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PLATERO
Y YO
Juan Ramón Jiménez

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ISBN: 978-9974-49-742-9
© Editorial FIN DE SIGLO, de esta edición.
El texto y las ilustraciones de esta edición forman parte del
dominio público.
Originalmente editado como parte de la Biblioteca de
Juventud en 1914 en Madrid, revisado y publicado por
Calleja en 1917, también en Madrid.
Corrección: Lucía Méndez.
Diagramación y armado: Felipe Correa

ÍNDICE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ 6 PLATERO Y YO I PLATERO II EL LOCO III JUEGOS DEL ANOCHECER IV LA ESPINA V EL NIÑO TONTO VI EL CANARIO VUELA VII EL ALJIBE VIII LA SANGUIJUELA 16 17 19 21 22 23 24 27 IX LAS TRES VIEJAS X LA CARRETILLA XI EL PAN XII LA ARRULLADORA XIII ALEGRÍA XIV EL SELLO XV EL TÍO DE LAS VISTAS XVI LA COZ XVII ESCALOFRÍO XVIII PASAN LOS PATOS XIX LA NIÑA CHICA XX LOS TOROS XXI SARITO 29 31 33 34 36 38 40 43 45 46 48 49 52 .

XXII ALMIRANTE XXIII EL CANARIO SE MUERE XXIV SUSTO XXV LOS GITANOS XXVI LA CORONA DE PEREJIL XXVII LOS REYES MAGOS XXVIII EL ALBA XXIX CARNAVAL XXX LA MUERTE XXXI NOSTALGIA XXXII MELANCOLÍA 53 55 57 59 61 64 67 68 71 72 73 .

cabalgadura sumisa de viejos. niños y mujeres. la retama al horno. vivida por ambos y escrita por el único de ellos que sabía escribir. La verdad es que si me pusiera a hablar sinceramente.JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Platero y yo… Platero. que con vuestro pasito corto andáis y reandáis nuestros caminos polvorientos y abrasados trayendo el agua de la fuente. tendría que deciros no poco también acerca del dichoso borriquito cuya vida. Al presentároslos no os puedo decir del borriquito nada nuevo porque solo sé de él lo que el poeta nos dice. burro o pollino de los innumerables que en nuestra tierra hay y que llevan sobre sus lomos tantas cargas y son el consuelo y alivio de los pobres! Borriquitos de España. andanzas y muerte ha pintado Juan Ramón con tanto amor. la comida a los segadores y a los mozos de las eras. Su pintura me conmueve y me intriga como no lo hicieron nunca los borriquitos de verdad. el borriquito. ¡Y cuidado si los españoles de muchachos gozamos cuando nos es dado trabar amistad con algún asno. Vais a leer la historia de estos dos personajes simpáticos. llevando la ropa al río. que . y Juan Ramón. el poeta. pero de Juan Ramón puedo deciros muchas cosas que él no ha dicho de sí mismo ni estaba bien que dijese.

¡Platero. trescientos años después. alegres y trágicos. pureza y elegancia sentimental ha pasado su mano delicada sobre el lomo peludo de la pobre bestia esclava. el poeta español que sabe más de ternura. Rocinante y Don Quijote. y a la caricia de su mano y de su mirada ha surgido Platero a la vida inmortal. aunque tiene mucho de un burro de verdad. bien merecéis que os paguemos el bien que os debemos y el mal que os hacemos con un poco de amor y de piedad. gitanos y campesinos: borriquitos de España. ha ganado la inmortalidad ni más ni menos que Sancho mismo. sobre la que viajan cantando o durmiendo arrieros. el rucio de Sancho. y cuando pasa a nuestro lado un burrito de los alegres se nos van los ojos tras él y decimos: «Ahí va Platero». que. uno de su especie. nos parece más bien un asnillo soñado y fantástico. murió y fue enterrado y cuya alma está en el cielo de Moguer! Ni más ni menos que cuando las gentes decían apenas veían algún rocín flaco: «¡Allí va Rocinante!». Y el caso es que el Platerillo del cuento. como si fuera solo una ilusión en la que estuvieran fundidas la ilusión que los niños se hacen de los burros y la que los burros deben hacerse de sí . Ahora de nuevo. Nosotros no hemos visto nunca a Platero y sin embargo lo vemos y lo queremos. hambre y malos tratos.aguantas ancas. según sabemos. Pero no creo que tengan queja de nosotros los borriquitos de España si saben que en la obra de arte mayor que el espíritu español ha producido.

la expresión poética de lo ingenuo. Precisamente un hombre es un poeta cuando puede ser. y su coincidencia de sentimientos es tal y el amor que se tienen. Juan Ramón Jiménez es un poeta verdadero. Pero el alma del poeta penetra en tal forma la figura real del borriquillo que nos es difícil entender que sean dos personas distintas. como en los cuentos. de donde hace más de cuatrocientos años salieron las carabelas castellanas que descubrieron América. capaz de entender a los niños y a los burros. tan estrecho. ha envuelto la visión plateada del asnillo en la aureola melancólica de su alma piadosa y sensitiva. la hermandad entre un poeta y un animal. irracional e instintivo de su alma.mismos en sus horas de ensueño. Y un poeta grande y sencillo. puro. espontánea y naturalmente. Moguer y su campiña se sienten en las páginas de Platero y yo con un encanto único y singular. entre un poeta y la naturaleza. que no se podría pensar sino que Platero era un hermano de Juan Ramón que había tomado forma de asno. y se nos antoja que Platero no es otro que el poeta mismo. lo que es. infantil. muy cerca de Palos de Moguer. Nació en 1881 en Moguer. En todo caso. Por ellas podemos saber también algo de cómo Juan Ramón vivía de pequeño en aquella . Cuando Juan Ramón razona con Platerillo nos parece que razona consigo mismo. no es un insulto. uno de los más puros que España ha tenido y tiene. Cosa muy difícil para los hombres. por arte de encantamiento. es decir.

