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UNA NOCHE OSCURA Y SIN ESTRELLAS

...¡EN BAVARIA!
ARTBYFLOW

Era noche de concierto en tierra Bávara. Los rostros pálidos de los cinco elementos
humanos que se montaron en el viejo Toyota blanco, recordaban rostros antiguos
griegos, romanos, bárbaros, egipcios, vikingos, mesopotamicos, Adanicos, andonios...
repercusiones de mezclas evolutivas desde el graznido de un simio, el movimiento
aleatorio de un pez en tierra húmeda con anhelos de gateo, el bamboleo que
desarmonice en el agua de un protozoario, el pujar semiconsciente de una alga que
recién brota dentro de una bahía semi-cálida untada de agua de mar salada, -no lo
suficientemente salada aún.
El motor acelerado en demasía del viejo pero resistente Corolla, calentaba los metales
internos conque había sido fabricado hace ya veinte años en una moderna fábrica
japonesa a orillas del mar de Balboa, donde antes orinaban los dinosaurios restos de
aguas de lluvia azufradas por donde pasaban los pies desnudos de otras razas que
ahora duermen bajo el frío fondo del océano. Hoy, resalta en el horizonte, una planta
nuclear nipona que dizque produce energía eléctrica a los pueblos cercanos donde se
fabrican además de enlatados de comida de animales de mar, barcos en astilleros que
piensan rápidamente en como ir a atrapar de la forma más sagas posible a la próxima
ballena que nade dentro de mar Artico... todo esto se sucedía normalmente, antes de
que se vinieran a palpitar los últimos súper sismos.
El viejo Toyota, no tenía idea de lo que pensaban los ingenieros en el astillero, él
solamente se procuraba en transportar cinco embebidos alemanes al otro lado de las
montañas bajas del sur germano, hasta llegar a Bavaria, donde ellos a lo mejor iban a
dejarlo a la intemperie por lo menos una semana entera dependiendo de la borrachera.
El destino del Toyota, era incierto. No se sabría si ellos lo olvidarían después del
concierto. Nunca se sabe con los chicos modernos cuando están bajo las influencias
de agentes extraños que les altera las directrices de la percepción automática... además
habría que incluir la posibilidad de que una grúa lo mandara hasta un solar lleno de
otros vehículos similares a él, donde terminarían sus días... en un modo de cementerio
achaparrado, achicharrado y achatarrado.
La carretera estaba un poco vacía, se distanciaban cada kilometro más de las grandes
autopistas, tomaron un camino vecinal delgaducho y larguirucho. Era de noche. Sólo
bosques quedaban atrás velozmente, silencios de viento oscuro, secretos ocultos
tribales ancestrales invisibles, etcétera. No había ninguna estrella en los cielos -si es
que alguno de ellos se hubiera dignado en percatarse del detalle. Sólo los ojos del
Toyota veían todo... La carretera estaba un poco húmeda, la poca nieve que le había
caído la noche anterior, y la anterior y la anterior, había sido ya derretida por
tronquitos de sal importada desde países tercermundistas a los que este mismo
gobierno en su elevado status donde se encarrilan sus temores en forma de leyes, los
detonaba fríamente o calculadoramente como "países en conflicto"... Permiso de
pasaporte prohibido para el pueblo germano, lo único necesario es, el acto de la

