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I

\rAL QLIE eABALCAMOS
ORACION ACERCA
DE LA DICNIDAD DEL HOMBRE
Crov,qNNr Plco DELLA

SEÑA1,.]UE CABALCAVIOS

ñltR\Noor¡

49

INTRODUCCION
I

i Cómo poder comprender hoy en día esa sensación de tener

el mundo entre las manos, tan propia del hombre del Rena_
cimiento? Pico della Mirandola (t+o:-r+g+) es una de esas
individualidades gigantescas que se aproximan al ideal
universalista de la época. Como León Battista Alberti, como
Leonardo, como Miguel Ángel, representa un nuevo tipo humano que preiende abarcar la totalidad de las gamas del
saber y del actuar, que se esfuerza por cultivar la integridad
de sus facultades físicas e intelectuales. por ello, a primera
vista, su divisa "De omni re sctbili" (,'De todas las cosas
que pueden saberse") puede parecernos un alarde de vanidad. A Voltaire se lo pareció, y con la ironía que le era pro_
pia
siglos más tarde-, la caricaturizaba añadiéndole
-tres
la coletilla "Y de otras más". Gestos ambos representativos
de cada una de esas épocas: simbolizan dos etapas del
hu ma n ismo.

y la tremenda tensión perceptible en su obra para conciliar dos ideales ya divorciados,
La erudición de Pico, su precocidad

J- ¡),,,,'ie?"tlt
't?.il*"r,,.

,,.;.¡¡,lo1r¡u.i.,i

Y

'

floo

,", Clu$r

vL€crs'c['cl'

t

"Era alto y modelado finamente; habÍa en su rostro el resplandor de algo divino. Se había familiarizado con.todas las ramas

de la f¡losofía'y hablaba casi todas las lengrias conocidas"
dijo de él uno de sus compañeros de tertulia en el palaci'
florentino de los Médicisl- cuando intentamos reconstruir
imaginativamente el ideal de hombre de la época renacentista
hay algo que se nos escapa, que nos parece excesivo. Si unc
de los rasgos de formación del hombre de nuestros días es la
especialización creciente como imperativo, se nos hace difícil
entonces comprender el universallsmo de la formación v de la
accion del hombre del Renacimiento.

l'h,l.''{ -1
T^l,o
\_

el srervo arbitro der inteiecto y er ribre
4rbitrio der interecto.
Aristóteles en la versión escorástica y pratón en ra versión
renacentista, las exigencias del espíritu y las exigencias de
la

razón, nos posibiiitan el considerarlo justo en el umbral de
dos
mundos, la exacta representación del Renacimiento.

-io

i tn este discurso_oraciron se contirene, a manera de sÍntesis, el
g manifiesto del Renacimiento, la formulación de su idea de la ,,

-:,naturaleza
humana de manera abreviada. y¡ uu
de una
uttq ttotutotE¿d
,+
naturaleza
/_humana que es vista

(L''r".c"¡ic,¡r.
_
| -i

como intermediar¡a
rrurrq sr¡LrG
entre c)pt¡il.U
espíritu V
y llldtg_
,ut._ñ,1.i
ici
l..,CI/icv
[rcv
ria.
El
hombre
actúa
entre la divinidad y el mundo terrenal. si Lc"..r:
í cr... $
,fi
,sr¿,c, $cultiva la inmensa gama de sus facurtades, si se apodera oercl,lf'
3 árbol del saber, tenderá a hacerse como Dios; si rehúsa .rrti- 11'*"
uur sus facurtades
facultades dedicándose a ra
la vida vegetatir,
:) ¿
las bestias. De cualquier otra manera, lo esencialmente distin- I
,u? íá"
-r ¿ i:i to para el humanista es que al hombre,,le es dado tener lo quu I
i :l{; elija, ser lo que qlriera", es decir, ser dueño de su destino. No t
o: aoye[irs,e resonancia de la anterior formulación
Tf'
;:¿ gi;::jT Píco en el célebrelapensamiento
de pascar (pensdes, :+2.
íi;y.¡tomRilación de Leon Brunschigg): "Toda nuestra dignidad con¡/ siste entonces en el pensamiento. De ahí es de donde tenemos -: :.1 s ¿
elevarnos y no der espacio y der tiempo, que no sabríamo.
I F'
i,sé 4 que
llenar. Trabajemos, pues, en pensar bien; he ahí er principio
de i *
la moral"
L;,
S

YvLc

lJ

,

vegetatir;;;;..r;
;;; ;;
t

i-;
i L

L:ygc.

4'.\*

:.

'J

Tiene veinticuatro años pico cuando escribe su oración-c¡scur-FF;lr
so. Y elige deliberadamente la forma de disputa filosófica, iouf,?
ma del debate inteleciual en la filosofía escolástica, por la quel
también optará Lutero en varios de sus escritos, comenzand"
nnv
f,^
\^/."..1-.-L,
-. A,
por l¡la {^^i^
tesis ns¡ de
würtenberg. Es ra que se presta más a
:
Ct
desafió al
al roin
nr¡o cinnifin¡
,
desafió,
reto que
significa l^^^.
^,.^ r^-^tener que
tomar partido por el
t_X

i
f ;
ia
un i a
\,r\

-

Cr-

ñ
A

s

tletelrrler arrle quren fuere, cual caballero del intelecto. otra de
sus nráxlrnas define ese intento integrador, totalizador del saber, tan característico de Pico: "La filosofía busca la verdad,
teología la descubre y la religión la encuentra"; Y efl cuanto a la

libre arbitrio intelectual, en ei caso de Pico, o contra la Jerar
quia, en el caso de Lutero.

la

como señala el historiador italiano especialista en el Renaci-

miento,EugenioGarin(fallecidoafinesde2004'renovólos

religión, su búsqueda lo conduce a la kabbala, cuya secreta
tradición es él quien la reintroduce en Occidente; natla de lo
humano le era ajeno, pues, y esta "Oración acerca de la tltgtti
dad del hombre" permanece como un mensaje a los ftuttlalli:;
tas de todos los tiemPos.

estudiossobree|períodoynosha|egadounasemblanzamuy
la fascicompleta de Pico a la luz de documentación inédita),
joven
aristócrata, desnación por la ambigüedad conduce al
pués de un afanoso recorrido por diversos centros de saber
(Mantua, Bolonia, Padua, Pavía y París, conforman ese itinepretensiones
rario), a abandonar en todo caso su entorno de
ltalia' y a
caballerescas y nostalgias feudales, en el norte de
brainstalarse por fin en la mercantil Florencia, una ciudad de

[¡s ii

-4ü
ü[¿

L¿.

vastradictonespopuIistasyendondebu||enIasnuevasideas.

!$f..,\

PorciertoqueunodesusIegadosmateriales,subib|ioteca,ha
sido sometida a un detallado escrutinio por los historiadores
del período. Conformada por 1190 títulos, cifra descomunal
particupara entonces, la más voluminosa en posesión de un
lar (recordeffios: la imprenta y la industria editorial balbuceacon un
ban apenas, se hallaban in nuce, en su cuna) reunida
que
desque
a
lleva
criterio amplio y refinado, el más certero,
a
pués de su muerte se la disputen varios potentados' yendo
parar finalmente al Vaticano, donde hoy se encuentra en un

[\e,\

fondo especial.
A su manera, todas las obras de Pico representan un desafío'
Tambiénesundesafíosupropiaedad,a|osveinticuatroaños
profeatreverse a disputar con los doctores de su tiempo' los
y
la misma
sores de las universidades. Escribió asimismo, en

formadedisputa,yparalacuallaoración-discursovendría
siendo un preámbulo, novecientas tesis que se comprometía

n

a

v¿

La traducción empleada es la de José María Bulnes Aldunate,
de la universidad de Puerto Rico, quien con buen sentido procuró hacerla literal, conservando el orden retórico de la frase
latina, para dar cuenia más fielmente del ritmo de pensamtetlto del "príncipe de los humanistas". Para hacerla más cotnprensible al lector de hoy, hemos acudido a las notas elaboradas

para otra edición por Pedro Santidrian.
Fernando Cubides C.
Profesor Titular

Departamento de Sociología
tJnilterstcJad Nacional cle Colambia

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ORACICI'.I ACERCA.

DI

LA DIGf..IIDAD

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HOMBRE

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fri..,iv1$,tr'.krtk*

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"tf-) ulv\a(tüü
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Leí, Padres venerabilísimos, en los escritos de los árabes,
que interrogado Abdala el Sarraceno' sobre qué se le presentaba en esta como escena delmundo como máximamente digf[r,*air r,i,* ci\ri
no de admira¡, respondiera que nada se le presentaba más
Yuí?¡ €,!4¿u''e .\Ycl
admirable que el hombre. Con cuya sentencia se acuerda aque- l,^ f,q r ev ¡r,"^.tct\
"
llo de Mercurio2: "Grande milagro, oh Asclepio3, es el hom-

--

bre" (1). Pensando la razón de estos dichos no me satisfacían
aquéilas que en gran número son traídas por muchos sobre la
preeminencia de la naturaleza humana: ser el hombre el intermediario de las creaturas, familiar de las superiores, rey de
las inferiores; intérprete de la naturaleza por la perspicacia
de sus sentidos, por la indagación de su razón, por la luz de
su inteligencia; intersticio entre la estable edad y el tiempo
fluyente, y (como dicen los persas) cópula, y cual himeneo,
del mundo; apenas menor que los ángeles, según el testimo-

LPudiera ser. entre muchos, el primo de Mahoma, o tal vez "Abdallah ibn al'
Muqaffa" (l18-775), conocida figura de las Ietras árabes y traductor del famoso
libro Kalila wa Dintna.
2 Mercurio o Hermes Trimegistro ("tres veces grande"). AsÍ identificaron los
griegos al dios egipcio Tat, Thoth o Theuth, uno de los personajes de los diálogos
que reúne el Corpus hermettcum y el Ascieplu-s (100'300 d. C.).
3 Asclepio, otro de los personales divinos.
R

nio de David (2). Grandes cosas éstas ciertamente, pero no las
principales, esto es, que vindiquen por su solo derecho el
privilegio dé la suma admiración. il'or qué, en efecto, no
admiraremos más a los ángeles y a los beatísimos coros del
cielo? Pero finalmente paréceme haber comprendido por qué
el hombre sea el animal más feliz y por ende digno de toda
admiración, y cuál sea precisamente aquella condición que
le tocó en suerte en la serie del universo, envidiable no sólo

por los brutos, sino por los astros, como por las mentes

ultramundanas. iCosa increíble y admirable! iCómo no? Pues
a causa de eso justamente el hombre se dice y se tiene por ser
un milagro grande y un animal ciertamente admirable. Mas,
cuál pues sea ésa, oíd, Padres, y prestad benignos oídos por
vuestra humana generosidad a esta mi obra.
Ya el sumo Padre arquitecto Dios había fabricado según las
leyes de una arcana sabiduría esta morada mundana cual la
¿-I
. vemos, templo augustísimo de la divinidad. Había decorado
^¡ri¡x,+r- ii Li'1i '-{ con mentes la región supraceleste; había avivado con almas
flirtlrl-!¡'e[!úeternas los etéreos globos; había llenado con una turba de
,'i"f I
todo género de animales las partes excrementales y feculentas
del mundo inferior. Mas, consumada la obra, deseaba el artíI
(iao nrrol¡rr}rio¡a
Y
¡lmrionrro
nnn,-{orcrc
lr
¡¡-An
fice
que hubiera alguien
que ponderara
la razón,
que amara
o'n'6lc$-' la belleza, que admirara la magnitud de obra tanta. Por esto,
lilt ,'t..",t estando ya acabadas todas las cosas (como atestigua Moisés y
(3)), pensó al último en producir al hombre. Pero no
1¡u,It
"¡torfrr{imeon
tutbía
h<cin,,

iirn

i),oi
¡

Tinreo de Locres, hombre público y sabro, que presenta Platón en el diálogo del
mismo nombre, una de sus obras capitales. Trata el Timeo de los orígenes del
universo y del hombre.

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Plce oert q MtnRÑool¡

t'l ttttt'vtr litr't¡t" ttt t'tt
arquetipos cle clónde ttlrlal
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herencia al trlte vtt lriio' tti trtt
Ios tesoros qué al'argar en
se sentara este corrtemplatlor'
sitiales cle todo et oÁe dónde
ilenos; todos' tanto en los sudel universo. Ya tocios estaban

i\i'l l"( l\ l'l '11\ 1)l('llll)/

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l)l I I,l()Mltl{l

clecrettl cle tu
lrt ttlttl',; ¡rotll'as rugtlllcr¿lrte, st:grtlt cl
t'tt li¡s stt¡reritlres tluc son clivinas" '

t-rabía en los

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mos,meclioscomoínfimosórdenes'habíansidodistribuiclosF-e'

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y en deber adI s u Ina libe raliclacl de Dios padre' suma
lo que
telicidad del hombre a quien es dado tener

\... ntir'¡blc

I\
Itr [;vj"rr
I
1

)

esprritu'

,
en cambio'
ellla, ser lo que quiera! Los brutos tan pronto'
Lucilio' (5)' de la bolsa
como nacen, consigo traen' como dice
de poseer' Los supremos
cle la madre, todo lo que habrán
fueron aquello que
espíritus o desde el inicio o poco después
En elhombre nanuU¡u de ser en las perpetuas eternidades'
de toda especie y gérmenes de todo género

que defeccionara
propio de la paterna potestad
hechura; no era de su sabiduría
como ineficiente en la última
por faita de recursos de consejo;
vacilar en una cosa necesaria
que habúa de alabar en los
no de su benéfico u*ot q"" ü""f
en sr
fuera obiigado a condenarla
otros la divina liberaliclad
aquel
el óptimo artesano que a
mismo. Estableció finalmente
todo lo
de p'opio le fuera común
a quien nuau poOiu darle
Así' pues' acoq* f,rutu exclusivo de cada uno de los otros'

(-l). Pero no era

ciente, simientes
según cada uno las culüvare'.
de vida infunde el Padre; las que,
.
vegetales' planta tlqt;r#;.'1
crecerán y llevarán en él sus frutos' Si
'ao,,,

hará.sisensuales,embrutecerá'siracionales'llegará^se\ú'i",Ft't'
animal celeste. Si intelectuales, ángel

de indiscernible imagen y'
giO uf hombre como obra
"No
del mundo' así le habló:

t::i*::t"""".:::SlJ

fuWí

si,nocontentoconlasuertedecreaturaalguna'serecogies"tld;[
haciaelcentrodesuunidad'hechosuespírituunocon'1o.t'ü,'\*L'"
Lo*: pn la solitaria calígine del Padre, aquel gue fue.;ottntttoo,,.7¿nr",

habiéndolo puesto en el meollo
\ \tlíf
r
un aspecto propio' ti t"toT"ldu
fi=Jnlct
un determinado asiento, ni
I
dlmos'orl¡lLrcrrt/
te
'.'^";-"^t:.,^ lr.
-T.\r*11 füurcúvat",tqlrobre todas las cosas estará delante de todas. .O*::,:: iil_\
alguna peculia¡,
que tú mismo
quién afmi-r"rrr" d*lti*l
--'- absolutamente'
este nuestro camaleón? iO'
rará
ralac5lgll|.lsJlrvLqr¡rq¡vv¡^'
'o
<>-5
to, aquel asPecto, aquellas encomiendas obtengas y
It irr t'Jt'ir.
las
(t
sentencia
tu
é1, con argumento no sin mento, E+l
de
según
Acerca
voto,
más?
tu
cosa
otra
rará
deseares, según
t
J^-,<. ootÁ ¡nnfinadá
'
confinada 1':'detimitada de los demás está
ot:l
Ateniense' dijo que P:'
lln'Hl"-,lAsclepio
clt [-' r'v" aii
:To^11ljll^^iet?,=Q
po'
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s e simbotiz uu u p o''1
¡o,
nosotro''
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"i"gu"a
dentro de leyes prescritas por
^ir,"aquellas."'"0T.1"^'^"::: \._'+
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en manos del cual te puse' +
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rrera confinado, según tu arbitrio'
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rrrurr:: te puse Para que - L' ilf!ú4tl)
del mundo
medio Lrt:t
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pitagóricos' En efecto' aun la más secretu lo''f
' ' ír'.n eI
los hebreos ylos
la tuya prefiiarásiJbn
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^,,- haYi:¿*s'¿É €;{¿' turll
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7 Dios marino de la mrtología griega' hijo de Poseidón'
tú mismo enla forma que
artífice, te plasmes y esculpas
los
cambiar de forma a voluntad
las cosas inferiores que son
fieras. Podrás d"ge"e'u' en
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teología de los hebreos transforma ya al santo lrrroch8 en ¿ingel de la divir-ridad, al que llaman ¡'l¡¡fñ y1s lMalakhhnshekinahl, ya a otros en otros númenes 17). Y los pitagóricos
convierten a los hombres criminales en brutos y, si se cree a
Empédocles, también en plantas (,9). Imitando lo cual Maho
ma repetía frecuentemente y con razón ciertament", 'gui"r j;[J
de la ley divina se aparta, en bruto se convierte". No es en ¿r\h;,¿ p
verdad la corteza quien hace la planta, sino la estupefacta e (6q,,s¿*el ,
insensible naturaleza; ni el cuero a las besdas de carga, sino el
[,;ryr¡li.l
alma bruta y sensual; ni el cuerpo orbicular al cielo, sino la €v-\ L¡,ü
rectá razón; ni la separación del cuerpo, sino la inteligenciu t"or-1 .L
espiritual hace al ángel. Si, pues, vieres a alguno dedicado al L'( r3vú^
vientre, hombre serpiente de la üerra, vegetal y no hombre es
el que ves; si a alguno casi enceguecido, como por Calipsoe,
por las vanas fantasmagorías de la fantasía y reblandecido
por su excitante atractivo, esclavo de los sentidos, bruto es y
no hombre el que ves. Si un filósofo que con la recta razón ti h.
todas las cosas discierne, a éste venera: animal celeste es, no -7
terreno. Si un puro contemplador ignorante del cuerpo,
recogido en las secretas moradas de la mente, éste ni es
terreno, ni animal celeste, éste es un numen más augusto
revestido de carne humana. ZQuién, pues, al hombre no

admirará? Que no sin motivo en las sagradas escrituras
mosaicas y cristianas ora se le designa con el nombre de
I

Uno de los patriarcas del Antiguo Testamento, hijo de yéred y padre de Matu.
salén. cf. Génes¿s 5. 21. El libro de Enoch se considera como uno de los primeros
"Apocalipsis' apócrifos.

e Ninfa, hija de Océano y de Tetis, reina de Ogigia, que reiuvo a
Ulises con sus
encantos siete años.

,,,,r,,

l,,l 'ii:l tit;r\ lrt tA t)l{if.,t [)Al,-,r,.,

,irrn.

"t,rl¿r r';tl''("" ora co. cl de "t.da
creaturar, clesde que él
t'nisrrro se ¡rlasrna, fabrica y transforma a sí mismo en el
as_
pecto de toda carne, en el ingenio c1e toda creatura (9). por lo
que escribió Evantes persar., allí donde expone la teología
caldea, no ser del hombre una propia y nativa imagen, sino
muchas extrañas y adventicias. De donde aquello cle k;s
&tj",ldc caldeos":.ilty: nliJ:E nE¡t E¡t¡g $n Ul¡! lEnosh ltu
rv.{'c5fttrc;t shinnujim ueknmntah tebhaoth hajl, esto es: el hombre es un
r ' loic ¡'¡{,. animal de va¡ia como
f
multiforme y tornad iza naturarcza. r,ero,
ea qué estas cosas? A fin de que comprendamos, aes,le
que
[:ht-¿. hemos nacido en esta
condición, de que seamos aqueilo que,
queramos ser, que nosotros debemos cuidar por encima dei
r-"-. todo de esto; que en esto en verdad de nosotros no se,riga.
que estando en honor no supimos que nos hacíamos semeCll_:,: jantes
u,rlo,,'h,"i
a los brutos y a los inslpiq¡Ies jumentos ( l0). pero vale
, más aquello
de Asaf profeta,2l l t1: "Dioses sois e hijos todos\
i.,l W Jr..:r,.r
del altísimo", para
j
* que
-1*- no sea lluL
que quuoqrruu
abusando L{c
de la
rcl rt-)
{t¡
il'.L LL,{J
i^dtlSentísima
liberalidad del Padre,la libre opción que el
,\t.nLut , ,
I i
\
nos
concede,
de saludable nos la hagamos nociva. Invada ul
* flrii"'l
Li
''
espíritu éierta ambición sasrada a fin de que, no contentos ?
con

medio.¡au#ñffios

ras cosas más artas v nos

em-

entpeñnnos
con,gran inftuencia en tos filósofos presocráticos,

F

tr

.i.

T
c{€
,_á

i']"i:11.^r,^li^U::l:
l"r,.r
oalmente
pitagóricos
(srglo Vl a. C.)
"rpu.*j
1r rrátese o no aqul de ros
orácuros caldeos, obra der tiempo de Marco Aurerio, . É
todo esto corresponde a ra m¡sma tradición rerigiosa y riteraria iraní que,
con sus /-\
equ¡valenies egipcia y ¡udía, era invocada en ese entonces como fuente

importan t*- '

te por el hermetismo neoplatónico y por el gnosticismo en general.
ll2 Asaph, de la tribu de Leví.
hijo de garaquias, director del coro de los músicos
levitas que constituyó Davrd para honrar a Dios ante el arca en
medio del taber, o
náculo (/ Paralip.6,39 y 15. 5)

tz
13

.

r]RAtJItJN AL1ERC.A

rvAlrNi PICO rtr-Lr,c M rn¡¡lotli-¡

pcñr-mos con todas las fuerzas en aicanzarlas (to-rla-v

It ft,t,¿t

cl(¿"

que están sobre el cielo y que, como
en Job,
con himnos desde antes de apurrtar el
alba 1l-{1. El rlue es Serafín, esto es, amante, en Dios está, y Dios
en é1, o mejor dicho, Dios y él son uno. Grande es la potestad
de los Tionos,la cua@do;
suma la sublimrclad de las Serafines,la cual alcanzamos amando. Mas, ien
qué forma alguien puede juzgar, o amar,lo que no conoce?

-cligoa Dios .rlaban

los sagrados misterios,los Serafines, ios Querubines y ios Trono
nos13 poseen las primeras sillas ( t2); de éstos, nosotros

-ya

nada inferiores.

Mas, Zpor qué manera y, en fin, haciendo qué cosa? Veamos lo que ellos hacen, qué vida viven. Que si nosotros la
viviéremos (pues podemos), ya habremos igualado la suerte
de ellos. Arde el Serafín en el fuego de la caridad; fulge el
¡
Querubín en el esplendor de la inteligencia; se alzaelTrono | -lr'¿,,'l*

parejamente nos ilumina; éste es el nudo de las O.r*.r"r"l,.rh.;
mentes, el orden paládicoln (15) que preside a la filosofía\t¡q.."d*
contemplativa; éste por nosotros ha de ser emulado prime-cl..\Jr'-.{L,ce^.!
ro y rodeado con afány comprehendido hasta el punto a"r-\i.frlg*.(.
de donde a las cimas del amor seamos arrebatados y, a lasü*-f.e,^r*.
responsabilidades de las acciones, bien instruidos y preparados, descendamos. Mas, en verdad, es el precio de esta
obra, si a ejemplo de la vida querubínica la vida nuestra se
ha de modelar, tener ante los ojos y en contante qué y cuál
sea aquélla, cuáles'las acciones, cuáles las obras de ellos. Lo
cual, como no nos sea lícito conseguirlo por nosotros mismos/ que carne somos y gustamos las cosas que son de la
tierra (16), acerquémonos a los antiguos padres, que de estas
cosas, como de familiares y connaturales, pueden proveernos testimonio cierto y abundantísimo. Consultemos a Pa-

en la firmeza del juicio. Así, pues, si entregados a una vlda ^+- éh
activa, el cuidado de las cosas inferiores con recto e"a*e.tfu1e*lt^
asumiéremos, en la estable solidez de los Tionos nos afuma-'q L*S
remos. Si de las acciones descargados, meditando en la obrd.l*u'" "dndsl
l-';
ll"'' lc1
el artífice y en el artífice la obra, en el ocio de contemplar nos fau;r

14

6,2 ss.)

