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ANOREXIA

NERVIOSA
KAREN LIZETH CASTILLO ROJAS 150310

San Andrés Cholula, Puebla
UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS PUEBLA | 27 DE NOVIEMBRE 2014

ANOREXIA NERVIOSA
La anorexia nerviosa consiste en un trastorno de la conducta alimentaria que
supone una pérdida de peso provocada por el propio enfermo y lleva a un estado
de inanición. La anorexia se caracteriza por el temor a aumentar de peso, y por
una percepción distorsionada y delirante del propio cuerpo que hace que el
enfermo se vea gordo aun cuando su peso se encuentra por debajo de lo
recomendado. Por ello inicia una disminución progresiva del peso mediante
ayunos y la reducción de la ingesta de alimentos (Gerlinghoff et.al., 2004).
“Normalmente comienza con la eliminación de los hidratos de carbono, ya
que existe la falsa creencia de que engordan. A continuación rechaza las grasas,
las proteínas e incluso los líquidos, llevando a casos de deshidratación extrema”
(Hekier, 1994). A estas medidas drásticas se le pueden sumar otras conductas
asociadas como la utilización de diuréticos, laxantes, purgas, vómitos provocados
o exceso de ejercicio físico. “Las personas afectadas pueden perder desde un 15
a un 50 por ciento, en los casos más críticos, de su peso corporal” (GonzálezMacías, 2013). Esta enfermedad suele asociarse con alteraciones psicológicas
graves que provocan cambios de comportamiento, de la conducta emocional y una
estigmatización del cuerpo.
Objetivo
Conocer lo que es el trastorno de alimentación conocido como anorexia,
sus casusas, afectaciones y propuestas de mejora.
CAUSAS
Su causa es desconocida, pero los factores sociales parecen importantes
(Pelegrina, 2014). Aunque hay muchos factores socioculturales que pueden
desencadenar la anorexia, es probable que una parte de la población tenga una
mayor predisposición física a sufrir este trastorno, independientemente de la
presión que pueda ejercer el entorno. Por ello existen de factores generales que

se asocian a un factor desencadenante o cierta vulnerabilidad biológica, que es lo
que precipita el desarrollo de la enfermedad.
La propia obesidad del enfermo.
Obesidad materna.
Muerte o enfermedad de un ser querido.
Separación de los padres.
Alejamiento del hogar.
Fracasos escolares.
Accidentes.
Sucesos traumáticos.

SINTOMAS DE ANOREXIA
Esta patología se caracteriza por una pérdida significativa de peso provocada por
el enfermo y por una percepción errónea del propio cuerpo. En consecuencia, los
problemas endocrinos se hacen evidentes en un espacio de tiempo relativamente
corto. Los principales síntomas que determinan la aparición de la enfermedad son
los siguientes:
Rechazo a mantener el peso corporal por encima del mínimo adecuado para la
edad y talla del enfermo.
Miedo al aumento de peso o a la obesidad incluso cuando el peso se encuentra
por debajo de lo recomendable.
Percepción distorsionada del cuerpo, su peso y proporciones.
Ausencia de tres ciclos menstruales consecutivos en las mujeres (amenorrea). Los
anoréxicos

pueden

experimentar

una

serie

de

síntomas

variados: estreñimiento, amenorrea, dolor abdominal, vómitos, etc.

muy

Pero es la familia la que detecta los síntomas que dan la voz de alarma:
Preocupación excesiva por la composición calórica de los alimentos y por la
preparación de los alimentos
Constante sensación de frío
Reducción progresiva de los alimentos
Obsesión por la imagen, la báscula, los estudios y el deporte
Utilización de trampas para evitar la comida
Hiperactividad
A estos síntomas se le suman otros rasgos típicos como la irritabilidad,
la depresión y los trastornos emocionales o de la personalidad. Asimismo, se
manifiesta una alteración de la sensación de saciedad y plenitud antes de las
comidas, náuseas, hinchazón, o incluso ausencia de sensaciones. En esta
patología también se observan numerosos trastornos cognitivos que se centran en
los alimentos, el peso corporal y el aspecto físico:
Abstracciones selectivas
Uso selectivo de la información.
Generalizaciones
Supersticiones.
Se magnifica el lado negativo de cualquier situación.
Pensamiento dicotómico.
Ideas autorreferenciales.
Inferencia arbitraria
En cuanto a las consecuencias clínicas, los síntomas son los siguientes:
Las pulsaciones cardiacas se reducen.

Se producen arritmias que pueden derivar en un paro cardiaco.
Baja la presión arterial.
Desaparece la menstruación en las mujeres (amenorrea).
Disminuye la masa ósea y, en los casos muy tempranos, se frena la velocidad de
crecimiento.
Disminución de la motilidad intestinal.
Anemia.
Aparece un vello fino y largo, llamado lanudo, en la espalda, los antebrazos, los
muslos, el cuello y las mejillas.
Estreñimiento crónico.
La disminución del gasto energético produce una sensación constante de frío.
La piel se deshidrata, se seca y se agrieta.
Coloración amarillenta en las palmas de las manos y las plantas de los pies por la
acumulación de carótenos en las glándulas sebáceas.
Las uñas se quiebran.
Pérdida de cabello.
Problemas con los dientes y edemas periféricos. Hinchazones y dolores
abdominales.
DIAGNOSTICO
La anorexia nerviosa se diagnostica, generalmente, basándose en una intensa
pérdida de peso y los síntomas psicológicos característicos. La anoréxica típica es
una adolescente que ha perdido al menos un 15 por ciento de su peso corporal,
teme la obesidad, ha dejado de menstruar, niega estar enferma y parece sana.

