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Conversatorio XIV

Del Ventrilocuo y La Marioneta
FANTASMAS DE PAREJA
Raúl Yafar
Podemos constatar, en los tiempos llamados posmodernos, las transformaciones de la
posición del sujeto con respecto al amor –neo-narcisismo encapsulado, vaciado del sistema
de Ideales del Yo, angustias “panicosas” sin señal, vida sexual errática y desimplicada
subjetivamente, consumo de sustancias que invulnerabilizan al Yo–. Hay mucho para decir
sobre ello.
Pero, un poco a contramano y buscando las luces –hoy penumbrosas– que iluminaban las
candelas de los siglos pasados, cuando decir “prójimo”, es decir próximo, tenía otro sentido,
voy a ser “anacrónico”1 o intempestivo, en términos de Nietzsche. Puede ser una forma de
“docta ignorancia” más analítica…
Elijo pensar sobre situaciones de la vida cotidiana, situaciones más allá de épocas y
geografías, modernidades y posmodernidades, situaciones donde cualquier lazo amoroso
puede sumergirse en escenarios fantasmáticos ruinosos. Sencillamente porque es lo que me
cuentan
afortunadamente
(también)
todos
los
días
mis
analizantes.
I. Resaltaré el aspecto escenográfico de las situaciones que quiero examinar y cómo esas
tramas adoptan aspecto triangular porque nos transportan a los sucesos edípicos fallidos.2
Supongamos una actividad grupal cualquiera, donde hay hombres y mujeres. En ésta puede
darse –vamos a elegir tanto a un hombre como a una mujer– la posibilidad de que alguien
se sienta atraído por otra persona, pero resaltando que esta persona se constituye en alguien
muy inquietantemente… especial. Con una salvedad, en el caso que estudiamos lo hace
fundamentalmente a nivel de lo que se cultiva en sus pensamientos. Es decir, diría en mis
términos, que comienza el trabajo automático de la fantasmatización.
Es un primer momento: el objeto va adquiriendo significación y, como correlato de ésta, se
va haciendo presente cierta avidez por detectar signos que revelen si la otra persona le va a
prestar recíproca atención, correspondiendo a su atracción.
¿Qué pasaba antes de ello? Sólo teníamos represión, lo que Lacan llama deseo-defensa. El
muchacho soñaba imposibilidades obsesivas autorreferidas –tal vez compensándolas con
alguna hazaña fantaseada–; la chica está insatisfecha de sí misma y lejana de todo goce
sensual –aunque clásicamente “la culpa de todo la tienen los hombres”–.
Ahora el ojo de la mente comienza una proyección distinta, se asoma desde el borde de la
neurosis el escenario fantasmático. Éste puede hacer su extática-trágica aparición.
II. ¿En qué terreno pulsional aparece “ese algo más”, que desencadenará la extrañeza de la
repetición? Pues, en este tipo de juegos alcanza gran importancia la cuestión de la mirada,
es decir, el teatro escópico.

incluso “comportarse” de otro modo ante él. Es decir. alguna conducta extra que debería realizar para conquistarla. pende de un dato que no está. etc. que no se sabe nunca muy bien quién es. un muchacho está tratando de pescar si tal jovencita lo observa o no. nuestro protagonista observa que él o ella. de su atractivo. El neurótico se está por despeñar hacia su borde fantasmal. Esta avanza más allá desde la mera indisposición cabalgando sobre un trasfondo de angustia. Ubiquemos junto a la muchacha deseada o al joven anhelado un/a tercero/a. no estuvieron tan amables al saludarse. Los sujetos están bordados por una deficiencia. mientras él habita su fantasma deja –ni más ni menos– toda la realidad a los semejantes. Nuestro sujeto abandona el campo de la acción libidinal objetal. de una fuerte pasividad culposa. Un auténtico agujero en lo escópico por donde el sujeto será succionado dentro del vórtice de un huracán. 1) los privilegios de lo visual y 2) la correlativa inacción corporal: resultando un lote de pensamiento desbocado. lo acompaña la sensación de no estar haciendo algo. obviamente. ardiendo dentro de sus cabezas. una y otra vez. pero que se supone posible. y cómo lo mira. Al mismo tiempo. Por ejemplo. La contracara de esta omnividencia mental es entonces la sensación. Al mismo tiempo. Complejizo la situación edipizándola.3 III. sedientos del otro. la desesperación es creciente y se acompaña de incertidumbre. Podría ser también que una muchacha anhele a un muchacho y piense que debería haberle mostrado algo más de interés o de seducción en la primera conversación. El sujeto de la repetición juega todas sus cartas en esta penosa tarea y deja al otro absolutamente librado en lo real. En las mujeres suele tratarse de algún atributo del que carecerían a nivel de su apariencia de mujer. una inmovilidad y una deuda con el rol que se supone deberían cumplir.Conversatorio XIV Del Ventrilocuo y La Marioneta Por ejemplo. con lo que. confusos. pero que además conversan quizás demasiado animadamente con un tercero/a. escindido de un cuerpo muy poco dispuesto al saber-hacer de la pulsión. pequeños instantes que revelarían una cierta complicidad. quizás impreciso. Tenemos también un minus del lado de ella. resulten objetalizados en el cuadro adhesivo que se configura. Y los pequeños índices que jalonan la situación se retoman para que los sujetos. instantes cargados de promesas. en la escena concreta no realizan ningún movimiento en especial. avanzan hacia un circuito mucho más pesado. es decir. éste o aquel día. Esa cierta complicidad que busca nunca es del todo lograda. Es un menos que queda del lado del sujeto y así se marca en él. están inmóviles. ni de . Entonces. en ambos ejemplos. marcándose como heridas narcisistas. Este es un movimiento donde las usuales imposibilidades del deseo –como defensas de la vida pulsional–.