/'

t¿.lc!
!- ¡.rVt\

[*.,1..(

¡,.,
I"Jl.ii r (.tV't" t

'.

\juieitttot.

,

ra Ordo patla(tlcus, aparte de entender ia alusión a Palas, no se tiene
t¡ene n¡nguna
nrnguna
inorcación p¡ecisa de esta designación.

\,1irl\
\r)

i'I

' frf*trüfr*'<.n1.,
('n S'¿,.,
S't" f'I'J',.,^[ t: e*
et\,\üL

{.Gw^fu,t^.1t

I

pabro

\

1].,¡t,ir
i

r
II
I

d:V

l,r'

,

Y¡.;0,,7 .

1

Amó Moisés a Dios, a quien vio, y, juez, administró en el
\
pueblo aquellas cosas que vio primero como contemplador
I
en el monte. Por tanto, mediador, el Querubín con su luz al
seráfico fuego nos prepara y al juicio de los Trono- ¡'no'\tl''

sabiendo ceder y no sufriendo las segundas-,la dignidad y
ia gloria emulemos. A ellos, como lo queramos, seremos en

r3 Ordenes angélicos en la teología cristiana. Véase /saias

LA I)ILlNIT)AD DEI H()N]13I?.i

aguas ( lJ), esas

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deceremos. Si ardiéremos únicamente por el amor al artíficed{ Lrrfcr*
mismo, en su fuego que consume, de rribi,o, en seráfica ¡i- P'"tü'
gura, crepitaremos. Sobre el Trono, esto es, sobre el justo juez,
tiene su asiento Dios, juez de los siglos. Sobre el Querubír t I
esto es, sobre el contempladoq, vuela y---<omo incubarldolJ Cj::::lo abriga. El espíritu del señor, en efecto, se mueve sobre las til,..¡!r't¿r

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trierrrlt'rt v clesciendell" Así ciue si esto mismo hemos de pracal ser subli1 l7-)' que él mismo
elección
c1e
vaso
blo apóstol,
iquién
ticar nosotros, imitando la vida añgélica, pregunto:
ejércitos de los Querubi_
activos
los
vio
cielo
te¡cer
al
mado
; i.
alcanzarála escala del Señor con pie sórdido o con manos
de acuerdo cori la interpretación de
Oesponderá,
tOl.
f
Ct' 1"1^ti poco limpias? Al impuro, como guardan los misterios' es
".,
luego iluminados y'
Dionisiors, que ellos eran purificad'os,
,,VYr:;'::"r, impiedad alcanzar lo clue es Puro' Mas, icuáles son estos
(19); luego' también nosotros'
finalmente, perfeccionados
,1fLt'r"'
es aquepies?, Zcuáles estas manos? Ciertamente pie del alma
la
por
/
dominando
querubínica'
vida
la
tierra
emulando en
lir, [.r,,
ü
llr,
[.r.,,
ila parte despreciabilísima con la que se aPoya en la materia
disipando porla dial:
)'olnl.'''"
ciencia moral el ímpetu de los afectos,
i
-\
.o*o en el suelo de la tierra; la facultad, digo, nutriz y susde la *V'tt{l
ir,*rr.,dicias
tu,
limpiando
't":'t:t
razón,
la
de
caiígine
la
ctica
t'
tentadora, yesca de la libídine y maestra de la molicie voa fin de que ni
alma
el
-e
"
'
purifiquemos
vicios,
los
y
i
ignorancia
b $ ¡tlc
luptuosa. iManos del alma, por qué no llamaremos a lo
ni larazón impru- ,,r,\$' cl
lás afectos a ciegas bailen bacanalmente
irascible, que, Propugnador de la apetencia, para ella comcompuesta y
dente llegue a delirar' Entonces al alma bien
bate y, bajo el polvo y el sol, predatorio arrebata aquellas
reparadainundémoslaconlaluzdelafilosofíanatural,para
A estas
cosas que ella, dormitando en la sombra, devorará?
en el conocimienque finalmente la llevemos a la perfección
manos/ a estos pies, esto es, a toda la parte sensual en que
nuestros no nos
to de las cosas divinas' Y a fin de que los
tienen su asiento las seclucciones del cuelPo qne manbienen
cuya imagen resbasten, consultemos al patriarca Jacobtt'
no
al alma, corno dicen, con el cuello apretado (21)'para que
recordará el paplandece esculpida en sede de gloria' Nos
seamos rechazados de la escala como profanos y polutos'
de abajo'
dre sapientísimo que durmiendo en el mundo
lavémoslos en la filosofia moral como en un río vivo. Pero ni
de una
medio
por
recordará
nos
Mas
arriba'
de
el
en
velaba
esto será suficiente si queremos ser comPañeros de los í.9.unas escafigura (así acontecíanles todas las cosas) que hay
bien
les que discurren por la escala de ]acob, si no fuéremos
lastendidasdesdeelfondo-delatierraalaspartesmásaltas
capacitados e instruiclos primeramente en rlovernos debien cuyo
del cieio divididas en una serie de muchos grados'
damente de un grado a otro grado y a nunca deorbitar de la
contemremate el señor está sentado (20)' Y que los ángeles
vía de la escala ni a estorbarnos unos a otros ei recorrido'
aspladores, por ella, a uno y otro lado' alternativamente'
Una vez que hayamos conseguido esto por medio dei arte
L5MonjeanÓn¡mo(siglosV.Vld.C.),conocidocomoPseudoDionisioAreopagita'
discursivo o del raciocinio, ya Por el querubínico espíritu
Unade|asfuentesmáSimportantesdelpensamientomedieva|ese|con¡uniode
autor se presenta allí como
animados, por los graclos de la escala, esto es, de la naturaleescritos que forman el Corpus areopagtt¡cum' Su
la muerte de
que
acompañó
sol
de
eclipse
del
testigo
Pablo,
a cendiscípulo de San
za, filosofantes, afuavesando todas las cosas de centro
Crisio. etc

(Génesls 28'
r6 Jacob, nieto de Abraham, hiio de lsaac. Tiene el sueño de la escala

de lsrael'
10'12) y lucha con un ángel de quien recibe el nombre

t6

WÉü¡É,- -_

tro, ora descenderemos desgarrando con fuerza titánica lo
1-l

TToVANNI

\,

()RAClO¡t AItERCA DE LA DtcNtr)AD DFL H()Mt3RE

Flco orrrR MlnRNnrlrR

sublirne así nos levanta clue somos colocacl<¡s entre los más
altos clel Señoq, sólo la filosofía en nosotros las contendrá
enteramente y las calmará. La moral, si nuestro hombre pidiera sólo tregua de sus enemigos, primero abatirá las desenfrenadas correrías del bruio multiforme y las querellas,
iras e ímpetus del león. Entonces, si aconsejándonos mejor
deseáremos la seguridad de la perpetua paz, venclrá aquélla y
nuestros votos colmará generosamente, puesto que muertas
una y otra bestia, eomo puerca herida'e, santificará entre la
carne y el espíritu un inviolable pacto de santísim apaz. CaImará la dialéctica las turbaciones de la razón agobiada
angustiosamente entre las pugnas de los discursos y las trampas de los silogismos. Calmará la filosofía natural las disputas
y disidencias de la opinión que vejan, distraen y laceran por
todas partes el alma inquieta. Y así la aquietará que nos haga
recordar que la naturaleza es, conforme a Heráclito, nacida
de la guerra, por esto de Homero llamada contienda (26),y,
por lo mismo, que en ésta ella no puede prestarnos un verdadero descanso y una sólida paz, qlre esto es encomiencla y
privilegro de su señora, es deci¡, de la santísima teología. Aquélla misma es el camino que nos mostrará y, compañera de
viaje, nos guiará a ésta,la que viéndonos acercarnos afanados, desde lejos gritará: "Venid a mí los que trabajasteis; venid y yo os restauraré; venid a mí y os daré la paz que el
mundo y la nafuraleza no pueden daros" (27).Tandulcemente llamados, tan benignamente invitados, con alados pies,
como terrestres Mercurios, volando al brazo de la beatísima

muliipliciclad, c()mo Osiris,', ora ascenderemos
recogienc]o con fuerza apoiíne;r'n la multipiicidad, como los
miembros cle osiris, en el uno, hasta que, en el seno del Pa.lr,o en

l¿r

dre, clue sobre la escala está, finalmente descansando, seamos
consumados en la teológica felicidad. Preguntemos también

al justo Job, tlue entró en una alianza con el Dios de vida
antes qtie él mismo naciera a la vida, qué cosa el sumo Dios
clesea más en aquellas decenas de cientos de miles que lo
asisten (22): la paz, ciertamente responderá; próximo esto a
aquello clue se lee: 'Aquel que hace lapaz en los cielos" (23). Y
porque las admoniciones del orden supremo, el orden meclio l¿rs interpreta a los inferiores, las palabras del teólogo Job
nos las interpreta Empédocles el filósofo- Éste, la doble naturaleza sita en nuestras almas -de cuyas partes por una somos
elevados a la altura de la celeste, por la otra arrojados a la
hondura infernal-, nos la simboliza por la disputa y la amistacl, o la guerra y la paz, como atestiguan los versos' En ios
cuales se queja de que é1, mo'¿ido por la disputa y la discordia, semejante a un furioso, proscrito de los dioses, es arrojado a lo profundo (24). Múltiple es, en efecto, Padres, en
nosotros,la discordia; tenemos en casa guerras intestinas más
graves y peores que €iuerras civiles (25)' Las cuales, si no las
quisiéramos, y si quisiéramos alcanzar aquella paz que a lo

ü

{

Ir

l7 Muerto y despedazado por Seth, sus miembros quedaron dispersos, hasta que
lsts vuelve a rcunirlos.
18 Plutarco (siglo la. c.) establece la semelanza entre los ritos oe 0siris y de

Dionisos y explica el contrasie en que Apolo viene a ser el principio de la simplici
daci, unidad y púrc1a, y Dionisos el cle los carnbios, metamorfosts y división. Ésta
es la doctrina esotérica conocida por los iniciados.

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Víctima inmolacla en el sacrifrcio

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madre, gozaremos en la deseadapaz; en la paz sanfsima, en
la indisoluble unión, en la amistad concorde, por la cual todos los espfuitus no sólo se acuerdan en aquella única rrlente,
que está sobre toda mente, sino que de cierto modo inefable

vendrán a fundirse en uno solo. Esta es aquella amistad que
los pitagóricos dicen ser el fin de toda la filosofía; ésta es
aquella paz que Dios obra en sus alturas, que los ángeles descendiendo a la tierra anunciaron a los hombres de buena
voluntad (28), a fin de que por ella los mismos hombres ascendiendo al cielo liegaran a ser ángeles (29); estapaz deseamos a los amigos, ésta a nuestro siglo, deseémosla a toda casa
en la cual entremos, deseémosla al alma nuestra, para que por
ella se haga ella misma casa de Dios; para que después de que
hubiere sacudido sus inmundicias por la moral y la dialéctica, que se hubiere adornado con la múltiple filosofía como
con áulico aparato y hubiere coronado los remates de sus
puertas con las guirnaldas teológicas, descienda el Rey de la
gloria y viniendo con el Padre haga mansión en ella. Que si
de tan gran huésped se mostrare digna, porque es inmensa su
clemencia, con dorado vestido, como con toga nupcial, circundada por la múltiple variedad de las sentencias, albello
huésped recibirá, no ya como a huésped, sino como a esposo,
del cual nunca será separada; y deseará separarse de su pueblo y olvidada de la casa de su padre, y, sin duda, de sí misma,
deseará morir en sí misma a fin de vivir en el esposo, en cuya
presencia, preciosa es, en efecto,la muerte de sus santos (30);
muerte, digo, aquélla, si muerte debe llamarse la plenitud de
la vida, cuya meditación dijeron los sabios ser el estudio de la
z0

DEI-

,

l

filosofía 1.i l¡. Citernos también al mismo Moisés apenas
nor que aquella fontanal plenrtucl de la sacrosanta e inefable
inteligencia donde los ángeles con su néctar se embriagan.
Oigamos al venerable juez así dictar leyes a nosotros habitantes en la desierta soledad de este cuerpo: "Los que polutos
aún necesiten de la moral, con la plebe habiten fuera del
tabernáculo, bajo el cielo'", como los sacerdotes tesalios (32),
mientras sean expiantes. Los que ya hayan acabado de componer sus costumbres, recibidos en el santuario, no toquen
aún por cierto las cosas sagradas, sino antes sean menestrales de ellas con dialéctica servidumbre, diligentes levitas'zl
de la filosofía. Cuando a ellas también sean admitidos, en el
sacerdocio de la filosofía, contemplarán ya el ropaje multicolor de la regia tienda de Dios en lo alto, esto es, el áulico
ornado sidéreo, ya ei celeste candelabro divino en siete
luminarias", yalos elementos de piel, así que a lo último,
por los méritos de la sublimidad teológrca, admitidos en el
interior del templo, gocen plenamente de la gloria de Ia
divinidad, con ningún interpuesto velo de imagen" (33).
Esto ciertamente Moisés nos manda (y rnandándonoslo nos
amonesta, incita y exhorta), que por medio de la filosofía nos
preparemos el camino, en tanto que podamos, a la gloria celeste venidera. En verdad de verdad no sólo los misterios
mosaicos y cristianos, sino también la teología de los antianttgttos
20 Sub divo. baJo el ciivrno.

2l Yahvé quiso que la tribu cje Le'rí quedara para llenar los cargos sacerdotales
(Núnreros 3).
22 Para

2B

la rlescrrpoón del templo y de las cosas que habia en el, véase Éto,to 25.

{l

.¡NNr Pr-u

Dr I La

\,4t.AJ\Dü.a

glros nos pone a ia vista las ventajas como la dignidad de
estas artes liberales, sobre las cuales he venido a disputar.
iQué otra cosa, en efecto, quieren decir los grados de los
iniciados observados en los arcanos de los griegos, en los que
primeramente a lravés de aquellas artes que dijimos ser casi
purificadoras, la moral y la dialéctica, acontecía a los purificados la recepción de los misterios? ZY ésta, qué otra cosa
puecle ser que la interpretación de la más sec¡eta naturaleza
por medio de la filosofía? Entonces, finalmente, para los así
dispuestos, sobreveníala epopteíaz3, esto es,la visión de las
cosas divinas por la luz de la teología. eQuién no apetecerá
ser iniciado en tales sagrados ritos? iQuién, dejando atrás
todas las cosas humanas, despreciando los bienes de la fortuna, descuidado del cuerpo, no deseará llegar a ser conüdado
de los dioses, alentando todavía en la tierra, safurado en el
f,
néctar de la eternidad, recibir, animal mortal, el don de ia
inmortalidad? iQuién no querrá ser así inspirado por aquellos furores socráticose, ensalzados por Platón en el Fedrob
(3-l), como para saLi¡, batiendo alas y pies, de aquí, esto es, del
mundo
está plantado en el maligno-, huyendo de
-que
prisa, en rapidísimo curso hacia la Jerusalén celeste2ó? Dejémonos llevar, Padres, dejémonos llevar por los socráticos furores, que así nos pongan dementes que a nuestra mente y a
23 Srgnrfica

ORACION ACERCA DE LA OIGNLDAD D€Ú hOMf]R€

nosotros mlsm()s nos pongan en Dios. Seremos llevados por
ellos en toclo caso, si pri'rero hemos lrevaclo adelante aqueilo
que está ennosotros; ya que si por la moral así han sido con_
tenidas las fuerzas de los afectos, por clebida simetría en sus
medidas, que estabilizadas concuerden unas con orras en armonia, y si por la dialéctica ra razón se moviere avanzando
con ritmo, remecidos por el furor de las lVfusas2z, beberemos
en común por los oídos Ia celeste armonía. Entonces, el
señor
de las Musas, Bacor, mostrando en sus misterios, esto es, en
los signos visibles de la natur aleza,los secretos invisibles de

Dios (35), a nosotros filosofantes nos embri agarácon ra abundancia de la casa de Dios, y si como Moisés fuéremos fieles en
toda ella (3b), acercándose la sagrada teología con doble furor
nos animará. Así, en su eminentísima atalaya sublimados y
desde ahí midiendo las cosas que son, que fueron y que ha_
brán de set con la invisible edad, y admirando la belleza
primigenia, vates, de aquellos de Febo2e, seremos sus alados
amadores, y finalmente en inefable caridad removidos interiormente, como por un estro, como Serafines ardientes, pues_
tos fuera de nosohos mismos,llenos del numen/ ya no seremos
nosotros, sino aquel mismo que nos hizo. Los sagrados nom_
bres de Apolo, si alguno escruta sus significados y latentes
misterios, suficientemente mostrarán que aquel Dios es no

visión directa. En los misterios de Eleusis era el videnie que obtenía el
mayor grado de iniciación,

menos filósofo que poeta. Lo cual, como Amonio30lo haya

2a Estados de posesión, como de locura, que
a
un dios

o numen lleva al hombre
inspirado y que lo arrastran a palabras o actos que lo sobreoasan.
25 uno de los más famosos diálogos
de Pratón. Trata del alma, del amor. la belleza

27 Nú¡nenes
2B Diorrysos,

26 Otro nombre para

30

y Ia palac¡ra.

el reino de los crelos.

2e

de la mitologÍa ctásica, inspiradoras y patronas o" ,u"

u'lJ!.'"*

Apolo, dios de la belleza, de la verdad, de la armon¡a, de la luz.
Ammon¡o de Lamptrase, filósofo peripatético del s¡gro r, maestro de plutarco
de

Atenas

22
23

(ltr¡t"¡Rru¡lt Ptrlrl

ilElr¡

Mtttntlt-rtlt

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al sapientísimo Pitágoras, sabio principalmente por esto,

cumplido satisfactoriamente (37), no hay por qué yo lo trate
tres
de otra manera; pero insinúese en el espíritu' Padres'
de
preceptos délficos" muy'necesarios a éstos que habrán
.r,tru. al templo sacrosanto y augustísimo no del falso sino
a
del verdadero Apolo, que ilumina a toda alma que viene
nos
este mundo (38); veréis que aquéllos ninguna otra cosa

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t\
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esta
aconsejan sino que abracemos con todas nuestras fuerzas

En
filosofía tripartita de la que trata la discusión presente.
rectaefecto, aquel medén ágan, esto es, "nada demasiado" '
segun
mente prescribe la norma y regla de todas las virtudes
También
el criterio del iusto medio del cual trata la moral'
al conociaquelgnóthi seautón,esto es, "conócete a ti mismo"'

mientodetodanaturaleza,delacuallanaturalezadelhomEn
bre es intersticio y como cópula (39), nos excita e impele'
como
efecto, el que se conoce/ en sí todas las cosas conoce/
escribieZoroastro32 primero y luego Platón enelAlcibíades33
ron (.{0). Finalmente, con este conocimiento, iluminados por
la filosofia natural, ya próximos a Dios, EI, esto es' diciendo
y' de ahí' con
eres, corrteológica salutación, familiarmente
también
gozo, llamarernos al verdadero Apolol' Consultemos
3rDe Delfos, antrgua crudaci de la Fócida, situada al pie del monie Parnaso' en

rli/\L l( )l I i \l I lt( /\

el

famoso por el oráculo'
vaile del Pleisto, gran centro religioso de la antigüedad'
32 Zaratustra, refornlador religioso persa. Nacla se sabe de su lugar de nacimiento
le
y sólo hay con1eluras sobre el tiempo en q-ue vivió La tradición helenística
y
astrologia'
magia
de
obras
muchas
atribuyó
r3 Diálogo de Plaión que trata de la naturaleza del hombre'

3aAdviértaseel]UegoconstatecePicoconlamiiologíapagana.deIaquesesirve
Eres Se
para ilumrnar y exprrcar actitudes filosóficas y religrosas crisllanlstl];
Fxodo 3' 14' a
el
en
mrsmo
si
de
que
da
Yahvé
delinición
la
a
duda,
alude, sin
Moisés: ego sttm qut.sum ("Yo soy el que soy')'

por-"'

que del nombre de sabio nunca se estimó digno. Enseñará
primero que no nos sentemos encima del modio de medir,
esto es, que, renunciantes, no soltemos en la ociosa desidia
aquella parte racional con la cual el alma todo lo mide, juzga
y examina, sino que la dirijamos asiduamente y la excitenros
con el ejercicio y la regla dialéctica. Luego nos señalará qtre
hemos de precavernos primeramente de dos cosas: que no
vayamos a orinar cara al sol ni a cortarnos las uñas durante el
sacrificio. Pero una vez que por la moral hayamos desaloiado
las apetencias de los placeres desbordantes, y hayamos recortado, tal como las salientes de las uñas, esas colrlo aguzadas
prominencias de la ira y aguiiones de los ánirnos, sólo entonces empezaremos a asistir a los sagrados ritos, esto es, a aquellos misterios de Baco de que hicimos mención, y a estar libres
para nuestra contemplación de quien dícese con justicia ser
padre y señor del sol. Finalmente, nos llamará la atenciÓn
para que nuhamos al gallo, esto es, Para que a la parte diüna
de nuestra alma, en ei conocimiento de las cosas divinas, como
con sólido alimento y ambrosía celeste, la apacentemos (4 [ )'
Éste es le gallo cuya vista el león, esto es, toda la potestad
terrena, teme yreverencia. Éste, aquel gallo al que le fue dada
leemos en Job- (42). A1 canto de este
la inteligencia
-según
gallo el hombre que yerra se arrepiente (43). Éste es el gallo
que, mientras los astros matutinos alaban a Dios, modula un
canto en el crepúsculo del alba de cada día. Este gallo, el
muriente Sócrates, cuando esperaba que él habría de unir la
divinidad de su espíritu a la divinidad del mundo mayot
Llt.lo

Grov¡r.rr'l Plco orr-i.¡ Mr¡nruoore

dijo deberlo a Esculapio, esto es, ai médico cle ias almas, puesto ya fuera de todo peligro de enfermedad (,1-1). Examinemri¡
los lnonumentos de los caldeos: veremos (si se les cree) que
por esas mismas artes es que se abre a los mortales el camino
de la felicidad. Escriben los intérpretes caldeos que fue palabra de Zoroastro que el alma es alada, y que cuando le caen
las alas se precipita en el cuerpo, y en cuanto le rebrotan
aquéllas retorna a volar a las alturas (a5). preguntándole los
discípulos cómo les saldían espíritus voladores con alas bien
emplumadas: "Irrigad
-dijo- a las alas con aguas de vida".
De nuevo averiguando ellos de dónde obtener estas aguas,
así, por medio de una parábola (lo que era costumbre de este
hombre),les respondió: "Por cuatro ríos el paraíso de Dios se
baña y se riega: de ahí mismo sorberéis para vosotros las aguas
saludables. El nombre de aquel que corre del aquilón es
Pischon, porque denota lo recto, aquei que viene del ocaso es
Dichon, porque significa expiación, el del oriente, Chiddekel,
porque suena aluz, aquel que corre del meridién, perath,
porque podemos interpretarlo como pied¿d":s (46). Advertid
en vuestro espíritu y con diligencia considerad, padres, qué
quieren decir estas doctrinas de Zoroastro: en efecto,.ing,rna otra cosa sino que con la ciencia moral, como las ondas
ibéricas, purifiquemos36las suciedades de los ojos; con la dialéctica, como con nivel boreal, alineemos la mirada de ellos a
lo recto. Entonces, en natural contemplación, la hasta aquí
débil luz de la verdad, como la cuna del sol naciente, acos35 Tambrén

en el Génesls 2, lO.I4, aparece un río de cuarro orazos.

