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HISTORIA MONDERNA
PROF.: ATILIO ANDRIOLO





EL REPARTO
DE
ÁFRICA









Nicolás Vaz
3ero Historia
CeRP Centro
2014




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INTRODUCCIÓN

Al momento de analizar los procesos históricos, se tiene una visión muy
eurocentrista de los hechos. Allí se analizan en detalle procesos políticos y económicos
que tuvieron una ingerencia importantísima a nivel mundial. Se puede decir ya en este
período que Europa marca el compás del mundo. Pero ¿qué sucede en el resto del
mundo? ¿cómo se dieron estos fenómenos en el resto de los continentes? ¿Qué relación
existe entre estos fenómenos y la composición actual del mundo? Es por esto que en
este presente trabajo, se trabajará como repercutió la nueva economía capitalista
financiera promovida en Europa en un continente muy poco poblado, muy poco
conocido, muy poco desarrollado como lo era (y aún lo sigue siendo) el continente
africano.
Para entender este fenómeno, es que se realizará una breve contextualización de
lo que sucedía en la economía europea para en aquel entonces. Su crisis de
superproducción, su necesidad de expansión y las diferentes potencias protagonistas.
A su vez, se analizará las formas en que estas potencias se expandieron y de qué
manera administraron sus colonias. El reparto que hicieron del continente, el
protagonismo de la Conferencia de Berlín en este sentido.
A modo de cierre realizará un análisis del proceso colonizador en África y cómo
incidió en aquel entonces y como aún quedan remanencias de aquél período. De qué
manera el reparto colonial condicionó el mapa político africano hasta la actualidad.











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CONTEXTO EUROPEO

Pasada la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo en Europa había triunfado
plenamente. Allí, se realizaban ferias, -como también en Estados Unidos- donde se
exponían una infinidad de artículos manufacturados, donde visitantes locales y
extranjeros visitaban el lugar. Europa, estaba viviendo un auge industrial sin
precedentes.
Pero pronto se va a enfrentar a un obstáculo que la va a frenar, pronto se va a
enfrentar a una crisis de superproducción, donde la falta de mercado consumidor para la
infinidad de manufacturas va a ser un gran problema.
Pero pronto, tres grandes creaciones humanas van a ayudar a que el mercado
consumidor se expandiera de forma notable: el ferrocarril, el telégrafo y el barco a
vapor. Esto permitió que la extensión geográfica se pudiera multiplicar a medida que
también aumentaba el volumen de las transacciones comerciales. A Europa ahora, se le
anexiona el resto del mundo, pudiéndose integrar sin problemas. El capitalismo ahora
tenía los medios para poder expandirse por todo el mundo. Tal es así que entre 1850 y
1870 el comercio mundial aumentó un 260%. Se pretendía vender todo lo que se
pudiera vender. Gran Bretaña se encontraba a la cabeza del mercado mundial, y también
de las inversiones en el extranjero.
Pero el motor de todo este capitalismo en pleno auge era sin lugar a dudas la
empresa privada, ellas eran quienes posibilitaban este auge. Y junto con ellas, el
liberalismo económico. Países como Prusia, Dinamarca y Suecia abolen los antiguos
Gremios donde allí acordaban precios los artesanos. Eran vestigios del período
medieval mercantil, que ahora pasan a quedar en el pasado producto de las políticas
libertarias llevadas a cabo por estos países. La conformación de compañías de negocios
se realizaba con mucha facilidad, al igual que las posibilidades de explotar
determinados recursos. Los controles eran muy escasos, el liberalismo económico está
en su auge.
Este proceso fomentó a la empresa privada y a su vez la liberalización
contribuyó a la expansión económica.
Las ventajas que posibilitó este libre comercio fueron dos, plantea Hobsbawm
1
:
En un primer lugar, la expansión general del comercio mundial, que resultó provechosa

