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GOZO

Sentimiento de alegría o placer que se experimenta al poseer o esperar algún bien;
felicidad; júbilo. Las palabras hebreas y griegas que se usan en la Biblia para referirse a
gozo, júbilo, regocijo y alegría, expresan diversos matices y grados de gozo. Los verbos
empleados denotan tanto los sentimientos internos como la manifestación externa de
gozo, y pueden tener gran variedad de significados, como “estar gozoso; regocijarse;
gritar de alegría; saltar de alegría”, entre otros.
Jehová Dios y Jesucristo. A Jehová se le llama el “Dios feliz”. (1Ti 1:11.) Su creación y
Su trabajo le producen gozo a Él y a sus criaturas. Jehová se regocija en sus obras. (Sl
104:31.) De igual manera, desea que sus criaturas disfruten de las obras que Él hace
para provecho de ellas y que disfruten de su propio trabajo. (Ec 5:19.) Ya que es la
Fuente de todas las cosas buenas (Snt 1:17), el llegar a conocerle es lo que más
regocija a todas las criaturas inteligentes, tanto humanos como ángeles. (Jer 9:23, 24.)
Por eso el rey David dijo: “Sea placentera mi meditación acerca de él. Yo, por mi parte,
me regocijaré en Jehová”. (Sl 104:34.) También se expresó en canción: “Y el justo se
regocijará en Jehová y verdaderamente se refugiará en él; y todos los rectos de
corazón se jactarán”. (Sl 64:10.) Y el apóstol Pablo animó a los cristianos a derivar
gozo en todo momento de su conocimiento de Jehová y de Sus tratos con ellos cuando
escribió: “Siempre regocíjense en el Señor [Jehová, en varias versiones]. Una vez más
diré: ¡Regocíjense!”. (Flp 4:4.)
Jesucristo, el más cercano a Jehová, es quien lo conoce mejor (Mt 11:27), y puede darlo
a conocer a sus seguidores. (Jn 1:18.) Por lo tanto, está gozoso, y se le llama “el feliz y
único Potentado”. (1Ti 6:14, 15.) Debido al amor que tiene a su Padre, está ansioso de
hacer siempre las cosas que le agradan. (Jn 8:29.) Por consiguiente, cuando se le
presentó la misión de venir a la Tierra, sufrir y morir con el fin de vindicar el nombre
de Jehová, “por el gozo que fue puesto delante de él aguantó un madero de tormento,
despreciando la vergüenza”. (Heb 12:2.) También sentía un gran amor por la
humanidad y se deleitaba en ella. Por eso, las Escrituras, que lo personifican en su
existencia prehumana como la sabiduría, ponen en su boca las palabras: “Entonces
llegué a estar [al] lado [de Jehová] como un obrero maestro, y llegué a ser aquella con
quien él estuvo especialmente encariñado día a día, y estuve alegre delante de él todo
el tiempo, pues estuve alegre por el terreno productivo de su tierra, y las cosas que
fueron el objeto de mi cariño estuvieron con los hijos de los hombres”. (Pr 8:30, 31.)

