HOGAR DE CRISTO

I N F O R M E D E AVA N C E :
MODELO TEORICO – METODOLOGICO DE EVALUACION DE LOS PROGRAMAS CON INFRACTORES DE LEY

Autores:

Pablo Villatoro S. Rodrigo Parrini R.

Investigadores asistentes: Carlos Lange Francisco Estrada Mónica Espósito

INDICE
1. INTRODUCCION
_________________________________________________________________________ 5

2.EL MODELO JURIDICO DE RESPONSABILIDAD ___________________ 7 2.1.Principios del Modelo Jurídico de Responsabilidad _________________ 7 3.REINSERCION SOCIAL ______________________________________________ 9
3.1.Dimensiones de la Reinserción Social _____________________________________ 9

3.2.Variables del Modelo de Reinserción ______________________________ 10 4.VARIABLE DE IMPACTO AL NIVEL INDIVIDUAL: LA NO REINCIDENCIA _______________________________________________________ 12
4.1.La validez interna del indicador de reincidencia_________________________ 12 4.2.Modelos teÓricos para la comprensiOn de la reincidencia ________________ 14 4.3.El problema de la definiciÓn de la reincidencia _________________________ 17 4.4.Definición de reincidencia ___________________________________________ 19

5.VARIABLES INTERVINIENTES DINAMICAS AL NIVEL INDIVIDUAL __________________________________________________________ 21 5.1.CONDUCTAS DE RIESGO RELACIONADAS CON LAS DROGAS ____________________________________________________________ 21
5.1.1.Desarrollo adolescente y conductas no - convencionales _________________ 21 5.1.2.El abuso de alcohol y drogas, la violencia y las infracciones de ley ________ 22 5.1.3.Concepto de conductas de riesgo relacionadas con las drogas ____________ 23

5.2.RESPONSABILIDAD ____________________________________________ 25
5.2.1.La Doctrina Jurídica de la Responsabilidad y la Adolescencia____________ 25 5.2.2.Desarrollo moral y responsabilidad__________________________________ 26 5.2.3.Desarrollo adolescente, toma de decisiones y responsabilidad.____________ 29 5.2.4.El modelo de Justicia Restauradora y la teoría de la Vergüenza Reintegradora ____________________________________________________________________ 30 5.2.5.Conceptos: responsabilización por el acto y responsabilidad social ________ 33

5.3.COMPETENCIAS PSICOLÓGICAS _____________________________ 34
5.3.1.AUTOEFICACIA ________________________________________________ 34 5.3.2.AUTOESTIMA __________________________________________________ 37 5.3.3.AUTOCONTROL ________________________________________________ 39 5.3.4.Conceptos: autoestima, autoeficacia, autocontrol ______________________ 42

6.VARIABLES INTERVINIENTES DINÁMICAS AL NIVEL MICROSOCIAL ________________________________________________________ 44 6.1.LA FAMILIA ____________________________________________________ 44
6.1.1.Estilos parentales de crianza y supervisión ineficaces ___________________ 44

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6.1.2.El apego y la vinculación padres-hijos________________________________ 46 6.1.3.Conceptos sobre familia ___________________________________________ 47

6.2.GRUPO DE PARES ______________________________________________ 49
6.2.1.Conceptos sobre el Grupo de Pares. _________________________________ 52

7.VARIABLES INTERVINIENTES DINÁMICAS AL NIVEL MESO MACRO SOCIAL _______________________________________________________ 53 7.1.ACCESO A LAS REDES DE APOYO COMUNITARIAS E INSTITUCIONALES ________________________________________________ 53 7.2.LA ESCUELA ____________________________________________________ 55
7.2.1.Conceptos sobre la inserción escolar. ________________________________ 57

7.3.INSERCION LABORAL _________________________________________ 58
7.3.1.Conceptos sobre la inserción laboral _________________________________ 59

8.VARIABLES INTERVINIENTES ESTÁTICAS ________________________ 60
8.1.GENERO___________________________________________________________ 60

8.2.HISTORIA INFRACCIONAL Y DE PROBLEMAS CONDUCTUALES __________________________________________________ 63 8.3.LAS CARACTERiSTICAS DE LA FAMILIA. ____________________ 64 9.VARIABLES DE INTERVENCION ___________________________________ 67 9.1.GARANTIZACION DE DERECHOS ____________________________ 67 9.2.VARIABLES DE TRATAMIENTO ______________________________ 70 10.DEFINICIONES NOMINALES DE LOS INDICADORES Y VARIABLES.___________________________________________________________ 73 10.1.REINSERCION SOCIAL _______________________________________ 73
10.2.DIMENSION INDIVIDUAL DE LA REINSERCION___________________ 73 10.3.DIMENSION MICRO-SOCIAL DE LA REINSERCION________________ 75 10.4.DIMENSION MESO-MACRO SOCIAL DE LA REINSERCION __________ 77

11.DEFINICIONES OPERACIONALES. _______________________________ 79 11.1.OPERACIONALIZACION DEL INDICADOR DE REINSERCION ______________________________________________________ 79 11.2.DEFINICIONES OPERACIONALES DE ALGUNAS VARIABLES INTERVINIENTES DINAMICAS Y ESTATICAS _____ 85

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11.3.DEFINICIONES OPERACIONALES DE VARIABLES DE INTERVENCION ____________________________________________________ 86 12.MARCO METODOLOGICO DEL ESTUDIO _________________________ 88 12.1.VALIDEZ INTERNA DE LA ESTIMACIÓN DEL IMPACTO __ 90 12.2.INSTRUMENTOS DE RECOLECCION DE LA INFORMACION
______________________________________________________________________ 91 12.2.1.INSTRUMENTOS DE MEDICION ________________________________ 91 12.2.2.VALIDACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS DE MEDICION ___________ 93 12.2.3.CONFIABILIDAD DE LOS INTRUMENTOS _______________________ 95 12.2.4.DISEÑO DE MUESTREO ________________________________________ 95

13.BIBLIOGRAFIA CITADA Y CONSULTADA_________________________ 99

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1. INTRODUCCION

La presente propuesta de diseño teórico – metodológico de evaluación tiene como contexto o marco el nuevo modelo jurídico de responsabilidad, que se expresa en el Anteproyecto de Ley de Responsabilidad Juvenil, que próximamente será sometido a la consideración del Parlamento. El modelo de responsabilidad se sustenta en un enfoque basado en los Derechos Humanos, y tiene como principales características: a) la eliminación de la categoría del joven como inimputable ante la ley penal: b) la puesta en vigencia de un derecho de responsabilidad por el acto y: c) la limitación de la actuación del Estado por la vía del establecimiento de un conjunto de garantías. En lo socio-educativo, el modelo de justicia asume una postura crítica frente a la internación y deja de lado las ideas de tratamiento y rehabilitación, sustituyéndolas por conceptos de desarrollo de competencias y habilidades, reinserción e integración social, “manteniendo la expectativa de que frente al delito juvenil se puede dar una respuesta mediante una medida judicial. que eduque al adolescente en la responsabilidad” (Universidad Padre Alberto Hurtado, 2000). Esta propuesta procura recoger y canalizar los principales elementos del nuevo modelo de justicia juvenil. En particular, ha sido desarrollada atendiendo a los objetivos de intervención de DEDEREJ1, a las opiniones de expertos recogidas a través de entrevistas, y a la revisión de bibliografía nacional e internacional pertinente. Por tanto, constituye un ejercicio de discusión y definición de las dimensiones, variables e indicadores relevantes a incluir dentro de los dominios potenciales de cambio en los jóvenes atendidos por los programas de infractores de la red SENAME. Una de las tareas a las que se comprometió el equipo encargado del diseño de evaluación fue la elaboración de un “modelo teórico de reinserción social”. Se entiende por tal a “un conjunto de proposiciones interrelacionadas entre sí, que establecen interjuegos entre variables que hacen referencia a las distintas dimensiones de la situación de reinserción social del adolescente infractor de ley”. Por este motivo, el presente trabajo va más allá de la definición de un indicador de reinserción. En consecuencia, para la elaboración del diseño de evaluación se
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Departamento de Derechos y Responsabilidad Juvenil.

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discutieron e integraron elementos teoréticos provenientes de distintas disciplinas y paradigmas, los que refieren a su vez a las distintas dimensiones de la reinserción social de los adolescentes. Se procuró reducir la complejidad a través del análisis crítico, y también se buscaron síntesis y se definieron conceptos operativos para la evaluación. Este documento se organiza de la siguiente manera: inicialmente, se plantean los elementos básicos del modelo de responsabilidad. Luego, se propone un concepto de reinserción, se especifican sus dimensiones y se define la tipología de variables a utilizar en el estudio. A continuación, se definen las variables a incluir dentro de cada una de las dimensiones (individual, micro social, meso -macro social). Se debe tener en cuenta que para cada variable se discuten – con mayor o menor profundidad - los fundamentos teóricos – metodológicos de su inclusión. Finalmente, se plantean las definiciones nominales y operacionales de los indicadores y variables seleccionados.

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2.EL MODELO JURIDICO DE RESPONSABILIDAD

Este modelo tiene sus principales fuentes en la Convención de Derechos del Niño y en las normas constitucionales y legales vigentes 2 . Se basa en el reconocimiento del adolescente como un sujeto de derechos, autónomo, y, por ende, responsable, en su medida, por las infracciones que cometa. En particular, la respuesta institucional a los delitos cometidos por adolescentes se construye a partir de una estructura de garantías, que sanciona pero que procura integrar al adolescente, en lugar de reforzar su marginación. De esta manera, las sanciones tienen una doble dimensión responsabilizadora y preventiva, en un marco de respeto y resguardo de su desarrollo e integración social. Es un modelo penal, sancionador - educador, que separa las funciones asistenciales del Estado de las actividades jurisdiccionales (Tiffer, 2000).

2.1.PRINCIPIOS DEL MODELO JURÍDICO DE RESPONSABILIDAD
1. Sujeto de derechos. Se concibe al niño y adolescente como persona autónoma, con protagonismo, creatividad, intereses y preferencias, capaz de tener en cuenta y respetar los derechos de los demás. Se considera su particularidad dentro del universo de las personas, reconociendo sus necesidades especiales y su fase vital de desarrollo . 2. Responsabilidad Penal. El adolescente es un sujeto que, si bien es irresponsable como adulto, se le puede exigir una responsabilidad especial adecuada a su carácter de sujeto en desarrollo. La responsabilidad es la atribución de consecuencias a la comisión de un delito tipificado como tal para los adolescentes, efectuada por un tribunal especializado, en un procedimiento que contempla garantías y que está orientado a la sanción de los hechos que constituyen la infracción y a fortalecer el respeto del adolescente por los derechos de los demás, con resguardo de su desarrollo e integración social.
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Otros instrumentos internacionales que configuran la doctrina del protección integral de los derechos del niño son: a) Reglas Mínimas de Naciones Unidas para la Administración de la Justicia de Menores, también conocidas como Reglas de Beijing, de noviembre de 1985: b) Reglas de Naciones Unidas para la Protección de Menores privados de libertad, también conocidas como Reglas de Riad, de 1991: c) Directrices de Naciones Unidas para la Prevención de la Delincuencia Juvenil, también conocidas como Directrices de Riad, de 1991. 3 “Para reforzar esta idea de sujeto de derecho, se ha visto surgir una tendencia en América latina destinada a dejar de usar el término «menores» y reemplazarlo por el de niños y adolescentes o jóvenes.” (Cillero, 1991: 460).

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3. Especialización. Se garantiza la existencia de un sistema de justicia diferenciado del adulto, especializado en todas las fases del procedimiento y durante el control de ejecución de la sanción, que asegure la capacidad e idoneidad de los operadores del sistema para hacerse cargo de las finalidades del nuevo modelo. 4. Legalidad. Sólo basándose en una sentencia definitiva, fruto de un debido proceso, que establezca la participación del adolescente en un hecho calificado como delito, se le podrá imponer alguna sanción (cfr. a. 8 Anteproyecto de Ley de Responsabilidad Juvenil, en adelante el Anteproyecto). Se establece así, una estricta relación entre la verificación de la participación del adolescente en el hecho punible, la declaración de su responsabilidad y la atribución de la sanción que para el caso concreto autorice la Ley4. 5. Educación. El sistema penal también tiene un fin predominantemente pedagógico, que procura preparar al joven o adolescente para que sea una persona responsable, apta para la convivencia y la integración social. La educación resulta de un proceso socioeducativo voluntario, que el sujeto infractor realiza con el acompañamiento de alguna organización especializada. 6. Reinserción Social. El modelo de responsabilidad juvenil propende hacia una amplia variedad de sanciones, cuyo principal objetivo es 5 desjudicializar las medidas establecidas , principalmente en lo que se refiere a aquellas privativas de libertad. Este criterio se adecua a los requerimientos de la "prevención especial positiva", la que se orienta a fortalecer los procesos de resocialización, integración familiar y educación del adolescente sancionado, asumiendo que todos estos objetivos no se garantizan mediante el establecimiento de medidas de reclusión u otras de alcance criminógeno (Tiffer, 2001).

Quedan descartados todos aquellos mecanismos que castigan la situación de vida del niño y adolescente, o que devienen en sanciones privativas de libertad encubiertas bajo el ropaje de medidas de protección. 5 Las características anteriormente nombradas permiten definir con mayor claridad las funciones asistenciales del Estado de sus funciones jurisdiccionales, lo cual significa mayores probabilidades de reinserción social de los adolescentes, previo proceso de responsabilización.

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3.REINSERCION SOCIAL

El término reinserción social designa la finalidad sistémica de rearticulación y fortalecimiento de los lazos o vínculos de los jóvenes infractores de ley con las instituciones sociales “convencionales” básicas (familia, escuela, trabajo), a través de procesos de control, responsabilización y habilitación psicosocial. La distinción de la reinserción social como proceso también implica la posibilidad de entenderla como un estado o situación en un momento dado del tiempo. En este sentido, la reinserción social puede ser entendida como un constructo multidimensional, que describe el estado global de situación del joven infractor de ley en tres dimensiones básicas de su proceso vital de desarrollo: individual, micro social y meso- macro social. En otras palabras, con el concepto de reinserción se procura caracterizar el estado de funcionamiento psicosocial del joven en los siguientes ámbitos: ajuste personal y vinculación con las instituciones sociales convencionales. Ciertamente, los jóvenes infractores que ingresan a la Red SENAME no están absolutamente desvinculados de su medio social. Sin embargo, su ingreso a la Red es un indicador de un proceso de deterioro o pérdida de sus lazos con las instituciones sociales convencionales, situación que determina una intervención responsabilizadora y habilitadora, orientada a la reconstitución y/o fortalecimiento de estos vínculos. 3.1.DIMENSIONES DE LA REINSERCIÓN SOCIAL Los objetivos de intervención del sistema de atención a los infractores de ley se orientan al cambio o modificación de un conjunto de factores y situaciones, que se expresan en las distintas dimensiones relacionadas con el desarrollo e integración social de los adolescentes. De esta manera, se hace necesaria la incorporación de estándares e indicadores multidimensionales de evaluación, que den cuenta del impacto de las intervenciones en los ámbitos individuales y sociales. En particular, en este estudio se consideran las siguientes dimensiones: - Individual: implica las variables e indicadores relativos a las conductas, habilidades, competencias y actitudes de los adolescentes, que favorecen su responsabilización y reinserción social.

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- Microsocial: incluye variables e indicadores relativos a la situación del adolescente en su contexto más cercano o inmediato, y que favorecen su reinserción social. En este ámbito se encuentran la familia y el grupo de pares. - Meso - macrosocial refiere a las variables e indicadores que permiten establecer la posición e inserción del adolescente en la realidad social más amplia. Incluye el acceso a servicios de la red de apoyo institucional, la escuela, el trabajo y la ciudadanía.

3.2.VARIABLES DEL MODELO DE REINSERCIÓN
El modelo considera variables de impacto, intervinientes y de intervención. Se desarrolló la noción de factores intervinientes atendiendo a las distinciones contenidas en los conceptos de factores de riesgo / protección, estáticos y dinámicos. Se entiende por factor de riesgo un atributo o característica individual, de situación o contexto ambiental que incrementa la probabilidad de la infracción de ley, o una transición en el nivel de implicación con estas conductas (mantenimiento o acentuación). Por oposición, un factor de protección puede ser definido como una característica individual, de situación o contexto ambiental que inhibe, reduce o atenúa la probabilidad de la comisión de infracciones a la ley (Clayton, s/a, cit. en Becoña, 1997). En la literatura se han especificado algunos principios generales a considerar sobre las dinámicas involucradas en el interjuego de los factores de riesgo y protección (Clayton, 1992, cit. en Becoña, 1997; Southamer - Loeber et.al., 1993, cits. en Rutter et.al. 2000): - Cuando un factor de riesgo está presente, es más probable que la persona cometa infracciones a la ley que cuando no lo está. - La presencia de un solo factor de riesgo no es condición suficiente para que se produzca la infracción, y por el contrario, la ausencia del mismo no garantiza que no se produzca. - El número de factores de riesgo presentes está directamente relacionado con la probabilidad de la infracción, aunque este efecto puede atenuarse según la naturaleza, contenido y número de factores de riesgo asociados. - La relación entre los factores de riesgo y de protección y las conductas delictivas pueden estar influidas por la edad, el género y la historia infraccional. - Una misma variable puede operar como factor protector o de riesgo,

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dependiendo de las circunstancias y del resultado6. En los estudios longitudinales y la literatura especializada se ha diferenciado entre factores de riesgo predisponentes y precipitadores. Los factores de riesgo predisponentes son estáticos y no son modificables por la intervención (por ejemplo, la historia infraccional previa). Los factores de riesgo precipitadores (o necesidades criminógenas) son atributos dinámicos del infractor o de su situación, que cuando son alterados, se asocian con una variación en las probabilidades de reincidencia (Pithers, 1991: Andrews y Bonta, 1998; cits. en Serin y Mailloux, 2001). En consecuencia, el modelo de reinserción incluye: -Variable de impacto: constituye la variable dependiente del modelo, o la medida última de la eficacia de la intervención. En este caso, se optó por considerar la no-reincidencia en las infracciones a la ley como criterio teórico operacional del impacto. -Variables intervinientes dinámicas: todos aquellos atributos, características o situaciones individuales y ambientales que inhiben, reducen o atenúan la probabilidad de reincidencia en conductas de infracción a la ley, y que son dinámicas, esto es, modificables o sensibles a los efectos de una intervención social planificada. -Variables intervinientes estáticas: todos características o situaciones individuales incrementan o disminuyen la probabilidad conductas de infracción a la ley, que no son intervención social planificada. aquellos atributos, y ambientales que de reincidencia en modificables por una

-Variables de intervención: todos aquellos atributos o características de acciones planificadas de tratamiento o intervención, orientadas a tener un efecto sobre las variables de resultado o impacto, esto es, que inhiben, reducen o atenúan la probabilidad de reincidencia en conductas de infracción a la ley.

Por ejemplo, el coeficiente de inteligencia podría funcionar tanto como un factor protector como de riesgo. Aún más, de acuerdo a Rutter et.al. (2000), la investigación prácticamente no ha tenido éxito en la identificación de factores de protección que sean sólo eso.

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4.VARIABLE DE IMPACTO AL NIVEL INDIVIDUAL: LA NO REINCIDENCIA

El concepto de no - reincidencia aparentemente no constituye una noción demasiado compleja. En términos generales, apunta a la disminución o reversión de patrones infraccionales previos, sean estos detectados o no por el sistema de justicia (Hayes y Daly, 2002). Sin embargo, en los últimos años ha tenido lugar una importante discusión en torno a: 1) la validez interna de la reincidencia como indicador del impacto de las políticas: 2) los modelos conceptuales más apropiados para comprender las dinámicas infraccionales y: 3) los métodos e indicadores más válidos y confiables para su medida. 4.1.LA VALIDEZ INTERNA DEL INDICADOR DE REINCIDENCIA La validez interna de un indicador de políticas sociales está dada por el grado en que este mide realmente su impacto. De esta manera, si los objetivos de las políticas se orientaran a finalidades distintas o abandonaran el propósito de prevenir las re - infracciones de los adolescentes, se estaría ante un problema de validez interna. Entre los principales argumentos que se han planteado para invalidar la utilización de un indicador de reincidencia, se pueden mencionar: - El fracaso histórico de los sistemas de justicia y rehabilitación basados en el modelo de Estado de Bienestar, y por tanto, que el propósito de la integración social de los adolescentes (y por ende, de promover una disminución de la reincidencia) excede las posibilidades del sistema. - Que la criminalidad en general, y la delincuencia juvenil en particular, constituyen problemas crónicos de las sociedades modernas, y que por tanto, no sería realista esperar una reducción en las tasas de criminalidad. - Que la diversidad o pluralidad de objetivos subyacente a las distintas modalidades de intervención en la política criminal hace imposible reducir a un indicador el impacto de estas políticas.

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• Sobre el argumento rehabilitación.

del

fracaso

de

los

programas

de

En los últimos años, en los EE.UU., Inglaterra y Australia se ha observado la retirada de la ideología “nada funciona” con los infractores juveniles 7 . Los meta análisis 8 han mostrado que los programas de rehabilitación sí tienen efectos positivos sobre la reincidencia. Por ejemplo, Lipsey y Wilson (1993, cits. en Cullen y Gendreau, 2000) analizaron diez meta análisis de evaluaciones de programas de tratamiento para infractores, reportándose en todos los casos un efecto positivo. Losel (1995), al estudiar 13 meta-análisis publicados entre 1985 y 1995, encontró que el tamaño del efecto varió del 0.05 a 0.18, y que el promedio alcanzó a 0.109. Utilizando la estadística BESD, esto significaría que la tasa de reincidencia para el grupo tratamiento sería de 45%, mientras que la tasa para el grupo de control sería de 55% (Cullen y Gendreau, 2000). Por tanto, en la mayor parte de los meta análisis se ha observado que los programas reducen los problemas conductuales. • Sobre el argumento de la cronicidad del problema de la delincuencia Es indiscutible que las tasas de criminalidad han aumentado en términos globales en el mundo occidental desde comienzos de la Guerra Fría. Sin embargo, se ha observado una tendencia hacia la disminución de las tasas de delincuencia en los EE.UU. entre las décadas de los 80 y 90, y más notablemente, los indicadores de delincuencia en Japón han permanecido estables desde comienzos de la Guerra Fría10. Por otra parte, Rutter et.al. (2000) indican que si las sociedades han generado las condiciones para el aumento de la delincuencia, es perfectamente lógico pensar que estas mismas sociedades serían capaces de producir las condiciones para disminuirla.

Esta ideología tuvo su origen en la revisión de evaluaciones de programas de tratamiento efectuada por Martinson en 1974, que entregó una evaluación pesimista de las perspectivas de rehabilitación de delincuentes juveniles y adultos. “Con algunas pocas y aisladas excepciones, los esfuerzos de rehabilitación no tienen un efecto apreciable en la reincidencia” (Martinson et.al., 1974, cits. en Cullen y Gendreau, 2000). Esta sentencia técnica fue reducida posteriormente, por conservadores (partidarios de un enfoque de incapacitación y disuasión) y liberales (proclives a un modelo de desviación) a una ideología basada en el siguiente mito: nada funciona en la rehabilitación correccional. 8 El meta análisis es una técnica que permite la agregación estadística de un conjunto de estudios individuales para estimar el tamaño del efecto de una intervención dada. En este caso, el tamaño del efecto es la medida de la diferencia entre un grupo experimental y un grupo de control, expresado en unidades de desviación estándar. (Lipsey, 1990) 9 Este hallazgo fue confirmado en una revisión realizada en la CEE por Redondo, Sánchez Meca y Garrido (1999, cits en Cullen y Gendreau, 2000). 10 ¿ Pautas culturales que permiten una mayor y mejor integración y control social?

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Sobre el argumento de la diversidad de objetivos.

