El santuario terrenal

En el tema anterior vimos que Dios preparó un diseño de su maravilloso plan de salvación para
el pecador. Ya que Dios ama a sus criaturas y no las abandona sin esperanza a la muerte, decidió
resolver el problema del pecado mediante un impresionante sistema de transferencia de pecado y
castigo a sí mismo, haciéndose hombre y tomando sobre sí mismo el pecado del mundo entero,
para proveer a cada ser humano la posibilidad de la reconciliación. Ya que la paga del pecado es
la muerte, el perdón solo se pudo alcanzar mediante el derramamiento de sangre de un ser
inocente. Rom. 6:23; Hebr. 22. Pero no de cualquier ser inocente. ¡Solo el autor de los diez
mandamientos, que además vivía de acuerdo a sus mandatos podía ser el sustituto y morir y
perdonar a aquellos que desobedecieron los mandamientos de Dios! De esta manera entendemos
que el tema principal de todas las Sagradas Escrituras desde el inicio hasta el fin es el
maravilloso perdón de los pecados, y la reconciliación con el Creador.
Vimos que Dios ama al pecador pero aborrece el pecado. Así que Dios desarrolló un plan
concreto de salvación mediante el camino del santuario. Dios dio a Moisés precisas instrucciones
de cómo debe ser construido el santuario terrenal con todos sus objetos y significados. Estas
instrucciones encontramos en el libro del Éxodo en los capítulos 25 al 40. Para que Moisés
entienda, Dios le mostró todo el diseño del tabernáculo y sus utensilios. Éx. 25:9. Lo maravilloso
es que cada detalle es una representación de Cristo.
Dios es muy didáctico. El sabe que el ser humano entiende mejor cuando ve ilustraciones de las
cosas.

El atrio (o patio)
En el atrio se encontraban dos objetos. El altar de los sacrificios y la fuente de bronce.
El altar de los sacrificios
En este lugar fueron sacrificados los animales puros (ovejas, carneros, etc.) para morir en el lugar
del pecador arrepentido, tras confesar sus pecados, transfiriéndolas simbólicamente sobre el
animal puro.

La instrucción acerca de la construcción del altar de los sacrificios (el altar de bronce)
encontramos en Éxodo 27:1-8. Era un símbolo para Jesucristo. Pues el Señor es “el Cordero, que
quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. El profeta Isaías lo describió de esta manera con siglos
de anticipación: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al
matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Is. 53:7.
Vea también: Ap. 5:9; Hebr. 13:11, 12; 1 Pedro 1:18-20.
La fuente de bronce

En este lugar los sacerdotes se lavaban antes de mediar entre el pueblo y Dios, pues Dios pide
santidad y pureza de aquellos que intermediaban entre Dios y su pueblo.
La descripción de este objeto encontramos en Éxodo 30:18-21; 38:8.
El agua de esta fuente y su función purificadora es un símbolo del Señor Jesús, cuya sangre era
inocente y sin pecado. Mat. 27:4; 1 Pedro 2:22.
Jesús desea limpiar y purificarnos de nuestros pecados, también mediante el bautismo de agua.
Hech. 2:38; 22:16.
“Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los
pecadores, y hecho más sublime que los cielos.” Hebr. 7:26.
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y
teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena
certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua
pura.” Hebr. 10:19-22.

El lugar santo
En el lugar santo se encontraban tres objetos. El candelero de los 7 brazos, la mesa con los panes
de la proposición y el altar del incienso.
El candelero de 7 brazos
La descripción de este objeto ontramos en Éxodo 27: 20; 30:7, 8 y 37:17-23.
El candelero de los 7 brazos estaba lleno de aceite y siempre encendido. El aceite es un símbolo
bíblico del Espíritu Santo. Vea por ejemplo: Zac. 4:2-6.
De esta manera era un símbolo de Jesucristo, quien fue ungido por el Espíritu Santo en su
bautismo y fue la verdadera luz del mundo. Mat. 3:16, 17; Luc. 4:18; Hech. 10:37, 38; Juan 1:9.
También nosotros debemos ser llenados del Espíritu Santo y ser luces en este
mundo. Vea 1 Cor. 6:19; Mat. 5:14; 25:1-12.
La mesa con los panes de la proposición
La descripción de este objeto encontramos en Éxodo 25:23- 30.
Nuevamente se trata de un símbolo de Señor Jesucristo. Pues Jesús es el pan de vida que siempre
está por nosotros en la presencia de su Padre. Sin pan físico nos morimos físicamente. Y sin el

pan espiritual nos morimos espiritualmente. Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene,
nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Juan 6:35.
Jesús es además simbólicamente el maná que descendió del cielo: “Yo soy el pan vivo que
descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre…” Juan 6:51. Vea
también el pan de la santa cena que representa al cuerpo de Cristo. 1 Cor. 11:23, 24.
El altar del incienso
La descripción de este objeto muy especial encontramos en Éxodo 30:1-7. Era el objeto más
cercano al lugar santísimo (la presencia de Dios).
Sobre el el altar del incienso el sacerdote colocaba de mañana y de tarde por un lado incienso y
por otro lado ceniza del altar de los sacrificios.
El incienso representaba las oraciones de los creyentes. Vea: Salmos 141:2; Ap. 5:8; 8:3, 4.
La ceniza del altar de los sacrificios representaba la muerte sustituta del hijo de Dios por los
pecadores. Por lo tanto era una representación de la justicia de Jesucristo.
La mezcla de ambos ingredientes es un aroma o perfume agradable a Dios que sube a su
presencia celestial. Ef. 5:2; Lev. 16:12, 13; Éx. 30:34-38. Pues si nuestras oraciones pidiendo el
perdón de nuestros pecados ascienden al cielo, por fe en lo que el hijo de Dios hizo por nosotros
al morir por nuestros pecados en la cruz del Calvario, entonces Dios las recibe gozosamente.

El lugar santísimo
En el lugar santísimo representaba la presencia de Dios en la tierra. En el se encontraba solo un
objeto. El arca del pacto.
El arca del pacto
La descripción de este magnífico objeto encontramos en Éx. 25:10-22; 34:28.
El arca del pacto contenía las tablas de la ley con los diez mandamientos de Dios. Encima del
arca del pacto se encontraba el propiciatorio con dos querubines de oro que miraban hacia la ley
de Dios a través del propiciatorio.
Este era el lugar en el cual Dios se manifestó al Sumo Sacerdote una vez al año visible y
majestuosa-mente como en la nube que ocultaba y a la vez revelaba su gloria. Éx. 25:22. La
palabra hebrea Shekinah que significa “habitación” denotaba esta manifestación divina. Lev.
16:2; 2 Sam. 6:2. El lugar santísimo en el cual Dios se manifestaba, era una representación de su
carácter y voluntad. Pues su justicia y su misericordia, que son la expresión de su santo carácter
y de su santa voluntad, se expresaron a través del arca del pacto con sus tres componentes, en
aquel impresionante lugar.

La justicia y la misericordia divina

La ley (los 10 mandamientos) son una representación de la justicia de Dios.

El propiciatorio es una representación de la misericordia (gracia) de Dios.