Jesús deseaba que sus seguidores disfrutaran del mismo gozo. Por eso, les dijo: “Estas
cosas les he hablado, para que mi gozo esté en ustedes y su gozo se haga pleno”. Los
ángeles también se regocijaron cuando se creó la Tierra. (Jn 15:11; 17:13; Job 38:47.) Asimismo, ven el derrotero del pueblo de Dios y se alegran de su proceder fiel.
Especialmente se regocijan cuando una persona se vuelve de sus caminos
pecaminosos y se adhiere a la adoración pura y al servicio a Dios. (Lu 15:7, 10.)
Cómo alegrar el corazón de Jehová. Los siervos de Jehová pueden alegrar Su corazón
siéndole fieles y leales. Satanás el Diablo ha desafiado constantemente la legitimidad
de la soberanía de Dios y la integridad de todos los que le sirven. (Job 1:911; 2:4, 5; Rev 12:10.) A ellos les aplican las palabras: “Sé sabio, hijo mío, y regocija
mi corazón, para que pueda responder al que me está desafiando con escarnio”. (Pr
27:11.) En la Tierra, el pueblo de Jehová también puede hacer que Dios se regocije
apegándose a un proceder de fidelidad y lealtad. (Isa 65:19; Sof 3:17.)
Un fruto del espíritu. Como Jehová es la Fuente del gozo y desea que su pueblo esté
gozoso, el gozo es un fruto de su espíritu santo. En Gálatas 5:22, 23 aparece
inmediatamente después del amor. Asimismo, el apóstol escribió a los cristianos de
Tesalónica: “Ustedes llegaron a ser imitadores de nosotros y del Señor, puesto que
aceptaron la palabra bajo mucha tribulación con gozo de espíritu santo”. (1Te 1:6.) De
igual manera, en sus consejos a los cristianos de Roma, Pablo dijo que el reino de Dios
“significa justicia y paz y gozo con espíritu santo”. (Ro 14:17.)
El gozo verdadero es una cualidad del corazón, y puede beneficiar a todo el cuerpo. El
sabio escritor de Proverbios dice que “un corazón gozoso tiene buen efecto en el
semblante” y “un corazón que está gozoso hace bien como sanador [o: “hace bien al
cuerpo”]”. (Pr 15:13; 17:22, nota.)
El gozo en el servicio de Dios. Lo que Jehová pide de sus siervos no es gravoso. (1Jn
5:3.) Él desea que le sirvan con gozo. Su pueblo Israel tenía que disfrutar de las fiestas
periódicas que Él les había estipulado, y debían regocijarse en otros aspectos de su
vida y de su adoración a Dios. (Le 23:40; Dt 12:7, 12, 18.) Tenían que hablar de Dios
de manera gozosa. (Sl 20:5; 51:14; 59:16.) El que no sirvieran con gozo significaba
que algo iba mal en su corazón y que no apreciaban la bondad amorosa de Jehová. Por
lo tanto, les advirtió lo que sucedería si se hacían desobedientes y no sentían gozo al
servirle: “Y todas estas invocaciones de mal ciertamente vendrán sobre ti [...] porque
no escuchaste la voz de Jehová tu Dios ni guardaste sus mandamientos y sus
estatutos [...]. Y estas tienen que continuar sobre ti y tu prole [...] debido al hecho de
que no serviste a Jehová tu Dios con regocijo y gozo de corazón por la abundancia de
todo”. (Dt 28:45-47.)

Igualmente el cristiano debería disfrutar de su servicio a Dios. En caso contrario,
significaría que su aprecio de corazón es deficiente. (Sl 100:2.) “El gozo de Jehová es
su plaza fuerte”, dijo uno de los siervos fieles de Dios. (Ne 8:10.) Las buenas nuevas
que proclama el cristiano fueron anunciadas por el ángel de Dios como “buenas nuevas
de un gran gozo que todo el pueblo tendrá”. (Lu 2:10.) El llevar el nombre de Jehová
como sus testigos y el conocer la verdad según se halla en la Biblia ciertamente
debería ser motivo de gozo. Jeremías dijo al respecto: “Tu palabra llega a ser para mí el
alborozo y el regocijo de mi corazón; porque tu nombre ha sido llamado sobre mí, oh
Jehová Dios de los ejércitos”. (Jer 15:16.)
Por otra parte, las rectas y justas decisiones judiciales de Jehová puestas en vigor en la
congregación cristiana y en la vida de los cristianos son una causa de gozo,
especialmente en un tiempo en que el mundo ha despreciado la rectitud y la justicia.
(Sl 48:11.) La maravillosa esperanza que tienen es asimismo una razón de peso para
tener gozo. (“Regocíjense en la esperanza”; Ro 12:12; Pr 10:28.) Su salvación es una
base para tener gozo. (Sl 13:5.) Además, está el gozo que siente el siervo de Dios por
causa de aquellos a quienes ayuda a conocer y servir a Jehová. (Flp 4:1; 1Te 2:19.) El
reunirse y el trabajar junto con el pueblo de Dios es uno de los mayores gozos. (Sl
106:4, 5; 122:1.)
La persecución, motivo de gozo. Para el cristiano que protege su corazón, incluso la
persecución, que no es en sí misma motivo de gozo, debería aceptarse gozosamente,
pues el aguantarla con integridad es una victoria. Dios ayuda al que es fiel. (Col 1:11.)
Además, la persecución demuestra que se tiene la aprobación de Dios. Jesús dijo que
cuando el cristiano experimentara persecución y vituperio, debería “[saltar] de gozo”.
(Mt 5:11, 12; Snt 1:2-4; 1Pe 4:13, 14.)
Otras fuentes de gozo provistas por Dios. Jehová ha provisto muchas otras cosas de
las que la humanidad puede disfrutar de día en día. Algunas de estas son: el
matrimonio (Dt 24:5; Pr 5:18), el tener un hijo justo y sabio (Pr 23:24, 25), el
alimento (Ec 10:19; Hch 14:17), el vino (Sl 104:14, 15; Ec 10:19) y sus numerosas
obras creativas. (Snt 1:17; 1Ti 6:17.)

