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Significado del misterio

:
“Murió por nuestros pecados”
«Este es el cáliz de mi sangre..., derramada por vosotros y por todos
para el perdón de los pecados». A diario escuchamos estas palabras en
el momento más solemne de la Misa. En el Credo largo decimos: «Por
nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo...».
¿Cómo entiende estas palabras el cristiano que asiste con frecuencia
a la eucaristía? ¿Qué trasfondo catequético respalda su devoción
personal? ¿Cómo entiende que la muerte de Jesús pueda redimir sus
pecados?
1. El cambio de perspectiva
A partir de san Anselmo, la teología medieval insistía en su peculiar concepto de la redención
como «satisfacción» de una deuda. Jesús, hombre-Dios, vino a satisfacer al Padre la deuda de
Adán, una deuda infinita que sólo alguien que fuera a la vez Dios y hombre podría pagar.
Jesús «satisfacía» por nosotros con sus sufrimientos y cancelaba esta deuda mediante su
muerte en cruz. Entonces Dios se avenía a perdonarnos y a reconciliarse con nosotros. Para esta
satisfacción «vicaria » era muy importante el sufrimiento de Cristo, que era el pago por
nuestros pecados.
Toda esta construcción teológica no es inteligible para el hombre de hoy, y es difícilmente
conciliable con muchos textos del Nuevo Testamento. Supone una triste imagen de un Dios
Padre justiciero que exige que su ofensa sea reparada a cualquier precio, aun al precio
de una injusticia mayor, haciendo pagar al inocente las pecados de los culpables.
Que necesitamos ser salvados del poder del pecado es algo que todos hemos experimentado en
algún momento. Intuimos que hay algo que no funciona bien en la humanidad. Lo vemos a
nuestro alrededor y lo percibimos en nosotros mismos si somos medianamente lúcidos y
sinceros. Todos alguna vez hemos hecho nuestro el grito de San Pablo:
«¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?» (Rm 7,24-25)
Pero ¿por qué es necesaria la muerte de Cristo para salvarnos de nuestro pecado? En la
teología anselmiana quedaba muy claro. Dios estaba ofendido e indispuesto con el hombre. Para
devolverle su amistad exigía un pago previo que nadie estaba en condiciones de pagar.
Solo un Dios-hombre podía satisfacerle pagando con su sufrimiento para aplacar su ira.
La visión bíblica es distinta. No es Dios quien está mal dispuesto, sino el hombre. La acción
reconciliadora de Jesús no busca cambiar la disposición del Padre, sino la disposición nuestra,
que es el único obstáculo para nuestra amistad con Dios. Es el hombre quien debe convertirse
hacia Dios, y no Dios hacia el hombre.
De entrada, Dios está bien dispuesto hacia nosotros. Precisamente lo que Jesús ha venido a
revelarnos es esta «buena voluntad» –eudokía– de Dios hacia el hombre. El himno de los
ángeles en Belén no habla de paz «a los hombres de buena voluntad» –«los hombres bien
dispuestos »–, sino de paz «a los hombres de la buena voluntad de Dios»,
hacia quienes Dios está bien dispuesto (cf. Lc 2,14). Dios nos ha amado cuando todavía éramos
pecadores (Rm 5,6-8). No nos ama cuando ya estamos reconciliados con él, sino que nos
reconcilia con él porque nos ama. La redención es iniciativa de un Padre que nos amó primero
(1 Jn 4,19). Y precisamente porque nos ama y nos quiere reconciliar es por lo que envía a su Hijo
para que nos disponga bien a nosotros y cambie nuestra hostilidad hacia él.
La buena noticia del evangelio es precisamente el amor de Dios a los pecadores. Esa buena
noticia nos debe llevar a creer, no en un Dios que ama a los buenos y odia a los malos, sino en
un Dios que sólo sabe amar porque es amor. Eso es lo que nos revela el Emmanuel, el Dios
con nosotros. Por eso su nacimiento fue causa de tanta alegría.
sal terrae

El anuncio evangélico es: «Convertíos y creed en el evangelio» (Mc 1,15). Pero no se trata de
dos acciones distintas. La conversión consiste precisamente en creer en ese evangelio, en
aceptar que uno es amado por Dios aun siendo pecador. «Nosotros hemos conocido el
amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16).
