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ESPECIAL ESPAÑA

ESPECIAL ESPAÑA

¿CÓMO SERÍA SU VIDA
SI NO TUVIESE UNA NACIONALIDAD?
Por Marta García Cienfuegos

uizá no podría conseguir trabajo,
ir a la escuela o la universidad o
viajar legalmente; a lo mejor no
tendría atención médica y le sería imposible casarse y crear una familia. A estos
y otros problemas se enfrentan las personas que son apátridas, las personas sin
nacionalidad.
La nacionalidad es la conexión mas
elemental de una persona con un estado,
así como la base para el ejercicio de otros
derechos. El artículo 15 de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de
1948 establece que «todos tienen derecho
a una nacionalidad» y que «nadie tendrá
derecho a ser privado arbitrariamente de
ella», mientras que los estados son los
que, mediante su legislación interna, determinan quiénes son sus nacionales. Para ello, tienen en cuenta factores como el
lugar de nacimiento, la nacionalidad de
los ascendientes o la residencia durante
un tiempo determinado en su territorio.
Sin embargo, existen personas que carecen de nacionalidad: los llamados apátridas. A fin de protegerlos, el Derecho
Internacional ha desarrollado un sistema
cuyo objetivo es que también puedan disfrutar de los derechos fundamentales de
los que serían titulares si fueran nacionales de un estado.
EFECTOS NEGATIVOS
El problema de la apatridia surge
cuando ningún país acepta como ciudadano suyo a una persona. Carecer de nacionalidad interfiere de manera negativa
en muchos aspectos de la vida de una
persona, tan básicos y elementales como
el derecho a trabajar, el derecho a la propiedad, a recibir asistencia sanitaria pública, a registrar a los hijos y a proporcionar a éstos un sistema de educación público, el derecho al voto o el derecho a salir y entrar del país de residencia.
Una persona puede convertirse en

IV

ACNUR/T. BOLSTAD

Q

apátrida cuando, por ejemplo, las leyes de dos países
«chocan» al otorgar la nacionalidad. Es posible que uno
de ellos se rija por el denominado «ius sanguinis» (se
es nacional de ese país por
ser hijo o hija de uno de sus
nacionales) y el otro lo haga
por el «ius soli», de forma
que sólo considere nacionales a quienes nazcan en su
territorio.
En este caso, la persona
que nazca en el territorio del
primero, no siendo sus padres nacionales de ese estado,
bien pudiera convertirse en
apátrida si, a su vez, el estado
de la nacionalidad de sus padres sólo otorga la nacionalidad a los que nacen en su territorio.
Otras causas que pueden
crear apátridas son la transferencia de la soberanía de un
territorio, la adquisición de
La desintegración de la Unión Soviética en 1991 causó
independencia de un estado o
el desplazamiento forzoso de muchas personas y un
la disolución de un estado,
gran número de apátridas. Un musulmán inguhsi en el
como ocurrió con la desinteNorte de Osetia, 1992.
gración de la Unión Soviética. Puede que haya personas que se encuentren fuera del territorio en el moEl artículo 15 de la
mento en que los nuevos estados establecen un plazo para solicitar la nacionaliDeclaración Universal
dad, o que sea necesario haber residido
de los Derechos
en uno u otro estado en un momento determinado, o que se les exija cualquier
Humanos de 1948
otro requisito que no estén en condicioestablece que “todos
nes de cumplir…
Otra situación de apatridia puede protienen derecho a
ducirse cuando un estado adopta una legislación nueva sobre nacionalidad o
una nacionalidad”
reinterpreta sus antiguas leyes, modifiy que nadie podrá
cando la nacionalidad que ostentan determinadas personas sin establecer un
ser privado
mecanismo alternativo para que accedan
arbitrariamente de ella.
de nuevo a ella.