importación de la sal para poder derretir la maldita nieve que les impedía comunicarse
entre sus centros urbanos de progreso social industrial cultural.
Algo de neblina, hacia que Smuff se inclinara un poco hacia adelante del parabrisas,
para poder captar los letreros, las curvas, las señales, los árboles, las etcéteras. Nunca
le reducía la velocidad del tacómetro. Su bota tenis derecha color verde ya oxidado
entre muchos lugares donde la forma del pie tiende a moverse y a moverse tantas
veces entre el día a día, que terminaba era soltándole al canvas de los tenis hilachas de
hilos que a lo mejor habían sido extraídos de los mismos lugares de donde venía la sal
en tronquitos. Ajenos a todo esto, los demás ocupantes del Toyota, dormían. Luzia,
Andrée, María Magdalena y Ur de Caldea.
Luzia, cara de extraterrestre, pálida como una tumba, silenciosa, vestida de negro a
todo momento, con encajes aquí y por allá debajo, con asunticos de metal pegados por
aquí, y por allá. Hablaba tan poco, que pareciera que su ser interior -de aparente
dulzura, viviera más tiempo entre el Hades de los dioses agonizantes, que sobre la piel
del planeta. Pero era claro que el verde de sus ojos mostraban las contradicciones de
sus pecas rojizas: explosiones de carácter, anhelante de amores salvajes corporales,
hija de perra callejera educada por el maltrato familiar de un padre que la violaba
ventiado a diestra y siniestra y bajo las miradas bajas y caídas de una madre tímida e
insegura durante el tiempo en que ella vivió en la casa de sus padres, drogadicta social
permisiva sin llegar a los extremos. Inteligente como una morsa cuando descansa bajo
el sol... y sobre una roca, como si absorbiera su sabiduría callejera de lo ancestral
incrustado dentro de la tierra. Peleadora como gata maldita. Extraña como el bolero
más oscuro de The Cure. Nada de maquillaje normal le decoraba el rostro de ángel
alucinado, solamente unas líneas funestas negras que se hacía a veces en el rostro y
manos sobre todo cuando estaba con la depre con un marcador indeleble que señalaba
circuitos electrónicos en el estudio de Andrée. Voz acompañante del grupo. Droga
favorita: la Fe
Andrée, sepulturero de los pensamientos que iba esgrimiendo con su lengua de bórax
junto a las ideas machacadas de su lúcido cerebro que en otrora delineaba las
fragantes voces musicales de Bach y Brahms entre un clarinete antiguo, más antiguo
que Goëth. Hoy permitía que las plantas de poder y los poderes de las químicas
dañinas le mantuvieran diciendo y repitiendo a todo momento, aún cuando iba al baño
a defecar, de que era el dios caído más hermoso al norte de los Alpes. Combinaba
muy bien -por su clase y tipo aristocrático, los tonos grises el blanco y el negro entre
su ropaje. Una mezcla bien realizada como de diseñador nocturno gay, de telas y
arapos unidos de forma como si las hadas y los duendes lo vistieran. Electrónico por
estudio, arreglador de equipo musicales por juventud de excelencia. Penacho al tope
de los cerebros, dividido en dos colores diferentes, uno púrpura y el otro violeta, decía
que para alimentar el ego de cada uno de sus cerebros. Alto como un poste de luz.
Cantante y guitarrista. Su droga favorita: la Paz
Smuff, era lo contrario de Andrée: campesino en apariencia, robusto, tamaño medio,
rubio blanquecino incoloro, diseño de punk modernista de los bajos fondos. Subtitulo
necesario para una película de suspenso Noir. Sólo hablaba lo indispensable. Amable,
pero crudo. Comía sanduches alemanes de cerdo molido y pan. Rostro de marranito
en una Navidad familiar de película de los años cincuenta en gringolandia. Músico de
sangre caliente: se untaban sus oídos tanto de Strauss como de Neubauten, del

