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La República - Diario económico Bogotá Colombia (Impresa y por Internet) Miércoles junio 4, 2008

Los fondos soberanos

Ariel Hoyos economista

Hay liquidez excesiva en el mundo: mucho dinero circulando que no se invierte productivamente. Después de 1971, cuando se rompió el tratado de Bretton Woods y el mundo entró en el sistema de paridades flotantes entre las monedas, quedó transformada la moneda en una mercancía como cualquiera otra sobre cuyo valor no tienen control las autoridades monetarias de cada país más allá de su capacidad de intervenir en el mercado como lo haría cualquier agente privado. Como objeto de mercado, el dólar siguió teniendo preferencia por todos los agentes económicos pero, por la debilidad de la economía norteamericana, el respaldo de la moneda se transfirió, en la práctica, a los bancos, los que cumplen dos funciones: prestar y especular ... Se dedicaron preferencialmente a esto último, secundados por los corredores de inversiones, lo que ha generado, en el curso de los años, una gran burbuja de papeles respaldados básicamente por deuda y, sólo infinitesimalmente, por activos reales; de ahí las crisis de liquidez recurrentes de los últimos años.

La especulación se ha venido concentrando principalmente en los llamados “commodities”, lo cual explica el aumento desmesurado en sus precios; lo más notable: el petróleo. Estas alzas y el “boom’ de países como China ha producido, en cabeza de los gobiernos de las naciones beneficiadas, grandes acumulaciones de divisas que se han institucionalizado como “fondos soberanos”, los que suman hoy día entre dos y tres billones (nuestros) de dólares, esperándose que para 2012 puedan valer unos diez billones. Por sus grandes dimensiones, su accionar puede producir sacudidas en los países donde colocan sus capitales, y puede afectar la estructura interna de poder de las empresas receptoras de sus cuantiosas inversiones; además debe preocuparnos el hecho de que, evidentemente, también especulan. Los Fondos están ante el problema de la cuadratura del círculo: en su veloz carrera de aumento, su penetración en la economía de diversas naciones tendrá un impacto político que puede originar una reacción de rechazo de los gobiernos y círculos domésticos de poder pero si, entonces, viran hacia fines eminentemente especulativos, podrían desquiciar la economía mundial vía los precios de los “commodities” (hasta qué punto este fenómeno, ya en marcha, tiene que ver con las inversiones de los Fondos, es un secreto bien guardado); esto último sería, como dicen, “cuchillo para su propio pescuezo”, pues ellos, como nadie, dependen de un buen desempeño global de la economía. Solución a la cuadratura del círculo: inversión en desarrollo económico, generando bienes no transables, principalmente obras de infraestructura de gran escala, que es lo que

conduce sosteniblemente al bajo coste de los bienes transables internacionalmente. Sí, lo que le permite surgir a una economía, lo que incentiva y favorece el emprendimiento de las personas, lo que ataca la pobreza, son los bajos costos de las cosas; cuando los costos están bajos, la gente no necesita de tanto préstamo individual, porque puede desplegar sin cortapisas el potencial productivo propio del ser humano, generando excedentes reinvertibles. Con desarrollo a gran escala, los Fondos recuperarán ampliamente su inversión en un plazo razonable y sin las estresantes volatilidades de los papeles apalancados que hoy dominan el mercado financiero internacional; sin problemas con gobiernos y empresas temerosos de pisadas de animal grande. El ejemplo nos lo estaría dando Rusia, que en abril de 2007 anunció el proyecto del túnel por el Estrecho de Béring (¿se financiará, en parte, con el fondo soberano que maneja ese país? Sería lo razonable). Suramérica tiene importantes proyectos para acometer, como la integración fluvial, tal como la propone Mariano Ospina Hernández, conectando los ríos Orinoco, Amazonas y Paraná. Unámonos, y pongámosles el anzuelo a los fondos soberanos.
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