1
HOBSBAWM, E. (1975) La Era del Capital. 1848-1875. Ed. Crítica. Buenos Aires. Pág. 45
4

para todos. En ese entonces se deseaba un gran comercio exportador sin trabajas al igual
que una importación sin trabas. En segundo lugar, se está atravesando a su vez, un
período industrial y esto iba a ser muy útil para Gran Bretaña producto de que iba a
contar con la ventaja de tener un equipo adecuado, recursos y conocimiento. Ésta
potencia se convierte en una exportadora de hierro y maquinaria de ferrocarril, y esto lo
que genera es crear facilidades para que otras potencias se industrialicen.
La industrialización progresaba, pero ahora afuera de Europa. Ampliaba
geográficamente el ámbito, pero también es necesario aclarar que lo hizo de manera
muy desigual. La economía mundial ahora pasaría a ser una sola. Los barcos y
ferrocarriles llegarían a todos los continentes.
Por tanto, podemos decir que la expansión de la economía mundial ahora
alcanza su zénit, fundada en la industrialización de algunos países en conjunto con un
aluvión de capitales, artículos y hombres. Esto llevó también a una saturación de los
mercados y a una depresión hacia 1873.
Con respecto al comercio marítimo, en el período que abarca desde 1850 a 1875,
tuvo un crecimiento exponencial, aumentando seis veces el mismo. Es un período donde
junto con la expansión capitalista, viajan misioneros, científicos, periodistas y la
publicidad hacia finales del siglo XIX.

“Explorar no sólo significaba conocer, sino desarrollar, llevar la luz de
la civilización y el progreso a lo ignoto, a lo que por definición era atrasado y
bárbaro; significaba vestir la inmoralidad de la salvaje desnudez con camisas y
pantalones que una benéfica providencia fabricaba en Bolton y Roubaix, e
introducir los artículos de Birmingham que en su promoción arrastraban
inevitablemente a la civilización.”
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Se podría afirmar que el explorador era el primero que llegaba. Llegaba a una
zona totalmente desconocida, donde el desarrollo y el beneficio económico no estaban
lo suficientemente desarrollada como para reemplazar al “explorador” por el
comerciante europeo, el buscador de minerales, el topógrafo, el constructor del
ferrocarril y el telégrafo y, finalmente, siempre que el clima fuera bueno, el colonizador
blanco.

2
HOBSBAWM, E. (1987) La Era del Capital. 1848-1875. Ed. Crítica. Buenos Aires. Pág. 55
5

Previo a la década de 1870 los exploradores dominaron la cartografía del interior
de África porque dicho continente no tuvo ventajas económicas muy claras para
Occidente.
Hacia 1870 Europa está viviendo una gran crisis, donde el sector más
perjudicado es el agropecuario. Es así que en este período son muy comunes las
revueltas campesinas en Irlanda, España, Sicilia y Rumania. La respuesta ante esta crisis
se vio canalizada a través de la migración. La década de 1880 fue donde se registraron
los mayores valores de migración ultramar. Los que migraban eran básicamente
aquellos campesinos que carecían de tierra o poseían tierras pobres.
Estamos en este período ante un proceso deflacionario y donde la solución es la
expansión del mercado. Esta deflación puso fin al liberalismo económico. El único que
lo seguía defendiendo era el Reino Unido, quien en las décadas de 1870 y 1880 ostentó
sus expectativas netamente a la exportación y también el mayor importador de materias
primas en el mundo.
En el marco de este período de crisis al que se está viviendo, aparece como otra
solución el imperialismo. Tanto la presión del capital como la búsqueda de nuevos
mercados contribuyeron a impulsar la política de expansión que incluía la conquista
colonial. Un funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1900
afirmaba: “La expansión territorial no es sino una consecuencia de la expansión del
comercio”.
Al momento de apogeo de la expansión imperialista podríamos afirmar que se
estaba en un mundo donde los países capitalistas desarrollados dominaban a los
“atrasados”.
Hobsbawm
3
plantea que en el último cuarto del siglo XX aparece un nuevo tipo
de imperio, que es el imperio colonial. Es así que la mayor parte del mundo ajeno a
Europa y América fue dividido en territorios que quedaron subyugados al dominio
político formal o informal de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos,
Bélgica, los Estados Unidos y Japón. Los grandes perdedores fueron España y Portugal,
los dos antiguos imperios preindustriales, que perdieron territorio. Aunque es válido
aclarar que Portugal logró conservar las colonias africanas de Mozambique y Angola.
España pierde sus territorios ultramarinos de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en manos de
Estados Unidos hacia el año 1898. Asia también fue dividida por parte de éstas

3
HOBSBAWM, E. (1987) La Era del Imperio. 1875-1914. Ed. Crítica. Buenos Aires. Pág. 58
6

potencias y aquellos estados que no fueron conquistados formalmente es porque servían
como Estados-tapón para dividir colonias, tal es el caso de Afganistán y Siam. El único
estado no europeo que no pudo ser subyugado por las potencias colonizadoras fue
Etiopía.
Hacia 1914 en África no quedaba ningún estado (a excepción de Etiopía como
ya se mencionó y también de Liberia y una parte de Marruecos) que no perteneciese a
estas potencias colonizadoras. África pertenecía en su totalidad a los imperios
colonizadores.
Entre 1876 y 1915, aproximadamente una cuarta parte de la superficie del
planeta fue distribuida o redistribuida en forma de colonias por parte de media docena
de Estados.