Las mujeres y los niños pueden verse
particularmente afectados por el problema de la apatridia. Hay países donde se
retira automáticamente la nacionalidad a
una mujer cuando ésta contrae matrimo-

nas que reúnan ciertos requisitos que reflejen la existencia de vínculos entre la
persona y ese estado —como el nacimiento o la residencia en el estado parte— y
que, de otro modo, serían apátridas. La

Según lo establecido en el artículo 34.1 de la Ley Orgánica 4/2000 sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social (modificada por la Ley Orgánica 8/2000), España ha desarrollado su legislación para aplicar el contenido de
la Convención de 1954 sobre el Estatuto de los Apátridas a aquellas personas que reúnan los requisitos
para ser reconocidas como tales.
nio con un no nacional. Si esta situación
coincide con una legislación del país del
marido que no les otorga la nacionalidad
ni a ella ni a los hijos del matrimonio,
esas mujeres y niños se convertirán en
apátridas.
LAS CONVENCIONES
Para responder y atender al problema
de la apatridia y bajo el auspicio de las
Naciones Unidas, se formularon las dos
Convenciones de la Apatridia, que son los
puntos de referencia claves en esta materia, ya que contienen los principios internacionales básicos que deben regirla.
La Convención de 1954 sobre el Estatuto de los Apátridas es, hoy por hoy, el
instrumento internacional primordial
para regular y mejorar el estatuto legal
de los apátridas y garantizarles sus derechos y libertades fundamentales sin discriminación alguna.
No obstante, la protección que esta
Convención prevé para estas personas
no evita que persista su necesidad de
adquirir una nacionalidad efectiva que
garantice los derechos correspondientes. Precisamente, con el fin de completar el régimen de protección a los apátridas mediante el otorgamiento de una
nacionalidad, se redactó la Convención
de 1961 para la Reducción de la Apatridia.
Los estados parte de esta Convención
asumen el compromiso internacional de
otorgar su nacionalidad a aquellas perso-

Convención de 1961 consolida los principios de igualdad, no discriminación, protección a las minorías étnicas, los derechos del niño, integridad territorial, el
derecho a la nacionalidad y la reducción
de la apatridia.
Según lo establecido en el artículo 34.1
de la Ley Orgánica 4/2000 sobre derechos y libertades de los extranjeros en
España y su integración social (modificada por la ley orgánica 8/2000), España ha
desarrollado su legislación para aplicar el
contenido de la Convención de 1954 sobre el Estatuto de los Apátridas a aquellas personas que reúnan los requisitos
para ser reconocidas como tales. Este paso ha sido muy positivo.
El «Reglamento de Reconocimiento
del Estatuto de Apátrida» entró en vigor
el 1 de agosto de 2001, de forma que una
persona que carezca de nacionalidad podrá solicitar a las autoridades españolas
el reconocimiento de ese estatuto y los
derechos que le otorga.
Son tales las consecuencias humanas
del problema de la apatridia que la
Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante resolución de 9 de febrero
de 1996, solicitó al ACNUR que promoviera el acceso a las Convenciones sobre
el Estatuto de los Apátridas y para la Reducción de la Apatridia, informalmente
denominadas las «Convenciones Huérfanas», dado que no cuentan con un organismo que vele por el acceso a las mismas
y su correcta aplicación.

Asimismo, en virtud de la mencionada resolución, el Alto Comisionado tiene
el mandato de proporcionar su asesoría y
asistencia técnica en lo referente a la preparación y aplicación de legislación en
materia de nacionalidad.
Tanto el Comité Ejecutivo de la agencia como la Asamblea General de las Naciones Unidas han expresado su preocupación por que la apatridia, incluyendo la
imposibilidad de determinar la nacionalidad, pueda ocasionar desplazamientos
forzosos de personas. Por este motivo, al
ACNUR también le incumben las labores de promoción y de prevención a favor
de las personas apátridas.
El problema de la apatridia es, en fin,
un problema legal, pero, sobre todo, un
problema humano. Por ello, es necesario
que los estados continúen empeñados en
paliar sus efectos negativos, adoptando
legislaciones de nacionalidad flexibles y
generosas y permitiendo que algún día se
cumpla realmente lo establecido en el artículo 15 de la Declaración Universal de
los Derechos Humanos. Recordemos:
«Todos tienen derecho a una nacionalidad y a no ser privados arbitrariamente
de ella». 
Marta García Cienfuegos es
Asesora Legal de la Delegación
del ACNUR en España

Uruguay ratifica la
Convención sobre la
Apatridia de 1961
El número de estados firmantes
de la Convención para la Reducción de la Apatridia de 1961 se eleva ya a 25 tras su ratificación por
Uruguay el pasado 21 de septiembre. En los meses transcurridos
del año 2001, sólo Guatemala se
había incorporado en julio a la
Convención de 1961. El otro instrumento legal internacional sobre apatridia, la Convención sobre
el Estatuto de los Apátridas de
1954, cuenta con 53 estados parte
tras ser suscrito este año por la
República Federal de Yugoslavia.

V