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VERDAD E IMAGEN MINOR

HENRI DE LUBAC

16

PARADOJA Y
MISTERIO
DE LA IGLESIA

TERCERA EDICIÓN

Otras obras publicadas
por Ediciones Sígueme:
-B. Forte, La Iglesia, icono de la Trinidad (Velm 4)
—H. U. von Balthasar, Quién es cristiano (Velm 13)
-M. Kehl, La Iglesia (LM 71)
-C. Floristán, La Iglesia, comunidad de creyentes (LM 76)
-J.-M. R. Tillard, La Iglesia local (Vel 146)
—J.-M. R. Tillard, Iglesia de iglesias (Vel 113)
-K. Ch. Felmy, Teología ortodoxa actual (Vel 152)
-R. Blázquez, La Iglesia del concilio Vaticano //(Vel 107)
-G. Alberigo (ed.), Historia del concilio Vaticano / / ( PD)

EDICIONES SÍGUEME
SALAMANCA

2002

CONTENIDO

Cubierta diseñada por Christian Hugo Martín
Tradujo Alfonso Ortiz García
sobre el original francés Paradoxe et mystère de VÉglise
© Editions Aubier-Montaigne, 1967
© Ediciones Sígueme S.A., 2002
C/ García Tejado, 23-27 - E-37007 Salamanca / España
www.sigueme.es

ISBN: 84-301-1474-2
Depósito legal: S. 1.599-2002
Fotocomposición Rico Adrados S.L., Burgos
Impreso en España / UE
Imprime: Gráficas Varona
Polígono El Montalvo, Salamanca 2002

Introducción..........................................................

9

Prólogo .................................................................

17

1. Paradoja y misterio de la Iglesia ...................

19

2. ¿Cómo la Iglesia es un m isterio?...................

37

3. La constitución «Lumen gentium» y los padres
de la Iglesia......................................................

63

1.
2.
3.
4.
5.

De los padres al Vaticano II .....................
La Iglesia como m isterio..........................
El pueblo de D io s......................................
Perspectiva escatológica...........................
La Iglesia y la Virgen María ....................

63
69
77
87
97

4. Las religiones humanas según los padres.....

115

Apéndice ...............................................................

152

INTRODUCCIÓN

Dos años después de concluido el concilio Vaticano
II, Henri de Lubac publicaba la presente obra, fruto de
diversas intervenciones suyas realizadas en el inmedia­
to posconcilio, con un título que, al unir «paradoja» y
«misterio de la Iglesia», causó sorpresa y a su vez fasci­
nó por su fidelidad al espíritu del «aggiornamento» de
la Iglesia católica propuesto por el Papa Juan XXIII co­
mo finalidad de la celebración del Vaticano II.
H.
de Lubac S.J. (1896-1991) fue uno de los teólo­
gos franceses nombrado por Juan XXIII y confirmado
por Pablo VI como perito teológico del Concilio que in­
tervino en la redacción de diversos documentos conci­
liares, especialmente en Dei verbum, Lumen gentium,
Sacrosantum concilium, Gaudium et spes, Ad gentes y
Nostra aetate. De hecho, esta designación representó
-con la confirmación casi final que fue su nombra­
miento como cardenal en 1982 por Juan Pablo II- su re­
habilitación ante el mundo teológico, puesto que a par­
tir de la publicación de la encíclica Humani generis de
Pío XII en 1950 y de la interpretación que le dieron al­
gunos de sus comentaristas más relevantes (R. Garrigou-Lagrange, P. Parente, P. Piolanti...), sus obras más
notables: Corpus Mysticum, VEucharistie e VÉglise au
Moyen âge (1944) y Surnaturel (1946; edición española
del nuevo original francés del 1965, El misterio del so­
brenatural, Barcelona 1970; Madrid 1991; cf. la atenta

primero en las rodillas de mi madre cam al. Frankfurt 2001).. en esa comunidad yo encuentro mi sostén. con una pa­ ciencia humilde y activa. y en el segundo responde a la pregunta clave: ¿cómo la Iglesia es un misterio? Pero. De gran actualidad. una de las páginas más importantes. Sí. los que la reconocen como madre tienen que cumplir con su misión.10 Introducción Introducción monografía de R. ¿por qué H.. teniendo presente tanto su «paradójico» itinerario teológico personal como sus reflexiones iniciadas con el libro anterior. ¡cuántos cambios se han verificado en su ac­ titud!. escrito en 1967. En medio de estas coyunturas. el brillante y reciente estudio de D. Berzosa. po­ ne de relieve la importancia de la teología de los padres de la Iglesia en la renovación que representa el concilio Vaticano II.. de Lubac. Palabras que nos dan el «tono» y el «talante» de esta reflexión que presenta H.. No se trata de un juego inútil de retórica. al describir los grandes avan­ ces de la eclesiología presente en la Lumen gentium. mi fuerza y mi alegría. porque nos da a Cristo. En efecto. la Iglesia es nuestra madre. profundas y prometedoras de la eclesiología del siglo XX. Paradoja de una Iglesia hecha para una humanidad paradójica. por poco que yo me deje hacer.. La Iglesia es mi madre porque me ha dado la vida. representa un hito decisivo para captar la comprensión conciliar de la Iglesia según H. de Lubac une el «misterio» de la Iglesia a la expresión «paradoja»? La respuesta a estas preguntas representan. Pues bien. reeditado con un complemento sobre Nuevas paradojas (1959). en todos sus aspectos y contrastes! Durante los veinte siglos de su existencia. titulado Paradojas (1946). cuatro temas cuyo relanzamiento para la eclesiología contem­ poránea están fuera de dudas. otros se escandalizan. a su vez. Citemos algunas de sus líneas más significativas: 11 ¡Qué realidad tan paradójica es la Iglesia. Estos estudios van precedidos de los capítulos que justifican el sugerente título dado a esta obra: Paradoja y misterio de la Iglesia. Y es aquí donde radica el «éxito» y la «validez» permanente de esta obra cuya actualidad se mantiene bien viva. Se me dice que la Iglesia es santa.. No todos sus hijos la com­ prenden. de Lubac (cf. En una palabra.. paradoja de la Iglesia. En efecto.. Unos se espantan.... que son un estudio en filigrana de la apor­ tación de la patrística a la comprensión de la Iglesia co­ mo misterio. Paradoja y misterio de la Iglesia.. me hace profundizar cada vez más en la vida. Esa Iglesia es mi madre.. Cuando más crece la humanidad.^Porque la Iglesia lleva la es­ peranza del mundo. El libro que presentamos. pero yo la veo llena de pecadores. a su perspectiva escatológica y a la relación entre la Iglesia y María. donde aparece con fuerza la absoluta centralidad de Jesucristo. tan presente en la teología de H. Jesús Christus ais Mitte der Theologie von Henri de Lubac.. se presenta la cuestión de las religiones y su rela­ ción con el cristianismo por parte de los padres de la Iglesia.. H. a nuestro parecer. como pueblo de Dios.. fueron retiradas de la circulación y a su vez se le impidió que enseñara. La teología del sobrenatural en los escritos de Henri de Lubac. Es mi madre porque no cesa de mantener­ me y porque. más tiene que reno­ varse también la Iglesia. de Lubac. en el primer capítu­ lo se pregunta qué significa tal título. Burgos 1991). Hercsik. A esto responden el tercer y cuarto capítulo de este libro. de Lubac y que aparece como . Y así es como empecé a conocerla.

de Lubac insistió pos­ teriormente en que para el concilio Vaticano II la expre­ sión «Lumen gentium» (Luz de las naciones). H. de Lubac afirma en nuestro libro que la Iglesia es «complexio oppositorum -una unidad de partes opuestas. etc. unas veces creciendo y otras decreciendo. y ofrecen un camino decisivo pa­ ra la comprensión profunda de la Iglesia. Novo millenio ineunte 54. de Lubac nos descubre lo mejor y más profundo de su reflexión eclesial: ¡es a través de la constatación de las paradojas de la Iglesia cómo podemos introducimos en el misterio de la Iglesia! Así.13 Introducción Introducción tremendamente actual. que el hombre es una paradoja viviente y que.. Sí. se­ gún los padres de la Iglesia. sobre la comprensión de la Iglesia como la luna que recibe prestada su luz de Cristo y que pasa por di­ versas fases. sino a Cristo. de Lubac retoma en el segun­ do capítulo una imagen de la Iglesia muy presente en los padres de la Iglesia y que la más reciente Carta apostóli­ ca de Juan Pablo II del año 2000. En efecto... que H. Procuremos pasar por enci­ ma de las apariencias demasiado gruesas. La primera se 12 .. de Lu­ bac. pero que se orienta hacia la plenitud» (Paradojas y nuevas parado­ jas. sólo puede aspirarse a la síntesis.. A su vez. el mismo H. 30). Por eso Pablo VI en Jerusalén quiso mostrarse -como se ve el Papa Honorio III en el célebre mosaico central de San Pablo extramuros. y por esto toma el aspecto de una paradoja». Por eso H. la permanente actualidad de la propuesta de H. ya que la paradoja y el misterio se articulan y se iluminan mutuamente. la encamación es la Para­ doja suprema (Paradoxos paradoxon)». una paradoja que servirá para que podamos introducimos en su misterio». Madrid 1985. estas expresiones en Orígenes. no puede ser captado con una mirada directa y simple. se despliega en tres paradojas.). de Lubac. Y entonces descubriremos la para­ doja propia de la Iglesia. con san Buenaventura. De ahí que. H.literalmente aplastado en tierra.. He aquí. Madrid 1997. 6.. santo Tomás de Aquino. san Agustín. Con esta última y lúcida afirmación.. como todo misterio. Diálogo sobre el Va­ ticano II. ya que «la Iglesia no es na­ da si no es la sierva de Cristo. si no transmite su Vida. ya que no cesa de soportar las contradicciones y vicisi­ tudes humanas (cf. para profundizar en es­ ta realidad paradójica. y en la gran escolástica. sino solamente a través de su refracción en nuestras inteligencias. de Lu­ bac desarrolla de forma más específica en el capítulo segundo. el título de esta obra cobra un relieve inu­ sitado. insignificante ante un Cristo que se yergue mayestático» (H.cuyo choque entre las partes opposita me oculta la unidad de la complexio. paradoja de la Iglesia. En este sentido. tanto en el ámbito de los hechos como en el del espíritu. -título de la Constitución dogmática sobre la Iglesia. de Lubac parte de que «el evangelio está lleno de para­ dojas. san Ambrosio. es decir. ya que como él mismo escribe: «El misterio de la Iglesia. Expresión provisio­ nal de una perspectiva siempre incompleta. La estructura paradójica de la Iglesia. ha recordado por primera vez en un documento ma­ gisterial sobre «la constitución lunar de la Iglesia».no se refie­ re a la Iglesia. pues. La comprensión «paradójica» de la Iglesia para H. La paradoja es la búsqueda o la espera de la síntesis...65). Pero ese anverso siempre se nos escapa. Por­ que lo esencial jamás se halla en el número ni en las apariencias primeras. «la paradoja es el reverso de lo que la síntesis el anverso. Sacudamos la ilusión cuantitativa que oculta siempre lo esencial. si no refleja su Luz.

Paradosso e Mistero in Henri de Lubac. He aquí. la explicación teológica de tal fenómeno paradójico apunta al misterio de la Iglesia atestiguado. por ser de Dios» y «pecadora. menos tensa y menos apresurada. nuestro universo siempre en devenir. dimensiones que se expresan en la doble calificación de la Iglesia como «convocatoria (divina)». Tillich. sino en la estructura paradójica que presenta. Kirkegaard y P. 65 s). y como «congregación (hu­ mana)». La teología fundamental (42001). La paradoja es objetividad. a partir de la historia del uso -desde la antigüedad hasta S. más se enriquece y más se interioriza. «un hombre de la Iglesia» (vir ecclesiasticus). 113). pero también con la in­ mensa red de sus santidades ocultas. recordemos que la perspectiva de la paradoja abre fecundos caminos hacia un planteamiento actual de la credibilidad de la Iglesia. más terreno va ganando la paradoja. El punto de partida de tal reflexión eclesiológico-fundamental se basa no tanto en las características absolutas y gloriosas de la Iglesia. como «santa. signos de Salvación (Salamanca 1971). la Iglesia se presenta paradójicamente como terrena e histórica. Nosotros mismos hemos propuesto este enfo­ que en nuestro Tratado de teología fundamental (Sala­ manca 1989) y lo hemos relanzado y ampliado en nues­ tra nueva edición. . Está en todas partes de una forma permanente y renace siempre.. Cuanto más se eleva la vida. de Lubac. y a su vez. Y en tercer lugar. más realista y más modesta..14 15 Introducción Inlroducción centra en la Iglesia procedente de Dios (De Trinitate) y formada por hombres (ex hominibus). París 1997).que a finales de su vida le hacía afirmar con entusiasmo: «Amo a nuestra Iglesia. es para­ dójico. Así. Wagner. es la «hermana sonriente de la dialéctica. en el mejor senti­ do de la palabra. conscientes de que tal discernimiento no lle­ va a la evidencia. ya R. pues. Ahora bien. Cióla.. tal como puede constatarse en diversos estudios contemporáneos (cf. La amo hoy. Cristo y la Iglesia.. la monografía clásica de N. como él amaba llamarse y que gracias a haber su­ frido por esta «Iglesia-Madre» tuvo un agudo «sentido eclesial» -sensus Ecclesiae. El mismo universo. La vida mística es su triunfo» (Paradojas y nuevas paradojas.centrándonos en su apli­ cación a la eclesiología. La théologie fondamentale selon Henri de Lu­ bac. en su enfoque teológico-fundamental de su prometedor libro. Para terminar. aparece la paradoja de su carácter visible e invisible conjuntamente. Aparece así la fuerza de la paradoja que. la actualidad de esta propuesta de H.. y brevemente en Creer en la Iglesia (2002).-P. esfuerzo que debe continuar bajo el signo del Concilio» (Diálogo so­ bre el Vaticano II.. por incluir pecadores». y a su vez escatológica y eterna (cf. según ha­ bía precisado el mismo H. ofre­ cía el camino de la «paradoja» como vía de credibilidad eclesial. de Lubac. J. con sus miserias y sus humillaciones. su reino predilecto es la vida del espíri­ tu. con las debilida­ des de cada uno de nosotros. especialmente en la propuesta que H. Roma 1980). Ya de por sí soberana en la vida simple­ mente humana. en su enorme y difícil esfuerzo por renovarse. de Lubac hace en el libro que presentamos. pero sí puede apuntar a una convicción y certeza humana y moral suficiente para reconocerse honestamente en ella. donde estu­ diamos las perspectivas que sugiere el método de la pa­ radoja para una eclesiología fundamental viva y renova­ da. Latourelle.. En segundo lugar..

por su preocu­ pación común. Hemos procurado en ellos poner en claro. todos estos artículos tienden a un único fin. debido sobre todo al distinto nivel del público al que se dirigían. relacionadas en su mayor parte con los fundamentos mismos de la fe y . objetivo perma­ nente de este precioso libro. Salvador Pié-Ninot PRÓLOGO Hemos recogido aquí varios artículos diferentes. Aunque de vez en cuando nos permitamos emitir nuestra opinión sobre algunas de las cuestiones contro­ vertidas actualmente. y más en concreto en tomo a la constitución Lumen gentium. no hemos querido sin embargo entrar en el punto vivo de la cuestión. recordándonoslas a nosotros mis­ mos. que Ediciones Sígueme publicó ya en el mismo año de su aparición en 1967 y que ahora lo ofrece. (En otras ocasiones hemos hablado también de las constituciones Dei verbum y Gaudium et spes). la continuada actualidad de este libro de H. A través del carácter diferente de los mismos. Ninguno de ellos trata explí­ citamente de las tareas complejas y delicadas a las que nos compromete la renovación que se le pide a la Igle­ sia. Su unidad nace. re­ dactados todos ellos con ocasión del reciente Concilio. Paradoja y misterio de la Iglesia. de Lubac. Pero además. ni de abordar de frente los graves problemas doctrinales que se están planteando cada vez con mayor agudeza a la conciencia del creyente. y sobre todo.16 Introducción He aquí. en primer lugar de esta ocasión común a todos ellos. pues. Pero no por eso carece de actualidad este pequeño volumen. están unidos por su inspiración o. Ninguno tiene la pretensión de exponer los resultados de las últimas investigaciones críticas. novedosamen­ te. algunas verdades muy sencillas. como servicio para la dinamización y la actualiza­ ción del verdadero «sentido eclesial». por tanto. mejor dicho.

les pediría que la considerasen pacientemente como un simple testimonio. y que nos gustaría poder afirmar que son comunes a todos tos creyentes.. Los ca­ pítulos 2 y 3 contienen unas comunicaciones presentadas al congreso teo­ lógico de Roma (septiembre de 1966) y de Notre Dame. una mirada más cercana a aquello que una antigua y venerable tradición designaba precisamente con el nombre de «teología». si este libro cae en sus ma­ nos. 1 Paradoja y misterio de la Iglesia En la reflexión que va haciendo durante su existen­ cia todo cristiano sobre la Iglesia. vamos a meditar su paradoja. El primer capítulo es una meditación leída en un congreso teoló­ gico de Notre Dame (Indiana. quizás le convenga de vez en cuando (sobre todo si se trata de un teólogo) in­ terrumpir los estudios críticos. . los análisis sociológicos. aunque no estén conformes con alguna que otra de las opinio­ nes que en este libro expresamos *. buscando su renovación. se presenta ahora con una luz distinta. para dirigir una tranquila mirada contempla­ tiva al objeto de su estudio.18 Prólogo de la vida cristiana. El capítulo 4 apareció en una forma más abreviada en el Bulletin du cercle Saint-JeanBaptiste (septiembre 1966). las exégesis. De Ecclesiae mysterio: tal es -c o ­ mo se sabe.. 1. e incluso necesario. Pero lo que en otras circunstancias podría quizás parecer trivial o con­ formista. No obstan­ te. El lenguaje y la sensibilidad peculiar de esta medita­ ción quizás no les resulten habituales a muchos de nues­ tros hermanos no católicos. ya que en el fondo el alfa y la omega de este inmenso objeto se resume en una so­ la palabra: misterio. para poder llegar hasta ese punto. Estados Unidos) en marzo de 1966.el título adoptado para el primer capítulo de la constitución conciliar Lumen geníium. Quizás le re­ sulte útil. compren­ derán y aprobarán el espíritu que los ha dictado. en una palabra toda la actividad propia de una teología concienzuda e inquisitiva. empezaremos con un paso más modesto. las discusiones. Antes de contemplar el misterio de la Iglesia. las teorías. Con­ fiamos en que todos los que trabajan en la Iglesia con un corazón sincero.

con todas las contradicciones in­ finitas que hay en el hombre. cuando apenas se habían traspasado los lími­ tes de la vieja Jerusalén. en los asuntos temporales. Sacudamos la ilusión cuantitativa que oculta siempre lo esencial. ¿dónde la podré encontrar? ¿Con qué rasgos po­ dré dibujar su rostro? Todos esos elementos. abierta como la inteligencia y la caridad divina. paradoja de la Iglesia. pero yo la veo continuamente ocupada en las cosas de la tie­ rra. Me ase­ guran que es universal. en su manera de vivir y de concebir su fe! Más todavía. dentro del mismo tiempo y en el mismo lugar. Pero también es cierto que. ¡cuántos cambios se han verificado en su actitud.entre las comunidades cristianas de las di­ versas poblaciones. a primera vista. estoy seguro de ello: ella es complexio opposiíorum.. como si quisiese insta­ larse confortablemente en ellos para siempre.pueden sentirse ufanos de ello.. Porque lo esencial jamás se halla en el número ni en las apariencias primeras. carentes de armonía entre sí. como hacen todos los demás humanos. parecía ser más bien un principio de división. desconcierta a muchos de sus fie­ les con sus repentinas y bruscas ansias de renovación. Afirman que es inmutable. ante nuestros propios ojos. pero que le pertenecen a ella por ente­ ro. ¿no vemos a veces a grupos y a individuos que. este choque entre las partes opposita me oculta la unidad de la complexio.. recordándoles su vocación eterna. La Iglesia. ¡qué realidad tan paradójica es la Iglesia. incluso cuando yo intento verla por mí mismo. se re­ pliegan tímidamente en grupos cerrados. Sí. Pero fijemos más detenidamente nuestra mirada.20 Paradoja y misterio de ¡a Iglesia Paradoja y misterio de la Iglesia En efecto. Se me dice que su misión es liberar a los hombres de las preocupa­ ciones terrenas. cuántas transformaciones. Desde las primeras generaciones cristianas. La Iglesia se ha desposado con todas las ca­ racterísticas humanas. en su mentalidad. ¿Acaso dependerá esto de que voy observando sucesivamente los distintos matices? ¿No será más bien que estos mati­ ces son incompatibles entre sí? Se me dice que la Iglesia es santa. se encuentran en una radical oposición entre sí? Las cosas han llegado hasta el punto de que un buen observador ha podido sostener reciente­ mente que la profesión de fe católica. ¿serán capaces de retratar su figura? Sí. lejos de ser un principio de unidad. ¡cuánta distancia. Procuremos pasar por encima de las apariencias dema­ siado gruesas. la Iglesia reflejaba ya en su rostro las miserias de la humanidad común. con todas sus maneras complejas y sus inconsecuencias. pero yo la veo llena de pecadores. No se trata de un juego inú­ til de retórica. cuán­ tas metamorfosis! E incluso en la actualidad. y a pesar de las nuevas condiciones de un mundo que tiende a uni­ formarse. tan opuestas entre sí. a pesar de apelar todos ellos a la Iglesia con la misma energía y de declarar que la sirven con denodada fidelidad. pero he aquí que con frecuencia. cuán distinto desarrollo nos presenta. en todos sus aspectos y contrastes! ¡Cuántas imágenes de la misma. Lo podemos ir compro­ bando siglo tras siglo. Y en­ 21 . y a veces qué inmenso abis­ mo -sin llegar a hablar de las separaciones nacidas de una ruptura. por una especie de fatalidad. nos presenta la histo­ ria! Durante los veinte siglos de su existencia. Paradoja de una Iglesia hecha para una humanidad paradójica y que a veces se adapta demasia­ do a ella.. la única que permanece por encima de todos los avatares de la historia. pero me doy cuenta muchas veces de que sus miembros. y los especialistas de la crítica y del panfleto -¡una ralea siempre proliferante!.

la Iglesia jerár­ quica. en su forma presente. a desa­ parecer por completo.de contemplar a aquel que es a la vez el crucificado y el re­ sucitado. Y si le pedimos que sea ella misma la que nos dé su definición. Nos ha revelado algo. y al mismo tiempo quiere ser el hogar de los pequeños. y no obstante no es plena­ mente Iglesia más que cuando se recoge en la intimidad de su vida interior y en el silencio de la adoración. o la Iglesia docente. más hemos de descartar sus re­ presentaciones engañosas y más brilla ante nuestros ojos su verdad profunda. Es un pueblo. nos hundimos en un misterio cuya oscuridad no se disipa jamás. La Iglesia es humana y divina. la que obra y se recoge. sacadas de su vieja Biblia. pero que nos confirma la reflexión. toda la Iglesia. No cesa un solo instante -porque entonces moriría. o como decimos ahora. de los pobres.es el ser más personal. a partir del día en que ella se manifieste tal cual es. en cada instante de su historia. en su punto focal. Múltiple y multiforme. Los hombres que la componen resisten con todo el peso de su naturaleza herida y torpe a la vida que ella se esfuerza en inyectarles. como «la figura de este mundo». de las que sabemos bien que no son unas senci­ llas ilustraciones pedagógicas. sus enseñanzas. Sí. por encima de toda reflexión. pero al mismo tiempo abre sus brazos al porvenir. por eso mismo. y la Iglesia de hoy: toda la Iglesia. Sí. y sin embargo -¿cómo podríamos encontrar otra palabra?. No obstante. para nuestra inteligencia natural. más difícil nos resulta su definición. nuestra mirada no se ha engañado. sus ejemplos. he aquí que nos ha­ bla con una profusión de imágenes. el hombre de dolores y el señor de la gloria. su esposo cubierto de sangre y su maestro triunfante. inclu­ so cuando ella nos ha respondido con un redoblado es­ fuerzo de claridad lógica y precisa. en la constitución Lumen gentium. y es inmortal. la que tiene las llaves que el Señor le confió. en donde ella re­ cibió su existencia y en donde recoge. con su gran corazón abierto e infinitamente secreto. como nunca lo había hecho hasta entonces. la 23 . si nos ponemos a meditar en ella. ¿Cómo podremos comprender a esta Iglesia? ¿Cómo podremos captarla? Cuanto más intentan acomodarse a ella nuestras miradas. la Iglesia. Es humilde y majestuosa. el vencido del mundo y el salvador del mundo. su amor. es sin embargo una. de la muchedumbre siempre simple y miserable. Y. la que trabaja y reza. se nos ha dado desde arriba y procede de abajo. recogiéndose en el recuerdo de todo aquello que ella misma sabe que contiene y que ja­ más podrá pasar. no solamente la iglesia oficial. quiere que sus miembros se abran a todos. la de las generaciones pasadas que me han transmitido su vida. Asegura que integra toda cultura y que eleva en sí todos los valores. la vida que nos quiere comunicar a todos.22 Paradoja y misterio de la Iglesia Paradoja y misterio de la Iglesia tonces descubriremos la paradoja propia de la Iglesia. también está destinada a permanecer para siempre en la medida de su propia esencia. sino alusiones a una rea­ lidad que seguirá siendo siempre indescifrable. exaltándose en la esperanza de una consu­ mación inefable que ningún signo sensible es capaz de dejar entrever. esto es universal. Católica. la más sencilla. La Iglesia se vuelve hacia el pasado. Este algo podemos resumirlo en una sola palabra. la «Iglesia vi­ viente». una paradoja que servirá para que podamos introducir­ nos en su misterio. la más humana. es una inmensa turba anónima. Destinada. sus costumbres. con la unidad más activa y exigente. sino en un sentido más amplio y más sencillo. la primera de todas las palabras: la Iglesia es nuestra ma­ dre.

lo cierto es también que esos reproches y otros muchos que se po­ drían añadir no tienen ninguna fuerza. sin pensar en revoluciones ni inclu­ so en reformas. en la percepción de la verdad que le ha sido revelada. en el curso de los siglos. que se consa­ gra. por ser la más ini­ maginable para el hombre: no una perfección humana acabada. va tejiendo entre sus miembros vínculos visibles e invi­ sibles. Yo he escuchado todos los re­ proches que se han lanzado contra mi madre: algunos días. también es­ tá toda ella en un santo. sería siempre el testimonio de su fuente. y puedo dar certeza de ello ante todo el mundo. que atestigua hasta en el silencio la fecundidad siempre viva del evangelio y la presencia actual del Reino entre nosotros. La Iglesia entera está en un santo: es lo que nuestros mayo­ res llamaban el misterio del anima ecclesiastica -dos pa­ labras usadas. Esa Iglesia es mi madre. 24 25 . tan cercanos a Cristo: todo este ejército secreto. en las mil situaciones de la existencia. Pero. la primera palabra. Yo la he visto. y por ello intraducibies actualmente-. la he tocado de una manera indudable. en la inteligencia de su maternidad. que espera y que ama. Esta palabra de madre. y mi propia experiencia. la más humana. fuera de mí la he podido contemplar con toda la fuerza y la pureza de su pujanza. porque me ha dado la vida. aunque su esplendor brillara solamente a través de un único ser. Todo eso sin distinción es la Iglesia entera. una belleza que. Pues bien. ese inmenso rebaño del pueblo cristiano. Su propia experiencia -m e dice ella. mis oídos han quedado sordos ante el clamor de las quejas: no me atrevo a decir que carecen todas ellas de fundamento. Lo mismo que la Iglesia está por completo en un sacramento. a través de acontecimientos y de situaciones cuyo análisis sería demasiado largo. sino una belleza extraña y so­ brenatural. reclutado por doquier. Y así es como em­ pecé a conocerla primero en las rodillas de mi madre carnal. la más desconcertante a primera vista. pe­ ro que expresan una realidad que nos ofrece la historia de la Iglesia en algunos ejemplares. en esa comunidad yo encuentro mi sostén. contra toda evidencia. la más improbable. por poco que yo me deje hacer. que se perpetúa incluso en épocas de decadencia. me hace profundizar ca­ da vez más en la vida. la que.Paradoja y misterio de la Iglesia Paradoja y misterio de la Iglesia que se acuerda y busca. puedo yo asegurar que me ha permitido también ir cre­ ciendo. Y así es como la he ido reconociendo cada vez mejor a través de todas las etapas de mi peregrinación. ni una sabiduría completamente perfecta. la Iglesia que cree. la mayor que se pueda soñar. la Iglesia de los humildes. en la percep­ ción de lo que ella es para mí y para cada uno de los fie­ les. Es mi madre porque no cesa de mantenerme y porque. y de la que nuestra pre­ sente generación no está privada por completo. que se sacrifica.le permite ir creciendo. que asciende incesantemente por la pen­ diente de nuestra pesada naturaleza. aunque muchos de sus miembros no tengan conciencia del sacerdocio real que poseen y de la comunidad fraternal que entre todos forman. Y si todavía en mí la vida es frágil y temblorosa. mi experiencia modesta y pobre. es también la que mejor resume el conocimiento que de ella ha adqui­ rido el adulto. mi fuerza y mi alegría. Porque eso es lo maravilloso: si mis ojos no supieran descifrarlo. No sabría ver la belleza más extraña. es que no lo sé mirar. uno que ha conocido un poco lo que son los hombres y lo que hay en el hombre. que abre ante mis ojos tierras desconocidas y que me desborda por completo. a pesar de responder a no sé qué llamada hasta entonces secreta. La Iglesia es mi madre. durante los breves años de mi vida.

que era la creyente por excelencia. El cardenal Doepfner. Decir esto es decirlo todo. Jesús está vivo para nosotros. 27 Para millones y millones de creyentes (tomados entre los más despiertos de los hombres) -se ha escrito. Esta profundidad es la que nos revela el Espíritu de Cristo.: Gloria. ella es la esposa «gloriosa y sin arruga». si todavía admiten a Jesús. enseñándole lo que hay que ver en él y cómo debe de mirarlo. ¿saben de quién lo reciben? «¿Quién nos separará de la caridad de Cristo? ¿Quién nos separará del amor de Dios que hay en Jesucristo?». Me lo explica. ¿Qué podría saber yo de Jesús. visto de verdad. Ella hace nacer a Cristo en nosotros. 1. no solamente el sentido. Ireneo de Lyon. Una estética teo­ lógica [7 vols. 2. hoy mismo. la acción de su evan3. sino su influencia viva. Adv. 10). porque nos da a Cristo. más urgente. y nosotros creemos efectivamente con san Pablo que ninguna crisis de la historia nos podrá separar de él. por esa inimaginable pro­ fundidad de la vida comunicada por esta madre! Esta inconcebible novedad es de la que un día habla­ ba san Ireneo. Ya no es necesario que acudamos al frescor y a la ingenuidad de la primera edad. así también la Iglesia. una nueva escala de Jacob. más dichosos todavía. 1. en cualquiera de sus aspectos.. apo­ yándose definitivamente en la experiencia de la madre del Señor según la carne. a mirar a la Iglesia como una madre! ¡Di­ chosos. Encuentro. Una vez que se ha visto todo esto. cf. etc. después de cada crisis de la historia.26 Paradoja y misterio de la Iglesia Paradoja y misterio de la iglesia ¡Dichosos aquellos que han aprendido de su madre. 1. 7. más arrollador que nunca4. Teilhard de Chardin. Pe­ ro esta seguridad nos viene precisamente de la Iglesia. En su función ma­ ternal. Esta riqueza es la de la salvación prometida en Jesu­ cristo. que el Hombre-Dios ha hecho salir de su corazón traspasado para unirse a ella en «el éxtasis de la cruz» y hacerla fe­ cunda para siempre. U. cuya predicación a todo el mundo decía san Pa­ blo que le había sido encomendada (Ef 2. gracias a su experiencia de madre y de esposa. cuando decía de Jesucristo: «Omnem novitatem attulit. por esa inconcebible riqueza. 34. les enseña a sus hijos la palabra de Dios y Ies transmite. En una palabra. lo mismo que Pablo a sus queridos corintios: «In Christo Jesu per evangelium ego vos genui». ya no es necesario que exorcicemos las apariencias para contemplar y para amar a la Iglesia como madre.no ha dejado jamás de aparecer de nuevo Cristo. Ella nos hace nacer a la vida de Cristo. sin la Iglesia? Incluso los que la desprecian. haer. 4. El apóstol san Pablo sabía bien que ninguna fuerza crea­ da podría conseguirlo. La Iglesia. ha confirmado en esta segunda mirada! ¡Dichosos aquellos que algún día se sintieron impresionados. qué vínculos habría entre no­ sotros dos. cada vez más presente. 18). como indica­ ba uno de los principales oradores del Concilio)2. 4 diciembre 1962: «El misterio de la cruz está siempre en el corazón de la Iglesia». Pero ¿en medio de qué arenas movedizas se habría perdido. desde la infancia. la Iglesia es nuestra madre. no ya su memoria y su nombre. semetipsum afferens»1. Ella nos dice. me enseña a verlo. me está dan­ do a Jesús. conserva para mí su presencia3. La gloire et la croix I. París 1965: «Lo mis­ mo que una madre le explica el mundo a su hijo. y se sienten cada vez más. Madrid 1985-1989). que asegure a través de los siglos este paso de él a nosotros. sino también el gusto y el sabor. Pero todavía se necesita que haya un vínculo vivo.4. 1. H. aquellos a los que la expe­ riencia. . von Balthasar. (Esta es la razón de que su misterio esté siempre ligado al misterio de la cruz. que escruta las profundidades de Dios (1 Cor 1. el carácter concre­ to y encamado de esta palabra» (versión cast.].

