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Biocombustibles ¿salvación o miseria? Muchas son las expectativas que han generado estos combustibles entre las personas interesadas en el cambio del actual modelo energético por uno más respetuoso con el medioambiente, pero la controversia creciente que han generado hace que a día de hoy sea complejo posicionarse respecto a ellos. Con el siguiente artículo pretendo arrojar algo de luz para facilitar que cada cual haga su análisis, pero desde este momento anticipo que como cualquier otra tecnología, esta no es buena o mala por sí, sino que cómo se use, cómo se desarrolle o cómo se introduzca en las sociedades, determinará si viene a mejorar las condiciones de vida de la humanidad …. o sólo de unos pocos. Modelo energético basado en los combustibles fósiles y deterioro medioambiental Estos días los medios de comunicación se hacen eco a todas horas de la Cumbre de Copenhague, a la que han asistido líderes de prácticamente todo el planeta, en busca de un acuerdo sobre la reducción global de emisiones de CO2 Podríamos decir que este es el último capítulo de la controversia mundial acerca de lo que ha venido en denominarse “cambio climático o calentamiento global” Hoy se acepta de manera generalizada que hay indicios suficientes como para pensar que podríamos estar asistiendo a un aumento de la temperatura media del planeta que tendría detrás la mano del hombre en general y el aumento de las emisiones de CO2 en particular. Un calentamiento que podría tener graves consecuencias sobre la vida en la Tierra tal y como la conocemos, pues acarrearía alteración de los equilibrios medioambientales, aumento de la superficie de desiertos, elevación del nivel de los mares con la consiguiente inundación de tierras abundantemente habitadas, etc. Si nos centramos en las emisiones de CO2 hemos de admitir que el aumento debido a la actividad humana proviene de determinados procesos químicos –como elaboración de cementos y otros- y de la quema de combustibles fósiles, auténtico motor económico de nuestra civilización. La quema de carbón, petróleo y gas supone más de un 80 % de la energía consumida a nivel mundial y lleva aparejada inexorablemente en el proceso, la emisión de ingentes cantidades de CO2 El aumento de la concentración de este gas en la atmósfera provoca que aumente el efecto invernadero, que consiste en que la radiación infrarroja que emite la superficie terrestre al recibir la radiación solar, no pueda abandonarnos, lo que provoca que la Tierra se caliente más de lo debido. Un aumento de hasta 2 º C a nivel global, se consideraría más o menos aceptable, pero aumentos superiores provocarían desequilibrios de consecuencias imprevisibles. El CO2 que hemos emitido en las últimas décadas, por sí solo, parece ser suficiente como para que ya estemos en condiciones de provocar ese aumento de 2º C, lo cual indica que de no reducirse drásticamente las emisiones globales no podríamos poner freno al problema. Sin entrar a valorar las dificultades que existen para que una medida de este tipo se hiciese efectiva, dado que el 17 % de la humanidad (los países de la OCDE) emiten la mitad del CO2 y la otra mitad (unas 13.000 millones de toneladas anuales) lo emiten países que aumentan su población y su consumo energético basado en las fuentes más baratas (carbón por ejemplo) y contaminantes, hemos de aceptar que el camino actual sólo nos lleva al abismo. Cumbres anteriores como la de Kyoto se saldaron sin logros tangibles y con muchos de los países más contaminantes sin firmar acuerdos vinculantes. Otros como España, aceptaron una
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reducción notable –más que reducción, no seguir aumentando al ritmo que llevábamos- y después la incumplieron e incumplen exageradamente. Aunque el problema es complejísimo por su dimensión económica, geoestratégica, etc. muchas voces se han venido alzando pidiendo el cambio de modelo energético, esto es, el abandono del modelo fósil-dependiente actual y la incorporación de energías más limpias, que unido a una mayor eficiencia energética y austeridad en el consumo, podrían ayudar en la búsqueda de una solución sostenible en el tiempo. La biomasa y su potencial energético Uno de los recursos energéticos posibles en este nuevo modelo, es la biomasa, es decir, la materia vegetal que encierra depósitos de combustible susceptibles de ser quemados para obtener calor o electricidad o transformados en biocombustibles. Este recurso puede ser renovable y no contribuir al aumento de las emisiones a condición de que el balance de emisión al consumir y absorción por la planta al crecer sea favorable, lo cual se consigue si se planta tanta masa vegetal como se consume. En caso contrario el recurso es altamente desaconsejable, es decir, si el aprovechamiento de esta masa vegetal trae consigo la deforestación y la disminución de masa verde, lo que se consigue es lo opuesto, es decir, aumentar el deterioro medioambiental. En este contexto han hecho su aparición un tipo de combustibles líquidos y gaseosos que se obtienen a partir de biomasa y que tras su obtención pueden sustituir a los derivados del petróleo o al gas. Se trata del biogas, del biogasoil y del bioalcohol. El