EL REPARTO DE ÁFRICA

Este reparto sobre el terreno fue lento. La resistencia popular en África fue
mayor de que en la India por ejemplo. El pretender crear Estados en un continente tenso
y de una escasa población llevó a que los administradores coloniales se encontraran
obstaculizados para el desempeño de sus funciones, a pesar de las ventajas que
otorgaban las armas de fuego, transporte mecánico, conocimientos médicos y cultura
general. Los Estados que se crearon antes de la Primera Guerra Mundial, plantea Iliffe
4
,
fueron simples esqueletos formales a los que daban vida las fuerzas políticas africanas.
Dicha conquista tuvo además dos efectos cruciales. En primer lugar cada colonia se
convirtió en un productor especializado de géneros para el mercado mundial, lo que la
llevo a adquirir una estrucura económica que sobrevivió en el siglo XX. Por tano,
existían grandes diferencias entre la producción agrícola de África occidental y la
producción capitalista al estilo europeo de África oriental. En segundo lugar, la
conquista europea tuvo profundas consecuencias en la demografía africana.
A mediados de los años Setenta, ya eran conocidas las vías de penetración hacia
el interior de África. El creciente conocimiento cartográfico del continente, al que
comerciantes, exploradores y misioneros habían hecho sus aportes, había sido

4
ILIFFE, J. (2013) África. Historia de un continente. Ed. Akal. Madrid. Pág. 283
7

acompañado por importantes desarrollos de nueva tecnología de las comunicaciones ya
mencionadas anteriormente.

Al momento de esta penetración europea en África, quien toma la iniciativa
hacia 1876 es Francia. Desde una colonia establecida en Senegal y bajo el mando de su
gobernador, Loius Brière de l’Sle. Este gobernador estaba decidido reforzar a Francia
con las riquezas que brindan las colonias, fundamentalmente –en este caso- con las que
brinda la sabana de África occidental. Los franceses se esforzaron por establecer
tratados con los notables del curso inferior del Níger, que eran una amenaza para los
intereses comerciales británicos establecidos allí desde hacía un tiempo. Después de
1882, la Asamblea Nacional francesa ratificó un tratado en el que el gobernante del lago
Malebo en el río Congo legaba sus derechos hereditarios al viajero francés Pierre
Savorgnan de Brazza. Ese tratado, base el Imperio francés en África ecuatorial, puso en
peligro los planes del rey Leopoldo II de Bélgica, quien desde 1876, utilizaba su fortuna
privada para fundar establecimientos comerciales en el bajo Congo. Los británicos, en
tanto, temían un régimen proteccionista francés en el bajo Congo pero no querían
comprometerse en su conquista, reconocieron así las viejas reclamaciones portuguesas
sobre la región, a cambio de libertad para comerciar con ella. Esta decisión disgustó a
otros estadistas europeos, sobre todo a Bismarck.
Bismarck, en tanto, no deseaba colonias alemanas, pero la protección de los
intereses comerciales alemanes en África era una responsabilidad que le podía generar
cierto apoyo político. Por lo que hacia 1884 autorizó la creación de protectorados
alemanes en el sudoeste de África, en Camerún y Togo, beneficiándose de la disputa
que se desató entre sus principales rivales europeos: Francia y Gran Bretaña. La disputa
surgió en 1881 en África del Norte. Allí Francia, fuertemente endeudada, conformó el
protectorado de Túnez, para evitar la hegemonía italiana en la zona. Egipto también se
encontraba fuertemente endeudado y se hallaba sometido al control financiero de un
organismo franco-británico. Ante la caída del gobernador árabe en Egipto, se dio la
situación propicia para que las potencias tomen el control. Francia dio marcha atrás y la
situación propició la anexión de Egipto para los británicos. Esto generó rispideces entre
Francia y Gran Bretaña, el del cual Bismarck sacó rédito.



