BREVE RESEÑA DE SANTO TOMÀS

SANTO TOMÁS DE AQUINO:
Nació en el castillo de Roccasecca (1225 – 1274).
Obras: sus obras son numerosas y comprenden diversas materias: teología, filosofía,
exégesis, ascética, derecho, sociología y política. Los escritos que más directamente
interesan a la historia de la filosofía son:
“Los comentarios a Aristóteles”, Contiene los ensayos realizados por Tomás, en los
cuales explica el contenido de los escritos aristotélicos. Son ellos entonces, obras
interpretativas y críticas, que reflejan el proceso formativo del pensamiento tomista.
“La Suma teológica”, expone en forma completa y sistemática, pero resumida, su
filosofía.
“Suma Contra los Gentiles”, presenta la misma doctrina con mayor argumentación
racional.
“Las cuestiones disputadas” y “los Quodlibetales”, aquí Tomás profundizo los
problemas tratados en las Sumas.
“los Opúsculos”, son de interés por cuanto esbozan breves tratados de filosofía y
teología
Doctrina: La gran labor de Santo Tomás consistió en la asimilación y ordenación
sistemática de los nuevos aportes filosóficos de Aristóteles, de los neoplatónicos, de
los musulmanes y de los judíos, compendiándolos en un conjunto unitario. En
particular siguió a Aristóteles, porque encontró en él lo principios y el método más
adecuado para la estructuración del saber, en la cual conjugó la razón y la experiencia.
Filosofía y teología: Al igual que su maestro Alberto Magno, parte de la distinción entre
razón y fe. Estos dos campos son autónomos, pero es necesario armonizarlos. Puesto
que se desprenden de dos órdenes diferentes, aunque no opuestos, sino
complementarios: el natural y el sobrenatural. En consecuencia, se dan dos niveles de
conocimiento, el de la razón y el de la revelación.
La filosofía fundada en la razón a partir de la experiencia, es completamente válida en
su campo, por el rigor demostrativo que le confiere el método y las leyes con que
trabaja. Ella es, entonces, ciencia. El filósofo, por lo tanto, sólo debe aceptar aquello
que sea demostrable racionalmente.
La teología, por su parte, se apoya en la autoridad divina. No obstante, apela a la
filosofía en búsqueda de procedimientos racionales y datos científicos. Y es que la
teología exige una lógica, ya que los artículos de fe se caracterizan por su inevidencia.
De aquí el que se originen dos teologías, lo sobrenatural sustentada en el dogma, y la
natural elaborada racionalmente. Esta última nos conduce a contemplar el universo,
cuyo principio y fin es Dios. En el terreno de la teología natural, que es filosofía, se
desenvuelve propiamente el pensamiento de Tomás.
La filosofía y la teología tienen como meta alcanzar la verdad, porque en última
instancia ambas proceden de Dios. Por ende, no puede darse contradicción entre
ellas; aunque sean disciplinas autónomas, deben colaborarse mutuamente. En esta
interpelación, plantea Tomás un proceso, que asciende por la interpretación y
profundización de las verdades de la fe hasta la revelación, y de esta desciende
nuevamente a la razón. Lo cual quiere decir, que las verdades de fe son objeto de
interpretación racional, puesto que si al ignorante le basta creer, el filósofo está
obligado a demostrar. Es así, entonces, como el esfuerzo intelectual de Tomás se
orientó a la fundamentación de la teología cristiana.

