Participación Histórica en Elecciones Ciudadanas/Vecinales

PARTICIPACIÓN COMPARADA
EN ELECCIONES VECINALES

Elección 1995
Elección 1999
Elección 2010
Elección 2013

Porcentaje de Lista Nominal

Porcentale de Población

21.24%
9.80%
8.87%
12.03%

14%
7%
7.5%
10.24%

Temas Perdidos y Aparecidos
de la Iniciativa 2000 a la Ley de 2004-2014
PROPUESTA INICIAL

Sección de
Principios
Clarificada
Reducir los
porcentajes
necesarios para
activar los
mecanismos de
participación
ciudadana
Volver
vinculatorios
Referéndum y
Plebiscito
Revocación de
Mandato para
Jefe de Gobierno
y Delegados
Asambleas
Ciudadana
Tequio
Comités de
Vigilancia
--Contraloría
Vecinal

INICIATIVA FORMAL

REACCIÓN DE LOS
ASAMBLEISTAS 2000

REFORMA 2004

Igual

Desconfianza

Eliminada

Igual

Desconfianza

Aprobada

Igual

Desconfianza

Aprobada

Sólo para Jefe de
Gobierno

Desconfianza

Desapareció

Igual|

Desconfianza
Mayor
--Desconfianza
Mayor

Aprobadas

Desapareció
Igual

--Desapareció junto
con Revocación

Contraloría
Ciudadana

(experiencia de CGDF)

Comités
Ciudadanos

Igual

Desconfianza

Se desarrollan
atribuciones,
comisiones y
funcionamiento
Consejo
Ciudadano
Delegacional
Consejos de los
Pueblos
[Papel de la
Subsecretaría de
PC]

JEFATURA DE GOBIERNO DEL DISTRITO FEDERAL.
CIUDAD DE MÉXICO

Bando Informativo Número 12
Sobre el derecho a la información y a la participación ciudadana dentro
de la actuación pública
Con fundamento en las facultades que me confieren la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, el Estatuto de Gobierno y la Ley de Participación
Ciudadana, A LOS HABITANTES DEL DISTRITO FEDERAL HAGO SABER:
Que la sociedad exige mayor y mejor participación de los ciudadanos, en los
instrumentos que dispone la Ley para la consecución de los fines de participación
y corresponsabilidad en las decisiones públicas.
Que para gobernar se requiere el fundamento filosófico de mandar obedeciendo,
como elemento esencial de un gobierno democrático.
Que la democracia no se limita únicamente a garantizar el derecho de los
ciudadanos a elegir sus autoridades, ni a consolidar instituciones representativas.
La democracia exige la constante participación de los ciudadanos. Es, como lo
establece nuestra Constitución, una forma de vida.
Que es prioritario y natural, dados los cambios democráticos producidos en
nuestra sociedad, impulsar la evolución de las instituciones de participación y
representación ciudadana, actualizando dichas instituciones a los requerimientos
de una sociedad participativa y corresponsable en la conducción de la vida
pública.
Que la legitimidad de un gobierno se sustenta en el permanente conocimiento de
las necesidades y aspiraciones colectivas de las ciudadanas y ciudadanos,
requiriendo mecanismos eficientes de participación ciudadana que logren la
consecución de este fin.
Que una ciudadanía informada es más participativa y responsable de los
controles que debe tener la actuación pública, y que por ello es necesario
mejorar y ampliar su derecho a la información.
Que los principales actos del Jefe de Gobierno deben contar con el respaldo
ciudadano.
Que las leyes y decretos discutibles, polémicas y de mayor trascendencia, deben
ser finalmente aprobadas por los ciudadanos.

Que la transparencia en la conducción y rendición de cuentas es compromiso
ineludible de este gobierno democrático y, por tanto, las instituciones deben
contar con la regulación correspondiente en la Ley de Participación Ciudadana.
Que los ciudadanos cuenten con órganos de representación y deliberación en los
que se discutan y evalúen los programas de gobierno.
En razón de lo anterior, he decidido:
I. Cumplir con mi obligación de mejorar las instituciones de participación
ciudadana, sabiendo que las relaciones entre gobernados y gobernantes
conducirán a estadios de mayor libertad, democracia, justicia, solidaridad y
corresponsabilidad en la conducción de esta gran ciudad.
II. Suscribir ante ustedes la propuesta de nueva Ley de Participación Ciudadana
del Distrito Federal, que enviaré de inmediato a la Asamblea Legislativa, y que
pongo a consideración de la ciudadanía.
México, Ciudad de la Esperanza, 18 de diciembre del año 2000
Atentamente
Andrés Manuel López Obrador
Jefe de Gobierno del Distrito Federal