No obstante las diferencias existentes entre los énfasis y supuestos de la política criminal (por ej. incapacitación, disuasión, desviación, resocialización - rehabilitación o intervenciones mixtas), el objetivo es la reducción o eliminación de las conductas delictivas, especialmente las de mayor gravedad. En realidad, ya sea a través del “encierro de los delincuentes”, del incremento de sus costos de comisión de delitos, de su desviación del sistema de justicia (debido a que esa interacción sería “criminógena” por sí misma) o por la vía de la resocialización, el propósito final de las intervenciones se mantiene. 4.2.MODELOS TEÓRICOS PARA LA COMPRENSION DE LA REINCIDENCIA La comprensión de las dinámicas de comisión de delitos entre los adolescentes es una tarea compleja. Sin embargo, tanto los estudios longitudinales y meta - análisis realizados durante las últimas dos décadas, como la mayor sofisticación de las teorías y metodologías de tratamiento de distintas conductas problema, han permitido la producción de conocimiento en torno a las pautas evolutivas de la comisión de infracciones de ley entre los jóvenes. Esta masa de información ha sido sistematizada en los siguientes modelos: las teorías de los senderos y el modelo cíclico de la reincidencia. • La Teoría de los dos Senderos

Esta teoría sostiene que existen dos grupos cualitativamente diferentes de jóvenes de acuerdo a sus carreras infraccionales: los limitados a la adolescencia (LA) y los persistentes en el transcurso de la vida (PTV).11 Los Infractores Persistentes en el Transcurso de la Vida comienzan la conducta antisocial a una edad temprana y persisten en tales conductas a lo largo de la vida, mostrando un patrón progresivo de infracciones más serias en la medida en que aumenta su edad. (Moffitt, 1993, cit. en Cottle et.al. 2001; Tittle, 2000). Algunas características de infancia temprana, que están vinculadas a la definición de una trayectoria infraccional tipo sujetos PTV, son las siguientes:
Se ha preferido el concepto “persistente en el transcurso de la vida” al de inicio temprano, porque la primera expresión incluye tanto que existe una edad de inicio inusualmente temprana y que hay una tendencia a persistir durante la época adulta. (Moffitt, 1993, cit. en Cottle et.al. 2001; Nagin y Land, 1993, Paterson, 1995, cits. en Rutter et.al., 2000.)
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- Presencia de déficits neuropsicológicos que dañan el desarrollo (Tittle, 2000: Rutter et.al. 2000)12. - Problemas conductuales tempranos que generan dificultades o incapacidad de manejo por parte de los padres. Esto resulta en una socialización deficitaria (Nagin y Partenoster, 1994: Simons, 1998, cits. en Tittle, 2000). - Habilidades inadecuadas y escaso auto control, lo que produce dificultades adicionales en la escuela. (Tittle, 2000). - Fracaso en la adquisición del capital personal y social que podría ayudarlos a ajustarse convencionalmente en su vida posterior. (Tittle, 2000) - Como resultado, los niños crecen como adolescentes con problemas conductuales, y eventualmente llegan a ser adultos antisociales o desviados (Tittle, 2000). Los Infractores Limitados a la Adolescencia tienden a comenzar durante la adolescencia media y a desistir en la adultez joven. Se ha propuesto que podrían estar fuertemente influenciados por factores situacionales. (Moffitt, 1993, cit. en Cottle et.al. 2001: Tittle, 2000). Este grupo suele tener las siguientes características: - Muestra pocos problemas conductuales tempranos. En general, son socializados efectivamente. - Cuando estos jóvenes generalmente “normales” ingresan a la adolescencia, comienzan a sufrir una brecha de madurez, a causa de que los roles adultos que desean ocupar son inconsistentes con su status de adolescente. - Los jóvenes LA se asocian con los infractores persistentes en el transcurso de la vida. La brecha de madurez y el deseo de actuar como adultos motiva al joven LA a modelar las conductas del grupo PTV (Tittle, 2000). - Sampson y Laub (1993, 1997, cits. en Tittle, 2000) proporcionan una explicación de la remisión que vincula el desarrollo adolescente a las teorías del control social informal13. El abandono de la conducta criminal ocurre cuando los cambios de roles y los nuevos ambientes conducen a la adquisición de nuevo capital social. • La teoría de los tres senderos

Farrington y Loeber (1998), sobre la base del modelo elaborado por Moffit (1993), distinguen dos tipos de infractores adolescentes: los crónicos y no crónicos. Los infractores crónicos serían aquellos que
Muchos de los cuales se hacen evidentes al momento del nacimiento. De esta mirada, los patrones de carrera de los infractores devienen de la naturaleza y calidad de los vínculos sociales del individuo, los que ayudan a crear puntos de inflexión en el curso de vida.
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recorrieron los siguientes senderos de conductas problema: a) de conflicto con la autoridad: b) el encubierto y: c) el abierto. Los jóvenes que llegan a ser infractores crónicos tienden a escalar a los delitos más graves y violentos primero a través del sendero de conflicto con la autoridad y luego por la vía de los otros dos senderos. Estas vías o caminos infraccionales son: - El sendero de conflicto con la autoridad, que usualmente comienza antes de los 12 años, e involucra conductas obstinadas, de desobediencia y evitación de la autoridad. - El sendero encubierto, que implica conductas delictivas menores, tales como robos o hurtos de poca monta, daños a la propiedad y luego una transición a la delincuencia moderada y seria. - El sendero abierto, que considera en primera instancia agresiones menores, luego la participación en acciones violentas como las peleas de pandillas, y finalmente la transición a formas más graves de violencia (violación, ataque armado). • El modelo cíclico de la reincidencia

Es una adaptación, dentro del campo de las conductas de infracción a la ley, de los planteamientos del modelo de prevención de las recaídas, que fue originalmente elaborado para habilitar a los individuos en tratamiento de drogas a prevenir las recaídas y mantener patrones de conductas recientemente adoptados (George y Marlatt, 1986, cits. en Serin y Mailloux, 2001). El concepto de identificación de situaciones de alto riesgo y su relación a la recaída se utilizó primero con delincuentes sexuales, y luego ha sido aplicado extensivamente en las áreas del diagnóstico y tratamiento de infractores de ley (Laws, 1986: Marshall y Barbaree, 1990, McGuire, 1995, cits. en Serin y Mailloux, 2001). El modelo cíclico sostiene que se verifica un patrón cíclico de comisión de delitos, donde los infractores repiten las conductas antisociales en respuesta a la presentación de señales similares. Estas señales pueden ser tanto eventos o disposiciones que pueden referirse como antecedentes. (Serin y Mailloux, 2001). De esta manera, el ciclo infraccional está directamente relacionado con las necesidades criminógenas, que son “ atributos dinámicos del infractor que, cuando son cambiados, están asociados con cambios en las probabilidades de reincidencia” (Quinsey y Walker, 1992; Andrews y Bonta, 1998, cits. en Serin y Mailloux, 2001).

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Los Modelos de Reincidencia y la evidencia empírica

El grupo PTV constituye una pequeña minoría de los infractores juveniles (se estima que conforman entre un 5% y 6% de la población de infractores)14, y son responsables de la mayor parte de los delitos cometidos por los adolescentes. Los infractores PTV cometen los delitos más graves y violentos, y tienden a perpetrar una amplia variedad de infracciones, más que a especializarse en algún tipo de delito.15 Los estudios longitudinales parecen apoyar a las teorías de los senderos, ya que han observado que la intensidad infraccional para el grupo LA llega al máximo entre las edades de 15 a 17 años, cuando factores tales como la maduración y la influencia de los pares ejercen una fuerte influencia sobre la conducta delictual. Posteriormente, las conductas de infracción tienden a extinguirse (Matsueda y Anderson, 1998: cits. en Carcach y Leverett, 1999; Gottfredson et.al.1996). En cuanto a la interacción entre los modelos cíclico y de los senderos, varios estudios longitudinales han evidenciado que tanto los factores de riesgo personales como los familiares y ambientales se manifiestan de una manera mucho más importante entre los individuos PTV que en los LA. Estos factores tienden a ser acumulativos y a interactuar entre ellos, para producir mayores niveles de delincuencia. (Howell y Bilchik, 1995; Moffit, 1996, Fergusson et.al. 1996, cits. en Rutter et.al., 2000). 4.3.EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN DE LA REINCIDENCIA Existe una serie de complejidades para la definición nominal y operacional de la reincidencia, que se refleja en la diversidad de medidas utilizadas. Por ejemplo, Cottle et.al. (2001) indican que la reincidencia en infracciones a la ley ha sido medida a través de indicadores como el re-arresto (Ashford, Le Croy, 1990), la reconvicción (Hoge, 1996), la violación de la palabra (Hoge, 1996) o el reingreso a una institución (Dembo, 1998). El desafío es la producción de medidas que capturen adecuadamente la idea de mantención o reversión, reconociendo las limitaciones sustanciales de las herramientas metodológicas y técnicas disponibles. En este punto, es necesario responder las siguientes preguntas: ¿se
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Consultar Moffitt, 1993, cit. en Cottle et.al. 2001. Howell y Bilchik,1995; Gottfredson et.al. 1996; Loeber y Farrington, 1998; Farrington, 1992; Gottfredson y Hirschi, 1990; Visher, 1991, cit. en Gottfredson et.al. 1996.

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deben incluir delitos detectados o no detectados?: ¿interesa la incidencia de las infracciones o su prevalencia?. En particular, si los investigadores tuvieran acceso a la “información completa” (Malz, 1984, cit. en Hayes y Daly, 2002), se podrían considerar tanto las ilegalidades detectadas y como las no detectadas. Sin embargo, los investigadores raramente tienen acceso a este grado de información completa. En este marco, es útil analizar las ventajas y desventajas de los dos métodos de recolección de la información pertinentes: las entrevistas y cuestionarios de auto-informe y las estadísticas y bases de datos oficiales16. • Los Registros Oficiales y los Auto- Informes

El mayor problema para los datos oficiales es que muchos delitos simplemente no son detectados por las autoridades17. Las diferencias en las prácticas de reporte pueden distorsionar aún más las estadísticas delictuales, debido a que las estadísticas oficiales pueden estar contaminadas por la etnia, género o el sesgo de clase en la justicia criminal. Para Lipsey (1992, cit. en Cullen y Gendrau, 2000), los indicadores oficiales de delincuencia tienen una baja confiabilidad, dado que “es una materia de azar o probabilidades si un acto delictivo particular se traduce en un contacto registrado oficialmente con un agente de la ley o del sistema de justicia juvenil”. De esta manera, la confiabilidad de los informes oficiales depende de la eficacia en la aprehensión e inculpación por parte del sistema de justicia. Por su parte, los límites de los auto – informes incluyen la recolección de información no confiable, respuestas falsas, y el sesgo de no respuesta, problema que concierne al hecho que ciertos tipos de personas tienen una menor probabilidad de ser encuestados y una menor probabilidad de cooperar (Gottfredson et.al. 1996). Sin embargo, para Thornberry y Krohn (2000), las medidas de estabilidad y consistencia muestran que los datos de auto-informe de conductas infraccionales son tan confiables como cualquiera otra medida utilizada en las Ciencias Sociales, y que también parecen tener validez de constructo y contenido. En todo caso, la evidencia en torno a la

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No se incluyen en esta discusión las encuestas de victimización, que constituyen el tercer procedimiento utilizado para medir las tasas de delincuencia e indicadores asociados, debido a que no es relevante a los fines del estudio. 17 En Australia, sólo el 53% de los delitos son reportados a la policía (Carcach, 1997) y se estima que sólo un tercio de estas infracciones son registradas por la policía como un delito (Criminal Justice Comission, 1997). En EE.UU., las encuestas indican que aproximadamente un 60% de los delitos no son informados a la policía, y aún para delitos serios como el robo, las víctimas sólo informan el 50% de sus victimizaciones (Bastian, 1993, cit. en Gottfredson et.al. 1996). También existen importantes riesgos de sub-estimación de las conductas delictivas, al juzgar por estudios con adultos que han considerado conducta violenta auto-informada y que ha utilizado igualmente medidas oficiales de rearresto (Lidz, Mulvey, Gardner, 1993: Steadman et.al., 1998, cits. en Cottle et.al., 2001).

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validez de criterio parece mucho menos clara18. Gottfredson, et.al. (1996) y Thornberry - Kronh (2000) convergen al señalar que los dos métodos son útiles y complementarios. Los expertos parecen coincidir en que los auto-informes proporcionan una idea mejor sobre conductas de riesgo y actos menos graves (peleas menores, bebida, etc.), mientras que los registros y estadísticas oficiales quizás proporcionen mejores datos sobre los delitos graves y en poblaciones especiales (Farrington, 1987; Gottfredson et.al., 1996). 4.4.DEFINICIÓN DE REINCIDENCIA Para los propósitos de este estudio, se entiende la reincidencia como cualquiera nueva inculpación 19 o intervención probada de un adolescente como autor, cómplice o encubridor en un hecho tipificado como crimen o simple delito en el Código Penal o en las leyes penales especiales. En otras palabras, será reincidente cualquier joven que reingrese a la Red SENAME como inculpado o responsable de un hecho definido como crimen o delito en el Código Penal o en las leyes penales especiales. Se “excluye a las faltas de la responsabilidad y sanciones contenidas en esta ley” (Anteproyecto, 2000: 6 - 7). Se considera como infracciones a la ley penal de carácter grave los siguientes delitos, consumados o frustrados: a) el homicidio; b) la violación; c) el secuestro y la sustracción de menores; d) las mutilaciones y las lesiones graves tipificadas en el artículo 397 número 1 del Código Penal; y e) el robo con violencia en las personas. Igualmente, constituyen infracciones graves los siguientes delitos consumados: a) robo con intimidación en las personas, en que se amenace a la víctima con causarle la muerte, violación o un grave daño a su integridad física; y b) robo con fuerza en las cosas en lugares habitados regulado en el artículo 440 del Código Penal, si se portan armas de fuego (Anteproyecto, 2000: 12). Se define la prevalencia de la reincidencia (o re-infracción) como la proporción de jóvenes anteriormente inculpados o encontrados
Por ejemplo, en algunos estudios se ha encontrado una menor validez diferencial para los hombres afro-americanos (Huizinga y Elliot, 1986; Hindelang, Hirschi y Weis, 1981), situación que no fue corroborada por Farrington et.al. (1996, cit. en Thornberry y Krohn, 2000) Otras investigaciones han observado sub-reportes cercanos a un 20% de conductas como el consumo de drogas (Thornberry y Kronh, op.cit.), al correlacionar los resultados de auto-informes con exámenes de orina y pelo. 19 Un tema más complejo tiene que ver con el Artículo 42° del Anteproyecto, que define el inicio de la persecución penal de responsabilidad de un adolescente inculpado de un delito por parte del Ministerio Público. En términos formales, esta situación no es constitutiva de una infracción, debido a que no se ha esclarecido la participación en el delito (principio de inocencia). Sin embargo, como se ha establecido en múltiples estudios, la experiencia de interacción con el sistema de justicia tiende a ser criminógena, y adicionalmente, tampoco se puede afirmar que un adolescente inculpado de un delito esté en situación de inserción social satisfactoria (sobre todo si este joven es un “reingreso” al sistema).
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responsables por la comisión de algún delito que sean nuevamente inculpados o responsabilizados por alguna infracción a la ley durante un cierto período de tiempo (alguna vez, un año, un mes) en la etapa de seguimiento. Finalmente, la incidencia de la delincuencia será el número de delitos por los cuáles los jóvenes sean inculpados o responsabilizados durante un cierto período de tiempo de seguimiento. • Consideraciones finales sobre la noción de reincidencia

Las ventajas y desventajas teórico - metodológicas de la noción de reincidencia o re-infracción propuesta en el estudio son las siguientes: - El concepto de reincidencia propuesto coincide con el reingreso al sistema de atención de infractores, debido a que quedan fuera: a)los jóvenes que cometan infracciones no detectados por las instituciones del sistema de justicia20 y: b) los jóvenes que sean aprehendidos por la policía, pero que no sean remitidos al sistema formal de justicia. Se entiende que el margen de sub-estimación es función de la eficacia del sistema de control social formal y del sistema de justicia. La ventaja de la estimación a través del reingreso al sistema de atención a infractores es que no incluye los reingresos a la red SENAME por otras causales. - En la definición de la inculpación como indicador de reincidencia se ha optado por un criterio sociológico, vinculado a las teorías del control social y del etiquetado, que definen el efecto estigmatizador de la interacción de los jóvenes con las instituciones formales de control social En este sentido, la presunción jurídica - formal de inocencia se ha considerado menos relevante.

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Por tanto, no mide estrictamente la reincidencia.

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5.VARIABLES INTERVINIENTES DINÁMICAS AL NIVEL INDIVIDUAL

El modelo incluye como variables intervinientes dinámicas al nivel individual todas aquellas conductas, actitudes y competencias consideradas relevantes por los actores y expertos consultados a través de entrevistas, y principalmente, aquellas identificadas como factores “protectores” de la reincidencia en infracciones a la ley en la mayor parte de la bibliografía especializada.

5.1.CONDUCTAS DE RIESGO RELACIONADAS CON LAS DROGAS
Las conductas de riesgo entre los adolescentes resultan de la interrelación entre una estructura dada de personalidad y el ambiente. Desde esta visión, es importante diferenciar entre las conductas de riesgo, que tienden a comprometer el desarrollo y la inserción social de la persona, y las conductas no convencionales de ingesta de drogas. 5.1.1.DESARROLLO ADOLESCENTE Y CONDUCTAS NO CONVENCIONALES El desarrollo adolescente normal implica la autonomía de la familia, una mayor afiliación al grupo de pares, la conciencia sexual, la maduración psicológica y la formación de la identidad. En ese contexto, las conductas no convencionales son parte del desarrollo normal del adolescente e implican la realización de acciones instrumentales para conseguir autonomía e identidad, oponiéndose a la sociedad convencional, rechazando sus normas y valores y negociando la transformación de adolescente en adulto. Por tanto, el sistema de atención a los infractores de ley no busca modificar conductas no convencionales. Comportamientos como fumar, beber o usar ocasionalmente substancias ilícitas deben ser considerados propositivos, significativos, orientados a metas, funcionales y adaptativos, más que arbitrarios o perversos” (Jessor, 1977, cit. en Becoña, 1997; Baumrind, 1987, Irwin, 1987: cits. en Igra e Irwin, 1996). En general, los investigadores indican que las conductas de riesgo son conductas voluntarias (que implican la ponderación de cursos de acción alternativos), que involucran una alta probabilidad de resultados inciertos o negativos para el desarrollo biopsicosocial del

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adolescente21. Entre estas conductas de riesgo se ha incluido el abuso de alcohol y de drogas “duras”. 5.1.2.EL ABUSO DE ALCOHOL Y DROGAS, LA VIOLENCIA Y LAS INFRACCIONES DE LEY Una de las covariaciones mejor documentada en la literatura es la que vincula el abuso de alcohol y sustancias ilegales a las conductas delictivas violentas. Para Rutter et.al. (2000:170 -171) “tanto el abuso de drogas como el de alcohol manifiestan una sustancial asociación con el delito, asociación en la que hay procesos causales bidireccionales. Dicha asociación es más fuerte con el delito violento”22. Inciardi y McBride proponen dos modelos explicativos de la asociación drogas - delitos violentos. El primero es el modelo psicofarmacológico de la violencia, que “ sugiere que algunos individuos, como resultado de la ingesta de sustancias específicas, pueden volverse excitables, irracionales y exhibir comportamiento violento”. El segundo es el “económicamente compulsivo”, que incluye a todas aquellas conductas orientadas a la obtención o compra de sustancias ilegales (Inciardi J., McBride, D., s/a, cit. en Rocabado,1994:162). Se ha encontrado alguna evidencia de apoyo para el modelo psicofarmacológico, sobre todo para el abuso de alcohol, debido a su efecto desinhibitorio, y en menor medida a su combinación con otras drogas duras, (Cohen y Brook, 1987, 1996; Cookson, 1992, Parker, 1996, cits. en Rutter et.al., 2000). También se han planteado otras consecuencias: por ejemplo, el estudio alemán de Tubinga mostró que el exceso en la bebida estaba asociado con la delincuencia reincidente y con un estilo de vida antisocial, que incluía dificultades financieras y laborales y contactos personales débiles (Rutter et.al., 2000). En el caso de las drogas ilegales, existen antecedentes que tienden a hacer espúrea la relación planteada en el modelo psicofarmacológico. En particular, se ha destacado el papel mediador del grupo de pares, que fomenta tanto el abuso de drogas como las actividades delictivas y violentas, y que probablemente proporciona una ética en que ambas conductas son aceptables. (Cohen y Brook, 1987,1996, cits. en Rutter
21 Consultar Baumrind, 1987; Furby y Beyth – Maron, 1990; Irwin, 1987, 1990, cits. en Igra, V., Irwin, Ch., 1996; Jessor, 1991, cit. en Becoña, 1997. 22 En el caso de los infractores atendidos por la Red SENAME, se observan porcentajes superiores al 30% de niños con problemas de drogas en los delitos contra la propiedad y las personas, y de 94.5% entre los niños ingresados por delitos y faltas. (SENAME, 2001). No obstante la categoría “problemas de drogas” es gruesa, es claro que estas proporciones son muy superiores a las prevalencias en la población adolescente general en Chile. Por ejemplo, la prevalencia último mes del consumo de drogas ilegales para la población escolar adolescente país alcanzó al 5.6% en 1997 (CONACE, 1998).

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et.al., 2000: Andrade, s/a: cit. en Villatoro, 1995, s.ed). Existe más evidencia empírica para el modelo económicamente compulsivo, tanto entre adolescentes como en poblaciones adultas, ya que se ha observado que el abuso de drogas predispone a la comisión de distintos tipos de delito (robos, hurtos domésticos, comercio sexual, tráfico de drogas al por menor) al crear una fuerte necesidad de dinero para comprar drogas (Cohen y Brook, 1987, 1996: Chaiken y Chaiken, 1991: cits. en Rutter et.al., 2000). En el caso chileno, esta relación ha sido documentada en un estudio con una sub-población conformada mayoritariamente por usuarios de pasta básica de cocaína (Egenau y Villatoro, 2000). 5.1.3.CONCEPTO DE CONDUCTAS DE RIESGO RELACIONADAS CON LAS DROGAS Se considerará como conductas de riesgo vinculadas al abuso de alcohol y las drogas todos aquellos comportamientos de ingesta de sustancias psicoactivas, no - normativos en oportunidad y extensión, que impliquen una alta probabilidad de consecuencias físicas, psicológicas o sociales para el adolescente, que pueden ser consideradas negativas o dañinas, o bien cuando su uso reiterado genere riesgos físicos importantes. Se entiende que estas conductas comprometen el desarrollo biosicosocial y afectan las posibilidades de integración del adolescente en las áreas de funcionamiento social, relaciones familiares, rendimiento escolar y/o laboral (MINSAL, 1996). Las dimensiones de las conductas de riesgo son: a) los comportamientos antisociales o violentos bajo los efectos de la ingesta abusiva de alcohol y/o drogas: b) los comportamientos antisociales o violentos derivados de la compulsión por acceder o comprar alcohol o sustancias ilegales y: c) los problemas o dificultades de funcionamiento social que resultan del abuso de alcohol y/o drogas. • Consideraciones finales en torno a la noción de conductas de riesgo Se ha tenido en cuenta los siguientes supuestos: - Se ha preferido el concepto de abuso de sustancias al de drogodependencia, debido a que captura mejor los aspectos psicosociales de funcionamiento, y a que la medición de la dependencia implica operaciones metodológicas complejas que no se justifican de acuerdo a los objetivos del estudio. - Las conductas no - normativas son las acciones que suponen

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comportamientos no esperables en la mayor parte de los individuos de un grupo determinado. La oportunidad refiere a la ejecución de conductas con un grado de anticipación que pre-supone daños futuros al desarrollo del adolescente. El término extensión alude al nivel de involucramiento del sujeto con la conducta. Esta es una comparación empírica distribucional, que se diferencia de las definiciones de normalidad basadas en un estándar invariante de conducta (Igra e Irwin, Ch. 1996).

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5.2.RESPONSABILIDAD
El concepto de responsabilidad constituye el núcleo del nuevo modelo de justicia. Con el se alude a tres situaciones distintas. En primer lugar, se trata de la atribución de responsabilidad penal al joven infractor, por la vía de una sanción. En segundo término, se procura que el joven asuma la responsabilidad por la infracción cometida (efecto “educativo” de la sanción) y finalmente, se propende a que el joven respete los valores, normas y roles convencionales, de manera de facilitar su integración social. En este sentido, es relevante responder las siguientes preguntas: 1) ¿cuáles son los fundamentos jurídicos de la responsabilidad?: 2) ¿de que manera se articula la teoría del desarrollo del juicio moral con la toma decisiones adolescentes y por tanto, con su responsabilidad jurídica?: 3) ¿qué teorías sirven de fundamento para un enfoque resocializador basado en la responsabilización? y: 4) ¿cuál es la diferencia entre un concepto de responsabilidad por el acto y uno más amplio, de integración social?.