. Cristo se evapora. para entrar en Dios con él. de la victoria irreversible de Cristo. en la que finalmente habrá de desembocar al­ gún día todo lo que tenga que ser transformado. Sépalo o no.5-8). cogido entre las sabias especulaciones contradictorias de Hipólito y de Noeto.. a veces. En las páginas de Dietrich Bonhoeffer podemos leer estas palabras tan exactas: «Lo que nos importa en definitiva no es lo que quiere tal o cual hombre de Iglesia. La experiencia nos demuestra frecuentemente cómo. verdadera Jerusalén.28 Paradoja y misterio de la Iglesia gelio y la fe en su persona divina. poco sutil en metafísica. cuando se relajan los vínculos con la Iglesia. y en otra ocasión: «¿No ponemos nosotros mismos. A ella se le aplica la profecía del salmista: 7. para mantener en su rigor y en su sencillez la letra del dogma inalterable -como en el siglo III el buen papa Ceferino. El Espíritu de Cristo ha puesto en ella un «poder único de diviniza­ ción». puede también parecernos débil y pequeña. esta comu­ nidad no se hubiese mantenido sustancialmente idéntica en la transmisión del culto de su Señor. el espíritu humano. La humanidad tiene que convertir­ se en su cuerpo. obstáculos a la palabra de Jesús. sennon sur la montagne. La Jerusalén judía no era más que la capital ruin de una nación pequeña. saliendo de la po­ breza y de la estrechez de nuestras convicciones y cuestiones personales. empieza a perderse la figura de Jesús. la inmensidad y la riqueza que se nos dan en Jesucristo. si ante cada ne­ cesidad no hubieran surgido en la Iglesia algunos hom­ bres. Hoy la Iglesia. minado o disgrega­ do. que a veces parecen haberla apagado. en el seno de la Iglesia. en el fervor de su fe y de su amor. salvado. de fuerzas poderosas. 13 diciembre 1918. sin la continuidad vi­ sible de su Iglesia? Si la primera comunidad cristiana. en el Hijo.. Paradoja y misterio de la Iglesia 29 cer. Y será transfigurada y purificada recibiendo su vida de él y modelándose en él hasta que «tome la forma de Cristo». según los siglos. Teilhard de Chardin. Tal es el designio de Dios. . que nos reveló «en la plenitud del tiempo» el Hijo que estaba junto al Padre. Brotando a duras penas del cosmos que lo ha hecho na­ 5. el canal por don­ de llegan hasta nosotros la luz y la fuerza de su evangelio. e incluso su testimonio se presenta muchas veces velado. nueva Jerusalén. el misterio oculto a las antiguas generaciones. Heredera espiritual de la antigua ciudad. Pues bien. Solamente donde permanece el mandamiento entero de Jesús. el eje de progreso y de asimilación.? Tenemos que buscar. su llamada a una obediencia sin reservas.. lo que deseamos saber es lo que quiere Jesús». tiene necesi­ dad. ella es sin embargo el «eje central privilegiado. no hubiese constitui­ do el ambiente portador del Espíritu que suscitó a los evangelistas. tiene que soportar el asalto. se desmenuza. si a través de las generaciones. Ella es el sacramento de Cristo. es posible la total liberación del hombre que permite su comu­ nión con Jesús» (Le prix de la gráce. la humanidad tiene necesidad de Cristo.. Neuchátel 1962. este designio tiene que reali­ zarse por la Iglesia. Teilhard de Chardin. predicando nuestras propias opiniones y convicciones persona­ les en vez de predicar a Jesús. para cumplir con su destino divino. ¿Y qué sería la humanidad privada de Cristo?6. ¿qué sería hoy Cristo para nosotros? Sin la Iglesia. El Padre la ha adoptado en Jesucristo. caudillos intrépidos o humildes testigos. eternizado. y como tantos otros-. fuerza irreversible. brutal o insidioso. la corriente axial de la vida»7. el eje a cuyo alrededor tiene que realizarse en nuestra his­ toria la gran reagrupación mística. disponiendo de medios irrisorios. si los grandes concilios no hubiesen fijado para siempre la ortodoxia cristológica.. de fuerzas de la carne y del espíritu. a con­ tinua merced de los poderosos imperios que la rodeaban. con su crecimiento siempre com­ prometido. se anula5.. 6. grandes doctores.

si con el pretexto de abertura 8. «todas las grandes cosas que nacen en su cora­ zón y que convertirán contagiosamente a la tierra»8.30 Paradoja y misterio de la Iglesia Glorias se dicen de ti. llega a veces a trastornar las cabezas y a pudrir los corazones. y que pueden entenderse al re­ vés. un esfuerzo que co­ rresponde a las necesidades de una edad de mutación. ciudad de Dios: Yo cuento a Ráhab y Babel entre los que me conocen. No todos sus hijos la comprenden. Al­ gunos. Sin lanzarme a contracríticas. Filistea y Etiopía. Paradoja y misterio de la Iglesia 31 Pues bien. cuanto más inmensa. deseosos más que nun­ ca de «renovarse por medio de una transformación espiri­ tual de su propio juicio» (Ef 4. Pero sus relaciones con Jesucristo no cambian jamás. La renovación que he de promo­ ver estará en función de mi fidelidad. más deseorazonadora se le presenta su misión maternal. más tiene que renovarse también la Iglesia. se abre a todos. celosamente guardado. porque todos han nacido en ella. Pero a Sión se le dice: «¡Madre!». ¡Desgraciado de mí. habrá verdaderamente para ella «una nueva primavera». 3-6) Cuanto más crece nuestra humanidad y más se trans­ forma. Su virtud para engendrar nuevos hijos no se debi­ lita. Un viento de crítica amarga. el amor me hará descubrir en ella con mucha más verdad sus fuerzas ocultas. es cuando la amo más. Y a veces. generosa y despojada. . Un viento asolador. Porque la Iglesia lleva consigo la esperanza del mundo. Abertura y renovación. Tiro. universal y sin inteligencia. que constituyen su perenne ju­ ventud. Ella reclama hoy día de todos nosotros un esfuerzo de una magnitud desacostumbrada. los que la reconocen como madre tienen que estrecharse a ella más que nunca. Y él mismo la sostiene. Teilhard de Chardin. Unos se espantan. más imposible. dos palabras que resumen todo el programa de semejante esfuerzo. Lejos de replegarse tímidamente sobre sí misma. otros se escandalizan. que viven poco de su Espíritu. creen que ha llega­ do el tiempo de introducir en todas las cosas «sus propios criterios innovadores o subversivos». (Sal 86. el altísimo. un viento destructor. en ciertas ocasiones como ahora. esterilizante. En medio de estas coyunturas. Y entonces. Y en el mismo momento en que algunos se hipnotizan ante los rasgos que les pre­ sentan un rostro envejecido. acogedora y serena. hos­ til al soplo del Espíritu. esta Iglesia santa a veces también se ve abandonada de algunos que lo han recibido todo de ella y que se han vuelto ciegos a sus dones. ella sabe sacar co­ sas nuevas. Es que. se mofan de ella algunos que siguen recibiendo de ella su alimento. con una paciencia humilde y activa. Para eso es preciso que sepa comprender bien las condiciones. De su antiguo tesoro. a fin de cumplir con su misión. A los pueblos inscribe en el registro: fulano nació allí.23). cuando contemplo la faz humillada de mi madre. tanto mayor confianza deposita en su esposo. Si todos nos esforzamos en serio. La abertura que se me pide estará en función de mi arraigo en lo esencial. fulano nació allí. sus actividades silenciosas. «Sólo un cristia­ nismo auténtico es una fuerza de salvación para el mun­ do». sabré demostrar que la amo bajo su forma de esclava. Yahvé.

lo que yo le doy no es más que una Ínfima restitución. si nos alegramos de llevar el nombre de ca­ tólicos y de profesar la misma fe. en 1935: «¡Podemos sentimos dichosos de la autoridad de la Iglesia! Entregados a nosotros mismos. la que tiene razón. Nos unimos todos por la caridad. Yo no soy más que un momento de una vida inmensa que se personaliza en mí (¡ y este aspecto personal es magnífico!). que me ha precedido y que me sobrevivirá. en la Iglesia. me arrastra. voy a termi­ nar apelando a dos testigos. No es la ciencia mayor -piensa él-. Po­ cos hombres. Cualquier pretensión personal que tocase a esta unidad sería sacrilega: no podría venir más que de «un falso amante de la esposa». me envuelve. 9. Para él. ¿en virtud de qué habría entonces una Biblia? To­ do lo he recibido de la Iglesia y en la Iglesia. Para afirmarme en estos pensamientos. Él sabe que «el espíri­ tu liberador de la Iglesia está indisolublemente ligado a su existencia como cuerpo organizado»11. Yves M.Paradoja y misterio de la iglesia Paradoja y misterio de la Iglesia o de renovación me pongo a adorar. Toulouse 1967. el verdadero «ami­ go del esposo» vela celosamente. sacada por entero del tesoro que ella me ha comunicado. que no es un peso sino una fuerza. si amamos a la Iglesia. Y él mismo. 341). hasta el punto de que ha sido quien ha modelado a nuestra humanidad occidental durante varios siglos. como para Ireneo. ¡No es algo mío!». el predicador incansable de la unidad. en lugar de adorar al Hijo que vive eternamente en su Iglesia! ¡Desgraciado de mí. Él ha comprendido esto cada vez mejor. . Y por ello ha comprendido también que ningún sufrimiento pue­ de ser tan fuerte que logre superar el vínculo de la uni­ dad católica. cuyo calor momentáneo no es más que el de un cadáver pronto a desaparecer! ¡Des­ graciado de mí. de Solages. Privat. han sufrido tanto como él. 4 noviembre 1916. 10. J. sino la mayor obediencia y la humildad más profunda. ¡Ojalá comprenda para siem­ pre que sólo mi apego a la tradición. No quiere ser más que el hombre de la Iglesia. Agustín lo afirma sin ce­ sar. una unidad que es amor y por la cual el amor tiene siempre la última pa­ labra. si po­ nían algún obstáculo al don de Dios que viene hasta el hombre por medio de la Iglesia. 33 11. Teilhard de Chardin. Esta realidad concreta. Pocos hombres. como decía Newman. Cf. que viene de una misma cabeza. si ha habido alguno. Congar. Sermón sobre la humillación del Hijo eterno. yo existo en ella partici­ pando de una vida que nos es común. al chocar con su «forma de esclava». Changements et continuité dans l ’É glise: «Esta Iglesia es esencialmente una comunión. si coloco mi confianza en las novedades humanas. «donde está la Iglesia. 32 Recibimos el Espíritu de Dios. una unidad que re­ siste todos los intentos de división. en vez de apoyarme en la sabiduría y en la pureza de las que dotó el esposo defi­ nitivamente a su esposa!9. si me viese reducido a mí mismo y me viese solo en presencia de la Biblia? Por otro lado. supraespacial y supratemporal. a quienes invocaré como in­ tercesores en el cielo. Pocos hombres han tenido el genio intelectual. de una misma alma. La France catholique (marzo 1967). pero que me envuelve y me desborda. Teilhard de Chardin. de unos mismos principios. me dice el gran san Agustín. me engendra y me alimenta en mi ser espiritual. unas vagas y pretenciosas creaciones de mi espíri­ tu. por la incorruptibilidad de la esposa. ante todo en su pro­ pia persona. ni la sabiduría más profunda. Newman. la ex­ periencia íntima y la fuerte personalidad de Agustín. ninguna interioridad han tenido valor a sus ojos. si quisiese sacar sólo mi credo de los pozos profundos de la verdad. es lo que dará origen a mis atrevimien­ tos más fecundos!10. ¿no correríamos el peligro de ir a la deriva?» (Mons. Cf. han sido como él ex­ ploradores de la subjetividad. ¿Qué sería yo y qué seria mi fe y mi ora­ ción. Pero ninguna grandeza individual. por otra parte.

Ya la elección de Israel había suscitado «el es­ cándalo del particularismo». muy diferente del ge­ nial san Agustín. lo mismo que Cristo es para noso­ tros el horizonte de Dios12. al que llamamos «el buen papa Juan»13. publicado después de su muerte14. Tal fue el hombre que supo en el mo­ mento decisivo. de la redención de Cristo. El hombre en su universo. . «manso y humilde de corazón». «En la medida con que amamos a la Iglesia -nos dice-. Amaba a la Virgen María. el pozo limpio de un cora­ zón creyente ha dejado desbordar su agua viva sobre la historia (Jn 7. Era un buen sacerdote. Y entre los hombres de Iglesia. Cerf. angoisse et espérance chezjean XXIII: NRT 86 (1964) 369-387. Leía con gusto la Imitación de Cristo y las Morales de san Gregorio. 15. no era un hombre despreciativo del pasado ni un espíritu inclinado siempre a la crítica. No era lo que se llama un reformista. gracias a un «súbito impulso». Chantraine. von Balthasar. 147-148). Salamanca 1968. Gestalt und Werk Johannes XXIII: Geist und Leben 36 (1963) 246-270. Eso es lo que nos revela su Diario del alma. Liberal para con todo aquello que.27)». continuó viviendo «en el mar seguro y tranquilo de la voluntad de Dios». y la palabra murmurada junto a su oído se ha visto largamente difundida por encima de todos los techos (Mt 10. de una piedad clásica. invitado por su fidelidad. Pe­ ro a través de esta existencia humilde pasó el Espíritu de Dios. era la gracia de ser. des­ confiaba sin embargo de todo lo que es «pretensión y búsqueda de afirmación personal». de un estilo de vida tradicio­ nal. Y lo que les pedía a sus oyen­ tes que implorasen para él todos los días. infranqueable.. H. de comportarse».34 Paradoja y misterio de Ia Iglesia Paradoja y misterio de la Iglesia allí está el Espíritu de Dios».» (V Walgrave. Optimisme. la mansedumbre. Gehorsam und Friede. Cf. Bruxelles 1966. según su ex­ presión. Wolfgang Seibel. Y estas palabras se encuentran en cada una de sus páginas. introducción a san Agustín. 18: «Todo dina­ mismo procede del interior: en Juan XXIII vemos una vez más que la pa­ labra de Dios. tenemos al Espíritu santo». Alimentaba con el retiro espiritual y preservaba por medio de una sabia ascesis aquella in­ clinación que había recibido «a una unión íntima con Dios». Essai d'autocritique d ’un ordre religieux. El amor y la fidelidad a la Iglesia go­ bernaron su vida. El único inspirador de una renovación au- La Iglesia es el horizonte exacto. Le gustaba recordar a sus modelos. con su lema «Obediencia y paz»15. nuestros padres en la fe. un hombre muy cercano a nosotros. Pero incluso entonces el papa Juan no levantó el tono ni se despidió de su carácter bo­ nachón y de su equilibrio. «El Diario del alma nos transmite un mensaje capital: no pode­ mos llegar. no era tampoco un ideólogo. «deja intacto el sagrado depósito de la fe» y no 12. Su preocupación primordial por la unidad de la Iglesia y de su vida íntima solamente le parecerá estre­ cha a aquel que no haya comprendido la universalidad del hombre-Dios: choca con «los justos sentimientos de la Iglesia». 35 14. depositada silenciosamente en la tierra fértil de un corazón creyente. como cristianos ni como apóstoles. G. de producir una gigantesca conmoción en toda la Iglesia. el abandono. meditando con ella y rezán­ dole el rosario. cuya memoria sea bendita». y se mantenía en guardia contra «el enemigo mortal que corrompe todo cuanto hacemos». «aquellos buenos viejos curas bergamascos de antaño. orientar la barca de Pedro hacia «formas nuevas de sentir. voy a escoger otro intercesor. de querer. Le visage de l ’Eglise.. U. París 1959. de una fe «viva y sencilla». Sígueme. 13.37). como Jesús. El verdadero Espíri­ tu de Dios. André Manaranche. Cf. hasta la humanidad con­ temporánea más que descubriendo primordialmente algunos elementos de la ascesis cristiana más elemental: la humanidad. es capaz de fructificar con resonancias mundiales. documento lleno de encanto.

. por consiguiente. gracias a estas exploraciones. más bien que un objeto de clara concepción. no ya según la idea general que podría foqarse nuestra razón. 2 ¿Cómo la Iglesia es un misterio? La Iglesia es un misterio. et quidem Ecclesiae mysterium. nos sigue diciendo el papa en la encíclica Ecclesiam suam. 29 septiembre 1963: AAS 55(1963) 848. o sea. de tal naturaleza que admite siempre nuevas y cada vez más profundas exploracio­ nes sobre sí misma»1.. tiene que ser un he­ cho vivido2. sin ha­ berlo buscado. la experiencia de un alma fiel es más importan­ te que la pura teología. Ecclesiam suam: AAS 56 (1964) 623-624: «Probé novimus hoc mysterium esse. Discurso de apertura de la segunda sesión. . Ene. Un gran soplo profètico despertó. «una realidad impregnada de la presencia de Dios y. Intentémoslo. ése sería el vicio del método contra el que ha 1. Intentemos en primer lugar caracterizar en unos cuantos rasgos esta noción de misterio. ya que el misterio. a toda la Iglesia. y al mismo tiempo que el buen papa «encontraba. adeo ut christifideles. Él desbordó sus propios límites. sed in ipsam vitam activam transiré debet. quae scientiae theologicae finibus contineatur. el camino al corazón de los hombres de hoy». según la expresión de Pablo VI en la apertura de la segunda sesión del Concilio. se tuvo por todas partes en el mundo la evidencia de que la Iglesia estaba viva. por así decir­ lo. antequam de hac veritate notionem animo concipiant. eam quasi experimento naturae suae consentaneo cognoscere possint». 2. At Ecclesiae mysterium non eiusmodi veritas est.36 Paradoja y misterio de la Iglesia téntica.

en relación con la eucaristía.La menor edad es la incapacidad de servirse del propio enten­ dimiento a no ser bajo la dirección de otra persona. sino el ser que. y más tarde Lessing o Herder4. tal como intentó explicar Leibniz. en su vida íntima y en sus libres designios. Desclée. pero que algún día. obra en nosotros. y su revelación ilumina nuestras ideas sobre nosotros mis­ mos. o bien de una historia de las religiones comparadas que la asemeja a cosas que no tienen ninguna relación de origen con ella» (12 y 14). el lugar por excelencia del misterio es la vida de Cristo. o según lo que de ella se deduce. como una pared vertical y lisa ante la cual solamente es posible chocar. de algo que no es simplemente contradictorio. a pro­ pósito de la noción paralela de revelación3. Por Cristo. de Montcheuil. Dios se ha hecho para noso­ tros. al llegar ésta a su madurez. 196 (versión cast. bien sea porque de­ signa su término. de algo absurdo o sencillamente. Sapere aude: ten ánimos para utilizar tu propio entendimiento». En cada uno de ellos. Réponse á ¡a question: qu ’est-ce que i ’Aujklartmg?. podría esperar conquistar poco a poco y recuperar como suyo. Herder. . se da li­ bremente a conocer.: Eucaristía. Dei verbum 1. y en cuyo conocimiento será siem­ pre posible ir avanzando cada vez más. expresión de lo inexpresable.: ¿Qué es la Ilustración?. Bajo fórmulas todavía abstractas. Tecnos. por L. 4. . Ni es tampoco en pri­ mer lugar una verdad que sería provisionalmente inac­ cesible a nuestra búsqueda. ParisToumai 1966 (versión cast. por ser cualitativamente distinto de todos los demás objetos de la ciencia humana. El misterio es ante todo algo que se relaciona con el plan de Dios sobre la humanidad.. no se trata de algo irracional. 9). para alcanzarnos y para revelársenos. 5. o bien porque indica los medios de su realización. Los actos de Cristo son verdaderos actos humanos. toda nuestra breve descripción se estaba inspirando en ella. signo eficaz a través del cual se realizará el plan salvífico5. algunas construcciones teológicas proceden menos de los textos «que de nociones a priori del signo o del sacrificio».Paradoja y misterio de la Iglesia ¿Cómo la Iglesia es un misterio? querido precavemos la constitución Dei verbum. tie­ ne que tener un aspecto que se pueda captar: la palabra de Dios hecha sensible. Este defecto de método acaba de ser expuesto. un misterio: no ya un límite inaccesible ante el que la razón tiene que retroceder. Desclée de Brouwer. ser dominado por nosotros. pero al mismo tiempo tiene rela­ ción con el hombre: nos pertenece. en el sentido que acabamos de indicar. 39 ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre? Felipe. ha visto al Padre (Jn 14. en un sentido menos pe­ yorativo de la palabra. pero son actos de una persona divina. ni tampoco . Por tanto.. se estudia el misterio eucarístico «bien a la luz de una filosofía que podríamos llamar prefabricada. en Werke IV. in­ sertos en nuestra historia. Madrid 2002): «. Por tanto. Bouyer. Bilbao 1957. Proble­ mas de vida espiritual. por consiguiente. pero ante lo cual hay que renunciar a to­ do esfuerzo intelectual: algo que se muestra reacio a toda penetración. Kant. el que me ha visto a mí. El misterio siempre está fuera del alcance del hombre. Cf. Barcelona 1969). E. Nos inspiramos para ello en la obra de Y.a la inversa. aunque sin lle­ gar jamás a agotarlo. Dios se hace humanamen­ te visible y captable. sino según lo que de sí misma nos ha dicho la revelación.un objeto que pue­ da construirse inteligiblemente y desmontarse y. En fin. Eucharistie.. 38 3. un terreno totalmente ce­ rrado por ahora a la razón humana. Captar el sentido de la vida de Cris­ to es penetrar en la realidad divina. en Cristo.

Cf. «Palabra epifánica de Dios»6. puesta por completo al servicio de su designio de salva­ ción. . marchó él mis­ mo a postrarse en los santos lugares9. su verdadero constructorl0. y fuera de él no hay ningún otro. Pero. Subida al Monte Carmelo. Cuando san Pablo nos habla del misterio de Cristo. Una verdad tan lu­ minosa que. también Juan XXIII sobre el simbolismo del cirio pascual. ninguna verdad tiene que ocupar nuestro espíritu más que las palabras del Se­ ñor. Y es también esto lo que nos enseña el Concilio. nuestro único maestro»..40 Paradoja y misterio de ¡a Iglesia ¿Cómo la Iglesia es un misterio? 1 que la de Cristo. el que ahora quisiese preguntar a D ios. manifestación de su ser y de su plan de salvación. 11 de septiembre 1962: AAS 54 (1962) 679-680. Agustín de Hipona. al mismo tiempo. Más en concreto. R. 5: «En lo cual da a entender el apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar. Salamanca 320 02). Lo mismo hace san Juan de la Cruz cuando. San Juan de la Cruz. Nótese el contraste entre estas palabras del papa y la fórmula.» (San Juan de la Cruz. pero miste­ rio derivado.. en San Pedro: «ad laudem Dei et decus Ecclesiae».». Le Ckrist.. haría agravio a Dios no poniendo los ojos totalmente en Cristo. 10. ninguna eficacia más que por él.. cf. Obras completas [ed. infra. Epist. prosternado ante el Pantocrátor. en el que se ve al papa Honorio III. pu­ do obligar a confesar a un cristiano no católico que «el problema eclesiológico se había renovado» y le hizo ver como una señal llena de promesas esta toma de conciencia. que es su única palabra7. Y san Agustín nos di­ ce claramente: en Dios no hay más misterio que Cristo8. 845). ninguna existencia. Una verdad sencilla y evidente. a cargo de Ma­ ximiliano Herráiz]. luz del mundo. Jesucristo no es solamente un misterio: él es el misterio. Pablo VI peregrino de Jerusalén. 11. es consciente de que engloba en este término todo el ob­ jeto de la revelación. sin querer otra alguna cosa o novedad.34: «Non est aliud Dei mysterium.. 41 Para comprender a la Iglesia -nos dice en otra oca­ sión-. signe de la révélaíion seion la constitution «Dei verbum»: Greg 47 (1966) 698. es el organismo salvífico.. Sígueme. tan sencilla y evidente que casi no parece conveniente recordarla en un sabio con­ greso teológico o en una publicación destinada a católi­ cos de cierta instrucción. etc. nisi Christus» (PL 33.. explica que Dios nos lo ha dicho todo y nos lo ha dado todo al damos a su Hijo. 187 (a Dárdano). viniendo de Dios. 8. Alocución dei 23 de noviembre de 1966. de que la Iglesia no se comprende a sí misma cuando se busca y 9. Porque le podría responder Dios de esta ma­ nera. una verdad tan bienhechora que conviene aprovechar cual­ quier ocasión para meditar en ella. Por lo cual. él es su verdadero arquitecto. 2S 22. Por consiguiente. esto es lo que afirmó con acentos que impresionaron a sus oyentes en el discurso inaugural de la segunda sesión conciliar: «En esta asamblea no tiene que brillar más luz 6. 7. públicamente profesada. es menester referirla por completo a Cristo. es mis­ terio porque se relaciona por completo con Cristo y no tiene ningún valor. que es mi hijo. esto es lo que demos­ tró prácticamente cuando. al ser puesta de relieve por el Concilio.. siguiendo la carta a los hebreos. diciendo: Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi palabra.. simbolizando a toda la Iglesia. Latourelle. escuchada también en el Con­ cilio. Esto es lo que quiso proclamar Pablo VI con las pri­ meras palabras de su encíclica Ecclesiam suam.. la Iglesia es misterio. tras haber evocado en ese mismo discurso el mosaico de san Pablo extramuros. cuando abre la constitución sobre la Iglesia con estas palabras: «Lumen gentium cum sit Christus. Es misterio porque.

En fin. 13: «Comparatur autem Ecclesia militans lunae. la fe vacila en los corazones. como la luna. juntamente con Orígenes y con san Ambrosio. Buenaventura de Bagnoregio.. v. J. quae in temporibus facta est. hom. también la Iglesia brilla en la oscuri­ dad de este siglo. Cf. J. Su testimonio. Pero es preciso que comprendamos más a fondo. ella empieza a crecer de nuevo hasta conseguir su ver­ dadera fecundidad18. Parma 1863. cap.. et propter refulgentiam ordinatam» (ed. Meditación sobre la Iglesia. la imagen del sol y de la luna fue desgraciadamente aplicada a las relaciones entre los dos poderes. 5 (PG 39. en el oscurecimiento de la pasión. 377: «. quando eam minui contingit et crescere. creciendo unas veces y decreciendo otras. sacra­ mento de Dios Padre. In psalmum 71.. y cap. El complot de los santos. en este siglo. 16. 19: «Luna significat Ecclesiam.427). De todo lo que ella ha sabido sacar de este símbolo. Se hunde en las tinieblas para par­ ticipar de la plenitud secreta de la vida del resucitado. Greg 48 (1967) 5-27. el Señor crucificado. Dídimo el ciego. C. para señalamos el camino de la salvación. su esposo. aliquando adversitatibus obscurata decrescit». 14. la Iglesia. es posible hablar. 1: «La Iglesia es un mis­ terio». con Dídimo el ciego. Más tarde. que nos presenta los símbolos de una verdad que todavía 11. ¿Cómo la Iglesia es un misterio? 43 no puede impresionar directamente nuestros ojos morta­ les.T (1939) 311-340. siempre vuelve a restaurarse su inte­ gridad16. es una Iglesia siempre moribunda. In Numer. Mientras que el sol permanece siempre en su gloria. propter refulgentiam excessivam sive extaticam. propter refulgentiam subobscuram sive symbolicam. 12.Sive pulchra ut Luna. Así Tomás de Aquino. 5. Pero nunca disminuye hasta el punto de perecer. Casiodoro. 59s. estas fa­ ses oscuras de la luna. acercándose de este modo a Cristo. según la letra. 217-218. Cerca de su sol. Bilbao 1961.. Orígenes. . in praesenti vita. sólo vamos a recordar ahora lo esencial. 13. col. con su lenguaje simbólico. 23. Alfaro. como dice san Buenaventura14. tanto si se trata de su ex­ tensión mensurable desde fuera como si se trata de su fer­ vor íntimo. Por tanto. Rahner. J. con increíble agude­ za de ingenio. pero que así es como se renueva.. «non tam religiosae quam superstitiosae videbuntur». Salamanca 62002. en determinadas épocas. Significan que la Iglesia. espiri­ tual y temporal. 6: «El sacramento de Jesucristo». pero tenemos siempre la seguri­ dad de que «los santos volverán siempre a brotan)17. Opera omnia. de una «constitución lunar de la Iglesia»13. Lo mismo que la luna en la noche. 20. ubi aliquando concessa sibi pace et securitate crescit. Cristo. 18. von Allmen. v. cf. una verdad tan fundamental que el menor ol­ vido. la menor negligencia a este respecto podría resultar mortal.42 Paradoja y misterio de la Iglesia encuentra su referencia en su propia estructura y en su historia. Desclée de Brouwer. fiestas que. recibe de él todo su esplendor en cada instante. la única fuente de luz. 5. 17. de Lubac. Cristo es el sol de justicia. In Hexaemeron. quae tamen sic minuitur. Péguy. de Quaracchi. no es más que una pálida claridad. Mysterium Lunae. sino cuando se ve en su predestinación en Je­ sucristo y en su orientación escatológica11. Baehrens. trataba del misterio de la Iglesia como del Mysterium Lunae12. prestada por Cristo. Zur Kirchentheologie des Vaterzeit I: ZK. sacramento de Cristo glorificado'. una refulgentia subobscura. Su luz. en Palabras cristianas. Sí­ gueme. 14. H. ella pasa incesantemente por fases diversas. 15. ut semper redeunte integrítate reparetur». Remarques sur la Constitution «Lumen Gentium»: Irénikon 39 (1966) 14-15. 1465-1468). H. Entonces se une tan estrechamente con él que desaparece de algún modo su fulgor. In psalmum 103. Y esto es también lo que profesaba la antigua tradición cuando. porque no cesa de soportar las contradicciones y las vicisitudes humanas15. La Igle­ sia. a pro­ pósito de las «neomenias». su «lado demasiado humano» adquiere mayor relieve. puede quizás oscurecerse: la sal de la tierra pierde su sabor. iluminando la noche de nuestra ignoran­ cia.

La nueva con­ ciencia de la Iglesia y sus presupuestos histérico-teológicos. Y este oscurecimiento. Pero esto también encierra sus peligros. 204 BC). pero tam­ bién extollatur. pero su influencia durante el siglo pasado favoreció algunos excesos del ultramontanismo. ya que se nos ha reve­ lado. nos induciría a error. 20. 4. 7). o sea. a propósito del papado. 9. etc. 5.. porque si no.. Ambrosio de Milán. Guadarrama. la analogía tiene que corregirse siem­ pre. según el versículo del salmo: «En sus días flo­ recerá la justicia. [ed. lo mismo que se vació a sí mismo para llenarnos a todos. si es un ocaso. comenta san Agustín. ya que es él el que nos engloba y nos aprieta. de imágenes y de símbolos. hom. 2. Orígenes. e incluso las máximas de alta disciplina ca­ tólica. Ergo annuntiavit Luna mysterium Christi» (PL 14.» (In Hexaemeron. Lo mismo ocurre también con las analogías sacadas del orden político y social. Ya sabemos todos cuáles fueron las desviaciones «conciliaristas» al término de la Edad Media occidental. y dilatada paz hasta que no haya luna» (Sal 71. 10 (PL 36.44 Paradoja y misterio de la Iglesia ¿Cómo la Iglesia es un misterio? Cristo la vació para llenarla. Baehrens.Entonces se rea­ liza aquella palabra: no te preocupes por mi tez curtida. casi siempre ha necesitado alguna corrección y puntualización. Agustín de Hipona. Esas ana­ logías son indispensables. 1. Tollatur. nociones innatas o vene­ rables tradiciones sancionadas por la revelación. Lo que tantas veces se ha dicho. y por­ que su uso acentúa nuestra tendencia natural a forjar nuestras ideas de Dios sobre el modelo de nuestras pro­ pias ideas. precisamente porque parecen ser algo más que imágenes. a propósi­ to de los concilios. Conocido es igualmente el céle­ bre ejemplo de la obra de Joseph de Maistre. ya que la Iglesia es una socie­ dad visible que supone también un gobierno. Madrid 1966. Barcelona 1966. Pero son doblemente peligrosas. In Hexaemeron. 45 ter misterioso. encerrarlo en nuestros conceptos. Quaracchi. que se presentan tan espontáneamente. Es que en su eclesiología.3. es el sol que me ha quemado. Anuncia la absorción definitiva de la luna en su sol.428 ab]). no son en su mayoría más que leyes del mundo divinizadas y. 561-572. en Conceptos fundamentales de la teología 2. 20. en primer lugar auferatur: todo lo que hay de mortal y de enfermo en la Iglesia tendrá que ser aniquilado. De ahí la necesidad que tenemos de entre­ verlo a través de analogías.. 32: «Christus exinanivit eam ut repleat. 908). algunas veces. J. pero su revelación no cambia las condiciones en que se ejercita nuestra inteligencia ni le quita su carác­ 19. algo más que analogías. De este modo la luna anuncia el misterio de Cristo19. Po­ dremos decir de él cosas exactas.. Maistre dependía demasiado de sus concepciones sobre filosofía política: estaba persuadido de que los dogmas. qui etiam se exinanivit ut omnes repleret. es también una aurora. 411. cf. en La Igle­ sia del Vaticano II. 16. El misterio trasciende siempre nuestras definiciones. Ratzinger. Du Pape (1819): su obra tiene ciertamente muchos méritos. . In psalmum 71. González de Cardedal. sobre el gobierno monárquico de la Iglesia. deshecho. por ejemplo. 8. o sobre el sistema parlamentario.. San Buenaventura asocia a ella otra imagen sacada del Cantar de los Cantares: «. No podemos apretarlo. Luz. Por una parte. asociada a la gloria de la resurrección20. Flors. porque la Iglesia será asumida entera­ mente y exaltada para siempre en Cristo. 2 Este simbolismo lunar no es más que un ejemplo. Esta mis­ ma imagen la recuerda también O. In Ezechielem.

cf. Casterman. Dom Gréa en su tratado De l ’Église et de sa divine constitution (1885). Pélagaud. los gobiernos humanos y la policía estatal no pueden ofre­ cer nada semejante. que debemos principal­ mente a san Pablo. olvidándo­ nos por una parte de que la única colegiaíidad de dere­ cho divino se refiere al cuidado de la Iglesia universal. se ne­ cesita un soberano único). [1821]. Groot en La Iglesia del Vaticano II. 2. tenía que recordar claramente la necesidad de traspasar un método. las observaciones de J. «pericula quae hic latent ita manifesta sunt. nuestra Meditación sobre la Iglesia. teórica o prácticamente. A partir de la imagen del cuerpo. Pero se trata de historias antiguas y no hay por qué insistir en ellas. Schepers. Conviene que ahora centremos nuestra atención. se dice. 751-778 y 791-812. editado en los años se­ senta. 22. C. D e ! 'Eglise et de sa divine constitution. sino que hay que levantarse más arriba para buscar en la augusta Trinidad la razón de ser y el tipo de toda la vida de la Iglesia22. cuando manifestó sus deseos de dedi­ carle su obra21.. no puede ser una mano. la doctrina de la colegiaíidad corre quizás el peligro de conformarse. cf. sus observaciones podrán introdu­ cimos en un aspecto esencial del misterio de la Iglesia que tenemos que estudiar: 46 Hay en esto un misterio.». Bilbao 1959. VIII y XX: «En Roma. 24. M. Dom Gréa se muestra particularmente sensible ante el «misterio de la jerarquía» (290).. pero notad que se trata de una metáfora.Paradoja y misterio de la Iglesia ¿Cómo la Iglesia es un misterio? y por eso se extrañaba de que el papa se hubiera mos­ trado reticente. más que en la institución del papado o en la de los concilios. con los modelos 21. en el hecho de la colegiaíidad episcopal. 126. no en el ejercicio de una jurisdicción cualquiera. Se corre quizás el peligro de que nos extendamos en la búsqueda de diver­ sos modos de organización para su ejercicio. y los razonamientos sacados de las analogías humanas no pueden llegar hasta él. Pero 23.. de que su modo de acción más ordinario con­ siste. Desde luego. La obra fue reeditada con un prólogo de L. eíg xoípavos eorto (no es buena la pluralidad de príncipes. Efectiva­ mente. aunque enmarcado todavía en la corriente tradicionalista. para po­ der ser el dedo de un pie. y por otra. en su vida. Un ejemplo semejante sería útil para ayudamos a prevenir ciertas desviaciones en la aplicación de las re­ formas litúrgicas: se trata de una analogía de las asam­ bleas humanas. en su disciplina. 148-149. El gran sentido común de Paul Claudel nos lo ha hecho advertir. por muy fundada que esté en la Escritura. Otro ejemplo podría ser también el de la ana­ logía con el cuerpo humano. Lyon 1876. y Corpus mysticum.a ed. El capítulo 4 del libro se titula: ((Analogías sacadas del poder temporal» (cf. de 1885. De notione populi Del. Angelicum 43 (1966) 335: tal analogía (asimilando la Iglesia a una «so­ ciedad perfecta») «potest adducere in errorem».293-294. Bouyer. cf. sino en el interés activo que cada uno de los miembros del episcopado universal pone habitualmente en la fe de la Iglesia. en el que Maistre se había deteni­ do demasiado: humanos que tenemos ante los ojos. Ratzinger y de J. Un dedo del pie.. . París 1949. Dom Gréa. puesta de relieve por el concilio Vaticano II. cf. ed. prefacio. VI). la 2a ed. El autor había pensado poner como epígrafe de su obra estas palabras: Otix ©oáyav jioíawoiQavír).. como asimismo reside en la concien­ cia de su responsabilidad personal a este respecto. 47 Miembro de la Iglesia. con la brusca vivacidad de su reviviscencia. Lumen gentium 22 y 23. se quedaron pasmados de este nuevo sistema». según la cual se concibe a veces con demasiada facilidad la celebración del misterio eucarístico23. Toumai 1965. Aubier. 1. en la extensión del reino de Dios. sino ab­ surdas. podríamos llegar a conclusiones no solamente erróneas.