Significado del misterio: Murió por nuestros pecados”

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construye la primera planta generadora de luz eléctrica. Y la vida de Jesús se ve confirmada y rubricada por el modo en que murió. Significado del misterio: Murió por nuestros pecados” 2 . La manera anselmiana de entender la redención atribuía un valor salvífico sólo a la muerte de Jesús. los amó hasta el final» (Jn 13. Sólo se complace en el amor que Jesús muestra al entregar su vida en fidelidad a su misión. 3. Dios nunca pudo complacerse en esa muerte. sino por lo que tiene de amor. «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo. La encarnación no era para Anselmo más que un paso previo. En la cruz. Pero. Jesús redime la condición humana viviendo y muriendo de una manera nueva. la redención se atribuye sobre todo a su muerte. por otra. Se siguen alumbrando con velas y candiles. que tuvo lugar de una vez por todas.13). La resurrección era sólo un epílogo que afectaba más a la persona de Jesús que a la humanidad. Lo podemos entender con una comparación. Jesús muere por ser fiel a la línea de conducta que le había sido marcada. aunque toda la vida de Jesús sea redentora. Jesús tenía que solidarizarse con nuestra condición mortal. Pero el modo cruel en que Jesús murió no es consecuencia de un destino ineluctable fijado por Dios Padre. y la redención subjetiva que tiene lugar cuando cada uno de nosotros queda justificado al creer en ese amor gratuito de Dios. precisamente. a su sangre y a su sufrimiento como satisfacción por el pecado. En este sentido. hay algo especial en la cruz. Dios Padre no quiso la crucifixión de su Hijo Para vivir una vida plenamente humana como la nuestra. Pero desde 1882 podemos decir que hay luz eléctrica en nuestro planeta. Jesús no habría muerto crucificado si hubiese traicionado su mensaje llegando a un arreglo con los poderes de este mundo o abandonado su misión. en realidad. Dios nunca puede complacerse en un pecado. aunque todavía tenga que llevarse a cada una de las casas. La vida y la predicación de Jesús no tenían un valor salvífico especial. Thomas Alva Edison.1). podemos decir que murió en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Vida y muerte redentora La teología siempre ha distinguido entre la redención objetiva del género humano. que fue el pecado más horrible de cuantos ha cometido nuestra humanidad.13). que ya había quedado perfectamente reconciliada tras el pago de Jesús en la cruz. el amor de Jesús llega a su final en su total identificación con nuestro destino. Yo vivo en una zona de misión donde aún no ha llegado la luz eléctrica a la mayor parte de los pueblitos. Somos nosotros quienes llevamos a Jesús a la muerte. que nos libera del pecado y nos da una vida nueva. Su muerte rubrica y culmina su estilo de vida entregada. Sólo con su muerte pudo Jesús completar su total identificación con nuestra vida mortal. «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15. Por eso. La muerte de Jesús recibe su sentido del modo en que vivió su vida. viviéndose en una total autodonación de amor. a la vez. Fue por su fidelidad a la misión encomendada por lo que se encontró con aquella muerte tan horrible. en el que Cristo asumía un cuerpo mortal para pagar nuestra deuda. Con todo. Ya hay luz eléctrica en el mundo. inventor de la bombilla incandescente. Es la presencia de ese amor en nosotros la que «quita el pecado». aunque no todo el mundo tenga luz en sus casas. donde hemos conocido el amor que Dios nos tiene. Sólo en ese sentido indirecto podemos decir que Jesús murió como resultado de su cumplimiento de la voluntad de Dios. no por lo que tiene de sufrimiento. La cruz. En 1882. porque el amor no puede cohabitar con el pecado. nos comunica ese amor. por una parte nos revela ese amor que nos rehabilita y. no Dios Padre. sino que es consecuencia de la crueldad de los hombres. «En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros» (1 Jn 1.2. que no podían tolerar la presencia del justo en medio de ellos. Es ahí.