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CONFERENCIA DE BERLÍN

Es así que hacia 1884-1885, Bismarck convoca la Conferencia de Berlín, donde
reconoce las reclamaciones que en aquel entonces Leopoldo II realizaba sobre el
Estado Independiente del Congo (más tarde conocido Congo Belga, al que luego se
llamaría Zaire y en la actualidad República Democrática del Congo). Allí también se
atenderían los derechos franceses en África ecuatorial, e insistió en la necesidad de
garantizar la libertad de comercio en toda la región. Los delegados aceptaron la postura
británica sobre el curso bajo del Níger y la primacía francesa en sus tramos superiores.
La conferencia dejó bien claro que toda futura reclamación europea sobre el territorio
africano tenía que basarse en algo más sustancial que el simple poder de su presencia
naval y comercial que Gran Bretaña había alegado hasta entonces. El reparto posterior
estuvo marcado por los esfuerzos de una Gran Bretaña que quería conservar tanto las
posiciones estratégicas que dominaban las rutas marítimas hacia la India como las
regiones de comercio especialmente intenso, como Nigeria.
Al otro día de finalizada la conferencia, Bismarck proclamó un protectorado
sobre territorio continental frente a Zanzíbar, donde unos aventureros alemanes habían
firmado tratados. En tanto, Gran Bretaña habiéndose contentado con ejercer su
influencia indirecta a través del gobernante de Zanzíbar, decidió repartir formalmente la
región firmando un tratado en 1886 delegando Kenia y Tanzania a Alemania. Un tratado
posterior, de 1890, dio a Gran Bretaña manos libres en Uganda, importante porque las
fuentes del Nilo se consideraban vitales para la seguridad y prosperidad egipcia.
La Conferencia de Berlín también precipitó la expansión europea en África
occidental. Los británicos proclamaron un protectorado sobre el delta del Níger y se
impusieron mediante tratados a la población nativa. Con esto, lograron obtener el
control de Nigeria del Sur, la parte más rica de la selva africana occidental.
Las principales conquistas de Francia fueron Dahomey tomado en 1892 y Costa
de Marfil, que servía de escala para los puestos avanzados franceses del Níger. Pero lo
que más interesaba a Francia era el curso alto del Níger. Es así que en 1888 su ejército
reanudó el avance tierra adentro desde Bamako, logrando capturar diversas ciudades
nativas como Nioro, Jenne y Tombuctú. Los franceses podían avanzar ya hacia el lago
Chad en el 1900. Producto de este avance, las colonias de la costa se expandieron hacia
el norte para asegurarse sus flancos comerciales.
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En África occidental, los británicos se contentaron con que Francia ocupara
grandes extensiones de suelo poco provechoso. En el nordeste de África, la
preocupación por la seguridad de Egipto volvió más exigentes a los británicos, producto
de que el valle del Nilo estaba controlado, no por una potencia europea rival, sino por
un reino mahdista. El Mahdi sudanés, Muhammad ibn Abdallah, se había revelado en
1881 como líder de los pueblos del Sudán con una organización política débil contra el
gobierno de Egipto, debilitado también por disturbios en la ciudad de El Cairo. Tres
años después, sus fuerzas tomaron Jartum e instauraron un régimen teocrático que los
británicos se daban por satisfechos con mantener a raya. Más alarmada por los
ambiciones francesas sobre Etiopía, Gran Bretaña alentó a los intereses italianos en la
zona, lo que permitió la ocupación de Eritrea en 1889 y el avance hacia el sur de este
reino cristiano que el emperador Menelik rechazó en la batalla de Adua, en 1986; la
mayor victoria africana contra los europeos. La derrota socavó la política británica y los
planes franceses para acceder al Nilo desde África ecuatorial. En 1898 Gran Bretaña
terminó con las fuerzas mahdistas en Omdurman y asumió el control de Sudán. Seis
años después, Francia dejó de oponerse a la ocupación británica en Egipto a cambio de
tener manos libres en Marruecos, que invadió en 1911. A los italianos se les dio vía
libre para invadir la provincia otomana de Trípoli (actual Libia).
Hacia el sur de África, los acontecimientos son aquí liderados por Gran Bretaña
y su intento fracaso de anexionarse en 1877 la República Sudafricana, con el fin de
crear una Confederación Sudafricana, bajo el control de Ciudad del Cabo, con el
objetivo de garantizar las comunicaciones imperiales. Hacia 1884 Bismarck puso en
disputa la hegemonía regional de Gran Bretaña al crear el África sudoccidental alemana
(actual Namibia). Con el objetivo de evitar una alianza entre ella y la República
Sudafricana que bloquearía la expansión hacia el norte, los ingleses proclamaron el
territorio intermedio, Bechuanalandia (Botsuana) en 1885. El descubrimiento del oro en
la República Sudafricana
5
transformó la situación, porque con el oro, y quizá con