5.2.1.LA DOCTRINA JURÍDICA DE LA RESPONSABILIDAD Y LA ADOLESCENCIA

Para que alguien sea culpable de un delito, tiene que estar presente una de las dos siguientes cosas23: a) un acto voluntario, el actus rea; b) un elemento mental, la intención de cometer un delito, la mens rea. “La justicia penal se basa en la premisa de que se puede y se debe imputar la culpa; en un examen de los conceptos de delito, el tema de la edad y la responsabilidad penal es, por tanto, un punto de partida, porque sin imputación de culpa y sin aceptación de que son suficientemente mayores como para ser responsables de sus acciones no se puede decir que los jóvenes hayan cometido un delito” (Rutter, et al., 2000: 48) 24.
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Y habitualmente las dos. No obstante, la evolución de la noción de culpabilidad ha derivado desde la relación anímica del acto al autor (teoría psicológica) a una concepción normativa que se funda en la posición jurídicamente reconocida del sujeto frente al sistema normativo. Bustos (1981: 317) es claro en señalar: “falso es que la norma describa algo, lo que hace es imputar o asignar. Se reconoce así que la imputabilidad cumple así la función político-criminal de servir de barrera entre la reacción estatal ante infracciones penales cometidas por adultas y las cometidas por menores de edad. La función de la culpabilidad es a c t u a r c o m o u n p r i n c i p i o d e r e g u l a c i ó n d e l p o d e r p u n i t i vo d e l E s t a d o . Elabora así la “teoría del sujeto responsable” donde “culpabilidad es responsabilidad, pero esta responsabilidad adquiere una dimensión mucho más profunda que la hasta ahora entendida. Al plantear que culpabilidad es responsabilidad, necesariamente hay que descender al individuo concreto y, por tanto, se trata de examinar al sujeto responsable en esa actuación.” (Ibid, p. 319)

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La imputación de la culpa ha sido denominada “la actividad originadora y justificadora de todo el proceso de justicia penal”. Sin embargo, “aunque se estableciera el actus rea y la mens rea hay varias razones para no inculpar a una persona por un delito, una razón sería la minoría de edad (ibíd: 49). De modo que es necesario distinguir entre culpa, culpabilidad y responsabilidad. Por ejemplo, algunos autores han sostenido que se puede culpar a los adolescentes por la comisión de delitos, “ pero tal vez no eran responsables de sus acciones a causa de limitaciones en su desarrollo cognitivo y moral” (ibíd). La pregunta es: ¿son responsables los adolescentes desde el punto de vista de la sicología evolutiva del desarrollo moral y cognitivo?.

5.2.2.DESARROLLO MORAL Y RESPONSABILIDAD Los avances de las ciencias cognitivas han permitido comprender que “la conducta moral sólo puede ser entendida si examinamos el aspecto cognitivo estructural de la conducta. Esta perspectiva no pierde de vista que la conducta es continuamente evaluada por reglas, leyes y normas socioculturales y que, además, un componente afectivo participa de toda conducta” (Lind, 2000: 14). Los individuos tienen que aplicar, permanentemente, normas y principios morales en situaciones concretas y dicha evaluación requiere desarrollar y disponer de una competencia de enjuiciamiento moral. Es Piaget quien estudia inicialmente el vínculo entre cognición y moral y desarrolla una teoría sistemática sobre ambos. Luego, Kohlberg profundiza estos estudios y plantea un conjunto de hipótesis acerca de la naturaleza y el curso del desarrollo moral-cognitivo, basándose en investigaciones longitudinales sobre el juicio moral en adolescentes y adultos jóvenes. Para Kohlberg la compentencia moral es “la capacidad de tomar decisiones y formular juicios de carácter moral (es decir, basados en principios internos del sujeto) y de actuar en concordancia con dichos juicios y decisiones” (Kolhberg, 1964, cit. en Lind, 2000)25.
25 Lind sugiere una serie de distinciones que permiten comprender mejor tanto el desarrollo moral como el cognitivo: a) los aspectos de la conducta moral, cognición y afecto, son atributos de la misma conducta. Su diferenciación sólo puede ser de tipo analítico, no ontológico: b) ambos aspectos son, en principio, observables empíricamente: c) la totalidad estructural del razonamiento no puede significar, dicotómicamente, rigidez o consistencia; la conducta refleja una multitud de implicaciones morales de una situación para el sistema valórico de una persona lo que requiere de juicios tanto diferenciados como integrados: d) el concepto de desarrollo cognitivo no coincide con aquellos planteamientos que entienden la cognición como contenidos particulares y no como un conjunto de estructuras y procesos y: e) los aspectos cognitivos y afectivos del desarrollo moral se despliegan de forma secuencial e invariable, lo que permite diferenciarla de cambios meramente actitudinales (Lind, 2000: 21).

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Para la teoría del desarrollo cognitivo, la estructura de una conducta de juicio moral refleja la organización y los procesos del pensamiento moral, la forma y el grado en que los principios morales se realizan en situaciones específicas. En particular, Kohlberg considera dos dimensiones del desarrollo moral-cognitivo; la dimensión cognitivaestructural representada por tres niveles y la dimensión afectiva ordenada en seis etapas26: I. Nivel Premoral Etapa 0: El sujeto no entiende normas y el juicio acerca de lo malo o lo bueno no se realiza en referencia a reglas o autoridad. Bueno es aquello que es placentero o excitante, malo lo que es doloroso o atemorizante. No hay idea de obligación o deber, la conducta es orientada por lo que se puede o se quiere hacer. II Nivel Preconvencional El/la niño/a es receptivo a las normas culturales y criterios de bien y mal, pero interpreta estos criterios según sus consecuencias físicas o hedonísticas o en términos del poder físico de aquellos que enuncias las reglas y criterios. Se divide en 2 etapas. Etapa 1: Orientación según el castigo y la obediencia. Las consecuencias físicas de un acto determinan su bondad o maldad, independiente del significado o valor humano de esas consecuencias. La evitación del castigo y un acatamiento irrestricto del poder es considerado por el sujeto como su propio bien, pero no en términos de un orden moral subyacente que legitime el castigo o la autoridad. Etapa 2: Orientación instrumental relativista. La acción correcta es aquella que satisface las propias necesidades y, ocasionalmente, las necesidades de los otros. Las relaciones humanas son entendidas de modo similar a las relaciones mercantiles ordenadas según costo y beneficio. Rasgos como la reciprocidad, trato igualitario y la justicia están presentes, pero siempre interpretados de un modo pragmático o físico. La reciprocidad se entiende como un dar lo equivalente a lo que se recibe (como en la Ley del Talión), pero sin consideraciones de justicia, gratitud o lealtad.

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Etapas y estructura están ligadas teóricamente y ordenadas según cuatro hipótesis: a) la sucesión de las etapas del desarrollo moral sigue un curso invariante: b) el juicio moral se organiza como una totalidad: c) existe un orden jerárquico entre los tipos de razonamiento moral y: d) existe un paralelo entre el desarrollo de los aspectos cognitivos y afectivos del juicio moral.

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III Nivel Convencional En este nivel cumplir con las expectativas de la familia, grupo o nación es considerado valorable y se lo relaciona con el bien propio, independiente de las consecuencias inmediatas. La actitud no es sólo de conformidad con las expectativas personales o del orden social, sino que de lealtad, apoyo y justificación de este orden o de las personas identificadas con él. Se diferencian dos etapas: Etapa 3: Orientación según la concordancia interpersonal con un juicio externo. Una conducta buena es aquella que gusta o ayuda a los otros y es aprobada por ellos. Hay una conformidad con las imágenes estereotipadas de lo que la mayoría considera como comportamiento “natural”. La conducta es frecuentemente juzgada por la intención que la motiva y se busca la aprobación externa. Etapa 4: Orientación según la ley y el orden. Se respeta la autoridad, las normas fijas y el orden establecido. La conducta correcta es aquella que libremente muestra conformidad con la autoridad y el orden social. IV. Nivel Posconvencional o Autónomo Hay un claro esfuerzo por definir los valores y principios morales, en su validez y aplicabilidad, independiente de la autoridad de los grupos o personas que sostienen dichos principios y de la identificación personal con dichos grupos. Etapa 5: Orientación legalista, según el contrato social. Una acción correcta es definida en términos de los derechos individuales y de estándares utilitarios, que han sido críticamente examinados y adoptados de la sociedad. Hay clara conciencia de la relatividad de los valores personales y un énfasis correspondiente en la búsqueda de consenso. Lo correcto es una materia de valores y opiniones personales, tal como está señalada constitucionalmente en un sistema democrático. Se enfatiza un punto de vista legal, remarcándose que la ley se puede cambiar según consideraciones de utilidad social. Fuera del imperio de la ley, el libre acuerdo y el contrato son los elementos que posibilitan una obligación. Etapa 6: Orientación según principios éticos universales. Lo correcto es definido por una decisión de conciencia de acuerdo a principios éticos elegidos de manera autónoma, apelando a su comprensibilidad, universalidad y consistencia. Son principios abstractos y no reglas morales concretas. En su centro están los principios de justicia, reciprocidad e igualdad de derechos y del respeto por la dignidad de los seres humanos (Lind, 2000 : 26-27)

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5.2.3.DESARROLLO ADOLESCENTE, TOMA DE DECISIONES Y RESPONSABILIDAD. Durante la adolescencia se producen importantes cambios evolutivos. En el plano cognitivo, los pensamientos tienden a hacerse más abstractos, multidimensionales, autorreflexivos y conscientes de sí mismos. Se aprecia un marcado aumento en la introspección emocional, lo que permite a los jóvenes considerar las consecuencias de sus acciones, pudiéndolas sopesar en términos de su propio sentido de responsabilidad y con mayores conocimientos de los efectos de sus acciones sobre otras personas (Justice, 1996; Keating, 1990; cits. en Rutter et al. 2000). Hay significativos cambios en la capacidad de sentir culpabilidad y vergüenza, asociada a la capacidad para autoevaluarse y el reconocimiento del dominio sobre su propia conducta. Las teorías psicológicas examinan el papel de la habilidad cognitiva, y las características de personalidad en la ocurrencia de las conductas de riesgo, procurando describir las maneras mediante las cuales los individuos perciben los riesgos y toman decisiones sobre ellos. En esta línea, la teoría de la percepción del riesgo adolescente sostiene la premisa de que los adolescentes están sesgados hacia el optimismo en sus percepciones del riesgo o se sienten invulnerables. El trabajo de Elkins (1967) sobre el egocentrismo adolescente plantea que éstos tienen un sentido exagerado de su unicidad que les permite crear una fábula personal en la que se es especial y no susceptible al daño. Fishoff (1992) identificó cinco componentes destacados en la toma de decisiones: a) identificación de las opciones alternativas: b)identificación de las consecuencias posibles. c) evaluación de la deseabilidad de las consecuencias potenciales: d) evaluación de la probabilidad de tales consecuencias y: e) combinación de la información para tomar una decisión. De acuerdo a Keating (1990) entre los 14 y 15 años los adolescentes desarrollan la habilidad de generar y evaluar un rango de opciones alternativas y toman decisiones de manera similar a los adultos; no obstante, el contenido de los diferentes componentes puede diferir sustancialmente si se consideran las experiencias, sesgos, juicios, la magnitud y tipos de influencias sociales y ambientales. De manera que podrían elegir opciones diferentes a las de los adultos. Existe alguna evidencia de que los/as adolescentes dan mayor peso a las consecuencias posibles próximas (menos severas) que a las distales (potencialmente más severas) cuando toman decisiones. Por ejemplo, Keleges, Adler e Irwin (1988, cit. en Igra e Irwin, 1996) encontraron que en un grupo de 14 a 16 años, las intenciones de uso

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del condón no estuvieron relacionadas con las creencias de los/as adolescentes sobre el grado en el que los condones previenen el embarazo; más bien, las intenciones estuvieron correlacionadas con el grado en que los/as adolescentes percibieron que el preservativo era fácil de usar, popular entre los pares y facilitaba el sexo. Por otra parte, los programas de prevención del tabaquismo entre adolescentes han enfatizado, exitosamente, las consecuencias psicológicas inmediatas de fumar (Flay, 1985, cit. en Igra e Irwin, 1996). En definitiva, los procesos de toma de decisiones en adolescentes parecen diferir poco de los adultos, y por tanto, los jóvenes podrían ser perfectamente responsabilizados por sus actos. Sin embargo, existen diferencias en los contenidos. Los/as adolescentes no tienen la experiencia de los adultos interactuando en el mundo social y sus juicios no pueden reflejar dicha experiencia. También la influencia de los pares tiene su peak en esta época de la vida, por lo que su capacidad de juicio moral puede descansar más sobre la opinión de éstos. 5.2.4.EL MODELO DE JUSTICIA RESTAURADORA Y LA TEORÍA DE LA VERGÜENZA REINTEGRADORA El modelo de Justicia Restauradora engloba los enfoques que buscan la solución haciendo que el delincuente se enfrente a la víctima y se haga cargo de las pérdidas. Se centra en la resolución de problemas: hacer que los delincuentes sean conscientes de sus responsabilidades y obligaciones, con el fin de desarrollar planes para aliviar el daño que han acarreado sus actos delictivos” (Rutter, et al., 2000:489). Este modelo propone que los jóvenes rindan cuentas por sus conductas, enfatizando la asunción de la responsabilidad como un elemento central. Rendir cuentas, la traducción aproximada del término inglés accountability, supone asumir la responsabilidad por la conducta y desarrollar acciones que reparen el daño causado. Para algunos partidarios de la Justicia Restauradora, ni el castigo ni la adhesión a determinadas normas involucran una respuesta que permita asumir la responsabilidad completa y no facilitan el desarrollo moral, por lo tanto, no son formas eficaces de enfrentar el delito, en tanto no generan un cambio significativo y perdurable en los sujetos (Umbreit y Bazemore, 1995)27.
Sin embargo, para Daly, K. (2000), la justicia restauradora no supone el abandono de la noción de castigo. Más bien, sería una forma de un castigo más sofisticado. La distinción clave que realiza esta autora es con relación a la intencionalidad de los operadores del sistema y la manera en que los “beneficiarios” de las políticas experimentan sus consecuencias. De esta manera, el castigo debería definirse más bien por las consecuencias que tiene para la persona que en tanto una intencionalidad determinada de los operadores del sistema.
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Asumir la responsabilidad por una conducta requiere: - Una comprensión de cómo la conducta afectó a otros seres humanos. - El reconocimiento de que la conducta resultó de una elección equivocada que pudo ser hecha de otra manera. - El reconocimiento ante los afectados de que la conducta fue dañina para otros. - Realizar acciones para reparar el daño en la medida de lo posible. - Realizar los cambios necesarios para evitar conductas similares en el futuro (OJJDP, 1998). Una de las teorías que mejor se articulan con el modelo de Justicia Reparadora es la “Vergüenza Reintegradora”. Esta teoría plantea que las sociedades con más bajos índices de criminalidad son aquellas que “avergüenzan” estas conductas más efectivamente. De modo que propone una estrategia de avergonzamiento, que fomente una vergüenza reintegradora y evite otra estigmatizadora. Esta última no permite prevenir el crimen, resulta en un sentimiento de humillación por parte de quien la experimenta, supone confundir los actos realizados con las personas que los han cometido, juzgándose a éstas y no a aquellos; en cambio la de carácter reintegrador significa la desaprobación de lo malo del acto cometido, mientras se trata a la persona que lo cometió como esencialmente buena y se desaprueba el acto de modo respetuoso (Braithwaite, 1996). La vergüenza reintegradora involucra cuatro principios: a)La desaprobación de la infracción, manteniendo una relación de respeto. b)Ceremonias para certificar la desviación, terminadas con ceremonias para des-certificarla. c)Desaprobación de lo malo de la conducta, sin etiquetar a la persona como mala. d)No permitir que la desviación se constituya en una característica de identidad (Harris y Burton, 2000). La responsabilidad supone, además de elementos cognitivos y morales, otros radicados en la emoción, dado que los vínculos sociales y la subjetividad se constituyen no sólo sobre tramas normativas o prescriptivas, sino que, también, sobre sedimentos afectivos. Como señala Kemper (1978, en Bericat, 2000), la mayor parte de las emociones humanas se nutren en el marco de nuestras relaciones sociales. El mismo autor indica que la mayoría de ellas “derivan de los resultados reales, anticipados, imaginados o recordados producto de la interacción relacional” (ibíd: 151)28.
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En una trama de relaciones sociales, cuyas dimensiones básicas son el poder y el estatus vinculados a un juego de intercambio, “en el que se postula el deseo de gratificaciones y la aversión a las privaciones, así como la mediación del otro en tanto condición instrumental del balance de

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La culpa y la vergüenza son dos manifestaciones emocionales. La primera emerge cuando “un actor tiene la sensación de disponer o de haber aplicado sobre el otro un poder excesivo” (Bericat, 2000: 155); de este modo, “en el asesinato, el robo, la mentira o la violación un actor ha aplicado sus recursos de poder contra el otro, a objeto de obtener beneficios para sí, más allá de lo permitido por los estándares y normas que regulan y limitan el uso del poder y de la coacción en las relaciones sociales. La culpa deriva, por tanto, de una transgresión de estos estándares morales, e implica una dolorosa auto evaluación negativa de sí mismo” (Ibíd.). En cambio, la vergüenza “es la emoción experimentada cuando un actor cree que ha reclamado y/o recibido más estatus del que merece” (Kemper, 1978, cit. Bericat, 2000); esto explicaría la turbación emocional que se siente al cometer un fallo ante los demás, “pues si el estatus nos es normalmente otorgado por el reconocimiento de nuestros logros en la división del trabajo o por nuestra capacidad relacional, un fallo a la vista de los demás, sobre todo de aquellos seres que nos ofrecen estatus, les indica que no somos tan competentes, o que no somos tan buenos.” (Bericat, 2000: 157). La vergüenza se genera en la exposición pública, real o imaginada, de nuestra incompetencia. • La dimensión social de la responsabilidad

El concepto de responsabilidad social incluye las habilidades y competencias sociales del/la adolescente que le permiten ser un miembro activo y responsable de su comunidad social y política mayor (Berman, 1993, 1997, cit. en Polk y Scott, 2001). La responsabilidad social es multidimensional, en tanto ser responsable va más allá de solamente ser respetuoso de los otros: significa la experiencia, como la apreciación correcta, de nuestra independencia y conexión con los otros y nuestro ambiente (Ibíd). La habilidad del/la adolescente para identificar y definir la responsabilidad social es importante en la definición de quién es y cuál es su lugar en el mundo social. Un aspecto importante de la adquisición de responsabilidad social se relaciona con los sentimientos del/la adolescente de manejo y control; el grado en que ellos se perciben como responsables por sus fracasos y logros personales. De esta manera, el adolescente debe comenzar tempranamente a ganar sentimientos de competencia relacionados
gratificaciones”-, definido el poder como las “acciones que son coercitivas, basadas en la fuerza, amenazantes, que utilizan castigo, etc. y que, por lo tanto, producen una relación de dominación y control de un actor sobre otro”, y el estatus como “una dimensión escalar que refleja la cantidad de aprobación, deferencia, recompensas, aprecio, apoyo emocional o financiero, incluso amor, que los actores se otorgan unos a otros” (Ibíd: 153). Es el juego interaccional entre los actores en términos de poder y estatus el que determinaría las emociones que evocarán internamente los sujetos; en este juego destacan cuatro emociones, que Kemper cataloga como negativas: la culpa, el miedo y la ansiedad, la depresión y la vergüenza.

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con sus acciones individuales y sus interacciones sociales. Elementos componentes de la responsabilidad social son: - Reconocimiento y aceptación de las consecuencias de cada acción y decisión que uno toma. - Actitudes de preocupación hacia la persona y los otros. - Reconocimiento y aceptación de la diversidad cultural. - Reconocimiento de los derechos humanos básicos de la persona y los demás. - Orientación según la ley y el orden. Respeto de la autoridad, las normas y el orden establecido. 5.2.5.CONCEPTOS: RESPONSABILIZACIÓN POR EL ACTO Y RESPONSABILIDAD SOCIAL Se entenderá por responsabilización por el acto a la predisposición o tendencia del joven a reconocer y manifestar, desde lo cognitivo emocional, que la conducta de infracción a la ley resultó de una elección equivocada, y que afectó o provocó daños a terceras personas. Por el momento, queda fuera de esta definición el componente conductual de la responsabilización, que está mucho más desarrollado dentro del modelo de Justicia Reparadora, y que se expresa en la realización de acciones concretas de reparación a las víctimas. Este concepto se acota, por tanto, al asumir la responsabilidad por el acto y sus consecuencias. Por su parte, el concepto de responsabilidad social es mucho más amplio, debido a que considera las habilidades y competencias sociales convencionales del/la adolescente que le permiten comenzar a ser un miembro activo y responsable de su comunidad social y política mayor. En este caso, se empleará un concepto de responsabilidad un tanto más restringido. Específicamente, con el se alude a la propensión o tendencia cognitiva, afectiva y conductual (de parte del adolescente) a la conformidad y respeto de las normas sociales convencionales y la autoridad, y al mismo tiempo hacia la conexión y empatía con los otros integrantes de la sociedad.

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5.3.COMPETENCIAS PSICOLÓGICAS
En esta sección se analizan las competencias psicológicas que pueden ser consideradas cruciales para lograr un cambio o reversión de los patrones de infracción a la ley. Se entiende por competencias psicológicas las capacidades o recursos internos con las que cuentan las personas para adaptarse de manera eficaz a un entorno determinado. Más específicamente, según Waters y Sroufe (1983) una persona competente desde el punto de vista psicológico es aquella que puede hacer uso de los recursos personales y ambientales para conseguir un buen resultado evolutivo o de adaptación.

5.3.1.AUTOEFICACIA Estudios que investigan la presencia de resistencias en sujetos expuestos a experiencias y situaciones de alto riesgo en cuanto a las conductas antisociales, han demostrado que las vivencias exitosas en el desempeño son protectoras, en la medida que aumentan el sentido de auto eficacia.29. En la misma línea, otras investigaciones y análisis plantean que tiene un carácter protector el sentido de la propia eficacia y un enfoque positivo de la planificación y resolución de problemas 30 Rutter (1995) señala que, dentro de un abanico de procesos protectores, uno de los mecanismos sería la promoción de “la propia eficacia (por ejemplo, a través de relaciones personales seguras y de apoyo, de la responsabilidad y el éxito en la realización de tareas y de un acertado enfrentamiento de tensiones manejables)”. Teorías explicativas Teoría del aprendizaje social de Bandura. Bandura define auto eficacia como “la convicción personal que tiene el sujeto que puede ejecutar exitosamente la conducta requerida para producir un resultado”. Entiende que la auto eficacia sería un mecanismo cognitivo común que permite sostener una visión unificadora del cambio conductual. Sustentado en la teoría del aprendizaje social, plantea que existen 3
29 Dubow y Luter, 1990; Lösel y Bliesener, 1994; Quinton y Rutter, 1988; Werner y Smith, 1982, 1992, cits. en Rutter et.al. 2000. 30 Bandura, 1995; Clausen, 1993; Connell, Spencer y Aber, 1994; Quinton y Rutter, 1988; Quinton et al. 1991; Werner y Smith, 1982, 1992; cits. en: Rutter et.al. 2000.

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sistemas reguladores de la conducta que se relacionan de forma recíproca: a) acontecimientos de la conducta en forma de refuerzos externos (condicionamiento clásico); b)consecuencias de la conducta en forma de refuerzos externos (condicionamiento operante instrumental): y c) los procesos cognitivos mediacionales que regulan la influencia del medio, determinando los estímulos a los que se prestará atención, la percepción de los mismos y la influencia que tienen en la conducta. Distingue una serie de capacidades que serían básicas de la naturaleza humana, a saber: a) Capacidad de simbolización como medio de cambio y adaptación al ambiente; b) Capacidad de previsión: muchas de las conductas, siendo intencionales, están gobernadas por la previsión; c) Capacidad vicaria31; d) Capacidad autorreguladora: una parte de la conducta está motivada y regulada por auto evaluaciones de las acciones propias; e) Capacidad autorreflexiva: los sujetos son capaces de autoconsciencia reflexiva; ésta permite a las personas analizar sus experiencias pensar sobre sus propios procesos de pensamiento (metacognición). f) La naturaleza de la naturaleza humana: su plasticidad. Luego, Bandura precisa que la concepción (cognición) que un individuo tiene de sí mismo se desarrolla a través de 4 procesos diferenciados: 1. Experiencia directa de los efectos producidos por sus acciones; 2. Experiencia vicaria de los efectos producidos por las conductas de otras personas; 3. Juicios manifestados por otros; y 4. Deducciones a partir de conocimientos previos utilizando reglas de la inferencia. La auto eficacia es un constructo que resulta de la interacción de estos procesos y de las capacidades inherentes a la naturaleza humana, de modo que la propia conducta se puede regular y tender a una adaptación eficaz en un medio específico. Las capacidades autorregulatorias, autorreflexivas y auto eficaces son meta capacidades, propias de un sistema que aprende a modificarse según los requerimientos del medio en el que se desenvuelve; de modo que la
El aprendizaje vicario, observacional o mediante modelos, se define como “el proceso de aprendizaje por observación en el que la conducta de un individuo o grupo – el modelo – actúa como estímulo de pensamientos, actitudes o conductas similares por parte de otro individuo que observa la actuación del modelo” (Perry y Furukawa, 1987; cits. en Becoña, 1997).
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autoeficacia permite al individuo reconocer sus posibilidades de actuar de forma exitosa para obtener un resultado. Teoría cognitivo social de Bandura. La teoría cognitiva es un desarrollo posterior a la del aprendizaje social. En ella el concepto de auto eficacia desempeña un papel central, considerándosele como el elemento explicativo más importante del cambio conductual. Sus principios básicos son: a) El funcionamiento humano se entiende como una interacción entre el ambiente, la conducta y los factores del individuo, siendo cada uno de ellos un determinante recíproco de los otros (Bandura, 1978, cit. en Becoña, 1997). b) El funcionamiento de la personalidad es comprendido como una clase de capacidades cognitivas a través de las cuales aprendemos acerca de los sucesos del entorno, los interpretamos y los anticipamos. Guía y motiva las acciones. Define auto eficacia como “la percepción de la capacidad que tiene uno para lograr un nivel especificado o un tipo de actuación en un lugar concreto” (Ibíd.). El núcleo de esta definición reside en las percepciones que tienen los sujetos de su capacidad de actuar; dichas percepciones afectan los niveles de motivación y logro del individuo a través de su capacidad para afrontar los cambios de vida. La auto eficacia, entendida de este modo, no se refiere a un sentido de uno como capaz o incapaz, sino que considera las capacidades percibidas por uno mismo para la acción en un dominio concreto de actividad. La auto eficacia opera según la capacidad de generalización común al aprendizaje humano, de modo que se experimentan percepciones de auto eficacia en un área específica y, luego, se determina si dichas percepciones son generalizables. Cervero y Scott (1995) plantean que la auto eficacia es un indicador del cambio terapéutico, distinguiendo que: a) Las percepciones sobre auto eficacia son el camino común del cambio conductual; b) El modo más eficaz para consolidar las cogniciones de auto eficacia es a través de la conducta; y c) Aunque el éxito en la ejecución tiene un efecto poderoso, ésta no garantiza por sí sola un buen resultado.