INICIATIVA AMLO DE NUEVA LEY DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA (2000)
EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
...
Los mecanismos de participación ciudadana previstos en la Ley se han mejorado.
Destaca en la propuesta la inclusión del Derecho a la Información, la Rendición
de Cuentas y la Revocación de Mandato para que la ciudadanía participe
activamente en la conducción de las políticas públicas.
...
Con estas propuestas se establecen el principio democrático de mandar
obedeciendo, rendición de cuentas y revocación de mandato. Estas ideas buscan
garantizar que las ciudadanas y los ciudadanos intervengan en la elaboración,
ejecución y supervisión de los actos de gobierno. Sólo así podrá cumplirse
cabalmente con el sentido profundo de la Democracia: que el Pueblo se gobierne
a sí mismo.
...
Sobre la Rendición de Cuentas y la Revocación de Mandatos.
Se presenta a la consideración de esta Legislatura un cambio de terminología,
fundamentación y objetivo de la actual sección dedicada a las quejas y
denuncias. Esta idea se sustituye con la de Rendición de Cuentas, en la que los
ciudadanos pueden evaluar la actuación de las autoridades, dejando de lado la
restricción actual a pasivas quejas y denuncias ante órganos de control de la
propia autoridad.
El proceso de rendición de cuentas que se propone en esta iniciativa crea los
espacios en los que deberán actuar los Comités Vecinales de Vigilancia, y abre
también la posibilidad de que diversos sectores organizados de la sociedad
contribuyan con sus evaluaciones a mejorar la actuación de las autoridades.
La idea de rendición de cuentas hace efectivo, a nivel colectivo, el Derecho a la
Información y lo entrelaza con el otro nuevo mecanismo de participación
ciudadana que se propone, la Revocación de Mandato. Esta institución debe ser
entendida como el resultado de un proceso permanente de evaluación que hace
la sociedad sobre sus autoridades. Por ello es que en los procedimientos y
deliberaciones que esta Ley propone, se subraya la necesidad de analizar la
actuación efectiva del Jefe de Gobierno a quien se pretende aplicar la
Revocación del Mandato. Primero los órganos de vigilancia vecinales, luego la
Asamblea Legislativa y finalmente el electorado, evaluarán la actuación del Jefe
de Gobierno.
...
1

CAPITULO VII: DE LA TRANSPARENCIA Y DE LA RENDICIÓN DE CUENTAS
Artículo 60. Los habitantes de la Ciudad tienen el derecho de recibir de sus
autoridades informes generales y específicos acerca de la gestión de estas y, a
partir de ellos, evaluar la actuación de sus servidores públicos.
Artículo 61. Las Asambleas Vecinales, los Comités Vecinales, y los Comités de
Vigilancia vecinal tienen derecho a que el Jefe de Gobierno les rinda cuentas
acerca de las políticas, programas, servicios, obras y cualquier otro acto que
afecte su Ciudad, Unidad Territorial, colonia, barrio, pueblo o unidad
habitacional.
.Artículo 62. Las Asambleas Vecinales evaluarán las acciones de sus respectivos
Comités Vecinales, del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, haciéndolo público
en su Unidad Territorial para conocimiento y debate en la respectiva Asamblea
Vecinal.
Artículo 63. Las ciudadanas y ciudadanos podrán participar con derecho a voz en
los comités de obras y adquisiciones de todos los niveles de gobierno de la Ciudad
y como miembros de pleno derecho en los patronatos, consejos de
administración y juntas de gobierno de los organismos públicos descentralizados
y empresas paraestatales, de acuerdo a lo señalado en las leyes
correspondientes.
Artículo 64. Las ciudadanas y ciudadanos; las Asambleas, Comités y Comités de
Vigilancia Vecinales; en caso de inconformidad, remitirán la evaluación de la
rendición de cuentas ante la Asamblea Legislativa; ante la Contraloría General
del Distrito Federal, para su análisis correspondiente.
En los términos de la presente Ley, también podrán solicitar a la Asamblea
Legislativa que inicie el procedimiento de revocación de mandato.

CAPITULO VIII: DE LA REVOCACIÓN DEL MANDATO
Artículo 65. Una vez realizada la evaluación del desempeño del Jefe de
Gobierno, podrá remitirse a la Asamblea Legislativa una solicitud de Revocación
del Mandato.
Esta solicitud procederá, a juicio de las dos terceras partes de los integrantes de
la Asamblea Legislativa, si está debidamente fundada y estén documentados
hechos graves que ameriten sanciones administrativas de inhabilitación para
ejercer cargos públicos; o conductas ilícitas de carácter penal; siempre de
acuerdo a lo establecido por la Ley Federal de Servidores Públicos y por el Código
2

Penal del Distrito Federal. La solicitud deberá ser avalada por el 30% de los
ciudadanos inscritos en el padrón electoral del Distrito Federal.
Artículo 66. La Asamblea Legislativa revisará la solicitud de Revocación de
Mandato, con base en las documentales aportadas por los solicitantes. El Jefe de
Gobierno, por sí o por representante, tendrá derecho a argumentar en su defensa
durante las sesiones de Comisiones y del Pleno en que se debata este asunto.
Aprobado por las dos terceras partes de sus miembros el Proceso de Revocación
de Mandato, la Asamblea Legislativa dará aviso al Instituto Electoral para que
éste inicie los trabajos de convocatoria, difusión y preparación correspondientes.
No podrá haber Proceso de Revocación de Mandato en el año en que el Jefe de
Gobierno deba ser sustituido en elecciones ordinarias.
El Instituto Electoral se asegurará que las opciones que se presenten al
electorado en el Proceso de Revocación de Mandato reciban equitativa difusión.
Artículo 67. Se requerirá de la votación afirmativa de las dos terceras partes de
los inscritos en el padrón electoral correspondiente para que se consume la
Revocación del Mandato. El funcionario revocado dejará su puesto en un plazo
no mayor a dos meses, fecha en que el substituto nombrado de acuerdo a la Ley
tomará su lugar.

3

Notas desde la SDS-GDF
(1)
Participación Ciudadana y administración pública

M

Federico Anaya Gallardo
(2014)

ucho se ha escrito sobre la participación ciudadana en el Distrito Federal,1
pero extrañamente poco de ello se ha referido a los debates legislativos que
el tema ha provocado en las últimas dos décadas. De hecho, para quienes
participamos –al menos en parte– en esos debates, el juicio realizado desde la
Academia es notoriamente injusto. Dado que los materiales disponibles hoy en día
están dominados por ese juicio creo que es mejor referirme a él primero y, a partir de
su complementación ó refutación, narrar los debates que llevaron al actual texto de la
LEY DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA DEL DISTRITO FEDERAL (2004-2014).