5
No confundir con la actual. La Unión Sudafricana conocida también como República Sudafricana fue
establecida en 1852 y fue independiente entre 1857 a 1877, y de nuevo entre 1881 a 1900 luego de la
exitosa rebelión Afrikáner contra el control británico. Fue anexionada por el Reino
Unido en 1900 durante la Segunda Guerra Anglo-Bóer aunque los bóers oficialmente la entregaron en
1902. En 1910 se convirtió en la Provincia de Transvaal de la Unión Sudafricana. El primer presidente de
la República de Sudáfrica fue Marthinus Wessel Pretorius, elegido en 1857. Su capital era Pretoria.

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aliados europeos, la República podría dominar toda la África austral. Ante este
panorama, Gran Bretaña lo que hizo fue animar al magnate en diamantes Cecil Rhodes
a que enviase una columna avanzada hacia el norte, en dirección a Rodesia del Sur
(Zimbabue), con la esperanza de que los yacimientos de oro descubiertos allí
compensaran los de la República Sudafricana. Gran Bretaña ocupó Rodesia del Norte
(Zambia) a pesar de esta situación y Nyasalandia (Malaui) haciendo nulo caso de las
reivindicaciones que realizaba Portugal sobre este último territorio. Los yacimirntos de
oro en Rodesia del Sur fueron decepcionantes, por lo que Gran Bretaña ocupó la
República Sudafricana saliendo victoriosa tras tres años de guerra contra los Boers.


LA ADMINISTRACIÓN COLONIAL

Para la puesta en funcionamiento de sus estructuras estaduales en África las dos
potencias principales, Francia e Inglaterra, se inspiraban en doctrinas no sólo eran
diferentes sino contrapuestas. Francia desarrolló sistemas centralizados y relativamente
uniformes, mientras que Inglaterra instauró sistemas descentralizados y que diferían en
función de las características específicas de la incorporación de las diversas sociedades
en un territorio colonial determinado.

Bélgica
El Estado colonial belga, era un holding de capitales privados, se caracterizaba
por las relaciones funcionales entre administración y compañías, que tenían intereses
desde el área de los transportes hasta la extracción minera, y desde la producción
agrícola a la fabricación industrial. El Estado colonial llevó a término la política de
reconversión de una economía de extracción basada en la recolección (goma, marfil), a
una economía de producción por medio de concesiones de tierras y recursos minerales a
grandes compañías que debían encargarse de desarrollar las redes infraestructurales
necesarias para la extracción de las riquezas. Contaba además con un aparato
administrativo estructurado, que estaba presente hasta en los distritos más remotos y
que, a la vez que daba garantías a las compañías que allí invertían.
En Ruanda y Burundi los belgas aplicaron una suerte de indirect rule según la
politique des races, la teoría inspirada en el evolucionismo que consideraba que las
11

diversas razas se hallaban en un nivel inferior o superior según las características de su
organización social y política, más o menos centralizada.

Alemania
En Burundi los alemanes y después de ellos los belgas optaron por privilegiar a
los jefes tribales locales, líderes de un reino que se caracterizaba por la presencia de un
rey que cumplía ante todo funciones rituales, sin ejercer el poder político efectivo sobre
los principados. En cierto sentido, el papel de agentes de la colonización que ejercieron
los jefes gania tuvo el efecto de reforzar la legitimidad del soberano ante la población de
tutsis y hutus, típica de la zona, los que se convirtieron en víctimas de impuestos, del
trabajo obligatorio y de los abusos de los hombres fuertes, fortalecidos ahora por la
protección colonial.

Italia
La colonización italiana se llevó a cabo a través de fallidos intentos de colonizar
por medio de compañías, a los que siguieron diferentes experimentos de colonización en
pequeña escala y organización de nuevas producciones a través de intervenciones sobre
la propiedad de la tierra. El colonialismo italiano se lo ha caracterizado como el más
atrasado, y hasta frecuentemente rudimentario en comparación con el inglés y francés.
En consecuencia, Italia vino a tener que vérselas con grandes ambiciones y escasos
medios, con la necesidad de manejar territorios dotados de escasos recursos, con la
necesidad de manejar territorios dotados de escasos recursos, que no estaban en
condiciones de autofinanciar su propio desarrollo. En lo que concierne a lo
administrativo, el colonialismo italiano tuvo una primera etapa de difícil consolidación
del control sobre territorios extensos, rebeldes y sumamente fragmentados como lo fue
Somalia que recién se pudo lograr afirmar durante el período fascista.

