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Un Corazón para la Unción

Sólo con un corazón limpio y una intención correcta podrás obtener y retener la unción para
compartirla con aquellos que la anhelan.
Dice la palabra que Dios tiene el tesoro de Su gloria en vasos de barro para que la excelencia
no sea del vaso sino de Él. Tenemos que proveerle un vaso donde deposite Su presencia.
Antes de ir al corazón, la mente, el alma o el espíritu, Dios habita en el cuerpo que es Su
casa. Hoy hacemos dieta y ejercicio por imagen y salud pero no por buscar la presencia de
Dios. Es bueno tener un cuerpo esbelto pero debemos cuidarlo porque nuestro Señor habita
en él. Una actitud correcta de corazón empieza con cuidando nuestro cuerpo. Si deseas Su
presencia debes tratar con tu mente, actitud y alma pero también con tu cuerpo. Procura
mantenerlo impecable como el templo al que limpiamos y tenemos nítido. Queremos siempre
lo mejor de todo y lo mismo debe suceder con nuestro cuerpo que es la principal propiedad
que nos ha dado. Dale la comida, bebida y descanso necesario. Sin tu cuerpo no puedes
trabajar para el Señor porque “muerto el perro se acaba la rabia”. Un argentino decía que se
podía obrar “mientras que el cuerpo aguante” y es verdad.
Escogemos el mejor vestido para el cuerpo pero debemos escoger el mejor cuerpo para el
vestido. Es válido que las mujeres digan que quieren estar bien para su esposo porque
después de Dios, el dueño de tu cuerpo es el cónyuge. Si pensáramos en Él como pensamos
en asuntos maritales podríamos ser habitados más fácilmente. Hay que darle la mejor casa
pero algunos parece que intentan meter la eternidad entera en ellos por lo voluminosos que
están. Es a través del cuerpo que se hace evidente el estado de tu corazón. Una esposa no
quiere que le digas que tienes un gran corazón, ella quiere que se lo demuestres con el buen
gasto que le das. El cuerpo hace evidente toda buena intención.
La intención correcta
Hechos 8: 5-22 relata lo que aconteció con Simón el mago: Cuando vio Simón que por la
imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las
manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque
has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este
asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu
maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
Para comprender este pasaje debemos ir un poco más atrás y leer lo que sucedió antes con
Pedro y los discípulos.
Hechos 5:1-11 cuenta lo que sucedió con Ananías y Safira:
Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del
precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los
apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al
Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti?
y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a
los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor
sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo
sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo
que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella
dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He
aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.Al instante
ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la
sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre
todos los que oyeron estas cosas.
En Hechos 4 dice que los hombres traían propiedades como ofrendas a los pies de los
discípulos. Ananías y su esposa murieron, estiraron el acaite, como decimos acá, por mentir
respecto a la ofrenda que daban y quedarse con una parte que había ofrecido. Luego de esta