¡Dios es justo pero también misericordioso! Ambos forman conjuntamente la esencia del carácter
divino. Fue en la cruz donde se expresó esta realidad de la manera más dramática posible.
Jesucristo murió ahí por causa de nuestros pecados (como nuestro sustituto voluntario). De esta
manera cumplió con la justicia. Pero a la vez padeció en ese lugar por amor, gracia y
misericordia hacia los pecadores, para poder proveernos el perdón de nuestros pecados si nos
arrepentimos de ellos y los confesamos al Señor, pidiendo sincero perdón por nuestras
transgresiones. Recuerde siempre que pecado es transgresión de la ley cuya paga es la muerte,
“mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” 1 Juan 3:4; Rom. 6:23.
Los ángeles observan la justicia de Dios a través de su misericordia
Los dos querubines que estaban sobre el propiciatorio miraban hacia la santa, justa y buena ley
de Dios a través del propiciatorio. Estos dos querubines representan a todas las huestes
angelicales que observan atentamente la voluntad de Dios, expresada por su santa ley, a través de
la misericordia divina. Y como vimos, entre ellos se manifestó la presencia de Dios sobre el
propiciatorio, cuyo único objetivo era el de cubrir con misericordia los mandamientos de Dios,
para proveer perdón de los pecados.
Veamos un ejemplo de cómo esto se plasma en la realidad del pecaminoso ser humano. Un
publicano había pecado. El estaba consciente de su transgresión y se arrepintió de corazón con
sinceridad buscando el perdón de su pecado mediante la misericordia de Dios. Jesús nos relato
acerca de él:
“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba
el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.” Luc. 18:13.
La palabra “se propicio a mí”, se refiere directamente al propiciatorio. Es como decir “se
misericordioso o benigno conmigo, a pesar de mi pecado que merece castigo”.

¡Y lo maravilloso es que Jesucristo anhela otorgarnos el perdón de nuestros pecados! ¡Es
por eso que murió en la cruz del Calvario por nosotros! Recuerde el estudio del tema
anterior.

El día Yom Kippur
A la presencia de Dios, en el lugar santísimo, entró tan solo el Sumo Sacerdote una vez al año, en
representación del entero pueblo de Dios. Lev. 16:34; Hebr. 9:7. Fue siempre en el día llamado
en hebreo Yom Kippur. ¡Era el gran día de las expiaciones (de los pecados) y a la vez el día del
juicio! Lev. 16:30.

El Sumo Sacerdote tuvo en sus vestiduras unas campanillas que sonaban al caminar. La santidad
de Dios en el lugar santísimo no permitía la presencia del pecado. Tal como la sombra no puede
existir en la luz. Es por eso que según la tradición judía, el Sumo Sacerdote tenía que atar una
cuerda alrededor de su cuerpo antes de entrar a la presencia de Dios en el lugar santísimo. Si
todavía había pecado consciente en su vida que no había confesado moriría, las campanas iban a
dejar de sonar y se le iba a jalar desde afuera. Éx. 28:33-35. La Palabra de Dios no registra casos
en que esto haya ocurrido. Con seguridad los Sumo Sacerdotes eran muy conscientes de esta
realidad y tomar la preparación de entrar en la presencia de Dios muy en serio.
La purificación del santuario
El día Yom Kippur era la culminación de la liturgia del santuario. Era una solemne ceremonia en
la cual se realizaba ¡la purificación simbólica del santuario!
Recuerde que estamos estudiando el contexto para entender la impresionante profecía de tiempo
“Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.” Dan. 8:14.
La descripción del “día de la expiación” en el cual el santuario terrenal era purificado una vez al
año, encontramos en Levítico capítulo 16.
El día Yom Kippur caía en el 10º día del 7º mes del calendario tradicional judío, es decir en
octubre, según nuestro calendario occidental.
Era la fiesta más importante del calendario religioso judío. Como vimos era el único día en el
cual el Sumo Sacerdote entraba al lugar santísimo.
Todos los días del año ocurrió que los pecadores confesos vinieron al santuario y pusieron sus
manos sobre el animal inocente y puro, generalmente un carnero, tras arrepentirse de sus
pecados. De esta manera transfirieron su culpa simbólicamente al animal, antes de degollarlo.
Fue así como el pecador obtuvo el perdón de su transgresión y volvió a su hogar en paz, pues la
sangre inocente había sido derramada en su lugar, prefigurando a la sangre de Jesucristo en la
cruz. Lev. 4:20; Hebr. 9:14, 22; 1 Pedro 1:18, 19.

El sacerdote rociaba algo de la sangre del animal sacrificado sobre el altar de incienso, de
los sacrificios y en el piso frente al velo interior del lugar santo. De esta manera ¡el
pecado seguía existiendo en forma de un registro en el santuario, contaminándolo! Lév.
16:16.

¡Es por eso que se requería una vez al año la purificación del santuario, para limpiarlo
simbólicamente de todos los registros de pecados acumulados por el pueblo durante todo el año!
Eso ocurrió en el importantísimo Yom Kippur, el día de la expiación (de los pecados). De esta
manera el santuario quedó nuevamente restaurado, rectificado y justificado.
En el Yom Kippur se sacrificaban dos machos cabríos para la expiación. Lev. 16:5. Uno era
sacrificado al inicio de la expiación. Con su sangre el Sumo Sacerdote entró al lugar santísimo y
la esparció sobre el propiciatorio y delante de él. Al salir roció con su sangre también el santuario

mismo y el altar del incienso en el lugar santo y el altar de los sacrificios en el atrio (patio). Lev.
16:15-19
“Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre
detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá
sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las
impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera
hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas.”
Lev. 16:15, 16.
El macho cabrío Azazel
Luego, en representación del Mesías, el Sumo Sacerdote tomó sobre sí todos los pecados y los
transfería al macho cabrío dedicado a Azazel, el cual era enviado al desierto. De este modo se
eliminaba todo el pecado del campamento.
El día de expiación, entonces ilustra el proceso de juicio que enfoca la extirpación del pecado.
¡El macho cabrío, Azazel, como chivo expiatorio no era sacrificado ni participaba de la
expiación del santuario! Lev.16:10, 20-22; Heb.9:22. Es tratado como un ser personal, en todo
sentido opuesto a Dios. Lev.16:8. Por lo tanto este macho cabrío simbolizaba al diablo quien es
finalmente el causante y culpable de todos los pecados cometidos. El no es matado sino enviado
al desierto a morir solo, sufriendo de esta manera el castigo por todos los pecados que ha
provocado directa o indirectamete.
También en el libro apócrifo de Enoc 8:1, Azazel era considerado como un tipo de Satanás. Los
pecados del pueblo, y por ende también el castigo merecido por el pueblo, eran puestos sobre la
cabeza del azazel, el chivo expiatorio. Este llevaría sobre sí los pecados del pueblo y el castigo
merecido. La figura del Azazel enviado al desierto es interpretado como la imagen del diablo,
siendo lanzado finalmente al lago de fuego. Apocalipsis 20:10.
Esto estudiaremos en otro tema a más profundidad

El día del juicio
El día de las expiaciones (Yom Kippur), era a la vez el “día de juicio” para el pueblo de Dios.
Al primer día del 7º mes se tocaban las trompetas. Todo el pueblo sabía que había comenzado el
tiempo de preparación para el Yom Kippur (el 10º del 7º mes).
Ahora el pueblo tenía 9 días para prepararse para ese gran día. La gente se afligía y se sometía a
un profundo examen de conciencia. Buscaron el sincero perdón de sus pecados, arrepintiéndose
y arreglando sus cuentas con Dios y el prójimo. Pues el propósito del Yom Kippur era eliminar el
pecado ceremonialmente del santuario, pero en realidad ¡del corazón y de la vida del ser
humano! Lev. 16:30-33.
El que no participó era exterminado del pueblo. Lev. 23:29, 30.