Francia
Las colonias francesas en su administración se dividieron en dos grandes formas
o metodologías: asimilación y asociación.
La doctrina colonial francesa de assimilation formaba parte de la tradición
universalista de la “misión civilizadora” que tuvo su primer y principal sostenedor en
suelo africano a la persona de Luis Faidherbe, gobernador del Senegal en 1854 y
adversario de la expansión política y religiosa de Omar Tal. Coherente con las doctrinas
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evolucionistas, la teoría asimilacionista partía de la noción de que las diferencias entre
las razas podían ser reducidas a formas sociales universales y, por consiguiente, que a
través de la dominación colonial era posible las costumbres y las instituciones indígenas
a imagen y semejanza de la civilización francesa. Esta doctrina, que era coherente con la
concepción jacobina de la República una e indivisible fue sostenía como punto de
referencia ideal en todas las etapas de la historia colonial francesa. Naturalmente, no
sólo la asimiliación no implicaba reconocimiento de igualdad sino que, por el contrario,
estaba basada en la desigualdad de las razas. Para la teoría colonial francesa, la
dominación y la explotación de colonias eran legítimas en nombre de la ley natural,
justificación jurídico-filosófica de un orden universal de la humanidad que trasciende
las convenciones civiles y legales específicas de cualquier sociedad.
Con la colonización, Francia asume la obligación de encargarse de la “tutela” de
sus sujets, súbditos africanos, para hacer de ellos citoyens, ciudadanos, que un día
pudieran asumir responsabilidades de gobierno, siempre en el seno de la república
Francesa. El dominio se concretaba en un sistema colonial centralizado y jerárquico, en
el que los sujets estaban sometidos a un régimen conocido como indigénat (algo así
como “el indigenado”). Ya en funciones en Argelia, ese sistema daba a las autoridades
administrativas el poder y la autoridad para aplicar sancones penales sin procedimientos
de juicio. Además, los indígenas tenían la obligación de dar prestaciones en especie o en
tiempo de trabajo para aquellas obras que fueran consideradas de utilidad pública.
La doctrina asimilacionista no contemplaba la existencia de ninguna función
adscripta, por lo que no reconocía a los jefes de Estado indígenas.

Gran Bretaña
En tanto la forma de gobierno de las dependencias británicas se las puede dividir
en “Indirect Rule” y “Native Adminitration”.
La gran diferencia del sistema de indirect rule británico y las formas de gobierno
directo de todos los demás sistemas incluído el francés era que no partía de un ideal
universalista; no partía de la premisa de que fuera posible y, por lo tanto, actuar para la
necesaria e inevitable evolución de todas las sociedades hacia una civilización
homogénea. Al contrario, colocaba en primer plano la condición primordial y
excluyente de la diversidad de culturas, razas, lenguas e instituciones sociales. Es así
que la dominación colonial británica distinguía categóricamente entre gobierno colonial,
que se ocupaba de los problemas generales de gestión de los recursos, y gobierno
13