Conocimiento y ciencia: Tomás, al igual que su maestro, asume la teoría del
conocimiento aristotélico, basado en la experiencia. Todo conocimiento se deriva, por
lo tanto, de los sentidos. El entendimiento, a partir de tales datos elabora conocimiento
de validez universal y necesarios. La posición de Tomás de Aquino es realista y se
funda en la evidencia del mundo exterior, en la realidad material captada por los
sentidos.
El conocimiento humano no posee ninguna idea innata, sino que todos las adquiere
por medio de los sentidos, la imaginación, el intelecto agente y el pasivo, a partir de la
realidad objetiva. De aquí resulta el principio de que nada hay en el intelecto que no
provenga de los sentidos, formulado por el Estagirita. Así, pues, explicar el conocer
implica establecer las relaciones entre el sujeto y los sentidos.
La actividad cognoscitiva la realiza el entendimiento mediante los grados de
observación. Este proceso comienza en los sentidos al percibir las imágenes sensibles
provenientes de las cosas. La imaginación colabora en la formación de las especies
sensibles, de las cuales el entendimiento agente elabora las especies inteligibles. A su
vez, el entendimiento posible y la razón toman de ellos los conceptos esenciales, con
estos conceptos es posible llegar a los principios supremos del saber en general (leyes
lógicas), y los supremos fundamentos de las ciencias particulares.
La abstracción consiste en separar las relaciones universales y necesarias que hay en
las cosas individuales. Esta actividad intelectual comprende tres grados, los cuales se
originan en la supresión de la materialidad en sus rasgos particulares y específicos,;
de la cantidad y de la extensión, para concluir en concepto universal. Según los grados
de abstracción señalados anteriormente se desenvuelven en su orden: la física, la
matemáticas y la metafísica.
Los conceptos constituyen el material con el cual es posible hacer ciencia, pero ellos
por sí mismos no son ciencia. Para ello es preciso ordenarlos de acuerdo a sus
relaciones a fin de conformar una ciencia. Esta, una vez establecida no puede perder
su contacto con la realidad, sino que, por el contrario, deben permanecer en
permanente conexión con ella.
Tomás, al igual que Aristóteles, divide las ciencias en generales y particulares. Entre
las primeras enumera la metafísica, la lógica y la gramática, las cuales aportan a las
demás los principios más universales y los métodos de investigación. Las ciencias
particulares comprenden la física, las matemáticas y la teología. Estas, por su parte,
dan origen a muchas otras ciencias.
Ontología (El Ser): La idea de ser es el concepto más universal y el primero que
conocemos, afirma Tomás. “El ser es el objeto formal de la inteligencia, como el color
y la luz son el objeto formal de la vista”, nos dice, lo cual significa que el ser se refiere
necesariamente a la inteligencia. El ente se caracteriza por estar presente en todas las
cosas, aunque no se identifique con ninguna en particular. Al respecto sostiene: “Por
esta causa no tiene una naturaleza determinada, ya que su sola naturaleza consiste
en ser la posibilidad de todo”. Existen, entonces, muchos seres, de muchas maneras y
modalidades. A partir de estos seres la inteligencia elabora por abstracción el
conceptos universal y trascendente de ser. En consecuencia, el ser es análogo.
La analogía nos presenta el mundo formando un todo, un sistema cuyas partes
participan todas en el mismo acto de ser. Por tanto, la analogía condensa la estructura
de lo múltiple, donde la inteligencia asigna sentido a todo lo creado.