El gozo falso que no perdura. Jesús habló de algunos que escucharían la
verdad y la recibirían con gozo, pero sin obtener el verdadero sentido
de ella. Esas personas no cultivan la palabra que se ha implantado en
su corazón, por lo que en seguida pierden el gozo, pues tropiezan
cuando surge tribulación o persecución por causa de la palabra. (Mt
13:20, 21.) El gozo basado en el materialismo es un gozo falso, engañoso
y de poca duración. Además, el que se regocija por la calamidad de
otro, aunque sea la de alguien que le odia, debe rendir cuentas a Jehová
por su pecado. (Job 31:25-30; Pr 17:5; 24:17, 18.) Si un joven cree que el
dar lugar a “los deseos q acompañan a la juventud” trae gozo,
demuestra ser insensato. (2Ti 2:22; Ec 11:9, 10.) De manera similar, el
amar las diversiones acarrea malos resultados. (Pr 21:17; Ec 7:4.) Incluso
el cristiano que se alboroza al compararse con otros está equivocado.
Más bien, debería probar lo que es su propia obra y así tendría motivo
para “alborozarse respecto de sí mismo solo”. (Gál 6:4.)
Gozo eterno. Jehová prometió restaurar a su pueblo Israel después de su cautiverio en
Babilonia. Les llevó de regreso a Jerusalén en 537 a. E.C. y ellos se regocijaron en gran
manera cuando se colocó el fundamento del templo. (Isa 35:10; 51:11; 65:17-19; Esd
3:10-13.) Pero la profecía de Isaías (65:17) tiene un cumplimiento mayor en la
instauración de “un nuevo cielo y una nueva tierra” que hará que toda la humanidad
tenga gozo para siempre bajo la “Nueva Jerusalén”. (Rev 21:1-3.)
La iniquidad, la enfermedad y la muerte impiden que en la actualidad las personas
tengan un gozo pleno. Pero en armonía con la regla bíblica: “El rey sabio dispersa a los
inicuos”, Jesucristo, en calidad de rey, pondrá fin a todos los enemigos de Dios y de la
justicia. (Pr 20:26; 1Co 15:25, 26.) De esta manera desaparecerán todos los
obstáculos que impiden que se disfrute de un gozo completo, pues incluso “la muerte
no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor”. (Rev 21:4.) El sentir pesar
por los que han muerto habrá terminado por completo; habrá sido erradicado por
medio de la resurrección de los muertos. Este conocimiento consuela a los cristianos
incluso en la actualidad, y por esta causa no se “[apesadumbran] [...] como lo hacen
también los demás que no tienen esperanza”. (1Te 4:13, 14; Jn 5:28, 29.)

La Biblia nos ayuda a sentirnos satisfechos
AUNQUE la Biblia no es un libro de medicina, habla del efecto que los
sentimientos, tanto positivos como negativos, tienen en nuestra salud física y
mental. Nos dice: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un
espíritu que está herido seca los huesos”. También indica: “¿Te has mostrado

desanimado en el día de la angustia? Tu poder será escaso” (Proverbios
17:22; 24:10). El desánimo consume las energías, nos deja débiles y vulnerables,
sin ganas de cambiar ni de buscar ayuda.
El desánimo también repercute en la espiritualidad de la persona. Quienes
carecen de autoestima suelen pensar que nunca tendrán una buena relación con
Dios y que nunca recibirán su aprobación. Simone, mencionada en el primer
artículo, dudaba que ella fuera “la clase de persona a quien Dios aprobaría”. Sin
embargo, cuando estudiamos la Palabra de Dios, la Biblia, nos damos cuenta de
que el Creador mira con buenos ojos a quienes se esfuerzan por agradarle.