En ese sentido era mucho más que un día de reconciliación y de expiación del pecado. ¡Era un
día de juicio!
Los rabinos describieron ese día como un día de juicio en el cual fue pronunciada la sentencia
final.
“La idea de un día universal de juicio domina ese período de diez días de penitencia y se
expresa particularmente en la oración denominada `Unethanneh Tokef` que se eleva en el Yom
Kippur.” The Universal Jewish Encyclopedia (La enciclopedia universal judía.)

“Dios, el Señor sobre el trono, como juez del mundo… Se abre el libro de las memorias. Se lo
lee. Los registros de cada ser humano están en él. La gran trompeta suena; se escucha una voz
tranquila y suave. Los ángeles tiemblan y dicen: “Este es el día del juicio… En el día de año
nuevo se declara la sentencia. En el día de la reconciliación queda sellado, quién vivirá y quién
morirá.” Enciclopedia Judía, Tomo II, pág. 286.
La fecha de vencimiento del santuario terrenal
El santuario terrenal del pueblo hebreo tuvo una fecha de vencimiento. Hebr. 8:13. Aunque
cumplió una función santa y divina durante muchos siglos fue imperfecto y defectuoso. En el
siguiente capítulo veremos las razones porque fue imperfecto y defectuoso. Por lo tanto tuvo que
ser reemplazado por el ministerio celestial de nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo en la primavera
del año 31 d.C. a la mitad de la última de las 70 semanas, cuando Jesucristo murió en la cruz del
Calvario, tras cumplir su santo propósito temporal. Con la muerte de “Cordero de Dios” en la
cruz cesaron los sacrificios y las ofrendas; y las leyes ceremoniales del pacto antiguo fueron
abolidas, hecho representado por el velo del templo que fue rasgado desde el cielo en dos, de
arriba abajo, por la mano de Dios. Recuerde los temas anteriores.
En esa fecha histórica, Jesucristo comenzó su ministerio divino como nuestro Sumo Sacerdote en
el santuario celestial.

El santuario celestial

La mayoría de las personas no sabe que existe un santuario celestial al cual el Señor Jesús
ascendió tras su resurrección, para comenzar su ministerio como nuestro gran Sumo Sacerdote
celestial. Aunque hay varios versículos que describen esta realidad con bastante detalle. En
primer lugar el santuario terrenal era una sombra, una figura, un ejemplo, en tipo o una
representación de la realidad celestial. Pues el santuario terrenal fue realizado según el diseño
del tabernáculo celestial que ya existía.
“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te
muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.” Éx. 25:8, 9.
El libro Hebreos habla mucho al respecto. Veamos algunas citas:
“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote,
el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de
aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre… Así que, si estuviese sobre
la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según
la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió
a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al
modelo que se te ha mostrado en el monte… Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto,
ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.” Hebr. 8:1, 2, 4, 5, 7.
“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y
más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de
machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el
Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención… Fue, pues, necesario que las figuras de
las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores
sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del
verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.” Hebr. 9:11,
12, 23, 24.

Incluso San Juan vio el santuario celestial en una visión.

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo…” Ap.
11:19.
La purificación del santuario celestial
Tal como el santuario terrenal necesitaba ser purificado de los registros de los pecados
acumulados durante el año como hemos visto en este tema; el santuario celestial también debe
ser purificado de la misma manera de los registros de los pecados acumulados.
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace
remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así;
pero [fue necesario que] las cosas celestiales mismas [fuesen purificadas], con mejores
sacrificios que estos.” Hebr. 9:22, 23.

Desde la primavera del año 31 d.C. hasta otoño del año 1844 Jesucristo estaba ministrando en el
lugar santo del santuario celestial. Y en otoño del año 1844, al cabo de los 2300 años entró como
nuestro Sumo Sacerdote al lugar santísimo para realizar la purificación del santuario celestial, es
decir la expiación de los pecados acumulados mediante el juicio; en presencia de las vastas
huestes angelicales.
Como vimos hace unos instantes, el santuario terrenal tuvo una fecha de vencimiento, que
ocurrió con la muerte de Cristo en la cruz en el año 31 d.C. Tras su resurrección ascendió al cielo
y comenzó su ministerio como nuestro Sumo Sacerdote en el santuario celestial. Por lo cual
cuando la profecía nos presenta la purificación del santuario, solo se puede referir al santuario
celestial que está en vigencia, pues el santuario terrenal ya no existe hace casi 2000 años.
Ahora entendemos con más claridad las secuencias que estudiamos en los temas anteriores.
Daniel 2:34, 35, 44, 45 - La piedra = la sentencia contra la humanidad juzgada
Daniel 7:9, 10 - El Juicio celestial = en algún momento después de 1798
Daniel 8:14 - La purificación del santuario celestial = el juicio en 1844

¡Esto significa que vivimos hace más de 160 años en el juicio! ¡Qué descubrimiento
solemne! Tras el juicio viene la sentencia y el castigo de las plagas, seguido por el
retorno de Jesucristo y el inicio de su reino eterno. ¡Ahora es el momento en el cual Dios
nos llama a la misma actitud de arrepentimiento como del pueblo hebreo de la
antigüedad! ¡Ahora es el momento en que nuestros pecados deben ser expiados y nuestras
conciencias deben ser limpiadas de toda maldad! ¡Ahora es el momento en que debemos
arreglar todas nuestras cuentas con Dios y el prójimo pues vivimos en el solemne juicio!
Y el que no hace caso y persiste en sus pecados y rebeliones no podrá prevalecer en el
juicio y su nombre será borrado del libro de la vida y no podrá heredar la vida eterna. Ap.
3:5.
¡Vivimos en la última fase de la historia humana! Tenemos que prepararnos para el
glorioso retorno del Señor.

En el siguiente tema confirmaremos que esto realmente es así.
Recuerde que los 490 años que fueron cortados, sellan la profecía de los 2300 años. Es decir: la
fecha de la reconstrucción de Jerusalén y del templo, como también del bautismo y de la muerte
de Cristo en la cruz, son “el sello de garantía” que la fecha de 1844 es correcta. Dan. 9:24.
El Santuario

El relato Bíblico nos cuenta la historia de un Santuario que fue construido por mandato de Dios. Fue ésta
una estructura maravillosa, y cada detalle tiene un significado para nosotros en estos días.
La manera en que sus servicios predijeron el futuro en el gran plan de Dios para la humanidad es
especialmente extraordinaria. Ud. querrá saber el propósito del gran Santuario Celestial, y lo que
significa para su vida ahora.

Hay un santurio en el Cielo?

Hebreos 8:1-2
1Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel
que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo,
2el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por
ningún ser humano.

Hebreos 9:23-28
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas
celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo
para presentarse ahora por nosotros ante Dios;
25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con
sangre ajena.

