El lado haitiano de la Independencia

Lunes, 26 de Enero de 2009

Los dominicanos celebran un nuevo aniversario de la creación de la República Dominicana luego de su separación de Haití en febrero de 1844. En la mayoría de los textos escolares y universitarios, así como en muchas obras especializadas, se narra el proceso de independencia a partir de una conspiración política sucedida por un golpe de Estado, el 27 de febrero de 1844, y consolidada después de varias batallas libradas en marzo de ese año y en diciembre del año siguiente.

Poco se dice en esos textos de lo que ocurría en la parte occidental de la isla en aquellos tiempos, y por ello los dominicanos han crecido pensando que el triunfo de las armas y la diplomacia nacionales fue algo únicamente dependiente del valor y la inteligencia de sus líderes políticos, sus generales y sus ejércitos.

La verdad es que hubo otros factores que ayudaron a los dominicanos a preservar su independencia, y uno de ellos, tal vez el más importante aparte de sus victorias militares, fue la profunda crisis política en que cayó Haití a partir del derrocamiento del presidente Jean Pierre Boyer en marzo de 1843.

Pocos dominicanos conocen que el Presidente provisional de Haití, Charles Hérard ainé, que quedó en el mando después de la caída de Boyer, quedó atrapado en una maraña de intensas contradicciones con los demás jefes militares del norte y el oeste de su país que le impidieron ejecutar su plan de reconquistar la parte dominicana de la isla en marzo de 1844.

Hérard pudo reprimir la conspiración separatista dominicana en julio de 1843, luego de haberse celebrado unas elecciones municipales en las que resultaron ganadores los liberales dominicanos que fomentaban la independencia, pero los problemas internos de Haití le impidieron mantener una campaña militar de larga duración en la parte oriental de la isla en 1844.

La fuerza de la represión de Hérard en 1843 distanció a los separatistas dominicanos de los liberales haitianos antiboyeristas, y acentuó el esfuerzo de los dominicanos de buscar su separación de Haití.

Los dominicanos de hoy conocen muy bien que, después del regreso de Hérard y sus tropas a

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Haití, la conspiración fue dirigida por Francisco del Rosario Sánchez y un grupo de amigos agrupados en la sociedad secreta La Trinitaria que quedaron en el país, pues su fundador, Juan Pablo Duarte, había tenido que partir hacia el exilio.

Otros, como Ramón Mella y los hermanos Pedro y Ramón Santana no tuvieron la suerte de Duarte y fueron detenidos por Hérard, quien los hizo marchar con otros prisioneros hacia Haití. Los Santana lograron escapar antes de llegar a la parte occidental, pero Mella quedó detenido en Puerto Príncipe hasta que fue libertado junto a otros presos políticos a finales de septiembre de ese año.

Durante su estancia en Puerto Príncipe, Mella pudo apreciar el estado de efervescencia política reinante en aquella ciudad, pues durante la primera expedición de Hérard en territorio dominicano los líderes políticos haitianos aprovecharon la ausencia del Presidente provisional para discutir abiertamente, por primera vez, el curso que debía tomar su país.

Estas discusiones eran atizadas por grupos antiboyeristas que detestaban el militarismo que había dominado la vida haitiana desde 1804, y que intentaban influir en la elección de los diputados a la Asamblea Constituyente que debía redactar una nueva Constitución más liberal que la que regía el país desde 1816.

A pesar de haber encabezado el movimiento que derrocó a Boyer, Hérard era percibido por muchos liberales haitianos como un representante más de la élite militar mulata que había gobernado el país por más de dos décadas.

Por otro lado, Hérard tampoco gozaba de amplias simpatías en el estamento militar negro, heredero de las estructuras de mando del extinto reino de Henri Cristóbal en el norte de Haití.

Al caer Boyer, estos generales y oficiales negros resucitaron las viejas querellas con la élite mulata haitiana, de tal manera que las discusiones constitucionales quedaron envueltas en un intenso conflicto racial que se expresaba abiertamente en varias ciudades de Haití.

En la ciudad de Les Cayes estas confrontaciones adquirieron la mayor intensidad, pues desde

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junio de 1843 los líderes negros de esta localidad estuvieron dirigiendo manifiestos al gobierno provisional a fin de que éste adoptara medidas para protegerlas de la explotación y los maltratos de la elite mulata.

En septiembre de ese año, unas 78 familias negras emitieron un nuevo manifiesto en el que se quejaron abiertamente ante el gobierno de los maltratos que sufrían sus mujeres e hijas infligidos por la clase mulata cuyos establecimientos comerciales se negaban hasta a venderles pan.