acordeón viejo del vallenato hasta el Honner que lulubea en los Alpes. Carpintero por
necesidad económica. Pedorro cuando estaba íntimamente con su amante de turno.
Tiraba vientos intestinales al mismo tiempo que semen, como en una orquesta de rap.
Instrumentalista y percusionista en general de la banda. Droga favorita: El Amor
Ur de Caldea, perro olvidado, músico poeta y loco, carpintero también por ello de
seguir las huellas del Nazareno. Refugiado político de un país tercer mundista como
Palestina. Colaborador de la Revista Stein sobre temas peliagudos como la guerra y la
paz. Pogista de los lamentos. Cabeza pelada. Ojos perdidos entre el Mar Caribe.
Usaba antifaz como Linterna Verde, decía que era el hijo de un superhéroe de cómics.
Escritor de las letras del combo y bajista. Droga favorita: el Perdón.
María Magdalena, perra con cara de ángel que no tira una piedra. Hebrea de
nacimiento pero no de religión. Atea al piso, seguidora de Nietzsch y de Dios. Hija de
un millonario que no la reconocía como hija y de una prostituta rusa entre las calles
de Constantinopla. Se vestía siempre de verde y con alguna que otra flor roja.
Mantenía la cabellera más larga de Alemania, el viento siempre jugaba con ella.
Droga favorita: la Alegría. Baterista de la banda más efectos electrónicos y
audiovisuales.
Viajaron durante solo algunas horas, y al llegar al pueblo de Trossin, buscaron donde
dejar el Toyota para que no fuera a estar mal parqueado. Vieron un árbol imponente
detrás de una iglesia gótica silenciosa, apagaron y se bajaron con sus mochilas. Luzia
fumaba, el silencio de la noche tempranera hacía de marco entre un bosque de cedros
y otras cosas que respiraban constantemente el CO2 de ellos y del vehículo viejo algo
cansado de tanto gas.
Al fondo una luz proveniente de una fogata inmensa entre sombras de árboles
dormidos, alumbraba ciegamente a un grupo de gente, que ya danzaba al rededor de
esta. Una banda de genéricos góticos, calibraba sonido y arreglaba los últimos detalles
en una tarima de concierto. Esa noche, se presentaba la banda The Cure. Habían
prometido que cantarían todas sus canciones favoritas en idioma alemán, solamente
una de ellas estaría en español: Los Chicos no lloran.
Sobre una roca gigante, treparon Luzia, Andrée y Smuff. Mientras que Ur de Caldea y
María Magdalena, buscaban algo de tomar. Se suponía que la banda de ellos abriría
como teloneros en la gran noche oscura. Les habían dado cuarenta y cinco minutos y
no más para desarrollar los temas. Aunque en secreto, ellos ya tenían planeado tocar
solamente quince minutos y luego desplegar un video que habían realizado antes en
Francia, junto con un grupo de malgeniadas prostitutas francesas de sangre celta en
Saint Tropez. El video no era cochino ni con sugerencias sexuales. Tampoco un docu
de carácter social y protesta. El video experimental sobre todo, tenía arreboles de
fondo psicoanalista y surrealista entre una semilla de guión exclusivamente maternal
que buscaba el punto medio de encuentro en la vida de una mujer con dificultades
sociales con dos hijos nacidos dentro del fondo urbano y nocturno de su profesión. No
se tocaba al origen de su carrera profesional frustrada, ni del batallar en las calles,
solamente la acción maternal entre ella y sus dos pequeños hijos: Adán y Eva.