Dios se interesa en nosotros
La Biblia nos asegura que “Jehová está cerca de los que están quebrantados de
corazón; y salva a los que están aplastados en espíritu”. Dios no desprecia “un
corazón quebrantado y aplastado”; de hecho, promete “revivificar el espíritu de los
de condición humilde y [...] el corazón de los que están siendo aplastados” (Salmo
34:18; 51:17; Isaías 57:15).
En una ocasión, Jesús, el Hijo de Dios, quiso que sus discípulos comprendieran
que su Padre ve las cosas buenas de Sus siervos. Para ejemplificarlo, dijo que
Dios se da cuentacuando un gorrión cae a tierra, algo que para la mayoría de las
personas es insignificante. Jesús también destacó que Jehová conoce hasta el
más ínfimo detalle de los humanos, incluso el número exacto de cabellos de cada
uno. Y concluyó su ilustración con estas palabras: “Por lo tanto, no tengan temor:
ustedes valen más que muchos gorriones” (Mateo 10:29-31).* Jesús enseñó que
independientemente de cómo se vea uno a sí mismo, si tiene fe, es valioso para
Dios. De hecho, el apóstol Pedro nos recuerda que “Dios no es parcial, sino que,
en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto” (Hechos 10:34, 35).

Mantengamos el equilibrio
La Palabra de Dios nos anima a tener una opinión equilibrada de nosotros
mismos. El apóstol Pablo escribió bajo inspiración: “Por la bondad inmerecida que
se me ha dado digo a cada uno que está allí entre ustedes que no piense más de
sí mismo de lo que sea necesario pensar; sino que piense de tal modo que tenga
juicio sano, cada uno según le haya distribuido Dios una medida de fe” (Romanos
12:3).
Por supuesto, no queremos darnos tanta importancia que nos volvamos
engreídos; pero tampoco queremos irnos al otro extremo y concluir que
no valemos nada. Más bien, nuestro objetivo debe ser formarnos un concepto
realista de nosotros mismos, y para ello debemos tener en cuenta tanto nuestros
puntos fuertes como nuestras limitaciones. Una cristiana lo expuso de este modo:
“Ni soy la maldad personificada ni soy la mejor persona del mundo. Tengo virtudes
y tengo defectos, como el resto de la gente”.

Claro, no es tan fácil llegar a pensar así. Si uno ha tenido una imagen negativa
de sí mismo durante muchos años, tal vez le cueste un gran trabajo borrarla. Sin
embargo, con la ayuda de Dios, es posible cambiar la personalidad y la actitud
ante la vida. Eso es precisamente lo que la Palabra de Dios nos anima a hacer.
En ella leemos: “Deben desechar la vieja personalidad que se conforma a su
manera de proceder anterior y que va corrompiéndose conforme a sus deseos
engañosos; pero [...] deben ser hechos nuevos en la fuerza que impulsa su mente,
y deben vestirse de la nueva personalidad que fue creada conforme a la voluntad
de Dios en verdadera justicia y lealtad” (Efesios 4:22-24).
Si nos esforzamos por transformar “la fuerza que impulsa [nuestra] mente”, es
decir, la inclinación dominante de nuestra mente, podemos convertir una
personalidad muy negativa en una positiva. Lena, de quien se habló en el artículo
anterior, comprendió que para cambiar lo que sentía hacia sí misma, primero debía
desechar la idea de que nadie la quería o de que nadie podía ayudarla. ¿Qué
consejos prácticos de la Biblia ayudaron a Lena, Simone y otras personas a lograr
esta transformación?

Principios bíblicos que producen satisfacción
“Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y él mismo te sustentará.” (Salmo
55:22.) La ayuda principal de que disponemos para sentirnos felices es la oración.
Simone explica: “Siempre que estoy desanimada, le pido ayuda a Jehová y en
todos los casos he percibido su fuerza y su guía”. Cuando el salmista nos insta a
arrojar nuestra carga sobre Jehová, lo que hace es recordarnos que Jehová
no solo se interesa en nosotros, sino que también nos considera dignos de recibir
su ayuda y su apoyo. La noche de la Pascua del año 33 de nuestra era, los
discípulos se entristecieron profundamente cuando Jesús les habló de su
inminente partida. Él los animó a orar al Padre, y luego añadió: “Pidan y recibirán,
para que su gozo se haga pleno” (Juan 16:23, 24).
“Hay más felicidad en dar que en recibir.” (Hechos 20:35.) Como enseñó
Jesús, un factor clave para ser feliz es dar. Poniendo en práctica este principio,
nos concentramos en las necesidades de los demás, y nuestras deficiencias pasan
a un segundo plano. Cuando ayudamos al semejante y percibimos su respuesta
apreciativa, nos sentimos mejor con nosotros mismos. Lena enseña las buenas
nuevas de la Biblia a sus vecinos periódicamente y está convencida de que esta
actividad la beneficia de dos formas: “Primero, obtengo la clase de felicidad y de
satisfacción de la que habló Jesús. Segundo, veo la reacción positiva de las
personas, y eso me produce verdadera alegría”. Dando generosamente de
nosotros mismos, comprobaremos la veracidad de Proverbios 11:25: “El que
liberalmente riega a otros, él mismo también será liberalmente regado”.