tierra andaluza. que ningún esfuerzo ha sido ahorrado para lograr la mayor perfección e intensidad. su voz de timbre inconfundible fue escuchada en el mundo de habla española como la revelación de un gran temperamento poético original. Ni ambición de dinero ni de fama pueden arrastrar a un poeta como este a ceder a las demandas del gusto público y acostumbrado. no le llamaba Dios por ese camino. a la busca de su ideal sin concesión alguna a ningún otro interés humano. suave y clara. de . sino por exceso de sensibilidad. limpia. Cuando aún no tenía veinte años. puro y abnegado como un santo. de la perfecta identificación entre la vida y la obra. realizando el milagro. Pero no se ha aislado de los hombres por falta de amor. Ha sido siempre Juan Ramón Jiménez reconcentrado y solitario. y desde muy joven encontró en la poesía el desahogo de su alma exaltada y sensitiva. el cual marcha. Su obra de juventud muestra bien claramente el tesoro de ternura que encerraba su alma enferma de ansia de amor no satisfecha. La alta posición social de su familia le ahorró la dureza de la lucha por la vida y le permitió consagrarse por completo a su vocación artística. que ninguna consideración fuera de este ideal artístico ha tenido cabida en el alma del poeta. Desde entonces Juan Ramón Jiménez ha vivido solo para su arte. Aunque estudió en la Universidad de Sevilla. nada lo mueve fuera de la propia satisfacción. Quiero decir con esto que su obra es la expresión fiel y sincera de su alma. donde se formó su espíritu. rara vez logrado por ningún artista.

melancólico disgusto por todo lo que es bajo en la vida. se lo reedita. al llegar a la virilidad. tan moderno como el que más. nadie más sencillo y puro. se lo traduce. nos encontraríamos ante un poeta que no tiene superior en la literatura española de hoy y que indudablemente quedará en su historia como uno de sus grandes líricos de todos los tiempos. Es uno de esos poetas amados siempre por un público tan grande como sea el número de espíritus educados y selectos. Y sin embargo. Al alarde de riqueza métrica que caracteriza a . No quiere esto decir que Juan Ramón Jiménez sea amanerado y difícil. A pesar de todo esto. Entre tanto poeta como ahora cultiva el artificio del fondo y de la forma. La Hispanic Society of America ha reconocido el hecho de esta consagración mediante la publicación de un bello tomo de Poesías escojidas por el autor mismo. considerando solamente su obra pasada. Juan Ramón Jiménez. no es un poeta para todo el mundo. con un hogar amoroso y tranquilo. se distingue por la sencillez y la sinceridad. magnífico homenaje de los Estados Unidos a la moderna poesía española. rodeado de la amistad fervorosa de tantos admiradores selectos próximos y lejanos. es decir. Juan Ramón Jiménez no es un poeta popular. al contrario. que aún es joven. Hay que esperar aún mucho de él. parece haber entrado en una época de plenitud y serenidad. Hoy ya se lo considera como un clásico: se lo estudia. El poeta.

y nadie como él ha sabido revivir los versos asonantados de los antiguos romances. Y así este poeta aristocrático. Juan Ramón Jiménez. su alegría dolorosa. que no habla nunca más que de lo más íntimo de su alma. su suprema distinción y elegancia inexplicables e inconfundibles. se muestra siempre él y por lo tanto siempre español. aunque capaz de los mayores refinamientos técnicos. que es una Castilla más suave y refinada.la revolución de la poesía española en los últimos treinta años. su dejadez y abandono. su sobriedad de gesto y abundancia de expresión. de la Andalucía melancólica y riente. crea una poesía que contiene en forma pura. principalmente francesas. selecta y personal todo lo que constituye el encanto único de la tierra andaluza . su reconcentramiento altivo. las cuales se ven demasiado claras y dominantes en otros poetas. más amanerada y elegante— es la poesía de Juan Ramón Jiménez: andaluza es su tristeza nativa. Juan Ramón Jiménez. Española —y española del sur. a pesar de haberlas asimilado todas profundamente. responde con el uso renovado y moderno de los metros tradicionales más sencillos y populares. Como Góngora y como Bécquer ha logrado mostrar hasta qué punto las formas más genuinas y tradicionales de la poesía española son susceptibles de renovación eterna y cómo puede encontrar expresión en ellas la sensibilidad de todos los tiempos y la originalidad individual de cada poeta. En un momento en que la poesía española ha sufrido las influencias más complejas extranjeras.

. de soledad sonora y luminosa. Ojalá vosotros. de flores y de jardines. muchachos y muchachas americanos. porque muchos de ellos al crecer llegan a cegar de los ojos del alma por donde entra la luz poética. de dulce y triste recogimiento interior. nacidos en un país que puede enorgullecerse de ser aquel en que existe más amor y respeto por los animales — indicio seguro de la más alta y extendida cultura— elevéis aun más vuestro espíritu con la lectura de este librito tan puro en el que un gran poeta español. de pueblos dormidos. de paisajes dolientes. Ojalá vosotros. ha vertido toda su ternura por los animales. podáis percibir también en estas páginas breves y vibrantes algo del encanto de aquella tierra misteriosa y lejana de donde salieron los primeros hombres blancos —de un blanco atezado y moreno como el de Juan Ramón— que llegaron a las costas maravillosas de América. Quizá no todos los hombres sean capaces de entenderlo. aunque escrito en prosa. de muchachas soñadoras y pálidas.donde vio el sol. Está escrito para los hombres y para los niños. contándonos la historia de un asnillo risueño y humilde. Al menos para los muchachos de España Platero y yo no tiene oscuridades ni secretos. Platero y yo. Pero todos los niños tienen los ojos muy abiertos y ven muy bien lo que los hombres no pueden ver. es un libro de la más pura poesía. una poesía llena de matices de color y de olores delicados e intensos. de fuentes rumorosas en el misterio de las noches estrelladas. los niños y la naturaleza. que estudiáis con entusiasmo la lengua española.

F. PLATERO Y YO POR JUAN RAMÓN JIMÉNEZ . DE O.

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POR JUAN RAMÓN JIMÉNEZ1 .

peludo. Lo dejo suelto. que no lleva huesos. y se va al prado. los higos morados. y acaricia tibiamente con su hocico. rozándolas apenas. los hombres del campo. las uvas moscateles. todas de ámbar. . tan blando por fuera. al mismo tiempo. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. con su cristalina gotita de miel… Es tierno y mimoso igual que un niño. por las últimas callejas del pueblo. en no sé qué cascabeleo ideal… Come cuanto le doy. que una niña… pero fuerte y seco como de piedra. Acero y plata de luna. Cuando paso sobre él los domingos. las florecillas rosas.I PLATERO Platero es un burro pequeño. y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe. celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: «¿Platero?». Le gustan las naranjas mandarinas. vestidos de limpio y despaciosos. que se diría todo de algodón. se quedan mirándolo: —Tiene acero… —Tiene acero. suave.

corren detrás de nosotros. entrecortados. jadeantes. rojos y amarillos las tensas barrigas tostadas. blancas de cal con sol. chillando largamente: —¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!… Delante está el campo. mis ojos —¡tan lejos de mis oídos!— se abren noblemente. cruzo las últimas calles. yendo a las viñas. con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro. de un incendiado añil.II EL LOCO Vestido de luto. recibiendo en su calma esa placidez sin nombre. aceitosos y peludos. debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero. velados finamente. ya verde. por las altas eras. Frente al cielo inmenso y puro. allá lejos. del horizonte… Y quedan. aburridos: —¡El lo…co! ¡El lo…co! . fuera de los harapos verdes. Cuando. unos agudos gritos. los chiquillos gitanos. esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sin fin.

