Lagos de Moreno

La esperanza como valor
Por Leonel Ortega Rúa

De la grilla, de las fiestas, de las bandas, de deportes de las reinas, de lo que te gusta, de lo que no... De todo puedes hablar en el

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“La vida del hombre tiene, incondicionalmente, un sentido. Y este sentido no es otro que la realización de valores que trascienden” (Francisco Valenzuela Indart). la experiencia de Dios. La mejor manera de ser un buen católico, es siendo congruente con la experiencia del Resucitado, estando a favor de todo aquello que genera vida en nuestro mundo. Los que compartimos este sistema de creencias no podemos estar a favor de las leyes que atentan contra la vida y mucho menos con los hechos que llevan a la muerte a nuestros niños y jóvenes, por ejemplo narcotráfico y drogadicción. Es una exigencia de ser, en congruencia con su identidad; fomentar en los jóvenes que pasan por nuestras aulas el amor a la vida. Para esto es indispensable que creamos en ellos y en sus posibilidades reales de realizar su proyecto de vida. Nuestro compromiso como Institución educativa es favorecer, con nuestro proyecto educativo, la realización de los sueños y esperanzas de tantos www.7diastepa.blogspot.com jóvenes que han puesto su confianza en nosotros. Ojalá pues que el Dios de la vida, siga motivos suficientes para seguir luchando fortaleciendo la esperanza de todos por ser los mejores como personas en aquellos que cansados de tanto luchar, han su familia y en la comunidad que les está claudicado y no encuentran el camino que tocando vivir. En espera de verme favorecido con les llevará a la felicidad. Que todos ustedes mis estimados sus comentarios, quedo de ustedes como lectores, encuentren en este artículo, amigo y servidor.

En el evangelio de San Lucas 24, 1335, se narra una historia muy conocida por los católicos: “Los peregrinos de Emaús”. Estos dos discípulos, sencillamente volvían a su casa y a su trabajo después de que habían muerto sus esperanzas. Pues ellos tenían puesta toda su confianza en que Jesús los liberaría de la opresión de los romanos y empezaría un año de gracia para todo el pueblo de Israel. Pero el desenlace final de la vida de Jesús acabo con las esperanzas de que las cosas cambiaran. En este ambiente de tristeza y desesperanza empieza a caminar con ellos un hombre desconocido que les explicó las Escrituras y les reanimó en la esperanza. Sin embargo, fue hasta el momento de la Fracción del Pan, es decir, en el momento en que se sientan a la mesa para compartir cuando lo reconocen y se llenan de alegría, pues ese mismo Jesús que había sido crucificado ahora estaba vivo y caminaba entre ellos. La Resurrección de Jesucristo es una experiencia fuerte del amor de Dios a la humanidad. Por es la expresión más clara y fuerte, para decirnos que la muerte no tiene dominio, ni la última palabra; porque el Dios de Jesucristo es un Dios de vivos y no de muertos. La fe en este acontecimiento salvífico, dinamiza nuestra esperanza y le da sentido a nuestra existencia. Para los que creemos en Jesucristo, es un imperativo ético categórico, el seguir luchando por ser los mejores. No podemos quedarnos postrados lamiendo las llagas de la mediocridad y del fracaso, cuando somos conscientes de que hay un Dios que tiene poder incluso con la misma muerte. Por eso mis estimados lectores, los que compartimos esta fe, no debemos claudicar ante la cultura de muerte que nos sigue amenazando en el ambiente social en el que nos toca vivir en estos tiempos. Si Cristo venció la muerte y resucitó glorioso, fue para enseñarnos el camino que nos lleva a la vida en plenitud, esa que sólo se alcanza, bajo la dinámica de

7 días Sábado 5 de abril de 2008

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