El bloqueo contra Cuba

no fue levantado
Por Jorge Altamira

El anuncio acerca de una reanudación de las relaciones diplomáticas entre
Estados Unidos y Cuba fue predicado en estrecha relación con un
levantamiento del bloqueo norteamericano contra la Isla, que ha durado más
de medio siglo. La alusión de Obama al 'fracaso' de esta larga operación de
sabotaje contra la Revolución Cubana dejó ver una decisión política que va
más allá de un intercambio de embajadores y una ampliación de las
posibilidades de remesas de los cubanos en el exterior. El llamado 'fracaso' no
fue estrictamente tal, esto porque el bloqueo jugó un papel fundamental en el
aislamiento de Cuba y en la reorganización capitalista 'neoliberal' de las
dictaduras militares impuestas por Washington. Aclarado este punto, la
ausencia de un acuerdo de levantamiento del bloqueo ha sido atribuida a que
esto se encuentra fuera del alcance de las facultades ejecutivas del Presidente,
y a la necesidad, por lo tanto, de un voto favorable del Congreso. Obama,
según todo esto, habría decidido separar la reanudación de las relaciones
diplomáticas del levantamiento del bloqueo, para presionar a las cámaras con
un hecho consumado que ayude a quebrar las resistencias de los adversarios
de un acuerdo, tanto republicanos como demócratas.
Este relato, sin embargo, es una versión interesada que apenas logra disimular
la estrategia de EEUU. Precisamente por el limbo en que ha quedado el
levantamiento del bloqueo, la reanudación de las relaciones diplomáticas ha
sido tomada con reticencia en el gobierno cubano - se produjo finalmente luego
de una larguísima ronda de negociaciones bilaterales y papales. La prenda que
decidió a Cuba la aceptación del acuerdo fue la liberación de los tres militantes
del contraespionaje cubano encarcelados en Estados Unidos, que se produjo
luego de que Cuba transmitiera a los servicios norteamericanos las pruebas de
las actividades terroristas que se pergeñaban desde Miami. Es claro que el fin
del bloqueo está sujeto a una serie de negociaciones de primer orden, en cuyo
núcleo se encuentra el carácter social de la Isla. Como lo explicitó con claridad
insistente un defensor de las decisiones de Obama, si Cuba no ofrece
concesiones significativas en el curso de las negociaciones próximas “siempre
existe la posibilidad de retirar la oferta de levantar el embargo” (CNN, programa
de Fred Zacharías, 21.12).

Intereses en pugna
La versión que han ofrecido los medios, acerca de una reconciliación política,
no pasa de una descripción idílica de lo ocurrido. De aquí en más se abre, por
el contrario, un período de mayor crisis política – tanto en el campo imperialista
como en Cuba. El debate en el Congreso norteamericano no girará, solamente,
entre los 'halcones' que no abandonan la política de agresión directa y las
'palomas' que buscarían restablecer una hegemonía 'gradual' sobre la Isla. La
derecha norteamericana y el uribismo caribeño apuestan a un fracaso de la
política de la 'zanahoria' y creen, por el contrario, que un retorno a la del
'garrote' está ganando terreno. En donde mejor se expresa este enfrentamiento
es en Venezuela y en Colombia, con la división producida en la derecha misma
- en las filas de los 'escuálidos', esto en Venezuela, y en las de Uribe-Santos,
en Colombia. La derecha no ha renunciado a capitalizar la acelerada crisis en
Venezuela, todo lo contrario. También espera explotar una victoria hipotética
del macrismo e incluso de Massa o Scioli en Argentina, ni qué decir de una
victoria republicana en Estados Unidos dentro de dos años.
Un aspecto relevante de esta crisis es la cuestión inmigratoria en Estados
Unidos, donde Obama tuvo que intervenir en forma similar a la que empleó con
Cuba: mediante el uso de poderes ejecutivos (gobierno por decreto), que deja
sin resolver, sin embargo, la regularización efectiva de varios millones de
personas. La reanudación de relaciones con Cuba no es ajena a este asunto,
dado que la inmensa mayoría de los inmigrantes son de origen latinoamericano
y su movilización política crece en forma persistente. Obama echa lastre en
uno y otro terreno. Contra una opinión que se ha generalizado en la izquierda,
la crisis mundial ha hecho perder la iniciativa estratégica al imperialismo.
La derecha no es la tendencia dominante en este momento en el campo
imperialista. Desde hace por lo menos dos décadas, las mayores
corporaciones capitalistas abogan por el incremento sustancial del comercio
entre ambas partes (Cargill, Caterpillar, General Motors); en la década del 70,
las automotrices apoyaron con todo el comercio entre Argentina y Cuba,
aunque financiado por el Tesoro rioplatense. El eje de la confrontación en el
Congreso norteamericano girará alrededor de los términos a imponer a Cuba
para un levantamiento del bloqueo. Este debate dejará al desnudo el choque
de intereses al interior del imperialismo norteamericano. En resumen, la
reanudación de relaciones diplomáticas no equivale a un cese del bloqueo,
aunque aparezca como un paso contradictorio en esa dirección, ni atenúa el
conflicto histórico desatado por la Revolución Cubana; por el contrario, deja
paso a un choque fundamental entre los intereses del imperialismo, por un
lado, y la independencia nacional y la naturaleza social de Cuba, por el otro. La
sombra de lo que fue la Revolución Cubana, a 150 kilómetros de las costas
norteamericanas, sigue siendo una astilla en el corazón del imperio, porque

