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AÑO II NÚMERO XIII EDICIÓN DE DICIEMBRE DEL 2009

LA SANTÍSIMA
TRINIDAD DE LAS 4 ESQUINAS
Editado en Arica- Chile 2010
Diseño: Daniel Rojas Pachas
Cinosargo © Daniel Rojas Pachas 2000-2010
Contacto: carrollera@gmail.com
Web: www.cinosargo.cl.kz

Cinosargo by Daniel Rojas Pachas
Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras
derivadas 2.0 Chile
INICIAMOS ESTA EDICIÓN DE LA SANTÍSIMA
TRINIDAD...

...celebrando nuestro primer año de vida. El recorrido ha sido
arduo y nos ha llevado por diversas sendas del quehacer literario
nacional, hemos entrado en contacto con autores consagrados a
través de su lectura y hemos iniciado diálogo con las nuevas voces
que abren con sus obras, camino a lo largo de todo el país.

Definitivamente hemos aprendido mucho con este proyecto que inicio
como la inquietud de cuatro amigos por reseñar todas las aristas de la
producción escritural chilena y aunque hoy, a un año de dar vida a este hijo
de Cinosargo, sólo quedamos de forma consecuente dos de los fundadores,
Daniel Rojas Pachas y quien suscribe, podemos sin embargo regocijarnos al
saber que la Santísima tiene fuerza suficiente para mantenerse pese a las
ausencias y ha ido creciendo en otras direcciones.

Hemos conseguido una docena de ejemplares y un público así como
colaboradores en constante interacción, todos atentos a la difusión y estudio del
edificio cultural de la nación. Por ello buscamos mantenernos firmes en la tarea
de seguir colaborando con nuestra propuesta y trabajo, a fin de difundir un poco
más la literatura dentro de Chile y hacia el extranjero ponderando la riqueza de
quienes dan forma y esencia a nuestra identidad literaria con sus quiebres y
expansiones.

La Santísima de esta manera se ha ido consagrando con independencia y
humildad, ganando su espacio y sumando esfuerzo al rol que ya cumple y
ocupa Cinosargo dentro del norte del país y en realidad dentro de Chile
y el mundo, con puro trabajo, dedicación y sincero amor por la
literatura.

...ESPERAMOS DISFRUTEN!!!!!!!!!!!!!!!!
LA SANTÍSIMA, SIEMPRE DEDICADA A LA
LITERATURA NACIONAL...

VIOLETA FERNÁNDEZ.
26/ 12/09
Dialogando con la nueva narrativa de Arica
Por Daniel Rojas Pachas

Resulta necesario presentar esta parte de la compilación
nuevos narradores de Arica y Antofagasta con unas
palabras acerca de los estilos y técnicas dispares de
quienes por la incipiente XV región, han tenido el
atrevimiento de representarse narrativamente a sí mismos
más que a una localidad, pues si bien, todos tienen en
común el residir en Arica (ni siquiera se puede decir que
todos sean originarios de esta zona, dada la condición
extrema y fronteriza que ostenta) podemos destacar por
encima de la confluencia espacial un irrefrenable deseo
de no ser encasillados y evitar asumir de modo
determinante el espíritu de geografía frontera, ciudad
heroica y nostálgica que cierta mirada canónica ha
impuesto. Por ello, citamos planteamientos de Virginia
Woolf a esta altura ya clásicos aunque muchas veces no
escuchados o bien entendidos por algunos sectores
dogmáticos de la tradición literaria local y porque no
nacional, que pretende regionalizar la literatura como una
imagen de postal llámese pampina, austral o alegórica del
copihue o el cactus.

Woolf decía: La vida no es una serie de farolas ordenadas
simétricamente, sino un halo luminoso, una envoltura
semitransparente que nos rodea desde el inicio de
nuestra conciencia hasta su final.

¿No es tarea del novelista transmitir este espíritu variado, desconocido y sin circunscribir, no importa
qué aberraciones o complejidades manifieste, con tan poca mezcla de lo ajeno y lo externo como sea
posible?

Tales palabras nos permiten expandir desde el intuitivismo, la irracionalidad, el expresionismo y la
percepción estética de cada individuo, la región, no como un exacerbamiento de lo que Tolstoi decía
“Describe tu aldea y serás universal”

Sino considerando la realidad que nos convoca como es en su completa incertidumbre… una aldea
global, abstracta y con fronteras virtuales, más cercana hoy a una red paragramática llena de códigos
fonéticos, sintagmáticos y semánticos, signos y discursos intra- e infra-históricos y que cada autor
sabrá como abordar y proponer a su antojo independiente de su ubicación en un hemisferio.
Al respecto, no podemos negar que el espacio y época influyen, la distancia de un centro por ejemplo,
digamos Santiago…

Pero para el caso de Arica vale afirmar que hay muchos otros centros a los que paradójicamente la
ciudad ha estado anexada o vinculada a lo largo de su historia, Perú y Bolivia…
También Arica, si lo pensamos es al final un centro
lejano e indolente para las provincias de Parinacota y la
población Aymara del país y en cuanto al resto de Chile,
la otrora ciudad de la eterna primavera, es también un
núcleo cuando se trata el tema de los inmigrantes
ilegales y la droga.

En definitiva todo lo expuesto está en mayor o menor
medida en la mente de los creadores de esta antología
y si bien uno puede escribir situado y lo hace… se
puede contraargumentar a aquellos fundamentalistas
del naturalismo regional que pregonan: “que uno no
puede marginarse o dar la espalda al mundo que lo
rodea” añadiendo del mismo modo, que uno tampoco
puede excluirse de la labor de rodear al mundo con lo
que uno es en lo más profundo de su caos y deseo por
imaginar la realidad.
Por ello este grupo o colectivo imaginario de autores situados en Arica… no cabe tampoco llamarlo
generación pues hay voces aquí que bordean los veinte y otros que superan los cincuenta… por
tanto es preferible entender su quehacer como el de artistas disímiles de la palabra y que aspiran
desde su individualidad a desarrollar una geografía mental más que territorial abocándose a la región
no tan transparente que cada cual quiere relatar y representar en el papel.

Así lo demuestra la inclinación multifacética que vemos en los textos, el humor negro, la blasfemia y
desacralización de figuras, lugares e hitos, incluso instituciones como el mismo arte de narrar son
cuestionados con una revisión irónica y metatextual de la palabra y espacios concretos cargados de
un esplendor utópico, podemos señalar el Morro o el manoseado y derruido Hotel Pacífico, en esos
trotes tampoco es de extrañar la revisión a los llamados subgéneros, el terror, la ciencia ficción, la
novela negra y las transgresiones que modifican la estructura narrativa lineal con saltos de nivel
poniéndose atención más que a lo enunciado a la enunciación, los quiebres temporales y por último
la ausencia de una voz definida se lucen en estas prosas.