En un conciso artículo publicado por Mayela Sánchez en Contralínea y
Voltairenet.org en Abril de 2010,2 se recupera la opinión de Javier de la Rosa Rodríguez,
excoordinador del Centro de Estudios sobre la Ciudad de la UACM, quien señaló la
“paradoja entre una ciudadanía que por tradición ha sido muy activa políticamente,
sobre todo en la reivindicación del espacio público, y un gobierno local que no le ha
concedido resonancia a sus demandas en la toma de decisiones.” Cómo es que la
ciudadanía puede tener mayor ó menor resonancia ó impacto ha sido al mismo tiempo
uno de los debates más importantes y el más oscuro. De la Rosa concluía que “por ello
es que muchas organizaciones sociales ‘han preferido tener una estrategia de
movilización social en lugar de acceder a los mecanismos institucionalizados’.” Sobre
las consecuencias de esto último, haré un intento de reflexión al final de este escrito.
1. Críticas y reflexiones sobre la Ley de 1998. Los comités vecinales de 1998-2004.
La principal crítica al sistema institucionalizado de participación ciudadana en el Distrito
Federal ha sido la errática renovación de los que llamaré órganos ejecutivos de la
representación ciudadana. En la primera ley, de 1998, los mismos fueron denominados
comités vecinales (artículo 4, LPCDF 1998) y tenían como función principal la de

1

Una magnífica colección de ensayos sobre el tema es la coordinada por Alicia Ziccardi, Participación Ciudadana y Políticas Sociales
del Ámbito Local (México: IIS-UNAM/INDESOL/COMECSO, 2004). El libro completo es visible en la siguiente dirección electrónica :
http://ru.iis.sociales.unam.mx/dspace/bitstream/IIS/4420/1/Participacion%20ciudadana%20y%20politicas%20sociales%20en%20el%20a
mbito%20local.pdf (Consultada el 14 de Septiembre de 2014).
2

Mayela Sánchez, “Participación ciudadana del Distrito Federal, un engaño,” en Contralínea (México) № 179 Distrito Federal (25 de
Abril de 2010). Visible en http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2010/04/25/participacion-ciudadana-del-df-un-engano/
(Consultada el 14 de Septiembre de 2014). Fue reproducido, con algunas modificaciones en Voltairenet.org (México) (26 de Abril de
2010). Visible en http://www.voltairenet.org/article165194.html (Consultada el 14 de Septiembre de 2014).

1

“… relacionar a los habitantes del entorno en que hayan sido electos
con los órganos político administrativos de las demarcaciones
territoriales para la supervisión, evaluación, y gestión de las demandas
ciudadanas en temas relativos a servicios públicos, modificaciones al
uso de suelo, aprovechamiento de la vía pública, verificación de
programas de seguridad pública, verificación de giros mercantiles, en
el ámbito y competencia de los órganos político administrativos de las
demarcaciones territoriales.” (artículo 80, LPCDF 1998)
(Mis subrayados.)

Como puede observarse, la representación que se concedía a los comités
vecinales de 1998 era la de relacionar a los habitantes con los gobiernos delegacionales
(que eso es lo que significa el críptico término “órgano político administrativo de la
demarcación territorial”3). El objeto de la relación estaba muy acotado: supervisar,
evaluar, y gestionar las demandas ciudadanas que se presentasen ante las autoridades
del muncipio/delegación. La temática de lo que podía demandarse a las delegaciones
estaba aún más restringida: servicios públicos, modificaciones al uso de suelo,
aprovechamiento de la vía pública, verificación de programas de seguridad pública,
verificación de giros mercantiles. Es decir, los comités vecinales se concebían como
“ventanillas de gestión y queja” que ligarían –supuestamente en democracia– a la
ciudadanía con sus gobiernos municipales/delegacionales.
Para subrayar que los comités vecinales NO eran órganos de gobierno, el artículo
81 de la Ley de 1998 expresamente señalaba que “Estos órganos serán independientes
y tendrán atribuciones distintas de las funciones y responsabilidades de los órganos
de gobierno.”
Sin embargo, desde la Ley de 1998, la regulación de la elección de los comités
vecinales los empataba conceptualmente con los órganos de gobierno democráticos.
Su periodo era de tres años, igual al de los gobiernos municipales/delegacionales y las
diputaciones en la Asamblea Legislativa. (artículo 83, LPCDF 1998) Su elección estaba
organizada por el organismo público autónomo encargado de las elecciones de todos
los órganos de gobierno, el INSTITUTO ELECTORAL DEL DISTRITO FEDERAL; el cual debería
aplicar la norma electoral general con sólo algunas salvedades que la Ley de
Participación Ciudadana detallaba. (artículo 90, LPCDF 1998) Las conroversias que se
dieran en la elección se dirimirían ante el TRIBUNAL ELECTORAL DEL DISTRITO FEDERAL.
(artículo 95, LPCDF 1998) La protesta de los comités se daba ante la autoridad
3

Las razones por las cuales se prefieren, aún hoy en día, términos tan complejos para designar cosas tan simples es un inusitado (y
democráticamente inexplicable) temor reverencial a “violar la norma” al hablar de las instituciones del Distrito Federal. Pese a los
constantes é incrementales triunfos demócráticos que la ciudadanía ha tenido en nuestra entidad federativa desde el plebiscito de
1993, los abogados que han escrito las normas de los gobiernos democráticos han sido medrosos y miedosos en sus definiciones.
Mientras la ciudadanía avanza reclamando participación ciudadana y electoral equivalente a la que gozan sus vecinos mexiquenses
en los municipios; mientras la SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN reconoce que las delegaciones tienen derechos de
interposición de controversia constitucional iguales a los de los municipios de otras entidades federativas; esos abogados
formalistas no se atreven a llamar municipios a las delegaciones y, como se puede ver, ni siquiera se atreven a decir “delegación”,
prefiriendo el abstracto “órgano político-administrativo de la demarcación territorial” que no es un nombre sino una definición.