26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero
ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo
para quitar de en medio el pecado.
27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el
juicio,
28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por
segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

DIAGRAMA DEL SANTUARIO TERRENAL

El Altar del Sacrificio

El altar del holocausto, con su sangre derramada, representa la gran verdad evangélica de la expiación
del pecado por medio del sacrificio vicario de Cristo (Isa. 53: 4-7, 10; Hech. 20: 28; Efe, 1: 5-7; Heb. 13:
10-12; 1 Ped. 1: 18, 19; Apoc. 5: 9). La misma posición de este altar, junto a la puerta del atrio, indica
que la primera necesidad del pecador es que sus pecados sean lavados por la sangre de Cristo (ver Heb.
9: 13, 14; 1 Juan 1: 7; Apoc. 7: 14), y que hasta que se haya hecho eso, no debe ni siquiera adorar a Dios,
ni aun entrar en su presencia (Heb. 9: 22). El altar era testigo de la culpa del hombre y de su necesidad
de expiación y reconciliación; luego le aseguraba que esto ya se había logrado (Juan 1: 29; Rom.5: 10; 2
Cor. 5: 18, 19; Col.

Los Cuernos
Estos sobresalían de las cuatro esquinas superiores del altar. Las palabras "parte del mismo" indican que
los cuernos formaban parte del altar y no eran añadidos. El sacerdote debía tocar esos cuernos con el
dedo ensangrentado con la sangre del sacrificio por el pecado (Exo. 29: 12; Lev. 8: 15; 9: 9; 16: 18).
Algunas veces se ataban a estos cuernos los animales que iban a ser sacrificados (Sal. 118: 27). El
criminal en busca de refugio podía asirse de ellos (1 Rey. 1: 50, 51; 2: 28).
La palabra qéren, "cuerno", designaba originalmente al cuerno de un animal (Deut. 33: 17). Por cuanto
un animal con cuernos generalmente los usa para atacar a otros animales, los cuernos llegaron a ser
símbolo de fuerza o poder (1 Sam. 2: 1, 10; Sal. 75: 10; 112: 9; etc.). Con este sentido David se refiere a
Dios como "cuerno de mi salud" (2 Sam. 22: 3; Sal. 18: 2; Luc. 1: 69 Val. ant.). La palabra "cuerno" puede
también simbolizar la fuerza y el poder del pueblo escogido de Dios (Sal. 148: 14; Eze. 29: 21; etc. Val.
ant.). Por esto, el "cuerno" llegó a ser símbolo de poderío nacional y en este sentido es usado con
frecuencia por los profetas (Jer. 48: 25 BJ; Dan. 8: 3; 7: 11; Apoc. 12: 3; etc.).

Los Calderos
Las "paletas" servían para sacar las cenizas del altar y para ponerlas en los "calderos". Los "tazones" eran
vasos que recibían la sangre de los sacrificios y desde los cuales se la vertía sobre el altar. Los "garfios"
eran una especie de tridente (1 Sam. 2: 13), usados para acomodar los pedazos cortados del sacrificio
sobre el altar. Los "braseros" servían para sacar las brasas ardientes del altar.

El Lavacro

Una "pila" (BJ). No se dice nada en cuanto a la forma o al tamaño. Fue heha del bronce de los espejos
que las mujeres de Israel dieron como ofrenda voluntaria (cap. 38: 8). En el templo de Salomón, el "mar"
y las diez "fuentes" reemplazaron a la fuente original (1 Rey. 7: 23-26, 38).La fuente estaba colocada
sobre una "base de bronce" en el atrio del tabernáculo, entre la entrada del tabernáculo y el altar de los
holocaustos. La fuente representa el lavamiento de nuestros pecados por la fe en la sangre derramada
de Cristo (Hech. 22: 16; 1 Cor. 6: 11; Efe. 5: 26; Apoc. 7: 14).

El lavamiento de las manos y de los pies simbolizaba la reforma de la vida. Las abluciones de los
sacerdotes, la muerte de las víctimas de los sacrificios y el asperjar, rociar y verter la sangre en relación
con diversas funciones del servicio del santuario, muestran como evidente la necesidad de agua (Exo.
29: 4, 17; Lev. 1-5).

La Mesa de los Panes

Dejando el lugar santísimo, Moisés se dedica ahora a la descripción de los muebles del lugar santo. El
primer mueble mencionado es la mesa del "pan de la proposición", o "pan de la Presencia" (BJ). Marcos
habla de los "panes de la proposición" (Mar. 2: 26), literalmente, "el pan de la presentación", es decir, el
pan presentado a Dios, Pablo usa la misma palabra griega en Heb. 9: 2. Esta mesa medía
aproximadamente 0,889 m de largo por 0,445m de ancho y 0,667 de alto(ver com. Exo 25: 10). Al entrar
en el tabernáculo, esta mesa estaba a la derecha, o sea al norte del lugar santo (cap. 40: 22).

La Cornisa de Oro
Se trataba de un borde o moldura alrededor de la mesa para que no se cayera lo que estaba en ella.
Josefo menciona que los "cuatro anillos" (vers. 26) estaban insertados en las cuatro patas de la mesa y
que por ellos pasaban las "varas" para llevarla (Antigüedades iii. 6. 6).

Los Platos
En estos platos se colocaban los panes. Las "cucharas" eran las tazas o potes dentro de los cuales se
quemaba el incienso, según puede verse en el bajo relieve de la mesa en el arco de Tito, erigido en
Roma para conmemorar la toma de Jerusalén en el año 70 DC. Las "cubiertas", literalmente "jarras" o
"jarrones", y los "tazones" se usaban para las libaciones que acompañaban a las ofrendas (Lev. 23: 13,
18, 37; etc.)

El "pan de la proposición", consistía en 12 panes, renovados cada sábado. Los panes que se sacaban
eran considerados sagrados, y los comían los sacerdotes en el "lugar santo" (Lev. 24: 5-9). Estos 12
panes constituían una perpetua ofrenda de parte de las 12 tribus, en señal de gratitud a Dios por las
bendiciones recibidas diariamente de su mano. En un sentido más elevado, este pan señalaba a Cristo
como pan espiritual.

El Candelabro de Oro

Según la representación del candelero en el arco de Tito, y de acuerdo con lo que dice Josefo
(Antigüedades iii. 6. 7), el "candelero" tenía una columna central de la cual se desprendían hacia arriba
tres pares (vers. 35) de ramales que alcanzaban hasta un mismo nivel. No se dan las dimensiones del
candelero, pero estaba hecho de oro macizo. Sus ramales estaban decorados con "copas" en forma de
almendras (vers. 33), con "manzanas" o capiteles que, al parecer de algunos eruditos, podrían ser como
granadas, y con "flores". Una por una, las lámparas del candelero eran atendidas cada noche al ponerse
el sol, y nuevamente a la mañana (Exo, 27: 20, 21; 30: 7, 8; Lev. 24: 3, 4). Nunca quedaban todas
apagadas a la vez (PP 359). Al entrar el sacerdote en el lugar santo, el candelero estaba a su izquierda, es
decir hacia el sur (Exo. 40: 24).

Las Despabiladeras

Eran pinzas o instrumentos para despabilar o limpiar las mechas de las lámparas: Los "platillos" eran
receptáculos en donde poner las partes de las mechas recortadas y sacadas por las "despabiladeras".