Los seres naturales están compuestos de potencia y acto, materia y forma, esencia y
existencia. La individuación de los seres se da en virtud de la materia, mientras que la
forma los especifica. Para Tomás, la esencia y la existencia son reales en los seres,
no así en Dios en quien se identifican. Aquí Tomás se distancia de Aristóteles en la
concepción de Dios que ya no es el motor inmóvil, sino el Creador. En consecuencia,
los seres son creados y participan de las perfecciones de Dios. La participación la
entiende como el hecho de tener su propio ser, pero recibido de otro, por eso hay que
hablar también de la analogía entre el Ser y los seres.
Santo Tomás enumera las propiedades a partir del ser creado. En efecto, surgen de tal
concepción la participación, la analogía, la trascendencia, la categoría y los grados del
ser. Las analogías no son sólo formas de predicación sino fundamentalmente modos o
grados del ser, y los divide en sustancia y accidente. Las categorías son principios
unificadores. Donde el juicio y el objeto se comunican. Los trascendentales son las
notas comunes a todos los seres; unum, verum, bonun, res, aliquid.
Es precisamente la substancia, principio del ser, de donde partió Tomás para elaborar
la metafísica. De aquí la afirmación suya: ”Ser se dice absoluta y primariamente la
substancia ”la substancia primera es lo real individual y concreto. Al lado de esta se
encuentra la substancia segunda que encierra todo aquello que es idéntico a muchos
individuos. Se trata, entonces, de la naturaleza común, esencia o quiddidad. Tomás
acepta la multiplicidad de las substancias, pero rechaza su incomunicabilidad, ya que
toda determinación es alternativa en cuanto se relaciona con el resto del mundo. Lo
cual significa que no se puede pensar el ser sin la relación, y que es “la vida de las
cosas”.
Tomás sigue la doctrina del hilemorfismo, según la cual la realidad se la entiende a
partir de dos principios intrínsecos constitutivos de los seres. El uno, potencia,
indeterminada y determinable (la materia); el otro, actual y determinante (la forma).
Ligados a los anteriores conceptos encontramos el acto y la potencia.
La esencia y existencia, estos dos elementos son los que permiten a Tomás delimitar
la diferencia entre Dios y las criaturas. En Dios, Acto Puro, se identifican, mientras que
en las criaturas no, ya que son mezcla de actualidad y potencialidad.
El Acto de Ser. Este acto no se confunde no con la esencia ni con la existencia. Se
refiere al obrar fundamental, ya que ser y obrar se complementan. “Toda cosa
existente, nos dice, en vista a su obrar”. ”El obrar es, agrega, el fin de la realidad
creada”. Es decir, que toda creatura debe llagar a ser lo que es.
Causalidad. Las causas enunciadas por Tomás son las mismas de Aristóteles.
Dios. Tomás, al abordar el problema de Dios, señala que su existencia no es evidente
por sí misma. Por lo tanto, hay necesidad y posibilidad de demostrarla. Emplea,
entonces, el camino de la razón para probar la existencia de Dios, ya que de otra
manera no es posible lograrlo. Así, pues, la manera es la aristotélica de es de carácter
deductivo.
Tomás presenta la demostración de la existencia de Dios, en las famosas cinco vías:

Movimiento

Causas
Subordinadas

seres
seres más o menos Orden en el
contingentes perfectos
mundo

Motor Inmóvil Causa Incausada

Ser necesario

Ser perfecto

Inteligencia
ordenadora

El procedimiento empleado conjuga dos elementos. Primero, toma como punto de
partida la comprobación de una realidad fenoménica que requiere explicación.
Segundo, el tratamiento dado al fenómeno está ubicado dentro de toda una serie
causal que culmina en Dios. Estas conclusiones le permiten señalar los atributos de
Dios. Eternidad, Inmutabilidad, Simplicidad, Infinitud, Perfección, Bondad.
Demostrada la existencia de Dios, Tomás de Aquino expone las relaciones entre El y
el mundo. Estas relaciones son de causa a efecto. Por consiguiente, Dios es el
creador del mundo a partir de la nada. El mundo es participación de Dios. Al cual El
conserva y gobierna bajo el signo de una inteligencia ordenadora.
El mundo, afirma, es un todo constituido por partes interfuncionales, estructuradas y
ordenadas jerárquicamente.
Sobre el problema del mal en el mundo, Tomás lo deriva de la inevitable limitación de
las criaturas. Estas no reciben de su Creador la plenitud de las perfecciones, sino que
están constituidas de acuerdo a un orden jerárquico de perfección.
Antropología: El hombre está ubicado en el mundo, del cual forma parte, y ocupa en él
un puesto especial y determinado. En consecuencia, el hombre es un microcosmos, ya
que es la síntesis y recapitulación de toda la naturaleza.
El hombre está situado en el vértice de lo material y de lo espiritual. Por tanto, el
hombre corona y da sentido a todos los demás seres de la naturaleza, porque es el “el
grado más perfecto de vida”, y “el fin de todo el proceso generador universal”. El
ho9mbre, entonces, tiene un fin intrínseco a sí mismo, más allá del universo. En virtud
de la razón, que le permite conocer, y de la voluntad, que le permite ser libre, el
hombre se asemeja a Dios. Es más, el hombre está dotado de lenguaje que le permite
comunicarse, y mediante las manos puede proveerse de cuanto necesita, según
modalidades infinitas.
Tomás de Aquino al hablar del hombre como un todo constituido por la unión
substancial de un cuerpo material y de un alma intelectiva y virtualmente vegetativa y
sensitiva, enfatiza la unidad humana. Por consiguiente se opone en forma radical al
dualismo platónico, al monismo materialista y al maniqueísmo.
El alma: forma substancial del cuerpo, es individual e inmortal y creada por Dios. Está
toda en todo el cuerpo, y toda en cada parte de éste; como forma, le da la
determinación esencial a todo el conjunto.
La vida intelectiva, propia del hombre, es la que distingue esencialmente de las plantas
y de los animales. En la vida intelectiva aparecen dos modalidades de la misma. Una,
la cognoscitiva, que en la relación con el entendimiento constituye la facultad más
elevada del hombre. La otra, es la apetitiva y que corresponde a la voluntad, en virtud
de la cual el hombre es libre. Es claro, entonces, que para Tomás, el entendimiento
prima sobre la voluntad.
Dado que el hombre se encuentra situado en el universo compuesto de cuerpos
materiales o naturaleza, tiene la tarea de conocer, o sea, de separar lo universal que
contienen las cosas, mediante la abstracción. De manera que el alma entra en
contacto con el mundo por medio de sus potencias cognitivas y apetitivas.

La potencia del alma las reúne en cinco grupos: estos están integrados por las
potencias vegetativas; las sensitivas: sentidos externos e internos (sentido común,
fantasía estimativa, memoria sensitiva); las apetitivas (tendencias instintivas); las
locomotivas (movimiento local); y las intelectivas: pensar y querer, típicas del hombre.
Ética: El sistema de pensamiento del Aquinate culmina con la sistematización y
aplicación de los principios especulativos a la orientación del comportamiento humano.
Une, entonces, la concepción ontológica con la aplicación de los principios éticos. Es
así como el hombre está abierto a una serie de relaciones con Dios y con los demás
hombres. La razón de estas relaciones radica en que Tomás elaboró su metafísica
basada en la alteridad, en lo cual se distancia de Aristóteles, cuya metafísica se
mueve dentro de la totalidad.
La ética es una ciencia práctica que enseña a los hombres todo cuanto requieren para
lograr la perfección y la felicidad.
El hombre en su condición intelectual, se inclina hacia los objetos que aprehende. Esta
es la fuente de la actividad volitiva y, por ende de la cual participan todos los bienes
particulares. Pero resulta que la voluntad, l tender al bien en cuanto tal, lo que
encuentra son bienes particulares, dentro de los cuales tiene que optar. En
consecuencia, es al bien relativo, al que tendemos a lo largo de nuestra existencia.
Lo anterior señala la tarea de la ética, que consiste en indicarnos el camino más
adecuado de realización. Esta vía no es otra que el conocimiento y dominio de las
pasiones, la superación de los vicios, la consecución y cultivo de las virtudes.
En esta forma buscamos la felicidad real, y aunque ella sea relativa, es todo cuanto
podemos aspirar en este mundo, con la ayuda de las ciencias especulativas. El
conocimiento, entonces, nos permite entrever aquello que nos falta; por tanto, nos
conduce hasta la existencia de Dios, sumo bien.
Tomás precisa su doctrina ética, mediante la concepción de la ley. A ésta la considera
como el principio extrínseco que regula las acciones humanas, orientándolas hacia el
bien común. La ley procede de la razón, ya que esta es regla medida y, primer
principio de los actos humanos. Corresponde, pues, a la ley, regular los actos
individuales encauzándolos hacia la consecución del bien común de la colectividad. En
consecuencia, la ley no expresa las exigencias de la razón particular sino de la
colectiva.
Al preguntarse por el origen de la potestad legislativa nos dice: En efecto, esta
potestad únicamente le corresponde a Dios. Fuera de El, ningún particular lo puede
hacer, a no ser, o bien la comunidad entera, o la persona pública encargada de dirigir
el bien común. Al respecto, toma la ley como: “Una prescripción de la razón, en vista
de un bien común, promulgado por aquel que tiene el cargo de la comunidad”.
El planteamiento anterior lo fundamenta Tomás en la ley eterna, o ley primera. Ella es
fuente de la que se derivan todas las leyes. La entiende como la razón eterna de Dios
que rige todas las acciones, operaciones y movimientos de las creaturas. Los
hombres, entonces, participan de la ley eterna mediante la ley natural, la que, a su
vez, es participación de la eterna.
La ley natural es el primer principio de la razón práctica. Su primer precepto es hacer
el bien y evitar el mal. Sobre este precepto se fundan todos los demás. En cuanto a la
ley natural no cabe ignorancia, puesto que es una y única, inmutable y conocida por
todos los hombres en los preceptos comunes.