661). particularmente en el capítulo 2 de la Lumen gentium. In Joan. aplicación procedente de una «identifica­ ción absoluta y unívoca del cuerpo (místico) de Cristo a la institución visible fundada por Cristo». Cf. en el momento de la anun­ ciación. inclínalo capite. ene. Pablo VI. nuevo pueblo de Dios. Quizás recuerden todavía algunos aquella discusión demasiado inútil. lo mismo que el arca de Noé nos libró del diluvio. aquella arca en la que se encuentran. La Iglesia es el arca que nos salva de la muerte. se la asemejaba demasiado a un individuo humano o a una sociedad exterior y artificial. sino completar una imagen con otra.219. pero ninguna de estas cosas excluye a la otra. 27. in cruce dormivít. C. ^ Aunque provenga de la Escritura. Semmelroth. y si en su em-. 451-466: «Es imposible encerrar por completo en una sola noción o en una sola imagen la naturaleza de la Iglesia y su ca­ rácter propio. los textos que nos la transmiten señalaban ambas fechas. ante la Iglesia. 1: «Hic secundus Adam. Solamente iluminarán un aspec­ to. multiplica las imágenes. en La Iglesia del Vaticano II.. La tarea del Concilio. La Iglesia. y co­ mentando estas imágenes ha sido como la tradición cris­ tiana ha meditado en su misterio. ut inde formaretur ei conjux. 669-684. más o menos importante. ese don hecho por el Espíritu de Dios. y Pío XI: «El que es movido por el Espíritu de Dios tiene espontáneamente la ac­ titud que conviene. del misterio. María. del costado abierto de Cristo. con algunas más27. También en esto la revelación nos sirve de guía. Emmaüs. Butler. Paris 1966. pero tam­ bién es cierto que. 25. Claudel. Al buscar de este modo a la Iglesia un acta de nacimiento en fecha exacta. el día de pentecostés. la cues­ tión se quedaba sin respuesta. también-la Igle­ sia: toda la Iglesia está detrás del rostro particular de cada cristiano. en La Iglesia del Vaticano II. pleo la corrección nos preserva del error.48 Paradoja y misterio de la Iglesia el cuerpo de la Iglesia no se construye de esta manera. tr. por adición. la Iglesia és también «el don que hizo al mundo el Espíritu de Dios». La auténtica tradición no 24. tenía que ser precisamente corregir o suavizar estas tesis25. quae de latere dormientis effluxit» (CCL 36. Por eso sólo nos queda un camino: no únicamente corregirlas. ha podido conducir a algunas tesis demasiado estrictas sobre la pertenencia o no-pertenencia a la verdadera Iglesia. Cerf. 1964: AAS 56 (1964) 429. P. ¿Cómo la Iglesia es un misterio? 49 se preocupaba por semejante dilema. o en el ce­ náculo. . Para describirnos a la Iglesia. Benoit.. las dos opiniones que se enfrentaban entre sí eran la señal de unas tendencias doctrinales más profundas. «Fruto sagrado del árbol de la cruz». por ejemplo Agustín de Hipona. el día de pentecostés? Sin duda alguna. Sabido es cómo una aplicación demasiado material de esta imagen del cuerpo a la cuestión de los miembros de la Iglesia. que ocupó sin em­ bargo la atención de algunos teólogos: la Iglesia ¿nació en el calvario.. cf. 141-142. 2. 120. París 1949. La teología está invitada a reconocer humildemente sus li­ mitaciones cuando intenta restringir el ‘misterio de la Iglesia’». Los no-cristianos en relación con las Iglesias. y aunque esté de­ bidamente corregida. O. Passion et résurrection du Seigneur. era ya toda la Iglesia24. ese fruto sa­ grado del árbol de la cruz. se hace oír por su propia voz y se hace llamar perfecta mea. planteada en estos términos. de modo que no haya sido perfecto en al­ gún tiempo. Ecclesiam suam: AAS 56 (1964) 616. D. como decía el teólogo an26. Homilía de pen­ tecostés. P. no logra sin embargo penetrar en la plenitud de la verdad. Lo mismo que el cuerpo de Cristo está por entero en cada partícula de una hostia. una imagen y una analogía serán siempre insuficientes. al mundo desorientado». interior y exteriormente. sin que por ello se viera la menor contradicción26. Tal es la conclusión a la que se ha llegado decididamente en el Concilio. Cf.

es señal de que han surgido bajo la influencia del mismo Espíritu: todas ellas concurren y forman un con­ junto bien trabado. el vínculo no es de orden lógico. En esta multitud de expresiones. he­ cha de piedras vivas. en esta constitu­ ción. no tenemos que ver una mezcla incohe­ rente. Bajo este punto de vista lógico. organizarías sistemáticamente. tal como lo hacía el primer esquema. Podemos escoger cualquiera de estos aspectos privilegiados. hay que reconocer que son irreductibles en­ tre sí. el arzobispo Basilio Krivochéine ha escrito: Irénikon 39 (1966) 478: «Un ortodoxo se alegra sinceramente de que el texto no hable de la ‘naturaleza’ de la Igle­ sia. definición de la que se sacaría toda 28. ella es el nuevo Israel. etc. 2. explosiva y confusa. que es su cuerpo. No tenemos que ver en ella sólo el resultado de unas investigaciones o de unas in­ tuiciones individuales disparatadas. 1922. AI utilizar más tarde a fondo la analogía de pueblo. de lo que es la Iglesia. To­ ¿Cómo la Iglesia es un misterio? 51 das ellas iluminan la actitud que Dios nos pide ante la Iglesia. escribe el padre Yves de Montcheuil. sacadas del Antiguo y del Nuevo Tes­ tamento. Cerfaux. Fax. Pero esta madre nos conserva siempre en su seno. el Concilio ha concedido un lugar de privilegio. sino de su ‘misterio’. Finalmente se desarrolla en este mismo capítulo. Pero todas ellas son necesarias para contribuir a darnos una idea. por su importancia particular y su uso tradicional. Pero no estamos solamente en ella como los pasajeros de un barco: la constituimos verdaderamente. Por tanto. se revela en las imágenes de la Iglesia que encontramos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento». La Iglesia es la «casa de la fe».a lee.50 Paradoja y misterio de la Iglesia glicano Georges Home. no todas ellas tienen evidentemente la misma fuerza evocadora ni ofrecen los mismos recursos analó­ gicos. Por eso decimos que la Iglesia es un pueblo. inexpresable en conceptos. Así es como ha procedido el Concilio. pero sí sufi­ ciente para nuestra conducta. la analogía del cuerpo de Cristo. que parte desde el origen y cuya etapa esencial fue la elección de un pueblo anunciador. Entre ellas. L. a la imagen del pueblo de Dios. y por otra parte su unión con su esposo es tan íntima. de Montcheuil. 2.. Este mis­ terio. pero no nos es lícito olvidar por comple­ to a los otros. Y esta imagen es la que domina en gran parte la óptica de los capítulos siguientes. y de esta manera nosotros somos sus miembros. «los días felices del paraíso». no digamos exhaustiva. el Concilio no se olvida de lo que acaba de decir. Por diversas razones que no vienen al caso ahora señalar y cuyo aná­ lisis tendría que ser necesariamente incompleto -y a que habríamos de contar con el impulso del Espíritu-. una asamblea. Sería inútil intentar reducir unas a otras. somos la Iglesia. en la que hay que entrar para ser fieles de Cristo. no se da nunca una definición estrictamente dicha del pueblo de Dios. si no queremos salir perjudicados28. en el ca­ pítulo 2 de la Lumen gentium. Ofreciendo los puntos de vista de un ortodoxo sobre 1a constitución dogmática de la Iglesia. 1: «Algunas expresiones para designar a la Iglesia». pero al mismo tiempo fruto de una renovación prodigiosa operada por Jesús. En ella se ofrece a Dios un culto agradable: por eso la llamamos también templo. Madrid 1957. . desde luego. en el primer capítulo consagrado precisamente al miste­ rio de la Iglesia. Pero no es el resultado de nuestra agrupación: ella es la que nos hace cristianos. Las imágenes simbólicas de la Iglesia en el Nuevo Testamento. Pero anteriormente. Y. es una ma­ dre que nos da la vida de Cristo. se habían recordado por extenso otras varias imágenes. De este modo. en La Iglesia del Vaticano II. cf. Consumación de una larga prepa­ ración. Al encontrarse en los autores inspirados o al estar consagradas por la tra­ dición. 309-324. o ciudad santa. Aspectos de la Iglesia.

Cf. D. Los tío-cristianos en relación con las Iglesias. D. Meditación sobre la Iglesia.: Dietrich Bonhoeffer. también R. cf. Discourses adressed to Mixed Congregations. 51 (versión cast. el capítulo siguiente. Bilbao 1968). se descubrirá o bien que la Iglesia católica es verdadera y efectivamente la presencia del mundo invi­ sible en este mundo visible. como todo misterio. témoin de Jésus-Christparmi ses fréres. 33. o bien que no hay nada real en todo lo que pensamos de nuestros orígenes y de nuestro fin31. Toumai 1967. es visible e invisible. Ha escrito Newman: A la larga. como nos advierte dom Christopher Butler. sino que nos hace participar ya de ella. La Iglesia es una misteriosa extensión de la Trinidad en el tiempo. san Pa­ blo le aplica la misma palabra de «mysterium» que le 31.«Jesucristo extendido y comunicado». Por con­ siguiente. 3 Del carácter misterioso de la Iglesia hemos sacado hasta el presente una primera consecuencia: no hay nin­ guna imagen ni noción que pueda describirla sin que sea antes debidamente corregida. que se imponía de algún modo en virtud de una lógica interna. 1. aunque no son ade­ 29. y también escatológica y eterna. Casterman. y por eso habla «con la auto­ ridad de Cristo presente y viviente en ella»33. de enfrentamientos dialécticos. sino que quedarían con­ denadas a permanecer para siempre allí. testigo de Jesucristo entre sus hermanos. Viene de la Trinidad. Butler. 53 cuadamente distintos entre sí. Bonhoeffer. M. Ahora vamos a descubrir una segunda consecuencia. Marlé. en Ouvrières. por este método no sola­ mente se dejarían en la sombra muchas de las caracte­ rísticas esenciales de la Iglesia. (Id. Toma allí el aspecto de una paradoja. en La Iglesia del Vaticano II. y la multiplicidad de imá­ genes y de nociones que nos ofrece la Escritura tiene que ser enteramente explotada para este fin. Es para nosotros -según la fórmula de Bossuet. como también se dice. El misterio de la Iglesia. que únicamente puede expresarse por medio de una serie de antítesis o. y está llena de la Trinidad32. no puede ser captado con una mirada directa y simple. 654.218. 2I4s. J. Por una especie de «deslizamiento de sentido». Dietrich Bonhoeffer dice que es «la presencia de Cristo en la tie­ rra. para no «im­ poner una definición que pronto aceptaríamos como una descripción adecuada de la Iglesia»30. 32. también nosotros tenemos que estar atentos. 282. Enumerare­ mos a continuación tres principales. tal como la tradición lo ha sabido hacer continuamente. Efectivamente. sino sola­ mente a través de su refracción en nuestras inteligencias. pero «con una gran libertad de acción». el Chrisíus praesens». ya que son todos ellos as­ pectos de una misma paradoja fundamental: la Iglesia es de Dios (de Trinitate) y de los hombres (ex hominibus). C. que no sólo nos prepara para la vida uni­ tiva. Paris 1967). London 1960. Henri de Lubac. 144. «la encarnación continuada». Newman. cf. El Concilio no ha aceptado una elección que sería exclusiva29. V Walgrave. 30. Sheed and Ward.. es.¿Cómo la Iglesia es un misterio? 52 Paradoja y misterio de la Iglesia la doctrina. Dietrich Bonhoeffer. Philipon reconoce que el Concilio ha organizado su doctrina «en tomo a esta noción de pueblo de Dios». Newman. A propósito de la Iglesia pueblo de Dios. es terrena e histórica. Point de synthèse de Vatican II. frecuentemente repe­ tida. . Mensajero. si se prefiere. Gesammelte Schriften I. También M. cf. 328s.

aquel pueblo de «dura cerviz». Skydsgaard. In psalmum 8 (PL 93. tampoco hemos de atender únicamente a su primer aspecto. acaba siempre otorgándole su misericordia39. Hace ininteligible el título de «Ecclesia mater». In 1 Reg. Pseudo-Beda. Gabalda. Neuchatel 1965. G. 162 y 138-139. «semper a semetipsa aliena». Ciertamente. cf. 4. 39. Cerf. en todas estas expresiones se encierra una profunda verdad. Orígenes. Le Christ. The Study o f the Bible in the tniddle Ages. La théologie de l ’Église II. y J. 23. 539). como decía Juana de Arco. sagesse de Dieu d'après les épîtres pauliniennes. Pero si solamente dijéramos esto. viniendo un eclipse que sumerge a la tierra en las tinieblas37. No saca todas las consecuencias de la nove­ dad cristiana. Le sens et la va­ leur en ecclésiologie du parallélisme de structure entre le Christ et l 'Égli­ se-.292-293. Verdad y límites de un paralelo». siempre pecador. son en cierto modo verdaderos cuando se tra­ ta de la Iglesia» (358). 38. ella es nuestra Madre. Retract. 161. Ez 2 . Estela. que son errores al tratarse de Cristo. Angelicum 43 (1966) 353-358: «Dualismo y monofisismo. falso en su unilateralismo y más engañoso. Está tan perfectamente unida con él que para nosotros. 131-133). Es que es la esposa de Cristo y su cuerpo. es un pueblo muchas veces infiel y rebelde.65-96: «Dogma cristológico y eclesiología. Barcelona 1965. 34. 234-235: «Esta inmaculada es pura porque todas las horas es lavada con la sangre de Cristo»: Orígenes resumido por H. con las debidas correcciones. Agustín de Hipona. y si las persecuciones la hacen disminuir por fuera. 209). 55. la Iglesia se asemeja por completo al pueblo de la antigua alianza. E. «es una sola cosa». Cf. porque se trata precisamente de precaver contra una excesi­ va asimilación de la Iglesia a Cristo. Santa Iglesia. 10: «Obscura videtur Ecclesia. las tentacio­ nes la hacen muchas veces sucumbir por dentro36.4-9. Homilía 101 (PL 57. Máximo deTurín. U. También esto deberá entenderse analógicamente. Cf. 7. Baehrens. caeríamos en una especie de «monofisismo» eclesial. es pe­ cadora. 262. Nicolas. si cabe. siempre digno de la cólera de un Dios que. En su carácter unilateral. que pronto se le dio a la Iglesia en la antigüe­ dad. no explica suficientemente las enseñanzas de san Pablo. 1. que el monofisismo cristológico35. si brilla por su parte espiritual. H. Agustín de Hípona. París 1947. Stephan Langton. 6. Congar. A. 36. Bardy. 3 (PL 36. es oscura por su parte camal. sin embar­ go. está siem­ pre cambiando. Epíst. In Cantica. Y no se ve cómo puede compaginarse con la idea 34. 54 55 . inter multas iniquitates gemens» (PL 33. Paris 1966.Paradoja v misterio de la Iglesia ¿ Cómo la Iglesia es un misterio? aplicaba en primer lugar a Cristo34. 35. Jer 13. en Le dialogue est ouvert I. von Balthasar. 1. Porque la Iglesia es al mismo tiempo una Iglesia hecha de hombres. La Iglesia oculta su gloria prestada bajo un vestido oscuro. siempre rebelde a los ojos de Yahvé. nota. 485-490). Pero esto es lo que se produce en algunas eclesiologías de origen protestante. Concreta­ mente. En ellas. I. está (o de­ bería estar) totalmente sometida a Cristo. Esprit et Feit. a veces se interpone entre ellos y Cristo. J. In psalmum 10. Si no hay que perder de vista este segundo aspecto tan humano de la Iglesia. La imagen del cuerpo es ambivalente: por una parte. 1952. 6. hace de Cristo y de su Iglesia un organismo único. 37. esta noción no parece estar de acuerdo con todos los textos de la Escritura. in tempore peregrinationis suae.. Por eso es santa y santificadora. Orígenes. Así K. hom. Baehrens. de este modo lleva consigo la contra­ dicción y se necesita una mirada penetrante para saber descubrir la belleza de su rostro38. aun­ que normalmente debería reflejar a los ojos de los hom­ bres la luz de su sol. 527 C). a este propósito Y.. Delachaux. M. Lo mismo pasa con el símbolo de la luna que expusimos anteriormente: también ella es un símbolo de deficiencia perpetua y de mortalidad. en sus miembros. Y como Dios es nuestro Padre. Feuillet. 5 (PL 32. cf. pero por otra significa que los miembros están sujetos a la cabeza. Esto es precisamente lo que intentamos demostrar. en Beryl Smalley.

L’Église dans le Nouveau Testament. tal como la expusimos al comienzo. Toulouse 1964. A.. por su parte. A. Barth. y lo significado. de una era totalmente nueva. 18. Ma­ drid 1965). las deformaciones y las re­ novaciones. L'image de la vigne. A. ni diluiremos esta Iglesia en un 42.. Paris 1967. U. Le renouveau de l ’Église. Lutero: «Abscondita est Ecclesia. Desclée de Brouwer. que una Iglesia que no fuera más que el cuerpo de Cristo. sólo puede alcanzarse por medio del signo. suscitán­ dolo del seno de su pueblo». y A. Esto mismo es lo que le reprocha Karl Barth: en la antigua alianza -observa este autor. H. sería inconcebible en este siglo. Schnackenburg. G. A. Salamanca 2000. . Ninguno de estos dos aspectos diferentes tiene que sacrificarse en aras del otro. Y si no considerásemos más que a los hombres que la com p on en . «es constitutiva de la expe­ riencia cristiana»44. El misterio. el error y la supersti­ ción. ¿Cómo la Iglesia es un misterio? 57 bién la resistencia a esa fuerza. es la historia de la obediencia y de la desobediencia (abierta o secreta) de la cristiandad al evangelio» (142). Otra paradoja: la Iglesia es a la vez visible e in­ visible. la incredulidad. Martelet ha consagrado a es­ ta idea compleja de la santidad de la Iglesia varios capítulos de su libro Sainteté de l ’Église et vie religieuse. que es el reino de Dios. y un pueblo impuro e infiel». El reproche fundamental que hemos de dirigirle es que se inspira más en el Antiguo Testamento que en el Nuevo. la Iglesia de la autoridad y la Iglesia del espíri­ tu. Introduction á la théologie évangélique. Visser’t Hooft. en su visibilidad misma.. Introduction à l'esprit du Conci­ le.había «un encuentro ininterrumpi­ do. la confesión y la negación de Jesucristo. 441. Vonier. 41.56 Paradoja y misterio de la Iglesia de Iglesia sacramento. 21-22. latent sacti» (W. Quién es cristiano. un diálogo y una comunión entre el Dios santo y fiel. 77-91. Y paralelamente habla W. uno en el que Dios y el hombre están ya unidos. en sentido inverso. No reduciremos el cuerpo místico de Cristo a los cuadros de la Iglesia romana. Hamburg 1967. Labor et Fides. signo eficaz. Le peuple de Dieu. 43. Lyon 1943. Esto no impide que digamos también con Barth: «Esta historia (de la Iglesia) en la que se juntan la fe. Généve 1956. Jaubert. Sígueme. en Oikonomia. Esto se desprende de la idea misma de misterio.. no está separado de lo que significa. 19. esto es. Prière et Vie. que sin embargo se le asocia a veces. 93-99. Visser’t Hooft: La venida de Jesucristo es mucho más que un nuevo e importante capítulo en la narración de las relaciones de Dios con su pueblo. Généve 1962.siologías deberán elimi­ narse. sola­ mente la expresión de su fuerza unificante y no tam­ 40. 44. pero en la nueva alianza «el Dios santo y fiel de Israel hace entrar en es­ cena a un compañero de juego santo y fiel. 652).42.91. Paris 1965. sería incluso una idea contradictoria. podríamos exponer la historia de la Iglesia también como este signo: como la historia de todas las excusas que ella ha presentado a Dios para librarse del acto de fe real. que no entra plenamente en la lógica del misterio de la encamación. Cf. No hay nada en el Nuevo Testa­ mento que sugiera la idea de una Iglesia invisible. También en este aspec­ to se ve en seguida cuántas ecle. sin que sea menester insistir en ello43. es nada menos que la irrupción de una nueva edad. La gloire et la croix. W. cf. La Iglesia.. uno que representa a la vez a Dios y al hombre. Jesucristo40. von Balthasar. R. 15 (version cast. 2. en otras palabras. Pero tampoco hemos de olvidar. K. y tam­ bién Les idées maîtresses de Vatican II. Taurus.: La Iglesia en el Nuevo Testamento. Id. la era de la nueva creación41.

L’Église: Dieu vivant 25 [1953] 109). el amor cristiano. pero para salvar al mundo. Como ha explica­ do Hans Urs von Balthasar. J. H. por así decirlo. habla de la Iglesia como si fuera prácticamente idéntica con el reino de Dios. histórica y escatológica. K. «La ambigüedad inherente a la Iglesia se explica por la interfe­ rencia entre Reino e Iglesia» (E. Pero afirmaremos que la Iglesia desborda misteriosamente los límites de su propia visibilidad. que es precisamente la Iglesia en su realidad futura y en su forma definitiva. Aferrarse a la segunda. con mayor rigor. utilizando las palabras de J. y no será reconocida como tal. más que en el ex­ ceso que supone su amor. Finalmente. que habrá de permane­ cer mientras pasa la figura de este mundo46. Esta manera de hablar sigue siendo todavía inade­ cuada. Barcelona 1965. más allá de sí misma. por Jesucristo. en cuanto que constituye un impulso en el que el hom­ bre se entrega al misterio inaccesible. Estela. También resulta imposible asimilar sin más ni más la una al otro. la Iglesia no es la esposa de Cristo.58 Paradoja y misterio de la Iglesia ¿Cómo la Iglesia es un misterio? «cuerpo» concebido de una manera completamente «mística». lo mismo que diso­ ciarlos entre sí47. 47. de Lubac. y esto define una dimensión permanente del drama cristiano. es correr el riesgo de disolver a la Iglesia en el mundo: hoy nos encontramos efectivamente con este peligro de «secularización». Ideología y cristianismo: Concilium 6 (1965) 58. Aubier. Las dos res­ puestas serían verdaderas a la vez. equivale a mantener una quimera tan anticristiana como anacrónica. en virtud de su misma esencia. temporal y eterna. Rahner. la acción del Espíritu de Cristo. Nace también del doble carácter de la Iglesia. esto es. Mouroux. 3. pero el tiempo del cosmos está hecho para este último englobamiento. pero también es preciso añadir que este movimiento de superación es el cristianismo en su más pura significación. . El misterio del tiempo. Mouroux. Y esto es también lo que dice Karl Rahner. 197. sobrepasa lo que lla­ mamos generalmente «cristianismo». En esta misma perspectiva se sitúa el problema aná­ logo de las relaciones de la Iglesia con el reino de Dios. para conducirlo a su fin. cf. al mismo tiempo que sabe. La Iglesia. ya que parece establecer una separación entre el presente y el porvenir de la Iglesia. con tal de que se si­ tuaran en dos perspectivas diferentes. Images de l ’abbé Monchanin. en lo que tie­ ne de mayor intimidad y urgencia. He aquí por qué sería imposible darle una respuesta sencilla a quien preguntase: la Iglesia ¿es para el mundo o el mun­ do para la Iglesia? Esta ambigüedad no proviene única­ mente de la ambigüedad de la palabra «mundo». tiene que estar con todos sus miembros al servicio del mundo. Es. que La ideología no podrá ser jamás superior a sí misma. y que se dirige siempre. en el seno de la Iglesia de Cristo. Peterson. Varias veces se ha advertido que san Agustín parece oscilar «entre ambos polos»: en algunos pasajes. se ha dicho. en su realidad presente. en términos análogos: mera. 109-112. París 1967. el cristianismo es superior a su propio ser. 59 el tiempo de la Iglesia está englobado en el tiempo del mundo. en cualquiera de sus estados. que aquel impulso desemboca en la presencia salvadora de este mismo misterio45. la Iglesia es a la vez terrena y celes­ tial. Digamos por ello. en su forma actual. Por el contrario. Atenerse a la pri­ 45. por ejem46.

No nos extrañemos. nisi ut ipsum regnum caelorum ad hanc temporalem vitam. 36-37. considerando el fondo de las cosas.. que incluso en este mundo. pues. y júzguese siempre incapaz de explicar las obras de su misericordia. Schnackenburg. «bienaventurada visión de paz»52. cf.. 54. Newman. incluso en sus ejemplares más elevados y nobles. Para terminar. inherentes al misterio de la Igle­ sia. G. de misterios. que en este mundo vive en medio de combates. ad hoc utique sic appellatur.. Cognet. Agustín de Hipona. apoyada por las armas de la luz en contra de un mal que continuamente renace. A. su aspiración hacia él. por una parte. esto es. en una lucha sin tregua. 9)48. 24)49. Essai sur le développement dogmatique (versión cast. tranquillat omnia». en la trama de lo real y de la duración. Salamanca 1997). Le renouveau de J'Église.. L’Ecriture dans la Tradition. 3. por tanto. sea también un ejemplo de esta misma ley» (Via media. 1. 196. New­ man ou la recherche de la verité. Desclée. se decidió a hacerse católico. Newman consagró largas páginas a las «contradicciones in­ ternas» de la Iglesia. cf. Se podría hacer una observación análoga a propósito de las dos maneras como san Agustín y otros autores comentan las relaciones de los dos Testamentos entre sí. apartado 3: «La dialéctica cristiana». et in explicandis operibus misericordiae eius. de Lubac.en la Iglesia lo mismo que en la Jerusalén celestial.20. León Magno. creación sobrenatural de Dios. Visser’t Hooft. 61 La relación de la Iglesia con el Señor glorificado. trad. Biblioteca Ecu­ ménica Salmanticensis. la morada de Dios que. es ya el puer­ to de paz. asserant pertinere? Cur enim non in hanc insaniam progredlatur caeca praesumptio? Et quid hac assertione furiosius? Nam etsi regnum caelorum aliquando Ecclesia etiam quae in hoc tempore est. Bueno es que nos sepa siempre a poco lo que acertadamente sentimos de la majestad del Señor54. concluyamos con Rodolf Schnackenburg: 48. Como es habitual en él. Podría hacerse el mismo raciocinio a propósito de las dos nociones parecidas de Iglesia y de Ciudad de Dios en san Agustín. que nuestra Iglesia es militante. el alma humana está llena de contradicciones. L. por ejemplo en el tratado De la santa virginidad (c. entró -co­ mo él mismo nos dice. en otros pasajes.. París 1967. París 1966.60 Paradoja y misterio de ¡a Iglesia ¿Cómo la Iglesia es un misterio? pío en la Ciudad de Dios (1. Hemos de reconocer al mismo tiempo.. tacha esta opinión de pretensión absurda. No hay más que leer atentamente en su contexto los dos pasajes citados de san Agustín para comprobar su perfecto acuerdo. 52. y se ha creído posible afirmar que «es­ ta incertidumbre no se ha disipado jamás en la teología católica romana»50. Aubier..9: «Ergo et nunc Ecclesia regnum Christi est regnumque caelorum». En su reedición de la Via me­ dia. 20. in qua nunc sumus. Esta ob­ servación se ha extendido también al conjunto de la tra­ dición cristiana. L’Église sacrement et mystére: ETL 42 (1966) 405-4 Í4. L’Église dans le Nouveau Testament. . de que la santa Iglesia.. la debilidad humana ante la gloria de Dios. «tranquillus. H. Sermón 11 de passione Domini: «Succumbat ergo humana infirmitas gloriae Dei. parte de las analogías naturales: «Todo lo grande resiste a las reglas humanas y no sabría vol­ verse lógico consigo mismo en todos sus diferentes aspectos. 219. R. 49. Bonum est ut nobis parum sit quod etiam recte de Domini Majestate sentimus». De civ. 51. como dice san Bernar­ do. en 1877. quia futurae vitae sempitemaeque colligitur». 53. en la que ninguno de los dos «polos» tie­ ne que quedar suprimido51. por otra parte. Ambas cosas siguen siendo verdaderas al mismo tiempo. tras una búsqueda larga y dolorosa. No por ello resultará menos imposible escoger entre una concepción que podríamos llamar histórica de la Igle­ sia y una concepción escatológica de la misma. Se trata solamente de dos aspectos distintos. appellatur. XCIV). no pue­ den quedar estrechadas por los limites del pensamiento: es el misterio más profundo de la Iglesia53. «Quid aliud istis restat. 50. W. Philips. Y cuando Newman. cap. no hay en ello ni incertidumbre ni contradicción. Dei. También aquí nos encontramos con una discrepan­ cia dialéctica. su vi­ da que ha nacido de él.: Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana. 1. J. Pero en realidad.. y. imparem se semper ínveniat. Sucumba.

con el esquema de la comisión preparatoria. de distinto origen. De ahí la impresión de novedad. Incluso puede ser todo lo con- .3 La constitución «Lumen gentium» y los padres de la Iglesia 1. En realidad. que quizás se haya expresado a veces con exceso. Lo que algunos dejaban de observar era que la teología de los esquemas preparatorios no reflejaba enteramente el estado del pensamiento teológico de nuestro siglo. No obstante. que había dado a luz numerosas publicaciones. es evidente el contraste entre ambos documentos. importancia y destino. Pero esta impresión de novedad no es completamen­ te falsa. hay que saber distinguir con cuidado dos epítetos que a ve­ ces la gente tiende a confundir: conservador no es lo mismo que tradicional. el concilio Vaticano II no ha sido un Concilio «conservador». las dos constituciones doctrinales del Vaticano II no hacen más que consagrar un largo esfuerzo de re­ flexión. De los padres al Vaticano II Si se compara la constitución Lumen gentium -como también la constitución Dei verbum. lo mismo que en sus orientaciones prácticas (hablamos de las que son verdaderamente conciliares). En sus elementos doctrinales.

Y mientras que un obis­ 1. la doctrina eclesiológica de la Lumen gentium trastorna. Por otra parte. y la reforma que busca el Concilio no consiste en un tras­ torno de la vida presente de la Iglesia. trozo a trozo. ni en una ruptu­ ra con sus tradiciones en lo que éstas tienen de esencial y de venerable. A propósito del «esquema XIII». Varias de ellas se refieren solamente a puntos concretos y de detalle. en particular. que la presión de las circunstancias. con la doctrina de los padres de la Iglesia. Segura­ mente en aquel momento el redactor sólo tenía a Migne entre manos. 2. po melquita3 había podido reprochar en el primer esque­ ma. por el mero hecho de querer limpiarlas de todo lo que hay en ellas de caduco y de defectuoso. arzobispo de San Juan de Acre (6.16. Hakim. un esfuerzo de carácter objetivo y total. que el texto promulgado está perfectamente de acuerdo. es porque estamos asistiendo a los pro­ gresos de este esfuerzo de explicitación y de organiza­ ción. utilizaban de manera más juiciosa los argumentos escrituristicos o de tradición» {Vatican II. respectivamente. no han pretendido llenar con todo un arsenal de textos la parte inferior de las pá­ ginas. Y si así era. En este caso. G. que el siglo XX sería el si­ glo de la Iglesia. nota 3). por mucho cuidado que hayan puesto en su tarea. Chronique de la deuxième session. . la actual constitución pre­ senta unas cuarenta. Muchas veces. otras posiciones funda­ das más auténticamente en la tradición. Aunque lo hubiesen querido. Mons. 458 (nota). Discurso de apertura de la segunda sesión del Concilio (1963). Si se ha podido es­ cribir. es de lamentar. 4. Meecham o Marrou». La pertenencia o el valor de cada una se prestan a veces a discusión. M. sino que es más bien un homenaje ren­ dido a dichas tradiciones. Pablo VI. Dejando aparte los numerosos textos canónicos o li­ túrgicos de la época. Michele Pellegrino cuenta en total 184 citas o alusiones: L'étude des Pères de l ’Église dans la perspective conciliaire: Irénikon 38 (1965) 454. En algunos puntos importantes. tanto en el espíritu como en la letra. podemos contar en los ocho capítulos de la constitución. no ha cesado de acentuar. los re­ dactores de los distintos capítulos. como en otros. 65 3.1962). No todas las citas. que a veces podía considerarse casi como oficial. 17. co­ mo si no hubiesen existido nunca Funk.64 Paradoja y misterio de ia Iglesia La constitución «Lumen gentium» trario. durante los cuatro años conciliares. no se lo hubieran tampoco permitido4. al amanecer de los tiempos nuevos en occidente. son igualmente características. pero lo hace para que volvamos a encontrar. Pero no hay por qué insistir más en este aspecto ma­ terial y cuantitativo. que era demasiado largo. Teniendo en cuenta todos los textos de la era patrística. como es claro. con palabras que se han citado frecuentemente en estos últimos cincuenta años.13. 3. «los obispos calificados de renovadores. junto con una determina­ da fuerza de lógica interna. Tampoco debemos olvidar que una sistematización de la eclesiología es algo relativamente nuevo. por así decirlo. observa Antoine Wenger. Ya se han encargado otros de poner de relieve el nú­ mero tan considerable de las citas o referencias patrísti­ cas. Es claro.51. para que vuelvan a encontrar su autentici­ dad y su fecundidad1. Se ha ido preparando. las posiciones que ayer mantenía una escuela. o para que man­ tengamos con mayor seguridad. sus habituales condi­ ciones de trabajo en la ciudad eterna.11. 37. Pellegrino. o a proposi­ ciones accidentales. observa que la Carta a Diognetes se cita allí «según Migne (!). L’étude des Péres de l ’Eglise dans la perspective conciliaire: Irénikon 38 (1965). el que sólo contenía cinco citas de los padres orientales. en vez de con­ servar.3 y 87 citas o referencias2.

