DIARIODEPONTEVEDRA|Miércoles, 9 de junio de 2004

VIVIR AQUÍ|85
“Los dos tenían las mejores conversaciones de Europa. Lamentan no tener transcripciones ” “No me gusta Cela: no me gustan sus insultos, sus pedos, sus ventosidades. Tenía fascinación anal” “Necesitaba mucho sexo: tenía que follar con mucha frecuencia y se jactaba de ello”

“Dalí teme al sexo, teme a su cuerpo. Está claro: o se suicida o adopta una nueva personalidad”

“Las cartas de Lorca a Dalí son maravillosas y no han aparecido. Dalí le dice que es un genio”

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Él comprende que eso lo hace mejor que nadie, y es ahí cuando pinta sus grandes cuadros.

!elperfil "

Prolífico
Ian Gibson (Dublín, 1939) es un
hispanista internacionalmente reconocido y, desde 1984, posee la nacionalidad española. Su primer libro ‘La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca’ fue publicado en París en 1971 y se prohibió inmediatamente en España. En 1978 se trasladó a Madrid y empezó a trabajar en una magna biografía de Federico García Lorca. De este período son ‘En busca de José Antonio’ (1980), ‘Un irlandés en España’ (1982), ‘La noche que mataron a Calvo Sotelo’ (1982) y ‘Paracuellos, cómo fue’ (1983). En 1985 se publicó el primer tomo de la biografía de Ian Gibson sobre las charlas radiofónicas del General Gonzalo Queipo de Llano y en 1987 la segunda parte de la biografía de Lorca. En 1991 se instaló con su mujer en el municipio granadino de El Valle. Otros títulos son ‘Guía de la Granada de Federico García Lorca’ (1989), ‘España’ (1993), ‘Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca’ (1998), ‘La vida desaforada de Salvador Dalí’ (1998), ‘Lorca-Dalí, el amor que no pudo ser’ (1999) y ‘Viento del sur’ (2001). Recientemente ha publicado ‘Yo, Ruben Darío’ y ‘Cela, el hombre que quiso ganar’,

definitivamente no me gusta. No me gustaban sus insultos, sus exabruptos, sus pedos, sus ventosidades.
Llegó usted a hablar de cierta fascinación anal en Camilo José Cela.

Estará de acuerdo con que el hecho de que se encontrasen, en la misma época y en el mismo lugar (la Residencia de Estudiantes), tres genios en plena juventud como Buñuel, Lorca y Dalí es uno de esos acontecimientos que suceden en un país cada trescientos años.

–¡Claro! Estoy de acuerdo con eso. Son tres genios absolutos, cada uno en un arte y cada uno con su propio universo.
¿Quién sacó mayor rendimiento de esa relación tan íntima?

–¡Eso es evidente! Dalí también la tenía. Esas cosas tienen su interés para explicar a una persona, pero tampoco me fascina (risas). Creo que hay mucha hojarasca en ambos, y con el tiempo esa hojarasca se irá yendo y nos permitirá conocerlos mejor, ¿no?
¿Marina Castaño forma parte de esa hojarasca?

–Es muy difícil saberlo, porque falta tanta información. No hay una biografía de Buñuel todavía, y a lo mejor no la habrá nunca, aunque hay algunos libros. Pero te voy a dar un ejemplo mejor: tenemos las cartas de Dalí a Lorca, pero no las de Lorca a Dalí. ¿Se robaron? ¿Se perdieron? Dalí siempre decía que las tenía, pero no han aparecido. Eran más de sesenta cartas, y además sabemos por las cartas de Dalí a Lorca que las cartas del poeta eran fantásticas. Dalí las llega a comentar, le dice a Lorca: ‘La carta del otro día es increíble. Sirve para un libro. Tú eres el genio más grande’. Pero falta esa correspondencia... Y de Buñuel sabemos poco... Tal vez sí fue Buñuel, por lo que preguntabas antes, el que más aprendió de los dos: él siempre dijo eso, que llegó como un aragonés tosco y hosco, y con Lorca aprendió a saber algo más de poesía... Yo no lo sé, es muy difícil medir... Pero, desde luego, el encuentro fue fabuloso: se reconocieron enseguida como grandes creadores.
El ambiente que había alrededor de ellos era impresionante.

–Yo no condeno a Cela por eso. Yo sólo condeno... Bueno, hay muchos hombres que necesitan a una mujer más joven. Pero hay maneras y maneras, ¿no? Lo que no es agradable es cuando habla mal de su primera mujer, cuando fue su compañera y ha preparado todos sus libros. Eso resulta muy desagradable.
¿Cómo era Cela en el amor?

| SALGADO

dades que a mí no me interesan, no me gustan.
Ya de joven se marcó una meta modesta: el Nobel.

–Estaban rodeados de gente increíble. Aquellos tiempos fueron apasionantes. Porque ellos tampoco se conciben sin Ramón Gómez de la Serna. También estuvo allí Picasso. Pablo Neruda... Están en contacto permanente con París. Sí fue un momento fantástico, claro. No puedes concebir a Buñuel, Dalí y Lorca sin aquel Madrid.
Y sin el amor latente que había, por ejemplo, entre Salvador Dalí y Federico García Lorca.