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—Y el mío un caballo. cual una princesa: Yo soy la viudita Del conde de Oré… . como llevan unos zapatos y un vestido. en ese brusco cambiar de la infancia. fingiéndose mendigos. Reloj que levantará a la madrugada. les han dado algo de comer. una niña. ateridos. Uno se echa un saco a la cabeza. escopeta que no matará el hambre. canta entonadamente. y como sus madres. por la obscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco. los niños pobres juegan a asustarse. hilo de cristal acuoso en la sombra. se creen unos príncipes: —Mi padre tiene un reloj de plata. otro se hace el cojo… Después. en el crepúsculo del pueblo. luego.III JUEGOS DEL ANOCHECER Cuando. —Y el mío una escopeta. ellas sabrán cómo. Platero y yo entramos. caballo que llevará a la miseria… El corro. otro dice que no ve. con voz débil. Entre tanta negrura.

sí! ¡Cantad.… ¡Sí. enmascarada de invierno. soñad. niños pobres! Pronto. al amanecer vuestra adolescencia. Platero… . la primavera os asustará. como un mendigo. —Vamos.

IV LA ESPINA Entrando en la dehesa. sin tocar casi con el casco la arena ardiente del camino. sin fuerza y sin peso. y me lo he llevado al pobre al arroyo de los lirios amarillos para que el agua corriente le lama. le he doblado la mano y le he mirado la ranilla roja. sin duda. Me he echado al suelo… —Pero. Platero ha comenzado a cojear. que la del viejo Darbón. hombre. mostrando la ranilla. . Una espina larga y verde de naranjo sano está clavada en ella como un redondo puñalillo de esmeralda. su médico. he tirado de la espina. la heridilla. con su larga lengua pura. Con una solicitud mayor. Estremecido del dolor de Platero. ¿qué te pasa? Platero ha dejado la mano derecha un poco levantada.

todo para su madre. que desde la calle de San José se fue al cielo.V EL NIÑO TONTO Siempre que volvíamos por la calle de San José. no estaba el niño en su puerta. pienso en el niño tonto. el dorado pasar de los gloriosos. y yo me acordé de Curros. cuando pasó por la calle blanca aquel mal viento negro. niño alegre él y triste de ver. estaba el niño tonto a la puerta de su casa. abiertos otra vez. viendo con sus ojos. que. . sentado en su sillita. al lado de las rosas. padre más que poeta. mirando el pasar de los otros. cuando se quedó sin su niño. nada para los demás. Era uno de esos pobres niños a quienes no llega nunca el don de la palabra ni el regalo de la gracia. le preguntó por él a la mariposa gallega: Volvoreta d'aliñas douradas… Ahora que viene la primavera. Estará sentado en su sillita. Cantaba un pájaro en el solitario umbral. Un día.

Los niños estuvieron. apareció en la jaula. giraba sobre sus patas. en un vals tosco. toda la mañana también. no sé cómo ni por qué.VI EL CANARIO VUELA Un día. loca. contagiado. el canario verde. arrebolados y rientes como auroras. recuerdo triste de una muerta. Platero. ladrándole a su propia y riente campanilla. hacía corvetas. De pronto. y poniéndose en las manos. Libre. absortos en los breves vuelos del pajarillo amarillento. tocando las palmas. y sin saber nadie cómo ni por qué. al que yo no había dado libertad por miedo de que se muriera de hambre o de frío. en el pino de la puerta. jugando con una mariposa. latiendo en el suave sol que declinaba. Platero. otra vez alegre. y allí se quedó largo tiempo. Era un canario viejo. daba coces al aire claro y tibio… . Diana. por las lilas. voló de su jaula. sentados en la galería. A la tarde. igual que un chivillo. los seguía. el canario se vino al tejado de la casa grande. holgaba junto a los rosales. Anduvo toda la mañana entre los granados del huerto. ¡Qué alborozo en el jardín! Los niños saltaban. o de que se lo comieran los gatos.

bajé cuando lo vaciaron. La que sale del hospital nadie se ha atrevido a seguirla del todo. Dos fríos terribles se cruzaron en mi pecho cual dos espadas que se cruzaran como dos fémures bajo una calavera… Todo el pueblo está socavado de aljibes y galerías. Yo sí. El mejor es este de mi casa que. No tiene eco. a ver hasta dónde había llegado el agua. el mirador con sol. ni se ve. hace años. joya policroma tras los cristales amarillos y azules de la montera. en que me desvelaba el rumor sollozante del agua redonda que caía. Tú no has bajado nunca al aljibe. a la mañana. cuando era niño. La galería de la iglesia va hasta la viña de los puntales y allí se abre al campo. . El aljibe más grande es el del patio del Salto del Lobo. Platero. la vela que llevaba se me apagó y una salamandra se me puso en la mano. junto al río. allá en su fondo. tiene el brocal esculpido en una pieza sola de mármol alabastrino. Cuando entré en él. plaza de la ciudadela antigua del castillo. como cuando está bajo. de la azotea. Luego. las noches largas de lluvia. porque no acaba nunca… Recuerdo. en el aljibe. Mira.VII EL ALJIBE Míralo. Platero. Platero. está lleno de las últimas lluvias. como ves. tiene una galería larga. y luego un cuarto pequeñito. íbamos locos.

Platero. Y ahora voy a darte un cubo de esta agua pura y fresquita. el mismo cubo que se bebía de una vez Villegas.Cuando estaba hasta la boca. el pobre Villegas que tenía el cuerpo achicharrado ya del coñac y del aguardiente… . qué admiración! Bueno. como está. ¡qué asombro. qué gritos.