“Todos los días del afligido son malos; pero el que es alegre de corazón tie
ne unbanquete constantemente.” (Proverbios 15:15, nota.) Todos tenemos dos
formas de vernos a nosotros mismos y nuestras circunstancias. Podemos verlo
todo negativo y afligirnos, u optar por pensar de forma positiva, ser „alegres de
corazón‟ y sentirnos contentos, como si estuviéramos en un banquete. Simone
explica: “Intento ser tan positiva como puedo. Me mantengo ocupada con el
estudio personal y el ministerio, y oro con perseverancia. También me rodeo de
gente optimista y procuro ayudar a los demás”. Esta actitud produce verdadera
felicidad. Por eso la Biblia nos exhorta: “Regocíjense en Jehová y estén gozosos,
ustedes los justos; y clamen gozosamente, todos ustedes los que son rectos de
corazón” (Salmo 32:11).
“Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido pa
racuando hay angustia.” (Proverbios 17:17.) Si nos desahogamos con alguien a
quien queramos o con un consejero de confianza, tal vez se nos haga más fácil
eliminar los sentimientos negativos antes de que nos abrumen. Al hablar con otra
persona, veremos los asuntos desde una perspectiva equilibrada y positiva.
“Ayuda mucho sincerarse con alguien, contarle cómo se siente uno —admite
Simone—. Muchas veces eso es lo único que se necesita.” Si hacemos esto,
veremos lo ciertas que son estas palabras del proverbio: “La solicitud ansiosa en el
corazón de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo
regocija” (Proverbios 12:25).

Lo que usted puede hacer
Hasta aquí solo hemos visto una muestra de los muchos principios prácticos
tomados de la Biblia que pueden ayudarnos a vencer los sentimientos negativos y
a sentirnos verdaderamente satisfechos. Si usted está luchando con la falta de
autoestima, le animamos a analizar con más detalle lo que dice la Palabra de Dios,
la Biblia. Aprenda a tener un concepto equilibrado y realista de usted mismo y de
su relación con Dios. Es nuestro más sincero deseo que con la guía de las Santas
Escrituras, halle verdadera satisfacción en todo lo que haga.

Gozosos con el Dios feliz
“Finalmente, hermanos, continúen regocijándose [...]; y el Dios de amor y
de paz estará con ustedes.” (2 CORINTIOS 13:11.)
EN ESTOS días aciagos, muchas personas no ven apenas razones para estar
alegres. Cuando les sobreviene una desgracia a ellas o a alguien a quien aman,
quizá se sientan como Job, un personaje de la antigüedad que dijo: “El hombre,
nacido de mujer, es de vida corta y está harto de agitación” (Job 14:1). Los
cristianos no son inmunes a las tensiones y presiones de estos “tiempos críticos,
difíciles de manejar”, y no sorprende que en ocasiones los siervos fieles de Jehová
se desanimen (2 Timoteo 3:1).

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No obstante, los cristianos pueden sentir gozo incluso cuando pasan por

pruebas (Hechos 5:40, 41). Para entender cómo es posible, analicemos primero
qué es el gozo. Se ha definido como el “sentimiento de alegría o placer que se
experimenta al poseer o esperar algún bien”.* Por consiguiente, si sacamos tiempo
para pensar en las bendiciones presentes y a la vez reflexionamos en las que nos
aguardan en el nuevo mundo de Dios, tendremos gozo.
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Todos tenemos bendiciones por las cuales estar agradecidos. El cabeza de

familia que pierde su empleo se siente, lógicamente, preocupado, pues desea
mantener a sus seres queridos. No obstante, si tiene fuerza física y buena salud,
puede dar las gracias, ya que estará en condiciones de trabajar mucho si
encuentra otro empleo. Por otro lado, la cristiana que de repente se ve aquejada
de una enfermedad debilitante puede agradecer el apoyo que recibe de sus
queridos amigos y familiares, quienes la ayudan a hacer frente a la dolencia con
dignidad y valor. Todos los cristianos verdaderos, con independencia de sus
circunstancias, pueden alegrarse de tener el privilegio de conocer a Jehová, el
“Dios feliz”, y a Jesucristo, “el feliz y único Potentado” (1 Timoteo 1:11; 6:15).
En efecto, Jehová Dios y Jesucristo son sumamente felices. Han conservado el
gozo a pesar de que las condiciones reinantes en la Tierra son muy distintas de lo
que Jehová pretendía en un principio. Su ejemplo nos enseña mucho sobre cómo
conservar el gozo.