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5.3.2.AUTOESTIMA Se ha señalado que la actitud, o tendencia evaluativa que manifiestan los sujetos hacia sí mismos, junto con el locus de control externo y la depresión, son predictores de las conductas de riesgo32. Sin embargo, la evidencia que otorga un papel importante a la autoestima en el inicio, persistencia o abandono de las conductas delictivas no es tan consistente como para las variables auto-control y auto eficacia. (Rutter, et.al., 2000). Teorías explicativas Teorías de la conducta desviada de Kaplan Kaplan desarrolla dos aproximaciones teóricas al concepto de autoestima. El primero, el Modelo de Mejora de la Autoestima sostiene que la conducta desviada se refuerza mediante: a) el incremento en la alienación de mundo convencional: b) Incremento de la interacción con pares desviantes y: c) la motivación a considerar positivo identificarse con el estatus desviante que define la conducta de este tipo como apropiada. Este modelo tiene como premisa que los adolescentes buscan la aceptación y la aprobación para su conducta. Cuando su conducta se desvía de las expectativas de sus pares, profesores y otros significativos, se convierte en una fuente de malestar psicológico que deben resolver. Cuando pierden el favor de los adultos que les dan afecto, surgen sentimientos de autorrechazo que requieren de una respuesta correctiva o compensatoria. Luego, en su Teoría Integradora de la Conducta Desviada, sostiene que la realización de un acto desviado es visto como adaptativo por la persona, en función de un marco normativo particular o de las expectativas del grupo concreto (Kaplan, 1996). La mantención de la desviación se debe tanto al refuerzo positivo, como al debilitamiento de la disuasión; así como de la disponibilidad de oportunidades para la ejecución de la conducta. La conducta desviada se refuerza de dos maneras: a) La realización de esas conductas satisface necesidades importantes para la persona; y b) La conducta desviada crea una necesidad que es satisfecha
Ott, 1989; Dielmar, Campanelli, Shope y Butchart, 1987; Dreyfoos, 1990; McCord, 1990; cits. en Igra e Irwin, 1996.
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mediante la continuación o repetición del acto desviado (Ibíd.). Para evitar e interrumpir el reforzamiento de la conducta desviada, es necesario que la persona encuentre otras fuentes y estrategias de validación personal, a través de la aceptación y valoración de otros significativos. Interaccionismo simbólico Esta teoría atiende a los patrones de respuesta recíproca y secuenciales, mediante los cuales los actores se ajustan a las conductas de los otros, perciben respuestas a sus acciones y, luego, adoptan sus movimientos posteriores de acuerdo con esas interpretaciones (Blumer, 1969; Stryker, 1980; cits. en Tittle, s/a). La identidad parece clave en la formación de la autoestima. Según Matsueda (1992) y Kaplan (1980) el proceso que orienta el ajuste conductual interpretativo al mundo de los otros es el intento, por parte del individuo, de formar o preservar un sentido del sí mismo significativo. Las conductas criminales serían reflejo de una pobre autoestima o una forma de superar auto actitudes negativas, de modo que dicha conducta ha sido interpretada como una forma de sostener una identidad prestigiosa (Katz, 1988). El crimen es útil para el perpetrador, no a causa de los productos directos que entrega, sino porque afianza la autoestima o confirma los auto conceptos. Es importante añadir que las conductas criminales pueden resolver, subjetivamente, el efecto que la estigmatización tiene sobre el sujeto proveyéndolo de una forma de autoafirmación y de modos de suspender o aplazar el auto desprecio (Becker, 1963; Lofland, 1960; cits. en Tittle, s/a). Los distintos elementos del tema identidad está integrados en la teoría del auto desprecio (Kaplan, 1980, 1995: cit. en Becoña, 1997). De acuerdo con ella, los seres humanos están compelidos a maximizar las actitudes positivas hacia sí mismos y evitar las negativas. La teoría señala las principales influencias en la dirección y magnitud de las evaluaciones personales, como bien las condiciones previas que las afectan. Cuando las influencias producen auto - evaluaciones negativas, el compromiso de las personas con el sistema normativo se debilita, y ellas llegan a estar motivadas para violar las normas. La criminalidad viene, por tanto, de una combinación de ausencia, o debilidad, del deseo de conformarse con las normas de un contexto social adverso y de apertura a las posibilidades que podrían mejorar la autoestima personal. Kaplan nota que la medida en que las conductas problema ayudan a resolver el problema de las auto actitudes depende de un número de

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condiciones, incluyendo la severidad y certeza del castigo (que puede exacerbar la situación), la naturaleza del acto criminal por sí mismo (algunos actos pueden hacer que uno pierda aún más autoestima y puede cambiar las reacciones de los otros) y las características de la persona (tales como las percepciones y consideraciones morales). 5.3.3.AUTOCONTROL Existe una abundante evidencia empírica que permite distinguir el autocontrol como una variable consistentemente relacionada con las conductas antisociales. Capsi et al. (1994, cit. en Rutter et.al., 2000) estudia el tema utilizando los datos de las investigaciones longitudinales de Dunedin y Pittsburg; en ambas muestras, para varones y mujeres y diferentes grupos étnicos, se asociaban con la delincuencia un débil autocontrol o una elevada impulsividad, así como una emotividad negativa (en un sentido de una marcada tendencia a estar enojado, ansioso o irritable)33. Tremblay et al. (1994) demostró de manera semejante que la impulsividad era el mejor predictor de la delincuencia a la edad de los 13 años. Así mismo, la conducta agresiva medida entre los 6 y 13 años predice episodios de violencias posterior entre los hombres (Loeber, 1990, 1996; Loeber y Hay, 1996; Olweus, 1979; cits. en Rutter et al., 2000). Igual de concluyentes son los estudios que abordan la hiperactividad, factor que presenta la asociación más vigorosa con la conducta antisocial34. En esta misma línea, Gottfredson, Sealock y Koper indican que los estudios han demostrado que los individuos que poseen una constelación de características, que podrían ser llamadas antisociales (incluyendo un pobre control de impulsos y agresión), están en mayor riesgo de posteriores problemas conductuales, incluyendo uso de drogas, delincuencia, deserción escolar, pobre desempeño laboral y problemas de salud mental. Este conjunto de características de personalidad está frecuentemente relacionado con un escaso desarrollo de competencias y habilidades sociales; por ejemplo, sujetos con bajos niveles de autocontrol pueden encontrar más difícil controlar impulsos para actuar de maneras autogratificantes, pero
Estos rasgos se muestran consistentes con aquellos que señalan que “ser problemático” o “difícil de manejar” a la edad de los 3 años predice la actividad delictiva a la de 11 (White et al., 1990; cit. en Rutter et al., 2000). 34 Rutter et al. citan un conjunto de estudios que documentan esta relación, entre ellos un conjunto de investigaciones longitudinales: “El estudio de Cambridge de chicos de zonas deprimidas del centro de Londres (Farrington, 1992), el estudio longitudinal de Christcurch (Fergusson y Horwood, 1993; Fergusson, Horwood y Lloyd, 1991), el estudio de Pittsburgh (Loeber et al., 1993), el longitudinal sueco de Magnusson (Magnusson et al., 1993), el estudio de Dunedin (McGee et al., 1984, Moffilt, 1990), el estudio de Montreal (Soussignan et al., 1992)”.
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socialmente inaceptables y en concentrarse en actividades orientadas a metas, tales como aquellas requeridas para un desempeño escolar exitoso. Estas conductas incompetentes incrementan la probabilidad de rechazo de los pares y juicios de incompetencia por parte de los profesores.35 Teorías explicativas Teoría de la influencia triádica de Flay y Petraitis Esta teoría considera varios niveles para explicar las causas de la conducta, relacionados con grupos de influencias sobre ella, que se desplazan a través de los niveles. Estos son: a) Influencias culturales y ambientales sobre el conocimiento y valores que influencian las actitudes; b) Influencias contexto-situación social sobre los vínculos sociales y el aprendizaje social, influyendo las creencias sociales normativas; y c) Las influencias intrapersonales sobre la determinación y el control de uno mismo y las habilidades sociales, que conducen a la auto eficacia. Las dimensiones básicas de la personalidad consideradas en esta teoría corresponden a: - Control personal: restricción conductual, impulsividad, persistencia en una tarea, hiperactividad, agresividad y motivación de logro. - Control emocional: ajuste psicológico, estabilidad emocional, neuroticismo y angustia emocional. - Introversión/extraversión: actividad social, adaptabilidad social y asertividad. - Sociabilidad: simpatía, sumisión y conformidad. - Inteligencia general. El autocontrol sería la habilidad básica, actuante sobre las acciones y el estado de ánimo, que permitiría el desarrollo de una autoestima y auto concepto coherentes y sólidos. Esto redunda en un sentido de uno mismo y una competencia social general, lo que a su vez supone una mayor autodeterminación. Unido a un conjunto de habilidades sociales específicas, conduce a una mayor auto eficacia con respecto a una conducta concreta.

Dodge, Petit, McClaskey, Brown, 1986; McFall, 1982: Rubin y Krasnor, 1986; cits. en Gottfredson, Sealock y Koper, 1996.

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Modelo de Control de Santa Creu et al. El comportamiento es un intento de adaptación al ambiente y para que dicha adaptación sea adecuada, es necesario aprender distintas habilidades. El adolescente busca conseguir fuentes de refuerzo alternativas a las que tiene para lograr independencia del referente paterno y conseguir autocontrol. El autocontrol “puede implicar tanto la ejecución de la respuesta deseable como la inhibición de la indeseable, pero supone un esfuerzo consciente para su consecución; el sujeto debe renunciar a una consecuencia inmediata positiva o someterse a una aversiva para conseguir una gratificante a largo plazo (demora del refuerzo) (Santa Creu et al., 1991; cits. en Becoña, 1997). La obtención del refuerzo demorado o final es la respuesta de control (RdC), que puede definirse como “aquella cuya ejecución supone siempre una renuncia voluntaria por parte del sujeto a la elección de otras respuestas con consecuencias positivas inmediatas (Respuestas Alternativas Inmediatas)” (Ibíd.). A su vez, para poder ejecutar una Respuesta de Control, el sujeto ha de usar de estrategias o respuestas auto controladoras. El autocontrol se aprende durante la adolescencia y puede ser adquirido como una habilidad general o como respuestas aisladas, mediante la ejecución de distintas conductas en el individuo en interacción con el medio, por ello “el ensayo de la conducta que el sujeto realice, a partir de su propio repertorio conductual y las contingencias que de dichas conductas obtenga, determinarán el grado de autocontrol del individuo” (Ibíd.). El autor señala que algunas de las habilidades características del autocontrol son: a) b) c) d) La La La La resistencia a la agresión tras la frustración; resistencia a la transgresión; regulación de la auto administración de refuerzos; y resistencia a la tentación.

Modelo de Autocontrol de Kanfer Las definiciones básicas que utiliza este modelo indican que el “autocontrol es un conjunto de estrategias aprendidas que le permiten -al sujeto- auto modificar la probabilidad de ocurrencia de una conducta contraria a lo esperado, de acuerdo a las influencias externas existentes” (Kanfer, 1978). Así mismo, para Capafóns (1996) el autocontrol opera cuando “una persona por sí misma es capaz de cambiar la probabilidad de aparición de un comportamiento basado en los procesos hedónicos a través de un esfuerzo y usando recursos psicológicos propios” (cit. en Becoña, 1997). Este modelo se conforma de tres fases: 1. Auto observación de la conducta;

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2. Auto evaluación; y 3. Auto refuerzo (Kanfer, 1978, cit. en Becoña, 1997). Para la ejecución correcta de estas tres fases se requiere un conjunto de cinco habilidades, a saber: 1. Auto observación y auto registro objetivo; 2. Selección de unos criterios específicos y realistas; 3. Búsqueda del procedimiento más adecuado para el logro del objetivo propuesto; 4. Auto evaluación de la conducta en relación con los criterios fijados; y 5. Programación de refuerzos para el nuevo comportamiento (Ibíd.)36. El objetivo del entrenamiento en autocontrol, por ejemplo en el caso de consumo de drogas, es conseguir que la persona no consuma o, si consume, que pueda controlarse o mantener un consumo funcional. Dado que un número importante de personas consumirá, las estrategias de autocontrol permitirán que no se llegue a la dependencia. 5.3.4.CONCEPTOS: AUTOESTIMA, AUTOEFICACIA, AUTOCONTROL Dada la proximidad empírica y teorética de la auto eficacia, autoestima y autocontrol, se puede hipotetizar que son nociones relacionadas y que podrían formar un constructo de competencias, debido a que dan cuenta de las distintas dimensiones de la personalidad de los sujetos; la primera a nivel cognitivo, la segunda a nivel cognitivo-afectivo y la tercera a nivel cognitivo y conductual. Las tres coinciden en que su locus es el sujeto en su “interior”, es decir, los procesos psicológicos referidos a quien los experimenta, de ahí el prefijo “auto” que refiere una metarrelación consigo mismo, en tanto, la autoestima, por ejemplo, supone una disposición del individuo de aplicar un afecto sobre sí mismo, la auto eficacia a percibirse capaz de ciertas acciones, y el auto control a tener una percepción de manejo sobre las gratificaciones o estímulos inmediatos. Se entiende por autoestima a la predisposición o tendencia relativamente estable a la auto evaluación de una manera
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Kanfer distingue entre autocontrol decisional y autocontrol programado. En el decisional, el sujeto elige entre varias alternativas sin ejercer control después de la elección. En el programado, el control de la conducta se mantiene después de la elección. Para Thoresen y Mahoney (1982) sólo puede haber autocontrol cuando se dan las siguientes condiciones: a)existen varias alternativas de respuesta; b) tales alternativas son conflictivas y: c) las conductas autocontroladas son provocadas y/o mantenidas por consecuencias externas a largo plazo (Ibíd).

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determinada (positiva o negativa), en los ámbitos cognitivo, afectivo y conductual. Es la actitud de la persona hacia sí misma. Por su parte, se define la auto eficacia como la convicción personal que tiene el sujeto que puede ejecutar exitosamente una conducta requerida para producir un resultado determinado, o a la percepción de la capacidad que tiene una persona para lograr un nivel especificado o un tipo de actuación en un lugar concreto. En cuanto al autocontrol, se lo entiende como la percepción que tiene el sujeto de su competencia o habilidad para auto modificar (se) o inhibir la probabilidad de ocurrencia de una conducta basada en un proceso hedónico. El auto control funciona cuando un sujeto, por sí mismo, es capaz de cambiar la probabilidad de aparición de un comportamiento, a través de su esfuerzo y usando recursos psicológicos propios.

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6.VARIABLES INTERVINIENTES DINÁMICAS AL NIVEL MICROSOCIAL

Se incluye en la dimensión micro social el nivel, grado y calidad de vinculación del joven con su familia y grupo de pares. En particular, se consideran variables relativas a las pautas de supervisión y crianza del grupo familiar, el apego o calidad de las relaciones familiares y la vinculación con pares o amistades positivos, esto es, que no presenten conductas de riesgo de infracción a la ley o que hayan cometido delitos.

6.1.LA FAMILIA
Existe una importante masa de conocimiento acumulado en torno al impacto de los factores dinámicos de riesgo y protección familiares en un amplio abanico de conductas antisociales. En particular, las investigaciones muestran una fuerte asociación entre las prácticas y estilos parentales, los patrones de interacción familiar y la generación de conductas delictivas. También hay alguna evidencia de que las actitudes y los problemas conductuales de los padres se correlacionan con la presencia de dificultades en los adolescentes. 6.1.1.ESTILOS PARENTALES DE CRIANZA Y SUPERVISIÓN INEFICACES Una gran cantidad de estudios longitudinales han documentado que los estilos parentales deficitarios y las prácticas pobres de manejo familiar son factores de riesgo que predicen un amplio conjunto de conductas antisociales entre los adolescentes, entre las que destacan las infracciones de ley, las conductas violentas y de riesgo y el abuso 37 de sustancias entre los adolescentes . Específicamente, en el proceso de definición de las pautas de crianza y supervisión adecuadas de los adolescentes, los padres tienen que satisfacer varios requerimientos diferentes. “- El seguimiento o supervisión eficaz de las actividades de los hijos para que los padres puedan saber que conductas pueden tener probabilidades de causar problemas - Un claro establecimiento de patrones con una retroactividad explícita e inequívoca para que los hijos puedan saber que es lo que se
Farrington y Loeber, en prensa, cits. en Rutter et.al. 2000; Capaldi y Patterson, 1996, Hawkins, Arthur y Catalano, 1995, cits. en NCJRS, 2000; Patterson y Dishion, 1985, Thornberry,1994, Farrington, 1991, cits. en Howell y Bilchik,1995; Baumrind, 1991, cit. en Igra e Irwin, 1996; Loeber y Dishion ,1983, McCord, 1978, cits. en Gottfredson et.al.,1996.
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espera de ellos - Una hábil desviación para evitar el desarrollo de enfrentamientos y crisis. - Receptividad a las sensibilidades y necesidades de los hijos - Fomento de la conducta prosocial, la propia eficacia y la solución de problemas sociales. - Estímulo del desarrollo de controles internos por medio de la comunicación abierta, el reconocimiento de los derechos de los hijos y la aceptación de la responsabilidad.” (Rutter et.al. 2000). Los estudios de seguimiento (Patterson, 1982: Larzelere y Patterson, 1990, cits. en Rutter et.al. 2000) han evidenciado el grado en que los padres de niños con problemas tienden a fracasar en todos estos ámbitos. En concreto, no efectúan un seguimiento (de modo tal que ignoran donde están los adolescentes y lo que hacen con su grupo de pares): sus órdenes son ambiguas y poco claras: las medidas disciplinarias y de castigo son tanto un resultado de sus propios estados emocionales como de la conducta del adolescente: no se preocupan de los rasgos prosociales: y su estilo autoritario muestra poca apertura a las demandas y sentimientos de los hijos. • Estilos de supervisión parental e infracciones de ley

De acuerdo a la evidencia empírica, los estilos de crianza y las prácticas de supervisión que más se correlacionan - positiva o negativamente - con las conductas delictivas y otros comportamientos de riesgo son los siguientes: - Estilo parental autoritario: los padres son demandantes, no receptivos y suelen rechazar a los adolescentes. Las prácticas de disciplina son excesivamente severas, duras o castigadoras con los jóvenes. Se ha observado que este estilo parental es el principal predictor de problemas durante la adolescencia (Baumrind, 1991, cit. en Igra e Irwin, 1996). En general, las vías que intervienen en la consolidación de un estilo parental autoritario son las siguientes: “a) un desarrollo social deficiente que supone malas relaciones y una manera ineficaz de solucionar los problemas sociales: b) un aprendizaje de que la conducta agresiva merece la pena y: c) una relativa incapacidad para desarrollar vínculos sociales y por ende una falta de constricciones (restricciones) sociales que aparten comportamientos que podría perjudicar a otras personas. Es probable que en cada uno de estos procesos esté contenido un cierto grado de crianza coercitiva”. (Rutter, et.al., 2000:266-268) - Estilo parental negligente y permisivo: los padres son receptivos y no demandantes con los adolescentes. Predominan las prácticas de

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disciplina laxas y erráticas, y no existen expectativas y normas claras de conducta. Este estilo se expresa en bajos niveles de supervisión parental, que repercuten en un escaso conocimiento de los padres en torno a las amistades y actividades del joven en su tiempo libre. Esto implica el fracaso en la supervisión y monitoreo de los adolescentes y un mayor riesgo de conductas delictivas. - Estilo parental democrático: los padres son demandantes y receptivos. Constituye un factor protector de conductas de riesgo como la violencia y el abuso de sustancias (Baumrind, 1991, cit. en Igra e Irwin, 1996: Wells y Rankin 1988; cits. en NCJRS, 2000). - Las prácticas de disciplina inconsistentes y el desacuerdo parental sobre la crianza de los hijos adolescentes son factores de riesgo de infracciones de ley y la violencia (Maguin, 1995; Farrington, 1989; Wells y Rankin, 1988; cits. en NCJRS, 2000).

6.1.2.EL APEGO Y LA VINCULACIÓN PADRES-HIJOS

Existe evidencia sobre el papel protector que tienen las relaciones cálidas y cohesivas padres -hijos sobre la emergencia de conductas delictivas. Algunos estudios han encontrado que cuando los padres les proporcionan apoyo emocional y aceptación, y tienen una relación cercana con ellos, los adolescentes tienen una menor probabilidad de desarrollar conductas problema. Las interacciones que predicen la iniciación y mantención de la delincuencia son aquellas que enfatizan vínculos fríos y de rechazo, con falta de involucramiento y carencia de tiempo libre compartido. 38 Sin embargo, otros estudios no han encontrado una relación significativa entre una pobre vinculación familiar y la violencia por parte de los adolescentes (Williams, 1994; Elliott, 1994, cits. en NCJRS, 2000). • Malos tratos y violencia familiar

Es importante considerar que una de las problemáticas relativas a la familia más prevalentes entre los jóvenes infractores de ley atendidos por la Red SENAME es el maltrato. Específicamente, para las categorías de delitos contra la propiedad, contra las personas y contra la familia y la moral, los porcentajes de maltrato alcanzan al 18%, 19.8% y 18.7% (SENAME, 2001). Estas proporciones son bastante
Turner, Irwin, Tschann, Millstein, 1993, cits. en Igra e Irwin, 1996; Snyder, Patterson, 1987, cit. en Gottfredson et.al. 1996: Farrington, 1989, cit. en NCJRS, 2000.
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superiores a las tasas de permanencia en la calle (que no sobrepasan el 7% para las categorías consideradas) y abandono familiar (no supera el 2%), lo que denota que las familias de los infractores tienen un alto nivel de conflictividad, están en riesgo de desintegración, pero permanecen juntas al fin de cuentas. Existen antecedentes consistentes de que los malos tratos, la conflictividad y la violencia intra familiar parecen incrementar la probabilidad de violencia y conductas de riesgo posteriores 39 . Sin embargo, la mantención de una relación estable, cálida y armoniosa con al menos uno de los progenitores parece ser protectora en el contexto de la discordia y el conflicto familiar general40. • Actitudes y conductas parentales

Se ha observado que las actitudes y conductas de los padres u otros adultos o familiares significativos tienen un papel importante en la participación de los adolescentes en conductas de riesgos, por la vía de la observación y modelamiento de la conducta de sus padres. Esta relación está bien documentada para el abuso de drogas y el alcohol41 y en menor medida para las conductas violentas (Farrington, 1989; Maguin, et.al., 1995, cits. en NCJRS, 2000). 6.1.3.CONCEPTOS SOBRE FAMILIA Para los efectos de este trabajo, se evaluarán los impactos de las intervenciones en los siguientes aspectos relativos a la familia: a) los estilos de supervisión y control parental: b) la calidad de las relaciones (interacciones) familiares: y) las actitudes y conductas de los restantes integrantes de la familia. • Estilos de supervisión

Esta dimensión alude a las pautas, patrones o prácticas predominantes de supervisión, control y monitoreo de las conductas de los adolescentes por parte de sus padres o adultos significativos. Como estilos de supervisión autoritarios o coercitivos se consideran todas aquellas prácticas de control parental que son demandantes,
Farrington, 1989; Mc Cord, 1979; Maguin et.al., 1995: Elliott, 1994, cits. en NCJRS, 2000: Bijur, Kurzon, Hamelsky y Power, 1991, cit.s en Igra e Irwin,1996: Loeber y Dishion, 1984, cits. en Rutter, M.,et.al. 2000. 40 Dubow y Luster, 1990: Egeland, 1993: Jenkins y Smith, 1990; Reiss et.al., 1995: Rutter, 1997, cits. en Rutter, et.al., 2000. 41 Hawkins, Fitzgibbons, 1993: Werner, 1991; cit. en Igra e Irwin,1996: Peterson et.al., 1994; cits. en NCJRS, 2000; Rutter, et.al., 2000
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excesivamente severas, duras, castigadoras y no receptivas con los adolescentes. Se las entiende como un factor de riesgo. Por su parte, los estilos de supervisión negligentes y permisivos son todas aquellas pautas de control parental no demandantes, laxas, erráticas, sin expectativas y normas claras de conducta y con alta receptividad con los adolescentes. Estos patrones se expresan en niveles bajos de monitoreo parental, que repercuten en un escaso conocimiento de los padres en torno a las amistades y actividades del joven en su tiempo libre. Los estilos de supervisión democráticos son todas aquellas prácticas de control parental demandantes y receptivas con los adolescentes. Se caracterizan por el predominio de expectativas y normas de conducta claras, que consideran pautas de castigo consistentes y no erráticas. • Calidad de las Relaciones Familiares

Este aspecto alude a la calidad general de las relaciones e interacciones entre los integrantes del sistema familiar, que refieren a los vínculos y a las pautas de apoyo emocional y afectivo entre los familiares. Se entiende como relaciones familiares apoyadoras a todas aquellas interacciones caracterizadas por el predominio de vínculos acogedores, de apego emocional, aceptación y de cercanía entre los distintos integrantes del grupo familiar. Se las considera como factores de protección. Se considera como relaciones familiares no apoyadoras a todas aquellas interacciones caracterizadas por el predominio de: a) vínculos fríos, de escaso apego emocional, rechazo y lejanía: b) de relaciones caracterizadas principalmente por pautas de comportamiento conflictivas, agresivas y violentas. Se las define como factores de riesgo. • Actitudes y conductas de los integrantes del grupo familiar

Esta dimensión refiere al nivel de exposición de los adolescentes a modelos normativos y de comportamiento prevalentes entre sus padres o adultos significativos en su grupo familiar. Se distingue entre modelos antisociales y prosociales. Por modelos normativos y de comportamiento antisociales se entiende al predominio, entre los padres u otros familiares significativos en la vida del adolescente, de actitudes y conductas que tienen una alta probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas.