De la visión de ley natural, se desprende el que la ley positiva debe ajustarse y
corresponder a la anterior. En efecto, las leyes deben ser justas, morales, físicamente
posibles, acordes con el tiempo y el espacio, fieles a las tradiciones de los pueblos,
necesarias, aptas para el fin propuesto, promulgadas y orientadas al bien común.
Ética social y política. Tomás lo mismo que Aristóteles, concibe al hombre como un ser
social por naturaleza. Ciertamente es un hecho indiscutible. El hombre no se basta a sí
mismo, ni puede llegar a humanizarse si no es dentro de la comunidad la cual es
natural. Es, entonces, dentro de este contexto en el cual podemos satisfacer las
necesidades, comunicar nuestros deseos, sentimientos, pensamientos y asumir una
vida humana completa en vías de perfeccionamiento.
La sociedad y, por consiguiente, el hombre, es un proceso que implica necesariamente
la colaboración de sus integrantes para constituirla en la realización del bien común.
Este incluye, sin lugar a dudas, la participación equitativa de los bienes económicos,
culturales y políticos, puesto que su función es social.
Tomás es enfático en plantear el bien común. Este siempre está por encima del bien
particular, lo cual no quiere decir que lo anule, sino que, por el contrario lo garantiza a
todos por igual y sin ninguna discriminación. De manera que el bien común se
fundamenta sobre la alteridad aporte verdaderamente original del Aquinate.
El Estado: La sociedad necesita de un orden común que le permite lograr su cometido,
el bien de toda la comunidad. Dicho orden lo da la autoridad establecida, mediante la
cual se constituye el Estado.
La finalidad del Estado radica en conducir a todos los ciudadanos a una vida feliz y
virtuosa, a una paz estable basada en la justicia, y en última instancia a la felicidad
plena de Dios.
Tomás, por razones históricas, plantea la monarquía como la forma de gobierno más
perfecta. Sin embargo, está de acuerdo en que sería bueno matizarla con otras formas
para evitar la unilateralidad. No obstante, acepta como buenas y legítimas formas de
gobierno todas aquellas que procuren el bien común, la paz y la prosperidad. Malas
formas de gobiernos serán aquellas que se opongan al programa anterior. No duda,
entonces, en catalogar la tiranía la peor y generadora de corrupción, puesto que en
ella el gobernante actúa ordenando el bien común de la comunidad al suyo particular.
BIBLIOGRAFIA:
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