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Comprendo todo en un momento. Platero estuvo bebiendo en ella. hombre. ¿Qué es eso. lo parte en cuatro y procura atravesarle un pedazo a Platero entre las quijadas… No es fácil la empresa. Platero alza la cabeza al cenit levantándose sobre las patas. el aperador. Raposo se sube en el burro y con las dos manos tira hacia atrás de los salientes del palo para que Platero no lo suelte. y entre los dos intentamos abrirle a Platero la boca. Y. Comprendo con pena que el pobre Platero es menos inteligente de lo que yo me figuro… Raposo coge un rodrigón gordo. aunque siempre bebe en lo más claro y con los dientes cerrados. el palo entra de lado en la boca de Platero.VIII LA SANGUIJUELA —Espera. Pero la tiene como trabada con hormigón romano. se revuelve… Por fin. . sin duda una sanguijuela se le ha agarrado a la lengua o al cielo de la boca… —Espera. más cada vez. en un momento sorprendido. Tose y va despacio. Platero? ¿Qué tienes? Platero está echando sangre por la boca. huye. que baja por allí del almendral. Al pasar esta mañana por la fuente de Pinete. Enseña… Le pido ayuda a Raposo.

la sanguijuela. Con dos sarmientos hechos tijera se la arranco… Parece un costalillo de almagra o un pellejillo de vino tinto. llena y negra. contra el sol. que un momento tiñe de la sangre de Platero la espumela de un breve torbellino… . la corto sobre el arroyo. allá adentro tiene. es como el moco de un pavo irritado por un paño rojo. Para que no saque sangre a ningún burro más.Sí. y.

hombre… Oye qué lamentables palabras van diciendo.IX LAS TRES VIEJAS Súbete aquí en el vallado. Platero? Que te caes. sudorosas. el médico. Renegridas. Mira sus trajes pintorescos. apartando peligros imaginarios. Una es ciega y las otras dos la traen por los brazos. Vendrán a ver a don Luis. qué cuido. sucias. qué mesura ponen las dos que ven en su acción. ¡Con qué confianza llevan la vejez a la vida. como un recuerdo seco y duro… Míralas a las tres. perdidas en el polvo con sol del mediodía. Son gitanas. no caída. penetradas por la primavera esta que hace florecer de amarillo el cardo en la vibrante dulzura de su hervoroso sol! . Mira. vamos a dejar que pasen esas pobres viejas… Deben venir de la playa o de los montes. Mira qué despacito andan. o al hospital. con mimo absurdo. ¿Ves cómo adelantan las manos cual para detener el aire mismo. de lunares y volantes. ¿Ves? Van a cuerpo. Platero. Anda. aún una flaca hermosura recia las acompaña. Parece que las tres temen a la misma muerte. su esbeltez. a pesar de la edad. Platero. hasta las más leves ramitas en flor.

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Le obligué. arrancar del fango la carreta. como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen. rota y sucia. Y el borriquillo se destrozaba contra el viento. Las tomé. que se rompía. como pude. nos encontramos. Una niña. atascada. en amarillos cristales. y les subió la cuesta. le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas. sacó carretilla y rucio del atolladero. Con su llorosa alegría me ofreció dos escogidas naranjas. y le di una . y Platero. de un tirón. entre las flores. ¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde. finas. al grito sollozante de la chiquilla. lloraba sobre una rueda. en un desmayo. más pequeño ¡ay! y más flaco que Platero. como el de los niños valientes. agradecido. lo enganché a la carretilla. entonces. Era vano su esfuerzo. al ponerse entre las nubes de agua. que la lluvia había dilatado hasta la viña.X LA CARRETILLA En el arroyo grande. intentando. con un cariñoso imperio. pesadas. delante del borrico miserable. queriendo ayudar al borriquillo. una vieja carretilla. redondas. toda perdida bajo su carga de hierba y de naranjas. inútilmente. Acaricié a Platero y.

al borriquillo débil. . como dulce consuelo. otra a Platero. como premio áureo.

que el alma de Moguer es el vino. a las campanillas de las cancelas o a los picaportes de los portones. o con una ilusión… Los panaderos llegan trotando en sus caballos. al punto. También solo. en el gazpacho. en el jamón. cuando el sol quema más. como el migajón. A mediodía. tocan las palmas y gritan: «¡El panaderooo!»… Se oye el duro ruido tierno de los cuarterones que. El pan se entra en todo: en el aceite. y lloran largamente hacia adentro: «¡Un poquiiito de paaan!»… . blanco por dentro. de las hogazas con las roscas… Y los niños pobres llaman. al caer en los canastos que brazos desnudos levantan. Platero. se paran en cada puerta entornada. el pueblo entero empieza a humear y a oler a pino y a pan calentito. como la esperanza. Es como una gran boca que come un gran pan. en él mismo. chocan con los bollos. Moguer es igual que un pan de trigo.XI EL PAN Te he dicho. en el vino. el alma de Moguer es el pan. ¿verdad? No. en el caldo. pan con pan. A todo el pueblo se le abre la boca. para dar sabor a beso. y dorado en torno —¡oh sol moreno!— como la blanda corteza. en el queso y la uva.

XII LA ARRULLADORA

La chiquilla del carbonero, bonita y sucia cual una
moneda, bruñidos los negros ojos y reventando sangre los
labios prietos entre la tizne, está a la puerta de la choza,
sentada en una teja, durmiendo al hermanito.
Vibra la hora de mayo, ardiente y clara como un sol por
dentro. En la paz brillante, se oye el hervor de la olla que
cuece en el campo, la brama de la dehesa, la alegría del
viento del mar en la maraña de los eucaliptos.
Sentida y dulce, la carbonera canta:
Mi niño se va a dormir
en gracia de la pastora…
Pausa. El viento en las copas…
… y por dormirse mi niño,
se duerme la arrulladora …

El viento… Platero, que anda, manso, entre los pinos
quemados, se llega, poco a poco… Luego se echa en la
tierra tosca y, a la larga copla de madre, se adormila, igual
que un niño.