2

electoral. (artículo 97, LPCDF 1998) Es decir, en todo su proceso de gestación, los
comités eran iguales a los órganos de gobierno, pero ellos mismos no lo eran.
Como parte de la confusión conceptual respecto de la naturaleza de los comités
vecinales estaba la pretensión purista de que los mismos no debían “ser contaminados”
por la acción de los partidos políticos. Así, las planillas que contendiesen en la elección
de los comités “en ningún caso se podrán identificar a través de colores o nombres. Su
identificación será solamente por número y éste corresponderá al orden en que sean
inscritas. Los Partidos Políticos ni funcionarios del gobierno del Distrito Federal
podrán participar en el proceso de integración de los Comités Vecinales.” (artículo 94,
LPCDF 1998)
En este punto vale la pena hacer una primera incursión teórica para explicarnos
el modo en que están construidas las instituciones de la participación ciudadana en el
DF.
1.1. Reflexión sobre el papel de los partidos políticos en una democracia partidipativa.A partir de mi experiencia en la diócesis católica de San Cristóbal de Las Casas y en
organizaciones derivadas del movimiento navista en San Luis Potosí, puedo afirmar que
la aún vigente pretensión de excluir a los partidos políticos de las elecciones de comités
ciudadanos ó vecinales proviene de una desconfianza con un doble origen. Por una
parte, nace de una narrativa antropológica idealizada que supone que las comunidades
indígenas mexicanas representan una supervivencia de una comunidad humana ideal,
cara-a-cara, en la cual no es necesaria la representación política de las divisiones de
opinión –porque esas divisiones, ó facciones, no existen. De acuerdo a esta narrativa,
estas comunidades idealizadas, por supuesto, son un ejemplo a seguir para todos los
mexicanos. En la lógica de esta narrativa, la acción de los partidos políticos en las
comunidades indígenas se entiende como divisionismo y contraria a la creación de los
consensos indispensables para la vida comunitaria.
Otra fuente de la pretensión anti-partidista proviene de la experiencia de las
organizaciones de la sociedad civil en la última etapa del régimen autoritario mexicano
(1982-1997), en la cual insertarse en el “sistema de partidos políticos” significaba una
traición a los ideales de autonomía de la sociedad civil. Esta raíz de la desconfianza,
paradójicamente, es común a las Derechas é Izquierdas mexicanas: el viejo sinarquismo
mexicano (1940-1960) siempre vio la participación del PAN en el sistema de partidos
como una concesión indebida al impío régimen postrevolucionario4 y las
organizaciones maoístas5 que desarrollaron cientos de organizaciones en colonias
4
Sobre el sinarquismo, veánse, de Jean Meyer El Sinarquismo ¿Un fascismo mexicano? 1937-1947 (México: JOAQUÍN MORTIZ, 1979) ó El
Sinarquismo, el cardenismo y la Iglesia (1937-1947) (México: TUSQUETS, 2003).
5

El apartidismo de las organizaciones maoistas está menos documentado, pero sobre su fundamento puede consultarse la
recopilación de textos realizada por el PARTIDO DEL TRABAJO bajo el título Paradigmas y Utopías: Línea de Masas (México: 2001),
especialmente los ensayos de Adolfo Orive Berlinguer (Política Popular) “Por una Línea de Masas” (pp. 161-210), Alberto Anaya “El

3

urbanas populares y ejidos (1970-1988) abiertamente rechazaban la participación
electoral.6
La tragedia de la sociedad civil es que, en un régimen republicano, sólo a través
de partidos políticos es como se puede acceder plenamente a los espacios de decisión
democrática.
Esta dura realidad puede probarse al analizar la experiencia del navismo
potosino (1958-1998). Este movimiento ha sido idealizado como el ejemplo más puro de
la movilización ciudadana no partidista. Lo cierto es que el navismo se articuló desde un
principio (1958) dentro del sistema de partidos.7 Nava y el primer navismo de los 1950’s
formaron un movimiento cívico en armonía con la lucha que entonces pretendió dar la
Federación (Presidente López Mateos) en contra de los cacicazgos regionales que
habían sobrevivido a la centralización cardenista de 1934-1940, como el de Gonzalo N.
Santos. El navismo, más que anti-priísta era anti-santista y por ello no tuvo problema en
adaptarse a los regímenes potosinos reformistas que siguieron a la represión contra el
primer navismo en 1961.8 Años más tarde, intelectuales como Carlos Monsiváis explicaron
el periodo 1961-1983 como una acumulación de fuerzas civilista, un destierro interior de
resistencia anti-caciquil del navismo. Lo que pasó en realidad fue un acomodo razonable,
en el que gobernadores priístas como Manuel López Dávila (1961-1967) y Antonio Rocha
Cordero (1967-1973) adoptaron muchos elementos del programa y estilo de gobierno
navista. En estas condiciones, los electores ciudadanos formados por el primer navismo
no tenían problema en votar PRI ó abstenerse, pues el tipo de política que ellos proponían
estaba aplicándose de facto. Sólo cuando la imposición de Carlos Jonguitud Barrios (19791985) rompió ese arreglo es que el navismo volvió a enfrentarse en las elecciones al PRI.
Ciertamente, si el Dr. Nava mismo no era originalmente anti-priísta ni anti-partidista,
muchas personas y comunidades en el movimiento que se forjó alrededor de su figura
sí lo eran.9 Para esos elementos, la mayor parte de los cuales eran de raíz católica, el
Partido Línea de Masas Post-Revolución Cultural” (pp. 211-215), Classe e Stato, “La Dialéctica Partido-Masas en la Teoría China” (pp. 113122) y Robert Guillén, “Un Partido sin Mandarines,” (pp. 147-154). De Orive Berlinguer vale la pena también consultar su libro La difícil
construcción de una utopía (México: UNAM/MÁS ACTUAL MEXICANA DE EDICIONES, 2003). Sin ambargo, cómo operaba el anti-partidosmo en la
práctica es más fácilmente observable en María del Cármen Legorreta Díaz, Religión, política y guerrilla en Las Cañadas de la Selva
Lacandona (México: CAL Y ARENA, 1998).
6