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Por modelos de comportamiento prosociales se entiende al predominio, entre los padres u otros familiares significativos en la vida del adolescente, de actitudes y conductas que tienen una baja probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas.

6.2.GRUPO DE PARES

El desarrollo normal adolescente implica la búsqueda de independencia y autonomía de la familia y la identificación con un grupo de pares. Durante este proceso, se ha observado que la influencia de los padres tiende a caer, en la medida en que se incrementa la importancia de los amigos. En este marco, distintas perspectivas teóricas de la criminología han considerado al grupo de pares como un factor relevante para la comprensión o explicación de la iniciación y mantención de las conductas delictivas durante la adolescencia. • La teoría del aprendizaje social

La teoría del aprendizaje social sostiene que las conductas delictivas se aprenden en gran medida a través de las interacciones con el grupo de pares. Los conceptos centrales de la teoría son: asociación diferencial, definiciones favorables e imitación y refuerzo42. - Asociación diferencial con pares infractores. “La probabilidad de que las personas se involucren en conductas desviadas y criminales es mayor cuando se asocian diferencialmente con otros que cometen conductas criminales y sostienen definiciones favorables a ellas” (Akers 1998; cit. en Krohn, M., 2000). De esta manera, las personas quedan más expuestas a modelos criminales, tienden a definirlos como deseables o justificados, y experimentan una mayor satisfacción por la ejecución de conductas desviadas. - Definiciones favorables a la infracción de ley: las conductas delictivas expresan valores, orientaciones normativas, actitudes, habilidades y estándares criminógenos internalizados. Los adolescentes, por la vía de su asociación en grupos, aprenden definiciones cognitivas y evaluativas que les permiten discriminar
Akers et.al. 1979, cits. en Gottfredson et.al. 1996; Akers, 1985: Conger y Simons, 1997, cits. en Tittle, 2000; Sutherland y Cressey, 1978, cits. en Rutter et.al., 2000
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entre las conductas como buenas o malas, y que les sirven como criterios de valoración de las consecuencias de las conductas que podrían esperarse en un contexto determinado. - Imitación y refuerzo. Los pares delincuentes modelan conductas para los otros, que las aprenden a través del refuerzo o la imitación. Desde la perspectiva del refuerzo, el proceso consiste primariamente en aprendizaje instrumental que ocurre directamente a través de los castigos o gratificaciones de la conducta. En el caso de la imitación, el aprendizaje funciona vicariamente, por observación de la conducta, y de las consecuencias que esa conducta tiene para otros. Una de las críticas más importantes a la teoría del aprendizaje social es la planteada por Sheldon y Eleanor Glueck (1950, cit. en Rutter et.al. 2000), a través del argumento de que “los pájaros del mismo plumaje vuelan juntos”. Rutter et.al. (2000), sostienen una posición intermedia, al indicar que existen poderosos efectos de selección mediante los cuales los individuos antisociales tienden a elegir amigos similares, pero que también las características del grupo de pares ejercen una influencia sobre las probabilidades de iniciación, persistencia o desistimiento de conductas delictivas. • Teorías del control y la influencia social

Las aproximaciones ambientales o de control se enfocan en las condiciones sociales o procesos que debilitan los controles sociales formales e informales (Janis y Mann, 1977 cits. en Rubin et.al. 1996). Jessor y Jessor (1977, cits. en Rubin et.al. 1996) enfatizan el fracaso de la vinculación convencional a la familia, la escuela y los sistemas comunitarios. En la ausencia de estos vínculos convencionales, puede ocurrir la vinculación a pares o grupos desviantes. De esta manera, la pérdida de los vínculos con las instituciones formales, y el incremento de la influencia de los grupos de pares antisociales explicarían la aparición y mantenimiento de las conductas de infracción a la ley. • Interaccionismo Simbólico y Teorías del self

La teoría del interaccionismo simbólico se enfoca en las acciones a través de las cuales los individuos buscan preservar un sentido significativo del self o ganar auto conceptos significativos (Blumer, 1969: Stryker, 1980, Kaplan, 1980: Matsueda, 1992 cits. en Tittle, 2000), proceso que durante la adolescencia tiene un espacio privilegiado en el grupo de pares. Para las teorías del self, la persona depende sustancialmente de las reacciones y evaluaciones de los otros. Por tanto, el desarrollo y la mantención de auto conceptos son motivadores claves de la conducta. Desde esta mirada, las conductas de infracción a la ley proporcionan

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un medio para superar auto-actitudes negativas y sostener una identidad prestigiosa (Kaplan, 1975, 1980: Rosenberg y Rosenberg, 1978: Katz, 1988: Short y Strodtbeck, s/a, cits. en Tittle, 2000). También se las ha interpretado como una adaptación a una identidad estigmatizada (Becker, 1963, Lofland, 1969 cits. en Tittle, 2000).

• Grupo de pares y conductas de infracción a la ley: la evidencia empírica Los estudios sugieren que la asociación con pares delincuentes es uno de los predictores más consistentes de delincuencia posterior y de reincidencia 43 , así como de otras conductas de riesgo 44 (abuso de alcohol, drogas ilegales y las conductas sexuales precoces). En general, la evidencia muestra que el formar parte de un grupo de pares delincuentes se asocia con la persistencia en las conductas de infracción a la ley, mientras que el tener pocos amigos delincuentes se asocia con el desistimiento. La consecuencia es que la asociación con un grupo de coetáneos con problemas y la pertenencia a una pandilla ejerce una clara influencia sobre las conductas delictivas. Las investigaciones también han reportado alguna evidencia que tiende a favorecer más a la teoría del aprendizaje social que a las perspectivas del self. Por ejemplo, Warr y Stafford (1991, cits. en Rutter et.al. 2000) señalan que los efectos de los pares delincuentes no vienen en alto grado mediados por las actitudes del grupo: más bien, los efectos parecen originarse en la conducta de estos. Agnew (1991, cit. en Rutter, et.al., 2000) indica que los efectos de los pares son más importantes cuando las personas están estrechamente vinculadas con los coetáneos delincuentes, cuando pasan mucho tiempo con ellos, cuando el grupo aprueba fuertemente las actividades delictivas y cuando las actividades del grupo sirven para crear presiones para el involucramiento en conductas antisociales. Quizás más relevante para propósitos de intervención social ha sido el hallazgo de que la calidad de la vinculación con los padres hace poco para contrarrestar las influencias del grupo de la misma edad. Aún cuando los jóvenes provengan de familias bien manejadas, y no experimenten otros factores de riesgo, el solo ocupar el tiempo con amigos involucrados en problemas aumenta grandemente el riesgo de desarrollar problemas similares (Warr, 1993, cit. en Rutter et.al. 2000:
Howell y Bilchik, 1995: Simourd y Andrews, 1994, cit. en Cottle et.al. 2001; Mc Cord, 1990, cit. en Igra e Irwin, 1996; Farrington, 1986, Loeber et.al., 1991, Fergusson y Linksey, 1996: Quinton, 1993, cits. en Rutter et.al. 2000; Gottfredson et.al. 1996: Battin, 1998, Elliott, 1994, cits. en NCJRS, 2000) 44 Jessor y Jessor ,1977, Jessor, Chase, Donovan, 1980, Billy y Udry, 1985, Kandel, 1985, Newcomb, Bentler, 1989, cits. en Igra y Irwin, 1996.
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Howell y Bilchik, 1995). Sin embargo, también se ha observado que el pasar tiempo libre con la familia reduce la influencia de los pares. Es probable que el seguimiento y supervisión de los padres sea importante para la restricción de las actividades de los jóvenes con coetáneos antisociales (Warr, 1993, Small, 1995; cits. en Rutter et.al. 2000). Igualmente, se ha encontrado que las influencias de los coetáneos en la generación de conductas de riesgo son más importantes durante la adolescencia que en la infancia temprana (Thornberry y Krohn, 1997; cits. en Rutter et.al. 2000: Ageton, 1983, Moffitt, 1993 cits. en NCJRS, 2000) Se ha aventurado que existe más espacio para que la conducta antisocial que comienza en la adolescencia se vea afectada por el grupo de pares, debido a las siguientes situaciones: a) comparados con los niños, los adolescentes pasan más tiempo con los amigos y menos con la familia: b) a que la naturaleza de las relaciones con los pares cambia con la edad, de manera tal que las amistades adolescentes implican compartir más sentimientos e ideas y están menos abiertas a la supervisión de los padres y: c) a que los otros factores de riesgo son menos influyentes (NCJRS, 2000; Hartup, 1983, cit. en Rutter et.al. 2000). 6.2.1.CONCEPTOS SOBRE EL GRUPO DE PARES. El presente estudio considera la determinación de resultados de las intervenciones con infractores de ley en el nivel de exposición de los adolescentes a modelos de comportamiento prevalentes entre sus pares. Nuevamente, se diferencia entre modelos antisociales y prosociales, pero desde la perspectiva de los pares. El grupo de pares antisocial sería aquel caracterizado por el predominio de modelos actitudinales y de comportamiento que involucran una alta probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas. El grupo de pares prosocial sería aquel caracterizado por el predominio de modelos actitudinales y de comportamiento que involucran una baja probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas. Constituye un factor protector de la reincidencia.

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7.VARIABLES INTERVINIENTES DINÁMICAS AL NIVEL MESO - MACRO SOCIAL

Las teorías sociológicas que han elaborado planteamientos sobre el papel de la pobreza y de la estructura de oportunidades, en la generación de conductas delictivas, son bastante numerosas. Por ejemplo, la teoría de la anomia de Merton (1938, 1957, cit. en Rutter et.al. 2000) postuló que la delincuencia era consecuencia de la tensión entre los objetivos culturales y los medios disponibles para alcanzarlos. Por su parte, Cohen (1956) destacó la falta de oportunidades para conquistar un nivel y prestigio social. Mays (1954, 1972, cit. en Rutter et.al. 2000) describió la delincuencia como un medio normal de comportarse dentro de una subcultura desfavorecida. En el caso chileno, se ha planteado que la delincuencia juvenil “se asocia a los estratos más bajos del sistema y a la falta de acceso a la estructura de oportunidades” (Cooper, 2000: 165). Es claro que los jóvenes infractores de ley constituyen un grupo en situación de exclusión social. La exclusión “dura” ha sido descrita como el producto de la confluencia entre estructuras de oportunidades asimétricas y sinergias destructivas entre los diferentes tipos de desventajas, donde la situación desfavorecida en un ámbito tiene un efecto de derrame en las dimensiones restantes (IILS, 1997, cit. en Kabeer, 1999). En consecuencia, se deben plantear objetivos de integración en al menos tres aspectos de la exclusión de los jóvenes: a) acceso a las redes comunitarias e institucionales de apoyo: b) inserción escolar y: c) inserción laboral.

7.1.ACCESO A LAS REDES DE APOYO COMUNITARIAS E INSTITUCIONALES

La exclusión social es una propiedad del marco socio - institucional básico, que se expresa en sistemas de distribución de bienes materiales y simbólicos injustos, en el sentido de que a ciertas categorías de personas se les niegan oportunidades que se les proporcionan a otras personas comparables. Específicamente, se han identificado algunos mecanismos institucionales que tienden a perpetuar la exclusión para los grupos más pobres: el sesgo institucional, el cierre social y las prácticas no normadas45.
Bachrach y Baratz (cit. en Kabeer, 1999) definen el sesgo institucional como el conjunto predominante de valores, creencias, rituales y procedimientos institucionales que operan sistemática y
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En el caso de los jóvenes infractores de ley, una buena parte de las dificultades de inserción social se deben al carácter excluyente y discriminador de los mecanismos de selección y las metodologías de intervención de los programas sociales (SENAME, 2001, proyecto piloto). La discriminación social de los adolescentes indica que la sociedad tiende a desligarse de la responsabilidad que le compete en la formación de las conductas delictivas, asumiendo un creciente distanciamiento respecto de los jóvenes que se encuentran en esta situación y fomentando acciones que los van relegando a una posición cada vez más segregada dentro del sistema social (Cortés, 2001). 46 De manera que la discriminación de las instituciones y los espacios sociales convencionales afecta las relaciones que el adolescente establece con su barrio y la comunidad y limita sus posibilidades de integración social. Normalmente, el joven tiende a realizar su inserción en condiciones adversas, “adscribiendo a modalidades de integración de carácter alternativo, con el fin de compensar la falta de acceso a los servicios regulares” (SENAME, 2001, proyecto piloto). Por tanto, el conocimiento y acceso a los servicios de la red de apoyo comunitaria e institucional es una pre-condición de la inserción social efectiva (escolar y laboral) de los adolescentes. En este marco resulta relevante el papel de “puente” que puedan desempeñar los programas de atención a los infractores de ley, la generación por parte de la red institucional de condiciones efectivas para que el sujeto pueda participar de su atención y las habilidades desarrolladas por el sujeto para reconocer la existencia de éstas y canalizar adecuadamente sus requerimientos. Las redes institucionales de apoyo son todas aquellas que surgen a partir de la relación existente entre los distintos servicios dependientes del Estado y los organismos colaboradores, y que proporcionan apoyo a los jóvenes en aspectos como el acceso a la atención en salud, la educación, la vivienda y la previsión social. Las redes comunitarias son aquellas que surgen de la asociatividad presente en la propia sociedad civil, que se constituyen a partir de las características de su entorno social cercano, que poseen una estructura propia y que permiten al adolescente participar y mantener
consistentemente para beneficiar a ciertas personas y grupos a expensas de otros. conflictos de intereses entre aquellos que participan en las instituciones y quienes no lo hacen. Por su parte, el cierre social alude a la restricción de las oportunidades a un círculo limitado de elegibles, y las prácticas no normadas refieren a la brecha entre las reglas y su implementación (normas informales que impiden el acceso a recursos). 46 A juicio de J. Cortés (2001), esta tendencia se cristaliza en la consideración del "delincuente" como una "minoría desviada, que cumple un rol casi de enemigo interno, movilizando y acaparando todos los temores y obsesiones colectivas en la vida moderna".

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relaciones constructivas y autónomas con otros entes de la sociedad (como por ejemplo, el Estado). Dentro de éstas destacan las juntas de vecinos, clubes deportivos, agrupaciones culturales, grupos religiosos, etc.

7.2.LA ESCUELA
La literatura muestra que la permanencia en la escuela y las buenas experiencias escolares constituyen factores protectores de la comisión posterior de conductas de infracción a la ley entre jóvenes provenientes de sectores urbano – marginales. Inversamente, se ha señalado que el abandono escolar es uno de los mayores predictores de la iniciación y reincidencia en la delincuencia y otras conductas de riesgo47 como el abuso de drogas. La asociación abandono escolar – infracciones a la ley es corroborada por los porcentajes sustancialmente altos de deserción escolar que muestran los jóvenes vigentes a octubre del 2001 en la Red Atención SENAME 48 . El abandono escolar temprano también constituye una variable que tiende a bloquear los resultados de las intervenciones resocializadoras49. • Factores asociados al abandono escolar y la delincuencia.

Es bastante probable que el abandono escolar resulte de las experiencias escolares negativas, así como del efecto de atracción que pueden representar fuentes de gratificación alternativas. Entre las variables que juegan un papel en el abandono escolar, se pueden mencionar: -Factores estructurales, como la pobreza50 -La ideología o cultura del fracaso que sustenta el sistema escolar formal, la que se acentúa con los jóvenes infractores, que suelen ser discriminados y estigmatizados. También destaca el uso de la repitencia como mecanismo disciplinador (García Huidobro, 2000). -Factores individuales, como la frustración o carencia de expectativas, y las dificultades de aprendizaje (derivadas de la hiperactividad)
Simourd y Andrews, 1994, cits. en Cottle et.al. 2001; Bachman, Green, Wirtanen, 1971: Gottfredson, 1981, 1987: Grissom, Shepard, 1989: Jessor y Jessor, 1987: Kandel, Kessler, Margulies, 1978: Lloyd, 1978: Loeber y Dishion, 1983, cits. en Gottfredson et.al. 1996; Rutter et.al.. (2000; Catalano y Hawkins, 1996; Hirschi, 1969, cits. en NCJRS, 2000. 48 Las tasas de deserción son especialmente altas entre los adolescentes ingresados por delitos contra las personas (39.3%) y delitos contra la propiedad (35%) (SENAME, 2001) 49 Por ejemplo, el estudio de evaluación de las Comunidades Terapéuticas del Hogar de Cristo encontró que la situación de reinserción social de sus egresados mejoraba en la medida en que aumentaba su nivel de escolaridad (Egenau y Villatoro, 2000). 50 Fashola y Slavin, 1997).
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(Rutter, et.al. 2000)51. - La atracción representada por la obtención de fuentes de ingreso complementarias para el grupo familiar, o situaciones de crisis, tal como embarazo adolescente52. La repitencia, el fracaso académico o el bajo rendimiento educativo, especialmente en los últimos grados de la enseñanza básica, constituyen los predictores más importante del abandono escolar y de una serie de dificultades adicionales53. Para algunos investigadores, la experiencia de fracaso en sí misma, no necesariamente la falta de habilidades escolares, aumenta el riesgo de deserción escolar y de conductas problema (Jessor, 1976; Farrington, 1991, cits. en Howell y Bilchik, 1995). En particular, las buenas experiencias escolares, sobre todo cuando suponen responsabilidad o éxito, tienen un papel protector de la deserción escolar, en la medida en que tienden a aumentar la autoestima y la auto – eficacia escolar (Dubow y Luster, 1990: Losel y Bliesener, 1994: Werner y Smith, 1982, 1992, Quinton y Rutter, 1988; cits.en Rutter et.al. 2000). Los estudios generalmente apoyan la hipótesis de que un bajo compromiso con la escuela y las metas convencionales se asocia con la deserción escolar y con la aparición de otras conductas de riesgo. Se cree que el escaso compromiso y las bajas aspiraciones educacionales y ocupacionales, especialmente durante la adolescencia, debilitan el vínculo escolar y se expresan en bajos niveles de esfuerzo invertidos en el trabajo escolar54. Sin embargo, en otros estudios no se ha encontrado esta asociación (Elliott, 1994: Mitchell y Rosa, 1979 cits. en NCJRS, 2000). También se ha observado que las inasistencias reiteradas a clases se asocian con la deserción escolar, y principalmente con la comisión de conductas delictivas (Quinton y Rutter, 1988; Farrington, 1995; Graham y Bowling, 1995; Robins y Robertson, 1996: cits. en Rutter et.al. 2000). Es probable que la inasistencia a la escuela tiende a
La hipótesis de la mediación genética de las conductas delictivas podría ser bastante difícil de digerir para las personas más habituadas a explicaciones que reducen la delincuencia a causas estructurales y a los procesos de interacción. Sin embargo, en los últimos años bastantes estudios han generado evidencia que al menos permite atribuir algún “porcentaje de varianza” a la mediación genética (Rutter, et.al. 2000). 52 Fashola y Slavin, R. (1997). 53 Bachman, Green, Wirtanen, 1971: Gottfredson, 1981, 1987: Grissom, Shepard, 1989: Jessor y Jessor, 1987: Kandel, Kessler, Margulies, 1978: Lloyd, 1978: Loeber y Dishion, 1983, cits. en Gottfredson et.al. 1996; Simourd y Andrews, 1994, cits. en Cottle et.al. 2001; Maguin y Loeber, 1996; Denno, 1990, cits. en NCJRS, 2000; Rutter et.al. 2000: García Huidobro, 2000. 54 Hirschi, 1969: Bachman, O´Malley, Johnston, 1978: Jessor y Jessor, 1977, cits. en Gottfredson et.al. 1996; Gottfredson, 1988; Johnston, 1991 cits. en Howell y Bilchik, 1995; Catalano y Hawkins, 1996; Hirschi, 1969, cit.s en NCJRS, 2000
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facilitar el paso a la delincuencia, al proporcionar oportunidades adicionales para la mala conducta. (Rutter et.al. 2000). Otros indicadores mencionados son el incumplimiento de las reglas del establecimiento (Gottfredson, 1988; cit. en Howell, J.C., Bilchik, S., 1995) y los cambios o transiciones escolares (Berg, 1984; Ekblom., 1979; cits. en Rutter et.al. 2000). 7.2.1.CONCEPTOS SOBRE LA INSERCIÓN ESCOLAR.

Esta investigación considera la identificación de los resultados de las intervenciones con infractores de ley en su nivel de inserción escolar, atendiendo a que la permanencia en la escuela constituye un factor protector de futuras conductas infraccionales. Dada la alta tasa de deserción escolar que evidencian los jóvenes atendidos por la Red SENAME al momento de ingresar al sistema, y teniendo en cuenta la difícil interacción que se podría generar entre un joven que muchas veces no cuenta habilidades escolares básicas y un sistema escolar que tiende a ser discriminatorio, se utilizarán los siguientes conceptos: - Reinserción escolar total: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción escolar total cuando éste cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia y rendimiento académico. - Reinserción escolar suficiente: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción escolar suficiente cuando éste cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia al establecimiento educacional respectivo. -Reinserción escolar insuficiente: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción escolar insuficiente cuando éste no cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia al establecimiento educacional respectivo. - No reinserción: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de no reinserción escolar cuando éste deje completamente de asistir a algún establecimiento educacional, ya sea por haber abandonado voluntariamente el colegio, por no haberse matriculado en el año correspondiente, o por haber sido expulsado del establecimiento.