TRATAMIENTOS
“Los objetivos globales del tratamiento son la corrección de la malnutrición y los
trastornos psíquicos del paciente. En primer lugar se intenta conseguir un rápido
aumento de peso y la recuperación de los hábitos alimenticios, ya que pueden
implicar un mayor riesgo de muerte” (Pelegrina, 2014). Pero una recuperación total
del peso corporal no es sinónimo de curación. La anorexia es una enfermedad
psiquiátrica y debe tratarse como tal. El tratamiento debe basarse en tres
aspectos:

Detección precoz de la enfermedad: conocimiento de los síntomas por parte de los
médicos de atención primaria y de los protocolos que fijan los criterios que el
médico debe observar.

Coordinación entre los servicios sanitarios implicados: psiquiatría, endocrinología y
pediatría.

Seguimiento ambulatorio una vez que el paciente ha sido dado de alta, con visitas
regulares. Las hospitalizaciones suelen ser prolongadas, lo que supone una
desconexión del entorno que puede perjudicar el desarrollo normal del
adolescente. Por ello son aconsejables, siempre que se pueda, los tratamientos
ambulatorios.
El ingreso en un centro médico es necesario cuando:

La desnutrición es muy grave y hay alteraciones en los signos vitales

Cuando las relaciones familiares son insostenibles y es mejor aislar al paciente

Cuando se agravan los desórdenes psíquicos.
El tratamiento ambulatorio es eficaz cuando:

Se detecta de manera precoz

No hay episodios de bulimia ni vómitos y existe un compromiso familiar de
cooperación.

De esta manera se inicia el tratamiento con la realimentación, que en ocasiones
puede provocar molestias digestivas, ya que el cuerpo no está acostumbrado a
ingerir alimentos. Con el tiempo se restablece la situación biológica y vuelve la
menstruación. Después comienza el tratamiento psicológico, que intenta
reestructurar las ideas racionales, eliminar la percepción errónea del cuerpo,
mejorar la autoestima, y desarrollar las habilidades sociales y comunicativas entre
el enfermo y su entorno. “La familia debe tomar parte de manera activa en el
tratamiento porque en ocasiones el factor desencadenante de la enfermedad se
encuentra en su seno y, además, la recuperación se prolonga inevitablemente en
el hogar” (Raich, 1999).
Cerca del 95 por ciento de las personas que sufren este trastorno son mujeres.
Generalmente

comienza

en

la

adolescencia,

a

veces

antes

y menos

frecuentemente en la etapa adulta. La anorexia nerviosa afecta primordialmente a
las personas de clase socioeconómica media y alta (Vellisca, 2012). En la
sociedad occidental el número de personas con este trastorno parece aumentar.
La anorexia nerviosa puede ser leve y transitoria o grave y duradera. Se han
comunicado tasas letales tan altas como del 10 al 20 por ciento. Sin embargo,
como los casos leves pueden no ser diagnosticados, nadie sabe exactamente
cuántas personas tienen anorexia nerviosa o qué porcentaje muere de ella.
“La edad de inicio de la anorexia se sitúa en la primera adolescencia, en
torno a los 12 años, si bien la población más afectada se encuentra entre los 14 y
18. Es más frecuente en las clases sociales media y media-alta” (González, 2013).
En un 95 por ciento de los casos la anorexia afecta a mujeres jóvenes, aunque en
los últimos años se ha producido un aumento en hombres, en mujeres adultas y
en niños. Existen colectivos más propensos a sufrir estos trastornos, es el caso de
las gimnastas, las bailarinas o las modelos. En la anorexia nerviosa se pueden
distinguir dos subtipos:

Subtipo restrictivo: la reducción de peso se consigue mediante dietas o ejercicio
físico intenso y el enfermo no recurre a sobre ingestas, atracones o purgas.

Subtipo bulímico: El enfermo recurre a las purgas aunque haya ingerido una
pequeña cantidad de alimento.