36 Expientus.

ORACION

I
?
Sl

s

if

:
t..

ngencn DE

iA DlcNlr]AD

DEL HoMafiH

tumbrémonos a soporta4 para que, finalmente, pormeclio
cle
la teológica piedad y el sacratÍsimo culto a Dios,
como celes_
tes águilas, sobrellevemos con
Irerzael fulgidísimo brillo del
sol meridiano. Éstos son tar vez aquellos conocimientos
matutinos, meridianos y vespertinos por David ensalzados pn_
mero y porAgustín explicados más ampliamente (+D.
Ésta es
aquella luz meridial que a ros serafines inflama hasta
el límire
y a los Querubines igualmente ilumina. Ésta es aquella
re_
gión hacia la que siempre marchaba el patriarca
Atraham.
Este es aquel lugar donde no hay lugar para los
espíritus
inmundos, como nos transmitieron las doctrinas de los
cabalistas y de los moros37. y si algo de los más
secretos miste_
rios es lícito, aunque sea bajo enigma, proferir en
público,
después que Ia repentina caída del cielo condenó aivértigo
la cabeza de nuestro hombre y de que, como dice
Jeremías,
entrada por nuestras ventanas, la muerte (4g), al hígado
y al
pechoil gravemente afectó,llamemos a Rafael3e, el celeste
mé_
dico, para que nos iibre con la moral y la dialéctica como
con
medicinas saludables. Cuando estemos restituidos a la buena
salud, ya habitará dentro de nosotros Gabriel, fueriade
Dios,
que, guiándonos por los milagros de la natur aleza,indican_
do dondequiera la virtud y el poder de Dios, finalmente
al
sumo sacerdote Miguel nos entregará, quien, como soldados
etnéritos
37

La

Kabbata (cábara)

es er conjunto de doctrinas místicas y metafísicas desa.
rrorradas en er ludaismo, sobre todo entre tos sigros Xil ar
XV l. contiene todas las
doctr¡nas esotéricas der judaísmo, er rarmud, los profetas y
los escritos aoócrifos.
33 Los grandes "centros",
en la medicina antigua.
3e Se habla aquí

de los arcángeles. para Rafael, véase er ribro de Tobías. para
Gabriel, Lucas 1, 26 (la anunciación). para Miguel, Apocalipsis
12.7.

26

u_

¿/

Grovnirrul Plco rrrt rn

IVI

()I?A(,I0N A(]F.R(-A DE LA DTGNIDAD DEL

ttiANDoLA

eméritos de la filosofia, con el sacerdocio de la teología como
con corona depiedras preciosas nos distinguirá.

Estas son, Padres venerabilísimos,las cosas que a mí al estu-

dio de la filosofia, no me animaron tanto cuanto me compelieron. Las que ciertamente no habría tenido que decir si no
respondiera a estos que suelen condenar el estudio de la filosofía sobre todo en varones principales o en quienes en general viven con una mediana fortuna. Está, en efecto, ya todo
este filosofar (es tal la infelicidad de nuestra edad) más bien
en desprecio y en ultraje que en honor y gloria. Así invadió
casi todas las mentes aquella perniciosa y monstruosa persuasión de que o para nada o para pocas cosas se ha de filosofar. Como si el tenerbien exploradas, ante los ojos y a la mano,
las causas dt:las cosas,los caminos de la naturaleza,larazón
del universo, ios designios de Dios,los misterios de los cielos
y la tierra, nada aprovechara si uno no puede juntar a ello ya
lacaza de algún favor ya su lucro. Que en esto se ha llegado a
que ya (ioh dolor!) no se consideren sabios sino los que hacen
mercenario estudio de la sabiduría, que es como ver a la púdica Palas, por favor de los dioses avecindada entre los hombre, Ianzada, expuisada, silbada; no teniendo quien la ame,
quien la ayude, si ella misma, como prostituyéndose y recibida la modesta recompensa de su desflorada virginidad, no
devuelve la mal obtenida moneda al cofre de su amador. Todo
1o cual yo lo digo, no sin grandísimo dolor e indignación, no
a los príncipes, sino a los filósofos de este tiempo, que por eso

ül
¡

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creen y predican que no se debe filosofar, porque para
filósofos rringuna merced ni premio se haya establecido; como
si no rlrostr¿rsen ellos mismos, por este solo hecho, que ellos
no son filósofos. Porque como toda la vida de ellos está puesta
ya en conseguir ya en la ambición, no abrazan la verdad por
el conocimiento de ella misma. Me concederé esto, y ni un
poco me sonrojaré de alabarme yo mismo aquí: que yo nunca
por otra causa he filosofado sino para filosofar; ni de mis
estudios, ni de mis elucubraciones, he esperado otra cosa o
buscado merced alguna o fruto sino el cultivo del espíritu y
el por mí siempre más deseado conocirniento de la verdad.
Del cual tan deseoso fui siempre y tan amantísimo que, dejado todo cuidado de las cosas privadas y públicas, al ocio de
contemplar me entregué enteramente; del cual ni acusaciones de envidiosos nimaledicencia alguna de los enemigos cle

la sabiduría han podido hasta aquí o podrán en lo futuro
desviarme. Enseñóme la misma filosofía a depender más bien
de mi propia conciencia que de los juicios externos y a pensar siempre no tanto en que yo no oiga decir mal de mí cuanto en no decir yo mismo algo malo o hacerlo. En verdad no
ignoraba, Padres venerabifsimos, que esta misma disertación
mía cuanto habrá de ser a vosotros todos, que las buenas artes
favorecéis y que con vuestra augustísima presencia quisisteis
honrarla, gratay alegre, tanto sería a muchos otros grave y
rnolesta; y sé que no faltan quienes condenarán mi tentativa
desde antes y quienes en el presente con muchos títulos la
condenan. Así acostumbraron a tener no menos, por no decir
más, detractores, aquellas cosas que se encaminaban bien y
satúanrcn.te

28

----__-__--_-

.jiovANNr Prco Drt r.A M laruoole

virtud, que aquellas que se encaminaban inicua y falsamente al vicio. Ptres hay quienes no aprueban en
nada este género de disputa y esta institución de disertar
sobre las letras en público, aseverando que ella es más bien
para ostentación de ingenio y doctrina que para aportar conocimiento'u.Hay quienes no reprueban en verdad este género de ejercicio, pero en mí de ningún modo lo aprueban,
porque yo a esta edad, sólo veinticuatro años, acerca de los
sublimes misterios de la teología cristiana, de los más latos
santamente

a la

lugares de la filosofia, de disciplinas ignotas, en la famosísima
ciudadu', en amplísima reunión de doctísimos hombres, en el

apostólico senado€, haya osado proponer una disputa. Otros,
concediéndome esto, que dispute, no quieren otorgar el que
yo dispute de novecientas cuestionesa3 diciendo con calumnia ser este hecho tan superfluo y ambicioso cuanto superior
a mis fuerzas. Yo al punto me rendiría a las objeciones de
éstos si así me hubiese enseñado la filosofia que profeso,f rto
respondería ahora, enseñándomelo así la querella, si creyera
que esta disputa se estableció entre nosotros con el propósito
de reñir y combatir. Por lo cual, todo intento de detracción y
de provocación, y la envidia de la que escribió Platón que
estaba siempre ausente del divino coro (49), apártese también
ao Ad comparandam eruditionen,

al

Roma.

a2 Ei colegio cardenalicio.

a3 Proposiciones seleccronadas

por Pico para ser discutidas de manera púbiica.
Están tomadas de los escolásticos cristianos (124 tesis) y de los árabes (84
tesis). El resto, de autores persas, egipcios, babilonios y de los filósofos clásicos
comentaristas de Platón y Aristóteles. Especialmente tienen interés para Pico
los neoprtagóncos, los caldeos y la Cábala.
30

ORACIO-N

oCrnco DE LA i,tuiltDA?

?EL

rroNraHr

cle nuestras mentes. Si el disputar me corresponde, como tam-

bién si de tantas cuestiones, examinémoslo amisablemente.
Primeramente, a aquellos que calumnian esta cJstumbre de
disputar en público, mucho no he de deci¡, siendo que esta

cuipa, si culpa se considera, no sólo a vosotros todos,
excelentísimos doctores, que muy a menudo esta tarea, no
sin suma alabanzay gloria, habéis desempeñado, sino a platón, y a Aristóteles, y a los más estimados filósofos de todas
las edades,les es común conmigo. Los cuales tenían para sí

como cosa certísima que nada había mejor, para conseguir
el conocimiento de la verdad que buscaban, que estar
frecuenlsimamente en el ejercicio de disputar. Así como, en
efecto, por la gimnástica las fuerzas del cuerpo se hacen más
firmes, así, fuera de duda, en ésta, como en la palestra literaria,las fuerzas del espíritu mucho más fuertes y más vigorosas llegan a ser. Ni creo yo que los poetas otra cosas nos hayan
significado por las cantadas armas de Palas, o los hebreos
cuando dicen ser !1.1¡ fbarzell, el hierro, el símbolo de los
sabios, sino lo muy honestas cuanto necesarias que son las
competencias de este género para alcanzar la sabiduría. A
esto tal vez viene el que también los caldeos reclamen en el
nacimiento de aquel que habrá de ser filósofo que Marte con
triangular aspecto considere a Mercurio, como si suprimidas
estas reuniones, estas guerras, soñolienta o adormecida vendría a ser toda la filosofía. A la verdad, contra aquelios que
dicen que yo no estoy a la altura de este campo, más difícil es
para mí el método de defensa: pues si dijera que estoy a la
altura, me parece que habré de sufrir la connotart¡k#rrii
31

Gtr-lvnrurur

Ptco orrtn

modesto y de presuntuoso; si confieso que no lo estoy, de
temerario e improvisador. Ved en qr-ré aprietos he caído, en
- qué lugar se me han puesto, que no puedo sin culpa adelantar una palabra sobre mí en aquello que ya no puedo sin
culpa no darla. Quizá pueda aducir también aqueilo de Job,
que "el espíritu está en todos" (50), para oír con Timoteo'n
"que nadie desprecie tu adolescencia" (51). Mas en toda verdad en conciencia esto habré de decir, que nada hay en nos
de grande o singular; que no negando ser muy estudioso y
apasionado por las buenas artes, sin embargo ni asumo ni me
arrogo el nombre de docto. Por lo cual el que tan grande peso
haya echado sobre mis hombros no fue debido a que no estuviera consciente de nuestra debilidad, sino a que sabía que es
característico en luchas de este género, esto es, en las literarias, que en ellas es ganancia ser vencido. De lo cual resulta
que cuanto más sin autoridad sea alguien puede y debe con
derecho no sólo no retraerse, sino apetecerlas más. Siendo así
que quien sucumbe beneficio del vencedor recibe, no injuria, puesto que por él vuelve a casa más rico, esto es, más
docto y más instruido para las luchas por venir. Con esta
esperanza animado, yo, débil soldado, con los más fuertes y
aguerridos de todos, no he temido en nada afrontar tan grave
lucha. Lo cual, sin embargo, si se ha hecho temerariamente o
no, puede alguien juzgarlo más rectamente en todo caso por
el resultado de la pugna que por nuestra edad. Resta que, en
tercer lugar, responda a aquellos que se ofenden por la numerosa multitud de proposiciones, como si este peso cayera soaa Destinatario de

32

,

MrRRt lot.rt,¡

la epístola de san Pablo (Timoteo 4,72).

),)Ar lr.t, -A .La(.A L)L l^ t'tüNIliAlr l,LL

H

bre los hornbros de eilos y no más bien hubiera de ser sopo
tado en este caso por mí solo, y con cuanta sea sll fatiga. Es

indecoroso en verdad esto, y demasiado fastidioso, de querer
poner límite a la industria ajena, y, como dice Cice¡ón (52), en
aquello que es mejor cuanto es mayot desear la mediocridad.
Sin duda en tan grandes osadías era necesario que yo sucumbiera o cumpliera; si yo cumpliere, no veo por qué lo que es
laudable al vencer en diez cuestiones al haber vencido también en novecientas se estime culpable. Si sucumbiere, ellos
mismos tendrán, si me odiaron, de dónde me acusen, si rne
aman, de dónde me excusen. Por lo cual, en cosa tan grave,
tan grande, que un hombre adolescente, con tenue ingenuo
y exigua doctrina, haya fallado,lo hará más digno de venia
que de acusación. Que también según el poeta6 (53):

deficiurtt uires audacia certe

honor erít, in magnis aoluisse satis est.
Si faltan las fuerzas, la audacia será un

honor. En io grande basta con querer.

Que si en nuestra edad muchos, imitándo a Gorgias
Leontinoaó, no sólo de novecientas sino de todas las cuestio-

nes, también de todas las artes solieron, no sin alabanza,
proponer disputa, ipor qué no ha de serme lícito a mí,limpiamente, de muchas, sí, pero sin embargo ciertas y determinadas cosas, disputar? Mas superfluo llaman a esto, y
ttntlticioso
a5 Propercio, F/egías,
a6 Gorgias (¿480.380?

ll.

1O. 6.

a. C.), sofista griego nacicJo en Leoncio (Sicilia).

-¡lovANNr Prr.o Lrr.iLR Mlnaruoorn

anrbicioso. Y yo en verdad ciiscuto que no tan sólo no t:s superfluo, sino que es necesario para mí el hacerlo; que si ellos
mismos corrsideran conmigo el método de filosofar, aun a
disgusto habrían de confesar que es absolutamente necesario. Aquellos que en efecto se agregaron a aiguna de las escuelas tilosóficas'7, por ejemplo la cle Tomáss o la de Escoto*e, que
airora cuentan con más favorecedores, ellos en verdad ya
pueden, en la discusión de pocas cuestiones, poner a prueba
su doctrina. En cambio yo me propuse así no jurar bajo las

palabras de ninguno como extenderme por todos los maestros de la filosofía, escrutar todos los papeles, conocer todas
las escuelas. Por lo cual, como yo tuviere que decir de todas
ellas, para no parecer atado en algún luga¡, si defensor de una
doctrina determinada pospusiera ias restantes, no pudieron,
aunque se propusieron pocas sobre cada una en particular,
no ser muchas las que al mismo tiempo había que traer sobre
todas. Y alguno no condene en mí esto de que dondequiera
me lleve la tempestad me presente como huésped (54). Fue
así, en efecto, por todos los antiguos, observado esto: que
estudiando todo género de escritores no se pasara por alto

ninguno de los sentidos disponibles, como lo fue

i1

máximamente por Aristóteles, que por esa causa anagnóstes,
esto es,lecto{, por Platón era llamado; y sin duda es de una
mente estrecha confinarse dentro del Pórtico o la Academia.

1,

at Philosopttorutn famitiis.
aB

Santo Tomás de Aquino, teólogo católico italiano, nacido en Roccasecca (1225.
1274). Su doctrina, inspirada en Aristóteles, lleva el nombre de tomismo.

4e Duns Escoto, teólogo

y filósofo rnglés (¿1266?.1308), defensor del realismo.

Ni puecle entre todas flas escuelas] rectamente elegrr para

la propia quien primeramente no las conoce a toclas familiarmente. Añaclid que en cualquier escuela hay algo insigne,
que no le es común con las demás. y para empezar ahora por
los nuestros, por aquellos a quienes sobrevino a lo último la
filosofía: hay en Juan Escoto algo vigoroso y sutil; en Tomás,
sólido y ponderado; en Egidio, terso y exacto; en Francisco,
penetrante y agudo; en Alberto, antiguo, amplio y grancle;
en Enrique, a lo que veo, algo siempre sublime y venerable.
Entre los árabes, hay en Averroes algo firme e inconcuso; en
Avempace, en Alfarab í, gr av ey meditado; en Avicena, divino
y platónico. Es entre los griegos la filosotja en conjunto, en
verdad, nítida en primer lugar y casta; en Simplicio, rica y
abundante; en Temistio, elegante y abreviada; en Alejandro,
constante y docta; en Teofrasto, elaborada con gravedad; en
Amonio, desenvuelta y graciosas." y si a los pitagóricos te
vuelves, para revisar sólo unos pocos: en porfirio te habrás de
deleitar en la abundancia de asuntos y en una religión múltiplesl; en Jámblico venerarás una filosofia más secreta y los
misterios de los bárbaros; en plotino nada hay primero que
admira¡, ya que se muestra en todo admirable; al cual, ha_
lablantlo
50 En

este párrafo se hace arusión a tres crases de firósofos: 1)

esco/ásürcos

c¡rstranos. Escoto Eriúgena (sigro rX); Santo Tomás de Aquino (sigro
Xilr); Egidio G¡l

de Roma (siglo XIV); Francrsco de Mayronís (siglo XIV); San Alberto-Magno
(siglo Xlll) v Enrique de Gante (sigros Xilr.XrV¡. )¡ Ftasotos árabes.
Avempile
(siglo Xll); Alfarabí (siglo X): Avicena (siglos X.Xl) y Averroes (sigto
Xil).3;
Filósolos griegos comentarstas de pratón y Aristóteres, respectivamente.
Simpri
cio, Temistio, Alelandro de Afrodisra (sigro ilr d. c.), así como Teofrasto
lsrgros'rv
lll a. C.) y Amonio (siglo tV a. C.).
5r Multiiuga religione.

G,t,vqñrut Ptr-'cr uErlA Mrr¿¡Nt 'oI

A

blando divinamente de las cosas divinas, y, acerca de las humanas, muy por encima del hombre, con docta oblicuidad
dcldiscu¡so, sudorosos los platónicos aPenas entienden' Paso
por rlto a los más recientes: a Proclo, exuberante de asiática
fertilidad y a los que tl-ryeron de é1: Hermias, Damascio, Olimpodoro y muchos otros, en todos los cuales aquel tó theíon,
esto es, lo divino, símbolo peculiar de los platónicos, brilla
siempre52. Se añade a esto que si alguna secta hay que ataque
las más verdaderas doctrinas y con calumnia escarnezca las
causas del pensamiento, aquélla afitma, no debütada,la verdad,y, como el movimiento, excita a la liama sacudida, no la
extingue. Movido yo por esta razón, quise traer al medio los
principios no sólo de una (como gustaba a algunos), sino de
todo género de doctrina, de modo que con esta agregación de
muchas sectas y con la discusión de una filosofía muyvaria,
aquel fulgor de la verdad, que recordó Platón en sus Cartas
(55), en nuestros espíritus, como sol naciente de 1o más profundo, más claro resplandezca. iQué sería si sólo la filosofía
de los latinos, vale decil de Alberto, Tomás, Escoto, Egidio,
Francisco y Enrique, omitiendo a los filósofos griegos y árabes, se tratara? Siendo que toda la sabiduría, de los bárbaros
a los griegos, de los griegos a nosotros, pasó (56). Así los
nuestros siempre en el método de filosofar hallaron para sí
suficiente el mantenerse dentro de los hallazgos extranjeros
y el haber cultivado las cosas de los otros. iQué sería discu-

l:

52 Se

ciian en este apartado algunos de los principales filósofos neoplatónicos:
Porlirio (siglos Il.lll d. C.); Jámblico (siglo lV d. C.); Plotino (siglo lll d. C.); Proclo
lsiglo V d. C.) y sus discípulos Hermias, Damascio y 0limpodoro. Estos filósofos
neoplatónicos ejercerán una influencia y atracción especial en los humanistas.
36

tir con los peripatéticos5r de las cosas naturales si no se hace
comparecer la Academia de los platónicos?, cuanto taml,ién
su docttina de las cosas divinas siempre entre todas las filosofías

-testigo

es

Agustín- fue tenida como santísima (57),

y es por mí ahora, por prinrera vez por lo que

de esta

-y
afirmación esté lejos la envidia-, después de muchos
siglos, traída a examen para disputar en público. ieué sería
ciiscutir las opiniones, cuantas fueran, de los otros, si acce_
diendo al convite de los sabios, como quien no paga su par_
te, nada hubiéramos traído que fuera nuestro, parido y
elaborado por nuestro ingenio? En verdaci es poco noble,
como dice Séneca (58), saber sólo de comentario y, como si
los hallazgos de los mayores obstruyeran el camino de nues_
tla industria, como si en nosotros agotada estuviera la fuerza de la naturaleza, nada parir de sí que, aunque no muestre
la verdad, a lo menos la indique por señas o de lejos. porque
si el colono odia la esterilidad en su campo, y en la esposa el
marido, ciertamente tanto más la mente divina ligada y aso_
ciada a un alma infecunda la odiará en esto, cuanto de allí
mucho más noble prole se espera.
Por lo cual, no contento yo con haber añadido a las enseñanzas comunes muchas cosas de la anügua teología de Mercurio Tiimegistro, muchas de los caldeos, de las disciplinas
de los hebreos, numerosas cosas por nos enconhadas y meditadas, sobre las cosas natrlrales y divinas, propusimos para
ser discutidas. Propusimos primero el acuerdo de platón y
Aristóteles, por muchos sostenido anteriormente, por ningut3 Los aristotélicos

ti¡ovnru¡r Pit:o orrr,q

N,l

lnÁ¡ioor.q

no surticientemente probado. Boecioa, entre los latinos, comprometido a hacerlo, no se encuentra que haya hecho eso que

siempre quiso hacer (59). Simplicio, que entre los griegos sostuvo lo mismo, iojalá cumpliera en esto tanto como prometió! (60). También esuibió Agustín en Contra académicos (61)
clue no faltarían muchos que en sus sutilísimas discusiones
trataran de probar esto mismo, esto es, que es la misma la
filosofía de Platón y de Aristóteles. Lo mismo Juan Gramático5s, aun cuando diga que Platón difiere de Aristóteles sólo
en aquellos que no entienden ias palabras de Platón, el probarlo, sin embargo, lo dejó a los sucesores. Añadimos también muchos lugares en los que las sentencias de Escoto y
Tomás, y muchos en los que las de Averroes yAvicena, que se
consideran discordes, nosotros consideramos estar acordes.
En segundo luga¡, colocamos aquellas cosas que nosotros
desentrañamos en Ia filosofía, ya aristotélica,yaplatónica, y
luego setenta y dos nuevas doctrinas físicas y metafísicas,las
qtre si alguien las retiene podrá, si no me equivoco,lo que
para mí pronto será manifiesto, resolver cualguier cuestión
pfopuesta sobre cosas naturales y divinas con un método
bien diferente de aquel que nos enseña la filosofía que se
estudia en las escuelas y que es cultivada por los más doctos
de esta época. Ni nadie debe admirarse tanto, Padres, que yo
en mis primeros años, en tierna edad, en la que apenas se es
lícito
se expresan algunos- leer los comentarios de

(JIIACIOII A(]EREA

DF

l.A {)lG\rla)AD DEL HOMBRE

otros/ clutera traer una nueva filosofía, sino clue alábesela
si se
clefiencle o condénesela si se reprueba, y, por úlhmo,
habien_
clo de ser juzgados estos nlrevos hallazgos y estas

nuevas Ie_
tlas, cuéntense no los años del autoq, sino los
méritos más
bien o las fallas. Hay aun, además cle aquélla,
otro antiguo
sistema de fiiosofarpor medio de números,
nuevo ahora, que
nosotros traemos: aquéI, en verdad, observado
por los primr_
tivos teólogos, por pitágoras especialmente,
por Aglaofamor,
pcr Filolao',, por platón y los primeros platáni.oJ (62),
p..o
que en estos tiempos, como otras cosas preclaras,
de tal modo
cayó en desuso por la incuria de los que
después vinieron,
que apenas si algunos vestigios del mismo
se encuentran.
Escribió Platón en eI Epínomis (63\ que entre
todas las artes
liberales y ciencias contemplativas la principal
y mayormen_
te divina es la ciencia der numerar. preguntando
también por
qué el hombre es el animal más sabio, responde: ,,porqr'r"
conoce el numerar". De cuya sentencia también
Aristóteles
se acordQ en los P,roblemata (64). Escribe Abumasars
que fue
palabra de Avenzoar de Babilonia que todo ha
conocido el
que conoce el numerar. Cosas fodas que de ninguna
manera
pueden ser verdaderas si por el arte de numerar entendieran
aquel arte del cual ahora son los mercaderes en
primer lugar
los más peritos, lo cual también platón atestigua
advirtiénáonos con voz enérgica que no entendamos que esta
divina

-

-como

5a Severino Boecio (48O.524),

philosophiae.

5j Juan Filopono (siglos

fitósofo y poeta lat¡no, autor de De consoiatione

s6 Maestro que enseñó
las doctrinas órficas
s7 Pitagórico del siglo
V a.
58

V-Vl).

Albumazar (sigros

astronoñ)os".

atitrnética

a pitágoras.

C.