La suma de todos estos esfuerzos en cualquier caso, tampoco anula el potencial de la tan mentada
ciudad desértica y fronteriza que asume el rol de atmósfera o punto de hablada, espacio depredador,
violento, contradictorio y ambiguo que Cormac McCarthy, Rulfo, Burroughs, Bolaño, Lowry y muchos
otros vitalizaron…

Aquel lugar sigue siendo sin duda un misterio y veta a explorar y que lastimosamente termina
pudriéndose como cualquier otra posibilidad creativa en el decimonónico afán de poetizar
elogiosamente las bondades del paisaje y el tesón del tipo humano… por ello se plantea desde este
punto, en la historia creativa de Arica, una imperiosa primera tentativa de romper con una inercia
fetichista y reduccionista que se ha asumido como verdad en los últimos cincuenta años o más
dentro de la literatura de la localidad… pues el ejercicio escritural debe ser el norte y no el norte
como tótem, mantra o símbolo sacro una excusa para escribir en clave turística y condescendiente

Daniel Rojas Pachas
Arica diciembre 2009
La "Nueva Nortinidad" a propósito de la Antología Escritores de
Arica - Antofagasta
por Alvaro López Bustamante

A raíz de ciertos hechos muy interesantes, que no viene a cuento mencionar por ahora, sostuve una
discusión que derivó, afortunadamente, en ciertas consideraciones respecto a la “nortinidad” en la
literatura.
Usualmente, se considera literatura nortina a
aquella que habla de la pampa, en lo posible
situada antes de 1960. Dejando aparte el
valor histórico-testimonial, se trata
generalmente de literatura orientada a
generar una cierta modorra intelectual, pues
existe un concepto entre místico y cómodo de
lo nortino. Un misticismo de cartón piedra, en
que se añora la época feliz de la juventud,
sumado a la comodidad de aceptar ciertos
estereotipos por su forma, no por el trasfondo
histórico, emocional, o social que los originó.

Ocurre que las cosas han cambiado en 50
años, y si literatura nortina es aquella que
habla de lo que pasa, digamos, más al norte
de La Serena y, mejor aún, desde Vallenar al
norte,entonces tenemos que hablar de otras
cosas, todas derivadas de la condición de
región extrema y fronteriza: La inmigración, el
tráfico de drogas, el tráfico de mujeres y
hombres, la pobreza, el encarecimiento
material y el empobrecimiento intelectual y
espiritual de la vida, y la brutal desigualdad
con que todo esto pinta a la sociedad donde
estamos inmersos.

El lenguaje, entonces, no es precisamente de academia, más bien, se profieren palabrotas y
palabrones, las situaciones no son en general del agrado de reunioncillas de salón, sino que todo es
más sucio, más violento. Menos cómodo.

Queda una sola oficina salitrera, y los íconos ya no son los mismos. Se pasa de Sabella a Bolaño,
de la imitación de Neruda a la imitación de Bukowski,y ya internet no es nada especial.

¿Reivindico Norte Grande? Por supuesto, pero con narcotraficantes, y asesinos en serie. Es lo que
nos tocó vivir. Es la nueva “nortinidad”. Es lo que hay.
Para saber qué diferencia la "Nueva Nortinidad", de lo existente, hay que describir lo segundo.
Partamos por la poesía.

En general, la poesía nortina ha sido un apéndice de aquella en las metrópolis de más al sur.
Excepciones: Oscar Hahn, Jodorowsky, Calderón, Fariña. Sin embargo, no viven en el país o la zona
desde hace décadas, por lo que la cotidianeidad, la naturaleza actual de nuestra situación, poca
influencia tiene en su poesía a estas alturas.

Poesía nortina: O "lárica", o imitación de Neruda y Huidobro, en menor medida de Rojas (el bueno) y
de Parra. Al ser voces impostadas, se tiende a la chatura, a la repetición de tópicos, y muchas veces,
hay que decirlo, a la pobreza intelectual y de vocabulario. Se confunde poesía con palabras huecas
que suenan bonito, rebeldía con descripción de lugares exóticos, calidad con cantidad. Se intenta
impresionar con frases altisonantes, en suma: vacío y torpeza.

En lo que llamamos "Nueva nortinidad", lo realmente nuevo está en sus temas, no en la forma. Así, en
general, sus tópicos lo constituyen hechos que efectivamente ocurren al escritor, y que afectan tanto
su entorno como su vida interna: Sangre, rabia, vida. Prostitución, drogas, violencia intrafamiliar, sí,
pero también amor y humanidad. En las formas, podemos observar cierta adopción de la llamada
neovanguardia de los '80, así como la ruptura con los corsés del modernismo de comienzos del siglo
XX (tan caro a la "poesia nortina"), la influencia de la música contemporánea y los medios digitales y,
lo más importante, una intensa búsqueda de la expresión propia.

Es triste que los representantes más fuertes de estas expresiones, hayan quedado fuera de la Feria
del Libro santiaguina 2009, por distintas causas. Lo lamento, por la alta calidad de sus textos, y
porque me parecen quizás más representativos de la lírica local, por lo actual, por lo vivo, porque
representan el futuro, la dirección donde va nuestra literatura.

En la narrativa actual del norte de Chile, resulta evidente (aún más que en nuestra poesía) el viraje
hacia otras posturas estéticas, distintas a lo que habitualmente se ha considerado "literatura nortina".

Y con "literatura nortina", nos referimos, a la prosa "pampina", con mayor o menor dosis de moralina o
moraleja, que es básicamente donde se ha ido encasillando la identidad de nuestra zona.

Tomemos el caso de la novela "Alto Hospicio", de Rodrigo Ramos. Nos cuenta la historia del
connotado asesino en serie, pero desde una perspectiva que resulta más descriptiva que axiológica o
moralista. Nos habla de los inmigrantes, de la droga, de la pobreza. Del llamado "mundo de la noche".
De Internet. Son temas que, me parece, están surgiendo con fuerza en estos últimos años, en la obra
de diversos autores radicados en la zona, y que se alejan del llamado "mundo pampino". La técnica
narrativa también varía: se toman prestados elementos de la ciencia ficción, del cómic, y entre otras
cosas, se bastardea la técnica periodística llamada "gonzo", donde el periodista es parte de la noticia,
la relata desde un punto de vista netamente subjetivo, enfatizando aspectos de la misma, apelando a
recursos reales y ficticios.
Se apela a la realidad actual, sucia, dura, pero innegable. El ámbito ahora es más citadino que
pampino, las salitreras desaparecieron (excepto una), y ahora vivimos una cotidianeidad que une a la
gente que se pierde días "arriba", en la mineria, con un collage tercermundista postmoderno, con
abismantes brechas entre pobreza y riqueza, mezclados todos como en un merengue, al decir del
tango. Evidentemente no es el mundo pampino al que la literatura nos ha tenido acostumbrados
desde el siglo XX, sino uno igualmente duro, pero con otros códigos, otros ámbitos, otras
perspectivas. Nuestro presente. Y posiblemente, buena parte de nuestro futuro.

De un tiempo a esta parte, ha ocurrido un cambio profundo en los aspectos sociales (y económicos)
de la zona norte. Esto se ha ido reflejando, poco a poco, en su literatura.

A esta literatura, influida por cambios relativamente recientes, algunos hemos dado en llamarle "nueva
nortinidad", para diferenciarla del tipo de literatura que se supone caracterizaría a nuestra zona. Con
esto me refiero a poesías e historias de pampa, de salitreras, y todo el universo asociado a ellas.

No hablamos, entonces, de la eliminación de la literatura calichera, sino del surgimiento de nuevas
generaciones, cuyo lenguaje y forma de vida están más cercanos a la condición de zona fronteriza y
geográficamente extrema, situada en el patio trasero de la llamada globalización, que a nuestro
imponente pasado de explotación en las casi extintas oficinas salitreras.