Cerf. 78. G. al cabo de tantos siglos. ... que hasta ahora la habían ocupado por completo. J. cf. B. No hay que extrañarse si. como el Periarchon de Oríge­ nes. Cf. no tenemos derecho a esperar un paralelismo per­ fecto entre la exposición del Vaticano II y las exposicio­ nes que nos ofrecen las obras de los padres7. Bardy. han querido ver en ello la señal de un tránsito de la trascendencia a la inmanencia. Pablo VI. puramente ocasionales sobre este tema? Ni mucho menos. Y. disper­ sas. Ella era para los padres la condición. es evidente que no podríamos encon­ trar algo semejante en la época patrística. vagas. ésta pre­ senta sin embargo cierta analogía de estructura con un tratado. nuestras palabras del prólogo a La Iglesia del Vaticano II. Barcelona 1966. en la inteligencia de 8. La théologie del'Église de saint Irénée ait concile de Nicée. 1295s. ¿Quiere esto decir que los padres no tenían ideas claras sobre esta realidad de la Iglesia. tiene todavía la necesidad de ser expresada de una manera más precisa». nos manifiesta una preocupación constante por vincular las verdades relativas a la Iglesia con el conjunto de la verdad dogmática. en la medida de lo posible.. Si las obras de los padres no le dedican un capítulo especial a la Iglesia. 2. entre ellos. por eso la veían en conexión íntima con todos los misterios o. Y tampoco los escritores eclesiásticos. el mérito principal sin duda alguna de esta nueva constitución: en vez de darnos unas enseñanzas corrientes hasta ahora. después de veinte siglos. Ch. Discurso de apertura de la segunda sesión: «Está fuera de dudas que la Iglesia tiene el deseo. ha llegado a desdoblarse. Pero en realidad. XXIXs. El Vaticano II ha tenido en cuenta la recomendación formulada por el Vaticano I: para pe­ netrar. Ha sido pre­ cisa una extraña ausencia de sentido histórico. ese 5. Los concilios (antiguos) no han creído necesario darle una expresión dogmática a la idea que se hacía la Igle­ sia de su propia naturaleza6. 9. la necesidad. para que un historiador de las doctrinas cristianas se extrañase de no encontrar en una obra. Cf.66 Paradoja y misterio de la Iglesia que vino finalmente a desembocar en nuestra constitu­ ción5. ene. Algunos han podido creer que la Iglesia se estaba apar­ tando actualmente de los objetos primeros de su fe. L’idée de l Église. con todo el misterio de la fe. para reple­ garse sobre sí misma.. el medio ambiente y el fin de toda vida cristiana. 90. El movimiento por el que la Iglesia. Congar. el deber de dar finalmente una definición plena de el misma. 16-24. Butler.. mejor dicho. Sin pretender ser un tratado completo. la noción auténtica. Paris 1947. Ecclesiam suam 30 (6 agosto 1964). la Iglesia estaba por todas partes. nuestra Meditación sobre la Iglesia. 1965. Pues bien. un capítulo dedicado especialmente a la Iglesia. la Iglesia lo que hace es volver más ex­ plícitamente a aquello que fue en otro tiempo el gran objeto de su contemplación. La constitución «Lumen gentium» 67 movimiento no ha hecho más que dar un último toque. Y ése es precisamente uno de sus méritos. 6. profunda y completa de la Iglesia. es por­ que. Cf. gracias a un nuevo método. Pablo VI. en La Iglesia del Vaticano II. un tránsito decisivo que caracterizaría la evolución del pen­ samiento humano8. Algunos de nuestros teólogos quizás han podido ofrecer alguna apariencia de fundamento a semejante interpretación. M. Por tanto. o que no nos ofrecen más que indicaciones marginales. por así decirlo. 7. para mirarse a sí misma y emprender su definición. Bilbao 1959. Flors. Siguiendo a Auguste Compte y a algunos otros filósofos. por medio de un «acto reflejo» que es efectivamente «característico de la mentalidad del hom­ bre moderno»9.

15. Por tanto. Schnackenburg. la conciencia adquirida de las dimensiones reales de la his­ toria humana y la situación creada por los grandes cis­ mas han engendrado la preocupación de distinguir los diferentes grados de pertenencia a la Iglesia31. es una sociedad visible. por lo menos en uno de sus aspectos constitutivos. 91-93. se han operado muchas trasposiciones: to­ do ello. 14-18 y 3. otros se han precisado un poco más. 11. 12. L’idée de l ’Église. como para los padres. cobraron naturalmente. No hemos podido leer J. El concepto patristico de la Iglesia. sa­ gesse de Dieu d ’après les épîtrespauliniennes. París 1964. ya que este he­ cho se ha impuesto siempre a todos los creyentes. 13. Tam­ bién sería inútil insistir-aunque estará bien que lo recor­ demos. G. sobre «el Concilio. como respuesta a las nuevas situaciones. Cf. A partir del mo­ mento en que se va detallando su pensamiento indivi­ dual. L'Église dans le Nouveau Testament. Ch. así como sus relacio­ nes con el poder político. «Ursakrament». Livomo). R.68 Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» la fe. esto no tendría m ás que un interés secunda­ rio dentro de la perspectiva de este estudio12. que consiste en considerar las re­ laciones de los misterios entre sí. sino el de una comunión que. 69 Por lo dem ás. . Les idées maitresses de Vatican II. infra. Desde la época patrística hasta el Vaticano II. también es claro que la doctrina de los padres no forma un bloque monolítico. para poner de relie­ ve las principales analogías y las principales diferencias. Gabalda.29. 10. esta forma precisa10. Relacionar Ef 2. dentro de su actualidad más inmediata y urgente. Ratzinger. tendremos que atenemos aquí a ciertas miradas de conjunto y mantener la línea media. el tema de la Ecclesia ex judaeis et ex gentibus se ha atrofiado. Sería superfluo insistir en esta evidencia. Guano. pero los padres siguieron comentando todavía demasiado literalmente a san Pablo. 2. un lugar cada vez mayor. 1-6. Butler. para quien «el misterio de Cristo» revestía. poco a poco. Martelet.: La Iglesia en el Nuevo Testamento. Por el contrario. dotada de un poder de gobierno13. hoy se han difuminado. Le Christ. Así. la colegialidad y los padres de la Iglesia». «Sacramen­ to primordial» (Mons. la Iglesia es ante todo un misterio de fe: Ecclesiae sanctae mysterium (n. Estela. B.292293 y 302-303. 14. 141-144 (versión cast. por m uy necesario que sea para el traba­ jo histórico. La Iglesia como misterio Para la Lumen gentium.en el hecho de que el misterio de la Iglesia no es el de una especie de ideal o de realidad invisible. Desclée de Brouwer. había precisado el cardenal Frings. como era lógico. París 1967. I ) 15. ha practicado sistemáticamente uno de los proce­ dimientos esenciales. que el análisis humano jamás llegará a discernir por completo. 30-41. Introduction á l ’esprit du conci­ te. subrayados en otras épocas. Barcelona 1965. se han producido muchas veces diversos cambios de acento o de puntos de vista. pura­ mente espiritual. es sacramento. Es un don recibido del cielo. Discurso de apertura de la segunda sesión. Feuillet. signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano (n. Madrid 1965). por m uy cautivador que resulte el análisis de los detalles. Pablo VI. cf. Paris 1966. Más recientemente. organi­ zada. Por otro lado. A. las cosas se van diversificando hasta el infinito. en Naturaleza salvifica de la Iglesia. por ejemplo. sin una estructura captable. Cf. histórica. cf. La Iglesia es el cuerpo visible y místico de Cristo14. Taurus. 5). las determinaciones jurídicas referentes a la jerarquía. Algunos rasgos.

Su relación de origen con la Trinidad está ex­ plícitamente afirmada en uno o dos pasajes de san Ci­ priano citados en la constitución20. 308. Salamanca21980. Así en el n. Ch. München 1961. 20. cf. 4. 211. y no es extraño. in hoc mundo ut societas consti­ tuía et ordinata.48 y 50. la mayor parte son fugaces: dan la impresión de que están más o menos sobreañadidas. A propósito de la «antigua Iglesia». si uno es cristiano. Schnackenburg.. Todas las críticas dirigidas contra el principio mismo de la «institución». ni en el rei­ no de Dios en una Iglesia considerada como coetus electorum. 15. según la promesa. mencionado -decía é l. Y el mismo. témoin deJésus-Christ parmi ses frères. Las menciones del Espíritu santo son más numerosas. no se ha desarrollado precisamente por el camino de la pneumatología. no es en una Iglesia invisible en quien cree. 16 de sep­ tiembre de 1964: «La Iglesia latina. la Iglesia «es constitutiva de la experiencia cristiana»18. subsistit in Ecclesia catholica. La eclesiología del catolicismo contempo­ ráneo puede proporcionar materia para muchas discu­ siones. Sanctorum communio. Bonhoeffer. En los n. Orígenes. Paris 1967 (version cast. cf. Jo. sino que cree que Dios ha hecho de la Igle­ sia empírica concreta.256. Orígenes. La constitución «Lumen gentium» 71 Cristo en el mundo. Id.15 (PG 14. si­ no como fuerza íntima de la construcción de la Iglesia 19. donde se ejerce el ministerio de la palabra y del sacramento. tercera sesión. En compensación . la de Dietrich Bonhoeffer. lo recordaba hace poco con energía. Casterman.. cree que es­ ta Iglesia es el cuerpo de Cristo. 20. id. o sea la presencia de 16. Sec. Bilbao 1968). En su misma visibilidad. pero. No era de una Iglesia totalmente invisible de la que ha­ blaba. Herder. 1. pero hay que reconocer que está en perfecta con­ tinuidad. . Barcelona 1969).. 8: «Haec Ecclesia. I. Mensajero. 22. Bonhoe­ ffer cree que. su comunidad. Marié.». J. Sociología de la Iglesia. L’Église dans le Nouveau Testament. Ziadé. 21.2 . Koetschau. 13). tropiezan con esta verdad primera. El mismo día. 18. También los padres consideran a la Iglesia en su misterio. Sígueme.1036 A). con los matices precisados en las aplicaciones. todavía es adolescente en pneumatología». no sólo como fuente y cima de la vida cristiana (n. P.70 Paradoja y misterio de la Iglesia No hay en la constitución ni una sola frase que. Grelot. en este punto fundamental. ya que la teología latina. no lo afirme o suponga16. cuando afirmaba que la mayor desgracia era la de «verse dividido del misterio de la Iglesia»17. cf. Gesammelte Schriften 4. 17. 17. 11. cf. Les fonctions ecclésiales aux deux premiers siècles. 4). 2. al menos en su corriente más clásica. tal como lo ha estable­ cido de nuevo dom Butler. De baptismo 6 y De pudicitia 21. 12. D. ha sido lla­ mado por los padres la economía del Espíritu»22. cree que. por ejemplo. Podría citarse también a Tertuliano.y es también ésta una feliz he­ rencia de los padres-.. 15. también R. Paris 1967. Desclée de Brouwer. se ha olvidado un poco de que «el tiempo de la Iglesia. Paris-Bruges 1966. Le ministère de la nouvelle allian­ ce. 4. Butler lamentaba también el silencio sobre el Espíritu santo. «y de manera calamitosa». Una voz lute­ rana. cuyo vigor alaba en la interpretación de la Escritura. segunda sesión. alrededor de una do­ cena21. R. 13. Cerf. Dietrich Bonhoeffer. inevitablemente predominante en el Concilio.: El ministerio de la Nueva Alianza. cuya cristología está muy desarrolla­ da. en la historia de la salvación.una sola vez..48-49 y 60 (version cast. Períarchon. inter­ vención sobre la obra del Espíritu. 9. con la eclesiología de los primeros siglos cristianos. la eucaristía ha quedado bien va­ lorada (aunque de uná manera un tanto esporádica). arzobispo maronita de Beirut.: Testigo de Jesucristo entre sus hermanos. Colson. a pesar del maravilloso desarrollo del (n. obra en ella el Espíritu de Dios19.

L.no pretende ser una defi28. Agustín de Hipona. también los n. Nunca jamás perdieron de vista esta Iglesia única los cristianos antiguos. en la segunda sesión (1963). decía: «Hay una sola Iglesia.». La constitución da todo su vigor a una doctrina que es central en nuestra fe. del «carácter eucaristico de la Iglesia» y de «eclesiología de comunión» (Latí an I. L'Église orthodoxe. Gál 3. doctrina que la tradición latina había recibido de los padres24. Ch. In Math.73. 7 . Dei. 23.: La Iglesia ortodoxa. Bardy. De civ.. 1. tanto en griego como en hebreo. y un solo bautismo. III y Latrati i y L’Orante. 265). tanto latinos como griegos31.3: «Res sacramenti (eucharistiae) est unitas corporis mystici. a. 27-28. L’idée de l ’Eglise. como lo ha­ ce IL Foreville. 17 (PL 41. 17. 13. 11. Baehrens. en su decreto del 30 de noviembre de 1215. sine qua non potest esse salus: nulli enim patet aditus salutis extra Ecclesiam. como decía Pablo VI a los observadores en San Pablo Extramuros. Y nuestra constitución se mantiene plenamente fiel a es­ ta misma idea32. más que una Iglesia única. O. trad.22.72 73 Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» (n. había perdido un poco de su relieve. Es ver­ dad que para ellos pero también es cierto que ellos consideran siempre a las Iglesias dispersas por el mundo como si constituye­ ran el cuerpo entero. Este origen eucaristico no encerraba. 3. 29. La comunidad de Jerusalén es «la Iglesia de Dios». 26. 1933. tampoco ésta es una federación de Iglesias lo­ cales.2 8 . La Iglesia en san Pablo. Bilbao 1959.. cf. 25. n. 30.3 4 y 50. 1. En lisant les pères. en los últimos años. 20 (PL 42. sobre la importancia de la Iglesia local. 26. Pablo dice también «las Iglesias». G. Cf.. 12. el cuerpo único de «las sinagogas de la Iglesia». Epístola 55. 3. II. 32. Cf.24. 12. PUF. en la que el mismo Cristo es a la vez el sacerdote y la víctima. una verdadera priori­ dad de la Iglesia local sobre la Iglesia universal. El concilio IV de Letrán. 31. obispo auxiliar de Fulda. 103. Si en el (c.. STh 3. No hay. Edward Schick. la Iglesia de Cristo es una «comunión euca­ ristica». etc. 7 (versión cast.)23.. semejante expresión -que en sí misma es discutible. 23). virtual­ mente única. Cipriano de Cartago. Paris 1965. se le llama a la Iglesia local «portio Ecclesiae universalis». Orígenes. que muchos otros teólogos habían ido recordando a las diversas generaciones -por ejemplo el cardenal Franzelin. .. 24. 1 Cor 10. Clément. Porque no hay más que una sola eucaristía. Publicaciones Claretianas. 7 (PL 38. Senno 57. 779). De ahí se sigue que el gran problema del ecumenismo es. como se complace en decir la ortodoxia. que es la Iglesia. n. tal como afirma Orígenes28. Sobre esta prima­ cía de la Iglesia universal cf. que cada una de sus comunidades es la actua­ ción real de la Iglesia entera y universal27. Esta mención no basta para que se pueda hablar. Id. 97. nos encontramos aquí con un sólido terreno de acuerdo entre orientales y occidentales. Cf.. L. 24. el de «la reintegración en la unidad de la Iglesia visible de todos aquellos que tienen la dicha y la responsabilidad de llamarse cristianos». que santo Tomás de Aquino había recogido al decir que el cuerpo místico. etc. pero que se justifica en algunos aspectos.389). dice san Cipriano. Intervención de Mons. Por algo. que durante largo tiempo supo valorar. Si. Contra Faustum. Madrid 1990). es la res del sacramen­ to eucaristico25. hom. In Genesim. Cerfaux. 147. 108. extendida en varios miem­ bros por el mundo entero30.282).». 27. Cf.. Butler. Tomás de Aquino. la comunidad local eucaristica manifiesta el todo de la Iglesia26. Bayard. Desclée de Brouwer. la misma palabra «Iglesia» es la que se aplica en ambos casos29. en su cátedra de la ciudad eternapero que a veces. Orígenes. I De la fe católica. en el pensamiento de los padres. q. 3. Paris 1965. 2. por institución de Cristo.1 3 . Id. el 4 de di­ ciembre de 1965. sin embargo. Y como la Iglesia local no es una mera provincia de la Iglesia universal.. y al decir eso no está inventando una nueva eclesiolo­ gía. y un solo episcopado.

23) se explica que las Iglesias particulares «están formadas a imagen de la Iglesia uni­ versal» y que «en ellas y por ellas existe la Iglesia cató­ lica una y única». Sobre la eclesiología eucarística y local del padre Afanassieff y el intento de síntesis de J. como se lee en los santos padres. con la tradición ininterrumpida de la Iglesia.97-98 y 146. católica y apostólica. reciben también ellas. se debe a una preocupación por la precisión y la unificación de los conceptos. Esta preo­ cupación se imponía por el hecho de que la idea de la Iglesia. Pablo VI había preparado el camino cuando ha­ bló. 35. «desde Abel el justo has­ ta el último elegido». No contenta con afirmar. Expresiones mesuradas. Primeras reacciones ortodoxas ante ios decretos del Vaticano II: Concilium 14 (1966) 610-625. bajo formas un tanto diferentes. o «la noción de Iglesia local. por cuya virtud se constituye la Iglesia una. Orthodoxie et catholicité. hubo tres intervenciones determinantes: las de los cardenales Liénart y Frings en diciembre de 1962. por pequeñas y pobres que sean a veces y aun­ que estén dispersas. en la discusión sobre el capítulo 1. Me­ yendorff. 75 a ella pertenecen de varios modos o se destinan tanto los fieles católicos como los otros cristianos. Meyendorff. Más aún. Pero. en el Nuevo Testamento. Iglesia universal e Iglesia local. e incluso todos los hombres en general. y que en estas comu­ nidades. Oponer la idea de «sacramento» a la idea de «mi­ sión». como es sabido. 33. Cf. el nombre de Iglesias. . lejos de constituir propiamen­ te una infidelidad. en este mismo (n. se congregarán delante del Padre en una Iglesia universal. está presente Cristo. santa. Estas son. El tema vuelve a aparecer. J. fundamento de la eclesiología primitiva» al «universalismo romano» sería inspirarse en un unilateralismo que no conocen los pa­ dres ni la constitución Lumen gentium33. 14-17). Solamente hay una alusión explícita en el (n. de los «hermanos desunidos (disjuncti) que también han sido llamados a una plena ad­ hesión a la Iglesia (ad plene adhaerendum)»35. a pro­ pósito del fin de los siglos: Entonces. Sobre este punto. 34. Lo que está menos acentuado en la Lumen gentium es otra especie de universalidad que algunas veces en los padres estaba unida a la noción de Iglesia visible. las principales novedades introducidas en relación con el esquema pre­ paratorio. se acentuaba más aún otra especie de universalidad. en vez de estar difusa por todas partes como an­ tes. y que abren por otra parte el camino a un mayor desarro­ llo (n. H. todos los justos descendientes de Adán. 13). uni­ dos a sus pastores. y la del cardenal Lercaro el 3 de octubre de 1963. En La Iglesia del Vaticano II. puede leerse el capítulo de Burkhard Neunheuser. Marot. llamados a la salvación por la gracia de Dios (n. otra especie de apertura. la Lumen gentium añade que 74 la Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en to­ das las legítimas agrupaciones locales de fíeles que.Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» nición completa. en otros textos del Concilio. que todos los hombres «están llamados a la unidad católica del pueblo de Dios». 1965. 631-656. Se precisa además en el (n. y no se dice que las comunidades sa­ cramentales no son más que partes de la Iglesia. en su discurso de apertura de la segunda sesión (29 de septiembre de 1963). en contraposición. cf. se convertía en el objeto de una reflexión un tanto sistematizada. 2). 26) que Este abandono casi absoluto del antiguo tema de la «Iglesia de los santos»34. pero llenas de consecuencias.

38. sino de todo el Concilio. cuando decía: «Hay que partir del pueblo de Dios en marcha y evitar una interpretación demasiado estrecha del cuerpo místico». L ’étude des Pères de l 'Église dans la perspective conciliaire: Irénikon 38 (1965) 460-461. Skydsgaard. cuando re­ prochó al esquema preparatorio que «no había aclarado bastante las relaciones íntimas de la Iglesia con Cristo. Le mystère de l ’Église. B. que en el n. Ya el 6 de diciembre de 1963. La convergencia de los diversos puntos de vista entre dis­ tintos miembros influyentes de los episcopados ale­ mán40 y francés41. 40. y en parte sobre todo a los vínculos espirituales que unen entre sí a todos los bautizados que creen en Cristo. Pellegrino. el comienzo de la constitución nos co­ loca de antemano en el clima que después reinará en to­ da ella: «Lumen gentium cum sit Christus. Notemos. Toumai 1963. Butler. al pro­ ceder por abstracción. Las primeras palabras de la constitución son elo­ cuentes a este respecto. en perfec­ ta continuidad con el pensamiento patrístico? Este as­ pecto había sido reclamado por el cardenal Montini en su intervención del 4 de diciembre de 1962. de Lubac. K. 9 se realiza una especie de fusión de las dos imágenes capitales: «Populus ille messianicus habet pro capite Christum». y por otra a 1a humanidad a quien tiene la misión de servir. Los no-cristianos en relación con las iglesias. su cabeza»37.. Sirven para dar el tono a todo lo demás. La Iglesia no es una pantalla opaca. aparecido en Desclée de Brouwer. E. olvidando por una parte a Cristo del que todo lo ha recibido y a quien lo debe todo.. en La Iglesia deL Vaticano II. fue decisiva en este asunto42. en el que aparece Honorio III «di­ minuto. 14 de sep­ tiembre de 1964). . no solamente de la constitución. las primeras palabras de su primera encíclica. Cf. al evocar el mosaico de San Pablo Extramuros. Ch. Ecclesiam suam (=Christi). en la situación creada de hecho por los cismas de la historia36. se describe en primer lugar a la Iglesia bajo el as­ pecto de pueblo de Dios (218-220). En contra de la moderna costumbre que. En el Dictionnaire théologique de L. sin embargo. inaugurando la segunda sesión. 41.. y que se refería en parte a la salvación de los no-cristia­ nos. besando los pies de Cristo en la in­ mensa estatua que preside la asamblea». 3. a la que dicha encíclica había aportado una confirmación un tanto ambigua. Bouyer. en Le dialogue est Ouvert 1 . Con ra­ zón están de acuerdo muchos teólogos en reconocer en esta orientación tan nueva una de las mayores originali­ dades. El pueblo de Dios Mientras que el esquema de la comisión preparatoria ponía el acento en la idea de cuerpo de Cristo. pre­ parada a su vez por todo un movimiento doctrinal y es­ piritual.La constitución «Lumen gentium» 76 77 Paradoja y misterio de la Iglesia Todo ello es el fruto de una reflexión prolongada. que solamente podía estar en germen en los padres. casi anonadado en la tierra.»39. ¿En qué medida podemos decir que es patrís­ tica semejante manera de proceder? 39.. H. 37. el cardenal Frings se hacía eco de las ideas de varios teólogos de nota.. Y de nuevo Pablo VI. 669-684.» (Pablo VI.1965. G. 42. M. La Iglesia no tiene que «detenerse en ninguna complacencia en sí misma.155-156. y en confor­ midad con el ejemplo que acababa de dar Pablo VI con 36. sobre el estudio de los padres y el ecumenismo. la Lumen gentium co­ locaba en mayor relieve la idea de pueblo de Dios. puede dar a veces la impresión de que la Iglesia católica colocaba en sí misma la fuen­ te de la luz que propone a los hombres38. Paul VI vu á travers Ecclesiam suam: Choisir (abril 1965). Cf. ¿Será necesario observar igualmente que el misterio de la Iglesia está ligado al misterio de Cristo.. Garrone fue uno de los principales redactores de este capítu­ lo. en conti­ nuidad con la encíclica Mystici corporis de Pío XII.

Algunos documentos modernos tampoco estaban exentos de es­ te fallo. se dirá de toda ella que cree.. La observación es exacta. 1. Cf. de Lubac.78 Paradojay misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» No faltan ciertamente textos antiguos que designan a la Iglesia como pueblo de Dios43. 4. 8-10.». cf. 1954. la idea dominante sobre la Iglesia era la de pueblo de Dios.. 32). que es el sustitutivo griego del hebreo «Qahal Yahvé» de la Biblia. o asamblea del pueblo de Yahvé. los padres enseñan la realidad de un sacerdocio universal. La noción de pueblo de Dios permite además que se com­ prenda mejor una de las características esenciales de la noción de cuerpo de Cristo. en Dei Verbum. O bien. común a todos los bautiza­ dos. muchas veces hay una referencia más o menos explícita al pueblo del Antiguo Testamento. entre diversas categorías de cristianos. 115-122. . san Agustín se dirigía a su pueblo en uno de sus ser­ mones: «Vobis sum episcopus. es innegable que esta concepción de la Iglesia como pue­ blo de Dios se encuentra por doquier palpitando bajo la perspectiva histórica. en su base. antes de que se precise el papel del magisterio. comm. 45. se habla de las relaciones entre la Escritura y la Tradición en la Iglesia entera. 234s. la «comunidad de Dios». obispo de Eisenstadt (Austria). Se oponen también a toda distinción radical. A. R. y por consiguiente. a toda clase de espíritu de castas. 101: «¿Podemos ceder a la tentación de hacer remontar esta di­ ferente sensibilidad ante el tiempo. A. 10. citado por R. nuestra Meditación sobre la Iglesia. hay que tener en cuenta el hecho de que. podrá llamarse pecadora45. cf. y que además «ella no es ni judía ni griega: es una nueva creación cristiana. cf. 3. La fo i de 1’Église: Christus 12 (1965). Pero de eso no se sigue que siempre que los padres empleaban esta palabra de Iglesia. cap. cf. nada más que cristiana»48. palabra que cita nuestro (c. Stefan Laszlo. sobre el doble sacerdocio. La «Ek­ klesía» de Dios. ha crecido sin embargo «en la atmósfera hele­ nística». 48. 115-116. Luneau. tuvo en el curso de la segunda se­ sión una intervención sobre el pecado en la Iglesia de Dios. L'histoire du salut chez les Pères de rÉglise. dinámica. esta significación particular. Dentro de este espí­ ritu. bajo ese punto de vis­ ta. Laurentin. de cara a la historia. lo mismo que a todo esoterismo (que era uno de los rasgos de la gran herejía pseudognóstica). Dahl. toda la Iglesia. Paris 1964. 4. en el sentido de que mani­ fiesta claramente la distancia que hay que guardar entre la cabeza del cuerpo y los demás miembros. antes de que inter­ venga la distinción entre Iglesia enseñante e Iglesia en­ señada. vobiscum sum christianus». 44. tan ha­ bitual a los padres. El pensamiento de los padres latinos es más histórico. n. Muchos de ellos han pasado a la liturgia. Ariés. Lo mismo que había hecho san Pa- 43. N. y se cree que es posible probarlo partiendo del origen mismo de la palabra «Ekklesía». el de los griegos más cósmico. Le temps de l'histoi­ re. Igualmente. hayan colocado en el primer plano de su pensamiento este ori­ gen. L’Église dans le Nou­ veau Testament. espera y ama. si «la noción de Iglesia tiene sus raíces en el Antiguo Testa­ mento». Textos innumerables. que ama a su señor y salvador. En cambio. Por otro lado. n. «peregrinante». 159. Bilan de la troisième session. siempre que en la antigüedad cristiana se habla de la Iglesia como pueblo de Dios. es desde luego el «pueblo de Dios». 46. R. De este modo nos preservan también hoy con­ tra los peligros de una presentación unilateral en la ex­ posición de las relaciones existentes entre laicos y jerarquía. cf. más allá del cristianismo. Schnackenburg. Sin embargo. según la lógica de esta apelación. Beauchesne. H. Finalmente. In Cant. principalmente en occidente47. entre pastores y rebaño44. que aguarda su llegada46. Orígenes. hay un argumento que parece poco con­ vincente. Durante los cuatro o cinco primeros siglos. 79 47. Paralelamente. 2. Baehrens. Siguiendo esta misma lógica. hasta llegar a la oposición. entre Roma y el helenismo?.

y a los cristianos como la «verdadera raza israelita». las alianzas. 53. parece in­ cluso que nos sugiere su continuidad. fuentes de la pleni­ tud de las bendiciones divinas en la vida temporal. más que su trans­ formación51. Me­ ditación sobre la Iglesia. H. 5. observa L. A propósito de san Pablo. e incluso una relación de oposición53. La constitución «Lumen gentium» 81 das Escrituras por parte de la Iglesia es la verdadera exé­ gesis que se opone a la de la sinagoga50. Así san Justino.4 y 18-19. LÉglise dans le Nouveau Testament. También los padres observaban al mismo tiempo. preci­ samente la misma que suele tener en los padres.. en la que el arrepentimien­ to cuenta menos que las floraciones» (26). una relación de prefi­ guración. . considera todo esto bajo el punto de vista de su ser pneumático. sino la vida de los siglos venide­ ros. el nombre de Hijo. la ley. Bouyer. no puede com­ prender ni explicar. sino a la Iglesia. L’Église dans le quatrième évangile. Desclée de Brouwer. Abrahán es el padre de todos los que creen. Cf. pues. cf. encerrado en su ser camal. Tournai 1966 (version cast. Peterson. como si la Iglesia no fuese tampoco más que una elaboración accidental fren­ te al pueblo judío. Frente al Israel camal se levanta ahora el Israel pneumático que está en la Iglesia. el n.. H. Herder. 9). La Iglesia. Radica en esto la aplicación más fe­ cunda de su doctrina a los desarrollos y ramificaciones innumerables que conciernen a las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: Las promesas dadas a los patriarcas. tal como lo ha­ ce la carta a los hebreos. Diálogo con Trifón II. los cristianos primitivos decían también de los creyentes de la Biblia que eran «sus padres. 52. entre los dos «pueblos» y entre los dos testamentos. La gran exégesis pneumática del Antiguo Testamento por parte de la santa Iglesia. Cf. nouvelle alliance de Dieu avec un peu­ ple: RechBib 7 (1965) 13-21. También nosotros vemos mejor cada día hasta qué punto la oración cristiana depende de la plegaría judía52. Le mystère des Juifs et des Gentils dans l'Église. 28-29. Pero si el verdadero Israel es la Igle­ sia. Jacob es el ejemplar de los es­ cogidos por la gracia. por ejemplo. Se trata sobre todo de una cuestión de redacción. sino del segundo nacimiento. 9 so­ bre la nueva alianza y el pueblo nuevo. cf. van den Bussche. cf. El Is­ rael carnal.: Eucaristía. entonces la exégesis de las sagra­ 49. nada más que de una manera carnal. Sin duda alguna.. la gloria. Id. Barcelona 1969). Bouyer que el alma cristiana de la plegaría se ha libe­ rado del alma judía «gracias a una mutación. y los exaltaban como modelos. Eucharistie. Nuestra constitución no deja de recordar esta doctri­ na. hemos de concluir con J. Isaac y Jacob no pertenecen a los judíos. lo comprenderá y lo explicará pneumáticamente.. Estela. de Lubac. heredera de las profecías y de las promesas49. 79-81 y 167-176. Paris 1936. La resonancia del texto no es. 51. La necesidad de luchar contra gnósticos y maniqueos reforzaba más todavía su afirma­ ción de los vínculos que unían a la Iglesia con el antiguo Israel. también los padres presentan a la Iglesia de Cristo como el «Israel espiritual». sus ante­ pasados». Catolicismo. 70-71. con su simbolismo alegórico y tipo­ lógico. L. R. J. Abrahán. Barcelona 1963. son recogidas por la Iglesia a la que se le ha prometido no sólo la vida presente. L‘Église. la historia de Isaac significa que la promesa de Dios no depende ya del derecho de primogenitura. Pero no se detiene en ella. J. Coppens. tal como la encontramos ya en san Pablo. el culto y las promesas. y no la sinagoga. Desclée de Brouwer. En este paso de un testamento al otro. lo mismo que san Pablo y los evangelistas. Schnackenburg. de un pueblo al otro. no es una de tantas elaboraciones accidentales de la Iglesia para enfrentarse con el judaismo. Por tan­ to.so Paradoja y misterio de la Iglesia blo. en el (n. para los Hechos de los apóstoles. por el contrario. Gál 3. von Allmen: 50. E.

Delahaye. Paris 1964. el reino de Dios y el nuevo Israel». Remarques sur la constitution dogmatique «Lumen gentium»: Irénikon 39 (1966) 40. cf. pueblo sacerdotal».. ¿Sería demasiado ver en este segundo capítulo los frutos de un movimiento bíblico afortunado.: Iglesia de Cristo y el hom­ bre moderno según el concilio Vaticano II. Sobre la importancia de estas imágenes. La Iglesia del Vaticano II. llegan a una ‘co­ munidad de santos’». La constitución «Lumen gentium» 83 do de recordarlo. 60.: Cristianos en diálogo. K. etc.. E.. que han puesto al pueblo de Dios en una situación esencialmente nueva en relación con la antigua alianza54. urchristlich»: Deutsches Konzilspressezentrum 27 (noviembre 1963) 2. Cf. sino xaivoç55: el Espíritu de Cristo lo ha renovado todo. a través de la acción saludable de D ios. es imposible trazar un paralelismo en­ tre Israel e Iglesia. 58. y también en la Edad Media. 1369: este capítulo es «uno de los más prometedores». Cerf. la de pueblo de Dios «hace que arraigue más profundamente la Igle­ sia en la historia de los hombres y los acerque entre sí». pero que no ha explorado todavía en toda su profundidad la dialéctica tradicional de ambos testamentos? Por otra parte. La cosa era normal. Y en la p. rasgos de un acontecimiento terreno. Fax. Paris 1964. animada por el Espíritu60. Cf. Schillebeeckx. 56.. Y. 1243s. Grelot. 1286. Le ministère de la nouvelle alliance. J. Si la Lumen geníium lo hubiese subrayado con más intensidad. puede facilitar una mayor compren­ sión entre los cristianos separados»59. K. Madrid 1969): «Sí con­ sideramos a la Iglesia como pueblo de D ios. con todas sus consecuencias. M. cuya extrema complejidad era conveniente resaltar56. nota 1 (criticando a K. J. que son algo más que una mera «ilustración». 532-533 (versión cast. las imágenes bíblicas iban sugiriendo con profusión ciertos aspectos variados de la realidad eclesial. Barcelona 1965). este nuevo Israel no es veoç. especialmente en un texto autoritativo. pero ha comprendido que nuestra época exigía. La constitución Dei verbum nos lo recordará también en breves. J. no parece estar .82 Paradoja y misterio de la Iglesia Teológicamente. Ibid.. Pa­ ris 1967. dada de arriba. M.. introducían una especie de «juego». Skydsgaard). La Igle­ sia del Vaticano II. adquiere entonces rasgos humanos. Scrima teme que de esta manera quede un poco difuminado el lado interior y divino de la Iglesia. Ecclesia Mater chez les Pères des trois premiers siècles. lo ha transfigurado todo. Chrétiens en dialogue. que dirige más de una crítica sincera contra la constitución. un estilo más sobrio. 57.. 94 (versión cast. «la de­ claración de la Iglesia como pueblo de Dios. en los padres. La elección efectua­ da subraya los rasgos humanos de la Iglesia58: si esto. Madrid 1957. 59-63: «El nuevo Israel. Fax. y concluye: «Si el desarrollo que se le ha HnHn a la jerarquía es bastante extraño al espíritu reformado. Congar. París 1965. J. Sin embargo. dentro del mismo cuadro de la doctrina del do­ ble testamento. luterano. Skydsgaard ve igualmen­ te en ello «un gran progreso». Nuestra constitución no ha deja­ 54. en Aspectos de la Iglesia. Cerf. Congar. los cardenales Siri y Ru fifíni no dejaron de recordar que la idea israelita del pueblo de Dios había sido superada en el Nuevo Testamento. naturalmente. cf. E. Yves de Montcheuil lo había recordado en tres páginas impor­ tantes de su lección del 20 de noviembre de 1942 a los estudiantes de Pa­ rís sobre «la Iglesia. Durante la discu­ sión en el Concilio. Seguramente. Y. 35-53. no ya una contradicción. 59. Cerf. Von AJlmen. 55. e inclu­ so necesaria. en el conjun­ to de los 4 primeros capítulos hay muchas ideas. lo ha «espiritualizado» todo. sirve para agradar a los cristianos de la reforma.. mientras que Mons. pero enérgicas palabras. en el que Dios escribe una historia recta con renglones torcidos. La Iglesia son los hombres que. E. sin tener en cuenta la venida del mesías y la efusión del Espíritu santo. cf. el arzobispo Basile Krivochéine. dada la intención de constituir un cuerpo doctrinal lo más orgánico posible. Por su exuberancia y su diversidad. humano. 119: más que la idea de cuerpo mís­ tico. Por eso para Peter Meinhold. Estela. P. pero sí al menos cierta in­ quietud. en cambio puede suscitar en algunos ortodo­ xos. L’Église du Christ et l 'homme d ’aujourd ’hui selon Vatican II.. se podría pensar que el equilibrio doctrinal hubiera aparecido todavía mejor. y este recuerdo resulta precioso para los estudios venideros57.