Vr-rX), astrónomo árabe, tamado,,er príncipe de

ros

38
39
l

Gtorzallr.rr Plcct

il

antmética es la aritmética mercantil (bi). Cuando me pareció
después de muchas elucubraciones tener descubierta aqlrella aritmética que así es éxaltada, para ponerla a prueba, me
comprometí a responder públicamente mediante los números a las setenta y cuatro cuestiones que se consideran principales entre las físicas y divinas. Propusimos también los
teoremas mágicos, en los que señalamos ser doble la mag-ia,
de la cual la una se funda entera en la obra y en la autoridad
de los demonios, cosa, iasí Dios me asista!, execrable y portentosa. La otra no es, si bien se la examina, sino la consumación
absoluta de la filosofía natural. Como tenían a ambas presentes,los griegos, a la una, no dignándose darle de modo alguno el nombre de magia,la nombran goeteía [impostura], y a
ésta, como a sabiduría perfecta y suma,la llaman con el propio y peculiar nombre mngeía [magia]. Del mismo modo, pues,
como dice Porfirio (66), en la lengua de los persas ',mago,,
suena lo mismo que entre nosotros "intérprete,, y,,cultor de
las cosas divinas". Grande, pues, más bien máxima, padres, es
entre estas artes la disparidad y desemejanza. A aquélla no
sólo la religióh cristiana, sino todas las leyes, toda república
bien constituida, la condenan y execran. A ésta, todos los
sabios, todas las naciones estudiosas de las cosas celestes y
divinas,la aprueban y abrazan.Aquélla es la más fraudulenta
de las artes; ésta es firme, fiel y sólida. A,aquélla quienquiera

cultivó disimuló siempre, porque envolvía la ignominia y
el ultraje de su autor; de ésta, en la antigüedad y casi siempre
se derivó la suma celebridad y gloria de las letras. De aquéila
nunca fue estudioso ningún varón filósofo y deseoso de
la

il

iil

orirR M rnn¡tottLn

0ltActr)f\t ACr-RcA iJE LA {)tGNiDAD DEt_ t-to

aprender las buenas artes; para aprender ésta, pitágoras,
Em)
pétJocles, Demócrito, Platt.rn, se hicieron a Ia mar, al
v es_
tar de vuelta la enseñaron y la tuvieron a Ia cabe2a en sus
secretos (67). AquélIa, al no sér probada por ningún género
de razones, así no es aprobada por autor alguno; ésta,
honra_
da por famosísimos progenitores, por así deci4, tiene princi_
palmente dos autoridades: Zalmoxis, que imitó a Aúaris
el
hiperbóreo,y Zoroastro, no el que tal vez creéis, sino aquel
hijo de orornasose. Cuál sea la magia de uno y otro, sr a platón
lo preguntamos, responderá en el Alcibíades: la magia de
zoroastro no era otra cosa que la ciencia de las cosas divinas,
en la que los reyes persas instruían a sus hijos paraque a
,
ejemplo de la república del mundo ellos aprendieran a regir
su propia república (bf]). Responderá en el Carménides',,
¡á9¡
que la magia de Zalmoxis es la medicina dei espíritu, esto
es,
por la que se obtiene [a temperancia en el ánimo, como por
aquélla la salud del cuerpo. Las huellas de éstos posterior-

mente las siguieron Carondas, Damigerón, Apolonio,
Hostanes y Dárdanou, (20). Las siguió Homero, que, como
a
todas las otras sabidurías, así a ésta también disimuló baic.r
los errantes caminos de su ulises, como en nuestra Teoroyía
poética probaremos

algún día (71). Las siguieron Eudoxá y
[lenni¡xt

5s Zal¡noxis

o Zamorxis, regisrador de ros escitas, de ros tracios y de ros
antiguos
tártaros, venerado como un díos. Abaris, rnago escita que por haber
cantado el
viaje de Apolo al país de los hiperbóreos recibió ese nombre.
Realizó grandes
prodigios como sumo sacerciote de Apolo gracias a su facultad
adivinatoiia.
60 Sobre la temperancia.

6l carondas, Damigerón. Aporonio, Hostanes
y Dárdano son citados por
no en De antma, 57, y por prinro en ra Histo'a naturar. De estos
autores
:'ados como adivinos, rnaqos o sabios se sirve pico para esta
cita,

Terturia-

.;";l;;

rlgvA\Nr Ptco r¡Erln MtHnrudora.

Hermipo"2 17?). Las siguieron casi todos los que escrutaron los
mistenos pitagclricos y platónicos. Y de los más nuevos que la
barruntaron encuentro a tres: a Alkindi el árabe, a ltoger Ba-

Cuillermo de

La recuerda también Plotino
con y
(73), doncle demuestra que el mago es ministro y no artífice
de la naturaleza. Como varón sapienlsimo aprueba esta magia y asevera que así aborrece la otra que, como se le invitara
a los ritos de los malos demonios, respondiera, y con mérito
ciertamente/ que era mejor que ellos vinieran a él que él ir
hacia ellos (74). Que, en efecto, aquélla vuele ai hombre sujeto y esclavo de los malos poderes, así como ésta lo vuelve
príncipe y señor de ellos. Aquélla, finalmente, ni del arte ni
de la ciencia pueden para sí vindicar el nombre; ésta,llena de
prof u ndísimos mister ios, abr aza la contemplación rnás alta
de las cosas más secretas y, en una palabra, el conocimiento
de toda la naturale za.Ésta,llamando como en las cavernas a
lahtz de las virtudes dispersas y diseminadas en el mundo
por la bondad de Dios, no tanto hace maravillas cuanto siwe
diligente a la hacedora naturale za.Ésta, aplicada a escrutar
más adent¡o el consenso del universo, al que los griegos más
si gnifi cativamente llaman sy mp ótheian (7 5), y teniendo examinado el mutuo conocimiento de las nafuralezas, acercana

París"3.

naturales atractivos, que son llamados rygges
de los magos (76), trae a luz pública, como si ella misma fuera
el artífice,las maravillas ocultas en los escondrijos del mundo

a cada cosa sus

62 Eudoxo, probablemente el

astrónomo y matenrático griego (408-355). Hermipo,
probablemente Hermipo de Esmirna (siglo lll a. C.).
63 Alkindi, filósofo árabe onental (siglo lX); Roger
Bacon, teólogo de Oxford (srglo
Xlll) y Guillermo de París, teólogo de ParÍs (siglo Xlll).

oRAcroN nóEncn DE rA DrclrDoD

9l!;o-ryl5

do, en el seno de la naturaleza, en los almacenes y en
los
arcanos cle Dios, y asi como ei agricultor casa los olmos a las
videse, así el mago casa la herra con el cielo, esto es,las partes
inferiores a las dotes y virtucles de las superiores. por lo cual

resulta que cuanto aquélla aparece monstruosaos y nociva,
tanto ésta aparece.como drvina y saludable. principarmente
por esto de que rnienhras aquéIla, haciendo al hombre esclavo
de los enemigos de Dios, lo aleja de Dios, ésta lo excita hacia
aquella admiración de las cbras de Dios a la que, propensa la
caridad,la fe y la esperanza ciertamente siguen.
no hay,

eue

en efecto, cosa alguna que más mueva hacia la religión, hacia
el culto de Dios, que la asidua contemplación de las maravillas de Dios, que como las hayamos explorado bien mediante

esta magia natural de la cual hatamos, más ardientemente
animados al culto y al anror del artífice serernos compelidos a

cantar aquello: "Llenos están los cielos,llena está toda la tierra de Ia majestad de tu gloria" (77).
Ybasten estas cosas sobre la magia, sobre la cual las dijimos
porque sé que hay muchos que, como los perros que ladran
siempre a desconocidos, así también ellos a menudo condenan y odian las cosas que no entienden.
Vengo ahora a aquellas cosas que arrancadas de los anti_
guos misterios de los hebreos, a la sacrosanta y católica fe he
traído para ser confirmadas,las cuales, no sea que por éstos,
para quienes son desconocidas, sean consideradas Éruslerías
inventadas o fábulas de juglares, quiero que todos entiendan
aué
5a En

las viñas, olmos como tutores.

'5 Prodisiosa.

tl1

43

oRAtll()l.l-ACLudA tlE t-A {lrcNtDAD DEb HoM

Grovnѡrt Plco oerrn MtnnttooLa

qué y cuáles son, de dónde se postulart,,Por cuáles autores
famosos hayan sido confirmadas y guardadas y cuánto, cuán
divinas sean, cuán necesarias a nuestros hombres para defender la religión contra las importunas calumnias de los hebreos. Escriben no sólo los célebres doctores de los hebreos,
sino entre los nuestros también Esdras, Hiiario y Orígenes6,
que Moisés por inspiración divina recibió en el monte no
sólo la ley, que dejó inscrita en cinco libros para la posteridad, sino también una más secreta y verdadera explicación
de la ley; fue también mandado a él por Dios que publicara la
ley en el pueblo, pero que la interpretación de la ley no la

confiara a los libros ni la divulgara, sino que él misrno la
revelara sólo a Jesús Naveu',y éstea su furno a los ohos venideros sumos sacerdotes, bajo gran religión de silencio. Era
suficiente por la simple historia reconocer ya el poder de
Dios, ya su ira para con los malvados, su clemencia Para con
los buenos, su justicia Para con todos, y Por los preceptos
divinos y saludables ser instruido para vivirbieny felizmente para el culto de la verdadera religión. Pero hacer manifiestos a la plebe los misterios más secretos, y las cosas latentes
bajo 1a corteza de la ley y bajo la ruda vestidura de las palabras,los arcanos de la altísima divinidad, Lqu.é otra cosa era
sino dar lo santo a los perros y esparcir las perlas entre los
puercos? (79) Luego, mantener estas cosas ocultas al vulgo
o libros bíblicos canónicos (Esdras y fVehemías),
sino al Esdras apócrifo, conocido como Esdras /v. san Hilario, obispo de Poitiers,
padre de la lgles¡a (¿315?.367) y Orígenes, exegeta y teólogo nacido en Alelan
clrÍa (185.254), que empleó el método alegórico en la interpretación de la Biblia.
6/ Josué, hilo de Nun,

66 Este Esdras no se refiere al lrbro

M

para comunicarlas a los perfectos, entre los cuales sólo Pablo
se dice hablar la sabiduría ([30), no fue cosa de humano consejo, sino de divino precepto. La cual costumbre los antiguos
filósofos santísimamente obseruaron. Pitá goras nada escribió,
sino algunas pocas cosas que encomendó al morir a su hija
Damo68 (81). En los templos de los egipcios,las esculpidas
esfinges esto advertían, que las místicas doctrinas mediante
los nudos de los enigmas se custodien invioladas de la profana multitud. Platón, escribiendo a Dionisio algo sobre las
sustancias supremas, dice: "por enigmas se ha de deci¡, para

que, si por ventura la carta llegara a manos de otro, no se
entiendan por los otros las cosas que a ti te escribimos"(82).
Aristóteles decía (.93) que los libros metafisicos en los que hata
de las cosas divinas estaban editados y no editados. iQué
rnás? Afirrna Orígenes que Jesucristo, el maestro de vida, reveló muchas cosas a sus discípulos que ellos no quisieron
escribir para que no se hicieran comunes al vulgo. Lo que
máximamente confirma Dionisio Areopagita, que dice que
los misterios más secretos fueron por los fundadores de nuestra religión'transmitidos ek noy eis noyn diá méson lógon, de
espíritu a espíritu, sin letras, por intermedio de la palabra.
Como enteramente del mismo modo, por manda,o de Dios,
fuera revelada aquella verdadera interpretación de la ley
divinamente entregada a Moisés, fue llamada Cábala, que
es lo mismo entre los hebreos que entre nosotros receptio|e,
por esto
entiende- de que aquella doctrina, no por

-se

68 Damo

o Dania (siglo Vl a.

5e Recepción.

nlot'lutnent0s
C.).

TIOVANNT

Ptco orrrn MlRaruoore

onRCtc.lN niE.ncn DE

tA DtcNtDAD DEt HoMBRT

mollumentos literarios, sino por ordenadas sucesioues de
revelaciones, uno la recibía del otro, como por derecho
hereditario. Pero después de que los hebreos,librados de
la cautividad babilonia por Ciro y construido el templo
bajo Zorobabel', aplicaron su espíritu a restaurar la ley, Esdras,
entonces jefe de la Iglesia, después de haber corregido el libro de Moisés, como comprendiera claramente que no se
podía, a través de los exilios, de las matanzas, de las huidas,
de la cautividad del pueblo israelita, conservar la costumbre
instituida por los antepasados de transmitir la doctrina de
persona a persona, y que en el futuro así habrían de perecer
los secretos de la doclrina celeste concedida a ellos por la
voluntad divina,la memoria de los cuales no podría durar
largo tiempo no intercediendo los comentarios escritos, estableció que, convocados los sabios que entonces sobresalían,
trajera cada uno al medio de la asamblea las cosas que sabía
de memoria de los misterios de la ley, y que reunidas se recogieran por los escribas en setenta volúmenes (pues tantos eran
los sabios en el Sanedrín). Y para que no sólo tengáis que
creerme a mí, Padrés, escuchad al mismo Esdras que así habla: 'A los cuarenta días exactos habló el altísimo diciendo:
Las primeras cosas que escribiste ponlas a Ia vista, léanlas
dignos e indignos, mas los setenta libros más recientes conservarás para enfregarlos a los sabios de tu pueblo. En efecto, en éstos está la vena del intelecto, la fuente de la sabiduría

y el río de la ciencia. Y así hice" (,8.,[). Esto es de Esdras a la
ietra. Estos son los libros de la ciencia de la Cábala; en estos
libros con razón proclamó con voz clara estar principalmente la vena del intelecto, esto es,la inefable teología de la
deidad supersubstancial; la fuente de la sabiduría, esto es,
la exacta metafísica de las formas inteligibles y angélicas; y
el río de la ciencia, esto es, la más segura filosofía acerca de
las cosas naturales.
Estos libros, Sixto IV, pontífice máximo, que antecedió inmediatamente a éste bajo el cual felizmente vivimos,Inocencio VIII?I,los cuidó con gran esmero y dedicación para que
fueran vertidos en lehas latinas para pública utilidad de nuestra fe. Y así, cuando él falleció, tres de aquélios habían llegado
a los latinos. Estos libros entre los hebreos en este tiempo con
tanta piedad son venerados que a nadie le es lícito tocarlos al
no haber cumplido los cuarenta años. Yo, habiendo juntado
estos libros con gasto no pequeño, habiéndolos leído con
suma diligencia, con infatigables trabajos, vi en ellos
-testigo es Dios- religión no tan mosaica cuanto cnstiana. Estaba
ahí el misterio de la Trinidad, ahí la encarnación del Verbo,
ahí la divinidad del Mesías; ahí del pecado original, de su
expiación por medio del Cristo, de la Jerusalén celeste, de la
caída de los demonios, de los órdenes de los ángeles, de los
purgatorios, de las penas de los infiernos, leí lo que, en Pablo
y Dionisio, en Jerónimo, y Agustín, cada día leemos. Y en

70

7r Sixto lV (Francesco della Rovere), papa de I471, a1484; edificó
en el Vaticano
la célebre "Capilla sixtina". Inocencio Vlll, papa de 1484 a 14g2.

aqueuas

Ciro el grande, fundador del imperio persa (¿556?.53O a. C.). Derrocó al rey de
los medos, venció a Creso, rey de Lidia, tomó Babilonia y llegó a ser dueño de toda
Asia occidental. Zorobabel, príncipe de la casa de David, que hizo volver a los
judíos a su patria después del edicto de Ciro en el siplo Vl a. C.

72 San Jerónimo, Padre

y docior de la lglesia (¿347?.42O), traductor al latín de
la Biblia, en la versión que se ha llamado Vulsata.
47

rGtovnru¡lr Prco

orrrn Mrnn¡toorn

aquellas cosas que miran a la filosofía es enteramente oír a
Pitágorasy a Platón, cuyas definiciones de tal modo son afines a la fe cristiana que nuestro Agustín dio gracias inmensas
a Dios porque llegaron a sus manos los libros de los platónicos. En general, casi ninguna conhoversia hay sobre el asunto errtre nosotros y los hebreos, sobre la cual a partir de los
libros cabalísticos no puedan ellos ser redargúidos y convencidos, y de manera que no haya siquiera un resquicio que
quede en que puedan apoyarse. De lo cual un testigo de gran-

dísimo peso tengo en Antonio Crónico73, varón eruditísimo,
que, estando yo en un banquete en su casa, con sus oídos oyó
a Dáctilo7a, hebreo perito de esta ciencia, concede4, asintiendo completamente,la idea de los cristianos de la Trinidad.
Mas para volver a revisar los puntos capitales de mi disputa,

hemos haído también nuestra idea sobre la interpretación de
las poesías de Orfeo y Zoroastro. Orfeo, entre los griegos, se
lee casi entero; Zoroastro, entre ellos trunco, se lee entre los
caldeos más completo. Ambos fueron tenidos por padres y
autores de la antigua sabiduría. Mas, para no hablar de
Zoroastro, del cual entre los platónicos no sin suma venera-

ción siempre se está haciendo mención, escribió Jámblico
Calcideo que Pitágoras tuvo la teología órfica como el modelo ejemplar en función del cual él mismo plasmara y formara
su filosofía. Que por esto sólo los dichos de Pitágoras dicen
ser llamados sagrados, porque fluyeron de los preceptos de
/3 Anionio Vinciguerra. Ilamado Crónico, diplomático y escritor veneciano.
'Á Se sabe que Pico, a su vuelta a ltalia después del destierro. se rodeó de amigos
hebreos que le enseñaron la lengua y le iniciaron en la cábala judía. Entre estos
amigos está Elías el mendigo, Flavio Mitrídaies, etc.

ORA(-- )I..] A(JE.tI(]A DE LA I.)¡GNIDA{] DEL

Orfeo; de ahí la secreta doctrina de los números y cualquier
cosa grande y sublime que de la filoiofía griega, como de la
primera fuente, manó. Así Orfeo (como era costumbre de los
antiguos teólogos) los misterios de sus doctrinas entretejió
con los disfraces de fábulas y disimuló bajo velo poético, que
si alguno leyera sus himnos creyera que nada se oculta debajo sino fabulillas y simples bagatelas. Lo cual he querido de_

cir para que se conozca cuál haya sido mi fatiga, cuál la
dificultad de exhaer de las premeditadas madejas de los enigmas, de las madrigueras de las fábulas,los escondidos senti_
dos de la secreta filosofía, sobre todo no ayudado, en cosa tan
grave/ tan abstrusa y tan inexplorada, por el trabajo y diügen_
cia de los otros intérpretes. Y sin embargo han ladracio estos
perros de mí que yo he acumulado ciertas menudencias y
cosas de poca monta para ostentación del número; como si
no hubiera traído todas las cuestiones máximamente ambiguas y controversiales que hay, sobre las cuales contienden
las principales academias; como si no hubiera traído muchas
cosas/ para estos mismos que critican mis cosas y se creen
príncipes entre los filósofos, completamente desconocidas y
no intentadas"
Que yo estoy tan lejos de esa culpa que procuré restringir
la disputa a los menos capítulos que pude. eue si yo mismo
hubiera querido-como solieron ohos-dividirla y desmembrarla en partes, a lo innumerable, en verdad, su número
hubiera crecido. Y, para no hablar de lo demás, iquién hay
que no sepa que una doctrina de las novecientas, como por
ejemplo aquella de la conciliación de la filosofía de platón y
Aristótcles

48

riovANf'ir

PIc--.o

o¡rt

p' MtRqNDQLR

oRRClor.,l

Aristóteles, no hubiera yo podido, fuera de toda sospecha de
premeditada numerosidad, haberla estirado a-seiscientos capítulos, por no decir más, enumerando en particula¡, por

ejemplo, todos los lugares en los cuales otros dicen que didiré,
sienten y yo estimo que convienen? Además diré
-lo
aunque no modestamente ni de acuerdo con mi carácter-,
ya que los envidiosos me obligan a decirlo, que quise dar fe
en esta reunión mía no tanto de que sé muchas cosas, cuanto
de que sé las que muchos ignoran. Y así, para que ya se haga
claro a vosotros, Padres venerabilísimos, y pafaque mi oración no demore más largamente vuesfuo deseo, excelentísimos
doctores, que os veo no sin gran placer preparados y ceñidos
esperar la lucha, por ser feltzy afortunado, como silo incitara
el sonido de la trompeta, entrelacemos las manos

ffi

oaurao o,

t,A DIGNIDAD DEL HOMBRE

NOTAS
Corpus hermetícttm - Asclepius, ed. Nock-Festugiere, parís,
1945, vol. Z, 307,18-i9 (6) (C-Tr.)
r?\

Sqlmos 8, 6 (C).

(3)

Génesis 2, 1; TnvrEo pE Locnes, De anima mundi,99
d ss.;
PLRroN, Timeo 47 b, ss. (G).

(4)

PLaróru, Protágoras 321 c, ss. (K).

(s)

LucrLro, Satyrarum,lib. XXVI, fr. 36 (ed. Gerlach) (G_
Tr.).

(6)

Frcrlo, Theologia platonica XIV 3 (K).

\/)

Enoch 40,8 (K).

(8)

ElrpÉoocr-Bs, fu.177 (Diels) (G).

(e)

Génesis

(i0)

Salmos 49 (48\,21 (G).

(i

Salmos 82 (81), 6; luan 10, 34 (G).

1)

6,72; Números 27,16; Marcos 16,15 (G).

(12)

Psruoo Drorursro AnEor,r.crr.r,, Cael. Hier., VII (C).

(13)

Génesis

r

l1\

7,2 (G).'

lob 38,7 (G).

ln

(1s)

lvlrcnoaro,

(16)

Romanos 8, 5 (G).

Somn. Scip.I, VI,

ii, 54-bS (G).

-¡ Se
adopta de Erisabeth Goguer de Labrousse er poner una
retra mayúscula
entre paréntesis ar finar de cada nota para indicar de
dónde fue to.ada:'c para

la edición de Garin: K para la traducción de Elizabeth Livermore
Forbes,

ediiada
por Paul Oskar Kristeller', C para la traducción de
A. Robert Caponigri; fr. f;ia
el traductor, cuando se ha tenido que corregir o compretar
una referencia o
señalar otra edición.
50

51

OflAOlOl'1,\(lI iCl¡i)F.

G ov.nyÑ1 Plco o1¡Ln'Mlnar'roo¡n

f

17) Hechos 9, 15 (K).
(1S) 2 Corintios,72,2 (C).
(19) Pssuoo Dtorulslo ARrop¡ctr¡., Cael. Hier., YL vrr (G).
(2(l) Génesis 28,72-1.3 (C).
(21 )
Corpus lrcrmeticunt - Asclepius, ed. cit. vol. 2,311,13-74

(

(12) (C-rr.).

ir?

\

Jeremías

7,5; Daniel7, L0; Apocalipsis 5,11 (C-

(23)

lob 25,2 (K).

(24)

E¡'rpÉoocres, fr. LL5, 13-14 (Diels) (C-K).

(25)

LucaNo, Plnrsalia I, 1 (K).

(26)

HenÁcuro, fr. 53 (Diels) (G).

7)

Mateo 77,28; Juan 74, 27 (K).

(28)

Lucas 2,14 (K).

(2e)

]Áuerrco, Vita Pyt.230-233 (C).

(30)

Salmos 776 (1,74-1.75), 15 (K-Tr.).

)

lob 38,36 (G-Ti.).

I

{"Ii)

Cf. Primer himno dominical de Laudes'Aererne rerum
Conditor" en el Breviario romano.

(44)
(45)

Prxrórv, Fedórr 118 a (G).

(46)
(47)
(48)
(4q)
(50)
(51I

PLuranco, Pery toy Ei en Delphois,393 c 6-8,

(33)

Éxodo 25-26; 36, 79; 33 (G-K).

(31)

PraróN, Fedro 244-245 b (G-B).

(35)

Romanos 1, 20 (K).

(5-l)
(51¡
(55)
(5{il

(36)

Hebreos 3, 1-7.

(37)

PtLn¡rco, Pery toy Ei en Delphois 2, (385 b) (G-Tr.).

7,9 (K).

Juan

(3e)

NoNro

M¡nc¡lo I, 83 (G).

l3Z c, ss. (G).

t.+

(32)

(38)

I,

Pcrnnrnro, Vita Pyth.42; JÁrrlnlrco , protr.21; FrcrNct,
CLtrnentaríolus'irr synúoltt Pt¡th (Sup¡:I. Ficin., il.100-3) (C)

152)

r)

Pi-¡rc.rr.r, AlcíItíades

Dt(.ii\llDAf) DEL FIoMB\

('11¡

PrrróN, Fedón 67 d, ss, (G-Ti).

(3

52

Tr.).

("+t l

i-A

Pseu,os y PLEruoru,
81 y e1 (G).
Cénesis

h

Oracul. clnld., Amstel., 1688, p.

2, 70-14.