sino más bien: «¿No os lo había dicho yo?». el gran acontecimiento escatológico y salvífico. Partiendo del caso de Sócrates. Se trata de una interpretación muy rebuscada. en un mundo de pecado. La primera vez. Un inocente que viene a un mundo corrompido. La muerte de Jesús no sólo no frustró la venida del reino. Creyó que su misma muerte no sería óbice para el advenimiento del reino. sino la lógica del pecado. Murió por nuestros pecados Hay una expresión griega muy usada en el Nuevo Testamento para referirse a la muerte de Jesús: edei = «Era necesario». J. ¿Es pura coincidencia? ¿Es una conjetura afortunada de lo que iba a suceder cuatro siglos más tarde? Platón habla conscientemente de la suerte que le está reservada a la bondad en un mundo malvado e incapaz de comprenderla. denunciando su pecado e invitando a los hombres a otro mundo posible. entrevió la posibilidad de un ejemplo perfecto y describió algo muy parecido a la pasión de Cristo. Tenía que ser así. «La respuesta correcta es “sí”. castigado y empalado3. Dios permitió que su Hijo muriera de esa manera tan horrible y no intervino para salvarlo de sus enemigos. 4.. Busto se pregunta si nos podía haber redimido Jesús con una sonrisa. Platón no supo que su ejemplo perfecto de bondad crucificada llegaría a ser real un día en la historia. tratado por su entorno como un monstruo de maldad.Dios quiso con voluntad de beneplácito la encarnación de su Hijo. Este texto causa sorpresa a un lector cristiano. Murió porque éramos pecadores. Según el cuarto evangelio. porque en esta sonrisa Jesús habría expresado todo su amor al Padre. dos veces huyó al desierto. Jesús llegó a comprender que huyendo sería infiel a la misión que el Padre le había confiado de predicar el evangelio. En la «República». se nos pide imaginar a un hombre perfectamente recto. y efectiva mente fue parte esencial del proceso que conduciría a su resurrección. «Cristo tenía que padecer para entrar en su gloria» (Lc 24. pero Dios no es el responsable de que esa muerte tuviese esas circunstancias tan trágicas y dolorosas. Cuando decimos que Jesús murió «por nuestros pecados». cuando el sanedrín decidió ejecutarlo: «Jesús ya no andaba en público entre los judíos. Moule expresa muy bien esta actitud de Jesús: «Los testimonios que poseemos indican que Jesús. Lo que lleva a Jesús a padecer no es la lógica de Dios. no reaccionaría diciendo: «¡Qué casualidad!». y la hostilidad declarada de las autoridades. su muerte no frustraría el plan de salvación. No habría podido ser de otro modo. lleva necesariamente aparejada la muerte»2. no podía acabar de otra forma que crucificado. sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto. porque Jesús había asumido una vida humana sin privilegios. en primer lugar. Entonces decidió ir a Jerusalén públicamente y jugarse el todo por el todo. sino que fue el factor decisivo que precipitó su venida.39-40). no subió a Jerusalén con la finalidad de morir. Es encadenado. queremos decir que mu rió porque esta humanidad pecadora no podía por menos que matarle. sin necesidad de morir. Antes al contrario. de la cual no intentó huir»1. sino que se integraría en él. De una cosa estaba seguro: aunque sus enemigos lo matasen. La interpretación anselmiana busca la razón de esta necesidad en el valor penal del sufrimiento para satisfacer la culpa del hombre. Tenía que ser así.. Porque esa sonrisa de amor al Padre. cuando «querían prenderle de nuevo y se les escapó de las manos y se marchó al otro lado del Jordán» (Jn 10. no buscó la muerte. que es “no”. pensando quizás en su maestro Sócrates. pero buscó con una dedicación inflexible un curso de vida que inevitablemente lo condujo a la muerte. El pecado sólo se podría expiar mediante el sufrimiento y la cruz.26). sin salvoconductos. Analizaremos otras tres más sencillas. En un momento dado. porque no hubiera podido ser de otro modo. Ya lo intuyó Platón. Jesús no murió porque él mismo buscara la muerte. cuando intuyó el fracaso de su ministerio. se complació en el amor tan grande que Jesús le mostraba asumiendo todas las consecuencias de una vida mortal. a una ciudad llamada Efraín. y allí residía con sus discípulos» (Jn 11.54). De haberlo descubierto.R. Edei. pero tiene una respuesta también correcta. aunque ello supusiera un riesgo próximo para su vida. La segunda vez. Significado del misterio: Murió por nuestros pecados” 3 .