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7.3.INSERCION LABORAL
Los estudios han encontrado que la situación social desfavorecida y la pobreza se asocian indirectamente con la delincuencia y que el desempleo tiene una correlación directa bi-direccional con las infracciones de ley 55 . La conducta antisocial en la adolescencia precede y predice niveles relativamente altos de desempleo, así como un historial de inestabilidad laboral en la vida adulta. Otras investigaciones han encontrado que el desempleo predice la delincuencia, tanto en la adolescencia como en la adultez. En esta situación confluyen los siguientes factores individuales y de estructura: - Los jóvenes con dificultades conductuales tienen una probabilidad mucho mayor de dejar la escuela sin titulaciones escolares y sin una calificación laboral suficiente. Como resultado, una mayor proporción sólo tendrá posibilidad de acceder a trabajos no calificados o semi – calificados, con bajos sueldos. - Los jóvenes infractores de ley tienen pocas habilidades de “empleabilidad”. Por tanto, tienen una cierta propensión a comportarse de maneras que los llevan a que los despidan del trabajo. Esta tendencia se podría agravar a causa de los excesos de alcohol y drogas y de los períodos de institucionalización (Sampson y Laub, 1993: cits. en Rutter et.al. 2000). - Muchos trabajos no calificados tienen muy poca seguridad en cuanto a continuidad y son proclives a incluir períodos repetidos de paro. También se ha registrado una importante reducción en el número de trabajos no calificados disponibles. En consecuencia, la falta de calificación se ha convertido en una dificultad mayor que antes (Rutter y Madge, 1976, cits. en Rutter et.al. 2000). - La desigualdad y el desempleo se han consolidado como problemas socio-económicos relativamente estables en las sociedades post – industriales. De esta manera, el desempleo estaría asumiendo una realidad más dura, convirtiéndose cada vez más en una situación vital crónica (NACRO, 1995: Field, 1990: Wilkinson, 1995: cits. en Rutter et.al. 2000). - Se ha observado que el efecto del desempleo sobre las conductas delictivas es más importante en el caso de los jóvenes que tienen historias infraccionales previas (Farrington, et.al., 1986, Farrington et.al. 1996, cits. en Rutter et.al. 2000). En esta situación funcionaría
Bolger, 1995: Conger y Elder, 1992,1993, 1994: Farnworth et.al. 1994; Farrington y Loeber, en prensa, cits. en Rutter et.al., 2000.
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el principio de acentuación, que indica que las tensiones de la vida suelen acentuar las tendencias preexistentes en el comportamiento, en vez de alterar completamente pautas de conducta. Caspi y Moffitt (1993, cits. en Rutter et.al. 2000). También podría expresar el efecto conjunto de: a) la reacción a la pérdida económica: b) del incremento del tiempo y las oportunidades para el delito y: c) el aumento de la influencia de los pares. - Se ha verificado un efecto protector del empleo sobre la reincidencia en conductas de riesgo, infracciones de ley y abuso de drogas en sujetos atendidos por programas de rehabilitación, sobre todo durante el primer año posterior al egreso. Sin embargo, esta relación fue menos importante entre los jóvenes menores de 18 años. (Villatoro, 2000). 7.3.1.CONCEPTOS SOBRE LA INSERCIÓN LABORAL Esta investigación considera la identificación de los resultados de las intervenciones con infractores de ley en su nivel de inserción laboral. Dada la alta dificultad que presenta la interacción entre una demanda por trabajo integrada por jóvenes estigmatizados, con bajos niveles de habilidades ocupacionales y de empleabilidad, y una oferta laboral cada vez más discriminatoria y con menor disponibilidad de empleos no calificados, se utilizarán los siguientes conceptos: - Reinserción laboral total: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción laboral total cuando cuente con un empleo o trabajo estable. - Reinserción laboral suficiente: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción escolar suficiente cuando éste cuente con un empleo o trabajo ocasional o esporádico. -Reinserción laboral insuficiente: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción laboral insuficiente cuando éste no cuente con empleo, pero al mismo tiempo haya buscado algún tipo de trabajo en el último tiempo. - No reinserción laboral: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de no reinserción laboral cuando éste no cuente con empleo y no haya buscado algún tipo de trabajo en el último tiempo.

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8.VARIABLES INTERVINIENTES ESTÁTICAS

Las variables intervinientes estáticas son todos aquellos atributos, características o situaciones individuales y ambientales no modificables o insensibles a los efectos de una intervención social planificada, y que incrementan o disminuyen la probabilidad de reincidencia en conductas de infracción a la ley. La incorporación de este tipo de factores dentro del modelo de reinserción es relevante por dos consideraciones teórico - metodológicas: a) debido a que permiten responder a la pregunta: ¿que funciona y con quienes? y: b) porque facilitan el control de influencias “exógenas”, que están fuera del alcance de la intervención de los programas.

8.1.GENERO

No existe un cúmulo de investigaciones sólido y abundante sobre las diferencias de género en la comisión de delitos (Rutter, et.al. 2000). Al parecer, aunque se detectan distinciones relevantes, los esfuerzos investigativos sólo recientemente han atendido a ellas; es así como, el ser varón es uno de los predictores más fuertes de la delincuencia, entre los atributos fácilmente mensurables, entonces “si entendemos por qué se asocia con un mayor riesgo de delincuencia, podríamos disponer de una valiosa pista de los procesos causales que participan en la proclividad subyacente a la conducta antisocial más en general” (ibíd: 352). Los autores sostienen que este patrón diferencial según género no sólo es común a la conducta antisocial y delictiva, sino que se encuentra en otros trastornos psicosociales y psiquiátricos y que, así mismo, por ejemplo, para elucidar la depresión, la gama de explicaciones es tan amplia como la de la delincuencia (Bebbintong, 1996; Macintyre, Hunt y Sweeting, 1996; cits. en Rutter et al. 2000). Ante esta falta de claridad se propone considerar algunas alternativas: - “En primer lugar, puede ser que aunque la delincuencia en varones y mujeres parece a grandes rasgos similar, en realidad representan dos fenómenos notablemente distintos. No obstante, los testimonios que hay indican que los factores asociados a la delincuencia en chicas son generalmente similares a los que se aplican a los chicos. - Otra posibilidad es que los factores de riesgo de delincuencia (como la hiperactividad) sean más o menos los mismos en varones y mujeres, pero haya una diferencia de sexo en su aparición.

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- La tercera alternativa es que los factores de riesgo sean los mismos en los dos sexos, pero que el sexo biológico o el género psicológico proporcione algún factor adicional de riesgo o protección” (Ibíd.: 353354). Así mismo, se destaca que las mujeres tienen menos probabilidades de ser reincidentes, cometen menos infracciones, y perpetran menos delitos realmente graves (Ibíd.: 355-360). Así mismo, los varones tienen más coetáneos delincuentes en sus grupos sociales; el consumo de alcohol y drogas ilícitas es más frecuente en varones; además tienen mayor probabilidad de tener acceso a armas de fuego. Finalmente, las chicas antisociales tienen muchas más probabilidades que las demás de convertirse en madres adolescentes; la tendencia de los chicos antisociales a convertirse en padres adolescentes es mucho menos marcada (Ibíd.: 380-381). En cuanto a los riesgos psicosociales, se ha establecido: “a) una diferencia de género en el nivel de exposición a los riesgos; b) una diferencia de género en la propensión o vulnerabilidad general a las experiencias adversas; y c) una diferencia entre varones y mujeres en la manera en la que habitualmente reaccionan a la tensión y a la adversidad” (Ibíd.: 375). Si se atiende a la influencia del entorno social más amplio, también se puede constatar diferencias; Maccoby (1986, 1988, 1990, 1998; cit. en Rutter et al., 2000) ha revisado una serie de fuentes diversas, concluyendo que los grupos sociales de los niños tienden a diferenciarse de los de las niñas en varios aspectos importantes. Pone de relieve seis contrastes: a) Los niños y las niñas son distintos en su estilo de interacción con los coetáneos del mismo sexo. Las relaciones entre los niños son más dominadoras y competitivas (...) Por el contrario, en los grupos de niñas hay más alternancias y más relación emocional; b) Hay una diferencia en el contenido del juego, siendo más probable que los niños tomen parte en desafíos y en actividades arriesgadas y de prueba de límites; c) Los grupos de niños están más orientados a parecer inequívocamente masculinos. Esto suele significar duro y no femenino. Las niñas, por otra parte, tienden a encontrar más grato que los niños el mostrar cualidades tanto masculinas como femeninas; d) Los grupos de niños suelen ser más grandes y más orientados a la realización de actividades; las niñas forman con mayor frecuencia grupos de dos y tres, que se identifican como amistades; e) Los grupos de niños tienden a estar más apartados del mundo de los adultos y se orientan explícitamente con mayor frecuencia a actividades de prueba de límites que serían desaprobadas por los adultos; y

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f) El dominio y el estatus son más importantes dentro de los grupos de compuestos exclusivamente por varones que en los femeninos” (Rutter et.al. 2000: 379-380). Finalmente, se ha identificado una pauta única de victimización física, emocional y sexual - como el primer paso hacia la justicia criminal y juvenil y como determinante primario de los delitos cometidos, típicamente, por mujeres y niñas” (Acoca, s/a: 5). Esta autora, en un estudio sobre adolescentes mujeres en el sistema de justicia juvenil de California, señala algunas características distintivas de las mujeres: g) Fragmentación familiar: las familias de las adolescentes en el sistema juvenil están fragmentadas por múltiples estresores, entre los que se incluye pobreza, muerte, violencia y patrones multigeneracionales de encarcelamiento. h) Historia de victimización: muchas adolescentes tienen una historia de victimización violenta. i) Victimización dentro del sistema de justicia: una vez ingresadas en el sistema judicial juvenil, las adolescentes son vulnerables a abusos físicos y sexuales, similares o peores que aquellos que han experimentado en sus comunidades. j) Graves problemas de salud física y mental: la gran mayoría de las adolescentes dentro del sistema de justicia juvenil ha sufrido algún problema de salud físico o mental. k) Fracaso escolar: la experiencia de fracaso educativo es mayor entre las adolescentes estudiadas. l) Edad crítica: las adolescentes parecen ser más vulnerables a experiencias como la deserción escolar, embarazo, conflictos con la justicia y abandono de hogar entre los 12 y 15 años. m) Crímenes no violentos: la mayoría de las adolescentes estudiadas han cometido delitos de tipo no violento. n) Resiliencia: las adolescentes presentan una serie de fortalezas que les permite superar los múltiples estresores que las afectan y experimentar un proceso de cambio positivo (Ibíd.; s/a). Braithwaite y Daly sostienen que la violencia tiene un cariz de género porque es una consecuencia directa de la forma en que se socializa a los hombres y de la construcción cultural de la masculinidad. Señalan que: “múltiples masculinidades están implicadas en los patrones genéricos de violencia. La violencia de los hombres hacia otros hombres envuelve una masculinidad que se sostiene en el estatus y competencia entre pares (...) Los asaltos y violaciones cometidos por hombres, en contra de mujeres, reflejan una masculinidad de dominación, control, y degradación de éstas (...) Otros tipos de violencia grave, una masculinidad desvergonzada y desconectada de las vivencias de las otras personas” (Braithwaite y Daly, 1997).

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Finalmente, se ha observado de manera preliminar, la no-existencia de diferencias estadísticas significativas en los resultados de las intervenciones con infractores de ley según género. (Lipsey, 1999; Lipsey, Wilson, D., Cothern, L., 2000). Al parecer, “lo que funciona para los hombres lo hace con las mujeres” (Lipsey, 1999, cit. en Cullen y Gendreau, 2000). Sin embargo, no está para nada claro si el género funciona como un factor específico de respuesta al tratamiento, que afecta los estilos de aprendizaje de los infractores y las modalidades óptimas de prestación de servicios (Dowden y Andrews, 1999, cits. en Cullen y Gendreau, 2000).

8.2.HISTORIA INFRACCIONAL Y DE PROBLEMAS CONDUCTUALES

Las experiencias de vida temprana tienen un papel relevante en la determinación del desarrollo posterior y la transformación del adolescente en adulto. En este sentido, es de interés identificar los factores de infancia temprana que operan como diferenciadores, en términos de las probabilidades de reincidencia de los jóvenes que cometen infracciones a la ley, tanto durante la adolescencia como en la adultez temprana. Las teorías de los Senderos han indicado que las experiencias tempranas en la comisión de infracciones a la ley tienen un papel relevante en la determinación de los caminos posteriores de comisión de delitos que se verificarán tanto durante la adolescencia como en la adultez. En particular, estas teorías sostienen que mientras más temprano ocurran las dificultades conductuales, es mayor la probabilidad de los sujetos se transformen en infractores persistentes a lo largo de la vida. Por el contrario, si la primera infracción ocurre en la adolescencia, es más probable que se esté ante infractores limitados a la adolescencia. Las investigaciones han encontrado que el inicio temprano en conductas problema se asocia con la comisión de infracciones de ley y la reincidencia en la adolescencia, así como con otras conductas de riesgo. La variable que predice de manera más importante la comisión de infracciones de ley en la adolescencia, así como el desarrollo de una carrera delictiva del tipo crónico o persistente en el transcurso de la vida, es la edad de participación en infracciones de ley y en conductas agresivas y violentas. También se ha indicado como predictores relevantes a la historia de conductas problema, la edad de

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la primera detención y la edad en que se produjo la primera la privación de libertad. Parece que mientras más temprano se participe en infracciones de ley y en conductas antisociales, es más probable que se genera una trayectoria infraccional del tipo persistente en el transcurso de la vida56. Sin embargo, Rutter et.al. han señalado que hay que ser cuidadoso al momento de decidir lo que constituye una conducta antisocial de inicio temprano, ya que no hay que hacerla necesariamente equivalente a una primera detención a una edad temprana. Por ejemplo, Moffit et.al. (1996, cits. en Rutter et.al. 2000) exigieron para la inclusión en el grupo de infractores persistentes en el transcurso de la vida, que la conducta antisocial fuera elevada al menos una desviación estándar sobre la media en al menos 3 evaluaciones realizadas en distintos momentos temporales del desarrollo previos a la adolescencia.

8.3.LAS CARACTERISTICAS DE LA FAMILIA.
Los estudios longitudinales han señalado un conjunto de factores familiares estáticos que se asocian, o “predicen”, la delincuencia posterior. Entre ellos se encuentran la parentalidad adolescente, la separación parental y la acogida en instituciones de cuidado sustituto. - Padres adolescentes. De acuerdo al estudio longitudinal de Conseur (1997, cit. en Rutter et.al. 2000), el hecho de haber nacido de madre soltera iba asociado a más del doble del riesgo de llegar a ser un infractor crónico: el haber nacido de madre menor de 18 años iba asociado a un aumento de más del triple en el riesgo de llegar a ser un infractor crónico. Las conclusiones de otros estudios son muy comparables (Farrington y Loeber, en prensa: Kolvin et.al., 1990: Maynard, 1997, cits. en Rutter et.al. 2000). Sin embargo, esta asociación podría reflejar simplemente las características de las mujeres que se convierten en madres adolescentes. Estudios de seguimiento han evidenciado la alta frecuencia con que la conducta antisocial de las muchachas se asocia tanto con la maternidad adolescente como con relaciones compulsivas con hombres antisociales. A esto le sigue un alto índice de ruptura de la relación de cohabitación, junto con dificultades de crianza y con un mayor índice de interrupción de la crianza (Quinton y Rutter, 1988,
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Loeber y Dishion, 1983, cits. en Cottle et.al. 2001; Elliot, 1986, cit. en Howell y Bilchik,1995; Farrington, 1991; Piper, 1985; Thornberry, Huizinga y Loeber, 1995; Tolan y Thomas, 1995, cits. en NCJRS, 2000; Loeber, R., Farrington, D., 1998.

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cits. en Rutter et.al. 2000). Dado que una buena cantidad de estudios muestran que el ser padre o madre adolescente va asociado a otra serie de riesgos - entre ellos, dificultades de crianza, acortamiento de la educación, pobreza, dependencia del sistema de prestaciones de la seguridad social y la falta de apoyo de una pareja -, es bastante posible que gran parte del riesgo venga dado por esas circunstancias de riesgo asociadas en vez de la edad de la madre. - Separación parental. Desde comienzos del siglo pasado, los hogares deshechos han sido descritos como un factor de riesgo de conducta antisocial. Sin embargo, investigaciones más recientes han puesto en evidencia que el riesgo principal no derivaba de la pérdida de un progenitor, ya que aunque el divorcio o la separación de los padres se asociaba con un incremento sustancial del riesgo, el asociado con la muerte de un progenitor era mínimo (Rutter, 1983, cit. en Rutter et.al. 2000). Lo que sí parece ser cierto que muchos niños de padres en proceso de separación muestran un alto grado de perturbación del comportamiento antes de que la separación tenga lugar (Block, Block y Bjerde, 1986: Cherlin et.al., 1991, cits. en Rutter et.al. 2000). Es probable que gran parte del riesgo se origine en adversidades familiares crónicas que preceden, acompañan y siguen al divorcio, en vez del acontecimiento de ruptura familiar como tal. Se ha observado que las separaciones familiares reiteradas y los cambios de cuidador (y las disfunciones en el cuidado por parte de los progenitores que ello supone) constituyen un indicador sustancial de riesgo de conducta antisocial. Por ejemplo, Dunedin et.al. (1993, cits. en Rutter et.al. 2000) encontraron que el indicador de separaciones familiares que era el más poderoso de todos los predictores familiares. Sin embargo, Farrington y Loeber (en prensa, cits. en Rutter et.al. 2000) hallaron que el efecto de la separación padres - hijos se perdía cuando se controlaban las características de la crianza de los hijos. McCord (1982, cit. en Rutter et.al. 2000) encontró que el índice de delincuencia era elevado entre los niños criados en un hogar conflictivo no deshecho, pero bajo en los procedentes de un hogar deshecho siempre que la madre fuera afectuosa. Ferguson et.al. (1992, cits. en Rutter et.al. 2000) observaron que el mayor riesgo de conducta antisocial que acompañaba a la separación se explicaba por el alto nivel de conflictividad familiar que tendía a caracterizar a las familias con múltiples cambios y separaciones. - La acogida en instituciones de cuidado sustituto. Una gran cantidad de estudios, desde Ferguson (1966) en adelante, han mostrado que los individuos que han pasado períodos de su infancia en instituciones de

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cuidado sustituto tienen una mayor probabilidad de ser delincuentes (Minty y Ashcroft, 1987: Hagell y Newburn, 1994, cits. en Rutter et.al. 2000). Se ha señalado que aunque la acogida en instituciones como tal puede no constituir el factor de riesgo más importante, las experiencias negativas en la acogida pueden aumentar los riesgos de una manera muy importante si se suman a las dificultades derivadas de una gran sucesión de cuidadores, que implica la carencia de relaciones vinculares significativas. (Utting, 1996, cit. en Rutter et.al. 2000).

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9.VARIABLES DE INTERVENCION

Las variables de intervención aluden a todos aquellos elementos que se desprenden de una acción planificada o intencionada desde el sistema de atención a los infractores de ley, y que se orientan a la modificación y cambio de los factores de riesgo y protección relevantes para lograr la reinserción social de los adolescentes. Se pueden distinguir dos tipos: a) las relativas a la garantización de derechos de los adolescentes, una vez que éstos entran en contacto con el sistema hasta que egresan de él y: b) los relativos a los procesos de intervención o tratamiento, que están específicamente orientados a la reversión de los factores de riesgo y al potenciamiento de las variables protectoras.

9.1.GARANTIZACION DE DERECHOS
Desde la suscripción de la CIDN por parte de Chile a comienzos de la década de 1990, han comenzado a predominar tendencias que, desde la perspectiva general de los DDHH, “se refieren a las consecuencias jurídicas como sanciones” y que otorgan “mayor énfasis en evitar los aspectos desocializadores de las sanciones que en promover los efectos educativos” (García Méndez y Beloff, cits. en Cillero, 2000:18). Se ha planteado “que la intervención temprana del sistema penal sobre niños y adolescentes, generalmente es un factor criminógeno y no preventivo. Es decir, de ella puede esperarse, un aumento y un agravamiento de la delincuencia y no una disminución de la misma”. Igualmente, se ha sostenido que “en cuanto a las medidas aplicables a los infractores de ley ninguna regla de garantía jurídica rige el acceso de los adolescentes a estas medidas” (Couso, 2000: 32) De esta manera, las normas internacionales sobre derechos humanos reconocen la necesidad de una respuesta que evite los daños en el desarrollo de los adolescentes y que minimice los perjuicios que provoca la intervención del sistema penal. Desde la perspectiva de la CIDN, el interés superior del niño deja de ser un objetivo realizado por una autoridad progresista o benevolente y pasa a ser un principio jurídico garantista, que obliga a la autoridad. El interés superior es una garantía de la vigencia de los demás derechos e identifica el interés superior con la satisfacción de estos” (Ciller, 2000:21-22). Los derechos humanos señalan los límites básicos o garantías que se

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reconocen al individuo ante la acción del Estado (Peña 1994: 98 ). Específicamente, “el ejercicio del ius punieni se encuentra limitado por un conjunto de garantías, que constituyen el núcleo del derecho penal”. De esta manera, “el Derecho Penal Moderno se constituye para ser la tutela del ciudadano ante el arbitrio público” (Ferrajoli, cit en Cillero, 2000:6). En términos de la acción del sistema de justicia, los DD.HH. reciben la denominación de garantías, para enfatizar la responsabilidad de resguardo por parte de las instituciones y agentes del Estado, en conformidad a las normas constitucionales e internacionales vigentes en Chile. Las principales garantías o derechos de que gozan los adolescentes en el sistema de justicia chileno pueden dividirse en tres tipos: a) generales: b) las relativas al debido proceso y: c) las que refieren a la ejecución de las medidas. • Garantías generales

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1. Todas las garantías reconocidas a todas las personas en la Constitución y en los Tratados internacionales vigentes en la República. 2. La libertad personal. La privación de libertad será siempre una medida de último recurso y se aplicará por el tiempo más breve que proceda. Se entiende por privación de libertad toda forma de aprehensión, arresto o detención, así como el internamiento en recintos públicos o privados, ordenado o practicado por la autoridad judicial u otra autoridad pública, del que no se permita salir al adolescente por su propia voluntad. 3. Presunción de inocencia. Tiene derecho a que en todas las instancias del sistema se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley. 4. Interés superior del niño. En todas las medidas concernientes a los niños, que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a que se atenderá será el interés superior del niño (a. 3.1 Convención Derechos del Niño). • Garantías relativas al debido proceso

1. Juicio oral 2. Defensa letrada, gratuita, oportuna y especializada. 3. Tribunal Independiente 4.Tribunal Imparcial 5. Tribunal especializado 6. Presentar pruebas
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PEÑA (1994), p. 98

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7. Reserva del procedimiento 8. Igualdad. Los derechos y garantías reconocidos en esta ley se aplicarán a todos los adolescentes, sin discriminación alguna por razones de sexo, origen étnico, condición social o económica, religión o cualquier otro motivo semejante, ni en atención a las circunstancias de sus padres, familiares, tutores o personas que lo tengan a su cuidado. 9. Interés Superior del niño. En todas las actuaciones judiciales o administrativas relativas a los procedimientos y medidas aplicables a los adolescente infractores a ley penal, se deberá tener en consideración el interés superior del adolescente que se expresa en el reconocimiento y respeto de sus derechos fundamentales. 10. Integridad corporal. Ningún adolescente puede ser sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, ni a cualquier otra forma de atentado contra su dignidad y desarrollo integral. 11. Principio de Separación. Las personas que se encontraren privadas de libertad en aplicación de alguna de las sanciones previstas en esta ley, sea en forma transitoria o permanente, en un lugar determinado o en tránsito, deberán permanecer siempre separadas de las personas juzgadas o sancionadas según la ley aplicable a los adultos. • Garantías en la ejecución de las medidas

1. Ser tratado de una manera que fortalezca el respeto del adolescente por los derechos y libertades de las demás personas, resguardando su desarrollo, dignidad e integración social. 2. Ser informado de sus derechos y deberes, con relación a las personas e instituciones que lo tuvieren bajo su responsabilidad. 3. Conocer las normas que regulan el régimen interno de las instituciones o programas a que se encuentre sometido, especialmente en lo relativo a las causales que puedan dar origen a sanciones disciplinarias en su contra o a que se declare el incumplimiento de la sanción. 4. El derecho a presentar peticiones ante cualquier autoridad competente, a obtener una respuesta pronta, a solicitar la revisión de su medida en conformidad a la ley y a denunciar la amenaza o violación de alguno de sus derechos ante el Juez. 5. Contar con asesoría permanente de un abogado. 6. Derechos aplicables a las medidas privativas de libertad. Además de los derechos establecidos anteriormente, los adolescentes sometidos a una sanción privativa de libertad tendrán derecho a: 7. Recibir visitas periódicas, en forma directa y personal, al menos dos veces a la semana, con una duración mínima de hasta dos horas cada vez; 8. La integridad e intimidad personal; 9. La satisfacción de sus necesidades básicas;

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10. Recibir atención de salud y a acceder a servicios educativos adecuados para las personas de su edad; 11. No ser trasladado desde el centro donde cumple la sanción, a menos que por motivos de seguridad deba adoptarse dicha determinación, que en todo caso deberá ser revisada por el tribunal, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 90. 12. Que se revise periódicamente la pertinencia de la mantención de la sanción en conformidad con lo dispuesto en esta Ley, como también a que se controlen las condiciones en que ella se ejecuta; y, 13. A comunicarse privadamente con su abogado. 14. En caso de internación provisoria, comunicarse por escrito, por teléfono o por cualquier otro medio; en conformidad con las prescripciones del reglamento, 15. En caso de internación provisoria, procurarse a sus expensas las comodidades y ocupaciones que no fueren incompatibles con la seguridad del recinto en que se encontrare, todo ello de acuerdo a lo dispuesto en el reglamento de la presente ley.