Salnns 55 (54),18; SaN AcusrÍru, De Genesi ad litterant
ze-30 (P. L. xxxrv 315-6) (G).
leremías 9,20 (G-Tr.).
PLalór.r, Fedro247 a(Cf.Timeo 29 e) (G).

lob 32, B (C).
7 Tinntea 4,12 (C).
CrcERóN, De t'inil:us I, Z-3 (K-Tr.).
pRopERCro, Eleg.

L1b.ll, X, 5-6 (K)

Hon\crcr, Epistul. Lib. I, I, 15 (G).
PLaroru,

CartaVII,341 c-d (G-K).

EusEnro, Praep. Eu.,

X,I0,Z; XIV

10, 43 ss.; TEoooRsro,

Curatio I, 41 y ss. (C).

(57)

SnN Acusr'ÍN, Cia. Dei IX,

I; VIII, iv-xiii y otros lugares

(K-T').

(3¡il

SÉNecn, Epistulae 33,7-B (G-Tr.)

GtovRru¡l Plco oÉlr_¡ M

IRA¡¡D,]LA

r

Boecto, De interpretntiottt, sec' Ed', II, 3 (G)'

i5())
{r,r)i
(61)

S,r¡¡

(o2)

pnocro, Comm. Titn. V, proem.; In Theologiam Plntonis l,

SrvpLrcro, Cat 2d; Plnts.,

i ' li

1

Es¿/r¡rs

Il,

)01, lb (C).

P.

|,.

ríiAr.il(lf'l A(,Ei?{lA tria

tV,74,15-47; S¡N Ht¿no
(),

2(¡2 ct1-263 a;

Onic,-Eivu

(b3)

[Pr,rroru], Epinomis 976 e-977 b (K-Tr.).

'!"i 7, 6 (C).
(7.)) lvlutct¡
{¡íi)) I Carintios 2, 6 (C).
(H I i
JÁvarrco, Vit. pyth., Zg, 146 (C).
{,Sl) Pr¡roN, Cnrtn 11,312 c1_e (G).

ir.l )

ARIsro'reL¡s, Probl. XXX, 6, 956 (C-Tr.).

(c!3)

(rr5)

PL,ttoN, República 525 b-c (K-T..).

((rtr)

PoRFIRto, De qbstinentin LY,76 (ed.

(81) II Esdras t4, 5_6.
(85) JÁunuco, Vit. pyth., Zg,1,4S (C).

(tr7)

PrtNro, Nct. Hlsf. XXX,2 (C).

Acusrñ , Contrn ttcadenlicos,lll, XIX (P L' XXX[,
es6) (G).
6 (C).

(

(

{rlt)

Nauck) (C).

PrxLott, Carmitles 1"56 e-757 a (G-C).

(70)

Tertuliano, De animt,57

\)

(72)

DEL HO¡/tBRE

Du porrrEns, Ti.nctattts
¡tsnlmr

s, Itt Eunng. Ioonnis, XlX,

PLUraRCo, Vits Alex.

PLaróN, I Alcibíades 721-722; At'uLEvo, Apología (C).

(6e)

(7

rt\ {)l(il,ilL)At)

(P.

L. II, 57) (G).

PLu'rro, Ioc. cit.

PLtNIo, Ioc..cit.¡,D¡oceNEs L.r.Eltcto,

I proem. 8. Cf.

ARrsrórELes, fr. 34 (Rose) (C).

(73)

PLorrruo, En. lY, 42:43 (C).

(71)

Ponrrnro, Vita Plotini, X, 34-35 (ed. Bréhier) (G).

(7s)

PLrNro, Nnt. Hist. XX,

(76)

Iy gk s : ór

n

i

doi Ayki o dít e s, d' h u i p lnr

pr ós t ñs ma g€ís,.. (S colia

II, L7).

(G).

in

The ocr

it

m

akí tl e s sy ner g ón

um

u

et

er

Isnías

ékhoy si

a-ed. Wendel-

ed. K¡oll, p.39 y ss.;
hypotyposis, ed. Kroll, + (p. 73) (G).
(77)

h

Cf . Aracula chaltlaica,

PsEr-Los,

6,3. (Cf. el "Sanctus" de la Misa) (G-K).

55

)

SENAL QUE CABALCAMOS
Lr-rL_l_í r. tr-ri1

i-rl-,¡ür;¡1. Lil_i.ir_i¡i y Ltffr..¡iUii;.r

Señal que cabalgarnos es una

publicación de la Facultad de Cier-r_
cias Humanas de la Universidarl |..lacionai
¿" Cáirrrfria, que

Oraciótt acetca

de

la dignidad del hombre

Cuadragésimo noveno número de

qFÑAI OtIF CARALCAMOS
###BOT_TEXT###lt;eL

v,

rL,

colección editada por [a Facultad

comprende títulos de literatura, filosofía y
ciencia. Esta co_
lección está compuesta por texios que transmiten
valores
éticos e invitan a reflexionar sobre aipectos
fundamentales
del pensamiento humanista. El ob¡etivo de
la colección es
permitir al estudiante articular conexiones entre
temas que
lo reten i.telectualme^te y ro estimulen u ¿urur.oltu,
un pénsamiento crítico en el marco de los ideales
dsl hurn¿¡ismo.
Esta colección de obras de excelencia, breves,
/á"-g; ,ufo.
estético, está conformada por textos de peniadoós
huma_
nistas, tanto clásicos como contemporáneos.
Esperamos desarrollar este proyecto editorial durante cin_
co años, de tal manera que la Facultad pueda ofrecer a cada
estudiante, para su forrnación académica integral, la colec_
ción compuesta por una selección de g0 obras-"
El sexto semestre académico del proyecto editorial consta cle
los siguientes ltulos en entregas quincenales:

de Ciencias Humanas de la Universidad

.U,u*rtrud,

Nacional de Colombia. Se imprimió

Zapf Calligraphic BT, Ia introducción,

l'ulatn. Joseph Conrad

f nsavc:; (irngnterrtcsl, Michel de Montaigne

en papel bond de 75 gramos. El texto

principal fue compuesto en tipografía

t.rn

Sr;bre vetC¿tcl )¡ tnentri'..i
Sar".rre

r:r.l

Senlrri¡.r ¿:xLrall-iorai. Friedrich NietzSChe

cl of igeii rn:reir_o de la poesia. Walter Muschg

los títulos y las notas en tipografía

Cuenlos. Clarice Lispector

News Goth BT. Se terminó de imprimir

poesías, William Blake

en Bogotá, en la Ciudad Universitaria,

en el mes de marzo del año

i-eoriii

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jt.rcg{l r-.lel r,1ui:nrle. Federico García Lorca

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Lucilio' (5)' de la bolsa
como nacen, consigo traen' como dice
de poseer' Los supremos
cle la madre, todo lo que habrán
fueron aquello que
espíritus o desde el inicio o poco después
En elhombre nanuU¡u de ser en las perpetuas eternidades'
de toda especie y gérmenes de todo género

que defeccionara
propio de la paterna potestad
hechura; no era de su sabiduría
como ineficiente en la última
por faita de recursos de consejo;
vacilar en una cosa necesaria
que habúa de alabar en los
no de su benéfico u*ot q"" ü""f
en sr
fuera obiigado a condenarla
otros la divina liberaliclad
aquel
el óptimo artesano que a
mismo. Estableció finalmente
todo lo
de p'opio le fuera común
a quien nuau poOiu darle
Así' pues' acoq* f,rutu exclusivo de cada uno de los otros'

(-l). Pero no era

ciente, simientes
según cada uno las culüvare'.
de vida infunde el Padre; las que,
.
vegetales' planta tlqt;r#;.'1
crecerán y llevarán en él sus frutos' Si
'ao,,,

hará.sisensuales,embrutecerá'siracionales'llegará^se\ú'i",Ft't'
animal celeste. Si intelectuales, ángel

de indiscernible imagen y'
giO uf hombre como obra
"No
del mundo' así le habló:

t::i*::t"""".:::SlJ

fuWí

si,nocontentoconlasuertedecreaturaalguna'serecogies"tld;[
haciaelcentrodesuunidad'hechosuespírituunocon'1o.t'ü,'\*L'"
Lo*: pn la solitaria calígine del Padre, aquel gue fue.;ottntttoo,,.7¿nr",

habiéndolo puesto en el meollo
\ \tlíf
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un aspecto propio' ti t"toT"ldu
fi=Jnlct
un determinado asiento, ni
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-T.\r*11 füurcúvat",tqlrobre todas las cosas estará delante de todas. .O*::,:: iil_\
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quién afmi-r"rrr" d*lti*l
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este nuestro camaleón? iO'
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confinada 1':'detimitada de los demás está
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dentro de leyes prescritas por
^ir,"aquellas."'"0T.1"^'^"::: \._'+
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en manos del cual te puse' +
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rrera confinado, según tu arbitrio'
i
rrrurr:: te puse Para que - L' ilf!ú4tl)
del mundo
medio Lrt:t
el me(]t(r
pitagóricos' En efecto' aun la más secretu lo''f
' ' ír'.n eI
los hebreos ylos
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?-y,-más comodidad todo lo que
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ni
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mortat
ni
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terreno,
ni
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s Et poeta laiino (tB0'103 a. C )
.)
6 t,
honorud-o
y
casi arbitrario
mismo'
ti
de
,-t:'(
6
5 No se sabe cual.
¿Q
que
de
K"*t"'
cuál.
fin
a
hicimos,
preque tenía la facultad de
: ('
7 Dios marino de la mrtología griega' hijo de Poseidón'
tú mismo enla forma que
artífice, te plasmes y esculpas
los
cambiar de forma a voluntad
las cosas inferiores que son
fieras. Podrás d"ge"e'u' en
11

las

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teología de los hebreos transforma ya al santo lrrroch8 en ¿ingel de la divir-ridad, al que llaman ¡'l¡¡fñ y1s lMalakhhnshekinahl, ya a otros en otros númenes 17). Y los pitagóricos
convierten a los hombres criminales en brutos y, si se cree a
Empédocles, también en plantas (,9). Imitando lo cual Maho
ma repetía frecuentemente y con razón ciertament", 'gui"r j;[J
de la ley divina se aparta, en bruto se convierte". No es en ¿r\h;,¿ p
verdad la corteza quien hace la planta, sino la estupefacta e (6q,,s¿*el ,
insensible naturaleza; ni el cuero a las besdas de carga, sino el
[,;ryr¡li.l
alma bruta y sensual; ni el cuerpo orbicular al cielo, sino la €v-\ L¡,ü
rectá razón; ni la separación del cuerpo, sino la inteligenciu t"or-1 .L
espiritual hace al ángel. Si, pues, vieres a alguno dedicado al L'( r3vú^
vientre, hombre serpiente de la üerra, vegetal y no hombre es
el que ves; si a alguno casi enceguecido, como por Calipsoe,
por las vanas fantasmagorías de la fantasía y reblandecido
por su excitante atractivo, esclavo de los sentidos, bruto es y
no hombre el que ves. Si un filósofo que con la recta razón ti h.
todas las cosas discierne, a éste venera: animal celeste es, no -7
terreno. Si un puro contemplador ignorante del cuerpo,
recogido en las secretas moradas de la mente, éste ni es
terreno, ni animal celeste, éste es un numen más augusto
revestido de carne humana. ZQuién, pues, al hombre no

admirará? Que no sin motivo en las sagradas escrituras
mosaicas y cristianas ora se le designa con el nombre de
I

Uno de los patriarcas del Antiguo Testamento, hijo de yéred y padre de Matu.
salén. cf. Génes¿s 5. 21. El libro de Enoch se considera como uno de los primeros
"Apocalipsis' apócrifos.

e Ninfa, hija de Océano y de Tetis, reina de Ogigia, que reiuvo a
Ulises con sus
encantos siete años.

,,,,r,,

l,,l 'ii:l tit;r\ lrt tA t)l{if.,t [)Al,-,r,.,

,irrn.

"t,rl¿r r';tl''("" ora co. cl de "t.da
creaturar, clesde que él
t'nisrrro se ¡rlasrna, fabrica y transforma a sí mismo en el
as_
pecto de toda carne, en el ingenio c1e toda creatura (9). por lo
que escribió Evantes persar., allí donde expone la teología
caldea, no ser del hombre una propia y nativa imagen, sino
muchas extrañas y adventicias. De donde aquello cle k;s
&tj",ldc caldeos":.ilty: nliJ:E nE¡t E¡t¡g $n Ul¡! lEnosh ltu
rv.{'c5fttrc;t shinnujim ueknmntah tebhaoth hajl, esto es: el hombre es un
r ' loic ¡'¡{,. animal de va¡ia como
f
multiforme y tornad iza naturarcza. r,ero,
ea qué estas cosas? A fin de que comprendamos, aes,le
que
[:ht-¿. hemos nacido en esta
condición, de que seamos aqueilo que,
queramos ser, que nosotros debemos cuidar por encima dei
r-"-. todo de esto; que en esto en verdad de nosotros no se,riga.
que estando en honor no supimos que nos hacíamos semeCll_:,: jantes
u,rlo,,'h,"i
a los brutos y a los inslpiq¡Ies jumentos ( l0). pero vale
, más aquello
de Asaf profeta,2l l t1: "Dioses sois e hijos todos\
i.,l W Jr..:r,.r
del altísimo", para
j
* que
-1*- no sea lluL
que quuoqrruu
abusando L{c
de la
rcl rt-)
{t¡
il'.L LL,{J
i^dtlSentísima
liberalidad del Padre,la libre opción que el
,\t.nLut , ,
I i
\
nos
concede,
de saludable nos la hagamos nociva. Invada ul
* flrii"'l
Li
''
espíritu éierta ambición sasrada a fin de que, no contentos ?
con

medio.¡au#ñffios

ras cosas más artas v nos

em-

entpeñnnos
con,gran inftuencia en tos filósofos presocráticos,

F

tr

.i.

T
c{€
,_á

i']"i:11.^r,^li^U::l:
l"r,.r
oalmente
pitagóricos
(srglo Vl a. C.)
"rpu.*j
1r rrátese o no aqul de ros
orácuros caldeos, obra der tiempo de Marco Aurerio, . É
todo esto corresponde a ra m¡sma tradición rerigiosa y riteraria iraní que,
con sus /-\
equ¡valenies egipcia y ¡udía, era invocada en ese entonces como fuente

importan t*- '

te por el hermetismo neoplatónico y por el gnosticismo en general.
ll2 Asaph, de la tribu de Leví.
hijo de garaquias, director del coro de los músicos
levitas que constituyó Davrd para honrar a Dios ante el arca en
medio del taber, o
náculo (/ Paralip.6,39 y 15. 5)

tz
13

.

r]RAtJItJN AL1ERC.A

rvAlrNi PICO rtr-Lr,c M rn¡¡lotli-¡

pcñr-mos con todas las fuerzas en aicanzarlas (to-rla-v

It ft,t,¿t

cl(¿"

que están sobre el cielo y que, como
en Job,
con himnos desde antes de apurrtar el
alba 1l-{1. El rlue es Serafín, esto es, amante, en Dios está, y Dios
en é1, o mejor dicho, Dios y él son uno. Grande es la potestad
de los Tionos,la cua@do;
suma la sublimrclad de las Serafines,la cual alcanzamos amando. Mas, ien
qué forma alguien puede juzgar, o amar,lo que no conoce?

-cligoa Dios .rlaban

los sagrados misterios,los Serafines, ios Querubines y ios Trono
nos13 poseen las primeras sillas ( t2); de éstos, nosotros

-ya

nada inferiores.

Mas, Zpor qué manera y, en fin, haciendo qué cosa? Veamos lo que ellos hacen, qué vida viven. Que si nosotros la
viviéremos (pues podemos), ya habremos igualado la suerte
de ellos. Arde el Serafín en el fuego de la caridad; fulge el
¡
Querubín en el esplendor de la inteligencia; se alzaelTrono | -lr'¿,,'l*

parejamente nos ilumina; éste es el nudo de las O.r*.r"r"l,.rh.;
mentes, el orden paládicoln (15) que preside a la filosofía\t¡q.."d*
contemplativa; éste por nosotros ha de ser emulado prime-cl..\Jr'-.{L,ce^.!
ro y rodeado con afány comprehendido hasta el punto a"r-\i.frlg*.(.
de donde a las cimas del amor seamos arrebatados y, a lasü*-f.e,^r*.
responsabilidades de las acciones, bien instruidos y preparados, descendamos. Mas, en verdad, es el precio de esta
obra, si a ejemplo de la vida querubínica la vida nuestra se
ha de modelar, tener ante los ojos y en contante qué y cuál
sea aquélla, cuáles'las acciones, cuáles las obras de ellos. Lo
cual, como no nos sea lícito conseguirlo por nosotros mismos/ que carne somos y gustamos las cosas que son de la
tierra (16), acerquémonos a los antiguos padres, que de estas
cosas, como de familiares y connaturales, pueden proveernos testimonio cierto y abundantísimo. Consultemos a Pa-

en la firmeza del juicio. Así, pues, si entregados a una vlda ^+- éh
activa, el cuidado de las cosas inferiores con recto e"a*e.tfu1e*lt^
asumiéremos, en la estable solidez de los Tionos nos afuma-'q L*S
remos. Si de las acciones descargados, meditando en la obrd.l*u'" "dndsl
l-';
ll"'' lc1
el artífice y en el artífice la obra, en el ocio de contemplar nos fau;r

14

6,2 ss.)

/'

t¿.lc!
!- ¡.rVt\

[*.,1..(

¡,.,
I"Jl.ii r (.tV't" t

'.

\juieitttot.

,

ra Ordo patla(tlcus, aparte de entender ia alusión a Palas, no se tiene
t¡ene n¡nguna
nrnguna
inorcación p¡ecisa de esta designación.

\,1irl\
\r)

i'I

' frf*trüfr*'<.n1.,
('n S'¿,.,
S't" f'I'J',.,^[ t: e*
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1].,¡t,ir
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II
I

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Y¡.;0,,7 .

1

Amó Moisés a Dios, a quien vio, y, juez, administró en el
\
pueblo aquellas cosas que vio primero como contemplador
I
en el monte. Por tanto, mediador, el Querubín con su luz al
seráfico fuego nos prepara y al juicio de los Trono- ¡'no'\tl''

sabiendo ceder y no sufriendo las segundas-,la dignidad y
ia gloria emulemos. A ellos, como lo queramos, seremos en

r3 Ordenes angélicos en la teología cristiana. Véase /saias

LA I)ILlNIT)AD DEI H()N]13I?.i

aguas ( lJ), esas

%-9ryg4l-'t ü,1'.rt e'9

\
a{¡-amnc
on
lr lr¡z
nrror¡rlrínina
ñ^r
fnrlrc
nqrfaq
to"-1.-1.3Évctctccr
luz- querubínica
por
afanamos,
en la
--r------.
-- ----- partes
r -- todas
r --- --- -resplan-,{,¿;,r*f
--r --.-- a-t1 n\.r tL¿7{,
deceremos. Si ardiéremos únicamente por el amor al artíficed{ Lrrfcr*
mismo, en su fuego que consume, de rribi,o, en seráfica ¡i- P'"tü'
gura, crepitaremos. Sobre el Trono, esto es, sobre el justo juez,
tiene su asiento Dios, juez de los siglos. Sobre el Querubír t I
esto es, sobre el contempladoq, vuela y---<omo incubarldolJ Cj::::lo abriga. El espíritu del señor, en efecto, se mueve sobre las til,..¡!r't¿r

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A

trierrrlt'rt v clesciendell" Así ciue si esto mismo hemos de pracal ser subli1 l7-)' que él mismo
elección
c1e
vaso
blo apóstol,
iquién
ticar nosotros, imitando la vida añgélica, pregunto:
ejércitos de los Querubi_
activos
los
vio
cielo
te¡cer
al
mado
; i.
alcanzarála escala del Señor con pie sórdido o con manos
de acuerdo cori la interpretación de
Oesponderá,
tOl.
f
Ct' 1"1^ti poco limpias? Al impuro, como guardan los misterios' es
".,
luego iluminados y'
Dionisiors, que ellos eran purificad'os,
,,VYr:;'::"r, impiedad alcanzar lo clue es Puro' Mas, icuáles son estos
(19); luego' también nosotros'
finalmente, perfeccionados
,1fLt'r"'
es aquepies?, Zcuáles estas manos? Ciertamente pie del alma
la
por
/
dominando
querubínica'
vida
la
tierra
emulando en
lir, [.r,,
ü
llr,
[.r.,,
ila parte despreciabilísima con la que se aPoya en la materia
disipando porla dial:
)'olnl.'''"
ciencia moral el ímpetu de los afectos,
i
-\
.o*o en el suelo de la tierra; la facultad, digo, nutriz y susde la *V'tt{l
ir,*rr.,dicias
tu,
limpiando
't":'t:t
razón,
la
de
caiígine
la
ctica
t'
tentadora, yesca de la libídine y maestra de la molicie voa fin de que ni
alma
el
-e
"
'
purifiquemos
vicios,
los
y
i
ignorancia
b $ ¡tlc
luptuosa. iManos del alma, por qué no llamaremos a lo
ni larazón impru- ,,r,\$' cl
lás afectos a ciegas bailen bacanalmente
irascible, que, Propugnador de la apetencia, para ella comcompuesta y
dente llegue a delirar' Entonces al alma bien
bate y, bajo el polvo y el sol, predatorio arrebata aquellas
reparadainundémoslaconlaluzdelafilosofíanatural,para
A estas
cosas que ella, dormitando en la sombra, devorará?
en el conocimienque finalmente la llevemos a la perfección
manos/ a estos pies, esto es, a toda la parte sensual en que
nuestros no nos
to de las cosas divinas' Y a fin de que los
tienen su asiento las seclucciones del cuelPo qne manbienen
cuya imagen resbasten, consultemos al patriarca Jacobtt'
no
al alma, corno dicen, con el cuello apretado (21)'para que
recordará el paplandece esculpida en sede de gloria' Nos
seamos rechazados de la escala como profanos y polutos'
de abajo'
dre sapientísimo que durmiendo en el mundo
lavémoslos en la filosofia moral como en un río vivo. Pero ni
de una
medio
por
recordará
nos
Mas
arriba'
de
el
en
velaba
esto será suficiente si queremos ser comPañeros de los í.9.unas escafigura (así acontecíanles todas las cosas) que hay
bien
les que discurren por la escala de ]acob, si no fuéremos
lastendidasdesdeelfondo-delatierraalaspartesmásaltas
capacitados e instruiclos primeramente en rlovernos debien cuyo
del cieio divididas en una serie de muchos grados'
damente de un grado a otro grado y a nunca deorbitar de la
contemremate el señor está sentado (20)' Y que los ángeles
vía de la escala ni a estorbarnos unos a otros ei recorrido'
aspladores, por ella, a uno y otro lado' alternativamente'
Una vez que hayamos conseguido esto por medio dei arte
L5MonjeanÓn¡mo(siglosV.Vld.C.),conocidocomoPseudoDionisioAreopagita'
discursivo o del raciocinio, ya Por el querubínico espíritu
Unade|asfuentesmáSimportantesdelpensamientomedieva|ese|con¡uniode
autor se presenta allí como
animados, por los graclos de la escala, esto es, de la naturaleescritos que forman el Corpus areopagtt¡cum' Su
la muerte de
que
acompañó
sol
de
eclipse
del
testigo
Pablo,
a cendiscípulo de San
za, filosofantes, afuavesando todas las cosas de centro
Crisio. etc

(Génesls 28'
r6 Jacob, nieto de Abraham, hiio de lsaac. Tiene el sueño de la escala

de lsrael'
10'12) y lucha con un ángel de quien recibe el nombre

t6

WÉü¡É,- -_

tro, ora descenderemos desgarrando con fuerza titánica lo
1-l

TToVANNI

\,

()RAClO¡t AItERCA DE LA DtcNtr)AD DFL H()Mt3RE

Flco orrrR MlnRNnrlrR

sublirne así nos levanta clue somos colocacl<¡s entre los más
altos clel Señoq, sólo la filosofía en nosotros las contendrá
enteramente y las calmará. La moral, si nuestro hombre pidiera sólo tregua de sus enemigos, primero abatirá las desenfrenadas correrías del bruio multiforme y las querellas,
iras e ímpetus del león. Entonces, si aconsejándonos mejor
deseáremos la seguridad de la perpetua paz, venclrá aquélla y
nuestros votos colmará generosamente, puesto que muertas
una y otra bestia, eomo puerca herida'e, santificará entre la
carne y el espíritu un inviolable pacto de santísim apaz. CaImará la dialéctica las turbaciones de la razón agobiada
angustiosamente entre las pugnas de los discursos y las trampas de los silogismos. Calmará la filosofía natural las disputas
y disidencias de la opinión que vejan, distraen y laceran por
todas partes el alma inquieta. Y así la aquietará que nos haga
recordar que la naturaleza es, conforme a Heráclito, nacida
de la guerra, por esto de Homero llamada contienda (26),y,
por lo mismo, que en ésta ella no puede prestarnos un verdadero descanso y una sólida paz, qlre esto es encomiencla y
privilegro de su señora, es deci¡, de la santísima teología. Aquélla misma es el camino que nos mostrará y, compañera de
viaje, nos guiará a ésta,la que viéndonos acercarnos afanados, desde lejos gritará: "Venid a mí los que trabajasteis; venid y yo os restauraré; venid a mí y os daré la paz que el
mundo y la nafuraleza no pueden daros" (27).Tandulcemente llamados, tan benignamente invitados, con alados pies,
como terrestres Mercurios, volando al brazo de la beatísima

muliipliciclad, c()mo Osiris,', ora ascenderemos
recogienc]o con fuerza apoiíne;r'n la multipiicidad, como los
miembros cle osiris, en el uno, hasta que, en el seno del Pa.lr,o en

l¿r

dre, clue sobre la escala está, finalmente descansando, seamos
consumados en la teológica felicidad. Preguntemos también

al justo Job, tlue entró en una alianza con el Dios de vida
antes qtie él mismo naciera a la vida, qué cosa el sumo Dios
clesea más en aquellas decenas de cientos de miles que lo
asisten (22): la paz, ciertamente responderá; próximo esto a
aquello clue se lee: 'Aquel que hace lapaz en los cielos" (23). Y
porque las admoniciones del orden supremo, el orden meclio l¿rs interpreta a los inferiores, las palabras del teólogo Job
nos las interpreta Empédocles el filósofo- Éste, la doble naturaleza sita en nuestras almas -de cuyas partes por una somos
elevados a la altura de la celeste, por la otra arrojados a la
hondura infernal-, nos la simboliza por la disputa y la amistacl, o la guerra y la paz, como atestiguan los versos' En ios
cuales se queja de que é1, mo'¿ido por la disputa y la discordia, semejante a un furioso, proscrito de los dioses, es arrojado a lo profundo (24). Múltiple es, en efecto, Padres, en
nosotros,la discordia; tenemos en casa guerras intestinas más
graves y peores que €iuerras civiles (25)' Las cuales, si no las
quisiéramos, y si quisiéramos alcanzar aquella paz que a lo

ü

{

Ir

l7 Muerto y despedazado por Seth, sus miembros quedaron dispersos, hasta que
lsts vuelve a rcunirlos.
18 Plutarco (siglo la. c.) establece la semelanza entre los ritos oe 0siris y de

Dionisos y explica el contrasie en que Apolo viene a ser el principio de la simplici
daci, unidad y púrc1a, y Dionisos el cle los carnbios, metamorfosts y división. Ésta
es la doctrina esotérica conocida por los iniciados.