extraña manifestación del Espíritu van a Samaria porque recibieron la noticia de que Felipe
estaba haciendo buena obra. Entonces, Simón, el mago que engañaba y era visto por todos,
ahora ve y escucha a Felipe de tal forma que era el único que estaba tan cerca de él.
Cuando Simón ve la forma en que todos se llenan del Espíritu Santo dice “qué maravilla, yo
también quiero eso y puedo pagar para obtenerlo”. En este momento realmente su actitud
no es mala, pero el que se equivoca es Pedro intentando repetir lo que había sucedido con
Ananías y su esposa.
Hechos 8: 22 -25 continúa con la historia de Simón:
Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el
pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que
estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada
de esto que habéis dicho venga sobre mí. Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra
de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el
evangelio.
El problema de Simón era su amargura que lo tenía prisionero. Había perdido su grandeza y
la atención de la gente, por eso anhelaba la unción, para recuperar su fama. El amargado
vive en una prisión. A Simón le amargaba que Felipe acaparara la atención del pueblo.
Cuando perdemos algo tenemos una alta probabilidad de querer recuperarlo de forma ilegal.
Simón quería la unción como todos nosotros, tenía un interés genuino pero el motivo era
equivocado.
Yo comparto la unción que tengo porque para eso me la dio el Señor. Lo importante es que
no la quieras para alimentar tu ego, ser popular o manipular a otros porque ese es un deseo
mezquino. Simón decía: “si tengo lo que tiene Felipe me seguirán de nuevo y me admirarán
de la misma forma”. El alimento principal de la amargura es el ego que no te permite
perdonar de corazón cuando te hieren, roban o estafan. Alguien que tiene confianza en Dios
y no alimenta su ego puede liberarse de lo material y decir: “no importa porque Dios
devuelve”.
El corazón para la unción debe ser íntegro porque estamos pidiéndole nada más y nada
menos que nos permite administrar Su poder. Pedro sin querer mandó a dos personas al otro
lado y de esa forma no estaba administrando bien la unción. No debes buscar la unción para
que tu iglesia crezca y compita con otras iglesias. De esta forma demuestra tu amargura. De
la misma forma que la demuestras cuando quieres prosperar por lucirte. Esas intenciones
son basura no reciclable. Conozco pastores que compiten con su esposa para obtener la
admiración de la iglesia cuando deben dejar su ego de lado y ser un equipo porque son
marido y mujer, una sola carne y siempre la ganancia de dos mejor que la de uno.
Eclesiastés dice que no puede habitar la unción en un ambiente de competencia y rivalidad.
El espíritu de Simón estaba amargado, tal como algunos pastores y pastoras que conozco. Mi
oficina es idéntica a la de mi esposa porque no competimos sino que trabajamos juntos. Yo
no tengo solamente esposa sino una líder ungida que me apoya.
El ego, la rivalidad y deseo de sobresalir debe desaparecer dentro de los corazones si desean
que el Espíritu Santo permanezca en ustedes. El profeta decía: “y les quitaré el corazón de
piedra y les pondré uno de carne”. La unción es para construir puentes para todos, no para
acapararla y utilizarla en el bien propio.
Nuestro próximo templo tendrá todas las sillas de diferentes colores porque siendo diferentes
somos iguales delante de nuestro Señor. Todos se sentarán juntos, el rico y el pobre, el
hombre y la mujer, el universitario y el que no sabe leer, el que usa perfume Chanel y el que
huele a leña porque acaba de hacer sus tortillas. El ego e individualidad debe desaparecer
para que la unción te visite. Hace poco me encontré con una oveja que me dijo: “tuve que
cambiarme de lugar durante el servicio porque allá había alguien que no olía muy bien”. Lo
correcto hubiera sido que lo invitara a comer porque el Evangelio dice que al gran banquete
se llamó a los cojos y pobres porque los invitados no llegaron. Si tienes una licenciatura o
maestría acércate a esa persona sencilla que se sienta junto a ti en la iglesia y ofrécele pagar
sus estudios para que sea universitario como tú. No busques la unción para construir tu

propio reino sino para edificar el Reino del Señor, llevando bendición a otros con la
motivación correcta. Lo que llevamos dentro determina lo que haremos con la unción que
recibamos.
Corazón y espíritu limpio
David pide en el Salmo 51: 10-11:
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me
eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.
Si David pedía que le crearan un corazón limpio era porque no lo tenía. Puedes tener el
Espíritu pero necesitas un nuevo corazón para disfrutarlo y compartirlo. Hay gente llena que
no ha cambiado su corazón, nuestra lucha no es con la unción y entenderla, sino cambiar el
corazón para mantenerla. Busca tener un corazón recto y nuevo para que el Espíritu Santo
pueda usarte y cambiar lo que debe ser cambiado. Hay pastores que hacen averías con los
dones que han recibido pero no debemos pedir que el Espíritu los abandone porque de ser
así, no tendrán oportunidad de cambiar. Solamente el Espíritu nos da la esperanza de ser
mejores. Dios dejará Su espíritu en ti para obrar un cambio y darte esperanza.
David decía en el Salmo 51:12 : Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me
sustente. David era salvo y pedía el gozo de nuevo. Dejar de compartir la unción es el primer
síntoma de que has perdido el gozo. Cuando nace un nuevo bebé lo muestras y cuando eres
salvo también quieres compartir lleno de gozo lo que recibiste. Ojalá que no te suceda lo que
una anciana me contó: “compartía con pasión sobre el Señor a todos. Me hacían preguntas
teológicas para las que no tenía respuestas. Entonces, estudié y ahora tengo las respuestas
pero perdí el amor para compartirlo”. Es mejor quien sabe un solo verso de la Escritura y lo
comparte que quien se sabe toda la Biblia y no comparte nada. Pierdes el gozo cuando
pierdes la nobleza de tu corazón.
En el Salmo 51: 13 David promete:
Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti.
Una iglesia grande no empieza estudiando un modelo a imitar sino pidiendo un espíritu recto
para poder transmitirlo. Las verdades de fe se comparten con gozo, entusiasmo y alegría.
Tenemos problemas de corazón y son más difíciles de resolver que los administrativos.
Pidámosle que nos cambie, nos permita recuperar el gozo de la salvación y podamos
compartirlo con otros, tal como Él desea porque la unción es para todos