Esta nueva aproximación a la literatura, de la que me siento parte, no es antojadiza, ni menos un
arrebato caprichoso, sino que más bien es la constatación de que numerosas escritoras y escritores -
cada cual siguiendo sus propios procesos independientes- han arribado a cierta estética común y a la
consideración de temáticas semejantes, que son las que ya he mencionado en los anteriores
artículos. Es posible que, "sin querer queriendo", haya nacido una especie de "colectivo imaginario",
como lo llama un amigo, pues estas escritoras y escritores, además de rescatar el concepto de
solidaridad entre pares, concuerdan - esto se ve leyendo las distintas obras - en una redefinición del
concepto de "nortinidad" en lo literario.

Es razonable pensar que este proceso seguirá un largo tiempo: podemos distinguir escritores de valía
en esta línea, lo que asegura representantes dignos del proceso. Ellos - esperemos - le cambiarán la
cara a la literatura nortina.
LA SORPRENDENTE NOVELA DE CÉSAR VALDEBENITO
Por Francisco Javier Parra

Acaba de aparecer en librerías la novela Correcciones Elementales, del escritor César Valdebenito. El héroe de la
novela es Claudio Villanueva Zawaski, un escritor maldito envuelto en una vida que lo supera. Vive rodeado de tipos
complejos que cada cierto rato nos parecen unos evocadores de penas del pasado, unos superdotados, o unos
seres paradójicos. Junto a ellos, una serie de personajes secundarios toman a veces las riendas de la narración y
sus destinos lentamente se van uniendo al del protagonista con sus muertes y desapariciones. Claudio Villanueva
puede ser el diablo, o un ángel, o un pobre hijo abandonado por su padre, o un ser infeliz que carga con la culpa de
la muerte de éste. Es un ser sin identidad porque las tiene todas, puede amar, odiar, utilizar a sus amigos, joderles la
vida, golpear mujeres y ser golpeado. En ese maremagnun el protagonista camina en la cuerda floja, porque es un
personaje que ya hizo lo que quería hacer y que ya no podrá ser otra cosa que lo que es: un poeta solitario
impenitente, pero que se seca y pierde no sólo la virtud que la vida le dio para escribir, sino al revés, pierde la vida
buscando aquella virtud. Sin embargo, no se crea que en la trama de Correcciones Elementales surge el vicio de
muchas novelas actuales, en que el escritor escribe para escritores y en que la trama no conoce más aristas que la
vida misma de ese escritor. Aquí el asunto es muy distinto; Claudio Villanueva es un personaje extremadamente
complejo que desarrolla una carrerilla como escritor o celebridad literaria de una pequeña ciudad, pero que no agota
ni sus particularidades ni mucho menos su historia en aquello, sino que junto a él nos arrastra hacía un Sur profundo,
desolador y turbulento.

Así Correcciones Elementales nos presenta una buena cantidad de historias sólidas, sórdidas, conmovedoras y
apocalípticas que son narradas con una síntesis demoledora, careciendo de todos los tópicos desgastados que
afloran recurrentemente en la narrativa nacional. Como telón de fondo la novela nos muestra un nítido cuadro social
y político y a partir de ahí todo trata del caos personal. El autor aborda cada capítulo desde ese mismo ángulo, y
dejando que cada línea de su prosa deje una huella indeleble en nuestra memoria. Leer a Valdebenito es como ver
un reportaje de guerra o como recibir el diagnóstico de una enfermedad terminal y ahí nos encontramos con la
intimidad del amor, la paranoia de las amistades que se quiebran y reconstruyen y vuelven a quebrar y el narcisismo
descarado y frívolo de las familias.

Y, como Villanueva en sus buenos tiempos (si alguna vez los tuvo), Valdebenito es un poeta de condiciones notables,
y no duda en desperdigar la belleza de su poesía en cada palabra que escribe. Así como tampoco le teme a la
sexualidad arrolladora y enfermiza de sus personajes, ni a la violencia extrema, ni al amor más tierno. Y es a través
de esa poesía que se nos permite ver, tocar, sentir la ciudad donde transcurren los hechos; el Concepción agitado y
convulso de finales de los años noventa y principios del dos mil. La técnica de la novela es variada y plagada de los
más diversos recursos. El monólogo interior y la reflexividad del protagonista en algunos capítulos, contrasta y a la
vez armoniza con una narración seca y dura de otros, lo que, sin embargo, aparece unido a la perfección, sin perder
la línea humorística, grotesca, exuberante, de la prosa de Correcciones Elementales. En cuanto a estructura,
Valdebenito divide su obra en cinco partes, cada una de las cuales se compone de capítulos cortos que en sí mismos
encierran una y muchas historias, pero dejándole al lector el espacio suficiente para interpretar y reflexionar acerca
de aquellas, al más puro estilo de autores como Carver o Hemingway, siguiendo la tradición realista y sucia de la
mejor narrativa norteamericana. Sin duda, Correcciones Elementales constituye una pieza clave y sólida que permite
afirmar que estamos en presencia de uno de los más dotados autores de la literatura chilena contemporánea.
LA DIALECTICA PASADO-PRESENTE EN LA NOVELA
CALLATE VIEJO E MIERDA DE LUIS SEGUEL VORPAHL

PATRICIO ÚBEDA ÚBEDA
UNIVERSIDAD DE TARAPACÁ
ARICA CHILE

0. Introducción

Esta ponencia se propone analizar e interpretar la novela Cállate viejo e’ mierda de Luis Seguel
Vorpahl, cuya estructura polar opone el pasado ariqueño al presente; y se desarrolla en el contexto
de la ciudad de Arica, abarcando desde 1960 hasta 1980, aproximadamente.

En su esencia, la novela surge como la voz de una sociedad que ha perdido la dirección del arte, la
ciencia y la moral, y funciona al ritmo de la economía. En ese contexto, la estructura de la obra se
funda en la necesidad de explicar social, cósmica y estéticamente al hombre de hoy.

A nivel del discurso, la novela se organiza como un relato en el que la narración básica enuncia el
proceso creativo, que aparece como una lucha entre la realidad y la ficción, en que la ficción busca
desprenderse gradualmente de ella, hasta lograr la independencia, la autonomía artística creada por
el lenguaje literario.

Para cumplir con nuestro propósito, nos apoyaremos en el modelo socio-semiótico de Bajtín, que
marca una ruptura metodológica con el formalismo en una triple dimensión: estética, teórica e
ideológica.

En este contexto, nuestro trabajo se iniciará con una breve exposición sobre el planteamiento de
Bajtín. Luego se ubica la obra en el contexto de producción y recepción y después de ello, realizar
un análisis que contemple tres actividades: determinación de la estructura y de su organización
discursiva.
1.0 Marco teórico y conceptual.

Según Bajtín, oponiéndose al formalismo, el texto novelesco no constituye un texto autónomo y
cerrado en sí mismo, sino un componente más que forma parte del quehacer cultural. Esta ruptura
metodológica con el formalismo se da en una triple dimensión: estética, científica e ideológica.