Un Talento de oro, con un valor equivalente a un peso de 34,19 kg (75,38 libras). Esta cantidad de oro
formarla un cubo de 12,06 cm (4 3/4 pulgadas) de lado, ó 1,754 cm3 (107 pulgadas cúbicas). En cierto
sentido, el "candelero" representaba al pueblo de Dios como la luz moral y espiritual del mundo, en
forma individual (Mat. 5: 14-16; Fil. 2: 15) y como iglesia (Apoc. 1: 12, 20). Representaba también el
poder del Espíritu Santo para alumbrar la iglesia (Zac. 4: 2-6; Apoc. 4: 5). Sin embargo, en el más alto
sentido posible, señala a nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Juan 9: 5), quien es la luz del mundo (Juan
1: 4; 8: 12; 12: 46), e imparte al alma "toda buena dádiva y todo don perfecto" que desciende del "Padre
de las luces" (Sant. 1: 17).

El primer candelabro hecho para el tabernáculo era de oro martillado, consistía de una base y un eje
principal del que salían otras 6 ramas, y estaba ubicado en el lado sur del primer departamento del
tabernáculo (Ex. 25:31-40; 40:24). Las lámparas se alimentaban con aceite puro de oliva y permanecían
encendidas toda la noche (Ex. 27:20, 21; Lv. 24:2-4; Josefo dice que 3 de las lámparas quedaban
encendidas durante el día). Salomón reemplazó el único candelabro por 10; 5 de cada lado del santuario
de su templo (1 R. 7:49; 2 Cr. 4:7). Nabucodonosor los llevó a Babilonia (Jer. 52:19) y aparentemente no
fueron devueltos a Jerusalén en tiempos de Ciro, porque el templo de Zorobabel habría contenido sólo
un candelabro (que Antíoco IV Epífanes se llevó después de profanar el templo; 1 Mac. 1:20, 21). Judas
Macabeo mandó hacer otro (4:49), pero en el templo de Herodes fue reemplazado por uno mucho más
grande. Se apoderaron de él los romanos en el 70 d.C. y fue llevado en la procesión triunfal de Tito,
como lo muestra el relieve en el Arco del Triunfo (fig 110). El candelabro permaneció en Roma hasta que
los vándalos lo transportaron a Cartago en el 455 d.C. Belisario lo llevó a Constantinopla (534 d.C.), y
más tarde fue restituido a Jerusalén por el emperador Justimano. Probablemente fue llevado al oriente
por los persas, cuando saquearon Jerusalén (614 d.C.). Desde entonces no se sabe nada más de él.

El Altar del Incienso

Entre la mayor parte de los pueblos de la antigüedad se acostumbraba ofrecer incienso como parte del
culto religioso. En los primeros años del cristianismo, muchos creyentes en el Evangelio fueron muertos
por negarse a quemar incienso sobre el altar de los dioses. En las Escrituras, el incienso simboliza las
oraciones que ascienden desde el altar del corazón hacia Dios (Salmos. 141: 2; Lucas. 1:10; Apocalipsis.
5: 8; 8: 3, 4).

En varios sentidos el altar del incienso se parecía al altar de los holocaustos (Exo. 27: 1-8), aunque era de
material más costoso y de menor tamaño. Tenía unos 44,45 cm (17,5 pulgadas) de lado y su alto era
aproximadamente de 88,9 cm (35 pulgadas). Sobre sus "cuernos" se debía colocar la sangre de ciertas
ofrendas por el pecado (Lev. 4:7, 18). Puesto que los cuernos simbolizaban poder (ver com. cap. 27: 2),
en el altar del incienso representan el poder de la oración (Gén. 32: 24-30). En la parábola de la viuda y
el juez injusto se hace resaltar el resultado de la oración perseverante (Luc. 18: 3-8).

La Cornisa de Oro

Consistía en un borde o moldura de oro (BJ), para hermosear el mueble y también para impedir que se
cayera lo que se pusiese sobre el altar (cap. 25: 24). Puesto que el altar era tan pequeño, no hacían falta
cuatro anillos para llevarlo, como en los otros muebles, sino solamente dos. Debían estar justamente
debajo de la "cornisa" o moldura. La madera de acacia simbolizaba la fuerza, y el oro, la pureza. De este
modo la oración debe brotar del altar del corazón, de un corazón leal, honrado y resuelto.

El altar del incienso fue ubicado en el lugar santo, junto al "velo" que separaba ese lugar del santísimo
(cap. 40: 21-27). Aunque estaba en el lugar santo, se consideraba que pertenecía al lugar santísimo
(Heb. 9:3,4). Este concepto surgió del hecho de que cuando los sacerdotes en su ministerio se acercaban
a la sagrada Presencia que estaba por encima del propiciatorio, llegaban hasta el altar del incienso (PP
366). Salvo en el día de la expiación, no podían acercarse más que hasta ese punto. Era éste el lugar a
donde venían a encontrarse con Dios, cuya morada estaba en el lugar santísimo. El incienso que se
ofrecía allí no sólo llenaba el lugar santo sino que se elevaba y pasaba por sobre el "velo" al lugar
santísimo (ver com. cap. 26: 32). El hecho de que el altar estuviese "delante del propiciatorio" nos
enseña que por medio de la oración podemos entrar en la presencia de Dios. Aunque el "velo" de la
humanidad (1 Cor. 13: 12) impide que nuestros ojos físicos vean a Dios, la fe y la oración pueden llegar a
donde el cuerpo no puede entrar.

La composición del incienso se da en los vers. 34-38. Todas las mañanas, inmediatamente después de la
salida del sol, las lámparas eran alistadas y limpiadas por el sacerdote (ver com. cap. 27: 20).

El incienso debía ofrecerse en el altar dos veces al día, en la hora de la oración matutina y de la oración
vespertina. El altar del incienso representaba la intercesión continua, así como el altar del holocausto
representaba la expiación continua (PP 366). Sin embargo, no existe ninguna afirmación clara sobre si se
quemaba continuamente incienso sobre este altar o no, aunque hay elementos que parecieran
favorecer una respuesta positiva (PP 359). El incienso quemado en forma continua nos enseña que
diariamente debemos venir ante el Señor en oración (Sal. 16:8; 55: 17; 1 Tes. 5: 17, 18; pp 367).
Debemos orar "sin cesar" (1 Tes. 5: 17). No se podía usar incienso extraño, es decir, cualquier incienso
que no había sido preparado según las indicaciones dadas en los vers. 34-38 del cap. 30 de Exodo.

Sobre los cuernos del Altar se hacia expiación. Esto se refiere al gran día de la expiación, el 10º día del 7º
mes, cuando el sumo sacerdote debía tomar la sangre y ponerla sobre los cuernos del altar del incienso
para limpiarlo y santificarlo (Lev. 16: 18, 19). Este acto no lo transformaba en altar de expiación. Sin
embargo, tenía que ver con la expiación en el caso de que el sumo sacerdote pecara (Lev. 4: 3-12), o
cuando toda la congregación cometiese algún pecado por ignorancia o "hubiese hecho algo contra

alguno de los mandamientos de Jehová" (Lev. 4: 13-21). En tales ocasiones el sumo sacerdote ponía con
su dedo la sangre del sacrificio en los cuernos del altar. En estos dos casos el altar del incienso ocupaba
el lugar del altar del holocausto, en el cual se rociaba la sangre de las ofrendas por pecados individuales
(Lev. 4; 22-35). De todos los muebles del santuario, al parecer sólo el arca con su propiciatorio era
considerada como de mayor importancia y mayor santidad que el altar del incienso. Esto muestra el
gran valor que Dios le asigna a la oración.