aún representa las aspiraciones nacionales y sociales de las masas de
América Latina.

América Latina
La cuestión de Cuba se entrelaza con el conjunto de la crisis en América
Latina. El acercamiento diplomático EEUU-Cuba es la última expresión de una
larguísima colaboración política, cuya manifestación más relevante ha sido la
mediación de Cuba en el conflicto colombiano. Asistimos a una operación
continental. Brasil, por ejemplo, ha sido una fuerte inversora en Cuba; el FA de
Uruguay aceptó acoger a los presos de Guantánamo. Tampoco aquí los
intereses son homogéneos: los gobiernos 'progresistas' buscan proteger por la
vía de ese acercamiento el grado de autonomía que desarrollaron en los
últimos años como consecuencia de la valorización de los precios
internacionales de las materias primas. La finalidad última de estas burguesías
nacionales es, sin embargo, la misma que la del imperialismo – la reintegración
de Cuba al estatuto capitalista mundial. Un punto central es la reincorporación
de Cuba a la OEA, lo cual significaría dos cosas: por un lado, poner fin a los
desafíos (tímidos) de separar a América Latina de Estados Unidos (o sea
salvar el sistema panamericano); por el otro, que Cuba acepte los principios
políticos y sociales del sistema interamericano. Estos desenvolvimientos
internacionales vuelven a poner de manifiesto la importancia estratégica de la
reivindicación de la Unión Socialista de América Latina y su valor como
defensa política de la Revolución Cubana. El condicionamiento del
levantamiento del bloqueo apunta a negociarlo contra los principios que aún
quedan en pie de esa Revolución. El levantamiento del bloqueo, reclamamos
nosotros, debe ser incondicional.
Las perspectivas que plantea un levantamiento del bloqueo norteamericano
depende del carácter concreto que asuma, por un lado, y por sobre todo del
balance de fuerzas en la sociedad y el Estado cubano. Cuba se encuentra ante
un impasse terminal, pues sus fuerzas productivas han dejado de crecer. Es
una economía racionada, en especial desde hace un cuarto de siglo, que se
sostiene en base a subsidios fiscales, que frena una acumulación del escaso
excedente económico. La apertura al capital extranjero ha sido un fracaso, sea
en significación, sea como vía de salida al estancamiento. La asociación del
estado al capital extranjero, por la vía de uniones o por la impositiva, le permite
apropiarse del excedente que crea la fuerza de trabajo, por medio de una
remuneración muy abajo de su valor. Se trata de un método parasitario de
subsistencia, no de una vía de desarrollo. El despido de centenares de miles
de trabajadores del Estado que ha producido la llamada reforma de la
economía, es una expresión contundente del agotamiento de este tipo de
régimen. La finalidad de crear una fuerza de trabajo 'libre' a disposición del
capital privado no ha tenido ninguna manifestación concreta del otro lado de la