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Víctima inmolacla en el sacrifrcio

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olt/\()tof\l Arri:l<cA DE LA tJtGNtDAD

madre, gozaremos en la deseadapaz; en la paz sanfsima, en
la indisoluble unión, en la amistad concorde, por la cual todos los espfuitus no sólo se acuerdan en aquella única rrlente,
que está sobre toda mente, sino que de cierto modo inefable

vendrán a fundirse en uno solo. Esta es aquella amistad que
los pitagóricos dicen ser el fin de toda la filosofía; ésta es
aquella paz que Dios obra en sus alturas, que los ángeles descendiendo a la tierra anunciaron a los hombres de buena
voluntad (28), a fin de que por ella los mismos hombres ascendiendo al cielo liegaran a ser ángeles (29); estapaz deseamos a los amigos, ésta a nuestro siglo, deseémosla a toda casa
en la cual entremos, deseémosla al alma nuestra, para que por
ella se haga ella misma casa de Dios; para que después de que
hubiere sacudido sus inmundicias por la moral y la dialéctica, que se hubiere adornado con la múltiple filosofía como
con áulico aparato y hubiere coronado los remates de sus
puertas con las guirnaldas teológicas, descienda el Rey de la
gloria y viniendo con el Padre haga mansión en ella. Que si
de tan gran huésped se mostrare digna, porque es inmensa su
clemencia, con dorado vestido, como con toga nupcial, circundada por la múltiple variedad de las sentencias, albello
huésped recibirá, no ya como a huésped, sino como a esposo,
del cual nunca será separada; y deseará separarse de su pueblo y olvidada de la casa de su padre, y, sin duda, de sí misma,
deseará morir en sí misma a fin de vivir en el esposo, en cuya
presencia, preciosa es, en efecto,la muerte de sus santos (30);
muerte, digo, aquélla, si muerte debe llamarse la plenitud de
la vida, cuya meditación dijeron los sabios ser el estudio de la
z0

DEI-

,

l

filosofía 1.i l¡. Citernos también al mismo Moisés apenas
nor que aquella fontanal plenrtucl de la sacrosanta e inefable
inteligencia donde los ángeles con su néctar se embriagan.
Oigamos al venerable juez así dictar leyes a nosotros habitantes en la desierta soledad de este cuerpo: "Los que polutos
aún necesiten de la moral, con la plebe habiten fuera del
tabernáculo, bajo el cielo'", como los sacerdotes tesalios (32),
mientras sean expiantes. Los que ya hayan acabado de componer sus costumbres, recibidos en el santuario, no toquen
aún por cierto las cosas sagradas, sino antes sean menestrales de ellas con dialéctica servidumbre, diligentes levitas'zl
de la filosofía. Cuando a ellas también sean admitidos, en el
sacerdocio de la filosofía, contemplarán ya el ropaje multicolor de la regia tienda de Dios en lo alto, esto es, el áulico
ornado sidéreo, ya ei celeste candelabro divino en siete
luminarias", yalos elementos de piel, así que a lo último,
por los méritos de la sublimidad teológrca, admitidos en el
interior del templo, gocen plenamente de la gloria de Ia
divinidad, con ningún interpuesto velo de imagen" (33).
Esto ciertamente Moisés nos manda (y rnandándonoslo nos
amonesta, incita y exhorta), que por medio de la filosofía nos
preparemos el camino, en tanto que podamos, a la gloria celeste venidera. En verdad de verdad no sólo los misterios
mosaicos y cristianos, sino también la teología de los antianttgttos
20 Sub divo. baJo el ciivrno.

2l Yahvé quiso que la tribu cje Le'rí quedara para llenar los cargos sacerdotales
(Núnreros 3).
22 Para

2B

la rlescrrpoón del templo y de las cosas que habia en el, véase Éto,to 25.

{l

.¡NNr Pr-u

Dr I La

\,4t.AJ\Dü.a

glros nos pone a ia vista las ventajas como la dignidad de
estas artes liberales, sobre las cuales he venido a disputar.
iQué otra cosa, en efecto, quieren decir los grados de los
iniciados observados en los arcanos de los griegos, en los que
primeramente a lravés de aquellas artes que dijimos ser casi
purificadoras, la moral y la dialéctica, acontecía a los purificados la recepción de los misterios? ZY ésta, qué otra cosa
puecle ser que la interpretación de la más sec¡eta naturaleza
por medio de la filosofía? Entonces, finalmente, para los así
dispuestos, sobreveníala epopteíaz3, esto es,la visión de las
cosas divinas por la luz de la teología. eQuién no apetecerá
ser iniciado en tales sagrados ritos? iQuién, dejando atrás
todas las cosas humanas, despreciando los bienes de la fortuna, descuidado del cuerpo, no deseará llegar a ser conüdado
de los dioses, alentando todavía en la tierra, safurado en el
f,
néctar de la eternidad, recibir, animal mortal, el don de ia
inmortalidad? iQuién no querrá ser así inspirado por aquellos furores socráticose, ensalzados por Platón en el Fedrob
(3-l), como para saLi¡, batiendo alas y pies, de aquí, esto es, del
mundo
está plantado en el maligno-, huyendo de
-que
prisa, en rapidísimo curso hacia la Jerusalén celeste2ó? Dejémonos llevar, Padres, dejémonos llevar por los socráticos furores, que así nos pongan dementes que a nuestra mente y a
23 Srgnrfica

ORACION ACERCA DE LA OIGNLDAD D€Ú hOMf]R€

nosotros mlsm()s nos pongan en Dios. Seremos llevados por
ellos en toclo caso, si pri'rero hemos lrevaclo adelante aqueilo
que está ennosotros; ya que si por la moral así han sido con_
tenidas las fuerzas de los afectos, por clebida simetría en sus
medidas, que estabilizadas concuerden unas con orras en armonia, y si por la dialéctica ra razón se moviere avanzando
con ritmo, remecidos por el furor de las lVfusas2z, beberemos
en común por los oídos Ia celeste armonía. Entonces, el
señor
de las Musas, Bacor, mostrando en sus misterios, esto es, en
los signos visibles de la natur aleza,los secretos invisibles de

Dios (35), a nosotros filosofantes nos embri agarácon ra abundancia de la casa de Dios, y si como Moisés fuéremos fieles en
toda ella (3b), acercándose la sagrada teología con doble furor
nos animará. Así, en su eminentísima atalaya sublimados y
desde ahí midiendo las cosas que son, que fueron y que ha_
brán de set con la invisible edad, y admirando la belleza
primigenia, vates, de aquellos de Febo2e, seremos sus alados
amadores, y finalmente en inefable caridad removidos interiormente, como por un estro, como Serafines ardientes, pues_
tos fuera de nosohos mismos,llenos del numen/ ya no seremos
nosotros, sino aquel mismo que nos hizo. Los sagrados nom_
bres de Apolo, si alguno escruta sus significados y latentes
misterios, suficientemente mostrarán que aquel Dios es no

visión directa. En los misterios de Eleusis era el videnie que obtenía el
mayor grado de iniciación,

menos filósofo que poeta. Lo cual, como Amonio30lo haya

2a Estados de posesión, como de locura, que
a
un dios

o numen lleva al hombre
inspirado y que lo arrastran a palabras o actos que lo sobreoasan.
25 uno de los más famosos diálogos
de Pratón. Trata del alma, del amor. la belleza

27 Nú¡nenes
2B Diorrysos,

26 Otro nombre para

30

y Ia palac¡ra.

el reino de los crelos.

2e

de la mitologÍa ctásica, inspiradoras y patronas o" ,u"

u'lJ!.'"*

Apolo, dios de la belleza, de la verdad, de la armon¡a, de la luz.
Ammon¡o de Lamptrase, filósofo peripatético del s¡gro r, maestro de plutarco
de

Atenas

22
23

(ltr¡t"¡Rru¡lt Ptrlrl

ilElr¡

Mtttntlt-rtlt

¡

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.

I

)l

/\

al sapientísimo Pitágoras, sabio principalmente por esto,

cumplido satisfactoriamente (37), no hay por qué yo lo trate
tres
de otra manera; pero insinúese en el espíritu' Padres'
de
preceptos délficos" muy'necesarios a éstos que habrán
.r,tru. al templo sacrosanto y augustísimo no del falso sino
a
del verdadero Apolo, que ilumina a toda alma que viene
nos
este mundo (38); veréis que aquéllos ninguna otra cosa

i

tl

t\
:i

esta
aconsejan sino que abracemos con todas nuestras fuerzas

En
filosofía tripartita de la que trata la discusión presente.
rectaefecto, aquel medén ágan, esto es, "nada demasiado" '
segun
mente prescribe la norma y regla de todas las virtudes
También
el criterio del iusto medio del cual trata la moral'
al conociaquelgnóthi seautón,esto es, "conócete a ti mismo"'

mientodetodanaturaleza,delacuallanaturalezadelhomEn
bre es intersticio y como cópula (39), nos excita e impele'
como
efecto, el que se conoce/ en sí todas las cosas conoce/
escribieZoroastro32 primero y luego Platón enelAlcibíades33
ron (.{0). Finalmente, con este conocimiento, iluminados por
la filosofia natural, ya próximos a Dios, EI, esto es' diciendo
y' de ahí' con
eres, corrteológica salutación, familiarmente
también
gozo, llamarernos al verdadero Apolol' Consultemos
3rDe Delfos, antrgua crudaci de la Fócida, situada al pie del monie Parnaso' en

rli/\L l( )l I i \l I lt( /\

el

famoso por el oráculo'
vaile del Pleisto, gran centro religioso de la antigüedad'
32 Zaratustra, refornlador religioso persa. Nacla se sabe de su lugar de nacimiento
le
y sólo hay con1eluras sobre el tiempo en q-ue vivió La tradición helenística
y
astrologia'
magia
de
obras
muchas
atribuyó
r3 Diálogo de Plaión que trata de la naturaleza del hombre'

3aAdviértaseel]UegoconstatecePicoconlamiiologíapagana.deIaquesesirve
Eres Se
para ilumrnar y exprrcar actitudes filosóficas y religrosas crisllanlstl];
Fxodo 3' 14' a
el
en
mrsmo
si
de
que
da
Yahvé
delinición
la
a
duda,
alude, sin
Moisés: ego sttm qut.sum ("Yo soy el que soy')'

por-"'

que del nombre de sabio nunca se estimó digno. Enseñará
primero que no nos sentemos encima del modio de medir,
esto es, que, renunciantes, no soltemos en la ociosa desidia
aquella parte racional con la cual el alma todo lo mide, juzga
y examina, sino que la dirijamos asiduamente y la excitenros
con el ejercicio y la regla dialéctica. Luego nos señalará qtre
hemos de precavernos primeramente de dos cosas: que no
vayamos a orinar cara al sol ni a cortarnos las uñas durante el
sacrificio. Pero una vez que por la moral hayamos desaloiado
las apetencias de los placeres desbordantes, y hayamos recortado, tal como las salientes de las uñas, esas colrlo aguzadas
prominencias de la ira y aguiiones de los ánirnos, sólo entonces empezaremos a asistir a los sagrados ritos, esto es, a aquellos misterios de Baco de que hicimos mención, y a estar libres
para nuestra contemplación de quien dícese con justicia ser
padre y señor del sol. Finalmente, nos llamará la atenciÓn
para que nuhamos al gallo, esto es, Para que a la parte diüna
de nuestra alma, en ei conocimiento de las cosas divinas, como
con sólido alimento y ambrosía celeste, la apacentemos (4 [ )'
Éste es le gallo cuya vista el león, esto es, toda la potestad
terrena, teme yreverencia. Éste, aquel gallo al que le fue dada
leemos en Job- (42). A1 canto de este
la inteligencia
-según
gallo el hombre que yerra se arrepiente (43). Éste es el gallo
que, mientras los astros matutinos alaban a Dios, modula un
canto en el crepúsculo del alba de cada día. Este gallo, el
muriente Sócrates, cuando esperaba que él habría de unir la
divinidad de su espíritu a la divinidad del mundo mayot
Llt.lo

Grov¡r.rr'l Plco orr-i.¡ Mr¡nruoore

dijo deberlo a Esculapio, esto es, ai médico cle ias almas, puesto ya fuera de todo peligro de enfermedad (,1-1). Examinemri¡
los lnonumentos de los caldeos: veremos (si se les cree) que
por esas mismas artes es que se abre a los mortales el camino
de la felicidad. Escriben los intérpretes caldeos que fue palabra de Zoroastro que el alma es alada, y que cuando le caen
las alas se precipita en el cuerpo, y en cuanto le rebrotan
aquéllas retorna a volar a las alturas (a5). preguntándole los
discípulos cómo les saldían espíritus voladores con alas bien
emplumadas: "Irrigad
-dijo- a las alas con aguas de vida".
De nuevo averiguando ellos de dónde obtener estas aguas,
así, por medio de una parábola (lo que era costumbre de este
hombre),les respondió: "Por cuatro ríos el paraíso de Dios se
baña y se riega: de ahí mismo sorberéis para vosotros las aguas
saludables. El nombre de aquel que corre del aquilón es
Pischon, porque denota lo recto, aquei que viene del ocaso es
Dichon, porque significa expiación, el del oriente, Chiddekel,
porque suena aluz, aquel que corre del meridién, perath,
porque podemos interpretarlo como pied¿d":s (46). Advertid
en vuestro espíritu y con diligencia considerad, padres, qué
quieren decir estas doctrinas de Zoroastro: en efecto,.ing,rna otra cosa sino que con la ciencia moral, como las ondas
ibéricas, purifiquemos36las suciedades de los ojos; con la dialéctica, como con nivel boreal, alineemos la mirada de ellos a
lo recto. Entonces, en natural contemplación, la hasta aquí
débil luz de la verdad, como la cuna del sol naciente, acos35 Tambrén

en el Génesls 2, lO.I4, aparece un río de cuarro orazos.

36 Expientus.

ORACION

I
?
Sl

s

if

:
t..

ngencn DE

iA DlcNlr]AD

DEL HoMafiH

tumbrémonos a soporta4 para que, finalmente, pormeclio
cle
la teológica piedad y el sacratÍsimo culto a Dios,
como celes_
tes águilas, sobrellevemos con
Irerzael fulgidísimo brillo del
sol meridiano. Éstos son tar vez aquellos conocimientos
matutinos, meridianos y vespertinos por David ensalzados pn_
mero y porAgustín explicados más ampliamente (+D.
Ésta es
aquella luz meridial que a ros serafines inflama hasta
el límire
y a los Querubines igualmente ilumina. Ésta es aquella
re_
gión hacia la que siempre marchaba el patriarca
Atraham.
Este es aquel lugar donde no hay lugar para los
espíritus
inmundos, como nos transmitieron las doctrinas de los
cabalistas y de los moros37. y si algo de los más
secretos miste_
rios es lícito, aunque sea bajo enigma, proferir en
público,
después que Ia repentina caída del cielo condenó aivértigo
la cabeza de nuestro hombre y de que, como dice
Jeremías,
entrada por nuestras ventanas, la muerte (4g), al hígado
y al
pechoil gravemente afectó,llamemos a Rafael3e, el celeste
mé_
dico, para que nos iibre con la moral y la dialéctica como
con
medicinas saludables. Cuando estemos restituidos a la buena
salud, ya habitará dentro de nosotros Gabriel, fueriade
Dios,
que, guiándonos por los milagros de la natur aleza,indican_
do dondequiera la virtud y el poder de Dios, finalmente
al
sumo sacerdote Miguel nos entregará, quien, como soldados
etnéritos
37

La

Kabbata (cábara)

es er conjunto de doctrinas místicas y metafísicas desa.
rrorradas en er ludaismo, sobre todo entre tos sigros Xil ar
XV l. contiene todas las
doctr¡nas esotéricas der judaísmo, er rarmud, los profetas y
los escritos aoócrifos.
33 Los grandes "centros",
en la medicina antigua.
3e Se habla aquí

de los arcángeles. para Rafael, véase er ribro de Tobías. para
Gabriel, Lucas 1, 26 (la anunciación). para Miguel, Apocalipsis
12.7.

26

u_

¿/

Grovnirrul Plco rrrt rn

IVI

()I?A(,I0N A(]F.R(-A DE LA DTGNIDAD DEL

ttiANDoLA

eméritos de la filosofia, con el sacerdocio de la teología como
con corona depiedras preciosas nos distinguirá.

Estas son, Padres venerabilísimos,las cosas que a mí al estu-

dio de la filosofia, no me animaron tanto cuanto me compelieron. Las que ciertamente no habría tenido que decir si no
respondiera a estos que suelen condenar el estudio de la filosofía sobre todo en varones principales o en quienes en general viven con una mediana fortuna. Está, en efecto, ya todo
este filosofar (es tal la infelicidad de nuestra edad) más bien
en desprecio y en ultraje que en honor y gloria. Así invadió
casi todas las mentes aquella perniciosa y monstruosa persuasión de que o para nada o para pocas cosas se ha de filosofar. Como si el tenerbien exploradas, ante los ojos y a la mano,
las causas dt:las cosas,los caminos de la naturaleza,larazón
del universo, ios designios de Dios,los misterios de los cielos
y la tierra, nada aprovechara si uno no puede juntar a ello ya
lacaza de algún favor ya su lucro. Que en esto se ha llegado a
que ya (ioh dolor!) no se consideren sabios sino los que hacen
mercenario estudio de la sabiduría, que es como ver a la púdica Palas, por favor de los dioses avecindada entre los hombre, Ianzada, expuisada, silbada; no teniendo quien la ame,
quien la ayude, si ella misma, como prostituyéndose y recibida la modesta recompensa de su desflorada virginidad, no
devuelve la mal obtenida moneda al cofre de su amador. Todo
1o cual yo lo digo, no sin grandísimo dolor e indignación, no
a los príncipes, sino a los filósofos de este tiempo, que por eso

ül
¡

i

$

creen y predican que no se debe filosofar, porque para
filósofos rringuna merced ni premio se haya establecido; como
si no rlrostr¿rsen ellos mismos, por este solo hecho, que ellos
no son filósofos. Porque como toda la vida de ellos está puesta
ya en conseguir ya en la ambición, no abrazan la verdad por
el conocimiento de ella misma. Me concederé esto, y ni un
poco me sonrojaré de alabarme yo mismo aquí: que yo nunca
por otra causa he filosofado sino para filosofar; ni de mis
estudios, ni de mis elucubraciones, he esperado otra cosa o
buscado merced alguna o fruto sino el cultivo del espíritu y
el por mí siempre más deseado conocirniento de la verdad.
Del cual tan deseoso fui siempre y tan amantísimo que, dejado todo cuidado de las cosas privadas y públicas, al ocio de
contemplar me entregué enteramente; del cual ni acusaciones de envidiosos nimaledicencia alguna de los enemigos cle

la sabiduría han podido hasta aquí o podrán en lo futuro
desviarme. Enseñóme la misma filosofía a depender más bien
de mi propia conciencia que de los juicios externos y a pensar siempre no tanto en que yo no oiga decir mal de mí cuanto en no decir yo mismo algo malo o hacerlo. En verdad no
ignoraba, Padres venerabifsimos, que esta misma disertación
mía cuanto habrá de ser a vosotros todos, que las buenas artes
favorecéis y que con vuestra augustísima presencia quisisteis
honrarla, gratay alegre, tanto sería a muchos otros grave y
rnolesta; y sé que no faltan quienes condenarán mi tentativa
desde antes y quienes en el presente con muchos títulos la
condenan. Así acostumbraron a tener no menos, por no decir
más, detractores, aquellas cosas que se encaminaban bien y
satúanrcn.te

28

----__-__--_-

.jiovANNr Prco Drt r.A M laruoole

virtud, que aquellas que se encaminaban inicua y falsamente al vicio. Ptres hay quienes no aprueban en
nada este género de disputa y esta institución de disertar
sobre las letras en público, aseverando que ella es más bien
para ostentación de ingenio y doctrina que para aportar conocimiento'u.Hay quienes no reprueban en verdad este género de ejercicio, pero en mí de ningún modo lo aprueban,
porque yo a esta edad, sólo veinticuatro años, acerca de los
sublimes misterios de la teología cristiana, de los más latos
santamente

a la

lugares de la filosofia, de disciplinas ignotas, en la famosísima
ciudadu', en amplísima reunión de doctísimos hombres, en el

apostólico senado€, haya osado proponer una disputa. Otros,
concediéndome esto, que dispute, no quieren otorgar el que
yo dispute de novecientas cuestionesa3 diciendo con calumnia ser este hecho tan superfluo y ambicioso cuanto superior
a mis fuerzas. Yo al punto me rendiría a las objeciones de
éstos si así me hubiese enseñado la filosofia que profeso,f rto
respondería ahora, enseñándomelo así la querella, si creyera
que esta disputa se estableció entre nosotros con el propósito
de reñir y combatir. Por lo cual, todo intento de detracción y
de provocación, y la envidia de la que escribió Platón que
estaba siempre ausente del divino coro (49), apártese también
ao Ad comparandam eruditionen,

al

Roma.

a2 Ei colegio cardenalicio.

a3 Proposiciones seleccronadas

por Pico para ser discutidas de manera púbiica.
Están tomadas de los escolásticos cristianos (124 tesis) y de los árabes (84
tesis). El resto, de autores persas, egipcios, babilonios y de los filósofos clásicos
comentaristas de Platón y Aristóteles. Especialmente tienen interés para Pico
los neoprtagóncos, los caldeos y la Cábala.
30

ORACIO-N

oCrnco DE LA i,tuiltDA?