9.2.VARIABLES DE TRATAMIENTO
Desde comienzos de la década de 1990, los meta - análisis de evaluaciones de programas y la literatura especializada en la intervención con adolescentes infractores de ley han identificado un conjunto de características de los programas que determinan una mayor o menor probabilidad de lograr efectos significativos de reducción de la reincidencia. Entre estos factores se cuentan: - Ambiente en el que se proporciona el programa. Existe una evidencia más o menos importante de que los programas que prestan servicios en la comunidad son más efectivos en la reducción de la reincidencia que aquellos que son desarrollados en espacios institucionales58. Sin embargo, estas relaciones no han sido encontradas en todos los meta análisis (Cullen y Gendreau, 2000). - Enfoque y metodología de intervención. Se ha observado en los meta análisis que los programas multimodales o multicomponentes y las intervenciones cognitivo -conductuales producen los mayores efectos en la reducción o eliminación de las conductas delictivas: esto es, los programas que se basan en los principios del aprendizaje social, que se enfocan en el cambio cognitivo - conductual, que buscan crear
Andrews, et.al., 1990: Andrews, 1995: Andrews y Hoge, 1995: Gendreau, 1996; Cleland, et.al., 1997: Losel, 1995: Redondo, Sánchez Meca y Garrido: 1999, cit.s en Cullen, Gendreau, 2000; Howells, K., Day, A., 1999; National Mental Health Association, 2000
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habilidades sociales y capital humano en los infractores, y usan más que una modalidad de tratamiento para enfrentar los múltiples problemas que experimentan los infractores59. - Organización y Planificación del programa. Tanto para los jóvenes institucionalizados como los no institucionalizados, los mayores efectos de la intervención han sido obtenidos por programas relativamente bien establecidos, con dos años o más de funcionamiento. También se ha observado que las características generales del programa (por ejemplo, la manera en que está organizado, administrado y equipado) se relacionan de manera importante con los efectos de la intervención. Otras características son el contar con un modelo conceptual claro y la formulación de una planificación multifacética. Los programas no bien establecidos adolecen de falta de capacitación de los recursos humanos, usan modalidades de tratamiento menos efectivas, no disponen de manuales de tratamiento comprehensivos y bien diseñados, y no desarrollan mecanismos para monitorear la integridad terapéutica (Lipsey, Wilson, D., Cothern, L, 2000; Antonowicz y Ross, 1994, cits. en Cullen y Gendreau, 2000). - Intervención con la familia. Desde el punto de vista eco-sistémico, se plantea que la intervención debe desarrollarse en el contexto social del adolescente. En ese marco, la participación de las familias de los infractores en los programas constituye un factor que permite maximizar los efectos sobre la reincidencia, debido a que en los problemas de funcionamiento familiar se encuentran algunos de los factores de riesgo y protección que inciden en la inserción social del adolescente. Se ha planteado que las familias deberían participar al máximo en el desarrollo e implementación de los planes individuales de tratamiento, y que deberían estar informadas de los servicios que reciben los adolescentes. Sin embargo, la evidencia al respecto no es tan concluyente. Sólo algunos estudios han encontrado impactos positivos de la participación de los integrantes de la familia en el funcionamiento familiar, la conducta delictual y la reincidencia (Sherman, 1997, cit. en National Mental Health Association, 2000). - Implementación del programa. El tiempo de permanencia en tratamiento se asocia consistentemente a los resultados de la intervención, tanto para jóvenes atendidos en ambientes institucionales como para quienes reciben servicios en espacios comunitarios. En general, una permanencia más larga en tratamiento se correlaciona con una menor reincidencia en conductas de infracción de ley. Esta relación comienza a observarse a partir de los 6
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Andrews, et.al., 1990: Palmer, 1995: Losel, 1995: Lipsey, 1999; Redondo, Sánchez Meca y Garrido, 1999, cits. en Cullen y Gendreau, 2000; National Mental Health Association, 2000.

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meses de permanencia en los programas60. Sin embargo, se debe tener en cuenta que esta asociación no necesariamente es lineal, ya que algunos estudios individuales han encontrado una especie de techo para los efectos de la intervención a partir de los 12 meses de permanencia en los programas (Egenau y Villatoro, 2000). También se ha indicado que la implementación de la intervención de acuerdo a lo planificado (por ejemplo, el cumplimiento de los objetivos del plan individual de intervención) y el seguimiento a los infractores después que ellos completaron el programa, proporcionándoles una prevención estructurada de la recaída, ayudan a evitar o disminuir algunos efectos negativos de la reincidencia 61. - Características del personal. Una de las variables de tratamiento que mejor predice la no-reincidencia es la administración del programa por personal de salud mental, en contraste a aquellos que son implementados por funcionarios de la justicia juvenil 62 No se han proporcionado mayores explicaciones para este hallazgo. Sin embargo, uno de los factores que podría explicar la situación es la calidad y tipo de relación que se establece entre los jóvenes y el personal proveniente de la justicia juvenil. Por ejemplo, se ha establecido que los programas que cuentan con equipos capacitados en tratamiento, acogedores y capaces de crear vínculos significativos con los jóvenes tienen los mejores resultados (Andrews, 1995: Andrews y Hoge, 1995: Gendreau, 1996, cits.en Cullen y Gendreau, 2000).

Lipsey, 1999; Lipsey, 1999, cit. en Cullen y Gendreau, 2000; Lipsey, Wilson, D., Cothern, L., 2000; Egenau y Villatoro, 2000; National Mental Health Association, 2000. 61 Andrews, 1995: Andrews y Hoge, 1995: Gendreau, 1996, cits.en Cullen y Gendreau, 2000; Lipsey, 1999; Lipsey, Wilson, D., Cothern, L, 2000. 62 Lipsey, 1999, Lipsey, 1999, cit. en Cullen y Gendreau, 2000; Lipsey, M., Wilson, D., Cothern, L., 2000; National Mental Health Association, 2000.

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10.DEFINICIONES NOMINALES DE LOS INDICADORES Y VARIABLES.

10.1.REINSERCION SOCIAL
Estado global de situación del joven infractor de ley en tres dimensiones básicas de su proceso vital de desarrollo: individual, micro social y meso - macro social. Con el concepto de reinserción se procura caracterizar el estado de funcionamiento psicosocial del joven en los siguientes ámbitos: ajuste personal y vinculación con las instituciones sociales convencionales. - Niveles o categorías de la reinserción social: - Reinserción Total: mejoría global en la situación del joven infractor. Se consiguen todos o la mayoría de los objetivos planificados, suficientes para garantizar la reinserción adecuada del usuario. El joven no reincide en infracciones de ley, no presenta conductas de riesgo relacionadas con las drogas, y evidencia una situación de reinserción familiar y escolar - laboral al menos suficiente. - Reinserción Suficiente: mejoría parcial en la situación del joven infractor. Se consiguen algunos de los objetivos planificados, suficientes para garantizar la reinserción adecuada. El joven no reincide en infracciones a la ley y no presenta conductas de riesgo relacionadas con las drogas, y logra una inserción familiar o escolarlaboral suficiente. - Reinserción Insuficiente: cambio insuficiente en la situación del joven infractor. El joven no reincide en infracciones a la ley, pero evidencia una situación negativa en las dimensiones conductas de riesgo relacionadas con las drogas, inserción familiar y social. - No Reinserción: la situación global del joven infractor se mantiene igual o empeora. No se consiguen los objetivos planificados. El joven reincide en infracciones a la ley. 10.2.DIMENSION INDIVIDUAL DE LA REINSERCION Considera las variables e indicadores relativos a las conductas, habilidades, competencias y actitudes de los adolescentes, que favorecen su responsabilización y reinserción social.

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- Reincidencia: Cualquier nueva inculpación o intervención probada de un adolescente como autor, cómplice o encubridor en un hecho tipificado como crimen o simple delito en el Código Penal o en las leyes penales especiales. Será reincidente (o reinfractor) cualquier joven inculpado o responsable de un hecho definido como crimen o delito en el Código Penal o en las leyes penales especiales. - Conductas de riesgo vinculadas al abuso de alcohol y/o drogas: Todos aquellos comportamientos de ingesta de alcohol y drogas ilegales, no - normativos en oportunidad y extensión, que impliquen una alta probabilidad de consecuencias físicas, psicológicas o sociales para el adolescente que pueden ser consideradas negativas o dañinas, o bien cuando su uso reiterado genere riesgos físicos importantes. Se considerará que el adolescente estará desarrollando patrones de abuso de alcohol y drogas cuando manifieste uno o más de los siguientes comportamientos: - Comportamientos antisociales o violentos que son gatillados bajo los efectos de la ingesta abusiva de alcohol y/o drogas: - Comportamientos antisociales o violentos derivados de la compulsión por acceder o comprar alcohol o sustancias ilegales - Problemas o dificultades de funcionamiento social que resultan de la ingesta abusiva de alcohol y/o drogas en las áreas de relaciones familiares, rendimiento escolar y/o laboral y problemas legales. - Responsabilización por el acto La predisposición o tendencia del joven a reconocer, desde lo cognitivo - emocional, que la conducta de infracción a la ley resultó de una elección equivocada, y que afectó o provocó daños a terceras personas. - Responsabilidad Social La propensión o tendencia cognitiva, afectiva y conductual a conformarse y respetar las normas sociales convencionales y la autoridad, y al mismo tiempo de desarrollo de empatía con los otros integrantes de la sociedad. - Autoestima La predisposición o tendencia relativamente estable a la auto evaluación de una manera determinada (positiva o negativa), en los ámbitos cognitivo, afectivo y conductual. Es la actitud de la persona hacia sí misma.

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- Auto eficacia La convicción personal que tiene el sujeto que puede ejecutar exitosamente la conducta requerida para producir un resultado, o la percepción de la capacidad que tiene una persona para lograr un nivel especificado o un tipo de actuación en un lugar concreto. - Autocontrol La percepción del sujeto en torno a su capacidad para auto modificar (se) o inhibir la probabilidad de ocurrencia de una conducta operada sobre la base de procesos hedónicos, a través de su esfuerzo y usando recursos psicológicos propios. 10.3.DIMENSION MICRO-SOCIAL DE LA REINSERCION

- Inserción Familiar: - Incluye las siguientes variables relativas a la situación del adolescente en su contexto familiar: permanencia del adolescente en su grupo familiar, calidad de las relaciones e interacciones familiares, pautas de supervisión familiar y modelos conductuales familiares. Considera los siguientes niveles o categorías. - Reinserción Familiar Total: mejoría global en la situación de inserción familiar del joven infractor. El joven permanece con su grupo familiar, y la situación es adecuada en todas las dimensiones de relacionamiento familiar. - Reinserción Suficiente: mejoría parcial en la situación del joven infractor. El joven permanece con su grupo familiar, y la situación es adecuada en una o dos de las dimensiones de relacionamiento familiar. - Reinserción Insuficiente: cambio insuficiente en la situación del joven infractor en su grupo familiar. El joven permanece con su grupo familiar, pero la situación es negativa en todas las dimensiones del funcionamiento familiar. - No Reinserción: el joven infractor no reside con su grupo familiar, o hace abandono de éste.

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- Conceptos relativos a la familia - Estilos de supervisión autoritarios o coercitivos: todas aquellas prácticas de control parental que son demandantes, excesivamente severas, duras, castigadoras y no receptivas con los adolescentes. Se las entiende como un factor de riesgo. - Estilos de supervisión negligentes y permisivos: todas aquellas pautas de control parental no demandantes, laxas, erráticas, sin expectativas y normas claras de conducta y con alta receptividad con los adolescentes. Estos patrones se expresan en niveles bajos de monitoreo parental, que repercuten en un escaso conocimiento de los padres en torno a las amistades y actividades del joven en su tiempo libre. Se las considera como factores de riesgo. - Estilos de supervisión democráticos: todas aquellas prácticas de control parental demandantes y receptivas con los adolescentes. Se caracterizan por el predominio de expectativas y normas de conducta claras, que consideran pautas de castigo consistentes y no erráticas. Constituye un factor protector. - Relaciones familiares apoyadoras: todas aquellas interacciones caracterizadas por el predominio de vínculos acogedores, de apego emocional, aceptación y de cercanía entre los distintos integrantes del grupo familiar. - Relaciones familiares no apoyadoras: todas aquellas interacciones caracterizadas por el predominio de: a) vínculos fríos, de escaso apego emocional, rechazo y lejanía: b) de relaciones caracterizadas principalmente por pautas de comportamiento conflictivas, agresivas y violentas. - Modelos familiares de comportamiento antisocial: predominio, entre los padres u otros familiares significativos en la vida del adolescente, de actitudes y conductas que tienen una alta probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas. - Modelos familiares de comportamiento prosociales: predominio, entre los padres u otros familiares significativos en la vida del adolescente, de actitudes y conductas que tienen una baja probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas. - Grupo de Pares: Se entenderá que el adolescente se encuentra en situación de reinserción total cuando se vincule predominantemente con un grupo

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de pares prosocial. Por el contrario, se lo calificará en situación de no reinserción cuando establezca relaciones con un grupo de pares antisocial. - El grupo de pares antisocial: sería aquel caracterizado por el predominio de modelos actitudinales y de comportamiento que tienen una alta probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas. Constituye un factor de riesgo o “precipitador” de la reincidencia. - El grupo de pares prosocial: sería aquel caracterizado por el predominio de modelos actitudinales y de comportamiento que tienen una baja probabilidad de comprometer y/o provocar daños físicos, psicológicos y sociales al sujeto ejecutante y a terceras personas. Constituye un factor protector de la reincidencia.

10.4.DIMENSION MESO-MACRO SOCIAL DE LA REINSERCION • Inserción Escolar - Laboral

Reinserción total: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción total cuando éste: - Cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia y rendimiento académico del establecimiento respectivo (escuela, liceo o programa de capacitación) y/o: - Cuente con un empleo o trabajo estable. Reinserción suficiente: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción suficiente cuando éste: - Cumpla con los requerimientos mínimos de asistencia al establecimiento educacional o programa de capacitación respectivo y/o: - Se encuentre en situación laboral de ocupado, pero no cuente con empleo estable. Reinserción insuficiente: se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción escolar insuficiente cuando éste: - No cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia al establecimiento educacional o de capacitación y: - Se encuentre en situación laboral de desocupación. No reinserción: se entenderá que el adolescente se encuentra en una

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situación de no reinserción cuando: - No esté incorporado al sistema educacional, ya sea por haber abandonado voluntariamente el colegio, por no haberse matriculado o por haber sido expulsado del establecimiento o programa y: -Se encuentre en situación laboral de inactivo. - Red Institucional de Apoyo Todas aquellas instituciones y organizaciones formales, públicas y privadas, orientadas directa o indirectamente a proporcionar bienes y servicios a los jóvenes infractores de ley en ámbitos como la atención en salud, vivienda, previsión social, capacitación y orientación y derivación a servicios. • Red Comunitaria

Todas aquellas organizaciones que surgen de la asociatividad presente en la propia sociedad civil y que se constituyen a partir de las características de su entorno social cercano, y que permiten al adolescente mantener relaciones con otros entes de la sociedad. Dentro de éstas destacan juntas de vecinos, clubes deportivos, agrupaciones culturales y grupos religiosos. • Garantización de Derechos

Medida del cumplimiento de las garantías y derechos básicos de los jóvenes en cuanto al debido proceso y a la ejecución de las medidas. • Historia Infraccional

Sucesión de eventos vitales en la historia del joven que consideran infracciones a la ley e interacciones con el sistema de justicia.

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11.DEFINICIONES OPERACIONALES.

11.1.OPERACIONALIZACION DEL INDICADOR DE REINSERCION
Implica los siguientes pasos o procedimientos: 1 Jerarquización de las dimensiones - objetivos y selección de indicadores dentro de cada una de las dimensiones de la reinserción. 2 Asignación de puntajes a las categorías o niveles de reinserción y ponderación de los objetivos. 3. Operacionalización de las categorías de reinserción dentro de cada una de las variables, y definición de los puntajes correspondientes 4. Definición de los intervalos correspondientes a cada uno de los tipos o categorías de reinserción. 5. Determinación de la modalidad de cálculo o asignación de los casos a la categoría correspondiente de reinserción. Paso 1. Se consideraron como más relevantes los siguientes indicadores o variables por dimensión: INDIVIDUAL No reincidencia Conductas de riesgo relacionadas con las drogas Competencias y habilidades psicológicas Paso 2. Asignación de puntajes a las categorías o niveles de reinserción y ponderación de los objetivos. Reinserción Total = 7 Reinserción Suficiente = 5 Reinserción Insuficiente = 3 No reinserción = 1 Se decidió ponderar al 50 % el puntaje que obtenga cada sujeto en la dimensión individual. El resto de las dimensiones tiene una ponderación equivalente al 25% del puntaje total. Paso 3. Operacionalización de las categorías de reinserción dentro de cada una de las variables, y definición de los puntajes MICROSOCIAL MESO-MACROSOCIAL Permanencia con el grupo Inserción Escolar Familiar Inserción Laboral Pautas de supervisión, apego familiar y modelos parentales.

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correspondientes. • DIMENSION INDIVIDUAL

- No Reinserción = 1 Al momento de la realización del estudio, el joven se encuentra en una o más de las siguientes condiciones: - En situación de reingreso en algún establecimiento de la Red SENAME o institución colaboradora, en calidad de inculpado o como responsable por alguna infracción a la ley penal. - En situación de privación de libertad en algún establecimiento de Gendarmería de Chile, en calidad de procesado o condenado por alguna infracción a la ley penal. - En situación de prófugo del sistema penal juvenil o adulto (pendiente cumplimiento condena). - En situación de residente de un programa de rehabilitación de drogas o en una institución de salud mental. - En situación de paradero o residencia desconocida por parte de la familia o adultos responsables. - En situación de residencia predominante en la calle o en espacios públicos. Cada una de las situaciones descritas arriba son causales automáticas de calificación en situación de no-reinserción en el indicador resumen. - Inserción Insuficiente = 3 El joven manifiesta haber ejecutado una o más de las siguientes conductas de riesgo relacionadas con las drogas en los últimos 6 meses anteriores a la realización del estudio: - Comportamientos antisociales o violentos gatillados bajo los efectos de la ingesta de alcohol y/o drogas. - Comportamientos antisociales o violentos derivados de la compulsión por acceder o comprar alcohol o sustancias ilegales - Dificultades de funcionamiento social derivados del abuso de alcohol y/o drogas en las áreas de relaciones familiares, rendimiento escolar y/o laboral y problemas legales. - Inserción Suficiente = 5 - El joven no se encuentra en ninguna de las situaciones descritas en los niveles de reinserción no - calificable o de no-inserción. - El joven obtiene puntajes bajos en las escalas de funcionamiento y habilidades psicosociales: auto control, autoestima, autoeficacia y

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responsabilización por el acto. La definición operacional de auto control, autoestima y auto eficacia considera los puntajes que los jóvenes obtienen a partir de sus respuestas a un conjunto de ítems o preguntas (escalas) relativas a estas variables. La definición operacional de responsabilización por el acto atiende a las calificaciones o juicios realizados por el educador, el tío, o el funcionario más cercano al joven, sobre la situación de responsabilización de éste último. - Inserción Total = 7 - El joven no se encuentra en ninguna de las situaciones descritas en los niveles de reinserción no - calificable o de no-inserción. - El joven obtiene puntajes medios o altos en las escalas de funcionamiento y habilidades psicosociales: auto control, autoestima, autoeficacia y responsabilización por el acto. • DIMENSION MICROSOCIAL

Considera variables relativas al funcionamiento familiar y a la asociación con pares. Se utilizará una ponderación del 70% de los objetivos en el área familia y de un 30% en lo relacionado con el grupo de pares. • FAMILIA

- No reinserción familiar = 1 - El joven, al momento de la realización del estudio, se encuentra en situación de paradero o residencia desconocida por parte de la familia o adultos responsables. - En situación de residencia predominante - en la mayor parte del tiempo - en la calle o en espacios públicos al momento de la realización del estudio. - Reinserción Familiar Insuficiente = 3 - El joven no se encuentra en ninguna de las situaciones descritas en el nivel de no reinserción familiar. - El joven manifiesta que la situación de su grupo familiar, durante el último mes, es negativa en las siguientes dimensiones de funcionamiento familiar (puntajes bajos en la escala de percepción del funcionamiento familiar). - Pautas de manejo y supervisión

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- Vinculación y apego familiar - Modelos parentales o de adultos significativos dentro de la familia. - Reinserción Familiar Suficiente = 5 - El joven no se encuentra en ninguna de las situaciones descritas en el nivel de no reinserción familiar - El joven obtiene puntajes intermedios en la escala de percepción del funcionamiento familiar, que considera: - Pautas de manejo y supervisión - Vinculación y apego familiar - Modelos parentales o de adultos significativos dentro de la familia. - Reinserción Familiar Total = 7 - El joven no se encuentra en ninguna de las situaciones descritas en el nivel de no reinserción familiar - El joven obtiene puntajes altos en la escala de percepción del funcionamiento familiar. • GRUPO DE PARES

- No inserción = 1 El joven obtiene puntajes altos en la escala de asociación con pares con problemas conductuales. - Inserción no calificable = 4 El joven obtiene puntajes intermedios en la escala de asociación con pares con problemas conductuales. - Inserción Total = 7 El joven obtiene puntajes bajos en la escala de asociación con pares con problemas conductuales. • DIMENSION MESO Y MACRO SOCIAL

Considera indicadores relativos a la inserción escolar y laboral del joven. Incluye las siguientes categorías: - No Reinserción Social = 1 Se calificará al joven en esta categoría cuando éste se encuentre, simultáneamente, en las siguientes situaciones:

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- No esté incorporado al sistema educacional o de capacitación al momento de ser realizado el estudio por las siguientes causales: a) Por no haberse matriculado en un establecimiento educacional en el año académico correspondiente. b) Por encontrarse en calidad de expulsado del establecimiento o programa en el año académico correspondiente. c) Por abandono voluntario del establecimiento educacional o del programa de capacitación en el año académico correspondiente. - Se encuentre en situación laboral de inactivo. Dentro de la categoría inactivos se considera a todos aquellos jóvenes de 14 años o más, que declaren no haber tenido trabajo durante la semana anterior a la realización del estudio, y que no realizaron esfuerzos definidos para conseguir uno durante los dos meses anteriores a la realización de la encuesta Se excluye del análisis de la inserción laboral a los jóvenes no incorporados a la fuerza de trabajo, constituida por las personas menores de 14 años, que no han trabajado nunca, y que tampoco han buscado trabajo. -Reinserción Insuficiente = 3 Se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción social insuficiente cuando éste presente al menos una de las siguientes situaciones: - No cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia al establecimiento educacional o de capacitación al momento de realizarse el estudio. Se entenderá por requerimientos escolares mínimos de asistencia los que estén vigentes en el establecimiento escolar o programa de capacitación al momento de la realización del estudio. - Manifieste encontrarse desocupado al momento de realizarse el estudio. Se considerará como desocupados a todos aquellos jóvenes de 14 años o más, que declaren no haber tenido trabajo durante la semana anterior a la realización del estudio, pero que afirmen haber realizado esfuerzos definidos para conseguir uno durante los dos meses anteriores a la realización del estudio. -Reinserción Suficiente = 5 Se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción suficiente cuando éste cumpla al menos con una de las siguientes condiciones:

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- Cumpla con los requerimientos mínimos de asistencia al establecimiento educacional o programa de capacitación respectivo. - Se encuentre en situación laboral de ocupado, pero no cuente con empleo estable. Como ocupados se considerará a todos los jóvenes de 14 años o más que declaren haber trabajo una hora o más en la última semana anterior a la realización del estudio. Incluye estar trabajando por remuneración (sueldo, salario, pago en especie, comisión) utilidades o ganancias o como familiar no remunerado. - Reinserción total Se entenderá que el adolescente se encuentra en una situación de reinserción total cuando éste cumpla con al menos una de las siguientes condiciones: - Cumpla con los requerimientos escolares mínimos de asistencia y rendimiento académico del establecimiento respectivo (escuela, liceo o programa de capacitación). Se entenderá por cumplimiento de los requerimientos académicos mínimos que el joven, al momento de la realización del estudio, tenga un promedio de notas de 4.0 o superior. - Cuente con un empleo o trabajo estable. Se incluirán dentro de la categoría empleo estable a todos los jóvenes de 14 años o más que declaren haber trabajado la mayor parte del tiempo en la última semana anterior a la realización del estudio. Paso 4. Definición de los intervalos correspondientes a cada uno de los tipos o categorías de reinserción. Reinserción ideal = 6-7 Reinserción suficiente = 4- 5.9 Reinserción insuficiente = 2-3.9 No reinserción = 1-1.9 Paso 5. Determinación de puntaje de reinserción para cada uno de los casos observados. El puntaje medio de reinserción para cada caso se obtendrá considerando las siguientes ponderaciones: - Dimensión Individual: 50% - Dimensión Micro Social = 25% - Dimensión Meso-Macro Social = 25%. De esta manera, la fórmula de cálculo es la siguiente: MRn = Puntaje DINDn + (∑ MICn - MACn) 2 --------------------------------

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2 Donde: MRn = puntaje reinserción caso n DINDn = puntaje del caso n en la dimensión individual MICn = puntaje del caso n en la dimensión micro social MACn = puntaje del caso n en la dimensión macro social.

