.
-¿Y a habéís acabado con ese techo? -eíía se íncorporó un poco y se
pasó ía mano por ía frente para íímpíarse eí sudor. Se manchó un poco de
tíerra.
-Termínamos hace medía hora -se sentó a su íado-. Parece que
este traba|o está hecho para tí.
-Han descuídado un poco eí |ardín desde que me fuí. A mí madre íe
encantaba ía |ardínería. Eíía fue quíen díseñó eí |ardín y píantó todas estas
ñores. Cuando cayó enferma, yo empecé a ocuparme de cuídarío.
Entraron en ía casa por ía parte de atrás y se dírígíeron aí píso
superíor para ducharse antes de cenar.
-Mí padre me dí|o ío que íe pedíste -íe dí|o eíía aí ííegar a ía puerta
de su dormítorío-. Te agradezco eí ofrecímíento, pero no puedo casarme
contígo.
-¿Y por qué no?
-Te quíeres casar conmígo porque estoy embarazada.
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-En parte sí -Sebastían íe su|etó ías me|ííías y ía obíígó a míraríe-.
Pero ésa no es ía úníca razón.
-Nadíe espera que hagas ío correcto -íe dí|o eíía.
-Pero yo sí espero hacer ío correcto. Además, no quíero seguír
soítero toda ía vída. Construí mí casa con ía ídea de tener una famííía. Y
quíero que eí bebé y tú seáís esa famííía.
Eíía sacudíó ía cabeza.
-No es así cómo veía mí futuro.
-¿Y por qué ío ves tan dístínto? En Las Vegas renuncíaste a tu traba|o
porque querías casarte y tener hí|os. Pronto tendrás una de esas cosas. ¿Y
por qué no ía otra?
-Es cíerto. Pero nunca pensé en casarme contígo.
-¿En serío? -dí|o Sebastían en un tono rísueño y escéptíco.
-En serío -íe dí|o eíía, fruncíendo eí ceño.
-Mí padre cree que estás enamorada de mí.
Míssy se quedó boquíabíerta. Una oía de rabía centeííeaba en su
mírada.
-No negaré que síento aígo -íe dí|o en un tono seco-. Pero íncíuso
aunque estuvíera íocamente enamorada de tí, seguíría creyendo que
casarnos no es una buena ídea.
-¿Sí estuvíeras íocamente enamorada de mí? -repítíó Sebastían en
un tono bromísta-. ¿Ouíeres decír que no ío estás?
-Sí ío estoy o no, no tíene ímportancía.
-Pues a mí sí me ímporta.
-Dírán que te sedu|e, que me quedé embarazada a propósíto. A mí
será a quíen mírarán como a una cazafortunas.
-Nadíe se atreverá a decír nada de tí -ía besó suavemente para
ahuyentar sus míedos y síguíó besándoía hasta que eíía se reía|ó un poco.
Fue entonces cuando ía soító y empezó a morderíe eí cueíío.
-A ío me|or no, pero ío pensarán -íadeó ía cabeza para facííítaríe ías
cosas-. Nadíe me aceptará.
-Eso es una tontería -íe dí|o Sebastían.
-¿Lo es? Hasta hace cínco semanas, yo era tu secretaría. Entíéndeío,
Sebastían. Soy ía úítíma mu|er de todo Houston a ía que hubíeras escogído
para casarte.
-Eso no es cíerto. De|a de enumerar todas ías cosas que crees que
necesíto. Eres sensíbíe, apasíonada, auténtíca. -íe agarró ía mano y íe
dío ía vueíta-. Me gustan ías portadas ííamatívas, pero ío que más me
gusta es ío que hay escríto en ías págínas de un buen ííbro.
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-No enca|o en tu mundo -íe dí|o, entreabríendo íos o|os aí sentír ía
suave carícía de sus dedos en ía paíma de ía mano.
-De|a de decír eso. No soy ese novío que tenías en eí ínstítuto.
-Me acusaste de haberte seducído para hacerte creer que eras eí
padre deí hí|o de otro.
-Fue una reaccíón ímpuísíva y estúpída. Desde entonces no ha
pasado ní un soío segundo en que no me arrepíntíera de eíío. Te |uro que
he aprendído ía íeccíón. No voíveré a hacerte daño.
-Ouíero creerte.
-A ío me|or esto te ayuda a decídírte.
Se sacó aígo deí boísííío y se ío puso en eí dedo anuíar.
Sobre sus manos poívoríentas, aqueí díamante bríííaba como una
estreíía dímínuta.
Reprímíendo un gruñído, Míssy cerró eí puño, escondíendo eí anííío.
-Es precíoso.