. Santander 19919.20). bello en la tumba. son la nueva y definitiva manifestación de la omnipotencia de Dios. no sólo en las iglesias. Jesús mostró tal dignidad y tal nobleza que llevó a la fe a tres personajes insólitos: al buen ladrón (Lc 23. «Hay en esta muerte una verdadera belleza que transforma su horrible cadáver torturado gracias a una verdadera transfiguración. Dice San Agustín: «Bello Dios. revelada en toda su debilidad. Me contaban de una joven postmoderna que regresó encantada de una gira por Camboya diciendo: «¡Qué maravillosas esas estatuillas de Buda en actitud contemplativa. B. Lo entenderemos con un ejemplo. No existe en el mundo una figura absolutamente bella.. Decía el reformador Melanchton: «Conocer a Cristo equivale a conocer sus beneficios». pensará: «Murió para liberarme de la droga.. Hay un tercer sentido aún más riguroso. y eso me lleva al arrepentimiento. En su pasión.. Pero no todos pueden captar esa belleza de Jesús en la cruz. abiertos al mundo. sino la de Cristo.. Estos tres personajes fueron cautivados por esa revelación del amor y creyeron en el amor. Bello en el leño. Nadie se salva. Cristología para empezar. ni los políticos. estaríamos completamente perdidos y extraviados. Al escuchar la noticia de su muerte en cruz. murió para que yo no muriera. arrepentido y horrorizado. Sólo en la cruz puede Dios acabar de convencernos de su amor hacia nosotros. entendemos que la humanidad ha quedado redimida. ni los discípulos. SESBOÜÉ. El amigo drogadicto.38-39) y a uno de los miembros del sanedrín que lo condenó (Mc 15. ¡Qué bien lo ha sabido reflejar la imaginería española de la Semana Santa. bello en la gloria». todo lo atraeré hacia mí» (Jn 12. No lo ven así quienes no han experimentado esta gracia. 4. La cruz nos revela un amor más fuerte que la muerte.R. Madrid 1998. Descubrieron en Jesús inocencia.. pp. [. pero muere también rescatando a los pecadores de su pecado. aunque no había conocido al Jesús terreno. al contemplar su imagen desfigurada. glorificado por el Padre.] Reina en el madero.43).. que me quitan la paz y me ponen histérica».32). Es precisamente la muerte de Jesús la que me convierte de mi pecado. del mismo modo que Pablo se lo aplicó a sí mismo. Como consecuencia de su intento. sino también en las casas y en los cruces de los caminos? ¿Expondría la familia de un ahorcado una fotografía de la horrible ejecución?»4. murió por rescatar mi vida. vol. Si no tuviésemos presente esa preciosa imagen. IV. Es la belleza la que salvará al hombre (F. Gredos. En la pasión del Señor es más bien la humanidad la que muestra su rostro más horrible. mi pecado queda denunciado. PLATÓN. «República». ni los intelectuales.! Y no como esos Cristos vuestros en las iglesias. muere asesinado por los mafiosos. al propio jefe del pelotón de ejecución (Mc 15.] De no ser así. ni el pueblo. 228-229. Sus brazos extendidos. Uno puede ya apuntarse a esta humanidad Significado del misterio: Murió por nuestros pecados” 4 . realeza y aun divinidad. 110-111..! Aquellos artistas supieron reflejar la belleza de un cuerpo torturado en la medida en que experimentaron en sí mismos los frutos de este martirio. bello Verbo junto a Dios. «El verdadero conocimiento de Jesucristo es la experiencia del bien que él es para nosotros y de los frutos de vida plena que de él. J. con igual derecho podremos decirlo todos y cada uno de los que en Cristo hemos encontrado la salvación. 