Estas dos raíces de la desconfianza ante los partidos políticos se puede apreciar en los diálogos entre el Subcomandante Marcos y la
“Señora Sociedad Civil” en los comunicados del EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL (EZLN) en la segunda mitad de los años
1990’s.

7

Carlos Martínez Assad recupera las ligas originales de Salvador Nava son el PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL en un muy buen
artículo de divulgación : “Las mil y una luchas de Salvador Nava,” en Relatos e Historias en México (México: INAH) Año 6 № 72
(Agosto 2014): pp. 60-69 (63). Para más detalles véase, del mismo autor, “Nava: de la rebelión de los coheteros al juicio político,”
en Carlos Martínez Assad (Coord.) Municipios en conflicto (México: IIS-UNAM/GV EDITORES, 1985): pp. 55-74.

8

Sobre esta adaptación, consúltese Javier Padrón Moncada, Los Bombazos de 1975 en SLP: Terrorismo de Estado (el Rochismo y la
Guerra Sucia), (San Luis Potosí: 2005) Publicación en internet difundida por el CENTRO DE ESTUDIOS SOBRE LOS MOVIMIENTOS ARMADOS
(CEDEMA) (http://www.cedema.org).

9

Véase el texto clásico del primer navismo (1958-1961): Antonio Estrada M., La grieta en el yugo. El libro asesinado en San Luis Potosí.
(San Luis Potosí/México: EDICIÓN PRIVADA/¿JUS?, Junio 1963).

4

navismo de la lucha contra el cacique Santos debía evolucionar naturalmente en una
lucha contra el régimen priísta en lo general (1958-1961) y contra la partidocracia en
particular (1980-1998). Esta aspiración era muy clara en el segundo navismo de los
1980’s, aunque para entonces la raigambre católica estaba atemperada por el discurso
post-conciliar (comunidades eclesiales de base, teología de la liberación). Con todo, la
tragedia del navismo-movimiento es que no pudo construir una institución permanente
que le permitiese acceder al poder.10 En la inmensa zona urbana de la capital potosina,
que concentra dos terceras partes de la población total del Estado, la movilización
navista fue canalizada electoralmente por el PARTIDO ACCIÓN NACIONAL (PAN) desde
1989. En la Huasteca Potosina esa misma movilización derivó en la constitución de
organizaciones sociales indígenas y campesinas que han tenido una deriva electoral a
favor del PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA (PRD).11 Luego de la muerte del Doctor
Nava, y ante la institucionalización de la acción electoral de los navistas de Derechas en
el PAN, se constituyó NAVA PARTIDO POLÍTICO como organización estadual. Este partido
potosino tuvo una muy corta vida, pues sus potenciales votantes urbanos veían más
eficaz votar PAN y los rurales (en la Huasteca) votar PRD.12

10

No existe, que yo sepa, un estudio que ahonde en la complejidad sociológica del segundo navismo. Sugiero aquí una guía de
lectura para entender este movimiento : (1) Frente Cívico Potosino (FCP), Análisis y Balance del as Elecciones. San Luis Potosí, 1991 (San
Luis Potosí: FCP, 1991). Este volúmen contiene el recuento inmediato de la elección para gobernador de 1991 y sirve tanto para
documentar el fraude cometido en contra del navismo ese año (su objetivo explícito), como para establecer el territorio en el cual el
segundo navismo tenía realmente impacto (la mayoritaria zona urbana del Estado).- (2) Manuel Nava Calvillo (el hijo más radical del Dr.
Nava) y Claudia Osteguín presentaron en un seminario de la UNAM, en 1996, un relato de primera mano respecto de los dos
momentos del movimiento en una ponencia titulada “El Navismo, historia y lucha de un pueblo,” publicada más tarde en Daniel
Cazés (Coord.) Creación de alternativas en México (México: CIICH-UNAM, 1999), pp. 305-334. Paradójicamente, pese a que Manuel Nava es
uno de los críticos más duros de la partidocracia actual, su relato señala la inevitable necesidad de los partidos políticos para la
organización de alternativas viables en la política republicana.- (3) Alejandro Caballero, Salvador Nava: las últimas batallas (México: LA
JORNADA, 1992). Este libro, prologado por Carlos Monsiváis, es hoy día el cánon de la leyenda navista. Tiene los defectos y bellezas de toda
hagiografía.- (4) Rafael Puente; Óscar Rodríguez y Alejandro Nava, Nava vive, la lucha sigue (San Luis Potosí: FRENTE CÍVICO POSTOSINO,
1993). Este libro es un recuento de la emergencia del segundo navismo, que permite entenderlo como parte del gran movimiento
democratizador del fin de siglo pues los autores rescatan las solidaridades y apoyos de diversas organizaciones y personajes no
potosinos.- (5) El Ayuntamiento 1991-1993 de Saltillo y el Instituto Mexicano de Estudios Políticos (IMEP) publicaron las ponencias del
Foro Democracia Ya realizado en Octubre-Noviembre de 1992 (Saltillo, Abril de 1993), en el cual se puede apreciar cómo era visto el
segundo navismo por el resto del movimiento democrático mexicano en el fin de siglo –y cómo los navistas supieron movilizar a su favor
los espacios de gobierno conquistados por sus aliados.- (6) En 1998, la Escuela de Capacitación Cívica (ECC) una de las organizaciones
herederas del movimiento navista, convocó al Seminario “Una sociedad que se construye” en la ciudad de San Luis Potosí para debatir
acerca de los modelos de educación apropiados para una nueva sociedad democrática. La memoria de este evento (San Luis Potosí,
Enero 1998) es una muestra clara de cómo el último navismo se separó poco a poco de la lucha electoral y se afilió a los críticos
comunitaristas de los partidos políticos.11
Sobre este caso particular, véase el magnífico libro de María Artemisa López León, El Frente Ciudadano Doctor Salvador Nava
Martínez: Democracia y cultura política en el sur de la Huasteca Potosina (México: CIESAS/COLSAN/UASLP, 2008).
12