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Paradoja y misterio de la Iglesia

La constitución «Lumen gentium»

Pero conviene que notemos el lugar ocupado por es­
te capítulo sobre el pueblo de Dios; un lugar que, como
es sabido, no ha sido encontrado de repente. Si está si­
tuado antes del capítulo sobre la jerarquía, está precedi­
do por el capítulo sobre el misterio de la Iglesia: no po­
demos olvidarlo. De este modo se ha establecido para lo
esencial un equilibrio justo61.
La elección de la Lumen gentium, por lo demás, no
es exclusiva. La imagen del templo y de su edificación
en el Espíritu santo, por ejemplo, se menciona (n. 5) en­
tre varias otras, sin colocarla en el principio de un desa­
rrollo doctrinal. De igual modo, si no hay en la consti­
tución un capítulo especial destinado a la maternidad de
la Iglesia, se le da sin embargo varias veces el título de
madre (n. 6, 14, 42, 63). Y reconozcamos que este títu­
lo tenía más consistencia y despertaba resonancias más
precisas en los padres. Piénsese, por ejemplo, en la car­
ta de los cristianos de Vienne y de Lyon, o en la inscrip­
ción del baptisterio de San Juan de Letrán, o en los co­
mentarios de la visión de la mujer que da a luz en el
Apocalipsis, o en tantos sermones sobre el bautismo.
Recuérdese también a san Ireneo, cuando habla de la fe
vivificante, con que la Iglesia, más fecunda que la anti-

gua sinagoga, alimenta a sus hijos62; a Hipólito, cuando
dice que «la Iglesia no deja jamás de dar a luz al logos,
Hombre y Dios, de su propio corazón»63; a Orígenes,
que desea para sus oyentes que «sean la alegría de su
madre, la Iglesia», y teme por el contrario que «tenga
que seguir dando a luz en la tristeza y el dolor»64; a Ter­
tuliano, cuando canta a la que él llama «Domina Mater
Ecclesia», «mater vera viventium»65; a Cipriano, cuan­
do plantea el célebre principio: «No puede tener a Dios
por padre quien no tiene a la Iglesia por madre»66; a Ci­
rilo de Jerusalén, cuando enseña a los catecúmenos que
«Iglesia católica es el nombre propio de esta santa ma­
dre de todos nosotros»67; a Optato, a Agustín, a Fulgen­
cio, a Cesáreo, cuando dan el testimonio de su afecto a
la «Catholica mater»68... La constitución cita aquí los
textos de la Escritura que son la fuente de esta apelación
(n. 6) y les da también cabida en otros pasajes. Sin em­
bargo, su óptica habitual es diferente. La idea de pueblo
de Dios impera efectivamente, en gran parte, en los ca­
pítulos sucesivos: sobre la jerarquía, cuyo servicio mi­
nisterial está al servicio de todo el pueblo; sobre los lai-

del todo descontento de este capítulo, en Point de vue d'un ortkodoxe:
Irénikon 39 (1966) 477-496. En L’Église orthodoxe, 1965, 65, O. Clément presenta a la Iglesia como cuerpo de Cristo, «organismo cuya ca­
beza está en los cielos». Notemos que la Lumen gentium dice también en
el cap. 2, n. 9: «Populus ille messianicus habet pro capite Christum,
qui... nunc nomen quod est super omne nomen adeptus, gloriose regnat
in caelis».
61.
Sobre la importancia de la idea de pueblo de Dios para la teolo­
gía de la Iglesia, y al mismo tiempo sobre la inadecuación de ambas
ideas entre sí, puede leerse el librito de A. Vonier, Le peuple de Dieti,
Lyon 1943, cf. especialmente cap. 8, 82s. Los datos bíblicos están ex­
puestos en el articulo de P. Grelot, Pueblo, en X. Léon-Dufour (ed.), Vo­
cabulario de teología bíblica, Herder, Barcelona 1S2001, 742-750.

62. Ireneo de Lyon, Demostración 5,94.
63. Hipólito, De Antichristo, 6 1. Igualmente, Metodio sobre la «ma­
ter semper in partu».
64. Existía la costumbre de llamar «madre» a la Iglesia; cf. J. C.
Plumpe, Mater Ecclesia, Washington 1943, 69-80.
65. Tertuliano, Ad martyres, I; Id., De anima, 10.
66. Cipriano de Cartago, De catholicae Ecclesiae unitate, 6: «Habere jam non potest Deum patrem, qui Ecclesiam non habet matrem»; cf.
c. 5: «Illius foetu nascimur, íllius lacte nutrimur, spiritu eius animamur»;
c. 23: «quicquid a matrice discesserit, seorsum vivere et spirare non poterit, substantiam salutis amittit». Id., Epístola 74, 7: «Ut habere quis possit Deum patrem, habeat antea Ecclesiam matrem».
67. Cirilo de Jerusalén, Catechesis 18, 26.
68. Los textos pueden verse en P. Batiffol, Le catholicisme de
saintAugustin, 1929,270-274s; Agustín de Hipona, Sermo, Denis 25, 8:
«Ecclesia mater», 163.

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Paradoja y misterio de la Iglesia

La constitución «Lumen gentium»

eos, que forman la porción más numerosa de este pue­
blo; sobre los religiosos... Y si habla de santidad, no se
olvida desde luego de que la Iglesia es una madre santi­
ficante, pero se expone más largamente la vocación de
todos los miembros del pueblo a la santidad. En una pa­
labra, se describe menos a la madre que a los hijos, me­
nos a la casa que a los habitantes, menos a la voz que con­
voca a los hombres a unirse a Cristo (convocatió) que al
resultado de esta misma convocatoria (congregatió).
En todo ello, sin embargo, no se trata más que de
proporciones y matices. Entre ambos aspectos no se
abre un abismo. Como demuestra claramente la investi­
gación realizada por Karl Delahaye a través de los tres
primeros siglos, y como explica Y. M. J. Congar en el
prólogo que escribió para su libro69, entre la idea de
pueblo de Dios y la idea de Iglesia madre, no hay una
distinción adecuada. La Ecclesia Mater no es solamen­
te la Iglesia jerárquica; todas las almas santas engendran
al logos y contribuyen a engendrarlo a su alrededor70.
La perspectiva escogida por el Concilio puede ayudar­
nos a comprenderlo mejor.
En el tesoro inmenso, pero disperso, de la patrística,
no se ha descuidado nada de lo esencial. Sin embargo,
se ha hecho cierta selección, la de un hilo conductor; y
ha obtenido un lugar privilegiado cierta terminología,
correspondiente sobre todo a ciertos aspectos de la rea­
lidad. Era indispensable -repitam os- distribuir una en­
señanza ordenada y adaptada a la vez, ya que el Concilio
no pretendía dar un tratado completo. Fue también una

preocupación por la adaptación legítima la que obligó a
introducir algunos puntos de importancia peculiar, pero
que no añaden nada esencial a la doctrina. El principal
es el que desarrolla el capítulo sobre los laicos, redacta­
do «ob specialia rerum adjuncta nostri temporis» (n. 30),
y que, más que proporcionar una nueva exposición doc­
trinal, traza

69. K. Delahaye, Ecclesia mater chez les Pères des trois premiers
siècles, Paris 1964.
70. Cf. nuestra Exégèse médiévale IV, Aubier, Paris 1964, últimas
páginas.

87

un cuadro expresivo y realista de la vida de los laicos
llamados a hacer irradiar en el campo profano el testi­
monio y el espíritu de Cristo71.

No es extraño, por consiguiente, que las dos únicas
citas patrísticas de este capítulo, una de san Agustín y
otra de la carta a Diognetes, se refieran realmente más
bien a todos los cristianos, que a los laicos como tales.

4. Perspectiva escatoiógica
Una perspectiva que podríamos llamar nueva, en re­
lación con la enseñanza clásica, aunque no siempre en
relación con la reflexión doctrinal de estos últimos si­
glos, es la perspectiva escatoiógica.
El capítulo 7 de la constitución expone «la naturale­
za (índoles) escatoiógica de la Iglesia peregrinante»72.
71. G. Philips, La constitution «Lumen gentium»-. ETL 42 (1966)
32. El relator fue Mons. Wright, obispo de Pittsburg. «Muchos obispos le
habían reprochado al esquema el que no daba una teología del laicado,
pero tampoco ellos proporcionaban siempre los elementos de una doctri­
na clara»: A. Wenger, Vatican II, chronique de la deuxième session, 102103. Efectivamente, todo lo esencial de la doctrina podía encontrar lugar
en un capítulo sobre el pueblo de Dios.
72. Fue redactado tarde y precipitadamente; el proyecto fue discuti­
do solamente el 15 y el 16 de septiembre de 1964.

88

89

Paradoja y misterio de la Iglesia

La constitución «Lumen gentium»

Pero de hecho en toda la constitución la Iglesia está con­
siderada de esta manera, bajo un punto de vista colecti­
vo y dinámico a la vez. Ella es el pueblo de Dios en
marcha hacia el gran final común a todos. Por nacer del
designio salvífico universal, tiene la misión de realizar­
lo, reuniendo a todos los hombres en Cristo. Segura­
mente no hay ninguna otra idea más tradicional; pero la
tradición no ha sido encontrada de nuevo plenamente
sin ciertas dificultades73, y no podía volver a la luz sen­
cillamente, sin que se tuviese en cuenta este nuevo dato.
Efectivamente, a medida que iba prolongándose en el
tiempo, el pensamiento de la Iglesia se dirigía sobre todo
hacia aquellos miembros suyos ya desaparecidos. Los
veía que formaban la «Iglesia triunfante» (o la «Iglesia
purgante»), mientras que se sentía a sí misma en la tie­
rra como «Iglesia militante» o «peregrinante». De ahí
una parte importante de este capítulo 7, que trata de la
unión de la Iglesia de aquí abajo «con la Iglesia celes­
tial». Aunque se encuentren algunas huellas en la alta
antigüedad cristiana, esta parte es evidentemente un po­
co menos patrística, y su título no lo es de ninguna ma­
nera. Cuando Orígenes escribía en el libro cuarto del
Periarchon: «Debemos atenemos a la regla de la Iglesia
celestial de Jesucristo, según la sucesión de los apósto­
les»74, es claro que la Iglesia celestial era para él idénti­
ca a esta Iglesia que vive sobre la tierra, histórica y vi­

sible, e incluso jerárquica. Igualmente, cuando san Zenón de Verona presentaba a los nuevos bautizados
«aquella madre celestial que os ha dado a luz, alegres y
libres»75. San Ireneo había reconocido también en la
Iglesia de hoy, fundada por Cristo y sus apóstoles, a «la
Jerusalén de arriba», cuya preparación y figura había si­
do la antigua Jerusalén terrena76. San Hilario afirmaba
lo mismo, cuando comparaba el cuerpo místico de Cris­
to a una ciudad, aludiendo a la Jerusalén celestial: «Por
nuestra participación en su carne, somos habitantes de
esa ciudad»77. Y para san Agustín, la Iglesia es esta Je­
rusalén celestial «in mysterio»78.
Ha prevalecido, sin embargo, otra manera de hablar,
que supone otra manera de ver, y nuestro capítulo mues­
tra sus trazas cuando afirma: «Eucharisticum ergo sacrifxcium celebrantes, cultui Ecclesiae caelestis... jungimur» (n. 50).
No obstante, también en esto hay que evitar las exa­
geraciones. Esta consideración relativamente nueva de
los vínculos que existen o que se establecen actualmen­
te, si es posible llamarlo así, entre ambas Iglesias, o en­
tre las dos partes de la Iglesia, una en la tierra y otra en
el cielo -consideración que no estaba desde luego au­
sente de la mentalidad patrística79- , no deja en la som-

73. El cardenal Frings había lamentado, el 30 de septiembre de
1963, la ausencia de una perspectiva escatológica en el nuevo esquema.
74. Orígenes, Periarchon, libro 4, 2, Koetschau, 308. También Orí­
genes habla, según Heb 12, 23, de la «Iglesia de los primogénitos» y de
«los primogénitos de la Iglesia celestial», entendiendo con ello a los
miembros de la Iglesia «cuyos nombres están escritos en el cielo»: In
Luc., hom. 7, 8; Id., In Rom.; todo esto está muy en consonancia con
nuestra terminología moderna.

75. Zenón de Verona, Allocutions pascales, 1; cf. H. Chirat: VS 1
(1943)327.
76. Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 1, 5, 35, 2.
77. Hilario de Poitiers, In Math., 1,4, 12 (PL 9, 935).
78. Agustín de Hipona, In psalm., 148, 4 (PL 37, 1940). Sobre esta
expresión y la situación escatológica del nuevo pueblo de Dios según la
Carta a los hebreos, cf. R. Schnackenburg, L'Église dans le Nouveau Testament, 99-105; para el Apocalipsis (19,7; 21, 2), 164.
79. El memento de difuntos, cuyo lenguaje es arcaico, y al que está
unido el «Nobis quoque peccatoribus», es probablemente muy antiguo:
cf. L. Bouyer, Eucharistie, 236-238; cf. también Agustín de Hipona, Enchiridion, 15, 56: «Ecclesia... quae tota hic accipienda est, non solum ex

prefacio: «Gloriosissimam civitatem Dei. sive in illa stabilitate sedis aetemae. 12. quam nunc expectat per patientiam». cuando proclamaba su esperanza en la victoria definitiva de la Iglesia en el más allá80. scilicet sancta Ecclesia. n.Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» bra la otra consideración del dinamismo que lanza a la Iglesia hacia su fin eterno: por entero» (n. 4. 9: 90 La Iglesia avanza en su peregrinación. hasta que por la cruz llegue hasta la luz que no conoce ocaso (n. a quien todo está sometido. y en este aspecto nuestra constitución está de acuerdo con sus puntos de vista. 110: oración por los difuntos. verum etiam quae in caelis semper ex quo condita est cohaesit D eo. constituye sin embargo para todo el conjunto del género humano el germen más fuerte de unidad. ya que el pueblo de Dios congregado desde la primera predica­ ción del evangelio ha recibido la misión de unir a todo el género humano. ha puesto de relieve los principales textos de sabor escatológico contenidos en los diversos capítulos de la constitución: cf. para que Dios sea todo en todas las cosas82. n. no ha llegado a suprimir la consi­ deración de la escatología colectiva. 2. Cf. Agustín de Hipona. In Ezech. quae regnatura in cáelo. adhuc laborat in térra». por ejemplo. sive in hoc temporum cursu. Ch. Pero es bastante palpable la diferencia. Hablando de esta manera.. Molinari. Ibid. 8 y 9). de generación en generación.. 1. no en el capítulo 7.. 50). Ya en el (n. 29. 91 Este pueblo mesiánico. 1143-1164. 1. P. cum inter impios peregrinatur ex fide vivens. 5 (PL 76. Haec in sanctis angelis beata persistit et suae partí peregrinanri sicut oportet opitulatur». Cipriano. al presentar el conjunto de la Iglesia como el signo y el instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano. en este texto no figure la palabra Iglesia)81. Gregorio y los demás designaban a esta Iglesia visible de aquí abajo. que había ido introduciendo poco a poco la dualidad presente de la Iglesia terrena y la Iglesia celes­ tial.. de es­ peranza y de salvación. Y estas afirmaciones se completan con la evocación directa del último fin. 80. que aparece en el (c. En otras palabras. y aun­ que a veces conserva las apariencias de un pequeño re­ baño. L'idée de l ’Église.. 1) se había dicho esto mismo (como an­ teriormente recordábamos). hom. 81. El texto más significativo a este respec­ to se lee. al comparar a la Iglesia con una ciudad: «Ipsa civitas. Gregorio no hacía más que recoger y resumir las expli­ caciones dadas por san Agustín al comienzo de su gran obra De civitate Dei (aunque. etc. que muestra al pue­ blo de Dios guiado.. la consideración de la escatología individual. 36): Cristo. dualidad que reconoce el capítulo 7 de la Lumen gentium. Butler. n. esta marcha colecti­ va se describe como una marcha hacia la unidad.. aunque todavía no comprenda efectivamente la universalidad de los hombres. anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que venga. . esperando que él mismo se someta a su Padre con toda la creación. Y lo mismo san Gregorio Magno. De civ. sino en el capítulo 2. y que ya es místicamente una so­ la cosa con ella. Dei. unidas «en la comunión de todo el cuerpo místico parte quae peregrinatur in terris. 338 D). que sufre y peregrina. c.. Gregorio Magno. 82.. Mas precisamente. hacia la Jerusalén celestial. La Iglesia del Vaticano II. De este modo se expresaba también san Cipriano.

Esto es lo que expone el fi­ nal del capítulo 5. A. que está íntimamente unido con el hom­ bre y por él alcanza su fin. también el uni­ verso entero. Ha quedado consagrado un esfuerzo del pensamiento teológico de nuestro siglo.. citando el consejo del apóstol: «Qui utuntur hoc mundo. para no ser rechazados eternamente»87. W.. ni en los padres ni en la Lumen gentium se tra­ ta de una historia puramente temporal. tan bien conservada por la liturgia86. 44). dotados de un espíritu más cós­ mico84. La oración se usa todavía en la liturgia roma­ na de la vigilia pascual. La última frase del cap. Aquí encuentra su lugar la influencia de Teilhard de Chardin. más sensibles como se ha dicho al desarrollo de la historia83. que esta elección en favor del pueblo de Dios como concepto básico. Corpus Domini et Templum Spiritus Sancti. y cuando. 124. 86. dirá san Agustín.44)..92 Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» Marcha histórica hacia la unidad última de los hom­ bres en Cristo. que «resurrectionem ultimam et gloriam regni caelestis praenuntiat» (n. sin embargo. . Conviene que nos alegremos de que el pensamiento patrístico y tradicional haya encontrado eco oficial en la 83. a la ciudad de Dios vivo. a la montaña de Sión. y el se­ gundo por los griegos.. con su invitación a todos hacia la san­ tidad.. «Habitamos desde ahora en la Iglesia. y en otra ocasión: «La Igle­ sia actual es el reino de Cristo y el reino de los cie85.4. Wilson. Agustín de Hipona. in eo ne sistant: praeterit enim figura huius mundi». Visser’t Hooft nota a este propósito que «por medio de la noción de la importancia cósmica de la victoria de Cristo es como la or­ todoxia contribuirá a enriquecer la teología occidental» {La royauté de Jésus-Christ. Généve 1948. n. Señalemos a este propósito una ligera trasposición de pensa­ miento en la utilización de una vieja forma literaria. Reproduce. Desde las palabras introductorias proclama el carácter trascenden­ tal y celestial de esta consumación de todas las cosas: La Iglesia. Nuestros padres me­ ditaban con fe en estas palabras. 48). una oración litúrgica del Gelasianum (Liber sacramentorum Romanae Ecclesiae): «.. no será llevada a su plena perfección sino cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas. in Abrahae filios et in Israeliticam dignitatem totius mundi transeat plenitudo» (ed. ut in populum Dei. repitiéndolo más tarde en el capítulo 6. 17 está redactada de este modo: «Ita autem simul orat et laborat Ecclesia. habiendo sido el primero de ellos subrayado especialmente por los latinos. «la Jerusalén de arriba. Unidad final y consumación que supone por otra parte. el paso por una muerte y una transfiguración radical. 2. M. Hemos de reconocer. totius mundi transeat plenitudo.. 87. Bien entendido.». sea perfectamente renovado (n.Praesta ut. era sin embargo para ellos al mismo tiempo la «Iglesia celestial». consagrado al estado religioso. a imitación de Cristo. Inpsahn. la te­ rrestre -donde estamos nosotros. con la modifica­ ción impuesta por el texto. H. y desarrollán­ dolo más ampliamente en nuestro capítulo 7. nuestra madre». 93 constitución Lumen gentium. Oxford 1894. La Iglesia que les había dado vida con las aguas del bautismo. 82-83). un esfuerzo que ha podido sentirse estimulado y hasta cierto punto exigido por una situación espiritual gene­ ral85 y que ha ido revivificando lo que ya estaba desde los orígenes en el corazón de la tradición católica. consumación del universo en Dios: este doble aspecto reproduce fielmente el pensamiento escatológico de los padres. la Jerusalén de arriba». con el género humano. 84. jun­ to con la yuxtaposición actual de las dos Iglesias. «Tenéis acceso. aquella Iglesia te­ rrena y visible. en la Jerusalén celestial.y la celestial -com ­ puesta por los elegidos que han entrado ya en la «patria»—tenía que conducir a cierto encogimiento de los horizontes patrísticos. nos dice la Carta a los hebreos.

en su aspecto visible. No se trata de que nos imagine­ mos una especie de situación media indistinta entre el «todavía no» y el «ya sí». no es unívoca. a través de la oscuridad de este mundo. 213. Cf. indisociable del anterior. un medio necesario. En esta visión sintética del misterio.. y otra lo que queremos porque vivimos todavía en este mundo». «por nosotros los hombres y por nuestra salvación». esta­ mos en el «ya sí»90. Discurso a los predicadores cuaresmales de Roma. 90. sino la Iglesia para los hombres»92. esta visión corresponde a la lógica más profunda de la escatología cristiana. «la metacrónica está ya presente en el interior del tiem­ po»89. Meditación sobre la Iglesia. El reino de Dios está por venir. No se trata de una especie de umbral a medio franquear. la Iglesia se identifica con Cristo. Cf. En cierto sentido. haciendo eco en este punto de las palabras de Pablo VI: «La Iglesia no es para sí misma su propio 94 sin necesidad de esperar a que la historia haya termina­ do su curso. Desde el advenimiento de Cristo y su resurrección. a imagen de la actitud adoptada por el Verbo en su encamación. la Iglesia está destinada a pa­ sar. aunque no se excluyan las indicaciones complementarias de la primera de estas perspectivas. . de Lubac. 95 91. 54-62. que es también el Rei­ no: «autobasileia». Es medio: un medio divino. sino a servir». lo mismo que el vocablo mundo. o el mundo para la Iglesia?». pero en otro sentido. la palabra Iglesia. Este punto de vista exige. Pues bien. Butler. In Joatmem.Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» los»88.4: «Una cosa es lo que queremos porque vivimos en Cristo. según la admirable expresión de Orígenes. lo mismo que Cristo es idénticamente el Reino. gracias a una misteriosa anticipación. para la Iglesia en cuanto que se nos ha dado de arriba y está habitada por Cristo y por su Espíritu. por parte de todos los miembros de la Iglesia y más en particular por parte de la jerarquía. y fuera de es­ ta lógica correría el riesgo de originar no pocos abusos de pensamiento y de acción. estamos en el «todavía no». Es­ to fue lo que le obligó a decir un día a Pío XI: «Los hombres no han sido creados para la Iglesia. 28 de febre­ ro de 1927. Cf. como todo medio. Tal es el aspecto más misterioso de la Iglesia. pero al fin y al cabo provisional. Sernto 105. H. sólo podría darse la siguiente respuesta: la Iglesia es pa­ ra el mundo. Pero precisemos en seguida que las dos respuestas antagónicas no son contradictorias más que en apariencia: es una cuestión de perspectiva. ha hecho ya su aparición en la historia. Id. pero nos permite reproducir algunas expresiones concretas que se encuentran en los padres. Ch. 92. Por ser visible y temporal. La Lu­ men gentium insiste afortunadamente en ello. Esto sería favorecer ciertas confusiones y exponernos al riesgo de situar a la Iglesia. que «no ha venido a ser servido. para el pueblo de Dios considerado en cuanto que está en cami­ no. La elección. L’idée de l'Église. 81. tract. en el lugar que debe ocu­ par el Reino. Es signo y sacramento: pero los signos y sacramen­ tos tienen que ser absorbidos por la realidad que anun­ cian91. en los nú­ meros 5 y 8. no 88. su esposo. 89. Además esta misma elección supondría otra consecuencia. por el que se identifica con Cristo. A la cuestión que se planteaba: «¿Es la Iglesia para el mundo. una actitud de humilde servicio. Agustín de Hipona. colocar de algún modo a su jerarquía en el lugar de Dios.

afirmaba: Qui vocatur ad episcopatum. ¿era acaso la autoridad algo distinto del servicio a los demás?». La Iglesia y la Virgen María A propósito del pueblo de Dios. en tu reino que tú le has preparado101. «hacía que la Iglesia acabara en el mundo. 5. el padre Monchanin. 94. Huygue (Arras) criticaba el primer esquema de este modo: «Se presenta a la Iglesia co­ mo una potencia. decía..22. en últi­ mo análisis. comm. 4. y no el mundo en la Iglesia»96. y a propósito tam­ bién de la escatologia. hemos aludido a esta palabra de 97. Ambrosio de Milán. a una mujer anciana «porque ha sido creada la primera.. dom Gréa demostraba ser el heredero de esta misma enseñanza. Clemente de Alejandría. Por ella. In Math. In Jo. Klostermann-B. Señor. Sermo 16. todo el orbis terrarum estaba como contenido en su se­ no99. 6. J. 301 C). Pero. así su inten­ ción es la salvación de los hombres. Dom Gréa. t. En siglo XIX.. 493. por otro lado. Monchanin. 25. sin embargo tiene que incorporar­ se a él. en el siglo II. In psalmum 118. de la misma visión de conjunto. n. y sin el menor prejuicio contra este humilde servicio. para salvarla de todo mal y hacerla perfecta en tu amor. 96. 588). no era el de Cristo. cuando escribía en la pri­ mera página de su tratado De VEglise et de sa divine 93. 99. I.3. como dice la Didajé: Acuérdate. non ad principatum vocatur. Tournai 1965. y en otra ocasión. 8. 16. Los antecedentes patrísticos no faltan.. 2 Clem. Para Orígenes.. ya que la has santificado. Didajé 10. en la segunda visión de su Pastor: la Iglesia se parece.. Tournai 1956. De l 'Église et de sa divine constitution.27. Ecclesia101. y preparando de este modo las enseñanzas pasto­ rales de la Gaudium et spes.96 Paradoja y misterio de la Iglesia fin»93. si la Iglesia sigue distin­ guiéndose del Reino. comm. Pastor de Hermas. Orígenes. salvado. 1. tercer cuadro. Id. Orígenes. Discurso inaugural de la tercera sesión. Pedagogo. y hubiera podido apelar a ellos. sermo 12. Dentro de esta perspectiva. En la Iglesia fun­ dada por Cristo. Este espíritu. antes de todo. 95. Es lo mismo que había afirmado Hermas. sobre la «Iglesia espiritual» que «fue creada antes que el sol y la luna».. por ella ha sido creado el mundo»98. 1. esto es. Clemente de Alejandría decía que «lo mismo que la voluntad de Dios es un acto y crea al mundo. 100. 8 (PL 38.. sed ad servitutem totius Ecclesiae94. 38 (PG 14. Ennites du Saccidánanda. podía deplorar los «estragos» de un pensamiento que. Orígenes. dirigiendo su mirada a todos los hom­ bres: El obispo tiene que ser el servidor de todos por su hu­ mildad. 177. y crea a la Iglesia»100. Casterman. transfigurado en ella. Segunda vision. 14. 102. Casterman. con una visión más completa y más profunda del misterio y en confor­ midad con otro aspecto de la doctrina patrística. del que dio continuamente un ejemplo heroico. y para san Ambrosio. la Iglesia era «el cosmos del cosmos». por ejemplo. 1. In Cant.. 98. 101. para ser asu­ mido. y congrégala desde los cuatro vientos del cielo. Mons. Agustín de Hipona. 5. a fin de ponerse al servicio de todos en las co­ sas relativas a la salvación: tal es el mandamiento que nos da el Verbo de Dios95.. Baehrens 3. . La constitución «Lumen gentium» 97 constitution97: «La Iglesia católica es el comienzo y la ra­ zón de ser de todas las cosas». de tu Iglesia. Mundus reconci­ liaos. 6.

la decisión que tomó el concilio de considerar a la Virgen María en sus relaciones con la Iglesia. Pero. 103. Id. desde la segun­ da carta de Clemente romano. Feuillet. 14. Cf. lo cual no es totalmente verdadero en su estado definitivo. Es sabido que el Cantar de los cantares. In Math. Casel. es eminentemente pa­ trístico y escriturario. 7. era sobre todo la mejor ocasión para considerar a la misma Iglesia como «esposa» y «madre virginal». Cristiandad. como hace san Pablo106. cuando se comprobó que el capítulo discutido se ha­ bía hecho notablemente más largo que los demás y que constituía más bien una pequeña suma de teología mariana independiente. tema eminentemente patrístico. 106. En contra de lo que se ha insinuado a veces.. reunida por primera vez el 26 de noviembre de I960. La analogía misma del cuerpo les lleva a veces a la de la esposa. La subcomisión de Ecclesia. Ecclesia Sponsa. La nouvelle Eve. 1.. 326. porque se le ha dicho a la esposa: tú eres los miembros de Cristo. Discurso inaugural de la segunda sesión. Klostermann-B. 107. consagrado a «la Virgen María en el misterio de Cristo y de la Iglesia». una continuidad con el pensamien­ to patrístico. Textos semejantes son numerosos durante toda la edad patrística y en todos los ambientes.PS Paradoja y misterio de la Iglesia madre que la constitución atribuye varias veces a la Iglesia. In Cant.074) el 29 de octubre de 1963... cf. Laurentin. O. La Vierge au Concite. conviene precisar que ésta fue la idea primera de la comisión doctrinal preparatoria103. Y san Hilario: La Iglesia es el cuerpo de Cristo. I. también A. 104. Orígenes. no solamente servía de feliz coronación a toda la constitución. De todos modos. 280. antes de adoptar la solución que ha consistido en incluir estas páginas sobre la Virgen María en la constitución sobre la Iglesia. sino que era además la mejor manera de es­ tablecer también para este capítulo. incluyendo un capítulo sobre la Virgen: U.144 votos contra 1. Andriessen. La deploró el cardenal König y fue decidida por una dé­ bil mayoría (1. . 108. Garrone. 7. incluso dentro del Concilio.: Misterio de la Elcklesia. Cerf. M. decidió redactar un texto provisional. La constitución «Lumen gentium» 99 La Iglesia-esposa en la Lumen gentium es el objeto de cuatro menciones rápidas (n. lo mismo que ellos. Tromp. sagesse de Dieu d ’après les Epîtrespauliniennes. Le Christ. L’Ecclesia Virgo et la Virginitas mentis des fidèles dans la pensée de saint Agustin: Augustiniana 9 (1959) 221-276. Paris 1965. Es lo que afirma Orígenes107. Volvemos a encontrarnos de nuevo con ella en el último capítulo. 55 (versión cast. union de Dieu et des hommes. desde sus pri105. sino una sola carne. que es en realidad un ser­ món antiquísimo. cf. P. Además. Los padres ven un misterioso paralelo entre la creación de la primera mujer y el nacimiento de la Iglesia105. pero de la que no ha hecho el principio de su consideración sistemática. comm. Cristo y la Iglesia no son dos seres. 9 y 39). tal como había sugerido Pablo V I104. Este tema queda situado detrás del de pueblo de Dios. cap. S. Le mystère de l ’Église. Betti. comm. Se ha discutido mucho. Seuil. Paris 1965. y el misterio de Adán y de Eva es una profecía que se refiere a Cristo y a la Iglesia. Madrid 1964). 1. La separación so­ lamente la realizó esta comisión en un segundo momen­ to. 6. corps du nouvel Adam: RechBib 9 (1965) 87-109. lo mismo que había sucedido en los últimos años con el de cuerpo místico. Virgo Mater. sin detrimento de ulteriores progresos. 368. La inserción fue soli­ citada especialmente por los cardenales Frings y Silva Henríquez y por Mons. De­ talles históricos en R. Agterberg. hasta san Agustín y sus discípulos108. en La Iglesia del Vaticano II. Roma 1937.