140. p. Muere a manos de los pecadores. «Cuando sea levantado en alto.. se derivan para quienes lo acogen en la audacia de la fe»5. De ahí su gran atractivo y el gran poder que tiene para convertirnos de nuestro pecado.. ¿habríamos podido exponer nuestros crucifijos por todas partes. sino tan sólo los que experimentan en sí mismos los frutos liberadores y salvadores de su muerte.! ¡Qué paz da frotarles la pancita. Dostoyevski). c. Hay aún un segundo sentido. en Diálogos 361e-362a. Si Pablo pudo decir: «Me amó y se entregó por mí» (Ga 2.. Sal Terrae. BUSTO.sal terrae 2. 3. Uno se avergüenza de pertenecer a esta humanidad monstruosa y traidora y pregunta dónde puede uno desapuntarse. ni los moralistas.42). Pero al ver la nobleza de Jesús al morir por amor. Alguien intenta rescatar a su amigo drogadicto enredado en una mafia de traficantes. [. Ahí captamos la fuerza redentora de la cruz en el poder de atracción que ejerce sobre nosotros y nos lleva a cambiar de vida. Esto podemos aplicárnoslo a cada uno de nosotros. Murió por mí. p. o. Me rehabilitó al precio de su vida». ni los sacerdotes.

«Yo tengo poder para dar mi vida y recobrarla de nuevo» (Jn 10. no daba valor soteriológico a la resurrección. Jesús sopla sobre los suyos y les dice: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados ». Su humanidad resucitada es ya un ámbito escatológico salvífico.35). 295 5. «¿Por qué no puedo seguirte ahora? ¡Yo daré mi vida por ti!». Solo Jesús es capaz de vivir entregando su vida. 6 . Lo suelo explicar con una metáfora. la concepción anselmiana. ha visto su gloria. En él la entera raza humana ha sido rehabilitada. ibid. y desde esa nueva dimensión es capaz de influir salvíficamente en la historia de quienes aún estamos su mergidos.en la que floreció Jesús. Imaginemos un hombre sumergido en una ciénaga. una vida nueva y distinta de la de la humanidad pecadora. pero ejerce su influjo en la historia. sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2. Después de la resurrección. B. No pertenece a la historia. sal terrae 5. siendo injertados en él (Rm 11. No nos redime simplemente dándonos el ejemplo de un modo de vivir para que luego nosotros lo imitemos. y puede respirar un aire puro y transmitir el oxígeno a los miembros todavía sumergidos. Pensemos por ejemplo en el verbo «reparar». abierto en la cruz. Jesús inicia una nueva manera de ser hombre en la que el pecado ha sido vencido y ya es posible vivir en el amor. violenta. Jesús le mira con tristeza y le hace ver cómo la humanidad pecadora está en tal situación de impotencia que no puede salvarse a sí misma. Desde este ámbito. Significado del misterio: Murió por nuestros pecados” 5 . nuestra cabeza. Reforma del lenguaje Hay una serie de términos bíblicos para la acción redentora que necesitan ser comprendidos hoy de un modo no anselmiano. revela la hondura de su amor y.18). desde que Jesús ha inaugurado un modo de ser hombre distinto del que vemos a diario en esta sociedad corrupta. El domingo de Pascua. El desbordamiento del amor sólo tiene lugar cuando el corazón de Jesús. Ya no nos avergonzamos de ser hombres. Pablo dirá: «Ya no vivo yo. que consigue sacar la cabeza fuera. Yo os he capacitado para vivir así. Hay que recuperar su verdadero significado bíblico.20). que produce en nosotros nuevos frutos de bondad y amor. En cambio. Jesús le pregunta a Pedro si le ama. Pedro pretendía vivir por sí mismo esa entrega. p. Lo que nos redime es esta vida de Jesús. En el Espíritu que ha recibido tras la Pascua puede también Pedro amar a Jesús hasta el final. «reparar» significaba desagraviar el honor de