XIII ALEGRÍA

Platero juega con Diana, la bella perra blanca que se
parece a la luna creciente, con la vieja cabra gris, con los
niños…
Salta Diana, ágil y elegante, delante del burro sonando su
leve campanilla, y hace como que le muerde los hocicos.
Y Platero, poniendo las orejas en punta, cual dos cuernos
de pita, la embiste blandamente y la hace rodar sobre la
hierba en flor.
La cabra va al lado de Platero, rozándose a sus patas,
tirando con los dientes de la punta de las espadañas de la
carga. Con una clavellina o con una margarita en la boca,
se pone frente a él, le topa en el testuz, y brinca luego, y
bala alegremente, mimosa igual que una mujer…
Entre los niños, Platero es de juguete. ¡Con qué paciencia
sufre sus locuras! ¡Cómo va despacito, deteniéndose,
haciéndose el tonto, para que ellos no se caigan! ¡Cómo
los asusta, iniciando, de pronto, un trote falso!
¡Claras tardes del otoño moguereño! Cuando el aire puro
de octubre afila los límpidos sonidos, sube del valle un
alborozo idílico de balidos, de rebuznos, de risas de niños,
de ladridos y de campanillas…

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XIV EL SELLO Aquél tenía la forma de un reloj. de compases. después de oprimirlo un momento contra la palma blanca. era difícil la impresión. en un libro. el platero de Sevilla. de sellos! Los había de todas las formas y tamaños. en la carne. No era como el otro. de tintas de colores. ¡Qué embeleso de reglas. los pasos del cartero! Al fin una noche. sobre todo. me lo trajo. ¡Qué ilusión cuando. como un pájaro en su nido. apretado contra el paño de tinta morada. Yo rompí mi alcancía y. Platero. en la lluvia. Se abría la cajita de plata y aparecía. su letrero: FRANCISCO RUIZ MOGUER Un día vino a mi casa. aparecía en ella la estampilla: FRANCISCO RUIZ MOGUER ¡Cuánto soñé yo con aquel sello de mi amigo del colegio de don Carlos! Con una imprentilla que me encontré arriba. fina y malva de mi mano. con un duro que me encontré. intenté formar uno con mi nombre. un viajante de escritorio. ¡Qué larga semana aquella! ¡Qué latirme el corazón cuando llegaba el coche del correo! ¡Qué sudor triste cuando se alejaban. Pero no quedaba bien y. que con tal facilidad dejaba. con Arias. Era un breve . aquí y allá. en la pared. en el escritorio viejo de mi casa. encargué un sello con mi nombre y pueblo.

blusa. que se va a gastar!— ¡qué angustia! Al día siguiente. ¿Quedó algo por sellar en mi casa? ¿Qué no era mío? Si otro me pedía el sello —¡cuidado. aparecía la estampilla. manos.aparato complicado. con lápiz. iniciales para lacre… ¡qué sé yo! Y dando a un resorte. libros. flamante. con el letrero: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ MOGUER . con qué prisa alegre llevé al colegio todo. nuevecita. pluma. botas. sombrero.

Otros niños van llegando con su perra lista. con su perra en la palma de la mano. Se adelanta. Luego. mirándolo absortos. El viejo toca y toca el tambor. las manos en el bolsillo o a la espalda. y toca el tambor. pone sus ojos en la lente… —¡Ahooora se verá… al general Prim… en su caballo blancoooo…! —dice el viejo forastero con fastidio. dispuestos a comprar su fantasía. la lente al sol. En la esquina. llega otro corriendo. sin matices. Un grupo de chiquillos sin dinero. y la adelantan al punto al viejo. Se oyen carreras.XV EL TÍO DE LAS VISTAS De pronto. rompe el silencio de la calle el seco redoble de un tamborcillo. una voz cascada tiembla un pregón jadeoso y largo. calle abajo… Los chiquillos gritan: «¡El tío de las vistas! ¡Las vistas! ¡Las vistas!». —¡El puerto… de Barcelonaaaa…! —Y más redoble. A poco. una pequeña caja verde con cuatro banderitas rojas espera sobre su catrecillo. la cajita. mudos. El viejo dice: —¡Ahooora se verá… el castillo de la Habanaaa! —Y toca el tambor… . rodean.

con un súbito buen humor. mirando al viejo con una humilde solicitud aduladora… . mete su cabezota por entre las de los niños. Y los niños sin dinero se ríen todos sin ganas. que se ha ido con la niña y el perro de enfrente a ver las vistas. por jugar. le dice: «¡Venga tu perra!».Platero. El viejo.

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vibraba sonoro del relinchar de los caballos pujantes. Nadie hizo caso. que doblaban los molinos cerrados. Platero alzaba su raudo trotecillo agudo. hombre —le dije—. con una espina y una crin. que necesitaba multiplicar insistentemente para no quedarse solo en el camino. del reír fresco de las mujeres. si eres muy chico… Se ponía tan loco. de los afilados ladridos inquietos de los perros. Luego le dije al Tonto que se lo llevara a casa. Platero le había rozado la grupa a un fino potro tordo con su boca. El patio empedrado. le prendí la vena rota. Eché pie a tierra y. sombrío bajo el inmenso y ardiente cielo azul de la tardecita. al herradero de los novillos. —Pero. con el sol en sus espejos rotos. pero yo le vi a Platero una mano corrida de sangre. si tú no puedes venir con nosotros. . …Por el campo claro. sonó como un tiro de pistola. que le pedí al Tonto que se subiera en él y lo llevara con nosotros. ¡qué alegre cabalgar! Estaban las marismas risueñas ceñidas de oro. Entre el redondo trote duro de los caballos.XVI LA COZ Íbamos al cortijo de Montemayor. Platero en un rincón se impacientaba. y el potro le había respondido con una rápida coz. De pronto.