Las cervezas estaban bien frías, la noche también. La música de fondo estaba ácida.
Los cerebros de los mutantes que asistieron a la fiesta, parecían como si se les hubiera
zerruchado perpendicularmente el pensamiento con una moto sierra sin cadena.
Se acerco un hombre con barba verde, que le hizo señales a Andrée para que
comenzarán la tocata. Bajaron los energúmenos alemanes a la tarima preparada para
la función. El hijo de rana no se había presentado. El smoking lo llevada Andrée. Las
botas viejas y embarradas de motocross, marcaban los pasos de los cinco. Una vez
allá arriba, las voces de bucheo de las momias cercanas a ellos, les lapidaban padrazos
y escupitajos. Las dos mujeres del grupo le dieron al mismo tiempo un par de
puntapiés con sus botas punta de acero, a un cerdo con cresta morada que trataba de
manosearles la tranquilidad. Al fin, el micrófono encendió y Andrée como gran
elocuente manejador de público, despejo toda duda de la personalidad de su grupo, y
los mando a que comieran del excremento de sus silencios, el mismo que había
construido minutos antes, las barbaridades que escupían sus bocas en lengua de
antiguo dialecto.
"Gente de la selva, permítanme introducirles lo mejor que ha salido del sur alemán en
los últimos siglos a modo de música y letras que desbarbarían los más íntimos deseos
de los corazones reprimidos."... Hizo una pausa, se cagó de risa a todo volumen, y
cuando la audiencia quería abuchearlos otra vez, les calló las ganas, diciéndoles que el
Amor que habían realizado agitadamente las últimas noches, había coloreado no sólo
de semen mágico, sino de hormonas relucientes el aire que respiraban y a la noche
que los albergaba, de tal forma, que sus podridos intestinos quedarían embarazados
todos y cada uno, de una forma no grotesca, gótica, pero no demoniaca, la cual los
llevaría a descubrir los nuevos lagos invisibles del sol sobre la tierra... Terminó
Andrée el discurso con una carcajada inmarcesible que le calló la jeta a todos y todas.
Mutantes de la noche, con ustedes... LA NOCHE OSCURA DE LOS DIOSES.
La guitarra acompasaba a una noche sin estrellas, pareciera que iba esta como
dibujando en solitario otro tipo de estrellas eléctricas que iban saliendo del
instrumento en forma teatral y situandosen ellas paulatinamente en el espacio oscuro
que rodeaba el escenario. Al lado de esta y después de algunos segundos sin logro
definido, salieron como de la nada, sonidos secuenciados electrónicamente y
transparentes que pareciera que iban alargando los solitarios de la guitarra, hasta
desvanecerlos en medio del ambiente a media luz del espacio de bosque alumbrado,
más que todo, por la gigantesca hoguera en la que a su alrededor, todavía danzaba
gente como salida de una obra de teatro escrita por Poe y Caicedo juntos después de
un viaje de hongos donde no volvieron a Tierra al terminarlo, sino que se adentraron
por el túnel del Hades hacia las sombras brillantes de luces de unos recuerdos fugaces
entre otros sistemas solares... Cuando la percusión estremeció el ambiente nostálgico
de esa selva negra, la guitarra se aceleró elásticamente a un ritmo pausado y armónico
al que le alumbraba una voz profunda y sonora, que marcaba territorios desconocidos
entre los pensares de los que escuchaban -ya fuera con atención o sin ella...
Rítmicas sensaciones de aires sin polución mental
Respiradas ardientemente por seres similares...
Respiradas por seres algo parecidos a nosotros
Que desean el bienestar de toda civilización evolutiva

Que ya hubiera sobrevivido como isla aislada desconectada
Por millones de años sin recibir emisarios de Luz en forma directa...
Cuando entra la pausa del canto de Andrée, Luzia suelta un lamento de su garganta
que sale disparado pero acompañado de una serie de efectos y bits desnudos de
percusiones sintetizadas...
Luzzzzz yyyyyy vidaaaaaaaa
Luzzzzz yyyyyy vidaaaaaaaa
...Luz y Vida... Luz y Vida... Lalalalalalalalala
La canción duro exactamente quince minutos cortos. A medida que los sonidos del
grupo se iban desvaneciendo, ellos inclinaban sus cuerpos y se dejaban caer sobre la
tarima de madera húmeda. Una serie de imágenes como holograficas apareció entre el
espesor del humo y de la oscuridad...
Un niño de unos tres años desnudo de piel como el color del polvo, iba sonriendo,
caminaba sobre un callejón sucio en una urbe cualquiera, entre la luz de una mañana
que brillaba. Recogía cosas que iba encontrando en el piso. No se las llevaba a la
boca, pero las acercaba bien a sus ojos como detectando él en su inocencia, la
procedencia de algunos de los objetos sin sentido común.
En la distancia, una mujer joven y con la impresión de que la vida que le habían
escogido a la fuerza le había maltratado las delicadas facciones del rostro pálido, que
chillaba en contraste con un cepillo raído por el uso que dejaba ella penetrar lenta o
suavemente y de vez en vez entre el cabello rubio de una niña pequeñita de no más de
un año de edad que miraba con grandes ojos los movimientos de su hermano.
Un rayo de luz, tal vez de esperanza, desde el sol, comenzaba a inclinarse sobre el
callejón sin salida y le daba al, en realidad lúgubre lugar, un aire de formalidad, que
pareciera que el espacio fuera solamente decorado para el fondo de un marco de un
documental filosóficamente social. La verdad oculta de la luz que entraba a través de
los edificios y que terminaba posandose temporalmente sobre los cuerpos de estos
seres humanos, no dejaba ocultar una belleza palpitante de otras vidas entre las
células de sus pieles y sus miradas silenciosas.
El lente del camarógrafo del documental, iba acercándose en cámara lenta a los ojos
de la madre, de ellos salió una chispa de color azul Caribe, que se elevó al cielo. Ella
levantaba delicadamente un rostro que no podía dejar de ocultar belleza, a pesar de los
posibles maltratos que su piel reflejaba. Y una posibilidad de esperanza... un saborcito
a que el Hada de los cambios repentinos les visitaría. Se posaba dentro del fragmento
que su ojo triste reflejaba inconscientemente con ese deseo poderoso de navegar en
contra de ese mar donde estaba sumergida.
A contra luz, la imagen de un hombre alto con gabán de pieles. Gafas oscuras, diente
de oro y bastón de lagarto, se aproximo a la escena del crimen. Dos prostitutas altas y
elegantes lo escoltaban con sonrisas burlonas. Tiro unos billetes nuevos sobre el piso
sucio donde se recostaban unos pies rosados junto a unas botas negras rotas de la
mujer... Es tu paga de la semana perra, te espero el fin de semana en el mismo lugar...
Hizo una pausa fatídica, el diente de oro rechino al levantar la mirada a un rayo de sol