En lo que concierne a la dimensión estética, el autor toma en cuenta sólo el aspecto subjetivo de los
interlocutores, rechazando la dimensión retórica; porque esta apunta a la persuasión y no a la verdad,
provocando una ruptura con la idea racionalista de verdad, que concibe como un acontecimiento
valorado por un pensamiento “emotivo-volitivo” (Beltrán, 1995:59) Con ello Bajtín quiere demostrar la
incapacidad del formalismo de dar cuenta del objeto estético y de todo el dominio de la razón práctica
(ética, política, cultural).

De esta manera, la idea de verdad como acontecimiento y de noción de estilo “emotivo-volitivo” se
constituyen en los factores que permiten comprender la experiencia estética, que se compone de dos
momentos principales: la empatía y la objetivación. La primera, que actualiza algo que estaba en
potencia, se caracteriza por cierta suspensión del juicio, del proceso racional, permitiendo un contacto
sensorial-intuitivo-emocional, que nos revela sentidos inéditos que evidencian valores. El segundo
componente se presenta como un distanciamiento, como un estímulo a la actividad racional, que
busca explicar el sentido revelado, el por qué del efecto estético. En última instancia, estos dos
movimientos definen el perfil del objeto estético, al otorgarle sentido de unidad.

La idea de empatía se relaciona con la realidad humana, que está configurada por una pluralidad de
voces, de conciencias y de discursos, que asumen una actitud dialógica, haciendo del diálogo la
esencia de la vida. Esto significa que el pensamiento de Bajtín se opone a todo tipo de centralismo
lingüístico, ideológico, cultural y social y, naturalmente, a todo tipo de enfoque abstracto, formalista,
en que esté ausente lo humano. Los discursos literarios son el producto de la trasformación que
experimentan los diversos discursos sociales, cada uno con su propia perspectiva ideológica. Al
incorporarse al discurso novelesco, la multitud de voces, que pierden su carácter socio-lingüístico
directo, se manifiesta a través de las palabras del autor, de los narradores, de los discursos
insertados y del discurso de los personajes, cobrando sentido en un contexto determinado (Bajtín,
1989: 77-236).
En este sentido, la novela se puede entender como un espacio de encuentro de discursos en el cual
concurren múltiples voces sociales, que permiten poner en relación el universo de la ficción con la
realidad histórica, hecho que deriva en una doble consecuencia. Primero, la construcción del discurso
novelesco pone en evidencia la marca ideológica de los discursos sociales representados
ficticiamente en el texto literario, a través de la organización del lenguaje en el discurso. Segundo, la
acción ejercida por la realidad histórica pone de relieve el sentido que adquieren los sucesos
narrados para el lector en el contexto social, político e histórico en el cual está inserto.

La marca social e ideológica que lleva el discurso se constituye en un hecho clave, que produce en el
texto novelesco un tipo de significación plurívoco. Por tanto, entendida la novela como un espacio de
encuentro de distintos discursos, se constituye en el lugar privilegiado de la interacción verbal, social
e ideológica. De este modo el texto novelesco, materializado en el lenguaje, se constituye en un
hecho social e histórico, que define el fenómeno literario como un proceso de comunicación, que
pone al descubierto a los participantes del proceso creador y receptivo, es decir, establece un vínculo
entre el autor, la obra, el contexto y el lector.
Consecuentemente, Bajtín no define la ideología en el sentido marxista tradicional de “falsa
conciencia” (1), sino como un sistema de pensamiento y de apropiación de la realidad en un grupo o
clase particular por intermedio del lenguaje, es decir, por un sistema de signos que genera el sentido
de la sociedad. De este modo, el lenguaje se constituye en el material semiótico de la conciencia
humana, dándole una orientación dialógica a la ideología, que se ofrece como un proceso concreto y
vivo, semejante a la dinámica de la práctica social y a la actividad voluntaria que asume el sujeto en
ella. El texto establece un diálogo con las fuerzas vivas de la cultura en que se inserta, esto es,
facilita el diálogo de las infinitas voces que conviven en el espacio social.

De acuerdo a Bajtín, el análisis inmanente del material verbal de una obra de arte literario, no puede
dar cuenta del lenguaje en su determinación artística y literaria, quedando sin explicar, por ausencia
del elemento valorativo, la tensión emocional y volitiva de la forma. Por tanto la forma no debe
entenderse como aspecto externo de algo, sino como estructura encargada de la organización del
contenido, en la que el propio contenido determina el carácter de dicha organización.

2.0. Contexto de producción y recepción.

El autor ha seleccionado el tema del medio social e histórico, transformándolo durante el proceso
creador en contenido de la obra, tarea que lleva adelante a través del lenguaje y de la organización
del discurso en el texto. Esta organización, que permite al lector vincular los aspectos temáticos y el
lenguaje, garantiza la materialización artística de la obra, su coherencia interna y externa. De este
modo, el contenido de la obra es el resultado de la unidad entre el tema que se ofrece al autor como
posibilidad de expresar sus propias vivencias en forma artística, contribuyendo con ello a revelar la
unidad entre forma y contenido, que resulta de la transformación de los significados convencionales
del lenguaje, todo lo cual favorece que el texto sea experimentado, sentido, en vez de comprendido e
interpretado.

Por tanto, como objeto estético, sensible, la forma de organización de la novela provoca la semiosis,
haciéndola significativa. Situada en el contexto de la ciudad de Arica, su desarrollo, que abarca
desde 1960 hasta comienzos de los 80, aproximadamente, se haya condicionado histórica, social y
culturalmente. Sin embargo como objeto estético, no podemos confundirlo con el mundo real, ya que
constituye un mundo con dimensiones propias. Lo representado en la obra constituye un mundo
ficticio, que es producto de la imaginación creadora. De este modo, puede entenderse como un
tenso y esclarecedor ejercicio sobre la realidad ariqueña, como asimismo, una visión de la
contaminación ética del consumismo que se ha instaurado en la sociedad contemporánea.
En última instancia, constituye un intento de ser la voz de una sociedad que funciona al ritmo de la
economía y se ha olvidado de la importancia del arte, la ciencia y la moral en la vida humana.

En este contexto, la estructura polar de la obra, que opone el pasado al presente, nos permite
percibir la realidad social, cósmica y estética del hombre y el mundo de hoy. No se trata de una
relación real entre el mundo que vivimos y el mundo ficticio de la novela, sino se trata de una
relación de razón estética, metafórica. El mundo evocado en la novela nos lleva a establecer una
relación de significado entre el mundo real conocido por el lector y el mundo ficticio. Por ejemplo, la
presencia de ciertos nombres o acontecimientos como barrio industrial, Austin Mini, campeonato
mundial del 62, Junta de Adelanto de Arica, la ciudad del Nylon, La Virgen de Las Peñas, el Casino
de Arica, son elementos de la ficción que permiten al lector relacionar Arica actual con Arica antes
de la Dictadura militar. Antes del 73 Arica era una ciudad rica, en la cual había de todo, y la gente
no se endeudaba; compraba todo al contado. La demolición del Hotel Pacífico es la gran metáfora,
que simboliza la decadencia de Arica.