Se fueron los dos. por el arroyo seco que baja del pueblo. fui a ver a Platero. de vuelta del cortijo. me lo encontré mustio y doloroso. —¿Ves —le suspiré— que tú no puedes ir a ninguna parte con los hombres? . lentos y tristes. volviendo la cabeza al brillante huir de nuestro tropel… Cuando.

no sé si con su miedo o con el mío. a nuestro pasar… Sobre el vallado. Es como si un enjambre de claras rosas de cristal se enredara. qué … frío! Platero. un almendro inmenso. pisa la luna y la hace pedazos. redonda. níveo de flor y de luna.XVII ESCALOFRÍO La luna viene con nosotros. entre las zarzamoras… Alguien se esconde. revuelta la copa con una nube blanca. cuesta arriba. pura. vagamente. trota. grande. sintiendo ya la tibieza suave del pueblo que se acerca… . tácito. a su trote… Y trota Platero. entra en el arroyo. encogida la grupa cual si alguien le fuese a alcanzar. queriendo retenerlo. cobija el camino asaeteado de estrellas de marzo… Un olor penetrante a naranjas… humedad y silencio… La cañada de las brujas… —¡Platero. En los prados soñolientos se ven. no sé qué cabras negras.

deja de beber y levanta la cabeza como yo. En la noche serena. Van tierra adentro. Son los patos. los silbidos seguirán pasando. toda de nubes blancas y de estrellas. huyendo de la tempestad marina.XVIII PASAN LOS PATOS He ido a darle agua a Platero. De vez en cuando. con una blanda nostalgia infinita… . de sus picos… Horas y horas. a las estrellas. desde el silencio del corral. como las mujeres de Millet. un incesante pasar de claros silbidos. de vez en cuando. se escuchan los ruidos más leves de sus alas. en huir interminable. Platero. como si nosotros hubiéramos ascendido o como si ellos hubiesen bajado. se oye allá arriba.

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se oía. con su vestidillo blanco y su sombrero de arroz. hacia la muerte. cogiéndole las orejas. Platerillo!». declinaba. camino de la gloria!… Volví por las tapias. lo llamaba. río abajo. Desde el cementerio ¡cómo resonaba la campana de vuelta en el ocaso abierto. almenada de grandes dientes amarillos. y. y rebuznaba loco. en una confianza ciega. y le pegaba pataditas. nadie se acordaba de Platero. entré en la casa por la puerta del corral. estío melancólico! ¡Qué lujo puso Dios en ti. o. el asnucho quería partir la cuerda. En cuanto la veía venir hacia él. Ella. a veces. entre las lilas. en su delirio. mimosa: «¡Platero. en aquella bocaza rosa. lo llamaba con todas las variaciones mimosas de su nombre: ¡Platero! ¡Platerón! ¡Platerillo! ¡Platerete! En los largos días en que la niña navegó en su cuna alba. Desde la casa obscura y llena de suspiros. pasaba una vez y otra bajo él. Ella. tarde del entierro! Setiembre. igual que un niño. solo y mustio. llamándolo. rosa y oro. huyendo de los hombres. y saltaba. triste: «¡Platerillo…!». nardo cándido. me fui a la cuadra y me senté a llorar con Platero. . la lejana llamada lastimera del amigo… ¡Oh. que él ponía a su alcance.XIX LA NIÑA CHICA La niña chica era la gloria de Platero. y le dejaba la mano.

Da pena ver a los muchachos andando torpemente por las calles con sus sombreros anchos. Pero no te apures tú. Platero. Platero. oliendo a cuadra y a aguardiente… A eso de las dos. como el año pasado… ¡Qué hermoso el campo en estos días de fiesta en que todos lo abandonan! Apenas si en un majuelo. un viejecito se inclina sobre la cepa agria. ante las tabernas. calle Nueva abajo. en ese instante de soledad con sol. están preparando el Canario. en la calleja. tú y yo saldremos por la puerta falsa y nos iremos por la calleja al campo. ese coche amarillo que les gusta tanto a los niños. sus blusas. en una huerta. mientras diestros y presidentas se están vistiendo. para las presidentas. Ya les he dicho que no lo piensen siquiera… ¡Venían locos. en ese hueco claro del día.XX LOS TOROS ¿A que no sabes. Platero! Todo el pueblo está conmovido con la corrida. Ahí detrás. La banda toca desde el alba rota ya y desentonada. van y vienen coches y caballos calle Nueva arriba. Los patios se quedan sin flores. a qué venían esos niños? A ver si yo les dejaba que te llevasen para pedir contigo la llave en los toros de esta tarde. su puro. sobre el . para la cuadrilla.

la música de la plaza de toros. el redondo vocerío. se siente reina verdadera de lo que posee por virtud de su sentimiento. da a quien lo merece el espectáculo sumiso de su hermosura resplandeciente y eterna. del cuerpo grande y sano de la naturaleza que. que se pierden a medida que uno se va. Platero. como una corona chocarrera. sereno. hacia la mar… Y el alma.regato puro… A lo lejos sube sobre el pueblo. las palmas. respetado. .

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XXI SARITO Para la vendimia. y venía de Niebla. Sarito. en tanto. Los vendimiadores lo miraban de reojo. que andaba por allí comiendo uva. se había peleado ya con un muchacho que le había partido una oreja de un mordisco. las mujeres me dijeron que un negrito preguntaba por mí. estando yo una tarde roja en la viña del arroyo. más por los hombres que por ellas. el criado de Rosalina. Antes. cuando él venía ya vereda abajo: —¡Sarito! Era Sarito. Iba yo hacia la era. y me miraba. mi novia portorriqueña. acariciaba a Platero. al pasar por el lagar. Se había escapado de Sevilla para torear por los pueblos. andando. con hambre y sin dinero. no atreviéndose a acariciarme a mí mismo. en un mal disimulado desprecio. el capote dos veces grana. al hombro. las mujeres. lo evitaban. noblemente… . Yo le sonreía y le hablaba afable.

ya anocheciendo. Luego. ¡Qué ilusión cuando entró en el corral por vez primera. muy temprano me iba con él ribera abajo y galopaba por las marismas levantando las bandadas de grajos que merodeaban por los molinos cerrados. ¡Qué bonito era! Todas las mañanas. en el que están su silla. me lo quitó . Se lo llevaron antes de que tú vinieras. Después. como en un sueño. Platero! Era marismeño y con él venía a mí un cúmulo de fuerza. el de las bodegas de San Juan. entre la lluvia. que todo lo borra.XXII ALMIRANTE Tú no lo conociste. Como ves. hasta que el tiempo. De él aprendí la nobleza. calle Nueva arriba. en duro y cerrado trote corto. su bocado y su cabestro. de alegría. Dejó sobre el velador de la salita unos billetes y se fue con Lauro hacia el corral. No sé cuántos días tuve el corazón encogido. vi pasar por la ventana a monsieur Dupont con Almirante enganchado en su charret. Una tarde de invierno vino a mi casa monsieur Dupont. Hubo que llamar al médico y me dieron bromuro y éter y no sé qué más. de vivacidad. por la calle Nueva. la tabla con su nombre sigue siempre sobre el pesebre que fue suyo. su fusta en la mano. subía por la carretera y entraba.