En este punto suele enredarse otro tema actual de la democracia mexicana: la cuestión de la partidocracia y su supuesta solución,
las candidaturas ciudadanas. El autor de este texto cree que se deben permitir estas últimas, pero que debe reconocerse el
gravísimo riesgo de que a través de ellas empresarios políticos individuales colonicen sin control –y sin límites institucionales é
ideológicos– el sistema electoral. Ciertamente, nuestra República no ha presenciado ejemplos extremos como el de Berlusconi en
Italia ó el de Putin en Rusia; pero la fantochada representada por el “Dr. Simi” hace una década debería advertirnos sobre los
inconvenientes de “liberar” a la sociedad civil del formato republicano de los partidos políticos. Si se analiza la trayectoria política
del otro gran candidato independiente de los años recientes, Jorge G. Castañeda, se verá cómo son necesarios los controles
ideológicos (ó al menos discursivos) que los partidos políticos imponen a sus candidatos. ¿Es confiable un candidato presidencial
que por una parte se alía abiertamente con Elba Esther Gordillo y el más recalcitrante corporativismo sindical de viejo régimen y por
la otra pregona una librecambista reforma petrolera? La suma de las contradicciones indica que el único común denominador es el
servir a intereses materiales creados, que es precisamente lo que hace un political entreprenueur como agente libre.

5

La situación de Chiapas luego de 1994 es otra experiencia que demuestra el
callejón sin salida al que lleva prescindir de los partidos políticos en una democracia
participativa. Allí tenemos, por una parte, una organización popular increíblemente
densa (el EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL, EZLN) que en la mitad oriental del
Estado pudo construir una organización política alterna al Estado Mexicano, desde
abajo, prescindiendo de los partidos políticos. (Municipios Autónomos agrupados
regionalmente en Juntas de Buen Gobierno.) Por otra parte, el occidente y sur del
Estado, en donde la hegemonía del EZLN no se dio, han debido organizarse a través de
los partidos políticos tradicionales. Este arreglo fue muy funcional en 2000, cuando un
candidato tránsfuga del PRI (Pablo Salazar Mendiguchía) logró forjar una coalición que
incluía al PRD, al PAN y a los disidentes del PRI al tiempo que negoció con el EZLN un
acuerdo de respeto mutuo. La elección chiapaneca de 2000, en este sentido, fue una
elección fundante. Desde entonces, ningún gobernador en su sano juicio se podría
posicionar públicamente como enemigo de los zapatistas (lo que sí hicieron los dos
últimos gobernadores del viejo régimen, Ruiz Ferro y Albores Guillén). El problema es
que la mezcla del modelo de gubernatura salazarista con la hegemonía zapatista (que
ideológicamente penetra a toda la comunidad política del Estado) ha “vaciado” las
plataformas ideológicas de los partidos políticos. Mientras el candidato a gobernador
asegure el statu quo de respeto mutuo con los zapatistas, la bandera política conque
compita es irrelevante. Así, Salazar Mendiguchía ganó con una coalición multipartidista
en 2000; Juan Sabines Guerrero triunfó en 2006 con la candidatura del PRD; y en 2012
Manuel Velazco Coello triunfó con la candidatura del PVEM-PRI (en ese orden, pues el
PRI aún está demasiado deslegitimado en Chiapas). Por más que ha durado mucho
(tres lustros), este arreglo es inestable. Permite, entre otras cosas, que el Ejército
Federal mantenga una estrategia contrainsurgente anti-zapatista y que los grupos más
conservadores del Estado se fortalezcan poco a poco. El EZLN, por su parte, no tiene
modo de incidir, y mucho menos de controlar, el aparato de gobierno chiapaneco. El
arreglo salazarista le permite al EZLN poner límites a los gobernadores en el oriente del
Estado, pero no influir en quién gobierna en el occidente y sur. Mientras los gobiernos
autónomos zapatistas prosperan en la región indígena; en las zonas no-zapatistas, las
organizaciones ciudadanas languidecen y florece lo peor de la corrupción
partidocrática. El caso demuestra, en este sentido, las terribles consecuencias de un
sistema de partidos políticos no ligado a las organizaciones populares. La solución
obvia al problema chiapaneco es un anatema para todos: una alianza entre el EZLN y la
izquierda electoral (ayer el PRD, hoy MORENA) en la cual la dirección ideológica quede
en el campo zapatista. Sólo así se ligarían organización de base y sistema de partidos
políticos.
Luego de esta reflexión general acerca de la liga entre participación ciudadana y
partidos políticos, regreso al Distrito Federal.