Mientras Hérard se encontraba en Santo Domingo reprimiendo a los separatistas, las autoridades de Puerto Príncipe tuvieron que enviar tropas a Les Cayes para tranquilizar a la población, y Hérard mismo tuvo que despachar tropas suyas desde Azua, por mar, para auxiliar al General Lamarre en sus actividades de pacificación.

El 9 de septiembre, Hérard tuvo que enfrentar un importante levantamiento militar dirigido por el Coronel Dalzon, quien logró levantar varias guarniciones para vengar una humillación recibida por el Presidente provisional. Dalzon perdió la vida en el intento y el levantamiento fue reprimido, pero Haití continuó presa de la agitación política en los meses siguientes.

La apertura de la Asamblea Constituyente, el 18 de septiembre de 1843, canalizó por un tiempo las inquietudes y contradicciones políticas, y hasta permitió un respiro a los trinitarios y separatistas dominicanos que habían sido perseguidos y encarcelados por Hérard durante los meses de julio y agosto.

Por eso los últimos tres meses del año transcurrieron sin otros incidentes mayores que los conflictos raciales que mantenía en tensión la ciudad de Les Cayes.

Sin embargo, mientras la Asamblea Constituyente realizaba sus trabajos, discutiendo punto por punto el proyecto constitucional, las conspiraciones ardían por debajo, pues tanto los boyeristas haitianos como los separatistas dominicanos, cada uno por su lado, se organizaban, unos para derrocar el gobierno, y otros para separarse de Haití.

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Se conoce bien que el movimiento dominicano estaba dividido en dos grupos bien diferenciados. Uno de ellos, el de los Trinitarios que buscaba la independencia pura y simple y creía contar con sus propios medios para ejecutar un golpe de Estado con apoyo de algunos oficiales negros y mulatos de la guarnición militar de Santo Domingo.

El otro grupo se había gestado en Puerto Príncipe, cuando diputados dominicanos a la Asamblea constituyente tuvieron la ocasión de relacionarse con los cónsules de Francia en aquella ciudad y en Cabo Haitiano, y les expusieron su idea de separarse de Haití solicitando apoyo político y militar de Francia a cambio de cederle a ésta la Bahía de Samaná.

Sobre las relaciones entre ambos grupos y sus diferencias y desavenencias se ha escrito mucho en la República Dominicana, pero baste decir que los cónsules franceses en Puerto Príncipe, y sus amigos afrancesados dominicanos, no obtuvieron apoyo inmediato para ese plan de parte del gobierno francés.

En efecto, en aquellos días se encontraba en Puerto Príncipe el enviado especial del gobierno de Francia, Mr. Barrot, con el encargo de negociar con el gobierno haitiano el pago de las acreencias pendientes desde 1825 por concepto de las compensaciones que Haití debía pagar a su antigua metrópoli por el reconocimiento de su independencia.

Al ser consultado sobre los planes de los afrancesados dominicanos, Barrot respondió "que su gobierno no lo había enviado a Haití para suscitar problemas; que la cesión de Samaná a Francia podría generar complicaciones con las grandes potencias marítimas, y que empeoraría, asimismo, la situación financiera de Haití, que a vez tenía obligaciones por cumplir frente a Francia".

Esta versión le fue confiada por el mismo Mr. Barrot al historiador haitiano Thomas Madiou en 1864, mientras ambos se encontraban representando, como embajadores, a sus respectivos países ante el gobierno de España.

Según Barrot, el ministro de relaciones exteriores de Francia, Mr. Guizot, lo felicitó "por no haber comprometido a Francia en un asunto que a la larga hubiera resultado poco satisfactorio".

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Con todo, los cónsules franceses en Puerto Príncipe y Santo Domingo continuaron sus gestiones políticas, buscando siempre información confiable acerca de las intenciones dominicanas, y por ello es que casi recién llegado a Santo Domingo desde Haití, al cónsul francés Juchereau de St. Denys le tocó jugar un papel muy importante el 28 de febrero de 1844.

Sobre las circunstancias políticas en Haití que influyeron en la consolidación de la independencia dominicana, en medio de las vacilaciones diplomáticas de Francia, hablaremos en los próximos artículos.

A pesar de haber

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a Boyer, Hérard era

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había gobernado el país

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Fuente: Frank Moya Pons/Diario Libre 24 Enero 2009

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