Nunca han perdido el gozo
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En el jardín de Edén, Adán y Eva disfrutaban de una salud y una mente

perfectas. Se les había encargado un trabajo productivo y tenían unos alrededores
ideales donde efectuarlo. Lo mejor de todo era que contaban con el privilegio de
comunicarse frecuentemente con Jehová. El propósito de Dios era que gozaran de
un futuro feliz. Pero no satisfechos con todas estas dádivas maravillosas, robaron
el fruto prohibido del “árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo”. Este acto de
desobediencia puso el fundamento de toda la infelicidad que hoy experimentamos
(Génesis 2:15-17; 3:6; Romanos 5:12).
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De todos modos, Jehová no permitió que la ingratitud de Adán y Eva le quitara

el gozo. Confiaba en que el corazón de algunos de los descendientes de aquella
primera pareja los impulsaría a servirle. De hecho, era tanta su seguridad que
anunció su propósito de redimir a los descendientes obedientes de Adán y Eva
antes incluso de que ellos tuvieran su primer hijo (Génesis 1:31; 3:15). En los
siglos posteriores, la mayoría de la humanidad anduvo en los pasos de sus
primeros padres, pero Jehová no dio la espalda a la familia humana debido a la
desobediencia generalizada, sino que centró la atención en los hombres y mujeres
que „regocijaron su corazón‟, aquellos que procuraron de verdad agradarle por
amor a él (Proverbios 27:11; Hebreos 6:10).

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¿Y Jesús? ¿Cómo conservó el gozo? Durante su existencia como poderosa

criatura espiritual en el cielo, tuvo la oportunidad de observar las actividades de los
hombres y las mujeres de la Tierra. Sus imperfecciones eran obvias, pero Jesús
los amaba (Proverbios 8:31). Tiempo más tarde, cuando vino a nuestro planeta y
“residió entre” los hombres, no cambió de opinión sobre la humanidad (Juan 1:14).
¿Qué le permitió al Hijo perfecto de Dios conservar ese concepto positivo de la
familia humana pecaminosa?
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En primer lugar, abrigaba expectativas razonables de sí mismo y de los demás.

Sabía que no iba a convertir al mundo (Mateo 10:32-39). Por eso se alegraba
hasta cuando una sola persona sincera respondía de manera favorable al mensaje
del Reino. Aunque la conducta y la actitud de los discípulos a veces dejaban
mucho que desear, Jesús sabía que en el fondo querían hacer la voluntad de Dios,
y los amaba por ello (Lucas 9:46; 22:24, 28-32, 60-62). Es significativo que en
oración a su Padre celestial, resumió así el proceder positivo de sus discípulos
hasta aquel momento: “Han observado tu palabra” (Juan 17:6).
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No cabe duda de que a todos nos beneficiaría reflexionar sobre el ejemplo

dado por Jehová Dios y Jesucristo al respecto. ¿Es posible que imitemos a Jehová
más plenamente no preocupándonos en exceso, por ejemplo, cuando las cosas
no nos salen tal como esperábamos? ¿Podemos seguir con más cuidado los
pasos de Jesús, manteniendo una actitud positiva con respecto a las
circunstancias en que nos encontramos y abrigando expectativas razonables sobre
nosotros y los demás? Veamos cómo aplicar de manera práctica algunos de
estos principios en un terreno que significa mucho para los cristianos celosos de
todo el mundo: el ministerio del campo.

Mantengamos una actitud positiva sobre el ministerio
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Jehová desea que seamos felices en su servicio, una felicidad que no debe

depender de los resultados que obtengamos (Lucas 10:17, 20). El profeta
Jeremías predicó durante años en un territorio improductivo. Cuando se centró en
la reacción negativa de la gente, perdió el gozo (Jeremías 20:8). En cambio,
cuando meditó sobre lo que hacía que el mensaje fuera tan bueno, recuperó la
alegría. Dijo a Jehová: “Fueron halladas tus palabras, y procedí a comerlas; y tu
palabra llega a ser para mí el alborozo y el regocijo de mi corazón; porque tu
nombre ha sido llamado sobre mí, oh Jehová” (Jeremías 15:16). En efecto,
Jeremías se alegró de tener el privilegio de predicar la palabra de Dios, y nosotros
también podemos sentirnos así.
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Aunque la mayoría de la gente no responda a las buenas nuevas, no nos