El Velo del Templo
Para separar el lugar santo del santísimo (Ex. 26:31-35) había un "velo" (heb. pârôketh o pârôketh hamâsâh; gr. katapétasma; la que separaba el atrio del lugar santo se denominaba simplemente mâsâk).
Era de color azul, púrpura y escarlata (v 31), y con figuras de querubines que representaban a los
ángeles que rodean el trono de Dios. Esta cortina del antiguo tabernáculo, y más tarde la del templo,
ocultaban la presencia de Dios del sacerdote que ofrecía cada día del año la sangre de los sacrificios y el
incienso sobre el altar de oro (Lv. 4:6). Esto era lo más cerca que alguien se podía aproximar a la divina
Presencia, salvo en el Día de la Expiación (16:2, 12, 15, 16; cf 21:21-23). Debido a su proximidad con el
arca del testimonio, a veces se le daba el nombre de "velo del testimonio" (24:3), o "el velo que está
delante del testimonio" (Ex. 27:21). Cuando se la llevaba de un lugar a otro, se envolvía el arca con él
(Nm. 4:5). En el momento que Cristo murió, el velo que correspondía a éste en el templo de Herodes se
rasgó de arriba abajo (Mt. 27:51; etc.). Como en la LXX el velo que separaba los 2 compartimentos del
antiguo santuario (katapétasma) también se aplicaba a la cortina que hacía de puerta del tabernáculo,
entonces surgió la expresión "segundo velo" (He. 9:3) para referirse al del interior. En He. 10:20 se habla
de la ascensión de nuestro Señor al cielo en semejanza humana como la consagración de un "camino
nuevo y vivo... a través del velo, esto es, su carne", por medio del cual podemos acercamos a la
Presencia divina "con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (vs 20, 22). La esperanza del
cristiano, declara en otro lugar el apóstol, "penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por
nosotros como precursor" (6:19, 20).

El Arca del Pacto

Era una caja adornada que servía de custodia de las tablas de piedra grabadas con los Diez
Mandamientos. También se la llamaba "arca del pacto [testimonio]" (heb. 'arôn he-berît; Nm. 14:33; Ex.
40:21; etc.). Ubicada en el lugar santísimo del santuario del antiguo Israel (Ex. 26:34; 30:6), y más tarde
en el templo (1 R. 8:6), tenía 2,5 codos de largo, 1,5 codo de ancho y 1,5 codo de alto (Ex. 25:10). Si
tomamos el largo del codo egipcio tendría cerca de 1,30 m de largo por 76 cm de ancho y de alto. Estaba
construida de madera de acacia y recubierto, por dentro y por fuera, con oro puro (Ex. 25:10-22). Las 2
anillas a cada lado de la parte inferior permitían que fuera trasladada con 2 palos llevados sobreEl Arca
del Pacto
Era una caja adornada que servía de custodia de las tablas de piedra grabadas con los Diez
Mandamientos. También se la llamaba "arca del pacto [testimonio]" (heb. 'arôn he-berît; Nm. 14:33; Ex.
40:21; etc.). Ubicada en el lugar santísimo del santuario del antiguo Israel (Ex. 26:34; 30:6), y más tarde
en el templo (1 R. 8:6), tenía 2,5 codos de largo, 1,5 codo de ancho y 1,5 codo de alto (Ex. 25:10). Si
tomamos el largo del codo egipcio tendría cerca de 1,30 m de largo por 76 cm de ancho y de alto. Estaba
construida de madera de acacia y recubierto, por dentro y por fuera, con oro puro (Ex. 25:10-22). Las 2
anillas a cada lado de la parte inferior permitían que fuera trasladada con 2 palos llevados sobre los
hombros por los levitas de Coat cuando Israel se mudaba de un lugar a otro (Nm. 3:29-31; 4:5-15; Jos.
3:3) y en ciertas ocasiones solemnes (Jos. 8:33; 1 R. 8:2, 3). Sobre la cubierta de oro macizo, llamada
propiciatorio,* había 2 querubines de oro (uno en cada extremo) mirando hacia abajo, al lugar donde
estaba el Señor cuando hablaba a su pueblo (Nm. 7:89; Ex. 25:22).

El arca era el objeto central de todos los muebles del santuario. A primera vista, contenía sólo las tablas
de piedra con los Diez Mandamientos (Ex. 25:21; Dt. 10:3, 5); pero más tarde estuvieron "delante de
Jehová", "delante del testimonio" o "al lado del arca" (Ex. 16:33, 34; Nm. 17:10; Dt. 31:24-26) la vara de
Aarón que floreció, una vasija con maná y los "libros de la ley". Los primeros 2 elementos se habrían
conservado en el arca (He. 9:4), pero aparentemente fueron sacados en un período posterior de la
turbulenta historia de Israel, como lo indica el autor de Reyes (1 R. 8:9).
Mientras Israel peregrinaba desde el Sinaí hacia la tierra prometida, el arca "fue delante de ellos" (Nm.
10:33). Sus portadores se detuvieron en medio de las aguas divididas del Jordán mientras el pueblo
pasaba al otro lado (Jos. 4:9-11). Fue llevada durante 7 días alrededor de Jericó en una marcha que
precedió a la caída de la ciudad (6:1-20). Después de la conquista de Canaán, permaneció en el
tabernáculo en Silo (18:1), aparentemente hasta que fue capturada en tiempos de Elí. Con la esperanza
de que la presencia del arca diera vuelta el resultado de la guerra contra los filisteos, los hijos de Elí, sin
interesarse por las condiciones bajo las cuales Dios opera en relación con los hombres, la llevaron a la
batalla, donde fue tomada por el enemigo (1 S. 4:1-11). Devuelta al territorio hebreo (5:1-6:15) residió
sucesivamente en Bet-semes (6:15-21), Quiriat-jearim (7:1, 2) y en la casa de Obed-edom, en Perez-uza
(2 S. 6:1-11; 1 Cr. 13:5-14). Finalmente, David la llevó a Jerusalén (2 S. 6:12-17; 1 Cr. 15:25-16:1), donde
se la ubicó "en medio de una tienda que David le había levantado" (2 S. 6:17; 7:1, 2; 1Cr. 16:1, 4-6). Más
tarde fue puesta en el lugar santísimo del templo de Salomón (1 R. 8:1-9), donde permaneció hasta que