11.2.DEFINICIONES OPERACIONALES DE ALGUNAS VARIABLES INTERVINIENTES DINÁMICAS Y ESTÁTICAS

CONOCIMIENTO, ACCESO Y USO DE LA RED INSTITUCIONAL DE APOYO

Se la entiende como una o más respuestas afirmativas de los jóvenes en cuanto al conocimiento, solicitud de ayuda o atención, obtención de algún servicio y su inclusión en alguno de los siguientes programas, durante los últimos 6 meses anteriores a la realización del estudio: -Conocimiento de la oferta de salud y la manera de acceder a ella - Inscripción como beneficiario en el servicio de salud que le corresponde -Concurre al Servicio de Salud cuando lo requiere (Centros de Salud Mental, Programa de Salud Adolescente). -Dispone de credencial de salud - Carné FONASA - y sabe como usarla. - Conoce existencia de Becas escolares (presidente de la república y la solicita) - Dispone de carné de identidad - Conoce oferta de programas de Capacitación (SENCE, Chile Joven, FOSIS) - Conoce la existencia de programas de prevención o tratamiento de drogas - Conoce la existencia de programas de Deporte y Recreación. • HISTORIA INFRACCIONAL

Se la entiende como un índice que incluye: - El tiempo de permanencia en instituciones de la Red SENAME por causales de infracción a la ley penal. Considera los ingresos anteriores a la Red. - La edad en que se produjo el primer ingreso a la Red SENAME por

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alguna causal vinculada a infracciones a la ley penal. • HISTORIA DE DISRUPCIONES FAMILIARES

Se la entiende como un índice que incluye: - El tiempo de permanencia en instituciones de la Red SENAME por causales vinculadas a las alteraciones de tuición. Considera los ingresos anteriores a la Red. - La edad en que se produjo el primer ingreso a la Red SENAME por alguna causal vinculada a las alteraciones de tuición. • CONOCIMIENTO, ACCESO Y PARTICIPACION EN LA RED COMUNITARIA

Se la entiende como una o más respuestas afirmativas de los jóvenes en cuanto a su conocimiento y participación en alguna de las siguientes organizaciones territoriales, durante los últimos 6 meses anteriores a la realización del estudio: Juntas de Vecinos Clubes Deportivos Agrupaciones Culturales Iglesia, Grupos Religiosos Organización de Apoyo al Desarrollo Infanto - Juvenil Consejo Comunitario de la Infancia y Adolescencia.

11.3.DEFINICIONES OPERACIONALES DE VARIABLES DE INTERVENCION
• NO GARANTIZACIÓN DE DERECHOS

Se entenderá que el sistema de justicia no cumple con las garantías del debido proceso y en la ejecución de las medidas cuando las respuestas del adolescente, al momento de la realización del estudio, indiquen que existió violación de derechos en al menos uno de los siguientes aspectos: - Acceso a defensa gratuita. - No torturas, violencia o malos tratos físicos o psicológicos - Separación de la población penal adulta - Información de derechos y deberes por las personas e instituciones responsables - Información de las normas y causales que dan origen a sanciones disciplinarias en su contra.

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- Conocimiento del derecho de presentar peticiones de revisión de la medida impuesta y a obtener respuesta pronta. - Conocimiento del derecho de denunciar la violación de alguno de sus derechos ante el juez - Contar con la asesoría permanente de un abogado - Información del derecho de recibir visitas periódicas, en forma directa y personal, al menos dos veces a la semana, con una duración mínima de hasta dos horas cada vez. - No torturas, violencia o malos tratos físicos o psicológicos - Satisfacción de necesidades básicas - Recepción de atención en salud - Acceso a servicios educativos - No traslado del centro sin previa orden del tribunal - Comunicación privada con el abogado. - Comunicación escrita o telefónica con familiares u otras personas significativas. • TIEMPO DE PERMANENCIA EN PROGRAMAS DE LA RED SENAME.

Se lo entiende como el número total de días en los que el joven permaneció (o permanece, al momento de la realización del estudio de validación) en algún programa propio o colaborador de la Red SENAME. • INTERVENCION COMUNITARIA O INSTITUCIONAL

Se entiende como intervenciones proporcionadas en ambientes o settings institucionales a todas aquellas que consideran la residencia obligada de los jóvenes en las dependencias del programa por un mínimo de cinco días semanales. La obligatoriedad se define tanto por una medida del tribunal, o por que el programa define como requisito la residencia. Por tanto, se entiende como: - Programas en ambiente institucional: Centros de Rehabilitación Conductual - Programas en ambiente comunitario: Centros de Rehabilitación Conductual Diurna y Libertad Vigilada.

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12.MARCO METODOLOGICO DEL ESTUDIO
La prueba piloto y validación de la instrumentación se realizará a través de un diseño factorial 3 X 2 X 2, correlacional, seccional e inter – sujetos. El diseño es factorial en tanto considera la asignación de casos dentro de los grupos en función de tres factores: tiempo de tratamiento (variable independiente), el “setting” de intervención (residencial o ambulatorio) y la historia infraccional de los jóvenes (reingreso/no reingreso por infracciones de ley). Las ventajas de utilización de un diseño factorial son: • • “Reducir el error y la variabilidad, aumentando el control de las variables exógenas mediante el bloqueo y la estratificación y: “Contrastar más de una hipótesis respecto de los efectos principales y de la interacción entre factores”. (Glass y Stanley, 1987).

El estudio es correlacional debido a que no existe manipulación de las variables independientes ni tampoco asignación aleatoria (al azar) de los casos a cada uno de los grupos. Los distintos conglomerados que integran la muestra son grupos naturales o “intactos”. El diseño es Inter. - Sujetos, atendiendo a que las variables dependientes estudiadas serán medidas en una sola ocasión para cada uno de los casos incluidos en el estudio63. El diseño es seccional debido a que las mediciones se realizarán en un solo momento del tiempo. En consecuencia, el diseño puede visualizarse de la siguiente manera: FACTORES
< 3 MESES DE 6- 11.99 MESES 1 AÑO O MAS PERMANENCIA DE DE PERMANENCIA PERMANENCIA REINGRESO Nijk1 Nijk5 Nijk6 Nijk7 Nijk8 Nijk9 Nijk10 Nijk11 Nijk12

SISTEMA RESIDENCIAL

NO REINGRESO Nijk2

SISTEMA REINGRESO Nijk3 AMBULATORIO NO REINGRESO Nijk4

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Por el contrario, los diseños intra-sujetos son aquellos en que se realizan dos o más mediciones para cada sujeto incluido en el experimento.

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Donde la composición de los grupos de acuerdo a los factores será la siguiente: Tiempo de intervención.

1. Jóvenes beneficiarios de programas SENAME al momento de la realización del estudio, con menos de 3 meses de permanencia en los programas. 2. Jóvenes que egresaron de programas de la Red SENAME después de haber permanecido entre 6 y 11.99 meses en los programas. 3. Jóvenes que egresaron de programas de la Red SENAME después de haber permanecido 1 año o más en los programas. 1. Modalidad de Intervención (ambulatoria, residencial)

El sistema residencial incluye los programas de rehabilitación conductual propios y colaboradores. 2. El sistema ambulatorio considera los programas de rehabilitación conductual diurna y libertad vigilada. Reingreso a la red SENAME

1. Sujetos no reingresos: jóvenes que al momento de su último ingreso a la Red SENAME (inmediatamente anterior a la realización de este estudio) no registraban antecedentes de ingresos anteriores a la Red por una causal de infracción de ley. 2. Sujetos reingresos: los jóvenes que al momento de su último ingreso a la Red SENAME lo hicieron en calidad de reincidentes en una infracción de ley. Se debe notar que el esquema del diseño factorial se mantiene al introducir variables de control como el género y la historia infraccional. En este caso, cada una de estas variables reemplazarían al factor setting (ambulatorio – residencial). De esta manera, el impacto neto de la intervención con los infractores de ley para el total de la muestra estudiada sería igual a la diferencia en la situación de reinserción social entre los grupos T3 – T1. En el caso de los sistemas residenciales, el impacto sería equivalente a la magnitud del efecto O3 – O1, mientras que en los ambulatorios alcanzaría al saldo O33 – O11.

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12.1.VALIDEZ INTERNA DE LA ESTIMACIÓN DEL IMPACTO
La validez interna del estudio refiere a la certeza “con la cual podemos inferir que una relación entre dos o más variables es causal o que la ausencia de la relación implica ausencia de causa” (Cook y Campbell, 1979: 37). En otros términos, se trata de establecer si los cambios o efectos operados en las variables dependientes se deben efectivamente a la intervención o tratamiento y no a la acción de terceras variables. Las dos condiciones básicas que se requieren para asegurar la validez interna de un estudio son: la manipulación de la variable independiente y el control de las variables exógenas al experimento. En este caso, se cumple el requerimiento de control de la variable independiente a través de la manipulación del tiempo de permanencia en los programas (dosage). El problema radica en la no-equivalencia de los grupos sujetos a las distintas “dosis” de tratamiento, debido a la no-asignación aleatoria de los casos a los distintos tratamientos, a las diferencias entre los jóvenes dado que las mediciones se realizan sobre personas distintas, y por tanto, al no control de factores externos, tales como las características de los adolescentes y su entorno como a las variables relativas a las condiciones de administración del tratamiento. • Control Estadístico.

Para asegurar la equivalencia de los grupos, se procuró definir cuotas de acuerdo a las variables que, de acuerdo a la investigación, presentaran una alta correlación con las medidas de resultado empleadas en el estudio (por ejemplo, el “setting” de la intervención, la historia infraccional, etc.), que fueran de interés teórico (género) o práctico (región de pertenencia) y se las asignó a cada una de los bloques establecidos en el diseño factorial. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el bajo número de casos que considera el estudio no permite la utilización de diseños factoriales que incluyan más de dos variables independientes. Por tanto, existe una posibilidad de control, pero bastante limitada. • VALIDEZ EXTERNA DE LA ESTIMACIÓN DEL IMPACTO

La validez externa de un estudio está definida por la posibilidad de generalizar los resultados obtenidos a través de un determinado experimento o prueba con un grupo de sujetos a distintos tipos de ambientes, poblaciones y tiempos. Como es sabido, la validez externa de un estimador depende sustancialmente de la representatividad de las muestras. En este caso, el estudio no se construye sobre muestras aleatorias de la población de infractores de ley atendidos por SENAME y las instituciones colaboradoras. Sin embargo, se ha procurado

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mantener una cierta proporcionalidad en la definición de las cuotas de muestreo, de acuerdo a algunos parámetros poblacionales como el género.

12.2.INSTRUMENTOS DE RECOLECCION DE LA INFORMACION

El estudio considera la aplicación de una entrevista estructurada a los jóvenes infractores, de un cuestionario auto-administrado que deberán cumplimentar los educadores o profesionales de los programas que mejor conozcan al joven, y una pauta en la que se recogerán datos secundarios sobre el joven contenidos en la base de datos SENAME. 12.2.1.INSTRUMENTOS DE MEDICION Se validarán los siguientes instrumentos de medición: - Escala de Percepción del Funcionamiento Familiar (PFF) Fue elaborada a través de la selección de ítems contenidos en las escalas de ajuste familiar TCU Datar (Simpson, 2000), CYDIS (Dahlberg et.al. 1998) y de percepción de calidad de las relaciones familiares (Egenau y Villatoro, 2000). La Escala PFF considera las siguientes sub - escalas: 1) apego: 2) comunicación: 3) resolución de problemas: 4) conflicto: 5) pautas de supervisión y control y: 6) modelos conductuales familiares. La Escala PFF tiene un formato de procesamiento tipo Likert, y en general, los ítems que la conforman han evidenciado propiedades psicométricas más que aceptables. Por ejemplo, las sub escalas apego, control y conflicto del proyecto TCU Datar tienen coeficientes alpha de 0.91, 0,73 y 0.76 respectivamente (Simpson, D., 2000). Por su parte, los ítems de la escala de percepción del funcionamiento familiar muestran un alpha de 0.90. (Egenau y Villatoro, P., 2000). - Escala Guttman de Autoestima. Fue aplicada por Egenau y Villatoro (2000) en el estudio de evaluación de las comunidades terapéuticas del Hogar de Cristo. Tiene un formato de corrección tipo Likert, presenta una buena validez de constructo (obtiene altas correlaciones con medidas de depresión y del funcionamiento familiar) y de acuerdo a los estándares psicométricos

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de evaluación de Dahlberg et.al. (1998) tiene una consistencia interna ejemplar (coeficiente Alpha de 0.91). - Escala de Auto eficacia Proyecto TCU Se utilizarán algunos de los ítems originales que contiene la escala de auto eficacia del Proyecto TCU-Datar (Simpson, 2000). La escala tiene un formato de corrección tipo Likert, y no hay información disponible sobre sus propiedades psicométricas. - Escala de autocontrol. Considera las sub - escalas de control de impulsos y supresión de la agresión contenidas en el Inventario de Auto-Control Weinberger. Este instrumento fue desarrollado específicamente para adolescentes, y tiene propiedades psicométricas aceptables (coeficiente de consistencia interna de 0.79 a 0.82 para la sub - escala supresión de la agresión y de 0.66 a 0.69 para la de control de impulsos (Dahlberg, et.al. 1998). - Escala de Responsabilidad Social. Incluye las sub - escalas responsabilidad y empatía del Inventario de Auto-Control Weinberger. Tiene formato de corrección tipo Likert, y posee propiedades psicométricas de moderadas a buenas. En particular, la sub - escala responsabilidad ha obtenido rangos alpha de 0.76 a 0.77, mientras que la sub-escala empatía ha alcanzado valores cercanos al 0.7 (Dahlberg et.al. 1998). - Escala de Asociación con Pares Antisociales. Considera los ítems de la escala utilizada en el proyecto TCU Datar (Simpson, 2000). El formato actitudinal de la escala es de tipo Likert. Tiene buenas propiedades psicométricas, obteniendo un coeficiente alpha de 0.85. Fue aplicada en parte por Egenau y Villatoro (2000) en el estudio Hogar de Cristo, alcanzando un alpha similar al indicado por Simpson. - Escala de Conductas de Riesgo Relacionadas con las Drogas. Fue utilizada por primera vez en el estudio de las Comunidades Terapéuticas del Hogar de Cristo (Egenau y Villatoro, 2000). Es una escala dicotómica sumatoria, de respuestas sí - no. Los criterios teóricos y operacionales subyacentes a este instrumento son los considerados por MINSAL (1996) en la definición del abuso de drogas y alcohol.

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- Escala de Garantización de Derechos. Es una escala dicotómica sumatoria, de respuestas sí - no. Fue elaborada para su primera utilización en este estudio. - Escala de Actitud hacia los Educadores /Tíos. Es un instrumento que tiene un formato tipo diferencial semántico. Supone un continuo evaluativo de 1 a 7. Fue elaborada para su primera utilización en este estudio. - Cuestionario de Calificación Global de la Responsabilización. Es un instrumento que considera la selección y adaptación de un grupo de ítems del experimento RISE, programa piloto de evaluación de experiencias de Justicia Restauradora. Es un cuestionario autoadministrado, que contiene ítems en los que se solicita a 2 funcionarios que califiquen de manera independiente el nivel de responsabilización del joven infractor. Los ítems seleccionados obtuvieron buenos coeficientes de correlación producto - momento de Pearson. 12.2.2.VALIDACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS DE MEDICION La validez de la instrumentación se determinará a través de tres procedimientos: a) validación de contenido: b) de criterio y: d) de constructo. - Validación de contenido. Refiere a que los ítems o indicadores utilizados son representativos del universo potencial de ítems del que forman parte. Se establecerá a través del juicio de los expertos DEDEREJ y DEPLAE del Servicio Nacional de Menores. - Validez de criterio. Implica que los resultados obtenidos por la vía de la aplicación del instrumento deberían estar correlacionados con alguna otra variable de acuerdo a algún criterio externo derivado de la teoría. De esta manera: “Debería existir una asociación estadísticamente significativa entre los puntajes obtenidos por los sujetos en el indicador de inserción social64 y los tiempos de intervención o tratamiento. Los sujetos en las etapas de pre-egreso y post-egreso deberían evidenciar puntajes de inserción social
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O cualquier otro indicador compuesto que se elabore.

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significativamente superiores a los observados entre los jóvenes de la medición de ingreso”65. Este mismo procedimiento se utilizará con los siguientes instrumentos: a) escala de funcionamiento familiar: b) cuestionario de calificación global de la responsabilización por el acto: c) escala de Responsabilidad Social: d) escala de Asociación con Pares Antisociales: e) escala de Conductas de Riesgo Relacionadas con las Drogas y: f) escala de Actitud hacia los Educadores /Tíos. Un aspecto de interés es el relativo a la correlación entre las medidas de responsabilidad a través de la calificación de los educadores (tíos) y el autorreporte. En este punto, se tratará de establecer la validez de criterio de manera independiente al tiempo de exposición a tratamiento. - Validez de constructo. Dice relación con el "grado en que una medición se relaciona consistentemente con otras mediciones de acuerdo con hipótesis derivadas teóricamente o que conciernen a los conceptos que están siendo medidos" . “Un constructo es una variable medida y que tiene lugar dentro de un esquema teórico” (Hernández Sampieri et.al. 1998). De esta manera, la autoestima, auto eficacia y autocontrol tenderían a expresar un constructo o supravariable, que referiría a un cierto tipo de metarrelación predominante del sujeto consigo mismo, en las dimensiones cognitiva, afectiva y de predisposición conductual. En el caso de los sujetos con altos puntajes en las escalas de autoestima, auto eficacia y autocontrol, tendría predominio una metarrelación centrada en el locus interno. Por el contrario, entre los sujetos con puntajes bajos, la metarrelación no se construiría a partir del locus interno. En consecuencia, las escalas de autoestima, autoeficacia y autocontrol tendrían validez de constructo si es que forman un factor o supravariable, o si al menos logran generar grupos homogéneos dentro y heterogéneos entre con relación a los puntajes que obtienen en estas escalas. La validación estadística de esta hipótesis se efectuará por la vía de un análisis factorial o K-Cluster (conglomerados o racimos).
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Esta hipótesis de trabajo se hace extensiva a cualquiera sea la variable dependiente a considerar en el diseño de validación. 66 Hernández Sampieri, R. Metodología de la Investigación, México D.F., 1998.

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12.2.3.CONFIABILIDAD DE LOS INTRUMENTOS La consistencia interna de los instrumentos con formato Likert se establecerá a través del coeficiente alpha. También se efectuará un análisis del poder discriminatorio de los ítems, así cómo se determinará la equivalencia de los ítems a partir del cálculo de un coeficiente split-half (mitades partidas). Se someterá a este análisis: Escala Escala Escala Escala Escala Escala Escala de Percepción del Funcionamiento Familiar. Guttman de Autoestima. de Auto eficacia Proyecto TCU de Responsabilidad Social. de Actitud hacia los Educadores /Tíos. de Asociación con Pares Antisociales. de Autocontrol.

En el caso de los instrumentos con preguntas dicotómicas, se utilizará el coeficiente de confiabilidad Kuder – Richardson. En esta situación se encuentran: - Escala de Garantización de Derechos. - Escala de Conductas de Riesgo Relacionadas con las Drogas. • Confiabilidad Cuestionario Global de Responsabilización

En orden a medir el nivel de acuerdo inter-calificadores, se utilizará el coeficiente de correlación de Pearson producto – momento, que permite establecer la fuerza de la asociación entre las calificaciones dadas a un mismo joven por parte de observadores independientes. 12.2.4.DISEÑO DE MUESTREO

Para la determinación del tamaño de la muestra, se consideró como antecedente la estimación del tamaño del efecto de la intervención de las Comunidades Terapéuticas Residenciales y Ambulatorias del Hogar de Cristo (Egenau y Villatoro, 2000) en la variable funcionamiento familiar67. Para ello, se utilizó un diseño factorial que incluyó las mismas variables que serán controladas en este pre-test: a) tiempo de tratamiento: b) sistema o modalidad de intervención y: c) historia de tratamiento.
Se utilizó la medida de funcionamiento familiar porque interesa particularmente en este estudio tener mayor sensibilidad para la detección de efectos teoréticamente correlacionados con la no – reincidencia.
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Se realizó un análisis de varianza multifactorial, que arrojó un coeficiente de correlación múltiple R 2 = 0.108, lo que equivale a un tamaño del efecto68 φ = 0.1210. Luego: PODER ESTADÍSTICO 0.78 0.84 0.89 0.94 0.95 0.99 TAMAÑO MUESTRA TOTAL 81 92 106 130 132 305

De esta manera, se decidió utilizar un tamaño muestral de 132 casos, con un poder estadístico de 0.95 69 . En consecuencia, el diseño factorial queda de la siguiente manera:
MODALIDAD DE TIEMPO DE < 3 meses INTERVENCIÓN TRATAMIENTO SISTEMA NO REINGRESO 11 RESIDENCIAL SI REINGRESO 11 SISTEMA AMBULATORIO TOTAL NO REINGRESO 11 NO REINGRESO 11 44 6-12 meses 11 11 11 11 44 1 año y TOTAL más 11 33 11 11 11 44 33 33 33 132

Es necesario considerar que estos criterios de selección muestral incluyen: - La afijación por sexo, que se realizará utilizando un valor de 30% para todos los tiempos de tratamiento considerados y: - La afijación por sub sistema dentro de la categoría modalidad de intervención. Por ejemplo, dentro del grupo sistema residencial / menos de 3 meses de tratamiento (22 casos), se obtendrá una cuota de 11 casos de jóvenes de programas de rehabilitación conductual SENAME y una cuota de 11 casos de programas de rehabilitación conductual de instituciones colaboradoras. • Trabajo de campo

Se llevará a cabo una entrevista semi estructurada (preguntas
Estimado a través del programa estadístico G Power, desarrollado por la Universidad de Bonn. Equivale a una probabilidad de 95% de detección de los efectos estudiados, si es que estos existen efectivamente en la población de infractores de ley SENAME.
69 68

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cerradas y abiertas) a cada uno de los sujetos incluidos en la muestra70. El trabajo de campo se realizará durante el tercer mes del estudio, en las regiones quinta y metropolitana, y considerará las siguientes actividades: - Selección de los Centros en los que se realizará el trabajo de terreno. Los Centros serán elegidos en función de su proximidad geográfica. - Elaboración de listados y selección de los casos a ser encuestados. Considera la confección de una lista de reemplazos, a ser utilizada en el caso de mortalidad muestral. - Selección y capacitación de los encuestadores. - Organización del trabajo de campo. Se asignarán casos a los supervisores y encuestadores de acuerdo a un criterio de proximidad geográfica. - Realización del encuestaje y supervisión. • Procesamiento y análisis estadístico computacional

El procesamiento y análisis estadístico de la información se efectuarán en el paquete computacional SPSS –10.0. Los análisis y pruebas estadísticas que se utilizarán serían: - Análisis descriptivo (medias, medianas, porcentajes) Análisis relacional y comparativo (Chi cuadrado, one way, comparaciones post-hoc, pruebas no paramétricas). - Análisis multifactoriales: análisis por conglomerados, factorial de componentes principales, análisis de varianza y modelos de regresión logística. • Rediseño de la instrumentación e instructivos de evaluación.

- Elaboración de un documento resumen, que contendría los principales resultados de la prueba piloto y validación de los instrumentos. Este documento será enviado a los profesionales expertos, los que dispondrán de un tiempo limitado para realizar sugerencias y observaciones a los instrumentos, instructivos y procedimientos empleados. - Reelaboración de la instrumentación e instructivos, en función de las sugerencias de los profesionales expertos, de las observaciones de los encuestadores y supervisores y de evidencia obtenida a partir del análisis estadístico. - Elaboración de Informe Final, que contendrá: diseños finales de
En este caso, se supone que los jóvenes serán la principal fuente de información. Sin embargo, esto no descarta la utilización de otras fuentes.
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instrumentos e instructivos, propuesta con detalle sobre procedimientos de recolección, procesamiento y análisis de los datos y otras recomendaciones.

CRONOGRA

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13.BIBLIOGRAFIA CITADA Y CONSULTADA

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