faltan razones para sentir gozo al participar en el ministerio del campo.
Recordemos que a Jehová no le cabía ninguna duda de que algunos seres
humanos se sentirían motivados a servirle. Como él, nunca debemos perder las

esperanzas de que al menos haya alguien que con el tiempo comprenda qué
cuestión se está dilucidando y acepte el mensaje del Reino. No olvidemos que las
circunstancias cambian. Al encararse a un momento difícil o a una pérdida
inesperada, es posible que hasta los más autosuficientes comiencen a pensar
seriamente en el sentido de la existencia. ¿Estaremos listos para prestar ayuda a
esas personas cuando tomen “conciencia de su necesidad espiritual”? (Mateo 5:3.)
Tal vez la próxima ocasión que vayamos al territorio encontremos a alguien
dispuesto a escuchar las buenas nuevas.
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Además, puede cambiar la composición del territorio. Veamos un ejemplo. En

una pequeña ciudad vivía un grupo muy unido de matrimonios jóvenes con hijos.
Los testigos de Jehová que los visitaban siempre recibían la misma respuesta en
todas las casas: “No nos interesa”. En el caso de que alguien prestara atención al
mensaje del Reino, los vecinos no tardaban en influir en él para que no volviera a
hablar con los Testigos. Es obvio que resultaba difícil predicar allí. Pese a todo, los
publicadores no se rindieron, sino que continuaron dando testimonio sin cesar.
¿Cuál fue el resultado?
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Andando el tiempo, muchos de los niños crecieron, se casaron y se

establecieron en la ciudad. Entonces, algunos de ellos se dieron cuenta de que la
vida que habían llevado no les había dado verdadera felicidad, por lo que
emprendieron la búsqueda de la verdad. La hallaron cuando respondieron
favorablemente a las buenas nuevas que proclaman los Testigos. Así que después
de muchos años, aquella pequeña congregación comenzó a crecer. Imaginémonos
el gozo de los proclamadores del Reino que no se rindieron. Que la perseverancia
en anunciar el maravilloso mensaje del Reino también nos cause gozo a nosotros.

Nuestros hermanos espirituales nos apoyarán
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¿Dónde podemos buscar consuelo cuando se intensifican las presiones que

sufrimos o nos sobreviene una desgracia? Lo primero que hacen millones de
siervos dedicados de Jehová es acudir a él en oración, y luego recurren a sus
hermanos cristianos. Durante su estancia en la Tierra, Jesús mismo valoró el
sostén que le brindaban sus discípulos. La noche antes de morir, dijo que ellos
eran “los que con constancia [habían] continuado [con él] en [sus] pruebas” (Lucas
22:28). Es verdad que aquellos discípulos eran imperfectos, pero su lealtad
consoló al Hijo de Dios. También a nosotros pueden fortalecernos nuestros
hermanos en la fe.
14

Michel y Diane, un matrimonio cristiano, experimentó lo valioso que es el

apoyo de los hermanos. A su hijo de 20 años, Jonathan, un cristiano lleno de vida
y con un futuro prometedor, se le diagnosticó un tumor cerebral. Los médicos
lucharon afanosamente por salvarlo, pero su estado empeoró hasta que cierto día,
a últimas horas de la tarde, se durmió en la muerte. Michel y Diane quedaron

deshechos. Aunque sabían que la Reunión de Servicio, que se celebraba a esa
hora, estaba a punto de finalizar, le pidieron al anciano que estaba con ellos que
los acompañara al Salón del Reino, pues necesitaban consuelo con urgencia.
Llegaron justo cuando se comunicaba a la congregación la muerte de Jonathan.
Después de la reunión, los acongojados padres se vieron rodeados de hermanos y
hermanas que los abrazaron y les hablaron consoladoramente. Diane recuerda:
“Nos sentíamos vacíos al llegar al salón, pero los hermanos nos confortaron
muchísimo; ¡cómo nos levantaron el ánimo! Aunque no podían quitarnos el dolor,
nos ayudaron a sobrellevar la presión” (Romanos 1:11, 12; 1 Corintios 12:21-26).
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La adversidad resultó en que Michel y Diane se unieran más a sus hermanos,

así como en que estrecharan la relación entre sí. Michel dice: “He aprendido a
valorar todavía más a mi querida esposa. En los momentos de desánimo,
conversamos sobre la verdad bíblica y sobre cómo nos sostiene Jehová”. Diane
agrega: “La esperanza del Reino tiene ahora aún mayor sentido para nosotros”.
16