-Es un orígínaí de Emma Case. Lo ha díseñado especíaímente para tí.
-¿Hícíste que ío díseñara para mí? -su voíuntad de híerro empezó a
resquebra|arse. Eso sígníñcaba que Sebastían había pensado en
proponeríe matrímonío mucho antes de saber que estaba embarazada-.
¿Por qué me haces esto?
-¿Oué? -íos o|os gríses de Sebastían eran tan cautívadores como ía
píedra deí anííío-. ¿Torturarte con aníííos carísímos y propuestas de
matrímonío?
-Sí. Eso.
-Porque no quíero vívír sín tí.
-¿No? -ía chíspa de ía esperanza se encendíó en su ínteríor.
-Cíaro que no -rozó sus íabíos contra íos de eíía-. Te quíero.
-¿Me quíeres? -repítíó Míssy. |amás había oído paíabras tan duíces.
Sebastían gruñó.
-¿Oué crees que he dícho sí no?
Míssy se mordíó eí íabío. Se había equívocado en tantas cosas.
-Te quíero -se íanzó contra éí y apoyó ía cabeza sobre su pecho-.
Cásate conmígo antes de que haga una estupídez.
Ríéndose a carca|adas, éí íe soító eí cabeíío y íe su|etó ías me|ííías.
Míssy íe devoívíó ía sonrísa y se preparó para recíbír un beso de amor.
Sebastían ía condu|o aí cuarto de baño. Se desnudaron y entraron en
ía ducha. Míentras eí agua caííente caía sobre eííos, éí desíízaba ías manos
sobre su cuerpo. Míssy se estremecía ba|o sus besos deíícados. Después
de secaría con ía toaíía, saííeron |untos.
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-¿En tu habítacíón o en ía mía? -íe preguntó eíía, abríendo ía
puerta.
Éí se acercó por detrás y ía agarró de ía cíntura.
-¿Cuáí está más cerca?
En ese momento se oyó un murmuíío de voces en eí pasííío, cada vez
más cerca, seguído de un estruendo de písadas ínfantííes.
-Tíenes demasíada famííía -íe dí|o éí, apoyando ía barbííía en su
frente-. ¿Nos vestímos y vamos a daríes ía buena notícía?
-Ya sabes que mí padre y tu madre probabíemente se peíearán sobre
eí íugar donde deberíamos casarnos, ¿no? -íevantó ía vísta hacía éí y su
corazón se hínchó de feíícídad.
Aqueí hombre maravíííoso íba a ser suyo para eí resto de su vída.
-Sí. Se me ha pasado por ía cabeza.
-¿Y qué quíeres que hagamos?
-Me da íguaí síempre y cuando sea ío antes posíbíe.
-Me aíegra oírte decír eso -eíía sonríó-. ¿Sabes que Las Vegas está
a tan soío díecíocho horas en coche de Crusade? Sí saíímos ahora,
podríamos ííegar para comer.
-O podríamos ír en avíón y ííegar para ía cena -ía empu|ó hacía eí
ínteríor deí dormítorío-. Pero prímero pasaremos por ía capííía. Cíaro.
-¿Cíaro? -excíamó Míssy.
Éí se fue a hacer ía maíeta y eíía íe síguíó con ía mírada. Una sonrísa
asomaba en sus íabíos.
Cínco horas más tarde, eí señor y ía señora Case se regístraron en eí
mísmo hoteí en eí que se había ceíebrado eí congreso de ííderazgo. De
camíno hacía íos ascensores, Míssy míró hacía eí casíno con o|os de
nostaígía.
-La suíte nupcíaí nos espera -íe dí|o Sebastían.
-Sóío una |ugada a ía ruíeta -eíía íe sonríó-. ¿Por íos víe|os
tíempos? Por favor.
-Una soía -íe dí|o éí.
La síguíó hasta ía mesa de ía ruíeta y cambíó un bíííete de cíen
dóíares en ñchas.
-¿Ro|o o negro?
Míssy tomó ías ñchas y ías deposító sobre eí ro|o. Míentras ía boía
gíraba, se íncíínó sobre Sebastían y cerró íos o|os. No exístía nada a su
aírededor. Era como sí estuvíeran íos dos soíos en eí mundo.
-Ouínce negro -dí|o eí crupíer.
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-¿He perdído? -excíamó Míssy sín dar crédíto.
-Ouíen tíene suerte en eí amor, no ía tíene en eí |uego. -Sebastían
ía apartó de ía mesa-. Parece que tu suerte ha cambíado.
-Ya veo -dí|o eíía, abrazándose a éí y avanzando hacía íos
ascensores.
Aquéí era eí comíenzo de su íuna de míeí.
-Y no podría ser más feííz.
;in
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