De este modo, los elementos constructivos en tensión constituyen la marca ideológica que pone en
juego el conflicto entre la presencia y ausencia, que establece el proceso generativo del texto en el
horizonte ideológico de la época (Bajtín, 1992). Siendo así, lo ideológico del signo va a depender
siempre de un sujeto real, en un determinado momento histórico y situación social. Y es justamente
la participación de lo social en la semiotización del signo, lo que lleva a Bajtín a establecer que
todo signo es ideológico y todo ideología se materializa en algún signo concreto (Voloshinov,
1992). Por consiguiente, todo texto literario es ideológico, y si analizamos los elementos
constitutivos en tensión de la novela podemos llegar a “la plenitud semiótica de la tensión
ideológica” (Mancuso, 2005: 143). Veremos a continuación cuáles son los puntos estructurales de
la obra donde se manifiesta la tensión ideológica, tanto desde el nivel de la historia narrada como
desde el nivel del discurso. Es decir, primero desde el punto de vista de la estructura; y luego
desde la perspectiva de la organización del discurso.

3.0. Organización estructural de la novela.

El eje estructural, que constituye la armazón del texto, es la oposición entre el pasado glorioso de
la ciudad de Arica y el estancamiento en que se encuentra sumida. Dice el narrador:

“aunque la palabra ciudad podría ser que aún le quede grande a una Arica que ha crecido
arañando apenas el camino hacia el progreso aun cuando puede exhibir un pasado glorioso”
8p.11).
En este marco se desarrolla el relato, que se inicia con una ceremonia matrimonial Aymara, realizada
en la Catedral San Marcos. En forma paralela al relato básico, se narra la historia que relata el
proceso creador de una novela, en la que Gracio Espejo aparece como un “escritor bastante poco
reconocido por sus novelitas casi policiales” (p.17). RosaLía Matamala, Lía, que aparece en la fiesta
matrimonial en Cerro Sombrero, abre para el incipiente escritor la posibilidad de hacerla la heroína
de la historia. Sin embargo, en el proceso creativo empiezan a surgir las primeras dificultades, que
tienen su origen en la realidad cotidiana, la vida que vive el novelista. Gracio Espejo no vive el
mundo de ahora, “el mundo de la teléfonos móviles y de las computadoras personales” (p.16), sino
que se quedó en el pasado.

A fin de proseguir con el proceso creativo, el autor debe luchar tenazmente con el medio en que vive.
Su propia madre se constituye en el primer obstáculo, a quien debe comprar el pan todos los días.
Pero el proceso creativo continúa, y a medida que avanza la escritura, Gracio Espejo empieza a
liberarse de la realidad cotidiana y así la escritura comienza a mejorar.

A medida que avanza el proceso creativo y el autor se va despojando de los elementos de la
realidad, el relato comienza a tomar forma; y en este proceso van surgiendo otros personajes, que le
dan a la trama más dinamismo. Uno de esos personajes es el inspector Espinoza, que se siente
fuertemente atraído por la heroína, logrando relacionarse con ella. Sin embargo, esta situación crea
una guerra silenciosa entre Pacchiotti, el mafioso amante de Lía y el detective. Mientras esto se va
gestando, Gracio Espejo deja por un tiempo la escritura, pues surge en su vida una mujer, Renata,
que lo aleja de su oficio de escritor; porque el amor surge como fuerza que lo despoja de su
capacidad creativa, como una vuelta a la vida cotidiana, donde la fantasía y la imaginación creadora
están ausentes. Pero el autor ya ha tomado la decisión de ser escritor, y opta por la soledad.
Entonces recorre la ciudad, sueña con lugares desconocidos y esos escenarios se constituyen en el
espacio donde se mueven sus personajes. El Manhattan, surge como un lugar de la ciudad que
expresa la vida nocturna de Arica, el lugar de encuentro de grandes artistas, como el Pollo Fuentes,
el Blue Ballet, etc. Pero también el escenario del crimen y la coca. Aquí el policía asesina al guarda
espaldas de Pacchiotti, por celos. Asesina al propio Pacchiotti, cuando este se iba a casar con Lía y,
finalmente se suicida.

En medio de este ambiente de guerra, Arica aparece como la ciudad feliz, llena de proyectos, en que
las empresas dan trabajo a la gente, abierta al mundo, en el que el tráfico de ropa y todo tipo de
mercadería era llevada al sur del país. Por otra parte estaban las grandes industrias, automóviles,
televisores.

Ha muerto su madre y Gracio Espejo siente la necesidad de terminar la historia de Lía. Pero surge
otra mujer en su existencia, Carla, de quien aprende que se puede ser honesto en la vida; porque el
dinero no constituye la única medida que valora la existencia humana. Ella, si bien es cierto era una
prostituta, era una mujer que luchaba por su hija, que la único que tenía en el mundo. Por eso
cuando Estelita muere, se suicida, porque su vida perdió todo sentido.
Gracio Espejo ya había creado el personaje; pero llegó el momento en que:

“Sintió la necesidad urgente de terminar la historia de Lía y deshacerse de ella, empezó a molestarle
su presencia en cada situación diaria y Gracio Espejo se zambulló a escribir mucho más ansioso que
el día anterior y queriendo terminar lo antes, mucho antes de lo que se imaginó al comienzo de la
novela” (p. 78)
Como ya sabemos, se había enamorado de Carla y esto le quitaba tiempo para el trabajo literario. Por
eso quiere destruir lo escrito; pero el suicidio de Carla le da libertad y puede retomar la historia de Lía.
Finalmente, después de permanente búsqueda, logra publicar la novela haciéndose conocido y
famoso.

La historia de Lía termina en matrimonio con un hombre que llega desde Santiago, un gran
empresario y visionario que se instala con una gran ferretería. Se llamaba Américo Astudillo. Este
hecho marca un cambio radical en la vida de la heroína.
Gracio Espejo, que se había construido una casa en Azapa, al final termina medio loco, confundiendo
la realidad con la ficción.

4.0. Organización del discurso.

A nivel del discurso, la novela se organiza como un relato en tercera persona, en el que el narrador
introduce un personaje, Gracio Espejo, que está escribiendo una novela. El proceso se escritura
abarca casi la totalidad de la narración. El narrador básico en tercera persona, a medida que avanza
el relato, va incorporando datos sobre el escritor, la vida de Arica, su gente. La buena situación de
Arica en la década de los sesenta y cómo empezó a decaer, cuando el gobierno de Allende fue
despojado de su cargo por un golpe militar, que gobernó al país a través de una junta, que
posteriormente se transformó en una dictadura. El país entero debió someterse al toque de queda.

El narrador básico detiene por momentos el proceso creativo para dar paso a los problemas
personales del escritor, sus amores, y luego continuar narrando la historia de Lía, hasta integrar la
acción matriz de la novela, al final.

Esta forma de estructurar el relato, exige la presencia de un narrador que utiliza la focalización cero,
el que situándose en el centro de la obra, nos entrega la historia básica a través de las acciones
narradas, pensamientos y actividades que realizan diversos personajes, asumiendo las múltiples
voces mediante el uso de la tercera persona. El narrador sitúa la acción en Arica, escenario principal
desde el cual va configurando la trama. El tiempo fluye, se detiene por algunos momentos, luego
avanza nuevamente y retoma el punto de partida en constante movimiento. A veces asume la primera
persona en que los personajes hablan directamente sin su intervención.

La focalización cero se complemente con la focalización interna, que le permite al narrador introducir
el punto de vista de los personajes dentro de la historia, fijando la perspectiva a través de las
acciones y pensamientos de los personajes. Así el diálogo y el monologo contribuyen a robustecer la
acción matriz, dándole más objetividad y credibilidad al relato.