que le molestaba. El brillo del diente ilumino el área donde vivía la mujer. El hombre
se quitó las gafas como en asombro, mientras su mirada se concentraba en una nube
encima de él que se le acercaba. Tiro lejos el sombrero de ala ancha que le
acompañaba a la función de prepotencia y orgullo de malo, aterrizando este en un
tarro de basura de recolección. De la nube salió un rayito delgado como un fideo que
en cámara lenta le toco el diente de oro y el tipo se desplomó. Quedando convertido
insufacti en un sapo feo y negro que ni podía hacer croac de lo grasudo que estaba.
Las mujeres gritaron asustadas y corrieron de miedo. A su lado, su billetera de piel de
lagarto amazónico. Dentro de ella, una mina de oro que compraba la libertad de la
mujer y el mandamiento de vida para sus hijos... Al lado de la billetera, las llaves de
un auto lujoso... El sueño fantástico en el que la mujer había experimentado gozos la
noche anterior, parecía materializarse ante sus ojos azules.
Los aires de cambio no son mágicos
Los Asís de las esferas no se mueven a su antojo
El buque de las amapolas ocultas a reventado de vida
El valle de los olivos de antaño, a renacido sobre las cruces
El Nazareno no vino en vano a sembrar sobre las células humanas
En mensaje de Vida quedo lapidado como escucha de la Creación
Las botas negras de los integrantes de la banda de esa música algo extraña que venían
del pueblo campesino cerca al Lago de Constanza, se metieron otra vez dentro del
Toyota viejo. Su intención no era quedarse de rumba con las momias que fueron a
deleitarse con The Cure esa noche oscura. Ellos habían ido exclusivamente, para dejar
el video y las letras metidas dentro de los tabúes urbanos de los góticos presentes al
concierto... miles de ellos...
Los había contratado el mismo cosmos, para que fueran incógnitos profetas y
maestros de las masas inconscientemente oscuras de su generación...
El viejo Corolla, estaba agradecido de que los chicos no lo habían dejado en el olvido
de las chatarras. Como estaba contento, los llevo a casa de vuelta sin contratiempos.
Smuff le dio una palmada diciendo, tranquilo, todo bien.
La noche, ya no estaba desierta de estrellitas
La noche, estaba llena de los corazones que habían escogido
comer del Árbol de la Vida que vivía oculto en sus corazones
La noche estaba repleta de esferas de otros sistemas solares
La noche estaba atestada de seres que observaban la Tierra
La noche duró esa noche, más largo que todas las noches juntas
No había necesidad de volver a amanecer
La Vía Láctea estaba feliz y contenta
Una nueva estrella se sumaba a la danza de las flores eternas
...
Luzzzzz yyyyyy vidaaaaaaaa
Luzzzzz yyyyyy vidaaaaaaaa
...Luz y Vida... Luz y Vida... Lalalalalalalalala

FIN

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