6

1.2. La suspensión de las elecciones vecinales de 2002.De acuerdo con Sergio Zermeño, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM,
en la elección de comités vecinales de 1999 (primera y única realizada bajo la Ley de
1998) hubo una participación mínima, inferior al 10%.13 En ella participaron apenas
575,000 personas de una lista nominal de 5’889,985 en una entidad con 8’214,286
habitantes. Es decir, participó 9.8% de los votantes registrados y menos del 7% de los
votantes potenciales. Esta baja participación es más grave si se le compara con la de
comicios previos. En la elección constitucional de 1997 (la primera de la era democrática
en el DF, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la Jefatura de Gobierno) participaron
3’866,943 votantes efectivos, es decir, 65.65% de la lista nominal y 47.10% de la
población.
Incluso cuando se compara la elección vecinal de 1999 con su equivalente bajo el
agonizante viejo régimen en el DF (la elección de 365 Consejeros Vecinales en Noviembre
de 1995) sus resultados son desastrosos. En 1995, la lista nominal era de 5’439,687
votantes y participaron 1’155,455, es decir el 21.24% de los votantes inscritos y
aproximadamente 14% de la población total del DF.14 En resumen, la última elección de
viejo régimen tuvo el doble (!) de participación que la primera del nuevo régimen.
PARTICIPACIÓN COMPARADA
EN ELECCIONES VECINALES

Elección 1995
Elección 1999
Elección 2010
Elección 2013

Porcentaje de Lista Nominal

Porcentale de Población

21.24%
9.80%
8.87%
12.03%

14%
7%
7.5%
10.24%

Esta situación merece un análisis más detallado. Manuel Larrosa Haro,
investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, señala que “en el
largo camino de la democratización política del Distrito Federal, la década de los
ochenta es un tiempo fundamental para entender los cambios de los años noventa.”
Para Larrosa Haro, “los efectos políticos de los sismos de 1985, en los que se acentuó la
discrecionalidad en el uso del poder gubernamental” evidenciaron “la ausencia de
espacios en la comunicación y la organización entre éste (el poder gubernamental) y la

13

Sergio Zermeño, “La participación ciudadana bajo los gobiernos perredistas del Distrito Federal (1997-2003)” en Alicia Ziccardi,
Participación Ciudadana y Políticas Sociales del Ámbito Local, op.cit., pp. 145-166 (153).

14

La comparación que sugiere Zermeño entre las elecciones vecinales de 1995 y 1999 es relevante porque, pese a la gran confusión
que reinaba en el país y en Distrito Federal luego de la Rebelión del Año Nuevo de 1994 y de la reforma electoral federal
subsiguiente –que entre otras cosas ciudadanizó el IFE– la ciudadanía mostró más interés en ese ejercicio que en el realizado ya en
tiempos de Democracia. Sobre el contexto y los confusos detalles de la elección de 1995, véase Manuel Larrosa Haro, “El Distrito
Federal en 1995: Las elecciones de Consejeros Ciudadanos del 12 de Noviembre,” en Manuel Larrosa Haro & Leonardo Valdés,
Elecciones y Partidos Políticos en México, 1995, (México: UAM-IZTAPALAPA/CENTRO DE ESTADÍSTICA Y DOCUEMNTACIÓN ELECTORAL/FUNDACIÓN
RAFAEL PRECIADO HERNÁNDEZ, 1998), pp. 83-91. Visible en http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=1762 (obra completa) y
http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/4/1762/11.pdf (ensayo citado).

7

sociedad.”15 La sobrada década que va de 1985 a 1997 es la de dos florecimientos: el de
la sociedad civil y el del movimiento urbano popular.
&&&&
Núñez González, Oscar. Innovaciones Democrático Populares del Movimiento Urbano
Popular. ¿Hacia Nuevas Culturas Locales?
México: UNIVERSIDAD AUTÓNOMA
METROPOLITANA -UAM, UNIDAD AZCAPOTZALCO, DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y
HUMANIDADES, 1990 -Primera edición.
Álvarez Enríquez, Lucía. “El movimiento popular de pueblos y colonias del sur del D.F.
Construcción de una alternativa,” en Daniel Cazés (Coord.) Creación de alternativas en
México. México: CENTRO DE INVESTIGACIONES INTERDISCIPLINARIAS EN CIENCIAS Y
HUMANIDADES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO -CIICH-UNAM,
Colección Alternativas, 1999. Pp. 39-56
Flores, V. y M.
Ascenso y Retroceso de los Movimientos Populares * La Iglesia frente
a la sociedad: Frente al Estado: ¿Cuál es el comportamiento de la Iglesia? (Alianzas,
Conflictos, Tensiones, Diálogos). ¿Cuál es el Proyecto Pastoral de la Iglesia? México: MS,
ca 1979. Copias fotostáticas de documento 7995 del Centro Antonio de Montesinos: A.P. 19377, México 19, D.F.
(Libro verde en dos tomos…)
&&&&
Se trató, pues, según Zermeño, de “órganos muy endebles” que habían desaparecido
en un 60 por ciento para mediados de 2000, “y los pocos que subsistían se
encontraban mermados y divididos”, refiere el investigador en el estudio “La
participación ciudadana bajo los gobiernos perredistas del Distrito Federal (1997-2003)”
Propuesta de Noviembrede 2000:
Artículo 125.- Los partidos políticos podrán participar en la elección de los
Comités Vecinales apegándose a esta Ley y a las disposiciones aplicables de la
legislación electoral de la entidad y de la Federación.
Los ciudadanos son libres de organizar planillas por su propia cuenta, fuera de los
partidos políticos registrados. La Ley y las autoridades electorales determinarán
los apoyos económicos que estas planillas requieran para sus campañas.