A medida que avanza la narración, se nos informa de otros hechos que ponen al descubierto la
personalidad del autor y de la protagonista de la historia. Los hechos de violencia provocados por el
detective Espinoza, dan lugar a un desenlace trágico, que tiene su origen en la venta de coca.

Al final, cuando ya se ha resuelto la historia del proceso creativo, el narrador básico asume el relato,
uniéndose ambas líneas narrativas, ya que la historia de Lía se integra al proceso narrativo global,
que asume el narrador básico.
En síntesis, en la construcción de la novela se ha seguido un proceso creativo que evoluciona de lo
real a lo ficticio. Esto es, implícita y articulada en la estructura misma del relato, la narración básica
enuncia el proceso creativo, que aparece como una lucha entre la realidad y la ficción, en que la
ficción busca desprenderse gradualmente de ella, hasta lograr la independencia, la autonomía
artística creada por el lenguaje literario.

Se puede definir como la Novela de Arica, por cuanto se desarrolla en un espacio que corresponde a
la realidad ariqueña y transcurre en e un tiempo en que esta ciudad fue una zona de prosperidad y
muy atractiva para el resto del país. La trama, los personajes, y el espacio cumplen la función de
poner en relieve esta situación, que se enmarca en un eje temporal de un antes y un después de la
dictadura, la grandeza de antaño y la decadencia de ahora.

Conclusión.

En relación con el marco teórico-metodológico, se puede concluir:
a) La novela analizada, entendida como un signo producido en el marco de la vida social, política e
histórica, no puede prescindir de lo ideológico. Pues, como forma de comunicación que vincula en
proceso creador con la experiencia estética, pone en relación la vivencia que la originó con la
experiencia del lector. Por tanto, lo ideológico que, como elemento semiótico, no aparece explicitado
en el enunciado textual, opera sobre la sensibilidad del sujeto. De modo que el efecto estético y el
efecto ideológico actúan en forma simultánea sobre el lector en el proceso de lectura.

b) La ideología se manifiesta a través de la temática específica de la obra, la organización de la
trama y el discurso de los personajes.

c) La presencia del componente ideológico en la constitución del texto no depende de la posición
política o ideológica del autor, sino de una relación de sentido que fluye, por una parte del aporte
ideológico del autor y, por otra, de los distintos niveles de la obra, el contexto y el lector.

En lo concerniente al análisis, se puede concluir:

a) El texto encarna las transformaciones que ha experimentado la realidad social e histórica de
nuestro país como consecuencia del golpe militar, originando un nuevo orden social que se sustenta
en el consumismo.

b) Consecuentemente, el tema tiene su origen en la realidad social, política e histórica del país, como
asimismo en la vida cotidiana.

c) En este contexto, el material seleccionado por el autor está ya ideologizado y, por tanto, va a influir
en la estructura y organización del discurso, que asume la forma polar, generada en la marca social
e ideológica que define el discurso novelesco.
En síntesis. El análisis de la obra nos ha permitido:

a) Conectar el mundo ficticio representado en el texto con el mundo real;

b) Explicar las transformaciones que ha experimentado la sociedad chilena.

c) Plantear la creación literaria como creación dentro de la creación, que evoluciona de lo real a lo
ficticio;

d) Descubrir, implícita y articulada en la estructura misma del relato, como la narración básica
enuncia el proceso creativo, que aparece como una lucha en que el autor busca desprenderse
gradualmente de la realidad hasta lograr la independencia, la autonomía artística creada por el
lenguaje literario.

e) Detectar la soledad del escritor para el logro de sus propósitos artísticos.

f) Estructurar dialécticamente el discurso novelesco, que pone al descubierto la gloria y decadencia
de Arica.

Bibliografía

Texto analizado:

Seguel Vorpahl, Luis: Cállate viejo e’ mierda. Santiago de Chile, Mago Editores, 2008.

Textos de Estudio:

1. BAJTÍN, M. Teoría y Estética de la novela. Madrid, Taurus, 1989.

2. BELTRÁN, Almería, Luis: Ideología y estética en el IV Seminario Internacional de Semiótica
Literaria y Teatral. Madrid, 4-6 de julio, 1994. Visor, 1995. P.55.

3. FUENTE de la, Jorge; Arte, Ideología y Cultura. La Habana, Cuba, Editorial Letras Cubanas, 1992.

4. MACUSO, Hugo: La palabra viva. Teoría Verbal y discursiva de Michael M. Bachtin. Buenos Aires,
Paidós, 2005.

5. MARTINES MENDEZ, Mercedes. Temas de Teoría de la Literatura. La Habana Cuba, Editorial
Pueblo y Educación.

6. SILVESTRE, ADRIANA y BLANCK, Guillermo: Bajtín y Vigotski: La Organización semiótica de la
conciencia. Prefacio de Michael Cole. Barcelona, Editorial Anthropos, 1993.

7. VOLOSHINOV, V. El Marxismo y la Filosofía del lenguaje. Madrid, Alianza Editorial, 1992.

8. ZAVALA, Iris; La Posmodernidad y Mijail Bajtín. Una poética dialógica, Madrid, Espasa Calpe,
1991.
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AD DE LAS CUATRO ESQUINAS
Análisis de la novela “Carne de Perro” de Germán Marín
Autoras: Carolina Opazo y Violeta Valencia.

El escritor chileno Germán Marín nace en Chile en el año 1934. Es uno de los escritores más
controvertidos de su época, pues pese a pertenecer a una familia acomodada de origen militar, une
su obra a los pensamientos políticos de la Unidad Popular. Con aires de periodista y filósofo intenta
dar una versión irónica y crítica de la realidad socio-política circundante. Acción que en el año 1973,
tras el golpe militar, fue sancionada con el exilio. De este modo sus novelas tuvieron que callar la voz
del esperpento de la historia nacional. A modo de ejemplo podemos mencionar escritos como: Fuegos
Artificiales, Chile o Muerte, Una Historia Fantástica y Calculadora, Carne de Perro, entre otros.

Precisamente, Carne de Perro es un buen ejemplo de la novela social, ya que desde el testimonio del
revolucionario Ronald, su protagonista, obtenemos una panorámica de Chile durante el Gobierno de
Eduardo Frei Montalva y luego el de Salvador Allende. De esta manera, la prosa se articula en torno a
dos crímenes: la masacre de Puerto Montt y el asesinato de Pérez Zujovic; causa y efecto, hilo
conductor que nos lleva desde la objetividad política hasta la subjetividad de los afectados.

En efecto, una vez más se ven enfrentadas la derecha y la izquierda constituidas como un todo, pero
materializadas en sus partes. Dicho de otro modo, ambas se presentan como partidos políticos de
acción intelectual, mas también se constituyen de atracos ilegales rondados de muerte para despejar
el camino de las decisiones. En el primer grupo se encuentran los rostros adinerados y en el segundo
el pueblo, quienes se enfrentan por el ideal de mejora nacional, que en un caso es el poder y en el
otro la dignidad.