Nabucodonosor destruyó la ciudad. Las Escrituras guardan silencio con respecto a su suerte en ese
tiempo o su historia posterior.
El Propiciatorio
Era la tapa o cubierta del arca del pacto, dentro del cual estaban depositadas las tablas de la ley (Ex.
25:17; Dt. 10:2). De este modo la ley y el evangelio -la justicia y la misericordia 954 divinas- estaban
íntimamente asociadas en el antiguo servicio del santuario. Por supuesto, el propiciatorio era la tapa o
cubierta literal del arca, pero el kappôreth implicaba mucho más, así como el uso frecuente de la forma
verbal relacionada, kâfar ("cubrir"), significaba "hacer expiación" o "hacer reconciliación" en su
significación más amplia (el apoyo para el significado de "cubierta" proviene de la Cueva 4 de Qumrán,
gracias a la lectura, en una traducción aramea de Levítico, de kappôreth como ksy', "cubierta"). Por
sobre el propiciatorio aparecía la gloria, llamada en el hebreo postbíblico la Shekînâh,* la señal visible de
la presencia de Dios entre su pueblo (He. 8:5). El propiciatorio y las tablas de la ley dentro del arca
representaban los principios fundamentales del trato de Dios con su pueblo: justicia atemperada con
misericordia. Una vez al año, en el gran Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo
con la sangre del sacrificio, la cual asperjaba delante del propiciatorio con la esperanza de que Dios
aceptara la sangre vicaria de la reconciliación como evidencia de la confesión de sus pecados y obtener
para ellos la misericordia.
El vocablo así traducido se deriva de una raíz que significa "cubrir", es decir, "perdonar" el pecado.
Representaba la misericordia divina. En forma significativa, el propiciatorio estaba hecho de oro puro, lo
que implicaba que la misericordia es el más precioso de los atributos divinos. Estaba ubicado por encima
de la ley, así como la misericordia sobrepuja a la injusticia (Sal. 85: 10; 89: 14). Eran necesarios tanto el
arca como su justicia como el propiciatorio con su misericordia para revelar plenamente la manera
como Dios procede con los hombres. La misericordia sin la justicia es sentimentalismo débil, que
subvierte todo orden moral. Por otra parte, la injusticia sin la misericordia es severidad moral,
impecable en la teoría, pero repugnante a Dios y a los hombres.

El arca y el propiciatorio eran el corazón mismo del santuario. Por encima del propiciatorio reposaba la
Shekinah, el símbolo de la presencia divina. Las tablas de la ley dentro del arca testificaban que el reino
de Dios está fundado sobre las normas inmutables de la justicia (Sal. 97: 2), la cual debe ser respetada
aun por la gracia divina. La gracia no puede concederse de manera que invalide la ley (Rom. 3: 31).
Cuando se perdona el pecado, deben también satisfacerse las exigencias de la ley en contra del pecador.
El propósito mismo del Evangelio es conseguir para el pecador el perdón de sus pecados por la fe en un
medio que no "invalida" la ley, sino que la "establece". Si bien las tablas dentro del arca testificaban en
contra del pueblo, el propiciatorio mostraba un camino por el cual podían satisfacerse las exigencias de
la ley y el pecador podría ser salvo de la muerte, el castigo decretado por la ley. Basándose solamente
en la ley, Dios y el hombre no pueden volver a unirse, puesto que el pecado nos separa de él (Isa. 59: 1,
2). Debe intervenir el propiciatorio rociado de sangre pues sólo podemos acercarnos a Dios gracias a la
mediación de Cristo en nuestro favor (Heb. 7: 25).

Los querubines estaban unidos al propiciatorio, uno en cada extremo (ver com. Gén. 3: 24). Un ala de
cada querubín estaba extendida hacia lo alto, y la otra estaba doblada sobre su cuerpo (Eze. 1: 11), en
señal de reverencia y humildad. La posición de los querubines, con el rostro vuelto hacia el centro y
hacia abajo, representaba la reverencia que las huestes celestiales demuestran por la ley de Dios y su
interés en el plan de redención.
los hombros por los levitas de Coat cuando Israel se mudaba de un lugar a otro (Nm. 3:29-31; 4:5-15;
Jos. 3:3) y en ciertas ocasiones solemnes (Jos. 8:33; 1 R. 8:2, 3). Sobre la cubierta de oro macizo, llamada
propiciatorio,* había 2 querubines de oro (uno en cada extremo) mirando hacia abajo, al lugar donde
estaba el Señor cuando hablaba a su pueblo (Nm. 7:89; Ex. 25:22).

El arca era el objeto central de todos los muebles del santuario. A primera vista, contenía sólo las tablas
de piedra con los Diez Mandamientos (Ex. 25:21; Dt. 10:3, 5); pero más tarde estuvieron "delante de
Jehová", "delante del testimonio" o "al lado del arca" (Ex. 16:33, 34; Nm. 17:10; Dt. 31:24-26) la vara de
Aarón que floreció, una vasija con maná y los "libros de la ley". Los primeros 2 elementos se habrían
conservado en el arca (He. 9:4), pero aparentemente fueron sacados en un período posterior de la
turbulenta historia de Israel, como lo indica el autor de Reyes (1 R. 8:9).

Mientras Israel peregrinaba desde el Sinaí hacia la tierra prometida, el arca "fue delante de ellos" (Nm.
10:33). Sus portadores se detuvieron en medio de las aguas divididas del Jordán mientras el pueblo
pasaba al otro lado (Jos. 4:9-11). Fue llevada durante 7 días alrededor de Jericó en una marcha que
precedió a la caída de la ciudad (6:1-20). Después de la conquista de Canaán, permaneció en el
tabernáculo en Silo (18:1), aparentemente hasta que fue capturada en tiempos de Elí. Con la esperanza
de que la presencia del arca diera vuelta el resultado de la guerra contra los filisteos, los hijos de Elí, sin
interesarse por las condiciones bajo las cuales Dios opera en relación con los hombres, la llevaron a la
batalla, donde fue tomada por el enemigo (1 S. 4:1-11). Devuelta al territorio hebreo (5:1-6:15) residió
sucesivamente en Bet-semes (6:15-21), Quiriat-jearim (7:1, 2) y en la casa de Obed-edom, en Perez-uza
(2 S. 6:1-11; 1 Cr. 13:5-14). Finalmente, David la llevó a Jerusalén (2 S. 6:12-17; 1 Cr. 15:25-16:1), donde
se la ubicó "en medio de una tienda que David le había levantado" (2 S. 6:17; 7:1, 2; 1Cr. 16:1, 4-6). Más
tarde fue puesta en el lugar santísimo del templo de Salomón (1 R. 8:1-9), donde permaneció hasta que
Nabucodonosor destruyó la ciudad. Las Escrituras guardan silencio con respecto a su suerte en ese
tiempo o su historia posterior.

El Propiciatorio

Era la tapa o cubierta del arca del pacto, dentro del cual estaban depositadas las tablas de la ley (Ex.
25:17; Dt. 10:2). De este modo la ley y el evangelio -la justicia y la misericordia 954 divinas- estaban
íntimamente asociadas en el antiguo servicio del santuario. Por supuesto, el propiciatorio era la tapa o
cubierta literal del arca, pero el kappôreth implicaba mucho más, así como el uso frecuente de la forma
verbal relacionada, kâfar ("cubrir"), significaba "hacer expiación" o "hacer reconciliación" en su
significación más amplia (el apoyo para el significado de "cubierta" proviene de la Cueva 4 de Qumrán,
gracias a la lectura, en una traducción aramea de Levítico, de kappôreth como ksy', "cubierta"). Por
sobre el propiciatorio aparecía la gloria, llamada en el hebreo postbíblico la Shekînâh,* la señal visible de
la presencia de Dios entre su pueblo (He. 8:5). El propiciatorio y las tablas de la ley dentro del arca
representaban los principios fundamentales del trato de Dios con su pueblo: justicia atemperada con
misericordia. Una vez al año, en el gran Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo
con la sangre del sacrificio, la cual asperjaba delante del propiciatorio con la esperanza de que Dios
aceptara la sangre vicaria de la reconciliación como evidencia de la confesión de sus pecados y obtener
para ellos la misericordia.