ecuación, el capital, y solamente podría tenerla por medio del capital
extranjero, lo que significa una nueva colonización imperialista. El punto de
partida para un nuevo equilibrio económico, desde el punto de vista del trabajo,
pasa por eliminar esta relación parasitaria capital-estado sobre el conjunto de
la sociedad, mediante la reapropiación del estado y los recursos estratégicos
por parte de los trabajadores. Es desde una gestión colectiva de los
trabajadores que debe abordarse la transición del parasitismo burocrática a un
proceso de desarrollo. Esa transición, de todos modos, no es un asunto
exclusivamente nacional sino que será condicionado, al menos en última
instancia, por el desarrollo de la bancarrota capitalista a nivel mundial, con sus
dos componentes fundamentales: una agudización de las luchas populares y el
ascenso de una izquierda revolucionaria.

Programa
Las posibilidades de desarrollo que se atribuyen a una apertura de Cuba al
capital extranjero, son puras fantasías. Dependerían, esencialmente, de una
fuerte mediación del Estado, que para eso debería estar bajo el control efectivo
de los trabajadores – no de una superestructura como la que representa la
burocracia, que a su vez se escinde ante las nuevas presiones de afuera y de
adentro. Haití, Puerto Rico, Santo Domingo o Panamá y las islas caribeñas son
una muestra de los resultados históricos que podría producir una apertura
incondicional al capital financiero. El resultado de un levantamiento del bloqueo
no será independiente del programa que apliquen y de la fuerza que
desenvuelvan cada uno de los protagonistas sociales fundamentales: el
imperialismo, la burocracia, los trabajadores. El primer desafío de la nueva
etapa para los trabajadores, para los socialistas y para la IV Internacional es la
elaboración de un programa propio.
El nuevo giro político que se perfila en las relaciones entre Cuba y Estados
Unidos tendrá lugar con una demora enorme en relación a las restauraciones
capitalistas en Europa y Asia en los 80/90, y ocurre en el marco de una
bancarrota capitalista de alcance planetario. Esta discrepancia de los tiempos
políticos no tiene una importancia menor; nada hay más relevante, en la
política, que los tiempos y los contextos. En Cuba, la restauración capitalista
plantearía la pérdida más o menos inmediata de su independencia nacional; la
burguesía que podría tomar el relevo del estado cubano se encuentra en
Miami; un apoderamiento de empresas por parte de la burocracia de La
Habana enfrentaría más conmociones que las que atravesó la Unión Soviética.
El entorno inmediato de Cuba – América Latina – se caracteriza por
convulsiones reiteradas, que se desplazan de un país a otro. La crisis mundial
le está pegando ahora con más fuerza. En este marco, la iniciativa de Obama
tiene los trazos de un Frente Popular extra nacional entre el imperialismo
'democrático' y las burguesías latinoamericanas, de un lado, y una gran parte al

menos del aparato de estado de Cuba, del otro. Los Frentes Populares
aparecen, históricamente, como recursos para contener procesos
revolucionarios. En Estado Unidos, las huelgas y movilizaciones de
inmigrantes, y las recientes manifestaciones contra el gátillo fácil son indicios
de la agudización de las contradicciones sociales en la principal metrópoli del
imperialismo, que empujan en dirección a un frente popular en la política
internacional.
La revolución cubana y la historia de Cuba de las seis décadas últimas no se
han caracterizado por repetir en forma mecánica experiencias ajenas. Muy
lejos de ello; más cerca geográficamente que ningún otro país con historia
revolucionaria y contrarrevolucionaria, es el que menos ha cedido a la presión
del capital internacional. Cuba no ha sido ni será un 'deja vu', al contrario se
desatarán nuevas crisis y la posibilidad de nuevas revoluciones.