y entonces el sujeto siente que es/está tan trabado con las mujeres como su padre. El sujeto puede sentir que en su ser existe algún tipo de déficit –demasiado petiso o poco entrador o. La cuestión es que siempre el pensamiento correlaciona la debacle narcisista con el hecho de que. Tal vez hubo una mirada especialísima algún día…. El objeto se va configurando de un modo que recrea un penoso círculo vicioso: es cada vez más inalcanzable. es decir. o la muchacha siente que es tan poco sensual como era su madre. Como contrapartida. pues lo degradan hasta el infinito. está mal cohesionado. Una vez. tan violento como efímero.Conversatorio XIV Del Ventrilocuo y La Marioneta dónde ha salido. con su ritmo de ansiosa precipitación. los dioses permitieron que fueran a tomar un café o bailaran en una fiesta o se dieran un beso. algo esencial e indestructible. una casualidad que “seguramente” debe tener causalidad. desencadenante de toda la secuencia. un dato acaecido pero perdido instantáneamente. recíproca. o aquel otro donde se suspendieron las clases y el grupo fue a tomar un café y ellos se entendieron de “otro” modo inefable: un no-sé-qué los recortó a los dos del resto. Por ejemplo: que ella se haya llevado sin querer su birome. más enamorado y más sufriente. En general. es decir. Y cada vez es peor y peor. sentir vulgar su figura–. quizás. una pausa remarcada. era una prima. en el caso de ella. Incluso un coito supra-inesperado. Porque este último detalle no es menor: la neurosis hace “borde” y se precipita hacia el inflado-estallido. hasta ahora era un “ilustre” desconocido dentro del contexto. en la imago corporal. Eso debe querer decir algo. aunque se dude íntimamente de que sea verídico. que se enclava como punto cero o tiempo cero. IV. El sujeto se siente más estúpido. Aquí el correlato corporal suele ser también importante. más idealización e imposibilidad. . abandona sus defensas previas y alcanza la lógica binaria del encendidoapagado. al final. más infantil. Viene el segundo tiempo del fantasma: se encenderá en un momento inesperado uno o varios pequeños oasis: algunos mínimos pero inaugurales signos se transforman en algo hiperpreciado. en el sentido de que entre ellos existe una determinación fundada. Acontecimiento que es elevado al rango de lo mítico –al modo de la Idea platónica–. Cuando se alcanza esos instantes novedosos hay olor a fantasma en las inmediaciones. en el sentido de que pudiese haber algún posible interjuego sexuado. porque a mayor anhelo. breve cenit y derrumbe fulminante. A veces esto termina generando situaciones directamente calificables de acting-outs. por ejemplo. que se aproximaron y con quienes se conversa tan casualmente. esto remite a una identificación con el progenitor del mismo sexo. etc. porque aquellos que operan de terceros en discordia. de lo fundacional y probatorio de eso “especial” que los une más allá de lo social-simbólico. a lo que se aspira desesperadamente. el partenaire. o él… el encendedor de ella. ir a tocar el timbre de la casa de ella a las tres de la mañana o hacerle un escándalo a él ante otra chica que. Estamos en el momento en que se suscita la gloria que precede a la repetición: un hito previo. algo anda mal. al que se aspira se ubica en un lugar que no es de paridad con respecto al sujeto.