El vocablo así traducido se deriva de una raíz que significa "cubrir", es decir, "perdonar" el pecado.
Representaba la misericordia divina. En forma significativa, el propiciatorio estaba hecho de oro puro, lo
que implicaba que la misericordia es el más precioso de los atributos divinos. Estaba ubicado por encima
de la ley, así como la misericordia sobrepuja a la injusticia (Sal. 85: 10; 89: 14). Eran necesarios tanto el
arca como su justicia como el propiciatorio con su misericordia para revelar plenamente la manera
como Dios procede con los hombres. La misericordia sin la justicia es sentimentalismo débil, que
subvierte todo orden moral. Por otra parte, la injusticia sin la misericordia es severidad moral,
impecable en la teoría, pero repugnante a Dios y a los hombres.

El arca y el propiciatorio eran el corazón mismo del santuario. Por encima del propiciatorio reposaba la
Shekinah, el símbolo de la presencia divina. Las tablas de la ley dentro del arca testificaban que el reino
de Dios está fundado sobre las normas inmutables de la justicia (Sal. 97: 2), la cual debe ser respetada
aun por la gracia divina. La gracia no puede concederse de manera que invalide la ley (Rom. 3: 31).
Cuando se perdona el pecado, deben también satisfacerse las exigencias de la ley en contra del pecador.
El propósito mismo del Evangelio es conseguir para el pecador el perdón de sus pecados por la fe en un
medio que no "invalida" la ley, sino que la "establece". Si bien las tablas dentro del arca testificaban en
contra del pueblo, el propiciatorio mostraba un camino por el cual podían satisfacerse las exigencias de
la ley y el pecador podría ser salvo de la muerte, el castigo decretado por la ley. Basándose solamente
en la ley, Dios y el hombre no pueden volver a unirse, puesto que el pecado nos separa de él (Isa. 59: 1,
2). Debe intervenir el propiciatorio rociado de sangre pues sólo podemos acercarnos a Dios gracias a la
mediación de Cristo en nuestro favor (Heb. 7: 25).

Los querubines estaban unidos al propiciatorio, uno en cada extremo (ver com. Gén. 3: 24). Un ala de
cada querubín estaba extendida hacia lo alto, y la otra estaba doblada sobre su cuerpo (Eze. 1: 11), en
señal de reverencia y humildad. La posición de los querubines, con el rostro vuelto hacia el centro y
hacia abajo, representaba la reverencia que las huestes celestiales demuestran por la ley de Dios y su
interés en el plan de redención.

Día de Expiación

El 10º día del mes 7o (Etanim* o Tishri), el más solemne del año. En ese día todo miembro del pueblo de
Israel no sólo debía abstenerse del trabajo, sino también afligir su alma (Lv. 23:27-32). Esto
probablemente incluía el ayuno, ya que en tiempos del NT es evidente que se habla de este día como el
del "ayuno" (Hch. 27:9). En él todos los pecados del año precedente eran finalmente eliminados en la
ceremonia de la purificación del santuario (Lv. 16). Cuantos en ese día no afligían su alma eran cortados
de Israel (23:29). El Día de la Expiación era para los judíos un día de juicio. Como lo describe su tradición
posterior, todos eran juzgados el día de Año Nuevo, pero los que no eran notablemente buenos o
desesperadamente malos tenían 9 días de gracia, hasta el Día de la Expiación, antes de que su suerte se
sellara definitivamente (Talmud, Rosh Hashanah 16a).

Otro acontecimiento importante relacionado con el Día de la Expiación era el sonar de las trompetas
para anunciar el 50o año del ciclo de años sabáticos, el año del jubileo (Lv. 25:9, 10). Presumiblemente,
entonces, en ese momento también comenzaban los años sabáticos que corrían en la misma serie con el
año del jubileo. Los cultos y las ceremonias del Día de la Expiación representaban la purificación del
pecado y la reconciliación con Dios (16:16, 33, 34). Las ceremonias comenzaban con el baño del sumo
sacerdote que sDía de Expiación

El 10º día del mes 7o (Etanim* o Tishri), el más solemne del año. En ese día todo miembro del pueblo de
Israel no sólo debía abstenerse del trabajo, sino también afligir su alma (Lv. 23:27-32). Esto
probablemente incluía el ayuno, ya que en tiempos del NT es evidente que se habla de este día como el
del "ayuno" (Hch. 27:9). En él todos los pecados del año precedente eran finalmente eliminados en la
ceremonia de la purificación del santuario (Lv. 16). Cuantos en ese día no afligían su alma eran cortados

de Israel (23:29). El Día de la Expiación era para los judíos un día de juicio. Como lo describe su tradición
posterior, todos eran juzgados el día de Año Nuevo, pero los que no eran notablemente buenos o
desesperadamente malos tenían 9 días de gracia, hasta el Día de la Expiación, antes de que su suerte se
sellara definitivamente (Talmud, Rosh Hashanah 16a).

Otro acontecimiento importante relacionado con el Día de la Expiación era el sonar de las trompetas
para anunciar el 50o año del ciclo de años sabáticos, el año del jubileo (Lv. 25:9, 10). Presumiblemente,
entonces, en ese momento también comenzaban los años sabáticos que corrían en la misma serie con el
año del jubileo. Los cultos y las ceremonias del Día de la Expiación representaban la purificación del
pecado y la reconciliación con Dios (16:16, 33, 34). Las ceremonias comenzaban con el baño del sumo
sacerdote que se vestía ropas de lino fino (v 4) y ofrecía un becerro por sí mismo y por su casa como
ofrecida por el pecado (v 6). Luego de esta preparación personal se sacrificaba un macho cabrío
designado "por Jehová", previamente elegido por suertes de entre 2 obtenidos para las ceremonias (vs
5, 7, 8, 9). Después, en medio de nubes de incienso, que ascendían del altar que estaba delante del 2o
velo (vs 12, 13), el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo y esparcía sangre (primero del becerro
y luego del macho cabrío) sobre el propiciatorio (v 15) que cubría el arca (que en su interior tenía, entre
otras cosas, las tablas del Decálogo; He. 9:4). De este modo, se limpiaba el lugar sagrado y se hacía
expiación por los pecados del pueblo (Lv. 16:16). En forma semejante se purificaba el altar (vs. 18, 19).
Más tarde, pero no hasta haber reconciliado el lugar santo, el altar y la congregación (v 20), las
transgresiones se transferían ritualmente al macho cabrío designado "por Azazel"* (v 10), que luego era
conducido al desierto (vs 20-22).

El sumo sacerdote simbolizaba a Jesús, el Sumo Sacerdote del santuario celestial (He. 8:1); el sacerdote
terrenal realizaba su servicio "como figura y sombra de las cosas celestiales" (v 5). El autor de Hebreos
explica que, con eso de que el sumo sacerdote entraba sólo una vez al año en el 2o departamento del
santuario, el Espíritu Santo daba a entender "que aún no se había manifestado el camino al Lugar
Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie" (He. 9:8)