PREVENCIÓN DE LA ANOREXIA
“La detección precoz y ponerse en manos de especialistas para seguir un
tratamiento adecuado son las mejores armas para combatir la anorexia, una vez
establecida la enfermedad”. (Apfeldorfer, 2004). Sin embargo, es mejor prevenir su
aparición con la difusión de programas de prevención y promoción de la Salud en
los ámbitos familiares, educativos y sociales, que permitirían reducir el número de
personas que desarrollan trastornos alimentarios cuyas consecuencias pueden
repercutir sobre su salud de forma irreversible.
PREVENIR LA ANOREXIA DESDE LA INFANCIA
Estas son algunas claves que te ayudarán a prevenir la anorexia en tus hijos o
familiares de corta edad:
Enseñar a los niños desde pequeños, tanto en casa como en la escuela, la
importancia de unos correctos hábitos alimenticios.
Comer en familia siempre que sea posible, convirtiendo el momento de la comida
en una reunión agradable en la que se intercambian las vivencias del día.
Los menús deben ser variados e incluir todos los tipos de alimentos necesarios
para una correcta nutrición.
Salvo que existan razones de salud, no se deben excluir alimentos de la dieta del
niño, pues todos son necesarios en su justa medida, aunque sí se debe limitar el
consumo de dulces y postres industriales, sustituyéndolos, en la medida de lo
posible, por otros hechos en casa.

Probar con distintas verduras y frutas hasta encontrar las que más le agrade.
Aunque no le guste la coliflor, puede que le encanten las espinacas.
Establecer horarios de comida regulares. Mejor si la comida se reparte en cuatro o
cinco tomas a lo largo del día (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena).
Fomentar su autoestima. Es importante que conozca sus capacidades y
limitaciones, y aprenda a sentirse a gusto consigo mismo. Esto evitará futuros
complejos.
Reforzar su autonomía y estimularle para que tenga sus propias opiniones y
resulte menos vulnerable a los mensajes de los medios de comunicación y la
publicidad que transmiten la idea de que tener un cuerpo perfecto es sinónimo de
éxito y felicidad, olvidando los valores de las personas.
Comentar con el niño estos mensajes sobre estética y alimentación que difunden
los medios de comunicación, razonando lo que es cierto y lo que no, y
enseñándole a valorar la salud por encima de los condicionamientos estéticos.
No proponerle metas, ni académicas ni deportivas, que superen sus capacidades,
para evitar frustraciones.
Animarle a practicar ejercicio con regularidad. Es bueno para su salud y le ayudará
a mantenerse en forma.
Facilitar sus relaciones sociales y su participación en actividades extraescolares,
excursiones, visitas culturales programadas por el colegio, etc. Si se siente
integrado socialmente, es difícil que al crecer piense que le van a rechazar por no
cumplir unos cánones de belleza concretos.
Establecer una buena comunicación dentro del ámbito familiar, para que el niño se
sienta seguro, y sea capaz de buscar el consejo y la ayuda de su propia familia
cuando se enfrente a situaciones que le resulten difíciles o estresantes.

PREVENCIÓN DE LA ANOREXIA EN LA ADOLESCENCIA
“La mayoría de los casos de anorexia se dan en mujeres con edades
comprendidas entre los 14 y los 18 años” (Aguirre, 2014). Jóvenes que han
recibido un falso mensaje que ensalza la delgadez como la representación del

éxito, la felicidad, lo correcto y lo natural. El deseo de cambiar el aspecto físico no
implica que se padezca una enfermedad mental, pero sí incrementa las
posibilidades de desarrollar un trastorno alimentario cuando se convierte en
una obsesión y se adoptan conductas inapropiadas. La adolescencia es una etapa
especialmente vulnerable porque la personalidad no está suficientemente
formada, de ahí la importancia de establecer programas de prevención de la
anorexia, para evitar el desarrollo de este y otros trastornos alimentarios.
Los educadores en contacto con adolescentes juegan un papel muy importante en
la detección precoz de los trastornos alimentarios, y deben avisar a los familiares
si observan alteraciones emocionales o cambios en el comportamiento o el
aspecto físico de los jóvenes.
Si el joven necesita perder peso por motivos de salud, debe hacerlo siempre bajo
control médico y con el conocimiento de los padres. Si estos observan que el
deseo de perder peso está injustificado, o que el joven empieza a reducir sin
motivo la cantidad de comida, deben consultar inmediatamente con un
especialista.
Los familiares deben evitar hacer comentarios despectivos sobre el aspecto físico
de otras personas. “Se puede criticar una mala acción o el mal carácter de alguien,
pero no burlarse de su fealdad o gordura” (Toro, 1987).
En esta misma línea, se debe enseñar al adolescente a valorar las virtudes de los
otros en vez de juzgarlos por su aspecto físico.
Favorecer la integración y convivencia entre personas procedentes de distintos
ámbitos sociales y culturales, ayuda al adolescente a comprender que ser
diferente no significa ser peor ni mejor.
Potenciar su autoestima para que valore sus cualidades y capacidades y no se
avergüence de sus limitaciones.
Un ambiente familiar positivo, sin caer en la sobreprotección, proporcionará al
adolescente la seguridad y el apoyo necesarios para superar sus problemas.
“Aunque la medicina alternativa no ha sido bien estudiado como un
tratamiento para las personas con trastornos de la alimentación, algunos
tratamientos alternativos pueden ayudar a reducir la ansiedad” (Mayo, 2012). Y,

estos tratamientos pueden ayudar a las personas con trastornos de la
alimentación mediante el aumento de la sensación de bienestar y promover la
relajación. Los tratamientos alternativos que han demostrado para reducir la
ansiedad incluyen:
Acupuntura, masaje, yoga y/o meditación.
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