prefijo bio y el marketing asociado Lo verde vende, tranquiliza conciencias, mitiga críticas, engrosa la caja. Ponga usted una etiqueta verde en su negocio y verá como aumentan sus beneficios, parecería ser el eslogan para los nuevos tiburones del mercado ávidos de riqueza al precio que sea. Lo vemos en el desarrollo de las energías renovables, cuando en los consejos de administración de los gigantes eólicos se sientan quienes han sido directivos en empresas petrolíferas, del carbón o de cualquier otra índole y hoy buscan enriquecerse más hablando de “energía limpia” y lo vemos también, como es el caso que nos ocupa, en las multinacionales de la alimentación, la cosmética o los biocarburantes, que no dudan en arrasar con masas forestales inmensas en países pobres para plantar sus “especies de conveniencia”, sin preocuparse por el impacto medioambiental que ello producirá y colocando en sus productos la “etiqueta ecoverde”. Sólo mencionaré el ataque que están sufriendo las turberas de Indonesia –masas de turba del subsuelo que actúan como auténticos depósitos de carbono- que son siendo quemadas y degradadas para dedicar los terrenos a la obtención de aceite de palma para cosmética, conservas alimenticias, biocombustibles, etc. Esto implica según un reciente de Greepeace, que esta zona que sólo representa el 0,1 % de la superficie terrestre, sea la causante del 4 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y añadimos ¡porque se han instalado en ellas intereses de empresas “verdes”! ¡! Una vez más hemos de apelar a la responsabilidad y a la necesaria formación de los ciudadanos, en primer lugar respecto a sus hábitos de vida y consumo, y como otras veces, la ausencia de poderes públicos que sepan compatibilizar desarrollo y conservación, unas veces por defecto y otras por defecto, debe mover a los ciudadanos informados a ser críticos con sus gobernantes y a exigirles políticas inteligentes, diseñadas por expertos que conozcan la materia y no
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se dejen engañar no por ecoextremistas ni por tiburones de los mares del omnipotente y omnipresente mercado. El hecho de que estos combustibles lleven el prefijo bio es en la actualidad más una cuestión de marketing que otra cosa, pues su obtención no está exenta de abusos medioambientales (y sociales) de diversa índole, lo cual provoca que la denominación agrocombustibles sea más precisa. Nosotros las iremos alternando por no despreciar de entrada la acepción ecológica, por posible si existiese voluntad. Tipos de agrocombustibles Como venimos comentando, los agrocombustibles, y en particular el biogasoil y el bioetanol, han supuesto una esperanza para la sustitución del modelo energético basado en los fósiles, con lo que ello conlleva. Por una parte la disminución de gases contaminantes (no sólo de efecto invernadero) y por otra la deslocalización del combustible, pues una gran cantidad de regiones en el mundo pueden convertirse en productoras, lo cual tiene entre otros efectos positivos, la posibilidad de que países pobres se reactiven. -El biogasoil se obtiene básicamente de la misma forma que nuestras abuelas (y algunos de nosotros aún) fabricaban jabón a partir de aceite usado y sosa cáustica. Se trata de una reacción química –esterificación-entre un ácido orgánico y una base fuerte, que da lugar a un éster (el jabón) y a un subproducto que ellas tiraban y que es la base del biogasoil, que puede mezclarse con el gasoil tradicional. -El bioetanol se obtiene a partir de la fermentación de los azúcares naturales presentes en multitud de plantas (caña de azúcar, maíz, etc.) y da como resultado un alcohol (etílico) susceptible de ser usado como combustible mezclado con gasolina. Por su parte, el biogas es metano que se obtiene a partir de deshechos orgánicos, por la intervención de bacterias que descomponen la materia orgánica en un proceso anaeróbico –en ausencia de oxígeno- liberando metano, que puede ser recolectado y canalizado o envasado para su consumo o para obtener electricidad. Países como Brasil han demostrado que pueden ser incorporados a la economía nacional ventajosamente, aunque no faltan opiniones contrarias a su desarrollo: Balance energético pobre, empobrecimiento de grandes superficies de tierra por los modos de cultivo, encarecimiento de los alimentos (por competencia), etc. Por otra parte los recursos vegetales tienen otro modo de aprovechamiento energético igualmente ventajoso, esto es, la producción de bioelectricidad. Consiste en la quema de biomasa y con el calor mover una turbina con la que generar electricidad. Este procedimiento posee el inconveniente de la emisión de CO2, que es común a la quema en general de biomasa para obtener calor, aunque es un problema que se resuelve plantando, al menos, tanta masa vegetal como se queme, pues los balances en emisión-absorción serán favorables. Agrocombustibles de última generación La obtención de combustibles a partir de biomasa permite disminuir nuestra dependencia del petróleo, deslocaliza la producción de combustibles, es un recurso renovable, en principio limpio, y se encuadra en la búsqueda de soluciones limpias para el transporte, autentico Talón de Aquiles de las energías limpias.