En primer lugar. Solamente la oposición entre «tra­ dicional» y «más reciente» nos parece poco exacta. 365-366. «ha surgido en la teo­ logía contemporánea de una manera tan inesperada co­ mo fulgurante». du Manoir (éd. 723 B). Pues bien. la maternidad virginal de María. y es virgen.). pero las referencias podrían haberse multiplicado. Pues bien. explicando la analogía de la Iglesia y de María. Philips. 367. nota 4. cf. 8. 13s. guarda para su esposo.¡00 Paradoja y misterio de la Iglesia meros comentadores. Le mariage dans les Églises d'Orient. es­ te tema. du Manoir (éd. íntegra y pura. Esto puede y debe comprenderse de dos maneras. A. Maria VII. Marie et l ’Église. estamos tocando en él «una de las mayores característi­ cas de la concepción católica»110. o mejor dicho. que con razón es también llamada madre y virgen. Philips. también es éste uno de los temas patri sticos111. San Ambrosio es su primer autor explícito. Beauchesne. Metodio. Oger. Hipólito y Orígenes. El último capítulo de la constitución lo expone en los números 63 y 64. Esta afirmación del número 63 está desarrollada en los dos números siguientes. Tertuliano y Metodio habían hablado de la Iglesia como verdadera madre de los vivientes. F. Balie escribía: «Todos los que aman la justa libertad que La constitución «Lumen gentium» 101 No obstante. lo mismo que había salido la pri­ mera Eva del costado de Adán dormido114. como indica también G. «María no es en la Iglesia el prototipo del poder jerárquico. la exégesis cristiana convertía sus ma­ trimonios en misterios» (G. 1907. explicitadas ambas en este últi­ mo capítulo. la bienaventurada Virgen Ma­ ría la precedió. y fundadas también ambas sólidamente en el pensamiento patrístico113. . Maria VII. 114. 110. Cf. Acercándose a se ha manifestado en el Concilio. nacida de la herida de Cristo muerto en la cruz. esta esposa es madre. Chevetogne Í959. en Marie et l ’Église I: Bulletin de la socié­ té d’études mariales (1951) 105. mostrando en forma eminente y singu­ lar el modelo de la virgen y de la madre. 112. Paris 1964. que da una nueva vida inmortal. XC1X). es el prototipo de la de la Iglesia en relación con los cristianos. En cuanto al paralelismo entre María y la Iglesia. Muller. tienen la certeza de que los teólogos tendrán plena libertad para seguir en mariología la vía tradicional cristotípica o la más reciente eclesiotípica». L ’unité de VÉglise et de la Sainte Vierge chez les Pères des IV et V siècles. G. esto entraña dos espe­ cies de consecuencias. Por eso es compren­ sible que el Concilio lo haya querido conservar. 43 (PL 2. Antes de él. Raes. Y el penúltimo capítulo del Apo­ calipsis guiaba el pensamiento de los padres. 109. haciéndose eco del desconocimiento casi general entonces del pensamiento patristico: «Sabi­ do es que para quitar el perfume de escándalo a los hechos del Antiguo Testamento relativos a los profetas.. ha sido com­ prendido como el epitalamio de Cristo y de su Iglesia. a sus hijos concebidos del Espíritu santo. G.). Un autor de comienzos de siglo escribía. c. En un artículo sobre Marie. De anima. Marie et { ’Église.L'Église: OssRom (7 febrero 1964). En una nota se cita a san Ambrosio y a san Agus­ tín. Introduction. Philips. A. san Justino y san Ireneo habían se­ ñalado a la Virgen en la anunciación como segunda Eva. La Iglesia. fruto de esta receptividad espiritual.. la fe que le ha con­ sagrado. Pero no ha sido de un modo arbitrario y pasajero. Recherches sur le thème de l ’ÉgliseEpouse dans les liturgies et la littérature de langue syriaque: L’Orient chrétien (1958) 317s. Les Pères apostoliques I. Doctrine des Apotres. Tertuliano. 3. «Lejos de quedarse en la periferia del dogma cristiano». sino el modelo de la receptividad espiritual ante las oleadas» de la gracia divina112. En el misterio de la Iglesia. en H. Philips. por la predicación y el bautismo. 113. 8 y 8. como escribe G. Graffin. 111. en H. El ban­ quete. Todos los desposorios de la Biblia son interpretados en este mismo sentido'09. mère et type de.

la comunidad acabada de los fieles120. sobre el año litúrgico: . Hom. . 14. por anticipación. posee y distri­ buye. R. 190. 390 y 438.992). 7. 123. priusquam de beata Virgine praedicabantur.. L'unité de ¡ ’Église et de la Sainte Vierge chez les Pères des IV et V siècles. 13. 122. 4 (PG 77. La constitución «Lumen gentium» 103 blo de Dios peregrinante. cum gaudio contemplatur. Maria VII. Omnia attributa istius Litaniae. 7 (PL 15. la analogía se explotará muchas veces en este sentido. puede leerse el cap. 1908. Textos en. María aparecía. 121. San Ambrosio lo había esbozado más de una vez123. Ambrosio de Milán. Agustín de Hipona.. de la misma manera que. historice exoriebatur ex consideratione Ec­ clesiae ut matris. Muller. In Assumpiione 1. ya glorificada en los cielos en cuerpo y en alma. por ser madre santificadora119. que dirá todavía con mayor vigor: «María.48-66. como signo de esperanza segura y de consuelo. París 1944. 12 (PL 35. 503-504). 305-310. In Lucam 2. Id. A partir de la Edad Media. antecede con su luz al pue­ 115. Cf. virg. 117. 344 AB). Esta misma expresión se encuentra en san Efrén117. Los ortodoxos la conocen así. Meditación sobre la Iglesia. segunda Eva.1010. etc. Ya había enunciado esto mismo la constitución Sacrosanctum concilium (c. A. Exhort. Discurso en la audiencia pública del 27 de mayo de 1964: «Figura ideal de la Iglesia.. María. 116. 87-89 (PL 16. es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro siglo. Segundo aspecto que la Lumen gentium. H. es la imagen escatológica de la Iglesia. de Ecclesia dicebantur»..». In Joannem. 1555). Phi­ lips. en la Iglesia a la madre virginal de los cristianos. 1499). du Manoir. según los padres. 5 y 10. 118.. 134 (CSEL 32-34.. 30 (CSEL 62. 368. En este segundo aspecto. dada su perspectiva principal. 5. en Marie et l Église I: Builetin de la socié­ té d’études mariales (1951) 29. Pero la Iglesia es también el pueblo de Dios santifi­ cado. ibid.45. virg. la Relatio del car­ denal König en 1963: «Ipsa devotio mariana. la santa Iglesia»118.. 30-31. In psalm. G. Aubier. cf. por eso. por ejemplo. Id. Marie et ¡'Église. Pero tampoco estaba ausente por com­ pleto de la antigüedad cristiana. Laurentin. llena de gracia. tract. Sermo 61. In Lucam 2. pro­ totipo de toda perfección. así en esta tierra. cf. ac veluti in purissima ima­ gine. 2. Cf. o en vías de santificación. n..102 Paradoja y misterio de la Iglesia estos dos temas.22. o sea de todo el pueblo de Dios. y en san Cirilo de Alejandría. 26 (PL 15. cf. 312-327. id quod ipsa tota esse cupit et sperat.. prouti in Litaniis beatae Mariae Virginis exprimitur. ella sola. como la Iglesia perfecta. V Losski. también Ambro­ sio de Milán. In Lucam 7. Cf. Du culte de la Sainte Vierge dans ! ’Église catholique. Las prerrogativas de la Virgen se comunican a la Iglesia.. Pablo VI. san Ambrosio había designado a María como «typus Ecclesiae»115. Sermones 191 y 192 (PL 38. 103). Isaac de la Estrella.en con tra­ mos en María todas las riquezas que la Iglesia representa. 5. Bajo este primer aspecto de la analogía. Ambrosio de Milán.. aplicando el principio ge. nuestra Meditación sobre la Iglesia. neral en el que Orígenes había basado su explicación 120. esto es. Así Serlon de Savigny. Id. A. como dice san Ambrosio y luego san A gu stín. 284 y 506).. La Vierge au Concile. En Maria tenemos en primer lugar a la madre virginal de Cristo. 326). 118. 2 de Newman. De instituí. especialmente en los comentarios marianos al Cantar de los cantares. div. hasta que llegue el día del Señor. de Lubac. 1642). sobre Maria. la Madre de Jesús. H. no podía descuidar. 119. es natural que la proclamación de este dogma por Pío XII le haya proporcionado una acogida más favorable122. Cirilo de Alejandría. siguiéndole en ello san Agus­ tín116. Muller. L'u­ nité de l ’Église et de la Sainte Vierge chez les Pères des IV et V siècles.. María es por tanto la figura de la Iglesia.in qua (María) praecellentem Redemptionis fructum miratur et exaltat (Ecclesia). 48. 28 (PL 16. este tema alcan­ za su desarrollo más pleno en el misterio de la asun­ ción121.1012-1013). Sin embargo. citado por Pablo VI. Id. Lo encontramos expuesto en el número 68: Entre tanto. Essai sur la théologie mystique de l ’Orient.

después de Cristo. en Marie et l Église III. que esta Iglesia. la madre de la Igle­ sia. La cuestión de la «maternidad espiritual de María» proporcionó tema al VIII Congreso mañano. 53)126. Por otro lado.. Ecclesia in sanctis. Sin duda se refiere a este único pasaje Wenger cuando escribe. En particular..». el lugar más alto» (n.. 130. 126. rodeó sus palabras de una serie de precisiones y de precauciones parecidas a los matices de la doctrina con­ ciliar129. El papa va más lejos todavía. 129. manifiesta con insistencia la intención de poner de acuerdo su proclamación con el texto mismo de la constitución130. 54) 121. no solamente como personas aisladas. en la Iglesia. rescatada tam­ bién por Cristo. al definirse a si misma. «Esperamos que. 1953. Pero precisamente por su elección como madre del redentor. y que por ambas partes se olvidaban del examen preciso de los textos. enseñada por el Espíritu santo. en Santa Maria la Mayor: «Haced. por ser «madre de Cristo y madre de los hombres». Por una parte. parciales con frecuencia.. La Vierge au Concile. Delahaye.. la madre de los redimidos y de los creyentes. y porque representa perfectamente y de una manera única al género humano. citados por C. Si la Iglesia. a imagen de María. 104 La Iglesia católica.. Cf. como había manifestado en sus de­ seos. es nuestra hermana. de todos nosotros. Discusiones un tanto inútiles.105 Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» del Cantar: principio de la simbolización de la Iglesia y del alma fiel. recibe y guarda la palabra de Dios. María en la Iglesia «ocupa. Es exactamente lo que Pablo VI había dicho que desea­ ba en su discurso de clausura de la segunda sesión. en la Chronique de la troisième session... por ser su «miembro superemi­ nente y completamente singular» (n... como hija y hermana eminente. sino tam­ bién como comunidad». concibe del Espíritu santo y da a luz a Cristo en sus miembros.. su gozo y su esperanza». Laurentin. os reco­ nozca como madre. 112-113: «El Concilio llama a María madre de los fieles. Es sabido que también sobre este punto surgieron algunas discusiones. propio de la Madre de Dios. porque el pa­ pa no había dicho que deseaba que el mismo Concilio le diese este título a María128. sino también (claramente.. puede con razón ser llamada en un sen­ tido moral y típico la madre de todos los humanos. Pablo VI.. Pero este último capítulo de la Lumen gentium no se contenta con la analogía que existe entre la Iglesia y María. 124.. Es un miembro de la Iglesia.. Virgo mater125. 11 octubre de 1963. 192. reconozca el lugar. 125. 128. la madre de los fieles».». en mi opi­ nión) en relación con la misma Iglesia: Un poco más tarde dice también que. R.. al toque del Angelus: «Madre llena de caridad». escucha. Ecclesia mater chez les Pères des trois premiers siècles. reunido en Lisieux en 1961. 53).. Audiencia del 18 noviembre de 1964: «María ocupa una posi­ ción de una naturaleza única. . a imagen de María. 127. Cf. de su «interpenetración misteriosa»324. el más excelente de todos. el 21 de noviembre de 1964. o si se quiere. qui eam Matrem amantissimam appel lant». 40: «Mariam sanctissimam declaramus Matrem Ecclesiae. dará también a luz a Cristo a su alrededor. siempre que Pablo VI quiso honrar a la Virgen con el título de «Ma­ dre de la Iglesia». que debe venerar «la asamblea de los creyen­ tes. los hermosos textos de Ruperto de Deutz. dándoles la fe y el bautismo.. la honra (a María) con filial afecto de piedad como a ma­ dre amantísima (n. toda alma cristiana que. de modo que podamos honrarla con el nombre de Mater Ecclesiae. el 4 de diciembre de 1963. Y el 22 de noviembre. el Concilio. y particularmente la nuestra. tam fidelium quam pastorum. no sólo en relación con cada uno de nosotros.96-97. su discurso de clausura de la ter­ cera sesión. la misma constitución afirma la mater­ nidad espiritual de María. en efecto. Completa su exposición indicando el lugar que ésta ocupa en aquélla. oh Maria. y casi más todavía. Dillenschneider: «Toda la Iglesia está en Maria». hoc est totius populi christiani. K. su modelo incompa­ rable. tanto del papa.. como del Concilio.

que ha descubierto en un manuscrito sirio de fi­ nales del siglo V. el concilio Vaticano II ha consagrado con su au­ toridad algo que proviene de las profundidades de la conciencia católica. en el Congreso teológico internacional de Notre-Dame (Estados Unidos) en marzo de 1966: Vatican 11. Agustín de Hipona. que por otro lado no tiene ninguna pretensión doctrinal. Los primeros autores en quienes se encuentra. en Regina Mundi. Este texto. es madre de la Iglesia.ambas apelacio­ nes de «madre» y de «hija». por ejemplo. Bibliografía en G. han querido permanecer en la línea recta de la tradición de los padres (lo mismo que de la Escritu­ ra). el discurso del 21 de noviembre de 1964 de Pablo VI: María. que somos nosotros132. Tal es lo que demuestran en con­ creto los números 60. Ro­ ma 1966-1967. yo te he engendrado primero y a to­ dos los que esperan en ti133. también J. Notre Dame Press 1967.. Estos vín­ culos de analogía mística entre la Iglesia y María no son percibidos en nuestra época menos de lo que pudieron ser observados en tiempos de san Ambrosio y de san Agustín. está completa­ mente relacionada con Dios y con Cristo. «En este texto. María VII. 960 B). Pero Antoine Wenger nos ha proporcionado otro tex­ to. John H. 133. Jorge Medina Estévez. al Cristo to­ tal. sacado del relato más antiguo de la «Dormición» de María. María se dirige a Cristo. Bruno de Segni. . 124-125). nuestro único mediador y redentor134. para decirle: Tú eres el pleroma. María es «Señora de toda 1a Iglesia» e «hija de la Igle­ sia» (PL 164. 44. De virginiíate. 857-858. 134. pero la expresión misma de «Madre de la Iglesia». sino que de una manera totalmente inque María es Madre de la Iglesia» (A. 14 (PL 17. B. cf. An Interfaith Appraisal. 6 (PL 40-399). para terminar. no lo es tanto. porque es su miembro.106 107 Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» Es que nos movemos aquí en un terreno decidida­ mente tradicional. sólo nos encontramos con textos aproximativos. cf. 12. sino que más bien ha nacido de ella. que alude a Ef 4. Al exponerlos y al situarlos en un lugar que tan acertadamente ilumina la doctrina de la Iglesia y la de María. 30-38. María afirma su materni­ dad espiritual sobre aquellos que esperan en su Hijo. en su comentario al Apocalipsis: Conviene finalmente advertir que ambos. ed. a propósito de la única mediación de Cristo y el úni­ co servicio de Dios. María en el misterio de Cristo y de ¡a Iglesia según el concilio Vaticano II. Hasta estos últimos años casi no se citaba más que este pasaje del De Virginiíate de san Agustín: María no es la madre espiritual de nuestra cabeza. 1021 B). Philips. Volvamos. Chronique de la troisième session. el miembro más augusto131. en el siglo VIII. 132. 135.. In psalm. es hija de la Iglesia.421 A. cabeza y cuerpo. asocian -como lo hará luego Pablo V I. Por ejemplo. 13. 418-419. a la «tipología». Wenger. empleada sola y sin explicaciones. No solamente los eruditos y los his­ toriadores del dogma y de la piedad habían estudiado. En el periodo anterior. el papa y el Concilio. 131. Se recordará con fruto el análisis de «la doctrina del Vaticano II sobre la Virgen María» ofrecido por Mons. 64 y 67 de la constitución y. porque da a luz a aquel que es su cabeza. los testimonios de la tradición135. afirma por equivalencia Deseamos sobre todo que se ponga claramente a luz có­ mo María. Alfaro. Miller. Berengario. 165. nos dice. pero es verdaderamen­ te la madre de sus miembros. la humilde esclava del Señor. InApoc. a propósito de estos vínculos misteriosos. Berengario.

para mí. Madrid 1991). Quién es cristiano. Salamanca 2000. . del mismo autor. por otro lado136. se esfuerza en mostrar «la misteriosa continuidad entre la experiencia mariana y la experiencia maternal de la Iglesia»137. Paul Clau­ del declaraba un día a uno de sus corresponsales: La Santísima Virgen María. . reinventados y revivificados de algún modo por algunos hombres impregnados profundamente de espí­ ritu católico.. 357 (versión cast. el capítulo sobre Dante.En María. En La oración contemplativa. al estar María «en el centro más íntimo» de la Iglesia: Misteriosamente tu imagen tiende a confundirse con la de mi Madre virginal. cf. cuando la ciudad santa baje del cie­ lo al fin de los tiempos (Ap 21. Hechos y Dichos. la Iglesia no puede po­ seer ninguna esencia en la tierra. Le Coeur du Monde. Zaragoza 1966. «con una sabiduría 136. pero en ti se hace la Madre universal. La Prière contemplative. Paris 1965. estableciendo su fuente en una verdadera identidad. Einsiedeln 1962. En María. en donde ella es realmente la esposa inmaculada sin mancha ni arruga. 140. figura de la Iglesia. Max Thurian. y todavía no he aprendido a distinguirlas. criatura. Id.: El corazón del mundo. Con una rudeza voluntariamente simplista.. Precisamente por eso. 137. Hans Urs von Bal­ thasar justifica esta analogía con tanta claridad como profundidad. 151. Ma­ drid 1985-1989). 117118. el carácter de re­ ceptividad sobrepasará al de una manifestación de la plenitud divina presente. 365-462 (versión cast. es lo mismo que la Santa Iglesia. Id. Y en su Teología de la historia. 25-26. 101-113 (versión cast. esposa in­ maculada.219 (versión cast. pone en labios de Jesús estas palabras dirigidas a su Iglesia: disponible a nuestro gusto». Ma­ ría. al ser «el misterio más profundo en el centro de nosotros mismos». el alma fiel. Paris 1967.40: «María-la Iglesia». Encuentro. Desclée de Brouwer. Paris 1956. aunque muy diferentes entre sí. y contra el peligro simétrico de con­ fundirla con nuestra propia palabra.: La oración contemplativa. Verdad y vida: Concilium 21 (1967) 92: «La Iglesia. von Balthasar. Teología de la historia.: Gloria. Una memoria confidencial presentada a Juan XXIII en octubre de 1959 por Roger Schutz y Max Thurian contenía esta frase: «La interpretación del dogma mariano en sentido de las relaciones entre María y la Iglesia. La gloire et la croix I. tal como está ya realizada. cf. «que es la Iglesia». Más aún. . es un camino posible para la búsqueda de la unidad cris­ tiana». de la que es figura. como núcleo y principio de agre­ gación. es largamente contemplada como arquetipo de la contemplación cristiana: «lugar de encamación de la palabra». Sígueme.¡08 i09 Paradoja y misterio de la iglesia La constitución «Lumen gentium» dependiente estos testimonios habían sido puestos al día. Id.. oculto en Dios y solamente aparecerá con Cristo (Col 3. .2) l4°. Maña. ella nos previene a la vez contra el peligro de considerar la palabra como algo ex­ terior. Id.. Madrid 1964. Encuentro..: Gloria. su sentido se encuen­ tra en Cristo. En su obra El corazón del mundo. Desclée de Brouwer. Ella es la mujer única. 139. Taizé et l ’Église de demain. H. Una estética teológica). U. Fayard. en María».. ha pronunciado perfectamente el «sí». Una estética teológica [7 vols. Pero por él María se convier­ te en la figura original de la Iglesia.]. M. madre y esposa. también Herrlichkeit II. Madrid 1988).. Hans Urs von Balthasar pone frecuentemente de re­ lieve lo que él llama «la dimensión mariana de la Igle­ sia».. Guadarrama. «arquetipo de la Iglesia». 138. 3-4). Citado por G. Paris 1958. que es el origen y la sustancia de toda contemplación cristia­ na139. Paupert. Madre del Señor. la Iglesia llega a identificarse absolutamente con la madre y la esposa del Señor. Para un testimonio protestante. 73-74. 138. en su centro más íntimo. Encuentro. .

Mucho antes de que el hombre hubiese medido la ex­ tensión de mi poder. para venir a habi­ tar en mí entre vosotros. o mejor dicho. este poema describe las etapas as­ cendentes del «eterno femenino». La «majestad maternal y tranquilizadora» que en­ tonces lo envolvía. et usque adfuturum saeculum non desinam. . esta identificación mística.Paradoja y misterio de la Iglesia La constitución «Lumen gentium» Lo que quería decir. P. se expresa en una persona cuya orientación espiritual es muy diferente de la de es­ tos dos que acabamos de enunciar. «la misma Santísima Virgen con gran paciencia y majestad. 111 Ab initio creata sum.. Claudel. como una región de atracción común.. L'Evangile d ’Isa'ie.. Redactado en 1918. Desde. extender ante sí un perfume de belleza. do pronunciado a veces en el concilio a título menos justo del que lo hacemos ahora. en medio de su creación? Sólo el amor es capaz de mover al ser.A Dios yo lo he atraído antes que vosotros.. se dirige a los hombres: 110 lo que me decía san Pablo. como él mismo dice. y cuyo nombre ha si­ 141. cierta noche de navidad. en el que se consume la generación y la plenitud de Cristo. ¿Comprendéis ahora el secreto de vuestra emoción al acercarme a vosotros? .. era a la vez la de la Iglesia y la de María. sobre el abismo -entre la tierra y él-. ¿Creéis que sin mi pureza para seducirle. nos explica. L’E pée et le miroir.. en esta Madre doble y única que reúne a todos silenciosamente en su corazón y que jun­ ta en un solo hogar todas las líneas contradictorias141. Diversos textos en Meditación sobre la Iglesia. el pan que me partía Gregorio con la antífona y el responso. en carne. Y no había más que apoyarse. cuando en la iglesia de Notre-Dame de París. para poder salir de sí. él lo iba comprendiendo todo y todo tomaba vida en él. el Señor me había ya concebido por completo en su sabiduría. era que había aprendido a unir­ las indisolublemente. Lo había aprendido por propia ex­ periencia.Hasta que finalmente tenga lugar en mí el encuentro entre ambos. 305s. cf. vapor luminoso. 198-203s. Con el rostro metido en­ tre las rejas del coro. habría él ba­ jado jamás. 212: «La luna perfecta. con el canto del Magnificat. apasionadamente. durante la pri­ mera guerra mundial. y la que se lo enseñaba era. . sin llegar a distin­ guirlas. . que bajo la figura de la sabiduría bíblica (y litúrgica). . tenía de antemano que trazar para sus pasos un camino de deseo. y a través de este espectáculo. que deja muchas veces aburrido al espíritu de muchos otros. la traductora integral. veía vivir a la Iglesia».Situada entre Dios y la tierra. lo que me mostraba Agus­ tín.. a través de los siglos. Se trata de un escrito de Teilhard de Chardin. yo les obligo a venir a encontrarse mutuamente. Porque. estaban allí arriba los ojos de María para explicármelo.enton­ ces acudió muchas veces a la vieja catedral para seguir en ella su «curso de teología».. Y entonces fue cuando me hizo surgir. y yo había conquistado su corazón.. y adivinado el sentido de mi atrac­ tivo. Esta misma ausencia de distinción. Por eso Dios. hi­ zo irrupción en él toda la fe de la Iglesia. es la Virgen María y es también la Iglesia católica».

La constitución «Lumen gentium» 113 dando a luz. Cerf. al menos en parte. cuya esencia es la llamada al Padre. L. en su doble aplicación a María y a la Iglesia. y en ésta. reina de todas las cosas.. la Hija de Sión personificaba a «la comunidad mesiánica. la hija de Abrahán será. . Cf. la bienaventurada Virgen María.. y por tanto de la Iglesia. Le troné de la Sagesse. Tras este triple testimonio. en la patrística oriental144. Monchanin unía a la doble tipología que haría su­ ya la constitución Lumen gentium. En unas cuantas fra­ ses plenas. un tema que también amplía. anunciadora ut aurora de Dios hecho devenir. de la maternidad de María en relación con la Iglesia. Hay en esto un aspecto particular. y primero san Juan y luego la Iglesia primitiva vie­ ron igualmente en ella «la realización y la expresión per143. se establece aplicando el mismo símbolo de la sabidu­ ría. para san Lucas. La esencia de la virginidad. Bouyer. del mediador. y de Cristo a quien ella sigue 142. cristófora y pneumatófora. Iniciadora y consumadora. tanto en Monchanin como en Teilhard de Chardin. Madrid 1967). la verdadera Demeter». Yo soy la Virgen María. el de Jules Monchanin. 144. de la madre. Taurus. ella lla­ ma a la Iglesia al secreto del Padre. Virgen desde siempre y usque in aeternum. la virgen de Israel. las dos manifestaciones del Padre. como Teilhard de Chardin. cuya paterni­ dad ella comparte temporalmente. Madre del Verbo encarnado -su alumbramiento se puede comparar con la generación misma del Verbo por el Padre más que al alumbramiento de las demás mujeres: prius concepit mente-. Teilhard de Chardin. En La Vie cosmique. 261 (versión cast. el tema. mediadora universal. Notemos aquí que este vínculo entre la Iglesia y Ma­ ría. que también recoge este último capítulo. Al conceder un especial privilegio al tema del pue­ blo de Dios. María es esta Hija de Sión. por una parte a María en nuestra tradición litúrgica. la que suscite la contemplación trini­ taria.. se habrá de inte­ grar en ella. del mundo: madre cósmica. 74-77 y 188-189. Pues bien. decía también de María: «Perla del cosmos y su punto de unión con el absoluto personal encarnado.: Escritos del tiempo de guerra [1915-1919].. y por otra a la Iglesia. que no ha encontrado eco en la Lumen gentium. 1916. la llamada al Hijo a quien alumbra para la kénosis y el devenir. Paris 1957. se nota una resonancia patrística: hay aquí una convergencia en la misma apli­ cación de los textos sapienciales. hasta una especie de mater­ nidad cósmica: María es la plenitud de la virgen y de la mujer. dadora del Espíritu que la habita en plenitud y cuya esposa es. iniciado­ ra en la renuncia y dispensadora del gozo que no acaba. la lla­ mada al Espíritu que ella comunica a la creación de su exuberancia143. reflejo del principio. todo lo que hubo de virginal en el mundo antes de ella y to­ do lo que habrá de virginal después. receptiva de Dios. ¿no es acaso la unicidad de su amor? Mujer perfecta. del espíritu. el Concilio ha hecho más elocuente la ima­ gen bíblica de la Hija de Sión. madre de todos los humanos142. esposa de Jesús. Ecrits du temps de la giierre. vamos a citar el de otro precursor. de la humanidad. Pa­ rís 1965. fecundada por Dios y para Dios. en una meditación sobre la Virgen en las In­ dias.i12 Paradoja y misterio de ¡a Iglesia Yo soy la Iglesia. Dieu vivant 3 (1945) 47-48. Grasset. Porque entre los profetas. prototipo de la Iglesia y de su perfeccionamien­ to. al pequeño resto fiel reunido en Jerusalén después del destierro». 48.

148. Generalmente se muestran más favorables. 67. si1. es en primer lugar la Iglesia que engen­ dra al mesías en medio de dolores y a la que protege Dios mismo en el desierto contra los ataques del dra­ gón. Marie et / ’Ecriture.. . la nueva Jerusalén. para el que los gentiles solamente pueden agradar a Dios a pesar de su religión1. 147. Incluso cuando creen reconocer en estos cultos algunos rasgos sacados de la Biblia. No se los aplican. cf. 146. 4 Las religiones humanas según los padres La mujer que aparece en el cielo y sobre la luna. París 1967. 218-219. Entrada de la fiesta de la aparición de Nuestra Seño­ ra de Lourdes. nota a Rom 1. M. L. No va­ mos a detenemos ahora en el detalle de sus juicios. Las recientes enseñanzas del Concilio no hacen. la ciudad santa. ¿No nos enseña de este modo «la realización perso­ nal supereminente de la Iglesia en la Virgen»?148. En cuanto a la nueva Jerusalén. Le trône de ¡a Sagesse. En ello siguen el ejemplo de san Pablo. entre las estrellas. 2. que pervierte la verdad para cambiarla en mentira2. En efecto. con su doble interpretación de la visión de la mujer que da a luz un hijo y de la visión de la nueva Jerusalén. P. de junto a Dios. ¿no es la misma Iglesia la que nos invita a esta identificación mística. más que confirmar lo que ya nos sugería la lex orandL 145. Otro lugar de convergencia es también el Apocalipsis145. sin más ni más. Paris 1966. Cerf. cuando en su liturgia celebra a la Virgen inmaculada. ya que se trata de juicios concretos y particulares. se complacen en denunciar en ellos la marca del «mono de Dios». que es la Iglesia146. es claro que los padres no podían hablar de los otros sistemas religiosos que no conocían.21: «Nótese la actitud radicalmente negativa de Pablo ante las religiones paganas. pero es también María que representa a esta co­ munidad de santos. adornada como esposa que se prepara para su esposo147. L’Epítre aux Romains (traducción ecuménica). 11 febrero. Ap 21.. Paris 1966. Benoit. pues.. Así Tertuliano y otros. Cf. Sus errores y sus excesos groseros le sirven para demostrar que los paganos son culpables ante el evangelio de Dios». le Déaut. 2. Passion et résurrection du Seigneur. en ¿a Vierge Marie dans la constitution de VÉglise: Bulletin de la Société française d’études mariales (1965). i Los primeros padres de la Iglesia se mostraban habi­ tualmente muy severos frente a los cultos paganos de su tiempo. Passion et résurrection du Seigneur. Benoit. que caen sobre lo que les enseñaba la historia o la observación di­ recta. a toda religión. 21: Vi cómo bajaba del cielo. 37. no ya con todas las doctrinas filosóficas de la antigüedad. Bouyer. aplicándole el versículo del c.¡14 Paradoja y misterio de la Iglesia sonal de la Iglesia que engendra al pueblo mesiánico». P.

Lamenta. Por ejemplo. H. c. Aubier. san Justino. como tampoco la de otros. entre el pensa­ miento pagano y el Antiguo Testamento: 3. como entre los griegos Sócrates. griegos y bárbaros: a los unos les ha dado la ley. 10.. 2. en el que todos los hombres tienen parte. y entre los bárbaros. 7. In Levit. Orígenes. son cristianos. a los otros la filosofía5.116 Paradoja y misterio de la Iglesia no especialmente con algunas de ellas. hom. cierto número de verdades esenciales se ma­ nifestaron a la conciencia humana.1. Martelet. 4. SC 30. París 1962. 46. y de que los filósofos.4. 6. 7. Clemente de Alejandría. por los judíos judaicamente. hom. París 1967. Epist. 2-5: «Todos los que han vivido según el lo­ gos. Según Justino. Y lo mismo opina Clemente de Alejandría. Crouzel.42-50. 7. Pero cada uno de ellos no ha podido expresar más que una verdad parcial3. y ha podido conocer de este modo algo de la verdad que se manifestaría plenamente en Cristo: Todos los principios justos que han descubierto los fi­ lósofos y los legisladores. cf.65).4 (57). y en primer lu­ gar con el «platonismo». que expone a es­ te propósito su doctrina del «logos spermatikós» (ex­ presión de origen a la vez evangélico. 9. Sin caer en los excesos polémicos de un Hermias o de un Taciano. conspiren muchas veces con la idolatría. cf. adorando las obras de su espíritu lo mis­ mo que adoraron otros las obras de sus manos. poetas y escritores. 1.. Stromata. 3. la humanidad anterior a la revelación cristiana ha recibido algunas semillas del logos. estoicos. dice Clemente. Id. etc. 1. 1-5. En el número 16 de la Lumen gentium y en el 3 y el 11 del decreto Ad gentes. es lo que yo comprendo con el nombre de filo­ sofía4. Introduction á l ’esprít du concile. se deben a que han contem­ plado parcialmente el logos: por eso la doctrina de Platón no es extraña a la de Cristo. 1. cf.. Segunda Apología. G. en concordancia con la fe cristiana. 5. Primera Apología. 7. Ibid. Justino y Clemente llegan incluso a establecer un pa­ ralelismo entre griegos y judíos. por los cristianos espi­ ritualmente».. Pero tam­ bién él atribuye a sus mejores doctrinas una misión pro­ pedéutica para la edificación de una sabiduría cristiana7. Heráclito y otros semejantes. 74). todo lo que nos enseña la justicia acompañada de piadosa ciencia.. 6 (Mondésert y Caster. aunque hayan pasado por ateos. In Jesit Nave. Id. Id. Les idees maítresses de Vatican II. Justino. 1. 7. hom. cf. cf. conocidas desde Eusebio de Cesarea con el nombre de «preparación evangélica»6. Varios de ellos reconocen en esta enseñanza una luz venida del Verbo que ilumina a todo hombre. Origéne et la philosophie. sobre todo. 1. 6. que son excepciones. Elias y tantos otros». 37.. y la filosofía es de algún modo una obra de la providencia divina.2. cuando escribe en su primera Estrómata: Todo lo que se ha dicho de bueno en las escuelas. Id. filoniano y estoi­ co). el concilio Vaticano II iba a hacer su­ yas estas nociones patrísticas.28. Con referencias a Ireneo. ha distribuido sus beneficios según las aptitudes de cada uno. Desclée de Brouwer. InJerem. In Judith. esto es. Contra Celsum. Compárese con Jus­ tino.6. a Clemente y a Eusebio. también 1. 2-3 (SC 30. Orígenes se mues­ tra habitualmente más severo. 18. 1. el hecho de que entre los gentiles «toda sabiduría esté mez­ clada de suciedad».5. . o que pueden servirle de preparación. 6. Abrahán. 5: «El único Dios ha sido conocido por los griegos étnicamente. 1. 7. Bajo la acción iluminadora del Verbo que había de encamarse. hom.. cuyos «sofis­ mas» se complace en denunciar. Las religiones humanas segitn los padres 117 El Señor. también Dionisio. 2. 16..