?EL

rroNraHr

cle nuestras mentes. Si el disputar me corresponde, como tam-

bién si de tantas cuestiones, examinémoslo amisablemente.
Primeramente, a aquellos que calumnian esta cJstumbre de
disputar en público, mucho no he de deci¡, siendo que esta

cuipa, si culpa se considera, no sólo a vosotros todos,
excelentísimos doctores, que muy a menudo esta tarea, no
sin suma alabanzay gloria, habéis desempeñado, sino a platón, y a Aristóteles, y a los más estimados filósofos de todas
las edades,les es común conmigo. Los cuales tenían para sí

como cosa certísima que nada había mejor, para conseguir
el conocimiento de la verdad que buscaban, que estar
frecuenlsimamente en el ejercicio de disputar. Así como, en
efecto, por la gimnástica las fuerzas del cuerpo se hacen más
firmes, así, fuera de duda, en ésta, como en la palestra literaria,las fuerzas del espíritu mucho más fuertes y más vigorosas llegan a ser. Ni creo yo que los poetas otra cosas nos hayan
significado por las cantadas armas de Palas, o los hebreos
cuando dicen ser !1.1¡ fbarzell, el hierro, el símbolo de los
sabios, sino lo muy honestas cuanto necesarias que son las
competencias de este género para alcanzar la sabiduría. A
esto tal vez viene el que también los caldeos reclamen en el
nacimiento de aquel que habrá de ser filósofo que Marte con
triangular aspecto considere a Mercurio, como si suprimidas
estas reuniones, estas guerras, soñolienta o adormecida vendría a ser toda la filosofía. A la verdad, contra aquelios que
dicen que yo no estoy a la altura de este campo, más difícil es
para mí el método de defensa: pues si dijera que estoy a la
altura, me parece que habré de sufrir la connotart¡k#rrii
31

Gtr-lvnrurur

Ptco orrtn

modesto y de presuntuoso; si confieso que no lo estoy, de
temerario e improvisador. Ved en qr-ré aprietos he caído, en
- qué lugar se me han puesto, que no puedo sin culpa adelantar una palabra sobre mí en aquello que ya no puedo sin
culpa no darla. Quizá pueda aducir también aqueilo de Job,
que "el espíritu está en todos" (50), para oír con Timoteo'n
"que nadie desprecie tu adolescencia" (51). Mas en toda verdad en conciencia esto habré de decir, que nada hay en nos
de grande o singular; que no negando ser muy estudioso y
apasionado por las buenas artes, sin embargo ni asumo ni me
arrogo el nombre de docto. Por lo cual el que tan grande peso
haya echado sobre mis hombros no fue debido a que no estuviera consciente de nuestra debilidad, sino a que sabía que es
característico en luchas de este género, esto es, en las literarias, que en ellas es ganancia ser vencido. De lo cual resulta
que cuanto más sin autoridad sea alguien puede y debe con
derecho no sólo no retraerse, sino apetecerlas más. Siendo así
que quien sucumbe beneficio del vencedor recibe, no injuria, puesto que por él vuelve a casa más rico, esto es, más
docto y más instruido para las luchas por venir. Con esta
esperanza animado, yo, débil soldado, con los más fuertes y
aguerridos de todos, no he temido en nada afrontar tan grave
lucha. Lo cual, sin embargo, si se ha hecho temerariamente o
no, puede alguien juzgarlo más rectamente en todo caso por
el resultado de la pugna que por nuestra edad. Resta que, en
tercer lugar, responda a aquellos que se ofenden por la numerosa multitud de proposiciones, como si este peso cayera soaa Destinatario de

32

,

MrRRt lot.rt,¡

la epístola de san Pablo (Timoteo 4,72).

),)Ar lr.t, -A .La(.A L)L l^ t'tüNIliAlr l,LL

H

bre los hornbros de eilos y no más bien hubiera de ser sopo
tado en este caso por mí solo, y con cuanta sea sll fatiga. Es

indecoroso en verdad esto, y demasiado fastidioso, de querer
poner límite a la industria ajena, y, como dice Cice¡ón (52), en
aquello que es mejor cuanto es mayot desear la mediocridad.
Sin duda en tan grandes osadías era necesario que yo sucumbiera o cumpliera; si yo cumpliere, no veo por qué lo que es
laudable al vencer en diez cuestiones al haber vencido también en novecientas se estime culpable. Si sucumbiere, ellos
mismos tendrán, si me odiaron, de dónde me acusen, si rne
aman, de dónde me excusen. Por lo cual, en cosa tan grave,
tan grande, que un hombre adolescente, con tenue ingenuo
y exigua doctrina, haya fallado,lo hará más digno de venia
que de acusación. Que también según el poeta6 (53):

deficiurtt uires audacia certe

honor erít, in magnis aoluisse satis est.
Si faltan las fuerzas, la audacia será un

honor. En io grande basta con querer.

Que si en nuestra edad muchos, imitándo a Gorgias
Leontinoaó, no sólo de novecientas sino de todas las cuestio-

nes, también de todas las artes solieron, no sin alabanza,
proponer disputa, ipor qué no ha de serme lícito a mí,limpiamente, de muchas, sí, pero sin embargo ciertas y determinadas cosas, disputar? Mas superfluo llaman a esto, y
ttntlticioso
a5 Propercio, F/egías,
a6 Gorgias (¿480.380?

ll.

1O. 6.

a. C.), sofista griego nacicJo en Leoncio (Sicilia).

-¡lovANNr Prr.o Lrr.iLR Mlnaruoorn

anrbicioso. Y yo en verdad ciiscuto que no tan sólo no t:s superfluo, sino que es necesario para mí el hacerlo; que si ellos
mismos corrsideran conmigo el método de filosofar, aun a
disgusto habrían de confesar que es absolutamente necesario. Aquellos que en efecto se agregaron a aiguna de las escuelas tilosóficas'7, por ejemplo la cle Tomáss o la de Escoto*e, que
airora cuentan con más favorecedores, ellos en verdad ya
pueden, en la discusión de pocas cuestiones, poner a prueba
su doctrina. En cambio yo me propuse así no jurar bajo las

palabras de ninguno como extenderme por todos los maestros de la filosofía, escrutar todos los papeles, conocer todas
las escuelas. Por lo cual, como yo tuviere que decir de todas
ellas, para no parecer atado en algún luga¡, si defensor de una
doctrina determinada pospusiera ias restantes, no pudieron,
aunque se propusieron pocas sobre cada una en particular,
no ser muchas las que al mismo tiempo había que traer sobre
todas. Y alguno no condene en mí esto de que dondequiera
me lleve la tempestad me presente como huésped (54). Fue
así, en efecto, por todos los antiguos, observado esto: que
estudiando todo género de escritores no se pasara por alto

ninguno de los sentidos disponibles, como lo fue

i1

máximamente por Aristóteles, que por esa causa anagnóstes,
esto es,lecto{, por Platón era llamado; y sin duda es de una
mente estrecha confinarse dentro del Pórtico o la Academia.

1,

at Philosopttorutn famitiis.
aB

Santo Tomás de Aquino, teólogo católico italiano, nacido en Roccasecca (1225.
1274). Su doctrina, inspirada en Aristóteles, lleva el nombre de tomismo.

4e Duns Escoto, teólogo

y filósofo rnglés (¿1266?.1308), defensor del realismo.

Ni puecle entre todas flas escuelas] rectamente elegrr para

la propia quien primeramente no las conoce a toclas familiarmente. Añaclid que en cualquier escuela hay algo insigne,
que no le es común con las demás. y para empezar ahora por
los nuestros, por aquellos a quienes sobrevino a lo último la
filosofía: hay en Juan Escoto algo vigoroso y sutil; en Tomás,
sólido y ponderado; en Egidio, terso y exacto; en Francisco,
penetrante y agudo; en Alberto, antiguo, amplio y grancle;
en Enrique, a lo que veo, algo siempre sublime y venerable.
Entre los árabes, hay en Averroes algo firme e inconcuso; en
Avempace, en Alfarab í, gr av ey meditado; en Avicena, divino
y platónico. Es entre los griegos la filosotja en conjunto, en
verdad, nítida en primer lugar y casta; en Simplicio, rica y
abundante; en Temistio, elegante y abreviada; en Alejandro,
constante y docta; en Teofrasto, elaborada con gravedad; en
Amonio, desenvuelta y graciosas." y si a los pitagóricos te
vuelves, para revisar sólo unos pocos: en porfirio te habrás de
deleitar en la abundancia de asuntos y en una religión múltiplesl; en Jámblico venerarás una filosofia más secreta y los
misterios de los bárbaros; en plotino nada hay primero que
admira¡, ya que se muestra en todo admirable; al cual, ha_
lablantlo
50 En

este párrafo se hace arusión a tres crases de firósofos: 1)

esco/ásürcos

c¡rstranos. Escoto Eriúgena (sigro rX); Santo Tomás de Aquino (sigro
Xilr); Egidio G¡l

de Roma (siglo XIV); Francrsco de Mayronís (siglo XIV); San Alberto-Magno
(siglo Xlll) v Enrique de Gante (sigros Xilr.XrV¡. )¡ Ftasotos árabes.
Avempile
(siglo Xll); Alfarabí (siglo X): Avicena (siglos X.Xl) y Averroes (sigto
Xil).3;
Filósolos griegos comentarstas de pratón y Aristóteres, respectivamente.
Simpri
cio, Temistio, Alelandro de Afrodisra (sigro ilr d. c.), así como Teofrasto
lsrgros'rv
lll a. C.) y Amonio (siglo tV a. C.).
5r Multiiuga religione.

G,t,vqñrut Ptr-'cr uErlA Mrr¿¡Nt 'oI

A

blando divinamente de las cosas divinas, y, acerca de las humanas, muy por encima del hombre, con docta oblicuidad
dcldiscu¡so, sudorosos los platónicos aPenas entienden' Paso
por rlto a los más recientes: a Proclo, exuberante de asiática
fertilidad y a los que tl-ryeron de é1: Hermias, Damascio, Olimpodoro y muchos otros, en todos los cuales aquel tó theíon,
esto es, lo divino, símbolo peculiar de los platónicos, brilla
siempre52. Se añade a esto que si alguna secta hay que ataque
las más verdaderas doctrinas y con calumnia escarnezca las
causas del pensamiento, aquélla afitma, no debütada,la verdad,y, como el movimiento, excita a la liama sacudida, no la
extingue. Movido yo por esta razón, quise traer al medio los
principios no sólo de una (como gustaba a algunos), sino de
todo género de doctrina, de modo que con esta agregación de
muchas sectas y con la discusión de una filosofía muyvaria,
aquel fulgor de la verdad, que recordó Platón en sus Cartas
(55), en nuestros espíritus, como sol naciente de 1o más profundo, más claro resplandezca. iQué sería si sólo la filosofía
de los latinos, vale decil de Alberto, Tomás, Escoto, Egidio,
Francisco y Enrique, omitiendo a los filósofos griegos y árabes, se tratara? Siendo que toda la sabiduría, de los bárbaros
a los griegos, de los griegos a nosotros, pasó (56). Así los
nuestros siempre en el método de filosofar hallaron para sí
suficiente el mantenerse dentro de los hallazgos extranjeros
y el haber cultivado las cosas de los otros. iQué sería discu-

l:

52 Se

ciian en este apartado algunos de los principales filósofos neoplatónicos:
Porlirio (siglos Il.lll d. C.); Jámblico (siglo lV d. C.); Plotino (siglo lll d. C.); Proclo
lsiglo V d. C.) y sus discípulos Hermias, Damascio y 0limpodoro. Estos filósofos
neoplatónicos ejercerán una influencia y atracción especial en los humanistas.
36

tir con los peripatéticos5r de las cosas naturales si no se hace
comparecer la Academia de los platónicos?, cuanto taml,ién
su docttina de las cosas divinas siempre entre todas las filosofías

-testigo

es

Agustín- fue tenida como santísima (57),

y es por mí ahora, por prinrera vez por lo que

de esta

-y
afirmación esté lejos la envidia-, después de muchos
siglos, traída a examen para disputar en público. ieué sería
ciiscutir las opiniones, cuantas fueran, de los otros, si acce_
diendo al convite de los sabios, como quien no paga su par_
te, nada hubiéramos traído que fuera nuestro, parido y
elaborado por nuestro ingenio? En verdaci es poco noble,
como dice Séneca (58), saber sólo de comentario y, como si
los hallazgos de los mayores obstruyeran el camino de nues_
tla industria, como si en nosotros agotada estuviera la fuerza de la naturaleza, nada parir de sí que, aunque no muestre
la verdad, a lo menos la indique por señas o de lejos. porque
si el colono odia la esterilidad en su campo, y en la esposa el
marido, ciertamente tanto más la mente divina ligada y aso_
ciada a un alma infecunda la odiará en esto, cuanto de allí
mucho más noble prole se espera.
Por lo cual, no contento yo con haber añadido a las enseñanzas comunes muchas cosas de la anügua teología de Mercurio Tiimegistro, muchas de los caldeos, de las disciplinas
de los hebreos, numerosas cosas por nos enconhadas y meditadas, sobre las cosas natrlrales y divinas, propusimos para
ser discutidas. Propusimos primero el acuerdo de platón y
Aristóteles, por muchos sostenido anteriormente, por ningut3 Los aristotélicos

ti¡ovnru¡r Pit:o orrr,q

N,l

lnÁ¡ioor.q

no surticientemente probado. Boecioa, entre los latinos, comprometido a hacerlo, no se encuentra que haya hecho eso que

siempre quiso hacer (59). Simplicio, que entre los griegos sostuvo lo mismo, iojalá cumpliera en esto tanto como prometió! (60). También esuibió Agustín en Contra académicos (61)
clue no faltarían muchos que en sus sutilísimas discusiones
trataran de probar esto mismo, esto es, que es la misma la
filosofía de Platón y de Aristóteles. Lo mismo Juan Gramático5s, aun cuando diga que Platón difiere de Aristóteles sólo
en aquellos que no entienden ias palabras de Platón, el probarlo, sin embargo, lo dejó a los sucesores. Añadimos también muchos lugares en los que las sentencias de Escoto y
Tomás, y muchos en los que las de Averroes yAvicena, que se
consideran discordes, nosotros consideramos estar acordes.
En segundo luga¡, colocamos aquellas cosas que nosotros
desentrañamos en Ia filosofía, ya aristotélica,yaplatónica, y
luego setenta y dos nuevas doctrinas físicas y metafísicas,las
qtre si alguien las retiene podrá, si no me equivoco,lo que
para mí pronto será manifiesto, resolver cualguier cuestión
pfopuesta sobre cosas naturales y divinas con un método
bien diferente de aquel que nos enseña la filosofía que se
estudia en las escuelas y que es cultivada por los más doctos
de esta época. Ni nadie debe admirarse tanto, Padres, que yo
en mis primeros años, en tierna edad, en la que apenas se es
lícito
se expresan algunos- leer los comentarios de

(JIIACIOII A(]EREA

DF

l.A {)lG\rla)AD DEL HOMBRE

otros/ clutera traer una nueva filosofía, sino clue alábesela
si se
clefiencle o condénesela si se reprueba, y, por úlhmo,
habien_
clo de ser juzgados estos nlrevos hallazgos y estas

nuevas Ie_
tlas, cuéntense no los años del autoq, sino los
méritos más
bien o las fallas. Hay aun, además cle aquélla,
otro antiguo
sistema de fiiosofarpor medio de números,
nuevo ahora, que
nosotros traemos: aquéI, en verdad, observado
por los primr_
tivos teólogos, por pitágoras especialmente,
por Aglaofamor,
pcr Filolao',, por platón y los primeros platáni.oJ (62),
p..o
que en estos tiempos, como otras cosas preclaras,
de tal modo
cayó en desuso por la incuria de los que
después vinieron,
que apenas si algunos vestigios del mismo
se encuentran.
Escribió Platón en eI Epínomis (63\ que entre
todas las artes
liberales y ciencias contemplativas la principal
y mayormen_
te divina es la ciencia der numerar. preguntando
también por
qué el hombre es el animal más sabio, responde: ,,porqr'r"
conoce el numerar". De cuya sentencia también
Aristóteles
se acordQ en los P,roblemata (64). Escribe Abumasars
que fue
palabra de Avenzoar de Babilonia que todo ha
conocido el
que conoce el numerar. Cosas fodas que de ninguna
manera
pueden ser verdaderas si por el arte de numerar entendieran
aquel arte del cual ahora son los mercaderes en
primer lugar
los más peritos, lo cual también platón atestigua
advirtiénáonos con voz enérgica que no entendamos que esta
divina

-

-como

5a Severino Boecio (48O.524),

philosophiae.

5j Juan Filopono (siglos

fitósofo y poeta lat¡no, autor de De consoiatione

s6 Maestro que enseñó
las doctrinas órficas
s7 Pitagórico del siglo
V a.
58

V-Vl).

Albumazar (sigros

astronoñ)os".

atitrnética

a pitágoras.

C.

Vr-rX), astrónomo árabe, tamado,,er príncipe de

ros

38
39
l

Gtorzallr.rr Plcct

il

antmética es la aritmética mercantil (bi). Cuando me pareció
después de muchas elucubraciones tener descubierta aqlrella aritmética que así es éxaltada, para ponerla a prueba, me
comprometí a responder públicamente mediante los números a las setenta y cuatro cuestiones que se consideran principales entre las físicas y divinas. Propusimos también los
teoremas mágicos, en los que señalamos ser doble la mag-ia,
de la cual la una se funda entera en la obra y en la autoridad
de los demonios, cosa, iasí Dios me asista!, execrable y portentosa. La otra no es, si bien se la examina, sino la consumación
absoluta de la filosofía natural. Como tenían a ambas presentes,los griegos, a la una, no dignándose darle de modo alguno el nombre de magia,la nombran goeteía [impostura], y a
ésta, como a sabiduría perfecta y suma,la llaman con el propio y peculiar nombre mngeía [magia]. Del mismo modo, pues,
como dice Porfirio (66), en la lengua de los persas ',mago,,
suena lo mismo que entre nosotros "intérprete,, y,,cultor de
las cosas divinas". Grande, pues, más bien máxima, padres, es
entre estas artes la disparidad y desemejanza. A aquélla no
sólo la religióh cristiana, sino todas las leyes, toda república
bien constituida, la condenan y execran. A ésta, todos los
sabios, todas las naciones estudiosas de las cosas celestes y
divinas,la aprueban y abrazan.Aquélla es la más fraudulenta
de las artes; ésta es firme, fiel y sólida. A,aquélla quienquiera

cultivó disimuló siempre, porque envolvía la ignominia y
el ultraje de su autor; de ésta, en la antigüedad y casi siempre
se derivó la suma celebridad y gloria de las letras. De aquéila
nunca fue estudioso ningún varón filósofo y deseoso de
la

il

iil

orirR M rnn¡tottLn

0ltActr)f\t ACr-RcA iJE LA {)tGNiDAD DEt_ t-to

aprender las buenas artes; para aprender ésta, pitágoras,
Em)
pétJocles, Demócrito, Platt.rn, se hicieron a Ia mar, al
v es_
tar de vuelta la enseñaron y la tuvieron a Ia cabe2a en sus
secretos (67). AquélIa, al no sér probada por ningún género
de razones, así no es aprobada por autor alguno; ésta,
honra_
da por famosísimos progenitores, por así deci4, tiene princi_
palmente dos autoridades: Zalmoxis, que imitó a Aúaris
el
hiperbóreo,y Zoroastro, no el que tal vez creéis, sino aquel
hijo de orornasose. Cuál sea la magia de uno y otro, sr a platón
lo preguntamos, responderá en el Alcibíades: la magia de
zoroastro no era otra cosa que la ciencia de las cosas divinas,
en la que los reyes persas instruían a sus hijos paraque a
,
ejemplo de la república del mundo ellos aprendieran a regir
su propia república (bf]). Responderá en el Carménides',,
¡á9¡
que la magia de Zalmoxis es la medicina dei espíritu, esto
es,
por la que se obtiene [a temperancia en el ánimo, como por
aquélla la salud del cuerpo. Las huellas de éstos posterior-

mente las siguieron Carondas, Damigerón, Apolonio,
Hostanes y Dárdanou, (20). Las siguió Homero, que, como
a
todas las otras sabidurías, así a ésta también disimuló baic.r
los errantes caminos de su ulises, como en nuestra Teoroyía
poética probaremos

algún día (71). Las siguieron Eudoxá y
[lenni¡xt

5s Zal¡noxis

o Zamorxis, regisrador de ros escitas, de ros tracios y de ros
antiguos
tártaros, venerado como un díos. Abaris, rnago escita que por haber
cantado el
viaje de Apolo al país de los hiperbóreos recibió ese nombre.
Realizó grandes
prodigios como sumo sacerciote de Apolo gracias a su facultad
adivinatoiia.
60 Sobre la temperancia.

6l carondas, Damigerón. Aporonio, Hostanes
y Dárdano son citados por
no en De antma, 57, y por prinro en ra Histo'a naturar. De estos
autores
:'ados como adivinos, rnaqos o sabios se sirve pico para esta
cita,

Terturia-

.;";l;;

rlgvA\Nr Ptco r¡Erln MtHnrudora.

Hermipo"2 17?). Las siguieron casi todos los que escrutaron los
mistenos pitagclricos y platónicos. Y de los más nuevos que la
barruntaron encuentro a tres: a Alkindi el árabe, a ltoger Ba-

Cuillermo de

La recuerda también Plotino
con y
(73), doncle demuestra que el mago es ministro y no artífice
de la naturaleza. Como varón sapienlsimo aprueba esta magia y asevera que así aborrece la otra que, como se le invitara
a los ritos de los malos demonios, respondiera, y con mérito
ciertamente/ que era mejor que ellos vinieran a él que él ir
hacia ellos (74). Que, en efecto, aquélla vuele ai hombre sujeto y esclavo de los malos poderes, así como ésta lo vuelve
príncipe y señor de ellos. Aquélla, finalmente, ni del arte ni
de la ciencia pueden para sí vindicar el nombre; ésta,llena de
prof u ndísimos mister ios, abr aza la contemplación rnás alta
de las cosas más secretas y, en una palabra, el conocimiento
de toda la naturale za.Ésta,llamando como en las cavernas a
lahtz de las virtudes dispersas y diseminadas en el mundo
por la bondad de Dios, no tanto hace maravillas cuanto siwe
diligente a la hacedora naturale za.Ésta, aplicada a escrutar
más adent¡o el consenso del universo, al que los griegos más
si gnifi cativamente llaman sy mp ótheian (7 5), y teniendo examinado el mutuo conocimiento de las nafuralezas, acercana

París"3.

naturales atractivos, que son llamados rygges
de los magos (76), trae a luz pública, como si ella misma fuera
el artífice,las maravillas ocultas en los escondrijos del mundo

a cada cosa sus

62 Eudoxo, probablemente el

astrónomo y matenrático griego (408-355). Hermipo,
probablemente Hermipo de Esmirna (siglo lll a. C.).
63 Alkindi, filósofo árabe onental (siglo lX); Roger
Bacon, teólogo de Oxford (srglo
Xlll) y Guillermo de París, teólogo de ParÍs (siglo Xlll).

oRAcroN nóEncn DE rA DrclrDoD

9l!;o-ryl5

do, en el seno de la naturaleza, en los almacenes y en
los
arcanos cle Dios, y asi como ei agricultor casa los olmos a las
videse, así el mago casa la herra con el cielo, esto es,las partes
inferiores a las dotes y virtucles de las superiores. por lo cual

resulta que cuanto aquélla aparece monstruosaos y nociva,
tanto ésta aparece.como drvina y saludable. principarmente
por esto de que rnienhras aquéIla, haciendo al hombre esclavo
de los enemigos de Dios, lo aleja de Dios, ésta lo excita hacia
aquella admiración de las cbras de Dios a la que, propensa la
caridad,la fe y la esperanza ciertamente siguen.
no hay,

eue

en efecto, cosa alguna que más mueva hacia la religión, hacia
el culto de Dios, que la asidua contemplación de las maravillas de Dios, que como las hayamos explorado bien mediante

esta magia natural de la cual hatamos, más ardientemente
animados al culto y al anror del artífice serernos compelidos a

cantar aquello: "Llenos están los cielos,llena está toda la tierra de Ia majestad de tu gloria" (77).
Ybasten estas cosas sobre la magia, sobre la cual las dijimos
porque sé que hay muchos que, como los perros que ladran
siempre a desconocidos, así también ellos a menudo condenan y odian las cosas que no entienden.
Vengo ahora a aquellas cosas que arrancadas de los anti_
guos misterios de los hebreos, a la sacrosanta y católica fe he
traído para ser confirmadas,las cuales, no sea que por éstos,
para quienes son desconocidas, sean consideradas Éruslerías
inventadas o fábulas de juglares, quiero que todos entiendan
aué
5a En

las viñas, olmos como tutores.