15

Larrosa Haro, op.cit., p. 85.

8

Haro & Valdés
ISBN 970-654-331-7
85% menos que Paradójicamente
es 37% menos que el total de votantes en la elección vecinal de 1995 y

9

PRINCIPIOS
Iniciativa de 2000
Artículo 2.- La participación ciudadana debe regirse por los siguientes principios:
I. Democracia sustentada en la igualdad de todos las ciudadanas, ciudadanos y
habitantes, sin distinción de clase económica y/o social, credo, origen étnico o nacional,
género o preferencia sexual, edad, condición física o de salud, posición política o
ideológica, o cualquiera otra causa de diferenciación social. La Democracia de los
iguales implica la búsqueda perpetua de la igualdad de oportunidades para todas las
ciudadanas, ciudadanos y habitantes, búsqueda que compete a todos ellos como
miembros de la comunidad política que sustenta a la sociedad civil y al Estado.
Específicamente, la Democracia busca que las ciudadanas, ciudadanos y habitantes
ejerzan de modo permanente y ordenado el poder que la Constitución y las Leyes les
otorgan, sea de modo directo en sus comunidades inmediatas, o por medio de la
influencia en la toma de decisiones públicas que la Ley establece;
II. Corresponsabilidad, entendida como el compromiso compartido de acatar, por
parte de la ciudadanía y el gobierno, los resultados de las decisiones mutuamente
convenidas. La autoridad debe reconocer y garantizar los derechos de los ciudadanos a
decidir y proponer sobre los asuntos públicos. Por otra parte, la ciudadanía debe
apoyar a las autoridades legítimamente electas y designadas, obedeciendo los
mandatos legalmente fundados y motivados y exigiendo de las autoridades
transparencia y honestidad por los medios que la Ley provea. La participación
ciudadana es condición indispensable para un buen gobierno y no sustitución de las
responsabilidades del mismo;
III. Inclusión, entendida esta como el único fundamento de una sociedad democrática y
de una gestión pública socialmente responsable. Todas las ciudadanas, ciudadanos y
habitantes de la entidad tienen el deber de practicar la inclusión, entendida ésta como
la aceptación doble del Otro y del diálogo con el diferente. Por su parte, los actos de
autoridad deben procurar englobar, comprehender y sopesar en igualdad todas las
opiniones de quienes participan en el debate de la cosa pública. La autoridad que
manda obedeciendo reconoce las diferencias y desigualdades en el cuerpo político y
promueve, por medio de la inclusión de todos, el desarrollo equitativo de la sociedad y
de los individuos que la conforman;
IV. Solidaridad, entendida ésta como la disposición de toda persona para asumir los
problemas de los otros como propios; procurando eliminar todo egoísmo o interés
particular ilegítimo; propiciando el desarrollo de relaciones fraternales entre
ciudadanas, ciudadanos y habitantes desde las comunidades inmediatas hasta el nivel
nacional; elevando y perfeccionando la sensibilidad personal y colectiva acerca de la
naturaleza de los problemas individuales, comunitarios y políticos; nutriendo y

motivando acciones para enfrentar colectivamente los problemas comunes; y
asegurando a cada individuo el apoyo irrestricto de su comunidad política;
V. Legalidad, entendida ésta como la garantía de que los actos de gobierno serán
siempre apegadas a lo que marquen la Constitución general, las Leyes federales y
estatales, y la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación;
VI. Información plena y oportuna, entendido como el deber de la autoridad de
asegurar siempre a la ciudadanía el acceso a la información necesaria, tanto para
participar en la toma de decisiones como para evaluar las decisiones de los
gobernantes. El gobierno tiene la obligación expresa de informar, difundir, capacitar y
educar políticamente a la ciudadanía
VII. Respeto, entendido como la obligación de reconocer la dignidad intrínseca de toda
persona humana y de toda asociación de personas, sin discriminación alguna por causa
de clase económica y/o social, credo, origen étnico o nacional, género o preferencia
sexual, edad, condición física o de salud, posición política o ideológica, o cualquiera
otra causa de diferenciación social. El respeto deberá manifestarse, antes que nada,
ante la libertad individual de elegir cuándo y cómo se participa en la vida pública y
política del Distrito Federal;
VIII. Tolerancia, entendida como el reconocimiento y respeto a la diferencia y a la
diversidad de visiones y posturas sustentadas libremente por cada individuo, o grupo
de individuos, que formen parte del cuerpo político y social. Este reconocimiento debe
considerarse elemento esencial en la construcción de consensos entre la ciudadanía y
entre ciudadanos y gobernantes.
IX. Sustentabilidad, entendida esta como la responsabilidad de que las decisiones
asumidas en el presente aseguren a las generaciones futuras el control y disfrute de (a)
los recursos naturales del entorno; (b) las culturas propias de las diversas comunidades
que forman México; y (c) los ecosistemas culturales creados por dichas comunidades;
y
X. Pervivencia Democrática, entendida como la responsabilidad compartida por
ciudadanía y gobierno de garantizar que las prácticas democráticas se generalicen y
reproduzcan; de modo tal, que aseguren el desarrollo, ahora y en el futuro, de una
cultura ciudadana crítica, activa, responsable y propositiva.

PRINCIPIOS
Texto de 2004-2014
Artículo 3.- Son principios de la Participación Ciudadana, los siguientes:
I. Democracia.
II. Corresponsabilidad.
III. Pluralidad.
IV. Solidaridad.
V. Responsabilidad Social.
VI. Respeto.
VII. Tolerancia.
VIII. Autonomía.
IX. Capacitación para la ciudadanía plena.
X. Cultura de la Transparencia y Rendición de Cuentas.
XI. Derechos Humanos.