¿de qué sirve conocer el fin?11. Sígueme. conduce hasta el Dios del hombre. a Dios en la humildad de la carne. 12. H. Dei. le movía además la convicción en que estaba. 1. Retengamos. y otra en­ contrar el camino único que conduce a ella y empezar a caminar. ha tenido muchas veces el resultado de detener los impulsos del alma.118 Paradoja y misterio de la iglesia Las religiones humanas según los padres Más que a él. . sed viam qua eundum est non tenetis».8.. 670). 1. 7. lleno de misericordia para con su pueblo. Sermo 141. . Agustín muestra en diversas ocasiones una reserva ca­ pital a propósito de los que él llama platónicos. pero no han descubierto el camino. FCE. al asumir al hombre sin consumir a Dios. U. 21. 1. 3. 776). Id. aunque de lejos y con los ojos empañados»10.. Plotino y los plotinianos. 11. De vera religione. 1. Una cosa es. Sermo 117. si el mensaje cristiano está situado para Agustín y para Clemente en la pers­ pectiva de la religión universal y se presenta como su «perfeccionamiento». etc. también es cierto que se muestra como una «llamada a la conversión: porque todos los logoi parciales se erigían en absolutos y oponían una re­ sistencia culpable al verdadero logos»9. ha establecido esta fe abriendo al hombre el camino que.10. como indica W. cf. y que son sobre todo. París 1965.42. sin embargo. hay esperanza de llegar. 4. lo cual es ver­ dad. La invención de semejantes doctrinas. como algu­ nos otros padres. 9. por tanto. de la finalidad de la vida humana. por tanto.11. 7. Id.. 1.. Por otra parte. 19. al mediador entre Dios y los hombres. Id. Cerf. . Confessiones. Id. esta verdad general. Sólo el amor es digno de fe. Id. Agustín no deja de decirlo: . Dei.Si hay un camino entre aquel que tiende y el fin al que tiende... von Balthasar. De civ. Poco nos im­ porta aquí que Agustín haya interpretado a los «platóni­ cos» partiendo de su fe. expresada ya por san Ireneo: «El logos de Dios no ha dejado jamás de estar presente a la raza de los hombres»12. 9. hay que tener en cuenta estas dos contrapartidas: por una parte. De civ. 13-15. 16 (PL 38. invención que es en sí misma un bien. Señalando este pa­ pel anunciador. Essai sur les présocratiques.. etsi de longinquo. Porque «la fi­ losofía perfectamente verdadera» nunca jamás hubiera podido ser constituida 8. nos ex­ plica. No obstante. Adversus haereses. Ireneo de Lyon. 110. 10. Jaeger. 16. 13-16.. a san Agustín le complace ver en la fi­ losofía griega la anunciadora de la religión cristiana. Contra académicos. He ahí. comprueba. 27. Madrid 1977). del pensamiento de los padres de la Iglesia. san Agustín «expresa de una manera absolutamente exacta la relación histórica que acaba de indi­ carse» (versión cast. que había un Verbo de Dios.: La teología de los primeros filósofos griegos. 1 (PL 38. porque no conocieron entonces ni reconocen ahora al Verbo hecho carne.. Dei. el Dios Hijo de Dios. Id. Ellos han sabido reconocer.2. a Jesús. de que Platón había conocido a «Moi­ sés»8. Sa­ lamanca 51999. Agustín de Hipona. Agustín de Hipona. infra. 119 si el soberano Dios. por el HombreDios. al hombre Jesucristo. patriam in qua manendum est. embarazada en su propio orgullo. que no es más que la visión de Dios. 29: «Videtis utcumque. 56.La verdad misma.3. Ibid. en más de un caso. si el cami­ no falta.. no hubiese inclinado y abajado hasta el cuerpo humano la autoridad de la razón divina. cf. se han dado cuenta «de alguna manera. 1. contemplar a la patria desde lejos. De civ. A la missattce de la théologie. 1. o por san Hi­ lario: «Los rayos del Verbo están eternamente prepara11. etsi acie caligante.

o sea al­ go que constituye en él -pero sin é l. está extendido por todo el mundo. diciendo que Dios ha creado al hombre a su imagen.: El misterio de lo sobrenatural. es que. Octavias. a cargo de Maximiliano Herráiz). Tertuliano. La creación divina. 27-28. pero que podemos evocar de pasada: la doctrina relativa a la doble relación del hombre con el Verbo encamado. 12-14 (PG 14. hablando como Ireneo. qúod sciam.una especie de lla­ mada secreta al objeto de la revelación. Esta doctrina es de una importancia capital. Bonn 1906. está impresa la imagen de Dios. PG 44. Sígueme. es algo consecuente. Salamanca 32002. G. cf. cierta preparación para la aceptación del evangelio. 15. Superpsalmum 118 (CSEL 22. De una manera análoga. como se explica en su breve tratado del Testimonio del alma. La proclamation de ¡’Évangile. Le mystère du surnaturel. Hilario de Poitiers. 2S 5. Con esta fórmula entiende. y por consiguiente en cada hombre. para que se asemeje a él16. K. algo que lo prepare con vistas a este fin y a su re­ velación. que viene de arriba. Les Belles Lettres. Encuentro. si es posible descubrir en el movimiento espontáneo del espíritu humano o en las doctrinas que ha elaborado. . Paris 1964 (version cast. cf. más orgánica que la teología posterior. cuyo campo de aplicación es diferente. 76 y 89. de Lubac. si­ no que se hace15. 149 B. Orígenes y otros. traída por Jesucristo17. quam philosophus et poeta».Paradoja y misterio de ¡a Iglesia Las religiones humanas según los padres dos para brillar en cualquier sitio en que se les abran las ventanas del alm a»13. quam liber. 6. Podemos decir con Karl Barth que el encuentro entre el hombre y Dios se hace por la palabra de Dios. Dios ha creado al hombre para un fin divino: por tanto. Gregorio de Nisa distinguía en el hom­ bre dos clases de bienes recibidos de Dios: los unos se poseían por «par­ ticipación». SC 6. 2S 5. tenían de esta cuestión una visión más única. Delachaux etNiestlé. J. también. quam stylus. tiene que haber en el hombre. Neuchátel 1961. Doctrina análoga en san Juan de la Cruz. Cario Zibiletti. Rauschen. 4. ed. H. se ven afir­ madas por el movimiento natural del alma. Madrid 1991). non nasci solet (anima christiana)». Presenta cierta analogía con otra doctrina patrística. en Obras completas (ed. 2. la razón de ello es que el hombre está hecho para la salva­ ción. pero de ahí no se sigue que no haya nada en el fondo del hombre que esté aguardando esta palabra. que el alma humana. plena y sobre­ natural. 4: «Certe prior anima.59. negadas. Los padres de la Iglesia.. de cualquier manera que se expli­ que. tal como acabamos de exponerlo. 14. También Tertuliano confiesa que el hombre no nace cristiano. ¡21 16. Por su encama- ¡20 13. et prior homo ipse. y a continuación. en efecto. cuyo don y cuya revelación nos trae el evangelio. muchas veces citada. La encontramos también formulada en Tertuliano. 17. en una expresión lapidaria. et prior sensus. Ad gentes 7. Subida ai monte Carmelo.114).459). Minucio Félix. Orígenes. Tertuliano. 18. Aunque esta enseñanza no ha to­ mado en los padres una forma sistematizada. quam littera. Cf. Aubier. los grandes teólo­ gos medievales. Beaujeu. En su Apolo­ gética habla de un «alma naturalmente cristiana» {ani­ ma naturaliter christiana) 14. 1. In Rom. 17. cf. et prior sermo. ed. Vaticano II. Barth. o al­ go equivalente a él. Apologética. Nos engañaríamos sobre su pensa­ miento si afirmásemos que para él el cristianismo. De testimonio animae. y que a veces se ha empleado en sentido abusivo.1891. 6. Pero lo que se desprende del pensamiento patrístico en general. 7: «Non es. 5. ed. cuando no está sofisticada. Esto se puede expresar. se despren­ de fácilmente de algunos de sus escritos. christiana: fien enim. os­ curecidas o pervertidas en la mayor parte de las reli­ giones paganas o de las teorías filosóficas. cf. cf. Pa­ rís 1964. 9. Torino 1959. En el fondo de la naturaleza humana. c. los otros eran propiamente «dones» (De creatione hominis. les da a las grandes verdades básicas profesadas por los cristianos un testimonio espontáneo: estas verdades son las que hoy llamamos «teología natural».11. 892 B).

concierne a toda religión distinta de la fe cristiana. que utiliza una fórmula de mucha más envergadura: «Christus. que esta integración supo­ ne dos aspectos solidarios entre sí: uno de purificación. tie­ ne de manera inadmisible una vinculación orgánica con Cristo.. por no re­ ferirse a las religiones que los padres no conocían. No todo hombre es miembro de ese cuerpo por el mero he­ cho de ser hombre. juicios muy duros sobre los cultos de su época. 11. Esto es lo que a veces se designa con la palabra «inclusión» en Cristo de toda la humanidad. por ejemplo. el salvador de aquellos que responden a su llamada.. . in resurrectione si confiteretur glorificatus» (CSEL 22. in cruce si crederet salvatus.5. 123 2 ¿Cómo juzgan los padres el hecho religioso. cuius omne hominum genus. 259). 16: «Universitatis nostrae in se continens assumptione naturam». U.. como dice san Hilario en varias ocasiones18. Solamente se benefician de esta unión. como también decía­ mos. 20. In psalm. 17. antes de ser. O sea. Id. en Parole de Dieu en JésusChrist. De Trinitate. ya que todo está en principio mezclado más o menos con el error y el mal20. 8: «Ule Israel.¡22 Paradoja y misterio de ¡a ¡giesia Las religiones humanas segi'in los padres ción. mientras que la segunda es de orden «personal»19. existe una relación primordial. esencial e inalienable de todo hombre con Cristo. en sus relaciones con el hecho cristiano? En ellos se encuen­ tran. los que de una manera explícita u oculta. en Clemente de Ale­ jandría. 18. y cualquiera que sea su ignorancia o su conocimiento. Pero esta clase de juicios. es de orden «natural». no pueden ser normativos para nosotros. 575). o la primera de estas dos clases de pertenencia. von Balthasar. immo fortasse totius creaturae universitas corpus est».. en virtud de la asunción de toda la naturaleza humana por el Verbo hecho carne. han recibido y acogido a Cristo. por así decirlo. Id. Hilario de Poitiers.. el Verbo ha asumido toda la naturaleza humana: «naturam in se universae carnis assumpsit». de esta especie de vínculo. y por consiguiente a todo hombre. bajo el punto de vista formal. en su espíritu.. De ahí se sigue inme­ diatamente que todo hombre. Hilario de Poitiers. 121. y luego Orígenes. sea cristiano o no. Podríamos traducir bastante bien es­ ta distinción diciendo que el primero de estos dos aspec­ tos.en la horrible literatura ‘religiosa’ fenicio-filistea que. Pues bien. Y pue­ de observarse la perfecta conformidad de semejante doc­ trina con la cristología de san Pablo. 1. ha influido tanto en los salmos» (Parole et histoire. 19.. Ellos opinan que la Iglesia de Cristo tiene que inte­ grar en su fe en Cristo y convertir todo el esfuerzo reli­ gioso de la humanidad. esté o no orientado hacia Dios. incluso de combate y de eliminación. como hemos indicado. esté o no «en estado de gracia». Pero también encontramos en ellos un juicio de principio que. 19. Pero es preciso distinguir de ella con cuidado la constitución del cuerpo místico. in nativitate a Domino per consortium corporis susceptus. «Pensemos -dice H. este juicio de principio -tene­ mos que tenerlo bien en cuenta. París 1961. porque está en dependencia directa de la fe. para quien Cristo es­ tá presente sobre todo al cosmos creado «en él».conserva para nosotros un valor normativo. En otras palabras. Inpsalm. 51. Casterman. In Math.. pero no en oposición a «sobrenatural». La limitación de sus conocimientos empíricos no altera para nada su universalidad. Pero esta relación básica es completamente dife­ rente de la que une a los miembros del «cuerpo místico» con su cabeza.

cf. sino como la reli­ gión total cósmica -precisamente como «kath’olon»-. pero luego son de alguna manera órganos de un alma invisible que los gobierna: sus manos. es capaz de unirlos. Los padres saben que incluso las «revelaciones» anteriores (cósmica. que asocia íntimamente unidad y verdad. pero no por un principio interno. ¡25 no ya como una confesión limitada. portadora de lo absoluto de Cristo. Lo que hoy afirma­ mos ordinariamente de la integración de las culturas -o de los «valores». Butler.2-3. 6. cf. lo han pensado tam­ bién algunos padres. Todo lo que hay de verdad y de bondad en el.en la fe cristiana. a veces con gran osadía. Études sur les «Stromates» de Clément d'Alexandríe. tal como es posible deducirlo de un montón de textos y de actitudes. Clemente de Ale­ jandría utilizaba una comparación semejante. por así decirlo. 23. 13-16. como imáge­ nes de la verdad cristiana24. 24. Méhat. mundo tiene que ser asumido e integrado. unidos por la profesión de fe. o ha sido «encamado» en la «gracia» y en la «verdad» que nos han venido por Jesucristo y por la salvación que no puede encontrarse en otra parte25. Semejante manera de ver. Madrid 1966. 22. 25.Antes de la venida del Espíritu de Cristo. en la que los elementos parciales se insertaban después de haber padecido la oportuna purificación. en la que se encontrará transfigurado. H. en la manera con que se han conservado algunos mitos paganos. sepa que verá sin peli­ gro la verdad»22. 17. L'idée de l ’Église. los comienzos. según el con­ sejo de san Pablo. 152: «Las revelaciones y las leyes divinas que datan de antes de la encamación . Todo el plan redentor ha encontrado su expresión. evocaba a los miembros de Pentea desgarrados y dispersos por las bacantes: «El que reúne las partes dispersas y restituye la unidad a la perfección del logos. operante en la Iglesia de Cristo. H. A. de escogerlos.57. von Balthasar. Justino. von Balthasar. si es que se puede distinguir plenamente en algunas religiones los elementos culturales de los elementos religiosos. 1. en lo que ofrecen de salvable.. de transfiguración. Newman utiliza la misma imagen en un sentido bastante similar en Sermón sobre la comunión de los santos: «. Parochial and Plain Sermons IV 11). las figura«^ los signos. indicando cómo la verdad andaba dispersa entre las diferentes es­ cuelas filosóficas (y las sectas de los herejes). Ellos miraban al cristianismo 124 2 1. Está formulado en función de la única Iglesia de Cristo. porque tenemos el logos entero en Cristo»23. El problema de Dios en el hombre actual. Jn í . Clemente de Alejandría. Paris 1966. es un juicio de orden dinámico. 483. muy estricto y muy generoso. U. sólo el Espíritu. Ch. Sólo el amor es digno de f e . de las mismas religiones. U. Diremos en consecuencia que el juicio definitivo de los padres sobre el hecho religioso. Heb 4. y no solamente de sus elementos «culturales». por ejemplo. 10.Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas según los padres otro. Seuil. de asimilación. abrahámica.. los destellos del Eterno Hijo de Dios» (Id. 1965. es a la vez muy exclusivo y muy am­ plio. Stromata.12. en la síntesis cristiana. Guadarrama. los siervos de Dios eran como los huesos secos de la visión del profeta. Se inserta en una teología de la historia. de asunción. mosaica) han prescrito y al mismo tiempo se han cum­ plido en Cristo. Se podría encontrar un símbolo del mismo en la visión de los huesos secos del profeta Ezequiel: aquellos miembros diseminados y descarnados no pueden ser confundidos con un conjunto vivo. 191-192. sus pies o sus ojos. Segunda Apología. Ya en su segunda Apología había dicho san Justino: «Nuestra doctrina sobrepasa toda doctrina humana. su lengua. de hacerlos pasar de la muerte a la vida21.. Esto es po­ sible reconocerlo.

Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas según los padres Con mucha mayor razón. dislo­ car el plan de Dios. Sola Ecclesiae grada. entonces ya no será posible considerar a las diversas religiones no cris­ tianas bajo un punto de vista estático. de la única Iglesia de Cristo. de Clemente y de otros se ve completado por una segunda afirmación: Sólo en la Iglesia de Cristo se rehace y se recrea el gé­ nero humano26. pero eran -añade-. la búsqueda esencial al hombre. ateo? Si. dice que «también los gen­ tiles tienen sus profetas». qua redimimur. incluso en sus peores desviaciones. Dios ha querido unir consigo a la humanidad: su única esposa es la Iglesia. por el contrario. Se puede afir­ mar que el sistema religioso cristiano es el único que puede apelar a la au­ toridad divina y gloriarse de encerrar el plan salvador de Dios para la hu­ manidad». 27. una relación con la Iglesia. el juicio se emite en función de la Iglesia de Cristo que. En cuanto a la gracia que opera la conversión necesaria.. ni comparar entre sí los diversos sistemas religiosos que nos ofrece la historia. En este mismo sentido había hablado Clemente de Alejandría. 26. mientras que uno afirma con intransigencia el monoteísmo. si se admi­ te al mismo tiempo otro tanto del budismo. las otras religiones. es lo que se puede integrar en Cristo.448). sin saberlo ellos mismos. en cambio. como si fueran to­ talidades independientes. cual­ quiera que pudiera ser su mérito. cuyo testimonio es el hecho religioso. 118. siendo así que presentan cada uno de ellos no sólo unos caminos diversos. O sea. 5. si se las separa del cristianismo. y que plantean afirmaciones contradictorias sobre los puntos fundamentales. sino divergen­ tes. Epist. como si se tratase o de condenarlas o de admitir que al­ gunos pueden constituir en sí mismos verdaderas «eco­ nomías de la salvación» que provienen de Dios. por eso ninguna de ellas tiene valor. que en otros pun­ tos podría pasar por rigorista. ya se las llame «extraordinarias» u «ordinarias». en marcha hacia la parusía. tiene la misión de integrar y de salvar al mundo. es un camino de salvación instituido por Dios. Sería han sido abolidas por la ley cristiana. Ambrosio de Milán. 126 Dios ha suscitado en el seno de Grecia a los más vir­ tuosos de sus hijos. que lleva el sello de la unidad. 1061 B). 11 (PL 14. Final­ mente. tal como son. que el Islam. tie­ ne que encontrar en definitiva su verdadero objeto en la revelación que la Iglesia anuncia al mundo. incluso antes de haber pronunciado ningún juicio. 127 . en el orden sobrenatural. Agustín de Hipona. diciendo que relativizar a priori la idea misma de verdad religiosa. diremos. En cualquier hipótesis. El pensamiento de Agustín. In psalm. todo lo que es objetivamente salvable tiene. Sin embargo. dice san Ambrosio27. el mismo san Agustín. que no tenemos que juzgar las diversas situa­ ciones religiosas estáticamente. por tanto. 39. viene igual­ mente. sean cuales fueren sus caminos secretos. Colocar en plan de igualdad sistemas religiosos diversos y suponer que es posible que vengan igualmente de Dios. por ejemplo. profetas de Cristo. y el otro se proclama. Esto sería. esto es entrar en «concu­ rrencia» con la fe en Cristo. para hacerlos profetas en medio de su nación. ya que en ella es donde tiene que salvarse el género humano..33 (PL 33. tomado objetivamente como totalidad. no podrían ser consi­ deradas como «salvíficas». Lo que en ellas hay de bueno. ¿Cómo admitir.

Raguin. una acción. Id. Fax. Id. lo mismo que el leño antes de arden). en el sen­ tido indicado. e intelectualmente intransigente. si bien es cierto que en este único están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia divinas. guiados por los padres. El capítu­ lo que trata de la única revelación de Cristo es también el 30. Y por eso. el más estrecho de todos. Partiendo de un punto de vista algo diferente. no es una idea o realidad cual­ quiera. Paris 1957. católica30.-A. Teología de la historia. Le rôle des Pères dans l ’élaboration de l ’ecuménisme chrétien. desde el comienzo hasta el fin del mundo. Pero éste no es más que uno de tantos as­ pectos de la cuestión. 160. en realidad. llega exactamente a la misma conclusión de Hans Urs von Balthasar: Podría parecer que el Nuevo Testamento se preocupa so­ lamente de unir todas las cosas en un solo punto. deploran el exclusivismo de la fe c ristia n a . ese principio que debe sintetizarlo todo en su verdad única. que nos une a Dios en su Igle­ sia. exclusiva. o sea. en la verdad de Cristo. Siempre volvemos. Madrid 1960). se ha escrito «es algo dinámico. 17-18 (1957). A.: El encuentro de las religiones. Connan (Bucarest). diciembre [1966] 22). una fuerza personal: es la persona misma de Jesucristo: «Yo soy el camino. 29.. Encuentro.. tam­ poco puede triunfar en su esfuerzo de síntesis29. G. La oración contemplativa. Y. en un solo acontecimiento histórico. hemos de reconocerlo. En una concepción concreta. Adaptation et conversion: BulCSJB 5 (1965) 325 y 327.. Berlin 1966. La rencontre des religions. para desembocar en una formidable reducción de las innume­ rables posibilidades humanas. No es «la idea cristiana». tal como se encuentra en los padres al me­ nos en estado implícito.. Así es como lo comprueba W. porque necesitan una transformación íntima más que una simple inserción en el nuevo plan de conjunto. . si se puede hablar de ‘piedras de apoyo’. único salvador. y Rom 5 nos lo enseña con toda claridad.128 Paradojay misterio de la Iglesia «La ecumenicidad» según los padres. Lo que importa que veamos bien aquí es que el principio de se­ mejante dinamismo. esta puerta estrecha se abre sobre el vasto horizonte de un universalismo auténtico. U. a esta unicidad de la fe personal en Cristo. tendremos también que decir que «la universalidad es inconcebible sin un acontecimiento único». 94: «Los tradicionalistas. cf.a. la dignidad y la responsabilidad de la persona indivi­ dual. El que no crea de una manera exclusiva. la huma­ nidad de Jesucristo. Parece ante todo como si la riqueza infinita de Dios se apretase para concentrarse en un solo punto. . Las religiones humanas según los padres 129 violencia incomprensible hecha contra la libertad. histórica y colectiva de la salvación. tal como se ha abierto en Jesucristo para dejamos entraren ella» (trad. «En la base del cristianismo está la fe en Cristo. se produce en este sende­ ro. en una fe excesiva­ mente estrecha. Ma­ drid 1988.. Religión et culture chrétiennes dans le monde actuel: Comprendre. En verdad. es la única que puede realizar la verdadera universalidad.. Esta concentración inaudita. Foi et atiente proche: «Todo el acontecimiento de la salva­ ción. Madrid 1964. al analizar el pensamiento de san Pablo en la carta a los romanos. de todos los caminos hacia Dios y de todas las relaciones del hombre con Dios en el único mediador. no es el «cristianis­ mo». Pero. una existencia. és­ tas tendrán que pasar por el fuego del Espíritu. Visser’t Hooft. que trabaja sin cesar para conquistar y para cambiar al mundo según el evangelio»28. en una sola persona. H. por eso mismo. Guadarrama. Aubier. puede parecerle al hombre una especie de 28. y esta adhesión por la fe es la ‘conversión’. en Studiapatrística IX.157. Pero esta unicidad... pars 3. Es una realidad. a través de este ojo de aguja: se produce en el seno de la divina intersujetividad. Cuttat. von Balthasar.sin sospechar siquiera que esta aparente restricción es en realidad una ventaja en profundidad. inexo­ rable. si se entiende como es debido» (versión cast. J. la verdad y la vida». no puede ser cristiano. necesitan liberarse de una gran parte de su savia humana. Id. francesa: Bulletin des Facultés catholiques de Lyon. esta unicidad es universal e in­ tegrante y.

fieri homines cives alterius civitatis. Y esta es también la opinión constante que se en­ cuentra en san Agustín. univocidad real entre la «religión cristiana y las otras religiones». cuius modus aetemitas» (PL 33. (Christus) omnem novitatem attulit. Baehrens. los hombres se convertirían en ciudadanos de otra ciudad. de confrontar tal o cual sistema con otro que se considera más verdadero. cuyo rey sería la verdad. 17: «Deus enim sic ostendit in opulentissimo et praeclaro imperio Romanorum. La atención que san Pablo le dedica al único salvador no le hace olvidar a la humanidad. ln Isaiam. 31. Orígenes. H.3 4 . incluso sin la verdadera religión. hasta cierto punto. 2. célebre y opulento. von Balthasar. Las religiones humanas segim los padres 13} encontrado a través de la historia espiritual de la huma­ nidad. indisolublemente «reve­ lador» y «redentor». para que se comprendiera que. su esposa.130 Paradojay misterio de la iglesia que nos habla de todos los hombres. citado por Pío XII. por tanto. 1 . 285. Dios ha mostrado qué valor tienen las virtudes civiles. reconoce con agrado las realidades buenas y grandes. 5. Se trata de pensar. cf. lo mismo que no nos cegamos ante las anormali­ dades y los horrores que nos descubre con frecuencia la historia del hecho religioso. por su conciencia todavía oscura o por su per­ versidad. Ni el mismo Jesús. a quien dedicó su gran obra De civitate Dei: En el imperio de los romanos. Ireneo de Lyon. cuando escribe al tribuno y no­ tario imperial Flavio Marcelino. He aquí en resumen todo lo que nos enseñan los pa­ dres de la Iglesia. y de pensar en consecuencia y creer que la Iglesia. de creer que Dios ha intervenido en nuestra historia. todo cuanto hemos buscado y. ¿Y cómo podríamos pensar de otro modo.533). Pero no por ello debemos concluir rechazando pura y simplemente este hecho por la fe dada al verdadero Dios que se revela en Jesucristo. con la misión de extender su mensaje. ni sus discípulos practicaron esta in­ humana dicotomía. hom. Généve 1964. Por tanto. unida en el «cuerpo místico»32. No hay. no es lo mismo 34. 2 de septiembre de 1955. solamente podemos mirar con el mayor respeto. cómo creer otra cosa. más perfecto. Discurso a los miem­ bros del X Congreso internacional de ciencias históricas. semetipsum afferens33. L’Égliseface au syncrétisme. 138. y que no es otro más que Jesucristo. fuera de la revelación de Jesucristo. cuya medida sería la eternidad34. U. la preocupación del único le conduce inevitablemente a la de todos los demás31. como si están fuera de su campo. si hemos dado de ve­ ras nuestra fe a Jesucristo? Una vez establecida en el Espíritu esta unicidad de Cristo revelador y salvador. . cuius rex veritas. ha dicho Pío XII. quantum valerent civi­ les etiam sine vera religione virtutes. 7. trayéndonos el único principio capaz de purificarnos y de unimos a él. 131.4 . concebía a su propia imagen. cuya ley sería la caridad. ut intelligeretur. de comparar entre sí los méritos de los diversos sistemas religiosos. e incluso con la mayor admira­ ción. Adversus haereses. Agustín de Hipona. si ésta le echa una mano. 32. y que por este camino y por ningún otro es como la humanidad entera llegará a su fin. Rechazar a los falsos dioses que el hombre. La Iglesia. como sería el sistema cristiano. es su depositaría. hac addita. Pero esto no significa que el cristianismo no sea una religión. 33. volvamos a repetirlo. cuius lex caritas. Epist. Por el contrario. No se trata efectivamente. tanto si existían antes de ella. 846). no debemos cegarnos ante los errores mí­ ticos.1 (SC 100.

tanto en los tiempos pasa­ dos como en la sociedad actual. especialmente en la encíclica Evangelii praecones de Pío XII y en los textos del Vaticano II. Cerf. como una religión. en una fórmula justa aunque paradójica. tampoco la esperanza supone la luz de mediodía. «El trabajo real no es el de los teóricos. Newman. Comelis. 331-332: «La Iglesia. El logos y el Espíritu santo es­ tán todavía obrando de manera semejante en las pro­ fundidades del alma india. Lo mismo sucedía con la sabiduría griega antes de que Grecia hubiese recibido 37. de belleza o de bien se aprecien. y cuya aspiración religiosa tiene necesariamente que en­ contrar su expresión. París 1965. 38. 36. Y afirma. por ser un mito toda religión. con una expresión raramente feliz. como antes el culto al Dios de Israel. que había sido formado por los padres. Barcelona 1964. volvió a actualizarla el siglo pasado. Resulta tan difícil trazar pla­ nes como prever las coyunturas. si no quiere extinguirse. Más cerca de nosotros. cualquiera que sea su procedencia. devora a las serpientes de los magos». Monchanin. aplicando estas ideas al caso de la India: Lo que Justino y Clemente decían de Grecia. su muerte fuera el acto por el que se rechazaba toda religión. La plenitud incluye a las verdades parciales y las desborda: experiencia cuya persuasión se acrecienta a medida que se persigue. 3 35. y el Espíritu santo estimulaba desde dentro la búsqueda de los más puros entre los sabios griegos. más tendremos que pensar que estos ele­ mentos merecen ocupar un lugar en la síntesis cristiana. que es el misterio reflejado en el pensamiento. E. Estela. Si se ha podido decir. lo que hace más difícil la aceptación de la verdad total» (Y. lo mismo que la fe. El Iogos preparaba miste­ riosamente el camino a su venida. con las pretensiones de ser la única religión. Nos encontramos con ella en las enseñanzas del magis­ terio. gracias a su intransigencia. Pero hemos de mante­ ner el principio y confiar en el Espíritu de Dios. sino el del Espíritu san­ to que da la vida divina a las almas». cuantos más elementos de verdad. es él solo índice de la realidad: Ín­ dex sui. que la muerte de Jesús en la cruz «fue el acto supremo de ‘desmitización’ religiosa»35. UInde et la contemplation: Dieu vivant 3(1945) 25. Por eso. Pero sí. Jules Monchanin ha hecho otro tanto. que en ella se cumplió toda religión. Adaptation et conversion: BulCSJB 5 [1965] 322 y 328). ¿Cómo podrá llevarse esto a cabo? No es posible decir­ lo de golpe con precisión. Por otra parte. ¿no encontró aca­ so sus principales obstáculos en el judaismo y en el helenismo? 133 La doctrina de los padres de la Iglesia sigue hoy viva. No se olvide que «muchas veces es la parte de verdad que contienen las religiones. decía. Newman. reflexionando sobre la teología misional a partir de las encíclicas de Benedicto XV y de Pío XI. citado en Catoli­ cismo. J. desde el primer momento. la sabiduría india está manchada de errores y no parece haber en­ contrado su propio equilibrio38. indepen­ dientemente de todas las teorías36. esto no quiere decir que. Raguin.Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas según los padres que rechazar a la naturaleza humana. puede también aplicarse a la India. . más aún. el cristianismo se presentó a los ojos de todos. Valeurs chrétiennes des religions non chrétiennes. La síntesis cristiana. para hacer que admiráramos su «plenitud católica»37. 12. Por desgracia. Pero. como la vara de Aarón. 181. creada por Dios. La fuerza de la fe y la vitalidad cristiana lograrán realizar el milagro de la conversión y de la integración. texto 47. El cristianismo naciente. Critical and Histórica! Essays.

Casterman. 40. acerca de una estatuilla de Kwannon: «Pequeña mara­ villa de beldad humana y celestial. fuera de la única revelación y de la única Iglesia. Las religiones humanas según los padres 135 Un doble aspecto. escritas en Pekín el 19 de junio de 1926. en teología y en mística.429 (versión cast. y profe­ sando por otra parte..hay fuera de la Iglesia una inmensa cantidad de bondad y de belleza que solamente se consumarán en Cristo. Id. observando por una parte. 42. H. fue la maestra del mundo en filosofía. . sirvan de testigo estas líneas. H. Pero una vez cristianizada. París 1965.41. querer presentar este poder de «trascender» (que hay en el hombre). cf. Otro de nuestros contemporáneos. en sus particularidades especiales42. 39. que solamente consuma y perfecciona los esfuerzos del hombre sometiéndolos de antemano a una inversión.y bautizada con la sangre de sus mártires.. Una estética teológica [7 vols. rechazará sus tendencias panteístas y. Grecia rechazó sus errores ancestra­ les -especialmente su perspectiva demasiado cósmica y el olvido de lo absoluto en su aspecto trascendental. 420. Tivis signes du christianisme. descubriendo la verdadera mística en los esplen­ dores del Espíritu santo. que ha­ ce siglos que perdura. Madrid 1985-1989). The Catholic Encounter with World Religions. Teilhard de Chardin. Sería una muestra de ingratitud para con el creador. 1. a propósito de ellas y a propósito de todas las adquisiciones humanas. como una pura impotencia. la toma de pose­ sión de esta herencia «tiene necesariamente un doble as­ pecto: es un perfeccionamiento por medio de un juicio»40. Id. apéndice a Théologie de l ’histoire. Tras haber dicho que «la función biológica de la religión con­ siste en dar una forma a la energía psíquica líbre del mundo» y en condu­ cir «a una unificación suprema del universo». profundo conocedor de la patrística. París 1967. es una hecatombe. es siempre totalmente incapaz de separar la ver­ dad del error y de filtrar lo bueno de lo malo.. Ermites de Saccidánanda. verdadero perfume de plegarias. Aubier. .. que se han ido sucediendo. Un pensamiento análogo es el que expresa Hans Urs von Balthasar. London 1966. Madrid 1965).». engendrará para bien de la humanidad y de la Iglesia.134 Paradoja y misterio de la Iglesia humildemente el mensaje pascual de Cristo resucitado El hombre. En­ cuentro. si no quiere hacer injuria a Dios. es­ perándole. Tournai-Paris 1956. pero que entretanto están allí. de los que el cristiano no puede desco­ nocer ninguno. una vez bautizada en la profundidad de su «busca del Brahmán». H. absolutamente distinta. confiando en la indefectible dirección de la Iglesia. van Stralen. Aubier. a las diversas religiones y espiritualidades humanas. si queremos ser ple­ namente cristianos y si deseamos asimilarlas a Dios» (Teilhard de Chardin.424. .]. sin que haya que llegar a una «fusión de Cristo con Dionisos o Apolo». y en el fondo para gloria de Dios. con un ojo crítico excelente. cap. cuando celebra a Cristo «llevando a cabo todo cuanto los mitos religiosos de todos los pueblos contienen de verdad parcial». cf. La gloire el la croix I. esperamos que la India. si Cristo y su Iglesia tienen el derecho de heredad sobre todo lo que hay de profundamente humano en la cultura y en la religión de los pueblos.. Pero sería también una ingratitud para con el au­ tor de la gracia y para con el redentor el no querer per­ cibir en el don de la gracia una realidad absolutamente nueva. galaxias incomparables de santos y de doctores39. en el cur­ so de la historia. se muestra también muy cercano al pensamiento de los padres. U.. von Balthasar. De la misma manera. Images de l'abbéMonchanin. Cartas de viaje. «la ley de la inte41.. pero hablando también en nombre propio. de Lubac. y con las cuales tenemos que simpatizar. ni «hacer del cristianismo una religión cósmica»: porque. sin interrupción. .. concluye de este modo: «Si aplicamos este criterio a las numerosas especies de religiones. Esto no le impide admirar algu­ nos de sus elementos. 167.. Taurus. o incluso de morales laicas.: Gloria. esta especie de contacto con lo que hay de superior al mundo como una fabrica idolorum que conduce necesariamente a la blas­ femia.