Dios ofendido. ha resucitado y vive ya las condiciones de la vida definitiva. egoísta e injusta. Pedro creía que él también tenía ese poder y comprobó dolorosamente que no lo tenía. efunde su Espíritu.14). Algo de nosotros. En ese sentido la resurrección de Jesús es un hecho escatológico. Algo irreversible ha sucedido con la Pascua de Jesús. dejando que fluya por nuestras venas su vida. El testigo que está al pie de la cruz lo ha visto (19. No se trata de vivir una vida como la de Jesús.17-24). Jesús es ahora un factor decisivo que influye positivamente en el desarrollo de la historia. que consiste en la plenitud de su amor fiel (1.16). revelar en su martirio la gloria de Dios y seguirle en la donación de su vida como pastor de las ovejas (21. sino de vivir en nosotros la vida de Jesús. pero la cabeza está ya fuera. y al mismo tiempo ha recibido de esa plenitud la capacidad de responder con amor (1.19). La vida nueva Ya la encarnación del Verbo fue el comienzo de una nueva humanidad. En la teología de Anselmo y de Lutero. y le invita: «Ahora ya puedes seguirme en la entrega de tu vida». Ahora ya está abierto el camino que antes estaba cerrado. al mismo tiempo. Pedro experimentará dolorosamente esa impotencia en su triple negación.. FORTE. El resto del cuerpo todavía chapotea en el barro. Es a través del don del Espíritu como se quitan los pecados. Lo mismo que Adán fue cabeza de una humanidad pecadora. al valorar solo la muerte expiatoria de Jesús.

La palabra «expiación» ha pasado a subrayar sólo el carácter de sufrimiento de la pena. lo que prima en el concepto de sacrificio no es el sufrimiento ni el costo. que era absolutamente incompatible con la vida divina. VANHOYE. y entonces se transforman y se transfiguran. La vida de gracia hace desaparecer la situación de impotencia y esclavitud al pecado en que el hombre se encontraba. sino la agregación de un valor. en el lenguaje bíblico. pagan su crimen. y mucho menos de un inocente que ofrezca una satisfacción vicaria. No es que primero se nos quite el pecado y luego se nos infunda la vida nueva. 6. Dios ofrece su perdón a los hombres gratuitamente. p.7. Summa contra Gentiles. Continuamente el Nuevo Testamento nos habla de esta purificación. el enriquecimiento. El verdadero sacrificio busca la comunión con Dios. Poco importa que el criminal condenado asuma o no la sentencia interiormente. Equivale a padecer una pena compensatoria por algún delito. Significado del misterio: Murió por nuestros pecados” 6 . Sacrificar significa. pero al dañarnos a nosotros mismo de algún modo le estamos dañando al que nos ama y sólo quiere nuestro bien. Ahora la palabra «expiar» tiene un sentido puramente penal. 33. Por eso la palabra «expiación» (hilasmós) significa purificación. Madrid 2005. No podemos dañar a Dios. p. «instrumento de perdón». si se somete a la pena. mediante el amor que hace santo todo lo que toca. Los delincuentes expían su culpa. Ibid.. La santidad de Dios no puede cohabitar en nosotros con el pecado. porque son los hombres los que necesitan «ser reparados». El lenguaje de Anselmo estaba muy imbuido de las categorías caballerescas del honor ultrajado y de la satisfacción exigida. «Se trata de hacer sacro lo que no lo era. ante todo. Tanto amó Dios al mundo. sino que el perdón y la vida nueva son dos aspectos simultáneos de la justificación ofrecida gratuitamente. La justificación del pecador implica una doble acción: una negativa –librarle de la situación de pecado en que se encuentra– y otra positiva –infundirle una vida nueva de santidad. Por eso la gracia ahuyenta necesariamente la situación de pecado anterior. San Pablo. En la Primera Carta de Juan. hacer sacro. pero en el castellano actual mejor hablaríamos de purificación que de expiación. Jesús es expiación («hilasmós») por nuestros pecados (1 Jn 2. A. Efectivamente. 