vuelve años después. fulguró con su amor sublime una solitaria noche y. un roce. para besar el humo de la ruina trágica. los sujetos no pueden reconocer que ellos mismos lo hayan creado.Conversatorio XIV Del Ventrilocuo y La Marioneta El fantasma llama a recuperar ESO originario. ¿cómo hacer para reproducirla sin arruinarla… intentando provocarla adrede? Ese sortilegio. crucial. suponiéndola definitiva. Esa es la aspiración-debilidad del fantasma. como no fue el resultado de algo que fue tramado o enhebrado. tras el culminante y delicioso suceso de encuentro mágico. se apagaría… El sujeto. VI. Como el sujeto no es responsable de que haya sobrevenido ese milagro. En general. aunque siempre con una absoluta irresponsabilidad subjetiva de su parte. 2) Lo que se ha constituido entonces es un estado gozoso y denso –ése es el clima fantasmático– que busca su realización totalizante. tocando el cielo en su esplendor. Tras la tensión pasiva inicial. Un detalle que vale como certeza de lo que ocurrió y fugó luego hacia un atardecer huidizo. conocer las “cosas” del otro. lo que le concierne. De la expectativa angustiada freudiana. lo que quiere. más que llegar a conocer al otro. fugaz. Falta el último instante. Si esa situación fue tan espontáneamente “maravillosa”. esperando pasivo que cuando se aproxime al área de la magia eso se reencenderá. viene la caída. pero permaneciendo resumido dentro de un clima a-histórico y repetitivo. es volver a recrear la resurrección de esa escena. ESO tiene hechizo y así debe ser conservado: hasta los enorgullece que haya sido tan ajeno a sus procederes e intentos concientes. la vuelve más trabajosa. impotente de reconocerse en el otro de su amor imposible. es decir. pues. Nunca se trata del inicio de un movimiento dialéctico o la profundización de una relación. Rasgos esenciales: 1) El sujeto se ha deslizado de la espera al portento y de allí al desastre. sólo para enterarse que el amado/a se encuentra muy enamorado de un “extraño”. Y ESO inaugural que se les brindó mágicamente. caído más allá del horizonte propio… que se ha de perseguir infructuosamente. tampoco puede creer en volver a re-crearlo: consagra su sentir a pretender. la figura del tercero marca el ritmo de la situación: los hilos del trío los teje un Otro que somete al sujeto a su poder. la crueldad inalterada del guión del fantasma. evanescente. que define la repetición tal como Freud la describió en 1920. ESO es especial y así debe ser: sólo de ese modo tiene valor. 3) Concreta o sugerida. El sujeto “sucumbe” (Freud) cuando se tropieza con la mismidad de la escena repetida hasta lo demoníaco: aguardó durante décadas su oportunidad. Esta es la trampa en la que cae. En estos sufridos sujetos hay una . sino de un toque. V. suele ser distante de lo propio: apaga la relación. No hay operatoria de la castración alguna.

él nunca dejó de comerlo. “Sumido” en su guión. Allí también se aloja lo inaccesible –pero fascinante– que motoriza la continuidad de la relación. marcas que lo han transfigurado. Hay arte erótico también: requiere paciencia. O el notorio gesto de contrariedad que esbozaba ella cada vez que se le quemaba esa comida. Conversar con una muchacha para conocerla –realmente– no les genera ninguna exaltación. es decir: la idea de construcción y de labor concierne directamente a la sexuación en todos sus detalles. Por el contrario. también. Es un arte “entenderse” a partir del discurso. Llamemos recordar a la evocación “sentida” de esas pequeñas cosas –diría Serrat–. pero eso lo hacía tan. cuando él silbaba y desafinaba espantosamente al ducharse. Puede llegar a ser delicioso. Aprender a conversar con alguien representa toda una labor. pero nunca será extático. que sonará más “fría” desde el ojo del éxtasis. Ellos manifiestan un desinterés total por el otro como “otro-de-ellosmismos”. que tienen sus ventajas y desventajas. Usualmente a los sujetos que están poseídos por el fantasma el funcionamiento que implica esfuerzo y contrariedades los apaga. Pero también es un arte el besar o hacer el amor: es un arte complejo el de disfrutar de la vida. pero tan querible para ella. el único espacio donde anida lo que uno puede degustar y. pese a ello. como un arte. el sujeto renuncia al conocimiento del pequeño otro real. lo que. si pierde. conocimiento. . Más allá de los malentendidos significantes este “próximo” es el único que se puede experienciar como hallazgo de la castración. Lo hacía sólo por ella. como alteridad. de una dialéctica. Esbocemos una alternativa más simbólica. por lo que desisten. que se insertan dentro de un proceso. encontrar a alguien con quien se pueda hablar es más bien raro. Por ejemplo. la que nunca alcanzaba a salirle del modo que se veía en la foto de la receta. Hitos en la vida del sujeto. productos de dolores fecundos. no de los gestos supuestamente significativos. Esto no es terreno de goce fantasmático. pero que es artesanalmente vivible. Son responsabilidades que demandan dedicación y entrega. sufriendo al recordarlo.Conversatorio XIV Del Ventrilocuo y La Marioneta tendencia a no querer trabajar en lo más mínimo. Pensemos en acto-de-besar como la efectuación de un trazado pulsional. Pero ese platillo. así como confianza y mucha práctica. conocer a otro seriamente implica mucha dedicación. les aburre. respeto por el otro. puede extrañar. sino un enhebrado de posibles memorias fechables.