'5 Prodisiosa.

tl1

43

oRAtll()l.l-ACLudA tlE t-A {lrcNtDAD DEb HoM

Grovnѡrt Plco oerrn MtnnttooLa

qué y cuáles son, de dónde se postulart,,Por cuáles autores
famosos hayan sido confirmadas y guardadas y cuánto, cuán
divinas sean, cuán necesarias a nuestros hombres para defender la religión contra las importunas calumnias de los hebreos. Escriben no sólo los célebres doctores de los hebreos,
sino entre los nuestros también Esdras, Hiiario y Orígenes6,
que Moisés por inspiración divina recibió en el monte no
sólo la ley, que dejó inscrita en cinco libros para la posteridad, sino también una más secreta y verdadera explicación
de la ley; fue también mandado a él por Dios que publicara la
ley en el pueblo, pero que la interpretación de la ley no la

confiara a los libros ni la divulgara, sino que él misrno la
revelara sólo a Jesús Naveu',y éstea su furno a los ohos venideros sumos sacerdotes, bajo gran religión de silencio. Era
suficiente por la simple historia reconocer ya el poder de
Dios, ya su ira para con los malvados, su clemencia Para con
los buenos, su justicia Para con todos, y Por los preceptos
divinos y saludables ser instruido para vivirbieny felizmente para el culto de la verdadera religión. Pero hacer manifiestos a la plebe los misterios más secretos, y las cosas latentes
bajo 1a corteza de la ley y bajo la ruda vestidura de las palabras,los arcanos de la altísima divinidad, Lqu.é otra cosa era
sino dar lo santo a los perros y esparcir las perlas entre los
puercos? (79) Luego, mantener estas cosas ocultas al vulgo
o libros bíblicos canónicos (Esdras y fVehemías),
sino al Esdras apócrifo, conocido como Esdras /v. san Hilario, obispo de Poitiers,
padre de la lgles¡a (¿315?.367) y Orígenes, exegeta y teólogo nacido en Alelan
clrÍa (185.254), que empleó el método alegórico en la interpretación de la Biblia.
6/ Josué, hilo de Nun,

66 Este Esdras no se refiere al lrbro

M

para comunicarlas a los perfectos, entre los cuales sólo Pablo
se dice hablar la sabiduría ([30), no fue cosa de humano consejo, sino de divino precepto. La cual costumbre los antiguos
filósofos santísimamente obseruaron. Pitá goras nada escribió,
sino algunas pocas cosas que encomendó al morir a su hija
Damo68 (81). En los templos de los egipcios,las esculpidas
esfinges esto advertían, que las místicas doctrinas mediante
los nudos de los enigmas se custodien invioladas de la profana multitud. Platón, escribiendo a Dionisio algo sobre las
sustancias supremas, dice: "por enigmas se ha de deci¡, para

que, si por ventura la carta llegara a manos de otro, no se
entiendan por los otros las cosas que a ti te escribimos"(82).
Aristóteles decía (.93) que los libros metafisicos en los que hata
de las cosas divinas estaban editados y no editados. iQué
rnás? Afirrna Orígenes que Jesucristo, el maestro de vida, reveló muchas cosas a sus discípulos que ellos no quisieron
escribir para que no se hicieran comunes al vulgo. Lo que
máximamente confirma Dionisio Areopagita, que dice que
los misterios más secretos fueron por los fundadores de nuestra religión'transmitidos ek noy eis noyn diá méson lógon, de
espíritu a espíritu, sin letras, por intermedio de la palabra.
Como enteramente del mismo modo, por manda,o de Dios,
fuera revelada aquella verdadera interpretación de la ley
divinamente entregada a Moisés, fue llamada Cábala, que
es lo mismo entre los hebreos que entre nosotros receptio|e,
por esto
entiende- de que aquella doctrina, no por

-se

68 Damo

o Dania (siglo Vl a.

5e Recepción.

nlot'lutnent0s
C.).

TIOVANNT

Ptco orrrn MlRaruoore

onRCtc.lN niE.ncn DE

tA DtcNtDAD DEt HoMBRT

mollumentos literarios, sino por ordenadas sucesioues de
revelaciones, uno la recibía del otro, como por derecho
hereditario. Pero después de que los hebreos,librados de
la cautividad babilonia por Ciro y construido el templo
bajo Zorobabel', aplicaron su espíritu a restaurar la ley, Esdras,
entonces jefe de la Iglesia, después de haber corregido el libro de Moisés, como comprendiera claramente que no se
podía, a través de los exilios, de las matanzas, de las huidas,
de la cautividad del pueblo israelita, conservar la costumbre
instituida por los antepasados de transmitir la doctrina de
persona a persona, y que en el futuro así habrían de perecer
los secretos de la doclrina celeste concedida a ellos por la
voluntad divina,la memoria de los cuales no podría durar
largo tiempo no intercediendo los comentarios escritos, estableció que, convocados los sabios que entonces sobresalían,
trajera cada uno al medio de la asamblea las cosas que sabía
de memoria de los misterios de la ley, y que reunidas se recogieran por los escribas en setenta volúmenes (pues tantos eran
los sabios en el Sanedrín). Y para que no sólo tengáis que
creerme a mí, Padrés, escuchad al mismo Esdras que así habla: 'A los cuarenta días exactos habló el altísimo diciendo:
Las primeras cosas que escribiste ponlas a Ia vista, léanlas
dignos e indignos, mas los setenta libros más recientes conservarás para enfregarlos a los sabios de tu pueblo. En efecto, en éstos está la vena del intelecto, la fuente de la sabiduría

y el río de la ciencia. Y así hice" (,8.,[). Esto es de Esdras a la
ietra. Estos son los libros de la ciencia de la Cábala; en estos
libros con razón proclamó con voz clara estar principalmente la vena del intelecto, esto es,la inefable teología de la
deidad supersubstancial; la fuente de la sabiduría, esto es,
la exacta metafísica de las formas inteligibles y angélicas; y
el río de la ciencia, esto es, la más segura filosofía acerca de
las cosas naturales.
Estos libros, Sixto IV, pontífice máximo, que antecedió inmediatamente a éste bajo el cual felizmente vivimos,Inocencio VIII?I,los cuidó con gran esmero y dedicación para que
fueran vertidos en lehas latinas para pública utilidad de nuestra fe. Y así, cuando él falleció, tres de aquélios habían llegado
a los latinos. Estos libros entre los hebreos en este tiempo con
tanta piedad son venerados que a nadie le es lícito tocarlos al
no haber cumplido los cuarenta años. Yo, habiendo juntado
estos libros con gasto no pequeño, habiéndolos leído con
suma diligencia, con infatigables trabajos, vi en ellos
-testigo es Dios- religión no tan mosaica cuanto cnstiana. Estaba
ahí el misterio de la Trinidad, ahí la encarnación del Verbo,
ahí la divinidad del Mesías; ahí del pecado original, de su
expiación por medio del Cristo, de la Jerusalén celeste, de la
caída de los demonios, de los órdenes de los ángeles, de los
purgatorios, de las penas de los infiernos, leí lo que, en Pablo
y Dionisio, en Jerónimo, y Agustín, cada día leemos. Y en

70

7r Sixto lV (Francesco della Rovere), papa de I471, a1484; edificó
en el Vaticano
la célebre "Capilla sixtina". Inocencio Vlll, papa de 1484 a 14g2.

aqueuas

Ciro el grande, fundador del imperio persa (¿556?.53O a. C.). Derrocó al rey de
los medos, venció a Creso, rey de Lidia, tomó Babilonia y llegó a ser dueño de toda
Asia occidental. Zorobabel, príncipe de la casa de David, que hizo volver a los
judíos a su patria después del edicto de Ciro en el siplo Vl a. C.

72 San Jerónimo, Padre

y docior de la lglesia (¿347?.42O), traductor al latín de
la Biblia, en la versión que se ha llamado Vulsata.
47

rGtovnru¡lr Prco

orrrn Mrnn¡toorn

aquellas cosas que miran a la filosofía es enteramente oír a
Pitágorasy a Platón, cuyas definiciones de tal modo son afines a la fe cristiana que nuestro Agustín dio gracias inmensas
a Dios porque llegaron a sus manos los libros de los platónicos. En general, casi ninguna conhoversia hay sobre el asunto errtre nosotros y los hebreos, sobre la cual a partir de los
libros cabalísticos no puedan ellos ser redargúidos y convencidos, y de manera que no haya siquiera un resquicio que
quede en que puedan apoyarse. De lo cual un testigo de gran-

dísimo peso tengo en Antonio Crónico73, varón eruditísimo,
que, estando yo en un banquete en su casa, con sus oídos oyó
a Dáctilo7a, hebreo perito de esta ciencia, concede4, asintiendo completamente,la idea de los cristianos de la Trinidad.
Mas para volver a revisar los puntos capitales de mi disputa,

hemos haído también nuestra idea sobre la interpretación de
las poesías de Orfeo y Zoroastro. Orfeo, entre los griegos, se
lee casi entero; Zoroastro, entre ellos trunco, se lee entre los
caldeos más completo. Ambos fueron tenidos por padres y
autores de la antigua sabiduría. Mas, para no hablar de
Zoroastro, del cual entre los platónicos no sin suma venera-

ción siempre se está haciendo mención, escribió Jámblico
Calcideo que Pitágoras tuvo la teología órfica como el modelo ejemplar en función del cual él mismo plasmara y formara
su filosofía. Que por esto sólo los dichos de Pitágoras dicen
ser llamados sagrados, porque fluyeron de los preceptos de
/3 Anionio Vinciguerra. Ilamado Crónico, diplomático y escritor veneciano.
'Á Se sabe que Pico, a su vuelta a ltalia después del destierro. se rodeó de amigos
hebreos que le enseñaron la lengua y le iniciaron en la cábala judía. Entre estos
amigos está Elías el mendigo, Flavio Mitrídaies, etc.

ORA(-- )I..] A(JE.tI(]A DE LA I.)¡GNIDA{] DEL

Orfeo; de ahí la secreta doctrina de los números y cualquier
cosa grande y sublime que de la filoiofía griega, como de la
primera fuente, manó. Así Orfeo (como era costumbre de los
antiguos teólogos) los misterios de sus doctrinas entretejió
con los disfraces de fábulas y disimuló bajo velo poético, que
si alguno leyera sus himnos creyera que nada se oculta debajo sino fabulillas y simples bagatelas. Lo cual he querido de_

cir para que se conozca cuál haya sido mi fatiga, cuál la
dificultad de exhaer de las premeditadas madejas de los enigmas, de las madrigueras de las fábulas,los escondidos senti_
dos de la secreta filosofía, sobre todo no ayudado, en cosa tan
grave/ tan abstrusa y tan inexplorada, por el trabajo y diügen_
cia de los otros intérpretes. Y sin embargo han ladracio estos
perros de mí que yo he acumulado ciertas menudencias y
cosas de poca monta para ostentación del número; como si
no hubiera traído todas las cuestiones máximamente ambiguas y controversiales que hay, sobre las cuales contienden
las principales academias; como si no hubiera traído muchas
cosas/ para estos mismos que critican mis cosas y se creen
príncipes entre los filósofos, completamente desconocidas y
no intentadas"
Que yo estoy tan lejos de esa culpa que procuré restringir
la disputa a los menos capítulos que pude. eue si yo mismo
hubiera querido-como solieron ohos-dividirla y desmembrarla en partes, a lo innumerable, en verdad, su número
hubiera crecido. Y, para no hablar de lo demás, iquién hay
que no sepa que una doctrina de las novecientas, como por
ejemplo aquella de la conciliación de la filosofía de platón y
Aristótcles

48

riovANf'ir

PIc--.o

o¡rt

p' MtRqNDQLR

oRRClor.,l

Aristóteles, no hubiera yo podido, fuera de toda sospecha de
premeditada numerosidad, haberla estirado a-seiscientos capítulos, por no decir más, enumerando en particula¡, por

ejemplo, todos los lugares en los cuales otros dicen que didiré,
sienten y yo estimo que convienen? Además diré
-lo
aunque no modestamente ni de acuerdo con mi carácter-,
ya que los envidiosos me obligan a decirlo, que quise dar fe
en esta reunión mía no tanto de que sé muchas cosas, cuanto
de que sé las que muchos ignoran. Y así, para que ya se haga
claro a vosotros, Padres venerabilísimos, y pafaque mi oración no demore más largamente vuesfuo deseo, excelentísimos
doctores, que os veo no sin gran placer preparados y ceñidos
esperar la lucha, por ser feltzy afortunado, como silo incitara
el sonido de la trompeta, entrelacemos las manos

ffi

oaurao o,

t,A DIGNIDAD DEL HOMBRE

NOTAS
Corpus hermetícttm - Asclepius, ed. Nock-Festugiere, parís,
1945, vol. Z, 307,18-i9 (6) (C-Tr.)
r?\

Sqlmos 8, 6 (C).

(3)

Génesis 2, 1; TnvrEo pE Locnes, De anima mundi,99
d ss.;
PLRroN, Timeo 47 b, ss. (G).

(4)

PLaróru, Protágoras 321 c, ss. (K).

(s)

LucrLro, Satyrarum,lib. XXVI, fr. 36 (ed. Gerlach) (G_
Tr.).

(6)

Frcrlo, Theologia platonica XIV 3 (K).

\/)

Enoch 40,8 (K).

(8)

ElrpÉoocr-Bs, fu.177 (Diels) (G).

(e)

Génesis

(i0)

Salmos 49 (48\,21 (G).

(i

Salmos 82 (81), 6; luan 10, 34 (G).

1)

6,72; Números 27,16; Marcos 16,15 (G).

(12)

Psruoo Drorursro AnEor,r.crr.r,, Cael. Hier., VII (C).

(13)

Génesis

r

l1\

7,2 (G).'

lob 38,7 (G).

ln

(1s)

lvlrcnoaro,

(16)

Romanos 8, 5 (G).

Somn. Scip.I, VI,

ii, 54-bS (G).

-¡ Se
adopta de Erisabeth Goguer de Labrousse er poner una
retra mayúscula
entre paréntesis ar finar de cada nota para indicar de
dónde fue to.ada:'c para

la edición de Garin: K para la traducción de Elizabeth Livermore
Forbes,

ediiada
por Paul Oskar Kristeller', C para la traducción de
A. Robert Caponigri; fr. f;ia
el traductor, cuando se ha tenido que corregir o compretar
una referencia o
señalar otra edición.
50

51

OflAOlOl'1,\(lI iCl¡i)F.

G ov.nyÑ1 Plco o1¡Ln'Mlnar'roo¡n

f

17) Hechos 9, 15 (K).
(1S) 2 Corintios,72,2 (C).
(19) Pssuoo Dtorulslo ARrop¡ctr¡., Cael. Hier., YL vrr (G).
(2(l) Génesis 28,72-1.3 (C).
(21 )
Corpus lrcrmeticunt - Asclepius, ed. cit. vol. 2,311,13-74

(

(12) (C-rr.).

ir?

\

Jeremías

7,5; Daniel7, L0; Apocalipsis 5,11 (C-

(23)

lob 25,2 (K).

(24)

E¡'rpÉoocres, fr. LL5, 13-14 (Diels) (C-K).

(25)

LucaNo, Plnrsalia I, 1 (K).

(26)

HenÁcuro, fr. 53 (Diels) (G).

7)

Mateo 77,28; Juan 74, 27 (K).

(28)

Lucas 2,14 (K).

(2e)

]Áuerrco, Vita Pyt.230-233 (C).

(30)

Salmos 776 (1,74-1.75), 15 (K-Tr.).

)

lob 38,36 (G-Ti.).

I

{"Ii)

Cf. Primer himno dominical de Laudes'Aererne rerum
Conditor" en el Breviario romano.

(44)
(45)

Prxrórv, Fedórr 118 a (G).

(46)
(47)
(48)
(4q)
(50)
(51I

PLuranco, Pery toy Ei en Delphois,393 c 6-8,

(33)

Éxodo 25-26; 36, 79; 33 (G-K).

(31)

PraróN, Fedro 244-245 b (G-B).

(35)

Romanos 1, 20 (K).

(5-l)
(51¡
(55)
(5{il

(36)

Hebreos 3, 1-7.

(37)

PtLn¡rco, Pery toy Ei en Delphois 2, (385 b) (G-Tr.).

7,9 (K).

Juan

(3e)

NoNro

M¡nc¡lo I, 83 (G).

l3Z c, ss. (G).

t.+

(32)

(38)

I,

Pcrnnrnro, Vita Pyth.42; JÁrrlnlrco , protr.21; FrcrNct,
CLtrnentaríolus'irr synúoltt Pt¡th (Sup¡:I. Ficin., il.100-3) (C)

152)

r)

Pi-¡rc.rr.r, AlcíItíades

Dt(.ii\llDAf) DEL FIoMB\

('11¡

PrrróN, Fedón 67 d, ss, (G-Ti).

(3

52

Tr.).

("+t l

i-A

Pseu,os y PLEruoru,
81 y e1 (G).
Cénesis

h

Oracul. clnld., Amstel., 1688, p.

2, 70-14.

Salnns 55 (54),18; SaN AcusrÍru, De Genesi ad litterant
ze-30 (P. L. xxxrv 315-6) (G).
leremías 9,20 (G-Tr.).
PLalór.r, Fedro247 a(Cf.Timeo 29 e) (G).

lob 32, B (C).
7 Tinntea 4,12 (C).
CrcERóN, De t'inil:us I, Z-3 (K-Tr.).
pRopERCro, Eleg.

L1b.ll, X, 5-6 (K)

Hon\crcr, Epistul. Lib. I, I, 15 (G).
PLaroru,

CartaVII,341 c-d (G-K).

EusEnro, Praep. Eu.,

X,I0,Z; XIV

10, 43 ss.; TEoooRsro,

Curatio I, 41 y ss. (C).

(57)

SnN Acusr'ÍN, Cia. Dei IX,

I; VIII, iv-xiii y otros lugares

(K-T').

(3¡il

SÉNecn, Epistulae 33,7-B (G-Tr.)

GtovRru¡l Plco oÉlr_¡ M

IRA¡¡D,]LA

r

Boecto, De interpretntiottt, sec' Ed', II, 3 (G)'

i5())
{r,r)i
(61)

S,r¡¡

(o2)

pnocro, Comm. Titn. V, proem.; In Theologiam Plntonis l,

SrvpLrcro, Cat 2d; Plnts.,

i ' li

1

Es¿/r¡rs

Il,

)01, lb (C).

P.

|,.

ríiAr.il(lf'l A(,Ei?{lA tria

tV,74,15-47; S¡N Ht¿no
(),

2(¡2 ct1-263 a;

Onic,-Eivu

(b3)

[Pr,rroru], Epinomis 976 e-977 b (K-Tr.).

'!"i 7, 6 (C).
(7.)) lvlutct¡
{¡íi)) I Carintios 2, 6 (C).
(H I i
JÁvarrco, Vit. pyth., Zg, 146 (C).
{,Sl) Pr¡roN, Cnrtn 11,312 c1_e (G).

ir.l )

ARIsro'reL¡s, Probl. XXX, 6, 956 (C-Tr.).

(c!3)

(rr5)

PL,ttoN, República 525 b-c (K-T..).

((rtr)

PoRFIRto, De qbstinentin LY,76 (ed.

(81) II Esdras t4, 5_6.
(85) JÁunuco, Vit. pyth., Zg,1,4S (C).

(tr7)

PrtNro, Nct. Hlsf. XXX,2 (C).

Acusrñ , Contrn ttcadenlicos,lll, XIX (P L' XXX[,
es6) (G).
6 (C).

(

(

{rlt)

Nauck) (C).

PrxLott, Carmitles 1"56 e-757 a (G-C).

(70)

Tertuliano, De animt,57

\)

(72)

DEL HO¡/tBRE

Du porrrEns, Ti.nctattts
¡tsnlmr

s, Itt Eunng. Ioonnis, XlX,

PLUraRCo, Vits Alex.

PLaróN, I Alcibíades 721-722; At'uLEvo, Apología (C).

(6e)

(7

rt\ {)l(il,ilL)At)

(P.

L. II, 57) (G).

PLu'rro, Ioc. cit.

PLtNIo, Ioc..cit.¡,D¡oceNEs L.r.Eltcto,

I proem. 8. Cf.

ARrsrórELes, fr. 34 (Rose) (C).

(73)

PLorrruo, En. lY, 42:43 (C).

(71)

Ponrrnro, Vita Plotini, X, 34-35 (ed. Bréhier) (G).

(7s)

PLrNro, Nnt. Hist. XX,

(76)

Iy gk s : ór

n

i

doi Ayki o dít e s, d' h u i p lnr

pr ós t ñs ma g€ís,.. (S colia

II, L7).

(G).

in

The ocr

it

m

akí tl e s sy ner g ón

um

u

et

er

Isnías

ékhoy si

a-ed. Wendel-

ed. K¡oll, p.39 y ss.;
hypotyposis, ed. Kroll, + (p. 73) (G).
(77)

h

Cf . Aracula chaltlaica,

PsEr-Los,

6,3. (Cf. el "Sanctus" de la Misa) (G-K).

55

)

SENAL QUE CABALCAMOS
Lr-rL_l_í r. tr-ri1

i-rl-,¡ür;¡1. Lil_i.ir_i¡i y Ltffr..¡iUii;.r

Señal que cabalgarnos es una

publicación de la Facultad de Cier-r_
cias Humanas de la Universidarl |..lacionai
¿" Cáirrrfria, que

Oraciótt acetca

de

la dignidad del hombre

Cuadragésimo noveno número de

qFÑAI OtIF CARALCAMOS
###BOT_TEXT###lt;eL

v,

rL,

colección editada por [a Facultad

comprende títulos de literatura, filosofía y
ciencia. Esta co_
lección está compuesta por texios que transmiten
valores
éticos e invitan a reflexionar sobre aipectos
fundamentales
del pensamiento humanista. El ob¡etivo de
la colección es
permitir al estudiante articular conexiones entre
temas que
lo reten i.telectualme^te y ro estimulen u ¿urur.oltu,
un pénsamiento crítico en el marco de los ideales
dsl hurn¿¡ismo.
Esta colección de obras de excelencia, breves,
/á"-g; ,ufo.
estético, está conformada por textos de peniadoós
huma_
nistas, tanto clásicos como contemporáneos.
Esperamos desarrollar este proyecto editorial durante cin_
co años, de tal manera que la Facultad pueda ofrecer a cada
estudiante, para su forrnación académica integral, la colec_
ción compuesta por una selección de g0 obras-"
El sexto semestre académico del proyecto editorial consta cle
los siguientes ltulos en entregas quincenales:

de Ciencias Humanas de la Universidad

.U,u*rtrud,

Nacional de Colombia. Se imprimió

Zapf Calligraphic BT, Ia introducción,

l'ulatn. Joseph Conrad

f nsavc:; (irngnterrtcsl, Michel de Montaigne

en papel bond de 75 gramos. El texto

principal fue compuesto en tipografía

t.rn

Sr;bre vetC¿tcl )¡ tnentri'..i
Sar".rre

r:r.l

Senlrri¡.r ¿:xLrall-iorai. Friedrich NietzSChe

cl of igeii rn:reir_o de la poesia. Walter Muschg

los títulos y las notas en tipografía

Cuenlos. Clarice Lispector

News Goth BT. Se terminó de imprimir

poesías, William Blake

en Bogotá, en la Ciudad Universitaria,

en el mes de marzo del año

i-eoriii

¡r

jt.rcg{l r-.lel r,1ui:nrle. Federico García Lorca

,)

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