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Pero ¿son todo ventajas? obviamente no. El nacimiento de estas tecnologías fue vislumbrado por muchos como el del nacimiento de nuevas posibilidades para algunas zonas pobres del planeta que podrían convertirse en productoras, sin caer en la cuenta de que podría suceder justo lo contrario, esto es, que sus escasas tierras fértiles se utilizasen para este fin y no para la producción de alimentos básicos como la soja, el maíz, el trigo o el arroz, por no hablar de las escaladas de los precios de estos productos básicos debido a su utilización en la cuestión que nos ocupa. Está claro que no podemos defender el cambio de un modelo energético que pase por aumentar las injusticias sociales más aún, pero que estas tecnologías no hayan empezado con buen pie no debe hacernos pensar que han de ser descartadas y como muestra dos botones: 1.-Están abiertas líneas de investigación que permitirían obtener bioetanol por fermentación de celulosa, previamente descompuesta mediante enzimas apropiados en sus azúcares constitutivos. Estos azúcares serían fermentados para producir etanol. ¿Qué significa esto? Pues que cultivos e incluso restos vegetales que ahora no se pueden emplear con este fin, podrían ser la base para la obtención de el alcohol (piénsese que una planta ordinaria más del 70 % puede ser celulosa). Ello permitiría seguir dedicando el maíz, soja, etc. a la alimentación. 2.-Otra línea de investigación se centra en plantas aprovechables que pudieran ser cultivadas en zonas no aptas para las alimenticias, lo que no las haría entrar en confrontación con aquéllas. Tal es el caso de la mostaza, sobre la que se articula un interesante programa de investigación hispanoargentino, en el que se asegura que puede ser cultivada en zonas áridas y que es susceptible de ser utilizada para la generación de estos combustibles. Por todo ello, hemos de decir que los biocombustibles en sus dos dimensiones líquidas (bioalcoholes y biogasóleos) poseen un futuro esperanzador si somos capaces de compatibilizarlos con los siguientes elementos: 1.-No pueden ser un freno para la salida de la pobreza, más al contrario deben facilitar el acceso al combustible a los más pobres sin privarles de sus necesarios alimentos básicos. 2.- No pueden ser un elemento de deterioro del medioambiente. Ojo por tanto con la utilización de transgénicos, con los monocultivos, con el empobrecimiento de la tierra, con los pesticidas asociados, etc. Conclusiones El modelo energético asociado a las fuentes fósiles está agotado antes de que lo hagan los yacimientos de carbón, petróleo y gas, a menos que no nos importe abocar al planeta hacia una alteración de sus equilibrios ecológicos de consecuencias impredecibles. En ese camino los agrocombustibles pueden jugar su papel y proveernos de una cantidad de energía apreciable para sectores estratégicos como por ejemplo el transporte, pero su desarrollo no puede ser obstáculo para que los más pobres abandonen su miseria, más al contrario debería ser una fuente de ingresos para ellos, permitiéndoles añadir a sus cultivos alimenticios los propios de estas tecnologías. En las áreas más desfavorecidas deben ser los agrocombustibles de última generación, esto es, los que no se extraen de cultivos alimenticios, los que conformen el grueso de las explotaciones,
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y en todo el planeta compatibilizar su cultivo con técnicas respetuosas con el medioambiente, con control de los usos, de los fertilizantes y de la ingeniería genética asociada. Con esas premisas tal vez un día se ganen por sus propios méritos el prefijo bio.

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