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La pobreza en la Argentina

No es algo extraño ver por las calles, facultades y algún que otro negocio de Argentina a niños y
niñas pidiendo monedas, o mujeres con hijos en brazos vendiendo productos tales como
pañuelitos, curitas o golosinas. A diferencia de muchos otros países en donde este fenómeno de
pobreza diaria sería justamente eso, un fenómeno, algo extraño e inusual en la vida rutinaria, en
Argentina la presencia de estas personas de bajos recursos que se valen en gran parte de unas
míseras monedas que les podamos dar pasaron, lamentablemente, a formar parte del paisaje
autóctono de toda ciudad y pueblo argentino.
Podría enumerar un sinfín de causas por las cuales en las calles hay cada vez más gente en
situaciones muy precarias, pero en este caso nos centraremos en el aspecto que concierne a la
educación.
No hay duda de que el sistema educativo argentino es un tanto “retorcido”. Si bien las puertas a la
educación primaria están abiertas para todos, en el camino muchos “caen” del sistema; basta con
echarle un vistazo a los censos escolares realizados a lo largo de los años: de primaria a secundaria
y de secundaria a estudios terciarios hay un descenso progresivo y notable en cuanto a la cantidad
de alumnos a lo largo de los años de escolarización. Eso se debe a un gran número de factores
relacionados principalmente con el sistema educativo actual, pero también con cuestiones
relativas al ámbito familiar y a la situación socioeconómica del país.
Muchos de estos chicos que “caen” del sistema en su mayoría son chicos que se ven frustrados por
el sistema u obligados a abandonar sus estudios debido a la necesidad de colaborar para sostener
a sus familias. Este último caso crea un círculo vicioso en el sentido de que al no contar con
estudios básicos sus posibilidades de conseguir un trabajo en blanco en el que no los exploten y les
retribuyan su esfuerzo con un sueldo apropiado son muy bajas. Por ende, estas personas se verán
obligadas a mendigar o hacer “changas” a cambio de unas pocas monedas que difícilmente les
sirven para mantener a sus familias. Y asimismo, sus hijos también deberán colaborar con el
mantenimiento de la familia, por lo que en algún punto se verán obligados a abandonar la escuela
o, peor aún, a ni siquiera pisarla.
Pero tampoco hay que dejar de mencionar otro motivo relevante (y alarmante) por el cual muchos
niños en edad escolar no asisten a la escuela. Aunque en el sentido de concientización de la
importancia de la educación se ha avanzado exitosamente a lo largo del siglo pasado, lo cierto es
que aún hoy en día hay familias que no envían a sus hijos a la escuela. Son una minoría, pero
existen.
Resumiendo, son muchos no están recibiendo educación debido a la ignorancia de sus tutores,
debido a cuestiones de fuerza mayor que les impiden asistir a la escuela o a causa de las fallas del
sistema educativo imperante. Este no es un fenómeno puramente actual, hace años que se viene
dando en nuestro país, y por ende hoy en día se toma como algo normal el ver niños pequeños
rogando por algunas monedas, o adultos acurrucados en un banco de la plaza en pleno invierno,

cuando en realidad deberían ser hechos que. más allá de tomarlos con naturalidad. deberían horrorizarnos y hacernos reflexionar un poco más sobre el porvenir de aquellos que vemos día a día en las calles esperando poder llevar algo a la boca al final del día. .