indígena, basado en los vínculos con “native authorities” (autoridades indígenas o
legítimamente tradicionales), y en la formación en cada territorio de native
adimistrations que debían funcionar por medio de instituciones tradicionales (tribunales,
sistemas fiscales). Cada entidad territorial, política, social, debía gobernarse por jefes e
instituciones propias, cuya autoridad derivaba de las costumbres, formalizadas a través
de códigos culturales también propios. La función del gobierno colonial debía consistir
en favorecer acciones y planes de “bienestar” económico y social, valiéndose
precisamente de las costumbres, garantizadas en su aplicación por ser confiadas a jefes
legítimamente considerados tradicionales.
La noción de native administration preveía un considerable grado de libertad de
acción para las autoridades indígenas, reconocidas y reestructuradas según las
subdivisiones administrativas y las funciones que el gobierno colonial central y los
funcionarios locales consideraban que podrían responder a la exigencia de maximizar el
ahorro de fondos y la eficiencia administrativa.
Eran funciones del poder colonial controlar a las native administrations, dirigir
en caso necesario su reestructuración funcional y prestar asistencia para ello, respetando
la coherencia interna y la especificidad cultural de cada una, y procurando preservarlas.
En modo alguno se consideraba posible que las civilizaciones indígenas evolucionaran
hacia formas de modernización análogas a las que caracterizaban a la formación de los
Estados-nación europeos, plantea Gentili
6
.
Por tanto las dependencias británicas variaron en sus formas entre sí. A grosso
modo se pueden distinguir tres formas principales: En primer lugar, es posible distinguir
el gobierno de aquellas dependencias en las que existía una comunidad europea
importante (Sudáfrica, Rodesia meridional, Kenia), en que el sistema de las native
administrations no fue puesto en práctica. Luego se observan gobierno de dependencias
en la que la población indígena predominante se encontraba en sistemas políticos
considerados avanzados por su grado de centralización y jerarquización, que se hallaban
dotados de roles burocráticos con especializaciones funcionales (califato si Sokoto,
Bornu, renios de la región yoruba), Asante, Buganda, los estados tsuana, los estados lozi
y bemba de Rodesia del Norte). Por último, las dependencias en que se consideraba que
las sociedades autóctonas carecían de instituciones de gobierno, más allá de ciertas
formas elementales de alianza entre linajes y sistemas de parentesco. Un claro ejemplo

6
GENTILI, A. (2012) El león y el cazador. Historia de África Subsahariana. Ed. CLACSO. Buenos Aires. Pág.
263
14

fue Nigeria, donde la mayoría de las poblaciones poseían un sistema descentralizado y
difuso. El uso del término atrasadas para designar a las sociedades descentralizadas
carentes de estatalidad, o de diferenciación entre roles sociales y roles políticos,
organizadas en sistemas sociales que estaban basados en relaciones de parentesco o en
alianzas de diferentes sectores en comunidades por lo común de reducidas dimensiones,
muestra de manera explícita cuáles fueron los criterios teóricos y conceptuales que
constituyen el punto de partida del análisis del funcionario británico con cargo de
gobernador que sería el forjador de la teoría indirect rule, y de su implementación en el
África mediante el sistema de native authorities.


CONCLUSIÓN

Ya para ir cerrando podemos decir que el período colonial de la historia africana
ha sido sumamente breve. Abierto alrededor de 1885 y cerrado alrededor de 1960, duró,
por tanto, tres cuartos de siglo, es decir, más o menos la vida de un hombre. Y, sin
embargo, cambió definitivamente la faz de África y remodeló el mapa político del
continente.
Es necesario destacar que el hecho colonial no fue algo específico que sucedió
en África ni tampoco de los europeos. La colonización es un hecho muy común en la
historia de todos los pueblos del mundo. Se podría decir que en todos los tiempos y
lugares ha sido la manera más universalmente practicada para llevar a cabo la iniciación
de un pueblo a un nivel más desarrollado de civilización. Macedonia, el Imperio
Romano, son dos claros ejemplos de lo que se está aquí tratando.
Sin embargo, se ha tomado la costumbre de reservar el vocablo “colonial” a las
relaciones que se establecieron, particularmente en el siglo XIX, entre los Estados
europeos y los pueblos de ultramar que pertenecían a otras razas.
El contacto de las antiguas civilizaciones africanas con la civilización europea
fue fatal para ellas. Al menos, rompió sus formas tradicionales. No es que se pueda
reprochar a los europeos el haber atentado deliberadamente, conscientemente, al
patrimonio tradicional africano. En una primera fase, los europeos han ignorado las
civilizaciones africanas. Para ellos no había más que una civilización, la suya. Esta
15