En este contexto, surge el VOP, Vanguardia Organizada del Pueblo, organización de origen
izquierdista e ideales revolucionarios, que: “rechazaban el papel que el marxismo-leninismo asignaba
a la clase obrera como vanguardia de la lucha social, muy por el contrario, tenían volcada su fe en
aquellos desesperados que, al margen de cualquier compromiso, creían en la rebelión a través de la
violencia” (Marín, 1995)
Es por ello que los personajes: Ronald, Arturo y el viejo, nacen como productos de los “maleficios”
del gobierno de la época, donde el caos de la deshumanización identitaria los hace transgredir sus
ideales de justicia con tal de conseguir materializar la utopía política o más bien su anarquismo que
ni siquiera integra al comunismo. He ahí que éstos, “los sumergidos, no obedecían a nadie y
apostaban sus vidas en cada acto”; puesto que “El que quiere ser revolucionario no tiene que
esperar a que llegue la revolución”.

De esta manera, dichos personajes en conjunto con otros individuos del VOP cuentan que llevaron a
cabo varias acciones armadas en el gobierno de Eduardo Frei que favorecían y se cohesionaban
con la Izquierda. Mas luego del asalto a la sucursal del Banco Nacional del Trabajador, fueron
acusados de asesinos al servicio de la Derecha y, en consecuencia, se les fue retirado el apoyo de
la institución.

En esa instancia, solos y cavilantes de la traición, la revolución se transformaba en el “producto de
un terrible engaño, nacido de la aspiración de cambiar el mundo”; pero advertían que ya no había
vuelta atrás. Porque la historia no podía esperar más por justicia y el próximo político a pagar su
crimen era Edmundo Pérez Zujovic, a quien se le acusaba de la matanza en Puerto Montt. Pecado
más que de carne de espíritu, en efecto, castigado por priorizar el imperio de la ley y no el derecho
de los ocho o diez individuos muertos.

Por consiguiente, en la descripción de la urbe se materializa la efervescencia ideal del frente popular
y en el calificativo de hombres grises (Opazo, 2009) se vivifican los protagonistas de esta historia,
características propias de la novela social y que su protagonista nos las presenta a continuación:

En primer lugar, Ronald Rivero, presenta la pugna dos fuerzas en su interior: su yo nostálgico del
pasado y su otro alienado del presente (Opazo, 2009). Así pues en el estado nostálgico vive el
placentero recuerdo de su mujer, Natacha, y en el alienado el de la hija de Zujovic, María Angélica.
Sensaciones que son descritas envueltas en el ambiente y se presentan de la siguiente manera:
Natacha, en la ciudad de Arica en un periodo de descanso, donde la suavidad prima en la relación y
cuyo efecto sexual amoroso se funde con el espacio cuando el protagonista “al hundirse llevado por
el éxtasis, sentía la invencía del paraíso junto con el rebullir del mar que se agitaba a la par de la
respiración. Desbocado al fin el pensamiento de en una multitud de ideas parásitas, éste se
mezclaba con el estallido de las olas al derrumbarse estrepitosamente, llenas de unos pedazos de
espejos que brillaban al sol sobre la playa” (Marín, 1995).

En consecuencia, la concepción de un hijo. Por otro lado, María Angélica, en la localidad de
Valparaíso en pleno invierno, justo en el momento del asesinato de Zujovic, cuando: “el súbito horror
blanqueaba su rostro… era barrido por las lágrimas. La falda de lanilla, perdida toda compostura en
la mujer, mostraba después de las ligas, adornada con el encaje casi de agua, unos muslos
abochornaos y abundantes, aplastados en la parte delantera del asiento…fascinado por esas
piernas casi juntas en su desnudez…era una sensación inexplicable como orgasmo…Las gotas
caían perezosamente a través de ese vidrio trizado por las balas” (Marín, 1995).
En efecto, la condenación a vivir perseguido o a morir.

En segundo lugar, Ronald afectivamente se sabe y siente culpable, por eso, manifiesta melancolía y
elegía en su tono (Opazo, 1999). Así lo demuestra en un diálogo con su esposa, cuando éste intenta
que ella se salve, “qué será de ti pregunto ella…Nada bueno como entenderás, estoy condenado en
este asunto a ser carne de barata.”, puesto que tarde toma conciencia en su vida se ha marcado una
antes y un después luego del asesinato de Zujovic, donde la muerte ya era su destino y ya era
demasiado tarde para arrepentirse.

En tercero lugar, Ronald se retrae en una geografía urbana (Opazo, 1999). Como antes se ha hecho
alusión en todo momento el personaje se funde con los lugares, tanto en su estado emocional
“tragado por la noche de invierno” o en su estado físico “en el techo de Zinc”; porque precisamente en
este último caso se presentan los escenarios de los sucesos, que en su mayoría son en Santiago y en
lugares específicos, la avenida Vicuña Mackena, el Estadio Nacional, la población Anibal Pinto, entre
otras.

En cuarto lugar, Ronald utiliza un lenguaje con adagios populares y criollos‘huevon’, ‘encañonar’, ‘rati’,
‘cagamos’, entre otras. En suma, por medio del testimonio agónico de Ronald Rivero (Opazo, 1999).
Expresiones que representan su origen marginal y a modo de ejemplo mencionamos: Es por esta
razón que el personaje es un hombre gris tal y como lo menciona Opazo (2009), en este sentido las
características envuelven el hilo de la novela social que más que crítica social pasa a ser una
representación de la vida de individuos marginados por la misma sociedad producto de sus ideales
libertarios y revolucionarios.

En este contexto el personaje como un caos se transforma en lo que Julia Kristeva llama “el texto
como sujeto y el sujeto como textualidad en el proceso de reconstrucción de la subjetividad” (Rojas,
2008), es decir que el personaje representa la crisis social que la propia sociedad no es capaz de ver,
así por medio de la historia la ficción cobra verosimilitud y la revolución de los personajes se convierte
en el reflejo de esta historia que se intenta cambiar a través de la revolución por medio de la ideología.
En palabras del propio Marín: “lo más grave era que mucha gente de la clase obrera, llevada por el
seguidísimo partidario, decían amen a todo eso cejándose representar. Tenía una fe de borrego en
sus dirigentes, una tropilla de oportunistas que, tarde o temprano, se venderían al mejor postor”
(Marín, 1995).
Así se representa la sociedad decadente y denigrada que no lucha y que no permite la revolución y
por eso la repudia, sin embargo, estas personas se vuelven necesarias aunque sean vistos como
despojos de la sociedad, pues mantienen una visión diferente, que no se sumergirse en la vida
cotidiana y alzan la mirada sobre la clase social para lograr una perspectiva distinta, así se justifica la
revolución como un futuro cambio.

Sin embargo, este cambio es siempre impredecible e insuperable, pues la brecha de las clases
sociales siempre está latente a pesar de la lucha y la revolución, por lo tanto, el futuro si bien puede
implicar una mejoría producto de la revolución esta no es siempre lleve a un cambio.

“de esta manera volvía a imponerse en Chile la ley del más fuerte existente desde la caída del hombre
en la historia, en que unos pueden matar a otros”(Marín, 1995).

Ahora bien, el personaje, la historia y las emociones que allí se explicitan crean una atmósfera de
sensaciones sociales que anudan en la crisis social e ahí su valor documental. La nostalgia que se
crea en torno a la vida hacen de los hechos pasados una construcción del presente que arroja a la
realidad una bofetada que se desprende de la mirada del autor y crea un espacio transitorio que
despierta las psiquis a favor de la transformación de la sociedad, que mire desde el presente al futuro.