Platero. como me quitó a Lord y a la niña también. ¡Qué buenos amigos hubierais sido Almirante y tú! . Sí.del pensamiento. Platero.

el canario de los niños ha amanecido hoy muerto en su jaula de plata. pero su voz era quebradiza y asmática. se ha apresurado. él quiso también engalanar la vida nueva. con la cabeza escondida en el plumón. y cantó. tú te acuerdas bien. el pobre cantor. amarillos? Oye. . en la mano cándida de Blanca. lloroso. Platero. celestes. La luna está ahora llena. lo pasó silencioso. con almas de pájaros blancos. tú y yo bajaremos el pájaro muerto al jardín. Platero. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo… El invierno. otro canario viejo… Platero. Y al entrar esta primavera. Se ha muerto porque sí —diría Campoamor. El mayor de los niños. como la voz de una flauta cascada. ¿habrá un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde sobre el cielo azul. ni comida. No le ha faltado nada. cuando el sol hacía jardín la estancia abierta y abrían las mejores rosas del patio. los niños. a la noche. viéndolo yerto en el fondo de la jaula.XXIII EL CANARIO SE MUERE Mira. todo en flor de rosales áureos. ni agua! No. que lo cuidaba. rosas. y a su pálida plata. a decir: —¡Pues no le ha faltado nada.

A la primavera.parecerá el pétalo mustio de un lirio amarillento. El aire fragante se pondrá canoro. Platero. y habrá por el sol de abril un errar encantado de alas invisibles y un reguero secreto de trinos claros de oro puro. Y lo enterraremos debajo del rosal grande. . hemos de ver al pájaro salir del corazón de una rosa blanca.

. joven. Por la ventana del jardín. luego. en un estrépito de sillas caídas. quieto y triste. contemplaba. la madre. ¡El tonto de Platero! Puesta en el cristal su cabezota blanca. el dulce comedor encendido. espantados. la clara noche de estrellas temblaba. a los brazos de la madre. mirando. todos corrieron tras de ella. como un débil rayo. Blanca huyó. con un raudo alborotar.XXIV SUSTO Era la comida de los niños. a la ventana. De pronto. Las niñas comían como mujeres. y los geranios rojos y las pintadas manzanas coloreaban de una áspera alegría aquel sencillo idilio de caras inocentes. Al fondo. agigantada por la sombra. los miraba sonriendo. rubia y bella. Soñaba la lámpara su rosada lumbre tibia sobre el mantel de nieve. los cristales y el miedo. los niños discutían como algunos hombres. Hubo un súbito silencio y. dura y fría.

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como una flecha. como en roble. porque para llegar a su cuadra tendrían los gitanos que saltar medio pueblo y.) Pero. por amedrentarlo en broma. en el sol de cobre. rompiendo —¡brutote!— en su corta fuga.XXV LOS GITANOS Mírala. trotando. ¡Los burros. en derredor. calle abajo. a cuerpo. la enredadera azul. enhiesta. tras el cementerio. lunareada de blanco! Va al Cabildo. el pañuelo amarillo de talle. con sus hogueras. que se cierra tras él con duro estrépito de hierro y cristales. Ahí viene. derecha. le digo. sintiendo a los gitanos desde los corrales bajos! (Yo estoy tranquilo por Platero. ahuecando y poniendo negra la voz: —¡Adentro. porque Rengel. como siempre. a pedir permiso para acampar. el guarda. Platero. me quiere y lo quiere a él. adentro! ¡Voy a cerrar la cancela. que te van a llevar! Platero. sin mirar a nadie… ¡Qué bien lleva su pasada belleza. Platero. sus mujeres vistosas. en invierno. y salta y brinca. la cancela. . mordisqueando la muerte. del patio de mármol al de las flores y de este al corral. Platero! ¡Ya estarán temblando los burros de la Friseta. y sus burros moribundos. pasa. Ya recuerdas los tenduchos astrosos de los gitanos. además. gallarda todavía. seguro de que no lo robarán los gitanos. y la falda azul de volantes.

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—¡A ver quién llega antes a las violetas!… A la una… A las dos… ¡A las tres! Salieron las niñas corriendo. Platero llegó a las violetas antes que ninguna. ea! Les dije que aquella carrera la había ganado Platero y que era justo premiarlo de algún modo. no pudieron protestar. ni reírse siquiera… Yo les gritaba: —¡Que gana Platero! ¡Que gana Platero! Sí. de Viena. Que bueno. por no perder. contagiado del juego. cuando Platero. cogiéndose el cabello: —¡Eso no vale! ¡Eso no vale! ¡Pues no! ¡Pues no! ¡Pues no. Las niñas volvieron protestando sofocadas. se unió a ellas en su vivo correr. Ellas. que yo había recibido la víspera. que el . y se quedó allí. revolcándose en la arena.XXVI LA CORONA DE PEREJIL ¡A ver quién llega antes! El premio era un libro de estampas. subiéndose las medias. en un alegre alboroto blanco y rosa al sol amarillo… Llegaban al primer naranjo. que holgazaneaba por allí.

y se la puse en la cabeza. pensé que Platero tendría el mejor premio en su esfuerzo. como yo en mis versos. cogiendo un poco de perejil del cajón de la puerta de la casera. Ellas.libro. rojas: —¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Entonces. saltaban y reían. honor fugaz y máximo. se quedaría para otra carrera de ellas. como Platero no sabía leer. acordándome de mí mismo. como a un lacedemonio. seguras ya del libro. hice una corona. . pero que a Platero había que darle un premio. Y.

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con sábanas y colchas y sombreros antiguos. María Teresa. despertados de pronto. y llevarás. subí con todos. Perico. a Pepe en el poyo de la ventana. tita. se siente como un gran corazón pleno y sano. vivo y mágico. Pepe. pasaremos ante la ventana de los niños en cortejo de disfraces y de luces. a Blanca en una silla baja. a uno en una butaca. tocando almireces. cogida muy fuerte de mi mano. al arrimo de la chimenea. ¡Qué alboroto por la escalera. Platero! No era posible acostarlos. en jirones. esta noche. Ahora. como un delantal. tan medrosa para ellos otras noches! —A mí no me da miedo de la montera. Tú irás delante conmigo. los zapatos de todos. a otro en el suelo. Y a las doce. el sueño de todos.XXVII LOS REYES MAGOS ¡Qué ilusión. de los ojos asombrados. la bandera de Colombia. trompetas y el caracol que está en el último cuarto. ¿y a ti? — decía Blanca. con el sueño colgado aún. la de los niños. tú y yo. Lolilla. el sueño los fue rindiendo. Antes de la cena. en el fondo de esta afuera de la vida. no fueran a pasar los Reyes… Y ahora. Al fin. Platero. que seré Gaspar y llevaré unas barbas blancas de estopa. vamos a vestirnos Montemayor. la cabeza sobre los clavos de la puerta. entre las cidras. Y pusimos en el balcón. el cónsul… Los niños. que he traído de casa de mi tío. se asomarán en camisa a los cristales. .