constatación fue motivada por la concepción religiosa, donde el infiel era el salvaje y
había que civilizarlos, y para ello había que cristianizarlos.
Pero si nos vamos a lo económico, tenemos que el motor principal de la
colonización fue el comercio, y los primeros estabecimientos, depósitos mercantiles.
Esto es cierto en el siglo XVI; también lo es en el siglo XIX, cuando los Estados
instalan Compañías privilegiadas como pioneras de la colonización.
Pero también detrás de los interses económicos venían otros europeos:
misioneros, militares, administradores.
Otro fenómeno que se dio producto del contacto con las civilizaciones europeas,
las civilizaciones africanas se desintegraron, sin haber sido aún en el presente,
reemplazadas por nada. Bertaux
7
plantea que aún hoy no se puede afirmar que se haya
formado una nueva capa de civilizaciones negro-africanas.
Otra consecuencia nefasta para África, fue su repartición. Este reparto se hizo
tomando como referencia la banda costera. Cada sector del litoral se pone en adelante a
cargo de cada una de las potencias; y a partir de ahí, lo único realmente ocupado al
principio, se organiza una administración colonial que poco a poco se extiende su
influencia y su autoridad hacia el interior. Las ciudades costeras, cuya actividad
comercial se encontraba reducida en el siglo XIX por la asfixia del comercio de trata,
encuentran en el siglo XX una nueva razón de existir. Son las sedes de la administración
colonial, antes de convertirse, a mediados de nuestro siglo, en capitales de los Estados
africanos independientes.
Estos mismos Estados son impensables sin haber existido el intermedio colonial.
Jamás había habido en África Estados nacionales según la concepción europea, con lo
que esta nación implica en lo concerniente a unidad, homogeneidad y delimitación
territorial. Existían imperios, hegemonías de muy diversa naturaleza; había dinastías
reinantes, de diversas magnitudes; había focos de autoridad, de influencia muy variable,
según la época y el soberano; no había en ninguna parte Estados nacionales, es decir
naciones africanas que coincidieran con un territorio definido que se pudiera decir que
les pertenecía. Siempre y por todas partes las tribus, los grupos lingüísticos, la casas
profesionales vivían en vecindad e incluso estratificaciones superpuestas, sometidas a
diferentes autoridades.

7
BERTAUX, P. (2008) Historia Universal Tomo 32. Africa. Desde la prehistoria hasta los Estados actuales.
Ed. Siglo XXI. Ciudad de México. Pág. 190
16

Las concepciones de propiedad entre africanos y europeos distaban muchísimo
una de otra. En África el que vive en el suelo no es más que un ocupante; ciertamente,
no un ocupante sin título, pero él reconoce que otros pueden tener títulos diferentes, y
con un fundamento más antiguo que los suyos. En el momento del reparto de África,
cuando los enviados de las potencias europeas concluían contratos de protectorados con
los potentados locales, los más escrupulosos de éstos se resistían a hacerlo, no
reconociéndose a sí mismos el derecho de disponer de un territorio del que se sabían
que no eran más los ocupantes.
Hacia finales del siglo XIX, el reparto de áfrica ya era un hecho. Una época más
de saqueos, de extracción de recursos naturales, complementaban para la peor situación
de áfrica a la época de la esclavitud. En la actualidad, África sigue viviendo los efectos
de la colonización, plagado de guerras civiles entre tribus que quedaron atrapadas
dentro de un mismo territorio, con una gran pobreza producto de la extranjerización de
sus materias primas y con una desigualdad en la riqueza espeluznante.




















17

MAPAS

Mapa 1:






































Los establecimientos europeos en la primera parte del siglo XIX






18

Mapa 2:











































El reparto de África por parte de las potencias
1875 – 1960




19

Mapa 3:



Mapa actual de África

Nótese las coincidencias en los límites con la división hecha por parte de las potencias
a finales del siglo XIX














20

BIBLIOGRAFÍA

• BERTRAUX, P. (2008) Historia Universal Siglo XXI. Tomo 32: África. Desde la
prehistoria hasta los Estados actuales. Ed. Siglo XXI. Ciudad de México.
• GENTILI, A. (2012) El león y el cazador. Historia de África subsahariana. Ed.
CLACSO. Buenos Aires.
• HOBSBAWM, E. (1987) La Era del Imperio. 1875 – 1914. Ed. Crítica. Buenos Aires.
• HOBSBAWM, E. (1975). La Era del Capital. 1848 – 1875. Ed. Crítica. Buenos Aires.
• ILIFFE, J. (2013). África. Historia de un continente. Ed. Akal. Madrid.









































21

INDICE

INTRODUCCIÓN……………………………………………………………………… 2

CONTEXTO EUROPEO………………………………………………………………. 3

EL REPARTO DE ÁFRICA…………………………………………………………… 6

CONFERENCIA DE BERLÍN………………………………………………………… 8

LA ADMINISTRACIÓN COLONIAL……………………………………………….. 10
Bélgica…………………………………………………………………………………. 10
Alemania……………………………………………………………………………….. 11
Italia……………………………………………………………………………………. 11
Francia…………………………………………………………………………………. 11
Gran Bretaña………………………………………………………………………….. 12

CONCLUSIÓN………………………………………………………………………...14

MAPAS……………………………………………………………………………… 17

BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………………… 20