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FINCA EL CASANARE

GEOGRAFIA
La finca El Casanare está muy lejos del departamento de Casanare. Su nombre no es la única
paradoja: a pesar de ser un predio ganadero, está lleno de árboles. Fabio y Lina, sus propietarios,
decidieron implementar un sistema silvopastoril para garantizar el alimento de su ganado,
especialmente en este largo verano que se avecina. El Casanare se encuentra en el Valle del
Cesar, una formación interandina al norte de Colombia, cercado por la Serranía del Perijá al Este y
la Sierra Nevada de Santa Marta al Oeste; producto de los contrastes que ofrece la geografía
colombiana.
HISTORIA
En las décadas de 1960 y 1970, esta zona del país basó su producción en el cultivo de algodón,
sacando el mayor provecho de sus llanuras y su riqueza hídrica; pues a pesar del calor intenso
(34º aproximadamente), el departamento del Cesar está bañado por los ríos Guatapurí, Rancherías
y Cesar; los cuales conforman una microcuenca para el bajo Magdalena. No obstante, la
producción intensiva, la deforestación, el uso de agroquímicos y los cambios en el uso del suelo,
causaron tal degradación de esta zona, que algunos predios llegaron hasta la
desertificación. Pasada la bonanza algodonera se intensificó la ganadería. Como era de
esperarse, la deforestación no cesó, y mucho menos la presión puesta sobre los suelos y las
fuentes hídricas. La ganadería extensiva venía en busca de grandes áreas y grandes cantidades
de agua. Hoy en día, en contraste con las verdes y boscosas montañas que bordean este valle, se
encuentran los suelos amarillos y agrietados de sus planicies; evidenciando así la degradación
ocurrida en tan poco tiempo y alertando sobre el futuro de muchos predios. Ganadería Colombiana
Sostenible, consiente de los daños y las limitaciones que ha tenido la ganadería extensiva
tradicional, tanto en el ambiente como en los ingresos de los propietarios, promueve una
reconversión ganadera por medio de la implementación de modelos silvopastoriles. Éstos
consisten en el uso integrado de pasturas y árboles, los cuales traen beneficios ambientales a las
fincas, mientras se mejora y aumenta la productividad, lo que significaría mayores ingresos
económicos para Fabio y Lina. Los cambios se notan, y El Casanare es un ejemplo.
Infraestructura
La finca cuenta con 118 hectáreas y 260 cabezas de ganado, las cuales 70 son lecheras, con una
producción diaria de 200 litros de leche. Debido a “los malos tiempos”, esta pareja decidió
participar en el programa de Ganadería Colombiana Sostenible. Lo especial de El Casanare es que
cuenta con un sistema de árboles dispersos. Como su nombre lo indica, son árboles plantados de
manera esparcida, en su mayoría leguminosa, las cuales sirven de fuente de proteína a las vacas,
a la vez que fijan nitrógeno en el suelo, aumentando su fertilidad. Si se mira de cerca el suelo de
esta finca, se pueden encontrar cientos de pequeños animales como escarabajos y lombrices, es
decir, ¡vida bajo tierra!
Plan de manejo del suelo
Dentro del programa de Ganadería Colombiana Sostenible, cada propietario, de acuerdo a las
características y necesidades de su finca, decide qué acciones silvopastoriles implementar con la
asesoría de técnicos especializado: ya sean cercas vivas, bancos de forraje, árboles dispersos o
sistemas de rotación. Cada acción silvopastoril es pensada dentro del sistema productivo y
ecológico. Por ejemplo, las cercas vivas sirven de límites y barreras dentro de los predios, a la vez
que evitan la deforestación por madera y generan corredores biológicos para la movilidad de

especies. Ahora es común ver aves en fincas ganaderas; entre ellas pájaros garrapateros que
expurgan las vacas reduciendo el uso de pesticidas sobre ellas. Los sistemas de rotación evitan la
degradación y erosión del suelo. Éste funciona por medio de parcelas donde el ganado no pasa
más de un día en un sitio, y vuelve al mismo luego de 45 días. Así se libera la presión por carga
sobre el suelo y permite la regeneración de pasturas y árboles alimenticios. Todo en la misma
extensión de finca. Los árboles dispersos ofrecen alimento y sombras. Los bancos de forraje son
áreas dedicadas al cultivo de árboles alimenticios, funcionando como una gran dispensa que
provee comida durante el año, incluso en época de sequías o lluvias excesivas. La implementación
de sistemas silvopastoriles resulta en un manejo eficiente de los recursos. Ya que los árboles
aumentan la humedad en el suelo, se disminuye el uso de agua; además, las buenas prácticas
evitan la contaminación de fuentes hídricas por agroquímicos o por acceso de ganado a las
mismas. Luis Solarte, Investigador del CIPAV, socio del proyecto GCS, explica que “si una vaca
tiene que caminar demasiado para encontrar una fuente de agua, esto representa un gasto
energético que se traduce en menos producción, de leche o carne. Al considerar sistemas
pastoriles, se piensa en estos aspectos. Además que se incluyen consideraciones de cambio
climático, como las largas épocas de sequías o los fuertes fenómenos invernales”.
Mejoramiento de la biodiversidad de especies forrajeras
Fabio, con la asesoría Ganadería Colombiana Sostenible, ha construido un vivero para bancos de
forraje. De esta iniciativa se esperan obtener 60.000 plántulas que servirán de alimento al ganado
en El Casanare y otras fincas. Esta iniciativa también fomenta el intercambio de recursos y
conocimiento. Un sistema silvopastoril emplea aproximadamente 500 árboles nativos y 5.000 de
forraje por hectárea. Entre las especies de forraje preferidas se encuentra el botón de oro, mata
ratón y caña de azúcar. Una especie de forraje contiene 20% proteína, a comparación del pasto,
que sólo cuenta con un 6%; esto representa un mejora en la alimentación del ganado, lo que se
traduce en una mayor producción. Con la implementación de acciones silvopastoriles en El
Casanare, Fabio y Lina esperan triplicar su producción lechera en la misma área.