Finalmente, el estado marginal de la novela no es más que un síntoma de la decadencia social cuya
intimidad y verdad se vuelve un susurro del revolucionario que es capaz de perfeccionar la mirada que
se comprende como una concreción de ideología y una mejora entorno a la vida. Por que “sólo
mediante la voluntad de encarar el pasado con todas sus crueldades podemos aspirar a pensar con
más claridad en el presente” (Opazo, 2009).

Bibliografía:

1.- Marín Germán, 1995. El Palacio de la Risa; Carne de Perro.
2.- Opazo Cristián, 2009. Anatomía de los Hombres Grises: Reescrituras de la novela social en el
Chile de Postdictadura.
3.- Rojas Daniel, 2008. Realidades Dialogantes; Arturo la estrella más brillante de Reinaldo Arenas y la
desautomatización de la realidad a través del lenguaje poético.
LA MUERTE BUSCA A LA VIDA
Escribe Carlos Amador Marchant

Buscando, rebuscando textos antiguos, lanzando al suelo otros que están encima y que no dejan ver a
los que queremos hallar, de repente, sorpresivo, como un pequeño gran sol que aparece en el afán de
no querer desaparecer, me encuentro con un libro de carátula roja. Qué podrá ser me pregunto, qué
escritor duerme en esas hojas envejecidas por el paso del tiempo y la tecnología.
Me acerco más y me tropiezo con Nicomedes Guzmán. Pero quién es, quién fue este Guzmán
agazapado, qué es esta “La Sangre y la Esperanza” que me mira como asustada y sonriente, como
diciendo que ya era hora que la sacaran de la oscuridad más oscura, de estos caminos del silencio.

Y ahí está, la misma Quimantú de su primera edición salida en 1971. Hablo de tres tomos amarillosos
que lanzan polvillos por las narices, aquel polvillo de los tiempos, recibido del implacable que cae en
todos los rincones, en las paredes, y que deteriora los textos de más de cuatro décadas conservados
en mínimas casas y bibliotecas privadas, donde en ocasiones son cuidados como verdaderos tesoros
testimoniales.

Libros difíciles de leer por la toxicidad que emanan producto de la calidad del papel de edición.
Buscando estrategias de lectura, me atrevo a decir que hay que usar mascarillas para poder seguir el
curso de sus letras.

Sin embargo, quien tenga estas obras, puede sentirse afortunado en cuanto a poseer pequeñas
reliquias de época y de convulsión social.

Guzmán, en su tiempo, provocó más de alguna apatía por su temática, me refiero a sectores
contrarios a los suburbios y la miseria del tiempo. Es posible que muchas casas de Chile mantengan
arrinconadas estas obras, las llamadas “de bolsillo” y que en la década del 70 eran llevadas en las
manos por los transeúntes que subían a los micros.

Puede que se encuentren también en las librerías de viejos o en aquellas míseras imágenes de gente
que se aposta en las ferias a vender obras de autores que descansaban en fétidos rincones de casas
antiguas. Hay quienes se preguntan cómo puede subsistir un vendedor de viejos en las ferias. Sin
embargo, muchos recorren esos sectores del mundo aciago, recorren esos escondrijos
meticulosamente y sacan lo que supuestamente a nadie debe interesar, adquiridos, al mismo tiempo,
a valores ínfimos. Con todo, es mejor que esos textos abandonados tengan de nuevo un lugar de
cobija antes que se sigan deteriorando en las sucias avenidas.
Vuelvo a Nicomedes Guzmán, a quien vivió tan sólo 50 años (1914) y que falleciera antes de la
llegada del gobierno popular al poder (1964). Creador audaz y mordaz, proletario por esencia,
representó a la generación del 38 no sólo participando de la vida literaria de nuestro país, sino
también de su civilidad.

Observar un libro de esa época resulta algo curioso, transporta las tristezas de un momento,
contradicciones que quedan estampadas en medio de un estupor. En todo caso Guzmán se concentró
en narrar apasionadamente la miseria de suburbios, íntimamente identificado con personajes de vidas
precarias, ladrones, prostitutas, trabajadores explotados, gangrena de ésa y lamentablemente de
todas las épocas del ser humano. Ricardo Latcham al referirse a “La Sangre y la Esperanza”, expresa:
“Esta novela es un reflejo consciente del medio que circunda al autor y por eso se transforma en
literatura tendenciosa, esto es, de tendencia en el más puro carácter que puede darle el rumbo
objetivo del desenvolvimiento social”.

Cabe señalar que el naturalismo de Guzmán, la época y lo que imperaba en el mundo de comienzos
del siglo 20, transforman al autor en algo valuable por la etapa del país y del continente.
Escritor avezado o no, eso importa poco. Para los efectos debo recordar una etapa de tertulia de hace
unos años. En la oportunidad se me ocurre hablar de la narrativa de Nicomedes comparándola con la
de otros escritores de su tiempo en Europa y nuestro continente. Recibí, por cierto, réplicas flamígeras
por parte de los más viejos. Entendí que su nombre no había que tocarlo en el real contexto. Latcham,
quien prologa el libro de Quimantú, dice al respecto: “Guzmán domina muchas condiciones del buen
escritor, pero no disciplina aún su estilo por hacer concesiones a la facilidad caudalosa. Pero la fuerza
que lo sostiene y el sincero tono que exhala toda su narración hacen perdonar los agravios que, no
siempre, inflige a la lengua”.

Leamos algo de esta obra: “Bajo, de una estatura que traicionaban apenas unos cuantos edificios de
dos pisos, arrugado, polvoriento, el barrio era como un perro viejo abandonado por el amo. Si las
lluvias y las nieves de aquellos años tuvieron para él azotes de inclemencia, el buen sol supo
resarcirlo en su desamparo con las profundas caricias de sus manos afectuosamente calientes. Y
hasta buscó, a la llegada de los crepúsculos, en los ojos turnios y legañosos de sus ventanas, el
reflejo de sus largas barbas, antes de despedirse del mundo y de los hombres.
Era la vida. Era su rudeza. Y eran sus compensaciones.

Y nosotros, los chiquillos de aquella época, éramos el tiempo en eterno juego, burlando esa vida que,
de miserable, se hacía heroica.” A los textos publicados por el autor hay que resaltarle también su
aporte editorial. Fue él quien estuvo a la cabeza de las Ediciones Cultura, que funcionaba en la calle
Huérfanos 1165. Cosa curiosa, en un libro que le publicó al narrador nortino Mario Bahamonde,
fechado en 1946 (que también conservo como una pequeña-gran reliquia) las Ediciones Cultura
expone el teléfono que usaba en su oficina: 81291. Y la casilla 4130 de Santiago. Ahora inexistentes,
sólo quedaron en el papel.

Fueron varios los autores que tuvieron el privilegio de ver publicadas sus obras bajo la batuta de
Guzmán. Entre éstos: Francisco Coloane, Raúl Norero, Reinaldo Lomboy, Mario Bahamonde, Oscar
Castro, Guillermo Valenzuela Donoso, Gonzalo Drago, Juan Donoso, Nicasio Tangol, Baltazar Castro,
Andrés Sabella, Eduardo Elgueta Vallejos. Mirado desde cualquier punto de vista, el haberme
encontrado frente a frente con esta obra “La Sangre y la Esperanza”, buscando y rebuscando como
dije inicialmente, sólo habla que este o estos libros quisieron reencontrarse con la vida, la vida de este
tiempo sin dejar morir el pasado.
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