45. sino que co­ bre vigor y se eleve y se perfeccione para la gloria de Dios. Paris 1965. Podrán quizás discutirse sus observaciones y sus juicios sobre esta «nueva pulsa­ ción». «abra sus ejes hasta abrazar. 1944. cf. Madrid 1967). . a su hermano Jo­ sé. Toulouse 1966. Teilhard missionnaire et apologiste. 44. abril 1948). nuestro Señor. por «conversión»: cuatro palabras. cf. que viene a través de la economía universal. por «segregación». -la Iglesia. no solamente no desaparezca. Ma position intellectuelle (New York. el cristianismo. —la Iglesia. Id. Grasset. De este modo. reli­ gión que nos viene de arriba y que es propiamente reve­ lada. porción reflexivamente cristificada del mundo. la nueva pulsación de energía religiosa que se eleva desde abajo para ser sublimada». finalmente. al abate Breuil. eje central de convergencia universal y punto preciso de encuentro fecundo entre el universo y el punto Omega46. 3 . Lumen gentium 17: «(La Iglesia) con su obra consigue que todo lo bueno que hay de­ positado en la mente y en el corazón de estos hombres. T. Para Teilhard. de Lubac. unificando por su influen­ 43. recapitu­ lando todo en sí mismo» (SC 34. n. puede compa­ rarse también con un «phylum». «transformación» y. Prière et Vie. 1948. H. que ca­ racterizan al espíritu moderno». etc. Carta a M. el día 19. Esto es lo que también él llama «las propiedades unitivas del fenómeno cristia­ no». Esta inte­ gración se lleva a cabo. Sabe que «sin la Iglesia. en los ritos y en las culturas de estos pueblos. Adversus haereses. se anula». (7 octubre 1948). mientras que la crisis resultante de la «renovación de las consideraciones cósmicas. cuatro conceptos corre­ lativos cuyo empleo sería muy interesante estudiar en su obra. 325 (version cast. en su totalidad. -la Iglesia ho­ gar principal de las afinidades inter-humanas por la super-caridad.1 6 . a quien él considera siempre en su forma netamente católica. C.. Introduction á la vie chrétienne. en Nuevas cartas de viaje. 24. continúan formándose en él nuevas actitudes que. 137 cia y reuniendo en su forma más sublime todas las energías espirituales de la noosfera. «convergencia».. la interpretan algunos 46.49-51. Taurus. 47. 136). Teilhard de Chardin. Cf. se des­ menuza. y ve con gozo en Roma aquel «ho­ gar extraordinario de irradiación espiritual». Manifiesta su deseo de que el cristianismo. Ireneo de Lyon. según él. 8. confusión del demonio y felicidad del hombre». n. Madrid 1965. y en el «poder único de divinización» concedido por el Espí­ ritu de Cristo a su única Iglesia. Cristo se evapora. en Ecrits du temps de la guene. van preparando a nuestro alrededor el aconteci­ miento de un humanismo cristiano47. Comment j e vois. sino tam­ bién de hecho. vive y se desa­ rrolla como un sistema coherente y progresivo de elementos espiri­ tuales colectivamente asociados. gracias a la síntesis mantenida continuamente entre el credo antiguo y las considera­ ciones emergidas recientemente en la conciencia huma­ na.: Escritos del tiempo de guerra [19151919]yTaurus. o sea. Id. La experiencia nos lo está demostrando: no solamente de derecho. está en cur­ so una especie de ultrasocialización: por ella la Iglesia se va formando poco a poco.136 Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas según los padres gración de lo natural en lo sobrenatural»43. «el polo crístico de la tierra»45: En el corazón mismo del fenómeno social. pero lo que aquí nos interesa es comprobar que no manifiesta semejantes deseos más que porque cree en la realidad única de la encamación del Verbo44. y el 28. La Foi qui opère. Teilhard de Chardin.6 : «Un solo Cris­ to.

Paradoja y misterio de ¡a Iglesia Las religiones humanas según ios padres como una invitación.35. para resumir.230: «Cristo recapitulador». Zaehner. París 1965. Jacques-Albert Cuttat invoca.103-130: «La Iglesia. siguiendo al cual. L'Esprit nouveau. . sacramento universal de salvación». traza los caminos de una «asunción cristiana» de las espiritualidades orien­ tales. El fenómeno humano. cómo. Madrid 1986). Del vocabulario teilhardiano podemos retener las imá­ genes del «polo» y del «tronco». 50.-A. Para contribuir a ello.: Como yo creo. y en comunidad de miras con el historiador inglés R. C. mues­ tra cómo la universalidad del hecho cristiano está en fun­ ción de su trascendencia. Martelet. una transformación. tiene que empezar en sí misma51. Seguramente no hay. Tras las huellas de Teilhard y de Monchanin. ya que este hecho «incluye 48. London 1963. en A. Teilhard de Chardin saca de ella una consecuencia totalmente opuesta: infinitamente más de lo que excluye. 1934 (versión cast. la «flexionemos» y casi la diluyamos. Islam. Routledge and Kegan Paul. Religions mystiques et révélations prophétiques. C. Taurus. Id. vivo y personal. Expérience chrétienne et spiritualité orientale. e incluso contradictorios en lo esencial. siempre constante.se ma­ nifiesta a la vez más vigoroso en sí mismo y más nece­ sario que nunca para el mundo45. él une y perfecciona en sí mismo los «valores no cristianos» por medio de un «desbordamien­ to cualificativo. The Convergent Mind: Towards a Dialectic o f Religion. y 207. que algunos sistemas religiosos diversos. o del «phylum». Mystere du Christ et vaieurs humaines: NRT 48 (1962) 897-914. y toda conciencia cris­ tiana tiene que persuadirse de que este movimiento de asunción. y eleva incluso aquello que al principio parecía excluir y rechazar por completo». cuyo objetivo es una catolicidad tan abierta en profundidad que pueda sanear todas las dimensiones místicas de la humanidad en mar­ cha hacia el único universal concreto. Desclée de Brouwer. C. pero la fuerza asimiladora del hecho cristiano es evidente. en Oeuvres V. gracias a la penetración del evangelio hasta el fondo de los corazones. Es preciso que tengamos la firme- ¡38 Debido a las nuevas dimensiones que ha tomado a nuestros ojos el universo. La mystique et les mystiques. Israël. Desclée de Brouwer. expone las «condiciones de convergencia». cf. e inclu­ so la del «eje». Ravier. y en Les idees maitresses de Vatican II. a un Cristo-Uni­ versal como producto de una especie de mezcla de religiones. que Dios los ha querido y los ha dado como tales: lo cual es imposible de concebir. 1967. de esa síntesis.. en R. Madrid 1965. Zaehner49. J. 49. Introducción. tiene que ser conducido el género humano a su salvación definitiva. Vers un renouveau chrétien. Cuttat. una recapitulación». 825-1095. Lo que allí se dice a propósito de las religiones humanas. de la espiritualidad no cris­ tiana. por tanto. una renovación espiritual cristiana. 122. Cuttat. una conversión. Teilhard no se refiere. Diremos. ¡39 51. o bien existen varios ca­ minos de salvación? Si abandonamos la fe en este eje úni­ co. como principio activo. como hemos dicho. que consiste en su uni­ ficación en Dios. y distingue ya. el cristianismo -p o r el eje vi­ viente y organizado de su catolicismo romano. tendremos que creer. son en sí mismos portadores de salvación. ninguna que sea perfecta ni definitiva. lo explica bajo el aspecto de valores humanos G. Id. Pa­ ris 1965. Zaehner. sino al re­ vés. Inde. sino para que por lo menos la relajemos. no ya para que abdiquemos de la fe cristiana. cf. R. al revés del sincretismo que lo mezcla y lo confunde todo. Teilhard de Chardin. como es claro. Cuando habla de una convergencia general de las religiones en un Cristo-Universal. entre todas las «síntesis asuntivas» que nos ofrece la historia.-A. que es Cristo50. Com­ mentj e crois. Taurus. que la cuestión que aquí se plantea es sencilla: ¿Existe un único eje. J..

no existe el problema. al mismo tiempo. A. Pero todavía hay más. en efecto. ni siquiera tiene necesidad de buscar ese eje: para él. Por tanto. contemplando unánimes la gloria de Dios. Adaptation et conversión: BulCSJB 5 (1965) 230. la ha escuchado y se ha ligado a ella. no logran situarlo. creado por Dios y naturalmente religioso. no ya con una convergencia espiritual. Pero si. la de maestro y la de salvador. es evidente su íntima correlación. Pero. Esta conjunción tiene necesariamente que tener un sentido: 4 Debemos finalmente responder a una segunda cues­ tión. 3: «Todos los hombres están llamados a esta unión con Cristo. 141 54. Y. si existen objetivamente varios caminos de salvación. Dieu donne sa parole á son peuple: Christus 53 (1967) 38: «Si verdaderamen­ te no tenemos nada que decirles a los hombres. es el mismo hombre el que enseña y el que muere. Adaptation et conversión: BulCSJB 5 (1965) 231. que reviste la primera cuestión: la enseñanza de Cristo ¿ha traí­ do realmente a nuestra tierra algo completamente nuevo? 52. al hacer al hombre a su imagen y semejanza. D. 53. ha ido dejando por todas partes en su búsqueda vacilante. conforme a los designios de Dios. Lumen gentium 1: «(Conviene) que todos los hombres. y care­ cería de unidad lo que indebidamente se llamaría enton­ ces el «plan de Dios». tiene que haber un eje.140 Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas según los padres za de espíritu suficiente para afirmar «la irreductible in­ compatibilidad de ciertas posiciones doctrinales»52. Bertrand. Aun sin contradicción formal. regenerados en Cristo por el Es­ píritu santo. Cf. Ad gentes 7: «Por la actividad misionera se cumple verdaderamente el designio del creador. que no cree en semejante marcha. tiene que reconocer que. 61: «¡No habría nin­ guna buena nueva. Él observa en la historia los rasgos que el hombre. cuando todos los que participan de la naturaleza humana. incluso el historiador no creyen­ te. Sígueme. admira en ella ciertos resplandores que solamente pue­ den venir del mutuo encuentro «entre la experiencia hu­ mana y la acción universal de Dios»54. Su novedad le parece tan manifiesta que. surgida de la situación actual. al reflexionar sobre ella. puedan decir: ‘Pa­ dre nuestro7». nos encontramos con una dis­ persión. a otra forma. tendrá seguramente que responder: sí. 55. Raguin. ¿para qué hablarles?». Manaranche. cf. entre la revela­ ción y la redención. y que es el Espíritu del Señor que vive en su Iglesia. si creemos que su his­ toria es algo real y aspiramos a la unidad53. El hombre en su universo. consigan también la plena unidad en Cristo». con tal que sea sensible a las realidades espirituales. entonces no podemos libramos de esta búsqueda de un eje y de una fuerza que sanee y unifique todas las cosas.. n. Cf. Cf-. Por lo que se re­ fiere al cristiano. Salamanca 1968. bajo un punto de vista apenas distinto. paralelos de algún modo. Los que no son cristianos. verdadera y sustancialmente nueva55. Hasta cierto punto. . el Verbo de Dios no se habría preocupado de venir a hablarnos. luz del mundo». En Jesús. nos preocupamos de la salvación del género humano. comprueba que la buena nueva se ha anunciado en un lugar y en un tiempo concreto. lo mismo que entre el evangelio y la Iglesia. o sea. su «sí» tiene que ser necesariamente absoluto. Entre las dos partes que es posible distinguir en la obra de Jesús. Raguin. y en esta doble misión nos enseña que es algo más que un hom­ bre: es el ser que se sacrifica por todos y también el que exige nuestra adhesión incondicionada a su doctrina y a su persona. si no hubiera sido para traernos una palabra nueva.. Un budis­ ta que no se ocupa de la marcha del mundo. Y. si fuera un accesorio inútil!».

no tenía en su origen. De civ. al caso de los promotores del cisma. 30 (PL 6. de Lubac. Casterman. y una única Iglesia es la que ha recibido la misión de transmitir una y otras58. Estela.142 Paradoja y misterio de ¡a Iglesia Si Dios nos hubiese querido salvar sin nosotros. como tesis general. 11. en R. en situaciones muy concretas. en su término individual57. Catolicismo. Cristo ha unido la revelación objetiva de su persona y la fundación de su Iglesia. Cf. 59. Baum: Concilium 21 (1967) 71-72. ¿no supone acaso por sí misma una larga colaboración del hombre? Una salvación seme­ jante no hubiera sido tampoco digna de la clase de per­ sonas que Dios ha querido que fuésemos. 1967. 162. Div. La humanidad entonces tiene que colaborar acti­ vamente en su salvación: he aquí por qué. Marlé. de quien viene la gracia interior. 56. sin embargo.. el sentido general que algunos se imaginan actualmente59: se refería. Lo mismo G. cualquiera que sea. Doumes critica en Spiritus 24 (1965) 261. no existe «la salvación sin el evangelio». Quiérase o no. 65. Lo mismo que hay una redención única. Dietrich Bonhoeflfer ha tomado por su cuenta este axioma en sentido auténtico: Gemmelte Schriften II. y a aquel de quien viene la luz objetiva.4.56. H. J. 60. El célebre axioma «extra Ecclesiam nulla salus». Instit. han recibido la luz que viene del evangelio. 2 y 3. por tanto. Agustín de Hipona. 57. Dietrich Bonhoejjer. Lactancio. por ejemplo. entre los pa­ dres de la Iglesia.. 1. «Él tiene bien arraiga­ do el sentimiento del comienzo absoluto de la conversión personal y de la originalidad del cristianismo» para dejarse seducir por semejante teoría. la disociación de la que aquí hablamos haría inútil el evangelio. H.. también hay una revelación única. No podría­ mos profesar que toda salvación viene de Cristo y supo­ ner. «un camino posible de salvación» y la «fórmula acomodaticia» según la cual la misión del misionero «sería ac- Las religiones humanas segi'm los padres 143 Si es exacta esta observación. aunque estos dos elementos puedan encontrarse disociados. Cipriano de Cartago. Por eso jamás la tradición cristiana ha separado en su fe al mediador único.. RSPT 49 (1965) 597. Como ha indicado el padre Jossua. Para el gé­ nero humano. Más aún. en virtud de una especie de acción secreta del Espíritu de Cristo. que esta salvación puede prescindir de la enseñanza de Cristo. . 503-504). Que existen algunos «cris­ tianos anónimos» en los diversos ambientes que. como si fuera un deshe­ cho: ha querido suscitar en ella una vida. 238. de Lubac. de su doctrina y de sus sacramentos. La revelación y la redención están unidas. Barcelona 1963. No podríamos. de un «cristianismo implícito». aunque a veces haya padecido lamentables eclipses. nadie tiene el derecho de limitar a sí mismo la gracia de la redención. al que la predicación apostólica no tendría más misión que hacer pasar al es­ tado explícito: como si la revelación debida a Jesucristualmente hacer pasar a los paganos de lo implícito a lo explícito». 1. en el acto de su sacrificio. 168s. no lo negaría ningún cristiano. de la revuelta o de la traición60. De unitate Ecclesiae.. 58. repartido por doquier en la humanidad. 543 A). 6 (PL 4. o como se dice también. que pueden encontrarse en otros ambientes. se puede también admitir. fácilmente se ven sus consecuencias en ciertas discusiones actuales. Que la gracia de Cristo obra fuera de la Iglesia visible. Dei. hubie­ ra bastado el solo sacrificio de Cristo. Pero la existencia misma del salvador. cf. la teoría que ve en toda religión. es una verdad reco­ nocida desde siempre. su propia vi­ da. De todos modos. como dire­ mos luego. Catolicismo. Pero sería un sofisma sacar de ahí la conclusión de la existencia de un «cristianismo anónimo». por un camino o por otro. Dios no ha querido salvar a la humanidad. disociar en principio estos dos aspectos del único misterio de salvación. que quizás solamente provienen de un malentendido.

65. 96: «Un Cristo que no fuese la única revela­ ción plena. ilustrado por la obra de F. Schuon que lleva este título. . no seria Cristo». 64. más que mezclando dos problemas que es preciso saber distinguir netamente: el problema de la verdad y de la eficacia saludable de una enseñanza y de un organismo religioso dados por Dios. Nueva crítica de esta expresión en J. como si el Antiguo Testamento. 63.. 116). e. especialmente 81-87.: De la unidad trascendente de las religiones. por ejemplo. él no confundía estas dos economías. a no ser que se trate de su co­ mún insignificancia. un olvido momentáneo de es­ tas verdades esenciales y la óptica individualista en que se mueven. su común relatividad. París 1957. para dejarse guiar por unas cuantas ideas apriorísticas que suponen la equivalencia práctica de las diversas religiones. tradicionalmente tratado en la Iglesia bajo la de­ nominación de «problema de la salvación de los infie­ les»63. la intervención en el Concilio del padre Guéguiner. La distinción de ambos problemas. 10-11 (PL 44.-A. en el debate sobre el decreto referente a la ac­ tividad misional de la Iglesia: «La opinión que se va extendiendo. no se preocupan de considerar un poco más de cerca la historia religiosa y el desarrollo espiritual de la especie humana. Aubier. Lecture de ¡a dé­ claration par un missionnaire d'Asie. Es extraño ver cómo algunos auto­ res. en el momento en que muchos llegan a comprender que está comprometi­ da en una historia. veía a la gracia de Cristo obrando en los san­ tos personajes de la historia de Israel. Cerf. en octubre de 1965. en su tiempo. en el momento en que la humani­ dad toma conciencia de su unidad. que. 6. Daniélou comentando Heb 11. ¡Con cuánta menos razón se puede considerar a la humanidad paga­ na. según la cual todas las religiones serían medios de salvación efectivos y ade­ cuados. Agustín de Hipona. y cuando renace en la Iglesia la doc­ trina de una escatología verdaderamente última. Madrid 1980) y criticada por J. cf. «pertenecían ya. la ha hecho J.144 145 Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas segiin los padres to no fuese más que la puesta al día de algo que había existido desde siempre61. a la economía de la gracia y no a la de la ley»62. también le ha dado al hombre varios ca­ minos para ir hasta él». Es la tesis del tradicionalismo guenoniano. I. por consi­ guiente. uno se extraña al comprobar. lo mismo que la teoría sobre la Iglesia ‘pequeño resto’. en algunos de los que tratan el problema de la salvación. Paris 1967. más en con­ creto -y creemos que esto es lo más grave. que en otras circunstancias dan pruebas de profundi­ dad de pensamiento y calidad espiritual. contuviese ya toda la realidad del Nuevo. su común aptitud para jugar el papel de «medios» o de «caminos de salvación»64. Déclaration sur les religions non chrétiennes. Semejante teoría supondría finalmente. en el Bulletin du Cercle Saint Jean-Baptiste 5 (abril 1965). y a fin de cuentas su común aptitud para unirse en la sublimación de una especie de «unidad trascendente»65. posible a todo hombre con la ayuda de la gracia divina. Conocido es el proverbio que el gran Khan Monkut dio como respuesta al franciscano'Guillaume de Rubroucq: «Lo mismo que Dios le ha dado a la mano varios dedos. considerado en la historia. Cuttat en La rencontre des religions. Esta opinión vacía de su contenido al plan de Dios y arruina la razón de ser de la Iglesia»: DC 19 diciembre (1965) 2169-2174. desde antes de la encarna­ ción. De peccatorum meritis et remissione. o de ambas «perspectivas».. Doumes. como «una Iglesia que se ignora»! Creemos que no es posible sostener semejante tesis con un poco de consistencia. 84-112. un desconocimien- 61. sin que se lo atribuyamos directamente a nadie-. aniqui­ lan la doctrina del evangelio. 62. en Vatican II. en los cultos que ha creado. Cuando un san Agustín.. L’unité trascendante des religions (ver­ sión cast. Más ge­ neralmente todavía. y el problema de la apropiación individual de la salva­ ción. Esto sería también olvidar el examen de la his­ toria real de la humanidad.

aquel que cam­ bia al hombre revelándole las profundidades de Dios. les escribía a sus queridos gálatas: «(Dios) tuvo a bien revelar en mí a su Hijo»67. cuyas expresiones avanzadas se encuentran a veces corregidas a continuación por fórmulas que las contradicen. sino la realidad misma de esta «metanoia» producida por el evangelio. meditar profundamente en la cruz. 68. no ha­ ría más que identificar una realidad existente. En una palabra. cuando los hombres ig­ noraban todavía el nombre de «Cristo Jesús»? ¿Es en verdad necesario. la transformación del hombre renovado a imagen de su creador por medio de un nacimiento superior» (44. 5. si su anonimato po­ día justificarse con tanta facilidad»66. y que la resurrección de la humanidad de Jesús es un suceso comparable a la creación original del mundo y del hombre»: J. lo ya vivido desde hacía muchos milenios. ln Cant. Si creyésemos en las explicaciones que se dan a veces. Mythes païen­ nes. 69. por ejemplo. En otras palabras. sino también. y ser algo más que un cristiano mediano y rutinario para percibir por lo menos algo de la luz nueva que ella ha repartido por todo el mundo? En Jesús se nos ha aparecido no ya solamente aquel que le revela al hombre lo que había en el hombre. ¡con cuánta mayor razón habrá que decir que. pa­ rece olvidar el carácter altamente existencial de la reve­ lación cristiana. que la alianza concluida en Jesucristo ha hecho «caduca» a la alianza concluida con Moisés68. . cf. H. 15-16. al recordar que había sido «cogido» por Cristo. hom. Sería como una especie de etiqueta que tendríamos que poner a un vaso cuyo con­ tenido no ha cambiado para nada. mystères chrétiens. y sobre la creación de la Iglesia: «Se trata de la aparición de unos cielos nuevos y de una tierra nueva. ¿podríamos creer de verdad que no les recomendaba con ello más que lo trivial. Gregorio de Nisa. 207s. lo ya practicado. «San Pablo nos dice que Cristo es el comienzo de una humanidad nueva. en rela­ ción con esta «nueva alianza».17. cuando. sin penetración ínti­ ma y sin poder renovador. Heb 8. Gál 1. Rom 7. Y si hemos de decir.146 Paradoja y misterio de la Iglesia to de la novedad propiamente «desconcertante» de la aportación cristiana. Paris 1966. cf. Fayard.864 CD). que ha transformado profundamente al hom­ bre en su «corazón». 5 (PG 44.. En otras palabras. 13. Bilan 1965 (en alemán). Las religiones humanas segiin los padres 147 bien situado para poder entenderlo. es también caduca toda religión humana. con el autor de la carta a los hebreos. aportación que no hay que valorar según la manera evidentemente pobre y muchas veces desnaturalizante. Daniélou. y en su conciencia misma. Tampoco era esto lo que sentía san Pablo. con que cada uno de nosotros la asi­ mila. von Balthasar. Parece ignorar además no solamente la idea. en su forma más tajante. si se nos permite este término anacrónico. Fil 2. Sabemos muy bien que en un tiempo de búsqueda febril no puede conseguirse de golpe el equi­ librio justo. ésta se reduciría a poco más que a la en­ señanza de unas cuantas fórmulas. 74. que poseíamos hasta ahora de una manera «anónima». 70. con el «perfecto resplandor de la luz» divina70. No hacemos aquí más que llevar hasta el límite la lógica de cierta tenden­ cia actual. 66. Todos estarán de acuerdo sin duda alguna en que la tesis que acabamos de enunciar y de criticar. y no se vería muy bien por qué razones «algunos hombres si­ guen llevando el título de cristianos. toda situación espiritual anterior! Y cuando Pablo les escribía a los filipenses: «Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo»69. 1049 BC). no corresponden con la idea de la revelación que nos inculca la reciente constitución Dei Verbum. la revelación abiertamente cristiana 67. U. nuestro Catolicismo.

sus deseos. Juan XXIII. 1. 1.. y por ello también relativa y transitoria.341. 1 (PG 7 1120). observa.2. precisaba más aún. confusos hasta entonces. sobre «las energías eternas. si nuestro maestro no se hu­ biera hecho hombre. 5. Forma Christi. Esto equivale a afirmar la unión in-disoluble de la reve­ lación y de la salvación en Cristo. toman cuerpo en tomo a la verdad nue­ va. Semejantes pensamien­ tos. D. Teilhard de Chardin. Dios se acerca al hombre de una manera distinta que por la voz de la conciencia. . gozado de sus dones. L. más que cuantos los que lo precedieron y anunciaron74. nos ha traído consigo ese nuevo principio que habían anunciado los profetas. Fides ex auditu-. Repitámoslo.. de la revelación de la conciencia: por la encamación del Verbo. 846).. en los que pensamos encontramos fundamental­ mente con todos los que creen en Cristo. pero precisamente es­ ta revelación de la palabra encamada nos da algo más que «ideas»: es inseparable de «una comunicación personal creadora hasta el más alto grado»71.. La revelación CREA los espíritus a medi­ da que los ilumina. « . ya no es necesario que pregunte­ mos. Cristo.75.. y hubiera permanecido logos»73. una «recreación de la existencia»72. Tournai 1963. Adversas haereses. simple invitación a elevarse. Sígueme. Teilhard dice que existe una relación esencial entre la sustancia del dogma y la fe del creyente: Algún día. San Ireneo. pero también subrayaba con rasgos enérgicos la novedad de Cristo: «No hubiéramos podido conocer. qué es lo que él nos ha traído de nuevo. Id. para concluir. no excluyen para nadie la posibilidad de salvarse por la gracia de 74. Grasset. El mismo pensamien­ to se encuentra formulado actualmente en fórmulas im­ presionantes por Teilhard de Chardin. Bonhoeffer. 18. Cf. cf. No menos claro que el de la Escritura es a este pro­ pósito el pensamiento de los padres de la Iglesia. por la voz de los profetas o de su Hijo.Porque nadie puede contarnos las cosas del Padre. El precio de la gracia: el seguimiento. En es­ te momento. Desclée de Brouwer. Bouyer. Las letras cursivas y mayúsculas son del autor. Es.. Ireneo de Lyon. histórica­ mente objetivada. Salamanca41995. 75. si tenemos sentido común. a medida que éstos van cayendo de una boca inspirada en los corazo­ nes dóciles.. Se manifiesta como vivientepersonal -uno y trino a la vez. las cosas de Dios. como decía Dietrich Bonhoeífer. en Ecrits du temps de la guerre. si hemos oído sus palabras y.4. 34. París 1965. 72. 73. Casi amorfo en el alma pagana. esos grandes testigos de la novedad cristiana. ese principio «que tenía que renovar y vivificar a la huma­ nidad». Dictionnaire théologique. insistía decididamente en la acción se­ creta y en las iluminaciones del logos a través de la his­ toria. la atracción sentida de Cristo se va enrique­ ciendo poco a poco en el cristiano.148 Paradoja y misterio de la Iglesia no se reduce a ser la expresión refleja. Gradualmente. vivificantes y divinas del evangelio». co­ mo hemos visto. Es verdad que para cada individuo lo importante no son las ideas que profesa en materia de religión. I (SC 100. Reflexionando sobre la noción cristiana de revelación. positiva. Adversas haereses. y la palabra objetiva que ha sonado en nuestra tierra desde hace veinte siglos no ha consistido en una simple y estéril dilucidación. Bula Humanae salutis (25 diciembre 1961). Las religiones humanas según los padres 149 contemplado su rostro. se va modelando sobre los artículos del credo. más que su propia palabra». si el alma es fiel. y si verdaderamente alguna vez hemos 71. Dios explícita su influencia. 494.

por muy profundos que sean su respeto por los valores humanos de los no-cristianos y su cariño para con ellos. una trasposi­ ción radical. reve­ lándoles de esta manera «lo que ellos mismos son». París 1951. la preocupación que sienten los oyentes por despegarse de las pasiones y del mundo perecedero. Tal como se desprende de las enseñanzas de Ireneo. Para ello les presenta «la novedad esencial» de este «suceso» único: Jesucristo. Amida. ese hombre participará también de la consumación perfecta. para el razonamiento. De div. 12. Cf. si es para nosotros lo que fue para ellos y lo que 76. por ejemplo. Tampoco excluyen la estima e incluso la admiración que sentimos por el esfuerzo de búsqueda y de creación al que nos hace asistir el estudio de las religiones y de las espiritualidades humanas77. Todas las religiones son albas de fe. Si la misión del cristiano. ni con la actitud constante de sus discípulos. cf. 8 y 53. . también. Daniélou llama en Mythes païennes. consiste en anunciar a Cristo entre los hombres. signo eficaz de la inserción en el misterio de Cristo». nos dice Jacques Doumes. Si sabemos atender a la buena nueva que ha llegado hasta nosotros. la verdad misma y la novedad misma. todas las religiones nos ele­ van hacia la trascendencia del ser sin el que no existe ninguna razón para la existencia. La conversión a Cristo no es una simple «to­ ma de conciencia de una realidad ya existente».. el cristiano tiene necesariamente que desearles este des79. Un misionero acaba de recordárnoslo con palabras que resumen a la vez la tradición de los padres y la enseñanza del último Conci­ lio.. 72. y nosotros esperamos que se conviertan en aurora78. sino para que se abran a aquel que es el único que colmará los deseos de su naturaleza. y tantas otras cosas? ( e ti e n n e l a m o t t e ). Mensaje pascual de 1964. Seuil. 26. los deseos del Bodhisattva de consagrarse al bien y a la felicidad de todos los seres. nuestro libro Aspects du bouddftisme. Agustín de Hipona. no admirar es en realidad.150 151 Paradoja y misterio de la Iglesia Las religiones humanas según los padres Cristo76. Pero no nos veremos tentados por teorías que no parecen plenamen­ te conciliables ni con las palabras del Señor. ¿Cómo. al recordarnos que el Verbo hecho carne es también aquel que ilumina a todo hombre. por el hecho de que un hombre cumple debida­ mente la voluntad que Dios tiene sobre él en la historia de la salvación. 77. para la esperanza exenta de ilusión. Podremos estimar su valor y comprender el papel irreemplazable que ocupa en el plan divino de salvación de los hombres. esta «alba de fe». mystères chrétiens. sino que supone inevitablemente «una ruptura. 287-307. a propósito del culto japonés de Amida y de la vida espiritual de los amidistas. incluso en donde todavía está cubierta de tinieblas y llena de su­ ciedad. Cf. Pablo VI. q u a e s tq. entonces. cap. la única «palabra de salvación»79. Es pa­ ra enseñarles en qué tienen que convertirse. la eficacia de los mé­ todos propuestos para el apaciguamiento del pensa­ miento. si suscita en él un asombro semejante al que pode­ mos comprobar en tantos cristianos de todas las genera­ ciones. la altura del ideal budista. Todas las religiones tienen en sí rasgos luminosos que no hay que despreciar ni extinguir. si ella suena de veras en nuestro cora­ zón. Por eso. Hech 12. podremos percibir por doquier. en ibid. Cf. 1955. «la distinción radical de las religiones y de la re­ velación». 44: «Aliud est enim». la pureza de la moral y de la disciplina budista. no hace esto para invitarles a que sigan siendo sencilla­ mente lo que son. 78. Es lo que J.

J... escribe: . Se trataba. es el mensajero de una dimensión comple­ tamente nueva. cf. Por tanto.. En cuanto a Maurice Blondel. de la existencia humana. sin querer que nadie lo supiera?».. de la redención y de la revelación». insistiendo en su propósito. con un poco más de moderación: «(Exa­ gera usted un poco) al descansar en la conciencia de Cristo de la preocupación de enfrentamos con todas nuestras inconcien80.. . Mame. Wehrlé se ex­ plica más positivamente: «(Entiendo) por revelación el con­ junto de manifestaciones sobrenaturales de Dios a la humani­ dad considerada como personaje colectivo. París 1967. allá por el año 1904. Se pro­ pone salvarlas y rescatarlas tanto por sus enseñanzas como por sus sufrimientos.. Y me creo obligado.. el mismo problema. están uni­ ficadas indisolublemente por su principio inspirador y por su finalidad plenamente consciente. Me parece muy peligroso el colocar por un lado a la revelación y por otro a la redención. No es que su doctrina sea perfectamente verdadera en sí misma. El 28 de julio. Lecture de la déclaration par un missionnaire d 'Asie. Y el mismo día. ha disminuido más de lo con­ veniente la necesidad de la conciencia humana». Y al día siguiente. Consideradas en Cristo. Apéndice 153 cias. Tours 1965. y que se hubiera limita­ do a morir en un rincón por nosotros.. completamente distinta. que era algo así como el árbitro en esta cuestión. endureciendo la postura de su corresponsal para poner más en evidencia su paradoja: «¿Podemos forjamos con utilidad la idea de un Cristo que no hubiera sido revelador.. Mystique terrestre et mystique chrétienne de ¡ ’ave­ nir. Dios ha ¡techo irrupción. Pero también él se lo tiene que decir a sí mismo. como si fueran dos realidades obje­ tivamente independientes. Doumes.. los ánimos de Maurice Blondel y de Jean Wehrlé. pero cuya expresión aparentemente exclusiva separaba a los dos amigos. en el secreto a que le obliga su misión de anunciador y de testigo. pero considerado con bastante confusión. fue el que enzarzó. En una memoria redactada el 12 de agosto. A mis ojos es algo más que la simple manifestación de lo que es.. En es­ te mundo así constituido. Y creo más bien que es ella misma la primera de las condiciones para la salvación. o de dos consideraciones distintas. El fenómeno humano.». Madrid 1965: «El cristianismo se expresa por la aparición de un estado de conciencia específicamente nuevo».. 149 y 150). responde el 18 de agosto: «.. pero en el fondo. Me parece peligroso afirmar que « la revelación manifiesta sencillamen­ te las condiciones necesarias para la salvación». cumplida en la colectividad humana por la virtud y los méritos de Cristo redentor. ni plenitud real80.También yo creo en la consustancialidad del ser y del pen­ samiento.152 Apéndice garramiento. es saludable en el sentido más positivo y activo de la palabra. se ve us­ ted expuesto a liquidar la importancia del conocimiento en la religión.. en Vatican II. en una carta dirigida a Fernand Mourret. sin el que no podría haber ni renovación. Jesús se da y se revela en vir­ tud del mismo amor sobrenatural hacia sus criaturas. sino más bien de dos tendencias.. Cerf. 1961: «El cristianismo. ni perfeccionamiento.. A p é n d ic e Un problema análogo al que acabamos de tratar. y se nos da revelándose. K. ya que es la causa eficiente de lo que debería ser. Me niego a ver en ella más que una realidad para declarar la salvación... y después de haber exaltado legítimamente la necesi­ dad de la conciencia de Cristo. Ha ofrecido a su inquieta búsqueda una salida hacia su propia infinitud» ( Mission etgráce III. no ya de dos tesis realmente opuestas. Wehrlé le escribía a Blondel. Teilhard de Chardin. final. Rahner. Déclaration sur ¡es religions non chrétiennes. Se revela dándose a nosotros. saluda­ ble. o mejor dicho. a ver en ella una realidad operante de salvación.. y por tanto en la solidaridad esencial.

65. al hablar de lo que ella manifiesta como condición pa­ ra la salvación. Aubier. le dossier inédit d ’une controverse. O" . El catolicismo no sería lo que pretende ser si. 7. Marlé.. que la revelación es causa activa. 225-296.. comprendo que se manifiesta ante todo como tal.154 Apéndice «(No he querido) significar que el conocimiento revelado no es la causa eficiente de lo que debe ser: porque opino. Jamás he pretendido que no sirva más que para declarar la salvación. y. 1904.. cap. por el contrario.. hacia el que parecen orientarse algunas de las fór­ mulas que usted usa». corría el peligro de perderse en conside­ raciones demasiado subjetivas: «. saluda­ ble. desconociendo la utilidad del conoci­ miento revelado y la realidad concreta del orden sobrenatural y redentor.. le escribirá Blondel al joven Augustin Leger que. cf. Un poco más tarde. M.Si el conocimiento objeti­ vo de la verdad sobrenatural y la autoridad social de la Iglesia visible no son absolutamente indispensables para la salvación individual. París 1960. sin conocer ex­ plícitamente su realización histórica. para ser una simple satisfacción platónica». Histoire et dogme. Au coeur de la críse moderniste. desembocase en un individualismo y en un equivalentismo.. Blondel. sus­ tancialmente buenas y verdaderas. no dejan de ser por ello realidades positivas. Blondel y Mourret. Puede encontrarse el relato de esta discusión y la cita de muchas de las cartas intercambiadas sobre este tema entre Wehrlé. ontológicamente necesarias a la re­ dención de todos. destinadas a ser conocidas y creídas y obedecidas. incluso de aquellos que se aprovechan de ellas dentro de ciertas condiciones subjetivas. en la obra de R. original. al interesarse por los problemas suscitados enton­ ces en torno a Loisy.