9. Ya el propio Santo Tomás reconoció que el hombre no puede propiamente ofender a Dios.2).sal terrae 8. «El sacrificio de Cristo consistió en colmar de amor divino su sufrimiento y su muerte hasta el punto de obtener la victoria del amor sobre la muerte»9. Su actitud interior es irrelevante para la expiación. Contrariamente a estas explicaciones. porque nos saca de nuestra condición de pecadores7. 3. Analicemos a continuación en el verbo «expiar». En realidad. Lo que prima no es la privación. Éste es el fruto del sacrificio de Cristo. la idea bíblica de expiación no significa pagar una pena.7). santificar. En la Biblia. «No recibe ofensa Dios de nosotros sino por obrar nosotros contra nuestro bien»66. no son dos acciones distintas realizadas en dos momentos consecutivos. la más rica de valor. expía.. Esa «ofensa» a Dios queda reparada automáticamente en el momento en que queda reparado el daño que el hombre se ha hecho a sí mismo al pecar. También los dolores y los sufrimientos inevitables pueden ser santos. el pecado queda purificado. sino remediar un mal. al margen de la actitud con que se asuma. Quiere rescatar al hombre de su situación de impotencia y de esclavitud al pecado. Una pena que es sólo una pena no es un sacrificio»8. porque la palabra «expiación» ha asumido un significado diferente del bíblico. Hablamos de un «sacrifico de expiación». paga y compensa el mal que hizo. 122. pueden ser ofrecidos con amor. la cual es la más positiva de todas las realidades. Dios está siempre dispuesto a perdonar sin exigir antes «reparación» alguna por parte del culpable. que por su mismo carácter oneroso logra su fin automáticamente. Un poco antes afirmaba que «la sangre de Jesús nos purifica de nuestros pecados» (1 Jn 1. y esto exige una comunicación de la santidad divina. Cuando esa santidad de Dios se nos infunde. pasando unos años en la cárcel. Ibidem.No es éste el sentido bíblico.

detrás de esa pancarta. se disputan a la rebatiña lasmigajas de la felicidad que encuentran. delante de una multitud de hombres y mujeres que viven el «¡ser feliz!» como su ideal supremo. como dicha «a todos » (Lc 9.24). por supuesto. o pujan rabiosamente por ella a cualquier precio? No sólo se puede. sino que es necesario desplegarla con letras enormes. Mateo la presenta como dirigida por Jesús «a sus discípulos » (Mt 16. Marcos. vivimos hoy lo mejor que vivimos como humanidad. sal terrae Significado del misterio: Murió por nuestros pecados” 7 . Pero no nos redimen nuestras ignorancias voluntarias. Porque esa pancarta es consigna de vida para todos.1) –lo mejor de la historia humana– ha realizado ya detrás de ella y que ahora nos toca continuar a nosotros. Sin duda. o se la roban violentamente unos a otros. en cualquiera de sus dos versiones. aun los que podamos tener la tentación de sustituirla. De la historia que han hecho muchos y muchas. Curiosamente. Voluntariamente. como llamada «a la gente y a sus propios discípulos» (Mc 8.23).¿Puede desplegarse hoy esta pancarta evangélica. porque no la entendemos. simplemente. miles de millones. para que siga presidiendo la marcha que «una inmensa muchedumbre de testigos» (Heb 12. de ignorarla o incluso de romperla.34). Lucas.