¡Ya verás cómo nos vamos a divertir esta noche. al balcón y serán dueños de todo el tesoro. y mañana. subirán. cuando ya tarde los deslumbre el cielo azul por los postigos. Después. El año pasado nos reímos mucho.temblorosos y maravillados. a medio vestir. camellito mío! . seguiremos en su sueño toda la madrugada. Platero.

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harto de dormir. su recuerdo me es grato como el alba. en la luz celeste que entra por las rendijas de la alcoba! Yo. rebuzna largamente. pienso en el sol desde mi lecho mullido. a robar los pinos de los montes. o en las de uno de esos gitanos astrosos que pintan los burros y les dan arsénico y les ponen alfileres en las orejas para que no se les caigan.XXVIII EL ALBA En las lentas madrugadas de invierno. ¡Cuán dulce su lejano despertar. amable como mi pensamiento. cuando los gallos alertos ven las primeras rosas del alba y las saludan galantes. Platero rebuzna de nuevo. Y. él tiene una cuadra tibia y blanda como una cuna. si en vez de caer en mis manos de poeta hubiese caído en las de uno de esos carboneros que van. . ¿Sabrá que pienso en él? ¿Qué me importa? En la ternura del amanecer. todavía de noche. deseoso también del día. por la dura escarcha de los caminos solitarios. Y pienso en lo que habría sido del pobre Platero. gracias a Dios. Platero.

le han puesto el aparejo moruno. blanco y amarillo. viéndole cautivo. de panderetas y de almireces… . de coplas. indeciso. Los redondos papelillos de colores van rodando paralelamente por la acera. como es tan pequeño. de rebuznos. y los niños. rebuznan para que él rebuzne. cantando y riendo a su alrededor. coronados los negros y sueltos cabellos con guirnaldas de hojas verdes. azul. intenta. que se han vestido de máscara. unidas por las manos. han cogido a Platero en medio de su corro bullanguero y. las locas no le temen y siguen girando. hacen bolsillos de cualquier cosa para las manos azules. al viento agudo de la tarde. Los chiquillos. Toda la plaza es ya un concierto altivo de metal amarillo. Cuando hemos llegado a la plaza. sol y frío. nervioso. todo bordado. y las máscaras. yergue las orejas. alza la cabeza y.XXIX CARNAVAL ¡Qué guapo está hoy Platero! Es lunes de carnaval. huir por doquiera. en rojo. como un alacrán cercado por el fuego. ateridas. de cargados arabescos. Agua. con largas camisas blancas. unas mujeres vestidas de locas. Pero. Platero. han girado alegremente en torno de él. de risas.

igual que un hombre. Platero. Como yo. no quiere nada con el carnaval… No servimos para estas cosas… . decidido. caído el lujoso aparejo.Por fin. rompe el corro y se viene a mí trotando y llorando.

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rígidas y descoloridas. blandos los ojos y tristes. sumió la enorme boca desdentada hasta la nuca y meció sobre el pecho la cabeza congestionada. y quise que se levantara… El pobre se removió todo bruscamente. igual que un péndulo. lo acaricié de nuevo con ternura. Platero estaba muerto. al pasarle la mano. se elevaban al cielo. —Nada bueno. encendiéndose cada vez que pasaba por el rayo de sol de la ventanilla. entre la hierba… A mediodía. El viejo Darbón. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las muñecas viejas. y sus patas. y dejó una mano arrodillada… No podía… Entonces le tendí su mano en el suelo. hablándole. Fui a él.XXX LA MUERTE Encontré a Platero echado en su cama de paja. lo acaricié. ¿eh? No sé qué contestó… Que el infeliz se iba… Nada… Que un dolor… Que no sé qué raíz mala… La tierra. en una polvorienta tristeza… Por la cuadra en silencio. revolaba una bella mariposa de tres colores… . así que lo hubo visto. y mandé venir a su médico. La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo. que se cae.

las afanosas abejas en torno del romero verde y malva. sí. cuál vuelan. ¿verdad que tú nos ves? Sí. ¿verdad? Platero. tú nos ves. cojos. ¿verdad? ¿Verdad que ves pasar por la cuesta roja de la Fuente vieja los borriquillos de las lavanderas. en la luz última. ¿verdad? ¿Verdad que ves a los niños corriendo arrebatados entre las jaras. endulzando todo el valle de las viñas. tú nos ves. ¿verdad? ¿Verdad que ves cómo se ríe en paz. clara y fría. tu tierno rebuzno lastimero… . Y yo creo oír. rosa y oro por el sol que aún enciende la colina? Platero. tú nos ves. cansados. sí. goteadas de carmín? Platero. el agua de la noria del huerto. tristes en la inmensa pureza que une tierra y cielo en un solo cristal de esplendor? Platero.XXXI NOSTALGIA Platero. tú nos ves. liviano enjambre de vagas mariposas blancas. tú me ves. que tienen posadas en sus ramas sus propias flores. yo oigo en el poniente despejado.

Quietos y serios. Los niños. sus ojos brillantes en mis ojos. que está en el huerto de la Piña. se iba en el aire de oro de la tarde tibia. dejaban de gritar. estás ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo a los ángeles adolescentes. igual que un alma. una leve mariposa blanca. dime: ¿te acuerdas aún de mí? Y. si. abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos. Cantaban los chamarices allá arriba. de lirio en lirio… . revolaba insistentemente. —¡Platero amigo! —le dije yo a la tierra—. En torno. al pie del pino redondo y paternal. toda pintada de cenit azul. así que iban llegando. que antes no había visto. y su trino menudo. florido y reidor. en la cúpula verde. como un claro sueño de amor nuevo. ¿me habrás quizá olvidado? Platero. como pienso. cual contestando mi pregunta. me llenaban de preguntas ansiosas.XXXII MELANCOLÍA Esta tarde he ido con los niños a visitar la sepultura de Platero.

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