En efecto, los hermanos cristianos son “un socorro fortalecedor” para nosotros

durante los momentos difíciles de la vida y nos ayudan así a conservar el gozo
(Colosenses 4:11). Claro, dado que no poseen la capacidad de leernos la mente,
es conveniente que cuando necesitemos su ayuda, se lo digamos. Luego
expresemos nuestra sincera gratitud por el consuelo que nos hayan dado, que
hemos de ver como procedente de Jehová (Proverbios 12:25; 17:17).

Conozcamos la congregación
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Cuanto mejor conozcamos a nuestros hermanos cristianos, más los

apreciaremos y más alegría sentiremos al relacionarnos con ellos. Pensemos en
nuestra congregación. ¿Qué encontramos? ¿Hay alguna madre sola luchando por
criar a sus hijos en la verdad? ¿Nos hemos parado a meditar sobre el buen
ejemplo que da? Tratemos de imaginar sus problemas. Una madre sin cónyuge
llamada Jeanine enumera algunos: soledad, insinuaciones no deseadas de parte
de los compañeros de trabajo y un presupuesto muy limitado. Sin embargo, dice, la
mayor dificultad es atender las necesidades emocionales de los hijos, pues cada
uno de ellos es único. Menciona, además, otro problema: “Es sumamente difícil
evitar la tendencia a convertir a tu hijo en el cabeza de la casa para compensar la
ausencia de tu esposo. Tengo una hija, y no me resulta fácil recordar que no debo
agobiarla convirtiéndola en mi confidente”. Al igual que miles de progenitores solos
temerosos de Dios, Jeanine trabaja a tiempo completo y atiende su casa. Además,
estudia la Biblia con sus hijos, los prepara para el ministerio y los lleva a las
reuniones de la congregación (Efesios 6:4). ¡Qué feliz debe estar Jehová al
observar todos los días la lucha de esta familia por mantener integridad! ¿No nos
alegra el corazón contar con personas como estas entre nosotros? Por supuesto
que sí.

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Pensemos de nuevo en nuestra congregación. Es posible que reparemos en

que hay viudos y viudas fieles que „nunca faltan‟ a las reuniones (Lucas 2:37). ¿Se
sienten solos a veces? Claro que sí. Echan muchísimo de menos a su cónyuge,
pese a lo cual están ocupados en el servicio de Jehová y se interesan por los
demás. Su actitud equilibrada y positiva contribuye al gozo de la congregación.
Una cristiana que lleva en el ministerio de tiempo completo más de treinta años
comentó: “Una de las cosas que más alegría me causan es ver a hermanos
mayores que han sufrido muchas pruebas seguir sirviendo fielmente a Jehová”. Así
es; los cristianos de edad avanzada estimulan mucho a los jóvenes.
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¿Y qué decir de los nuevos que desde hace poco se relacionan con la

congregación? ¿No nos anima oírles expresar su fe en las reuniones? Pensemos
en lo que han progresado desde que empezaron a estudiar la Biblia. Jehová debe
estar muy complacido con ellos. ¿Y nosotros? ¿Ponemos de manifiesto nuestra
aprobación encomiándolos por sus esfuerzos?
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¿Está usted casado, o soltero? ¿Es una madre o un padre sin cónyuge? ¿Es

un joven huérfano de padre o madre? ¿Un viudo o una viuda? ¿Forma parte de la
congregación desde hace muchos años, o desde hace poco? Tenga la seguridad
de que su fiel ejemplo nos estimula a todos. Y cuando entona un cántico del Reino,
da un comentario o cumple con una asignación en la Escuela del Ministerio
Teocrático, contribuye a que nos sintamos felices. Más importante aún, alegra el
corazón de Jehová.
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En efecto, incluso en estos tiempos turbulentos es posible sentir gozo en el

servicio al Dios feliz. Tenemos muchas razones para responder al estímulo que
nos da Pablo: “Continúen regocijándose [...]; y el Dios de amor y de paz estará con
ustedes” (2 Corintios 13:11). Ahora bien, ¿y si nos enfrentamos a un desastre
natural, persecución o graves dificultades económicas? ¿Es posible conservar el
gozo hasta en tales situaciones? Saque sus propias conclusiones al estudiar el
siguiente artículo.