–Dalí temía profundamente ser homosexual, pero probablemente era más homosexual que otra cosa. Pero no practicaba. Era un impotente radical, un avergonzado al que el sexo le daba miedo. Era incapaz. El chico más tímido que ha habido jamás: un caso patológico. Por eso Dalí se suicida o crea una nueva personalidad con la cual ir por el mundo. Teme al cuerpo, al sexo.
Sin embargo Lorca era mucho más extrovertido, más alegre.

grave problema de ser homosexual en aquella época horrible, pero tenía tablas. Era un gran músico, era poeta... Él no era tímido, aunque sí tenía una angustia profundísima y un gran temor a la muerte. Dalí, recordando las noches que pasaban sin dormir, las noches en blanco hablando y hablando, decía que le gustaría tener las transcripciones. “Me gustaría tener las transcripciones de mis conversaciones con Federico”, dijo años después. Claro, no había grabadora. Pero se pasaban hablando y hablando horas larguísimas, eran las mejores conversaciones de Europa.
Para un biógrafo como usted debe ser terrible, sabiendo que sucedió, no poder sin embargo acceder a cosas así.

Roma, por ejemplo... Y no tenemos nada de eso... Es terrible, terrible.
Ha escrito hace relativamente poco sobre Cela, y además dejando un reguero de pólvora entre las páginas. Se nota que no siente hacia él el mismo cariño que podría sentir hacia Dalí, Lorca o incluso Machado, del que ahora prepara un libro.

–Mi libro sobre Cela fue un encargo de mi editor, que es Aguilar. Ellos querían un libro sobre Cela y yo, la verdad, no. Pero finalmente, y como tengo con ellos una relación digamos que global, con varios libros firmados, pues accedí. Accedí pensando: ‘Si lo hago dedicaré un año a trabajar, y a aprender mucho, y a entrevistar gente’. Y aprendí mucho, porque leí todas sus novelas, pero el personaje no me gustaba nada.
Y al estar un año relacionado de forma tan intensa con el universo de Cela, ¿le gustó más?, ¿menos?

–¡Es que hay gente así, claro! Es un ambicioso radical que decide consagrar su vida a la búsqueda de la fama, del éxito y del dinero. Y la gente así no suele ser muy simpática, porque a Cela sólo le interesa Cela, ¿no? Y el resto nada. Y a mí me cabrea mucho que le den el Nobel diciendo que luchó mucho por la democracia y todo eso. Porque él sólo hace eso ya pensando en el Nobel, porque él ve que el franquismo no va a seguir siempre. Es un egocéntrico como Dalí, y además tengo la certeza de que Dalí influyó en él en ese sentido.
¿Llegaron a tratarse?

–No puedo entrar en detalles. Sí digo que Cela era un hombre que necesitaba mucho sexo, mucho sexo. Es un hombre que necesitaba follar con mucha frecuencia, y a un hombre así le llega el momento en que la compañera de siempre ha envejecido, y ya no es posible... Es un gran problema para muchos hombres, y yo me incluyo, pero hay maneras de hacer las cosas. Esa jactancia que él tenía yo la encuentro machista y obsesiva. Hay grandes anécdotas de Cela en el extranjero. Está esa historia, por ejemplo, de una mujer que en Sudámerica hablaba mal de la España de Franco y Cela consigue llevársela a la cama y, cuando iba a llegar ella al orgasmo, él le dice: ‘O gritas ahora arriba España o te la saco’ (risas) Eso lo contaba mucho él, y no es normal. No es normal que un Nobel vaya por ahí contando esas cosas, pero tenía la necesidad de ir contando por ahí que él era más macho que los demás. Allá él.
¿Hay mucha influencia de Galicia en Camilo José Cela?

–Un poco, pero Cela no reconoce la influencia de Dalí en él, lo cual es suspicaz.
De todas formas es una práctica habitual en él, porque Cela nunca fue amigo de reconocer influencias.

–Exactamente. Él era capaz de salir en público, sin embargo Dalí era tan tímido que se ruborizaba cuando miraba una chica, y no podía hablar con nadie. Y Lorca... Lorca tenía el

–¡Oh, Dios mío! Es la angustia del biógrafo. Quisiéramos saber cómo eran las conversaciones, cómo eran sus voces. ¡Tú te imaginas lo que sería Lorca recitando! Lorca recitando el ‘Romancero Gitano’... ¿Cómo eran sus vocales? ¿Cómo era su acento? ¿Se notaba que era granadino? Yo imagino que según el público. Pero escuchar un poema de ‘Poeta en Nueva York’, Grito hacia

–Menos, menos, aunque vi que él tenía un gran talento literario. Lo que ocurre es que se malogró por su egoísmo. ‘San Camilo 1936’ o ‘La colmena’ son excelentes libros, importantísimos. Pero su obsesión consigo mismo, su personalidad, su búsqueda de fama y de poder son cuali-

–Cela, como otros tantos escritores, encubre sus influencias. Pero en San Camilo hay influencias, por ejemplo, en la utilización de esos monólogos interiores. También dice que gracias a Dios no lee nada en inglés, que no sabe inglés, y eso que él tenía una madre inglesa. No es fiable cuando habla... Es un personaje que

–Sí, por supuesto. A Cela le fascinaba Galicia, se sentía gallego, pero también Rosalía, Valle Inclán y tantos otros. Galicia es fundamental para él como para muchos, pero es un elemento más. Como yo soy dublinés, y eso también influye en mí. A Cela le obsesiona la muerte, el amor a la naturaleza: eso es auténtico en él. Lo que ocurre es que él tenía un gran problema, ya que, como no escribía en gallego, él quería que todo el mundo aceptase que podía ser gallego escribiendo en castellano, y eso es perfectamente lícito, de la misma forma que Joyce era irlandés pero siempre hizo su obra en inglés. Me han dicho que hubo un momento en el que él se cabreó muchísimo porque le acusaban desde Galicia de no ser auténticamente gallego. Se dijo, más bien, que él no hacía literatura gallega: obvio, porque no escribía en gallego.